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Atributos de Dios

Atributos de Dios (2)

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RICHARD ZAPATA
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LOS ATRIBUTOS DE

DIOS
Jesús, la revelación del Padre
LOS ATRIBUTOS DE DIOS
JESÚS, LA REVELACIÓN DEL PADRE

EQUIPO ESCRITORAS
ELLA FLORECE
Derechos de autor © 2023
por Ella Florece
Todos los derechos reservados.

Publicado por Ella Florece Internacional


Los Ángeles, California.

Gracias a las siguientes personas por colaborar con Ella Florece en este estudio bíblico: Ana
María Cárdenas, Diana Schiffito, Merari Arguello, Sofía Rodríguez, Diana Ríos, Saray Jaimes
(escritos); Diana Ríos, Sofía Rodríguez (edición); Berenice Souza (portada); Constanza Figueroa
(diagramación).

Nueva Biblia de las Américas™ NBLA™ Copyright © 2005 por The Lockman Foundation.

Permisos

Se permite la reproducción y distribución de este material en cualquier formato, siempre que no


altere el contenido en forma alguna y sea gratuito.

Para compartirlo en línea por favor incluir un enlace a la página de Ella Florece. Cualquier
excepción a lo anterior, debe ser aprobada por Ella Florece.

Por favor incluir © Ella Florece. Website: [Link]


Índice
Introducción 5
Su soberanía 8
Su Eternidad 14
Su Fidelidad 17
Su Omnipresencia 21
Su Santidad 26
Su Inmutabilidad 30
Conclusión 33
Bibliografía 35
Introducción

Atributos de Dios
¡Te damos la bienvenida al nuevo recurso digital de Ella Florece!

Estamos muy contentas y expectantes de lo que Dios te va a enseñar a través de este


tiempo con nosotras.

Queremos contarte que hemos sido desafiadas, animadas y sorprendidas al estudiar y


escribir acerca de un tema tan profundo y a la vez tan práctico de la vida cristiana como
lo son los Atributos de Dios.

Por eso es que queremos animarte a que prepares tu corazón, te sumerjas con nosotras
en cada Atributo; que dispongas de tiempo y lugar especial para encontrarte con Dios y
que, al finalizar, nos escribas en nuestras redes qué fue lo que más te impactó al
descubrir el carácter de Dios y cómo eso ha afectado tu vida práctica.

¿Por qué es importante estudiar sobre los atributos de Dios?

La primera razón por la que consideramos importante estudiar acerca de los Atributos de
Dios es porque Él ha decidido revelarse a nosotras, Sus hijas. Sabemos que tenemos
una revelación a la que llamamos común, de la cual, cada ser humano tiene acceso a
través de la creación de Dios. Podemos encontrar esto en el Salmo 19:1-4 y Romanos
1:18-21. Luego tenemos la revelación especial, dada a Sus hijos. Él ha decidido
acercarse a nosotros para que le podamos conocer, ¡Qué privilegio!

La segunda razón es que, si no conocemos todos los aspectos de Dios, podemos crear
una imagen de Él distorsionada. Cuando hacemos eso, estamos incurriendo en idolatría.
Nuestras oraciones y decisiones van a estar afectadas por lo que creamos sobre Dios y
no realmente por quién es Él. Vemos, por ejemplo, lo que Dios dice acerca del pueblo de
Israel por medio del profeta Oseas: «Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento»
(Os 4:6). Te animamos a leer el capítulo completo, donde se encuentran las
consecuencias claras generadas por no conocer al Señor.

5
La tercera razón es que, al conocer más del carácter de Dios, nuestra vida se llenará de
gozo, paz y descanso. Al profundizar en cada aspecto, te vas a dar cuenta de que somos
realmente amadas por este maravilloso Dios que no necesita nada de nosotras, que es
completo en Sí mismo y que tiene plenitud en la Trinidad; pero que nos conoce
totalmente y está dispuesto a guiarnos. Dios nos ha creado para adorarle y nosotros no
podemos hacer menos que eso al humillarnos ante Él.

¿Qué son los atributos de Dios?

Una definición que podemos encontrar es que los atributos de Dios «son los rasgos del
carácter de Dios tal como se revelan en las Escrituras».

Esto no quiere decir que Dios está dividido en partes. Él es todo omnisciente, todo
poderoso, todo soberano, todo amoroso, todo justo, etc. Dios es completo en todo Su
Ser. Puede ser un misterio para la mente humana y finita comprender esta verdad. Pero
descansamos en lo que Dios nos permite saber de Él por medio de Su Palabra.

Josías Grauman lo define así: «Él es la combinación de todas Sus perfecciones».

¿Cómo se clasifican Sus atributos?

Hay dos divisiones en esta clasificación:

Comunicables: Son aquellos atributos que Dios comparte con nosotras y que va
trabajando en cada una, aunque no de manera total ni perfecta como los tiene Él. Entre
ellos podemos encontrar los siguientes: amor, justicia, ira, compasión, misericordia,
santidad, etc.

Incomunicables: Son aquellos atributos que pertenecen sólo a Dios y no pueden ser
compartidos. Son características que le pertenecen únicamente a Dios. Entre ellos
podemos encontrar: la aseidad, la eternidad, la omnipresencia, la omnisciencia, la
omnipotencia, la inmutabilidad.

6
¿Qué atributos vas a encontrar en este e-book?

Nos gustaría desarrollarlos a todos pero hemos dedicado mucho esfuerzo, oración y
escudriño sólo a algunos de ellos. Por eso te animamos a que tú también los veas, para
que Dios te continúe enseñando y, como resultado, no sólo ames más a nuestro Señor,
sino que puedas sentir profunda admiración y agradecimiento hacia Su Persona.

Los aspectos del carácter de Dios que vas a encontrar en este estudio son:
Su Soberanía
Su Eternidad
Su Fidelidad
Su Omnipresencia
Su Santidad
Su Inmutabilidad

Deseamos que, al profundizar, puedas regocijarte al igual que nosotras. Es por eso que,
una vez más, te animamos a que busques más sobre este tema tan hermoso. Hay
muchos recursos bíblicos en YouTube, Aviva Nuestros Corazones y Coalición por el
Evangelio. No te conformes solo con saber sobre estas partes del carácter de Dios,
puedes ir siempre avanzando y conocerlo más.

Antes de iniciar con este estudio queremos orar por ti:

Querido Dios, Tú que eres perfecto, que no necesitas nada de nosotras, te


has dado a conocer a través de Tu Palabra, te has acercado a nosotras
siendo pecadoras. Te damos gracias por ser tan maravilloso, tan amoroso.

Aunque no vamos a poder conocerte completamente de este lado de la


eternidad, queremos aprender más de Ti. Transfórmanos con el poder de
Tu Palabra a través de Tu Santo Espíritu; queremos humillarnos al vernos
incapaces de poder conocerte más por nuestra propia cuenta. Te pedimos
que no sea sólo un estudio más que realizamos para acumular
conocimiento.

Te agradecemos por permitirnos estar cerca de Ti, un día más. Obra en


cada una de nosotras. En el nombre de Jesús, amén.

7
Su Soberanía
«La Soberanía Divina significa que Dios es Dios» (A. W. Pink).

Quizás parece evidente, pero qué importante es recordar esta verdad en medio de una
cultura que busca exaltar al hombre por sobre todas las cosas, una cultura que no
acepta otra autoridad que no sea la del propio yo. Nuestro deber es reconocer que sólo
Él es Dios, tanto de hecho como de Nombre. Así lo afirma el Señor en Isaías [Link] «Yo
soy el Señor, y no hay ningún otro; fuera de Mí no hay Dios».

Él es el Altísimo. Él es el Rey de reyes, el Señor de señores, el Todopoderoso, la


Autoridad suprema que gobierna todo.

«Todo cuanto el Señor quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en
todos los abismos» (Sal 135:6).

Nada ni nadie puede frustrar Sus planes. No debemos siquiera cuestionar lo que hace o
deja de hacer porque no nos ha sido otorgado ese derecho. Todo lo que Él quiere hacer
lo hace y Sus planes son perfectos (Jr 33:3), planes que Él pensó desde antes de la
fundación del mundo y que ningún ser humano sería capaz de idear.

No hay poder que pueda detenerlo. Él controla todo el universo, algo que ningún falso
ídolo puede hacer. Por esa razón, sólo Jehová es digno de gloria y honor, como dice la
primera parte de Apocalipsis [Link] «Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria
y el honor y el poder [...]».

«La Soberanía de Dios es la doctrina clave de la historia, […] el fundamento de la


teología cristiana» (A. W. Pink). La Soberanía Divina exalta a Dios y coloca al hombre en
su posición correcta: la de sumisión reverente y rendición a Él. Dios es Soberano al
ejercer todos Sus atributos. Ese es el Dios de la Biblia.

8
Dios es Soberano en la creación

«Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque Tú
creaste todas las cosas, y por Tu voluntad existen y fueron creadas» (Ap 4:11).

Dios es Soberano desde la eternidad, aun cuando sólo tenía comunión consigo mismo y
todavía no había llevado a cabo la creación.

Los cielos, el planeta, los animales, los vegetales, los ángeles, los seres humanos, «todo
fue creado por Él y para Él» como dice Colosenses 1:16.

¡Qué gozo que seamos parte de Su Creación!


¡Cuánta gracia y misericordia! Y aunque muchas
veces nos quejamos y pecamos en contra de Dios
por la manera en que nos hizo, debemos recordar Dios gobierna el mundo
que: «Dios vio todo lo que había hecho; y era bueno y todo lo que ha
en gran manera» (Gn 1:31a). colocado en él, aun lo
cotidiano del ser
Dios es Soberano en la administración humano. Por eso, en
lugar de preocuparnos,
«El Señor ha establecido Su Trono en los cielos, y Su
debemos acudir a Él y
reino domina sobre todo» (Sal 103:19).
descansar en Su
cuidado soberano y en
Podemos tener completa seguridad en Cristo porque
Su provisión.
«Él es el resplandor de Su gloria y la expresión
exacta de Su naturaleza, y sostiene todas las cosas
por la palabra de Su poder. Después de llevar a cabo
la purificación de los pecados, el Hijo se sentó a la
diestra de la Majestad en las alturas» (He 1:3).

Dios gobierna el mundo y todo lo que ha colocado en él, aun lo cotidiano del ser
humano. Por eso, en lugar de preocuparnos, debemos acudir a Él y descansar en Su
cuidado soberano y en Su provisión.

Él gobierna todo tipo de recursos que nos ha dado: el tiempo, el dinero, las posesiones
materiales; las criaturas racionales e irracionales; Él gobierna el clima (Job 5:10; 38:37) e
incluso, lo que no vemos ni llegaremos a conocer. En Su soberanía Él nos ha provisto de
todo lo que realmente necesitamos (Mt 6:33) y si alguna vez permite que nos falte algo
es para que aprendamos a recurrir y a confiar en Él. 9
Dios es Soberano en la salvación del pecador

«¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán


insondables son Sus juicios e inescrutables Sus caminos!» (Ro 11:33).

«Dios el Padre eligió a algunos para salvación (Ro 9:14-23, Ef 1:4-5), Dios el Hijo murió
por los elegidos y Dios el Espíritu Santo los vivifica» (A. W. Pink). Cada persona de la
Trinidad obra en armonía una con la otra en la salvación del hombre. Cada función y rol
que llevan a cabo lo hacen divina y soberanamente.

Aún si quisiéramos, jamás podríamos ser nosotros los que decidamos quién se salva.
Nuestra elección siempre se inclinaría a algo completamente egoísta y pecaminoso
porque esa es nuestra naturaleza. Pero Dios, sabe a quién elegir y a quién no para
salvar. No porque algunos sean mejores que otros; no porque alguno de los elegidos sea
merecedor de ello; sino más bien porque Él es perfecto y soberano.

No hay justo ni aún uno, todos estamos bajo pecado y no podemos buscar a Dios por
nuestros propios medios porque tampoco deseamos hacerlo (Ro 3:9-12).

La salvación es del Señor; nuestra tarea es predicar el evangelio con la Palabra de Dios
y modelando una vida rendida a Él.

Tal como dice Pablo en Romanos, « [...] la justicia de Dios ha sido manifestada [...]» (Ro
3:21b) por lo que, todos aquellos que Dios escogió, son justificados gratuitamente por
medio de Cristo.

Dios es Soberano en intervenir y actuar

«Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre.
Amén» (Ro 11:36).

Como dice Su Palabra, Cristo ofrece salvación, redención, adopción, justificación,


santificación y resurrección, a todo aquel que se arrepiente de sus pecados y cree en Él
como Señor y Salvador (Ro 10:9-11). Mediante la regeneración que es por medio del
Espíritu Santo (Jn 3:5-8; Tit 3:5).

10
En cambio, sobre los malvados, Dios ejerce un poder de restricción, endurecimiento,
enceguecimiento y dirección. Según Su propia sabiduría y Su propósito eterno. Por
ejemplo, en la Biblia encontramos el caso del faraón en Éxodo 10:20-29. Dios había
endurecido su corazón para demostrar Su poder y para que Su Nombre fuese
proclamado en toda la tierra (Ex 9:16).

Sin embargo, es importante aclarar que Dios no se responsabiliza por la maldad del
hombre. Él es santo, no tiene nada que ver con el pecado (Sal 5:4). Pero sí se encarga
de controlar la malicia humana; las acciones de los hombres no van más allá de lo que Él
permite. Lo vemos en el caso de Abimelec, cuando Dios no permitió que pecara al
acostarse con Sara, en Éxodo 20:6.

Si ya eres salva por medio de Su gracia, puedes confiar y descansar en Cristo. Puedes
estar segura de que el Señor continuará obrando en tu vida, para santificarte por medio
del Espíritu Santo (Fil 1:6). Puedes orar por aquellos que quizás te ofenden por seguir a
Jesús, porque sólo Dios hará justicia entre los hombres (Pr 11:21).

Y, si aún permaneces sin Cristo, ríndete a Aquel que es poderoso para romper el más
duro corazón y atraerlo hacia Él con cuerdas de amor (Os 11:4).

¡Dios sigue obrando en las vidas de Sus criaturas, para Su gloria!

Dios es Soberano al enviar al Salvador

«Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.
Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.
Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de
David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin»
(Lc 1:30-33).

Ninguno de nosotros pudo haber planificado la venida del Hijo de Dios, ni siquiera María,
su madre. Porque en nuestras mentes pecadoras y en nuestra voluntad incapacitada,
jamás hubiese existido la posibilidad de hacerlo. Ese plan maravilloso de redención, sólo
pudo haber estado en la mente de Dios. Sólo Él pudo realizarlo eficazmente, sin
necesitar de nada ni de nadie fuera de Su divinidad.

11
Él lo planeó en la eternidad. Él lo prometió el día que también trajo juicio sobre la
serpiente, sobre el hombre y la mujer en Génesis 3:15. «Pondré enemistad entre tú y la
mujer, y entre tu simiente y su simiente; Él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el
talón».

Este pasaje nos dice que de la descendencia de la mujer vendría el Salvador (Lc 3:23-
38). Jesucristo ya ha ganado la victoria en la Cruz sobre el poder de Satanás al proveer
expiación por Su pueblo (Col 2:13-15); y la consumará en Su segunda venida (2 Ts 21:5-
10).

«El Verbo se hizo carne» (Jn 1:14), «la imagen del Dios invisible» (Col 1:15) vino al
mundo y sufrió la muerte atroz por amor a los Suyos (Ef 5:2b).

¡Dios es fiel y cumplió la promesa de enviarnos al Mesías para librarnos de la esclavitud


y la condenación del pecado, para darnos vida eterna en Él!

Además, no sólo murió, sino que resucitó y ahora está sentado a la diestra de Dios, el
Padre, y vive intercediendo por nosotros (Ro 8:38).

¡Cristo murió y resucitó para Su gloria! ¡Él ha establecido Su reino para siempre! (Ap
11:15b).

Dios es Soberano en la voluntad del hombre

«Dios el Padre tenía que proponerse darle salvación al pecador, Dios el Hijo tenía que
comprarla, y Dios el Espíritu tenía que aplicarla» (A. W. Pink).

«Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para Su buena
intención» (Fil 2:13).

Podríamos definir nuestra voluntad como la capacidad de elegir. Cuando decimos que el
hombre es totalmente depravado, eso quiere decir que, debido a la caída, cada parte del
ser humano fue afectada por el pecado, incluyendo su voluntad.

El pecado es más que una acción, es una condición. El hombre natural tiene el poder
para rechazar a Cristo, pero no para recibirle, ya que su mente se encuentra en
«enemistad contra Dios» (Ro 8:7) y su corazón le odia (Jn 15:18). El pecador es libre

12
para caer, su placer es pecar (Ro 6:20). Por lo tanto, el hombre caído necesita nacer de
nuevo mediante la obra del Espíritu Santo (Jn 3:5-8) para poder elegir a Dios.

En cambio, el Hijo del Hombre nunca se inclinó hacia el mal. Siempre estaba
predispuesto a hacer lo bueno «porque al lado de Su humanidad sin pecado, santa y
perfecta; estaba Su Deidad eterna» (A. W. Pink).

La Soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre

«De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo» (Ro 14:12).

La responsabilidad del hombre descansa en la Soberanía divina.

En cuanto a su responsabilidad de creer en Cristo y arrepentirse de sus pecados para


ser salvo: «Ninguno está dispuesto hasta que Él manifieste Su poder omnipotente y
realice un milagro de gracia en el corazón» como dice A. W. Pink (Ef 4:18, Jn 17:6).

Luego de ser salvos en Cristo, los hijos de Dios pueden obedecer los decretos de su
Padre por medio de la obediencia perfecta del Hijo y de la obra del Espíritu Santo en
ellos (Mt 5:17, Sal 36:9). Pero, aun cuando no lo hagan tendrán que dar cuentas a Dios
por ello (Ro 14:12).

En cuanto a los impíos que permanezcan sin creer en Él, Dios los condenará justamente.
«Pues, aunque conocían a Dios, no lo honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino
que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido» (Ro
1:21).

«Tuya es, oh Señor, la grandeza y el poder y la gloria y la


victoria y la majestad, en verdad, todo lo que hay en los cielos y
en la tierra; Tuyo es el dominio, oh Señor, y te exaltas como
soberano sobre todo»
(1 Cr 29:11).

13
Su Eternidad
«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a
Jesucristo, a quien has enviado» (Jn 17:3).

Un hecho confirmado en esta tierra es el inicio y final de cada ser humano, nacemos y
eventualmente moriremos.

¿Dónde podremos encontrar esperanza ante la agonía que deja tras de sí la muerte?
La eternidad de Dios, como atributo divino, es la respuesta en donde podemos encontrar
descanso para nuestra alma.

Dios eterno

La palabra eterno significa perpetuo, que no tiene ni principio ni fin. El Salmo 90:2 nos
habla acerca de la eternidad de Dios: «Antes que los montes fueran engendrados, y
nacieran la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, Tú eres Dios».

En el libro Conoce a tu Dios se describe lo siguiente: «En los términos más básicos, la
eternidad de Dios quiere decir que Su existencia no depende de nadie más. Dios es
autoexistente y autosuficiente. A diferencia del ser humano, Dios no está limitado a un
inicio o a un final. Nada nunca ha limitado Su existencia. Dios es, siempre es. Desde
antes del inicio, Dios es. Dentro de la esfera de la “eternidad” de Dios, el tiempo no es un
factor que dibuje las limitaciones que nosotros sí tenemos».

La Biblia nos habla acerca de la eternidad como uno de los atributos que forman parte de
la esencia fundamental de Dios. Dios es eterno.

¿Así de simple? ¿Dónde están los argumentos? ¿Dónde está la evidencia que
comprueba la eternidad?

La Biblia no intenta comprobar la eternidad de Dios, simplemente expresa la Verdad


inefable de que Él es eterno, siempre lo ha sido y siempre lo será. Lo vemos en el libro
de Éxodo cuando Dios habla a Moisés diciendo «YO SOY EL QUE SOY» (Ex 3:14)
revelando así Su auto-existencia.

14
Dios, creador del tiempo

Dios es creador de todo lo que existe, por ende es creador del tiempo. El tiempo se
encuentra bajo Su dominio.

El apóstol Pablo nos comparte: «Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en
los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o
autoridades; toda ha sido creado por medio de Él y para Él» (Col 1:16). Y termina con un
contundente mensaje recordándonos que Él ha existido desde siempre y es por Él que
todas las cosas subsisten. «Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas
permanecen» (Col 1:17).

En Faithlife Sermons dice: «Debido a que Él es completamente auto existente, no es


causado ni depende de nada externo a Él (Jn 5:26). Es la fuente de toda vida».

El recurso web de Compelling Truth describe que


«en nuestro universo el tiempo es básicamente
lineal. Avanzamos a un ritmo prácticamente
constante, teniendo en cuenta la velocidad y la
Una y otra vez la Biblia nos
gravedad. No podemos retroceder en el tiempo, y
muestra la Omnipotencia
no podemos experimentar más de un momento a
de Dios como la Verdad
la vez».
inamovible de que Dios es
Dios no se encuentra limitado por el tiempo como Dios y no hay nada
nosotros. Dios es atemporal, Él habita fuera del imposible para Él.
espacio y el tiempo. Él habita en un lugar en
donde el tiempo no existe.

A lo largo de las Escrituras encontramos misterios tan profundos de los que sólo hemos
llegado a comprender una pequeña parte de ellos. Por ejemplo, en el principio Dios creó
el mundo en 6 días (Gn 1:31), pero el razonamiento humano no puede comprender la
realidad de crear galaxias, planetas y estrellas en cuestión de días. Dios es el Único que
puede hacer todo aquello que nosotros consideramos imposible (Dn 4:35).

El apóstol Pedro nos exhorta a recordar: «Pero amados, no ignoren esto: que para el
Señor un día es como mil años y mil años como un día» (2 Pe 3:8).

Una y otra vez la Biblia nos muestra la Omnipotencia de Dios como la Verdad inamovible
de que Dios es Dios y no hay nada imposible para Él. 15
Dios anhela que habitemos con Él en la Eternidad

Bruce Burkhlder nos explica que «la eternidad se categoriza como uno de los atributos
incomunicables de Dios. El término se refiere a aquellas características que Dios no
comparte con Su creación. Éstas son cualidades distintivas de la deidad. Dios y Su
eternidad siempre ha existido, nosotros no».

Dejando claro el punto, Dios es el único Ser (Trino) que siempre ha existido y siempre
existirá.

Aunque sabemos que, como seres humanos no somos eternos (ya que fuimos creados y
tenemos un inicio y un final), el propósito de Dios siempre ha sido que habitemos junto a
Él en la eternidad. Aun cuando nos desviamos del Plan original (Gn 3:6-7), Dios ya había
ideado y diseñado el Plan de Salvación que nos redimiría y llevaría de vuelta a Él.
«Porque de tal manera amo Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo
aquel que cree en El, no se pierda más tenga vida eterna» (Jn 3:16).

Jesucristo sería el puente que nos guiaría de vuelta al Padre. «Y el testimonio es este:
que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en Su Hijo» (1 Jn 5:11).

En el libro Conoce a tu Dios se menciona lo siguiente: «Las escrituras no sólo revelan


que Dios es eterno, sino que también nos enseñan que nosotros participaremos de Su
eternidad. Estamos en la tierra por sólo un tiempo, y pronto disfrutaremos de la plena
vida eterna que Jesús ha prometido. Esto es realmente hermoso: un Dios eterno que
ofrece eternidad a un ser mortal».

Esto es, si bien no somos eternos, tenemos el gozo puesto en la esperanza de que
viviremos en la eternidad junto a Él gracias a Su Hijo Jesucristo.

Vivir con la eternidad en la mente significa poner nuestra mirada en el Dios eterno, en
donde la muerte, dolor, tristeza, sufrimiento y soledad no existirán más.

16
Su Fidelidad
Desde el día uno de la creación, Dios ha demostrado ser fiel a Sus
promesas (Gn 2:16.17; 3:22-23; 8:22) y, hasta el día de hoy, no ha faltado ni
a una sola de ellas: «Reconoce, pues, que el Señor tu Dios es Dios, el Dios
fiel, que guarda Su pacto y Su misericordia hasta mil generaciones con
aquellos que lo aman y guardan Sus mandamientos» (Dt 7:9).

Una fidelidad que siempre ha existido

Es imposible leer las Escrituras y no encontrar ejemplos maravillosos donde Dios


denotaba con gran entrega el cumplimiento de Sus promesas: «Entonces el Señor prestó
atención a Sara como había dicho, e hizo el Señor por Sara como había prometido. Sara
concibió y dio a luz un hijo a Abraham en su vejez, en el tiempo señalado que Dios le
había dicho» (Gn 21:1-2). Aún Su pueblo, que fue infiel y desobediente a Sus palabras
pudo admirar numerosas veces Su fidelidad: «Tomó, pues, Josué toda la tierra de
acuerdo con todo lo que el Señor había dicho a Moisés. Y Josué la dio por heredad a
Israel conforme a sus divisiones por sus tribus. Entonces la tierra descansó de la guerra»
(Jos 11:23); «Y en el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra
del Señor por boca de Jeremías, el Señor movió el espíritu de Ciro, rey de Persia, y este
envió a proclamar de palabra y también por escrito, por todo su reino: “Así dice Ciro, rey
de Persia: El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra, y me
ha designado para que yo le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien de
entre ustedes sea de Su pueblo, suba allá, y el Señor su Dios sea con él”» (2 Cr 36:22-
23). No hubo una sola promesa que Él no hubiese cumplido, nunca se tardó, ni se
adelantó, todo se cumplió en Su perfecto y maravilloso tiempo.

Durante generaciones, una de las cosas más especiales que ha hecho Dios es
demostrar Su fidelidad, dándonos algo que sólo alguien con una naturaleza tan perfecta
y fiel como la Suya, nos pudiese dar: Su Hijo Jesucristo.

17
Dice Isaías [Link] «Por tanto, el Señor mismo les dará esta señal: una virgen concebirá y
dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel». Muchos años después, Dios
cumplió con Su promesa: «Pero mientras pensaba en esto, se le apareció en sueños un
ángel del Señor, diciéndole: “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer,
porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo. Y dará a luz un Hijo,
y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados”» (Mt
1:20-21). Dios siempre supo que necesitaríamos de un Salvador, y por eso prometió
dárnoslo. La venida de Jesús sólo ratificó, una vez más, lo sorprendente y maravillosa
que es Su fidelidad. Nadie jamás hubiese prometido dar a su hijo por el pecado de otros,
pero Dios sí lo hizo. ¿Merecía acaso la humanidad ver la fidelidad de Dios a través del
cumplimiento de Su promesa? ¡En absoluto! Pero a Dios le plació hacerlo, y por eso no
escatimó en darnos la dicha de ser salvados por Su Hijo y gozar de Su presencia.

Una fidelidad inmerecida

Dios ha sido justo y fiel en todo lo que ha


prometido, aunque no lo merezcamos. Pero esto se
debe únicamente a Su propia naturaleza. Por eso,
pensar que Dios pudiese llegar a ser infiel, es
Dios siempre supo
afirmar que Él está yendo en contra de Su
naturaleza y eso es imposible: «Si somos infieles, que necesitaríamos de
Él permanece fiel, pues no puede negarse Él un Salvador, y por eso
mismo» (2 Ti 2:13). prometió dárnoslo. La
venida de Jesús sólo
Por nuestra naturaleza pecaminosa podríamos
ratificó, una vez más,
pensar que no merecemos nada de Él, y la verdad
lo sorprendente y
es que sí: Su ira. Pero Dios es tan grande y fiel que
prometió algo que ni siquiera nuestra propia
maravillosa que es Su
naturaleza pecaminosa pudo afectar: «La fidelidad.
Salvación» (Is 45:22-23). Aunque la infidelidad e
injusticia jamás serán justificables, ellas no pueden
influir en las perfectas promesas de Dios ¡Si Él lo
promete, así lo cumple!

Dios es omnisciente, por eso nada de lo que hacemos influye en Sus decisiones. ¡Él ya
sabe todo! Hemos de fallar, desobedecer, ser infieles, mentirosos, deshonestos, o actuar
en contra de sus mandamientos. Pero, aún así, absolutamente nada, nunca, podrá
afectar la soberanía y el poderío de Dios, porque Su naturaleza es perfecta e inmutable.
18
Su fidelidad es inmutable

En varias ocasiones he escuchado a personas desilusionadas, quejarse por la falta


de compromiso de otros al cumplir sus promesas. Esto es así porque la frase te
prometo se limita y los hechos sólo demuestran la incapacidad humana para
cumplir con fidelidad lo prometido. El ser humano puede cambiar, pero Dios nunca
lo hará.

Una persona puede ser capaz de ser fiel a sus promesas, pero no a todas ellas. El
incumplimiento hacia Dios y hacia los demás se debe a la naturaleza pecaminosa
del hombre. Dios es el único capaz de ser 100% efectivo a Sus promesas; nada ha
podido influenciar en Su persona y en aquello que ha prometido. Él es la definición
de la verdad, la transparencia y la sinceridad.

No obstante, es importante destacar que la fidelidad de Dios no cambia ni con sus


promesas de bendición, ni mucho menos con sus justos juicios: «Nabucodonosor
deportó a Babilonia a los que se salvaron de la matanza y allí los convirtió en
esclavos suyos y de sus hijos hasta que se fundó el Imperio persa, cumpliendo así
la profecía del Señor por medio de Jeremías. De esa manera la tierra disfrutó de
descanso todo el tiempo que estuvo en ruinas, hasta que se completaron 70 años»
(2 Cr 36: 20-21).

La Palabra nos enseña que Dios es fiel aun con Sus advertencias. El pueblo de
Israel vio de distintas maneras la fidelidad y provisión de Dios en cada etapa de sus
vidas, pero también vio las consecuencias de su rebeldía al desobedecer los
mandatos de Dios. Él es fuego consumidor (He 2:29), y así como el pueblo de
Israel debía prestar atención al juicio de Dios, así debemos hacerlo tú y yo porque
nadie se salva del juicio divino de Dios y menos cuando Dios ha prometido
efectuarlo en aquellos que desobedecen y son infieles a Sus mandamientos.

Así pues, reafirmamos que todo lo que Él promete lo cumple ya sea para bendición
(Fil 4:19; He 6:13-15; Stg 1:12) o para juicio (Ro 2:1,12; Jn 3:18). El hombre falla y
se equivoca contantemente al no cumplir sus promesas, pero Dios no lo hace, Él
jamás dejará de ser fiel a Sus propias Palabras.

19
La seguridad de Su fidelidad

«Y que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que todo su ser,
espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro
Señor Jesucristo. Fiel es Aquel que los llama, el cual también lo hará» (1 Ts 5:23-
24). El plan de Dios nunca fue salvarnos y dejarnos a la deriva. Pablo dice que Él
nos predestinó, nos llamó, nos justificó y que en un futuro nos glorificará (Ro 8:30).
Nunca, ningún hijo de Dios ha estado sólo y nunca lo estará. Su plan perfecto
siempre ha sido una gran muestra de Su amor, cuidado y fidelidad para con Sus
hijos, y mientras permanezcamos en Él jamás pereceremos: «Mis ovejas oyen mi
voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás,
ni nadie las arrebatará de mi» (Jn 10:27.28).

Debemos confiar y depender de manera absoluta en Su soberanía, en Su fidelidad


y en Su inigualable amor para con nosotros. Debemos descansar en saber que Él
es fiel y justo para cumplir con todo lo que ha prometido y que no nos desamparará
ante ninguna circunstancia, ya sea en la aflicción, en la tristeza, en el dolor o en la
persecución. «Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo.
Porque yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que Él es poderoso para
guardar mi depósito hasta aquel día» (2 Ti 1:12). Pues el mundo pasará, pero la
fidelidad de Dios permanecerá para siempre.

¡Descansemos en Su fidelidad!

«Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo. Porque yo


sé en quién he creído, y estoy convencido de que Él es poderoso para
guardar mi depósito hasta aquel día» (2 Ti 1:12)

20
Su Omnipresencia
Para comenzar a describir este atributo incomunicable de Dios, debemos
definir que, desde el principio, Él es Quién creó la tierra. Él es el Iniciador,
Quién existe desde la eternidad. Además, otro concepto a tener en mente
acerca de este atributo es que Dios es Espíritu, por lo cual Él llena toda la
tierra y el espacio.

La naturaleza de Dios

Dios no es un ser creado, Él es el creador (Gn 1:1; Is 45:7; Is 66:2) y por ende, Él
sustenta la creación (He 1:1-4).

Él es un Ser infinito que no está sujeto a las limitaciones de la humanidad, pero


interactúa con Sus hijos para que puedan relacionarse con Él. Dios nos habla y nos
ama con regocijo. Gracias a la obra de Jesús en la cruz, podemos tener acceso a
ese Dios tan maravilloso, dueño de la creación. Podemos tener una relación directa
con Él mediante la oración y la alabanza y conocerle a través de las Escrituras si
somos Sus hijos y le hemos reconocido como Padre.

La Omnipresencia

Decir que Él tiene esta característica, significa que Dios no está limitado al espacio.
Etimológicamente, la palabra omnipresencia se puede dividir con el sufijo Omni que
significa todo, y presente como en todo lugar. Esto no solo quiere decir que Él
habita en todo lugar, sino también que actúa en cada uno de ellos.

Dios no está conformado por partes

Dios no está dividido en partes que llenan la tierra, el cielo, etc. sino que está
presente y llena cada una de ellas en toda Su plenitud. Dios es Espíritu y lo llena
todo, no puede ser contenido por el espacio porque es un Ser infinito.
Es importante destacar que Dios no está unido a Su creación como lo describen las
ideas panteístas.

21
Que Dios sea Ominipresente y habite en nosotras significa que:

Él está presente para bendecirnos; en Su presencia encontramos plenitud de gozo;


Él es Galarnonador de los que le buscan. «Pero sin fe es imposible agradar a Dios;
porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es
galardonador de los que le buscan» (He 11:6) (énfasis añadido).

Nos consuela en nuestras aflicciones, cualquiera que sea el sufrimiento o la


situación difícil que vivamos, podemos confiar que seremos consoladas: «El cual
nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos
consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que
nosotros mismos somos consolados por Dios» (2 Co 1:4).

Tenemos la seguridad que Él es el Sustentador de la creación y todo llegará al fin


tal como se lo propuso desde el inicio: que todos adoremos a Jesús sentado en Su
Trono. Estamos rodeadas de catástrofes naturales, cambios climáticos, lo cual nos
puede dar inseguridad, pero vemos que, a Dios, estos eventos no le sorprenden. Al
ser nuestro Señor el Sustentador, todo ocurre según Su plan: «Porque en Él fueron
creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles;
ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio
de Él y para Él» (Co 1:16) (énfasis añadido).

Su presencia a través de Su Espíritu nos guía con toda Su verdad: «Pero cuando
Él, el Espíritu de verdad venga, los guiará a toda la verdad, porque no hablará por
Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber lo que habrá
de venir» (Jn 16:13).

Su Omnipresencia es total en nuestros corazones

«Jesús le respondió: “Si alguien Me ama, guardará Mi palabra; y Mi Padre lo


amará, y vendremos a él, y haremos con él morada”» (Jn 14:23).

Encontramos en la Palabra de Dios que Él está completamente presente en nuestra


vida. Vino a hacer morada en nosotras. Eso significa que tenemos la seguridad de
que, a través de Su Espíritu, se está completando Su obra en nosotros. «A fin de
capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de
Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del
Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la
plenitud de Cristo» (Ef 4:12-13). 22
Que Dios sea Ominipresente y habite en nosotras significa que:

Él está presente para bendecirnos; en Su presencia encontramos plenitud de gozo;


Él es Galarnonador de los que le buscan. «Pero sin fe es imposible agradar a Dios;
porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es
galardonador de los que le buscan» (He 11:6) (énfasis añadido).

Nos consuela en nuestras aflicciones, cualquiera que sea el sufrimiento o la


situación difícil que vivamos, podemos confiar que seremos consoladas: «El cual
nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos
consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que
nosotros mismos somos consolados por Dios» (2 Co 1:4).

Tenemos la seguridad que Él es el Sustentador de


la creación y todo llegará al fin tal como se lo
propuso desde el inicio: que todos adoremos a Tenemos la seguridad
Jesús sentado en Su Trono. Estamos rodeadas de
que Él es el
catástrofes naturales, cambios climáticos, lo cual
Sustentador de la
nos puede dar inseguridad, pero vemos que, a
creación y todo llegará
Dios, estos eventos no le sorprenden. Al ser
al fin tal como se lo
nuestro Señor el Sustentador, todo ocurre según
propuso desde el
Su plan: «Porque en Él fueron creadas todas las
cosas, tanto en los cielos como en la tierra, inicio: que todos
visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o adoremos a Jesús
poderes o autoridades; todo ha sido creado por sentado en Su Trono.
medio de Él y para Él» (Co 1:16) (énfasis
añadido).

Su presencia a través de Su Espíritu nos guía con toda Su verdad: «Pero cuando Él, el
Espíritu de verdad venga, los guiará a toda la verdad, porque no hablará por Su propia
cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber lo que habrá de venir» (Jn
16:13).

23
Su Omnipresencia es total en nuestros corazones

«Jesús le respondió: “Si alguien Me ama, guardará Mi palabra; y Mi Padre lo amará, y


vendremos a él, y haremos con él morada”» (Jn 14:23).

Encontramos en la Palabra de Dios que Él está completamente presente en nuestra


vida. Vino a hacer morada en nosotras. Eso significa que tenemos la seguridad de que, a
través de Su Espíritu, se está completando Su obra en nosotros. «A fin de capacitar a los
santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que
todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la
condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Ef
4:12-13).

Cuando Jesús estuvo aquí en la tierra no dejó de ser Omnipresente

Los teólogos del siglo 19 consideraban una teoría que afirmaba que Jesús estaba
limitado a esa era. La teoría Kenótica sostiene que Cristo dejó de lado alguno de Sus
atributos divinos mientras estaba en la tierra como hombre. (La palabra Kenosis tiene su
raíz en el verbo griego keno que generalmente quiere decir vaciar, y se traduce: se
despojó de sí mismo). Los teólogos de este tiempo también sostenían que Jesús, al
tener cuerpo humano, estaba limitado, entonces no podía ser omnipotente,
omnipresente, omnisciente. Usaban como argumento el pasaje de Filipenses capítulo 2.

Pero, al considerar el contexto en la cita de Filipenses, vemos que no nos dice que Jesús
descartó alguno de Sus atributos, sino que «tomó forma de siervo», lo que es
equivalente a entender que asumió un papel humilde; dejó Su posición de privilegio en el
cielo para venir a ser un humano; hizo esto en forma voluntaria con el fin de llevar a cabo
la redención.

El apóstol Pablo anima a los creyentes a ser como Jesús en humildad, considerando a
los demás como mejores que nosotros mismos. Usar el texto de Filipenses para otro fin,
niega la deidad de Cristo y le hace algo menos que plenamente Dios.

El evangelio de Mateo dice que Su nombre es Emmanuel: «Dios con nosotros»; y el


versículo de Colosenses 1:19 dice que «toda la plenitud de la divinidad habita en forma
corporal en Cristo». 24
No podemos entender cómo es que las dos naturalezas se combinaron en Jesús
mientras Él habitó en esta tierra, y puede que nunca lleguemos a entenderlo mientras
estemos aquí. Por fe recibimos y creemos que es la Verdad. Gracias a Su obediencia
perfecta, Su obra en la cruz y Su resurrección, podemos entrar a Su Trono y ser
llamadas hijas de Dios.

En conclusión, este atributo nos garantiza que Dios sustenta Su creación, que Él no está
limitado a los espacios y que habita en nuestros corazones. No hay lugar al que Él no
pueda llegar. El salmo 139 es el mejor ejemplo de cómo el Señor obra a través de Su
presencia en todos lados.

25
Su Santidad
«Cuanto más asombrados estén nuestros corazones por su inefable
Santidad, más aceptables serán nuestros acercamientos a Él.» (Arthur W.
Pink).

Hablar de la santidad de Dios no es algo fácil. Conforme a lo que vemos en la Palabra, la


Santidad de Dios es mucho más que un atributo, es algo que trasciende cada una de
Sus obras, es parte de Su esencia. Es imposible mirar a Dios y huir de Su santidad. Dios
es Santo. Él se llama a sí mismo de esa manera. Toda la creación le alaba y le llama el
Dios Santo. Lo vemos en Apocalipsis, lo vemos en los Salmos, lo vemos en cada uno de
los libros de la Biblia.

Este maravilloso atributo nos permite regocijarnos en Él aún cuando, en verdad, por ser
pecadores, no podríamos siquiera acercarnos a Su presencia.

¿Qué significa que Dios es Santo?

La Santidad de Dios trata de que Dios está apartado del mal y es moralmente puro
(Josías Grauman). La palabra Santo significa apartado o separado. Dios es un ser
totalmente distinto a nosotros, totalmente separado en Su esencia y en Su obrar.
Apartado del pecado, separado para hacer obras santas.

Las Escrituras nos hablan de un Dios tres veces Santo, lo que implica que
verdaderamente este es un atributo, una marca de nuestro Señor, especialmente
relevante. El teólogo R. C. Sproul dijo: «mencionar algo tres veces seguidas es
elevarlo a su grado superlativo y adjudicarle un énfasis de súper importancia».
Entonces, no es algo menor, no es algo a lo que debamos restarle importancia.
Revela Su esencia como dijimos anteriormente, y es algo que, como seres
humanos, no podemos llegar a comprender. La Santidad de Dios nos habla de la
magnificencia de Dios, de Su majestuosidad.

26
¿Qué implicación tiene para nuestras vidas la Santidad de Dios?

«“Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que
sus caminos, y mis pensamientos más que sus pensamientos. Porque mis pensamientos
no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son mis caminos”, declara el
Señor» (Is 55:8-9).

Él nos creó. Estamos separados de Él desde el comienzo. En tiempo, en espacio y en


conciencia. Jamás seremos Dios aunque, muchas veces, el humano intente serlo. Pero
Sus pensamientos son más altos que los nuestros, Él es Santo y Sublime.

A lo largo de todo el capítulo 1 de Génesis vemos que Dios concluye, cada vez que
finaliza un día, que Su creación es «buena». Algunas versiones dicen «buena en gran
manera». Esto implica que Dios creó todo perfecto, con un propósito y un diseño
específico: apartado para darle gloria. Esta perfección también acarrea Su Santidad.

Adán y Eva fueron creados a imagen y semejanza de Dios (Gn 1:26) y Dios vio que eso
era bueno; pero finalmente el pecado entró en esa creación divina para comenzar a
destruir, poco a poco, todo lo creado a imagen de Dios. Por esta razón, ningún ser
humano puede acercarse a Su presencia sin morir en el acto. En el Edén, antes de que
Adán y Eva pecaran, la Palabra nos dice que Dios se paseaba en medio de ellos: «Y
oyeron al Señor Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día» (Gn 3:8). Pero ellos
mismos comenzaron a esconderse de la presencia del Señor. Con esto podemos ver
que, al encontrarnos frente a Su santidad, nuestro pecado nos avergüenza.

Entonces, ¿cómo hago para acercarme a este Dios Santo?

«Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de Su gloria»
es lo que pronuncian los serafines que presenciaban a Dios (Is 6:3b). Isaías, al tener
esta visión, siente temor por su vida al verse como pecador delante de un Dios Santo y
exclama: «¡Ay de mí! Porque perdido estoy [...]» (Is 6:5). Estamos infinitamente perdidos
y separados de nuestro Dios Santo por causa de nuestro pecado, pero cuando Él tiene
misericordia de nosotros, se acerca, nos busca y Su presencia nos obliga a caer de
rodillas frente a Él.

27
Él es quien decide acercarse a nosotros para amarnos. Somos completamente indignos,
pero Dios, habiendo planeado todo esto desde la eternidad (2 Ti 1:9), envió a Su Hijo a
morir en la cruz para acercarnos a Él con Su mano de amor. «Todo lo que el Padre me
da, vendrá a Mí; y al que viene a Mí, de ningún modo lo echaré fuera» (Jn 6:37).

En el libro de Levítico vemos que, mediante el


derramamiento de sangre hecho por sacrificios y
las diferentes ofrendas, Dios permitía que Su
pueblo le demostrara arrepentimiento, fe y amor.
Dios no se agradaba de estos sacrificios si no Él es quien decide
había verdadero arrepentimiento en el corazón acercarse a nosotros
humano. Debía existir un deseo por adorar y ser para amarnos. Somos
limpiado del pecado para que el sacrificio sea de completamente indignos,
aroma grato. «Porque Yo soy el Señor su Dios. pero Dios, habiendo
Por tanto, conságrense y sean santos, porque planeado todo esto desde
Yo soy santo» (Lev 11:44). Por causa de Su la eternidad (2 Ti 1:9)
propia Santidad, Dios les ordena ser Santos
como Él, consagrados.

John MacArthur, en su Biblia de estudio, explica que todos los sacrificios y las ofrendas
realizadas anteriormente debían «constituir una ilustración externa de la separación del
corazón de cada uno de ellos respecto al pecado». No eran los sacrificios en sí mismos
los que interesaban a este Dios Santo, sino que era el corazón contrito y humillado al
que no despreciaba (Sal 51:17). «Porque así dice el Alto y Sublime que vive para
siempre , cuyo nombre es Santo: “Yo habito en lo alto y santo, y también con el contrito y
humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de
los contritos”» (Is 57:15).

Ser Santos

Sólo la sangre permite la remisión de pecados, y por tanto la santidad. «Y según la ley,
casi todo ha de ser purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay
perdón» (‭‭He ‭9‬:‭22‬). Sólo Cristo hizo posible un sacrificio y un derramamiento de sangre
perfecto, completamente agradable para Dios, satisfaciendo la ira que provoca el pecado
en este Dios Santo. «Por esa voluntad hemos sido santificados mediante la ofrenda del
cuerpo de Jesucristo ofrecida una vez para siempre» (‭‭He ‭10‬:‭10‬).
28
Hoy, por la sangre de Cristo, somos Santos posicionalmente ante Dios. Esto nos
permite ser aceptados por Él, ser hijos Suyos amados. Tanto en el Antiguo como
en el Nuevo Testamento, Dios nos llama a ser Santos como Él es Santo. «Porque
escrito está: “Sean santos , porque Yo soy santo”» (1 P 1:16). Este es un mandato,
tenemos un llamado a buscar Su santidad día a día, a batallar contra el pecado al
disfrutar de Su presencia, y desear ser cada vez más como Él quiere que seamos.
No podremos hacerlo mediante nuestras fuerzas porque no somos capaces de ello.
Sólo por Su gracia podremos ir creciendo en esta santificación progresiva que nos
hará, finalmente, perfectos en la eternidad.

«Y aunque ustedes antes estaban alejados y eran de ánimo hostil , ocupados en


malas obras, sin embargo, ahora Dios los ha reconciliado en Cristo en Su cuerpo
de carne, mediante Su muerte, a fin de presentarlos santos, sin mancha e
irreprensibles delante de Él. Esto Él hará si en verdad permanecen en la fe bien
cimentados y constantes, sin moverse de la esperanza del evangelio que han oído,
que fue proclamado a toda la creación debajo del cielo, y del cual yo, Pablo, fui
hecho ministro» (Col 1:21-23) (énfasis añadido).

“Sean santos , porque Yo soy santo”» (1 P 1:16). Este es un mandato,


tenemos un llamado a buscar Su santidad día a día, a batallar contra el
pecado al disfrutar de Su presencia, y desear ser cada vez más como Él
quiere que seamos.

29
SuInmutabilidad
«Su poder es irreductible, Su sabiduría está intacta y Su santidad
inmancillable». (A.W. Pink)

Todo aquí en esta tierra está sujeto a constantes cambios, esto es algo seguro.
Comúnmente se dice que la vida da muchas vueltas; el secreto a voces en todo el
planeta es que los seres humanos somos limitados, por esto puede ser muy difícil
entender que Dios no cambia. Él es, ha sido y será para siempre el mismo.

Los atributos de Dios se asemejan a un increíble mosaico en donde pequeñas partes de


vidrio pintadas conforman una enorme y perfecta imagen. Así es que la bondad de Dios
no es ajena a Su ira y Su Santidad no se distancia de Su inmensa gracia; y así con cada
uno de Sus atributos. Estos se conectan y son parte de todo Su Ser. No son piezas
separadas, por lo tanto, Su Omnisciencia, Su Omnipresencia, Su Santidad, Bondad,
Gracia, entre otros, nunca van a cambiar.

El teólogo Arthur Pink dijo que nuestro Dios es inmutable en Su esencia y Sus atributos,
lo cual significa, por un lado, que Dios no está sujeto a cambios, pues es infinito, y por
otro, que Sus atributos permanecen siendo los mismos a través del tiempo. Nada existe
antes que Él, por lo tanto, nada ha modificado lo que Él es, ha sido siempre igual durante
siglos (y claramente lo seguirá siendo). «Porque yo Jehová, no cambio» (Mal 3:6a). Dios
en quien confiamos, está por fuera de algo común para los humanos: El cambio.«Dios no
está afectado por nada fuera de Sí mismo en ninguna manera, la mejora o el deterioro es
imposible» (A. W. Pink). El tiempo no le pasa, ni las circunstancias le alteran o toman por
sorpresa, no envejece, ni su pacto cambia, en la mañana Dios seguirá siendo el mismo
que hoy en la tarde así llueva, truene o relampaguee, ¡Nada lo afecta!. Puesto que nada
es mayor que Él.

Sus atributos son confiables

«Cualesquiera que sean los atributos de Dios antes de que el universo fuera creado, son
exactamente los mismos ahora, y lo seguirán siendo para siempre».
(A. W. Pink)

30
Dios es perfecto. Esta es una afirmación difícil de comprender porque la perfección es
sumamente ajena a nuestra humanidad, pero Dios será misericordioso y fiel a pesar de
nuestras múltiples fallas. Aun si no lo notamos, Él seguirá conociendo todo y estando en
todo lugar. Porque Él es desde y para la eternidad. Es Aquel que se puede presentar a
Sí mismo como «YO SOY EL QUE SOY» (Ex 3: 14).

«Él es perpetuamente el mismo» (A.W. Pink). No se puede negar a sí mismo; no


depende de ti y de mí, se trata de Él. Por esa razón jamás estará afectado por ninguna
cosa, mucho menos por el paso del tiempo. «Él no está influenciado, en absoluto, por el
paso del tiempo. No hay arrugas en la frente de la eternidad. Por lo tanto, su poder
nunca puede disminuir ni su gloria jamás desvanecerse» (A. W. Pink). Todo Su Ser es
confiable porque en Su perfección no existe cambio.

Alguien en Quien confiar

«Nadie puede sustentarse a sí mismo ni un solo Dios es perfecto. Esta


momento. Dependemos completamente del es una afirmación difícil
Creador para cada aliento que respiramos». de comprender porque
(A.W. Pink)
la perfección es
sumamente ajena a
Somos una especie que nace teniendo una
nuestra humanidad,
profunda necesidad de cuidado. Debido a que
pero Dios será
nuestro cuerpo se desgasta; cada día necesitamos
comer y dormir. Todo eso deja al descubierto misericordioso y fiel a
nuestra profunda finitud. Los seres humanos somos pesar de nuestras
limitados, pero Él es la Roca Eterna (2 S 22:32; Sal múltiples fallas.
18:31).

Tampoco conocemos el futuro (Stg 4:14); hoy podemos prometer algo que mañana no
cumpliremos. Pero en medio de eso, podemos confiar y alegrarnos en que solo Él es una
esperanza segura. Nuestro Dios sabe Quién es y lo seguirá siendo; necesitamos
depender de Él porque sólo Él es seguro. Sólo ahí encontramos la seguridad de que, sin
importar que lleguemos a cambiar o de que en esta vida las cosas no sucedan como
queramos, podemos confiar en quien Él es. Porque en Él no hay cambio, no existen las
variaciones (Stg 1:17).

31
Propósito, perfección y promesa

Por último, y a modo de conclusión, esta oración escrita por Enrique Padilla en un
artículo de Coalición por el Evangelio (El Dios inmutable), nos muestra tres puntos
importantes que desglosamos a continuación: «El Señor no solo es inmutable en su ser
o esencia, también lo es en sus propósitos, perfecciones, y promesas; en todo es el
mismo por la eternidad».

Dios es Inmutable en Sus propósitos. «El consejo del Señor permanece para siempre,
los designios de Su corazón de generación en generación» (Sal 33:11). Su corazón y Su
mente son inmutables; se mantiene siempre firme en lo que propone a través del tiempo.

Dios es Inmutable en Sus perfecciones. «Toda buena dádiva y todo don perfecto viene
de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de
variación» (Stg 1:17). Él es perfecto, por lo tanto, todo lo que hace y todo lo que proviene
de Él es perfectamente inmutable. Aunque nosotros fallemos, Él no falla porque es
perfecto.

Dios es Inmutable en Sus promesas. «Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de
hombre, para que se arrepienta. ¿Lo ha dicho Él, y no lo hará? ¿Ha hablado, y no lo
cumplirá?» (Nm 23:19). Dios cumple. De hecho, Su promesa de enviar un Salvador al
mundo fue sostenida a través del tiempo y finalmente cumplida. Dios cumplió aquello
que prometió, y lo vemos en el libro de los Hechos cuando dice que «De la
descendencia de éste, conforme a la promesa, Dios ha dado a Israel un Salvador,
Jesús» (‭‭Hch ‭13‬:‭23). Una de las mayores muestras de Su inmutabilidad la vemos
reflejada en la promesa del Mesías. Dios prometió desde el inicio que enviaría a un
Salvador que rescataría al hombre de sus pecados y, aunque muchos no creían e
incluso se burlaban de esta promesa, Él cumplió. Su Hijo vino hecho Hombre para morir
en la cruz y pagar el precio del pecado, satisfaciendo así, la ira de Dios. En Romanos
3:23-26, 1 Juan 2:1-2 y 1 Juan 4:10 leemos acerca de la «propiciación», es decir, del
pago que Cristo realizó en nuestro lugar. No cambió de opinión a pesar de que muchas
veces, una y otra vez, Su pueblo le falló y lo abandonó; Dios no abandonó a Su pueblo.
No dejó de lado Su promesa. ¡Descansa! Dios no cambia.

32
Conclusión

Atributos de Dios
Esperamos que haya sido de bendición haber realizado con nosotras este pequeño
recorrido por dichos atributos específicos.

Conocer los atributos de Dios por medio de Su Palabra, nos permite verlo como
realmente Él es y no como nosotras lo imaginamos o creamos en nuestra mente, y así
poder alabarlo como Él desea que lo hagamos, «en espíritu y en verdad» (Jn 4:22).

Tenemos un Dios Soberano y Omnipotente que reina sobre todo, pero que también
anhela que nos acerquemos a Él confiadamente por medio de Su Hijo Jesucristo (He
4:16). Porque, si bien no es fácil comprender humanamente Su inmensidad, sabemos
que Él fue quien primeramente se acercó a nosotras Sus hijas, nos buscó y nos atrajo a
Su presencia para amarnos con amor eterno (Jer 31:3) y para que lo amemos con toda
nuestra alma, mente y corazón (Mt 22:37).

Cristo es el fundamento para nuestra fe, el descanso para nuestra mente, el ancla firme
y segura de nuestra alma.

Dios es mucho más excelso de lo que podemos llegar a entender. Por eso, nos unimos a
la oración de Pablo, cuando en la carta a los Efesios pide «que el Dios de nuestro Señor
Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor
conocimiento de Él» (Ef 1:17).

¡Cuántos motivos tenemos para estar agradecidas con Dios por lo que hizo, hace y
continuará haciendo en nosotras!

Queremos invitarte a escribirnos si te han quedado dudas y si gustas continuar


profundizando sobre este tema.

Queremos animarte a buscar en la Palabra de Dios todas estas verdades que has visto
escritas a lo largo de estas páginas y puedas conocer aún más a nuestro Señor. De
manera que la idea correcta de Quién es Dios y de cómo es Él, impacte cada área de tu
vida, llevándote diariamente a la comunión con el Padre.

33
Si aún no lo conoces, si aún no has tenido un acercamiento a Dios por medio de Su Hijo,
queremos invitarte a orar y pedirle que Él obre en tu vida a través de Su Espíritu Santo y
te permita conocerle en arrepentimiento (de la ofensa a Dios por tus pecados) y en fe (en
Cristo Jesús como tu Señor y Salvador).

«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo,
a quien has enviado» (Jn 17:3).

«Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que viene a Mí, de ningún modo lo
echaré fuera» (Jn 6:37).

34
Bibliografía
Introducción:

Lints, Richard. Los atributos de Dios. Coalición por el Evangelio. Los atributos de
Dios | Coalición por el Evangelio TGC

Atributos de Dios:

Eternidad:

Melo, Armando. Flores, José Luis. 2002. Conoce a tu Dios. Sebring, FL: Editorial
Bautista Independiente.
¿Qué relación existe entre Dios y el tiempo?. Compelling Truth. ¿Qué relación existe
entre Dios y el tiempo? Consulta:13/02/2023
La aseidad de Dios, la autoexistencia de Dios. Faithlife Sermons. La Aseidad de Dios
la auto existancia de Dios - Faithlife Sermons Consulta:13/02/2023

Fidelidad:

Pink, Arthur W. (1886-1952). Los Atributos de Dios. Pensacola, Florida: CHAPEL


LIBRARY.

Inmutabilidad:

Pink, Arthur W. (1886-1952). Los Atributos de Dios. Pensacola, Florida: CHAPEL


LIBRARY.
Padilla, Enrique. El Dios inmutable. Coalición por el Evangelio. El Dios inmutable |
Coalición por el Evangelio

36
Omnipresencia:

Lints, Richard. Los atributos de Dios. Coalición por el Evangelio. Los atributos de
Dios | Coalición por el Evangelio TGC
Grudem, Wayne. 1999. Doctrina Bíblica. Enseñanzas de la fe cristiana. Editorial Vida.
Grauman, Josías. La omnipresencia de Dios. Coalición por el Evangelio. La
omnipresencia de Dios - Josías Grauman
Washer, Paul. 2016. Conociendo al Dios Vivo.

Santidad:

Pink, Arthur W. (1886-1952). Los Atributos de Dios. Pensacola, Florida: CHAPEL


LIBRARY.
MacArthur, John. Biblia de Estudio.
Grauman, Josías. La santidad de Dios. Coalición por el Evangelio. La santidad de
Dios - devocional por Josías Grauman
Michelén, Sugel. Santo, Santo, Santo. Sugel Michelén: Santo, Santo, Santo

Soberanía:

Pink, Arthur W. (1886-1952). La Soberanía de Dios. Pensacola, Florida: CHAPEL


LIBRARY.
Pink, Arthur W. (1886-1952). Los Atributos de Dios. Pensacola, Florida: CHAPEL
LIBRARY.

36
Existimos para alentar a las
mujeres de habla hispana a
estar profundamente
arraigadas en la
Palabra de Dios, para que
puedan florecer en todas las
áreas de la vida para la gloria
y el renombre de Cristo.
Nuestro deseo es poder crear
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La obra redentora de Cristo permite que la humanidad se relacione con los atributos divinos bajo un nuevo pacto. Por medio de Su sacrificio, los creyentes acceden a la omnipotencia, la omnisciencia y la fidelidad de Dios, ya que Cristo proporciona el enlace entre la santidad divina y la humanidad pecaminosa . Cristo garantiza que los creyentes puedan experimentar atributos como la misericordia y la gracia, dada su intervención redentora y adopción en la familia de Dios . Así, los atributos divinos, inicialmente a gran distancia de la humanidad, se convierten en fundamentos accesibles para los creyentes mediante la redención .

Ver a Dios como Sustentador implica confianza en que todas las situaciones, incluso crisis y catástrofes, están bajo Su control soberano . Esta perspectiva teológica permite al creyente manejar situaciones adversas con calma y esperanza, sabiendo que todo ocurre según el plan divino y que no están fuera de control . Por lo tanto, en momentos de crisis, los creyentes pueden apoyarse en la providencia de Dios, quien, a diferencia del ser humano, no es sorprendido por los eventos terrenales y prometió fidelidad a su pueblo .

La omnipresencia de Dios se describe como Su presencia en cada lugar y en toda Su plenitud, no limitado por el espacio. Esto implica que Dios actúa en cada rincón del universo, y para el creyente, asegura Su constante compañía y bendición en cualquier circunstancia. Su presencia trae consuelo y guía a la verdad, y Su Espíritu mora en los creyentes, garantizando que Su obra se complete en ellos hacia la madurez espiritual .

El Espíritu Santo desempeña un papel fundamental en la salvación del creyente al regenerarlo, permitiéndole elegir a Dios, debido a que, por naturaleza, el hombre está en enemistad con Dios y no puede buscarlo por sí mismo. Además, en el proceso de santificación, el Espíritu Santo obra para conformar al creyente a la imagen de Cristo, guiándolo hacia la verdad completa y asegurando el cumplimiento de todo lo que Dios ha prometido en la vida del creyente .

La unidad de la fe, como mencionada en Efesios 4:12-13, es indispensable para el crecimiento espiritual del individuo porque proporciona el marco para la edificación del cuerpo de Cristo. Esto significa que los creyentes deben alcanzar un pleno conocimiento del Hijo de Dios, lo que lleva a la madurez y la plenitud de Cristo . La unidad es crucial porque fomenta un contexto donde los creyentes pueden ser capacitados para el ministerio, reflejando el carácter y la voluntad de Dios de manera cohesiva y eficaz . Este crecimiento espiritual está basado en la cooperación y la edificación mutua dentro de la comunidad de fe .

El Espíritu de verdad tiene el rol fundamental de guiar a los creyentes a toda la verdad, según el texto de Juan 16:13. Esta guía implica que el Espíritu no habla por sí mismo, sino que transmite lo que ha oído, revelando así la voluntad y las enseñanzas divinas a los creyentes . Al actuar como guía, el Espíritu Santo influye en el entendimiento de las Escrituras, ayudando a los creyentes a discernir y seguir la voluntad de Dios en sus vidas cotidianas . Esto asegura que los creyentes estén alineados con la verdad divina y sean conducidos correctamente en su caminar espiritual .

Según A. W. Pink, la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre se relacionan en que Dios tiene el control absoluto y decide quién se salva y quién no para Su gloria, sin implicar injusticia. Aun así, los humanos son responsables de sus decisiones, como creer en Cristo y arrepentirse. Pink argumenta que ningún ser humano está dispuesto a buscar a Dios hasta que Él mismo obra un milagro de gracia en el corazón del individuo. Tras recibir la salvación, los niños de Dios pueden obedecer los decretos divinos mediante la obra del Espíritu Santo .

La relación entre la soberanía divina y el libre albedrío humano se manifiesta en la capacidad del hombre de rechazar a Cristo, pese a que su voluntad está naturalmente inclinada al pecado . Aun cuando Dios es soberano y podría influir en el corazón del hombre, la Escritura muestra que Él permite el ejercicio de la voluntad humana para rechazarle (Ro 1:21). Este espacio para el libre albedrío resalta la justicia de Dios, quien juzga equitativamente el rechazo blanco de un conocimiento no aprovechado de Él . Así, los actos del hombre en rechazar a Cristo son vistas como un ejercicio de libertad bajo un Dios que controla el desenlace último de todas las cosas .

La soberanía divina y la responsabilidad humana se complementan en el proceso de salvación. Aunque el hombre natural no está inclinado a buscar a Dios debido a su situación de pecado, que le mantiene en enemistad hacia Él , Dios, mediante Su poder soberano y perfecto, elige a quién salvar. Este acto no depende del mérito humano sino del carácter perfecto y santo de Dios . Aunque el hombre es responsable de sus decisiones y acciones delante de Dios (Ro 14:12), no puede acercarse a Él sin que Dios primero actúe en su vida mediante el milagro de la gracia .

El atributo de la eternidad de Dios implica que Él no está limitado por el tiempo, ya que existe sin principio ni fin . Esta percepción del tiempo es crucial para el creyente, porque establece esperanza en la naturaleza inmutable de Dios y su promesa de eternidad. El tiempo, visto desde la perspectiva divina, es un continuo presente donde todas las cosas están igualmente ante sus ojos . Para el creyente, entender la eternidad de Dios ofrece paz y confianza, especialmente ante el sufrimiento y la muerte, ya que su relación con Dios trasciende las limitaciones temporales .

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