Friedrich Nietzsche (Röcken, 15 de octubre de 1844-Weimar, 25 de agosto del 1900 ) fue un filósofo, poeta, músico y
filólogo alemán del siglo XIX, considerado uno de los filósofos más importantes de la filosofía occidental, cuya obra ha
ejercido una profunda influencia tanto en la historia como en la cultura occidental.
Entre sus obras más destacadas debemos mencionar las siguientes: El nacimiento de la tragedia (1872), Así habló
Zaratustra (1883-1884), El anticristo (1888), El crepúsculo de los ídolos (1889) y Ecce homo (1888).
[Link] VITALISMO.
El pensamiento de Nietzsche suele calificarse como vitalista. La doctrina filosófica
denominada vitalismo considera que la vida es un realidad fundamental, irreductible a
cualquier otra. La vida, en su dimensión biológica y cultural, es considerada por
Nietzsche la realidad originaria que no puede reducirse a mera racionalidad.
Instintos, pasiones, pulsiones vitales (esto es, todo aquello que desde el interior de
nuestro organismo nos empuja a actuar. Fuente de energía física que orienta nuestro
comportamiento hacia un fin. Es la expresión de las necesidades naturales, físicas, que
todos tenemos, y es consecuencia de la interpretación que Nietzsche hace de la vida
destacando el aspecto biológico sobre cualquier otro.), etc. - la vida misma – han sido incomprendidos y reprimidos desde
la Antigüedad. Nietzsche asume la doble tarea de hacer una dura crítica de la cultura occidental (filosofía, moral, ciencia,
arte, etc.) y, además, de promover una nueva interpretación de la realidad, de la verdad y del hombre basada en unos
valores contrarios a los tradicionales.
2. CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL (METAFÍSICA, MORAL Y RELIGIÓN).
Nietzsche destaca que los griegos se enfrentaron a la cambiante y contradictoria vida mediante el arte. Así, la tragedia
griega surgió de la fusión de dos elementos contrapuestos:
1) Lo dionisíaco: Dionisos, el dios del vino, de la embriaguez, representa la oscuridad, la voluntad irracional, el exceso.
2) Lo apolíneo: Apolo, dios del Sol y de la luz, representa la razón y el orden.
Ambos elementos son necesarios para la creación de una obra de arte; no obstante, el fondo esencial de la tragedia es lo
dionisíaco, que simboliza la vida y su constante devenir (transformación o cambio).
Con Sócrates y su búsqueda de conceptos universales, de la verdad, triunfa el “hombre teórico”. Con su discípulo Platón,
el diálogo sustituye a la tragedia, y el saber científico se convierte en el único medio para comprender la realidad. Por ello,
Nietzsche considera que Sócrates y Platón son los grandes corruptores de la filosofía occidental:
1) Sócrates hizo triunfar la razón contra la vida, a Apolo sobre Dionisos.
2) Platón introdujo el mayor y más graves de los errores: inventó un mundo de conceptos o esencias inmateriales –
las Ideas -, que no se pueden captar por los sentidos. Lo llamó “mundo
verdadero” y lo enfrentó al “mundo aparente”, al mundo de lo
material y sensible. Para Nietzsche, precisamente, este mundo, el
mundo aparente, el mundo de la vida, la realidad que percibimos por
los sentidos, es el único que es real.
A partir de ahí, los conceptos metafísicos que han ido apareciendo a lo largo
de la historia (“ser”, “sustancia”, “cosa en sí”, etc.) son engaños del lenguaje,
proceden del desprecio hacia los sentidos y de la sobrevaloración de la razón.
Para Nietzsche, esta falsa filosofía revela temor y odio hacia la vida, es la
expresión del espíritu de la decadencia incapaz de aceptar que no hay nada permanente ni eterno.
Contra la ilusión del “mundo verdadero”, debemos aceptar el testimonio de los sentidos: lo real es devenir, como afirmaba
Heráclito. En consecuencia, el ser humano no puede llegar a verdades absolutas. La confianza en que tales verdades
existen es fruto de que el hombre se siente perdido ante la pluralidad de impresiones de la vida, e inventa conceptos para
clasificar y ordenar la cambiante realidad, pero tales conceptos solo son metáforas. El uso prolongado de dichas metáforas
lleva a hombre a pensar que expresan la verdad. Pero la vida y la realidad no son conceptos ni pueden quedar expresadas
en ellos, pues, mientras los conceptos son fijos e inertes, vida y realidad están en contante devenir.
En oposición al dogmatismo metafísico (esto es, prácticamente toda la filosofía occidental podría calificarse de dogmática,
esto es, los filósofos han mantenido una actitud de plena confianza en que el conocimiento racional puede alcanzar la
verdad), que, según Nietzsche, ha caracterizado la filosofía tradicional, defiende que no hay una única interpretación
verdadera de cuanto existe, sino múltiples y cambiantes perspectivas.
En cuanto a la moral, Nietzsche considera que la moral tradicional es una moral antinatural, pues se opone a la vida. Su
raíz está en la religión judeocristiana, que establece normas en contra de los instintos vitales (ya que si no se cumplen las
normas establecidas, se comete un “pecado”). El platonismo (esto es, toda la filosofía occidental desde Sócrates y
Platón) está en la base de esta moral contranatural: el mundo de las Ideas de Platón se convirtió en el más allá que espera
al ser humano en la religión cristiana.
En su investigación filológica en diversas lenguas, Nietzsche cree hallar el resultado siguiente: en todas las lenguas,
“bueno” significó primitivamente “lo noble y aristocrático”, contrapuesto a lo “malo” en el sentido de “simple, vulgar,
plebeyo”. De la mano de los judíos y, posteriormente, de los cristianos, surgió una nueva contraposición moral que
desplazó a la anterior: los que eran considerados malos (en el sentido de “bajos, plebeyos”) se rebelaron y se llamaron a
sí mismos buenos, y denominaron malvados a los aristócratas. Por tanto, la moral surgió como resultado de la rebelión de
los esclavos y es producto del resentimiento (dicho de una persona: Que se siente maltratada por la sociedad o por la vida
en general) de quien no puede aceptar la vida ni los valores que la acompañan.
La moral de resentimiento es una moral de venganza contra los fuertes (de espíritu). Por ello, dicha moral pretende la
igualdad y exalta la humildad, la resignación y la compasión. La conciencia moral y el sentimiento de culpa son los
instrumentos del sacerdote que guía el rebaño de fieles. La aspiración de alcanzar la felicidad en el más allá mantiene
vivos los valores contrarios a la vida propios del cristianismo.
Hasta ahora ha triunfado la moral de esclavos, la moral de rebaño. Sin embargo, para Nietzsche, los valores creados por
la cultura occidental son falsos, pues niegan la vida. Cuando se derrumben – y se derrumbarán porque son ilusorios-,
llegará el nihilismo; es decir, la civilización occidental se quedará sin valores, se perderá el sentido de la existencia y no
habrá una meta para el ser humano. Tal estado no ha llegado todavía, pero se anuncia en el pesimismo, en la decadencia
y el agotamiento generales.
Además de este aspecto negativo y pasivo, Nietzsche subraya que el nihilismo, aunque incapaz de crear, pondrá las
condiciones para que se generen nuevos valores.
Nietzsche apostará por una moral de señores, esto es, espíritus fuertes, apasionados, dionisíacos, que dicen sí a la vida.
3. VOLUNTAD DE PODER, ETERNO RETORNO, SUPERHOMBRE Y MUERTE DE DIOS.
La vida, para Nietzsche, es voluntad de poder. Éste es un término con el
que Nietzsche se refiere a las fuerzas y energías que contribuyen al
dinamismo de la vida. Éste revela, en todas sus manifestaciones,
voluntad de poder, es decir, ansia de transformación, deseo de
renovarse, de superarse, en definitiva, es voluntad de crear.
La voluntad de poder es todo el conjunto de fuerzas y pulsiones que se
dirigen hacia el poder y la superación. Así, la voluntad de poder es
voluntad creadora de valores. Hasta ahora, la humanidad ha valorado
todo lo que se opone a la vida; la moral vigente procede de un espíritu
enfermo y decadente. Hay, pues, que invertir los valores y afirmar de
nuevo la vida: transvaloración de los valores. Esta es propuesta de Nietzsche: Cambiar radicalmente la jerarquía de los
valores de la moral occidental, una moral de renuncia y resentimiento hacia la vida, y sustituirla por una nueva jerarquía
en la que se recojan los valores que suponen una afirmación radical de la vida.
En este sentido, Nietzsche se llama a sí mismo inmoralista, porque su moral es una exaltación de la vida e invierte los
valores tradicionales. La máxima afirmación de la vida se expresa en la teoría del eterno retorno, que es una tesis que
supone una concepción circular del tiempo (como la mantenida por los griegos) y afirma que todos los acontecimientos
del universo (pasados, presentes y futuros) se repetirán eternamente. Esta idea nos recuerda al mito de Sísifo: Sísifo
representa un hombre castigado por los dioses del Olimpo, por culpa de su astucia a la hora de burlar a la muerte, a subir
una roca hasta la cima de una montaña para que, una vez realizado el trabajo, la roca cayera hasta el fondo del valle,
obligando al hombre a volverla a subir en un camino de eterno retorno. De esta manera, la vida – que es efímera y fugaz
– se convierte en algo eterno, absoluto.
El superhombre (no tiene super poderes especiales. Es el hombre fiel a
los valores de la vida y al devenir. El término
alemán Übermensch puede traducirse como “superhombre” o
“transhombre”. Este concepto tiene un sentido genérico
de“humanidad”), esto es, el nuevo hombre que aparecerá cuando se
culmine la transvaloración de los valores9. Un hombre que enunciará
la nueva moral. Un hombre fiel a los valores de la vida. El superhombre
es fruto de tres transformaciones del espíritu, simbolizadas por el
camello, el león y el niño:
1) El camello se arrodilla para cargar con el peso de la moral tradicional y sus normas. Obedece ciegamente. Simboliza la
degeneración de la humanidad, consecuencia de la domesticación del hombre por el cristianismo.
2) El camello se transforma en león cuando arroja los antiguos valores
y quiere conquistar su libertad (el nihilista). Pero el león no es capaz
de crear nuevos valores; para ello es necesario que el espíritu del león
se transforme en niño.
3) El superhombre tiene la inocencia del niño, está más allá del bien y
del mal, es el primer hombre, puede crear nuevos valores, vive fiel a
la tierra; es decir, a la vida, al devenir. Dice: ¡Sí a la vida! Con todo lo
bueno y lo malo que hay en ella.
El superhombre logrará recuperar los instintos vitales y creará nuevos
valores. La condición para la aparición del superhombre es la muerte
de Dios. Esto simboliza el final del cristianismo, el final de toda
creencia en entidades eternas. La idea de Dios, para Nietzsche, ya no puede ser utilizada como fundamento de la moral.
La idea de Dios es la “clave de bóveda” del edificio construido por la cultura occidental. Así, piensa Nietzsche que, si cae
esta pieza fundamental, se derrumbarían todo el edificio, esto es, toda la cultura occidental. La muerte de Dios, la
destrucción del cristianismo, expresión de la cultura decadente, es la condición de la aparición del superhombre y de la
nueva moral.
4. VIGENCIA DE LA FILOSOFÍA DE NIETZSCHE EN LA ACTUALIDAD.
En la actualidad, podemos ver el reflejo de la filosofía de Nietzsche en varios aspectos:
La religión no está tan extendida como en siglos anteriores. Si bien es cierto que hay quien “acepta la carga” de la moral
judeocristiana, son más numerosos los “leones-nihilistas”, aquellos que niegan la validez de las creencias y los valores
tradicionales y reclaman su libertad. No obstante, la sociedad occidental actual continúa siendo una sociedad en
decadencia, en la que se han perdido las normas que guiaron a la humanidad durante muchos siglos, pero que todavía no
ha generado una moral propia, fruto de la libertad.
También las ideologías que, prescindiendo de Dios, intentaron dar un sentido y un fin a los seres humanos han perdido su
fuerza. Valores como la igualdad, la justicia o la búsqueda de la liberación de la humanidad (tan presentes, por ejemplo,
en el marxismo) están anticuados.
La población del mundo desarrollado parece vivir para cumplir con los fines consumistas que se proponen en el capitalismo
globalizado.
En este sentido, el consumismo ha sustituido a la religión y a las ideologías, pero no se identifica con el niño creador de
nuevos valores; más bien transforma de nuevo el espíritu del ser humano en un “camello” que carga con normas y
directrices externas a él y que lo esclavizan.