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Amor y Sexualidad Enrique Rojas

El documento trata sobre el amor y la sexualidad. Explora las diferentes concepciones y significados de la palabra "amor" a través de la historia y en diferentes idiomas. También discute la distinción entre el conocimiento y el amor, argumentando que para amar a alguien se necesita conocerlos. Además, enumera varios objetos a los que las personas pueden amar, como la amistad, la familia, las ideas, actividades y el amor entre dos personas.

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Amor y Sexualidad Enrique Rojas

El documento trata sobre el amor y la sexualidad. Explora las diferentes concepciones y significados de la palabra "amor" a través de la historia y en diferentes idiomas. También discute la distinción entre el conocimiento y el amor, argumentando que para amar a alguien se necesita conocerlos. Además, enumera varios objetos a los que las personas pueden amar, como la amistad, la familia, las ideas, actividades y el amor entre dos personas.

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

AMOR Y SEXUALIDAD
Enrique Rojas
(Publicado en Humanitas Nro.10)

El amor es una de esas palabras cargadas de los más variados


sentidos. Acometerla con un cierto rigor no es tarea fácil. De ella
existe un auténtico abuso. En ella se dan cita un conjunto de
significados que es preciso matizar. Hay razones de peso para
abandonar la tarea, sobretodo si echamos una mirada a nuestro
alrededor y vemos cómo es tratada en los grandes medios de
comunicación social. El uso, abuso, falsificación, manipulación,
adulteración y cosificación del término amor, ha ido conduciendo a
una cierta ceremonia de desconcierto. Sinfonía léxica desorientada
que forma una tupida red de contradicciones.

Tener las ideas poco claras en algo tan primordial como esto, es a la
larga dramático y se paga con creces a la hora de la verdad. Desde la
expresión francesa de hacer el amor, para referirnos a las relaciones
sexuales, pasando por aquella otra de unidos senti-mentalmente
cuando alguien inicia una nueva andadura, hasta llegar a la de nueva
compañera afectiva, se mezclan hechos, conceptos, intenciones. Pero
hay bastante trivialización en todo ello.

Durante décadas Occidente se ha preocupado al máximo por la


educación intelectual y sus rendimientos. Pero el descuido en lo
afectivo ha sido mayúsculo. A mí me parece que la mejor fórmula es
buscar un amor inteligente, que decide integrar en la misma
operación ambas esferas psicológicas: sentimientos y razones
dándose luz recíprocamente. Algunos amores cuando llegan suelen
ser bastante ciegos y cuando se van, demasiado lúcidos. Para que
esto no ocurra hay que adentrarse en el estado de la cuestión,
poniendo orden en la frondosidad de esta jungla terminológica. Aquí
la ignorancia o la confusión van a ser dramática. Lo está siendo ya en
estos momentos. Hay muchos tipos de amor, pero todos hilvanados
por el mismo hilo que los enlaza. Decirle a alguien te amo, no es lo
mismo que pensar te deseo o me siento atraído por ti. Sucesión de
secuencias próximas y lejanas. Variedad de fenómenos, que van
desde el enamoramiento, al amor ya establecido y de ahí a la
convivencia. Trayecto clave, decisivo, terminante de lo carismático a
lo institucional. Transitamos de la sorpresa que es descubrir e irse
enamorando, para alcanzar una fórmula estable, duradera y
persistente. Unas y otras engendran diversos estados de ánimo:
sentirse absorbido, estar encantado, dudar, tener celos, desear
físicamente, percibir las dificultades de entendimiento, decepcionarse,

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

volverse a entusiasmar. Las fronteras entre unas y otras son


movedizas. Cuando el animal tiene lo que necesita, se calma y deja
de necesitar. El hombre es un animal en permanente descontento.
Siempre quiere más. Por eso, el conocimiento de lo que es el amor le
va llevando hacia lo mejor. Tira, empuja, se ve arrastrado por su
fuerza y su belleza. Su menesterosidad es biográfica. El amor es lo
más importante de la vida, su principal guión. Lo expresaría de forma
más rotunda: yo necesito a alguien para compartir mi existencia.
Algo frente a alguien. Pero vuelvo al origen del vocablo.

Amor deriva etimológicamente del latín amor – oris y también


procede de amare, por un lado y cartas por otro. Amare es tomado
del término etrusco amino: “genio de amor” y se aplica
indistintamente a los animales y a los hombres, ya que tiene un
significado muy amplio; quiere decir "“mar por inclinación, por
simpatía"” pues nace de un movimiento interior. Su contrario es odi =
odiar.

Cupido es el dios del amor en la concepción latina. Deriva de cúpere


= desear con ansia, con pasión; también de cupidus = ansioso.
Cupido es la personificación del amor.

El griego tiene la expresión Epws = eros, que era considerado el Dios


del amor en el mundo antiguo. La raíz de Epws es erdh (del
indoeuropeo): significa profundo, oscuro, misterioso, sombrío,
abismal, subterráneo. Este significado primitivo se mantiene en
“Erda”, personaje sombrío y misterioso de la obra de Wagner, El oro
del Rhin.

En el mito griego, Epws tuvo originariamente una tremenda fuerza,


capaz de unir los elementos constitutivos del mundo. Posteriormente
el mito de Eros se restringió al mundo humano, significando la unión
de los sexos. Se le representa plásticamente como un niño alado
(rapidez) provisto de flechas.

Del eros griego pasamos al agape cristiano: convivir, compartir la


vida con el amado. Ambas nos introducen en la psicología y la ética
del amor. A pesar de esta variedad de concepciones, hay en el amor
algo esencial y común en todos ellos: la inclinación, la tendencia a
adherirse a algo bueno, tanto presente como ausente.

El amor es universalizado con palabras de absoluta resonancia: love


en inglés, amour en francés, amore en italiano y Liebe en alemán,

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

aunque este último idioma utiliza también la expresión Minne en el


lenguaje vulgar, hoy de menos actualidad.

El perímetro del vocablo amor muestra una gran riqueza en


castellano: querer, cariño, estima, predilección, enamoramiento,
propensión, entusiasmo, arrebato, fervor, admiración, efusión,
reverencia... En todas hay algo que se repite como una constante:
tendencia basada en la elección hacia algo, que nos hace desear su
compañía y su bien. Esta dimensión de tender hacia algo no es otra
cosa que predilección: preferir, seleccionar, escoger entre muchas
cosas una que es válida para esa persona.

Hay una diferencia que quiero subrayar ahora, la que se establece


entre conocimiento y amor. El primero entraña la posesión intelectual
mediante el estudio y análisis de sus componentes e intimidad. Por el
segundo se tiende a la posesión real de aquello que se ama en el
sentido de unirse de una forma auténtica y tangible. Amor y
conocimiento son dos formas supremas de trascendencia, de
superación de la mera individualidad que presupone el deseo de
unión. La fórmula clásica tiene aquí toda la seguridad del mundo: no
se puede amar lo que no se conoce. A medida que uno se adentra en
el interior de otra persona y lo va descubriendo, se puede producir la
atracción. La intimidad y sus recodos es un fértil campo de atracción
magnética, que empuja al enamoramiento. Aprender a amar con la
razón es recuperarse del primer deslumbramiento y otear el
horizonte. Que no ocurra aquello de que deslumbra sin iluminar. El
sentimentalismo puro ha pasado a la historia, lo mismo que el
racionalismo a ultranza. Uno y otro tienen que entender y superar sus
diferencias. Están condenados a convivir y deben llevarse bien. La
educación occidental ha privilegiado la razón abstracta, como único
camino para llegar lo más lejos posible, desdeñando la parcela
afectiva. Ese modelo ha sido erróneo y ha traído grandes fracasos.

Realidades a las que podemos amar

El amor es una complicada realidad que hace referencia a múltiples


objetos o aspectos de la vida. Podrían quedar ordenados del siguiente
modo:

1. Relación de amistad o simpatía que se produce hacia otra


persona; ésta ha de ser de cierta intensidad, lo que supone un
determinado nivel de entendimiento ideológico y funcional. El
amor de amistad es uno de los mejores regalos de la vida,
gracias a él podemos percibir la relación humana como
próxima, cercana, llena de comprensión. Laín Entralgo la ha
definido “como una peculiar relación amorosa que implica la

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

donación de sí mismo y la confidencia: la amistad queda


psicológicamente constituida por la sucesión de los actos de
benevolencia, beneficencia y confidencia que dan su materia
propia a la comunicación”. Vázquez de Prada en su Estudio
sobre la amistad nos trae algunos ejemplos históricos: David y
Jonatán, Cicerón y Atico, Goethe y Schiller; en todos ellos hay
intimidad, confidencia, franqueza: porque la amistad es siempre
vinculación amorosa.

1. Amplísima gama de relaciones interpersonales: amor de los


padres a los hijos y viceversa; amor a los familiares, a los
vecinos, a los compañeros de trabajo, etc. En cada una de ellas
la vibración amorosa será de intensidad distinta, según la
cercanía o alejamiento que exista de la misma.

Referido a cosas u objetos inanimados: amor a los muebles antiguos,


al arte medieval, al Renacimiento, a la literatura del Romanticismo,
etc.

1. El amor puede hacer mención también a temas ideales: amor a


la justicia, al derecho, al bien, a la verdad, al orden, al rigor
metodológico, etc. Aquí la palabra amor es más que nada una
forma de hablar, aunque implica inclinación.

1. También puede referirse a actividades o formas de vida: amor a


la tradición, a la vida en contacto con la naturaleza, al trabajo
bien hecho, amor a la riqueza, a las formas y estilos de vida
clásicos, etc. Sobre gustos hay muchas cosas escritas: cada
una refleja una forma preferente de instalación en la realidad.

1. Un apartado fundamental es el dedicado al amor al prójimo,


entendido éste en su sentido etimológico y literal: a las
personas que están cerca de nosotros y por tanto, al hecho de
ser hombre, con todo lo que ello trae consigo.

1. Un apartado con luz propia es el que se refiere al amor entre


dos personas. El análisis del mismo nos ayuda a comprender y
a clarificar el resto de usos amorosos. Es tal la grandeza, la
riqueza de matices y la profundidad del amor humano, que nos
revela las cualidades de cualquier otro tipo de amor.

Es ésta una vía de conocimiento primordial, ya que vibra toda la


temática personal, que va desde lo físico a lo psicológico, pasando
por lo espiritual y cultural. Sus entresijos y recovecos suelen ser
interminables.

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

El enamoramiento tiene que ser el obligado punto de partida. El


centro de la rueda desde donde parten los radios que harán que el
carro funcione. Luego vendrán las dificultades de la travesía, pero ésa
es ya la historia normal de cualquier recorrido. Francesco Alberoni en
su libro Te amo (1996) habla del estado naciente, experiencia
universal de encantamiento, en donde ve él todo el nacimiento de la
cultura. Pretender apostar por un vínculo exclusivo y duradero es
hacer y convertir ese amor en algo culto y consistente. Dicho de otro
modo: es poner orden en ese sinnúmero de palabras que se
arremolinan en torno al término amor: sentirse atraído, desear,
querer, gustar, no poder olvidar, etc.

Es una empresa noble e intelectualmente provechosa huir de los


tópicos del amor. Porque uno se pierde cuando llegan las dificultades,
que inevitablemente irán pidiendo paso, como algo natural. Y que
cuando uno mire por el espejo retrovisor, éste sea capaz de darnos
una visión retrospectiva con fundamento. Ir diseñando el atlas
personal de la geografía por donde hay que irse metiendo. En él se
apilan todos los elementos habituales que vemos al movernos por la
realidad: valles, collados, ríos secos y navegables, mares, paisajes
serenos y encrespados. Todo eso misteriosamente apelmazado y
disperso y a la vez, bien diferenciado.

El mundo del amor forma un complejo sistema de referentes,


remitentes y preferentes que es menester que cada uno desvele, a su
leal saber y entender: pero buscando la verdad sobre el hombre. Lo
auténtico sobre lo que son, significan y conducen los sentimientos.
Porque los mercaderes del templo venden el amor rebajado y
cambiando su género. El amor afecta a toda mi ubicación: física,
psicológica, profesional, social y cultural. Se cuela por sus entresijos
y da vida o la quita. San Agustín decía requies nostra locus noster:
nuestro descanso es nuestro lugar.

Extender el yo hacia el tú, para formar un nosotros. Queda asimilada


la otra persona. Por eso enamorarse es enajenarse, hacerse ajeno,
ampliarse, formar una unidad más espaciosa y profunda. El amor
auténtico hace a la persona más completa.

1. Por último está el amor a Dios. Para el creyente esta es una


razón e ser primordial. Estamos viviendo en la sociedad actual
un neopaganismo, con la aparición de dioses viejos mezclados
con otros nuevos: el sexo, el dinero, el poder, el placer...
tomados todos ellos en sentido radical; además: el relativismo,
la permisividad, la ética indolora, el llamado new age, las
normas morales a la carta, etc.

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

Pero el Dios judeo-cristiano es Alguien. El cristianismo no es una


filosofía de vida, ni un conjunto de ideas personales y sociales que
ayudan al ser humano a sobrellevar mejor las dificultades de la vida,
sino que la esencia del cristianismo es una Persona, Jesucristo, que
sirve de modelo de identidad. Punto de referencia que es capaz de
iluminar con su esplendor todos los ámbitos del quehacer humano.
También este amor debe ser personal, recíproco, amistoso, tejido de
diálogo, en donde las diferencias se liman por la grandeza de Dios.

Hay que reconocer que todavía sigue latiendo esa especie de


represión de la espiritualidad que surgió hace unos años, aunque
parece que los vientos han cambiado de signo. El hombre se hace
oceánico con la trascendencia, desamarrado de su propia estima,
todo lo pone en Dios: pértiga audaz para dar el salto de sí mismo al
otro.

La sexualidad debe ser un lenguaje de amor

Amor y sexualidad deben formar un binomio irrenunciable. La vida


sexual tiene mucha importancia en la armonía de la pareja.
Desconocer esto sería ignorar una de sus principales dimensiones. El
amor humano, para que sea auténtico, debe hospedar en su seno
tres ingredientes: el físico, el psicológico y el espiritual. El amor es el
principal argumento. Alrededor de él giran y se mueven una serie de
elementos decisivos de la vida, pero él constituye el auténtico gozne,
eje diamantino y centro de operaciones desde el que las demás
realidades cobran y reciben su sentido.

Es el modo de entender lo que es el amor lo que perfila nuestra vida.


Por eso es básico tener ideas claras en este campo. El amor es el
mejor compañero de viaje. Poner amor en las cosas pequeñas de
cada día y en las personas con las que nos tropezamos a diario, es
una forma sabia y poderosa de actuar. Pero siendo capaces de utilizar
la palabra sin degradarla, llamándole al sexo, sexo; al encuentro
epidérmico con el cuerpo de otro, instrumentalización sexual de esa
persona; y nombrando al verdadero amor, como entrega y donación
que procura la felicidad y un mayor grado de libertad.

El amor entre dos personas emerge de la atracción física en un


principio. Del plano físico, va transitando al psicológico y de éste al
espiritual. Travesía habitual que va descubriendo la personalidad del
otro. El anzuelo del principio suele ser casi siempre físico. Lo he dicho

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

en alguna otra ocasión: el hombre se enamora más por lo que ve,


mientras que la mujer se enamora más por lo que oye[1]. A mi
entender estos dos sentidos son los que llevan la delantera a todos
los demás en esta operación de encantamiento. La vista y el oído
actúan de árbitros para dictaminar el rumbo personal de los
sentimientos, en la decisiva tarea de elegir y comprometerse.

Las relaciones entre amor y sexualidad no es que sean estrechas,


sino que la una se entronca directamente en la otra. Y a su vez, en su
seno vibran con fuerza todos y cada uno de los ingredientes que
nutren lo mejor del ser humano: lo físico, lo psicológico, lo espiritual
y lo cultural. Aquí, en el encuentro sexual, en ese momento lo que se
destaca y toma el mando es la emoción placentera del goce del acto
sexual, quedando algo relegadas las otras tres dimensiones, pero
envolviéndolo todo. Por eso hay que volver a subrayar que la relación
sexual es un acto íntimo de persona a persona, nunca de cuerpo a
cuerpo. ¿Qué quiere decir esto? Sencillamente que cuando al otro se
le trata sólo como ser físico, portador de un cuerpo, se ha
escamoteado la grandeza y profundidad del mismo. Esto es lo que
pasa hoy en algunas ocasiones.

Por una parte estamos anegados de sexo mediante una propaganda


erótica continua. Es difícil si uno se deja llevar por esos derroteros
ver la sexualidad con unos ojos limpios, sanos, normales.
Permanentemente somos invitados al sexo por los medios de
comunicación social. Y esta convocatoria se hace de forma divertida,
epidérmica, como una liberación que planifica y conduce a la
maduración de la personalidad. Todo ese mensaje, apretado,
sintético, englobado y envuelto en sus mejores aderezos, lleva al que
no tiene las ideas claras a pensar que ésa es la condición humana. Y
nada más. Y eso es sustancialmente falso: reducir la sexualidad a un
medio para utilizar al otro, sin más, la rebaja de rango, la envilece.
La sexualidad desconectada del amor y de los sentimientos conduce a
lo neurótico. Falsifica su verdadero sentido y, hablando y pregonando
de libertad, se termina en una de las peores esclavitudes que puede
padecer un sujeto: vivir con un tirano dentro que empuja y obliga al
contacto sexual preindividual y anónimo.

El cuerpo es algo personal, particular, propio. Éste debe ser integrado


en el conjunto de la personalidad. La sexualidad es un lenguaje cuyo
idioma es el amor: por eso la relación sexual debe estar presidida por
el amor a la otra persona, que es una entrega rica y diversa, que no
sólo se produce en el terreno de la sexualidad. Amor personal
comprometido, estable, que vincula a lo corporal, a lo psicológico y a
lo espiritual. Dicho en términos más rotundos: el acto sexual
auténtico, verdadero, es simultáneamente físico, psicológico y

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

espiritual. Los tres participan directamente en esa sinfonía íntima,


misteriosa, delicada y que culmina con la pasión de dos seres que se
funden en un abrazo.

La verdad sobre el hombre existe. A pesar del relativismo y la


permisividad. También esto vale para lo sexual. Muchas encuestas
nos hablan de las relaciones sexuales de los jóvenes y nos ofrecen
matices, ángulos y perspectivas diferentes. Pero no olvidemos lo
siguiente: la sociología nos descubre comportamientos mayoritarios,
qué está pasando en la sociedad en esos momentos y sobre ese tema
concreto. La moral es el arte de vivir con dignidad y nos enseña cómo
debemos actuar, que es lo mejor para el hombre a la larga. La
sociología observa hechos y los ofrece estadísticamente. La moral fija
ideales y conductas que hacen al ser humano más libre. La verdad no
depende del consenso, ni de lo que diga la mayoría. Eso son
opiniones. Las opiniones son como las estatuas de Dédalo, que están
en permanente actitud de huida. Hoy se asoman con vigor y mañana
se desvanecen. Cuando uno se apunta a las modas, en cuestiones
esenciales, está perdido a la vuelta de la esquina.

Tres observaciones que no quiero dejar en el tintero:

1. Hoy estamos asistiendo a una verdadera idolatría del sexo. Se


ha instalado en el corazón de nuestra sociedad el sexo a todas
horas, a impulsos de la pornografía y sus derivados.
Cosificación degradante del sexo. Con una nota sui generis:
trivializa el sexo y a la vez, lo convierte en religión.

El hombre banalizado, encanallado, trivial, insignificante para lo más


grande, que reduce la sexualidad al placer genital de usar y dejar. Y
nada más. Nos sumergimos, así, en la sexual performance: las
marcas o retos sexuales.

2. En el tema sexual bien se puede decir que vivimos en una


sociedad neurótica[2]. Es la ceremonia de la confusión. Una
sociedad que busca lo que escandaliza y fomenta lo que luego
condena. Un botón de muestra: los anuncios en la prensa sobre
sexo e incluso sobre sexo adolescente... y cuando éste salta a
los medios de comunicación, éstos dan su voz de alarma,
vociferando alborotados sobre lo que está sucediendo.
Apoteosis de la disolución de los referentes. En el amor
inteligente se usa la cabeza y el corazón a la vez, en
conformidad con la realidad de lo que son las cosas humanas.

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

3. ¿Dónde debe ubicarse la sexualidad? ¿En qué zona hay que


situarla dentro de la geografía de lo humano? ¿Es una pieza
suelta que debe ir y venir según su antojo y apetencias? Estas
preguntas remiten a una respuesta: hay que trabajar una
educación sexual en la que se integren todas las variables antes
apuntadas. La sexualidad no es algo puramente biológico, un
placer ligado al cuerpo, sino que mira a lo más íntimo de la
persona. Por tanto hay que concluir con esta primera
conclusión: la sexualidad es una pieza integradora de los planos
físicos, psicológicos, espiritual y cultural. Visión del hombre
completo. Si la vocación principal del hombre es el amor, toda
la vida sexual debe vertebrarse en torno a él. Ahí debe situarse
la sexualidad[3]. La sexualidad es un componente fundamental
de la persona. La madurez de la personalidad consiste, entre
otras cosas, en conocerla, saber para qué sirve y gobernarla,
ser dueño de ella y no a la inversa. La sexualidad conyugal es
la expresión directa de la donación de uno a otro, de una
persona a otra. Relación singular personal e íntima.

La vida sexual en la pareja debe buscar su mejor acoplamiento a


medida que pasa el tiempo. Cuando ésta funciona bien en general,
también lo hace en esta parcela, en lo particular. La sexualidad del
hombre es bastante más que sexo. Vehículo privado de acercamiento
y comprensión, de goce compartido y de donación total. La visión de
ella como un simple juguete para divertirse empobrece su sello. Es
indudable que tiene en el orgasmo el placer del cuerpo en sus niveles
más altos. Pero no debe quedarse ahí. ¿Por qué? Porque la sexualidad
no es un objeto. Hay que tener una visión de la sexualidad en el
conjunto de la persona. La maduración consiste precisamente en eso:
llevarla a que se incruste en la persona global.

Cuando nos quedamos en el campo exclusivamente biológico, al no


ser capaces de totalizar, éste no refleja las ricas y múltiples
implicaciones e interdependencias que tiene. Es el arte de ensamblar.
La mirada inteligente puesta sobre esta parcela. Reducir la sexualidad
a bien de consumo parece penoso[4]. También esto cuenta para la
continuidad matrimonial. La sexualidad inteligente es aquella en que,
junto a la ternura, se mezclan la complicidad, el misterio, la
delicadeza, la pasión y compartir todas las realidades que se tienen y
se anuncian. Fórmula para el éxito en el buen entendimiento sexual.
Certera combinación mezcla con arte y talento, en todo se ordena a
la comunicación profunda y a la alegría del otro y a la propia.

Es un grave error de percepción hacer del placer sexual el mayor bien

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

posible de la vida conyugal. Y también, lo contrario: minimizarlo,


reducirlo al mínimo, posponerlo y dejarlo para momentos estelares es
no haber comprendido cuáles son sus claves y resortes principales. Ni
idolatría y utilitarismo por un lado, ni tampoco la otra cara de la
moneda: espiritualismo decadente, limitando esta parcela de la
geografía personal. Cuando esto no se entiende bien y se vive aun
peor, el amor se convierte en una fusión de egoísmo unas veces y
otras, en una concentración de ignorancias. Ni lo uno ni lo otro.

Se trata de ir consiguiendo un amor sexual y espiritual a la vez.


Espiritualizar la sexualidad conyugal. Igual que la razón ofrece
argumentos a la afectividad para hacerla a ésta más madura, hay que
impregnar de idealismos y dulzuras y elevación el plano sexual. Se
mantiene con frescura y lozanía siempre que un romanticismo lo
envuelve. La persona es tratada no como objeto de placer, sino como
objeto de amor. No servirse de ella como algo que se usa. Debe
emerger siempre el valor de la otra persona como superior al valor
del placer. Frente al principio de utilidad, la norma personalista. La
sexualidad puede parecer fácilmente un bien, sólo por la fuerza del
deseo. Pero en la sexualidad madura e inteligente este plano queda
ampliamente rebasado. Quiero tu bien antes que el mío. Se imbrican
así y se superponen dimensiones distintas, pero no excluyentes. Max
Scheler y Pascal hablaron de logique du coeur. Por eso, ese amor que
se esfuerza por mejorarse sí mismo, perfecciona y conduce a
superarse a sí mismo dando salida a valores típicamente humanos:
generosidad, donación, confidencia, capacidad para hacer la vida
agradable al otro evitando el egoísmo y el pensar demasiado en uno
mismo. La vida conyugal se hace más intensa y sus lazos más fuertes
y rocosos. Recientemente Coleman ha hablado de inteligencia
emocional, ensamblando afectividad e inteligencia.

Psicología conductista y cognitiva

La vida actual se ha psicologizado. Cualquier análisis de la realidad


ofrece un ángulo psicológico. Esto es un componente moderno que no
existía hace tan sólo un par de décadas. A todos nos interesa esta
materia. De una parte para conocernos mejor y saber dónde están los
resortes más importantes de la conducta. Por otra, para facilitarnos
las relaciones con los demás, toda vez que la convivencia tiene unas
reglas que pasan por saber a qué atenerse en el comportamiento
interpersonal. En las últimas décadas las publicaciones de psicología
se han multiplicado y, con ella, los denominados "libros de
autoayuda".

En las últimas décadas se han desarrollado tres escuelas de gran


importancia dentro de la psicología científica. El conductismo por un

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

lado, la psicología cognitiva por otro y entre ambas se ha ido


elevando el concepto moderno de aprendizaje, que toma influencias
de una y otra. Se superan así las viejas concepciones de la psicología
existencialista inspirada en el análisis fenomenológico-existencial que
tuvo bastante predicamento hacia los años sesenta. Igualmente, el
psicoanálisis ha perdido fuerza hoy tal y como lo concibiera su
fundador, Sigmund Freud. De él se ha derivado una serie de escuelas
con muchos matices y vertientes diversos.

El principio central sobre el que se basa el conductismo reside en


considerar que nuestro comportamiento se mueve mediante
relaciones estímulo-respuesta, que nuestra conducta es producto de
nuestro condicionamiento. Fue Watson, hacia 1913, el que inició su
despliegue, prescindiendo de dos puntos básicos que hasta ese
momento habían tenido un relieve decisivo: la conciencia psicológica
y la introspección. La persona se puede estudiar igual que el
comportamiento animal, siguiendo unas reglas: la observación atenta
y cuantificada de lo que se ve hacia fuera, hacia el exterior. La
conducta es algo público que puede ser medida, pesada, cuantificada.
Por este derrotero se pretendía controlar y predecir lo que puede un
hombre hacer, según el tipo de estímulos a que sea sometido.
Llevado esto al tema que nos ocupa, el de la vida de la pareja, quiere
decir que sí se controlan las variables que entran en juego en esa
comunicación. El conductismo pretendió equiparar la psicología como
ciencia, a la física, con unas reglas relativamente bien establecidas.
Éste sería el camino para mejorar muchos trastornos psíquicos:
desde la falta de entendimiento de una pareja, hasta la tendencia a
discutir, pasando por la dificultad para olvidar los agravios recibidos
por el otro.

Pero las cosas no han resultado así. Es evidente que esta corriente de
pensamiento ha tenido grandes aciertos, pero ha dejado de lado el
tema de los procesos mentales, cuya incidencia e importancia es
enorme: la conciencia, la introspección y los sentimientos. Sus raíces
hay que buscarlas además de Watson, en Pavlov, Poincaré, Comte y
posteriormente en Skinner[5].

Éste diseñó el concepto de moldeamiento: mediante el control del


binomio premios-castigos se puede regular la conducta. Esto es muy
interesante para la vida conyugal, tanto que se podría formular la
siguiente afirmación: la clave para que la conducta conyugal sea
adecuada descansa sobre la noción de esfuerzo, que puede definirse
de la siguiente manera: es aquel estímulo que incrementa la
probabilidad de una respuesta. Hay refuerzos positivos y negativos:
los primeros incrementan la frecuencia de una conducta; por ejemplo,

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

si el marido al llegar a casa después de una jornada de trabajo le da


un beso a su mujer y le dice -a pesar del cansancio- alguna palabra
agradable, lo más probable es que ella reaccione de forma similar, y
si el estímulo inicial del marido se sigue repitiendo en días sucesivos,
se vuelve a dar un patrón similar de respuesta. Los segundos, los
negativos, son aquellos estímulos que se eliminan después de que se
ejecute una respuesta; por ejemplo: si tengo dolor de cabeza, tomo
un analgésico y éste desaparece.

Los conceptos centrales del conductismo son: estímulo, respuesta,


estímulo condicionado e incondicionado, respuesta condicionada e
incondicionada, así con frecuencia, intensidad y duración de una
respuesta. Desde esas premisas se dibuja todo el mapa de la
conducta, según esta corriente psicológica. El amor de una pareja
consiste fundamentalmente en un intercambio de refuerzos positivos,
de recompensas actuales. Que los hechos positivos y gratificantes
incrementan una mejoría en las relaciones afectivas, es algo de una
evidencia notarial, que explica la teoría del refuerzo[6]. Aquí entra de
lleno el trabajo del psiquiatra o del psicólogo.

Para la psicología cognitiva nuestro cerebro funciona como un


ordenador, que recibe información desde fuera (input), lo que es
seguido de un procesamiento de la información, para culminar en una
tercera etapa que es la resultante exterior (output). Hay aquí dos
conceptos que es necesario matizar: estímulo nominal y funcional; en
el primero, éste es igual para cualquier sujeto: una palabra, un gesto,
una cara seria, una voz más alta que otra...; en el segundo, ese
mensaje está matizado por el atributo que cada uno le da desde su
particular circunstancia. Es clave el tratamiento interno que cada
persona da a los datos que se van almacenando en ella[7]. Es decir,
que así como el ordenador normal se puede definir como un
procesador general, ya que es una máquina y no tiene historia, el
hombre es un procesador individual y específico, lo que significa que
al tener una biografía, adopta distintas formas de archivar según su
relación con el entorno próximo y lejano. Cuando una pareja discute
por algo trivial, si no tienen cuidado, en vez de centrarse ésta en
datos reales y concretos de ese hecho sobre el que han tropezado,
tiende a salir información pasada negativa... que no aporta nada
nuevo al momento y que va a distorsionar la posibilidad de un diálogo
centrado en algo concreto.

Efectos más frecuentes en el procesamiento de la información


conyugal

Los principales errores y defectos en el procesamiento de la

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

información conyugal pueden ordenarse como se indica. No hay que


olvidar que los principios sobre la organización del material recibido
se codifican de diferente manera según las ocasiones y van desde la
ordenación espacial, a la asociativa (asociación de ideas, conexión de
conceptos similares, redes conceptuales), según la propia jerarquía
de cada uno, por semejanza, reticular, etc. Estos errores son los
siguientes:

1. Tendencia a distorsionar el pasado: Suele ser bastante


frecuente en parejas en conflicto. Pequeños hechos o medianos
o de cierta envergadura, son almacenados en el interior de la
memoria de forma incorrecta, con cargas pasionales negativas
y peyorativas, lo que hace que no se puedan olvidar y esos
contenidos estén siempre a punto de aflorar a través de la lista
de agravios. En la psicoterapia el trabajo consiste en ayudar a
esa persona a hacer otra lectura biográfica, más sana, fría y
desapasionada, asumiendo las cargas psíquicas peores, para
evitar la neurotización.
2. Generalizaciones excesivas: Elaborar una regla general a
través de hechos aislados. "Tú siempre tienes que llevar
razón"; "nada mío te gusta"; "me corriges siempre que hablo
en público"; "lo nuestro no funciona porque no te veo volcado
hacia mí"... Hacer ver que esto es un trastorno psicológico,
espigando hechos precisos y aquellos que se repiten más
habitualmente, es trabajo de psicoterapia específico.
3. Maximización y minimización: Evaluar la significación de
hechos y circunstancias magnificando o, al revés, quitándole
demasiada importancia. Aprender a valorar los acontecimientos
en su cierta y justa medida indica madurez psicológica y una
cabeza bien amueblada para enjuiciar lo que sucede.
4. Adelantarse en negativo: Este apartado menciona el
mecanismo psicológico de adelantar conclusiones a priori que
son arbitrarias y que tienen el sesgo del pesimismo, sin que
exista una evidencia rotunda y clara. "Mi marido nunca
cambiará, se lo digo yo que lo conozco muy bien"; "la
psicoterapia no va con él, él no responderá"; "lo nuestro irá a
peor a pesar de que los dos hablemos con usted, doctor". Está
rota la relación estímulo-respuesta por la inferencia de las ideas
preconcebidas. Falla el concepto de respuesta.
5. Abstracción selectiva: Así como en el apartado anterior se
refería a la respuesta, éste alude al estímulo. Consiste en
centrarse en un detalle extraído de su contexto, sin tomar en
cuenta los pormenores y circunstancias que lo rodean y
conceptualizar eso de forma negativa y rotunda. "Una vez me
dijiste que yo, al no tener carrera universitaria, nunca llegaría a
comprenderte...", dice la mujer, y comenta el marido: "sí, es
cierto, pero te lo dije en un momento de enfado y estaba yo
descontrolado y no debes tomármelo en cuenta". Apostilla ella:

13
Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

"sí, qué fácil es decir ahora que no te diste cuenta, pero hay
cosas que no se olvidan y que son muy duras para una mujer
con la sensibilidad que yo tengo". La capacidad del psicólogo o
del psiquiatra para corregir esto y situar los papeles en la
ubicación precisa, hará ir desmontando estos déficit en la
interpretación de los sucesos.
6. Pensamiento dicotómico: La forma de ver la realidad es
maniquea: blanco-negro, bueno-malo, encantador-odioso. Se
clasifican los criterios sobre las personas y sobre la propia
pareja en dos categorías contrarias, opuestas, irreconciliables,
antagónicas, imposibles de acercar porque están en polos
diametralmente opuestos. La discrepancia está servida. Esto
traduce un marcado apasionamiento y escasez de juicio
reposado. Y esta forma de manejar el pensamiento se vuelve
muy negativa, maniquea en definitiva. Y desde ella es difícil
salir hacia delante. Situarse cada uno en las antípodas del otro
pone de manifiesto un error de base, al formular posiciones
extremas e irreconciliables. A esto le llamamos categorías
absolutistas negativas.

Estos seis apartados reflejan falsos esquemas inconscientes desde los


cuales se acrecienta la distancia entre los miembros de la pareja. El
arte del psicoterapeuta consiste precisamente en hacerles ver este
fallo y aproximar las posiciones.

El amor inteligente

El amor inteligente debe estar tejido de corazón y cabeza, pero


unidos ambos por el puente de la espiritualidad. Necesita de unos
sentimientos con una cierta madurez y al mismo tiempo, la
participación de criterios lógico-racionales. El amor auténtico consiste
en una pasión inteligente. Para entender mejor las pasiones hay que
aplicar la inteligencia como capacidad para discriminar, separar,
seleccionar, verse de cerca y de lejos, destacando unos planos en un
momento dado y posponiendo otros. Ejercicio de contrastes presidido
por un afán de síntesis y evaluación.

El corazón es el símbolo de los sentimientos en prácticamente todas


las culturas. Las pasiones van mucho más allá que los cambios
hormonales o las alteraciones bioquímicas. Sentimientos y razones:
un amor con dos dimensiones, pero que aspira a la participación de la
espiritualidad, que ofrece una visión más rica de ese amor[8].

14
Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

La mujer parece que prefiere al hombre solvente económicamente y


los hombres buscan a las más jóvenes y atractivas. La persona
superior busca algo más. El amor sufi[9] tuvo en el pensador árabe Ib-
el-Arabí un gestor decisivo. De igual modo, el rabino Chiquitilla,
nacido en Medinaceli, escribió un precioso libro titulado El misterio de
la unión de David y Betsabé, en el que nos cuenta la leyenda de la
búsqueda eterna de nuestra alma pareja, como camino para alcanzar
la perfección[10]. Esa fascinación amorosa, para que se haga
consistente y sólida necesita ascender a planos donde la razón fría
está mezclada con emociones bien estructuradas, en donde esa
relación personal busca el bien del otro.

¿Qué debemos entender aquí por espiritualidad? La capacidad para


mirar más allá de lo que se ve y se toca. Perspectiva que amplía el
horizonte, lo dilata y ayuda a captar otros ángulos más sublimes,
pero menos accesibles por el camino escueto de los argumentos. El
pensamiento europeo tiene esto expresado en tres grandes libros,
que recorren nuestra cultura y le dan peso y medida. Son el Corán
para los árabes, el Pentateuco para los judíos y el Evangelio para los
cristianos. Ahí encontramos las mejores respuestas sobre cómo debe
ser entendido el amor trascendente. Hay algunos textos que pueden
ser añadidos a éstos. Así, en el Talmud hebreo hay una sentencia que
dice:

"El hombre fuerte es el que gobierna sus pasiones;


el hombre honrado es el que trata a todos con dignidad;
y el hombre sabio, aprende de todos con amor".

También en el Zohar o también llamado libro del esplendor, el judío


puede beber en unas fuentes claras, en donde hay pensamientos
excelentes que hacen al ser humano aspirar a lo mejor[11].

San Juan de la Cruz lo dice de forma excelsa en sus Canciones entre


el alma y el esposo:

En la interior bodega

de mi amado bebí y cuando salía,

por toda aquesta vega

ya cosa no sabía

y el ganado perdí que antes seguía

15
Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

Y otro trozo espléndido que refleja bien a las claras, pero con poesía
universal, la fenomenología sentimental:

Mira que la dolencia

de amor, que no se cura

sino con la presencia y la figura.

Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el amado;

cesó todo y dejéme,

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado.

El allí me enseñarás significa conocer la sabiduría y la ciencia del


amor, en donde una persona se transforma en la otra, pero transida
de visión sobrenatural. Uno se cambia mediante esa nueva óptica en
un ser amoroso, capaz de perdonar[12], de aceptar, asumir,
corregirse, volver a empezar. La espiritualidad le da otra perspectiva
al amor. Lo llena de capacidad de sacrificio y se apoya en los grandes
ejemplos judeo-cristianos. Erich Fromm en El arte de amar dice que
el hombre tiene miedo a amar por el pánico a no ser correspondido.
El amor inteligente es tridimensional. Las columnas que lo sostienen
son el sentimiento maduro y la razón ecuánime. Por encima y por
debajo: el idealismo de la finura educada en la mirada sobrenatural,
que pone desinterés, nobleza y romanticismo. Un amor hecho con
materiales aristocráticos, distinguidos, ilustres. Es difícil de derribar y
se hace compacto con el paso del tiempo, como una ciudad medieval
amurallada.

Amor y espiritualidad

Sin espiritualidad el amor conyugal es difícil que se mantenga. Es


elevarlo de nivel y transitarlo de lo natural a lo sobrenatural. Lo físico
tiende a pasar y a degradarse en alguna medida. Con lo espiritual
sucede justamente lo contrario: ayuda a superar las flaquezas
personales y suavizar el desgaste de la convivencia. Si amar es

16
Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

querer envejecer juntos, hay que procurar las tres dimensiones. Ahí
se convocan los tres grandes amores clásicos: de benevolencia, de
concupiscencia y de amistad. El primero tiene en el desinterés y en la
búsqueda del bien del otro su primera propuesta, pensando más en el
otro y menos en sí mismo. Es el amor más puro. Gozar viendo al otro
disfrutando y saboreando lo bueno de la vida. Te deseo lo mejor.
Sentimientos complacientes, generosos, en donde uno se olvida de sí
mismo para volcarse en el otro: amor magnánimo, amable,
desprendido, noble, en donde la educación complaciente se hace
dócil. Sería como decirle a la otra persona: guardo las formas contigo
como cuando éramos novios, me esmero por tratarte como lo que
quiero que seas para mí, apoyo y descanso[13]. Hay que avanzar en
esa línea mediante esbozos, tanteos, aprendizajes y por supuesto, la
ilusión de llegar a formar una pareja bien conjugada, armónica. El
amor consiste en un proyecto compartido de generosidad, donde
cada vida intenta alumbrar a la otra. Pensar y ocuparse más del otro.
La felicidad propia pasa por delante de la otra persona. Pasaje
obligado que engrandece el verdadero amor. Ahí descansa la
grandeza del amor conyugal y al mismo tiempo, también su
dificultad. Esto debe quedar muy claro, porque las palabras adornan
los hechos, pero la realidad tiene un fondo riguroso y notarial. Amor
compartido benevolente que es capaz de crear en nosotros. El otro no
como objeto de placer, sino como propósito de amor de calidad.
Reciprocidad verdadera en donde uno apuesta por el otro y le dice
que va a esforzarse por darle lo mejor que tiene. Es un amor moral,
porque destila el arte de vivir con dignidad, usando la libertad del
mejor modo. +Este era el punto a donde quería llegar.

Frente a la física del amor se eleva la metafísica: escuela de


perfección bilateral, vinculada y subordinada a la alegría, al gozo y al
sufrimiento compartidos.

El amor de concupiscencia tiene en el deseo sexual y en la atracción


física su expresión más patente. Y tiene que ser así. Una atracción
psicológica que no se acompañara de la física, estaría quebrada, sería
incompleta y por tanto, no conduciría a la creación de un nosotros. La
tendencia sexual pertenece a la esencia misma del amor humano. El
impulso sexual se materializa del mejor modo a través del amor
auténtico[14]. No se reduce a la satisfacción de las tendencias
biológicas, sino que engloba también a la psicológica y a las
espirituales. Tiene, en el momento del acto sexual, la presidencia del
ímpetu instintivo, pero dirigido a la persona, no a su cuerpo. En la
conciencia psicológica de ese sujeto hay una idea clara: no se queda
sólo en el mero goce, no se agota ahí, sino que va más allá, apunta
hacia una cierta excelencia. Por eso, para que un amor sea
verdadero, la persona tiene que buscar el bien del otro, no

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

instrumentalizarlo; si no, se convertirá en una relación egoísta, que


puede ser calificada de amor, pero que está muy lejos de su hondo
significado. Hay ahí una frontera sedosa y lábil que si no se cuida, a
la larga esas relaciones tienen un final desgraciado. Cuando esas
personas se miran a la cara, de tú a tú, descubren la falsedad del
fondo, aunque quieran con las palabras cambiar los hechos. El ser
humano es capaz de mentirse a sí mismo, pero en todas las
biografías emergen momentos de sinceridad, que se ponen de pie y
ponen sobre la mesa la verdad íntima que anida en esas personas.

En tales situaciones el hombre que no quiere meterse en esa


exploración personal, huye, se aleja, se sumerge en otras aguas y
mediante este mecanismo de evasión evita enfrentarse con su
realidad. En otras ocasiones flotan argumentos estadísticos, que
apagan cualquier rectificación. Pero otras veces, la respuesta es
dolorosa y la herida invita a cambiar, a rectificar, a tratarse a sí
mismo y al otro como seres humanos. Hay, en ese continuum, un
trasiego de posibilidades diversas.

La benevolencia es desinterés y completitud; la concupiscencia,


impulso sexual; mientras que la amistad es confidencia, camaradería
y complicidad. La amistad a secas es un amor sin sexo hecho de
donación e intimidad. Pero en este tercer distrito hay una
comunicación entrañable que es capaz de superar el propio yo, para
construir un nosotros. Mediante él la naturaleza humana se realiza en
su mejor modo y se perfecciona. De este modo se capta realmente
que la sexualidad no da noticia del ser humano sólo por lo puramente
físico, sino que tiene una honda huella psicológica y espiritual. Así se
transita de la cultura de las cosas a la cultura de las personas. El otro
deja de ser utilizado como cosa, como objeto para convertirse en
persona, en ser humano de carne y hueso con toda la grandeza del
mundo. Encuentro personal, privado, íntimo, secreto, misterioso. El
amor personal integra a todo el individuo y lo capacita para vivir en la
verdad de uno mismo y del nosotros. Con todas las limitaciones que
se quiera, pero lleno de sentido.

Metafísica del amor

Yo la definiría como aquella operación psicológica que consigue que la


relación entre dos personas vaya más allá de la experiencia personal
compartida. Reconocer y profundizar en lo que hay de más alto y
perfecto en los sentimientos. Elevarse por encima de los hechos
objetivos, buscando lo eterno, lo perenne, aquello que se perpetúa
por encima de los mil vaivenes que tiene la vida conyugal. La

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

metafísica del amor persigue la trascendencia. Y ella se dirige como


en una baliza hacia la espiritualidad. El amor espiritual tiene voz
propia en el pensamiento musulmán, judío y cristiano. Son tres
formas de captarlo. Para el mundo occidental la tradición judeo-
cristiana tiene sus dos máximos exponentes. Vivirlo de acuerdo con
unos principios que lo hacen más sólido y firme. Frente a las oleadas
del postmodernismo que relativizan cualquier amor y lo hacen
transeúnte, la espiritualidad descubre su grandeza y, también, sus
exigencias.

Hay un texto del Evangelio que es aleccionador en este sentido:


"Todo el que viene a mí y escucha mis palabras y las pone en
práctica, os diré a quién es semejante. Es semejante a un hombre
que, al edificar una casa, cavó muy hondo (fodit in altum) y puso los
cimientos sobre la roca (et posuit fundamentum supra petram). Al
venir una inundación, el río irrumpió contra aquella casa y no pudo
derribarla porque estaba bien edificada. El que escucha y no pone en
práctica es semejante a un hombre que edificó su casa sobre tierra
sin cimientos, irrumpió contra ella el río y se cayó enseguida y fue
grande la ruina de aquella casa" (Lc 6, 46). La expresión latina tiene
toda su fuerza en la frase fodit in altum: cavar profundamente,
buscando echar raíces que se metan en las entrañas de la tierra, para
que el edificio afectivo quede bien clavado.

Detrás de la trascendencia tejida de espiritualidad se descubre a


Dios. Para el creyente, esta travesía es un itinerario de perfección, a
pesar de las limitaciones propias de la condición humana. Hay una
ilusión de llegar algún día a esa cima, en donde el amor humano se
hace divino y viceversa. Yo me topo por esos senderos con el mejor
amor. Lo humano y lo divino se entrecruzan[15].

El amor se transforma en complicidad: compañerismo. Se mantiene


la pasión y la ternura; se cuidan también la admiración y el intentar
no defraudar al otro. Se muestran los lados positivo y negativo de la
convivencia, pero tratando de corregir lo que interfiere el normal
funcionamiento de la pareja.

Porque la vida es ser, no tener. Y el ser humano es una extraña sed,


que busca algo auténtico que lo sacie. Para un psicoanalista la
hermenéutica de esto es fácil: provenimos del medio líquido, que es
el seno de nuestra madre. Buscamos retornar a ese clima. Es como
pretender una armonía interior. La felicidad es estar en paz con uno
mismo o tener unas ciertas dosis de serenidad, que dan un temple
positivo a la existencia. Pero la paz tiene una raíz muy clara en este
contexto: ser fiel a uno mismo y a la otra persona. Lo mío y lo de la

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

otra persona. Las cosas no dan la felicidad, sino saber organizar bien
la vida personal, en especial lo afectivo y lo profesional.

Stendhal en Ernestina o el nacimiento del amor nos recuerda que el


amor se centra en el deseo y en la no realización del deseo. Necesita
cercanía y distancia. El objeto deseado debe estar envuelto en
misterio y lejanía, intimidad y retiro, algo reservado y abierto a la
vez. Juegos de aproximación y distancia. Es esencial separar el bien
del placer: vivir con toda su extensión el primero y asumir la
naturaleza del segundo.

Porque el misterio en el amor tiene una enorme importancia:


capacidad para soñar, sabiendo que su realidad limita. Por ejemplo:
el sexo a la carta suele tener poco misterio y un exceso de pasión.
También este campo de las relaciones íntimas tiene que verse
envuelto por ese halo enigmático y cuidadoso. Ingeniería del trato y
del contacto personal. El viejo aforismo "donde hay confianza da
asco", estaría justamente en el otro extremo. Buscar siempre el
mejor comportamiento es convertir el amor diario ordinario, en algo
metafísico y extraordinario. Suena a excesivo. Y lo es en algún
sentido, es cierto, pero muchos hacen eso en el campo profesional
por ascender unos peldaños y encaramarse hacia una posición en el
trabajo más positiva y ventajosa. ¿No se va a intentar hacer lo mismo
en el ámbito de la vida matrimonial? Ésta es para mí la enorme
sorpresa. Y queda justificada para muchos por el materialismo que a
la larga se ha ido apoderando de todo lo relacionado con la vida de la
pareja.

Las cosas pequeñas positivas y el trato delicado, son el combustible


que hay que quemar para que arda con cierto vigor el amor conyugal.
Así el fuego se aviva y su brillo ilumina esas dos vidas, con sus
posibilidades y limitaciones. Por ahí deambula la espiritualidad
comprometida. Aquella que se alarga más allá de la pura teoría.

Esto también lo vemos con fuerza en la Torah judía. Los cinco libros
que integran el Pentateuco ofrecen también normas para llevar mejor
el matrimonio. Los judíos ortodoxos rezan dos veces al día la Shemá,
tres pasajes que recuerdan el sentido de la vida y del amor. Dos
pertenecen al Deuteronomio (6, 4-9; 11, 13-21), el otro al Libro de
los Números (15, 37-41). Y advierte del peligro de tomar las
manifestaciones externas de devoción como un sustitutivo de la
devoción interior. Igualmente en el Sefer Yetzirah, también llamado
El libro de la creación, que es el libro más antiguo y misterioso de los
textos cabalísticos. En él podemos encontrar pasajes de excelente
talla sobre el matrimonio[16].

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

El matrimonio y la familia forman un continuum estrechamente


relacionado.

El valor del hogar es decisivo. Los padres, además de darse amor el


uno al otro, tienen por delante la excelente tarea de educar a los
hijos en lo mejor, trabajo clave, verdadera orfebrería pedagógica.
Ellos son los encargados de llevar a cabo la educación sexual, que no
es otra cosa que enseñarles el valor de los sentimientos y su
orientación más adecuada.

Presentar el sexo y los sentimientos como un acto pasajero,


circunstancial, sin consecuencias ni responsabilidad, es degradarlo,
cosificarlo, convertirlo en algo simplemente trivial, de usar y tirar. La
banalización del sexo y su reducción a lo meramente genital es un
síntoma de inmadurez e incultura.

Estamos viviendo en las últimas décadas en todo el mundo (la aldea


global de Mc Luhan) una disminución general de la cultura a favor de
las informaciones de la televisión sobre todo y de las publicaciones
tipo revistas, en sus más diversas fórmulas. Pero también la cultura
llega al amor y lo enriquece y mejora. He comentado ya en otras
páginas que es patético el analfabetismo sentimental en el que
estamos inmersos, a lo que se añade la ceremonia confusa y pertinaz
de las revistas del corazón, que una y otra vez alientan al brujuleo
interesante de noticias frescas de rupturas, enlaces, enganches y
salidas de la pista, que rompen la monotonía de los días y nos traen
ese aire fresco de la novedad. Parece como si esas novedades nos
sacaran de un cierto letargo y nos dieran alas para posarnos sobre la
realidad de los acontecimientos y expresar, al filo de esas uniones
caleidoscópicas, lo que opinamos sobre el asunto y cómo haríamos en
cada caso.

La sexualidad como encuentro personal

Cuando la relación sexual es tan sólo contacto entre dos cuerpos que
buscan el placer, no se puede hablar entonces de un auténtico
encuentro personal, presidido por la afectividad. Será ésa una
relación anónima, preindividual, que no apunta hacia la plenitud y al
crecimiento de ambos, sino que se sumerge en la bóveda de la
voluptuosidad dionisíaca de las sensaciones. A la larga, si ese
contacto se mantiene, irá distanciando a esas dos personas, que se
verán desnudas no sólo físicamente, sino sobre todo en sus formas

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

de ser, quedando al descubierto la pobreza psicológica y espiritual de


los dos.

En el animal el instinto sexual lleva a la búsqueda del placer por


encima de todo. En el ser humano maduro deberán existir otras
motivaciones más profundas, que sean capaces de dirigir y encauzar
las pulsiones sexuales hacia la mejor configuración de uno mismo.
Por eso, podemos afirmar que el animal se mueve regido por los
instintos, mientras que el hombre posee tendencias que puede
gobernar con su inteligencia y voluntad. Las diferencias son muy
claras. Pero en una sociedad erotizada, que ha hecho del sexo un
comercio estandarizado, lo sitúa a éste en un plano de igualdad con
el animal, degradando la sexualidad a mero enlace corporal
descomprometido, regido tan sólo por esas dos variables hoy en
boga: hedonismo y permisividad, placer y campo abierto de
experiencias cada vez más atrevidas: por esos derroteros muchas
vidas se pierden en una nebulosa sin brújula, donde todo va a la
deriva.

Tal es el caso de esos libros que exaltan el placer por sí mismo, sin
más. Haroun Al-Makhzoumí en su libro Las fuentes del placer viene a
ofrecernos una especie de Kamasutra árabe: buscar el máximo placer
posible y ascender a la cima eroticosexual. Ésa es la aventura. En
esas pasiones suele el hombre perderse a sí mismo, olvidarse de que
es humano. No reparar en que la mujer es sobre todo un ser afectivo,
que reclama ternura y consideración. La subida a esas cumbres del
placer no llevará al hombre a la felicidad, que siempre es alegría
consigo mismo por el esfuerzo personal en sacar lo mejor que tiene
dentro de sí, poniéndolo al servicio de otra persona para hacerla feliz
y por extensión, de la sociedad en la que vive, ayudándola a que
alcance el mejor progreso posible.

Kamasutra fue escrito por Vatsyayana en el siglo V y consiste en un


catálogo de posturas y de técnicas y preparaciones para la relación
sexual. En él se utilizan símbolos que pretenden explicar la
importancia de vivir el placer: el enlace de las lianas, la brisa que
mece los árboles frondosos, el abrazo de la vegetación exuberante.
La mujer es citada a perseguir el gozo al precio que sea. Y éste es el
planteamiento de fondo de este tratado. ¿Consiste la felicidad
fundamentalmente en el placer? En otra parte nos hemos ocupado
con detalle de esa cuestión. Pero ahora podemos decir, aunque sea
muy someramente, que reducir la felicidad al placer, es tener del
hombre una visión estrecha, con escasas perspectivas y a la vez,
olvidarse de su grandeza y de su destino. El hombre es un ser
sediento de amor. Eso es lo que busca a toda costa. Aunque muchas
veces se conforme con sucedáneos.

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

En la mitología griega Eros es el dios del amor. Emerge después del


Caos primitivo. Gracias a él se unen la Noche y el Día, llegando a ser
una de las fuerzas fundamentales de la tierra, que asegura la
continuidad de las especies. En el mundo romano se le asimilaba al
dios Cupido. Platón en su libro El Banquete explica su nacimiento,
hijo de Poros (el Recurso) y Penia (la Pobreza), intermediario entre
los dioses y los hombres. Es siempre una fuerza insatisfecha que
consigue lo que se propone. En la época alejandrina es representado
como un niño alado que lleva una antorcha, y en su espalda flechas
con las que inflama los corazones. En épocas más tardías aparece en
formas escultóricas dedicada a juegos infantiles, inocentes, aunque
es un dios poderoso, capaz de producir heridas difíciles de curar.

Para los griegos Afrodita es la diosa de la belleza, del amor y del


matrimonio. Es un mito de procedencia oriental. Y simboliza el
atractivo sexual que conduce al placer. Fue considerada como un
principio disolvente, menos arraigada que el sentimiento. Afrodita
despierta con su belleza la discordia de los dioses. Infundiendo
amores y pretensiones amorosas.

En el placer se vive una experiencia de expansión del cuerpo, como


de dilatación, como si sus límites se ampliaran estirándose al
máximo. Hombre y mujer vibran físicamente. Pero la unión va más
allá. Éxtasis deleitoso y embriagador. Es el clímax sexual. Decir que
la sexualidad es la única participante sería ver sólo una vertiente del
acto sexual. Cuando no se es capaz de captar los otros planos,
pueden iniciarse con el tiempo desajustes en la relación íntima y a la
vez, una degradación que la termina convirtiendo en algo puramente
físico, carnal, del cuerpo, dándole la espalda a otros ingredientes
decisivos.

La sexualidad no es algo externo, sino que incide en el núcleo más


íntimo de la persona, de ahí la necesidad de que el tema sea
abordado con esa triple visión: física, psicológica y espiritual. Así la
relación de pareja se hace encuentro de personas y no de cuerpos. Y
todo cobra un relieve nuevo.

El cuerpo es un vehículo de amor. Y en el acto sexual lo es también


apasionado y sosegado, lleno de emoción y sereno. Por eso la
relación sexual es tan comprometida: implica, vincula, une y por
supuesto, responsabiliza. En el sexo sin amor no hay responsabilidad,
sino simple juego divertido con el cuerpo del otro, como cosa. En el
amor sólido se ensamblan amor y responsabilidad. Así se alcanza esa
pretensión excelsa: integrar la sexualidad en la persona. Cuando el

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

amor deja de ser auténtico para hacerse egoísta e impersonal, la


primera víctima del mismo es la persona y en consecuencia, esa
pareja, cuya vulnerabilidad se hace cada vez más patente. Es un sexo
que se vuelve mentira y que niega lo mejor del hombre. A la larga, se
desliza hacia la esclavitud y se va a colar por algún vericueto que le
lleva a ser prisionero de una tiranía despótica cada vez más distante
del amor real, puro, genuino, verdadero.

[1]
Véase mi libro El amor inteligente, Ed. Temas de Hoy, Madrid,
1997.
[2]
Una sociedad de progreso material, pero sin rumbo, perdida, sin
tener unas bases sólidas y aturdida por mensajes contrapuestos.
[3]
En la cultura el orgasmo es tomado como unidad básica, como
experiencia cumbre para cogerle este pulso positivo a la vida. Urge
una auténtica educación sexual que ponga las cosas en su sitio, al
menos para los que quieran tener las ideas claras sobre un asunto
tan central. La relación sexual se hace verdaderamente humana
cuando es de persona a persona. Pervertir el significado de la
sexualidad es llevar al ser humano al vacío, a la esclavitud y a la
desintegración. Al primero, porque lo que llena de verdad es lo que
mejora y perfecciona a medio-largo plazo. Al segundo, porque no se
le puede hablar a un esclavo de libertad. Al tercero, porque sin
armonía afectiva el hombre se rompe y salta por los aires a merced
de su parte más animal, que ahora dirige sus pasos hacia una
patología de sus significados profundos. Cada época tiene sus
neurosis y cada tiempo sus psicoterapias.
[4]
Las ofertas de entretenimiento sexual en la televisión y en el cine
carecen de unos mínimos criterios racionales. Es la vulgaridad sobre
el tapete. Pasarlo bien sin restricciones. Ésa es la visión de la
felicidad. Yo quiero hacer una enmienda a la totalidad: no eres más
libre cuando haces lo que te apetece, sino cuando eliges aquello que
te hace más persona.
[5]
Skinner en su obra Walden Two creía que se podía encontrar la
felicidad siguiendo estos principios, haciendo que la gente mejorara
su forma de funcionar. En este libro se pueden ver, junto a elementos
científicos, visiones demasiado simplistas, que recuerdan al libro de
Aldous Huxley, Un mundo feliz, o 1984 de Orwell. Son tres libros
conductistas.
[6]
La premisa de toda terapia cognitiva es ésta: descubrir errores y
distorsiones en la atribución de estímulos externos, internos y
biográficos. A eso se llama hábito de deformar: torcer, arquear,
deteriorar y rizar lo recibido.

24
Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

[7]
Toda terapia conductista conyugal está orientada a favorecer en
positivo la tupida red de aprendizajes positivos con el otro. El
aumento de los refuerzos positivos de hechos, lenguaje verbal y no
verbal. La ciencia de las relaciones conyugales tiene aquí un fuerte
bastión, que se complementa con la psicología cognitiva.
La complejidad de estos intercambios tiene un puente, que es el arte
de saber almacenar y codificar de forma correcta las cosas que el otro
hace, dice o expresa con sus gestos.
[8]
Es curioso que la mayoría de las agencias matrimoniales buscan
este equilibrio como reclamo de sus clientes. Razonable intercambio
de vertientes que se adentran la una en la otra. Hay falta
espiritualidad y las consecuencias de ello las tenemos ya sobre la
mesa: el materialismo en los sentimientos ha llegado a un cierto
reduccionismo de pensar, en que casi todo es sexo. Niego la premisa
mayor. ¿Por qué? : porque los hechos estadísticos me dan la razón.
Los amores trascendentes tienen una permanencia demostrada.
[9]
También culto al amor distante y sobreestimación de la dama
escogida.
[10]
Incluso los agnósticos más recalcitrantes se dan cuenta que el
amor debe tener otra dimensión. Los amores planos, sin verticalidad,
sin preocupación por los demás, terminan en el solipsismo de una
egolatría más o menos camuflada.
En los últimos días de su vida, Mitterrand le contaba a Elie Wiesel,
judío practicante, el efecto que le había hecho leer el libro Historia de
un alma de Teresa de Lisieux, porque "esa mujer sabía lo que era el
amor de verdad, como lo más auténtico que hay en el hombre, la
espiritualidad".
[11]
Julián Marías en su libro Tratado de lo mejor (Alianza Ed. Madrid,
1995), dice que la desorientación moral de nuestra época conduce a
no saber a qué atenerse, porque todo es discutible. Yo, en mi libro El
hombre light (Ed. Temas de Hoy, Madrid 1997) he hablado de los dos
grandes disolventes de la conducta moral: el hedonismo y el
relativismo. Se desdibuja el horizonte de las normas éticas y se
aterriza en sus dos descendientes más directos: permisividad y
materialismo. Con ellos al lado no se puede llegar muy lejos en la
estabilidad conyugal.
Hay que pasar del utilitarismo humano (en donde lo sexual es
mercancía de trato) a la cultura del amor responsable. No hay
libertad sin responsabilidad. El amor y la sexualidad miran a la zona
más íntima de la persona, la respetan y favorecen su mejor
edificación.
[12]
Ser el primero en perdonar. Adelantarse para ir en busca del otro.
Esa actitud rezuma trascendencia. Perdonar, palabra mágica, que
sana. Cuidar el amor requiere una actitud positiva y una atención de
arqueólogo. A la larga es una gran inversión. El perdón es uno de los
más grandes actos de amor que existen: darlo y recibirlo: ida y
vuelta; suma y resta; donación y aceptación de los propios fallos y
limitaciones.

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Autor: Enrique Rojas Amor y Sexualidad

[13]
Quizá alguno se sonría al leer estas expresiones. Sabe muy poco
de lo que es el verdadero amor, el que va a él casi sin ideales,
entrando en una especie de pragmatismo racionalista, con un fondo
escéptico. Recomiendo a esos tales abstenerse de sumergirse en la
vida conyugal, ya que su pronóstico de estabilidad y duración será
escaso.
Leon Tolstoi en su libro La novela del matrimonio (Ed. Del Bronce.
Madrid, 1996), llena de recursos estilísticos, sitúa a la boda de los
protagonistas como el comienzo de la verdad de cada uno. Tiene un
fino tacto en la descripción magistral de los matices afectivos. Uno y
otro van descubriendo cómo hay que entenderse, abriéndose paso el
uno en el otro, a través de la comprensión, el diálogo y el juego de
cesiones recíprocas.
[14]
Existe una diferencia, siguiendo estos términos clásicos, entre el
amor de concupiscencia y la concupiscencia misma. En la primera se
busca a la otra persona y se la trata como a tal, hay un encuentro
misterioso, repleto de grandeza y entrega, donde uno queda
comprometido. En el segundo, la pasión sexual pide paso y si no se la
sabe encauzar bien, sólo busca al otro para apagar su sed de
sexualidad: carácter utilitario, usar al otro.
La erotización y sexualización de la televisión especialmente y del
cine, tienden a animalizar al hombre. Sexo sin amor a todas horas.
Camino seguro para no entender, después, nada de nada de lo que
realmente es el amor verdadero. Esto proyecta una cierta luz sobre la
degradación del primer medio y comunicación social, con sus tres
grandes temas: la grosería del sexo por doquier, la violencia y los
shows epidérmicos que atontan y narcotizan. El propósito de la
eficacia y del ganar audiencia llevan a consumir y le dan sal gorda y
mercancías sin valor.
[15]
Hay una pregunta que me hago de las parejas jóvenes: una vez
casados, ¿quién va as seguir siendo el novio? La magia, la fantasía, el
saber sorprender al otro con algo agradable, el cultivo de la ternura y
los mejores modales, pero para eso tiene uno que estar bien consigo
mismo o tener un cierto equilibrio personal. Un amor con esperanza.
De él se puede esperar lo mejor. La esperanza es la victoria sobre el
pesimismo. Igual que la verdadera filosofía se reduce al arte de
pensar, el amor auténtico le da sentido a la vida y tiene sabor
imperecedero, capaz de sortear las dificultades de la convivencia por
complicada que ésta sea.
[16]
La tradición antigua atribuye este libro al patriarca Abraham.
Textos cabalísticos como el Zohar (también llamado Libro del
esplendor) y Raziel, apuntan hacia esa autoría.
A los interesados en estas líneas les recomiendo de Elie Wiesel,
Célébration talmudique: portraits et légendes (Ed. Seuil. París, 1991),
y de Shimon Halevi, La Cábala (Ed. Debate, Madrid, 1994).

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