Gloria y Extravío Del Héroe. DIGITAL
Gloria y Extravío Del Héroe. DIGITAL
Gloria y extravío
de un héroe
1a edición digital Fundación Editorial El perro y la rana, 2022
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Manuel Piar:
Gloria y extravío
de un héroe
(Manuel Piar al
Panteón Nacional)
A la memoria de mi madre Evila Rosa.
A mi amado hijo Francisco Miguel.
AGRADECIMIENTO
9
INTRODUCCIÓN
11
En esos encuentros surgió un tema obligado en la
región de Guayana cuando se habla de historia. A saber,
la Campaña de Guayana y el trágico final del general
Manuel Piar, héroe de la batalla de San Félix. Descubrí,
entonces, las graves acusaciones en contra del Libertador,
cultivadas por un grupo de compatriotas Guayaneses,
ante el juicio que le fue seguido por “insubordinación,
conspiración, sedición y deserción”, que lo condenó a
ser pasado por las armas el 16 de octubre de 1817.
En coincidencia con esa dinámica, el 18 de junio
del año 2021, en la entrega de la IV edición del Premio
Nacional de Historia, la historiadora Guayanesa
Hildelisa Cabello, una de las galardonadas, solicitó, en
el discurso de orden, que se realizara simbólicamente el
traslado de los restos del general Manuel Piar al Panteón
Nacional, ya que, por sus investigaciones, concluyó que
los mismos difícilmente serían encontrados, debido
al trato que la iglesia daba en esa época a los restos de
personas que fallecían de esa forma.
La inclusión del general Piar al Panteón Nacional
fue aprobada en 1876 por Decreto del General Antonio
Guzmán Blanco, entonces presidente de los Estados
Unidos de Venezuela; homenaje que no se concretó por
no haberse encontrado sus restos. Su búsqueda, según el
cronista de Ciudad Bolívar, Américo Fernández, se han
realizado sin éxito: excavaciones en el cementerio y en
la catedral de Ciudad Bolívar. Y añade que en 1996 el
12
senador Sucre Figarella, en apoyo a la propuesta del se-
nador Apolinar Martínez, planteó se realizara su traslado
de manera simbólica, lo cual hasta la fecha tampoco se
ha realizado; hecho que se percibe en la región como
una injusticia.
Ese mismo día 18 de junio del 2021, en el men-
cionado acto, el presidente de la República Bolivariana
de Venezuela Nicolás Maduro Moros se comprometió
con la aprobación de la propuesta de la historiadora. Esto
motivó la realización de esta biografía como un aporte
para divulgar los acontecimientos de la Campaña de
Guayana y los méritos del héroe, precisamente dentro
de la coyuntura del traslado simbólico de sus restos al
Panteón Nacional. Es decir, la divulgación de su gloria,
ganada en campos de batalla, independientemente del
extravío que ocasionó su trágico final. También, como
una forma de contrarrestar las campañas que hoy, como
ayer, utilizan el triste fusilamiento del general Manuel
Piar para mal poner la gloria, la moral y la ética del
Libertador.
La muerte del general Manuel Piar ha generado his-
tóricamente mucha controversia. Primeramente, porque
su ejecución debió doler en el ejército, ya que era un
general en Jefe con liderazgo y con glorias. Pero ese dolor
ha sido, antes y ahora, una excusa de los enemigos de
la independencia y de Bolívar para crear intrigas entre
13
los patriotas, mediante la propagación de la idea de que
fue un juicio injusto y amañado.
Estas intrigas se han prolongado en el tiempo y han
calado en algunos sectores Guayaneses por descono-
cimiento del episodio y por falta de un debate debi-
damente documentado. Por ejemplo, mucho daño ha
hecho en ese sentido el libro Anales de Guayana, del
cronista de Ciudad Bolívar de principios del siglo XX
Bartolomé Tavera Acosta, muy antibolivariano y citado
como fuente por historiadores regionales. Este cronista
se fundamentó en la oralidad de los vecinos de la ciudad
y descalifica las fuentes basadas en documentos histó-
ricos reconocidos como dignas de confianza, tales como
Memorias del general O´Leary, del Florencio O´Leary,
edecán del Libertador y Documentos para la historia de la
vida pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia,
de José Félix Blanco y Ramón Azpurúa; el primero,
testigo de los acontecimiento. E igual papel ha cum-
plido la novela Manuel Piar. Caudillo de dos colores de
Francisco Herrera Luque.
Para cumplir el objetivo se presenta, en estas páginas,
un resumen de la trayectoria militar del General en jefe
Manuel Piar, con especial interés: en la Campaña de
Guayana y sus antecedentes relacionados con las acciones
militares desencadenadas en el territorio venezolano, y
en particular, en Barcelona, a partir de las expediciones
de los Cayos y de Jacmel (ambas venidas de Haití y
comandadas por el Libertador Simón Bolívar).
14
En la expedición de los Cayos (junto con las armas
y municiones adquiridas por el Libertador con la ayuda
del presidente de Haití, Alexander Petión, y del comer-
ciante y capitán de buque Luis Brión), regresaron los
militares patriotas, refugiados en esa nación después de
la caída de las segunda República; Manuel Piar entre
ellos. En combates, después del fallido desembarco de
Ocumare y del retiro desde Aragua hasta Barcelona, se
formó el ejército que luego trasladó Piar hasta Guayana,
mientras que el Libertador, por la anarquía presente en
el movimiento independentista a causa de los regiona-
lismos y las rivalidades por la Jefatura Suprema, sufrió
una agresión que le obligó a salir de nuevo a Haití.
A solicitud de sus compañeros de armas, entre ellos
Piar, el Libertador volvió en la expedición de Jacmel con
nuevas armas y municiones. Esta vez llegó a Barcelona
convocando a todos los patriotas combatientes en los
llanos desde Barinas (donde estaba el ejército neogra-
nadino) hasta Barcelona, para formar una gran fuerza
y actuar coordinadamente. Pero tropezó con el hecho
de que Piar llegaba al Orinoco negándose a regresar a
la provincia de Barcelona.
Se dedica un capítulo a los aprietos del Libertador
en Barcelona, dando respuesta a los que afirman falsa-
mente que: “el general Piar fue fusilado por desobedecer
la orden de regreso a Barcelona”, o “que dicha orden
obedecía al desconocimiento por parte del Libertador
de la importancia de Guayana, ya que la misma nunca
15
estuvo en sus planes”, o “que Piar fue el único que supo
ver la importancia de Guayana”, ocultando, estos críticos
del Libertador, el contexto completo de la coyuntura y
llegando incluso al extremo de pretender responsabili-
zarlo de la masacre de la Casa Fuerte.
Luego vienen los capítulos descriptivos de la fase de la
Campaña de Guayana, la dirigida por Piar y la dirigida
por Bolívar. En la primera, la relevancia de la toma de
las Misiones Capuchinas y de la batalla de San Félix el
11 de abril de 1817. Y en la segunda fase, las gloriosas
batallas navales en el Orinoco: la de Pagayos, el 8 de
julio de 1817, y la de la ensenada de Cabrián, entre el
3 y 5 de agosto de 1817, muy desconocidas y ocultadas
por los que buscan otorgar solo a Piar la liberación de
Guayana; siendo que después de ellas es que se produce
la evacuación de la Angostura y de la Guayana Vieja por
parte de los realistas y la expulsión definitiva de estos el
5 de agosto de 1817.
Siempre se ha utilizado el fusilamiento de Piar para
difamar al Libertador. Y sobre todo, a raíz del anuncio
de que será llevado al Panteón Nacional; lo cual se in-
cluye en este libro un capítulo referido especialmente
al Juicio de Piar donde se resume toda la documen-
tación de su expediente para que el lector pueda sacar
sus propias conclusiones. En dicho capítulo se presenta
una sección en torno a las reflexiones sobre el perdón
que el Libertador manifestó querer conceder a Piar. Pero
16
en una correspondencia escrita al general Bermúdez
se refiere más claramente las condiciones que debían
reunirse para tal concesión del perdón.
Igualmente, en el mismo capítulo se incluye una
reflexión más amplia sobre dicho Juicio. Es decir, si
fue justo o injusto, teniendo en cuenta la acusación
difamatoria contra el Libertador, según la cual fue un
juicio manipulado. En ese sentido, consideramos que
es una crítica que no se puede dejar pasar sin respuesta
porque pone en entredicho la integridad moral del
Libertador, quien dio suficientes pruebas de despren-
dimiento, generosidad y grandeza moral. Bolívar es el
Padre de la Patria, nuestro máximo héroe, símbolo de
nuestra nacionalidad y nuestra guía, junto a Chávez,
de nuestra revolución bolivariana. Muy grave debió ser
la amenaza del revivir una guerra de castas que llevó a
nuestros próceres a tomar una medida tan dura contra
un benemérito de la Patria como lo fue Piar.
El mérito de Piar está basado, sobre todo, en la
significación de la liberación de Guayana, logrando
un triunfo glorioso en la batalla de San Félix el 11 de
abril de 1817, que sentó la base de la liberación de
un vasto y rico territorio, y a partir del cual, una vez
cumplida la segunda fase de la Campaña dirigida por
el Libertador Simón Bolívar, la liberación del Orinoco,
tomó cuerpo la Tercera República y, por fin, la guerra
de Independencia, comenzó con pie firme a ganarse
17
contando con los recursos logísticos de Guayana y con
el liderazgo de nuestro Libertador.
Pero el general Piar se negó a participar en la segunda
fase de la Campaña y pretendió una conspiración que
le llevó a su trágica muerte, siempre triste, pero en
opinión del padre de la Patria, una necesidad política
salvadora del país. Digamos que el infortunio llamó a
la puerta del héroe, quien se extravió en medio de las
pasiones de la guerra y puso a sus compañeros de armas
en tan difícil trance.
Por eso es un deber patrio, inculcado tanto por
nuestro Comandante Eterno Hugo Chávez Frías como
por la Constitución Bolivariana, dar a conocer nuestra
historia y nuestros héroes, así como honrar al Padre de
la Patria, Simón Bolívar, defendiendo su memoria.
En el pasado, su maestro Simón Rodríguez, en su
obra El Libertador del mediodía de América y sus compa-
ñeros de armas defendidos por un amigo de la causa social,
conocida como la Defensa del Libertador, ya llamaba
la atención, al respecto de los ataques a la gloria de
Libertador, diciendo: “los enemigos no atacan por asalto,
pero trabajan día y noche en obras cubiertas… minan o
abren brechas..., la sorpresa será el resultado”.
18
INICIOS DE PIAR, PRIMERA Y
SEGUNDA REPÚBLICA
19
entre las Antillas, Curazao y algunos pueblos del oriente
de Venezuela.
Cuando Piar cuenta con 10 años de edad, su familia
fija residencia en la Guaira. Su madre, a través de su
oficio, conoció a la familia de José María España y se
hizo colaboradora de la conspiración independentista
y republicana de Manuel Gual y José María España.
A través de su madre, Piar se relacionó con esa lucha
convirtiéndose en un joven revolucionario, y a los 23
años, por la persecución a los involucrados en dicha
conspiración, regresan a Curazao, donde Piar se casó
con María Martha Boom con quien tuvo una hija de
nombre María Isabel. Por su condición de marinero
y revolucionario, conoció varias islas del Caribe y se
involucró en la revolución de Haití.
En 1810, durante los acontecimientos del 19 de abril,
Piar regresa a Caracas y es entonces cuando inicia su
carrera militar en Venezuela. En 1811 se sabe bajo la
orden de Francisco de Miranda como Alférez de Fragata
en la Marina de Guerra en la defensa de la Primera
República y posteriormente en el restablecimiento de
la misma con la Segunda República, en 1813, por el
Oriente del país, formando parte de la expedición que
sale del islote de Chacachacare en Trinidad, liderizada
por Santiago Mariño, con 45 jóvenes firmantes del
acta de Chacachacare, entre ellos Francisco Bermúdez
y Bernardo Bermúdez, Manuel Piar y Juan Bautista
20
Bideau quienes desarrollaron la Campaña de Oriente
en paralelo a la Campaña Admirable que hace Bolívar
por Occidente.
La Campaña de Oriente Comandada por Mariño,
ocurre entre enero y agosto de 1813. Se inicia el 13
de enero por Güiria y el 2 de febrero una columna
al mando de José Bernardo Bermúdez se apodera de
Maturín. En julio se libera Margarita con Arismendi
al frente y unieron sus fuerzas navales a las del corsario
Giovanni Bianchi que bloquea los puertos de Cumaná
bajo órdenes de Mariño. La liberación de Cumaná se
completa el 3 de agosto.
Piar se hizo invencible defendiendo a Maturín de tres
ataques realistas. El primero, el 20 de marzo: Manuel
Piar y Bernardo Bermúdez, siendo este el comandante
patriota, contra Antonio Zuazola y Fernando de la Hoz.
Mientras que en el segundo, el 11 de abril, comanda
Piar contra Fernández de la Hoz y Remigio Bobadilla.
En el tercero y último, el 25 de mayo, Piar derrotó a
Domingo Monteverde en los Altos del Otero, hoy Altos
de los Godos. En esta última batalla tuvo una destacada
participación la batería de mujeres que comandaba Juana
La avanzadora y el cacique Guanaguanay que aumentó
la tropa patriota con 200 indígenas.
Manuel Piar cultivó laureles de gran guerrero en sus
combates. Fue invicto hasta el 16 de octubre de 1814
cuando es derrotado por Boves en la batalla del Salado,
21
Cumaná. El historiador Indalecio Liévano Aguirre lo
describe así:
22
instigados y armados por la monarquía española, em-
prendieron una guerra de exterminio contra los blancos
(mantuanos), quienes fueron los que insurgieron contra
España, pues la mayoría de los patriotas eran blancos.
Entre los jefes realistas que acaudillaron a las castas popu-
lares destacó el sanguinario José Tomás Boves. La crudeza
de ese tiempo la describe ampliamente el historiador
Juan Uslar Pietri en Historia de la rebelión popular de
1814: las masas populares protagonizaron crueles escenas
de violencia y destrucción, para repartirse como botín las
haciendas y demás bienes de los blancos (mantuanos).
A esta derrota se sumó en 1815 una invasión de la
monarquía española, con un ejército profesional que
fue comandado por el general español Pablo Morillo
(“El Pacificador”), constituido por 15.000 hombres y
60 barcos. Venían a someter las colonias, lo que signi-
ficaba, además de combatir a los patriotas, contener a
las masas populares sublevadas contra los mantuanos,
que finalmente también eran un peligro para España.
Los patriotas, ante la derrota y la amenaza del poderío
de la invasión Comandada por el general Morillo, se
refugian en Cartagena y en las islas del Caribe, y cuando
Morillo se desplaza desde Venezuela a “pacificar” la
Nueva Granada, los refugiados allí presentes huyen a
las islas del Caribe.
En 1814, “El año terrible”, estando José Félix Ribas
como Jefe Supremo y Piar como segundo al mando.
23
Piar ocupa Cumaná triunfando en un ligero combate
en Quebrada de los Frailes, y se queda en Cumaná a
esperar a Boves en lugar de ir a Maturín donde Ribas
les esperaba para concentrar tropas; sin imaginar que
Boves le duplicaba en tropa y pierde en la batalla de El
Salado, después de lo cual se vio obligado a salir del país
y refugiarse en Haití, donde se consigue con Bolívar y
Mariño.
El médico José Mercedes Gómez, cronista de Cumaná,
en una biografía escrita sobre José Francisco Bermúdez,
narra el episodio del Salado de esta manera:
24
tenido divergencias con Arismendi, tomó el camino de las
Antillas y finalmente Haití, refugio de todos los patriotas.
Aquí se encontrarán los antiguos compañeros de Chaca-
chacare y emigrados de Nueva Granada y Venezuela, con
sus afectos y rencores, para el retorno de 1816, recorriendo
en sentido inverso la ruta antillana (...)2.
25
Mariño lo persiguieron en un pequeño velero hasta al-
canzarlo y abordaron los barcos “El Arrogante Guayanés”
y “La Culebra”. Y se dirigieron a Margarita, donde in-
tentaron desembarcar para negociar con el Corsario.
Sin embargo, debieron hacerlo en los barcos, ya que
Piar, quien estaba en Margarita como gobernador, lo
impidió, al cañonearlos y perseguirlos hasta Carúpano,
asumiendo que Bolívar y Mariño se robaban el tesoro.
La negociación con el corsario se resolvió satisfac-
toriamente para las parte. Los patriotas rescataron dos
tercios del tesoro y se quedaron con los barcos “El
Arrogante Guayanés” y “La Culebra”. Pero al desem-
barcar en Carúpano, fueron recibidos con la misma
acusación, y en medio de un tumulto fueron apre-
sados con riesgo para sus vidas, por José Félix Ribas y
Francisco Bermúdez. El Corsario Bianchi, al enterarse,
exigió que liberaran a ambos bajo amenaza de atacar
cañoneando la ciudad, de manera que fueron liberados
pero expulsados, y partieron fuera del país: “…junto
con 42 personas que los acompañarían en su destierro,
tomaron en Carúpano un barco rumbo a Cartagena. El
barco sale justo a tiempo, pues Piar había desembarcado
con 200 hombres en Carúpano, dispuesto a fusilar al
Libertador”3.
26
Ribas y Piar asumen el mando, el primero como Jefe
Supremo y Piar como segundo jefe. Este desgraciado
episodio fue uno más de los que se dieron por disputas
del mando Supremo y la anarquía generada por las de-
rrotas sufridas por lo patriotas. Bolívar, antes de salir
de nuevo a Cartagena, se despidió de la Patria con un
Manifiesto en Carúpano, el 7 de septiembre de 1814.
27
EL REGRESO DE LOS PATRIOTAS CON
LA EXPEDICIÓN DE LOS CAYOS
28
la cual toman exitosamente, Mariño batiendo la batería
del fortín de “Santa Rosa”, mientras Piar y Soublette
hacen lo propio con el fortín “Muerte”.
En Carúpano, el 2 de junio, en la Municipalidad,
tiene lugar una asamblea popular donde igualmente
se reconoce a Bolívar como Jefe Supremo y Mariño
de segundo jefe. En todas las asamblea, la de Haití,
Margarita y Carúpano, Piar estuvo entre quienes apo-
yaron la designación de Bolívar como jefe Supremo,
quien ese mismo día dicta un Decreto de Abolición de la
Esclavitud de gran significación, porque era el resultado
de las enseñanzas del año terrible de 1814, cuyos crueles
y trágicos sucesos indicaban que la independencia debía
tener reivindicaciones para las masas populares, así como
cumplir el compromiso con Alexander Petión, Presidente
de Haití, quien condicionó la ayuda prestada a la causa
patriota a la liberación de los esclavos:
República de Venezuela
Simón Bolívar
Jefe Supremo de la República, y Capitán General de los
Ejércitos de Venezuela y de la Nueva Granada.
A los habitantes de Río Caribe, Carúpano y Cariaco.
Salud.
Considerando que la justicia, la política, y la Patria reclaman
imperiosamente los derechos imprescriptibles de la natu-
raleza, he venido en decretar, como decreto, la libertad ab-
soluta de los esclavos que han gemido bajo el yugo español
29
en los tres siglos pasados. Considerando que la República
necesita de los servicios de todos sus hijos, tenemos que im-
poner a los nuevos Ciudadanos las condiciones siguientes:
Artículo primero
Todo hombre robusto, desde la edad de catorce hasta la de
sesenta años, se presentará en la parroquia de su Distrito a
alistarse en las banderas de Venezuela, veinte y cuatro horas
después de publicado el presente decreto...5.
5 Ibidem. p. 108.
30
puesto que los enemigos han retirado todas las fuerzas que
podían oponérseles6.
31
Bermúdez y permitido por Mariño, haciéndole acusa-
ciones de cobarde y desertor por el fracaso de Ocumare,
lo cual le obligó a salir de nuevo a Haití. Francisco Javier
Yánez, en Historia de la provincia de Cumaná dice que:
32
y Tupepe. Y en las cercanías de Barcelona se les une Piar,
que también venía triunfando en refriegas contra los
realistas, en tránsito de Maturín a la Quebrada de Ortiz.
Por ser Piar el jefe de mayor jerarquía, asumió el
mando de los patriotas, quienes sumaron 2.000 hombres
y enfrentaron a un ejército realista de fuerza semejante
comandado por Tomas Morales en el Juncal, obteniendo
los patriotas un triunfo muy importante. Durante la
batalla, la división de Piar, que estaba formada por sol-
dados recién reclutados, se vio obligada a replegarse,
pero la actuación de Mac Gregor y Monagas garanti-
zaron el triunfo.
33
en la obra Carlos Soublette9, dice que las desavenencias
fueron porque Piar se opuso a que ellos persiguieran los
restos del ejército de Morales y que los expulsó por ser
adversarios muy fuertes. Esta versión la sostiene también
el coronel Francisco Vicente Parejo, que actuó en el
Juncal con Monagas10.
El que no se persiguiera a Morales tuvo consecuencias
perjudiciales sobre Barcelona, como veremos más ade-
lante. Al respecto, Vicente Lecuna dice: “Morales se
retiró tranquilamente hacia Río Chico, cometiendo
nuevas atrocidades en el tránsito; cruzó luego la cordillera
del interior y fue a situarse en Orituco y Chaguaramas,
donde el Capitán General se dispuso a formar otro
ejército para retomar a Barcelona”11.
Por otra parte, hay una comunicación de Bolívar a
Arismendi, fechada el 21 de agosto de 1816 en Güiria,
antes del ataque de Bermúdez a su persona, explicativa
de lo acontecido en Ocumare, y en uno de sus párrafos
dice:
34
Me hallo aquí disponiendo mi marcha hacia Maturín con
las fuerzas armadas y pertrechos que poseemos, y probable-
mente la partida será mañana, llenos de esperanza lison-
jeras puesto que debemos hallar en los llanos un ejército
compuesto de las divisiones de los generales Piar, Monagas,
Rojas, Sedeño, Zaraza y Mac Gregor, que últimamente
quedó mandando la que yo desembarqué en Ocumare, y
debe haberse reunido con Zaraza y Monagas. Dueños no-
sotros de los llanos, nos pondremos en comunicación con
los cinco mil granadinos que manda el general Valdez en
Barinas. Así engrosada nuestras fuerzas, podremos obrar
sobre Cumaná y Guayana, y, sucesivamente contra las otras
provincias que ocupan los españoles12.
35
Bolívar inició sus palabras y les presentó las estrategias que
consideraba se debían aplicar en la expedición a tierra firme,
expuso porque veía ventajoso el desembarco en las costas
orientales venezolanas, teniendo en cuenta que Arismendi
había retomado el control de la isla de Margarita, y cómo
iniciar la Campaña de Guayana, teniendo como objetivo el
control de Angostura13.
36
LOS APRIETOS DE BOLÍVAR EN
BARCELONA
37
Francisco Zea. Asimismo, dio instrucciones a Zaraza,
Mac Gregor y otros jefes patriotas de desconocer la
autoridad de Mariño por haber permitido el ataque de
Bermúdez al Libertador. Y después, en lugar de esperar
a Bolívar, continuó su marcha hacia Guayana. Muchas
fueron las deserciones de quienes no estaban de acuerdo
con ir a Guayana, entre ellos Monagas, Zaraza y Rojas,
descontentos con la arrogancia de Piar y desesperanzados
por la ausencia de Bolívar.
Bolívar llega nuevamente desde Haití a Margarita el
28 de diciembre, con la segunda expedición de los Cayos
o expedición de Jacmel. Allí se ratifica su reconocimiento
como Jefe Supremo y escribe a Mariño diciéndole: “(…)
que ha llegado con una cuarta expedición, con elementos
para salvar la República”, que de nuevo “(…) toma las
riendas del gobierno”15. Dando al olvido lo pasado, le
pide su plan sobre Cumaná para obrar conforme al
mismo y parte para tierra firme.
El 1 de enero de 1817 Bolívar desembarca en
Barcelona y se consigue con la división y dispersión
de los patriotas a causa de su obligada ausencia y con
la diatriba que generó la agresión que sufrió. Ese día
escribe a Zaraza y le participa:
38
(…) su llegada con ‘un inmenso parque’; le ordena reunir
todos los hombres que existían en su departamento ‘así ar-
mados como desarmados’, y remitirlos formando cuerpos
a Aragua de Barcelona, donde va a establecer el cuartel ge-
neral y a formar la reunión del ‘gran ejército’, y le insta a que
envíe caballos a Barcelona, ‘porque se carecía absolutamente
de ellos’16.
16 Ibidem.
17 Simón Bolívar. Op. Cit., p. 223.
39
Ya vimos antes la comunicación a Arismendi de
fecha 21 de agosto de 1816, en la que Bolívar men-
ciona a Guayana en sus planes operativos, y de cómo
era preocupación de todos los patriotas. Ahora, en esta
última a Pedro Briceño Méndez se puede corroborar que
Bolívar no está negado a la empresa de Piar en Guayana,
ni mucho menos que desconocía la importancia de la
misma. Vicente Lecuna dice que, al llegar a Barcelona,
el 1 de enero, 1817, Bolívar le escribe a Piar:
40
de Bolívar por la gloria de este con el triunfo de la batalla
de San Félix, con estas citas tendrán la oportunidad de
reconsiderar sus argumentos.
Igualmente, quienes han pensado que Bolívar no
tenía la visión de la importancia de Guayana que poseía
Piar, nótese que Bolívar dijo: “Esta empresa [refiriéndose
a la liberación de Guayana] tan sublime como impor-
tante, asegurará las anclas de la República”. Entre quienes
han manifestado esa opinión está la historiadora gua-
yanesa, Hildelisa Cabello, cuando afirma:
41
Piar porque había estado en ella en 1812 y participó en
la batalla naval de Sorondo, y Cedeño porque ocupaba
parte de ella desde 1815. El Libertador no la conocía
personalmente, pero seguro sí, por los informes que de
ella recibía, como era su práctica militar, se alimentaba
de mucha información.
Es claro que Bolívar al llegar a Barcelona al principio
es optimista, pero luego se le complicó la situación con
las fuerzas realistas que le amenazaban debido a la dis-
persión de las fuerzas patriotas. En efecto, estando ya
en Barcelona, Bolívar se entera de los movimientos de
concentración de todas las fuerzas realistas de Morales,
Aldama y Real para atacarlo en esa plaza. No hay que
perder de vista que necesitaba cuidar las armas que
ha traído de nuevo de Haití, y, siendo su plan la for-
mación de un fuerte ejército en los llanos, concibe
movilizarse por la costa acompañado por Arismendi
y fijar cuartel general en Tacarigua, a las cercanías de
Caracas, para atraer las fuerzas realistas hacia allá y
con ello dar oportunidad a Zaraza de que armara un
buen ejército para defender a Barcelona. No se plan-
teaba llegar a Caracas, así lo dice Vicente Lecuna20,
42
pero resultó derrotado en Clarines por el realista
Jiménez, reforzado por tropas indígenas del Caigua, El
Pilar y El Unare, que habían abrazado la causa realista;
después de lo cual Bolívar regresó a Barcelona.
La derrota patriota en Clarines animó más a los rea-
listas para atacar a Barcelona. El Libertador le escribe a
Mariño, Páez, Cedeño, Piar y Zaraza, entre otros, para
concentrarse en Aragua de Barcelona. Luego cambiaron
el sitio hacia el Chaparro y así salvar el parque de armas
que tenía almacenado en Barcelona del ataque realista
que estaba en puerta. Comisionó a Arismendi personal-
mente a convencerlos. Cuando este regresa, la situación
de Bolívar se había hecho más difícil, le cercaban en
Barcelona, por tierra y por mar, y esa fue una de las
veces que Piar se negó a dejar Guayana.
43
quedan desarmados y yo condenado a vagar por los llanos,
sin medios para equipar un ejército. Si quisiera retirarme, no
podría tampoco. Carezco de bestias, y necesito lo menos de
800 para transportar mis elementos. Es indispensable, pues,
sostenerla. He fortificado el Hospicio, y tengo pertrechos
para mucho tiempo. V.S., que más que ninguno conoce la
importancia de Barcelona, debe ser de los primeros en preci-
pitar sus marchas con todas sus fuerzas sobre esta plaza, y en
volar a su socorro. Esta es, señor General, la primera y más
importante de nuestras operaciones. Las posteriores serán
consultadas después de batidos aquí los enemigos, ya libre
el depósito precioso de nuestros recursos militares. Dios
guarde a V.S. muchos años. Cuartel General de Barcelona,
enero 23 de 1817.
Simón Bolívar21.
44
terrible espectáculo de desolación y muerte. Bolívar, con
uno de esos gestos muy suyos y olvidando las ofensas re-
cibidas de Bermúdez en Güiria, salió en su busca y al en-
contrarle le abrazó, diciéndole con tono efusivo y cordial:
‘Vengo a abrazar al libertador del Libertador’22.
45
protección, y de esta manera hacerlo responsable de
la masacre de la Casa Fuerte. “…El Libertador había
salido desde el 9 de febrero de Barcelona hacia Guayana,
y había quedado esta ciudad desguarnecida (...). El
Jefe Supremo se adelantó al paso del ejército...”23.
Cuando Bolívar escribió a Piar y trató de convencerlo
que regresara a Barcelona, fue no solo porque quería
concentrar todas las fuerzas del llano y desde allí pre-
sionar por Caracas, o contra Cumaná y Guayana, como
lo refiere en comunicación a Arismendi el 21 de agosto
de 1816, sino también por los apremios en los que se
vio en la misma, con la amenaza realista en puerta. Es
decir, estaba presionado por ese ataque. Es tan así que
en correspondencia del 5 de enero, cuando la situación
en Barcelona no eran aún apremiante, escribe a Lino
de Clemente y a Pedro Gual, y deja ver que seguiría su
plan de unir el llano, descartando contar con Piar por
estar este en Guayana.
46
tomado desde el 7 de diciembre la Villa de San Fernando
de Apure, su vanguardia se ha unido ya al general Zaraza, y
bien pronto yo con el mío de Aragua me reuniré a esos dos
y marcharé rápidamente sobre Caracas. Los generales Piar y
Cedeño a la cabeza de otro respetable ejército, estrechan a
Guayana reduciendo los españoles al casco de la ciudad, y
el General Mariño con 3.000 hombres sitia a Cumaná con
el mayor suceso24.
47
PIAR ABRE CAMPAÑA EN GUAYANA
48
aprobación de la mayoría. Más adelante, habiendo
cruzado el río Cuchivero, tocaba cruzar el río Caura,
pero la falta de embarcación y lo ancho del río presentó
inconvenientes, y comenzaron las presiones por regresar.
Se hizo una nueva junta para analizar la situación y
acordaron continuar pero “(…) algunos oficiales, entre
ellos Juan Francisco Sánchez, quedaron descontentos
porque pensaban que debían regresar a unirse con Zaraza
y Monagas para ir a Caracas. Estos se separaron y se
fueron con algunos elementos de tropa”25.
Aquí es necesario resaltar que Piar, antes de llegar a
Guayana, conocía el plan de Bolívar. De hecho, había
venido con él desde Haití, y que en el Juncal decidió ir a
Guayana conociendo que el Libertador debía regresar de
un momento a otro, pues él mismo presidió el Consejo
de Guerra que decidió mandar a buscar al Jefe Supremo,
por eso muchos oficiales no estuvieron de acuerdo con
ir a Guayana, porque sabían que venía el Libertador.
49
Barcelona, quedando expuesta esta ciudad a los ataques de
los realistas26.
50
Luego de este triunfo, Piar hizo una proclama para
los Guayaneses donde les dice que ha llegado un ejército
fuerte conducido por la victoria para desprenderlos de
la dominación española y que disfruten del placer ines-
timable de la libertad. Y enseguida, se propone tomar
Angostura, se acerca a ella el 13 de enero y después de
los preparativos, el 18 de enero por la madrugada, lanza
el asalto que no tuvo resultados positivos. Los patriotas
son derrotados y sufren importantes pérdidas. Angostura
estaba muy protegida y era inexpugnable, provista de
numerosa tropa y abundante artillería, defendida por
tierra y por el río. Al día siguiente, después de recoger
los heridos y homenajear la valentía de los combatientes,
ordenando para ellos un distintivo en el pecho: “Valor
y Fortuna en Perroseco 1817”, dejó encargado de hos-
tilizar y sitiar a la ciudad, a Miguel Armas, y se marcha
al Juncal a legua y media.
Piar responde al Libertador un oficio de fecha 7 de
noviembre que, según el cronista de Ciudad Bolívar
Américo Fernández, había recibido con retardo de dos
meses. En esa comunicación ofrece un balance de sus
primeras acciones, como fue el asalto fallido a Angostura
y el cambio de estrategia para rendir a Angostura y a
la Guayana Vieja por hambre. Asimismo, le hace el re-
querimiento de la flota naval, aclarando que la escuadra
realista no era tan fuerte como se pensaba, y de la nece-
sidad de armas y municiones, con lo cual garantizaría el
51
éxito de la campaña. También expone su visión de todas
las ventajas de la Liberación de Guayana:
Excmo. Señor:
El día mismo en que pasado el Caura me preparaba para
mover el ejército sobre la capital de Guayana, tuve el honor
de recibir el oficio de V.E. fecha 7 de noviembre último. Su
recepción produjo generalmente una embriaguez de placer
solo igual a la que sigue a la victoria. La aproximación de
V.E. a su patria y los nuevos auxilios que la ofrece son las
más lisonjeras noticias con que pudiera halagarnos.
Como según aquel oficio yo espero que V.E. haya llegado
a alguno de nuestros puertos, me apresuro a darle una idea
de mi situación actual, de las ventajas obtenidas en esa pro-
vincia y de los medios que se necesitan para asegurar el éxito
de la campaña.
Las fuerzas enemigas batidas en el Caura (como verá V.E.
en el adjunto boletín) replegaron a la capital, entregándome
todo lo interior de la provincia, esto es, todo el territorio
desde las bocas del Caroní hasta más allá de las del Meta.
Me acerqué a la plaza el 13 del corriente y después de estar
frente de ella cuatro días, resolví el 17 un reconocimiento
con toda la fuerza, aproximándome cuanto fuese posible.
Las observaciones hechas este día me animaron a hacer una
tentativa sobre ella, y en efecto el 18 entre la una y las dos
de la mañana se ejecutó un ataque que nos hizo dueños de
una de las baterías y destruyó la fuerza que la defendía, y
aumentó el terror de que estaba poseído el enemigo.
A pesar de estas ventajas, nuestras tropas no pudieron pe-
netrar porque, rechazada otra división que debía forzar otro
puesto y las que destiné para llamar la atención por diferentes
puntos, la división vencedora replegó también y volvió a
abandonar el terreno ganado. Frustrada así la empresa con
52
pérdida de ochenta hombres, entre muertos y heridos, e in-
formado por los prisioneros tomados aquella noche de que
todos los intereses y municiones están a bordo y que nada
lograré con ocupar las paredes, he desistido de tomar la plaza
por asalto, y me he limitado a estrecharla por sitio.
Este plan me parece más conveniente, así porque es más
seguro y menos costoso, como porque da lugar a que se
venga a las bocas la escuadrilla que V.E. ha traído y logra-
remos por ese medio batir y apresar la enemiga que de otro
modo se llevaría todos los causales.
Yo espero que siendo mi proyecto tan conforme al bien de la
patria y a las intenciones y planes de V.E. merecerá su apro-
bación y la cooperación que pido de las fuerzas marítimas.
Nada hay que temer respecto a ellas. La escuadrilla enemiga,
lejos de ser tan fuerte como se ha creído hasta ahora, es muy
débil por su número y más aún por su tripulación.
Las ventajas que nos ofrece esta provincia libre son incalcu-
lables. Los inmensos caudales de los españoles en ella nos
proporcionan medios para adquirir de los extranjeros ele-
mentos militares; su situación nos da un asilo seguro, y la
moral pura de sus habitantes, no corrompidos todavía, nos
permite la organización de un ejército fuerte y valeroso,
capaz de libertar la República si V.E. viene a Guayana. Todos
estos recursos manejados por su sabia dirección adquirirán
un nuevo mérito y producirán efectos más grandes. Los
enemigos internos y externos temblarán; los pueblos conce-
birán esperanzas de ver restablecida la libertad, al contemplar
nuestra situación militar, y todos los negocios tomarán un
paso firme y regular. Dios guarde a V.E. muchos años.
Manuel Piar”27.
53
Posteriormente, recibe un oficio del Libertador de
fecha 1 de enero, donde le informa su arribo a Barcelona
y solicita información sobre sus operaciones y luego
desde esa misma ciudad, el 10 de enero 1817, Bolívar
de nuevo escribe a Piar y le pide que regrese a Barcelona:
54
nuestras comunicaciones externas, por donde recibimos los
auxilios y elementos para la guerra. No perdamos nuestros
esfuerzos. Aun no es tiempo de tomar a Guayana. Llegará
eso y con suceso28.
55
debía ser el primero en auxiliarlo. Entonces, fue cuando
lo salvó la llegada de Bermúdez.
Arismendi, después de haber estado en Guayana, en
su informe al Libertador le dice que ha percibido de Piar
razones que no puede sino explicar personalmente y le
llama a contrastar las respuestas que le dio a él y la que
escribió en la comunicación al Jefe Supremo. Arismendi
en el informe al Libertador le dirá que:
56
El contenido de esta comunicación de Arismendi
llama a reflexión respecto a lo que él pudo haber per-
cibido sobre la postura de Piar. Había, en algunos de
los jefes de la independencia como Páez y Mariño, la
tendencia a hacerse fuertes en una región y hacer de ello
su espacio de poder muy personal. ¿Hasta dónde Piar
no tenía un plan semejante?
Piar, persuadido de la importancia de Guayana para
la causa independentista, no estaba dispuesto, como
lo dijo en unas de sus cartas, a abandonar la región
hasta su liberación e insiste en sus ventajas. Tanto en
las respuestas que dio al Jefe Supremo cuando le solicitó
que regresara a Barcelona, como la que le dio a Páez a
través de su enviado, con la solicitud de auxilios mili-
tares autorizados por Bolívar, se negó diciéndole que
su disponibilidad estaba comprometida en la Campaña
de Guayana:
57
ser, pues, con preferencia, el objeto de nuestros esfuerzos. Sus
ventajas son incalculables, y los males que produciría el de-
jarla a nuestra espalda son conocidos de todo venezolano30.
58
Guayana Independiente, iba sustituyendo la autoridad
de los misioneros catalanes por militares, nombró a
Upata como Capital y para la administración general
de las Misiones designó al presbítero José Félix Blanco,
de integridad y honestidad a toda prueba, quien había
llegado a Guayana buscando al Libertador, desde Apure
donde colaboraba con Páez. Piar generó normativa y
giró instrucciones para el sano uso y protección de los
bienes que iban pasando a manos de la República.
Entre las previsiones de sana administración que
se planteó Piar estuvo abrir una pica que comunicara
con la Guayana Inglesa para generar intercambio co-
mercial con el gobierno de Demerara. Respecto a lo
cual, el historiador Ramón Azpurúa, como dice en su
libro, llama la atención sobre el hecho de que Piar ins-
truyó al Secretario para hacer una comunicación al
gobernador de Demerara, que inició diciendo: “En
nombre de S.E. el Jefe Superior de la República de
Venezuela, me dirijo a V.E. deseando establecer ...”;
pero, Piar mandó a quitarle lo que decía “En nombre de
S.E. Jefe Superior ...” y a poner: “Deseando establecer
entre esta provincia y esa colonia...”; lo cual refleja un
indicio de la predisposición de Piar a desconocer la
autoridad de Bolívar32.
59
Antes del paso de Caruachi, Piar tuvo una escaramuza
contra fuerzas realistas, 70 patriotas contra 300 rea-
listas, con resultados favorable a los patriotas, que le hizo
dueño de las Misiones. Parte de los realistas huyeron,
e igualmente, al ocupar a Upata el 6 de febrero, los re-
alistas se dispersaron y se replegaron hacia la Guayana
Vieja. Posteriormente, el 23 de febrero sale de Upata a
hacer un reconocimiento por la Guayana Vieja y tienen
una escaramuza con una partida de observación de los
Castillo, comandadas por el capital Lizarraga, con re-
sultados favorables a los patriotas e importante pérdidas
para los realistas.
Antes de regresar a Upata, se entera de la presencia
de otras fuerzas del enemigo a distancia cercana, y busca
el encuentro. Los realistas huyen y los persigue, solo 7
soldados logran refugiarse en Los Castillos, de los 400
que mandaba el jefe realista Torrealba, 150 se lanzaron a
una laguna, 100 quedaron prisioneros. Y dejó sitiada la
Guayana Vieja por Pedro León Torres. De estos avances
patriotas, la historiadora Hildelisa Cabello dice:
60
provenientes de las actividades agropecuarias de los 27
pueblos de misiones administrados por la reconocida orden
religiosa, las villas de Upata y Barceloneta, que en conjunto,
sumaban una población calculada en 1816, en 21.246 ha-
bitantes (...)33.
33 Ibidem, p. 47.
61
y aguardiente. Ese día mataron 15 caballos y quienes pu-
dieron completaron su ración con perros, gatos, lagartos
y hasta zamuros, ratas y ratones. El 8 fue día de júbilo y
la música bajó a la Muralla para saludar la llegada de 500
arrobas de tasajo procedentes del saladero instalado en
San Fernando de Apure por orden de Morillo y también,
arroz, maíz y otros combustibles enviados para su venta en
la plaza, también llegó un lote de reses despachados desde
Guayana Vieja. Estos auxilios animaron a los defensores y
fortalecieron su determinación de luchar hasta el último34.
62
Piar había dividido sus fuerzas en una extensa línea de ope-
raciones que siguiendo el Orinoco corría desde aquella plaza
hasta Guayana la Vieja, en Oriente. Esa dispersión de sus
efectivos militares (...). Las consideraciones de estas circuns-
tancias, de la cual Bolívar recibió prolija información, le
llevaron a formarse un plan que perseguía poner fin a la dis-
persión de las fuerzas realizadas por el general llanero, para
provocar su rápida concentración en un punto intermedio
entre Angostura y Guayana la Vieja y esperar allí el ataque
de la Torre35.
63
montados. Y, al padre José Félix Blanco, después de
confiarle el plan de la Torre, le pidió le enviase 500
caballos frescos, y en respuesta, Blanco le envió 700
caballos que alcanzaron a Piar en su retorno, en la vía
entre Upata y Altagracia. La caballería fue una de las
ventajas fundamentales que tuvo el ejército patriota
sobre el realista en la batalla de San Félix.
64
un bosque y pudo ser auxiliado por vía fluvial por la
marina de las fortalezas de la Guayana Vieja.
Las fuerzas patriotas estaban preparadas para esa ba-
talla, Piar había pensado y estudiado el espacio en el cual
debía desenvolverse la misma y realizó las maniobras
necesarias para obtener los resultados esperados.
Piar los esperaba al frente de la caballería de Cedeño,
los indígenas de Caroní y las tropas regulares traídas al
Orinoco después de la victoria del Juncal en las cer-
canías de Barcelona. Cedeño había quedado sitiando a
Angostura con una parte de su tropa.
Entre los oficiales que combatieron en la batalla de
San Félix, por parte de los patriotas, además del General
en Jefe Manuel Piar y su Secretario, el General Pedro
Briceño Méndez, estuvieron los coroneles José Antonio
Anzoátegui, Mayor General de la división; Pedro Chipía,
Jefe del Batallón Barlovento; Bartolomé Salóm y José
María Landaeta, comandantes del batallón Conquista
de Guayana; Teniente coronel Juan José Liendo, Jefe
del Batallón de Honor; José María Ponce, comandante
de la Brigada Guayana; Tenientes coroneles Pedro León
Torres y Pedro Hernández; capitanes Bruno Torres,
Juan Antonio Mina, José Montes, Joaquín Moreno,
Jorge Meleán, Lucas Carvajal, Pedro Martínez Aldao y
el teniente Juan José Quintero.
El mismo día de la batalla Piar escribe al Padre José
Félix Blanco informándole de la victoria obtenida y al
65
día siguiente vuelve a escribirle; esta vez muy agradecido
le dice:
66
BOLÍVAR ASUME EL MANDO
EN GUAYANA
67
Mientras Bolívar estaba en Guayana con Piar, entre
el 3 y el 5 de abril en inspección para conocer su plan
operativo, y cruza el Orinoco el 8 de abril para regresar
a Barcelona. Esta provincia cayó el 7 de abril, por un
ataque comandado por el Coronel Aldama, en manos
de los realistas, quienes perpetraron la masacre de la
Casa Fuerte, una fortificación donde, a la partida de
Bolívar hacia Guayana, se había refugiado parte de la
población. Él había destacado para protección de la Casa
Fuerte al General Manuel Freites con 700 hombres y
dado órdenes a Mariño de estar presto a su auxilio. Pero,
como pasó otras veces, Mariño no acudió por negarse
a cumplir órdenes del Libertador. En esa oportunidad
también ordenó a Bermúdez tomar el parque y esperarlo
en el Chaparro.
Cuando Bolívar se enteró de la masacre de Casa
Fuerte exclamó con indignación: “(…) hasta cuándo
seguirá Mariño haciéndole mal a nuestra causa con sus
ansias de poder, ¿no se da cuenta del daño que causa
al país con esa ambición que nada podrá satisfacer?”37.
Esa información la recibió Bolívar en el Chaparro,
en el camino hacia Barcelona, a su regreso de Guayana,
lugar donde había convocado a los generales patriotas.
Allí se consiguió con Arismendi, Bermúdez, Valdez,
Armario, Soublette, Jacinto Lara, Francisco Vicente
68
Parejo, Fernando Galindo, Rafael Guevara, entre otros,
que venían a encontrarse con él. Siguieron a su cuartel
general en el Juncal cercano a Barcelona y decidió, con
esos generales, regresar a Guayana y tomar el mando
de las operaciones.
En realidad, las circunstancias habían cambiado su
plan. El Libertador, regresó a Guayana el 2 de mayo a
tomar el mando de la campaña. Entonces ya había ocu-
rrido la batalla de San Félix el 11 de abril, la cual calificó
como: “el más brillante suceso que habían alcanzado las
armas en Venezuela”38.
Al asumir el mando, otorga a Piar el grado de General
en Jefe y divide el ejército en dos divisiones. Una, para
continuar el sitio a Angostura a cargo del General
Francisco Bermúdez y de Manuel Cedeño. La otra, para
sitiar a la Guayana Vieja (Los Castillos de Guayana) a
cargo de Piar, quien no aceptó y pidió a cambio se le
asignaran las Misiones. Así hizo Bolívar, pero Piar seguía
resentido. Su inconformidad no queda allí, pues co-
mienza a quejarse ante Bolívar del presbítero José Félix
Blanco, ya que las Misiones eran administradas por él
y al parecer su autoridad quedaba empequeñecida. En
realidad, era por la negativa de Blanco de cumplir una
69
orden de él que tenía implicaciones contra la autoridad
de Bolívar. Significaba que Piar iniciaba en las Misiones
su actividad conspirativa.
Los críticos de Bolívar señalan que Piar fue “privado
del mando de tropa”, ocultando que fue el propio Piar
quien se negó a comandar la división que sitiaría a la
Guayana Vieja, y a cambio solicitó las Misiones, donde
también se comandaba tropa. Él había quedado como se-
gundo Jefe del Ejército con jurisdicción militar superior
en las Misiones del Caroní. Más adelante, Piar solicitó
ser separado del cargo. La jefatura de esa división después
fue asignada por el Libertador al General Urdaneta,
quien recién llegaba a Guayana junto a Sucre.
En paralelo a estos acontecimientos, Mariño acon-
sejado por el canónigo José Cortés Madariaga, el 8 de
mayo organizó en Cariaco, a espaldas de Bolívar, un
Congreso, donde derrocan su gobierno poniendo de
nuevo en vigencia la Constitución de 1811 y sustituyen
su poder dictatorial por un Ejecutivo plural, donde lo
incluyen como uno de sus miembros. Dicha presidencia
se rotaba semanalmente y Mariño figuraba como co-
mandante general del ejército, ante una República con
un gobierno federal contrario a la visión centralista de
Bolívar, con un ejecutivo débil, inadecuado para tiempos
de guerra. En el congreso participaron insignes patriotas
que luego se arrepintieron de haberlo hecho y lo abando-
naron y se fueron con el Libertador; mientras Urdaneta
70
y Sucre, desde un principio, se negaron a convalidar lo
que a las claras era una maniobra de Mariño para quitar
a Bolívar el mando Supremo.
En Guayana, Piar, ante el congreso de Cariaco, trata
de convencer a los generales de crear un Concejo de
Generales para limitar la autoridad de Bolívar; con-
trapeso que según él restablecería la confianza y la
unidad. Pero su objetivo era apoderarse del mando.
Bolívar neutraliza el plan haciéndoles ver que lo conoce,
dando a algunos consejos y reprensiones. Al enterarse
del Congreso de Cariaco, el 16 de mayo simplemente
lo desconoce por ser ilegal, siendo él el Jefe Supremo
elegido por la Asamblea de Generales, pero siendo varias
veces confirmado sin ser consultado, enseguida tomó
medidas como, la separación del departamento militar
de Maturín del de Cumaná, que era controlado por
Mariño:
71
Piar hizo una comunicación el 21 de mayo a José
Félix Blanco con una instrucción muy comprometedora
que no fue acatada en totalidad por Blanco y que da idea
de la negación de Piar a cooperar con el Jefe Supremo,
pidiendo se le oculte información. Y en ese sentido,
es de preguntarse: ¿para que querría Piar disponer de
reclutas, mulas y caballos... a espaldas del Libertador?
72
en servicios del Estado: todas las han vendido o extraído por
cuenta de particulares. Pero hay más: quiere ahora el general
Bolívar que le mande para Margarita 1000 y 200, qué es lo
mismo que mandar a arrasar con cuántas hay. Vd. sabe que
el ejército carece de municiones, de armas, de vestido: sabe
el resultado de las comisiones que se han confiado a extran-
jeros para ir a buscar lo que necesitamos con nuestros inte-
reses: ninguno ha vuelto, y el que lo ha hecho ha sido con
la cuenta del Gran Capitán. Esta experiencia tan repetida
me ha hecho muy cauto, y me obliga a reservar cuanto se
pueda nuestros pequeños fondos. Así, creo que Vd. será de
mi opinión, y hará lo que he dicho con la última reserva,
comunicándolo solamente a Uzcátegui, para que esté en-
tendido de ello y pueda dar un número igual al de Vd. caso
que se le pida.
Soy de Vd. afectísimo amigo y compatriota que le desea
salud y Libertad.
Piar40.
73
la causa pública, y que fomentaría la anarquía, de lo cual
solo triunfarían los godos. La respuesta de Blanco fue:
74
el órgano del General Piar que dirigía las operaciones en
aquella jornada. Pues así es que la sirvo ahora por el órgano
del General Bolívar que ejerce la autoridad suprema que
hemos reconocido.
Siento verdaderamente que la carta y la misión que parece
traer el oficial que la condujo, no puede dar a Vd. otro re-
sultado que el que consigno en esta contestación; pero deseo
que Vd. no dude, sin embargo, de la sinceridad de la esti-
mación que le profesa su amigo y compatriota.
José F. Blanco41.
75
de junio de 1817: “(...) Según estoy informado por el
General Piar, no se ha tratado de erección de nuevo go-
bierno, o a lo menos no ha llegado a su noticia. Lo que
se intenta no es crear, es reformar el que hay, y hablando
en términos propios, ayudar a Vd. en el gobierno...”42.
La vida de ese Congreso fue efímera, primero que
varios jefes militares entre ellos Sucre y Urdaneta la re-
chazaron y se negaron a participar, también porque
Morillo al preferir ir a vengarse de los Margariteño antes
que ir a Guayana, comenzó su ataque por la península
de Paria desde Cariaco, pasando por Carúpano hasta
Güiria. Y luego los miembros de ese gobierno qui-
sieron ponerse a salvo mudándose hacia Maturín, pero
el Almirante Brión les negó el apoyo de sus barcos de
traslado, porque se marchaba para ponerse a la orden
del Libertador en Guayana.
76
EL DESCONTENTO DE PIAR
77
Querido amigo:
Recibí a su tiempo el oficio de Vd. del 6, en Capapuy, que
he visto con el mayor sentimiento, porque le sobra a Vd.
justicia para quejarse de veras; pero, amigo, también a mí
me debe sobrar la prudencia para sobrellevar los negocios
del gobierno, siguiendo el giro de las circunstancias (...).
Querido amigo yo le pido a Vd. por favor que sufra y calle
como lo hacemos todos por el bien de la Patria, que bien o
mal, muy pronto ha de variar nuestra situación de un modo
muy sensible. Yo creo que no se pasará este mes sin que la faz
de nuestros negocios haya recibido una alteración extraor-
dinaria, sea salvándonos, sea perdiéndonos, y entre tanto,
trabaje Vd. como siempre, con la actividad, celo y patrio-
tismo que necesitamos para librarnos de nuestros crueles
enemigos. No altere Vd. en nada las instrucciones que ha
recibido para el servicio del Ejército, solo sí dirigiéndose
a Piar para que él conozca que Vd. se somete voluntaria-
mente, y haga. Este nuevo sacrificio por su país; pero no nos
olvide Vd. ni nos deje de escribir todo lo que sea necesario.
Adiós querido amigo, mande Vd. a su afectísimo servidor
que lo aprecia.
Bolívar43.
78
otro, y le pide paciencia, pues si la relación se complica
que mejor deje las Misiones:
79
Las quejas de Piar hizo que Bolívar finalmente re-
moviera a Blanco de las Misiones. Y le dice a Piar, en
una carta del 19 de junio de 1817, que lo hace para
complacerle, pero le señala que es una equivocación lo
que tiene contra Blanco. Y le pide que no se separe de
su cargo. Piar había planteado su separación aduciendo
enfermedad, el Libertador trata de persuadirlo de que
no se vaya:
80
General: prefiero un combate con los españoles a estos dis-
gustos entre los patriotas. V. sí que está prevenido contra su
compañero, que debe saber que son amigos y de quien no
debe separarse para el mejor servicio de la causa. Lo con-
trario es servir a la de la opresión. Sí: si nos dividimos; si
nos anarquizamos; si nos destrozamos mutuamente, aclara-
remos las filas republicanas, haremos fuertes las de los godos,
triunfará España, y con razón nos titularán vagabundos.
No insista V. en separarse de su puesto. Si V. estuviera a la
cabeza, yo no lo abandonaría, como no abandonaré al que
lo esté mañana, sea quien sea, con tal que tenga legitimidad
y lo necesite la Patria. La Patria lo necesita a V. hoy como lo
que es y mañana habrá de necesitarlo como lo que por sus
servicios llegare a ser.
No dude de mi sinceridad. Avíseme qué otra medida con-
viene dictar en el Gobierno de las Misiones de acuerdo con
U. Soy un amigo de corazón.
Bolívar45.
81
el buque que le acomode pueda trasladarse a las colonias
extranjeras: por tanto, ordeno y mando a las autoridades
sujetas a la República y a las neutrales y amigas ruego y
encargo, le presten los auxilios que necesite, quedando no-
sotros obligados a hacerlo con los de su nación.
Dado, firmado de mi mano, sellado con el provisional de
la República, refrendado por el secretario de la Guerra, en
el Cuartel General de San Miguel, a 30 de junio de 1817.
Bolívar. (L. S).
J. G. Pérez, Secretario de Guerra46.
82
LA LIBERACIÓN DEL RÍO ORINOCO
83
de lograr el cierre definitivo del sitio en Angostura y la
Guayana Vieja.
Cuando Bolívar asumió el mando el 2 de mayo,
se planteó un nuevo asalto a Angostura. Piar le dijo
que los Angostureños solo se rendirían por hambre y
que no valdría la pena ese sacrificio. Pero el 4 de mayo
Bolívar dio la orden del asalto y hubo un nuevo fracaso.
Entonces, dice Manuel Alfredo Rodríguez que: “Bolívar
por el revés sufrido y la presunción de una inminente
llegada de Morillo o de un auxilio suyo, movieron al
Libertador a estrechar con mayor rigor el asedio de las
dos Guayana”47.
Se planteó, entonces, el dominio del río Orinoco y el
13 de mayo Bolívar dio instrucciones a Brión para que
viniera con la Escuadra Naval a su mando a Guayana
y mientras llegaba:
84
En San Miguel se fabricaron flecheras con las cuales
se hostigaban las embarcaciones realistas que circu-
laban por el río, logrando así impedir la comunicación
entre Apure y Angostura. Bolívar también instruyó a
Arismendi la construcción de un Fuerte en la ensenada
de Cabrián, cercano a la Guayana Vieja para protección
de la Escuadra de Brión.
Hay historiadores que a fin de negar la afirmación
de Bolívar de que para liberar a Guayana se necesitaba
una flota naval respetable, restan importancia a las es-
trategias de dominio del río emprendidas por él. Las
consideran acciones militares secundarias, y que para
lograr la rendición realista era suficiente con sostener el
asedio terrestre sin tomar en cuenta que estos recibían
algunos auxilios por el río y habían desarrollado una gran
resistencia, con la esperanza del auxilio de Morillo. Es el
1 de julio que Bolívar, por interceptación de correspon-
dencia49, se entera que Morillo ya no iría al Orinoco,
que se había regresado en mayo desde el Chaparro para
ocupar Margarita, aprovechando la llegada de Canterac
con 3.000 hombres.
Miguel de la Torre, desde el 30 de mayo50, estaba
en conocimiento que ya Morillo no iría a Guayana,
sin embargo, mantenían la esperanza de su regreso,
85
porque él había dejado dicho que al desocuparse de
Margarita vendría a Guayana en su auxilio. De allí la
resistencia realista y la necesidad de los patriotas de
apurar el abandono de Angostura y Guayana Vieja por
parte de los sitiados, haciendo más eficiente el asedio,
bloqueando el tráfico realista del Orinoco.
La prueba de la necesidad de estrechar el sitio por
vía fluvial fueron las goletas norteamericanas captu-
radas y confiscadas en el Orinoco en el mes de julio,
llevando provisiones y armas a los españoles. Las cuales
fueron reclamadas un año después por un agente nor-
teamericano y se mantuvieron en poder de los patriotas
porque violaron el bloqueo a los puertos de La Guaira,
Cumaná, Puerto Cabello y las bocas del río Orinoco,
siendo decretado en enero de 1817 por el Libertador y
publicado en marzo por la gaceta Norfolk.
El Almirante Brión se presentó con su flota en
Guayana en julio. Desde finales de mayo había crecido
el hostigamiento patriota por el río, asaltando puestos
realistas con las embarcaciones fabricadas en San Miguel
y con el apoyo de los indígenas Caribe en sus curiaras.
Al tiempo que iba creciendo la flota con las embarca-
ciones incautadas en los asaltos. El historiador Asdrúbal
González cita a Bolívar:
86
(...) ‘sería infinitamente mayor nuestras ventajas si logramos
ser dueños del río y apresamos los buques fondeados en An-
gostura y la Vieja Guayana, cargados de ricos intereses del
Rey (...)’, y agrega que: ‘durante su visita a las Misiones y a
los astilleros de San Miguel organiza el asalto al apostadero
de la isla de Fajardo que le provee de un rico botín de guerra
y una magnifica base de operaciones sobre el río, por lo que
muda su cuartel general para San Miguel’51.
87
nos han servido de guía las relaciones citadas de los españoles
y los documentos que hemos podido reunir53.
88
en la vuelta del Torno, donde se mantenía oculto hos-
tigando a embarcaciones realistas entre Angostura y
Apure para obstaculizar los suministros a Angostura y
la Guayana Vieja. Con esta acción se dio un duro golpe
a los sitiados, pues en adelante quedó roto el suministro
de alimentos que llegaba de Apure.
89
El combate de Pagayos
El 8 de julio, Bolívar ha instruido al Almirante Brión
de ingresar al Orinoco. Navegaba adelante y a gran
distancia de los buques patriotas la escuadra sutil,
comandadas por el margariteño y Capitán de Navío
Antonio Díaz, quienes en su travesía se encontraron con
la escuadra real. Entre 11 y 16 buques de mayor porte
muy bien armados, y sin embargo los patriotas con 5
flecheras dieron un combate muy desigual y glorioso en
la isla de Pagayos, resultando triunfantes los patriotas.
Es de resaltar que el primero que enfrenta el combate
es Fernando Díaz, con tres flecheras. Muere asesinado
por lo realistas. Al enterarse su hermano Antonio Díaz,
salió con 2 flecheras a vengar a su muerte y en heroico
combate asalta y derrota a los buques realistas que en-
cuentra. Recuperó las flecheras que le habían quitado a
su hermano y puso en fuga al resto de las embarcaciones
realistas. Esto permitió la entrada de la escuadra de Brión
al río Orinoco hasta la punta de Cabrián, donde fue
construido un fuerte para su protección, y le esperaba
nuestro Libertador, con gran alegría.
Como consecuencia de la entrada del Almirante
Brión al Orinoco, el jefe realista Miguel de la Torre
decide evacuar Angostura y refugiarse en Guayana Vieja.
El bloqueo era completo por todas partes, el hambre
era general e insufrible para los sitiados, ya de la Torre
sabía que Morillo no vendría de inmediato a Guayana.
90
Y Morillo, al enterarse de la entrada de Brión al Orinoco
y de la evacuación de Angostura, abandona Margarita,
donde había sido derrotado en la batalla de Mata
Siete, y se marcha a Caracas para protegerla de Bolívar.
La batalla de Cabrián
Entre el 3 y el 5 de agosto, en Guayana Vieja, en la en-
senada de Punta Cabrián, se inicia la batalla de Cabrián,
que fue un combate doble: fluvial y por tierra, los es-
pañoles que huyeron de Angostura se habían refugiado
en Guayana Vieja (los Castillos de Guayana), pero a los
15 días deciden abandonar y combatir. El 2 de agosto
deciden evacuar, son 4.000 personas, entre ellos, los
soldados, que eran 1.436. Todos se embarcaron en 34
naves: 22 de guerra con 108 cañones y 12 de transporte.
De inmediato comienza en el Orinoco el combate con
las naves de Brión: 5 bergantines, 3 goletas y las fle-
cheras y cañoneras que comanda Rafael Rodríguez con
los indios Caribe. En tierra, Pedro León Torres con los
batallones Barlovento y Guardia de Honor, hacían fuego
contra las naves españolas.
El 3 de agosto José Antonio Anzoátegui ocupa la
Guayana Vieja, mientras en el río, en los sitios de La
Tórtola, Sacupana, Imataca y Boca Grande, la escuadra
de Brión se bate contra la escuadra realista. En medio de
una fuerte tormenta, los combates duran 3 días, al cabo
de lo cual, la flota realista fue destruida, salvo 2 buques
91
donde escapan los jefes, entre ellos Miguel de la Torre.
Hubo muchos muertos y prisioneros del lado realista.
Los patriotas capturaron el bergantín que llevaba los
recaudos, entre ellos, las riquezas de las Misiones esti-
madas en 100.000 pesos. Con este gigantesco triunfo,
los patriotas lograron la liberación del río Orinoco y la
liberación definitiva de Guayana. El 6 de agosto Bolívar
escribe a Martín Tovar, desde Angostura:
92
se trata de un documento apócrifo, hecho después de
1832. Esa era una práctica muy común en esos tiempos,
en especial de José Domingo Díaz, el director de la
Gaceta de Caracas, periódico realista que tomaba las
cartas del Libertador y las modificaba para introducir en
ellas ideas muy crueles a fin de generar intriga entre los
patriotas. La alteración de documentos del Libertador
también fue practicada durante los tiempos que inte-
resaba provocar la separación de Colombia la grande.
93
PIAR, CONSPIRACIÓN Y APREHENSIÓN
94
que ya hacía antes en las Misiones después de la salida
del Padre Blanco. Luego se fue a la mesa de Angostura
en compañía de sus edecanes y algunos miembros de
los Dragones. Allí solicitó a Cedeño que le planteara
a Bolívar se hiciese un Consejo de Guerra para que se
evaluaran las acusaciones de que era objeto en relación
al manejo de las cuentas públicas, a lo que Cedeño
accedió y se trasladó al Cuartel General de Casacoima.
Piar aprovecha para continuar con su objetivo de dividir
y seducir oficiales, y promover la desobediencia de la
tropa, reviviendo la rivalidad de pardos contra blancos.
En sus arengas decía: “que era de absoluta conveniencia
deshacerse de Bolívar y todos los blanquitos caraqueños
que querían mandarlos”56. Con la salida de Piar de las
Misiones, el Padre Blanco fue devuelto a las mismas.
95
el ejército después del triunfo de San Félix y de aprovecharse
de sus trabajos y de su victoria en Guayana para gloria propia
y menoscabo de la suya57.
96
Maturín, donde busca establecer contacto con Mariño,
quien por esos días había sido derrotado por las tropas
de Morillo y Canterac, perdiendo desde Cariaco,
Carúpano y Güiria. Mariño estaba en San Francisco y
al enterarse de la presencia de Piar lo manda a buscar.
Mariño y Piar regresan a Maturín juntos, se esta-
blecen al otro lado del río Guarapiche frente a la ciudad,
en un plan de hacerse de esa plaza. Andrés Rojas les
impidió entrar con tropa a Maturín y después de ame-
nazarlos de responder si cruzaban el río, resolvió me-
diante negociación un apoyo de municiones y ganado
que ellos adujeron era su interés. Rojas escribió al Jefe
Supremo informado que Piar había pasado de Maturín
a Cumanacoa, y que en Maturín decía:
58 Ibidem, p. 126.
97
ejército. Sin embargo, en el Departamento de Maturín,
los alzamientos sediciosos constituían una seria amenaza
contra la unidad del ejército, por el descontento de
Mariño y Piar, quienes se quejaban del gobierno de
Bolívar criticando la Jefatura Suprema. En esa circuns-
tancia, el Libertador decide enviar al General Manuel
Cedeño, quien ejercía en la Gobernación de la provincia
Guayana, a que vaya con el Escuadrón Caicara contra
la sedición de los rebeldes en Maturín59:
59 Ibid. p. 129.
98
Terminada la comisión de V.S. regresará a esta plaza a en-
cargarse del Gobierno de esa provincia, para yo continuar
las operaciones de la campaña en el Occidente contra el
enemigo común.
Dios guarde a V.S. muchos años.
Simón Bolívar60.
99
(…) la patria y la felicidad general, reclaman imperiosamente
el castigo del faccioso que las perturba. Las fuerzas de usted,
señor General, pero sobre todo el valor e interés de usted por
el bien público, son más que suficientes para la aprehensión
de Piar y de sus partidarios. Las circunstancias son las más
oportunas; aprovéchelas y proceda a desempeñar su impor-
tante comisión conforme a mis instrucciones62.
62 Ibidem, p. 133.
100
Cedeño más tarde dijo a Piar excusara el procedimiento, pero
cumplía orden del Jefe Supremo de conducirlo a como diera
lugar al Cuartel de Angostura, dada su manifiesta resistencia,
pero que nada debía temer puesto que solo se pretendía poner
en claro situaciones que perjudicaban la unidad del ejército
y conciliar las diferencias. El General Piar accedió y aunque
protestó la forma como había sido traicionado e irrespetada
su jerarquía, reconoció su error y quedó convencido de que
lo más sensato era cobijarse bajo una sola causa, bajo una sola
bandera y bajo un solo jefe. Ya en Maturín, a donde fue con-
ducido esa misma mañana, así lo manifiesta en carta enviada
al General Santiago Mariño63.
63 Ibid., p. 135.
101
Cuando yo quise disponer de las tropas contra los que in-
tentaban a la sombra del pabellón contra mi alta jerarquía,
el Comandante Carmona los hizo desfilar y se formó apo-
yando la caballería, lo que sirvió de señal para declararme
prisionero.
Este acontecimiento mi querido amigo os debe servir de es-
cuela para conocer el resultado de los partidos entre indi-
viduos que hayan cubiertos de, un mismo cielo, que siguen
una misma causa, y hacen unos mismos sacrificios: en los
momentos en que se divide un pueblo y aparecen mandando
los jefes de la Sociedad ya no hay seguridad, y el que se cree
más apoyado es el primero que se sacrifica. Estas son las cir-
cunstancias en que nos hallamos y es necesario, y de una
necesidad absoluta de que mande un hombre a Venezuela.
¿Y quién debe ser? Naturalmente está llamado al mando su-
premo del Estado el General Bolívar, no hay una circuns-
tancia en que no apoye esta verdad, pues si es innegable este
principio unámonos compañero y amigo con el General Bo-
lívar que es el Jefe que más desea esta satisfacción que tantos
bienes trae a la República.
Yo por mi parte he resuelto en mi corazón no militar bajo
otras banderas que aquellas que manda el Jefe Supremo, pues
he conocido mi error, y el sacrificio que iba a hacer de la Re-
pública por un motivo que no tenía de legal que los resenti-
mientos de mi corazón, no os puedo decir más para animaros
adoptar el partido de la unidad de la República pues de este
modo participaremos de la gloria que conseguirán todos los
que contribuyen a la Libertad general de la República.
Yo hablo con libertad, y solo manifiesto los sentimientos
de mi corazón, créeme tú eres el Segundo de la República
y cuando el General Bolívar se separe de estas provincias yo
debo hallarme a tu lado, y todas estas circunstancias reunidas
me hacen hablar con franqueza.
102
Cuando fui sorprendido creí haber caído en manos de mis
enemigos, pero cuanto se engaña el corazón del hombre;
yo herido tratado con toda dignidad de mi carácter y una
porción de amigos, han derramado sobre mi alma la con-
fianza, el consuelo y la esperanza todo lo que encontré en
Maturín, son documentos de unidad de amistad, y de con-
cordia, no te engañes créeme.
Piar64.
103
Fue conducido a Maturín y después a Guayana por
Juan Francisco Sánchez, mientras Cedeño, permaneció
por Cumanacoa para entrevistarse con otros disidentes.
Quedaba pendiente apresar a Mariño, pues Cedeño
también recibió instrucciones al respecto pero en este
caso Bermúdez y Sucre convencieron al Libertador de
resolver esta disidencia por vía de la política y así se hizo.
104
PRISIÓN Y JUICIO A PIAR
105
Piar llega preso a Angostura el 3 de octubre y fue recluido
en una de las casas al norte de la plaza de Angostura que
servía de despacho al Estado Mayor e inmediatamente
Bolívar, como Jefe Supremo, abre el proceso de juicio
a Piar con la designación del Juez Fiscal de la causa,
que recayó, por el Reglamento, en el General Carlos
Soublette, así como la designación del Secretario para lo
cual nombró al Capitán José Ignacio Pulido.
Señor General de Brigada Jefe de Estado Mayor General, Carlos
Soublette.
Señor General:
El señor General Piar, acusado de los crímenes de insubor-
dinado a la autoridad suprema, de conspirador contra el orden
y tranquilidad pública, de sedicioso, y últimamente de desertor,
debe ser juzgado conforme a nuestras leyes.
Como en virtud del artículo 4º capítulo 3º del reglamento de
29 de mayo último corresponde a V.S. instruir el proceso, pro-
cederá V.S. a ello a la mayor brevedad en clase de Juez Fiscal,
hasta poner la causa en estado de ser juzgada por el Consejo de
Guerra que se nombrará oportunamente para su decisión, con
arreglo al mismo capítulo 3º del citado reglamento.
El Capitán ciudadano José Ignacio Pulido actuará en calidad de
Secretario.
Los trece adjuntos documentos impondrán a V.S. de la con-
ducta y atentados del acusado. V.S. hará de ellos en el proceso
el uso que es debido.
Dios guarde a V.S. muchos años.
Cuartel General en Angostura a 3 de octubre de 1817.- 7º.
Bolívar65.
106
El procedimiento del juicio fue más o menos el si-
guiente: designado el General Soublette como Fiscal de
la causa, se juramenta al Secretario, Capitán del batallón
de Cazadores de Honor, José Ignacio Pulido, y cuando
correspondió a Piar hacer su declaración, se le instó a
nombrar su Defensor, designando al Teniente Coronel
Fernando Galindo.
El Fiscal recibió del Libertador 13 comunicaciones
que, a su vez, él recibió con denuncias y detalles del
proceso de apresamiento de Piar, a partir de las cuales
formularía la acusación, y se presentaron nueve testigos.
Luego se tomó la declaración a Piar y se cumplió la
fase de ratificación de la declaración donde llaman al
testigo, le leen la declaración tomada por el Secretario
y deben ratificar o no que eso fue lo que efectivamente
dijeron. Luego, una fase de careo entre el acusado y los
testigos, para leerle la declaración del testigo al acusado,
y le preguntan que tiene él que decir al respecto, donde
el acusado niega o reconoce, según el caso, lo dicho
por el testigo que le acusa. Igualmente, se le pregunta a
cada uno si hay alguna causa de enemistad u odio entre
ellos, lo cual no arrojó el reconocimiento de algún caso
de enemistad.
Después que declararon los testigos, el Fiscal informa
que ya el expediente está sustanciado, por lo que el Jefe
Supremo designó el 14 de octubre al Consejo de Guerra,
donde el Fiscal presentó cargos y el Defensor hizo sus
alegatos por escrito.
107
El Consejo de Guerra fue constituido por: Almirante
Luis Brión, Presidente.- Pedro León Torres.- José Antonio
Anzoátegui.- José de Ucrós.- José María Carreño.- Judas
Piñango.- Francisco Conde. De estos generales era co-
nocido que tres fueron amigos de Piar, a saber: Luis
Brión, Pedro León Torres y José Antonio Anzoátegui.
El 15 de octubre, el Concejo de Guerra dictó sen-
tencia, condenándolo a ser pasado por las armas. Al
Jefe Supremo le correspondió confirmar o conmutar la
sentencia, quien la confirmó el mismo 15 de octubre,
sin degradación. Y fijó la fecha de su fusilamiento para
el día siguiente, el 16 de octubre, a las 5 de la tarde y
que fuese público, en presencia de todo el ejército.
En el libro de Félix Blanco y Ramón Azpurúa hay
una relación testimonial de Juan José Conde de sus
últimos momentos. Piar fue notificado de la condena
por el Secretario, Capitán José Ignacio Pulido, en horas
de la mañana, el mismo día de su ejecución. Su primera
reacción fue de desgarramiento y dolor, no por cobardía
dijo al Capitán Conde quien le custodiaba, sino por
sorpresa, no esperaba esa pena, el destierro quizás. Luego
se recupera y asume con entereza su suerte y pide se
le permita a él mismo conducir la escolta que lo iba
a ejecutar pero no fue autorizado. Se confesó ante un
sacerdote, rezó y besó el crucifijo en la marcha hacia el
paredón de fusilamiento. Le leyeron de nuevo la sen-
tencia al pie de la bandera del batallón de honor, la
108
escuchó con la mano en el bolsillo y la mirada perdida
en el paisaje, intentó impedir que le vendaran los ojos,
luego lo admitió y descubrió en su pecho su esclavina.
Al día siguiente de ejecutada la condena, Bolívar hizo
una proclama para los soldados del Ejército Libertador.
¡Soldados!
Ayer ha sido un día de dolor para mi corazón. El general
Piar fue ejecutado por sus crímenes de lesa Patria, conspi-
ración y deserción. Un tribunal justo y legal ha pronunciado
la sentencia contra aquel desgraciado ciudadano, que em-
briagado con los favores de la fortuna y por saciar su am-
bición, pretendió sepultar la Patria entre sus ruinas66.
109
de las de Piar, el dictamen del Juez Fiscal y los alegatos
de la Defensa67.
N°1: esta comunicación es la de Juan Francisco
Sánchez, el primero que por escrito al Libertador de-
nuncia a Piar. Dicen algunos historiadores críticos del
Juicio, que era enemigo de Piar, sin embargo no pre-
sentan ningún documento que lo pruebe. Lo que está
registrado es que fue uno de los que quiso regresarse
cuando Piar entraba a Guayana, y en efecto, lo abandonó
junto con elementos de tropa cuando se presentaron
las dificultades para pasar del río Caura por lo ancho y
caudaloso del río y la carencia de embarcaciones.
Igualmente, se puede observar en su correspondencia
que él tenía gran respeto y admiración por Bolívar. Es de
suponer que esos historiadores toman ese concepto de
los argumentos del Defensor de Piar, quien dijo que Juan
Francisco Sánchez era enemigo de Piar. Sin embargo, en
el careo de los testigos con el acusado, a este le hicieron
la pregunta de si había existido alguna causa que pudiera
significar que el testigo era su enemigo, y el acusado lo
negó con ese y con los demás testigos también.
110
Los detalles de la comunicación de Juan Francisco
Sánchez son muy comprometedores. Él dice que llegó
a Guayana y Piar lo recibió con mucho afecto, pero
enseguida le dijo:
111
el pasaporte que había recibido del Libertador para que
transitara con seguridad por el país o en el extranjero.
En el Juicio, Piar dijo que la razón por la cual había
buscado a Mariño era para que le diese un pasaporte
nuevo, por habérsele quedado el que le dio Bolívar.
N° 3: informe de Cedeño. Acusa recibo de una co-
municación del Libertador y muestra satisfacción por
la medida tomada por el Jefe Supremo de llamar a Piar
al Cuartel General. Opina que con esa acción ese plan
maquiavélico quedaba cortado, y dice “que las personas
capaces de seguirlo ya conocieron la verdad y desean
castigo”. Es muy difícil acusar a Cedeño de enemigo de
Piar. Se ha querido sembrar la idea que todos los que
acusaron a Piar eran enemigos de él, muy injusto en el
caso de Cedeño, siendo que él fue un general pardo que
contribuyó mucho al triunfo de Piar en Guayana, su
apoyo fue imprescindible y no ha recibido el suficiente
reconocimiento su protagonismo en la Campaña de
Guayana.
N° 4: oficio de Bermúdez a los generales Zaraza,
Monagas y Andrés Rojas, informándoles detalladamente
de la situación presentada con Piar: que ha desertado
al negarse ir al Cuartel General del Jefe Supremo y les
ordena en nombre de este aprehender a Piar “(…) re-
mitiéndolo, con el decoro que merece su empleo, a dar
cuenta de su conducta al Magistrado, cuya justificación
no será capaz de aplicarle un castigo sin que preceda
112
el competente juicio a que estamos sujetos todos los
militares”.
N°5: oficio de Bermúdez, informándole a Bolívar de
haber regresado la curiara donde viajaba la concubina
de Piar, un par de mulas y su archivo privado.
N°6: comunicación de Juan Francisco Sánchez, res-
pondiendo a una solicitud de caballos del Jefe Supremo
y a más información sobre la conspiración de Piar, y le
da detalles de cómo al Teniente Coronel José Manuel
Torres le tocó explicar a Calixto y al Coronel Hernández
lo que ocurría con Piar, y los desengaña de su versión.
Igualmente, informa que Piar abordó a casi todos los
comandantes de caballería y oficiales subalternos, y que
ellos habían sido sensibles a lo dicho por Piar: de que
había sido separado del ejército por ser mulato. Explica
las acciones tomadas para hacer que se conociera la
verdad, y que los primeros avisos de la conspiración de
Piar se le deben al Coronel Manuel Torres.
N° 10: oficio de Andrés Rojas contestando otro de
Bolívar, a quien le dice que Piar a él no le confesó sus
ideas, pero sí quiso aprovechar la inocencia de algunos
vecinos, y que sin embargo sus ideas fueron vista con
horror, y que no consiguió apoyo en Maturín y salió a
buscar a Mariño.
N° 11: Andrés Rojas reporta a Bolívar el intento de
Piar y Mariño de entrar con tropa a Maturín, que él,
estando previamente en conocimiento de esa situación
113
cruzo el río Guarapiche para conversar con ellos, quienes
alegaron querer solo algunos auxilios, y que para evitar
una guerra civil acordó que pasaran solo ellos y les en-
tregó un apoyo de pólvora, resmas de papel y una caja
de guerra, ofreciéndoles unas reses, pero posteriormente
supo de 150 reses contratadas por un extranjero, que
fueron sacadas por uno carabineros de Piar o de Mariño.
Agrega que es probable que regresen en 15 días y él no
tiene gente para enfrentarlos.
N° 12: Andrés Rojas informa al Libertador que supo
de dos personas que llegaron de Cumanacoa contando
que Piar se encuentra allá y les había dicho que Bolívar
se había proclamado rey y siendo la guerra contra los
reyes, era necesario pelear contra Bolívar y que la tropa
de Piar había jurado sacrificar hasta la última gota de
sangre luchando contra el Libertador. En consecuencia,
reitera la solicitud de auxilio de tropa.
N° 13: correspondencia de Manuel Cedeño dando
reporte al Libertador de los detalles de la aprehensión de
Piar. Dice: que llegó por la noche a la posada de Andrés
Rojas, donde fue informado por él y Juan Francisco
Sánchez, quien había llegado primero; que Piar estaba
en Aragua con 100 fusileros, por lo que mandó por el
Comandante Femayor con 40 hombres y salió en la ma-
drugada del 27 a buscar a Piar; que lo encontró y le pidió
le acompañase pero mostró resistencia y determinación
a morir antes que ir con él; que Piar dio instrucciones
114
al comandante de los fusileros de arremeter, por lo que
Cedeño se dirigió a ellos para convencerles de que no
atacaran, diciendo que eran hermanos de armas, entre
otras palabras, de manera que Carmona, el comandante
de los fusileros, obedeció a Cedeño y Piar sacó su espada
e hizo tentativas, por lo que fue sometido por la fuerza.
Se han resumido las comunicaciones más relevantes.
Lo que se puede observar son los argumentos que utilizó
Piar para ganar seguidores para combatir a Bolívar, los
cuales fueron principalmente: que él había sido separado
del ejército por ser mulato; que Bolívar se había pro-
clamado rey y que él, poniéndose a la cabeza de un
ejército, liberaría a los que por ser pardos estaban siendo
privados de sus derechos naturales; y que sus tropas
habían jurado sacrificar hasta la última gota de sangre
en lucha contra los mantuanos.
Otras comunicaciones van dando cuenta de las dili-
gencias. Primero, para citarlo al Cuartel General y una
vez que evade hacerlo y se fuga, las medidas desplegadas
para su persecución y aprehensión, en caso de que se
resistiera, como efectivamente lo hizo, haciendo además
armas contra quien lo apresó, que fue Cedeño.
115
Extracto de las declaraciones más relevantes de
testigos contra Piar
Primer testigo, Coronel de infantería Juan Francisco
Sánchez. Segundo testigo, Coronel de Caballería Pedro
Hernández. Tercer testigo, Teniente Coronel Olivares.
Cuarto testigo, Alférez Peralta. Quinto testigo, Capitán
de navío Antonio Díaz. Sexto testigo, Capitán Ramón
Machado. Séptimo testigo, Timoteo Díaz. Octavo
testigo, José Claro Sixto. Noveno testigo, Teniente
Coronel Francisco Pildain.
116
y que cuando dio parte al señor General Bermúdez de la
sesión que acababa de tener con el señor General Piar, le
expresó del Jefe haber recibido ya iguales informes de los
proyectos de Piar, que este había hablado en particular a
todos los comandantes de caballería que se hallaban en esta
plaza y algunos subalternos; que de todo había dado parte al
Gobierno, habiendo tomado todas las medidas correspon-
dientes en el asunto, de acuerdo con el General Cedeño; que
lo mismo le dijo este Jefe a quien también dio parte de dicha
sesión, el cual le añadió que había reunido en su casa a los
Jefes subalternos de su Brigada y les había hecho ver que si
el General Piar se ausentaba de esta provincia era a solicitud
suya espontánea, como se evidenciaba de la carta que dirigió
al Jefe Supremo, y que le manifestó original, a virtud de la
cual había obtenido una licencia temporal del Gobierno,
para curarse, que no era perseguido y que los principios que
proclamaba eran injustos y perniciosos: injustos, pues que el
hombre por los fundamentos liberales de la República estaba
en el goce de la más perfecta igualdad; y perniciosos, porque
el General Piar solo aspiraba a subvertir el orden social y a
envolvernos en todos los horrores de la guerra civil; que no
sabe qué promesas les hiciese, ni con qué prospecto; que
tampoco ha sabido si trató de extender su Seducción hasta la
tropa, ni de qué medios pudiera valerse, ni si tenía agentes.
117
asesinar, nombrando solo entre los que tenían este intento,
al Presbítero ciudadano José Félix Blanco, lo que sorprendió
mucho al declarante. Que al día siguiente, habiendo vuelto
a ver a dicho señor General, le dijo aquel que no obedecía
las órdenes del Jefe Supremo, y que era necesario que se re-
uniesen todos los pardos y que matasen a todos los blancos;
que solo por ser pardo era perseguido, y que estaba ya re-
suelto a destruir a aquellos, y convidaba e incitaba al ex-
ponente a que abrazase estas ideas y formase partido entre
todos los de esta clase, asegurándole con solo la caballería
que estaba sitiando esta plaza y los Dragones que estaban
del otro lado del Caroní eran suficientes para realizar su
proyecto; y diciéndole que los pardos no valían nada entre
los blancos, que estaban sin mando y sin ningún influjo,
porque estos querían tener todo el poder y solo destruyén-
dolos serían felices y todas las ventajas estarían de su parte.
Que quería el señor General Piar con esta halagüeña pers-
pectiva hacer que el declarante entrase en su conspiración;
pero él guardó silencio, conociendo los males que envolvía
semejante intento....
(...) que cuando el General Piar vino del otro lado de las
Misiones el exponente fue a encontrarle por comisión del
General Cedeño al sitio de Montecristo, en donde se avistó
con él y entonces el General Piar lo recibió diciéndole que
venía huyendo de las Misiones porque lo trataban de sa-
crificar y que a no ser por un amigo que le escribió del
Cuartel General avisándole del peligro a que se exponía si
se dirigía al paso de Caruachi, habría sido sacrificado; que el
118
Jefe Supremo le había dado su pasaporte a pedimento suyo;
que se lo habían dado con mucho gusto, porque él tenía el
delito de ser pardo, y que estos no podían gobernar a los
blancos; que se iba a otro lado del Orinoco en donde toda
la gente era suya; que iba a formar un ejército con el que
acabaría con medio mundo, y que nunca más obedecería a
Bolívar, ni se pondría a sus órdenes; que el exponente trató
de disuadirlo diciéndole que él estaba alucinando, que en el
ejército todos lo querían, que todos eran sus amigos, y que
el primero y principal Jefe Supremo; que se viniese con él
a la posada del señor General Cedeño, que él estaba seguro
que hablando con el Jefe Supremo todo se compondría, sin
que fuese necesario su pase al otro lado, lo que podría aca-
rrear graves males; que el General Piar aceptó el convite que
le hacía de pasar a la casa del General Cedeño, sin que por
eso desistiese, asegurando siempre que se iba al otro lado,
pues él jamás podría servir a las órdenes del General Bolívar.
Que estando ya alojado en la casa del General Cedeño, fue
llamado un día por el señor General Piar, quien le descubrió
entonces su proyecto de conspiración; que la República no
podría ser nunca feliz mientras estuviese el General Bolívar
a la cabeza, el que tenía a su lado una porción de pícaros
que no trataban más que de imponer la ley, e iban a cau-
sarnos toda especie de males, los que eran necesario evitar;
que siendo la clase de pardos más numerosa que la de los
blancos, debían reunirse y acabar con ellos, especialmente
con los mantuanos de Caracas; que él estaba seguro que con
solo marchar con las fuerzas que sitiaban esta ciudad al otro
lado del Caroní disipaba las tropas del Cuartel General del
General Bolívar, porque todas se vendrían a su partido, y que
entonces se encontrarían este Jefe solo y burlado, y el reali-
zaría su proyecto acabando con el Jefe Supremo y matando
a todos los blancos; que siendo él pardo (el General Piar
habla), habiendo hecho tantos servicios a la Patria y dado
tantas pruebas de su valor y demás cualidades militares, él
119
era el que habrá de ponerse a la cabeza de las tropas y de
la República, que solo sería feliz de este modo, instándole
a que se uniese a él en sus proyectos y designios, que sería
feliz, y que se desengañase de que los pardos nunca tendrían
influjo ni representación mientras los blancos gobernasen,
empleando todos los medios imaginables para persuadir al
que declara de la posibilidad en que se encontraba de rea-
lizar su intento, y asegurándole que contaba con todas las
tropas, y en suma, le decía que si quería convencerse más, le
escribiría al General Anzoátegui y vería por su contestación
si tenía fundamento para hablar con esta seguridad; a lo que
el exponente le contestó que no le escribiese, porque podía
comprometer al mencionado General, y que se dejase de
aquello, que un movimiento semejante al que proponía iba
a arruinarnos para siempre; y que empeñado en sus deseos
conciliatorios le añadió que todo podía remediarse; que si
su principal disgusto era porque había pícaros al lado del
Jefe Supremo, estaba seguro de que luego que el General
Piar le hablase los separaría de sí, con otras observaciones
semejantes que no producían efecto alguno en el ánimo
del mencionado General, quien concluía diciéndole que
si no encontraba aquí todo el partido que se suponía, iría
a otra parte y que haría la guerra como era debido a los
perturbadores. Que desde entonces siguió manifestando
públicamente, en presencia de oficiales y tropas, los mismos
proyectos, no obstante la súplica del declarante para que
se moderase, haciéndole ver los perjuicios que nos traía su
conducta; pero que como viese que no se contenía, tomó
el partido el que expone, de dirigirse a todos los oficiales
con quien tenía alguna amistad, y manifestarles los enormes
daños a que nos exponíamos, si el General Piar encontraba
partidarios en un atentado como aquel, que además de que
nos desacreditaría a los ojos de todo el mundo, debía causar
nuestra ruina innegablemente, y que sería la acción más
negra de ingratitud para con un hombre como el General
120
Bolívar, cuyos servicios, sacrificios y desinterés eran tan no-
torios, y que sobre todo, era el único hombre que podía
salvarnos por su opinión, integridad y conocimientos....
(...) dijo que sí fue a Maturín con las tropas que marcharon
con el General Cedeño, que también se encontró en el
pueblo de Aragua el día 27 cuando se verificó la aprehensión
del señor General Piar. Que habiendo marchado a Maturín
al pueblo de Aragua, en el piquete de caballería que llevó
el señor General Cedeño, llegaron a su destino por la ma-
drugada; que en el momento se dirigió el General Cedeño
a la casa del General Piar y fue destinado el exponente con
un piquete de carabineros a observar los movimientos de
un cuerpo de infantería que estaba acuartelado, que luego
observó que el oficial Carmona, que mandaba este cuerpo,
se dirigía al cuartel, y que cuando el declarante se disponía
a impedirle se comunicase con la tropa, llegó el Coronel
Sánchez y tomándole por el brazo se retiró en conversación;
que poco después salieron los Generales y se dirigieron al
Cuartel de infantería, con cuyo motivo el declarante se
formó con su tropa; que este movimiento dio ocasión al Co-
mandante Carmona para que dijese al General Cedeño que
él los trataba con desconfianza pues que les ponía avanzada,
lo que produjo contestaciones de una y otra parte, termi-
nando por imponer arresto el General Cedeño al Coman-
dante Carmona; que luego siguió un debate entre el General
Cedeño y el General Piar, aquel persuadiéndole a que le si-
guiese a Maturín con arreglo a la orden del Jefe Supremo, y
este negándose a seguirle, hasta el término de decirle que sí
lo llevaría a Maturín, pero sería en punta de una lanza; que el
General Cedeño le dijo que él había llevado tropas, no para
121
traerle en la punta de una lanza, sino para hacerle obedecer;
que entonces dirigiéndose a la infantería les dijo que no
había venido a hacerles la guerra, que todos eran hermanos
y que su comisión solo se dirigía a conducir al General Piar a
la presencia del Jefe Supremo; que el General Piar entonces
le dijo que no le sedujese su tropa, amenazando con que pa-
sarían con su espada al primero que se moviese sin su orden;
a lo que el señor General Cedeño repuso que él los defen-
dería con la suya, y volviéndose hacia el General Piar le dijo
terminantemente que era menester siguiese con él a Ma-
turín; y conociendo entonces el General Piar que tanto el
General Cedeño como los oficiales que le acompañaban es-
taban resueltos a hacer obedecer la orden del Jefe Supremo,
mandó al Comandante Carmona se pusiese a la cabeza de la
infantería y tirando de su espada se dirigió también a ella, a
cuyo movimiento correspondió el Coronel Sánchez tirando
de su sable, sin que sepa el exponente si fuese porque el Ge-
neral Piar lo amenazase; que en este momento cercaron al
General Piar entre el General Cedeño y los demás oficiales
que lo acompañaban y lo desarmaron, y que el Comandante
Carmona desfiló con la infantería y se apoyó en la caballería,
quedando desde entonces el General Piar arrestado.
122
alojado el mencionado señor General Piar, quien luego que
entró lo llevó a la Secretaría y estando solos le dijo que tenía
que tratarle asuntos de la mayor importancia, a lo que creyó
el que declara que sería alguna comisión del Gobierno de
que iba encargado, pero que en seguida le preguntó si bajo
la fe de la amistad se comprometía con él a auxiliarle con
sus fuerzas para la ejecución de una empresa de que le iba a
hablar; que el exponente le contestó que él estaba sin nin-
gunas, a causa de la mucha avería que había experimentado
en el fuerte combate de Pagayos, y que había mandado sus
buques a Margarita a repararse; entonces le dijo, que ha-
biendo él tratado en esta provincia de que se estableciese
un Gobierno a fin de que no residiesen todas las facultades
en una sola persona, como residían en el Jefe Supremo,
había tratado de sacrificarlo los mantuanos y él se había
visto forzado a huir para salvarse; que él llevaba el designio
de reunir en aquella provincia de Cumaná, con la opinión
de que gozaba entre sus habitantes, un grande ejército para
volver a repasar el Orinoco; que en provincia de Guayana
había dejado un gran partido y que estaba seguro de triunfar
de los mantuanos, a quienes era menester matar absoluta-
mente, porque sus miras no eran otras que las de destruir a
todo hombre de color; que destruido que fuese este partido,
él establecería un Gobierno, ofreciéndole al exponente el
empleo de Almirante de la República, cuyo título le dio por
dos o tres veces en la conferencia; a todo lo que el que declara
le contestó negativamente, diciéndole que él no encontraba
de manera alguna en semejante designios, que él había re-
cibido órdenes del Jefe Supremo y del Almirante para venir
a Guayana, y que iba a obedecerlas; que entonces el General
Piar le dijo que de ninguna manera viniese, porque lo sacri-
ficaban. Que luego le preguntó dicho General en qué había
venido a Maturín, y sobre la respuesta del que declara de
haberlo verificado en una lancha, le propuso fuese a apode-
rarse de una flechera que estaba en Güiria, y tomase además
123
algunos otros buques amigos o enemigos que encontrase en
el Golfo o en los caños, pues desde aquel momento reputaba
por enemigo a todo buque que tuviera comercio o relación
con esta provincia, insistiendo siempre en el proyecto que
queda referido; que el declarante le reiteró nuevamente su
designio de cumplir las órdenes para volver a esta provincia,
y se terminó esta sesión; pero que al salir el General Piar
para San Lorenzo a reunirse con el General Mariño, le dijo
al exponente que no saliese de Maturín, pues si venía a esta
provincia sería sacrificado al momento; que su nombre solo
y su reputación eran su delito....
124
General Piar pasase a su Cuartel General en Casacoima a
hablar con él, y caso que se denegase lo remitiese bajo la se-
guridad de dos Coroneles; que al momento mandó al decla-
rante el señor General Bermúdez a la casa del General Piar,
a decirle que tuviese la bondad de pasar a su posada a hablar
con él asuntos interesantes; que Piar contestó que iría al
momento, y que apenas el que expone había dado esta res-
puesta al señor General Bermúdez, cuando llegó el Edecán
del General Piar, Teniente Coronel Juan Antonio Mina, di-
ciéndole de parte de aquel que se hallaba indispuesto, que
por esto no pasaba a su casa y que si algo tenía que tratarle lo
hiciese por escrito; que a vista de esto se le pasó por el señor
General Bermúdez copia del oficio del Excmo. Señor Jefe
Supremo, el mismo que puso en manos del General el que
declara y recibió por respuesta que estaba bien: que en este
estado y observando el señor General Bermúdez que lejos
de cumplir el General Piar con lo que se le prevenía estaba
haciendo pasar sus bestias al otro lado de la Soledad, dispuso
hacer volver estas por varios tiros de fusil que se dirigieron
a las canoas, y ordenó al exponente pasase a la Brigada del
señor Coronel Briceño a tomar veinte y cinco hombres que
con un buen oficial custodiasen en su posada la persona del
General Piar, pero que habiendo solicitado en ella, mani-
festaron que había salido en aquel momento; que con este
motivo la tropa se devolvió a su cuartel y algunos oficiales
fueron comisionados en este día por los señores Generales
Bermúdez y Cedeño para aprehenderlo y no tuvo efecto por
no haber sido hallado....
125
Declaración del noveno testigo,
Teniente Coronel Francisco Pildain
126
propósitos que las provincias fuesen divididas como
estaban antes y que los mantuanos gobernaran en oc-
cidente y Mariño y él en oriente. Es muy importante
esto porque refleja cómo pensaba Piar igual que Mariño
y otros jefes patriotas muy miopes, en relación a los
objetivos de Bolívar de construir una gran nación,
mientras que ellos solo querían liberar un territorio
que sería su espacio de poder, lo que Bolívar llamaba
las republiquetas.
Después de las declaraciones de los testigos, estos
fueron llamados de nuevo para leerles su declaración
y que ratificaran o no las mismas, salvo un testigo que
desertó, todos los demás ratificaron las declaraciones
que habían dado.
Entre los que llamaron a presentarse dos veces, figura
Antonio Díaz, debido a que Piar lo menciona en sus
declaraciones como persona de honor que puede dar fe
que él lo que promovía era la unión en el ejército, sin
embargo, en el careo con Piar Antonio Díaz sostuvo su
declaración anterior.
Igualmente, Francisco Sánchez fue llamado por
segunda vez y sometido al careo con Piar, quien res-
pecto a la acusación de los hechos relacionados con la
conspiración, dijo que no podía afirmar que el testigo
mentía, ya que él no recordaba los hechos, que por esos
días estaba con una imaginación muy acalorada, casi
enloquecido:
127
(...) que se conforma en cuanto a la relación que hace de
lo ocurrido en Aragua, y a su fuga de esta ciudad que ya
tiene confesado, pero en cuanto a lo demás de la declaración
del presente testigo y a lo que lee en el documento número
primero, sin embargo, que no puede asegurar que el testigo
mienta, le es imposible traer a su memoria todas las especies
que detalla, pues se contraen precisamente a una época en
que el acusado tenía su imaginación tan acalorada que casi
podía considerarse como un loco....
128
que se me calumniase y vilipendiase; pero es falso el que
convocase, ni en público ni en privado, a los hombres de
color, a la conspiración de que se me acusa; a nadie he hecho
comprometimientos, de nadie he formado apuntes, a nadie
he visitado ni hablado más que con los que han venido a
verme (…).
Desde el momento que llegué a Maturín y me desmonto
en la posada del señor General Rojas, a donde con este
motivo se había reunido una porción de oficiales y vecinos
del pueblo, pasados los primeros cumplidos, les dije en voz
alta y lo continué haciendo mientras permanecí en aquel
pueblo, sobre la unión de todas las clases, diciéndoles que
el único modo de salvarnos era el que los blancos, pardos,
negros e indios se uniesen y estrechasen cada vez más; que
cuando se vio en particular con sus amigos, y estos le pre-
guntaron sobre la causa de su viaje, les dije que me iba de
este país, huyendo de las calumnias que contra mí se habían
levantado, atribuyéndoseme entre otras cosas, la usurpación
de intereses del Estado, y para evitar que me sacrificasen
como me habían hecho creer algunos, me quejé de estas in-
justicias, pero privadamente, en conversaciones particulares,
con personas de confianza y con mucho menos calor que
cuando estaba en esta provincia, porque lejos ya del peligro
que se me había hecho temer, mi imaginación se había des-
pejado y se había tranquilizado mi espíritu; (...).
(…) Sobre esto atestigua todo el pueblo de Maturín, pu-
diéndose examinar, sin perjuicio de la brevedad de la causa,
al Capitán de navío Antonio Díaz y al Teniente Coronel
Pache, quienes, sí son oficiales de honor y no dudo decla-
rarán lo mismo que dejo relatado (...).
Es cierto que me fue comunicada la orden del mismo Jefe
Supremo en Aragua por el General Cedeño, como también
es cierto que traté de hacer armas contra este General y el
piquete que lo escoltaba, también es cierto que me resistí a
129
seguir con el General Cedeño, pero esta resistencia no nacía
de un principio de insubordinación, sino del temor que me
inspiraba la proscripción publicada contra mí en el mani-
fiesto dado por el Jefe Supremo en la ciudad de Guayana; si
el General Cedeño me hubiese manifestado un documento
del Jefe Supremo en que se me asegurase la remisión de las
faltas que hubiera cometido, yo habría venido voluntaria-
mente (...).
El cargo que me le hace es falso y ridículo, no cabe en el
sentido común, y casi no debía habérsele dado entrada en
este proceso; pero esto mismo corrobora más la proposición
que acaba de asentar en la anterior pregunta, y es que la más
negra intriga se ha formado para perderme, para manchar
y oscurecer mis distinguidos servicios a la República, y des-
truir en el corazón de mis compatriotas hasta el último senti-
miento de la gratitud y del aprecio que les he merecido (...).
130
Extracto del Dictamen del Juez Fiscal
131
los testigos y su firmeza en las confrontaciones desvanecen
todos los efugios de que quiera valerse el reo para eludir los
cargos (...).
En vano Piar ocurrirá a alegar sus antiguos servicios a la Re-
pública, como pruebas de su presente y su futura conducta.
Si sus servicios fueron grandes en los combates, fueron su-
periores sin duda las recompensas que por ello recibió, no
obstante que los resultados no fueron siempre tan favorables
como debía esperarse. En vano alegará Piar su fuerte ad-
hesión al Jefe Supremo y su fidelidad al Gobierno en los
últimos períodos de esta tercera época (...)”.
Piar ha querido armar la mano del hijo contra el padre, la del
hermano contra el hermano y hasta la de la oveja contra su
pastor, contra los Ministros del Señor y padres espirituales
de los pueblos. Ningún sagrado podía libertar la víctima, en
medio del exterminio general (...).
132
más le habían apreciado; asestado por émulos o enemigos
secretos; instruido falsamente por amigos suyos residentes
en el Cuartel General, que se proyectaba su sacrificio; y
dotado de un carácter desconfiado, al mismo tiempo que
violento y tímido, se creyó perdido, y se vio fuera de sí,
cuando se le ordenó su ida a Casacoima (...).
(...) Cuando los vencedores del Alacrán se hallaban en una
lamentable orfandad por la sensible separación de su caro
Jefe Supremo; cuando el triunfador de Morales estaba más
protegido de la fortuna y más amado de sus súbditos; y
cuando todo parecía someterse a la fuerza de su espada, de
su dicha y de su opinión, no se le veía mover los labios sino
para proferir las voces de amor, veneración y fidelidad al Su-
premo Jefe Simón Bolívar, él logró inspirar este sentimiento
universal en su ejército (...).
¿Cómo es que puede ser conspirador el que más ha con-
tribuido a sostener al Jefe que hoy por fortuna nuestra nos
rige? ¿Cómo será insubordinado un General que ha sido el
modelo de la obediencia y del respeto al Gobierno? ¿Quién
fue sino mi defendido el que en la ausencia de la autoridad
suprema se rehusó vigorosamente y despreció con una dig-
nidad heroica las sugestiones y las lisonjeras promesas que le
brindaba el General Mariño? (…).
«Un solo voto», decía frecuentemente, «un solo voto no más
debe haber en Venezuela. Bolívar, Bolívar es el salvador de
este país, y yo no me tranquilizaré hasta no verle y hasta no
acabar de exterminar el último de sus enemigos. A él solo
obedeceré, y me sacrificaré donde me mande con la última
obediencia y voluntad. Mientras me quede un soldado, con
él solo haré la guerra al mundo entero por sostener su auto-
ridad» (…).
Solo me extiendo a creer que la vehemencia de sus pasiones,
la impetuosidad de su carácter, la indiscreción de algunos in-
dividuos, el sentimiento de creerse ofendido y despreciado,
133
el mismo amor y una especie de celo porque creía que el
Supremo Jefe no lo distinguía según quería y merecía; he
aquí lo que le habrá hecho expresarse de un modo que ni se
acuerda, ni sabe lo que le ha dicho. En una fibra tan irritable
como la suya, y en un hombre que desgraciadamente se tras-
porta y enfurece hasta el término de perder el juicio, no es
de admirar nada de esto. Deploremos su carácter, culpemos
más bien a la naturaleza, y no a la inteligencia del infeliz
General Piar (...).
Piar, calumniado atrozmente por sus perseguidores, hasta el
extremo de asegurar que había robado ochenta mil pesos,
en alto grado adolorido, ulcerado su corazón de una manera
inexplicable, y cansado de recibir avisos de que se intentaba
matarlo, este Jefe hoy tan desdichado, todo se desconcertó,
habló sin saber lo que decía como un frenético o loco, cargó
de imprecaciones a sus enemigos, vomitó quejas terribles,
y gritó furiosamente contra los que sospechaban le querían
perder; pero sin depravada intención y sin proyectos tan cri-
minales como los que se le atribuyen (...).
Si mi defendido encerraba en su seno unos planes tan ale-
vosos y homicidas, ¿por qué se desprendió de su valiente
escuadrón todo compuesto de hombres que le idolatraban
tanto, y todo de gente de color? ¿Por qué no se opuso a en-
tregarlo? ¿Por qué no los invitó a esta horrorosa ejecución,
ni les dijo lo que a los testigos que tiene en contra? ¿Por
qué no se fue a tomar el mando de su división? ¿Por qué no
les escribió a sus oficiales amigos? ¿Por qué no convidó al
proyecto a sus predilectos Generales Anzoátegui y Torres?
¿Cómo no declaró sus ideas a su confidente, a su amigo y
a su querido Secretario Briceño? ¿Cómo no comprometió,
ni se valió de su edecán, el guapo Comandante Mina? (...).
El acto de acogerse al General Mariño, de quien siempre ha
sido enemigo, prueba bien claramente que su espíritu no
estaba todavía muy tranquilo, ni su juicio muy en su lugar,
134
para refugiarse en casa del que más le ha odiado siempre.
Piar sencillamente declara que su objeto era irse a las Co-
lonias a gozar de alguna tranquilidad; lo que es bastante
verosímil porque este su antiguo deseo, y por esto fue que
exigió el permiso temporal que...
Él y yo nos tranquilizamos al ver que va a ser juzgado por
un Tribunal de Jefes rectos que no serán insensibles a sus
grandes y continuados servicios, a su mérito, a sus padeci-
mientos y a los laureles que ha recogido en tantos gloriosos
campos, cuya ilustre memoria no se puede recordar sin in-
teresar la compasión. Contemple V.E. y [Link]., señores Mi-
nistros del Consejo, que este es el mismo General Piar que
tantas veces ha dado la vida a la República, que ha roto las
cadenas de tantos venezolanos y que ha libertado provincias,
que su espada es más temible a los españoles que lo que es la
de Napoleón, y que a su presencia han temblado todos los
tiranos de Venezuela (...).
135
Generales, celebrado el día 15 de octubre de 1817, en la casa
del Excmo. Señor Almirante Luis Brión, que lo presidió,
siendo Jueces de él los señores Generales de Brigada Pedro
León Torres y José Anzoátegui, Coroneles José de Ucrós y
José María Carreño y Tenientes Coroneles Judas Piñango y
Francisco Conde, sin que compareciese en el mencionado
Tribunal el referido reo por no haberlo estimado necesario
el Consejo; y oída la defensa de su procurador, y todo bien
examinado le ha condenado y condena el Consejo a ser
pasado por las armas, arreglándose a la ley prescrita en el
artículo veintiséis, tratado octavo, título décimo de las or-
denanzas generales.
Plaza de Angostura, 15 de octubre de 1817.-7º.
Inmediatamente pasó el General Carlos Soublette, Juez
Fiscal a la posada del Jefe Supremo junto con el Secretario
José Ignacio Pulido y entregó en su mano todo el expediente
relativo al proceso. El mismo día, el Jefe Supremo la con-
firmó en los siguientes términos:
136
con la aprobación de la sentencia, y para que conste lo
pongo por diligencia que firmo igualmente.
Carlos Soublette.
J. Ignacio Pulido,
Secretario.
137
cadáver desfilaron en columna las tropas que se hallaban
presentes, y llevaron luego a enterrar al cementerio de
esta ciudad donde queda enterrado; y para que conste
por diligencia lo firmó dicho señor con el presente
Secretario.
Carlos Soublette.
J. Ignacio Pulido,
Secretario.
138
acabará de conjurar los elementos de sedición y guerra civil
obras como usted sabe del General Piar.
Desde que esté llegó a esta, fue sometido a la autoridad
competente y se abrió su causa que sentenciará el consejo de
guerra, conforme a las leyes vigentes. Piar debió haberse so-
metido, sin seguir armado, cuando vio de bulto que el país
ni el ejército seguía en el crimen. Habría tal vez ameritado el
perdón pacífico del gobierno; le seguiría el general Mariño
y quedando así sofocada la sedición, acaso hubiera caído un
velo sobre todo.
Mi deseo particular, privado, es ahora que el Consejo puede
conciliar el rigor de la ley y el crédito del gobierno con los
merecimientos del reo. Escogeré para el Consejo de Guerra
de entre los oficiales generales con las cualidades que quiere
la ley, aquellos que yo sepa que no tienen motivos de resen-
timiento con Piar. Brión, su paisano y su más íntimo amigo
será el presidente y en los demás vocales se encontrarán cria-
turas de aquel.
Ojalá que el Consejo si aplica la pena mayor, me abra
camino, camino claro para la conmutación; y que el ejército
o los cuerpos más cercanos y de la capital, por sus órganos
naturales, la pidan, sin separarse de la disciplina. Entonces
la responsabilidad del perdón si este fuera indiscreto lo com-
partiremos los que estamos levantando y sosteniendo el edi-
ficio de la república.
Sofocada la sedición, sometidos o castigado de alguna
manera los culpables, la vindicta pública estará satisfecha; se
vigorizarán la disciplina y obediencia del ejército; nuestros
enemigos del extranjero no tacharán nuestra obra de falta
de autoridad; y los malvados godos se encontrarán sin
base para calumniarnos; no dirán que somos una horda de
vagabundos.
139
¿Qué más tengo que decirle?, lo demás, que no es de una
carta privada, lo encontrará usted en la correspondencia
oficial.
Vuelvo a recomendarle prontitud en encargarse del mando
de Cumaná.
Adiós general y amigo soy siempre su afectísimo amigo.
Bolívar68.
140
José Feliz Blanco y la comunicación a Mariño, el 28 de
septiembre de 1817, un día después de su apresamiento.
En el mundo militar, la insubordinación es seve-
ramente castigada, en especial en tiempos de guerra,
y la deserción también. Sin embargo, Bolívar muchas
veces había perdonado la insubordinación, tales fueron
varias veces el desconocimiento de su autoridad por
parte de Mariño, Bermúdez y Piar, al igual que la de-
serción. Un ejemplo, es el caso reclamado por Piar, de
los Dragones de Caracas, quienes estando con Piar en
Guayana, se escaparon para ir a encontrarse con Bolívar
cuando tuvieron noticias del regreso del Libertador
a Barcelona procedente de Haití con la expedición
de Jacmel. Recuérdese que el ejército que llevó Piar a
Guayana tenía un componente importante de oficiales
que venían con Bolívar en la expedición de los Cayos.
En comunicación de Piar a Bolívar, expedida en el
Cuartel General de San Felipe, el 31 de enero de 1816,
Piar pide castigo para los Dragones de Caracas y en ella
le dice que deben expiar la falta con su vida, por ser un
ejemplo que no se podía permitir:
141
tal naturaleza que la impunidad, o un castigo menos severo,
serían seguido de la ruina de la República (...)69.
142
La principal estrategia de Bolívar era unir las dife-
rentes guerrillas y construir un ejército de mando único,
objetivo que era amenazado por la anarquía que sem-
braba las continuas disputas de poder. La falta de Piar
se hacía más grave por cuanto él era un General en Jefe.
La autoridad de Bolívar como Jefe Supremo había sido
atentada en diferentes ocasiones por Bermúdez, Mariño
y Piar, y había sido causa de tragedias.
La autoridad de Bolívar estaba en proceso de conso-
lidación, y que él pudiese saltarse una opinión unánime
del Consejo de Guerra era un asunto muy delicado. En
la carta a Bermúdez, dice claramente que:
143
(...) que en aquella época su nombre era ya conocido, su
reputación se hallaba establecida, pero no como él mismo
lo quería y como era necesario para llegar a dominarlo todo
y alcanzar a independizar todo el país, hacerlo libre y cons-
tituirlo bajo el sistema central; que grandes obstáculos se
presentaron ocasionados por la rivalidad, la ambición y la
enemistad personal; que la muerte del General Piar fue en-
tonces de necesidad política y salvadora del país, porque sin
ella iba a empezar la guerra de los hombres de color contra
los blancos, el exterminio de todos ellos y por consiguiente
el triunfo de los españoles; que el General Mariño merecía la
muerte como Piar, por motivo de su disidencia, pero que su
vida no presentaba los mismos peligros y por esto mismo la
política pudo ceder a los sentimientos de humanidad y aun
de amistad por un antiguo amigo y compañero. Las cosas
han mudado bien de aspecto, entonces la ejecución del Ge-
neral Piar, que fue el 16 de octubre de 1817, fue suficiente
para destruir la sedición, fue un golpe maestro en política,
que desconcertó y aterró a todos los rebeldes, desopinó a
Mariño y a su congreso de Cariaco, puso a todos bajo mi
obediencia, aseguró mi autoridad, evitó la guerra civil y la
esclavitud del país, me permitió proyectar y efectuar la ex-
pedición a la Nueva Granada y crear después la República
de Colombia. Nunca ha habido una muerte más útil, más
política y, por otra parte, más merecida71.
144
Juicio a Piar: ¿justo o injusto?
A partir del fusilamiento de Piar se han vertido opi-
niones contra el Juicio que lo condenó tildándolo de
injusto, afirmando que los testimonios fueron falsos y
el juicio fue manipulado por el Libertador y por Carlos
Soublette. Para algunos piaristas y el cronista de Ciudad
Bolívar Tavera Acosta a la cabeza de ellos, todos los tes-
tigos mintieron y todo fue una trama montada por el
Libertador contra Piar72. Tavera Acosta es ubicado por
Vallenilla Lanz como uno de los detractores de Bolívar
y lo califica de “escritor de mentalidad inferior”73.
Algunas de las razones que atribuyen al supuesto
injusto sacrificio de Piar, son: porque era pardo, tal
como el mismo Piar alegó para sublevarse; junto a ese
argumento se agrega la supuesta envidia de Bolívar de la
gloria de Piar; que Bolívar a diferencia de Piar, no tenía
la visión de la potencialidades de Guayana y que por
eso le solicitó que se regresara a Barcelona y abandonara
Guayana; que fue fusilado porque se negó a regresar a
Barcelona; que por Bolívar venirse a Guayana se produjo
la masacre de Barcelona; que Piar fue el primero en
emprender acciones militares para liberar Guayana;
145
que Piar era mejor militar que Bolívar; que la batalla de
San Félix fue la única batalla planificada de la Guerra
de Independencia, esas son algunas de las intrigas que
se propagan y todas van contra Bolívar.
Insinuar que los testimonios fueron falsos y el juicio
manipulado por Soublette y Bolívar equivale a poner
en entredicho la integridad moral del Libertador y del
resto de los generales a quienes correspondió la difícil
responsabilidad de juzgarlo, desconociendo que Bolívar
cuidó con celo la práctica de la justicia a la que consideró
la reina de las virtudes: “…la Justicia es la reina de las
virtudes republicanas y con ella se sostiene la igualdad
y la libertad que son la columna de este edificio”74.
Piar fue fusilado por delitos de insubordinación,
deserción, conspiración y sedición, pero sobre todo por
la conspiración, que significaba una guerra civil entre
castas. Sus delitos fueron atestiguados firmemente, a
los que Piar iba invitando a participar le hacían ver
que le acompañarían y después lo denunciaban. Sobre
el argumento de que se le fusiló por pardo, es negar
que al menos en el ejército se practicaba la igualdad
que Bolívar tanto defendió. De hecho era norma en la
colonia que los pardos en el ejército realista no llegaban
146
sino al grado de capitán, mientras que Piar en el ejército
patriota llegó a ser General en Jefe y que otros pardos
y negros llegaron a ser coroneles y generales. El ejército
patriota era la vanguardia del pueblo que luchaba por la
independencia y por un nuevo orden social republicano,
basado en la justicia y la igualdad.
Sobre la supuesta falta de visión de Bolívar sobre las
potencialidades de Guayana, opinión de la historiadora
Hildelisa Cabello, hemos desarrollamos en el capítulo
“Los Aprietos de Bolívar en Barcelona” evidencias de
que sí estaba Guayana en sus miras y conocía las poten-
cialidades de la misma, y que otros jefes patriotas, antes
que Piar, habían entrado a Guayana, como Cedeño y
Monagas y también que Bideau, ya había planteado al
Libertador en Haití un proyecto para liberarla y que
esas estrategias fueron expuestas por Bolívar.
Igualmente, mostramos las peligrosas circunstancias
que rodearon al Libertador en Barcelona y la necesidad
de defender esa plaza, razones por la cual este insistió en
varias oportunidades en que Piar regresara a Barcelona.
Solo la fortuna de la llegada de Bermúdez a Barcelona
en auxilio del Libertador lo salvó del trance tan grave
por el que estaba envuelto él y la República.
La acusación a Bolívar sobre su supuesta responsa-
bilidad de la masacre de la Casa Fuerte es lo contrario,
cuando Piar se trajo el ejército a Guayana, Barcelona
quedó en riesgo.
147
Nada más absurdo que afirmar que Bolívar tenía
envida de Piar, siendo el Libertador alguien que dio
suficientes muestras de generosidad, desprendimiento
y grandeza de su carácter. Estuvo siempre exaltando
sin egoísmo la valentía y el arrojo de los guerreros ve-
nezolanos y sus valientes jefes, a quienes él llamaba
los bravos de los bravos. Al respecto de la envidia a
Piar, citemos a Daniel Florencio O’Leary quien dice
del Libertador: “El desprendimiento, el desinterés, la
virtud en él parecían instinto.” (...) Ídolo del ejército,
participaba con el soldado de sus peligros y fatigas; y
conservaba la disciplina. Querido del pueblo, obedeció
como ciudadano a la ley”75.
Que Piar fue mejor militar que Bolívar o que la ba-
talla de San Félix fue la única batalla planificada de la
Guerra de Independencia, solo puede ser afirmado con
la mala intención de quienes se valen de la poca infor-
mación al respecto del ciudadano común. La historia ha
demostrado el genio militar del Libertador, quien creó
una doctrina militar para que un ejército pequeño y con
pocos pertrechos, regularmente en desventaja numérica,
pudiera ganar a una potencia de la época.
148
En la primera biografía de Manuel Piar que hizo el
historiador Ramón Azpurúa, quien vivió en esa época,
dice que los españoles, cuando Piar se destacaba en de-
fensa de la libertad y la independencia, lo presentaban
como bárbaro e inculto y hacían referencia a su origen
de castas: “(…) con instintos feroces, naturalmente in-
dómito, y de muy pérfidas tendencias sociales”. Pero
luego de ser fusilado y la República se consolidaba bajo
el mando de Bolívar, decían: “(…) que Piar fue superior
a Bolívar por origen esclarecido, por mayor ilustración,
por valor y pericia militar, y por sentimientos huma-
nitarios (...)” y explica que eso lo replicaban los perio-
distas a sueldo de los españoles y los desprevenidos y
los interesados en preparar la decadencia de Bolívar76.
La dimensión militar de Bolívar no se puede medir
solo en las batallas. De su aporte en lo militar dice el
historiador Miguel Acosta Saignes:
149
de circulación en los lugares donde se desarrollaban los epi-
sodios de la gran contienda anticolonialista...77.
150
Bolívar, con que continúo dando movimiento y unidad a las
operaciones de la guerra78.
151
directores de las nuevas repúblicas no imitan a Bolívar la
causa de la libertad es perdida79.
152
CONCLUSIONES
153
organizó la participación de los indígenas como lanceros
y flecheros.
La liberación de Guayana se hizo completa con las
acciones militares subsiguientes a la batalla de San Félix
dirigidas por el Libertador, como fueron las batallas
navales sobre el Orinoco, la de Pagayos y la de Cabrián,
de gran importancia ambas, pues el río significaba la
movilización de bienes y personas desde los llanos de
Nueva Granada (Casanare) hasta el Delta del Orinoco,
y por intermedio de este, con las Antillas a través del
Golfo de Paria y el Atlántico.
La entrevista de Bolívar y Piar en Guayana entre el
4 y 5 de abril de 1817, da cuenta de los acuerdos entre
ambos sobre la oportunidad que se estaba dando en
Guayana, y la importancia de mudar, entre otros apoyos,
la escuadra republicana comandada por el Almirante Luis
Brión. Con esa convicción regresa Bolívar al Chaparro
cerca de Barcelona, para volver con el resto de los ge-
nerales a tomar el mando de la Campaña de Guayana.
El asedio a Angostura y la Guayana Vieja, estrategias
patriotas para desalojar a los realistas de dichos pueblos,
no era completa sin el control del río Orinoco, pues por
el mismo los sitiados recibían abastecimiento, aunque
precario. Por el río llegó el Brigadier de la Torre con
1.500 hombres a la Angostura, en el río fueron apresadas
las goletas “Tigre” y “Libertad”, llevando provisiones y
154
pertrechos militares a los españoles; urgía el control del
río antes que llegara Morillo.
El combate fluvial de Pagayos y la batalla de Cabrián
nos otorgaron otros héroes. El Capitán Antonio Díaz,
margariteño, comandante de las fuerzas sutiles de la
escuadra del Almirante Luis Brión y protagonista del
combate fluvial de Pagayos. Al igual que el mismo
Almirante Brión, quien comandó la batalla de Cabrián,
donde se combatió por río y tierra durante tres días
en medio de una tormenta. Los patriotas resultaron
victoriosos y el río Orinoco y Guayana quedaron libre
definitivamente el 5 de agosto de 1817.
Bolívar, recién llegado de Barcelona con la segunda
expedición de Haití, se proponía concentrar el ejército
juntando todas las guerrillas de los llanos con los ejér-
citos de Cumaná y Guayana, para, en conjunto, definir
un plan coordinado con mando unificado, con la idea
de preparar una batalla decisiva contra los realistas.
La iniciativa de Piar de llevarse a Guayana el ejército
vencedor en el Juncal, sin coordinar con Bolívar, más
allá de la importancia de la liberación de Guayana, res-
pondía, en parte, a rivalidades por el mando supremo
y a las diferencias de visiones, entre el centralismo de
Bolívar como necesidad de la guerra y su mirada con-
tinental, frente al federalismo de Mariño y de Piar, que
en nombre de la democracia, priorizaba el regionalismo
y encubría el caudillismo imperante.
155
Las solicitudes de Bolívar a Piar de regresar a
Barcelona no se trataban, como dicen sus críticos, de
su negativa a la Campaña Guayana o su desconoci-
miento de la importancia de la región. Dicha solicitud
respondía, por una parte, al plan de concentrar las
fuerzas y obrar coordinados. Y por la otra, a la nece-
sidad de defender a Barcelona y proteger las armas y
pertrechos traídos de Haití, como quedó evidenciado
por el ataque en el que fue auxiliado por Bermúdez y
posteriormente la caída de Barcelona a manos realistas,
donde se produjo la masacre de la Casa Fuerte.
El general Piar fue un insigne guerrero y patriota
que se extravió en medio de las pasiones de la guerra,
entre ellas, las disputas por el mando Supremo. Para
deponer a Bolívar se planteó revivir la lucha de pardos
contra blancos, estrategia de la monarquía que en 1814
derrotó la causa republicana, por lo que fue enjuiciado
y condenado por un tribunal legal y un juicio llevado
con rectitud.
Guayana libre significó para la República estabilidad
en un territorio rico en recursos para la logística de
la guerra y para el intercambio comercial a través del
río Orinoco, lo que permitió la compra de pertrechos
de guerra, la contratación de asesores militares como
la Legión Británica, el regreso de eminentes patriotas
emigrados, el Congreso de Angostura, la Liberación de
Nueva Granada y la Creación de Colombia, la grande.
156
Manuel Piar, al igual que el resto de los Libertadores,
nos legaron el ejemplo de una capacidad de lucha que se
sostuvo por encima de las dificultades con las cuales li-
diaron, y un carácter rebelde y libertario donde el arrojo
y la valentía forma parte del gentilicio venezolano. Pero
también es un ejemplo de los trastornos que producen
los espíritus de sectas.
A 204 años de la batalla de San Félix, en el marco
del Bicentenario de Carabobo, está planteado la ele-
vación de Manuel Piar al Altar de la Patria, El Panteón
Nacional, por parte del gobierno Bolivariano que preside
Nicolás Maduro Moros. Con estas páginas queremos
hacer una contribución para enaltecer tan importante
acontecimiento.
157
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163
ÍNDICE
Agradecimiento / 9
Introducción / 11
Inicios de Piar, Primera y Segunda República / 19
El regreso de los patriotas con
La expedición de los Cayos / 28
Los aprietos de Bolívar en Barcelona / 37
Piar abre Campaña en Guayana / 48
Bolívar asume el mando en Guayana / 67
El descontento de Piar / 77
La liberación del río Orinoco / 83
Piar, conspiración y aprehensión / 94
Prisión y juicio a Piar / 105
Conclusiones / 153
Bibliografía / 159
MANUEL PIAR. GLORIA Y EXTRAVÍO
DE UN HÉROE
Digital
Fundación Editorial El perro y la rana
Caracas, Venezuela