Sentencia Caso Tibi vs. Ecuador 2004
Sentencia Caso Tibi vs. Ecuador 2004
Se n t e n cia de 0 7 de se pt ie m br e de 2 0 0 4
( Ex ce pcion e s Pr e lim in a r e s, Fon do, Re pa r a cion e s y Cost a s)
En el caso Tibi,
de conform idad con los art ículos 29, 31, 37.6, 56 y 58 del Reglam ent o de la Cort e ( en
adelant e “ el Reglam ent o” ) y con el art ículo 63.1 de la Convención Am ericana sobre
Derechos Hum anos ( en adelant e “ la Convención” o “ la Convención Am ericana” ) , dict a la
present e Sent encia.
La present e Sent encia se dict a según los t érm inos del Reglam ent o aprobado por la Cort e I nt eram ericana
de Der echos Hum anos en su XLI X Per íodo Ordinario de Sesiones m ediant e Resolución de 24 de noviem bre de
2000, el cual ent ró en vigor el 1 de j unio de 2001, y según la refor m a parcial aprobada por la Cort e en su LXI
Período Ordinario de Sesiones m ediant e Resolución de 25 de noviem bre de 2003, vigent e desde el 1 enero de
2004.
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2. La Com isión present ó la dem anda con base en el art ículo 61 de la Convención
Am ericana, con el fin de que la Cort e decidiera si el Est ado violó los art ículos 5.1 y 5.2
( Derecho a la I nt egridad Personal) , 7.1, 7.2, 7.3, 7.4, 7.5 y 7.6 ( Derecho a la Libert ad
Personal) , 8.1, 8.2, 8.2.b, 8.2.d, 8.2.e, 8.2.g y 8.3 ( Garant ías Judiciales) , 21.1 y 21.2
( Derecho a la Propiedad Privada) y 25 ( Prot ección Judicial) de la Convención Am ericana,
t odos ellos en conexión el art ículo 1.1 ( Obligación de Respet ar los Derechos) de la m ism a,
en perj uicio del señor Daniel David Tibi ( en adelant e “ Daniel Tibi” , “ Tibi” o “ la presunt a
víct im a” ) . Adem ás, la Com isión señaló que el Est ado no ot orgó al señor Tibi la posibilidad
de int erponer un recurso cont ra los m alos t rat os supuest am ent e recibidos durant e su
det ención ni cont ra su det ención prevent iva prolongada, la cual se alega violat oria de la
propia legislación int erna, y que t am poco exist ía un recurso rápido y sencillo que se pudiera
int erponer ant e un t ribunal com pet ent e para prot egerse de las violaciones a sus derechos
fundam ent ales. Todo ello, según la Com isión, const it uye una violación de las obligaciones
est ablecidas en el art ículo 2 de la Convención Am ericana, las cuales im ponen al Est ado dar
efect o legal int erno a los derechos garant izados en los art ículos 5, 7, 8 y 25 de dicha
Convención.
3. De acuerdo con los hechos alegados en la dem anda, el señor Daniel Tibi era
com erciant e de piedras preciosas. Fue arrest ado el 27 de sept iem bre de 1995, m ient ras
conducía su aut om óvil por una calle de la Ciudad de Quit o, Ecuador. Según la Com isión, el
señor Tibi fue det enido por oficiales de la policía de Quit o sin orden j udicial. Luego fue
llevado en avión a la ciudad de Guayaquil, aproxim adam ent e a 600 kilóm et ros de Quit o,
donde fue recluído en una cárcel y quedó det enido ilegalm ent e por veint iocho m eses.
Agrega la Com isión que el señor Daniel Tibi afirm ó que era inocent e de los cargos que se le
im put aban y fue t ort urado en varias ocasiones, golpeado, quem ado y “ asfixiado” para
obligarlo a confesar su part icipación en un caso de narcot ráfico. Adem ás, la Com isión indicó
que cuando el señor Tibi fue arrest ado se le incaut aron bienes de su propiedad valorados en
un m illón de francos franceses, los cuales no le fueron devuelt os cuando fue liberado, el 21
de enero de 1998. La Com isión ent iende que las circunst ancias que rodearon el arrest o y la
det ención arbit raria del señor Tibi, en el m arco de la Ley de Sust ancias Est upefacient es y
Psicot rópicas ecuat oriana, revelan num erosas violaciones de las obligaciones que la
Convención Am ericana im pone al Est ado.
4. Asim ism o, la Com isión solicit ó a la Cort e que ordenara al Est ado adopt ar una
reparación efect iva en la que se incluya la indem nización por los daños m oral y m at erial
sufridos por el señor Tibi. Adem ás, pidió que el Est ado adopt e las m edidas legislat ivas o de
ot ra índole necesarias para garant izar el respet o a los derechos consagrados en la
Convención respect o de t odas las personas baj o su j urisdicción, y para evit ar, en el fut uro,
violaciones sim ilares a las com et idas en est e caso. Finalm ent e, la Com isión requirió a la
Cort e que ordenara al Est ado pagar las cost as y gast os razonables y j ust ificados generados
en la t ram it ación del caso en la j urisdicción int erna y ant e el sist em a int eram ericano.
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COM PETEN CI A
5. La Cort e es com pet ent e para conocer del present e caso. El Ecuador es Est ado Part e
en la Convención Am ericana desde el 28 de diciem bre de 1977 y reconoció la com pet encia
cont enciosa de la Cort e el 24 de j ulio de 1984. El 9 de noviem bre de 1999 el Ecuador
rat ificó la Convención I nt eram ericana para Prevenir y Sancionar la Tort ura ( en adelant e
“ Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura” ) .
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P ROCED I M I EN TO AN TE LA COM I SI ÓN
6. El 16 de j ulio de 1998 el señor Daniel Tibi, a t ravés de su abogado, señor Art hur
Vercken, present ó una denuncia ant e la Com isión I nt eram ericana basada en la supuest a
violación, por part e del Ecuador y en perj uicio de aquél, de los art ículos 5.1, 5.2 y 5.4; 7.1,
7.2, 7.3, 7.4, 7.5 y 7.6; 8.1, 8.2.a, 8.2.b, 8.2.c, 8.2.d, 8.2.e, 8.2.f, 8.2.g, 8.2.h y 8.3; 10;
11.1, 11.2 y 11.3; 21.1, 21.2 y 21.3; y 25.1, 25.2.a, 25.2.b y 25.2.c de la Convención
Am ericana.
7. El 7 de m ayo de 1999 la Com isión abrió el caso, t ransm it ió al Est ado las part es
pert inent es de la denuncia y le solicit ó observaciones, conform e al Reglam ent o de la
Com isión vigent e en ese m om ent o. Part icularm ent e, a efect os de dar a la com unicación de
referencia el t rám it e correspondient e, de acuerdo con el art ículo 37 del Reglam ent o de la
Com isión, conj unt am ent e con la inform ación relat iva a los hechos, le pidió que sum inist rara
cualquier elem ent o de j uicio que perm it iera apreciar si en el caso se habían agot ado o no
los recursos correspondient es a la j urisdicción int erna.
8. El 12 de agost o de 1999 el Est ado respondió al pedido de inform ación, indicando que
no se habían agot ado los procedim ient os int ernos, ya que el proceso penal aún se
encont raba pendient e, y m anifest ó que en la j urisdicción int erna exist ían recursos efect ivos,
t ales com o la casación, que el pet icionario podría int erponer cont ra la sent encia que dict ase
el correspondient e t ribunal penal, y la revisión, que podría int ent ar en cualquier m om ent o
después de ej ecut oriada la sent encia, en caso de que ést a fuera condenat oria. El Est ado
señaló que si bien se present aron irregularidades en la t ram it ación de la prim era inst ancia
del proceso penal, ést as habían sido subsanadas, ya que el pet icionario pudo hacer uso de
los recursos a su alcance para recusar a los j ueces. El 27 de sept iem bre de 1999 el Est ado
present ó inform ación adicional a la Com isión referent e a las razones de la det ención del
señor Tibi y a las pruebas que la sust ent aron, a la ausencia de responsabilidad de la policía
en ese asunt o y al no agot am ient o de los recursos int ernos, basado en que aún no exist e
pronunciam ient o j urisdiccional definit ivo, est o es, sent encia firm e. El 8 de oct ubre de 1999
la Com isión t rasm it ió al pet icionario la inform ación rem it ida por el Est ado y le solicit ó
observaciones al respect o.
10. El 5 de oct ubre de 2000, durant e el 108° Período Ordinario de Sesiones, la Com isión
aprobó el I nform e No. 90/ 00, en el que declaró la adm isibilidad del caso baj o el No. 12.124,
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y decidió proceder a su consideración de fondo. En part icular, dicho I nform e de la Com isión
señaló que:
[ el] reclam o por part e del Est ado de la ex ist encia de inst ancias por agot ar se refiere al caso por
narcot ráfico del cual el proceso cont ra el pet icionar io fue sobreseído provisionalm ent e el 3 de
sept iem br e de 1997. Sin em bargo, est e caso ha est ado baj o consideración desde 1995, por lo
que la Com isión concluye que h[ ubo] r et ardo inj ust ificado aplicándose la excepción prev ist a en el
art ículo 46.2.c [ de la Conv ención] . La Com isión observa que el Est ado no especifica qué
inst ancias han sido ya agot adas, ni t am poco en qué inst ancia se encuent r a el proceso.
12. El 30 de oct ubre de 2000 la Com isión se puso a disposición de las part es con el
obj et o de alcanzar una solución am ist osa. El 17 de noviem bre de 2000 el pet icionario
indicó que est aba int eresado en una solución am ist osa. El 28 de noviem bre de 2000 la
Com isión com unicó al Est ado el int erés del pet icionario en llegar a una solución am ist osa y
le solicit ó sus observaciones al respect o. El Est ado no expresó int erés en procurar una
solución am ist osa. En consecuencia, la Com isión procedió a preparar el inform e sobre el
fondo del caso.
13. El 2 de oct ubre de 2001 el Est ado t ransm it ió un escrit o a la Com isión en relación con
el fondo del caso, en el cual alegó que no exist ieron las violaciones a los derechos hum anos
que el señor Tibi im put aba al Ecuador, ya que est aba probado que el Est ado había act uado
conform e con la ley. Asim ism o, el Ecuador rem it ió inform ación sobre las circunst ancias y
condiciones de det ención del señor Tibi.
14. El 14 de noviem bre de 2001 la Com isión celebró una audiencia pública sobre el
fondo del caso. En ést a el Est ado pidió se le aut orizara a responder algunas pregunt as por
escrit o, con post erioridad a la audiencia. Por ello, el 15 de noviem bre de 2001 la Com isión
rem it ió las pregunt as al Est ado y le requirió las respuest as correspondient es. El 11 de
enero de 2002 el Est ado t ransm it ió la cont est ación a las pregunt as plant eadas por la
Com isión. El 18 de los m ism os m es y año la Com isión t rasm it ió al pet icionario dicha
com unicación del Est ado y le solicit ó la present ación de sus observaciones.
15. Los días 12 y 14 de diciem bre de 2001, respect ivam ent e, el pet icionario com unicó a
la Com isión que el Cent ro por la Just icia y el Derecho I nt ernacional ( en adelant e “ CEJI L” ) y
la Clínica de Derechos Hum anos de la Pont ificia Universidad Cat ólica del Ecuador ( en
adelant e “ Clínica de Derechos Hum anos PUCE” ) asum irían su represent ación.
16. El 4 de m arzo de 2002 el pet icionario present ó sus observaciones al escrit o del
Est ado en el cual ést e dio respuest a a las pregunt as de la Com isión ( supra párr. 14) . El 1
de abril de 2002 la Com isión t ransm it ió dicha com unicación al Est ado y le solicit ó la
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present ación de sus observaciones. El Est ado no form uló nuevas observaciones.
17. El 3 de m arzo de 2003 la Com isión, durant e su 117° Período de Sesiones, aprobó el
I nform e No. 34/ 03 sobre el fondo del caso, y recom endó al Est ado que:
2. Que se t om en m edidas necesarias para hacer efect iva la legislación sobr e am paro.
18. El 25 de m arzo de 2003 la Com isión t ransm it ió al Est ado el inform e ant eriorm ent e
señalado, y le ot orgó un plazo de dos m eses, cont ado a part ir de la fecha de la t ransm isión,
para que inform ara sobre las m edidas adopt adas para cum plir las recom endaciones. Ese
m ism o día la Com isión com unicó al pet icionario sobre la em isión del I nform e No. 34/ 03
sobre el fondo del caso, y le solicit ó que present ara, en el plazo de un m es, su posición
respect o a la pert inencia de que el caso fuera som et ido a la Cort e I nt eram ericana. El plazo
de dos m eses concedido al Est ado concluyó el 25 de m ayo de 2003, sin que ést e rem it iera
sus observaciones. La Com isión decidió som et er el present e caso a la j urisdicción de la
Cort e.
IV
P ROCED I M I EN TO AN TE LA CORTE
19. La Com isión present ó la dem anda ant e la Cort e el 25 de j unio de 2003.
20. De conform idad con los art ículos 22 y 33 del Reglam ent o, la Com isión designó com o
delegados a la señora Mart a Alt olaguirre y al señor Sant iago Cant on, y com o asesora
j urídica a la señora Christ ina Cerna 1 . Adem ás, indicó que el pet icionario original fue el
señor Art hur Vercken.
21. El 4 de agost o de 2003 la Secret aría de la Cort e ( en adelant e “ la Secret aría” ) , previo
exam en prelim inar de la dem anda realizado por el President e de la Cort e ( en adelant e “ el
President e” ) , la not ificó al Est ado, con sus anexos, e inform ó a ést e sobre los plazos para
cont est arla y designar su represent ación en el proceso. Adem ás, la Secret aría, siguiendo
inst rucciones del President e, inform ó al Est ado de su derecho a designar j uez ad hoc.
22. El 4 de agost o de 2003, según lo dispuest o en el art ículo 35.1.e del Reglam ent o, la
Secret aría not ificó la dem anda a CEJI L y a la Clínica de Derechos Hum anos PUCE, en su
condición de represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares ( en adelant e
“ represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares” o “ represent ant es” ) 2 .
23. El 29 de agost o de 2003 el Est ado designó com o Agent es a los señores Juan Leoro
Alm eida, Em baj ador del Ecuador ant e la República de Cost a Rica y Erick Robert s, y com o
Agent e Alt erno al señor Rodrigo Durango Cordero. Asim ism o, designó com o Juez ad hoc al
1
Durant e el t rám it e del pr esent e caso la Com isión realizó algunos cam bios en la designación de sus
represent ant es ant e la Cort e.
2
Durant e el t rám it e del present e caso los represent ant es realizaron algunos cam bios en la designación de
sus represent ant es ant e la Cort e.
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24. El 30 de sept iem bre de 2003 el Est ado rem it ió un escrit o m ediant e el cual int erpuso
excepciones prelim inares. El 2 de oct ubre de 2003 la Secret aría inform ó al Est ado que daría
t rám it e a dicho escrit o, cuando el Ecuador present ara la cont est ación de la dem anda y las
observaciones al escrit o de solicit udes, argum ent os y pruebas de los represent ant es de la
presunt a víct im a, de conform idad con el art ículo 37.1 del Reglam ent o.
25. El 3 de oct ubre de 2003, después de una prórroga solicit ada por los represent ant es,
ést os present aron sus solicit udes, argum ent os y pruebas ( en adelant e “ escrit o de solicit udes
y argum ent os” ) . Solicit aron a la Cort e declarar que el Est ado había violado los art ículos 1.1
( Obligación de Respet ar los Derechos) ; 2 ( Deber de Adopt ar Disposiciones de Derecho
I nt erno) ; 5.1, 5.2 y 5.4 ( Derecho a la I nt egridad Personal) ; 7.1, 7.2, 7.3, 7.4, 7.5 y 7.6
( Derecho a la Libert ad Personal) ; 8.1, 8.2, 8.2.b, 8.2.d, 8.2.e, 8.2.g ( Garant ías Judiciales) ;
17.1 ( Prot ección a la Fam ilia) ; 21.1 y 21.2 ( Derecho a la Propiedad Privada) , y 25.1
( Prot ección Judicial) de la Convención Am ericana. Asim ism o, pidieron que la Cort e
declarara que el Est ado violó los art ículos 1, 6 y 8 de la Convención I nt eram ericana cont ra
la Tort ura. Adem ás, solicit aron que la Cort e declarara la violación del derecho a la
int egridad psíquica y m oral en perj uicio de Beat rice Baruet , Sarah Vachon, Jeanne Cam ila
Vachon, Lisianne Judit h Tibi y Valerian Edouard Tibi, por el sufrim ient o que padecieron. Por
últ im o, solicit aron det erm inadas reparaciones y el pago de cost as y gast os.
26. El 31 de oct ubre de 2003 el Est ado int erpuso dos excepciones prelim inares, cont est ó
la dem anda y present ó observaciones a las solicit udes y argum ent os, después de haber
solicit ado una prórroga, que fue ot orgada por el President e. Las excepciones int erpuest as
por el Est ado fueron las siguient es: “ Falt a de agot am ient o de los recursos int ernos” y “ Falt a
de com pet encia rat ione m at eriae de la Cort e I nt eram ericana para conocer sobre violaciones
a la Convención I nt eram ericana para Prevenir y Sancionar la Tort ura” .
27. El 18 de diciem bre de 2003 la Com isión I nt eram ericana present ó, en inglés, sus
observaciones a las excepciones prelim inares int erpuest as por el Est ado. Al día siguient e, la
Secret aría inform ó a la Com isión que no se daría t rám it e a dicho escrit o hast a que recibiera
la t raducción al español. El 6 de enero de 2004 la Com isión present ó la t raducción al
español. En dicho escrit o la Com isión solicit ó a la Cort e que declarara inadm isible la
prim era excepción prelim inar y no se pronunció sobre la segunda excepción int erpuest a.
28. El 19 de diciem bre de 2003 los represent ant es present aron observaciones a las
excepciones prelim inares int erpuest as por el Est ado y solicit aron a la Cort e que rechazara
las dos excepciones prelim inares y cont inuara la t ram it ación del present e caso, en su et apa
de fondo.
29. El 11 de j unio de 2004 el President e dict ó una Resolución m ediant e la cual requirió,
de conform idad con el art ículo 47.3 del Reglam ent o, que las señoras Elsy Magdalena
Peñafiel Toscano, Blanca López y Gloria Ant onia Pérez Vera prest aran sus t est im onios a
t ravés de declaraciones rendidas ant e fedat ario público ( affidávit s) y que los señores Alain
Abellard, Laurent Rapin, Brigit t e Durin y Michel Robert , t odos propuest os por los
represent ant es, los prim eros t res com o t est igos y el últ im o com o perit o, prest aran sus
t est im onios y perit aj e, a t ravés de declaraciones rendidas ant e fedat ario público. El
President e ordenó la sust it ución del perit o Albert o Wray, ofrecido por los represent ant es,
por el señor César Banda Bat allas, de conform idad con el art ículo 44.3 del Reglam ent o, y
requirió que rindiera su declaración ant e fedat ario público. Asim ism o, ot orgó un plazo
im prorrogable de cinco días, cont ado a part ir de la t ransm isión de los affidávit s, para que la
Com isión y los represent ant es present aran las observaciones que est im aran convenient es a
7
las declaraciones de las señoras Elsy Magdalena Peñafiel Toscano, Blanca López y Gloria
Ant onia Pérez Vera, y que la Com isión y el Est ado rem it ieran sus observaciones sobre las
declaraciones de los señores Alain Abellard, Laurent Rapin y Brigit t e Durin y los perit aj es de
los señores Michel Robert y César Banda Bat allas. A su vez, el President e convocó a la
Com isión, a los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares y al Est ado a una
audiencia pública que se celebraría en el sede de la Cort e a part ir del 7 de j ulio de 2004,
para escuchar sus alegat os sobre las excepciones prelim inares y event uales fondo,
reparaciones y cost as, y escuchar los t est im onios de los señores Daniel Tibi, Beat rice Baruet
y Juan Mont enegro, y los dict ám enes de los señores Sant iago Argüello Mej ía, Ana Deut sch y
Carlos Mart ín Berist ain, ofrecidos por la Com isión, los represent ant es y el Est ado, según sea
el caso. Adem ás, se inform ó a las part es que cont aban con un plazo que concluiría el 9 de
agost o de 2004 para present ar alegat os finales escrit os.
30. El 25 de j unio de 2004, después de concedida una prórroga, los represent ant es
present aron las declaraciones j uradas de los señores Alain Abellard y Michel Robert , y las
respuest as del señor Laurent Rapin a un cuest ionario que los represent ant es le rem it ieron.
El 30 de los m ism os m es y año enviaron la declaración rendida ant e fedat ario público del
señor César Banda Bat allas. I ndicaron que no habían podido com unicarse con la señora
Brigit t e Durin, ex cónsul de Francia en el Ecuador, por lo cual no adj unt aron su declaración.
Rem it ieron las declaraciones j uradas de la señora Frederique Tibi, act ual com pañera de la
presunt a víct im a, y de los señores Eric Orhand y Blandine Pelissier, am igos de ést e, quienes
no habían sido incluidos com o t est igos en el escrit o de solicit udes y argum ent os ni en la
list a definit iva de t est igos. Las declaraciones de los señores Michel Robert , Frederique Tibi,
Blandine Pelissier y Eric Orhand fueron rem it idas en inglés. La versión en español se
present ó el 28 de j unio de 2004.
31. El 1 de j ulio de 2004 la Com isión indicó que no t enía observaciones a las
declaraciones de los señores Alain Abellard y Laurent Rapin, al dict am en del perit o Michel
Robert , ni a los nuevos t est im onios present ados a la Cort e por los represent ant es a t ravés
de affidávit s. El Est ado no present ó observaciones con respect o a dichas declaraciones.
32. El 2 de j ulio de 2004 el Est ado rem it ió ext em poráneam ent e las declaraciones
rendidas ant e fedat ario público ( affidávit s) por las señoras Elsy Magdalena Peñafiel Toscano
y Gloria Ant onia Pérez Vera, después de ot orgada una prórroga que concluyó el 25 de j unio
de 2004. Adem ás, inform ó que no le fue posible aport ar la declaración de la señora Blanca
López, en razón de lo cual ret iró a dicha t est igo.
33. Los días 7 y 8 de j ulio de 2004 la Cort e recibió en audiencia pública las declaraciones
de los t est igos y los dict ám enes de los perit os propuest os por la Com isión I nt eram ericana,
los represent ant es y el Est ado. Adem ás, escuchó los alegat os sobre excepciones
prelim inares y event uales fondo, reparaciones y cost as, de la Com isión I nt eram ericana, de
los represent ant es y del Est ado.
Test igo propuest o por la Com isión I nt eram ericana de Derechos Hum anos y por los
represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares:
Test igo propuest o por los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares:
Perit o propuest o por la Com isión I nt eram ericana de Derechos Hum anos:
Perit os propuest os por los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares:
35. En la m ism a audiencia pública ant e la Cort e, el t est igo Juan Mont enegro present ó
docum ent ación relacionada con el caso, y el perit o Sant iago Argüello Mej ía ent regó un
dict am en escrit o t it ulado “ Dict am en en el caso Daniel Tibi vs. Ecuador. ( Sist em a
Penit enciario) . Cort e I nt eram ericana de Derechos Hum anos” .
36. El 11 de j ulio de 2004 los represent ant es present aron observaciones a las
declaraciones de las señoras Elsy Magdalena Peñafiel Toscano y Gloria Ant onia Pérez Vera.
Señalaron que am bas declaraciones son exact am ent e iguales, que el m ism o Est ado señaló
que eran declaraciones “ conj unt as” y que las cont radecían “ t ant o en la form a com o en el
fondo” . Consecuent em ent e, solicit aron a la Cort e que las desest im ara.
37. El 12 de j ulio de 2004 la Com isión rem it ió observaciones a las declaraciones de las
señoras Elsy Magdalena Peñafiel Toscano y Gloria Ant onia Pérez Vera. I ndicó que ést as eran
iguales, fueron present adas fuera de t iem po, no suponen conocim ient o direct o de ningún
hecho y no llenan los requisit os de form a y fondo. La Com isión solicit ó al Tribunal que
rechace ést as declaraciones.
38. El 27 de j ulio de 2004 la Secret aría, siguiendo inst rucciones del President e, solicit ó al
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Est ado que present ara com o prueba para m ej or resolver, a m ás t ardar el 9 de agost o de
2004, la siguient e inform ación: docum ent os relacionados con las nuevas resoluciones que
se hubiesen em it ido en el proceso penal; diligencias correspondient es al recurso de am paro
j udicial int erpuest o el 2 de oct ubre de 1997; copia de la decisión que resuelve la consult a
vinculada a la Providencia del 23 de sept iem bre de 1998; diligencias vinculadas con la
devolución de los bienes incaut ados al señor Tibi; inform es m édicos de t raum at ología y
derm at ología, si se hubiesen realizado al señor Tibi los exám enes correspondient es;
diligencias, si las hubiera, relacionadas con la supuest a t ort ura sufrida por el señor Tibi;
borrador de ent revist a m édica que el señor Juan Mont enegro que realizó al señor Tibi el 19
de sept iem bre de 1997; copia de los procesos disciplinarios seguidos cont ra los j ueces Rubio
Gam e y Angelit a Albán, por la supuest a dem ora en el t rám it e del proceso penal cont ra el
señor Tibi; copias de las visas ot orgadas al señor Tibi por la Dirección de Ext ranj ería; libros
de visit as del Cent ro de Rehabilit ación Social de Varones de Guayaquil; legislación sobre
salario m ínim o; t ablas oficiales del t ipo de cam bio de la m oneda ecuat oriana con respect o al
dólar est adounidense y disposiciones legales correspondient es a los beneficios concedidos a
los t rabaj adores del sect or privado, así com o la Const it ución Polít ica del Ecuador, el Código
Penal, el Código de Procedim ient o Penal y la Ley de Sust ancias Est upefacient es y
Psicot rópicas, t odos vigent es al m om ent o de los hechos. Adem ás, se solicit ó al Est ado el
reenvío de algunos docum ent os que result aron ilegibles. I gualm ent e, la Secret aría,
siguiendo inst rucciones del President e, requirió a la Com isión y a los represent ant es que
present aran, com o prueba para m ej or resolver, a m ás t ardar el 9 de agost o de 2004,
algunos de los docum ent os solicit ados al Est ado y el reenvío de docum ent ación que había
result ado ilegible. Adicionalm ent e, la Secret aría solicit ó a la Com isión y a los
represent ant es la present ación de los cert ificados de nacim ient o u ot ros docum ent os
idóneos de Lisianne Tibi, Sarah Vachon, Jeanne Cam ila Vachon y Valerian Edouard Tibi.
Tam bién solicit ó la present ación del cert ificado de nacim ient o de Oceane Tibi Conilh de
Beyssac e inform ación sobre ella.
39. El 9 de agost o de 2004 la Com isión rem it ió sus alegat os finales escrit os.
40. El 9 de agost o de 2004 los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares
present aron sus alegat os finales escrit os j unt o con varios anexos. Ese m ism o día los
represent ant es present aron part e de la prueba para m ej or resolver solicit ada por el
President e ( supra párr. 38) .
41. El 12 de agost o de 2004 la Com isión present ó part e de la prueba para m ej or resolver
solicit ada por el President e ( supra párr. 38) .
42. El 12 de agost o de 2004 el Est ado rem it ió sus alegat os finales escrit os. No rem it ió la
prueba docum ent al solicit ada para m ej or resolver.
V
EXCEPCI ON ES P RELI M I N ARES
43. El Est ado int erpuso las siguient es excepciones prelim inares: 1) falt a de agot am ient o
de recursos int ernos y 2) falt a de com pet encia rat ione m at eriae de la Cort e I nt eram ericana
para conocer sobre violaciones a la Convención I nt eram ericana para Prevenir y Sancionar la
Tort ura.
*
* *
10
a) form uló las excepciones en la et apa procesal oport una ant e la Com isión, en la
cual m anifest ó que no habían sido agot ados los recursos de la j urisdicción int erna,
porque se encont raba pendient e el proceso penal en cont ra del señor Daniel Tibi ant e
los t ribunales de la ciudad de Guayaquil. En consecuencia, la pet ición no debió ser
adm it ida por la Com isión, ni t am poco debe serlo por la Cort e. Post eriorm ent e, el
Est ado señaló que el proceso penal est aba suspendido;
b) el am paro de libert ad no es un recurso propiam ent e dicho, sino una quej a que
se realiza ant e el j uez superior de aquel que dict ó la orden de prisión para revisar la
legalidad de la privación de la libert ad. Est e am paro de libert ad no era el recurso
adecuado y eficaz;
c) no se agot ó el recurso de hábeas corpus ant e el Alcalde del Cant ón, donde se
encont raba det enido el señor Daniel Tibi, que est á previst o en el art ículo 93 de la
Const it ución Polít ica del Ecuador. Era ese recurso el que se debía agot ar y que
podría haber result ado adecuado;
d) se debió agot ar la acción civil cont ra el Est ado, consagrada en el art ículo 22
de la Const it ución Polít ica del Ecuador, que se puede int erponer por responsabilidad
por error j udicial, inadecuada adm inist ración de j ust icia, act os que hayan producido
la prisión de un inocent e o su det ención arbit raria, y violación de las norm as del
art ículo 24 de la m ism a Const it ución, que regula las garant ías del debido proceso. El
Código de Procedim ient o Civil ecuat oriano t am bién prevé la acción de daños y
perj uicios;
e) no se agot ó el recurso de apelación, que podría haber result ado efect ivo. El
pet icionario pudo int erponerlo cont ra la sent encia que dict ara el j uez o m agist rado
que conociera su causa; y
f) no puede afirm arse que exist ió ret ardo inj ust ificado en la t ram it ación de la
causa, com o lo señalaron la Com isión I nt eram ericana y los represent ant es, t oda vez
que la Com isión no perm it ió que el Est ado solucionara el conflict o, ant es de haberse
com prom et ido ant e la Just icia int ernacional.
a) los art ículos 46 y 47 de la Convención Am ericana est ablecen que la Com isión,
com o órgano principal del sist em a, t iene el com et ido de det erm inar la adm isibilidad o
inadm isibilidad de una pet ición;
11
b) una decisión sobre adm isibilidad adopt ada por la Com isión debe ser
considerada definit iva ant e la Cort e, dado que el Est ado t uvo acceso a las garant ías
necesarias ant e la Com isión, para los fines de una defensa adecuada y eficaz;
c) el señor Tibi no fue liberado inm ediat am ent e después de dict ado el
sobreseim ient o provisional, com o lo dispone la legislación ecuat oriana ( art ículo 246
del Código de Procedim ient o Penal) , pues se debía hacer la consult a obligat oria para
los casos relacionados con drogas;
e) el 15 de j ulio de 1998 la Com isión recibió la denuncia, que fue t rasm it ida al
Est ado el 7 de m ayo de 1999. El 5 de oct ubre de 2000 la Com isión se pronunció
sobre la adm isibilidad. “ El Est ado no explic[ ó] qué ‘procedim ient os penales’
supuest am ent e est aban pendient es cont ra el señor Tibi el 15 de j ulio de 1998” ;
f) los dos t ribunales que conocieron del caso desest im aron los cargos
form ulados cont ra el señor Daniel Tibi, porque su conduct a había sido aj ena a ellos y
no guardaba conexión con la causa. En consecuencia, el señor Tibi y las dem ás
personas a las que se ext endía el sobreseim ient o fueron excluidas de la siguient e
et apa del procedim ient o penal ( plenario) . El Tribunal Superior de Guayaquil debió
haber dict ado un aut o de sobreseim ient o “ definit ivo” , en lugar de confirm ar el
“ provisional” ;
g) el señor Tibi present ó dos recursos de am paro j udicial con el fin de im pugnar
la ilegalidad de la det ención: el prim ero, el 1 de j ulio de 1996, el cual fue rechazado,
y el segundo, el 2 de oct ubre de 1997, pero las aut oridades j udiciales nunca
respondieron a est a pet ición. Las acciones de am paro result aron ineficaces, ya que
no dieron lugar a la libert ad, ni llevaron a las aut oridades ecuat orianas a realizar una
invest igación de la denuncia de violaciones de derechos hum anos y const it ucionales;
h) los recursos de casación y revisión alegados por el Est ado ant e la Com isión
sólo son eficaces con respect o a una sent encia definit iva. En el present e caso, los
cargos cont ra el señor Tibi fueron desest im ados;
j) en relación con los bienes confiscados al señor Daniel Tibi al ser det enido, el
Est ado no indicó qué procedim ient os debieron observarse para su devolución. El
propio Est ado sost iene que el señor Tibi nunca los reclam ó después de su liberación.
Confirm ado el sobreseim ient o del sindicado, se dispone la devolución de los bienes y
“ hast a la fecha [ 15 de diciem bre de 2003] la cuest ión no ha sido resuelt a, [ … lo] que
[ significa] un ret ardo inj ust ificado” ; y
12
k) el Est ado ha present ado alegat os cont radict orios sobre la regla de
agot am ient o de recursos int ernos. En sus alegat os ant e la Com isión y la Cort e,
afirm ó por un lado, que la decisión sobre adm isibilidad fue ant erior a la conclusión
del proceso penal y por el ot ro, en su cont est ación a la dem anda ant e la Cort e,
alegó que el proceso penal se ext endió hast a la confirm ación del sobreseim ient o
provisional. De conform idad con la j urisprudencia de la Cort e, cuando una part e ha
adopt ado una act it ud que redunda en beneficio propio o en perj uicio de la cont raria,
no puede asum ir luego ot ra conduct a que sea cont radict oria con la prim era ( principio
de est oppel) .
46. Los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares alegaron que:
a) la Com isión t iene facult ades para resolver acerca del agot am ient o de los
recursos int ernos y det erm inar la adm isibilidad, de conform idad con los art ículos 46
y 47 de la Convención Am ericana. Una vez realizado dicho procedim ient o, opera el
principio de preclusión procesal, de declararse adm isible el caso “ est a decisión es de
caráct er ‘definit ivo’ e ‘indivisible’” ;
b) el Est ado se cont radice en el plant eam ient o de la excepción prelim inar, ya
que por un lado señaló que no se han agot ado los recursos de la j urisdicción int erna,
debido a que est aba pendient e la decisión de los t ribunales en el proceso penal
seguido cont ra el señor Tibi, y en los argum ent os de fondo del m ism o escrit o señaló
que el proceso penal seguido en cont ra del señor Tibi concluyó el 21 de enero de
1998, dent ro de un plazo razonable;
d) el señor Daniel Tibi int erpuso dos recursos de am paro de libert ad o hábeas
corpus j udicial, de conform idad con el art ículo 458 del Código de Procedim ient o
Penal vigent e en el m om ent o de los hechos, recursos que result aron ineficaces;
g) se debe rechazar est a excepción prelim inar, porque no fue present ada en
form a clara en las prim eras et apas del procedim ient o ant e la Com isión. Adem ás, el
Est ado renunció a ella de form a t ácit a, al no señalar cuáles eran los recursos que se
debía agot ar. La renuncia es irrevocable. Por ende, el Est ado no puede present ar
nuevos argum ent os ant e est e Tribunal.
13
Consideraciones de la Cort e
47. La Convención at ribuye a la Cort e plena j urisdicción sobre t odas las cuest iones
relat ivas a un caso suj et o a su conocim ient o, incluso las de caráct er procesal en las que se
funda la posibilidad de que ej erza su com pet encia 3 .
48. El art ículo 46.1.a de la Convención Am ericana dispone que para que sea adm isible
una pet ición o com unicación present ada ant e la Com isión I nt eram ericana de acuerdo con los
art ículos 44 ó 45 de la Convención, es necesario que se hayan int erpuest o y agot ado los
recursos de la j urisdicción int erna, según los principios del derecho int ernacional
generalm ent e reconocidos.
49. La Cort e ha sost enido crit erios que deben at enderse en el present e caso. En prim er
lugar, el Est ado dem andado puede renunciar en form a expresa o t ácit a a la invocación de la
falt a de agot am ient o de los recursos int ernos4 . En segundo t érm ino, la excepción de no
agot am ient o de recursos int ernos debe plant earse, para que sea oport una, en la et apa de
adm isibilidad del procedim ient o ant e la Com isión, o sea, ant es de cualquier consideración en
cuant o al fondo; si no es así, se presum e que el Est ado renuncia t ácit am ent e a valerse de
ella 5 . En t ercer lugar, la Cort e ha señalado que la falt a de agot am ient o de recursos es una
cuest ión de pura adm isibilidad y que el Est ado que la alega debe indicar los recursos
int ernos que es preciso agot ar, así com o acredit ar que esos recursos son efect ivos6 .
50. Adem ás, en el crit erio de est a Cort e el art ículo 46.1.a de la Convención expresa que
los recursos int ernos deben ser int erpuest os y agot ados de acuerdo a los principios de
Derecho I nt ernacional generalm ent e reconocidos, lo que significa que no sólo deben exist ir
form alm ent e esos recursos, sino t am bién deben ser adecuados y efect ivos, com o result a de
las excepciones cont em pladas en el art ículo 46.2 de la Convención.
51. En el escrit o de int erposición de excepciones prelim inares, cont est ación de la
dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, el Est ado plant eó que los recursos
de apelación, el hábeas corpus const it ucional y la acción sobre indem nización de daños y
perj uicios cont ra los m agist rados, j ueces, funcionarios y em pleados de la función
j urisdiccional no habían sido agot ados.
52. Al no alegar durant e el procedim ient o de adm isibilidad ant e la Com isión
I nt eram ericana el no agot am ient o de los recursos de apelación, el hábeas corpus
const it ucional y la acción sobre indem nización de daños y perj uicios cont ra los m agist rados,
3
Cfr. Caso Herr era Ulloa. Sent encia de 2 de j ulio de 2004. Serie C No. 107, párr. 79; Caso Juan Hum bert o
Sánchez. Sent encia de 7 de j unio de 2003. Serie C No. 99, párr. 65; y Caso de los 19 Com erciant es. Excepción
Prelim inar. Sent encia de 12 de j unio de 2002. Serie C No. 93, párr. 27.
4
Cfr. Caso Herr era Ulloa, supr a not a 3, párr. 81; Caso de la Com unidad de Mayagna ( Sum o) Awas Tigni.
Excepciones Pr elim inar es. Sent encia de 1 de febrero de 2000. Serie C No. 66, párr. 53; y Caso Loayza Tam ayo.
Excepciones Pr elim inar es. Sent encia de 31 de enero de 1996. Serie C No. 25, párr. 40.
5
Cfr. Caso Herr era Ulloa, supr a not a 3, párr. 81; Caso de la Com unidad de Mayagna ( Sum o) Awas Tigni.
Excepciones Prelim inar es, supra not a 4, párr. 40; y Caso Cast illo Pet ruzzi y ot ros. Excepciones Prelim inar es.
Sent encia de 4 de sept iem br e de 1998. Serie C No. 41, párr 56.
6
Cfr. Caso Herr era Ulloa, supr a not a 3, párr. 81; Caso de la Com unidad de Mayagna ( Sum o) Awas Tigni.
Excepciones Pr elim inar es, supra not a 4, párr. 53; y Caso Durand y Ugar t e Excepciones Prelim inares. Sent encia de
28 de m ayo de 1999. Serie C. No. 50, párr 33.
14
j ueces, funcionarios y em pleados de la función j urisdiccional, el Est ado renunció t ácit am ent e
a un m edio de defensa que la Convención Am ericana est ablece a su favor e incurrió en
adm isión im plícit a de la inexist encia de dichos recursos o del oport uno agot am ient o de
ellos7 . Dado lo ant erior, el Est ado no podía argum ent ar por prim era vez dichos recursos en
el escrit o de int erposición de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y
observaciones a las solicit udes y argum ent os.
53. En cuant o al alegat o del Est ado en el sent ido de que durant e el procedim ient o de
adm isibilidad ant e la Com isión aún se encont raba pendient e el proceso penal en cont ra del
señor Tibi, y de que no se habían agot ado los recursos de casación y revisión, es necesario
señalar que la Com isión indicó en el I nform e de Adm isibilidad No. 90/ 00, de 5 de oct ubre de
2000, que el reclam o del Est ado sobre la exist encia de inst ancias por agot ar se refiere a un
proceso por narcot ráfico, en el que se dict ó sobreseim ient o provisional el 3 de sept iem bre
de 1997. Ahora bien, est e caso había est ado baj o la consideración del sist em a
int eram ericano de prot ección de los derechos hum anos desde 1998, y por ello la Com isión
declaró que en la especie había ret ardo inj ust ificado, por lo que result aba aplicable la
excepción previst a en el art ículo 46.2.c de la Convención. La Com isión observó que el
Est ado no especificó qué inst ancias no habían sido agot adas, ni en qué inst ancia se
encont raba el proceso .
54. En el m ism o I nform e de Adm isibilidad, la Com isión hizo not ar que el señor Daniel
Tibi int erpuso dos recursos de am paro j udicial. El prim ero fue rechazado, y no hubo
respuest a al segundo. La Com isión consideró que el recurso de am paro j udicial es
suficient e e idóneo para la prot ección de los derechos previst os en los art ículos 5 y 7 de la
Convención Am ericana. En cuant o al art ículo 21 de la Convención, la Com isión ent endió
que exist ía un ret ardo inj ust ificado.
55. La Cort e no encuent ra m ot ivo para reexam inar los razonam ient os de la Com isión,
que son consecuent es con las disposiciones relevant es de la Convención, y por ello
desest im a la prim era excepción prelim inar int erpuest a por el Est ado.
*
* *
7
Cfr. Caso Herr era Ulloa, supr a not a 3 , párr . 83; Caso de la Com unidad de Mayagna ( Sum o) Awas Tigni.
Excepciones Pr elim inar es, supra not a 4, párr. 56; y Caso Cast illo Pet r uzzi y ot ros. Excepciones Pr elim inares, supra
not a 5, párr. 56.
15
a) la Cort e carece de com pet encia para aplicar dicho inst rum ent o debido a que
los supuest os hechos que m ot ivaron la dem anda habrían ocurrido en 1995 y el
Ecuador rat ificó la Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura en el año 2000,
m ediant e publicación en el Regist ro Oficial de 13 de enero de 2000. En
consecuencia, a la fecha de la det ención del señor Daniel Tibi dicha Convención no
int egraba el ordenam ient o j urídico ecuat oriano; y
b) no se puede sancionar al Est ado por obligaciones que no ha cont raído y que
no exist ían al m om ent o de los hechos alegados; sí podrían exist ir, en cam bio,
violaciones al art ículo 5 de la Convención Am ericana.
58. Los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares m anifest aron que:
a) la Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura fue rat ificada por el Ecuador
el 9 de noviem bre de 1999 y ent ró en vigencia para el Est ado el 9 de diciem bre del
m ism o año, independient em ent e de la fecha en que el Est ado la haya publicado en
su Diario Oficial, conform e el art ículo 22 de la Convención I nt eram ericana cont ra la
Tort ura;
b) de conform idad con la Convención de Viena sobre el Derecho de los Trat ados,
las disposiciones de un t rat ado no obligan a un Est ado Part e respect o de un act o o
hecho que haya t enido lugar con ant erioridad a la fecha de ent rada en vigor del
t rat ado;
c) no solicit aron a la Cort e se pronuncie sobre las violaciones com et idas con
ant erioridad al 9 de diciem bre de 1999; y
Consideraciones de la Cort e
59. Ant es de considerar la present e excepción int erpuest a por el Est ado, est a Cort e
est im a necesario precisar que la m ism a se refiere a un plant eam ient o vinculado a un
16
aspect o t em poral de su com pet encia ( rat ione t em poris) m ás que una excepción relacionada
con la m at eria del caso ( rat ione m at eriae) .
60. Los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares solicit aron que se condene
al Est ado por la supuest a falt a de prevención, invest igación y sanción de la t ort ura, así
com o por la deficient e t ipificación del delit o de t ort ura. Ést os no solicit aron que la Cort e se
pronuncie sobre violaciones a la Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura com et idas con
ant erioridad a su ent rada en vigor en el Ecuador.
61. El Est ado rat ificó la Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura el 9 de noviem bre
de 1999. Ést a ent ró en vigor para el propio Est ado, conform e al art ículo 22 de la m ism a
Convención, el 9 de diciem bre de 1999.
62. Los hechos del present e caso ocurridos con ant erioridad al 9 de diciem bre de 1999
no caen baj o la com pet encia de la Cort e en los t érm inos de ese inst rum ent o. Sin em bargo,
la Cort e ret endría com pet encia para conocer de hechos o act os violat orios de dicha
Convención acaecidos con post erioridad a esa fecha 8 .
63. La Cort e es com pet ent e para conocer los hechos del caso sub j udice a la luz de la
Convención Am ericana.
64. Por lo ant erior, la Cort e desest im a la segunda excepción prelim inar int erpuest a por el
Est ado.
VI
P RUEBA
65. Ant es del exam en de las pruebas recibidas, la Cort e realizará, a la luz de los
art ículos 44 y 45 del Reglam ent o, algunas consideraciones aplicables al caso específico, la
m ayoría de las cuales han sido desarrolladas en la j urisprudencia de est e Tribunal.
66. En m at eria probat oria rige el principio del cont radict orio, que im plica, ent re ot ras
cosas, respet ar el derecho de defensa de las part es. Est e principio se reflej a en el art ículo
44 del Reglam ent o, en lo que at añe a la oport unidad en que debe ofrecerse la prueba, con
el fin de que haya igualdad ent re las part es9 .
67. La Cort e ha señalado ant eriorm ent e que los procedim ient os que se siguen ant e ella
no est án suj et os a las m ism as form alidades que las act uaciones j udiciales int ernas, y que la
incorporación de det erm inados elem ent os al acervo probat orio debe ser efect uada con
part icular at ención a las circunst ancias del caso concret o y respet o a la seguridad j urídica y
al equilibrio procesal ent re las part es10 . Adem ás, la Cort e ha t enido en cuent a que la
8
Cfr. Caso de los Her m anos Gom éz Paquiy auri. Sent encia de 8 de j ulio de 2004. Serie C No. 110, párr.
114; Caso Marit za Urrut ia. Sent encia de 27 de noviem bre de 2003. Serie C No. 103, párr. 95; y Caso Bám aca
Velásquez. Sent encia de 25 de noviem br e de 2000, Serie C No. 70, párr . 223.
9
Cfr. Caso de los Her m anos Gom éz Paquiyauri, supra not a 8, párr. 40; Caso 19 Com er ciant es. Sent encia de
5 de j ulio de 2004. Serie C No. 109, párr. 64; y Caso Molina Theissen. Reparaciones ( art . 63.1 de la Convención
Am er icana sobre Der echos Hum anos) , Sent encia de 3 de j ulio de 2004, Serie C, No. 108, párr. 21.
10
Cfr. Caso de los Her m anos Gom éz Paquiyauri, supra not a 8, párr. 41; Caso 19 Com erciant es, supra not a
9, párr. 65; y Caso Molina Theissen. Reparaciones, supra not a 9, párr. 23.
17
j urisprudencia int ernacional ha evit ado adopt ar una rígida det erm inación del quant um de la
prueba necesaria para fundar un fallo 11 , considerando que los t ribunales int ernacionales
t ienen la pot est ad de apreciar y valorar las pruebas según las reglas de la sana crít ica. Est e
crit erio es especialm ent e válido en relación con los t ribunales int ernacionales de derechos
hum anos, que disponen de am plia flexibilidad en la valoración de la prueba rendida ant e
ellos de acuerdo con las reglas de la lógica y con base en la experiencia12 .
68. De conform idad con lo ant erior, la Cort e procederá a exam inar y valorar el conj unt o
de los elem ent os que conform an el acervo probat orio de est e caso.
A) PRUEBA D OCUMENTAL
69. La Com isión I nt eram ericana aport ó prueba docum ent al al present ar su escrit o de
dem anda ( supra párr. 19) 13 .
70. Los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares present aron varios anexos
com o prueba docum ent al, j unt o al escrit o de solicit udes y argum ent os ( supra párr. 25) 14 .
71. El Est ado rem it ió el escrit o de int erposición de excepciones prelim inares,
cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, al cual agregó
varios anexos com o prueba docum ent al ( supra párr. 26) 15 .
72. El t est igo Juan Mont enegro y el perit o Sant iago Argüello Mej ía aport aron diversa
docum ent ación durant e la audiencia pública ( supra párr. 35) 16 , y los represent ant es
present aron un disco com pact o ( supra párr. 34) 17 .
73. Los represent ant es ( supra párr. 30) 18 y el Est ado ( supra párr. 32) 19 rem it ieron las
11
Cfr. Caso de los Her m anos Gom éz Paquiyauri, supra not a 8, párr. 41; Caso 19 Com erciant es, supra not a
9, párr. 65; y Caso Molina Theissen. Reparaciones, supra not a 9, párr. 23.
12
Cfr. Caso de los Her m anos Gom éz Paquiyauri, supra not a 8, párr. 41; Caso 19 Com erciant es, supra not a
9, párr. 65; y Caso Molina Theissen. Reparaciones, supra not a 9, párr. 23.
13
Cfr. expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexos 1 a 12, folios 043 a 199; t om o I I , anexos 13 a
29, folios 201 a 523; y t om o I I I , anexos 30 a 54, folios 526 a 664.
14
Cfr. expedient e de anexos al escr it o de solicit udes y argum ent os, anexo 01 a 27, folios 666 a 840; y,
anexos 28 a 38, folios 842 a 1071.
15
Cfr. expedient e de anexos al escrit o de excepciones prelim inar es, cont est ación de la dem anda y
observaciones a las solicit udes y argum ent os, folios 1072 a 1564.
16
Cfr. docum ent ación present ada por el t est igo Juan Mont enegro y el perit o Sant iago Ar güello Mej ía el 7 de
j ulio de 2004 ( expedient e de excepciones prelim inar es y event uales fondo y reparaciones, t om o I I I , folios 710.b a
713 y folios 722.b a 727) .
17
Cfr. disco com pact o ent r egado por los repr esent ant es de la presunt a v íct im a y sus fam iliar es el 7 de j ulio
de 2004 ( archivo de docum ent ación aport ado por los represent ant es durant e la audiencia pública sobre
excepciones prelim inar es y ev ent uales fondo, reparaciones y cost as) .
18
Cfr. declaraciones j uradas y declaraciones rendidas ant e fedat ar io público ( affidávit s) present adas por los
represent ant es ( expedient e de excepciones prelim inar es y event uales fondo y reparaciones, t om o I I I , folios 564 a
567, 570 a 572.a, 572.b a 574, 575 a 590, 601 a 602 y 632 a 648) .
18
declaraciones j uradas de los señores Alain Abellard y Michel Robert , las respuest as al
cuest ionario rem it ido por los represent ant es al señor Laurent Rapin y las declaraciones
rendidas ant e fedat ario público ( affidávit s) por el señor César Banda Bat allas y las señoras
Magdalena Peñafiel y Gloria Pérez, de conform idad con lo dispuest o por el President e en
Resolución de 11 de j unio de 2004 ( supra párr. 29) . Asim ism o, los represent ant es
rem it ieron las declaraciones j uradas rendidas por los señores Eric Orhand, Frederique Tibi y
Blandine Pelissier ( supra párr. 30) 20 . A cont inuación, el Tribunal resum e las part es
relevant es de dichas declaraciones.
En 1997 fue cont act ado por un am igo del señor Daniel Tibi, quien le com ent ó sobre el caso.
A t ravés de un celular pudo com unicarse direct am ent e con el señor Daniel Tibi, quien se
encont raba en el Cent ro de Rehabilit ación Social de Varones de Guayaquil ( en adelant e
“ Penint enciaría del Lit oral” ) , en Guayaquil, Ecuador.
Durant e los siguient es dos años, el t est igo escribió cinco art ículos sobre la sit uación
carcelaria en el Ecuador, específicam ent e acerca de las condiciones de la cárcel de
Guayaquil y la det ención del señor Tibi. Sus fuent es fueron el señor Daniel Tibi y ot ros
presos, m iem bros del cuerpo diplom át ico francés, periodist as ecuat orianos, incluyendo el
direct or del periódico ecuat oriano “ Hoy” , abogados y aut oridades del m ism o país.
En 1998 visit ó la Penint enciaría del Lit oral, donde t uvo la oport unidad de ent revist ar ent re
veint e y t reint a presos y visit ar t odos los pabellones de la cárcel, adem ás de la clínica y el
área de cast igo. Las conclusiones de dicha invest igación fueron publicadas en el art ículo
denom inado “ Midnight Express en Equat eur” . En ést e art ículo afirm ó que la arbit rariedad, la
falt a de condiciones sanit arias, las epidem ias ignoradas y la corrupción generalizada eran
event os cot idianos para los 2.800 det enidos de la cárcel de Guayaquil. Calificó de infernal a
est a cárcel, la cual reflej a el sist em a j udicial ecuat oriano.
Resalt ó que el caso del señor Daniel Tibi ilust ra el nivel de corrupción y la debilidad del
poder j udicial en el Ecuador. Señaló que si el señor Tibi hubiera pagado una sum a de
dinero a los funcionarios vinculados al caso, hubiera sido liberado. El arrest o del señor Tibi
fue product o de la m anera indiscrim inada en que se realiza la lucha cont ra las drogas. Los
policías reciben pagos con base en el núm ero de personas a las que det ienen. Est o creó un
incent ivo perverso que se t raduce en la det ención de personas inocent es, a quienes
post eriorm ent e le son negados sus derechos procesales básicos. Su invest igación reveló
que los derechos son “ com prados y vendidos” en las cárceles del Ecuador.
19
Cfr. declaraciones rendidas ant e fedat ar io público ( affidávit s) present adas por el Est ado ( expedient e de
excepciones prelim inar es y ev ent uales fondo y reparaciones, t om o I I I , folios 681 a 692) .
20
Cfr. declaraciones j uradas pr esent adas adicionalm ent e por los r epresent ant es ( expedient e de ex cepciones
prelim inar es y event uales fondo y reparaciones, t om o I I I , folios 591 a 599 y 607 a 608) .
19
Est udió “ Et iopat hy” , que es un m ét odo cient ífico para analizar y det erm inar las causas de
los fenóm enos pat ológicos. Dicha m et odología ut iliza t écnicas ancest rales de reposición de
huesos, a fin de t rat ar lesiones com unes, buscando suprim ir los sínt om as en vez de
t rat arlos superficialm ent e, con el obj et ivo de devolver al cuerpo hum ano sus funciones, a
t ravés de la m anipulación.
El t rat am ient o que dio al señor Tibi com enzó en j unio de 1998 y cont inuó hast a diciem bre
de ese m ism o año. Durant e las nueve sesiones en las que el señor Daniel Tibi asist ió al
t rat am ient o, advirt ió que ést e sufría de severas dolencias físicas, t ales com o: falt a de
m ovilidad en espalda y cuello, problem as de visión, heridas en la cara, pérdida de t ext ura y
elast icidad en la piel que reflej aba un grado de m alnut rición, dolor desde la región lum bar
hast a am bas piernas, la part e superior de su espalda t enía varios punt os de t ensión severa,
y agudos dolores de cabeza. El pacient e no podía dorm ir. Adem ás, not ó en las piernas
varias cicat rices de quem aduras de cigarro, redondas y profundas. Consideró que las
dolencias del señor Tibi, que incluían las palizas, m alnut rición, est rés y post ura perj udicial,
fueron result ado direct o de las condiciones de prisión.
El t rat am ient o que aplicó al señor Daniel Tibi se concent ró en aum ent ar la flexibilidad y
m ovilidad de la colum na vert ebral a t ravés de m anipulación. Le enseñó t écnicas de
relaj ación, con el fin de m ej orar el sueño. Mediant e el t rat am ient o, m ej oró la m ovilidad de
la espalda y el cuello, pero no logró rest aurar t ot alm ent e el cam po de m ovilidad, debido a
los severos daños recibidos. Los dolores de cabeza sólo dism inuyeron.
Recom endó que se diera ayuda psicológica inm ediat a al señor Daniel Tibi, t om ando en
cuent a la presencia de cam bios drást icos en sus em ociones.
Se desem peñó com o Em baj ador de Francia en el Ecuador de abril de 1993 a j ulio de 1997.
Conoció la det ención del señor Daniel Tibi a t ravés de la fam ilia y del abogado de ést e, y por
m edio de las aut oridades ecuat orianas. No recuerda la fecha de la not ificación oficial por el
Est ado ecuat oriano a la Em baj ada francesa. Nunca fue inform ado de que hubiese sido
t ort urado, señaló que est e punt o puede ser verificado con la señora Durin, Cónsul de
Francia Honorario en Guayaquil en aquél ent onces, pero cert ifica que las condiciones de
det ención eran precarias y difíciles.
Personalm ent e, j unt o con el cónsul y ot ros funcionarios de inst it uciones francesas, int ervino
regularm ent e ant e aut oridades ecuat orianas para pedir que el procedim ient o norm al y legal
de enj uiciam ient o fuera im plem ent ado en el caso del señor Daniel Tibi. Com o consecuencia
de la separación de poderes la decisión dependía de los j ueces, los cuales no respondían a
su solicit ud. La dem ora en el proceso fue el obj et o principal de sus gest iones oficiales.
Considera que el m ant enim ient o del señor Tibi en la cárcel por un período t an largo sin
j uicio represent aba una denegación t em poraria de j ust icia.
En los procedim ient os penales por delit os t ipificados en la Ley de Sust ancias Est upefacient es
y Psicot rópicas ( en adelant e “ LSEP” ) vigent e en 1995, se concedía acción popular para
denunciar las infracciones. En est os casos no se acept aba caución, condena condicional,
prelibert ad, libert ad cont rolada, ni los beneficios de la Ley de Gracia y del I ndult o.
20
La det ención provisional se est ableció con el obj et o de invest igar la com isión de un delit o,
ant es de iniciar la acción penal. La det ención no podía exceder de 48 horas. Si una
persona perm anecía det enida provisionalm ent e por un período m ayor al est ablecido en la
ley, debía ser liberada de oficio por el Juez. Sin em bargo, en la práct ica, el det enido se veía
obligado a solicit ar la liberación. La prisión prevent iva, m edida caut elar de caráct er
personal, no est aba suj et a a ciert a duración m áxim a. Se prolongaba indefinidam ent e.
A la fecha de los sucesos, en el Código Penal se est ablecían los casos de libert ad inm ediat a
de los im put ados de un delit o, pero aquél excluía a los que est uvieren encausados por
delit os sancionados por la LSEP.
La legislación ecuat oriana vigent e en la época de los hechos, señalaba que las personas
aut orizadas para proceder a la det ención debían ident ificarse y present ar la bolet a em it ida
por la aut oridad com pet ent e, la cual debe cont ener los m ot ivos de la det ención e indicar al
det enido cuales son sus derechos.
Con relación a la orden de prisión prevent iva, la not ificación se debía efect uar en form a
personal. En la práct ica, una vez em it ido el aut o cabeza de proceso, la cit ación no se
producía personalm ent e, sino que llevaba a la cárcel y la copia del aut o cabeza del proceso
se deposit aba en el archivo y no se le daba copia al sindicado.
Durant e la sust anciación del sum ario, la declaración indagat oria de los acusados debía
t om arse por el j uez dent ro de las 24 horas cont adas desde el m om ent o en que el acusado
era puest o a sus órdenes. Est e plazo se podía prolongar por 24 horas m ás, si el Juez lo
consideraba necesario. En la práct ica, las prim eras declaraciones se rendían ant e el agent e
fiscal y el agent e de la policía j udicial, y el j uez com pet ent e raram ent e int ervenía en la
recepción de dichas declaraciones.
Según la legislación ecuat oriana vigent e al m om ent o de los hechos, las et apas de los
procedim ient os penales t enían ciert a duración m áxim a: 1) el sum ario, no m ás de 60 días;
2) la et apa int erm edia, no m ás de 19 días; vencido est e plazo, procedía dict ar aut o de
sobreseim ient o o de apert ura a plenario, apelables dent ro de los t res días siguient es a su
not ificación; 3) la et apa plenaria se t ram it aba ant e el t ribunal penal; y 4) la im pugnación
procedía cuando, una vez dict ada la sent encia por el t ribunal penal correspondient e, las
part es int erponían casación, para lo cual cont aban con t res días; de no hacerlo, se
ej ecut aba la sent encia.
21
En ningún caso el j uez debía adm it ir com o t est igos a los coacusados; sus declaraciones no
debían const it uir prueba alguna.
El sobreseim ient o t iene variant es en el derecho ecuat oriano. El sobreseim ient o provisional
se dict a si el j uez considera que no se ha com probado la exist encia del delit o o, habiéndose
probado su exist encia, no se ha ident ificado a los culpables, o no exist e prueba suficient e de
part icipación del indiciado. Cuando se ha dict ado sobreseim ient o provisional del proceso,
est e suspende la sust anciación de la causa por un período de cinco años. Cuando se dict a
sobreseim ient o provisional del sindicado, se suspende el proceso por un período de t res
años. El sobreseim ient o definit ivo del proceso y del sindicado se dict a cuando el j uez
concluye que no se ha probado absolut am ent e la exist encia del delit o, o si encuent ra que se
han est ablecido causas de j ust ificación que exim an de responsabilidad al encausado.
Transcurridos los plazos, el j uez puede declarar de oficio o a pet ición de part e, el
sobreseim ient o definit ivo y ordenar el archivo de la causa. Dent ro de t odo el proceso, el
encausado debe gozar de la presunción de inocencia. En la práct ica, la presunción de
culpabilidad no se “ desvanece” en los casos de drogas, y result a casi im posible obt ener un
sobreseim ient o definit ivo. Cuando se dict a un sobreseim ient o provisional o definit ivo, el
j uez deberá poner en inm ediat a libert ad al sindicado si est uviere baj o prisión prevent iva,
conform e al art ículo 246 del Código de Procedim ient o Penal. Si el aut o de sobreseim ient o
fuere apelado por el Minist erio Público, la libert ad se ot orgaba baj o caución, cualquiera que
fuese el delit o im put ado. Sin em bargo, el régim en im puest o por la LSEP era dist int o, ya
que est ablecía la consult a obligat oria a la Cort e Superior, previo inform e obligat orio y
favorable del Minist ro Fiscal. Est a norm a im pedía que los beneficiarios de un aut o de
sobreseim ient o obt uvieran inm ediat am ent e su libert ad.
Los defensores de oficio eran insuficient es para el núm ero de causas pendient es en los
dist rit os de Quit o y Guayaquil, razón por la cual su act uación y su influencia en cada uno de
los procesos era práct icam ent e nula. Con base en el art ículo 54.5 del Código de
Procedim ient o Penal, se excluía al abogado defensor del im put ado durant e el m om ent o de
rendir declaraciones procesales.
En la legislación ecuat oriana no est á cont em plada la obligación del Est ado de poner en
cont act o al im put ado ext ranj ero con el consulado de su país de origen.
El perit o se refirió a las diferencias ent re el recurso de am paro de libert ad o hábeas corpus
j udicial y el hábeas corpus const it ucional.
El delit o de t ort ura no est á t ipificado en el Código Penal del Ecuador. Exist en t ipos penales
que t rat an de los delit os cont ra presos y det enidos, pero sólo sancionan ciert os act os de
t ort ura com et idos en las cárceles de la República. Los t ipos penales exist ent es no
concuerdan en nada con el requerim ient o form ulado por la Convención I nt eram ericana
cont ra la Tort ura, y m ucho m enos con la obligación adquirida por el Est ado de sancionar
est os act os en los t érm inos requeridos por la m encionada Convención. Por ot ra part e,
aludió a la inacción de las aut oridades j udiciales y del Minist erio Público, aun cuando se
t rat e de delit os perseguibles de oficio. Adem ás, señaló que si un exam en m édico legal era
ent regado direct am ent e a un j uez y cont enía paut as inequívocas de la com isión de un
delit o, el Juez est aba obligado a iniciar una invest igación, de oficio, según el régim en
inquisit ivo del procedim ient o penal de aquel ent onces. Aunado a lo ant erior, cuando un
recluso com unicaba al Direct or de la cárcel o al Direct or Nacional de Prisiones que había
sufrido algún m alt rat o por part e de ot ros reclusos o del personal de prisiones, se debía
iniciar una invest igación.
22
En la práct ica, la declaración del im put ado, obt enida a t ravés de su t est im onio indagat orio,
t iene valor de prueba a favor de aquél, sin perj uicio de que se debe obt ener ot ras pruebas
que corroboren lo afirm ado en la indagat oria. Est os hechos est án som et idos a un exam en
final de conj unt o, en el que se aplican las reglas de la sana crít ica para im poner una
sanción. En la práct ica de los j uicios de drogas, ant e la consigna de “ hundir” a los acusados
de narcot ráfico, poco o nada pesaba una declaración en t al sent ido, que por lo general
siem pre era desoída. La declaración procesal t iene valor en cont ra de quien la rinde por la
presunción de culpabilidad que im ponía el régim en de excepción de la LSEP.
En los procedim ient os sust anciados conform e a la LSEP, el Tribunal Penal dispone la
incaut ación y depósit o de los bienes, dinero y dem ás valores que hubieren sido ut ilizados
para la com isión de los delit os o que fueren product o o rédit o de ellos. Todo el dinero debía
ser deposit ado en el Banco Cent ral del Ecuador, dent ro de las 24 horas siguient es a la
aprehensión o incaut ación, en una cuent a especial del Consej o Nacional de Sust ancias
Est upefacient es y Psicot rópicas ( CONSEP) . Ej ecut oriada la sent encia condenat oria que
im ponía el decom iso o ext inguida la acción penal o la pena, el Consej o Direct ivo del CONSEP
disponía definit ivam ent e de esos bienes. Cuando se dict aba sobreseim ient o provisional, el
Est ado debía rest it uir al inculpado, de oficio, los bienes incaut ados, ordenando esa
devolución en el aut o de sobreseim ient o. Sin em bargo, en la práct ica se debe solicit ar al
j uez que ordene la devolución, que casi nunca se concede. Los policías se apropiaban de los
bienes incaut ados a los sindicados en los j uicios de drogas. El hecho de que el Juez Décim o
Oct avo de lo Penal del Guayas haya dispuest o la devolución de los bienes incaut ados al
señor Tibi y que esa orden no haya sido cum plida por el Consej o Nacional de Sust ancias
Est upefacient es y Psicot rópicas ( CONSEP) , es ilegal y arbit rario.
Conoce en form a relat iva la vida y la conduct a del ent onces det enido del señor Daniel Tibi,
debido al núm ero de la población carcelaria del Cent ro de Rehabilit ación de Varones de
Guayaquil. Lo conoció de m anera circunst ancial, por el recorrido que se hace, con alguna
frecuencia, en los 34 pabellones, el pasillo cent ral y el com edor de los int ernos.
En el depart am ent o en el que la t est igo t rabaj aba nunca se recibió quej a escrit a o verbal del
señor Daniel Tibi, durant e su perm anencia com o det enido. No conoce report e alguno de
m alt rat o físico ni psicológico en cont ra de aquél. Cuando los int ernos se encuent ran en
m alas condiciones de salud o han sufrido m alt rat os físicos o psicológicos, acuden por sus
propios m edios o por t erceros a solicit ar ayuda al depart am ent o de t rabaj o social, para
at ención del Depart am ent o Médico o de dist int os hospit ales o clínicas. Los consulados y
em baj adas de diversos países est ablecen una relación con el depart am ent o de t rabaj o social
para at ender casos de salud, com unicación e int errelación fam iliar y ayuda con vit uallas. No
fue ést e el caso de Daniel Tibi.
El señor Tibi est uvo recluido en los pabellones at enuados alt o y at enuados baj o, en celdas
bipersonales, con servicios de agua pot able, luz eléct rica y servicio sanit ario. Se t rat a de
inst alaciones con m ayor com odidad e higiene, donde los int ernos gozan de t rat o
preferencial, y sobre t odo si son ext ranj eros.
El Depart am ent o de Trabaj o Social int erviene en la polít ica penit enciaría para fom ent ar
act ividades art esanales y com erciales com o m edio de sust ent o personal y fam iliar, así com o
23
t am bién en el desarrollo de act ividades sociales, cult urales y recreat ivas. Sin em bargo, no
se t iene regist ro de que el señor Tibi haya realizado alguna act ividad.
Est a declaración se produj o en los m ism os t érm inos de la declaración inm ediat am ent e
ant erior.
En sept iem bre de 1999 conoció al señor Daniel Tibi. Después de algunos m eses decidió vivir
con él. En ese t iem po, Daniel le hablaba const ant em ent e sobre lo que le ocurrió en el
Ecuador y algunas de sus esperanzas de reconst ruir su vida y recobrar su pat rim onio.
Adem ás, le m anifest ó que t enía planeado escribir un libro y film ar una película.
Con el curso de los años ha not ado que el est ado m ent al y em ocional del señor Tibi ha
em peorado. En algunas ocasiones se encuent ra m olest o y en ot ras eufórico. Debido a lo
ant erior, sient e que est á viviendo con dos personas dist int as.
Durant e el t iem po en que el señor Daniel Tibi est uvo en prisión, adopt ó ciert os
com port am ient os y hábit os que aún conserva, com o acum ular cosas alrededor de su cam a,
enfadarse con frecuencia y caer en arrebat os violent os que han causado problem as a la
t est igo y a sus hij os. Dada la m ent alidad de la sociedad francesa, la im agen social del señor
Tibi ha sido dañada por el t iem po que pasó en prisión.
Act ualm ent e, sient e t em or de que el señor Daniel Tibi se aut oinfiera heridas. Se ha ent erado
de que padece de cáncer del est óm ago y lo ve desesperanzado.
Conoce al señor Daniel Tibi y a su fam ilia desde 1980. A part ir de ent onces m ant ienen una
cercana am ist ad.
Ant es de viaj ar al Ecuador, el señor Tibi era una persona feliz, opt im ist a, avent urera; le
gust aba disfrut ar la vida y era generoso, servicial, confiado y querido por la gent e. Tenía un
t alent o nat ural para arreglar cosas con sus m anos y era cariñoso con los niños.
En 1997 se ent eró de que el señor Daniel Tibi había sido encarcelado en el Ecuador. Cuando
Tibi regresó a Francia, est aba ext rem adam ent e delgado, el lado izquierdo de su cara
m ost raba una lesión, su m ej illa est aba hundida, su oj o izquierdo era asim ét rico con
respect o al derecho y, adem ás, present aba m últ iples quem aduras de cigarros en los brazos
y las piernas.
El señor Tibi ya no es la m ism a persona que conoció años ant es. Lo percibe afect ado
m ent al y em ocionalm ent e por su encarcelam ient o en Ecuador.
En el año 1986, m ient ras t rabaj aba en un cent ro t uríst ico de “ sky” en Francia, conoció al
señor Daniel Tibi, de quien se hizo am igo. Daniel era una persona ent usiast a y feliz,
ext rovert ido y generoso; t rat aba a los dem ás m uy bien y, por ello, le era fácil hacer am igos.
24
El t est igo veía a la presunt a víct im a com o una persona m uy unida a su fam ilia, con
relaciones cariñosas con sus herm anos y su m adre.
Acom pañó al señor Tibi cuando ést e se m udó al Ecuador. Por varias sem anas visit aron
diferent es regiones del país. Después, el declarant e regresó a Francia. Ent re 1992 y 1995,
vio a la presunt a víct im a un par de veces, cuando ést a viaj ó a Francia para disfrut ar de
vacaciones.
En 1997 recibió una cart a de Beat rice Baruet , en la que ést a le inform ó sobre la det ención
del señor Daniel Tibi y le m anifest ó que necesit aba dinero. Cuando habló con ella est aba
desesperada, por lo que se puso en cont act o con am igos y fam iliares para enviarle dinero al
Ecuador. Se pudo com unicar con la presunt a víct im a en prisión y se percat ó de que est aba
at errado y pensaba que iba a m orir ahí. Tant o el señor Tibi com o Beat rice Baruet le
enviaron docum ent os, fot ografías y recort es periodíst icos relacionados con su caso, los que
organizó para la prensa y para algunos m iem bros de los cuerpos diplom át icos francés y
ecuat oriano.
*
* *
74. Los represent ant es present aron varios anexos j unt o con los alegat os finales escrit os
y part e de la prueba requerida para m ej or resolver (supra párr. 40) 21 .
75. La Com isión present ó part e de la prueba para m ej or resolver solicit ada por la
Secret aría, siguiendo inst rucciones del President e ( supra párr. 41) 22 .
76. Los días 7 y 8 de j ulio de 2004 la Cort e recibió las declaraciones de los t est igos
Daniel Tibi, Beat rice Baruet y Juan Mont enegro, y de los perit os Carlos Mart ín Berist ain, Ana
Deut sch y Sant iago Argüello Mej ía, propuest os por la Com isión I nt eram ericana, los
represent ant es y el Est ado, en su caso ( supra párr. 33) . A cont inuación, el Tribunal resum e
las part es relevant es de dichas declaraciones y dict ám enes.
De nacionalidad francesa, act ualm ent e reside en Sceaux, Francia. Al m om ent o de los hechos
vivía en la ciudad de Quit o con su fam ilia y sus hij os, donde había residido por varios años.
21
Cfr. expedient e de los anex os a los alegat os escr it os de los r epresent ant e de la pr esunt a v íct im a y sus
fam iliar es, anexos 1 a 7, folios 1899 a 2063; y expedient e de prueba para m ej or resolv er present ada por los
represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares, t om o único, anexos 1 a 14, folios 2064 a 2349.
22
Cfr. expedient e de prueba para m ej or resolver pr esent ada por la Com isión I nt eram ericana, t om o único,
folios 1565 a 1897.
25
Tenía un negocio de piedras preciosas que funcionaba bien. La fam ilia decidió vivir en la
ciudad de Quit o, que los había “ seducido” . Les gust aba Ecuador. Todo t ranscurría
perfect am ent e. Eran felices. Pero un día t odo cam bió.
El día de los hechos sus capt ores, vest idos de civil y arm ados, lo hicieron abordar un
aut om óvil, que no era oficial. Para det enerlo le dij eron que se t rat aba de un cont rol
m igrat orio, pero no le ent regaron ningún escrit o u orden de aut oridad com pet ent e.
Tam poco fue inform ado sobre su derecho a t ener abogado y a recibir asist encia consular.
Acept ó de buena fe ir con ellos a m igración, en donde verificaron su est at us de resident e en
el Ecuador. Luego, esas personas le pidieron que los siguiera hast a las oficinas de I NTERPOL
para efect uar ot ras verificaciones, a lo que accedió. Después de una hora los oficiales le
solicit aron que present ara t odo lo que t enía consigo. Llevaba un m alet ín con herram ient as,
el m at erial con el que t rabaj aba y piedras preciosas. Hicieron una list a de t odas sus cosas.
En el act o le dij eron que t enía que ir a Guayaquil a rendir t est im onio, y que est aría de
regreso en un par de horas. Lo em barcaron en un avión. Después, en Guayaquil, lo llevaron
a un cuart el donde había varios policías, un fiscal y un coronel de policía, de nom bre
Abraham Correa, y un t enient e de policía. En ese cuart el se le int errogó acerca de su
conocim ient o de unas personas que figuraban en fot ografías que le m ost raron. Sólo
reconoció a una persona que le había ofrecido realizar un negocio con chaquet as de cuero,
que el t est igo nunca acept ó. En el cuart el j am ás le present aron una orden de aprehensión,
no est uvo present e ningún abogado ni se le inform ó de su derecho a cont rat arlo. Hast a ese
m om ent o no sabía la razón por la cual est aba det enido. Sin em bargo, le hicieron firm ar una
declaración en la que supuest am ent e reconocía a una persona. Recién al cuart o día de
haber sido det enido, le dieron perm iso para com unicarse con su esposa. En ese cuart el
est uvo ocho días. Luego fue t rasladado a la Penit enciaría del Lit oral, donde quedó privado
de libert ad por 843 días y noches en t ot al. Fue t rasladado a ese cent ro penit enciario sin
que se le hubiera inform ado las razones de ello. Durant e el t iem po que est uvo en la cárcel
nunca fue visit ado por abogado alguno nom brado por el Est ado. En el curso de la
invest igación penal en su cont ra, j am ás le fue ent regada la orden de aprehensión ni fue
not ificado de los cargos que se le hacían, y t am poco com pareció ant e un j uez.
Cuando llegó a la Penint enciaría del Lit oral lo ubicaron en un pabellón llam ado “ cuarent ena” ,
un lugar “ espant oso” , en el que est uvo por 45 días. En la “ cuarent ena” había ent re 250 y
300 personas, unas est aban t iradas en el suelo y ot ras gozaban de algunos privilegios
porque pagaban por dorm ir en “ biom bos” y t enían prot ección. El lugar m edía
aproxim adam ent e 20 m et ros de largo por 10 de ancho. Los presos no t enían perm iso para
salir al com edor o al pat io a cam inar. El t est igo t uvo que com prar com ida a ot ros
prisioneros. El am bient e era “ pest ilent e” , olía a defecación, drogas y sudor de la gent e en
hacinam ient o.
Post eriorm ent e, lo t rasladaron al pabellón at enuado baj o, donde perm aneció en los
corredores durant e novent a días. Dorm ía en una banca cuando había espacio, o en el
suelo; después por la fuerza pudo quedarse en una celda. Cont inuaba com prando com ida,
ya que la cocina de la penit enciaría parecía un “ basurero” . Beat rice era quien le
proporcionaba dinero para pagar la com ida. Lo visit ó en 72 ocasiones durant e su
encarcelam ient o. Ella hacía el viaj e Quit o a Guayaquil y de esa ciudad a Quit o, algunas
veces en aut obús y ot ras en avión. Lo visit ó cuando est aba em barazada, y luego acudió con
su hij a.
negó. Más t arde lo em pezaron a golpear, le pusieron esposas y lo arrast raron por el suelo a
ot ro lugar del m ism o edificio. Allí em pezaron a t ort urarlo, le desgarraron el pant alón y lo
quem aron con cigarrillos para obligarlo a firm ar la declaración. Com o él seguía negándose,
lo golpearon hast a que se desm ayó. Lo ant erior ocurrió seis o siet e veces en un lapso de
m es y m edio. En una ocasión recibió descargas eléct ricas en los t est ículos, y en ot ras lo
sum ergieron en un balde con agua t rat ando de ahogarlo. Tenía pánico y pensaba que iba a
m orir. Cuando recibía las quem aduras de cigarrillos sent ía un dolor que le at acaba los
nervios. Era insoport able y le hacía desm ayar. Durant e ese período t em ía por la vida de su
esposa y de sus hij as, porque est aban solas. Deseaba denunciar la t ort ura. Lo com ent ó
con ot ros det enidos, quienes le dij eron que no lo hiciera porque seguram ent e lo m at arían.
Ent onces desist ió, pero se propuso present ar la denuncia una vez que se encont rara libre.
Durant e su det ención, el declarant e t uvo acceso a un m édico t res veces, pero solo le
pract icaron exám enes y en ningún m om ent o recibió t rat am ient o. Una vez pidió al Cónsul
de Francia en el Ecuador que solicit ara a la Dirección de la cárcel que lo llevaran al hospit al,
pero en esa ocasión los agent es del Est ado pret endieron aplicarle la “ ley de fuga” , que
consist e en m at ar a los det enidos sim ulando que pret enden huir. En los m eses de
sept iem bre y oct ubre de 1997 le hicieron una revisión m édica. El m édico lo exam inó de pie
por cinco m inut os, sin indicarle t rat am ient o alguno. Cuando se hizo est e exam en el señor
Tibi t enía una lesión en la m andíbula, debido a que en la últ im a sesión de t ort ura lo habían
golpeado con un palo que le hundió la cara y le rom pió los dient es. Por ello t uvo que ir
donde ot ro det enido, que t enía un negocio de servicio dent al y le hizo una prót esis.
A t ravés del abogado de ot ro det enido pudo ver el aut o cabeza del proceso que había
servido de base para vincularlo. En ese docum ent o figuraban m uchas personas. Solo dos
líneas se referían a él. El señor Eduardo Edison García León dij o en su declaración que el
declarant e le había vendido, en dos ocasiones, hast a cincuent a gram os de cocaína. El
t est igo aclaró que en ningún m om ent o recibió el j uez la declaración que hicieron él y el
señor Eduardo Edison García León, quienes declararon ant e el m ism o escribano público que
fue a la cárcel en el m es de m arzo. En esas declaraciones señalaron que el part e policial
era falso y que habían declarado baj o presión.
Con respect o al proceso, el declarant e supo que había sido sobreseído, y ent onces int erpuso
dos recursos de am paro j udicial. En el prim ero, el j uez encargado de la causa lo “ recibió” y
lo “ escuchó” . Después rechazó el am paro j udicial. Post eriorm ent e, int erpuso un segundo
recurso de am paro j udicial ant e la Cort e Superior, y expuso su caso al m inist ro Milt on
Moreno, señalando que podía am pararse para que se le concediera la libert ad, porque el
proceso había sido sobreseído al no exist ir prueba alguna de los delit os que se le
im put aban; sin em bargo, seguía preso. Su pet ición fue rechazada.
Una noche en la Penint enciaría del Lit oral es com o un infierno. Un ser hum ano norm al no
puede resist irla. Quienes no t enían celdas pasaban el t iem po en los pasillos, escalando las
paredes, pasando de un pabellón a ot ro y t rat ando de robar a t ravés de las rej as de las
celdas. Se int roducían t am bién en los pabellones para fum ar crack. En esa cárcel se podía
com prar t odo, había negocio de drogas, cocaína, alcohol y arm as. La gent e andaba
arm ada. Era un lugar donde había que cuidarse, t ant o de afuera com o de adent ro.
Muchas veces t uvo problem as con los dem ás presos, porque lo veían com o un ext ranj ero y
querían sacarle dinero. Sin em bargo, los guardias nunca int ervinieron. Eso lo m ant enía en
un est ado de t em or. A causa de una pelea fue llevado a la celda de cast igo. En ella se
est aba confinado ent re cuat ro paredes; el suelo era un basurero; exist ía un hueco en el
fondo y un chorro de agua que salía de la pared; no había luz ni vent ilación; no t uvo acceso
a ningún alim ent o. Durant e m ucho t iem po se m ant uvo aislado, porque t enía m iedo de las
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agresiones de ot ros det enidos. Siem pre t rat ó de t ener una convivencia pacífica, cosa difícil
porque no había separación ent re los crim inales m ás peligrosos y quienes aún no est aban
sent enciados. Los guardias t am bién t rat aban de ext orsionarlo por cualquier m ot ivo.
Cuando logró com prar m aquinaria para hacer m arcos y cuadros, pudo ganar un poco de
dinero. Tenía m uchos problem as financieros con su esposa, por los gast os que ést a debía
hacer para acudir a visit arlo j unt o con su hij a.
Al m om ent o de la det ención, le ret uvieron una m alet a con oro y piedras preciosas de su
propiedad, ya que se dedicaba a la com pravent a de piedras preciosas. Por eso aquel día
llevaba consigo m uest ras de esm eraldas, diam ant es, zafiros, rubíes, con un precio de
com pra de US$135.000 ( cient o t reint a y cinco m il dólares de los Est ados Unidos de
Am érica) . Adem ás, los agent es le quit aron su billet era con 250.000 sucres ( doscient os
cincuent a m il sucres) , su t arj et a de crédit o, su chequera, t odo lo que llevaba, incluso la
cédula de ident idad de su hij a. Sus t arj et as de crédit o fueron usadas m ient ras él est aba
det enido, y cuando regresó a Francia se encont ró en un “ est ado de prohibición” para t ener
cuent a bancaria, porque la habían vaciado y present aba un sobregiro de US $6.000 ( seis m il
dólares de los Est ados Unidos de Am érica) . Hizo varias gest iones para recuperar sus
bienes. La últ im a consist ió en ir a la Em baj ada del Ecuador en Francia, donde ent regó al
Cónsul del Ecuador el pedido para recuperar sus pert enencias. Aquél le dij o que iba a ser
t ransm it ida a la Cancillería ecuat oriana, pero no ocurrió nada m ás. Ant es de su det ención,
a veces ganaba US$5.000 ( cinco m il dólares de los Est ados Unidos de Am érica) al m es, en
ocasiones US$10.000 ( diez m il dólares de los Est ados Unidos de Am érica) com o
com erciant e de piedras preciosas y m anifest ó que carecía de m at rícula para sus act ividades
de com ercio. No t enía ingreso fij o pero disfrut aba de m uy buen nivel de vida. Tant o él
com o su fam ilia podían ir de vacaciones cuando querían, viaj ar a cualquier part e del m undo;
no t enía ningún problem a ni m ot ivo de preocupación.
En cuant o a sus relaciones fam iliares, al m om ent o de su det ención la relación con su hij a
Sarah era m uy buena, com part ían m uchas cosas, com o la m úsica, y la ayudaba en sus
est udios. Tam bién t iene un hij o, frut o de una relación ant erior, llam ado Valerian Edouard,
pero durant e el t iem po en que est uvo det enido j am ás pudo verlo, y ahora sient e que han
cam biado las relaciones ent re ellos; cree que el j oven perdió la confianza en su padre.
Su esposa llevó a su hij a Lisianne a la cárcel, para que el señor Tibi la conociera. Después
la llevó cada fin de sem ana y durant e las vacaciones, aunque él t uviera que pagar a los
guardias para que pudiesen quedarse un fin de sem ana ent ero o hast a unos quince días con
él en la cárcel. Sent ía desesperación al ver en la celda a su hij a recién nacida y a su
esposa.
Ant es de ser det enido era una persona “ feliz de la vida” , t ranquilo, no t enía problem as,
cont aba con una fam ilia, un hogar y t odo andaba bien, hast a que un día se quebró t odo, y
se vio en una sit uación que lo t ransform ó com plet am ent e; se volvió m uy desconfiado, y
hast a ahora le es m uy difícil t ener relaciones norm ales con la gent e. Se sient e perseguido,
no puede t rabaj ar, no puede vivir norm alm ent e. Su m at rim onio se dañó. Ya no puede
t ener relaciones norm ales con su ex com pañera ni con sus hij as, es decir, se dañó t oda la
fam ilia. No t iene com unicación con su hij o Valerian Edouard. Sus planes de t rabaj o en el
Ecuador eran vivir t ranquilo, en paz, con su negocio de piedras preciosas y de obras de art e.
Había com prado un t erreno en la playa y pensaba hacer un com plej o t uríst ico y vivir
t ranquilam ent e con su fam ilia.
Al m om ent o de su det ención, su pat rim onio est aba conform ado por las piedras preciosas
( que represent aban casi t odo lo que le decom isaron) , los t errenos que habían com prado y
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que t enían un valor de US$80.000 ( ochent a m il dólares de los Est ados Unidos de Am érica) y
las cuent as bancarias con US$300.000 ( t rescient os m il dólares de los Est ados Unidos de
Am érica) . Mient ras perm aneció preso su ex com pañera t uvo que t rabaj ar. Tam bién cont ó
con ayuda de part e de su fam ilia, que le envió dinero, pero cuando ya no le alcanzó em pezó
a vender t odo lo que t enían, para pagar los viaj es, los gast os y los abogados.
Ant es de haberse m udado al Ecuador, pasó diez años fuera de Francia. Después de haber
sido liberado regresó a est e país, donde se sient e com o en un segundo cast igo. No quería
vivir allí. Salió de Francia porque quería vivir en ot ro país, no le convenía la vida allá, y
cuando regresó se encont ró con un país que desconocía, con incapacidad de t rabaj ar y en
m uy m al est ado físico. Para su fam ilia, est o significó igualm ent e, el fin de un sueño, ya que
est aban felices de vivir en el Ecuador y regresaron a un país que no conocían y no les
gust aba.
Cuando llegó a Francia le pract icaron una cirugía facial, le operaron la cara, el m alar, la
nariz, y t am bién una hernia discal; t enía huecos en las paredes abdom inales, una vért ebra
aplast ada. Había envej ecido com o veint e años. Ahora ya no puede hacer esfuerzo físico y
t iene que operarse de nuevo. Tuvo hepat it is. Los m édicos le han dicho que seguram ent e
fue com o consecuencia de las condiciones de det ención en las que est uvo. Adem ás, t iene
cáncer de est óm ago.
No se ha hecho j ust icia en su caso. Para él la j ust icia im plica que no se det enga una
persona del m odo en que lo hicieron con él, es decir, basándose únicam ent e en un inform e
policial que m enciona su nom bre en dos líneas y sin que se hubiera com probado nada,
dest ruyendo fam ilias, vidas, sin que nadie se preocupe del daño que se ha hecho. Ha
quedado afect ado su honor en el Ecuador y en Francia, porque hast a ahora no se ha
inform ado de m anera oficial que su caso fue sobreseído y, por lo t ant o, no se ha declarado
su inocencia. Por ello m ucha gent e piensa, hast a ahora, que es culpable.
El “ daño m oral” que sufrió se debe reparar a t ravés del reconocim ient o público de lo que ha
ocurrido, haciendo un reconocim ient o oficial en los m edios de prensa y en la t elevisión, en
el que se diga que se violaron sus derechos y que fue det enido en form a arbit raria; adem ás,
debe publicarse la sent encia en la que se acredit e que es inocent e y que nunca part icipó en
act ividades delict ivas. Tam bién desea que el Est ado reconozca su incom pet encia al aplicar
las leyes en su país y que se com et ió una inj ust icia grande en su caso; que reconozca que
hay que cam biar las cosas para m ej orar el t rat am ient o de los det enidos que siguen sin
sent encia, que el Est ado asum a su responsabilidad de t odo lo que ha ocurrido y t om e las
m edidas para que esas acciones no se repit an.
Reside act ualm ent e en Francia, conoció al señor Tibi en el Ecuador en 1992 y fue
com pañera de él durant e siet e años. Al m om ent o de conocerlo era una persona sim pát ica,
alegre y generosa. Se enam oró del él porque era m uy carit at ivo.
Durant e el t iem po en que vivieron j unt os en Ecuador sus planes eran quedarse en ese país.
Ella t enía t rabaj o com o profesora en el Liceo francés, en el que ganaba aproxim adam ent e
US$2.000 m ensuales ( dos m il dólares de los Est ados Unidos de Am érica) y el señor Tibi
t enía un negocio de esm eraldas y pint uras.
Ant es de la det ención, la relación ent re la presunt a víct im a y sus hij as Sarah y Jeanne era
buena, norm al, vivían j unt os y const it uían una fam ilia. Valerian Edouard, el ot ro hij o del
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señor Tibi, pasó con ellos unas vacaciones en el Ecuador, aunque después regresó a Francia
porque le hacía falt a su m adre.
No fue inform ada cuando el señor Daniel Tibi fue aprehendido, hast a que el m ism o Daniel la
llam ó para decirle que est aba en el Cuart el Modelo de Guayaquil, que no sabía por qué, y le
pidió que viera a un abogado para conocer lo que pasaba. Después ella buscó un abogado
en Guayaquil y fueron al Cuart el Modelo, donde no lo encont raron y le dij eron que no est aba
allí. Por ello, fueron a ot ros sit ios de Guayaquil donde lo podía encont rar, com o la
penit enciaría, el hospit al m ilit ar, la policía, pero nadie les dio razón del señor Daniel Tibi.
Paso t odo el fin de sem ana si saber nada de él. Unos días después, una señora la llam ó y le
dij o que el señor Tibi est aba en la Penit enciaría del Lit oral.
Cuando el señor Tibi fue det enido; ella t enía em barazo de t res m eses, así iba a visit arlo
cada fin de sem ana, y cuando t enía vacaciones escolares. A veces viaj aba por avión y ot ras
en aut obús, dependiendo de los recursos económ icos que t enía en el m om ent o. Durant e
las visit as a la cárcel conoció al señor Eduardo Edison García León, quien le dij o: “ señora
discúlpem e[ …] , porque [ lo que] he dicho yo no lo quería decir” . Ese señor fue quien
m encionó al señor Tibi en su declaración, involucrándolo en el caso, pero él m ism o le
explicó que lo hizo así porque fue am enazado.
Las condiciones de det ención de la presunt a víct im a eran pésim as, difíciles, hum illant es
para los presos y para los visit ant es. Había una m ult it ud que la rodeaba y le pedía dinero y
“ de t odo” . No había seguridad dent ro de la cárcel. Por eso, cuando iba de visit a se quedaba
en la celda de Daniel y sólo salía a veces al pat io, a la hora de la visit a, para que su bebé
t om ará un poco de aire. Durant e sus visit as vio m ucha violencia en la cárcel. Un día que
había ido con su hij a Jeanne Cam ila, quien en esa época t enía seis años, hubo una “ pelea
con m achet es” . La niña vio la pelea y no quiso regresar m ás a la cárcel. Adem ás, com enzó
a t ener pesadillas y t em or en la calle. La peor zona de la penit enciaría era la llam ada
“ cuarent ena” , donde el señor Tibi perm aneció un t iem po, era una sola pieza donde había
com o doscient as personas y las cam as no alcanzaban para t odos. Las condiciones de la
cárcel eran m alas; no había baños ni adecuada asist encia m édica.
Ella llevó a su hij a a la cárcel, con t res sem anas de edad, para que el señor Tibi la
conociera. Así lo hizo con frecuencia. La det ención de la presunt a víct im a afect ó la relación
con sus hij as; su hij a m ayor t uvo que quedarse en Francia durant e esos dos años y m edio
con sus abuelos, porque ella no t enía ni el t iem po ni el ánim o para cuidarla bien. Por la
det ención del señor Tibi, se vio en la necesidad de dej ar a sus hij as durant e t odo est e
t iem po. La m ayor, Sarah, pasó de niña a adolescent e, sin que ella la pudiera ayudar. Con
su hij a Jeanne Cam ila m ant uvo una buena relación, dado que las dos est aban solas y se
sost enían. Lo difícil para Jeanne Cam ila fue que casi t odos los fines de sem ana t enía que
dej arla con su vecina, cuando la declarant e viaj aba a Guayaquil. Durant e dos años y m edio
no hizo nada especial con sus hij as, porque lo que le sobraba del sueldo, luego de pagar la
rent a, la luz y la alim ent ación, lo dest inaba al señor Tibi.
El im pact o que t uvo la det ención de Daniel en su vida y en su fam ilia fue m uy grande. Todo
cam bió para ellos. Se acabaron los proyect os que t enían de seguir viviendo j unt os en el
Ecuador.
El señor Daniel Tibi present ó cam bios en su condición física y m ent al; pasó de ser un
hom bre de buena salud, buen peso y fuert e, a ser com o un “ fant asm a” ; había perdido
m ucho peso, cam biado su cara, el oj o y el hueso no est aban en su lugar; t enía quem aduras
en las piernas, dolores en t odo el cuerpo, est aba m uy m al. El señor Tibi cam bió com o
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consecuencia del t iem po que pasó en la cárcel; cam bió con ella y con las niñas; era m uy
difícil.
La j ust icia para est e caso no sería sólo el reconocim ient o de la inocencia del señor Daniel
Tibi, sino t am bién la garant ía de que no se repet irán est os hechos.
c) Pe r it a j e de Ju a n M ont e ne gr o, m é dico
El 19 de sept iem bre de 1997 at endió al señor Tibi por requerim ient o del Juez Décim o
Oct avo de lo Penal del Guayas, cont enido en una pet ición form al del 18 de sept iem bre del
m ism o año, en la que se le ordenaba pract icar un “ m inucioso y exhaust ivo” reconocim ient o
m édico legal del det enido cuyo result ado debía ser rem it ido a la brevedad posible. Esa
pet ición fue m ot ivada por una solicit ud escrit a por el abogado defensor del señor Tibi, en la
que se expresaba que ést e se encont raba m al de salud y requería aut orización j udicial para
ser t rasladado a una clínica part icular. Por ello, el j uez em it ió la orden para que el servicio
m édico legal de la Policía Nacional en Guayaquil realizara una valoración y det erm inara si
realm ent e necesit aba ser t rasladado a una “ sala de salud” . En el exam en det erm inó que el
señor Tibi present aba lesiones en las ext rem idades superiores, inferiores, en el t órax, y que
t enía una asim et ría facial izquierda por com presión de un hueso del m acizo facial. Al
encont rar lesiones escoriat ivas que se acom pañaban de procesos inflam at orios e infecciosos
disem inadas en ext rem idades superiores e inferiores y en el t órax, que est aban infect adas y
t enían m at erial purulent o, recom endó que ést as fueran t rat adas por un derm at ólogo. Las
zonas escoriat ivas pueden ser producidas por cualquier t raum a o fricción de un rascado, y
se acom pañaban por un proceso infeccioso. Las m últ iples zonas escoriat ivas se
encont raban disem inadas en las regiones t oráxicas ant erior y post erior, y en los m iem bros
superiores e inferiores. No recuerda su núm ero exact o. Las describió com o de m edio
cent ím et ro aproxim adam ent e, pero había algunas m ás grandes que ot ras y de coloración
roj iza “ pint ando para café” , porque casi t odas est aban afect adas por un proceso infeccioso.
No encont ró lesiones con quem aduras o con elect ricidad. De haber sido inform ado de que
esas lesiones eran product o de act os de t ort ura, lo habría com unicado a la aut oridad que
solicit ó la valoración, pero no recuerda que el señor Daniel Tibi le hubiera inform ado sobre
ello; por el cont rario, le com ent ó que que la lesión que present aba en la región m alar fue
producida por un com pañero de celda y que las lesiones que t enía en la piel eran product o
del clim a y de la presencia de insect os de la zona. No puede afirm ar ni negar que las
lesiones que present aba el señor Daniel Tibi fueron causadas por t ort ura. El exam en que
realizó al señor Tibi duró ent re veint e y veint icinco m inut os. Usó los m edios t écnicos
necesarios para hacer un exam en general: un t ensióm et ro y un est et oscopio. El policlínico
del cent ro de rehabilit ación no cuent a con t ecnología de punt a para realizar exám enes.
En m edicina, ningún exam en que se haga para det erm inar la gravedad de una persona
t iene que ser ext enso; “ m ient ras m ás sim ple[ ,…] concret o y rápido sea, se salva esa vida.
No podem os arriesgar en hacer un inform e ext enso [ de] la vida del pacient e.” El cent ro de
det ención no cuent a con aparat os t écnicos para det erm inar la presencia de una úlcera. Sin
em bargo, no consideró necesario pedir el t raslado del señor Daniel Tibi a un cent ro de salud
donde pudieran pract icársele los exám enes necesarios, debido a que ést e no le m anifest ó
que t uviera una úlcera est om acal.
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El inform e sobre el señor Tibi y la evaluación post erior fueron enviados al j uez de la causa el
m ism o día en que se pract icó el exam en. No dio ninguna recom endación ni t rat am ient o
m édico a los procesos inflam at orios e infecciosos, debido a que los m édicos forenses no
pueden realizar ese género de acciones, sino sólo inform ar a quien lo solicit a. Las únicas
recom endaciones que hizo en aquella ocasión, fueron que el señor Tibi fuera at endido por
dos m édicos especialist as, uno en derm at ología y el ot ro en t raum at ología. Consideró
necesaria la valoración por part e de un t raum at ólogo en relación con los problem as del
señor Tibi en su ext rem idad inferior izquierda. No consideró necesaria la valoración por
part e de un neurólogo, porque no exist ían problem as o pat ologías neurológicas lat ent es. No
est im ó que fueran severas las lesiones en el hueso m alar izquierdo y en el oj o y el póm ulo,
por considerar que se t rat aba de una asim et ría facial, una deform idad.
Las causas que m encionó con respect o a las lesiones que present aba el señor Tibi y que
const an en el inform e, fueron que la asim et ría facial izquierda fue producida por la acción
t raum át ica de un obj et o cont undent e duro y que las lesiones descrit as en el t órax y en las
ext rem idades eran de caráct er derm at ológico. El obj et o “ cont undent e duro” pudo ser un
elem ent o con peso que im pact ó en la superficie corporal, o t am bién pudo ser que la
superficie corporal se hubiese im pact ado en una superficie inanim ada. No pudo det erm inar
qué causó los problem as derm at ológicos; pero por referencia consideró que podían haber
sido producidas por insect os.
No conoció a profundidad el Prot ocolo de Est am bul, Manual de Naciones Unidas para la
invest igación y docum ent ación de la t ort ura y ot ros t rat os o penas crueles inhum anas o
degradant es. Tam poco conocía los exám enes m édicos ant eriores realizados al señor Daniel
Tibi ni de su hist oria m édica, ni realizó ningún est udio psicológico o psiquiát rico, ya que el
j uez no le pidió valorar si había sido t ort urado, sino sim plem ent e le requirió una valoración
m édico legal para det erm inar si podía ser t rasladado a una casa de salud.
Durant e los veint icuat ro años que t rabaj ó com o m édico forense de la policía y diecinueve
com o forense del servicio m édico legal, nunca ha denunciado la exist encia de lesiones
producidas por t ort ura, dado que es el j uez quién det erm ina est o con la pericia que los
m édicos aport en y con las recom endaciones que form ulen. En su desem peño profesional
nunca ha t enido la oport unidad o se ha vist o obligado a denunciar casos de t ort ura en el
cent ro de det ención, debido a que por la nat uraleza de sus funciones sólo act úa cuando la
aut oridad requiere la práct ica de valoraciones.
Evaluó la t ort ura a la que fue som et ido el señor Tibi y sus respect ivas consecuencias físicas
y psicológicas. Analizó los inform es de los exám enes m édicos realizados a aquél durant e su
det ención y aquéllos pract icados luego de su liberación. En los prim eros inform es m édicos
correspondient es al período de det ención del señor Daniel Tibi no hay una clara definición
de la t ipología de las lesiones que aparecen en la piel de ést e. Las lesiones son
denom inadas de form a inespecífica y genérica en t érm inos m édicos. Tam poco hay una
det erm inación de las posibles causas de dichas lesiones. El inform e realizado durant e la
det ención de la presunt a víct im a por una derm at óloga cont rat ada por la Em baj ada francesa
en el Ecuador fue m ás det allado y t uvo un seguim ient o. Asim ism o, el señor Tibi fue
exam inado por un ot orrinolaringólogo y por un t raum at ólogo después de su excarcelación
que describe las lesiones de dos hernias discales en la zona lum bar. Exist e un conj unt o de
inform es que se hicieron durant e el período post erior al que el señor Tibi recuperó su
llibert ad, t odos esos inform es est án hechos en Francia por diferent es expert os o j efes
32
Los inform es m édicos legales deberían t ener dat os sobre la sit uación general del pacient e.
En el caso del señor Tibi falt aron una anam nesis, un int errogat orio respect o a si había
t enido problem as en el sist em a m úsculo esquelét ico, en el aparat o digest ivo, respirat orio,
neurológico, así com o una valoración sobre el posible origen de esas lesiones, y la form a de
prevenir est as sit uaciones.
Realizó una ent revist a clínica al señor Tibi y revisó t est im onios de algunas personas
referidas al caso. En la ent revist a que m ant uvo con la presunt a víct im a pudo const at ar que
narra coherent em ent e las circunst ancias y los hechos. No hay una exageración en su relat o
respect o a la posible cont inuidad de las sesiones de t ort ura o las diferent es lesiones que
m uest ra; no las at ribuye t odas a condiciones de m alt rat o sino a ot ro t ipo de sit uaciones que
t am bién vivió durant e su det ención.
Com o result ado de su evaluación, pudo concluir que hay un período ent re los m eses de
febrero y abril de 1996 en los que el señor Tibi aparece con una serie de lesiones bast ant e
graves, com o el hundim ient o del m alar izquierdo, la pérdida de part e de las piezas dent ales
de la arcada superior y una desviación del t abique nasal. Asim ism o, de la revisión m édica
que realizó al señor Tibi, fot ografió e ident ificó al m enos cinco lesiones que corresponden a
quem aduras de cigarrillo. Hay m uchas ot ras lesiones que no podría decir a ciencia ciert a si
corresponden o no a quem aduras de cigarrillo. El señor Tibi t uvo una pérdida añadida en el
oído izquierdo para las frecuencias agudas y, en ausencia de ot ros fact ores de riesgo,
m uest ra de una m anera m uy significat iva que las consecuencias en ese oído t ienen que ver
con el im pact o t raum át ico. Las sum ersiones en agua com o m ét odo de t ort ura producen una
sensación de asfixia m uy angust iant e, no dej a lesiones físicas, salvo algunas lesiones en un
t ipo m uy reducido, com o por ej em plo por m aniobras de presión sobre el cuello, y unas
pequeñas hem orragias en la esclerót ica del oj o. Los choques eléct ricos en los t est ículos son
una agresión m uy im port ant e en una zona m uy sensible del cuerpo.
Los m édicos del servicio penit enciario realizaron el prim er exam en m édico al señor Tibi seis
m eses después de sufrir las lesiones m ás evident es y graves, lo que evidenció que no hubo
un seguim ient o m ínim o en ese período del est ado de salud de la presunt a víct im a. Las
lesiones que present aba el señor Tibi eran visibles y era obvio que requerían at ención
m édica. La falt a de t rat am ient o m édico adecuado para las lesiones t ienen un im pact o
grande en el proceso de recuperación.
El dolor físico causado al señor Tibi por la m olest ia del hundim ient o m alar pudo durar hast a
la recuperación quirúrgica del hueso y el t abique nasal. Los ot ros dolores asociados a las
quem aduras de cigarrillos y a las ot ras lesiones físicas pudieron t ardar en curar de dos a
cuat ro m eses con un t rat am ient o con ant ibiót icos y m ucho m ás sin t rat am ient o. Las
lim it aciones físicas act uales del señor Tibi m ás evident es son sus problem as lum bares y de
m ovilidad recurrent e de las dos hernias discales. Tiene una hepat it is C y la exist encia del
linfom a t ipo B. El señor Tibi requiere que se de seguim ient o m édico a est as enferm edades.
Daniel Tibi m ost ró una dism inución progresiva de la sint om at ología que present ó durant e el
período de det ención, caract erizada por una reacción de est rés agudo. En la act ualidad
sigue m ost rando cam bios frecuent es en el hum or, problem as com o la irrit abilidad, y falt a de
cont rol de las sit uaciones de agresividad que ant eriorm ent e confront aba en la vida
cot idiana. Est as m anifest aciones corresponden a un cam bio de personalidad duradero, que
es un t ipo de problem a de salud m ent al que form a part e de la “ Clasificación I nt ernacional
de Enferm edades de la Salud” .
33
Realizó ent revist as al señor Daniel Tibi y a la señora Beat rice Baruet en la ciudad de París,
Francia, y en San José, Cost a Rica. I gualm ent e se ent revist ó con la hij as de la señora
Baruet , Sarah y Jeanne Cam ila y conoció a Lisianne Judit h Tibi.
El señor Tibi fue som et ido a un arrest o ilegal y arbit rario y a una det ención prolongada por
m ás de dos años durant e los cuales fue golpeado, t ort urado y m ant enido en condiciones
inhum anas de vida, a pesar de que conocía que era inocent e. No t uvo acceso a un proceso
legal adecuado para poder defenderse y lograr su liberación. Todas est as acciones est án
fuera de la lógica, del sent ido com ún y son en sí m ism as psicot izant es.
Los sínt om as psicológicos que ha ident ificado en el señor Daniel Tibi son consist ent es con la
secuelas que produce la t ort ura. El señor Tibi no present aba esas psicopat ías ant es de los
acont ecim ient os, por lo que se puede concluir que t ienen su origen en las condiciones del
encarcelam ient o al que fue som et ido. Asim ism o, el encarcelam ient o del señor Tibi afect ó su
im agen ant e su fam ilia y la sociedad.
Después de su liberación, el señor Tibi recibió t rat am ient o psicológico en Francia, pero no lo
cont inuó. La sint om at ología de depresión y desesperanza llevó a la presunt a víct im a a
pensar que nada podría ayudarlo a recuperar la persona que era ant es. El señor Tibi
const ruyó en Ecuador un est ilo de vida confort able y t enía pensado pasar allí el rest o de su
vida con su fam ilia. Al regresar a Francia int ent ó iniciar negocios de nuevo, pero su
depresión y los períodos de inact ividad en los que se veía inm erso con frecuencia le
im pidieron prosperar en las iniciat ivas de negocios y en los t rabaj os que obt uvo.
La señora Beat rice Baruet sufrió int ensam ent e cuando el señor Daniel Tibi fue det enido y no
t enía inform ación sobre su paradero. Asim ism o, padeció const ant e angust ia durant e los
dos años que el señor Tibi est uvo en prisión prevent iva. Se puede decir que ella sufrió los
m ism os efect os de la t ort ura y la det ención a la que fue som et ido su com pañero. Durant e
ese período, los m om ent os m ás difíciles para ella fueron los previos al nacim ient o de
Lisianne, su niña, y el nacim ient o m ism o. Por ot ra part e, la señora Baruet t enía la
preocupación de proveer el sust ent o de sus hij as y brindarle apoyo al señor Tibi. Fue
afect ada por los cam bios de la personalidad del señor Daniel Tibi y por la disolución de su
fam ilia com o consecuencia de los acont ecim ient os. Adem ás, sufrió por t ener que salir del
Ecuador, donde ella pensaba quedarse t oda su vida. Al regresar a Francia est uvo en
t rat am ient o psiquiát rico durant e cinco m eses por la depresión profunda que padecía. Pidió
licencia en su t rabaj o y est uvo sin t rabaj ar por siet e m eses.
La señora Beat rice Baruet t odavía t iene períodos de depresión y recuerdos de la sit uación
que vivió que aparecen espont áneam ent e. El señor Tibi se volvió m ás pesim ist a y con
t endencia a la t rist eza. Am bos present an sínt om as de angust ia, t ranspiración en las
m anos, cam bió de la perspect iva del m undo y de la vida. Las hij as de la señora Beat rice y
del señor Tibi sient en que perdieron a su fam ilia a raíz de los hechos.
Los daños psicológicos y em ocionales producidos en el señor Tibi, la señora Baruet y las
niñas por la det ención y el encarcelam ient o de aquél son profundos y de larga duración.
Com o m edidas de reparación requieren t ant o apoyo psicológico com o que se haga j ust icia,
que es un prim er paso para sent ir que hay un reconocim ient o del sufrim ient o.
Las est adíst icas m ás ant iguas hablaban de un cinco o seis por cient o de población carcelaría
34
incrim inada por delit os de narcot ráfico. Las est adíst icas m uest ran que ent re los años 1997
y 1998, era del cuarent a y dos por cient o. Est a sit uación est á relacionada con la
sobrepenalización del consum o, la t enencia y el t ráfico de est upefacient es.
La prolongada penalización previa a la sent encia const it uye en la act ualidad el m ás grave
problem a del sist em a de j ust icia penal en el Ecuador. El período de veint iocho m eses
sufrido por el señor Tibi para probar su inocencia es un buen prom edio de lo que necesit a
alguien en el Ecuador para salir de la prisión aun siendo inocent e. A pesar de lo est ablecido
en las norm as const it ucionales y secundarias, el principio de presunción de inocencia no
est á en vigor, m ucho m enos en cuant o a la incrim inación de est upefacient es donde la
penalización previa a la sent encia y ot ros graves at ropellos son frecuent es.
La vida en la Penit enciaría del Lit oral reflej a un sist em a de inj ust icia y m ercant ilización de
t odo favor o vent aj a a favor de los int ernos.
El uso de la celda denom inada “ cuarent ena” en la Penit enciaría del Lit oral es una realidad
incuest ionable. Se t rat a de un espacio nauseabundo sin nigún servicio, de
aproxim adam ent e 120 m et ros cuadrados, se aloj an hast a t rescient os int ernos que duerm en
en el suelo. Com o baños ut ilizan hoyos en el piso y t ubos por los cuales event ualm ent e sale
agua. Debido a la población y a lo reducido del espacio se dificult a la respiración de los
det enidos. Generalm ent e en la “ cuarent ena” sólo se encuent ran recluidos procesados, sin
em bargo, t am bién se ha convert ido en un espacio de cast igo para los condenados.
En la Penit enciaría del Lit oral los reclusos que no t ienen recursos económ icos perm anecen
en la zona de “ cuarent ena” y cuando ya no hay “ nada m ás que hacer con ellos y no t ienen
dinero de dónde exprim irles” , son enviados a uno de los pabellones. En est e cent ro
penit enciario el sist em a de clasificación de det enidos se funda en la capacidad m onet aria de
ést os.
Las organizaciones de derechos hum anos han regist rado num erosas denuncias de práct icas
de t ort ura en las prisiones ecuat orianas. En el año 1997 las denuncias recibidas en la
Com isión Ecum énica de Derechos Hum anos ( CEDH) cont ra policías y guardias penit enciarios
regist raron, t res det enidos desaparecidos, la cifra se elevó a cat orce víct im as ent re 1995 y
1997, 29 hom icidios, 51 casos de t ort ura, 145 casos de agresión física y 251 de privación
ilegal de libert ad. Pero lo de m ayor relieve fue la aplicación de la llam ada “ ley de fuga” a
cinco int ernos en 1997. Est a “ ley” es ut ilizada de m anera perm anent e por los cust odios de
las cárceles del Ecuador com o un m ecanism o de lim pieza social al int erior de las cárceles.
La Penit enciaría del Lit oral se encuent ra a dieciséis kilóm et ros de la ciudad de Guayaquil y
posiblem ent e a veint e kilóm et ros del cent ro de salud m ás cercano y no ha habido la
volunt ad de const ruir un quirófano en el int erior del cent ro, así que exist en casos de gent e
que no resist e el viaj e hast a Guayaquil y que m uere en el cam ino. Act ualm ent e hay un
cent ro de salud adj unt o a la cárcel. Sin em bargo, dicho cent ro cuent a con t res o cuat ro
35
m édicos que t rabaj an cuat ro horas al día de lunes a viernes para at ender a t res m il
quinient os int ernos. Durant e el fin de sem ana no hay m édicos disponibles para at enderlos,
y algunos m ueren en las cárceles.
La Const it ución Polit ica del Ecuador de 1998 ofrece paut as elem ent ales que deberían ser
aplicadas para m ej orar el Sist em a Penit enciario Ecuat oriano. En prim er lugar, la lim it ación
de los períodos en que una persona puede perm anecer en det ención prevent iva y, en
segundo lugar, la adhesión a un régim en m ínim o de separación y clasificación de
procesados o indiciados, para que los prim eros perm anezcan en cent ros de det ención
provisional.
Es necesaria una m odificación del sist em a penal ecuat oriano que com prenda cam bios en la
legislación, en el sist em a de invest igación crim inal y en el sist em a penit enciario.
C) VALORACI ÓN DE LA PRUEBA
77. En est e caso, com o en ot ros23 , el Tribunal adm it e el valor probat orio de los
docum ent os present ados por las part es en la debida oport unidad procesal o requeridos
com o prueba para m ej or resolver, que no fueron cont rovert idos ni obj et ados, y cuya
aut ent icidad no fue cuest ionada.
78. La Cort e considera út iles, para la resolución de est e caso, el disco com pact o
present ado por los represent ant es el 7 de j ulio de 2004 durant e la exposición de sus
alegat os orales en la audiencia pública sobre excepciones prelim inares y event uales fondo,
reparaciones y cost as ( supra párr. 34) , así com o la docum ent ación present ada por el t est igo
Juan Mont enegro y el perit o Sant iago Argüello Mej ía, durant e su declaración y dict am en, en
la m ism a audiencia pública ( supra párr. 35) , y observa que est os docum ent os no fueron
cont rovert idos ni obj et ados, ni su aut ent icidad o veracidad puest as en duda, por lo cual
resuelve que se agreguen al acervo probat orio, en aplicación de lo dispuest o en el art ículo
45.1 del Reglam ent o.
79. En cuant o a las declaraciones j uradas de los señores Eric Orhand, Frederique Tibi y
Blandine Pelissier ( supra párrs. 30 y 73) , present adas adicionalm ent e por los
represent ant es, cuyos aut ores no fueron ofrecidos com o t est igos en el m om ent o oport uno ni
aquellas fueron solicit adas en la Resolución del President e de 11 de j unio de 2004 ( supra
párr. 29) , ya que no hubo obj eción por part e de la Com isión o del Est ado, est e Tribunal las
adm it e de conform idad con el art ículo 45.1 del Reglam ent o, por considerarlas út iles para
resolver el present e caso, y las valora dent ro del acervo probat orio.
80. En relación con las declaraciones j uradas rendidas por el señor Alain Abellard y el
perit o Michel Robert , las respuest as del señor Laurent Rapin al int errogat orio escrit o que le
fue rem it ido por los represent ant es y la declaración rendida ant e fedat ario público por el
perit o César Banda Bat allas ( supra párrs. 30 y 73) , la Cort e las adm it e en cuant o
23
Cfr. Caso de los Her m anos Gom éz Paquiyauri, supra not a 8, párr. 50; Caso 19 Com erciant es, supra not a
9, párr. 73; y Caso Molina Theissen. Reparaciones, supra not a 9, párr 31.
36
concuerden con su obj et o y las valora en el conj unt o del acervo probat orio, aplicando las
reglas de la sana crít ica.
81. Las declaraciones rendidas ant e fedat ario público por las t est igos Elsy Magdalena
Peñafiel Toscano y Gloria Ant onia Pérez Vera ( supra párrs. 32 y 73) , de conform idad con lo
dispuest o por el President e en Resolución de 11 de j unio de 2004 ( supra párr. 29) , fueron
obj et adas por la Com isión y los represent ant es ( supra párrs. 36 y 37) . Sin em bargo, est a
Cort e las adm it e en cuant o concuerden con su obj et o, t om ando en consideración las
obj eciones opuest as por las part es, y las valora en el conj unt o del acervo probat orio,
aplicando las reglas de la sana crít ica.
82. En lo que corresponde a los inform es m édicos em it idos por los doct ores Christ ian
Rat , Sam uel Gèrard Benayoun y Philippe Blanche ( supra párr. 69) , acerca de los cuales el
Est ado consideró que “ carecen de confiabilidad, im parcialidad y oport unidad” , est e Tribunal
los adm it e por considerarlos út iles para resolver el present e caso; sin em bargo, t om a en
cuent a las obj eciones del Est ado y los valora en el conj unt o del acervo probat orio conform e
a las reglas de la sana crít ica.
83. Est a Cort e observa que la Com isión I nt eram ericana y los represent ant es rem it ieron
sólo una part e de la docum ent ación solicit ada com o prueba para m ej or resolver y el Est ado
no rem it ió docum ent ación alguna al respect o ( supra párrs. 40, 41 y 42) . La Cort e ha
reit erado que las part es deben allegar al Tribunal las pruebas solicit adas por ést e, sean
docum ent ales, t est im oniales, periciales o de ot ra índole. La Com isión, el Est ado y los
represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares deben facilit ar t odos los elem ent os
probat orios requeridos com o prueba para m ej or resolver, a fin de que el Tribunal cuent e con
el m ayor núm ero de elem ent os de j uicio para conocer los hechos y m ot ivar sus decisiones.
En part icular, en los procesos sobre violaciones de derechos hum anos, es el Est ado quien
t iene el deber de allegar al Tribunal las pruebas que sólo puedan obt enerse con su
cooperación 24 .
84. El Tribunal incorpora al acervo probat orio la docum ent ación rem it ida por la Com isión
y los represent ant es com o prueba para m ej or resolver en aplicación de lo dispuest o en el
art ículo 45.2 del Reglam ent o. Est a Cort e hace not ar que la Com isión present ó j unt o con la
prueba para m ej or resolver los siguient es docum ent os: inform e de laborat orio del
Laborat oire de Biologie Lé- Thiébaut Selarl de 18 de diciem bre de 2001; inform e de
laborat orio del Laborat oire de Biologie Lé- Thiébaut Selarl de 17 de j unio de 2002; inform e
de laborat orio elaborado por Christ ophe Ronsin y Anne Ebel del Laborat oire d´ analyses
spécialisées de 18 de diciem bre de 2001; inform e de laborat orio elaborado por Christ ophe
Ronsin del Laborat oire d´ analyses spécialisées de 17 de j unio de 2002; audiom et ría
elaborada por el Cabinet Dr Ardaud, Bonefille et Gaucher de 19 de j unio de 2004; cert ificado
m édico elaborado por el doct or Micheline Tulliez del Service d´ anat om ie et cyt ologie
pat hologiques de 07 de j unio de 2001; cert ificado m édico elaborado por el doct or Micheline
Tulliez del Service d´ anat om ie et cyt ologie pat hologiques de 01 de abril de 2004; cert ificado
m édico elaborado por el doct or Micheline Tulliez del Service d´ anat om ie et cyt ologie
pat hologiques de 05 de abril de 2004; cert ificado m édico elaborado por el doct or Philippe
Blanche, del Groupe Hospit alier Cochin,- Saint Vicent De Paul- La Roche- Guyon de 6 de j unio
de 2001 ( supra párr. 41) ; y los represent ant es present aron j unt o con la prueba para m ej or
resolver un video ( supra párr. 40) , que no habían sido ofrecidos por ést os ni solicit ados por
24
Cfr. Caso 19 Com er ciant es, supra not a 9, párr 77; Caso Juan Hum bert o Sánchez. I nt erpr et ación de la
Sent encia sobr e Excepciones Prelim inares, Fondo y Repar aciones, párr. 47; y Caso del Caracazo. Reparaciones
( art . 63.1 Convención Am er icana sobre Derechos Hum anos) . Sent encia de 29 de agost o de 2002. Serie C No. 95,
párr. 56.
37
la Cort e. En razón de que no han sido cont rovert idos por las part es y son út iles para la
resolución del present e caso, se adm it en com o prueba para m ej or resolver de acuerdo con
el art ículo 45 del Reglam ent o.
85. En relación con los anexos present ados por los represent ant es de la presunt a víct im a
y sus fam iliares j unt o con los alegat os finales escrit os ( supra párr. 41) , la Cort e los
considera út iles y observa que no fueron cont rovert idos ni obj et ados, ni su aut ent icidad o
veracidad puest as en duda. Por ello se agregan al acervo probat orio, en aplicación de lo
dispuest o en el art ículo 45.1 del Reglam ent o.
86. La Cort e adm it e la declaración rendida en la audiencia pública por el señor Daniel
Tibi ( supra párrs. 33 y 76.a) , en cuant o concuerde con el obj et o del int errogat orio, y la
valora en el conj unt o del acervo probat orio. Est e Tribunal est im a que por t rat arse de la
presunt a víct im a y t ener int erés direct o en est e caso, sus m anifest aciones no pueden ser
apreciadas aisladam ent e, sino dent ro del conj unt o de las pruebas del proceso. Las
m anifest aciones de la presunt a víct im a t ienen un valor especial, pues es ella quien puede
proporcionar m ayor inform ación sobre las consecuencias de las violaciones que pudieron
haber sido perpet radas en su cont ra25 .
87. El Tribunal adm it e, igualm ent e, la declaración rendida en la audiencia pública por la
señora Beat rice Baruet ( supra párrs. 33 y 76.b) , en cuant o concuerde con el obj et o del
int errogat orio, y la valora en el conj unt o del acervo probat orio. La Cort e est im a que por
t rat arse de un fam iliar de la presunt a víct im a y t ener int erés direct o en est e caso, sus
m anifest aciones no pueden ser valoradas en form a aislada, sino dent ro del conj unt o de las
pruebas del proceso 26 . Las declaraciones de los fam iliares de las presunt as víct im as son
út iles en cuant o al fondo y las reparaciones, en la m edida en que pueden proporcionar
m ayor inform ación sobre las consecuencias de las violaciones perpet radas27 .
88. Respect o al t est im onio del señor Juan Mont enegro y los dict ám enes de los perit os
Ana Deut sch y Sant iago Argüello Mej ía ( supra párrs. 33 y 73.c, 73.e y 73.f) , que no fueron
obj et ados ni cont rovert idos, el Tribunal los adm it e y les concede valor probat orio. En lo que
refiere al dict am en del perit o Carlos Mart ín Berist ain ( supra párrs. 33 y 73.d) , est e Tribunal
lo adm it e por considerarlo út il para resolver el present e caso, pero t am bién t om a en cuent a
el señalam ient o del Est ado en el sent ido de que ese dict am en present aba los m ism os vicios
de los inform es rendidos por los doct ores franceses Christ ian Rat , Sam uel Gèrard Benayoun
y Philippe Blanche ( supra párr. 82) , y lo valora en el conj unt o del acervo probat orio,
conform e a las reglas de la sana crít ica.
89. En los t érm inos m encionados, la Cort e apreciará el valor probat orio de los
docum ent os, declaraciones y perit aj es aport ados por escrit o o rendidos ant e ella. Las
25
Cfr. Caso Herr era Ulloa, supra not a 3, párr. 72; Caso Marit za Urrut ia, supra not a 8, párr. 53; y Caso
“ Cinco Pensionist as” . Sent encia de 28 de febrero de 2003. Serie C No. 98, párr. 85.
26
Cfr. Caso de los Her m anos Gom éz Paquiyauri, supra not a 8, párr. 62; Caso 19 Com erciant es, supra not a
9, párr. 79; y Caso Molina Theissen. Reparaciones, supra not a 9, párr 32.
27
Cfr. Caso de los Her m anos Gom éz Paquiyauri, supra not a 8, párr 63; Caso 19 Com erciant es, supra not a 9,
párr. 79; y Caso Herrera Ulloa, supra not a 3, párr. 72.
38
pruebas present adas durant e el proceso han sido int egradas a un solo acervo, que se
considera com o un t odo 28 .
VI I
H ECH OS P ROBAD OS
90. Efect uado el exam en de los docum ent os, las declaraciones de los t est igos, los
dict ám enes de los perit os y las m anifest aciones de la Com isión, de los represent ant es de la
presunt a víct im a y sus fam iliares y del Est ado, est a Cort e considera probados los siguient es
hechos:
90.1. El señor Daniel Tibi, de nacionalidad francesa, nació el 23 de noviem bre de 1958 y
t enía 36 años de edad cuando ocurrieron los hechos29 . Residía en la Ciudad de Quit o,
Ecuador, se dedicaba al com ercio de piedras preciosas y art e ecuat oriano, y m anifest ó que
no t enía m at rícula de com ercio 30 . Fue det enido por agent es del Est ado el 27 de sept iem bre
de 1995 31 . Luego de perm anecer veint isiet e m eses, t res sem anas y t res días privado de
libert ad, fue liberado el 21 de enero de 1998 32 .
90.2. La señora Beat rice Baruet , de nacionalidad francesa 33 , convivía con el señor Daniel
Tibi cuando ocurrieron los hechos del caso 34 . La señora Baruet t iene dos hij as: Sarah
28
Cfr. Caso de los Her m anos Gom éz Paquiyauri, supra not a 8, párr 66; Caso 19 Com erciant es, supra not a 9,
párr. 82; y Caso Herrera Ulloa, supra not a 3, párr. 74.
29
Cfr. copia del pasaport e del señor Daniel Tibi ( expedient e de excepciones prelim inares y event uales fondo,
reparaciones y cost as, t om o I , folio 62) .
30
Cfr. cer t ificado general de ex t ranj er ía; cer t ificado de inscr ipción de Regist ro de Ext ranj eros. Minist erio de
Gobier no. República del Ecuador; oficio dirigido por el Direct or General de Ext ranj er ía al Jefe del Regist ro Civil,
I dent ificación y Cedulación el 4 de sept iem bre de 1995 ( expedient e de anexos al escrit o de solicit udes y
argum ent os, anexo 5, folios 675 y 676) ; t est im onio del señor Daniel Tibi rendido ant e la Cort e I nt eram ericana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e
la Cort e I nt eram er icana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
31
Cfr. part e infor m at ivo elevado al Jefe Provincial de la I NTERPOL de Pichincha el 27 de sept iem br e de 1995
( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 214; expedient e de anexos al escrit o de solicit udes y
argum ent os, anexo 2, folio 668; y expedient e de anexos al escr it o de ex cepciones pr elim inares, cont est ación de la
dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1292) .
32
Cfr. bolet a de libert ad em it ida por el Juez Segundo de lo Penal del Guayas, Subrogant e del Juzgado
Décim o Oct av o de lo Penal del Guayas ( Durán) el 21 de enero de 1998 ( expedient e de anexos a la dem anda,
anexo 34, folio 585; y expedient e de anexos al escr it o de excepciones prelim inar es, cont est ación de la dem anda y
observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1095) ; y t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cort e
I nt eram ericana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
33
Cfr. copia del pasaport e de la señora Beat r ice Bar uet present ado ant e la Cort e I nt eram er icana durant e la
audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
34
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
39
Vachon, quien nació el 27 de agost o de 1983, y Jeanne Cam ila Vachon, quien nació el 1 de
oct ubre de 1989 35 . Al m om ent o de los hechos, Sarah t enía doce años de edad y Jeanne
Cam ila seis. Las dos niñas vivían con su m adre y el señor Daniel Tibi. La señora Baruet
t enía t res m eses de em barazo 36 .
90.3. La m enor Lisianne Judit h Tibi, hij a del señor Daniel Tibi y de la señora Beat rice
Baruet , nació el 30 de m arzo de 1996 37 . En ese m om ent o, su padre perm anecía det enido
en la Penit enciaría del Lit oral 38 .
90.4. El señor Valerian Edouard Tibi, hij o de una relación ant erior del señor Daniel Tibi,
nació el 10 de sept iem bre de 1982 39 y vivía en Francia. Al m om ent o de los hechos, t enía 13
años y m ant enía com unicación con su padre40 .
90.5. Al t iem po de los hechos, la señora Beat rice Baruet envió a su hij a Sarah Vachon a
Francia 41 . Cuando la señora Baruet visit aba al señor Daniel Tibi en la cárcel, llevaba
algunas veces a su hij a Jeanne Cam ila, y am bas perm anecían en la celda del det enido. En
una ocasión, la niña fue t est igo de una pelea carcelaria, y desde ent onces no quiso regresar
a la cárcel 42 . Valerian Edouard, el hij o del señor Tibi, no pudo visit arlo ni verlo durant e su
35
Cfr. ext rait de l´ act e de naissance No. 2514 de Sarah Vachon de 11 de febrero de 1998 ( expedient e de
prueba para m ej or resolver present ada por los repr esent ant es de la pr esunt a v íct im a y sus fam iliares, t om o único,
folios 2076) ; y ext rait de l´ act e de naissance No. 90/ 1989 de Jeanne Cam ila Vachon de 27 de febr ero de 1989
( expedient e de prueba para m ej or r esolver present ada por los r epr esent ant es de la presunt a víct im a y sus
fam iliar es, t om o único, folios 2077 a 2078) .
36
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
37
Cfr. inscripción de nacim ient o de Lisianne Judit h Baruet Gazeilles, República del Ecuador, Dirección
General de Regist ro Civil, I dent ificación y Cedulación de 20 de febrero de 1997; part ida de nacim ient o de Lisianne
Judit h Baruet Gazeilles, República del Ecuador, Dirección General de Regist ro Civ il, I dent ificación y Cedulación,
Jefat ura de Pichincha de 12 de diciem br e de 1997; act e de naissance Lisianne Judit h Baruet desor m ais Lisianne
Judit h Tibi de 2 abril de 1998; y ext rait de l’ act e de naissance de Lisianne Judit h Tibi ( expedient e de prueba para
m ej or resolver present ada por los represent ant es de la presunt a v íct im a y sus fam iliar es, t om o único, folios 2067,
2068, 2069 y 2071) .
38
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
39
Cfr. act e de naissance No. 2175 de Valerian Edouard Tibi de 11 de sept iem br e de 1982 ( expedient e de
prueba para m ej or resolver present ada por los repr esent ant es de la pr esunt a v íct im a y sus fam iliares, t om o único,
folio 2080) .
40
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
41
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
42
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
40
encarcelam ient o 43 . La niña Lisianne Judit h Tibi fue llevada por su m adre, en num erosas
oport unidades, a la cárcel donde est aba det enido su padre44 .
90.6. Después de ser liberado, el señor Tibi regresó a Francia y se separó de la señora
Beat rice Baruet , de su hij a e hij ast ras45 . Adem ás, perdió com unicación con su hij o Valerian
Edouard 46 .
Respect o al procedim ient o ant inárcot icos llam ado Operat ivo “ Cam arón”
90.7. El 18 de sept iem bre de 1995, en la Provincia del Guayas, Ecuador, en el m arco de un
procedim ient o ant inarcót icos, el cual fue post eriorm ent e llam ado “ Operat ivo Cam arón” , la
Policía encont ró “ un congelador m arca General Elect ric de 26 pies cúbicos, color blanco, en
cuyo int erior se encont raban cuarent a y cinco caj as de langost ino[ s] y en cada uno de est os
crust áceos se encont raba int roducida una cápsula de una sust ancia[ ,] que a la prueba de
cam po m ediant e la ut ilización de react ivos quím icos[ ,] reaccionó com o CLORHI DRATO DE
COCAI NA” 47 .
90.8. El 18 de sept iem bre de 1995, dent ro del Operat ivo “ Cam arón” , se procedió a la
det ención del señor Eduardo Edison García León, de nacionalidad ecuat oriana 48 . El 23 de
sept iem bre de 1995 el señor García León hizo su declaración preprocesal ant e el Fiscal
Sépt im o de lo Penal del Guayas, en la que afirm ó que “ un suj et o francés de nom bre Daniel,
[ …] llegó a proveer[ le] hast a cincuent a gram os, [ de cocaína] por dos o t res ocasiones[ …] ” 49 .
90.9. El 26 de sept iem bre de 1995, el Subt enient e de Policía, señor Carlos Blanco, elevó
un part e inform at ivo al Jefe Provincial de la I NTERPOL del Guayas, en el que señalaba que
en “ las invest igaciones dent ro d[ el Operat ivo] ‘Cam arón’ [ …] se nom bra a Daniel, ( a)
‘Francés’ com o proveedor de clorhidrat o de cocaína para que se dist ribuya al m inoreo en la
43
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004.
44
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
45
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; t est im onio de la señor a Beat rice Bar uet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; y dict am en de la señora Ana Deut sch rendido ant e la
Cort e I nt eram ericana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
46
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004.
47
Cfr. part e dir igido por el Tenient e de Policía Rubén Alarcón Ram ír ez al señor Jefe Provincial de la
I NTERPOL del Guayas el 18 de sept iem bre de 1995 ( expedient e de anex os al escr it o de ex cepciones prelim inar es,
cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1275) .
48
Cfr. orden de det ención em it ida cont ra el señor Eduardo Edison García León y ot ros por el Juez Prim ero de
lo Penal del Guayas el 18 de sept iem br e de 1995 ( expedient e de anexos al escrit o de excepciones prelim inar es,
cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folios 1268 y 1269) .
49
Cfr. declaración rendida por el señor Eduar do Edison García León ant e el Fiscal Sépt im o de lo Penal del
Guayas el 23 de sept iem br e de 1995 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 3, folio 223; y
expedient e de anexos al escrit o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las
solicit udes y ar gum ent os, folio 1129 a 1139) .
41
ciudad de Quit o” , por lo que pidió se ordenara la det ención del señor Daniel Tibi 50 .
Respect o a la det ención del señor Daniel Tibi y diversas diligencias j udiciales
90.10. El 26 de sept iem bre de 1995 el Tenient e Coronel Abraham Correa Loacham ín, Jefe
de la I NTERPOL del Guayas, solicit ó al Juez Prim ero de lo Penal del Guayas, señor Ángel
Rubio Gam e, que ordenara la det ención del señor Daniel Tibi 51 .
90.11. El 27 de sept iem bre de 1995, a las 16.30 horas, el señor Daniel Tibi fue det enido en
la ciudad de Quit o, Ecuador, m ient ras conducía su aut om óvil ent re las Avenidas Am azonas y
Carrión ( Eloy Alfaro) 52 . La det ención fue efect uada por agent es de la I NTERPOL, sin orden
j udicial 53 y con una sola prueba que consist ía en la declaración de un coacusado 54 . El señor
Tibi no est aba com et iendo ningún delit o al m om ent o de su det ención 55 . Cuando se realizó
su arrest o, los policías no le com unicaron los cargos en su cont ra 56 ; se le inform ó que se
t rat aba de un “ cont rol m igrat orio” 57 .
50
Cfr. part e infor m at ivo elevado al Jefe Provincial de la I NTERPOL del Guayas el 26 de sept iem bre de 1995
( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 210; y expedient e de anex os al escrit o de solicit udes
y argum ent os, anexo 1, folio 666) .
51
Cfr. oficio dirigido por el Jefe de la I NTERPOL del Guayas al Juez Prim ero de lo Penal del Guayas el 26 de
sept iem br e de 1995 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 211; y expedient e de anexos al
escr it o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os,
folio 1142) .
52
Cfr. part e infor m at ivo elevado al Jefe Provincial de la I NTERPOL de Pichincha el 27 de sept iem br e de 1995
( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 214; expedient e de anexos al escrit o de solicit udes y
argum ent os, anexo 2, folio 668; y expedient e de anexos al escr it o de ex cepciones pr elim inares, cont est ación de la
dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1292) .
53
Cfr. orden de det ención em it ida cont ra el señor Daniel Tibi por el Juez Prim ero de lo Penal del Guay as el
28 de sept iem bre de 1995 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 212; expedient e de
anexos al escr it o de solicit udes y argum ent os, anexo 3, folio 670; y expedient e de anexos al escrit o de excepciones
prelim inar es, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1141) ; y escrit o
enviado por la Policía Nacional del Ecuador al Pr esident e de la Com isión I nt eram ericana de Derechos Hum anos el
21 de j ulio de 1999 ( expedient e de anexos al escrit o de solicit udes y argum ent os, anex o 9, folio 689 y 690) .
54
Cfr. declaración rendida por el señor Eduar do Edison García León ant e el Fiscal Sépt im o de lo Penal del
Guayas el 23 de sept iem bre de 1995 ( ex pedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 223; y
expedient e de anexos al escrit o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las
solicit udes y ar gum ent os, folio 1133) ; y part e inform at ivo elevado al Jefe Provincial de la I NTERPOL de Pichincha el
27 de sept iem bre de 1995 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 214; expedient e de
anexos al escr it o de solicit udes y argum ent os, anexo 2, folio 668; y expedient e de anexos al escrit o de excepciones
prelim inar es, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1292) .
55
Cfr. part e infor m at ivo elevado al Jefe Provincial de la I NTERPOL del Guayas el 27 de sept iem bre de 1995
( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 214; expedient e de anexos al escrit o de solicit udes y
argum ent os, anexo 1, folio 668; y expedient e de anexos al escr it o de ex cepciones pr elim inares, cont est ación de la
dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1292) .
56
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi rendido ant e la Cor t e I nt eram er icana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004.
57
Cfr. declaración rendida por el señor Daniel Tibi ant e el Fiscal Décim o de lo Penal del Guayas el 28 de
sept iem br e de 1995 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 215; y expedient e de anexos al
escr it o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os,
folio 1125) ; y t est im onio del señor Daniel Tibi rendido ant e la Cort e I nt eram er icana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004.
42
90.12. Al m om ent o de la det ención del señor Tibi, fueron incaut adas sus pert enencias58 .
Las aut oridades le com unicaron en ese m om ent o que debía viaj ar a Guayaquil, ciudad
sit uada a 600 kilóm et ros de dist ancia de Quit o, y que regresaría esa m ism a noche. El señor
Daniel Tibi fue t rasladado en avión a Guayaquil, a su llegada fue esposado y t ransferido a la
sede de la I NTERPOL59 .
90.13. El 28 de sept iem bre de 1995 el Juez Prim ero de lo Penal del Guayas, señor Ángel
Rubio Gam e, expidió la orden j udicial de det ención del señor Daniel Tibi 60 .
90.14. El 28 de sept iem bre de 1995 el señor Tibi fue llevado ant e el Fiscal Oswaldo Valle
Cevallos, ant e quien rindió su declaración preprocesal, sin la presencia de j uez ni de
abogado defensor 61 .
90.15. En la oficina del Fiscal m ost raron al señor Tibi fot ografías de personas im plicadas en
el Operat ivo “ Cam arón” , ent re las cuales reconoció al señor Eduardo Edison García León, a
quien el señor Tibi había vist o en dos ocasiones para negociar una export ación de chaquet as
de cuero, t ransacción que nunca se form alizó. Después de reconocer a est a persona el
señor Tibi explicó porque ést e había visit ado su casa 62 .
90.16. El j efe de la I NTERPOL del Guayas, en la solicit ud de orden de det ención dirigida al
Juez Prim ero de lo Penal del Guayas el 26 de sept iem bre de 1995, indicó que el señor Tibi
era “ proveedor de clorhidrat o de cocaína a m inorist as, para que [ fuera] expendid[ a] a
consum idores63 ” .
90.17. Al m om ent o de su det ención, no se perm it ió al señor Tibi com unicarse con quien era
su com pañera ni con el Consulado de su país. Post eriorm ent e, pudo inform arle a la señora
58
Cfr. list a de pert enencias incaut adas que se encont raban en poder del señor Daniel Tibi al m om ent o de su
det ención elaborada por el Tenient e de Policía Edison Tobar el 27 de sept iem bre de 1995 ( anexos al escr it o de
excepciones prelim inar es, cont est ación a la dem anda y de observaciones a las solicit udes y argum ent os, folios
1293 a 1297) ; y t est im onio del señor Daniel Tibi rendido ant e la Cort e I nt eram er icana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004.
59
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004.
60
Cfr. orden de det ención cont ra el señor Daniel Tibi em it ida por el Juez Prim ero de lo Penal del Guayas de
28 de sept iem bre de 1995 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 212; expedient e de
anexos al escr it o de solicit udes y argum ent os, anexo 3, folio 670; y expedient e de anexos al escrit o de excepciones
prelim inar es, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1141) .
61
Cfr. declaración rendida por el señor Daniel Tibi ant e el Fiscal Décim o de lo Penal del Guayas el 28 de
sept iem br e de 1995 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folios 215 a 218; y expedient e de
anexos al escr it o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y
argum ent os, folios 1125 a 1128) ; y t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cort e I nt eram er icana durant e
la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
62
Cfr. declaración rendida por el señor Daniel Tibi ant e el Fiscal Décim o de lo Penal del Guayas el 28 de
sept iem br e de 1995 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 216; y expedient e de anexos al
escr it o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os,
folio 1125 a 1128) ; y t est im onio del señor Daniel Tibi rendido ant e la Cort e I nt eram ericana durant e la audiencia
pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
63
Cfr. oficio dirigido por el Jefe de la I NTERPOL del Guayas al Juez Prim ero de lo Penal del Guayas
( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 211; y expedient e de anexos al escr it o de
excepciones prelim inar es, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1142) .
43
Beat rice Baruet que se encont raba det enido en el Cuart el Modelo de Guayaquil 64 . Sin
em bargo, cuando la señora Baruet fue a dicho cuart el los oficiales encargados le indicaron
que el señor Tibi no se encont raba ahí. La señora Baruet y un abogado visit aron ot ros
lugares de det ención de Guayaquil, con el propósit o de hallar al señor Daniel Tibi, pero
regresaron a la ciudad de Quit o sin conseguirlo. Unos días después, a t ravés de la esposa
de un det enido en la Penit enciaría del Lit oral, el señor Tibi pudo com unicar a su ent onces
com pañera el lugar de su det ención 65 .
90.18. El 4 de oct ubre de 1995 el Juez Prim ero Penal del Guayas, señor Ángel Rubio Gam e,
em it ió orden de prisión prevent iva cont ra el señor Daniel Tibi y el rest o de los im put ados en
el Operat ivo “ Cam arón” , e inició el proceso penal con el aut o cabeza de proceso 66 , el cual no
le fue not ificado. El señor Tibi se ent eró del cont enido del aut o cabeza del proceso algunas
sem anas después, por m edio del abogado de ot ro det enido 67 . El señor Daniel Tibi no fue
llevado de m anera inm ediat a ant e el Juez de la causa, ni int errogado por ést e68 .
90.19. El señor Tibi est uvo sin defensa let rada durant e un m es69 , pese a que en el aut o
cabeza de proceso se le había designado un defensor de oficio 70 , hecho que él ignoraba, a
quien nunca t uvo oport unidad de conocer 71 .
90.20. El 5 de oct ubre de 1995 el señor Daniel Tibi fue t rasladado del Cuart el Modelo de
Guayaquil al Cent ro de Rehabilit ación Social de Varones de Guayaquil o Penit enciaría del
Lit oral 72 , donde fue recluido en el pabellón conocido com o “ la cuarent ena” , en el cual est uvo
45 días73 . Post eriorm ent e, fue llevado al pabellón “ at enuado baj o” de dicha penit enciaría 74 .
64
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
65
Cfr. t est im onio de la señora Beat r ice Bar uet rendido ant e la Cort e I nt er am er icana dur ant e la audiencia
pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
66
Cfr. aut o cabeza de proceso em it ido por el señor Juez Pr im ero de lo Penal del Guayas el 4 de oct ubr e de
1995 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folios 393 a 407; y expedient e de anex os al escrit o
de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folios
1104 a 1118) .
67
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004.
68
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004.
69
Cfr. t est im onio indagat or io rendido por el señor Daniel Tibi ant e el Juez Prim ero de lo Penal del Guayas el
21 de m arzo de 1996 ( expedient e de anexos al escrit o de excepciones pr elim inar es, cont est ación de la dem anda y
observaciones a las solicit udes y argum ent os, folios 1402 a 1404) ; y t est im onio del señor Daniel Tibi rendido ant e
la Cort e I nt eram er icana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
70
Cfr. aut o cabeza de proceso em it ido por el Juez Prim ero de lo Penal del Guayas el 4 de oct ubr e de 1995
( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 13, folio 401; y expedient e de anexos al escr it o de
excepciones prelim inar es, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1112) .
71
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004.
72
Cfr. cuadro de cont rol de la Dirección Nacional de Pr isiones ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I I ,
anexo 34, folio 579; expedient e de anex os al escr it o de solicit udes y argum ent os, anexo 19, folio 769; y
expedient e de anexos al escrit o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las
44
90.21. El 8 de diciem bre de 1995 el señor Eduardo Edison García León se ret ract ó de la
declaración en la que inculpó al señor Tibi, y señaló que “ baj o presión física y m oral, [ fue]
obligado a firm ar la declaración ext raprocesal[ ,] baj o am enazas[ ,] sin ser responsable de
t odo lo que se indica en la m ism a” , e im pugnó la declaración 75 . El 6 de m arzo de 1996 el
señor Eduardo Edison García León form uló una segunda declaración, en la cual reit eró lo
dicho en la prim era 76 .
90.23. El 3 ó 5 de sept iem bre de 1997 el Juez Segundo de lo Penal del Guayas, Subrogant e
del Décim o Oct avo de lo Penal del Guayas, con sede en Durán, dict ó el sobreseim ient o
provisional del proceso y del sindicado a favor del señor Daniel Tibi. Est a providencia fue
elevada de oficio en consult a ant e la Cort e Superior de Just icia de Guayaquil 78 .
solicit udes y argum ent os, folio 1087) ; y oficio dirigido por el Direct or del Cent ro de Rehabilit ación Social de
Varones de Guayaquil al Com andant e Provincial del Regim ient o del Guayas Dos el 26 de sept iem bre de 1997
( expedient e de anexos al escrit o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las
solicit udes y ar gum ent os, folio 1073) .
73
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
74
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
75
Cfr. t est im onio indagat orio rendido por el señor Eduardo Edison García León ant e el Juez Pr im ero de lo
Penal del Guay as el 8 de diciem bre de 1995 ( expedient e de anexos al escr it o de solicit udes y argum ent os, anexo 6,
folios 680 y 681) .
76
Cfr. t est im onio indagat orio rendido por el señor Eduardo Edison García León ant e el Juez Pr im ero de lo
Penal del Guayas el 6 de m arzo de 1996 ( expedient e de anexos al escrit o de solicit udes y argum ent os, anexo 7,
folios 683 a 685) .
77
Cfr. t est im onio indagat or io rendido por el señor Daniel Tibi ant e el Juez Prim ero de lo Penal del Guayas el
21 de m arzo de 1996 ( expedient e de anexos al escrit o de excepciones pr elim inar es, cont est ación de la dem anda y
observaciones a las solicit udes y argum ent os, folios 1402 a 1404) ; y t est im onio del señor Daniel Tibi rendido ant e
la Cort e I nt er am er icana dur ant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004. Not a: En el t est im onio
indagat orio const a la firm a del Juez Ángel Rubio Gam e. No obst ant e ello, el señor Tibi en su t est im onio ant e la
Cort e, señaló “ que en ningún m om ent o recibió el j uez la declaración que hicieron él y el señor Eduardo García,
quienes declar aron ant e el m ism o ‘escr ibano público’ que fue a la cárcel en el m es de m arzo” .
78
Cfr. resolución de sobreseim ient o provisional em it ida por el Juez Segundo de lo Penal del Guayas,
Subrogant e del Juzgado Décim o Oct avo de lo Penal del Guayas ( Durán) el 3 ó 5 de sept iem bre de 1997
( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folio 106 al 109) . Not a: la r esolución se encuent ra ilegible
y cuando las part es se refieren a la m ism a señalan que es de fecha 3 de sept iem br e de 1997, sin em bargo, al final
de dicha resolución la fecha que aparece es 5 de sept iem br e de 1997.
79
Cfr. resolución de la Cort e Superior de Just icia de Guayaquil de 14 de enero de 1998 ( expedient e de
anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folio 118 a 132; y expedient e de anexos al escr it o de excepciones
prelim inar es, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1213 a 1227) .
45
90.25. El 20 de enero de 1998 el Juez Segundo de lo Penal del Guayas, señor Reynaldo
Cevallos, Subrogant e del Juzgado Décim o Oct avo de lo Penal del Guayas, ordenó la
inm ediat a libert ad del señor Daniel Tibi 80 , quien fue liberado el 21 de enero de 1998 81 .
90.26. Una vez en libert ad, el señor Daniel Tibi viaj ó a París, Francia 82 .
90.27. El señor Tibi perm aneció baj o det ención prevent iva, en form a inint errum pida, en
cent ros de det ención ecuat orianos, desde el 27 de sept iem bre de 1995 83 hast a el 21 de
enero de 1998 84 .
Respect o a los recursos de am paro j udicial int erpuest os por el señor Daniel Tibi
90.28. El 1 j ulio de 1996 el señor Daniel Tibi int erpuso un recurso de am paro j udicial ant e el
President e de la Cort e Superior de Guayaquil, en el que alegó que no exist ía prueba alguna
en su cont ra, ya que “ [ n] o exist en pruebas en el proceso que est én de acuerdo con los
art [ ículos] 61, 65 [ y] 66 del Código de Procedim ient o Penal y algo que es m uy im port ant e,
los propios agent es invest igadores NO TI ENEN LA SEGURI DAD, LA CERTEZA que [ hubiera]
proveído los gram os[ .] Es cont rario a la ley la act it ud de los agent es policiales de recoger la
versión de un cosindicado que incluso precisa que la relación present e est á fuera de lo que
se invest iga” 85 .
80
Cfr. resolución em it ida por el Juez Segundo de lo Penal del Guayas, Subrogant e del Juzgado Décim o
Oct avo de los Penal del Guayas ( Durán) el 20 enero de 1998 ( expedient e de anex os al escrit o de excepciones
prelim inar es, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1250) .
81
Cfr. bolet a de libert ad em it ida por el Juez Segundo de lo Penal del Guayas, Subrogant e del Juzgado
Décim o Oct av o de lo Penal del Guayas ( Durán) de 21 de enero de 1998 ( expedient e de anexos a la dem anda,
anexo 34, folio 585; y expedient e de anexos al escr it o de excepciones prelim inar es, cont est ación de la dem anda y
observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1095) .
82
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
83
Cfr. part e infor m at ivo elevado al señor Jefe Provincial de la I NTERPOL de Pichincha el 27 de sept iem br e de
1995 ( expedient e de anexos al escr it o de solicit udes y ar gum ent os, anexo 2, folio 668; y expedient e de anexos al
escr it o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os,
folio 1292) .
84
Cfr. bolet a de libert ad em it ida por el Juez Segundo de lo Penal del Guayas, Subrogant e del Juzgado
Décim o Oct av o de lo Penal del Guayas ( Durán) el 21 de enero de 1998 ( expedient e de anexos a la dem anda,
anexo 34, folio 585; y expedient e de anexos al escr it o de excepciones prelim inar es, cont est ación de la dem anda y
observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1095) ; y resolución em it ida por el Juez Segundo de lo Penal del
Guayas, Subrogant e del Juzgado Décim o Oct avo de los Penal del Guayas ( Durán) el 20 enero de 1998 ( expedient e
de anexos al escrit o de ex cepciones pr elim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y
argum ent os, folio 1250) .
85
Cfr. recur so de am paro int erpuest o por el señor Daniel Tibi ant e el Pr esident e de la Cort e Superior de
Just icia de Guayaquil el 1 de j ulio de 1996 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folio 096 a 098) .
46
90.30. El 2 de oct ubre de 1997 el señor Daniel Tibi, a t ravés de su abogado, int erpuso un
segundo recurso de am paro j udicial ant e el President e de la Cort e Superior de Just icia de
Guayaquil, en el cual solicit ó su libert ad por incum plim ient o del art ículo 246 del Código de
Procedim ient o Penal y el art ículo 22.19.d y h de la Const it ución Polít ica del Ecuador, ya que
pese a que se había ordenado su inm ediat a libert ad en la resolución dict ada el 3 ó 5 de
sept iem bre de 1997 por el Juez Segundo de lo Penal del Guayas, Subrogant e del Décim o
Oct avo de lo Penal del Guayas, aún perm anecía privado de libert ad 87 .
90.31. El 21 de oct ubre de 1997 el señor Daniel Tibi present ó ant e el President e de la Cort e
Superior de Just icia de Guayaquil una solicit ud para que se aclarara y am pliara el fallo por
m edio del cual se le había denegado el recurso de am paro j udicial 88 . A la fecha de la
present e Sent encia, la Cort e desconoce la respuest a dada a est a solicit ud.
90.32. En oct ubre de 1996 el señor Tibi present ó una quej a cont ra el Juez Prim ero de lo
Penal del Guayas por la dem ora en resolver su caso y por su act uación 89 .
90.34. El 14 de oct ubre de 1996 la Cort e Superior de Guayaquil ordenó la not ificación de lo
resuelt o por la Presidencia de la Com isión de Quej as y Reclam os de la Cort e Suprem a de
Just icia al Juez Prim ero de lo Penal del Guayas, señor Ángel Rubio Gam e, a quien se ot orgó
un plazo de cinco días para cont est ar la quej a 91 .
90.35. El 7 de noviem bre de 1996 el Juez Prim ero de lo Penal del Guayas, señor Ángel
Rubio Gam e, cont est ó la quej a y señaló que el sum ario penal en cont ra del señor Tibi se
encont raba cerrado desde el 23 de oct ubre de 1996 y que el 25 del m ism o m es había
not ificado al represent ant e del Minist erio Público para que em it iera su dict am en en el m enor
86
Cfr. resolución em it ida por el President e de la Cor t e Superior de Guayaquil el 22 de j ulio de 1996
( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folios 099 a 100) .
87
Cfr. recur so de am paro int erpuest o por el señor Daniel Tibi ant e el Pr esident e de la Cort e Superior de
Just icia de Guayaquil el 2 de oct ubre de 1997 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folios 110 y
111) .
88
Cfr. solicit ud de aclaración y am pliación int erpuest a ant e de la Cort e Superior de Just icia de Guayaquil el
21 de oct ubre de 1997 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folios 112 a 113) .
89
Cfr. recurso de quej a int erpuest o por el señor Daniel Tibi cont ra el Juez Prim ero de lo Penal del Guayas en
oct ubr e de 1996 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 3, folios 140 a 142 ) .
90
Cfr. resolución em it ida por la Presidencia de la Com isión de Quej as de la Cort e Suprem a de Just icia el 7 de
oct ubr e de 1996 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 3, folio 143) .
91
Cfr. resolución em it ida por la Presidencia de la Cort e Superior de Guayaquil el 14 de oct ubre de 1996
( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 3, folio 144) .
47
t iem po posible y, una vez em it ido el dict am en, él resolvería la causa dent ro del t érm ino que
la Ley det erm ina 92 .
90.37. El 17 de m arzo de 1997 el agent e Fiscal Carlos Julio Guevara Alarcón rem it ió su
dict am en al Juez Prim ero de lo Penal del Guayas, señor Ángel Rubio Gam e, en el que señaló
que “ si bien es ciert o en los aut os aparece presum iblem ent e [ la] part icipación [ del señor
Daniel Tibi] en un act o ilegít im o de ent rega de sust ancia[ s] est upefacient e[ s] suj et a a
fiscalización, ést e ilícit o, no ha sido probado conform e a derecho, m ás aún pert enecería a
ot ro cuaderno procesal y no al aquí pesquisado” 94 .
90.38. El Minist ro Fiscal Dist rit al del Guayas, señor John Birket t Mort ola, solicit ó que se
am onest ara al Juez Prim ero de lo Penal del Guayas, señor Ángel Rubio Gam e, debido a las
graves irregularidades com et idas en la causa penal del señor Tibi 95 .
90.39. El 14 de abril de 1997 el Juez Prim ero de lo Penal del Guayas, señor Ángel Rubio
Gam e, fue subrogado por la Jueza Decim ocuart a de lo Penal del Guayas96 .
92
Cfr. oficio dir igido por el Juez Prim ero de lo Penal del Guayas al Minist ro de la Cort e Suprem a de Just icia,
President e de la Com isión Nacional de Quej as y Reclam os el 7 de noviem bre de 1996 ( expedient e de anexos a la
dem anda, t om o I , anexo 3, folio 147) .
93
Cfr. oficio dirigido al President e de la Cort e Suprem a de Just icia por la Com isión Nacional de Quej as y
Reclam os de 10 de m arzo de 1997 ( expedient e de anexos al escr it o de solicit udes y argum ent os, anexo 13, folio
703 a 704) .
94
Cfr. dict am en dirigido por el Fiscal Pr im ero de lo Penal del Guayas al Juez Prim ero de lo Penal del Guayas
el 17 de m arzo de 1997 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folio 105; y expedient e de anexos
al escrit o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os,
folios 1396) .
95
Cfr. dict am en em it ido por el Minist ro Fiscal Dist r it al del Guayas ( expedient e de anexos a la dem anda,
t om o I , anexo 2, folio 116; expedient e de anexos al escrit o de excepciones pr elim inares, cont est ación de la
dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, 1228 al 1233) .
96
Cfr. resolución em it ida por el Juez Décim o Tercero de lo Penal del Guayas el 14 de abril de 1997
( expedient e de anexos al escrit o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las
solicit udes y ar gum ent os, folios 1361 a 1364) .
48
90.40. La policía de Quit o incaut ó los bienes y valores que t enía consigo el señor Daniel Tibi
cuando fue det enido. Los bienes y valores que t enía en su poder, según la list a levant ada al
efect o por la policía 97 , fueron los siguient es:
1. una caj a de plást ico con v idrio dos piedras color am arillo y ocho piedr as de color
lila de diferent e t am año.
2. una funda de gam u[ z] a pequeña cont eniendo un anillo de m et al am arillo en su
cent ro una piedra color verde con 12 piedras color blanco en su alrededor.
3. dos pedazos de papel cont eniendo cuat r o piedras de color negro, dos color azul,
una color blanco y una color m orado, t ot al 7.
4. dos pedazos de papel cont eniendo dos piedras de color blanco.
5. dos pedazos de papel cont eniendo cuat ro piedras de color verde.
6. dos pedazos de papel cont eniendo 31 piedras de color verde de dist int os
t am años.
7. dos pedazos de papel cont eniendo una piedra color verde.
8. dos pedazos de papel cont eniendo una piedra color verde.
9. dos pedazos de papel cont eniendo 21 piedras de color verde de dist int os
t am años.
10. dos pedazos de papel cont eniendo 5 piedras de color verde.
11. dos pedazos de papel cont eniendo 17 piedras de color verde.
12. dos pedazos de papel cont eniendo 2 piedras de color verde.
13. dos pedazos de papel cont eniendo 14 piedras de color verde.
14. dos pedazos de papel cont eniendo 2 piedras de color verde.
15. dos pedazos de papel cont eniendo 2 piedras de color verde.
16. dos pedazos de papel cont eniendo 33 piedras color azul oscuro.
17. dos pedazos de papel.
18. un est uche de m adera con una m ini pesa color plat eada com puest a de 18
piezas.
19. una m oneda de 5 francos.
20. dos m onedas de dos francos.
21. dos m onedas de un franco.
22. una m oneda de 20 francos.
23. dos m onedas de 10 francos.
24. dos m onedas de 20 cent avos de francos.
25. dos m onedas de 10 cent avos de francos.
26. un par de lent es con est uche, con m arco color café con rayas am ar illas en uno
de sus crist ales t iene “ faconnable j eans lunet t es” .
27. una t arj et a visa No. 4976930000335448 a nom bre de DANI EL DAVI D TI BI .
28. una t arj et a NORPLUS No. 6200173858 a nom bre de DANI EL DAVI D TI BI .
29. una t arj et a llave CALLE HOME.
30. un pasaport e No. 931D62605, de la República de Francia a nom br e de DANI EL
DAVI D TI BI .
31. una cédula de ident idad del Ecuador No. 171493206- 6 a nom bre de DANI EL
DAVI D TI [ B] I .
32. un cer t ificado de em padronam ient o a nom bre de DANI EL DAVI D TI BI .
33. un form ulario de m igración a nom br e de TI BI CHEKLY DANI EL DAVI D.
34. una fot ocopia del pasaport e y de la cédula de ident idad de DANI EL DAVI D TI BI .
34.( sic) una fot ocopia de t arj et a indice del ciudadano WOJCI ECH KONRAD KULWI EC
NOWAKOWSKY.
35. una m at rícula del vehículo m ar ca Volvo de placas PGN244 a nom bre de
HERRERA SANTACRUZ EDGAR.
36. un vehículo m arca Volv o de placas PGN- 244, color vino, el m ism o que se
encuent ra ret enido en el pat io de las oficinas de [ la] I NTERPOL de Pichincha.
97
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y list a de pert enencias incaut adas que se encont raban en poder del señor Daniel
Tibi al m om ent o de su det ención elaborada por el Tenient e de Policía Edison Tobar el 27 de sept iem bre de 1995
( expedient e de anexos al escrit o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las
solicit udes y ar gum ent os, folios 1293 a 1297) .
49
37. un port a direct orio color concha de v ino cont eniendo un dir ect orio t elefónico
cont eniendo v arias t arj et as de pr esent ación, dos fot ografías de m uj er, varios
pedazos de papel con varias anot aciones.
38. un direct or io color negro, en su int er ior con varias anot aciones.
40. una agenda de color azul cont eniendo varias t arj et as de present ación y una
fot ografía de hom bre.
41. doce bouchers de consum o a nom br e de DANI EL DAVI D TI BI .
42. una papelet a de depósit o del banco de Pichincha a la cuent a corrient e No.
7622426 a nom bre de BEATRI CE [ V] ACHON.
43. una funda de papel pequeña cont eniendo cuat ro papeles var ios.
44. un cheque del BANQUE COURTOI S a nom bre de DANI EL TI BI .
45. una fact ur a de AMC Aut om óviles S.A a nom bre de TI BI DANI EL.
46. una fot ocopia con el logot ipo de Manufact ur e Machones Du Haut Thin.
47. una fact ur a de com pra de divisas a nom bre de Daniel Tibi.
48. un oficio con el logot ipo COFI CA.
49. t res paquet es con el logot ipo BANQUE COURTOI S a nom bre de Daniel Tibi.
50. t res recibos a favor de DANI EL TI BI .
51. una fact ur a de ECUACAMBI O a favor de Daniel Tibi.
52. t res cat álogos de fondo art e cont em por áneo.
53. un cat álogo de CATASSE.
54. un libret ín de anot aciones color blanco.
55. un det alle de m uest ra privada del pint or CARLOS CATASSE.
56. una funda de gam u[ z] a color negra.
57. dos fundas pequeñas de color v erde y t urqueza cont eniendo papeles para
envolv er cigarrillo.
58. una funda pequeña color blanco cont eniendo un poco de sem illa.
59. una lupa color plat eada.
60. t res esferográficos color negro de t res servicios ot ro de color roj o y ot ro de color
negro.
61. [ t res] pinzas de m et al color plat eado de dist int os t am años.
62. dos navaj as[ ,] una con cabo de m adera y ot ra de alum inio con em puñadura;
63. un resalt ador color lila.
64. t res boquillas para cigarrillos y un prot ect or de alum inio.
65. una palo de m adera con m uescas.
66. una t ablet a de Baygon.
67. una fact ur a MARCOS Y ARTE a favor de DANI EL TI BI .
68. una port a chequera color azul oscuro con am arillo cont eniendo un t alonar io de
la chequera del BANQUE COURTOI S y varios papeles.
69. una billet era cont eniendo una licencia de conducir de m ot ociclet a y licencia
sporm an a nom bre de Daniel Dav id Tibi, una cédula de ident idad de la m enor
OCEANE TI BI CONI LH DE BEYSSAC, una t arj et a de GLOBAL COM a nom bre de
DANI EL TI BI , t res fot ografías t am año carnet y varias t arj et as de present ación.
70. un cont rol rem ot o m arca LI FT MASTER, serie No. HBWI D3505.
71. un llavero con diez llaves.
72. una caj a 18 balas 9m m .
73. un reloj color plat eado con am ar illo m ar ca TI MEX I NDI GLO.
74. una calculadora color blanco m arca ELECTRONI C CALCULATOR.
75. una cadena de m et al am arillo con eslabones, t res pequeños y uno grande con
un dij e de una figura de un rost ro en el cent r o se encuent ra una piedra color verde.
76. [ cuar ent a y uno] billet es de 10.000 sucr es.
77. un billet e de 5.000 sucres.
78. t res billet es de 1.000 sucres.
79. cuat ro billet es de 500 sucres.
80. diez billet es de 100 sucres, dando un t ot al de 421.000 sucres.
81. una correa de color negro.
82. un frasco de visina.
83. varios papeles consist ent es en recibos, anot aciones varias y fundas de sobre.
84. una fot ogr afía de m uj er en blanco y negro.
85. una m alet a de color negro.
90.41. El 23 ó el 29 de sept iem bre de 1998 el Juez Segundo de lo Penal del Guayas,
Subrogant e del Juzgado Décim o Oct avo de lo Penal del Guayas, con sede en Durán, dispuso
la devolución de los bienes del señor Tibi, previa confirm ación de esa providencia por la
Sext a Sala de la Cort e Superior de Just icia de Guayaquil, a la que se elevó en consult a
50
rem it iéndose la correspondient e copia del proceso 98 . No se t iene conocim ient o del result ado
de dicha consult a.
90.42. Cuando el señor Tibi regresó a Francia realizó gest iones en la Em baj ada del Ecuador
en París, j unt o con su abogado, con el obj et o de reclam ar sus bienes99 .
90.43. No han sido devuelt os al señor Tibi los bienes que le fueron incaut ados100 .
Respect o de los daños m at eriales e inm at eriales causados al señor Daniel Tibi
90.44. Cuando el señor Daniel Tibi fue det enido, realizaba una act ividad lucrat iva com o
com erciant e de piedras preciosas y art e ecuat oriano ( supra párr. 90.1) . Com o consecuencia
de los hechos dej ó de percibir ingresos, lo que le causó daños m at eriales. La presunt a
víct im a no t enía un salario fij o m ensual; su ingreso era fluct uant e, porque dependía de la
com ercialización de los bienes que vendía. Con sus ingresos cont ribuía a sost ener a su
ent onces com pañera Beat rice Baruet y a su fam ilia 101 .
90.45. Dadas las alt eraciones físicas y psíquicas que sufre el señor Daniel Tibi com o
consecuencia de los hechos ( infra párr. 90.52 y 90.53) , en la act ualidad no se encuent ra en
condiciones de t rabaj ar norm alm ent e102 .
90.46. En la Penit enciaría del Lit oral el señor Tibi fue recluido en el pabellón conocido com o
“ la cuarent ena” , en el cual est uvo por 45 días, en condiciones de hacinam ient o e
insalubridad 103 . En ese pabellón est aban recluidas ent re 120 y 300 personas, en un espacio
98
Cfr. resolución em it ida por el Juez Segundo de lo Penal del Guayas, Subrogant e del Juzgado Décim o
Oct avo Penal del Guayas el 23 ó 29 de sept iem bre de 1998 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo
22, folio 498; y expedient e de anexos al escr it o de solicit udes y argum ent os, anexo 10, folio 696) . Not a: la
present e resolución posee dos fechas, una, el 23 de sept iem br e de 1998, en la cabeza del docum ent o j udicial, y
ot ra, 29 de sept iem br e de 1998 al final del m ism o.
99
Cfr. car t a dirigida por el abogado del señor Daniel Tibi, señor Art hur Ver cken, al Em baj ador del Ecuador en
Francia, señor Juan Cueva, el 11 de j unio de 1998 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 21, folio
493) ; correos elect rónicos dirigidos por el señor “ Direct or General de Eur opa” al Em baj ador del Ecuador en Francia
el 13 de agost o de 1998 y el 29 de sept iem bre de 1998 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I I , anexo 21,
folios 494 y 495) ; y t est im onio del señor Daniel Tibi rendido ant e la Cort e I nt eram er icana durant e la audiencia
pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
100
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004 ; y resolución em it ida por el Juez Segundo de lo Penal del Guayas, Subrogant e del
Juzgado Décim o Oct avo Penal del Guayas, el 23 ó 29 de sept iem br e de 1998 ( expedient e de anexos a la dem anda,
t om o I I , anexo 22, folio 498; y expedient e de anexos al escrit o de solicit udes y argum ent os, anexo 10, folio 696) .
101
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
102
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; dict am en del señor Carlos Mart ín Ber ist ain r endido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; e infor m e del exam en m édico realizado por el señor
Gèrard Benayoun ( expedient e de anexos al escrit o de solicit udes y argum ent os, anexo 35, folio 1057) .
103
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; t est im onio de la señor a Beat rice Bar uet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; dict am en del señor Sant iago Argüello Mej ía rendido
ant e la Cort e I nt eram er icana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; y respuest as del señor
Laurent Rapin al cuest ionario rem it ido por los represent ant es el 22 de j unio de 2004 ( expedient e de excepciones
prelim inar es y event uales fondo, reparaciones y cost as, t om o I I I , folio 571) .
51
de 120m 2104 . Allí perm aneció encerrado las veint icuat ro horas del día, el lugar no t enía
vent ilación ni luz adecuada y no se le proporcionó alim ent o. Tuvo que pagar a ot ros
int ernos para que le t raj esen com ida105 .
90.47. Post eriorm ent e, el señor Daniel Tibi fue llevado al pabellón “ at enuado baj o” de la
Penit enciaría del Lit oral y perm aneció varias sem anas en el corredor del pabellón,
durm iendo en el suelo, hast a que finalm ent e pudo ubicarse por la fuerza en una celda 106 .
90.50. Durant e su det ención en m arzo y abril de 1996 en la Penit enciaría del Lit oral, el
señor Daniel Tibi fue obj et o de act os de violencia física y am enazado, por part e de los
guardias de la cárcel, con el fin de obt ener su aut oinculpación 109 ; por ej em plo, le infligieron
golpes de puño en el cuerpo y en el rost ro; le quem aron las piernas con cigarrillos.
Post eriorm ent e se repit ieron los golpes y las quem aduras. Adem ás, result ó con varias
cost illas fract uradas, le fueron quebrados los dient es y le aplicaron descargas eléct ricas en
los t est ículos. En ot ra ocasión lo golpearon con un obj et o cont undent e y sum ergieron su
cabeza en un t anque de agua. El señor Tibi recibió al m enos siet e “ sesiones” de est e
t ipo 110 .
104
Cfr. dict am en del señor Sant iago Argüello Mej ía rendido ant e la Cort e I nt eram ericana durant e la audiencia
pública celebr ada el 7 de j ulio de 2004; t est im onio del señor Daniel Tibi rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e
la Cort e I nt eram er icana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
105
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y disco com pact o ent r egado por los represent ant es el 7 de j ulio de 2004 ( archivo
de docum ent ación apor t ado por los represent ant es durant e la audiencia pública sobr e excepciones prelim inar es y
event uales fondo, reparaciones y cost as) .
106
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
107
Cfr. dos part es de novedades dirigido al Dir ect or del Cent ro de Rehabilit ación Social de Varones de
Guayaquil por el Jefe de Guías del m ism o Cent ro de Rehabilit ación el 20 de febrero de 1997 ( expedient e de anexos
al escrit o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os,
folios 1099 a 1101) ; y escr it o dirigido por el señor Daniel Tibi al Dir ect or Nacional de Prisiones el 24 de febrero de
1997 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folio 092) .
108
Cfr. dict am en del señor Sant iago Argüello Mej ía rendido ant e la Cort e I nt eram ericana durant e la audiencia
pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; escrit o dirigido por el señor Daniel Tibi al Direct or Nacional de Pr isiones el
24 de febrero de 1997 ( expedient e de anex os a la dem anda, t om o I , anexo 2, folio 092) ; y t est im onio del señor
Daniel Tibi rendido ant e la Cort e I nt eram er icana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
109
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004.
110
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; dict am en del señor Carlos Mart ín Ber ist ain r endido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; y cert ificado m édico del doct or Philippe Lesprit , Jefe –
Assist ant e de clínica en el Hospit al Henri Mondor de 26 de enero de 1998 ( expedient e de anexos a la dem anda,
t om o I , anexo 2, folio 73) .
52
90.51. Durant e su perm anencia en la cárcel el señor Daniel Tibi fue exam inado dos veces
por m édicos ecuat orianos designados por el Est ado. Est os verificaron que sufría de heridas y
t raum at ism os111 , pero nunca recibió t rat am ient o m édico ni se invest igó la causa de sus
padecim ient os. Adem ás, no fue exam inado m inuciosam ent e 112 . Después de su regreso a
Francia, el señor Tibi fue exam inado por m édicos franceses, quienes const at aron las
lesiones que había sufrido 113 .
90.52. El señor Tibi present a graves daños físicos, ent re los cuales est án: pérdida de la
capacidad audit iva de un oído, problem as de visión en el oj o izquierdo, fract ura del t abique
nasal, lesión en el póm ulo izquierdo, cicat rices de quem aduras en el cuerpo, cost illas rot as,
dient es rot os y det eriorados, problem as sanguíneos, hernia discales e inguinales, rem oción
de m axilar, cont raj o o se agravó la hepat it is C, y cáncer, llam ado linfom a digest ivo 114 .
111
Cfr. infor m e elaborado por el doct or Jorge Vivas Tobar , m édico t er cero del Cent ro de Rehabilit ación Social
de Varones de Guayaquil el 13 de noviem bre de 1996 ( expedient e de anexos al escr it o de solicit udes y
argum ent os, anexo 12, folio 701; y expedient e de anexos al escrit o de excepciones prelim inar es, cont est ación de
la dem anda y observaciones a las solicit udes y argum ent os, folios 1093) ; diligencia m édico legal realizada por
m édicos designados por el Juez Décim o Oct avo de los Penal del Guayas ( Durán) , doct or es Juan Mont enegro y Jorge
Salvat ierra el 19 de sept iem bre de 1997 ( expedient e de anexos al escrit o de solicit udes y argum ent os, anexo 32,
folio 1043) ; y oficio N 389 DNRS- SG dir igido por el Supervisor Gener al, abogado de la Dirección Nacional de
Rehabilit ación Social, al Dir ect or Nacional de Rehabilit ación Social el 8 de agost o de 2000 ( expedient e de anexos al
escr it o de solicit udes y argum ent os, anexo 11, folio 698) .
112
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; dict am en del señor Carlos Mart ín Ber ist ain r endido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio del señor Juan Mont enegro rendido ant e
la Cort e I nt eram er icana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
113
Cfr. cer t ificado m édico elabor ado por el doct or Philippe Lesprit , Jefe –Assist ant e de Clínica en el Hospit al
Henri Mondor de 26 de ener o de 1998 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folio 73) ; cer t ificado
m édico elabor ado por el doct or Pascale Bar re del Cent re Hospit alier Universit air e de Dij on el 28 de m arzo de 1998
( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folios 76 y 77) ; docum ent ación referent e a la Sept orino-
Plast ía ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folios 79 y 80) ; cert ificado m édico elaborado por el
doct or Christ ian Rat , del Cent re Hospit alier Universit aire de Dij on el 16 de febrero de 1998 ( expedient e de anexos
al escrit o de solicit udes y argum ent os, anexo 33, folio 1045) ; cer t ificado m édico elaborado por el doct or Philippe
Blanche, del Groupe Hospit alier Cochin,- Saint Vicent De Paul- La Roche- Guyon ( expedient e de anexos al escrit o de
solicit udes y argum ent os, anexo 36, folio 1059; y expedient e de pr ueba para m ej or resolv er present ada por la
Com isión I nt er am er icana, t om o único, folios 1058 a 1063) ; y cer t ificado m édico elaborado por el doct or Gèrard
Benayoun, expert pr es la Court D´ Appel de Par is, el 8 de noviem bre de 2001 ( expedient e de anex os escrit o de
solicit udes y ar gum ent os, t om o único, anexo 35, folios 1050 a 1057) .
114
Cfr. dict am en del señor Carlos Mart ín Ber ist ain rendido ant e la Cort e I nt eram er icana durant e la audiencia
pública celebr ada el 7 de j ulio de 2004; cert ificado m édico elaborado por la doct ora Virginia Miranda y análisis
clínicos del Cent ro Clínico y Der m at ológico San Luis del Ecuador el 22 de enero de 1998 ( expedient e de anexos a
la dem anda, t om o I , anexo 2, folios 066 a 071) ; cert ificado m édico elaborado por el doct or Philippe Lesprit , Jefe –
Assist ant e de clínica en el Hospit al Henri Mondor de 26 de enero de 1998 ( expedient e de anexos a la dem anda,
t om o I , anexo 2, folios 73 y 74) ; cer t ificado m édico elaborado por el doct or Pascale Barre del Cent re Hospit alier
Universit aire de Dij on el 28 de m arzo de 1998 ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folios 76 y
77) ; docum ent ación referent e a la Sept orino- Plast ía ( expedient e de anexos a la dem anda, t om o I , anexo 2, folios
79 y 80) ; cert ificado m édico elaborado por el doct or Chr ist ian Rat , del Cent r e Hospit alier Universit air e de Dij on el
16 de febrero de 1998 ( expedient e de anexos al escr it o de solicit udes y argum ent os, anexo 33, folio 1045) ;
inform e elabor ado por el doct or Jorge Vivas Tobar, m édico t er cero del Cent ro de Rehabilit ación Social de Varones
de Guayaquil, el 13 de noviem bre de 1996 ( expedient e de anexos al escr it o de solicit udes y argum ent os, anexo 12,
folio 701; ex pedient e de anexos al escrit o de excepciones prelim inares, cont est ación de la dem anda y
observaciones a las solicit udes y argum ent os, folio 1093) ; diligencia m édico legal r ealizada por m édicos designados
por el Juez Décim o Oct avo de los Penal del Guayas ( Durán) , doct ores Juan Mont enegro y Jorge Salvat ierra el 19 de
sept iem br e de 1997, ( expedient e de anexos al escr it o de solicit udes y ar gum ent os, anexo 32, folio 1043) ; inform e
de laborat orio del Laborat oir e de Biologie Lé- Thiébaut Selar l de 18 de diciem bre de 2001 ( expedient e de prueba
para m ej or resolver pr esent ada por la Com isión I nt eram er icana, t om o único, folios 1850 a 1851) ; inform e de
laborat or io del Laborat oir e de Biologie Lé- Thiébaut Selarl de 17 de j unio de 2002 ( expedient e de prueba para m ej or
53
90.53. Com o consecuencia de los hechos que m ot ivaron est e caso el señor Daniel Tibi ha
sufrido y sigue sufriendo t rast ornos de salud física 115 y psíquica, algunos de los cuales
podrían aliviarse, m ient ras que ot ros podrían durar t oda la vida 116 . Debido a dichos
t rast ornos, ha t enido que recibir t rat am ient o m édico, e incurrido en diversos gast os117 .
90.54. El señor Daniel Tibi y sus fam iliares siguen sufriendo por la im punidad que im pera
en est e caso 118 .
Respect o de los daños m at eriales e inm at eriales causados a la fam ilia del señor Daniel Tibi
90.55. Por m ot ivo de los hechos del present e caso, la señora Beat rice Baruet , ex com pañera
del señor Daniel Tibi, vió afect adas sus relaciones laborales y económ icas. Tuvo que
m ant ener a la fam ilia sin el apoyo de la presunt a víct im a, adem ás de asum ir gast os
relacionados con la sit uación de ést a, t raslados, alim ent ación y perm anencia en Guayaquil,
cuando visit aba al señor Daniel Tibi en la penit enciaría, t odo lo cual le ocasionó daños
m at eriales119 .
resolv er present ada por la Com isión I nt er am er icana, t om o único, folios 1864 a 1867) ; inform e de laborat orio
elaborado por Christ ophe Ronsin y Anne Ebel del Laborat oire d´ analyses spécialisées de 18 de diciem bre de 2001
( expedient e de prueba para m ej or resolver present ada por la Com isión I nt eram er icana, t om o único, folio 1853) ;
inform e de laborat orio elabor ado por Chr ist ophe Ronsin del Laborat oire d´ analyses spécialisées de 17 de j unio de
2002 ( expedient e de prueba para m ej or r esolv er present ada por la Com isión I nt eram er icana, t om o único, folio
1868) ; audiom et ría elaborada por el Cabinet Dr Ardaud, Bonefille et Gaucher de 19 de j unio de 2004 ( expedient e
de prueba par a m ej or resolv er present ada por la Com isión I nt eram er icana, t om o único, folio 1852) ; cert ificado
m édico elabor ado por el doct or Micheline Tulliez del Serv ice d´ anat om ie et cy t ologie pat hologiques de 07 de j unio
de 2001 ( expedient e de prueba para m ej or resolv er present ada por la Com isión I nt eram er icana, t om o único, folio
1854) ; cert ificado m édico elaborado por el doct or Micheline Tulliez del Service d´ anat om ie et cyt ologie
pat hologiques de 01 de abril de 2004 ( ex pedient e de prueba para m ej or resolver present ada por la Com isión
I nt eram ericana, t om o único, folios 1855 a 1856) ; cert ificado m édico elaborado por el doct or Micheline Tulliez del
Service d´ anat om ie et cy t ologie pat hologiques de 05 de abril de 2004 ( expedient e de prueba para m ej or resolver
present ada por la Com isión I nt eram er icana, t om o único, folio 1857) ; y cert ificado m édico elaborado por el doct or
Philippe Blanche, del Groupe Hospit alier Cochin,- Saint Vicent De Paul- La Roche- Guyon de 6 de j unio de 2001
( expedient e de prueba para m ej or resolver present ada por la Com isión I nt eram er icana, t om o único, folios 1859 a
1863) .
115
Cfr. dict am en del señor Carlos Mart ín Ber ist ain rendido ant e la Cort e I nt eram er icana durant e la audiencia
pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
116
Cfr. dict am en de la señora Ana Deut sch rendido ant e la Cort e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; dict am en del señor Carlos Mart ín Ber ist ain r endido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; declaración j urada rendida por el señor Michel Robert
el 31 de m ayo de 2004 ( expedient e de excepciones pr elim inares, y ev ent uales fondo y reparaciones, Tom o I I I ,
folios 601 a 602 y 572.b y 573) .
117
Cfr. dict am en de la señora Ana Deut sch rendido ant e la Cort e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; fact ura de hospit alización del Hospit al Henri Mondor de 21 de febrero de 1998 y
escr it o de int im ación de pago de 17 de m arzo de 1998 ( expedient e de anexos a los alegat os escr it os de los
represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares, t om o único, folios 1916 y 1917) ; y presupuest o sobr e
t rat am ient o odont ológico r ealizado por el doct or Gèrard Hoayon ( expedient e de anexos al escr it o de solicit udes y
argum ent os, anexo 22, folio 783) ; y declar ación j urada r endida por el señor Michel Robert el 31 de m ayo de 2004
( expedient e de excepciones prelim inar es, y event uales fondo y reparaciones, Tom o I I I , folios 601 a 602 y 572.b y
573) .
118
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; t est im onio de Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram ericana durant e la
audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; y dict am en de las señora Ana Deut sch rendido ant e la Cort e
I nt eram ericana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
119
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
54
90.56. La det ención y encarcelam ient o del señor Daniel Tibi y ot ros hechos derivados de
esa sit uación han causado sufrim ient o, angust ia y dolor a los m iem bros de la fam ilia 120 . La
señora Beat rice Baruet desconoció el paradero del señor Tibi durant e los prim eros
m om ent os post eriores a su det ención. Al m om ent o de los hechos, la señora Baruet t enía
t res m eses de em barazo y en esas condiciones viaj ó num erosas ocasiones, por lo m enos 72
veces, a Guayaquil para visit ar a su com pañero en el cent ro de det ención 121 . Lisianne
Judit h Tibi y Valerian Edouard Tibi, Sarah Vachon y Jeanne Cam ila Vachon se vieron
forzados a separarse de su padre y padrast ro, respect ivam ent e, durant e su
encarcelam ient o 122 . Después de haber sido puest o en libert ad el señor Tibi, se produj o la
rupt ura del vínculo fam iliar de ést e con la señora Beat rice Baruet , sus hij ast ras y su hij a123 .
Respect o de los gast os en que incurrieron el señor Tibi y sus fam iliares en el t rám it e del
caso ant e las inst ancias nacionales
90.57. El señor Tibi y su fam ilia incurrieron en gast os relacionados con las diversas
diligencias adm inist rat ivas y j udiciales realizadas124 .
Respect o de la represent ación del señor Daniel Tibi y sus fam iliares ant e el sist em a
int eram ericano de prot ección de los derechos hum anos y los gast os relat ivos a su
represent ación
90.58. La presunt a víct im a y sus fam iliares han sido represent ados en los t rám it es
realizados ant e la Com isión y la Cort e por m iem bros del Cent ro por la Just icia y el Derecho
I nt ernacional y la Clínica de Derechos Hum anos de la Pont ificia Universidad Cat ólica del
Ecuador, que han realizado gast os relacionados con dichas gest iones125 .
celebrada el 7 de j ulio de 2004; t est im onio de Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram ericana durant e la
audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; y dict am en de la señora Ana Deut sch r endido ant e la Cor t e
I nt eram ericana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
120
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; t est im onio de Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram ericana durant e la
audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; y dict am en de la señora Ana Deut sch r endido ant e la Cor t e
I nt eram ericana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
121
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
122
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; y t est im onio de la señora Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
123
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; t est im onio de la señor a Beat rice Bar uet rendido ant e la Cort e I nt eram er icana
durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004; y dict am en de la señora Ana Deut sch rendido ant e la
Cort e I nt eram ericana durant e la audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004.
124
Cfr. t est im onio del señor Daniel Tibi r endido ant e la Cor t e I nt eram ericana durant e la audiencia pública
celebrada el 7 de j ulio de 2004; t est im onio de Beat r ice Baruet rendido ant e la Cort e I nt eram ericana durant e la
audiencia pública celebrada el 7 de j ulio de 2004 y cart a dir igida por el abogado Nelson Mart ínez a la señor a
Beat r ice Baruet el 13 de noviem bre de 1995 ( expedient e de anexos al escrit o de solicit udes y argum ent os, anexo
24, folio 788) .
125
Cfr. poder ot orgado a los abogados del Cent ro por la Just icia y el Derecho I nt ernacional y a los abogados
de la Clínica de Derechos Hum anos de la Pont ificia Univer sidad Cat ólica del Ecuador por los señores Daniel Tibi,
Lisianne Tibi, Valer ian Edouard Tibi, Sarah Vachon y Jeanne Vachon ( ex pedient e de anexos al escrit o de solicit udes
55
VI I I
a) el art ículo 19.17.g de la Const it ución del Ecuador de 1978, vigent e cuando fue
arrest ado el señor Daniel Tibi, est ablece las circunst ancias form ales para proceder a
una det ención, es decir, por orden de aut oridad com pet ent e, salvo en el caso de
flagrancia. La Const it ución no est ablece ninguna ot ra sit uación en la cual no sea
necesaria la orden de aut oridad com pet ent e. Por su part e, el art ículo 172 del Código
de Procedim ient o Penal del Ecuador regula la det ención prevent iva en los t érm inos
siguient es: “ ant es de iniciada la respect iva acción penal, el Juez Com pet ent e podrá
ordenar la det ención de una persona [ …] ” ;
b) com pet e a las aut oridades nacionales, en especial a la j ust icia int erna,
int erpret ar y aplicar la ley del país. Sin em bargo, según el art ículo 7.2 de la
Convención Am ericana, “ el incum plim ient o de la ley int erna com port a una violación
de la Convención, por lo que la Cort e puede y debe ej ercer su com pet encia para
det erm inar si se ha cum plido con la ley int erna” ;
c) no se ha dem ost rado, ni el Est ado ha argum ent ado, que el señor Tibi haya
sido arrest ado en delit o flagrant e. Tam poco se ha cont rovert ido que la orden de
arrest o est á fechada el 28 de sept iem bre de 1995. La det ención se realizó en
cont ravención de los procedim ient os previam ent e est ablecidos en la Const it ución y
en el Código de Procedim ient o Penal del Ecuador y, en consecuencia, el
incum plim ient o de la ley ecuat oriana const it uyó una violación del art ículo 7.2 de la
Convención;
d) el arrest o de un individuo sin una orden requiere j ust ificación legal y fáct ica,
que no ha sido present ada por el Est ado. El proceso de capt ura y det ención en el
present e caso no se aj ust a al debido proceso. La privación de la libert ad del señor
Tibi fue arbit raria, baj o los t érm inos del art ículo 7.3 de la Convención Am ericana;
f) el 4 de oct ubre de 1995 el señor Tibi supo de la exist encia de una orden de
det ención prevent iva en su cont ra, dict ada por el Juez de Guayaquil. Aunque la
y argum ent os, anexo 20, folios 775 y 776) ; poder ot orgado a los abogados del Cent ro por la Just icia y el Derecho
I nt er nacional y a los abogados de la Clínica de Der echos Hum anos de la Pont ificia Univ ersidad Cat ólica del Ecuador
por Beat r ice Baruet ( expedient e de anexos al escr it o de solicit udes y argum ent os, anex o 20, folio 777) ; y copias de
com probant es present ados com o respaldo a los gast os incurridos por los repr esent ant es de la presunt a v íct im a y
sus fam iliar es ( expedient e de anexos al escrit o de alegat os finales de represent ant es de la presunt a víct im a y sus
fam iliar es, t om o único, folios 1921 a 2035) .
56
j ust icia conocía dicha causa, en ningún m om ent o del proceso se llevó al señor Tibi
ant e el j uez pert inent e, com o lo exige el art ículo 7.5 de la Convención;
g) aunque el Est ado argum ent e que el art ículo 116 de la Ley sobre Sust ancias
Est upefacient es y Psicot rópicas, vigent e en ese m om ent o, prevé llevar al det enido
ant e el Fiscal y no ant e un Juez, el acusado debe com parecer ant e el j uez o el
funcionario j udicial que t enga com pet encia para im part ir una orden de liberación. El
Minist erio Fiscal General form a part e del Minist erio Público, que es independient e y
est á expresam ent e excluido de la cat egoría de órganos que conform e a la
Const it ución ecuat oriana cum plen funciones j udiciales;
h) después el arrest o, el señor Tibi perm aneció en det ención prevent iva durant e
dos años, t res m eses y t res sem anas, lo que no const it uye un plazo razonable de
prisión sin condena. En est e sent ido, debe dem ost rarse que la det ención est uvo bien
fundada desde el inicio. Si la det ención fue ilegal o arbit raria desde su origen, com o
en el caso del señor Tibi, ningún plazo sería razonable. En segundo lugar,
asum iendo que exist en sospechas razonables de la com isión de un delit o por part e
del acusado, el Est ado debe dem ost rar que esas sospechas han aum ent ado para
j ust ificar la duración de la det ención, es decir, debe hacer un análisis periódico de la
necesidad y legit im idad de la m edida, sit uación que no se present ó en el caso del
señor Tibi. En t ercer t érm ino, aún cuando exist an sospechas suficient es para
m ant ener la prisión prevent iva, el Est ado debe dem ost rar que ha t enido una
diligencia especial en la invest igación del caso, diligencia a t odas luces ausent e en el
present e caso;
92. Los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares alegaron que:
a) est aban plenam ent e de acuerdo con el análisis realizado por la Com isión;
b) el art ículo 7.2 de la Convención, en su aspect o m at erial, exige que el Est ado
cum pla con los supuest os t ipificados obj et iva y previam ent e en la Const it ución
Polít ica y en las leyes dict adas conform es a ella, y que las aut oridades apliquen ese
ordenam ient o j urídico; en el form al, dicho art ículo requiere el cum plim ient o de los
requisit os de form a est ablecidos en el derecho int erno, com o lo es, por ej em plo, la
exist encia de una orden de det ención escrit a y fundada por aut oridad j udicial
com pet ent e;
c) los art ículos 19.17 de la Const it ución Polít ica del Ecuador y 172 del Código de
Procedim ient o Penal exigen que se em it a una orden de det ención firm ada, se
est ablezca la razón de la det ención, el lugar y fecha de em isión de la orden. La
57
única excepción a la orden escrit a es la est ablecida en el art ículo 174 del código, que
se refiere a la det ención de un individuo capt urado en flagrant e delit o;
d) el señor Tibi fue arrest ado m ient ras conducía su aut om óvil, sin que exist iera
orden de j uez com pet ent e, com o lo est ablece el art ículo 172 del Código de
Procedim ient o Penal, y sin que m ediara delit o flagrant e, conform e al art ículo 174 del
m ism o cuerpo de leyes;
f) las aut oridades policiales det uvieron al señor Daniel Tibi con flagrant e abuso
de poder, para involucrarlo en un delit o que no com et ió e incluso t ort urarlo, com o en
efect o lo hicieron, a fin de que se declarara culpable de los hechos que se le
im put aban. La det ención t am bién fue inj ust a, porque sólo se cont aba, com o prueba
en cont ra del señor Tibi, con una declaración de ot ro coacusado ( prohibida por el
propio ordenam ient o int erno, en el art ículo 108 del Código de Procedim ient o Penal) ,
declaración presunt am ent e obt enida t am bién baj o t ort ura, es decir, violando el
debido proceso;
h) las not ificaciones “ accident ales” de los cargos en cont ra del señor Daniel Tibi
no se adecuaron a los est ándares que dem anda la Convención Am ericana en los
art ículos 7.4 y 8.2.b;
i) los agent es del Est ado m int ieron al indicar que la det ención y post erior
t raslado del señor Tibi de las oficinas de la I NTERPOL de Quit o a la ciudad de
Guayaquil se debían a un cont rol de m igración; no le com unicaron que est aba
involucrado en un proceso j udicial, y t am poco recibió la not ificación oficial de los
cargos en su cont ra, que conoció gracias al abogado de ot ro acusado;
j) las garant ías del art ículo 7.5 de la Convención est án orient adas t ant o a la
revisión j udicial de cualquier privación de la libert ad, com o al cont rol del t iem po que
una persona perm anece det enida o encarcelada. La revisión j udicial es el
m ecanism o de cont rol idóneo para evit ar det enciones arbit rarias e ilegales. Los
obj et ivos de la present ación ant e un j uez u ot ra aut oridad j udicial son: evaluar si
hay razones j urídicas suficient es para el arrest o y si se requiere la det ención ant es
del j uicio, salvaguardar el bienest ar del det enido y evit ar la violación de los derechos
fundam ent ales del det enido;
k) el señor Daniel Tibi nunca fue llevado ant e el j uez que conocía la causa.
Tam poco hay const ancia de que el j uez se haya t raslado a la penit enciaría en donde
est aba el señor Tibi;
est ar aut orizado por ley para ej ercer funciones j udiciales, sat isfacer la garant ía de
independencia e im parcialidad, y t ener la facult ad de revisar los m ot ivos de la
det ención y, de ser el caso, decret ar la libert ad. En el present e caso, Daniel Tibi fue
llevado ant e un fiscal, nunca com pareció ant e un j uez y dicho fiscal no cum plía los
requisit os ya m encionados;
m) en el Ecuador los procesados sim plem ent e no com parecen ant e un j uez, es
decir, la exigencia “ sin dem ora” nunca se cum ple; y
a) ha cum plido con los presupuest os legales necesarios para t oda det ención, a
saber: “ las personas sólo pueden ser det enidas si han part icipado, o se sospecha que
han part icipado, en act os t ipificados com o delit os” , y la “ det ención debe t ener com o
único propósit o evit ar la fuga de un sospechoso de un act o delict ivo y poder asegurar
así su com parecencia ant e un j uez com pet ent e” ;
b) la det ención y privación de libert ad del señor Tibi y los ot ros sindicados eran
m ás que necesarias, t oda vez que los ilícit os baj o invest igación const it uyen delit os de
persecución pública. Nunca privó arbit rariam ent e de la libert ad a los sindicados, sino
lo hizo basado en serias presunciones y después de un operat ivo j udicial;
c) el hecho de que el inform e policial relat ivo a la invest igación realizada por la
Policía Nacional ant e el Fiscal fuera rem it ido al j uez com pet ent e dos días después de
la det ención, dem uest ra que el señor Tibi fue llevado ant e las aut oridades j udiciales
sin violar en form a alguna el t érm ino “ sin dem ora” ut ilizado por el art ículo 7.5 de la
Convención. Se puede concluir que los dos días en que el det enido no est uvo a
disposición del j uez no fueron un período excesivo, m ás aun si se considera que el
vocablo “ inm ediat am ent e” debe ser int erpret ado de conform idad con las
circunst ancias de cada caso;
d) t ant o para el art ículo 7.5 com o para el art ículo 8.1 de la Convención
Am ericana, “ el plazo razonable” deberá cont arse “ a part ir del m om ent o en que una
persona es acusada” , ent endiéndose com o acusación “ la not ificación oficial, que
em ana de la aut oridad com pet ent e, por la que se im put a haber com et ido una
infracción penal” . La fecha de inicio del cóm put o del t iem po, en est e caso, sería el
27 de sept iem bre de 1995, día en el que el señor Tibi fue det enido;
e) el plazo razonable del art ículo 7.5 de la Convención concluye con la prisión
prevent iva y el plazo del art ículo 8.1 t erm ina con la t ot alidad del proceso; y
debe sat isfacer ciert os requisit os de fondo: que se t rat e de un delit o de acción
pública, que el delit o est é sancionado con una pena m ayor a un año de prisión, que
exist an indicios suficient es sobre la exist encia de un delit o de acción pública y que
exist an indicios claros y precisos de que el im put ado es aut or o cóm plice del delit o.
La prision prevent iva debe suj et arse a ciert os requisit os de form a: com pet encia,
form alidades, agent es de la aprehensión y cont enido del aut o. La det ención
prevent iva en cont ra del señor Daniel Tibi, com o m edida excepcional, era necesaria,
conform e a los requisit os señalados, por lo que no exist ió violación alguna al derecho
a la libert ad personal.
Consideraciones de la Cort e
2. Nadie puede ser privado de su liber t ad física, salvo por las causas y en las condiciones
fij adas de ant em ano por las Const it uciones Polít icas de los Est ados par t es o por las leyes dict adas
conform e a ellas.
3. Nadie puede ser som et ido a det ención o encarcelam ient o arbit rarios.
4. Toda persona det enida o r et enida debe ser infor m ada de las razones de su det ención y
not ificada, sin dem ora, del cargo o cargos form ulados cont r a ella.
5. Toda persona det enida o ret enida debe ser llevada, sin dem ora, ant e un j uez u ot ro
funcionar io aut orizado por la ley para ej ercer funciones j udiciales y t endrá derecho a ser j uzgada
dent ro de un plazo razonable o a ser puest a en liber t ad, sin perj uicio de que cont inúe el proceso.
Su libert ad podrá est ar condicionada a garant ías que aseguren su com parecencia en el j uicio.
6. Toda persona privada de libert ad t iene derecho a recurrir ant e un j uez o t ribunal
com petente, a fin de que éste decida, sin dem ora, sobre la legalidad de su arresto o detención y
ordene su libertad si el arresto o la detención fueron ilegales. En los Estados Partes cuyas leyes
prevén que t oda persona que se viera am enazada de ser privada de su libertad t iene derecho a
recurrir a un j uez o tribunal com petente a fin de que éste decida sobre la legalidad de tal am enaza,
dicho recurso no puede ser restringido ni abolido. Los recursos podrán int erponerse por sí o por otra
persona.
[ …]
95. En consonancia, el segundo Principio para la Prot ección de Todas las Personas
Som et idas a Cualquier Form a de Det ención o Prisión de Naciones Unidas señala que
el arrest o, la det ención o la prisión sólo se llevarán a cabo en est rict o cum plim ient o de la ley y
por funcionarios com pet ent es o personas aut orizadas para ese fin 126 .
96. Por su part e, el Principio cuart o del m ism o inst rum ent o int ernacional declara que
t oda form a de det ención o prisión y t odas las m edidas que afect an a los der echos hum anos de
las per sonas som et idas a cualquier form a de det ención o prisión deber án ser ordenadas por un
j uez u ot ra aut oridad, o quedar suj et as a la fiscalización efect iva de un j uez u ot ra aut or idad 127 .
126
O.N.U., Conj unt o de Pr incipios para la Prot ección de Todas las Personas Som et idas a Cualquier For m a de
Det ención o Prisión, Adopt ado por la Asam blea General en su resolución 43/ 173, de 9 de diciem bre de 1988,
Principio 2.
127
O.N.U., Conj unt o de Pr incipios para la Prot ección de Todas las Personas Som et idas a Cualquier For m a de
Det ención o Prisión, supra not a 126, Principio 4.
60
97. Est a Cort e ha señalado que la prot ección de la libert ad salvaguarda “ t ant o la libert ad
física de los individuos com o la seguridad personal, en un cont ext o en el que la ausencia de
garant ías puede result ar en la subversión de la regla de derecho y en la privación a los
det enidos de las form as m ínim as de prot ección legal” 128 .
98. Asim ism o, est e Tribunal ha m anifest ado, en relación con los incisos 2 y 3 del art ículo
7 de la Convención, sobre la prohibición de det enciones o arrest os ilegales o arbit rarios,
que:
[ s] egún el pr im ero de t ales supuest os norm at ivos ar t ículo 7.2 de la Convención nadie puede
verse privado de la libert ad sino por las causas, casos o circunst ancias expresam ent e t ipificadas
en la ley ( aspect o m at er ial) , pero, adem ás, con est rict a suj eción a los procedim ient os
obj et ivam ent e definidos en la m ism a ( aspect o form al) . En el segundo supuest o art ículo 7.3 de
la Convención] , se est á en pr esencia de una condición según la cual nadie puede ser som et ido a
det ención o encarcelam ient o por causas y m ét odos que - aun calificados de legales- puedan
reput ar se com o incom pat ibles con el respet o a los derechos fundam ent ales del indiv iduo por ser,
ent r e ot ras cosas, irrazonables, im prev isibles o falt os de pr oporcionalidad 129 .
99. La Const it ución Polít ica del Ecuador, codificada en 1984, vigent e al m om ent o de la
det ención del señor Daniel Tibi, disponía en su art ículo 19.17.h que:
[ n] adie será privado de su libert ad sino en virt ud de orden escrit a de aut oridad com pet ent e, en
los casos, por el t iem po y con las for m alidades pr escrit as por la ley salvo delit o flagrant e, en cuyo
caso t am poco podrá m ant enérsele sin fórm ula de j uicio por m ás de 24 horas; en cualquiera de
los casos, no podrá ser incom unicado por m ás de 24 horas.
100. El Código de Procedim ient o Penal del Ecuador de 1983, vigent e en la época de los
hechos, est ablecía en su art ículo 170 que:
[ a] fin de garant izar la inm ediación del acusado con el proceso, el pago de la indem nización
de daños y perj uicios al ofendido y las cost as procesales, el Juez podrá ordenar m edidas
caut elares de caráct er personal o de caráct er real.
101. El art ículo 172 del m ism o ordenam ient o disponía que:
[ c] on el obj et o de invest igar la com isión de un delit o, ant es de iniciada la respect iva acción
penal, el Juez com pet ent e podrá ordenar la det ención de una persona, sea por conocim ient o
personal o por inform es verbales o escrit os de los agent es de la Policía Nacional o de la
Policía Judicial o de cualquier ot ra persona, que est ablezcan la const ancia del delit o y las
correspondient es presunciones de responsabilidad.
Est a det ención se ordenará m ediant e bolet a que cont endrá los siguient es r equisit os:
1. Los m ot ivos de la det ención;
2. El lugar y la fecha en la que se la expide; y
3. la fir m a del Juez com pet ent e.
Para el cum plim ient o de la orden de det ención se ent r egará dicha bolet a a un Agent e de la
Policía Nacional o de la Policía Judicial.
102. I gualm ent e, el cit ado Código, disponía en su art ículo 174 que:
[ e] n el caso de delit o flagrant e cualquier per sona puede aprehender al aut or y conducirlo a
presencia del Juez com pet ent e o de un Agent e de la Policía Nacional o de la Policía Judicial.
128
Cfr. Caso de los Herm anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 82; Caso Marit za Urr ut ia, supra not a 8,
párr. 64; y Caso Juan Hum ber t o Sánchez, supra not a 3, pár r. 77.
129
Cfr. Caso de los Herm anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 83; Caso Marit za Urr ut ia, supra not a 8,
párr. 65; y Caso Bulacio. Sent encia de 18 de sept iem bre de 2003. Serie C No. 100, párr. 125.
61
En ese últ im o caso, el Agent e inm ediat am ent e pondrá al det enido a ordenes del Juez, j unt o
con el part e respect ivo.
[ …]
103. De conform idad con los art ículos 19.17.h de la Const it ución Polít ica y 172 y 174 del
Código de Procedim ient o Penal del Ecuador, vigent es al m om ent o de los hechos, se requiere
orden j udicial para det ener a una persona, salvo que haya sido aprehendida en delit o
flagrant e. En el present e caso, est á probado que en la det ención del señor Daniel Tibi no se
cum plió el procedim ient o est ablecido en las cit adas norm as. Efect ivam ent e, la presunt a
víct im a no fue sorprendida in fragant i, sino que fue det enida cuando conducía su aut om óvil
en la ciudad de Quit o, sin que exist iera orden de det ención en su cont ra, que se expidió al
día siguient e de dicha det ención, es decir, el 28 de sept iem bre de 1995 ( supra párr. 90.13) .
A la luz de lo ant erior, la det ención ilegal del señor Daniel Tibi configura una violación al
art ículo 7.2 de la Convención Am ericana.
104. Se ha const at ado que la det ención del señor Tibi se sust ent ó en la declaración
singular de un coacusado, lo cual est á prohibido por el art ículo 108 del Código de
Procedim ient o Penal, que est ablecía que “ en ningún caso el j uez adm it irá com o t est igos a
los coacusados [ …] ” . En dicha declaración, el señor Eduardo Edison García León afirm ó que
“ un suj et o francés de nom bre Daniel, [ …] llegó a proveerle hast a cincuent a gram os de
[ cocaína] por dos o t res ocasiones” ( supra párr. 90.8) .
105. Quedó probado que el 4 de oct ubre de 1995 el Juez Prim ero de lo Penal del Guayas
dict ó aut o cabeza del proceso y ordenó la prisión prevent iva del señor Daniel Tibi, quien
perm aneció det enido casi 28 m eses ( supra párr. 90.18) . El Código de Procedim ient o Penal
est ablecía que “ [ e] l j uez podrá dict ar aut o de prisión prevent iva cuando lo creyere
necesario, siem pre que aparezcan los siguient es dat os procesales: 1. I ndicios que hagan
presum ir la exist encia de un delit o que m erezca pena privat iva de libert ad; y 2. I ndicios que
hagan presum ir que el sindicado es aut or o cóm plice del delit o que es obj et o del
proceso[ …] ” ( art ículo 177) .
106. La Cort e considera indispensable dest acar que la prisión prevent iva es la m edida m ás
severa que se le puede aplicar al im put ado de un delit o, m ot ivo por el cual su aplicación
debe t ener un caráct er excepcional, en virt ud de que se encuent ra lim it ada por los principios
de legalidad, presunción de inocencia, necesidad y proporcionalidad, indispensables en una
sociedad dem ocrát ica.
107. El Est ado dispuso la prisión prevent iva del señor Daniel Tibi, sin que exist ieran
indicios suficient es para suponer que la presunt a víct im a fuera aut or o cóm plice de algún
delit o; t am poco probó la necesidad de dicha m edida. Por ello, est e Tribunal considera que
la prisión prevent iva a la que est uvo som et ido el señor Tibi fue arbit raria y const it uyó
violación del art ículo 7.3 de la Convención.
108. Los incisos 4, 5 y 6 del art ículo 7 de la Convención Am ericana est ablecen
obligaciones de caráct er posit ivo que im ponen exigencias específicas t ant o a los agent es del
Est ado com o a t erceros que act úen con la t olerancia o anuencia de ést e y sean responsables
de la det ención 130 .
109. Est a Cort e ha est ablecido que el art ículo 7.4 de la Convención cont em pla un
m ecanism o para evit ar conduct as ilegales o arbit rarias desde el act o m ism o de privación de
130
Cfr. Caso de los Herm anos Góm ez Paquiyauri. supra not a 8, párr. 91; Caso Marit za Urr ut ia. supra not a 8,
párr. 71; y Caso Juan Hum ber t o Sánchez. supra not a 3, pár r. 81.
62
libert ad y garant iza la defensa del det enido. Tant o ést e com o quienes ej ercen
represent ación o cust odia legal de él t ienen derecho a ser inform ados de los m ot ivos y
razones de la det ención y acerca de los derechos que t iene el det enido 131 .
110. Asim ism o, el Principio décim o para la Prot ección de Todas las Personas Som et idas a
Cualquier Form a de Det ención o Prisión de Naciones Unidas, declara que
[ t ] oda persona arrest ada ser á inform ada en el m om ent o de su arrest o de la razón por la que se
procede a él y not ificada sin dem ora de la acusación for m ulada cont ra ella 132 .
111. En el caso sub j udice se ha dem ost rado que el señor Tibi, al m om ent o de su
det ención, efect uada el 27 de sept iem bre de 1995, no fue inform ado de las verdaderas
razones de aquélla, ni not ificado de los cargos que se le im put aban y los derechos con que
cont aba, y t am poco se le m ost ró la orden de det ención, que el Juez Prim ero de lo Penal del
Guayas dict ó un día después, 28 de sept iem bre de 1995. La razón que se le dio fue que se
t rat aba de un cont rol m igrat orio ( supra párr. 90.11) .
112. Por ot ra part e, el det enido, al m om ent o de ser privado de su libert ad y ant es de que
rinda su prim era declaración ant e la aut oridad 133 , debe ser not ificado de su derecho de
est ablecer cont act o con una t ercera persona, por ej em plo, un fam iliar, un abogado o un
funcionario consular, según corresponda, para inform arle que se halla baj o cust odia del
Est ado. La not ificación a un fam iliar o allegado t iene part icular relevancia, a efect os de que
ést e conozca el paradero y las circunst ancias en que se encuent ra el inculpado y pueda
proveerle la asist encia y prot ección debidas. En el caso de la not ificación a un abogado
t iene especial im port ancia la posibilidad de que el det enido se reúna en privado con
aquél 134 , lo cual es inherent e a su derecho a beneficiarse de una verdadera defensa. En el
caso de la not ificación consular, la Cort e ha señalado que el cónsul “ podrá asist ir al det enido
en diversos act os de defensa, com o el ot orgam ient o o cont rat ación de pat rocinio let rado, la
obt ención de pruebas en el país de origen, la verificación de las condiciones en que se
ej erce la asist encia legal y la observación de la sit uación que guarda el procesado m ient ras
se halla en prisión” 135 . Est o no ocurrió en el present e caso.
113. Con base en lo ant eriorm ent e expuest o, est a Cort e considera que el Est ado violó el
art ículo 7.4 de la Convención, en perj uicio del señor Daniel Tibi.
114. El art ículo 7.5 de la Convención dispone que la det ención de una persona sea
som et ida sin dem ora a revisión j udicial, com o m edio de cont rol idóneo para evit ar las
capt uras arbit rarias e ilegales. El cont rol j udicial inm ediat o es una m edida t endient e a
131
Cfr. Caso de los Herm anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 92; Caso Marit za Urr ut ia, supra not a 8,
párr. 72; y Caso Bulacio, supr a not a 129, párr. 128.
132
O.N.U., Conj unt o de Pr incipios para la Prot ección de Todas las Personas Som et idas a Cualquier For m a de
Det ención o Prisión, supra not a 126, Principio 10.
133
Cfr. Caso de los Herm anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 93; Caso Bulacio, supra not a 129, párr .
130; y El Derecho a la I nfor m ación sobr e la Asist encia Consular en el m arco de las Garant ias del Debido Proceso
Legal. Opinión Consult iva OC- 16/ 99 de 1 de oct ubr e de 1999. Serie A No. 16, párr. 106.
134
Cfr. Caso Bulacio, supra not a 129, párr. 130.
135
Cfr. Caso Bulacio, supra not a 129, párr. 130; El Der echo a la I nform ación sobre la Asist encia Consular en
el m arco de las Garant ías del Debido Proceso Legal, supr a not a 133, párr. 86; y O.N.U., Conj unt o de Principios
para la Prot ección de Todas las Per sonas Som et idas a Cualquier For m a de Det ención o Prisión, supr a not a 126,
Principios 13 y 16.
63
evit ar la arbit rariedad o ilegalidad de las det enciones, t om ando en cuent a que en un Est ado
de derecho corresponde al j uzgador garant izar los derechos del det enido, aut orizar la
adopción de m edidas caut elares o de coerción, cuando sea est rict am ent e necesario, y
procurar, en general, que se t rat e al inculpado de m anera consecuent e con la presunción de
inocencia 136 .
115. Tant o la Cort e I nt eram ericana com o la Cort e Europea de Derechos Hum anos han
dest acado la im port ancia que revist e el pront o cont rol j udicial de las det enciones. Quien es
privado de libert ad sin cont rol j udicial debe ser liberado o puest o inm ediat am ent e a
disposición de un j uez137 . La Cort e Europea de Derechos Hum anos ha sost enido que si bien
el vocablo “ inm ediat am ent e” debe ser int erpret ado conform e a las caract eríst icas especiales
de cada caso, ninguna sit uación, por grave que sea, ot orga a las aut oridades la pot est ad de
prolongar indebidam ent e el período de det ención, porque est o quebrant aría el art ículo 5.3
de la Convención Europea 138 .
116. El art ículo 173 del Código de Procedim ient o Penal del Ecuador est ablecía que:
[ l] a det ención de que t rat a el art ículo [ 172] no podrá exceder de cuar ent a y ocho hor as, y
dent ro de est e t érm ino, de encont rarse que el det enido no ha int ervenido en el delit o que
se invest iga, inm ediat am ent e se lo pondr á en libert ad. En caso cont rario, se iniciará el
respect ivo proceso penal, y si procede, se dict ará aut o de prisión prevent iva.
117. En el present e caso, el señor Tibi fue present ado el 28 de sept iem bre de 1995 ant e
un Agent e Fiscal. En ese m om ent o rindió su “ declaración preprocesal” . El Est ado alegó que
“ el hecho de que el inform e policial relat ivo a la invest igación realizada por la Policía
Nacional fuera rem it ido al j uez com pet ent e el día 29 de sept iem bre de 1995, es decir, dos
días después de la det ención, dem uest ra que fue llevado ant e las aut oridades j udiciales sin
violar en form a alguna el t érm ino ‘sin dem ora’ ut ilizado por el art ículo 7.5 de la
Convención” . Según la Com isión y los represent ant es el señor Tibi no com pareció
personalm ent e y sin dem ora ant e un j uez o aut oridad com pet ent e.
118. Est e Tribunal est im a necesario realizar algunas precisiones sobre est e punt o. En
prim er lugar, los t érm inos de la garant ía est ablecida en el art ículo 7.5 de la Convención son
claros en cuant o a que la persona det enida debe ser llevada sin dem ora ant e un j uez o
aut oridad j udicial com pet ent e, conform e a los principios de cont rol j udicial e inm ediación
procesal. Est o es esencial para la prot ección del derecho a la libert ad personal y para
ot orgar prot ección a ot ros derechos, com o la vida y la int egridad personal. El hecho de que
un j uez t enga conocim ient o de la causa o le sea rem it ido el inform e policial correspondient e,
com o lo alegó el Est ado, no sat isface esa garant ía, ya que el det enido debe com parecer
personalm ent e ant e el j uez o aut oridad com pet ent e. En el caso en análisis, el señor Tibi
m anifest ó que rindió declaración ant e un “ escribano público” el 21 de m arzo de 1996, casi
136
Cfr. Caso de los Herm anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 96; Caso Marit za Urr ut ia, supra not a 8,
párr. 66; y Caso Bulacio, supr a not a 129, párr. 129.
137
Cfr. Caso de los Herm anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 95; Caso Marit za Urr ut ia, supra not a 8,
párr. 73; y Caso Bulacio, supra not a 129, párr. 129; y, en igual sent ido, Eur . Cour t H.R., Brogan and Ot hers,
j udgm ent of 29 Novem ber 1988, Series A no. 145- B, pár rs. 58- 59, 61- 62; y Kur t vs Turkey, No. 24276/ 94, párrs.
122, 123 y124, ECHR 1998- I I I .
138
Cfr. Eur. Cour t H.R., Brogan and Ot hers, supra not a 137, para. 58- 59, 61- 62; y cfr. Caso Marit za Urr ut ia,
supra not a 8, párr. 73; Caso Juan Hum ber t o Sánchez. supra not a 3, párr. 84; y Caso Bám aca Velásquez, supra
not a 8, párr. 140.
64
seis m eses después de su det ención ( supra párr. 90.22) . En el expedient e no hay prueba
alguna para llegar a una conclusión diferent e.
119. En segundo lugar, un “ j uez u ot ro funcionario aut orizado por la ley para ej ercer
funciones j udiciales” debe sat isfacer los requisit os est ablecidos en el prim er párrafo del
art ículo 8 de la Convención 139 . En las circunst ancias del present e caso, la Cort e ent iende
que el Agent e Fiscal del Minist erio Público que recibió la declaración preprocesal del señor
Tibi, de conform idad con el art ículo 116 de la Ley de Sust ancias Est upefacient es y
Psicot rópicas, no est aba dot ado de at ribuciones para ser considerado “ funcionario
aut orizado para ej ercer funciones j udiciales” , en el sent ido del art ículo 7.5 de la Convención,
ya que que la propia Const it ución Polít ica del Ecuador, en ese ent onces vigent e, est ablecía
en su art ículo 98, cuáles eran los órganos que t enían facult ades para ej ercer funciones
j udiciales y no ot orgaba esa com pet encia a los agent es fiscales. Asim ism o, el agent e fiscal
no poseía facult ades suficient es para garant izar el derecho a la libert ad y la int egridad
personales de la presunt a víct im a.
120. Por ot ra part e, el art ículo 7.5 de la Convención Am ericana est ablece que la persona
det enida “ t endrá derecho a ser j uzgada dent ro de un plazo razonable o a ser puest a en
libert ad, sin perj uicio de que cont inúe el proceso” . Toda vez que la det ención del señor
Daniel Tibi fue ilegal y arbit raria, el Tribunal no considera necesario ent rar a considerar si el
t iem po t ranscurrido ent re su det ención y su liberación sobrepasó los lím it es de lo razonable.
121. Por ello, la Cort e considera que el Est ado no cum plió con su obligación de hacer
com parecer al señor Daniel Tibi, sin dem ora, ant e una aut oridad j udicial com pet ent e, com o
lo requiere el art ículo 7.5 de la Convención.
122. Es consecuencia, la Cort e concluye que el Est ado violó el art ículo 7.1, 7.2, 7.3, 7.4 y
7.5 de la Convención Am ericana, en relación con el art ículo 1.1 de la m ism a, en perj uicio
del señor Daniel Tibi.
IX
V I OLACI ÓN D E LOS A RTÍ CULOS 7 .6 Y 2 5
D E LA CON VEN CI ÓN A M ERI CAN A
( D ERECHO A LA LI BERTAD PERSONAL Y PROTECCI ÓN JUDI CI AL)
139
Cfr. Caso Cant oral Benavides. Sent encia de 18 de agost o de 2000. Serie C No. 69, párr s. 74 y 75.
65
b) el art ículo 458 del Código de Procedim ient o Penal del Ecuador dispone que el
j uez que conoce de est e recurso deberá ordenar de inm ediat o la presencia del
det enido en audiencia y est ablecer una det erm inación en 48 horas; y
c) los procedim ient os en est e caso fueron incongruent es con la ley y con el
propósit o del recurso. La presunt a víct im a fue obj et o de ret ardo j udicial en la
t ram it ación de sus pet iciones de hábeas corpus, lo que dem ost ró su ineficacia y la
consecuent e falt a de provisión de am paro j udicial.
124. Los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares alegaron que:
a) el art ículo 458 del Código de Procedim ient o Penal vigent e en la época de los
hechos consagraba el recurso de am paro de libert ad o hábeas corpus j udicial que
perm it ía cont radecir la legalidad de la det ención provisional y de la prisión
prevent iva ant e un j uez superior;
b) el señor Tibi present ó dos recursos de am paro de libert ad. El prim ero fue
prom ovido el 1 de j ulio de 1996 y en él se alegaba que no había prueba que
vinculara al señor Tibi al delit o que se le im put aba. La Cort e Superior de
Guayaquil dem oró 22 días para dict ar su resolución. El recurso de am paro se
volvió ilusorio e inefect ivo, porque se incurrió en un ret ardo inj ust ificado en la
decisión sobre el m ism o. El segundo recurso fue int erpuest o el 2 de oct ubre de
1997, en vist a de que el señor Tibi ya había sido sobreseído provisionalm ent e y
debía ser puest o inm ediat am ent e en libert ad, conform e al art ículo 246 del Código
de Procedim ient o Penal. Est e recurso fue resuelt o de m anera negat iva en
desconocim ient o de lo det erm inado por la Const it ución y las leyes ecuat orianas;
y
c) la falt a de eficacia de est os recursos const it uyó una violación conj unt a de los
art ículos 7.6 y 25.1 de la Convención.
a) el señor Tibi t uvo acceso ilim it ado a t odos y cada uno de los recursos que la
legislación int erna del Ecuador ofrece para caut elar el derecho a la libert ad
personal y ot ros derechos fundam ent ales. El hábeas corpus, el am paro y los
dem ás recursos no est uvieron vedados ni al det enido ni a la t ot alidad de la
población y pudieron ser ut ilizados por los acusados durant e los días de det ención
y, en general, durant e t odo su j uicio; y
b) de haber exist ido ilegalidad en la det ención, la presunt a víct im a pudo acudir a
las aut oridades int ernas y ent ablar las acciones legales que creyese oport unas
por las supuest as violaciones a su int egridad que afirm a haber sufrido durant e
su det ención; t ales recursos fueron rechazados por razones est rict am ent e
j urídicas, lo cual no const it uye violación de la Convención.
Consideraciones de la Cort e
[ t ] oda persona privada de libert ad t iene der echo a recurrir ant e un j uez o t ribunal com pet ent e, a
fin de que ést e decida, sin dem ora, sobre la legalidad de su arr est o o det ención y ordene su
libert ad si el arrest o o la det ención fueran ilegales. En los Est ados Part es cuyas leyes prevén que
t oda per sona que se v iera am enazada de ser privada de su liber t ad t iene der echo a r ecurrir a un
j uez o t ribunal com pet ent e a fin de que ést e decida sobr e la legalidad de t al am enaza, dicho
recur so no puede ser r est ringido ni abolido. Los recursos podrán int erponerse por sí o por ot ra
persona.
a) a garant izar que la aut oridad com pet ent e previst a por el sist em a legal del
Est ado decidirá sobre los derechos de t oda persona que int erponga t al recurso;
c) a garant izar el cum plim ient o, por las aut oridades com pet ent es, de t oda decisión
en que se hay a est im ado procedent e el recurso.
128. La Cort e ha considerado que “ los procedim ient os de hábeas corpus y de am paro son
aquellas garant ías j udiciales indispensables para la prot ección de varios derechos cuya
suspensión est á vedada por el art ículo 27.2 de la Convención y sirven, adem ás, para
preservar la legalidad en una sociedad dem ocrát ica” 140 .
129. Est as garant ías, cuyo fin es evit ar la arbit rariedad y la ilegalidad de las det enciones
pract icadas por el Est ado, est án adem ás reforzadas por la condición de garant e que
corresponde a ést e, con respect o a los derechos de los det enidos, en virt ud de la cual,
com o ha señalado la Cort e, el Est ado “ t iene t ant o la responsabilidad de garant izar los
derechos del individuo baj o su cust odia com o la de proveer la inform ación y las pruebas
relacionadas con lo que suceda al det enido” 141 .
130. Est e Tribunal ha est ablecido que la salvaguarda de la persona frent e al ej ercicio
arbit rario del poder público es el obj et ivo prim ordial de la prot ección int ernacional de los
derechos hum anos142 . En est e sent ido, la inexist encia de recursos int ernos efect ivos coloca
a una persona en est ado de indefensión. El art ículo 25.1 de la Convención est ablece, en
t érm inos am plios, la obligación a cargo de los Est ados de ofrecer a t odas las personas
140
El Hábeas Cor pus Baj o Suspensión de Gar ant ías. Ser ie A. Opinión Consult iva OC- 8/ 87 del 30 de enero de
1987, párr. 42; y cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyaur i, supra not a 8, párr. 97; Caso Durand y Ugart e.
Sent encia de 16 de agost o de 2000. Serie C No. 68, pár r. 106; y Garant ías Judiciales en Est ados de Em ergencia
( art s. 27.2, 25 y 8 Convención Am ericana sobre Derechos Hum anos) . Opinión Consult iv a OC- 9/ 87 del 6 de oct ubr e
de 1987. Serie A No. 9. párr. 33.
141
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiy auri, supra not a 8, párr. 98; y Caso Bulacio, supra not a 129,
párr. 138.
142
Cfr. Caso “ Cinco Pensionist as” , supra not a 25, párr. 126; y Caso del Tribunal Const it ucional. Sent encia de
31 de enero de 2001. Serie C No. 71, párr. 89.
67
som et idas a su j urisdicción un recurso j udicial efect ivo cont ra act os violat orios de sus
derechos fundam ent ales143 .
131. Baj o est a perspect iva, se ha señalado que para que el Est ado cum pla con lo
dispuest o en el cit ado art ículo 25.1 de la Convención no bast a con que los recursos exist an
form alm ent e, sino es preciso que sean efect ivos144 , es decir, se debe brindar a la persona la
posibilidad real de int erponer un recurso sencillo y rápido que perm it a alcanzar, en su caso,
la prot ección j udicial requerida. Est a Cort e ha m anifest ado reit eradam ent e que la
exist encia de est as garant ías “ const it uye uno de los pilares básicos, no sólo de la
Convención Am ericana, sino del propio Est ado de Derecho en una sociedad dem ocrát ica en
el sent ido de la Convención” 145 .
132. La Const it ución Polít ica del Ecuador, codificada en 1984, vigent e al m om ent o de la
det ención del señor Daniel Tibi, y la Const it ución Polít ica, codificada en 1996, en los
art ículos 19.17.j y 28, respect ivam ent e, cont ienen la siguient e disposición:
[ t ] oda persona que crey ere est ar ilegalm ent e pr ivada de su liber t ad podrá acogerse al Hábeas
Corpus. Est e derecho lo ej ercerá por sí o por int erpuest a per sona sin necesidad de m andat o
escr it o ant e el Alcalde o President e del Consej o baj o cuya j urisdicción se encuent r e o ant e quien
haga sus veces. La aut or idad m unicipal ordenará inm ediat am ent e que el recur rent e sea
conducido a su presencia y se exhiba la orden de privación de libert ad. Su m andat o ser á
obedecido sin observación, ni ex cusa por los encargados del cent ro de rehabilit ación social o
lugar de det ención.
[ …]
133. El art ículo 458 del Código de Procedim ient o Penal est ablecía que:
[ c] ualquier encausado que con infracción de los precept os const ant es en [ dicho] Código se
encuent re det enido, podrá acudir en dem anda de su libert ad al Juez Superior de aquél que
hubiese dispuest o la pr ivación de ella.
[ ...]
[ ...]
El Juez que deba conocer la solicit ud ordenará inm ediat am ent e después de recibida ést a la
present ación del det enido y oirá su exposición, haciéndola const ar en un act a que será suscrit a
por el Juez, el Secret ario y el quej oso, o por un t est igo en lugar de ést e últ im o, si no supiere
firm ar . Con t al exposición el Juez pedirá t odos los dat os que est im e necesarios para form ar su
143
Cfr. Caso Marit za Urrut ia, supra not a 8, párr . 116; Caso Cant os. Sent encia de 28 de noviem bre de 2002.
Serie C No. 97, párr. 52; y Caso del Tr ibunal Const it ucional, supra not a 142, párr. 89.
144
Cfr. Caso Mar it za Urrut ia, supra not a 8, párr . 117; Caso Juan Hum ber t o Sánchez, supra not a 3, párr. 121;
y Caso Cant os, supra not a 143, párr. 52.
145
Cfr. Caso Mar it za Urrut ia, supra not a 8, párr . 117; Caso Juan Hum ber t o Sánchez, supra not a 3, párr. 121;
Caso Cant os, supra not a 143, párr. 52; Caso de la Com unidad Mayagna ( Sum o) Awas Tingni. Sent encia de 31 de
agost o de 2001, párr. 111; Caso Bám aca Velásquez, supr a not a 8, párr . 191; Caso Cant oral Benavides, supra not a
139, párr. 163; Caso Durand y Ugart e, supra not a 140, párr 101; Caso de los “ Niños de la Calle” ( Caso Villagrán
Morales y ot ros) . Sent encia de 19 de noviem bre de 1999. Serie C No. 63, párr. 234; Caso Cest i Hur t ado. Sent encia
de 29 de sept iem bre de 1999, párr. 121; Caso Cast illo Pet ruzzi y ot ros. Sent encia de 30 de m ayo de 1999. Serie C
No. 52, párr. 184; Caso de la “ Panel Blanca” ( Paniagua Mor ales y ot ros) . Sent encia de 8 de m arzo de 1998. Serie C
No. 37, párr. 164; Caso Blake, Sent encia de 24 de enero de 1998. Serie C No. 36, párr. 102; Caso Suárez Rosero.
Sent encia de 12 de noviem bre de 1997. Serie C No. 35, párr. 65; y Caso Cast illo Páez. Sent encia de 3 de
noviem bre de 1997. Serie C No. 34, párr. 82.
68
crit erio y asegurar la legalidad de su fallo, y dent ro de cuarent a y ocho horas resolverá lo que
est im are legal.
[ ...]
134. Se ha dem ost rado que la presunt a víct im a int erpuso un recurso de am paro j udicial
ant e el President e de la Cort e Superior de Guayaquil el 1 j ulio de 1996, alegando que no
exist ía prueba alguna en su cont ra ( supra párr. 90.28) y por ello no debía cont inuar
det enido. El 22 de j ulio de 1996 el President e de la Cort e Superior de Guayaquil denegó
dicho recurso de am paro j udicial, con base en que en el proceso no se habían desvirt uado
los m érit os del cargo que sirvieron para fundam ent ar la prisión prevent iva ( supra párr.
90.29) . Al respect o, est e Tribunal adviert e que el art ículo 7.6 de la Convención exige que
un recurso com o el present e debe ser decidido por un j uez o t ribunal com pet ent e sin
dem ora. En est e caso, est e presupuest o no se cum plió porque el recurso fue resuelt o 21
días después de su int erposición, plazo a t odas luces excesivo.
135. El 3 ó 5 de sept iem bre de 1997 el Juez Segundo de lo Penal del Guayas, Subrogant e
del Décim o Oct avo de lo Penal del Guayas, dict ó aut o de sobreseim ient o provisional del
proceso y del sindicado, a favor del señor Daniel Tibi. Dicha resolución que fue elevada en
consult a obligat oria ant e la Cort e Superior de Just icia de Guayaquil, y quedó resuelt a el 14
de enero de 1998 ( supra párr. 90.24) . El 2 de oct ubre de 1997 el señor Daniel Tibi
int erpuso un segundo recurso de am paro j udicial ant e el President e de la Cort e Superior de
Just icia de Guayaquil, cuando ya había vencido el plazo legal para resolver la consult a,
solicit ando su liberación conform e al aut o de sobreseim ient o provisional dict ado a su favor
( supra párr. 90.30) .
136. Est e Tribunal solicit ó a las part es, el 27 de j ulio de 2004, que rem it ieran com o
prueba para m ej or resolver la decisión de la Cort e Superior de Guayaquil que resolvería el
recurso de am paro j udicial int erpuest o por el señor Tibi el 2 de oct ubre de 1997. No se
recibió la const ancia requerida. El Est ado no dem ost ró que est e recurso se había resuelt o
sin dem ora, por lo que es razonable concluir que ést e no fue efect ivo, en t érm inos del
art ículo 7.6 de la Convención.
137. Por lo expuest o, la Cort e concluye que el Est ado violó los art ículos 7.6 y 25 de la
Convención Am ericana, en relación con el art ículo 1.1 de la m ism a, en perj uicio del señor
Daniel Tibi.
138. En cuant o a la alegación hecha por la Com isión y por los represent ant es de las
presunt a víct im a y sus fam iliares en el sent ido de que se habría violado el art ículo 2 de la
Convención, est e Tribunal considera que los hechos del caso no se encuadran dent ro de los
presupuest os de t al precept o.
X
V I OLACI ÓN D EL ARTÍ CULO 5 D E LA CON VEN CI ÓN A M ERI CAN A
( D ERECHO A LA I NTEGRI DAD PERSONAL)
c) cualquier sit uación en la que un det enido sea int errogado sin la presencia de
su abogado o una aut oridad j udicial, invit a a abusos, y por ello la realización de
int errogat orios baj o est as condiciones est á prohibida por est ándares nacionales e
int ernacionales;
d) las pruebas est ablecen que agent es del Est ado infligieron grave sufrim ient o al
señor Tibi, causándole severos problem as físicos. Después de las golpizas y las
quem aduras de cigarrillos y m et al roj o en el cuerpo del señor Tibi, el Est ado no
brindó a ést e ningún t rat am ient o m édico;
f) el grave daño físico sufrido por el señor Daniel Tibi cuando est uvo det enido
const it uyó violación del art ículo 5.1 de la Convención Am ericana y causó a aquél
sufrim ient o con int ensidad suficient e a los fines del art ículo 5.2 de la Convención;
g) baj o los est ándares int ernacionales que se aplican en m at eria de los abusos
en cust odia, el Est ado t iene la carga de la prueba, y por ello debe explicar cóm o fue
que el señor Tibi sufrió una serie de heridas y daños físicos m ient ras est aba en
cust odia. Aunque el Ecuador niega su responsabilidad, no ha ofrecido explicación
sobre est as heridas. El Est ado no respondió con la debida diligencia a las t ort uras
infligidas al señor Daniel Tibi y los responsables han quedado –hast a el m om ent o-
en la im punidad;
h) el señor Daniel Tibi est uvo suj et o a las t ort uras descrit as, adem ás de lo que
significó para él pasar dos años y t res m eses en una cárcel que no reunía las
condiciones m ínim as para el t rat o digno a los reclusos; e
140. Los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares alegaron:
Respect o al derecho a la int egridad personal del señor Daniel Tibi que:
70
b) la Convención Am ericana prohíbe la t ort ura y el m alt rat o físico ( art ículo 5) .
La prohibición de la t ort ura y los t rat os, crueles, inhum anos y degradant es ha sido
reconocida [ …] com o una norm a im perat iva del derecho int ernacional general, [ la
cual] es vinculant e para t odos los Est ados, sean o no part es en t rat ados que
cont ienen dicha prohibición” ;
c) la prueba de las t ort uras sufridas por el señor Tibi no sólo surgen de sus
propias declaraciones, sino t am bién const an en diligencias m édico legales llevadas a
cabo por aut oridades ecuat orianas y m édicos franceses;
d) si bien el señor Tibi fue revisado en dos ocasiones por m édicos ecuat orianos
que verificaron que sufría de heridas y t raum at ism os, nunca recibió t rat am ient o
m édico de las aut oridades ecuat orianas ni se invest igaron sus heridas;
f) los m alt rat os infligidos por agent es del Est ado cont ra el señor Tibi se analizan
en dos vert ient es: deliberada int ención de causar dolor y daño, conciencia del peligro
de producción del daño e inacción para evit arlo, así com o indiferencia por part e del
Est ado;
g) en los t érm inos generales del art ículo 5.2 de la Convención t oda persona
privada de la libert ad t iene derecho a vivir en condiciones de det ención com pat ibles
con su dignidad personal y el Est ado debe garant izarle el derecho a la vida e
int egridad. El señor Tibi vio conculcado su derecho a la int egridad personal por las
condiciones carcelarias inhum anas, crueles y degradant es a las que fue som et ido;
h) el encierro durant e las 24 horas del día en una celda sobrepoblada y sin
condiciones sanit arias básicas, la falt a de clasificación de los int ernos, la falt a de
alim ent o, vest uario y cam as adecuadas, la ausencia de vent ilación, la deficient e
calidad del aire y la falt a de personal m édico, ent re ot ros problem as, son
circunst ancias que pueden producir daño grave a quienes se ven expuest os a t ales
condiciones, com o ocurrió en el caso del señor Daniel Tibi;
las personas baj o su j urisdicción cont ra act os de t ort ura y m alos t rat os com et idos
por part iculares;
j) según el señor Tibi, los guardias deliberadam ent e lo encerraron con reclusos
violent os que lo m alt rat aron y am enazaron de m uert e;
k) los Est ados est án obligados a invest igar y sancionar los casos de t ort ura, así
com o t oda violación a los derechos hum anos. Est a obligación nace de varias
norm as. La norm a general est á cont enida en el art ículo 1.1 de la Convención
Am ericana y la obligación específica respect o de los casos de t ort ura se desprende
de los art ículos 1, 6 y 8 de la Convención I nt eram ericana para Prevenir y Sancionar
la Tort ura; y
l) el art ículo 22.1 de la Const it ución ecuat oriana vigent e en la época de los
hechos prohibía la t ort ura. Sin em bargo, el Código Penal ecuat oriano present a serios
vacíos en la t ipificación y sanción de la t ort ura y los m alos t rat os. La legislación no
se adapt a a los est ándares int ernacionales.
Respect o al derecho a la int egridad personal de los fam iliares del señor Daniel Tibi
m) los fam iliares de las víct im as de violaciones de los derechos hum anos pueden
ser, a su vez, víct im as. La t ort ura de una persona t rae consecuencias adversas para
sus fam iliares;
n) las personas m ás cercanas al señor Daniel Tibi son la señora Beat rice Baruet ,
las hij as de Beat rice, Sarah y Jeanne Cam ila Vachon, la hij a de am bos, Lisianne
Judit h Tibi, y el hij o del señor Tibi, Valerian Edouard Tibi. Est as personas deben ser
consideradas víct im as en el present e caso, pues se ha vulnerado su derecho a la
int egridad psíquica y m oral com o consecuencia “ direct a de la det ención ilegal y
arbit raria del señor Tibi, de la incert idum bre de no saber de su paradero durant e m ás
de una sem ana, de la angust ia generada al observar las m arcas de violencia
ext rem as que m ost ró [ el señor Tibi] y las m isérrim as condiciones carcelarias a que
fue suj et o, de la separación fam iliar durant e el t iem po de prisión, exacerbada aún
m ás por la dist ancia física innecesaria ent re el lugar de det ención y el lugar de
residencia de la fam ilia, de la falt a de invest igación y sanción de los responsables de
est os hechos, de la lent it ud del procedim ient o penal y las arbit rariedades dent ro del
m ism o y de la cert eza de saber que el señor Tibi era inocent e y a pesar de t odo ver
com o el aparat o est at al buscaba a t oda cost a su culpabilidad” ;
ñ) la señora Beat rice Baruet t enía t res m eses de em barazo cuando fue det enido
el señor Daniel Tibi, desconoció su paradero por m ás de siet e días, realizó
aproxim adam ent e 74 viaj es a Guayaquil, t uvo que m ant ener a su fam ilia y se
encargó de los t rám it es de defensa de su esposo, sufrió est igm at ización social por la
det ención del señor Tibi y, finalm ent e, su relación con ést e t erm inó cuando fue
liberado;
p) Jeanne Cam ila, la segunda hij a de la señora Beat rice Baruet , de 6 años de
edad, acom pañaba a su m adre a la penit enciaría. Al ser t est igo de una pelea
72
q) Lisianne Judit h nació cuando su padre est aba det enido. No cont ó con la
presencia de ést e durant e los dos prim eros años de su vida. En num erosas
ocasiones fue llevada por su m adre a la penit enciaría, donde est uvo som et ida a un
am bient e insalubre y peligroso para una recién nacida; y
r) Valerian Edouard, el hij o del señor Tibi, de 13 años de edad, no pudo visit ar
ni ver a su padre por dos años. Desde que supo que est aba det enido perdió la
confianza en su padre y hast a hoy no m ant iene una relación est able con él.
141. Sobre el punt o que ahora se exam ina, el Est ado alegó que:
a) se le pret ende declarar responsable por las supuest as t ort uras a las que fue
som et ido el señor Tibi durant e el período de det ención, pero el único aport e
probat orio que exist e sobre est a denuncia son los inform es elaborados por m édicos
franceses, el inform e m édico legal del Depart am ent o de I nvest igaciones de la Policía
y el t est im onio de la propia presunt a víct im a;
c) los inform es de los m édicos franceses fueron elaborados dos y seis años
después de que habrían ocurrido las supuest as t ort uras, y por ello son poco fiables y
acert ados. Es evident e que cualquier signo de m alt rat o habrá desaparecido para ese
ent onces, y, de no ser así, la det erm inación de las causas de los vej ám enes sería
m uy difícil de obt ener. En ese sent ido, “ el Est ado im pugn[ ó] los inform es de los
m édicos franceses, doct ores Christ ian Rat , Sam uel Gérard Benayoun y Philippe
Blanche, por cuant o carecen de confiabilidad, im parcialidad y oport unidad” ;
f) de acuerdo con el t est im onio de los m édicos com parecient es durant e la fase
oral del present e proceso, el período que t ranscurrió ent re las supuest as t ort uras y
los exám enes efect uados im pide dar un diagnóst ico preciso sobre la et iología de las
supuest as lesiones.
73
Consideraciones de la Cort e
1. Toda persona t iene derecho a que se r espet e su int egridad física, psíquica y m oral.
2. Nadie debe ser som et ido a t ort uras ni a penas o t rat os cr ueles, inhum anos o degradant es.
Toda persona privada de libert ad será t rat ada con el respet o debido a la dignidad inherent e al ser
hum ano.
4. Los procesados deben est ar separados de los condenados, salvo en circunst ancias
excepcionales, y serán som et idos a un t rat am ient o adecuado a su condición de personas no
condenadas.
5. Cuando los m enores puedan ser procesados, deben ser separados de los adult os y llev ados
ant e t ribunales especializados, con la m ayor celeridad posible, para su t rat am ient o.
6. Las penas privat ivas de la liber t ad t endrán com o finalidad esencial la refor m a y la
readapt ación social de los condenados.
143. Exist e un régim en j urídico int ernacional de prohibición absolut a de t odas las form as
de t ort ura, t ant o física com o psicológica, régim en que pert enece hoy día al dom inio del ius
cogens146 . La prohibición de la t ort ura es com plet a e inderogable, aun en las circunst ancias
m ás difíciles, t ales com o guerra, am enaza de guerra, lucha cont ra el t errorism o y
cualesquiera ot ros delit os, est ado de sit io o de em ergencia, conm oción o conflict o int erior,
suspensión de garant ías const it ucionales, inest abilidad polít ica int erna u ot ras em ergencias
o calam idades públicas147 .
144. Est a Cort e ha dicho que “ al dar int erpret ación a un t rat ado no sólo se t om an en
cuent a los acuerdos e inst rum ent os form alm ent e relacionados con ést e ( inciso segundo del
art ículo 31 de la Convención de Viena) , sino t am bién el sist em a dent ro del cual se inscribe
( inciso t ercero del art ículo 31) ” . Est a orient ación t iene part icular im port ancia para el
Derecho I nt ernacional de los Derechos Hum anos, que ha avanzado sust ancialm ent e
m ediant e la int erpret ación evolut iva de los inst rum ent os int ernacionales de prot ección 148 .
145. La Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura, que ent ró en vigor en el Est ado el 9
de diciem bre de 1999, form a part e del corpus iuris int eram ericano que debe servir a est a
Cort e para fij ar el cont enido y alcance de la disposición general cont enida en el art ículo 5.2
de la Convención Am ericana. Conviene at ender, en especial, al art ículo 2 de la Convención
I nt eram ericana cont ra la Tort ura, que define a ést a com o:
[ …] t odo act o r ealizado int encionalm ent e por el cual se inflij an a una per sona penas o sufrim ient os
físicos o m ent ales, con fines de inv est igación crim inal, com o m edio int im idat or io, com o cast igo
personal, com o m edida prev ent iva, com o pena o con cualquier ot ro fin. Se ent enderá t am bién com o
146
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 112; y Caso Marit za Urrut ia, supra not a
8, párr. 92.
147
Cfr. Caso de los Herm anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 111; Caso Marit za Ur rut ia. supra not a 8,
párr. 89; y Caso Cant oral Benavides, supra not a 139, párr. 95.
148
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiy auri, supra not a 8, párr. 165; Caso de los “ Niños de la Calle”
( Villagrán Mor ales y ot ros) , supra not a 145, párrs. 192 y 193; y El Derecho a la I nform ación sobr e la Asist encia
Consular en el m arco de las Garant ías del Debido Proceso Legal, supra not a 133, párr. 113.
74
t ort ura la aplicación sobr e una persona de m ét odos t endient es a anular la personalidad de la víct im a
o a dism inuir su capacidad física o m ent al, aunque no causen dolor físico o angust ia psíquica.
No est arán com prendidos en el concept o de t or t ura las penas o sufrim ient os físicos o m ent ales que
sean únicam ent e consecuencia de m edidas legales o inher ent es a ést as, siem pr e que no incluyan la
realización de los act os o la aplicación de los m ét odos a que se refier e el present e art ículo.
146. De conform idad con est a definición y en at ención a las circunst ancias de cada caso,
pueden calificarse com o t ort uras físicas y psíquicas aquellos act os que han sido “ preparados
y realizados deliberadam ent e cont ra la víct im a para suprim ir su resist encia psíquica y
forzarla a aut oinculparse o a confesar det erm inadas conduct as delict ivas o para som et erla a
m odalidades de cast igos adicionales a la privación de la libert ad en sí m ism a” 149 .
147. Est e Tribunal ha est ablecido que una “ persona ilegalm ent e det enida se encuent ra en
una sit uación agravada de vulnerabilidad, de la cual surge un riesgo ciert o de que se le
vulneren ot ros derechos, com o el derecho a la int egridad física y a ser t rat ada con
dignidad” 150 . Asim ism o, se ha reconocido que las am enazas y el peligro real de som et er a
una persona a lesiones físicas produce, en det erm inadas circunst ancias, una angust ia m oral
de t al grado que puede ser considerada t ort ura psicológica 151 .
148. En el present e caso est á dem ost rado que durant e los m eses de m arzo y abril de
1996 cuando el señor Daniel Tibi perm anecía det enido en la Penit enciaría del Lit oral, fue
obj et o, por part e de los guardias de la cárcel, de sesiones de violencia física con el fin de
obt ener su aut oinculpación ( supra párr. 90.50) . Durant e est as sesiones, la presunt a víct im a
recibió golpes de puño en el cuerpo y en el rost ro, quem aduras en las piernas con cigarrillos
y descargas eléct ricas en los t est ículos. En una ocasión fue golpeado con un obj et o
cont undent e y en ot ra se le sum ergió la cabeza en un t anque de agua. El señor Tibi padeció
al m enos siet e “ sesiones” de est e t ipo ( supra párr. 90.50) .
149. Los act os de violencia perpet rados de m anera int encional por agent es del Est ado
cont ra el señor Daniel Tibi produj eron a ést e grave sufrim ient o físico y m ent al. La ej ecución
reit erada de est os act os violent os t enía com o fin dism inuir sus capacidades físicas y
m ent ales y anular su personalidad para que se declarara culpable de un delit o. En el caso
sub j udice se ha dem ost rado, adem ás, que la presunt a víct im a recibió am enazas y sufrió
host igam ient os durant e el período de su det ención, que le produj eron pánico y t em or por su
vida. Todo ello const it uye una form a de t ort ura, en los t érm inos del art ículo 5.2 de la
Convención Am ericana.
150. De conform idad con ese precept o t oda persona privada de libert ad t iene derecho a
vivir en sit uación de det ención com pat ible con su dignidad personal 152 . En ot ras
oport unidades, est e Tribunal ha señalado que m ant ener a una persona det enida en
condiciones de hacinam ient o, con falt a de vent ilación y luz nat ural, sin cam a para su reposo
ni condiciones adecuadas de higiene, en aislam ient o e incom unicación o con rest ricciones
149
Cfr. Caso Mar it za Urrut ia, supra not a 8, párr . 104; y Caso Cant oral Benavides, supra not a 139, párr. 104.
150
Cfr. Caso de los Herm anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 108; Caso Marit za Ur rut ia, supra not a 8,
párr. 87; y Caso Juan Hum ber t o Sánchez, supra not a 3, pár r. 96.
151
Cfr. Caso Mar it za Urrut ia, supra not a 8, párr . 92; y Caso Cant oral Benavides, supra not a 139, párr. 102.
152
Cfr. Caso Bulacio, supra not a 129, párr. 126; y Caso Cant oral Benavides, supra not a 139, párr. 87.
75
indebidas al régim en de visit as const it uye una violación a su int egridad personal 153 . Com o
responsable de los est ablecim ient os de det ención, el Est ado debe garant izar a los reclusos
la exist encia de condiciones que dej en a salvo sus derechos154 .
151. El señor Daniel Tibi fue recluido baj o severas condiciones de hacinam ient o e
insalubridad por 45 días, en un pabellón de la Penit enciaría del Lit oral conocido com o “ la
cuarent ena” . Allí debía perm anecer durant e t odo el día, sin vent ilación ni luz suficient e, y
no se le proporcionaba alim ent o. Post eriorm ent e, est uvo varias sem anas en el corredor del
pabellón de dicha penit enciaría, durm iendo en el suelo, hast a que finalm ent e pudo ubicarse,
por la fuerza, en una celda ( supra párr. 90.46, y 90.47) . Alguna vez fue recluido en el
pabellón de indisciplinados, donde ot ros reclusos lo at acaron ( supra párr. 90.48) . En el
cent ro penit enciario no había clasificación de reclusos ( supra párr. 90.49) .
152. La descripción de las condiciones en las que vivió el señor Daniel Tibi durant e su
det ención evidencian que ést as no sat isficieron los requisit os m at eriales m ínim os de un
t rat am ient o digno, conform e a su condición de ser hum ano, en el sent ido del art ículo 5 de la
Convención.
153. Asim ism o, est á probado que durant e su perm anencia en la cárcel, el señor Daniel
Tibi fue exam inado dos veces por m édicos proporcionados por el Est ado, quienes verificaron
que sufría heridas y t raum at ism os, pero nunca recibió t rat am ient o m édico ni se invest igó la
causa de dichos padecim ient os ( supra párr. 90.51) .
154. Sobre est e part icular es preciso rem it irse al Principio vigésim o cuart o para la
Prot ección de Todas las Personas Som et idas a Cualquier Form a de Det ención o Prisión que
det erm ina que: “ [ s] e ofrecerá a t oda persona det enida o presa un exam en m édico
apropiado con la m enor dilación posible después de su ingreso en el lugar de det ención o
prisión y, post eriorm ent e, esas personas recibirán at ención y t rat am ient o m édico cada vez
que sea necesario. Esa at ención y ese t rat am ient o serán grat uit os” 155 .
156. A su vez, la Cort e I nt eram ericana ent iende que, conform e al art ículo 5 de la
Convención Am ericana, el Est ado t iene el deber de proporcionar a los det enidos revisión
m édica regular y at ención y t rat am ient o adecuados cuando así se requiera. A su vez, el
Est ado debe perm it ir y facilit ar que los det enidos sean at endidos por un facult at ivo elegido
por ellos m ism os o por quienes ej ercen su represent ación o cust odia legal 157 .
153
Cfr. Caso Cant oral Benavides, supra not a 139, párrs. 85 al 89; y Caso Loayza Tam ayo. Sent encia de 17 de
sept iem br e de 1997. Serie C No. 33, párr. 58.
154
Cfr. Caso Bulacio, supra not a 129, párr. 126.
155
O.N.U., Conj unt o de Pr incipios para la Prot ección de Todas las Personas Som et idas a Cualquier For m a de
Det ención o Prisión, supra not a 126, Principio 20.
156
Cfr. Kudla v. Poland, No. 30210/ 96, párr. 93- 94, ECHR 2000- XI .
157
Cfr. Caso Bulacio, supra not a 129, párr. 131.
76
157. Est e Tribunal observa que, a pesar de su grave sit uación física y psicológica, el señor
Tibi nunca fue som et ido a un t rat am ient o o at ención m édica adecuados y oport unos en el
cent ro penit enciario, lo que ha t enido consecuencias desfavorables para su est ado de salud
act ual. La deficient e at ención m édica recibida por la presunt a víct im a es violat oria del
art ículo 5 de la Convención Am ericana.
158. Por ot ra part e, los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares alegaron
que el Est ado había violado en perj uicio del señor Tibi el art ículo 5.4 de la Convención
Am ericana, que est ablece que, “ salvo en circunst ancias excepcionales” , los procesados
deben est ar separados de los sent enciados, y ser som et idos a un t rat am ient o adecuado a su
condición. En el present e caso, est á dem ost rado ( supra párr. 90.49) que no había un
sist em a de clasificación de los det enidos en el cent ro penit enciario en donde est uvo recluido
el señor Tibi y que por est a razón se vio en la necesidad de convivir con sent enciados y
quedó expuest o a m ayor violencia. La Cort e considera que la falt a de separación de
reclusos descrit a es violat oria del art ículo 5.4 de la Convención Am ericana.
159. La Cort e ent iende que, a la luz de la obligación general de los Est ados part es de
respet ar y garant izar los derechos a t oda persona suj et a a su j urisdicción, cont enida en el
art ículo 1.1 de la Convención Am ericana, el Est ado t iene el deber de iniciar de oficio e
inm ediat am ent e una invest igación efect iva que perm it a ident ificar, j uzgar y sancionar a los
responsables, cuando exist e denuncia o razón fundada para creer que se ha com et ido un
act o de t ort ura en violación del art ículo 5 de la Convención Am ericana. En el present e caso,
la Cort e observa que el Est ado no act uó con arreglo a esas previsiones. El señor Daniel Tibi
present ó serias lesiones cuando est uvo det enido en la Penit enciaría del Lit oral, lo que debió
ser m ot ivo suficient e para que las aut oridades com pet ent es iniciaran, de oficio, una
invest igación sobre lo ocurrido a ést e. Est a act uación est á norm ada, adem ás, de m anera
específica en los art ículos 1, 6 y 8 de la Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura que
obligan a los Est ados part es a t om ar t odas las m edidas efect ivas para prevenir y sancionar
t odos los act os de t ort ura dent ro del ám bit o de su j urisdicción 158 . Desde que ent ró en vigor
en el Ecuador la referida Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura ( 9 de diciem bre de
1999) , es exigible al Est ado el cum plim ient o de las obligaciones cont enidas en dicho
t rat ado. Est á probado que, en el lapso t ranscurrido desde esa fecha, el Est ado no ha
invest igado, j uzgado ni sancionado a los responsables de las t ort uras a las que fue som et ida
la presunt a víct im a. Por ello, para la Cort e est a conduct a const it uye una violación de los
art ículos 5 de la Convención Am ericana, en relación con el 1.1 de la m ism a, así com o
inobservancia de las obligaciones cont enidas en los art ículos 1, 6 y 8 de la Convención
I nt eram ericana cont ra la Tort ura.
160. Est a Cort e observa que la señora Beat rice Baruet , sus hij as Sarah y Jeanne Cam ila
Vachon, Lisianne Judit h Tibi, hij a de ella y el señor Tibi y Valerian Edouard Tibi, hij o del
señor Tibi, vieron afect ada su int egridad personal com o consecuencia de la det ención ilegal
y arbit raria, la falt a del debido proceso y la t ort ura a que fue som et ida la presunt a víct im a.
Las afect aciones de ést os consist ieron, ent re ot ros, en la angust ia que les produj o no
conocer el paradero de la presunt a víct im a inm ediat am ent e después de su det ención; y en
los sent im ient os de im pot encia e inseguridad por la negligencia de las aut oridades est at ales
para hacer cesar la det ención ilegal y arbit raria del señor Tibi; y el t em or que sent ían por la
vida de la presunt a víct im a.
161. En el caso sub j udice est á dem ost rado que num erosas circunst ancias afect aron a los
158
Cfr. Caso Mar it za Urrut ia, supra not a 8, párr . 95.
77
m iem bros del núcleo fam iliar del señor Daniel Tibi, t ales com o: los const ant es viaj es
realizados por la señora Baruet , en algunos casos con sus hij as, a m ás de seiscient os
kilóm et ros de dist ancia desde la ciudad de Quit o, donde t enían su residencia; el regreso de
la m enor Sarah Vachon a Francia, país en el que perm aneció durant e m ás de dos años lej os
de su fam ilia; las visit as a la Penit enciaría del Lit oral de la m enor Jeanne Cam ila Vachon,
quien después de presenciar un m ot ín en la cárcel se negó a visit ar a su padrast ro
nuevam ent e; la ausencia de una figura pat ernal sufrida por la m enor Lisianne Judit h Tibi
durant e sus dos prim eros años de vida; y la falt a de cont act o del señor Tibi con su hij o
Valerian Edouard Tibi. Algunas de est as circunst ancias perduraron, incluso después de la
liberación del señor Tibi y su regreso a Francia, por lo que est a Cort e considera que la
det ención ilegal y arbit raria del señor Tibi cont ribuyó a la rupt ura del núcleo fam iliar y a la
frust ración de los planes personales y fam iliares.
162. En consecuencia de lo expuest o, la Cort e declara que el Est ado violó el art ículo 5.1,
5.2, 5.4 de la Convención Am ericana, en relación con el art ículo 1.1 de la m ism a, e
inobservó las obligaciones previst as en los art ículos 1, 6 y 8 de la Convención
I nt eram ericana cont ra la Tort ura, en perj uicio del señor Daniel Tibi; y violó el art ículo 5.1 de
la Convención Am ericana, en relación con el art ículo 1.1 de la m ism a, en perj uicio de
Beat rice Baruet , Sarah y Jeanne Cam ila Vachon, Lisianne Judit h Tibi y Valerian Edouard Tibi.
163. En cuant o a la alegación hecha por la Com isión y por los represent ant es de las
presunt a víct im a y sus fam iliares en el sent ido de que se habría violado el art ículo 2 de la
Convención, est e Tribunal considera que los hechos del caso no se encuadran dent ro de los
presupuest os de t al precept o.
XI
V I OLACI ÓN D EL ARTÍ CULO 8 CON VEN CI ÓN A M ERI CAN A
D E LA
( GARANTÍ AS JUDI CI ALES)
164. En cuant o a la supuest a violación del art ículo 8 de la Convención, la Com isión alegó
que:
a) el derecho a ser oído dent ro de un plazo razonable, conform e el art ículo 8.1
de la Convención, pret ende evit ar que los acusados perm anezcan en esa sit uación
por períodos prolongados y asegurar que se plant een sin dem ora los cargos. El plazo
razonable debe calcularse a part ir del prim er act o del proceso penal, com o es el
arrest o del acusado, y hast a que se dict a una sent encia definit iva;
d) el señor Daniel Tibi no recibió una com unicación previa y det allada de los
cargos en su cont ra, “ ya que t uvo not icias de los cargos de m anera oficiosa en dos
oport unidades” , lo que violó el art ículo 8.2.b de la Convención, en relación con el
art ículo 1.1 del m ism o inst rum ent o;
f) la Const it ución Polít ica del Ecuador exige que ninguna persona sea
int errogada, ni siquiera con fines de invest igación, por la policía o algún ot ro agent e,
sin la asist encia de un abogado defensor, elegido por la persona o designado por el
Est ado, en caso de no est ar la persona en condiciones de elegir su propio abogado.
En la declaración que form uló la presunt a víct im a ant e el Fiscal el 28 de sept iem bre
de 1995, no aparece firm a de alguna persona a la que se ident ifique com o su
abogado;
h) el obj et ivo de las t ort uras infligidas al señor Tibi, según se desprende de su
t est im onio, era obligarlo a declararse culpable de t ráfico de drogas, con abiert a
violación del art ículo 8.2.g y 8.3 de la Convención.
165. Los represent ant es de la presunt a víct im a y sus fam iliares señalaron que coinciden
con la Com isión en lo que at añe a la responsabilidad est at al por la violación del art ículo 8 de
la Convención por el Est ado. No obst ant e, realizaron algunas observaciones adicionales, a
saber:
b) las Cort es ecuat orianas dict aron el sobreseim ient o provisional del proceso y
provisional del sindicado en la causa del señor Tibi, lo cual, de conform idad con el
art ículo 249 del Código de Procedim ient o Penal, im plica que “ se suspende la
sust anciación del m ism o durant e cinco años” , en el caso del proceso, y en el caso del
sobreseim ient o provisional del sindicado lo “ suspende por t res años” . La suspensión
de est e procedim ient o cont inúa afect ando la sit uación de la presunt a víct im a porque
exist e la posibilidad de reabrirlo. El proceso se ext endió hast a el 14 de enero de
2001, fecha en que debió dict arse de oficio el sobreseim ient o definit ivo. Est o es a
t odas dudas irrazonable;
c) la conduct a de las aut oridades j udiciales fue negligent e, ya que incum plieron
los plazos legales para la t ram it ación de un j uicio penal;
d) la excesiva duración de la prisión prevent iva del señor Tibi im plica violación a
la presunción de inocencia. Las aut oridades ecuat orianas m ant uvieron encarcelada a
79
e) al m om ent o de det ener al señor Daniel Tibi, los agent es del Est ado t enían el
deber de explicarle inm ediat am ent e los fundam ent os j urídicos y obj et ivos de su
det ención;
g) el 4 de oct ubre de 1995 el Juez Angel Rubio Gam e dict ó aut o cabeza de
proceso y nom bró defensor de oficio del señor Tibi y de ot ros sindicados al abogado
José Alej andro Chica. No obst ant e, el señor Chica nunca se ent revist ó con el señor
Tibi ni present ó escrit o o recurso a su favor;
h) se debió not ificar al señor Daniel Tibi, en calidad de ciudadano francés, sobre
su derecho a com unicarse con los agent es diplom át icos de Francia. El Est ado om it ió
la not ificación al Est ado de Francia sobre la det ención, procesam ient o y
enj uiciam ient o del señor Tibi, lo cual m uest ra desconocim ient o de los com prom isos
que el Est ado ecuat oriano adquirió con la rat ificación de la Convención de Viena
sobre Relaciones Consulares; e
i) el señor Daniel Tibi fue t ort urado con el obj et ivo de que se declarara culpable.
Se le infligió t ort uras al m enos en siet e ocasiones. Est a coacción física y psicológica
no solam ent e represent a violación al derecho a la int egridad personal, sino t am bién
a las garant ías j udiciales básicas.
a) en relación con la com plej idad del asunt o, “ es innegable que procesar
alrededor de [ 33] sospechosos result a com plej o por el sin núm ero de diligencias a
realizar, el volum en del expedient e y la com plej idad en si de los delit os im put ados
[ ,…] las invest igaciones efect uadas, las declaraciones rendidas, los recursos
plant eados, las pruebas pract icadas, [ …] fueron por dem ás com plej as y com plicadas,
lo cual produj o que el proceso en cont ra de Daniel Tibi se ext ienda por est e lapso” .
En cuant o a la act ividad procesal del int eresado, “ ha sido por dem ás evident e que el
pet icionario nunca cooperó con las invest igaciones que los agent es del Est ado se
encont raban realizando, a pesar de ello nunca fue incom unicado, ni t am poco prest ó
las facilidades necesarias para que la invest igación t ranscurra rápidam ent e” . Por
últ im o, en relación con la conduct a de las aut oridades j udiciales, “ no exist e duda que
las aut oridades j udiciales han act uado ágilm ent e aún a despecho de la com plej idad y
las caract eríst icas del asunt o m at eria de la invest igación y las posibilidades propias
del Est ado;
con t ot al responsabilidad por el Est ado ecuat oriano, t ant o en la fase de invest igación,
com o en la de j uzgam ient o” ;
d) para los fines del derecho que se analiza, bast a afirm ar que “ const a en aut os
que los fam iliares de la [ presunt a] víct im a [ …] cont aron con asist encia legal; y
e) “ [ n] o const a en los hechos del caso que se haya obligado al pet icionario a
declararse culpable, salvo un infundado t est im onio efect uado por el propio Daniel
Tibi, por lo que al no aparecer ‘en aut os prueba de los hechos [ …] la Cort e [ deberá
considerar] que [ …] no fue dem ost rada la violación de los art ículos 8.2 y 8.3 de la
Convención Am ericana’” .
Consideraciones de la Cort e
a) Respect o al principio de plazo razonable del proceso penal seguido cont ra el señor
Tibi
168. La razonabilidad del plazo al que se refiere ese precept o se debe apreciar en relación
con la duración t ot al del proceso, desde el prim er act o procesal hast a que se dict e sent encia
definit iva. La Cort e se pronunció en el sent ido de que, en m at eria penal, el plazo com ienza
en la fecha de la aprehensión del individuo 159 . Cuando no es aplicable est a m edida, pero se
halla en m archa un proceso penal, dicho plazo debiera cont arse a part ir del m om ent o en
que la aut oridad j udicial t om a conocim ient o del caso.
169. La aprehensión del señor Daniel Tibi ocurrió el 27 de sept iem bre de 1995. Por lo
t ant o, se debe apreciar el plazo a part ir de ese m om ent o. Asim ism o, est e Tribunal ha
est ablecido que para det erm inar la razonabilidad del plazo se debe t om ar en cuent a que el
proceso concluye cuando se dict a sent encia definit iva y firm e en el asunt o, con lo cual se
agot a la j urisdicción, y que, part icularm ent e en m at eria penal, dicho plazo debe com prender
t odo el procedim ient o, incluyendo los recursos de inst ancia que pudieran event ualm ent e
present arse 160 .
170. El art ículo 242 del Código de Procedim ient o Penal del Ecuador est ablecía que:
[ s] i el Juez considera que no se ha com probado suficient em ent e la exist encia del delit o, o
habiéndose pr obado su ex ist encia no se hubiera ident ificado a los culpables, o no hubiese prueba
suficient e de la part icipación del indiciado, dict ará aut o de sobreseim ient o provisional del proceso
y del sindicado, declarando que, por el m om ent o, no puede proseguirse la sust anciación de la
causa.
159
Cfr. Caso Suár ez Rosero, supra not a 145, párr. 70; y en igual sent ido, Hennig v. Aust ria, No. 41444/ 98,
párr. 32, ECHR 2003- I ; y Reinhardt and Slim ane- Kaid v. France, 23043/ 93, párr. 93, ECHR 1998- I I .
160
Cfr. Caso Suár ez Rosero, supra not a 145, párr. 71.
81
171. El art ículo 249 del cit ado Código señalaba que:
[ e] l sobreseim ient o provisional del proceso suspende las sust anciación del m ism o durant e cinco
años; y el sobreseim ient o pr ovisional del sindicado lo suspende por t res años. Est os plazos se
cont arán desde la fecha de expedición del r espect ivo aut o de sobreseim ient o.
Dent ro de est os plazos se podrán present ar nuevas pruebas relacionadas con el delit o, con las
responsabilidad o con la inocencia del encausado.
173. La Cort e I nt eram ericana observa que el 3 ó 5 de sept iem bre de 1997 el Juez
Segundo de lo Penal del Guayas, Subrogant e del Décim o Oct avo de lo Penal del Guayas, de
conform idad con el art ículo 242 del Código de Procedim ient o Penal, dict ó “ aut o de
sobreseim ient o provisional del proceso y del sindicado” a favor del señor Daniel Tibi, quien
fue liberado el 21 de enero de 1998.
174. La Cort e no t iene conocim ient o de que se haya dict ado aut o de sobreseim ient o
definit ivo del proceso y del sindicado, en los t érm inos del art ículo 252 del Código de
Procedim ient o Penal. Al respect o, el 27 de j ulio de 2004 est e Tribunal solicit ó a las part es
que, com o prueba para m ej or resolver, rem it ieran copias de nuevas resoluciones dict adas
en el proceso penal seguido en cont ra del señor Daniel Tibi a part ir del 14 de enero de
1998, si las hubiere. No se recibió la inform ación requerida.
175. Para exam inar la razonabilidad de est e proceso según los t érm inos del art ículo 8.1 de
la Convención, la Cort e t om a en cuent a t res elem ent os: a) com plej idad del asunt o, b)
act ividad procesal del int eresado y c) conduct a de las aut oridades j udiciales161 .
176. Al respect o, la Cort e considera que el alegat o del Est ado en el sent ido de que las
aut oridades j udiciales habían “ act uado ágilm ent e aún a despecho de la com plej idad y las
caract eríst icas del asunt o m at eria de la invest igación y las posibilidades propias del Est ado” ,
no es suficient e para j ust ificar el ret ardo en el proceso al cual est aba som et ido el señor
Daniel Tibi. Los casi nueve años t ranscurridos desde la aprehensión del señor Daniel Tibi
pugnan con el principio de razonabilidad del plazo para resolver un proceso, sobre t odo
t eniendo en cuent a que, según la ley ecuat oriana, aun cuando se dict e un sobreseim ient o
provisional la causa perm anece abiert a por cinco años, período durant e el cual puede
reabrirse la invest igación si se aport an nuevas pruebas. Asim ism o, no const a en aut os que
el señor Tibi haya m ant enido una conduct a incom pat ible con su caráct er de sindicado ni
ent orpecido la t ram it ación del proceso.
177. Por lo t ant o, la Cort e concluye que el Est ado ha violado, en perj uicio del señor Daniel
Tibi, el derecho a ser j uzgado dent ro de un plazo razonable, que est ablece el art ículo 8.1 de
la Convención Am ericana.
161
Cfr. Caso Juan Hum ber t o Sánchez, supra not a 3, párrs. 129 al 132; Caso Hilair e, Const ant ine y Benj am in
y ot ros. Sent encia de 21 de j unio de 2002. Serie C No. 94, párr. 143; y Caso Suárez Rosero, supra not a 145, párr .
72.
82
[ t ] oda persona inculpada de delit o t iene der echo a que se presum a su inocencia m ient r as no se
est ablezca legalm ent e su culpabilidad.
179. Asim ism o, el Principio t rigésim o sext o para la Prot ección de Todas las Personas
Som et idas a Cualquier Form a de Det ención o Prisión, est ablece que:
[ …]
180. Est a Cort e ha señalado que el principio de presunción de inocencia const it uye un
fundam ent o de las garant ías j udiciales. De lo dispuest o en el art ículo 8.2 de la Convención
deriva la obligación est at al de no rest ringir la libert ad del det enido m ás allá de los lím it es
est rict am ent e necesarios para asegurar que aquél no im pedirá el desarrollo eficient e de las
invest igaciones ni eludirá la acción de la j ust icia. En est e sent ido, la prisión prevent iva es
una m edida caut elar, no punit iva. Est e concept o figura en m últ iples inst rum ent os del
derecho int ernacional de los derechos hum anos. El Pact o I nt ernacional de Derechos Civiles
y Polít icos dispone que la prisión prevent iva de los procesados no debe const it uir la regla
general ( art ículo 9.3) . Se incurriría en una violación a la Convención al privar de libert ad,
por un plazo desproporcionado, a personas cuya responsabilidad crim inal no ha sido
est ablecida. Equivaldría a ant icipar la pena, lo cual cont raviene los principios generales del
derecho universalm ent e reconocidos163 .
181. Se ha probado que el señor Tibi perm aneció det enido desde el 27 de sept iem bre de
1995 hast a el 21 de enero de 1998 ( supra párr. 90.11, 90.25 y 90.27) . Est a privación de
libert ad fue ilegal y arbit raria ( supra párrs. 103 y 107) . No había elem ent os probat orios
que perm it ieran inferir razonablem ent e que el señor Tibi est aba involucrado en el Operat ivo
“ Cam arón” . Pese a que el art ículo 108 del Código de Procedim ient o Penal prohibía la
adm isión com o t est igos a los coacusados, la acción del Est ado se fundó en una sola
declaración inculpat oria, que quedó desvirt uada post eriorm ent e ( supra párr. 90.8, 90.11 y
90.21) . Est o dem uest ra que se t rat ó de inculpar al señor Tibi sin indicios suficient es para
ello, presum iendo que era culpable e infringiendo el principio de presunción inocencia.
182. Considerados en su conj unt o, los dat os correspondient es al procesam ient o penal del
inculpado no solo no acredit an que se le hubiera t rat ado com o corresponde a un presunt o
inocent e; sino m uest ran que en t odo m om ent o se act uó, con respect o a él, com o si fuere un
presunt o culpable, o bien, una persona cuya responsabilidad penal hubiere quedado clara y
suficient em ent e acredit ada.
183. Por t odo lo expuest o, la Cort e declara que el Est ado violó el art ículo 8.2 de la
Convención Am ericana, en perj uicio del señor Daniel Tibi.
162
O.N.U., Conj unt o de Pr incipios para la Prot ección de Todas las Personas Som et idas a Cualquier For m a de
Det ención o Prisión, supra not a 126, Principio 36.
163
Cfr. Caso Suár ez Rosero, supra not a 145, párr. 77.
83
[ d] urant e el proceso, t oda persona t iene derecho, en plena igualdad, a las siguient es garant ías
m ínim as:
185. Se ha est ablecido que el señor Daniel Tibi no t uvo conocim ient o oport uno y com plet o
de los cargos que se le im put aban en el aut o cabeza del proceso ( supra párr. 90.18) y en
los que se había sust ent ado, de hecho, su det ención arbit raria.
186. En est e sent ido, en la Observación General No. 13 relat iva a la “ I gualdad ant e los
t ribunales y derecho de t oda persona a ser oída públicam ent e por un t ribunal com pet ent e
est ablecido por la ley ( art . 14) ” , el Com it é de Derechos Hum anos de las Naciones Unidas
señaló que:
el derecho a ser inform ado “ sin dem ora” de la acusación exige que la inform ación se pr oporcione
de la m anera descr it a t an pront o com o una aut or idad com pet ent e for m ule la acusación. En
opinión del Com it é, est e derecho debe surgir cuando, en el curso de una invest igación, un
t ribunal o una aut or idad del m inist er io público decida adopt ar m edidas procesales cont ra una
persona sospechosa de haber com et ido un delit o o la designe públicam ent e com o t al. Las
exigencias concret as del apart ado a) del párrafo 3 pueden sat isfacerse form ulando la acusación
ya sea verbalm ent e o por escrit o, siem pr e que en la inform ación se indique t ant o la ley com o los
supuest os hechos en que se basa.
187. El art ículo 8.2.b de la Convención Am ericana ordena a las aut oridades j udiciales
com pet ent es not ificar al inculpado la acusación form ulada en su cont ra, sus razones y los
delit os o falt as por los cuales se le pret ende at ribuir responsabilidad, en form a previa a la
realización del proceso. Para que est e derecho opere en plenit ud y sat isfaga los fines que le
son inherent es, es necesario que esa not ificación ocurra ant es de que el inculpado rinda su
prim era declaración. Sin est a garant ía, se vería conculcado el derecho de aquél a preparar
debidam ent e su defensa.
188. En el caso sub j udice quedó dem ost rado que no se not ificó a la presunt a víct im a del
aut o cabeza del proceso ni los cargos que había en su cont ra.
189. En consecuencia, est e Tribunal declara que el Est ado violó el art ículo 8.2.b de la
Convención Am ericana en perj uicio del señor Tibi.
190. Los art ículos 8.2.d y 8.2.e de la Convención est ablecen que:
[ d] urant e el proceso, t oda persona t iene derecho, en plena igualdad, a las siguient es garant ías
m ínim as:
[ …]
d) derecho del inculpado de defender se per sonalm ent e o de ser asist ido por un
defensor de su elección y de com unicarse libre y privadam ent e con su
defensor;
191. A su vez, el Principio décim o sépt im o para la Prot ección de Todas las Personas
Som et idas a Cualquier Form a de Det ención o Prisión, afirm a que:
1. Las personas det enidas t endrán der echo a asist encia de un abogado. La aut oridad
com pet ent e les inform ará de ese der echo pront am ent e después de su arrest o y les facilit ará
m edios adecuados para ej ercerlo.
85
2. La persona det enida que no disponga de asist encia de un abogado de su elección t endr á
derecho a que un j uez u ot r a aut oridad le designe un abogado en t odos los casos en que el
int erés de la j ust icia así lo r equiera y sin cost o para él si carecier e de m edios suficient es par a
pagarlo 164 .
192. La Const it ución Polít ica del Ecuador est ablecía que “ t oda persona enj uiciada por una
infracción penal t endrá derecho a cont ar con un defensor” ( art ículo 19.17.e) .
193. Pese a la norm a const it ucional cit ada, el señor Daniel Tibi no t uvo acceso a un
abogado durant e su prim er m es de det ención. Un día después de ést a, el 28 de sept iem bre
de 1995, la presunt a víct im a rindió su declaración preprocesal ant e el fiscal, sin cont ar con
la asist encia de un abogado defensor.
194. Com o se dem ost ró, en el aut o cabeza del proceso que declaró abiert a la et apa de
sum ario, dict ado el 4 de oct ubre de 1995, el Juez designó un abogado de oficio para el
señor Daniel Tibi y los ot ros sindicados. Ese abogado no visit ó a la presunt a víct im a ni
int ervino en su defensa. Si bien el señor Tibi logró com unicarse post eriorm ent e con un
abogado part icular, no pudo cont rat ar sus servicios por falt a de recursos económ icos. Est a
sit uación hizo que durant e el prim er m es de det ención no cont ara con asist encia de un
abogado ( supra párr. 90.19) , lo que le im pidió disponer de una defensa adecuada.
195. A su vez, la Cort e observa que el señor Tibi, com o det enido ext ranj ero, no fue
not ificado de su derecho de com unicarse con un funcionario consular de su país con el fin de
procurar la asist encia reconocida en el art ículo 36.1.b de la Convención de Viena sobre
Relaciones Consulares ( supra párr. 90.17) . En est e sent ido, la Cort e señaló que el derecho
individual del nacional de solicit ar asist encia consular a su país “ debe ser reconocido y
considerado en el m arco de las garant ías m ínim as para brindar a los ext ranj eros la
oport unidad de preparar adecuadam ent e su defensa y cont ar con un j uicio j ust o” 165 . La
inobservancia de est e derecho afect ó el derecho a la defensa, el cual form a part e de las
garant ías del debido proceso legal.
196. De lo expuest o, la Cort e concluye que el Est ado violó los art ículos 8.2.d y 8.2.e de la
Convención Am ericana, en perj uicio del señor Daniel Tibi.
[ …]
[ …]
164
O.N.U., Conj unt o de Pr incipios para la Prot ección de Todas las Personas Som et idas a Cualquier For m a de
Det ención o Prisión, supra not a 126, Principio 17.
165
Cfr. El Derecho a la I nform ación sobr e la Asist encia Consular en el m arco de las Garant ias del Debido
Proceso Legal, supra not a 133, párr. 122.
86
198. Est á dem ost rado que el señor Daniel Tibi fue víct im a de t ort uras por part e de
agent es est at ales, que afect aron su derecho a la int egridad personal, así com o sus garant ías
j udiciales básicas. Se le som et ió a dichos act os con el propósit o de doblegar su resist encia
psíquica y obligarlo a aut oinculparse por det erm inadas conduct as delict ivas, com o ya se ha
m encionado ( supra párr. 90.50) .
199. En razón de lo ant erior, la Cort e concluye que el Est ado violó el art ículo 8.2.g de la
Convención Am ericana, en perj uicio del señor Daniel Tibi.
200. Por t odo lo expuest o, est e Tribunal considera que el Est ado violó el art ículo 8.1, 8.2,
8.2.b, 8.2.d, 8.2.e y 8.2.g de la Convención Am ericana, en relación con el art ículo 1.1 de la
m ism a, en perj uicio del señor Daniel Tibi.
XI I
ARTÍ CULO 17 D E LA CON VEN CI ÓN A M ERI CAN A
( PROTECCI ÓN A LA FAMI LI A)
201. En cuant o a la supuest a violación del derecho a la prot ección de la fam ilia,
consagrado en el art ículo 17 de la Convención Am ericana, los represent ant es de la presunt a
víct im a y sus fam iliares alegaron que:
a) el señor Daniel Tibi fue det enido en la ciudad de Quit o y post eriorm ent e
t rasladado a la ciudad de Guayaquil, una ciudad a seiscient os kilóm et ros de dist ancia
de la residencia de su fam ilia, en donde perm aneció recluido veint iocho m eses, para
lo cual se rem it ieron al Principio veint e para la Prot ección de Todas las Personas
Som et idas a Cualquier Form a de Det ención o Prisión de Naciones Unidas;
c) la det ención ilegal, arbit raria y prolongada del señor Tibi, los alt os cost os que
represent ó su defensa, sum ados a los gast os de viaj e de Quit o a Guayaquil, la
incapacidad del señor Tibi de desplegar act ividades m ient ras est uvo en la cárcel, la
consecuent e pérdida de su t rabaj o y la confiscación ilegal de sus bienes, que hast a
ahora perdura, afect ó direct am ent e a la fam ilia del señor Tibi y la dej ó desprot egida
en m om ent os m uy difíciles, dado el est ado de gravidez de su esposa, el subsiguient e
nacim ient o de su hij a, cuando aquél aún est aba preso, y la cort a edad de las ot ras
niñas;
d) el est rés y el sufrim ient o por las violaciones a los derechos hum anos del señor
Tibi t am bién t uvieron com o consecuencia la disolución de su relación con la señora
Beat rice Baruet y la separación de sus hij as; est o adem ás de afect ar al señor Tibi
com o individuo, lesionó a la unidad fam iliar; y
87
e) el Est ado no adopt ó las m edidas necesarias para prot eger a la fam ilia del
señor Tibi, sino causó la separación y disolución de la m ism a, con violación del
art ículo 17.1 de la Convención Am ericana.
202. La Com isión no form uló alegat o en relación con el art ículo 17 de la Convención
Am ericana.
203. El Est ado no hizo alegat o acerca del art ículo 17 de la Convención Am ericana.
Consideraciones de la Cort e
1. La fam ilia es el elem ent o nat ural y fundam ent al de la sociedad y debe ser prot egida por la
sociedad y el Est ado.
[ …]
205. Est e Tribunal considera que los hechos alegados en el present e caso ya han sido
exam inados en relación con las condiciones y período de det ención del señor Tibi y con las
consecuencias que ello t raj o para su ent orno fam iliar ( supra párr. 161) .
XI I I
V I OLACI ÓN D EL ARTÍ CULO 2 1 D E LA CON VEN CI ÓN A M ERI CAN A
( D ERECHO A LA PROPI EDAD PRI VADA)
206. En cuant o a la supuest a violación del derecho del señor Daniel Tibi a la propiedad
privada, consagrado en el art ículo 21 de la Convención, la Com isión alegó que:
a) al m om ent o de la det ención del señor Daniel Tibi, su aut om óvil y t odos los
valores y pert enencias que port aba, est im ados en FRF 1.000.000,00 ( un m illón de
francos franceses) , fueron incaut ados por la policía y aún no le han sido devuelt os;
b) ha quedado est ablecido que las pert enencias de la presunt a víct im a, que
const an en una list a, fueron incaut adas al m om ent o de su arrest o. Luego del
sobreseim ient o, la Cort e Superior de Just icia de Guayaquil dispuso la devolución de
esas pert enencias, y ello no ha ocurrido;
c) el Est ado no ha cont est ado est os hechos. Sim plem ent e señaló que el señor
Tibi no había present ado la reclam ación adecuada para la rest it ución de sus
pert enencias, pero no especificó cuál es el procedim ient o a seguir; y
rest it ución de los bienes, dado que es obligación del CONSEP o de la inst it ución que
est á en posesión de los bienes devolverlos t ras la liberación.
a) la Com isión dio por probado que al m om ent o de la det ención del señor Tibi
fueron incaut ados su aut om óvil y t odos los valores y pert enencias que t enía con él,
que hast a la fecha no le han sido devuelt os;
b) las t arj et as de crédit o del señor Tibi de “ bancos ecuat orianos y franceses
fueron usadas m ient ras est uvo det enido y cuando regresó a Francia descubrió que su
cuent a de banco había sido vaciada, incluido un sobregiro de 6.000[ ,00 ( seis m il]
dólares [ de los Est ados Unidos de Am érica) ] ” ;
c) cuando el señor Tibi llegó a Francia fue a la Em baj ada del Ecuador en París,
en com pañía de su abogado, con el obj et o de reclam ar sus bienes. Le m anifest aron
que no podía regresar al Ecuador, porque había sido declarado persona no grat a;
d) de conform idad con el art ículo 110 de la Ley de Sust ancias Est upefacient es y
Psicot rópicas, los bienes del señor Tibi deberían haberle sido devuelt os. Si bien el
señor Tibi no fue absuelt o, porque su caso no llegó a la et apa del plenario del
procedim ient o penal ecuat oriano, fue sobreseído provisionalm ent e. Las pruebas en
su cont ra eran t an escasas que el Juez se abst uvo de llevarlo a j uicio; y
e) la Ley de Sust ancias Est upefacient es y Psicot rópicas no cont iene ninguna
disposición que obligue a las personas absuelt as o en cuyo favor se haya dict ado
sobreseim ient o, a seguir un procedim ient o adm inist rat ivo, j udicial o de ot ra índole
para la devolución de sus bienes. Corresponde al Est ado recuperar los bienes del
afect ado que est én en m anos de cualquier persona pública o privada, y devolverlos
cuant o ant es, com o lo dispone el cit ado art ículo 110.
a) una vez obt enido el sobreseim ient o por part e de los t ribunales com pet ent es,
confirm ado por la Sext a Sala de la Cort e Superior de Guayaquil en enero de 1998, el
Juez Décim o Oct avo de lo Penal del Guayas ordenó la devolución de los bienes del
pet icionario;
b) cuando el j uzgador solicit ó al señor Tibi que dem ost rara la preexist encia y
propiedad de los bienes incaut ados, ést e, a t ravés de su abogado defensor, se lim it ó
a sost ener que en aut os const a la propiedad de t ales bienes;
c) ni la preexist encia de las supuest as j oyas ni su propiedad se han dem ost rado
conform e a derecho. En cuant o al aut om óvil m arca Volvo, que conducía el señor Tibi,
los agent es policiales encont raron que la m at rícula del aut om ot or, de placas PGN
244, est aba a nom bre del señor Edgar Herrera Sant acruz; y
d) al no haberse dem ost rado j urídicam ent e la propiedad del señor Tibi sobre los
bienes incaut ados, no procedía la devolución de ést os.
89
Consideraciones de la Cort e
1. Toda persona t iene derecho al uso y goce de sus bienes. La ley puede
subordinar t al uso y goce al int er és social.
2. Ninguna per sona puede ser privada de sus bienes, ex cept o m ediant e el pago de
indem nización j ust a, por razones de ut ilidad pública o de int er és social y en los casos y según las
form as est ablecidas por la ley .
[ …]
210. La Const it ución Polít ica de la República del Ecuador, codificada en 1996 señala en su
art ículo 63 que:
La propiedad, en cualesquier a de sus form as, const it uye un derecho que el Est ado r econoce y
garant iza para la organización de su econom ía, m ient ras cum pla su función social [ …]
211. La Ley sobre Sust ancias Est upefacient es y Psicot rópicas del Ecuador, en el art ículo
105 est ablece que
212. Asim ism o, el art ículo 110 de dicha ley dispone que:
[ s] i fuer e absuelt o el sindicado propiet ar io de los bienes incaut ados, est os le serán rest it uidos por
CONSEP cuando lo disponga el j uez, una v ez canceladas las m edidas caut elares.
Las I nst it uciones a las que se hubier e ent r egado los bienes los devolverán en el est ado en que se
encont raban al m om ent o de la recepción, salvo el norm al det erioro por el uso legít im o. Si hubiera
daños, deberán reparar los o cubr ir la indem nización que fij e el j uez, salvo caso fort uit o o fuerza
m ayor.
[ …]
Procederá la acción de indem nización por daños y perj uicios a que hubier e lugar .
213. Se ha probado que fueron incaut adas las pert enencias que el señor Daniel Tibi t enía
en su poder al m om ent o de su det ención. La list a levant ada al efect o por la policía cont iene
85 concept os en los que se abarca un núm ero m ayor de obj et os ( supra párr. 90.40) . El
Est ado no ha cont rovert ido est e hecho, sino señaló que cuando el j uzgador solicit ó al señor
Tibi la dem ost ración de “ la preexist encia y propiedad” de los bienes incaut ados, lo único que
ést e hizo fue sost ener que en aut os const aba la propiedad de t ales bienes. Según el Est ado,
est o no es suficient e para dem ost rar dicha propiedad conform e a derecho.
214. La resolución de 23 ó 29 de sept iem bre de 1998 ( supra párr. 90.41) , em it ida por el
Juez Segundo de lo Penal del Guayas, Subrogant e del Juzgado Décim o Oct avo de lo Penal
del Guayas con sede en Durán, dispuso la devolución de los bienes del señor Tibi, la cual
debía ser previam ent e confirm ada por la Sext a Sala de la Cort e Superior de Just icia de
Guayaquil, razón por lo cual se elevó en consult a dicha providencia. La Cort e no t iene
conocim ient o sobre la resolución que hubiese dict ado, en su caso, la Cort e Superior de
Just icia.
215. La legislación ecuat oriana dispone que los bienes incaut ados a un det enido le serán
90
rest it uidos, cuando así lo disponga el j uez. En el present e caso exist e una decisión j udicial
que ordenó la devolución de los bienes al señor Tibi ( supra párr. 90.41) , que no ha sido
ej ecut ada a pesar de haber t ranscurrido casi seis años desde que fue em it ida.
216. El art ículo 734 del Código Civil ecuat oriano est ablece que la
[ p] osesión es la t enencia de una cosa det erm inada con ánim o de señor o dueño; sea que el
dueño o el que se da por t al t enga la cosa por si m ism o, o bien por ot ra persona en su lugar y a
su nom bre.
El poseedor es reput ado dueño, m ient ras ot ra persona no j ust ifica ser lo .
217. En el present e caso, el señor Tibi se hallaba en una posesión no cont rovert ida de los
bienes al m om ent o de su det ención. Dicha posesión fue docum ent ada por un agent e est at al
cuando levant ó la correspondient e act a ( supra párr. 90.40) .
218. Es generalizada la adm isión de que la posesión est ablece por si sola una presunción
de propiedad a favor del poseedor y, t rat ándose de bienes m uebles, vale por t ít ulo. Est a
Cort e considera que el art ículo 21 de la Convención prot ege el derecho a la propiedad en un
sent ido que com prende, ent re ot ras cosas, la posesión de los bienes.
219. Por lo que t oca al aut om óvil que conducía el señor Tibi cuando fue det enido, si bien
se t rat a de un bien m ueble regist rable, est e regist ro es necesario para el solo efect o de la
oponibilidad ant e el reclam o de un t ercero que pret ende t ener algún derecho sobre el bien.
En el present e caso no const a que persona alguna haya reclam ado la propiedad del
aut om óvil que se encont raba en poder del señor Tibi, por lo cual no debería presum irse que
no le pert enecía dicho bien. En consecuencia, era procedent e respet ar la posesión que
ej ercía.
220. En sum a, los bienes incaut ados al señor Tibi, al m om ent o de la det ención, se
encont raban baj o su uso y goce. Al no serle devuelt os, se le privó de su derecho a la
propiedad. El señor Tibi no est aba obligado a dem ost rar la preexist encia ni la propiedad de
los bienes incaut ados para que est os le fueran devuelt os.
221. Es por ello que la Cort e concluye que el Est ado violó el art ículo 21 de la Convención
Am ericana, en relación con el art ículo 1.1 de la m ism a, en perj uicio del señor Daniel Tibi.
XI V
R EPARACI ON ES
APLI CACI ÓN DEL ARTÍ CULO 63.1
Obligación de reparar
222. De acuerdo con lo expuest o en los capít ulos ant eriores, el Est ado es responsable por
la violación de los art ículos 5, 7, 8, 21 y 25 de la Convención Am ericana, t odos en relación
con el art ículo 1.1 de dicha Convención, así com o por la inobservancia de las obligaciones
est ablecidas en los art ículos 1, 6 y 8 de la Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura, en
perj uicio del señor Daniel Tibi. Asim ism o, fue declarada la violación del art ículo 5.1 de la
Convención Am ericana, en relación con el art ículo 1.1 de la m ism a, en perj uicio de la
señora Beat rice Baruet , sus hij as Sarah Vachon y Jeanne Cam ila Vachon, la hij a de la
señora Baruet y del señor Tibi, Lisianne Judit h Tibi, y el hij o del señor Tibi, Valerian Edouard
Tibi. El art ículo 63.1 de la Convención Am ericana previene que
91
[ c] uando decida que hubo violación de un derecho o libert ad prot egidos en [ la] Convención, la
Cort e dispondr á que se garant ice al lesionado en el goce de su derecho o libert ad conculcados.
Dispondrá asim ism o, si ello fuera procedent e, que se reparen las consecuencias de la m edida o
sit uación que ha configurado la vulneración de esos derechos y el pago de una j ust a
indem nización a la part e lesionada.
223. Ese precept o acoge una norm a consuet udinaria que const it uye uno de los principios
fundam ent ales del Derecho I nt ernacional cont em poráneo sobre la responsabilidad de los
Est ados. Al producirse un hecho ilícit o im put able a un Est ado, surge de inm ediat o la
responsabilidad int ernacional de ést e por la violación de la norm a int ernacional de que se
t rat a, con el consecuent e deber de reparar y hacer cesar las consecuencias de la
violación 166 .
224. La reparación del daño requiere, siem pre que sea posible, la plena rest it ución
( rest it ut io in int egrum ) , que consist e en el rest ablecim ient o de la sit uación ant erior. De no
ser est o posible, com o en el present e caso, el t ribunal int ernacional debe det erm inar las
m edidas que garant icen los derechos conculcados, evit en nuevas violaciones y reparen las
consecuencias que las infracciones produj eron, así com o est ablecer la indem nización que
com pense por los daños ocasionados167 . El Est ado obligado no puede invocar disposiciones
de derecho int erno para m odificar o incum plir la obligación de reparar. Ést a queda suj et a
en t odos los aspect os ( alcance, nat uraleza, m odalidades y det erm inación de los
beneficiarios) al Derecho I nt ernacional 168 .
225. A t ravés de las reparaciones, se procura que cesen los efect os de las violaciones
perpet radas. Su nat uraleza y su m ont o dependen de las caract eríst icas de las violaciones
com et idas, del bien j urídico afect ado y el daño m at erial e inm at erial ocasionados. No deben
im plicar enriquecim ient o o em pobrecim ient o para la víct im a o sus sucesores169 .
226. De conform idad con los elem ent os probat orios recogidos durant e el proceso y a la
luz de los crit erios ant eriores, la Cort e analizará las pret ensiones de las part es en m at eria
de reparaciones y dispondrá las m edidas que considere pert inent es.
A) BENEFI CI ARI OS
227. La Com isión considera que el beneficiario de las reparaciones debe ser el señor
Daniel Tibi.
228. Los represent ant es de la víct im a y sus fam iliares señalaron que:
166
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 188; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 220; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 40.
167
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr 189; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 221; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 42.
168
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 189; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 221; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 42.
169
Cfr. Caso 19 Com erciant es, supra not a 9, párr. 223; Caso Cant os, supra not a 143, párr. 68; y Caso del
Caracazo. Reparaciones, supra not a 24, pár r. 78.
92
b) la señora Beat rice Baruet , sus hij as Sarah Vachon y Jeanne Cam ila Vachon, la
hij a de la señora Baruet y del señor Tibi, Lisianne Judit h Tibi, y el hij o del señor Tibi,
Valerian Edouard Tibi, deben ser beneficiarios de reparaciones derivados de la
violación de los art ículos 5.1 y 5.2 de la Convención Am ericana.
Consideraciones de la Cort e
230. En los t érm inos del art ículo 63.1 de la Convención Am ericana, la Cort e considera
com o part e lesionada al señor Daniel Tibi, en su caráct er de víct im a de las violaciones de los
art ículos 5, 7, 8, 21 y 25 de la Convención Am ericana, en relación con el art ículo 1.1 de la
m ism a y de la inobservancia de las obligaciones previst as en los art ículos 1, 6 y 8 de la
Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura; y a la señora Beat rice Baruet , sus hij as Sarah
Vachon y Jeanne Cam ila Vachon, la hij a de la señora Baruet y del señor Tibi, Lisianne Judit h
Tibi, y el hij o del señor Tibi, Valerian Edouard Tibi, en su caráct er de víct im as de la violación
del art ículo 5.1 de la Convención Am ericana, en relación con el art ículo 1.1 de la m ism a.
B) D AÑO MATERI AL
i. el señor Tibi fue despoj ado de los bienes que com ercializaba, se
int errum pió su act ividad com ercial y cesaron las ganancias para él y su
fam ilia. La indem nización se debe fij ar a part ir del 27 de sept iem bre de
1995;
93
ii. dada la gravedad de las lesiones del señor Daniel Tibi, est e no puede
desplegar act ividad product iva, por lo que el lucro cesant e se m ant iene en el
t iem po. El señor Tibi ganaba aproxim adam ent e US$2.500,00 dólares ( dos m il
quinient os dólares de los Est ados Unidos de Am érica) m ensuales.
Mult iplicados por los veint iocho m eses que est uvo recluido, se llega a la sum a
de US$70.000,00 dólares ( set ent a m il dólares de los Est ados Unidos de
Am érica; y
iii. correspondient es a las 150 sesiones de psicot erapia del señor Tibi,
cada una por t rescient os francos, que equivalen a US$47,61 ( cuarent a y siet e
dólares de los Est ados Unidos de Am érica con sesent a y un cent avos) , lo que
sum a US$7.141,00 ( siet e m il cient o cuarent a y un dólares de los Est ados
Unidos de Am érica) ;
iv. relacionados con la alim ent ación especial que requirió la víct im a, el
t rat am ient o para sus problem as audit ivos, visuales y respirat orios, y dem ás
t rat am ient os físicos, respect o de los cuales se solicit ó a la Cort e que fij e en
equidad la cant idad correspondient e;
vi. relat ivos a los bienes y valores que fueron incaut ados por la policía al
señor Tibi al m om ent o de su det ención ( en la list a que levant ó la policía se
enum eran 84 pert enencias) , que sum an US$135.000,00 ( cient o t reint a y
cinco m il dólares de los Est ados Unidos de Am érica) , conform e al avalúo
com ercial de las piedras preciosas y dem ás obj et os incaut ados. Dent ro del
avalúo se incluyó el vehículo m arca Volvo de la víct im a;
vii. referent es al daño pat rim onial fam iliar para solvent ar la defensa del
señor Tibi, ya que ést e y la señora Beat rice Baruet t uvieron que realizar
enorm es esfuerzos e invert ir gran cant idad de dinero que solicit aron, incluso,
a fam iliares y am igos de la parej a. Desaparecieron las com odidades que la
fam ilia t enía ant es de la det ención; t an ext rem a fue la sit uación que la señora
Baruet enviaba al señor Daniel Tibi t odo el dinero que le quedaba después de
pagar los gast os de rent a del inm ueble en el que vivía. Cuando la fam ilia
regresó a Francia había perdido t odo. Tuvieron que vender sus propiedades.
El regreso a Francia les im plicó dificult ades para obt ener em pleo y percibir
suficient es ingresos para su m anut ención. El señor Daniel Tibi no puede
desplegar act ividades laborales norm ales y la señora Beat rice Baruet est uvo
desem pleada durant e varios m eses. En Francia pudieron subsist ir gracias a la
generosidad de los padres de la señora Baruet . Se solicit a a la Cort e que fij e
en equidad una reparación al daño pat rim onial fam iliar y la ent regue al señor
Tibi y a la señora Baruet .
233. Ecuador sost uvo que no hubo violación de los derechos del señor Tibi y, por lo t ant o,
no procede ent rar a la et apa de reparaciones. No obst ant e, si se dem uest ra la
responsabilidad del Est ado, consideró que la Cort e deberá:
b) est im ar la afect ación sufrida por el señor Tibi y sus fam iliares con m ot ivo de
los hechos violat orios para det erm inar la indem nización m onet aria; y
c) exigir los t ít ulos de propiedad de los bienes incaut ados al señor Tibi al
m om ent o de su det ención, para det erm inar exact am ent e cuáles le pert enecen, en el
caso de que se ordene reparar el derecho a la propiedad.
Consideraciones de la Cort e
234. La Cort e det erm inará el daño m at erial, que supone la pérdida o det rim ent o de los
ingresos de la víct im a y los gast os efect uados por sus fam iliares con m ot ivo de los
95
hechos170 , y fij ará una indem nización que busque com pensar las consecuencias
pat rim oniales de las violaciones com et idas. Para ello, t endrá en cuent a las pruebas
reunidas en est e caso, la j urisprudencia del propio Tribunal y los argum ent os de la
Com isión, de los represent ant es de la víct im a y sus fam iliares y del Est ado.
a) Pérdida de ingresos
235. La Cort e considera dem ost rada la condición de com erciant e del señor Daniel Tibi,
quien se dedicaba al com ercio de piedras preciosas y art e ( supra párr. 90.1) y percibía
ingresos m ensuales fluct uant es ( supra párr. 90.44) .
236. Est e Tribunal observa que por la act ividad que realizaba el señor Daniel Tibi no es
posible det erm inar cuál era su ingreso m ensual, adem ás de que no fueron aport ados
com probant es idóneos para det erm inar con exact it ud el ingreso que percibía en la época de
su det ención. Al respect o, en consideración de la act ividad que realizaba la víct im a com o
m edio de subsist encia y las part icularidades del present e caso, la Cort e fij a en equidad la
cant idad de €33.140,00 ( t reint a y t res m il cient o cuarent a euros) , por concept o de pérdida
de ingresos t ant o por el t iem po que perm aneció det enido com o por la dism inución en la
capacidad para realizar su act ividad laboral norm al.
b) Daño em ergent e
237. Tom ando en cuent a las pret ensiones de las part es, el acervo probat orio y la
j urisprudencia est ablecida por la Cort e en est a m at eria, el Tribunal considera que la
indem nización por el daño m at erial debe t am bién com prender:
a) los gast os de los fam iliares de la víct im a correspondient es a los num erosos
viaj es realizados, part icularm ent e por la señora Beat rice Baruet y, en algunas
ocasiones, por una de sus hij as que la acom pañaba, para visit ar al señor Daniel Tibi
en la Penit enciaría del Lit oral, y la perm anencia en est e sit io; el viaj e realizado por la
m enor Sarah Vachon a Francia en oct ubre de 1995; y los gast os hechos para la
supervivencia del señor Daniel Tibi en la cárcel. La Cort e est im a pert inent e fij ar en
equidad la cant idad de €7.870,00 ( siet e m il ochocient os set ent a euros) . Dicha
cant idad deberá ser ent regada a la señora Beat rice Baruet ;
b) las 150 sesiones de psicot erapia que recibió el señor Tibi. Sin em bargo, com o
no se aport aron com probant es que dem uest ren los gast os por ese concept o, la Cort e
fij a en equidad la sum a de €4.142,00 ( cuat ro m il cient o cuarent a y dos euros) , que
deberá ser ent regada al señor Tibi;
d) los gast os relacionados con la reparación de la dent adura del señor Tibi, así
com o la com pra de prót esis dent al. Aunque no const an en el expedient e t odos los
com probant es idóneos acerca de dichos gast os, est a Cort e est im a probado que el
170
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 205; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 236; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 55.
96
e) los bienes y valores que fueron incaut ados por la policía al señor Daniel Tibi,
al m om ent o de su det ención, y que aún no han sido devuelt os a la víct im a. Est a
Cort e observa que, com o lo declaró en ot ro capít ulo de la present e Sent encia ( supra
párr. 220) , los bienes y valores incaut ados pert enecían al señor Tibi, pero no cuent a
con el avalúo correspondient e. En consecuencia, est e Tribunal ordena la rest it ución
de dichos bienes y valores por part e del Est ado, en un plazo de seis m eses a part ir
de la not ificación de la present e Sent encia, y en el caso de no ser posible fij a, en
equidad, la sum a de €82.850,00 ( ochent a y dos m il ochocient os cincuent a euros)
cant idad que debe ot orgarse al señor Daniel Tibi com o valor de los bienes que le
fueron incaut ados, dent ro de los cuales est á el vehículo m arca Volvo de su
pert enencia. Por ot ra part e, en lo que se refiere a la ut ilización de las t arj et as de
débit o y crédit o que fueron incaut adas al señor Tibi, específicam ent e la cant idad de
US$6.000,00 ( seis m il dólares de los Est ados Unidos de Am érica) que el señor Tibi
alega fueron ext raídos de su cuent a bancaria, así com o la ut ilización de la t arj et a de
crédit o por gast os que ascienden a US$4.857,00 ( cuat ro m il ochocient os cincuent a y
siet e dólares de los Est ados Unidos de Am érica) , la Cort e se abst iene de
pronunciarse, ya que no fue dem ost rado el uso indebido de est os docum ent os.
238. Con base en t odo lo ant erior, la Cort e fij a com o indem nización de los daños
m at eriales por las violaciones declaradas en la present e sent encia, las siguient es
cant idades:
C) D AÑO I NMATERI AL
a) el señor Tibi no sólo sufrió gravem ent e al recibir golpes y t orm ent os, sino que
su cont inuada det ención sin causa prolongó el sufrim ient o en el t iem po y det erm inó
la rupt ura de su m at rim onio;
b) su hij a nació cuando el señor Tibi se encont raba det enido. En consecuencia,
no pudo asist ir a su ex com pañera en ese m om ent o. Los escasos recursos de que
disponía la fam ilia fueron consum idos en la asist encia let rada cont rat ada para
obt ener la libert ad del señor Tibi y en los viaj es para visit arlo en Guayaquil, donde
est aba det enido, pese a que fue arrest ado en Quit o, donde residía su fam ilia; y
c) para Beat rice Baruet y los hij os de am bos, el efect o es t raum át ico,
especialm ent e t om ando en cuent a que eran ext ranj eros en Ecuador, con escaso
97
conocim ient o del sist em a j udicial. El choque cult ural m as alarm ant e debe haber sido
com probar que las aut oridades no hacían cum plir las leyes del Ecuador.
c) el Est ado debe com pensarlo con una j ust a indem nización, que asciende a
US$100.000,00 ( cien m il dólares de los Est ado Unidos de Am érica) ;
d) los daños ocasionados a la víct im a y el sufrim ient o provocado a su fam ilia han
dej ado secuelas que requieren t rat am ient o m édico y psicólogo. Debe incluirse un
rubro para los gast os fut uros de dichos t rat am ient os, sum a que deberá ser
ent regada a t odos los m iem bros de la fam ilia, en especial al señor Tibi, quien t odavía
padece de serios daños psíquicos y dolencias físicas, t ales com o cáncer;
e) las violaciones a sus derechos hum anos privaron al señor Tibi de la posibilidad
de desarrollar su “ proyect o de vida” , im pidiéndole alcanzar las m et as personales,
profesionales y fam iliares que se había plant eado j unt o a su fam ilia. El señor Tibi
t enía planes concret os t ant o profesionales com o personales para su fut uro; est os
planes quedaron descart ados cuando fue privado de libert ad arbit rariam ent e m ás de
dos años. Las violaciones de las que fue obj et o el señor Tibi alt eraron gravem ent e el
curso que norm alm ent e habría seguido su vida; im pidieron la realización de su
vocación, aspiraciones, pot encialidades, y causaron que nunca m ás pueda desarrollar
act ividades físicas norm ales. Los represent ant es solicit aron a la Cort e que ordene al
Est ado reparar el daño producido al “ proyect o de vida” del señor Tibi;
Respect o al “ daño m oral” de los fam iliares del señor Daniel Tibi que:
Cam ila Vachon, hij a de la señora Beat rice Baruet , visit aba con su m adre a la víct im a
en la penit enciaría y presenció una pelea, a raíz de la cual quedó t raum at izada y no
quiso volver m ás a la cárcel. Lisianne Judit h Tibi, hij a del señor Tibi y la señora
Baruet , nació cuando su padre est aba preso y, en consecuencia, no pasó con él sus
prim eros dos años de vida. Valerian Edouard Tibi, hij o del señor Tibi, no pudo ver a
su padre durant e los veint iocho m eses en que ést e perm aneció det enido;
g) se debe indem nizar el “ daño m oral” sufrido por los fam iliares del señor Daniel
Tibi con la sum a de US$100.000,00 ( cien m il dólares de los Est ados Unidos de
Am érica) para cada uno de ellos, de lo que result a un t ot al de US$500.000,00
( quinient os m il dólares de los Est ados Unidos de Am érica) ; y
241. El Est ado señaló que si se dem uest ra su responsabilidad, la Cort e deberá est im ar la
afect ación sufrida por el señor Tibi y sus fam iliares con m ot ivo de los hechos violat orios
para det erm inar la indem nización m onet aria.
Consideraciones de la Cort e
242. El daño inm at erial puede com prender t ant o los sufrim ient os y las aflicciones
causados a las víct im as direct as y a sus allegados, com o el m enoscabo de valores m uy
significat ivos para las personas, así com o las alt eraciones, de caráct er no pecuniario, en las
condiciones de exist encia de la víct im a o su fam ilia. Por cuant o no es posible asignar al
daño inm at erial un preciso equivalent e m onet ario, sólo puede ser obj et o de com pensación,
en dos form as. En prim er lugar, m ediant e el pago de una cant idad de dinero o la ent rega
de bienes o servicios apreciables en dinero, que el Tribunal det erm ine en aplicación
razonable del arbit rio j udicial y en t érm inos de equidad. Y, en segundo lugar, m ediant e la
realización de act os u obras de alcance o repercusión públicos, t ales com o la t ransm isión de
un m ensaj e de reprobación oficial a las violaciones de los derechos hum anos de que se t rat a
y de com prom iso con los esfuerzos t endient es a que no vuelvan a ocurrir, que t engan com o
efect o, ent re ot ros, el reconocim ient o de la dignidad de la víct im a 171 . El prim er aspect o de
la reparación de los daños inm at eriales se analizará en est a sección y el segundo en la
sección D) de est e capít ulo.
243. La j urisprudencia int ernacional ha est ablecido reit eradam ent e que la sent encia
const it uye per se una form a de reparación. No obst ant e, t om ando en cuent a las
circunst ancias del present e caso, la int ensidad del sufrim ient o que los hechos causaron a las
víct im as, las alt eraciones de sus condiciones de exist encia y las dem ás consecuencias de
171
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 211; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 244; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 65.
99
orden no m at erial o no pecuniario que sufrieron ést os, la Cort e est im a pert inent e ordenar el
pago de una com pensación por concept o de daños inm at eriales, conform e a la equidad 172 .
244. Al fij ar la com pensación por daño inm at erial en el caso sub j udice, se debe
considerar que Daniel Tibi fue som et ido a condiciones de reclusión inhum anas y fue
t ort urado, lo cual le produj o int ensos dolores corporales, sufrim ient os y quebrant os
em ocionales, así com o consecuencias físicas y psicológicas que aún perduran. Adem ás, las
act uaciones que se siguieron en su cont ra no cum plieron con los requisit os del debido
proceso ( hubo det ención ilegal y arbit raria, falt a de garant ías j udiciales y de prot ección
j udicial) . Nat uralm ent e, la persona som et ida a det ención arbit raria experim ent a un
profundo sufrim ient o 173 , que se agrava si se t om a en cuent a que no se han invest igado los
hechos relacionados con la t ort ura de que fue obj et o la víct im a. Est e Tribunal considera que
se presum e que las violaciones de est a nat uraleza causan daños inm at eriales a quien las
padece 174 .
245. Es razonable considerar que las violaciones com et idas en cont ra del señor Daniel Tibi
alt eraron de form a m anifiest a su proyect o de vida. Las expect at ivas de desarrollo personal,
profesional y fam iliar, posibles en condiciones norm ales, fueron int errum pidas de m anera
abrupt a.
246. Por t odo ello, la Cort e considera que el señor Daniel Tibi debe ser com pensado por
daño inm at erial y fij a en equidad la sum a de €82.850,00 ( ochent a y dos m il ochocient os
cincuent a euros) a su favor por ese concept o.
247. En cuant o a las dem ás víct im as, la det ención ilegal y arbit raria y t ort ura que padeció
el señor Tibi les acarreó a su ex com pañera, señora Beat rice Baruet , a Sarah Vachon, a
Jeanne Cam ila Vachon y a Lisianne Judit h Tibi, sufrim ient o, angust ia y dolor, lo cual ha
causado grave alt eración en sus condiciones de exist encia y en sus relaciones fam iliares y
sociales y m enoscabó su form a de vida ( supra párrs. 160 y 161) . Valerian Edouard Tibi,
hij o del señor Daniel Tibi, vio afect ada la relación con su padre m ient ras ést e perm aneció
det enido ( supra párrs. 160 y 161) .
248. Con base en t odo lo ant erior, est e Tribunal considera que los fam iliares del señor
Tibi deben ser com pensados. Para ello fij a en equidad la cant idad de €57.995,00
( cincuent a y siet e m il novecient os novent a y cinco euros) , a favor de la señora Beat rice
Baruet por concept o de daño inm at erial. Asim ism o, fij a en equidad la cant idad de
€37.282,00 ( t reint a y siet e m il doscient os ochent a y dos euros) que será dist ribuida en
part es iguales ent re Lisianne Judit h Tibi, Sarah y Jeanne Cam ila Vachon, por concept o de
daño inm at erial. I gualm ent e fij a en equidad la sum a de €12.427,00 ( doce m il
cuat rocient os veint isiet e euros) , que deberá ser ent regada Valerian Edouard Tibi.
249. Analizados los argum ent os de los represent ant es de la víct im a y sus fam iliares, así
com o el acervo probat orio de est e caso, es posible det erm inar que los padecim ient os físicos
y psicológicos del señor Daniel Tibi perduran hast a ahora ( supra párr. 90.53) . Por ello, est a
172
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 215; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 247; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 66.
173
Cfr. Caso Marit za Urrut ia, supra not a 8, párr. 168; Caso Bulacio, supra not a 129, párr. 98; y Caso Juan
Hum bert o Sánchez, supra not a 3, párr. 174.
174
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 217; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 248; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 67.
100
Cort e est im a, com o lo ha hecho en ot ras oport unidades175 , que la indem nización por daño
inm at erial debe com prender t am bién los gast os fut uros por t rat am ient o psicológico y
m édico. A ese respect o, se considera pert inent e fij ar, en equidad, com o indem nización por
el referido concept o, la cant idad €16.570,00 ( dieciséis m il quinient os set ent a euros) a favor
del señor Daniel Tibi.
250. Teniendo en cuent a las dist int as facet as del daño inm at erial a las que se viene
haciendo referencia, la Cort e fij a en equidad el valor de las com pensaciones por ese
concept o en los t érm inos que se indican en el cuadro que se t ranscribe:
251. En relación con las ot ras form as de reparación, la Com isión alegó que las violaciones
com et idas cont ra el señor Tibi fueron una reit eración de las com et idas por el Est ado en
cont ra del señor Rafael I ván Suárez Rosero 176 . En dicho caso la Cort e ordenó al Est ado que
adopt ara las m edidas necesarias para que no se repit ieran las violaciones consideradas en la
sent encia del Tribunal. En el present e caso, la Com isión señaló que el Est ado debe:
a) adopt ar las m edidas necesarias para que el recurso de “ am paro de libert ad”
sea efect ivo, y así sus disposiciones puedan ser im plem ent adas desde el punt o vist a
procesal y sust ant ivo;
b) adopt ar las m edidas necesarias para que el sist em a j udicial penal cum pla
efect ivam ent e lo ordenado en la legislación ecuat oriana;
175
Cfr. Caso Molina Theissen. Reparaciones, supra not a 9, párr. 71; Caso Myrna Mack Chang. Sent encia de
25 de noviem bre de 2003, Serie C No. 101, párr. 266; y Caso Bulacio, supra not a 129, párr. 100.
176
Se alude al Caso Suárez Rosero, supra not a 145, conocido por la Cort e I nt eram ericana.
101
c) crear un m ecanism o int erno conform e al cual los pet icionarios puedan
present ar denuncias relacionadas con las falt as del sist em a j udicial penal, en cuant o
a su funcionam ient o oport uno y efect ivo, y puedan obt ener reparaciones;
e) aj ust ar las condiciones y la práct ica del sist em a carcelario a las norm as
int ernacionales de prot ección de los derechos hum anos aplicables a la m at eria y
est ablecer un m ecanism o que perm it a la revisión y supervisión del cum plim ient o de
las m odificaciones int roducidas, dando para ello part icipación a la sociedad civil y a
las organizaciones no gubernam ent ales;
g) dot ar de personal y equipam ient o m édico básico a los cent ros penit enciarios,
con m ecanism os que perm it an una at ención cont inuada y con m ej or capacit ación
para los m édicos, de acuerdo con los est ándares int ernacionales aplicables;
252. Los represent ant es de la víct im a y sus fam iliares se adhirieron a la solicit ud de la
Com isión, y requirieron que el Est ado:
b) divulgue públicam ent e el result ado del proceso de invest igación, para que la
sociedad conozca la verdad;
Cort e, así com o una disculpa a la víct im a y sus fam iliares, y el com prom iso est at al
de que nunca se volverán a repet ir hechos com o los acont ecidos;
g) adapt e la norm at iva int erna a los est ándares int ernacionales: Convención
Am ericana y Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura; sancione la t ort ura com o
un delit o específico; y repare el daño causado a víct im as de t ort ura, m ediant e un
t rat am ient o especializado y una j ust a indem nización económ ica;
h) adecue la legislación procesal int erna para que la prisión prevent iva sea la
excepción y no la regla, se asegure que los det enidos no queden encarcelados
indefinidam ent e, y únicam ent e se ot orgue valor probat orio a las confesiones y
declaraciones rendidas ant e los j ueces;
i) adecue las condiciones carcelarias a los est ándares int ernacionales, y dot e de
recursos económ icos a la Dirección Nacional de Rehabilit ación Social, para que pueda
realizar dicha adecuación;
j) realice un proceso adm inist rat ivo o disciplinario en cont ra de los j ueces que
llevaron la causa del señor Tibi;
m) realice una cam paña de inst rucción y capacit ación a funcionarios j udiciales,
policiales y penit enciarios, así com o a m édicos y psicólogos, sobre cóm o prevenir la
t ort ura y docum ent ar las denuncias de t ort ura. Para ello es convenient e que se
sigan los procedim ient os y disposiciones de m anuales int ernacionales especializados
com o el Prot ocolo de Est am bul.
253. En cuant o a las m edidas de no repet ición, el Est ado señaló que si la Cort e encuent ra
que exist e responsabilidad por part e de ést e, en el caso de pedir disculpas habría que
det erm inar a qué funcionario del Est ado corresponde hacerlo.
Consideraciones de la Cort e
a) Obligación de invest igar los hechos que generaron las violaciones, e ident ificar,
j uzgar y sancionar a los responsables
103
254. La Cort e ha concluido, int er alia, que el Est ado violó los art ículos 5, 7, 8, 21 y 25 de
la Convención, en relación con el art ículo 1.1 de la m ism a, e inobservó las obligaciones
previst as en los art ículos 1, 6 y 8 de la Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura, en
perj uicio del señor Daniel Tibi. Asim ism o, el Est ado violó el art ículo 5.1 de la Convención
Am ericana, en relación con el art ículo 1.1 de la m ism a, en perj uicio de la señora Beat rice
Baruet , Sarah y Jeanne Cam ila Vachon, Lisianne Judit h Tibi y Valerian Edouard Tibi, en los
t érm inos cont enidos en est a Sent encia.
256. Est e Tribunal se ha referido en reit eradas ocasiones al derecho que asist e a las
víct im as y sus fam iliares de conocer lo que sucedió y saber quiénes fueron los agent es del
Est ado responsables de los hechos178 . La Cort e ha señalado que “ la invest igación de los
hechos y la sanción de las personas responsables, [ ...] es una obligación que corresponde al
Est ado siem pre que haya ocurrido una violación de los derechos hum anos y esa obligación
debe ser cum plida seriam ent e y no com o una m era form alidad” 179 .
257. La víct im a de violaciones de derechos hum anos y sus fam iliares, en su caso, t ienen
el derecho de conocer la verdad 180 . En consecuencia, las víct im as en est e caso t ienen
derecho de conocer quiénes fueron los responsables de la det ención ilegal y arbit raria, la
t ort ura y la violación al debido proceso y a las garant ías j udiciales en agravio del señor
Daniel Tibi. Est e derecho a la verdad ha sido desarrollado por el Derecho I nt ernacional de
177
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 228; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 257; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 79.
178
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri. supra not a 8, párr. 229; Caso 19 Com er ciant es. supra not a
9, párr. 258; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 80.
179
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 229; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 258; y Caso Molina Theissen, Repar aciones, supra not a 9, párr. 80.
180
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 230; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 261; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 81.
104
los Derechos Hum anos181 y su reconocim ient o puede const it uir un m edio im port ant e de
reparación.
258. A la luz de lo ant erior, para reparar, en est e orden, las violaciones com et idas, el
Est ado debe invest igar efect ivam ent e los hechos del present e caso con el fin de ident ificar,
j uzgar y sancionar a los responsables. Los procesos int ernos deben versar sobre las
violaciones a los derechos a la I nt egridad Personal, la Libert ad Personal, la Prot ección
Judicial y las Garant ías Judiciales, a los que se refiere est a Sent encia. La víct im a debe t ener
pleno acceso y capacidad de act uar en t odas las et apas e inst ancias de la invest igación y el
j uicio correspondient e, de acuerdo con la ley int erna y las norm as de la Convención
Am ericana. Los result ados del proceso deberán ser públicam ent e divulgados, para que las
sociedades ecuat oriana y francesa conozcan la verdad.
259. El Est ado debe garant izar que el proceso int erno t endient e a invest igar, j uzgar y
sancionar a los responsables de los hechos surt a los debidos efect os. Adem ás, deberá
abst enerse de recurrir a figuras com o la am nist ía, la prescripción y el est ablecim ient o de
excluyent es de responsabilidad, así com o a m edidas que pret endan im pedir la persecución
penal o suprim ir los efect os de la sent encia condenat oria, com o lo ha hecho not ar la Cort e
en ot ros casos182 .
260. Asim ism o, y com o lo ha ordenado en ot ras oport unidades183 , la Cort e est im a que el
Est ado debe publicar, com o m edida de sat isfacción, dent ro de un plazo de seis m eses,
cont ado a part ir de la not ificación de la present e Sent encia, al m enos por una vez, en el
Diario Oficial y en ot ro diario de circulación nacional en el Ecuador, t ant o la Sección
denom inada Hechos Probados com o los punt os resolut ivos Prim ero a Décim o Tercero de la
present e Sent encia, sin las not as al pie de página correspondient es. I gualm ent e, el Est ado
deberá publicar lo ant erior, t raducido al francés, en un diario de am plia circulación en
Francia, específicam ent e en la zona en la cual reside el señor Tibi.
261. Com o consecuencia de las violaciones est ablecidas en est a Sent encia, la Cort e
considera que el Est ado debe hacer pública una declaración escrit a form al em it ida por alt as
aut oridades del Est ado en la que reconozca su responsabilidad int ernacional por los hechos
a que se refiere el present e fallo y pida disculpas al señor Tibi y a las dem ás víct im as del
present e caso. Dicha declaración deberá ser publicada dent ro de un plazo de seis m eses,
cont ados a part ir de la not ificación de la present e Sent encia, al m enos por una vez, en un
diario de circulación nacional en el Ecuador, así com o su t raducción al francés en un diario
de am plia circulación en Francia, específicam ent e en la zona en la cual reside el señor Tibi.
La referida declaración t endría efect os de sat isfacción y servirá com o garant ía de no
repet ición.
181
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 230; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 261; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 81.
182
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 232; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 262; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 83.
183
Cfr. Caso de los Herm anos Góm ez Paquiyaur i, supra not a 8, pár r. 235; Caso Molina Theissen.
Reparaciones, supra not a 9, párr. 86; y Caso Myrna Mack Chang, supra not a 175, párr. 280.
105
262. Tant o la Com isión I nt eram ericana com o los represent ant es de la víct im a y sus
fam iliares solicit aron a la Cort e que ordenara al Est ado que capacit e al personal j udicial, del
m inist erio público, policial y penit enciario, así com o a los m édicos y psicólogos
correspondient es, sobre el t rat am ient o de reclusos, la prevención de la t ort ura y la
docum ent ación de las denuncias, de acuerdo con los est ándares int ernacionales
generalm ent e acept ados. En ese sent ido, el Est ado debe t om ar en cuent a que los det enidos
t ienen derecho a vivir en condiciones de det ención com pat ibles con su dignidad personal.
Las aut oridades est at ales ej ercen un cont rol t ot al sobre la persona que se encuent ra suj et a
a su cust odia. La form a en que se t rat a a un det enido debe est ar suj et a al escrut inio m ás
est rict o, t om ando en cuent a la especial vulnerabilidad de aquél 184 . La Cort e ha est ablecido
que el Est ado, com o responsable de los est ablecim ient os de det ención, es el garant e de
est os derechos de los det enidos, lo cual im plica, ent re ot ras cosas, que le corresponde
explicar lo que suceda a las personas que se encuent ran baj o su cust odia.
263. En razón de lo expuest o y en las circunst ancias del present e caso, est a Cort e
considera que el Est ado debe est ablecer un program a de form ación y capacit ación para el
personal j udicial, del m inist erio público, policial y penit enciario, incluyendo al personal
m édico, psiquiát rico y psicológico, sobre los principios y norm as de prot ección de los
derechos hum anos, relacionados con la det ención de personas, sus derechos y garant ías
j udiciales, el t rat o que deben recibir, sus condiciones de det ención, t rat am ient o y cont rol
m édico, el derecho a cont ar con un abogado, a recibir visit as, a que los procesados y
condenados se aloj en en inst alaciones diferent es. En fin, el Est ado debe garant izar que se
apliquen los est ándares int ernacionales.
264. El diseño e im plem ent ación del program a de capacit ación, deberá incluir la
asignación de recursos específicos para conseguir sus fines y se realizará con part icipación
de la sociedad civil. Para est os efect os, el Est ado deberá crear un com it é int erinst it ucional
con el fin de definir y ej ecut ar program as de capacit ación en derechos hum anos y
t rat am ient o de reclusos. El Est ado deberá inform ar a est a Cort e sobre la const it ución y
funcionam ient o de est e com it é, en el plazo de seis m eses.
XV
COSTAS Y G ASTOS
265. En relación con los gast os y cost as, la Com isión alegó que:
a) el señor Tibi est uvo represent ado originalm ent e por el señor Art hur Vercken,
abogado francés, desde el 15 de j ulio hast a el 9 noviem bre de 2001, en las
act uaciones ant e la Com isión I nt eram ericana;
b) a part ir del 12 de diciem bre de 2001 el caso fue asum ido por dos
organizaciones no gubernam ent ales: CEJI L y la Clínica de Derechos Hum anos del
PUCE; y
184
Cfr. Caso Bulacio, supra not a 129, párr. 126
106
266. En relación con los gast os y las cost as, los represent ant es de la víct im a y sus
fam iliares pidieron a la Cort e que se les ot orgara, en la et apa procesal correspondient e, la
107
oport unidad de present ar un docum ent o con cifras act ualizadas. Adem ás, solicit aron el
pago de:
a) gast os en que incurrió el señor Tibi en el procedim ient o int erno, relacionados
con honorarios profesionales de sus abogados defensores, fot ocopias, t raslado de los
abogados a Guayaquil ( t ransport e, alim ent ación, est adía) y dem ás cost as procesales.
Al respect o, señalaron que el abogado Nelson Mart ínez hizo un cobro a la señora
Beat rice Baruet , el 13 de noviem bre de 1995, de US$1.544,00 ( m il quinient os
cuarent a y cuat ro dólares de los Est ados Unidos de Am érica) . Ese valor se proyect ó
por los veint iocho m eses en que est uvo det enido el señor Tibi, lo que explica la sum a
t ot al de US$30.000,00 ( t reint a m il dólares de los Est ados Unidos de Am érica) . En
consecuencia, solicit aron a la Cort e que fij e en equidad el m ont o de las cost as en que
incurrió el señor Daniel Tibi y su fam ilia, t eniendo en cuent a la proyección
present ada;
b) servicios del abogado Art hur Vercken en el proceso int ernacional. Aquél fue
cont rat ado por el señor Tibi para que llevara su causa ant e la Com isión
I nt eram ericana y cobró al señor Tibi US$21.000,00 ( veint iún m il dólares de los
Est ados Unidos de Am érica) , cant idad cuyo reint egro solicit aron los represent ant es;
c) gast os que hizo el señor Tibi en su com parencia ant e la Com isión
I nt eram ericana, que sum an, aproxim adam ent e, US$3.000,00 ( t res m il dólares de los
Est ados Unidos de Am érica) ;
d) gast os en que incurrió la Clínica de Derechos Hum anos del PUCE, en el ám bit o
int ernacional, relacionados con el t raslado de dos personas de Quit o a San José, en
dos ocasiones, incluido los viát icos correspondient es a cada viaj e, lo que sum a
US$4.200,00 ( cuat ro m il doscient os dólares de los Est ados Unidos de Am érica) ;
erogaciones relacionadas con t eléfono, fax, courier, papelería, et c., por US$2.750,00
( dos m il set ecient os cincuent a dólares de los Est ados Unidos de Am érica) ; y
honorarios profesionales de dos abogados, por 200 horas de t rabaj o a US$15,00
( quince dólares de Est ados Unidos de Am érica) la hora, lo que asciende a
US$3.000,00 ( t res m il dólares de los Est ados Unidos de Am érica) . En consecuencia,
los gast os t ot ales de la Clínica de Derechos Hum anos del PUCE sum an US$9.950,00
( nueve m il novecient os cincuent a dólares de los Est ados Unidos de Am érica) ; y
e) gast os efect uados por CEJI L, en el ám bit o int ernacional, relat ivos a pasaj es
de Washingt on a San José, y viát icos para dos personas en dos ocasiones, lo que
sum a US$5.400,00 ( cinco m il cuat rocient os dólares de los Est ados Unidos de
Am érica) ; erogaciones relacionadas con llam adas t elefónicas, fax, courier, papelería,
et c., por US$3.100,00 ( t res m il cien dólares de los Est ados Unidos de Am érica) ; y
honorarios profesionales de dos abogados, por 400 horas de t rabaj o, a US$15,00
( quince dólares de Est ados Unidos de Am érica) la hora, que asciende a US$6.000,00
( seis m il dólares de los Est ados Unidos de Am érica) . Adicionalm ent e, CEJI L incurrió
en gast os relacionados con llam adas t elefónicas, envíos courier, papelería, copias y
sum inist ros; viaj es para dos personas de los Est ados Unidos de Am érica a Francia
para la preparación del perit aj e psicológico y ent revist a con víct im as y t est igos; viaj e
de un abogado de CEJI L de Cost a Rica a Ecuador para la docum ent ación del caso y
ent revist a con perit os; viaj e de un perit o a la ciudad de Guayaquil para la
preparación del dict am en; viaj es de una abogada, la víct im a, la ex com pañera del
señor Tibi y un perit o desde Est ados Unidos de Am érica, Francia y Ecuador,
respect ivam ent e, hacia Cost a Rica, para com parecer en la audiencia pública ant e la
108
Consideraciones de la Cort e
268. La Cort e ha señalado que las cost as y los gast os quedan com prendidos en el concept o
de reparación, consagrado en el art ículo 63.1 de la Convención Am ericana, puest o que la
act ividad desplegada por la víct im a, sus derechohabient es o sus represent ant es para acceder
a la j ust icia int ernacional im plica erogaciones y com prom isos de caráct er económ ico, que
deben ser com pensados185 . En cuant o al reem bolso, corresponde al Tribunal apreciar
prudent em ent e su alcance, que abarca los gast os generados ant e las aut oridades de la
j urisdicción int erna y los realizados en el curso del proceso ant e el sist em a int eram ericano,
t eniendo en cuent a la acredit ación de los gast os hechos, las circunst ancias del caso concret o y
la nat uraleza de la j urisdicción int ernacional de prot ección de los derechos hum anos. La
est im ación se puede hacer con base en el principio de equidad y apreciando los gast os
com probados por las part es, siem pre que su quant um sea razonable 186 .
269. Las cost as com prenden t ant o la et apa de acceso a la j ust icia nacional, com o el
procedim ient o int ernacional ant e la Com isión y la Cort e187 .
270. A est e efect o, la Cort e est im a equit at ivo ordenar el pago €37.282,00 ( t reint a y siet e
m il doscient os ochent a y dos euros) , que deberá ser ent regada al señor Daniel Tibi, por
concept o de cost as y gast os en el proceso int erno y en el procedim ient o seguido ant e el
sist em a int eram ericano de prot ección de los derechos hum anos. Est a sum a incluye
€12.427,00 ( doce m il cuat rocient os veint isiet e euros) por cost as y gast os en el proceso
int erno, y €24.855,00 ( veint icuat ro m il ochocient os cincuent a y cinco euros) por el m ism o
concept o en lo que at añe el procedim ient o ant e los órganos del sist em a int eram ericano.
XVI
M OD ALI D AD DECUM PLI M I EN TO
271. El Est ado deberá pagar las indem nizaciones y reint egrar las cost as y gast os ( supra
párrs. 235 a 238, 244 a 250 y 270) dent ro de un año, cont ado a part ir de la not ificación de
est a Sent encia. En el caso de las ot ras reparaciones ordenadas deberá dar cum plim ient o a
las m edidas en un t iem po razonable ( supra párrs. 254 a 259 y 262 a 264) , o en el que
señale est a Sent encia ( supra párrs. 237.e, 260 y 261) .
185
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 242; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 283; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 95.
186
Cfr. Caso de los Her m anos Góm ez Paquiyauri, supra not a 8, párr. 242; Caso 19 Com er ciant es, supra not a
9, párr. 283; y Caso Molina Theissen. Repar aciones, supra not a 9, párr. 95.
187
Cfr. Caso Molina Theissen. Reparaciones, supra not a 9, párr. 96; Caso Marit za Urrut ia, supra not a 8, párr.
183; y Caso Myrna Mack Chang, supra not a 175, párr. 290.
109
272. El pago de las indem nizaciones est ablecidas a favor de las víct im as, según sea el
caso, será hecho direct am ent e a ést as. Si alguno de ellos falleciera, el pago se hará a sus
herederos.
273. Los pagos dest inados a solvent ar las cost as y gast os generados por las gest iones
realizadas por los fam iliares del señor Tibi y sus represent ant es en los procedim ient os
int erno e int ernacional, serán hechos a ést e ( supra párr. 270) , quién efect uará los pagos
correspondient es en la form a que él m ism o convenga con aquéllos represent ant es.
274. Si por causas at ribuibles a los beneficiarios de la indem nización no fuese posible que
ést os la reciban dent ro del indicado plazo de un año, el Est ado consignará dichos m ont os a
favor de aquéllos en una cuent a o cert ificado de depósit o en una inst it ución bancaria
francesa solvent e, en euros y en las condiciones financieras m ás favorables que perm it an la
legislación y la práct ica bancarias. Si la indem nización no ha sido reclam ada al cabo de diez
años, la sum a correspondient e será devuelt a al Est ado, con los int ereses generados.
275. Por lo que t oca a las indem nizaciones ordenadas a favor de las niñas Jeanne Cam ila
Vachon y Lisianne Judit h Tibi, el Est ado deberá deposit arlas en una inst it ución francesa
solvent e, en euros. La inversión se hará dent ro del plazo de un año, en las condiciones
financieras m ás favorables que perm it an la legislación y la práct ica bancaria, m ient ras los
beneficiarios sean m enores de edad. Podrá ser ret irado por aquellos cuando alcancen la
m ayoría de edad, en su caso, o ant es si así conviene al int erés superior del niño, est ablecido
por det erm inación de una aut oridad j udicial com pet ent e. Si no se reclam a la indem nización
una vez t ranscurridos diez años cont ados a part ir de la m ayoría de edad, la sum a será
devuelt a al Est ado, con los int ereses devengados.
276. El Est ado debe cum plir las obligaciones económ icas señaladas en est a Sent encia
m ediant e el pago en euros.
277. Los m ont os asignados en la present e Sent encia baj o los concept os de
indem nizaciones, gast os y cost as no podrán ser afect ados, reducidos o condicionados por
m ot ivos fiscales act uales o fut uros. En consecuencia, deberán ser ent regados a los
beneficiarios en form a ínt egra conform e a lo est ablecido en la Sent encia.
278. En caso de que el Est ado incurra en m ora, pagará un int erés sobre el m ont o
adeudado, correspondient e al int erés bancario m orat orio en el Ecuador.
279. Com o lo ha det erm inado y pract icado en t odos los casos suj et os a su conocim ient o,
la Cort e supervisará el cum plim ient o de la present e Sent encia en t odos sus aspect os,
supervisión inherent e a las at ribuciones j urisdiccionales del Tribunal y necesaria para la
debida observación, por part e de la propia Cort e, del art ículo 65 de la Convención. El caso
se dará por concluido una vez que el Est ado haya dado cabal cum plim ient o a lo dispuest o en
el fallo. Dent ro de un año, cont ado a part ir de la not ificación de est a Sent encia, el Est ado
present ará a la Cort e un prim er inform e sobre las m edidas t om adas para el cum plim ient o de
est a Sent encia.
110
XVI I
P UN TOS R ESOLUTI VOS
280. Por t ant o,
LA CORTE,
D ECI D E:
1. Desest im ar la prim era excepción prelim inar int erpuest a por el Est ado sobre “ falt a de
agot am ient o de recursos int ernos” .
2. Desest im ar la segunda excepción prelim inar int erpuest a por el Est ado, sobre “ falt a
de com pet encia rat ione m at eriae de la Cort e I nt eram ericana para conocer sobre violaciones
a la Convención I nt eram ericana para Prevenir y Sancionar la Tort ura” .
Y D ECLARA:
3. El Est ado violó el Derecho a la Libert ad Personal consagrado en el art ículo 7.1, 7.2,
7.3, 7.4 y 7.5 de la Convención Am ericana sobre Derechos Hum anos, en relación con el
art ículo 1.1 de la m ism a, en perj uicio del señor Daniel Tibi, en los t érm inos de los párrafos
94 a 122 de la present e Sent encia.
4. El Est ado violó los Derechos a la Libert ad Personal y a la Prot ección Judicial
consagrados en los art ículos 7.6 y 25 de la Convención Am ericana sobre Derechos
Hum anos, en relación con el art ículo 1.1 de la m ism a, en perj uicio del señor Daniel Tibi, en
los t érm inos de los párrafos 126 a 137 de la present e Sent encia.
5. El Est ado violó el Derecho a la I nt egridad Personal consagrado en el art ículo 5.1, 5.2
y 5.4 de la Convención Am ericana sobre Derechos Hum anos, en relación con el art ículo 1.1.
de la m ism a, e inobservó las obligaciones previst as en los art ículos 1, 6 y 8 de la
Convención I nt eram ericana para Prevenir y Sancionar la Tort ura, en perj uicio del señor
Daniel Tibi, en los t érm inos de los párrafos 142 a 159 y 162 de la present e Sent encia.
6. El Est ado violó el Derecho a la I nt egridad Personal consagrado en el art ículo 5.1 de
la Convención Am ericana, en relación con el art ículo 1.1 de la m ism a, en perj uicio de
Beat rice Baruet , Sarah y Jeanne Cam ila Vachon, Lisianne Judit h Tibi y Valerian Edouard
Tibi, en los t érm inos de los párrafos 160 a 162 de la present e Sent encia.
7. El Est ado violó el Derecho a las Garant ías Judiciales, consagrado en el art ículo 8.1,
8.2, 8.2.b, 8.2.d, 8.2.e y 8.2.g de la Convención Am ericana sobre Derechos Hum anos, en
relación con el art ículo 1.1 de la m ism a, en perj uicio del señor Daniel Tibi, en los t érm inos
de los párrafos 167 a 200 de la present e Sent encia.
Y D I SPON E:
9. Est a Sent encia const it uye per se una form a de reparación, en los t érm inos del
párrafo 243 de ést a.
10. El Est ado debe, en un plazo razonable, invest igar efect ivam ent e los hechos del
present e caso, con el fin de ident ificar, j uzgar y sancionar a t odos los aut ores de las
violaciones com et idas en perj uicio del señor Daniel Tibi. El result ado de est e proceso
deberá ser públicam ent e divulgado, en los t érm inos de los párrafos 254 a 259 de la
present e Sent encia.
11. El Est ado deberá publicar, al m enos por una vez, en el Diario Oficial y en ot ro diario
de circulación nacional en el Ecuador, t ant o la Sección denom inada Hechos Probados com o
los punt os resolut ivos Prim ero al Decim osext o de la present e Sent encia, sin las not as al pie
de página correspondient es. I gualm ent e, el Est ado deberá publicar lo ant erior, t raducido al
francés, en un diario de am plia circulación en Francia, específicam ent e en la zona en la cual
reside el señor Daniel Tibi, en los t érm inos del párrafo 260 de la present e Sent encia.
12. El Est ado debe hacer pública una declaración escrit a form al em it ida por alt as
aut oridades del Est ado en la que reconozca su responsabilidad int ernacional por los hechos
a que se refiere el present e caso y pida disculpas al señor Tibi y a las dem ás víct im as
m encionadas en la present e Sent encia, en los t érm inos del párrafo 261 de ést a.
13. El Est ado debe est ablecer un program a de form ación y capacit ación para el personal
j udicial, del m inist erio público, policial y penit enciario, incluyendo al personal m édico,
psiquiát rico y psicológico, sobre los principios y norm as de prot ección de los derechos
hum anos en el t rat am ient o de reclusos. El diseño e im plem ent ación del program a de
capacit ación, deberá incluir la asignación de recursos específicos para conseguir sus fines y
se realizará con la part icipación de la sociedad civil. Para est os efect os, el Est ado deberá
crear un com it é int erinst it ucional con el fin de definir y ej ecut ar los program as de
capacit ación en derechos hum anos y t rat am ient o de reclusos. El Est ado deberá inform ar a
est a Cort e sobre la const it ución y funcionam ient o de est e com it é, en el plazo de seis m eses
en los t érm inos de los párrafos 262 a 264 de la present e Sent encia.
14. El Est ado debe pagar la cant idad t ot al de €148.715,00 ( cient o cuarent a y ocho m il
set ecient os quince euros) por concept o de indem nización de daño m at erial, en los t érm inos
de los párrafos 235 a 238 de la present e Sentencia, dist ribuida de la siguient e m anera:
b) el Est ado debe devolver al señor Daniel Tibi los bienes incaut ados al m om ent o
de su det ención, en el t érm ino de seis m eses cont ados a part ir de la present e
Sent encia. De no ser ello posible, el Est ado deberá ent regarle la sum a de
€82.850,00 ( ochent a y dos m il ochocient os cincuent a euros) en los t érm inos de los
párrafos 237.e y 238 de la present e Sent encia; y
c) a Beat rice Baruet , la cant idad de €7.870,00 ( siet e m il ochocient os set ent a
euros) , en los t érm inos de los párrafos 237.a y 238 de la present e Sent encia.
112
15. El Est ado debe pagar la cant idad t ot al de €207.123,00 ( doscient os siet e m il cient o
veint it rés euros) , por concept o de indem nización del daño inm at erial, en los t érm inos de los
párrafos 244 a 250 de la present e Sent encia, dist ribuida de la siguient e m anera:
c) a Sarah Vachon, la cant idad de €12.427,00 ( doce m il cuat rocient os veint isiet e
euros) , en los t érm inos de los párrafos 247, 248 y 250 de la present e Sent encia;
d) a Jeanne Cam ila Vachon, la cant idad de €12.427,00 ( doce m il cuat rocient os
veint isiet e euros) , en los t érm inos de los párrafos 247, 248, 250 y 275 de la
present e Sent encia;
16. El Est ado debe pagar al señor Daniel Tibi la cant idad t ot al de €37.282,00 ( t reint a y
siet e m il doscient os ochent a y dos euros) , por concept o de las cost as y gast os en que
incurrieron en el proceso int erno y en el procedim ient o int ernacional ant e el sist em a
int eram ericano de prot ección de los derechos hum anos, en los t érm inos de los párrafos 268
a 270 de la present e Sent encia.
17. El Est ado debe cum plir sus obligaciones de caráct er pecuniario m ediant e el pago en
euros.
18. Los pagos por concept o de daño m at erial, inm at erial y cost as y gast os est ablecidos
en la present e Sent encia no podrán ser afect ados, reducidos o condicionados por m ot ivos
fiscales act uales o fut uros, en los t érm inos del párrafo 277 de la present e Sent encia.
19. El Est ado deberá cum plir las m edidas de reparación y de reem bolso de gast os
dispuest os en la present e Sent encia, dent ro del plazo de un año cont ado a part ir de la
not ificación de ést a, salvo cuando se fij an plazos dist int os.
20. Supervisará el cum plim ient o ínt egro de la present e Sent encia. El caso se dará por
concluido una vez que el Est ado haya dado cabal cum plim ient o a lo dispuest o en el present e
fallo. Dent ro del plazo de un año, cont ado a part ir de la not ificación de est a Sent encia, el
Est ado deberá rendir a la Cort e un prim er inform e sobre las m edidas t om adas para dar
cum plim ient o a est a Sent encia.
Los Jueces García Ram írez, Cançado Trindade y Salgado Pesant es dieron a conocer a la
Cort e sus Vot os Razonados, los cuales acom pañan est a Sent encia.
113
Redact ada en español e inglés, haciendo fe el t ext o en español, en San José, Cost a Rica, el
7 de sept iem bre de 2004.
1. En est e Vot o concurrent e razonado que acom paño a la Sent encia de excepciones
prelim inares, fondo y reparaciones en el Caso Tibi vs. Ecuador, dict ada por la Cort e
I nt eram ericana el 7 de sept iem bre de 2004, pret endo referirm e a varias cuest iones que
dicha resolución cont em pla, así com o al sent ido que t ienen y a la t rascendencia que
debieran poseer las sent encias y opiniones consult ivas de la Cort e I nt eram ericana de
Derechos Hum anos, t ribunal que en est e año 2004 cum ple veint icinco años de labores a
part ir de su inst alación el 3 de sept iem bre de 1979, al am paro de la Convención Am ericana
sobre Derechos Hum anos, suscrit a en San José, Cost a Rica, el 22 de noviem bre de 1969. Al
exam inar aquellas cuest iones específicas - - part icularm ent e, debido proceso y condiciones
de la det ención- - expondré com ent arios y razonam ient os que const it uyen una
aproxim ación a la j urisprudencia de la Cort e I nt eram ericana en el curso de est os lust ros.
2. Com o se ha dicho con frecuencia, la j urisdicción int eram ericana no es ni pret ende ser una
nueva y últ im a inst ancia en el conocim ient o que se inicia y desarrolla ant e los órganos
nacionales. No t iene a su cargo la revisión de los procesos int ernos, en la form a en que ést a
se realiza por los órganos dom ést icos. Su designio es ot ro: confront ar los act os y las
sit uaciones generados en el m arco nacional con las est ipulaciones de los t rat ados
int ernacionales que confieren a la Cort e com pet encia en asunt os cont enciosos,
señaladam ent e la Convención Am ericana sobre Derechos Hum anos, para est ablecer, a part ir
de ahí, orient aciones que posean am plio valor indicat ivo para los Est ados part es en la
Convención, adem ás de la eficacia precept iva - - caráct er vinculant e de la sent encia, com o
norm a j urídica individualizada- - que t ienen para el Est ado que figura com o part e form al y
m at erial en un proceso.
3. En ciert o sent ido, la t area de la Cort e se asem ej a a la que realizan los t ribunales
const it ucionales. Est os exam inan los act os im pugnados - - disposiciones de alcance general- -
a la luz de las norm as, los principios y los valores de las leyes fundam ent ales. La Cort e
I nt eram ericana, por su part e, analiza los act os que llegan a su conocim ient o en relación con
norm as, principios y valores de los t rat ados en los que funda su com pet encia cont enciosa.
Dicho de ot ra m anera, si los t ribunales const it ucionales cont rolan la “ const it ucionalidad” , el
t ribunal int ernacional de derechos hum anos resuelve acerca de la “ convencionalidad” de
esos act os. A t ravés del cont rol de const it ucionalidad, los órganos int ernos procuran
conform ar la act ividad del poder público - - y, event ualm ent e, de ot ros agent es sociales- - al
orden que ent raña el Est ado de Derecho en una sociedad dem ocrát ica. El t ribunal
int eram ericano, por su part e, pret ende conform ar esa act ividad al orden int ernacional
acogido en la convención fundadora de la j urisdicción int eram ericana y acept ado por los
Est ados part es en ej ercicio de su soberanía.
4. Del m ism o m odo que un t ribunal const it ucional no podría - - ni lo pret ende- - t raer ant e sí
t odos los casos en que se cuest ione o se pueda cuest ionar la const it ucionalidad de act os y
norm as, un t ribunal int ernacional de derechos hum anos no aspira - - m ucho m enos t odavía
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que el órgano nacional- - a resolver un gran núm ero de lit igios en los que se reproduzcan
violaciones previam ent e som et idas a su j urisdicción y acerca de cuyos t em as esenciales ya
ha dict ado sent encias que expresan su crit erio com o int érpret e nat ural de las norm as que
est á llam ado a aplicar, est o es, las disposiciones del t rat ado int ernacional que invocan los
lit igant es. Est e designio, que pone de m anifiest o una función de la Cort e, sugiere t am bién
las caract eríst icas que pueden t ener los asunt os llevados a su conocim ient o.
7. La Cort e I nt eram ericana de Derechos Hum anos se ha pronunciado sobre hechos que
conform an, en ciert o m odo, un pat rón t radicional de violación de los derechos. Últ im am ent e
han llegado al t ribunal t em as diferent es, que se hallan en la front era ent re los llam ados
derechos de prim era generación y los calificados com o derechos de segunda generación, o
bien, cuest iones relacionadas con aquéllos que no se habían plant eado ant eriorm ent e y que
perm it en la apert ura de nuevos frent es de reflexión j urisdiccional, que a su t urno proponen
las nuevas front eras de los derechos hum anos en Am érica, conform e a la int erpret ación
provist a por la Cort e I nt eram ericana.
8. No obst ant e est a paulat ina aparición de t em as diferent es a los t ransit ados en los años
ochent a e incluso en los años novent a, en el conj unt o de casos som et idos a la Cort e
persist en algunos de caráct er “ t radicional” . No sólo no han declinado o se han ausent ado,
com o hubiera sido deseable y parecido nat ural, sino han cobrado nuevas expresiones o han
m ant enido una presencia cuya const ancia pone de m anifiest o la necesidad, a la que ant es
m e referí, de revisar el est ado de est as cuest iones en el orden int erno para aj ust arlo, de
una vez, a los “ est ándares” int ernacionales. El t ribunal int ernacional cum ple su part e en la
m ej or m edida a su alcance cuando ident ifica las grandes cuest iones dent ro de los lit igios de
que conoce o las opiniones que em it e y produce la doct rina j urisdiccional que figura en sus
consideraciones. La siguient e et apa corre a cargo de la j urisdicción nacional, no sólo por la
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com pet encia legal que t iene, sino - - sobre t odo- - por la capacidad real que posee para
abarcar t odos los problem as que se suscit an en el ám bit o int erno.
9. Ciert am ent e, esos “ est ándares” int ernacionales coinciden en m uy am plia m edida, o acaso
t ot alm ent e, desde la perspect iva de las norm as vigent es, con los propósit os y los
m andam ient os recogidos por los ordenam ient os suprem os nacionales, e incluso por gran
part e de la legislación secundaria. Es preciso desplegar, por ende, la volunt ad polít ica y
j urídica de los Est ados que suprim a de una vez las violaciones m ás frecuent em ent e
observadas y acredit e el ingreso a nuevas et apas en la t ut ela de los derechos
fundam ent ales. De lo cont rario, seguirem os encont rando los m ism os hechos violat orios,
exponiendo los m ism os argum ent os y em it iendo las m ism as opiniones o resoluciones, sin
que est o cale t an profundam ent e com o debiera en la vida de nuest ras naciones.
10. A la luz de est as consideraciones m e parece út il exam inar dos t em as cent rales en el
caso cont encioso al que corresponde la sent encia del 7 de sept iem bre de 2004, acom pañada
por est e Vot o. Se t rat a de t em as que la Cort e aborda de nueva cuent a, en form a y t érm inos
ya expresados, por lo que t oca a sus ext rem os m ás relevant es, en ot ros pronunciam ient os
em it idos en las vías cont enciosa o consult iva. Me refiero al debido proceso legal en asunt os
de orden penal - - pero t am bién, conform e a la j urisprudencia de la Cort e, en cuest iones
cont enciosas de ot ra nat uraleza- - y al régim en de las inst it uciones de privación de la
libert ad, sea prevent iva o caut elar, sea punit iva o ej ecut iva, t ant o de adult os com o de
m enores de edad. El proceso y las prisiones han sido, son y t al vez serán - - oj alá que no
fuera así- - escenarios de las m ás reit eradas, graves y not orias violaciones de los derechos
hum anos. Es hora de que se vuelva la m irada hacia est os escenarios, const ant em ent e
denunciados e insuficient em ent e reform ados, para m odificarlos radicalm ent e.
11. Am bos t em as t ienen ciert os denom inadores com unes. Uno y ot ro const it uyen, com o se
ha dicho con frecuencia, un espacio crít ico para la vigencia de los derechos hum anos. En
rigor, la llam ada j ust icia penal - - o, m enos pret enciosam ent e, el sist em a penal- - es la zona
crít ica de los derechos hum anos. En ella quedan esos derechos expuest os al m ás grave
riesgo, y en ella sufren la m ás severa afect ación, con dolorosa frecuencia. Aquello obedece
a que la persecución penal pone en conflict o inm ediat o al Est ado, dot ado de la m ayor fuerza
com o m onopolizador de la violencia - - supuest am ent e legít im a- - e invest ido de la m ayor
capacidad de int ervención en la vida de las personas, con los individuos indiciados,
procesados o sent enciados, a los que se ident ifica com o “ enem igos sociales” y que
ciert am ent e no poseen, ni siquiera al am paro de los sist em as j udiciales m ás desarrollados,
la fuerza j urídica y m at erial de que dispone el Est ado. Com o he dest acado, no dej a de ser
elocuent e el epígrafe que se coloca en algunos procesos, exponiendo la ident idad de los
cont endient es y sugiriendo el peso que cada uno t iene en su plat illo de la balanza: El Est ado
cont ra X, La República cont ra Y, El Rey cont ra Z, y así sucesivam ent e. Difícilm ent e hallaría
m ej or fundam ent o la t endencia equilibradora o igualadora que caract eriza al proceso
m oderno.
12. Por eso es precisam ent e ahí, en los dom inios de la j ust icia penal, donde result a m ás
necesario “ t rabaj ar” el t em a de los derechos hum anos - - sin que est o im plique desat ención
en ot ras áreas- - a t ravés de proclam aciones rot undas, norm as im periosas y práct icas
inflexibles, aseguradas, t odas ellas, con el vigor y la eficacia de inst rum ent os garant izadores
puest os en m anos idóneas: com pet ent es, independient es, im parciales, cuya fort aleza e
int egridad aseguren la vigencia de los derechos en un t erreno especialm ent e propicio a la
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violación. Est e aseguram ient o de derechos esenciales, radicales, irreduct ibles, t ropieza
t am bién con ext ravíos en la percepción pública favorecidos por la present ación de falsos
dilem as que enfrent an las exigencias de la seguridad pública con las “ debilidades” que
supuest am ent e acarrea la t ut ela de los derechos hum anos. Por el pasadizo que abren los
falsos dilem as circulan las corrient es aut orit arias que se ciernen sobre el proceso y las
prisiones, aunque no sólo sobre ellos.
13. En las sent encias de los casos Tibi e I nst it ut o de Reeducación del Menor “ Panchit o
López” , así com o ant eriorm ent e en las resoluciones de los casos Hilaire, Const ant ine y
Benj am ín ( sent encia del 21 de j unio del 2002) y Bulacio ( sent encia del 18 de sept iem bre de
2003) , al igual que en la Opinión Consult iva OC- 17/ 02, em it ida el 28 de agost o de 2002,
sobre sit uación j urídica y derechos del niño, la Cort e I nt eram ericana ha afirm ado la
condición específica de garant e que corresponde al Est ado con respect o a los derechos de
quienes se hallan som et idos a privación o rest ricción de libert ad en inst it uciones del poder
público y a cargo de agent es de ést e.
14. En el Derecho penal, el garant e del bien j urídico est á llam ado a responder del result ado
lesivo que no im pide, pudiendo y debiendo hacerlo, baj o la fórm ula de la com isión por
om isión. En la j urisprudencia de la Cort e se ha m anej ado el concept o de garant e con una
caract erización que guarda cercanía concept ual con la que acogen los ordenam ient os de
aquella m at eria: por una part e, la exist encia de una obligación que proviene de det erm inada
fuent e; por la ot ra, la presencia de un result ado lesivo t ípico, que se pone en la cuent a del
obligado.
15. Claro est á que el Est ado debe proveer ciert as condiciones de vida y desarrollo a t odas
las personas que se hallan baj o su j urisdicción. Hacerlo así - - part icularm ent e, aunque no
exclusivam ent e, en lo que corresponde a la seguridad y la j ust icia- - const it uye, inclusive,
una “ razón de ser” del Est ado, y por lo t ant o un punt o de referencia para ponderar la
j ust ificación y eficacia del poder público. Ahora bien, esa obligación y la responsabilidad
consecuent e se ext rem an, adquieren una int ensidad m ucho m ás acent uada, son aún m ás
exigibles, con t odo lo que ello supone, cuando el suj et o t it ular de derechos queda a m erced
del Est ado - - por ej em plo, en una “ inst it ución t ot al” , donde t odo se regula y supervisa- - y
no puede, por sí m ism o, ej ercit ar sus derechos e im pedir el asedio de quienes los vulneran.
16. En est as hipót esis se present a una sit uación de debilidad, desvalim ient o o
vulnerabilidad, a causa de procedim ient os inst it uidos por el Est ado que deposit an la suert e
del ciudadano en m anos de los agent es del poder público. “ En el present e caso - - señala
la sent encia de la Cort e I nt eram ericana- - est á dem ost rado que durant e los m eses de m arzo
y abril de 1996 el ( inculpado) fue obj et o, por part e de los guardias de la cárcel, de sesiones
de violencia física, con el fin de obt ener su aut oinculpación” . ¿Qué prot ección t iene el
recluso, en la oscuridad de la cárcel, una pequeña ciudad invisible, cont ra los cust odios que
subviert en su m isión?
17. Si en la hipót esis penal de la com isión por om isión la posición de garant e surge de la ley
o del cont rat o, en el de la det ención proviene de una sit uación de j ure y ot ra de fact o,
derivada de aquélla. Por una part e, la inm ensa rest ricción de libert ad que exist e en la
det ención procesal o en la prisión punit iva. Por la ot ra, la sit uación real que esa rest ricción
engendra. Desde luego, lo m ism o puede señalarse en lo que t oca a diversos supuest os en
que el Est ado asum e la responsabilidad, práct icam ent e t ot al, sobre el ej ercicio de los
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derechos individuales y la preservación de la dignidad hum ana: así, en los int ernados para
niños, adolescent es y j óvenes, las inst it uciones de seguridad pública que im plican el cont rol
ent ero de la act ividad del individuo, los cent ros de salud, especialm ent e los asignados al
cuidado de enferm os m ent ales, y ot ros sem ej ant es.
18. En m i Vot o concurrent e a la sent encia dict ada en el caso Hilaire, Const ant ine y
Benj am ín m e referí a la función de garant e del Est ado, que en la especie im plica: a) om it ir
t odo aquello que pudiera infligir al suj et o privaciones m ás allá de las est rict am ent e
necesarias para los efect os de la det ención o el cum plim ient o de la condena, por una part e,
y b) proveer t odo lo que result e pert inent e - - conform e a la ley aplicable- - para asegurar
los fines de la reclusión: seguridad y readapt ación social, regularm ent e, por la ot ra.
19. En sum a, hay que seguir insist iendo en la exist encia de esa posición especial de garant e
y en las consecuencias que ella ent raña para el Est ado y para la persona. Est o cubre la
conduct a de los agent es del Est ado - - que incurren en violaciones sist em át icas de los
derechos de los reclusos en el curso de la vida carcelaria- - , por acción o por om isión, com o
lo ponen de m anifiest o los casos Tibi y Panchit o López, a los que se debe agregar, t am bién
de recient e fecha, la explosiva sit uación en el reclusorio de Urso Branco, donde han
cont inuado las m uert es violent as de reclusos, no obst ant e las m edidas provisionales
acordadas por la Cort e I nt eram ericana.
20. La reit eración de las violaciones, a despecho de los proyect os y las prom esas, e incluso
de acciones que ofrecerán result ados a m ediano y largo plazo, m e llevó a señalar en m i
Vot o concurrent e a la resolución de m edidas adopt ada el 7 de j ulio de 2004, a propósit o de
las condiciones im perant es en el reclusorio de Urso Branco: “ Bien que haya reform a
penit enciaria, se expida una nueva legislación de la m at eria, se provea a la clasificación de
los int ernos, se m odernicen las inst it uciones penit enciarias, se haga un cuidadoso
reclut am ient o de los funcionarios encargados de la cust odia y ej ecución de penas, exist an
sust it ut ivos adecuados para la pena de prisión, se franquee la visit a a los presos en
condiciones dignas, haya servicio m édico que preserve la salud de los reclusos, se
est ablezcan cent ros escolares, t alleres y unidades de t rabaj o. Todo eso, y m ás t odavía, es
absolut am ent e indispensable, porque reflej a los est ándares act uales en m at eria de privación
de la libert ad, caut elar o penal, m edida severam ent e cuest ionada en la act ualidad.- - Pero
nada de eso, que es preciso realizar cuant o ant es, puede suplir la inm ediat a adopción de las
m edidas necesarias para evit ar que se present e una sola m uert e m ás en la Cárcel de Urso
Branco”
21. En el Derecho penal se conoce el concurso de delit os, que t rae consigo, generalm ent e,
agravación de la pena aplicable. Para est o se aprecia el conj unt o y se resuelve en
consecuencia. Algo sem ej ant e ocurre en el Derecho de los derechos hum anos. Rara vez se
present a aisladam ent e la lesión a un bien j urídico t ut elado por algún precept o convencional.
La j urisprudencia de la Cort e I nt eram ericana cont iene num erosos ej em plos de est o.
Regularm ent e las violaciones son m últ iples, a part ir de una sola conduct a ilícit a ( com o en el
caso de la desaparición forzada: violación de diversos derechos, com o lo señaló la Cort e
desde sus sent encias t em pranas: así, la sent encia de fondo en el caso Velásquez Rodríguez,
del 29 de j ulio de 1988) , o bien, en el curso de hechos o act os sucesivos, inm ediat os ent re
sí. Es perfect am ent e posible que a lo largo de un procedim ient o persecut orio de caráct er
penal, que puede desenvolverse aceleradam ent e, se plant een violaciones diversas: la
det ención arbit raria, la t ort ura, la severidad irracional de la prisión prevent iva, los
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quebrant os del debido proceso, las deficiencias de la sent encia. Cada una t iene, sin
em bargo, su propia ent idad.
22. Las cosas pudieron verse de ot ro m odo - - pero ent onces no exist ía la t ut ela de los
derechos hum anos que hoy conocem os- - cuando se prevenía pena capit al “ exacerbada” ,
est o es, cum plida con gran despliegue de m edios que ext rem aban el sufrim ient o del
condenado. Los ej em plos abundan: t al, el caso de Dam iens, cuya relación hace Foucault en
las prim eras páginas de Vigilar y cast igar. Así, la t ort ura form aba part e de la m uert e
punit iva, se hallaba int egrada en est e cast igo, que no suponía t orm ent o purgat orio, por una
part e, y m uert e fulm inant e, por la ot ra. Aún así, es posible dist inguir nat uralm ent e ent re el
sufrim ient o que se inflige y la m uert e que se causa: con aquello se vulnera - - decim os
hoy, en el lenguaj e del art ículo 5 de la Convención Am ericana- - el derecho a la int egridad
personal, y con la segunda se quebrant a el derecho a la vida que reconoce el art ículo 4.
23. Exist e, pues, una const elación de acont ecim ient os, apenas con solución de cont inuidad,
si acaso exist e, que el j uzgador debe observar, analizar y declarar. A part ir de ahí se
est ablecerá la responsabilidad del Est ado y las consecuencias que correspondan a las
violaciones com et idas. La condena subsecuent e t om ará en cuent a ese conj unt o, no apenas
cada una de sus piezas, sin que la separación concept ual niegue la est recha relación que
exist e ent re algunos bienes, los correspondient es derechos y los sucesos en que se lesiona
aquéllos y se vulnera ést os.
24. Los ant erior se observa en diversos ext rem os, y part icularm ent e en el análisis de los
art ículos 8 ( Derecho a garant ías j udiciales) y 25 ( Derecho a prot ección j udicial) . En am bos
casos se t rat a de t ut ela j udicial efect iva, disciplinada a condiciones est ablecidas en el curso
de la prolongada evolución de est a m at eria. Es probable que las deficiencias en el debido
proceso ( at aques al art ículo 8) se com bat an con recursos j udiciales ( inst rum ent o del art ículo
25) , en los que pueden aparecer, a su t urno, nuevas violaciones del debido proceso, ahora
en la sede del procedim ient o de prot ección inst it uido por est e últ im o precept o. Y t am bién es
posible, por supuest o, que ese m ism o inst rum ent o - - habeas corpus, am paro y ot ros
m andam ient os de sem ej ant e designio- - se invoque para preservar derechos cont enidos en
t odos o casi t odos los precept os de la Convención Am ericana.
25. Persist e, pues, la front era ent re bienes y derechos, en sus respect ivas hipót esis, que
pueden ser analizados separadam ent e. Así lo hace est a sent encia, por ej em plo, en la
m edida en que est udia la inobservancia del art ículo 25 desde la perspect iva de la violación
al art ículo 7.6, referent e al cont rol de legalidad de la det ención. No descart o la hipót esis,
m ás com plej a que la que ahora m enciono, de que exist a deslinde ent re el j uez de garant ías
- - o quien hace sus veces- - , que opera en el enj uiciam ient o penal m ism o, para asegurar la
observancia de la legalidad en m at eria de pruebas y m edidas precaut orias ( que es ot ra
form a de observar el m andam ient o del art ículo 7.6) , y el j uez de legalidad o
const it ucionalidad de los act os de aut oridad, const it uido com o t ribunal ext erno al
procedim ient o penal, a quien se recurre con apoyo en el art ículo 25 de la Convención y en
las num erosas disposiciones nacionales que regulan est a cuest ión.
26. En t orno a est e m ism o asunt o, t óm ese en cuent a que exist e la posibilidad de suspender,
en los t érm inos del art ículo 27.2 de la Convención, las garant ías j udiciales consignadas en el
art ículo 8, pero est a posibilidad no exist e en lo que respect a a las garant ías indispensables
para la t ut ela de los derechos sust ant ivos cuya suspensión se prohíbe, que son j ust am ent e
las aludidas en el art ículo 25, com o lo ha hecho not ar la Cort e I nt eram ericana en opiniones
consult ivas acerca del am paro y el habeas corpus y en asunt os cont enciosos en los que ha
aplicado est e crit erio. Al respect o, hay que considerar, especialm ent e, las Opiniones
Consult ivas OC- 8/ 87, acerca de “ El habeas corpus baj o suspensión de garant ías” , del 30 de
7
enero de 1987, y OC- 9/ 87, en t orno a las “ Garant ías j udiciales en est ados de em ergencia” ,
del 6 de oct ubre de 1987. Subsist e la necesidad, sin duda, de t om ar en cuent a las
exigencias del debido proceso legal a la hora de valorar la observancia del art ículo 25. Sería
inadm isible que la prot ección ofrecida por ést e quedase reducida o cancelada a t ravés de
procedim ient os que desconocieran derechos procesales indispensables ant e la j urisdicción
de habeas corpus o am paro.
VI . Debido proceso.
27. El debido proceso - - due process, de raíz anglosaj ona, que en algún país se t raduce
com o garant ías esenciales del procedim ient o- - , es una de las m ás form idables herram ient as
para la prot ección de los derechos. Adem ás const it uye, él m ism o, un derecho y una garant ía
para el j ust iciable. Perm it e o realiza la t ut ela j udicial efect iva. I m plica acceso a la j ust icia
form al, com o audiencia, prueba y argum ent o, y m at erial, com o cauce para la obt ención de
una sent encia j ust a. Es lim pieza y equilibrio en el em pleo de las arm as que se perm it en al
acusador y se deposit an, igualm ent e, en las m anos del inculpado, así com o obj et ividad,
serenidad y volunt ad de dar a cada quien lo suyo por part e del t ribunal; en sum a, fair t rial.
Todas est as nociones, cada una con su propia caract erización y su em plazam ient o en los
órdenes j urídicos nacionales, t ienen un denom inador com ún en su origen, desarrollo y
obj et ivo, y pueden congregarse en el concept o de debido proceso.
28. Habíam os ganado un am plísim o t erreno en la procuración del debido proceso. La Cort e
se ha referido a ést e - - así, en la Opinión Consult iva OC- 16/ 99, acerca de “ El derecho a la
inform ación sobre la asist encia consular” , del 1 de oct ubre de 1999, a la que agregué un
Vot o part icular en el que analizo est e punt o- - com o un sist em a de garant ía con poder
expansivo. La est át ica del debido proceso, guarecido en ciert os act os, derechos y garant ías
inderogables, se ha reforzado con la dinám ica m oderna de ese concept o: un progreso
const ant e que ha t raído consigo, al paso de la consolidación de la dem ocracia y el Est ado de
Derecho, nuevos derechos y garant ías em ergent es, que concurren a form ar la idea y la
práct ica m ás avanzadas del debido proceso.
30. Habíam os ganado ese t erreno, dij e, aunque ahora es preciso observar, de nueva
cuent a, que ningún progreso es definit ivo - - la lucha por el derecho, en m ás de un sent ido,
es la única divisa posible en est e cam po- - y que se ha iniciado una erosión inquiet ant e de
los derechos hum anos en el ám bit o del proceso. La persist encia de ant iguas form as de
crim inalidad, la aparición de nuevas expresiones de la delincuencia, el asedio del crim en
organizado, la ext raordinaria virulencia de ciert os delit os de sum a gravedad - - así, el
t errorism o y el narcot ráfico- - , han det erm inado una suert e de “ exasperación o
desesperación” que es m ala consej era: sugiere abandonar los progresos y ret ornar a
sist em as o m edidas que ya m ost raron sus enorm es deficiencias ét icas y práct icas. En una
de sus versiones ext rem as, est e abandono ha generado fenóm enos com o la
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“ guant anam ización” del proceso penal, últ im am ent e cuest ionada por la j urisprudencia de la
propia Suprem a Cort e de Just icia de los Est ados Unidos.
31. Con alguna frecuencia se da cabida a práct icas y, peor aún, a norm as derogat orias de
derechos y garant ías en el m arco de la lucha cont ra delit os m uy graves que parecen
“ j ust ificar” est e género de ret rocesos. Las consecuencias de est o, que desde luego no ha
logrado - - dicho sea de paso- - ni prevenir, ni im pedir ni reducir esos delit os, est án a la
vist a en un ext enso ám bit o de la experiencia procesal cont em poránea. No sólo se
incorporan disposiciones que const ruyen, al lado del régim en procesal ordinario, provist o de
garant ías, un régim en procesal especial o excepcional, desprovist o de ellas, sino t am bién
aparece y arraiga, com o es obvio, una práct ica devast adora que echa m ano de t odo género
de argum ent os para “ legit im ar” las m ás severas violaciones. Est as, a m enudo, quedan en la
penum bra; en ocasiones em ergen ant e los oj os de la opinión pública y de los t ribunales,
com o ha sucedido en el caso a cuya sent encia agrego est e Vot o.
VI I . Presunción de inocencia
33. Est e principio se localiza a la cabeza de las disposiciones sobre procesados, en las
Reglas Mínim as para el Trat am ient o de los Reclusos, de 1955: “ El acusado gozará de una
presunción de inocencia y deberá ser t rat ado en consecuencia” ( regla 84.2) . Y el Principio
36 del conj unt o dest inado a la prot ección de t odas las personas som et idas a cualquier form a
de det ención o prisión, de 1988, resuelve: “ Se presum irá la inocencia de t oda persona
sospechosa o acusada de un delit o y se la t rat ará com o t al m ient ras no haya sido probada
su culpabilidad conform e a derecho en un j uicio público en el que haya gozado de t odas las
garant ías necesarias para su defensa” .
34. No pierdo de vist a, por supuest o, los escollos que se oponen a la vigencia plena de est a
presunción o de est e principio. Lo son, incuest ionablem ent e, las m uy cuest ionadas m edidas
precaut orias en el proceso penal, a la cabeza de ellas la siem pre com bat ida prisión
prevent iva. Y lo es el hecho m ism o de que el enj uiciam ient o se const ruye a part ir de una
idea de signo cont rario: el indicio racional de crim inalidad, la probable responsabilidad
penal, la presencia de dat os que perm it en sust ent ar la part icipación de ciert a persona en
det erm inado delit o, y así sucesivam ent e.
35. Con t odo, esa presunción o ese principio represent an una referencia de valor suprem o
para inform ar la const rucción del proceso, resolver las dudas que se plant ean en el curso de
ést e, rescat ar las garant ías y reducir las inj erencias desm edidas. El caráct er y la
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desem bocadura de los act os procesales y del proceso en su conj unt o son m uy diferent es
cuando se t rat a al enj uiciado “ com o si fuera culpable” , que es un rasgo del sist em a
inquisit ivo, y cuando se le t rat a “ com o si fuera inocent e” , que lo es del acusat orio. En fin de
cuent as, lo que pret ende la presunción o el principio de inocencia es excluir el prej uicio - -
j uicio ant icipado, general y condenat orio, que se dirige en cont ra del inculpado, sin
m iram ient o sobre la prueba de los hechos y de la responsabilidad- - y ahuyent ar la sanción
adelant ada que se funda en vagas apariencias.
36. En el caso al que se refiere est e Vot o queda a la vist a, una vez m ás, la gran falla en el
inicio del procedim ient o, o al m enos la que con m ás frecuencia y cont undencia vict im a al
inculpado - - el “ presunt o inocent e” - - y gravit a sobre los rest ant es dat os de la persecución
que realiza el Est ado: la det ención arbit raria. No será fácil, a est as alt uras, hallar norm as
que olviden predicar la legalidad de est a m edida t an relevant e, delicada y devast adora. Se
ha querido rodearla de condiciones: que la det ención se sust ent e en la ley, que provenga de
aut oridad com pet ent e, que sea j udicial la aut oridad ordenadora, que const e por escrit o, que
se exhiba al det enido. Est e cat álogo de buenos propósit os, debidam ent e recogidos por las
leyes fundam ent ales, ent ra en colisión con la práct ica frecuent e. Un m al día dos agent es
det ienen a una persona que circula en su vehículo por la calle de una ciudad. Le dicen que
se le necesit a para un “ cont rol m igrat orio” . Lo t rasladan, sin hacerle saber sus derechos ni
los cargos que exist en en su cont ra, a un reclusorio dist ant e seiscient os kilóm et ros del lugar
de su det ención. Ahí perm anecerá veint iocho m eses. Al cabo, se sobreseerá su j uicio,
aunque sólo provisionalm ent e.
37. Tam bién sobre ese problem a alecciona la j urisprudencia de la Cort e I nt eram ericana. La
m ayoría, si no la t ot alidad de los casos de ej ecución ext raj udicial, t ort ura, desaparición
forzada, proceso irregular, et cét era, et cét era, se ven precedidos por una det ención en la
que no se observaron, ni rem ot am ent e, las condiciones que la legit im an y que perm it en
dist inguir ent re la acción del Est ado que se am para en la Const it ución polít ica, y el secuest ro
de un ciudadano, perpet rado por agent es “ de la ley” que im ponen su volunt ad personal a la
volunt ad general recogida en la norm a.
38. Lej os de ser insólit os, parecen const it uir m ayoría - - o por lo m enos son m uy num erosos
y evident es- - los casos en que aparece la det ención arbit raria. A part ir de ahí el proceso
puede convert irse en un laberint o colm ado de t ram pas, que ciert am ent e no corresponde a
la idea del enj uiciam ient o - - una idea “ ét ica” , adem ás de j urídica- - que corre asociada al
Est ado de Derecho, y que const it uye, de hecho, una de sus m anifest aciones m ás elocuent es
o una de sus negaciones m ás reveladoras. La descripción de lo que sucede en ese laberint o
persecut orio - - com o se observa en el caso resuelt o por est a sent encia de la Cort e
I nt eram ericana- - evoca con absolut a nat uralidad las vicisit udes del inculpado José K , a
quien Kafka pone a vagar por los vericuet os del proceso, sin saber de qué se t rat a y a
dónde le llevan.
39. El desvalim ient o en el proceso m ism o - - que es preciso arbolar t odos los días, con
paciencia y const ancia infinit as- - se m uest ra en el asedio sobre algunos de los derechos y
garant ías que conform an la versión dem ocrát ica, civilizada, evolucionada del enj uiciam ient o.
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Uno de ellos es el derecho a la inform ación acerca de los cargos que se lanzan sobre el
j ust iciable, y en los que se sust ent a la acción del Est ado, inform ación que va de la m ano del
derecho a la defensa oport una y al silencio del im put ado. No se com prende cóm o, a est as
alt uras, en m edio del cúm ulo de disposiciones const it ucionales, legales y convencionales
que acredit an esos derechos, de la j urisprudencia que los reivindica, del discurso polít ico
que los proclam a, t odavía persist e su exclusión sist em át ica.
40. Lo que debiera ser se halla en el art ículo 8.2.b de la Convención Am ericana: derecho a
la “ com unicación previa y det allada de la acusación form ulada” . Y punt ualm ent e, asim ism o,
en el principio 10 del m ism o conj unt o que ant es m encioné: “ t oda persona arrest ada será
inform ada en el m om ent o de su arrest o de la razón por la que se procede a él y not ificada
sin dem ora de la acusación form ulada cont ra ella” . Sin em brago, el t recho que separa la
norm a de los hechos sigue apareciendo con inquiet ant e regularidad en los casos que se
som et en a la j urisdicción de la Cort e I nt eram ericana.
41. Por lo que hace al m om ent o en el que deben act ualizarse las garant ías de inform ación
sobre los cargos y derecho a la defensa, la sent encia em it ida por la Cort e I nt eram ericana
en el caso Tibi vuelve a ser explícit a: en el m om ent o de la det ención y ant es de que el
inculpado rinda su prim era declaración ant e la aut oridad. No puede ser de ot ra m anera. Ya
lo vio así la esclarecedora j urisprudencia nort eam ericana a part ir de la fórm ula Miranda, t an
defendida com o com bat ida, y así lo ha considerado la Cort eI DH, en un t em a específico, al
em it ir la Opinión Consult iva OC- 16/ 99. Aquélla, con ant ecedent es relevant es, proclam a:
“ The person in cust ody m ust , prior t o int errogat ion, be clearly inform ed t hat he has t he
right t o rem ain silent , and t hat anyt hing he says will be used against him in court ; he m ust
be clearly inform ed t hat he has t he right t o consult wit h a lawyer and t o have t he lawyer
wit h him during int errogat ion” . En est os m ism os t érm inos ent endió la OC- 16/ 99 el derecho
del det enido ext ranj ero a recibir inform ación sobre el derecho que le asist e para procurar y
recibir asist encia consular del Est ado de su nacionalidad, conform e a la Convención de Viena
sobre Relaciones Consulares.
42. No puede acept arse ot ra cosa, si se quiere que los derechos sirvan al fin para el que se
les prom ulga y rindan el efect o que se les asigna, que por supuest o no es la im punidad, sino
la j ust icia. Cuando se dice “ ant es de la declaración” , se quiere expresar: ant es de cualquier
declaración ant e cualquier aut oridad - - no sólo el Minist erio Público, no únicam ent e el
t ribunal- - de la que pueda depender la suert e del enj uiciam ient o y, por t ant o, del
enj uiciado y, en últ im o análisis, de la j ust icia, que se pone a prueba en cada caso concret o.
Es perfect am ent e sabido que esa prim era declaración suele sellar, aunque se diga y
pret enda ot ra cosa, el rum bo del proceso y det erm inar sus result ados.
43. El Poder Judicial se ha concebido, en esencia, para asegurar el im perio del derecho en
las relaciones sociales: las que surgen ent re part iculares y las que se desenvuelven ent re el
poder polít ico y los ciudadanos. Es el “ poder garant izador” por excelencia. De ahí que se
exij an t ant as calidades, e incluso virt udes, a quien ej erce la función j udicial - - por encim a
de las que se suelen requerir de los deposit arios de ot ras pot est ades, ent re ellas las
represent at ivas- - , y de ahí que se prom et a a los part iculares el acceso a la j ust icia por
m edio de t ribunales independient es, im parciales y com pet ent es. La inm ediación j udicial es
prenda de est a prom esa. El j uez inst ruct or, el j uez de garant ías, el j uez de conocim ient o
t ienen, en sust ancia, esa función. Así lo espera el j ust iciable, pendient e de que las m anos de
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la policía o del acusador oficial no sean las únicas que conduzcan su suert e a part ir del
m om ent o en que surge la cont roversia penal.
44. Sin em bargo, m uchas circunst ancias m ilit an en cont ra del cum plim ient o de esa prom esa
inherent e al Est ado de Derecho y a la seguridad j urídica de los ciudadanos, que creen est ar
al am paro de ést e. Hay que not ar el cuidado con que los t ext os const it ucionales e
int ernacionales est ipulan que el det enido - - cuya capt ura debiera fundarse en una orden
j udicial, cuando no hay flagrancia- - debe ser present ado cuant o ant es al j uzgador, y no a
ot ro agent e de la aut oridad, para que aquél verifique, con t oda la aut oridad j urídica y ét ica
que le brinda su m agist erio de la ley, si se han cum plido las condiciones que legit im an su
det ención, si ést a debe prolongarse, si se j ust ifica dar los siguient es pasos en el duro
cam ino del proceso.
Cualquier om isión en esa com parecencia im pide el acceso a la j ust icia, desvale al j ust iciable,
alt era el proyect o j urídico del Est ado de Derecho, conviert e la legalidad en arbit rariedad. En
m uchos casos - - y desde luego en el que m ot iva la sent encia a la que agrego m i Vot o
part icular- - no ha sido así: el inculpado no conoce a su j uez, sino hast a bien ent rado el
proceso; la inm ediación no exist e; la individualización se enrarece; la publicidad se ausent a.
¿Es j ust ificable que el prim er j uez que el ciudadano conoce sea el m agist rado de una cort e
int ernacional, cuando no es ést a, sino la j ust icia int erna, el prim er frent e - - el frent e
indispensable, decisivo, fundam ent al: hay que subrayarlo- - en la t ut ela de los derechos
subj et ivos?
XI . Am paro
45. El art ículo 25 de la Convención Am ericana inst it uye una garant ía preciosa, que es, en
rigor, la “ garant ía de las garant ías” , el “ derecho que sirve a t odos los derechos” . Est a
garant ía, est e derecho, es la culm inación de un sist em a t ut elar que finalm ent e deposit a sus
expect at ivas en ciert o m edio de defensa al que t odos pueden acudir y que a t odos puede
sat isfacer. Dice ese precept o que “ ( t ) oda persona t iene derecho a un recurso sencillo y
rápido o a cualquier ot ro recurso efect ivo ant e los j ueces y t ribunales com pet ent es, que la
am pare cont ra act os que violen sus derechos fundam ent ales ( …) .” Tam bién en relación con
est e punt o y a propósit o de la sent encia en el present e caso, pero igualm ent e en un núm ero
elevado de casos - - en realidad, t odos los que llegan al conocim ient o de la Cort e
I nt eram ericana- - , es preciso pregunt arse por la “ efect ividad del recurso efect ivo” , por la
sencillez y la rapidez que lo caract erizan en los t érm inos est rict os y suficient es de la
Convención, que no va m ucho m ás lej os del punt o al que llegan m uchas const it uciones
nacionales.
46. El recurso provist o ¿es, de veras, “ efect ivo” , en el sent ido de que perm it a la defensa
real de los derechos fundam ent ales, en t odo t iem po y circunst ancia? ¿Es, de veras,
“ sencillo” , porque pueda ser conocido, ent endido, em pleado por cualquier ciudadano - -
pues se inst it uye para prot eger a cualquier ciudadano- - que necesit a esa prot ección? ¿Es,
de veras, “ rápido” , en el sent ido de que asegure en brevísim o t iem po, no sólo al cabo de los
m eses o los años, la preservación de un derecho cuya t ut ela no adm it e dem ora, so pena de
causar al t it ular daños severos e irreparables? ¿Se ha const ruido un sist em a de recursos
eficaz, rem ont ando com plej idades innecesarias, t ecnicism os inút iles, obst áculos
im procedent es? No lo acredit a así el panoram a que la Cort e suele t ener a la vist a, com o se
deduce de las frecuent es declaraciones sobre violación del art ículo 25. La observancia de
ést e sust raería a la j ust icia int ernacional la gran m ayoría de los asunt os que llegan a su
conocim ient o.
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XI I . La defensa
47. La defensa del inculpado sigue en predicam ent o. No hay, que yo sepa, ordenam ient o
nacional que no est ipule el derecho de aquél a la defensa frent e a los cargos que se le
im put an, así com o el derecho de cont ar con defensor que lo asist a en el difícil t rance del
enj uiciam ient o, cuando est án en j uego sus bienes m ás apreciados. Est e es, inclusive, un
personaj e que concurre a int egrar, com o se ha dicho, la personalidad procesal del
inculpado. Pero son abundant es los casos expuest os ant e la Cort e ( y hay ot ros, m illares,
que aguardan t urno: no de llegar al t ribunal int eram ericano, sino de verse beneficiados, a
t ravés de los ordenam ient os y las j urisdicciones nacionales, por los progresos que acogen
los inst rum ent os int ernacionales) en los que esa defensa no ha exist ido en absolut o, o ha
sido nom inal: dist ant e y aj ena al inculpado, inact iva, indiferent e, o ha carecido de
oport unidad verdadera y facilidades genuinas para cum plir la m isión que se reconoce, pero
no se favorece.
48. La reform a del proceso, que se sust ent e en los requerim ient os de las Const it uciones
nacionales y de los inst rum ent os int ernacionales y provea el pleno acceso a la j ust icia, debe
m ont ar un sist em a de defensa verdadera y eficient e que bat alle por los derechos del
inculpado, con la m ism a const ancia y consist encia con que recom ienda I hering la lucha por
el derecho. ¿De qué sirve, si no, est e auxiliar del inculpado, que t am bién lo es, en el m ej or
sent ido, de la j ust icia? Est o inst a a em prender la m archa hacia nuevos m edios de garant izar
el acceso a la j ust icia. Difícilm ent e podría bast ar la t radicional defensoría de oficio, que
suele enfrent ar una enorm e carga de asunt os y cuyos funcionarios no siem pre t ienen - - o
rara vez t ienen- - las condiciones de t rabaj o que les perm it an at ender con eficacia su
encom ienda. En diversos casos plant eados a la Cort e I nt eram ericana han quedado de
m anifiest o los problem as que enfrent a la defensa pública.
49. Tener defensor nom brado no es cont ar, ya, con defensa en el enj uiciam ient o. Est o se ha
observado, con gran frecuencia, en los procesos ant e est a Cort e. Si no se t rat a, pues, de
cualquier defensa - - nom inal- - , sino de una verdadera defensa - - com o verdadera debiera
ser la sat isfacción de cualquier derecho hum ano- - , es preciso convenir sus rasgos
caract eríst icos, que dem andarían independencia, suficiencia, com pet encia, grat uidad,
plenit ud y oport unidad, y proveer los m edios para que la haya. De lo cont rario, la t ut ela de
los derechos hum anos del procesado t ropezará una y ot ra vez con las deficiencias de la
defensa, que se t raducen, en fin de cuent as, en violación del derecho m al disim uladas por
un ej ercicio aparent e, que no resist e el m enor análisis.
XI I I . Prueba suficient e
50. Ot ro punt o que se halla a la vist a en la sent encia a la que agrego est e Vot o es lo que
pudiéram os llam ar “ prueba suficient e” . No confundo la suficiencia probat oria para una orden
de capt ura y para una sent encia definit iva, respect ivam ent e. Es obvio que hay diferencia.
Sin em bargo, t odos los act os que suponen ej ercicio del poder del Est ado y rest ricción
procesal y/ o penal de la libert ad deben sust ent arse en una “ prueba suficient e” . Ni se puede
act uar sin prueba alguna, ni se debe hacerlo con prueba deleznable. La ley procesal debe
poner el acent o en est e ext rem o, considerando que, en puridad, el proceso const it uye un
cauce probat orio y sus result ados dependen de la colección, adm isión y valoración de
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51. Alguna vez la confesión - - cuyo crédit o excesivo propicia la t ort ura: ya se m ira en el
present e caso- - fue vist a com o “ reina de las pruebas” . Ya no es así, por fort una. Pero ahora
algunos ordenam ient os - - o algunas práct icas invest igadoras y procesales- - han llenado ese
nicho con la devoción hacia la declaración del cóm plice, del com pañero en el cam ino del
delit o, del delat or que pret ende exonerarse de responsabilidad o exim irse de pena arroj ando
aquélla u orient ando ést a sobre un t ercero, que puede ser culpable o inocent e. Debiera
ext enderse la convicción, convert ida en norm a, de que es insuficient e el t est im onio del
codelincuent e, por sí m ism o.
52. El art ículo 108 del Código de Procedim ient o Penal vigent e en el Est ado cuando
ocurrieron los hechos, señala que “ en ningún caso el j uez adm it irá com o t est igos a los
coacusados” . La norm a pudiera result ar ext rem osa, pero pone de m anifiest o una
preocupación plausible. En el caso suj et o a exam en, la declaración - - aparent em ent e
forzada- - de un hipot ét ico copart ícipe en el delit o, que adem ás result ó ser t est igo singular y
único m edio de “ convicción” , sin apoyo alguno en ot ros inst rum ent os de prueba, det erm inó
el procesam ient o y la reclusión prolongada del im put ado, cont ra la lógica e incluso cont ra la
norm a vigent e al m om ent o de los hechos som et idos a la Cort e I nt eram ericana.
Procesam ient o y reclusión infundados, com o se vería al cabo de los años.
XI V. Plazo razonable
53. El t em a del plazo razonable surge t am bién en est e caso, com o se ha m anifest ado en
m uchos ot ros. Const it uye, por ciert o, una de las cuest iones m ás frecuent em ent e
exam inadas por la j urisprudencia int ernacional de los derechos hum anos. En ella se aborda
el espinoso problem a de la duración de la prisión prevent iva, am én de la duración m ism a
del proceso en su conj unt o. Just icia ret ardada, dice el sabido aforism o, es j ust icia
denegada. Y m ás t odavía cuando quien aguarda esa j ust icia, que avanza con ret icencia y
llega m uy t arde, se halla privado de su libert ad; peor t odavía si la privación es arbit raria.
54. La Cort e I nt eram ericana, recogiendo la doct rina de la Cort e Europea, ha insist ido en los
elem ent os a considerar para est ablecer, en un caso concret o, que hubo dem ora inacept able,
est o es, que no se observó la regla del plazo razonable: com plej idad del asunt o, act ividad
procesal del int eresado y conduct a del t ribunal ( o bien, de quien conduce el procedim ient o,
porque est e punt o puede exam inarse m ás allá del enj uiciam ient o penal: siem pre que se
desarrolle un proceso para resolver sobre derechos negados, pret endidos o dudosos) .
55. En el present e caso se ha est udiado el dies a quo y el dies ad quem del enj uiciam ient o
para los fines del plazo razonable. Se suele decir que el procedim ient o com ienza cuando se
form ula la acusación y concluye cuando exist e sent encia definit iva, y que el t iem po que
m edia ent re am bos m om ent os, con sus act os caract eríst icos, se halla suj et o a m edición baj o
el concept o del plazo razonable. En principio, est a precisión puede ser orient adora e
inclusive suficient e. Sin em bargo, es preciso exam inar, para llegar a conclusiones que
verdaderam ent e respondan a la preocupación que se halla en la base del plazo razonable,
las caract eríst icas de cada enj uiciam ient o nacional. El panoram a no es hom ogéneo. Por ello,
sugiere soluciones dist int as, t odas at ent as a resolver la necesidad de que el t iem po de
sum isión del individuo a un procedim ient o penal - - que es t iem po de reducción, com presión,
suspensión de derechos, aunque se alegue, con t ecnicism os, ot ra cosa- - sea de veras el
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m enor posible, precisam ent e para que no dom ine la incert idum bre ni se afect en, un punt o
m ás allá de lo est rict am ent e indispensable, los derechos del suj et o.
56. Decir que el plazo razonable corre a part ir de que se det iene al inculpado no conduce a
una solución sat isfact oria para t odos los casos. En realidad, es posible que ant es de ese
m om ent o se haya desenvuelt o un procedim ient o indagat orio, e incluso j udicial, de larga
duración. Durant e ést e, hubo ya presión sobre el suj et o y opresión de sus derechos. La
legalidad que am pare est a conduct a del Est ado no legit im a por sí m ism a - - valga la
expresión- - el exceso que pudiera result ar de una dem ora ext rem a en resolver lo que
corresponda a esa et apa inicial del enj uiciam ient o. De ahí la bondad de algunas
legislaciones que han est at uido ciert o plazo - - que puede ser m ás o m enos am plio- - para
agot ar una invest igación y resolver si se recurre al j uez, cuando la inst rucción ha corrido en
m anos del Minist erio Público, o al t ribunal de conocim ient o, cuando aquélla est uvo en las del
j uez inst ruct or.
57. Tam bién es posible que el proceso se desarrolle sin que el inculpado quede suj et o a
prisión prevent iva, sea porque ést e reciba el beneficio de la libert ad provisional, sea porque
la ley excluya de ent rada, en su caso, la aplicación de la m edida caut elar rest rict iva de la
libert ad. Pero ni siquiera en est as hipót esis es adm isible una duración desm esurada del
enj uiciam ient o, aunque no exist a, m ient ras ést e culm ina, el agobio de la prisión prevent iva
sobre los hom bros de ese “ presunt o inocent e” que es el enj uiciado.
58. I gualm ent e hay que poner at ención en los supuest os - - com o se m ira en el present e
caso- - en que el proceso queda en una especie de “ lim bo” a plazo fij o, no se diga en
aquellos ot ros en que el enj uiciam ient o se suspende - - sea en la et apa de inst rucción, sea
en la de j uicio- - por t iem po indefinido, que sólo concluye cuando opera la prescripción, que
es posible int errum pir, sin em bargo, m ediant e act os que sólo pret enden est e result ado. No
siem pre se t rat a de la ant igua absolución de la inst ancia, generalm ent e reprobada, sino de
una especie de “ nueva oport unidad” de invest igación que t iene el efect o de una espada de
Dam ocles sobre el j ust iciable.
59. La figura del sobreseim ient o t em poral o provisional, de suyo discut ible, debiera preverse
y ut ilizarse con gran m esura, y yo agregaría que t am bién con gran reserva o ret icencia.
Est e parént esis de indefinición j urídica sirve m al a la j ust icia. El Est ado debe llevar adelant e,
con rigor y escrúpulo, la invest igación que perm it e la apert ura de un proceso, y no confiar
en que habrá siem pre una “ segunda oport unidad” para reparar los errores, vacíos o
deficiencias de la invest igación inicial, y que m ient ras esa oport unidad llega y se aprovecha
- - si es que acude y en efect o se ut iliza- - la seguridad queda en suspenso y ent ra en
vacaciones la j ust icia.
60. I gualm ent e hay que revisar el dies ad quem . Decim os que la m edición del plazo
razonable llega hast a la sent encia definit iva. Bien, pero sólo en principio. Es preciso t om ar
en cuent a, en la m ét rica de ese plazo, la segunda inst ancia, cuando la haya, que suele
consum ir algunos m eses, y en ocasiones algunos años. ¿No sería m ej or opt ar, en
consecuencia, por la sent encia firm e, que es la definit iva que ya no puede ser im pugnada
m ediant e recursos ordinarios? Por supuest o, est as m ediciones deben pract icarse a la luz
del caso concret o y con at ención a los elem ent os que la j urisprudencia europea ha perfilado
y la int eram ericana ha adopt ado, que ant eriorm ent e m encioné: com plej idad del asunt o,
est rat egia del int eresado, com port am ient o del t ribunal.
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61. Cada vez que la Cort e I nt eram ericana exam ina asunt os com o el correspondient e al caso
Tibi, surge el problem a de la prisión prevent iva. Desde luego, puede suscit arse a propósit o
del plazo razonable, que en t ales supuest os debiera ser part icularm ent e est rict o y est recho,
pero t am bién en t orno a la j ust ificación m ism a de est a privación caut elar de la libert ad.
Beccaria la consideró com o pena que se ant icipa a la sent encia, expresión que denuncia la
ext raña nat uraleza de la prevent iva y su discut ible j ust ificación. Si ést a se funda solam ent e
en m ot ivos práct icos ( que arraigan en la im pot encia de la j ust icia para encont rar un
sucedáneo que al m ism o t iem po asegure la m archa del proceso y la seguridad de los
part icipant es en ést e, y ponga de nuevo a flot e la presunción de inocencia) , es obvia la
necesidad de cont raerla y cont enerla: que sea, de veras, excepción y no regla.
62. Pese al consenso doct rinal y a la orat oria polít ica sobre la indispensable reducción de la
prisión prevent iva - - que const it uiría ot ra m anifest ación del caráct er “ m ínim o” del sist em a
penal en una sociedad dem ocrát ica, ya no sólo en orden a los t ipos y las penas, sino
t am bién a los inst rum ent os del proceso- - , la realidad ha inst alado ot ra cosa. En nuest ros
países se prodiga la prisión prevent iva, asociada a sist em as de enj uiciam ient o que propician
la lent it ud del proceso. Es m uy elevado el núm ero de los presos sin condena, com o lo ha
puest o de relieve el I nst it ut o Lat inoam ericano de Naciones Unidas para la Prevención del
Delit o y Trat am ient o del Delincuent e ( I LANUD) , con sede en San José, Cost a Rica, al igual
que la Cort e I nt eram ericana. Una buena part e del esfuerzo por llevar adelant e la reform a
del enj uiciam ient o penal - - no, por ciert o, una “ reform a de pizarrón” , que funciona en el
salón de clases y en el sem inario, pero no en la realidad indócil - - debiera t ener com o
obj et ivo la dism inución drást ica de est e ej ércit o de inculpados - - es decir, “ presunt os
inocent es” - - que pueblan las cárceles en núm ero m ayor, a m enudo, que el de sus
com pañeros de caut iverio ya sent enciados.
64. No obst ant e la copiosa lit erat ura form ada en t orno a la privación oficial de la libert ad,
quedan a la vist a, con t odos sus problem as evident es, las cuest iones m ás inquiet ant es que
han persist ido a lo largo de la hist oria, una larga hist oria, de est e m edio de caut ela y
punición. Lit erat ura que no sólo com prende los relat os de los presos y los t est igos del
caut iverio, las inquisiciones de los crim inólogos y penit enciarist as, las int erpret aciones de
los crít icos, sino t am bién, y con part icular exuberancia, las int enciones explícit as en
proyect os y program as de gobierno, así com o en norm as copiosas y m inuciosas: desde
leyes const it ucionales hast a circulares, bandos y reglam ent os que anuncian una de las
em presas m ayorm ent e pregonadas y m enos cum plidas: la reform a penit enciaria. Una
reform a que vaya m ás allá de las declaraciones y las disposiciones y se int erne, com o debe
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y se espera de ella, en los pasadizos de las cárceles, en las cruj ías, en las celdas y los
calabozos que siguen poblando y caract erizando, pese a t odo, la geografía de las prisiones.
65. A part ir de los congresos penales y penit enciarios del siglo XI X y de los afanes del siglo
XX, ent re ellos los pat rocinados por la Organización de las Naciones Unidas, se han
m ult iplicado las recom endaciones, declaraciones, norm as, principios y program as
dest inados a m ej orar el sist em a de reclusión prevent iva o penit enciaria, para m enores de
edad o para adult os. El Prim er Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delit o
y Trat am ient o del Delincuent e ( Ginebra, 1955) expidió hace m edio siglo un conj unt o de
reglas - - que supra m encioné- - que han sido m uy orient adoras. En ellas se reunían las
dos corrient es en boga, una hum anit aria, que proviene del Derecho clásico - - el espacio de
los reform adores- - ; la ot ra t erapéut ica o finalist a, que t uvo su origen en las m ej ores ideas
sobre defensa social, sin deslizarse en el “ peligroso peligrosism o” . Después acudieron ot ros
docum ent os que consolidan, en la let ra, los “ est ándares” del t rat o y t rat am ient o del recluso:
por ej em plo, el m encionado Conj unt o de principios para la prot ección de t odas las personas
som et idas a cualquier form a de det ención o prisión, de Naciones Unidas, del 9 de diciem bre
de 1988, y los Principios básicos para el t rat am ient o de los reclusos, de Naciones Unidas,
del 14 de diciem bre de 1990. Si esos son los est ándares, que nadie repudia - - dej ando a
salvo, por supuest o, las im pugnaciones front ales cont ra el Derecho penal y la prisión
m ism a- - , ¿cuál ha sido su recepción en la realidad de las prisiones?
66. La prisión es, finalm ent e - - m enos que la pena capit al, pero eso depende de las
circunst ancias en que cada una opera, específicam ent e, en el doble plano de la previsión y
la ej ecución- - , un hecho de fuerza ext rem a del Est ado sobre un ciudadano, que se legit im a
en función de ciert as condiciones que la hacen inevit able - - m ej or que deseable o plausible-
- y que const it uyen, al m ism o t iem po, sus front eras est rict as. De ahí que las m edidas
precaut orias o penales que im plican privación de libert ad deban at enerse, con gran rigor, a
las exigencias de la legalidad, la necesidad y la proporcionalidad. Est o debe regir a t odo lo
largo de la función persecut oria del Est ado: desde la conm inación penal ( Derecho
sust ant ivo, previsión de punibilidades) y la concreción procesal ( Derecho adj et ivo,
disposición de m edidas precaut orias) hast a la ej ecución de las sanciones ( Derecho
ej ecut ivo, individualización final de las consecuencias j urídicas ordenadas en la sent encia de
condena o en la porción condenat oria de una sent encia que abarca declaración y condena) .
67. Es inacept able una privación de libert ad que no se halle dispuest a precisam ent e en la
ley - - ent endida ést a com o lo ha hecho la Cort e en la Opinión Consult iva OC- 6/ 86, relat iva a
“ La expresión ‘leyes’ en el art ículo 30 de la Convención Am ericana sobre Derechos
Hum anos, de 9 de m ayo de 1986- - , que no sea verdaderam ent e necesaria y que result e
desproporcionada con respect o al hecho ilícit o: sanción capit al o reclusión perpet ua por
delit os de bagat ela, exceso am pliam ent e docum ent ado en la experiencia hist órica y no
desconocido en la experiencia act ual. Esa m oderación radical de la violencia que ej erce el
Est ado se proyect a sobre las condiciones de cum plim ient o de las precauciones procesales y
de la ej ecución de penas. La Cort e lo ha sost enido en diversas oport unidades.
68. Est a m oderación - - en rigor, racionalidad- - en el em pleo de la fuerza que ent rañan las
m edidas sobre la libert ad del suj et o abarca m edidas provisionales, com o las previst as en la
resolución del 13 de sept iem bre de 1996, en el caso Loayza Tam ayo. La descripción que
ent onces se hizo sigue m ost rando las condiciones en que se hallan los det enidos en m uchas
prisiones. En la especie, la inculpada - - señaló dicha resolución- - “ se encuent ra som et ida a
un régim en de vida inhum ana y degradant e, derivada de su incom unicación y de
encont rarse encerrada durant e 23 horas y m edia del día, en una celda húm eda y fría, de 2
m et ros por 3 m et ros aproxim adam ent e, sin vent ilación direct a, donde hay t arim as de
cem ent o, una let rina y un lavat orio de m anos ( …) La celda no t iene ilum inación direct a; la
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luz llega en form a t enue e indirect a por los t ubos fluorescent es de los pasillos. No le est á
perm it ido cont ar con radio, ni con diarios ni revist as. Sólo est á aut orizada a t om ar sol
durant e 20 o 30 m inut os cada día” .
69. Desde luego, la m oderación alcanza t odo el curso de la reclusión, e incluso los act os que
pudieran t ener com o obj et ivo la prevención o sanción de conduct as ilícit as o la reducción de
la resist encia a la aut oridad. En est e últ im o orden de cosas, son m uy significat ivas las
sent encias de la Cort e en los casos Neira Alegría y Durán y Ugart e, por lo que t oca a la
cont ención de un m ot ín de presos a t ravés del em pleo arrasador de explosivos, que
det erm inó la m uert e de decenas de reclusos.
70. Es indispensable que en est a hora de balance sobre la sit uación de los derechos
hum anos en Am érica, a cincuent a y cinco años de la fecha en que se em it ió la Declaración
Am ericana sobre Derechos y Deberes del Hom bre, t reint a y cinco de que se suscribió la
Convención Am ericana y veint icinco de que se inst aló la Cort e I nt eram ericana, t om em os
not a de los horrores que subsist en en un gran núm ero de prisiones, con flagrant e violación
de los m ás elem ent ales derechos reconocidos a los reclusos. En est e punt o result a
part icularm ent e llam at iva y evident e esa condición de desvalim ient o, exposición,
vulnerabilidad a la que m e referí cuando m encioné, líneas arriba, el espacio crít ico para los
derechos hum anos que la j ust icia penal inst ala, y la gigant esca deuda que t iene, en est e
cam po, el Est ado “ garant e” . Apenas hem os cam inado un t recho m odest o a part ir de las
denuncias de Howard, que m ant ienen vigencia a dos siglos y m uchos años de que el
filánt ropo inglés las docum ent ara en un par de obras adm irables.
71. En varias resoluciones de la Cort e I nt eram ericana - - t ant o m edidas provisionales com o
sent encias de fondo y reparaciones- - ha quedado de m anifiest o el est ado real de las
cárceles, el m alt rat o absolut o de los reclusos, la irracionalidad de los cast igos que se infligen
m uros adent ro, la im preparación y sevicia de los cust odios, la im punidad de los culpables.
Est o se prueba. Se expiden las condenas. Y nada pasa, u ocurre m uy poco. Est a sit uación
no sólo cont raviene los com prom isos cont raídos por la suscripción de los inst rum ent os
int ernacionales correspondient es y las obligaciones de suprim ir obst áculos y adopt ar
m edidas de Derecho int erno - - norm at ivas, sí, pero t am bién práct icas y efect ivas en
consonancia con aquéllas- - , en los t érm inos de los art ículos 1.1 y 2 de la Convención
Am ericana, sino const it uye adem ás una fuent e de problem as m uy graves. Las prisiones
const it uyen, com o se ha dicho, “ bom bas de t iem po” que pueden explot ar en cualquier
m om ent o. Esas explosiones son cada vez son m ás frecuent es o m ás visibles.
72. Los est udiosos del sist em a penal y de la j urisprudencia de la Cort e I nt eram ericana, que
acuden a ést a cuando se t rat a de llevar el pulso de las violaciones, form ular el diagnóst ico y
em prender las correcciones, pueden hacer el censo com plet o de los m ales carcelarios a
part ir de los elem ent os que sum inist ran los casos cont enciosos y las opiniones consult ivas.
Est os llegan a sum arse a la obra int ent ada por los t ribunales const it ucionales int ernos, que
con t ardanza se anim aron a aplicar a las cárceles, los presos y los cust odios la revisión
const it ucional de la que no debiera quedar exent a ninguna función pública, ni ext raído
ningún agent e del Est ado; y al esfuerzo, t odavía aislado, fragm ent ario e insuficient e que
han desplegado los t ribunales de ej ecución de sanciones, que incorporan el principio de
legalidad a est e ám bit o generalm ent e oscuro, en el que los ej ecut ores eran señores de vida
y hacienda y los ej ecut ados “ cosas de la adm inist ración” .
73. Sólo por lo que t oca a m eses recient es, e incluso al período de sesiones en el que se
adopt ó la sent encia del caso Tibi, habría que recordar, com o arriba lo hice, las m edidas
provisionales dict adas a propósit o de la prisión de Urso Branco, en la que han perdido la
vida, con gran violencia, decenas de reclusos, o est udiar las circunst ancias en que vivieron y
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74. No hay que ir dem asiado lej os en la colección de pruebas para exponer las violaciones
que con m ayor frecuencia ocurren en las prisiones. Obviam ent e, no se t rat a apenas de
ciert a cárcel en un país det erm inado. Est o sucede, a oj os vist as, en diversos países - - no
sólo de nuest ro Cont inent e, es obvio- - y en m últ iples reclusorios, que han cont ribuido al
descrédit o de la prisión prevent iva, de suyo cuest ionable, com o ya se dij o, y de la pena
privat iva de libert ad, que es, sin em bargo, la reacción penal m ás frecuent em ent e invocada,
previst a y ut ilizada en algunos lugares. En ést a se ponen dem asiadas expect at ivas, sin
m ot ivo que las sust ent e.
75. La realidad de las prisiones - - hay que insist ir en el abism o que separa esa realidad del
ideal proclam ado en los est ándares nacionales e int ernacionales- - dist a m ucho de
corresponder a la que exist iría si los Est ados cum plieran rigurosam ent e el com et ido que les
reconoce, por ej em plo, la sent encia de la Cort e Europea en el caso Kudla v. Poland, cit ado
en la sent encia a la que acom paño est e Vot o: “ el Est ado debe asegurar que una persona
est é det enida en condiciones que sean com pat ibles con el respet o a su dignidad hum ana,
que la m anera y el m ét odo de ej ercer la m edida no le som et a a angust ia o dificult ad que
exceda el nivel inevit able de sufrim ient o int rínseco a la det ención, y que, dadas las
exigencias práct icas del encarcelam ient o, su salud y bienest ar est én asegurados
adecuadam ent e, brindándole, ent re ot ras cosas, la asist encia m édica requerida” .
76. La crecient e adm isión de la prevent iva, por una part e, y el em pleo excesivo de la prisión
punit iva, por la ot ra, han det erm inado la sobrepoblación de las prisiones, que es , a su
t urno, ot ra fuent e de violaciones. En est as naufraga una de las reglas elem ent ales de la
clasificación carcelaria, const ant em ent e proclam ada: separación ent re procesados --
“ presunt os inocent es” y sent enciados - - “ culpables declarados” . En el caso que ahora se
exam ina est e problem a queda de m anifiest o, com o lo est á igualm ent e, en algunos ot ros, la
prom iscuidad subsist ent e ent re adult os y m enores de edad, cont ra t odas las
recom endaciones y las norm as. Un perit o que inform a a la Cort e sobre est e caso sost iene -
- en una descripción que acom oda a m uchas prisiones de no pocos países de nuest ra
Am érica- - que “ la prolongada penalización previa a la sent encia const it uye en la act ualidad
el m ás grave problem a del sist em a de j ust icia penal” en el Est ado.
77. Ent re las prisiones clásicas, celulares y som brías, y las cárceles prom iscuas, bulliciosas,
hay una gran dist ancia, pero am bas son devast adoras para el recluso. Lo dest ruye el
encierro celular que censuró Silvio Pellico, y t am bién la prom iscuidad indeseable, que narró
Dost oiewsky. Ya Mat eo Alem án, en su “ Guzm án de Alfarache” , había descrit o la bulliciosa,
henchida prisión de Sevilla: “ república confusa, infierno breve, m uert e larga, puent e de
suspiros, valle de lágrim as, casa de locos donde cada uno grit a y t rat a de sola su locura” .
En la Penit enciaría del Lit oral - - que no const it uye un abism o insólit o en el paisaj e de las
prisiones- - había un espacio de cient o veint e m et ros cuadrados, denom inado “ cuarent ena” ,
en el que había “ t rescient os int ernos que duerm en en el suelo” , declara un perit o. En el caso
que ahora nos ocupa, esa prisión prom iscua, sin asom o de clasificación - - a despecho de
leyes fundam ent ales y norm as int ernacionales- - ej erció su pot encia dem oledora.
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78. La declaración de la víct im a es elocuent e y no aparece cont radicha por ot ros dat os en el
proceso ant e la Cort e I nt eram ericana. Los descargos se refirieron a diversos aspect o del
caso, no a las condiciones carcelarias en la llam ada Penit enciaría del Lit oral. “ Una noche en
( ést a) –refiere el det enido- - es com o un infierno. Un ser hum ano norm al no puede resist irla.
Quienes no t enían celdas pasaban el t iem po en los pasillos, escalando las paredes, pasando
de un pabellón a ot ro y t rat ando de robar a t ravés de las rej as de las celdas. Se int roducían
t am bién en los pabellones para fum ar crack. En esa cárcel se podía com prar t odo, había
negocio de drogas, cocaína, alcohol y arm as. La gent e andaba arm ada” . Sorprende y adm ira
que la com pañera del inculpado, llevando a la m enor hij a de am bas, t uviera la presencia de
ánim o para perm anecer al lado de aquél, los fines de sem ana, en la Penit enciaría del Lit oral.
Set ent a y cuat ro visit as le hizo, que debieron ser ot ras t ant as j ornadas de angust ia.
79. Est e caso y ot ros m uchos se hallan docum ent ados, a lo largo y ancho del m undo
cont em poráneo, por una lit erat ura y una film ografía que dan cuent a de los peores aspect os
de est e “ género negro” . En el j uicio al que corresponde la sent encia del 7 de sept iem bre de
2004 se ha m encionado una crónica que lleva el expresivo t ít ulo Midnight Express en
Equat eur. ¿Algo de lo que ahí sucede t iene que ver con el principio 1 - - nunca m ej or
num erado un principio, rect or de los rest ant es- - del conj unt o al que m e he referido
ant eriorm ent e, que punt ualiza: “ Toda persona som et ida a cualquier form a de det ención o
prisión será t rat ada hum anam ent e y con el respect o debido a la dignidad inherent e al ser
hum ano” .
80. Las privaciones caut elar y penal de la libert ad se vuelcan sobre m últ iples derechos del
recluso, e incluso sobre los derechos de t erceros aj enos al delit o, relacionados con aquél por
el am or o la dependencia. Es inevit able, m ient ras la prisión exist a. Pero habría que volver
sobre las disposiciones y la doct rina penit enciarias, y lograr que la afect ación sea la m ínim a
posible en am bas hipót esis. Em pero, en m uchos casos las condiciones en que se dispone y
pract ica el encarcelam ient o se hallan m uy lej os de propiciar esa “ m inim ización” en el
conj unt o de las afect aciones, que sería una consecuencia nat ural y razonable del em pleo
rest ringido del aparat o penal. Sucede que la severidad excesiva y las rest ricciones
im procedent es pueden m ej orar la suert e de quienes t ienen a su cargo la invest igación o la
cust odia del inculpado. Est o abre el panoram a de las corrupt elas en la persecución de los
delit os. Hay reclusorios en los que t odo t iene precio - - exact am ent e com o en la época de
Howard, cronológicam ent e rem ot a, pero en realidad m uy cercana- - y el recluso se debe
ingeniar para salir adelant e.
81. Vist as las prisiones a t ravés del caso Tibi, que es sólo un observat orio ent re m illares, no
un caso excepcional, insólit o, es debido inquirir sobre las “ razones” - - perm ít ase la
expresión- - para que la prisión, que es un encierro com plet o, en condiciones perfect am ent e
cont roladas o por lo m enos cont rolables, im plique, paradój icam ent e, la m áxim a inseguridad
de los reclusos, expuest os en t odo m om ent o a perder la vida o ver su int egridad
severam ent e afect ada - - com o quedó de m anifiest o en los inform es sobre Urso Branco- - ; o
la pérdida de la salud, com o ha sucedido en est e caso; o la falt a absolut a de condiciones de
t rabaj o, a pesar de que se ha declam ado siem pre y dondequiera acerca de la virt ud
t erapéut ica, redent ora, readapt adora del t rabaj o. ¿No form an part e esos t res ext rem os - -
seguridad, salud y t rabaj o- - de la im agen apet ecida para la prisión m oderna?
82. La sent encia en el caso Tibi avanza en la int erpret ación del art ículo 21 de la Convención
Am ericana, que se refiere, si se asocia al art ículo 1.2 del m ism o inst rum ent o, a la propiedad
de las personas físicas, es decir, de los individuos. Est e es el ám bit o de prot ección subj et iva
de la Convención Am ericana. Ahora bien, est a t ut ela de un derecho individual se puede
ej ercer en form a inm ediat a y direct a, por lo que t oca al dom inio que la persona t iene sobre
bienes exclusivam ent e suyos, o de m anera m ediat a e indirect a, en lo que at añe a la
part icipación que ost ent a en un pat rim onio colect ivo, que absorbe - - pero no elim ina, en
absolut o- - su derecho sobre bienes o valores, aunque ést e se ej erza de una m anera
t am bién indirect a. Est o se observa en diversos casos resuelt os por la Cort e I nt eram ericana,
cada uno con sus propias caract eríst icas y en su cont ext o específico: Com unidad Mayagna
( Sum o) Awas Tigni, relat ivo a derechos colect ivos de com unidades indígenas, cuyo
pat rim onio, int egrado y gobernado por un orden j urídico ancest ral y específico, ent raña
derechos de personas físicas suj et as a la t ut ela de la Convención Am ericana, e I vcher,
referent e a derechos de un part icular, cuyo dom inio corre en el cauce del ordenam ient o
societ ario m ercant il.
83. La Cort e est im a ahora, a la luz de un caso que obliga a la int erpret ación del art ículo 21,
que ést e prot ege derechos reales o form as de cont rol legít im o sobre bienes incorporados en
el am plio m arco del pat rim onio de la persona. No es posible desconocer - - por el cont rario,
es necesario reconocer- - la het erogénea int egración de ese pat rim onio individual, que no
sólo se com pone con el derecho real de propiedad sobre bienes legalm ent e suscept ibles de
ella y t it ulados en consecuencia, sino t am bién por los que alguna vez se denom inó
“ desprendim ient os de la propiedad” - - uso, usufruct o, habit ación- - y por ot ras
m anifest aciones de la t enencia legít im a que la ley com ún prot ege de m anera sem ej ant e a
la propiedad.
84. ¿Quedarían excluidos de la prot ección del art ículo 21 los derechos del m iem bro de una
com unidad indígena o de un grupo ej idal, que no son propiet arios, en sent ido est rict o, pero
son t it ulares de ciert as facult ades sobre la t ierra con que se ha dot ado a la com unidad o al
ej ido, y sobre los product os de ést a? No, ciert am ent e. Así lo ent endió la Cort e en el caso
Mayagna Awas Tingni. ¿Se hallarían excluídos de esa prot ección los derechos que el
individuo t iene con respect o a la sociedad com ercial que es, a su t urno, propiet aria de ciert o
bien? Tam poco. Y así lo sost uvo la Cort e en el caso I vcher. Lo m ism o se puede decir de la
posesión legít im a, que es, por ciert o, la form a en la que un gran núm ero de personas
ej ercen, en nuest ros países, det erm inados derechos sobre bienes m uebles e inm uebles. En
el caso Tibi, la Cort e ha t enido a la vist a el dat o inequívoco de la posesión no cont rovert ida,
que por sí m ism a m erecería la t ut ela que la Convención despliega sobre el derecho del ser
hum ano al pat rim onio, así com o el alegat o de propiedad esgrim ido por el poseedor de los
bienes, y en t odo caso la orden j udicial de ent rega de ést os. Ot ra cosa será que se pueda,
por un m edio diferent e, cuest ionar la legít im a posesión de bienes o la perfección del act o
j urídico del que deriva la propiedad.
85. En el caso Loayza Tam ayo, la Cort e em prendió el exam en de un t em a que aún requiere
elaboración y consolidación: el proyect o de vida. Se t rat a de m ás que las oport unidades,
chances, expect at ivas. Est á vinculado, com o se dij o en ese caso, con m et as razonables,
esperanzas fundadas, proyect os accesibles, que const it uyen, en su conj unt o, el derrot ero
para el desarrollo de la persona, deliberado y fact ible, a part ir de ciert as condiciones que lo
apoyan y j ust ifican. Agréguese la posibilidad de que exist a una decisión concret a por part e
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del t it ular de los derechos afect ados, decisión sust ent ada en aquellos elem ent os, y no
apenas en suposiciones, presunciones o inferencias del observador ext erno.
86. Todo ello parecía exist ir en el caso que nos ocupa. Se había const ruido un proyect o e
iniciado su realización. Aparent em ent e, t odas las circunst ancias le eran propicias. Tenía que
ver con la vida personal, la com unidad fam iliar, la act ividad laboral, el lugar donde t odo est o
se desarrollaba y desarrollaría, así com o con las decisiones adopt adas por los m iem bros
adult os de la fam ilia. Y t odo est o quedó dest ruido, de un solo golpe y con quebrant o de
m uchas vidas, a part ir de los hechos violat orios de la Convención de los que ha conocido la
Cort e I nt eram ericana. Se produj o la dest rucción de ese proyect o y la aparición de ot ro curso
de vida, no deseado. Est o se ha t om ado en cuent a al resolver sobre las reparaciones, que
no t ienen la virt ud, sin em bargo, de reponer dicho proyect o. Est o últ im o, que sería
deseable, no es fact ible en el m arco del present e caso.
87. Lo ant erior m ueve a la reflexión acerca del derecho expresa el art ículo 17 de la
Convención y sobre el que vuelve el Prot ocolo de San Salvador a t ravés del art ículo 13:
prot ección a la fam ilia. La violación del art ículo 17 no fue m encionada en la dem anda de la
Com isión I nt eram ericana, sino en la int ervención de los represent ant es de la presunt a
víct im a. Est e plant eam ient o no t raj o a cuent as hechos diferent es de los recogidos en la
dem anda, sino la posibilidad de que los m encionados en ést a pudieran const it uir violaciones
a precept os no invocados en ella. La Cort e ha acept ado la pert inencia de considerar est as
alegaciones, en ej ercicio del principio j ura novit curia. La rest ricción de conocim ient o sobre
los hechos, propia del sist em a acusat orio - - que es el adopt ado en el enj uiciam ient o
int ernacional sobre derechos hum anos- - , no evit a que, una vez plant eados y acredit ados
aquéllos, el t ribunal form ule las valoraciones j urídicas que result en pert inent es a la luz de
las norm as cont enidas en la Convención Am ericana.
88. El prim er párrafo del art ículo 17 expresa, com o supuest o, que “ la fam ilia es el elem ent o
nat ural y fundam ent al de la sociedad” , y señala que aquélla “ debe ser prot egida por la
sociedad y el Est ado” , que son las dos inst ancias a las que se ext iende el im perat ivo
cont enido en ese precept o. Por su part e, el art ículo 1.1 asegura a las personas el respet o y
la garant ía de los derechos reconocidos en la Convención, en la int eligencia de que, para los
efect os de ést a, “ persona es t odo ser hum ano ( art ículo 1.2) .
89. En consecuencia, el Est ado se halla obligado a i) crear las condiciones para que la
fam ilia cuent e con el reconocim ient o y la prot ección que es debido ot orgarle, en general, a
efect o de acredit ar y consolidar el caráct er que posee com o “ elem ent o nat ural y
fundam ent al de la sociedad” ; y ii) respet ar y prot eger los derechos que t ienen los individuos
que int egren o pret endan int egrar la fam ilia, derechos que deben analizarse, en la especie,
por la conexión que guarden con las m encionadas referencias acerca del agregado fam iliar.
Tales derechos se verían afect ados en diversas hipót esis: por ej em plo - - y sólo por ej em plo-
- , si el Est ado act uara en form a inconsecuent e con el reconocim ient o de la fam ilia com o
“ elem ent o nat ural y fundam ent al de la sociedad” , im pidiera la const it ución de aquélla o
violent ara los derechos que enuncia el art ículo 17 en los párrafos rest ant es.
90. El art ículo 17 de la Convención m enciona el origen m at rim onial de la fam ilia y erige, a
part ir de ahí, ciert as prot ecciones para sus int egrant es. El art ículo 13 del Prot ocolo de San
Salvador, suscrit o dos décadas después del Pact o de San José, ya no se refiere a ese act o
j urídico fundador de la fam ilia, al que t am poco alude, por ciert o, el art ículo VI de la
Declaración Am ericana de los Derechos y Deberes del Hom bre. Es evident e que el
m at rim onio, com o cont rat o o inst it ución del Derecho civil, no const it uye - - y m enos aún en
m uchos países am ericanos- - la única form a de form ar una fam ilia. El Derecho fam iliar
m oderno ha girado apreciablem ent e en el sent ido que la libert ad, la equidad y la realidad
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im ponen. Est as ot ras form as de int egrar la unión dom ést ica, product o de la libre decisión de
las personas, m erecen el respet o y la salvaguarda de la ley y de las inst it uciones, com o lo
acredit a el Derecho com parado.
91. En el caso al que se refiere la sent encia de la Cort e I nt eram ericana, a la que acom paño
est e Vot o, los hechos violat orios afect aron severam ent e al señor Tibi y a la señora Baruet ,
así com o a la hij a de am bos y a los hij os de la señora, que vivían con la parej a y concurrían
a int egrar la unidad fam iliar en la form a que habían resuelt o, librem ent e, sus int egrant es
adult os. La afect ación pudo influir, al lado de ot ras causas - - que no corresponde al
Tribunal analizar- - , en la rupt ura del grupo fam iliar y la dispersión de sus int egrant es. En el
conocim ient o de num erosos casos de violación grave a derechos hum anos, ent re ellos no
pocos que se refieren a ej ecuciones, desapariciones, t ort uras o det enciones arbit rarias, los
int egrant es del grupo fam iliar al que pert enece quien ha sufrido esos at aques en form a
inm ediat a, t am bién han padecido las consecuencias de ellos.
92. Difícilm ent e habría violaciones, ent re las m ás graves, que result asen indiferent es a
quienes guardan est recha relación afect iva con la víct im a, en función de vínculos fam iliares
- - en sent ido am plio- - , y no t raj eran consigo presiones disolvent es de la unión. Los hechos
violat orios han repercut ido sobre esas personas en diversas form as: dispersando a los
m iem bros de la fam ilia, privándolos de ingresos legít im os, obligándolos a incurrir en gast os
ext raordinarios, int erfiriendo la com unicación ent re ellos, alt erando o suprim iendo la vida en
com ún, afect ando planes y proyect os legít im os, debilit ando lazos dom ést icos, generando
padecim ient os físicos o m ent ales que han gravit ado sobre los fam iliares, et cét era.
93. Conform e a las circunst ancias de cada caso puede plant earse la posibilidad de analizar
est os hechos com o consecuencia o proyección de ot ras violaciones com et idas o com o
violación direct a del art ículo 17 del Pact o de San José, con aut onom ía de t ales ilícit os,
aunque t am bién en conexión con ellos. La Cort e opt ó por lo prim ero, t om ando en cuent a,
precisam ent e, las circunst ancias de est e caso. Creo que, en la especie, se t rat a de una
opción adecuada. La desint egración fam iliar fue una consecuencia, ent re ot ras, de las
violaciones com et idas en agravio del inculpado, su com pañera y los niños que const it uían,
j unt o con ellos, el grupo fam iliar. No se ha om it ido el reconocim ient o y la apreciación de
dichas violaciones: fueron exam inadas en ot ros punt os de la sent encia, y con est e
fundam ent o la Cort e llegó a la conclusión de que t ant o la señora Baruet com o los niños a los
que se alude en aquella resolución son víct im as, ellos m ism os, de los hechos violat orios, y
no solam ent e acreedores, por ot ros m ot ivos, a reparaciones pat rim oniales.
94. Ha sido cost um bre que la Cort e recoj a, en sus sent encias sobre reparaciones, la sabida
idea de que “ la reparación del daño requiere, siem pre que sea posible, la plena rest it ución
( rest it ut io in int egrum ) , que consist e en el rest ablecim ient o de la sit uación ant erior” . Y lo ha
sido que en seguida agregue: “ De no ser est o posible, com o en el present e caso…” . Así
sucede en la sent encia Tibi. Suscribo t am bién est a declaración porque coincido en que la
m ej or reparación consist iría en el “ rest ablecim ient o de la sit uación ant erior” a la violación.
Ahora bien, est o no es posible, com o lo he m anifest ado ant eriorm ent e ( así, en m i Vot o
concurrent e a la sent encia en el caso Bám aca Velásquez, dict ada el 25 de noviem bre del
2000) . Equivaldría a dar m archa at rás a las m anecillas del reloj y devolver a la persona
cuyo derecho ha sido violado a la sit uación ant erior a est e acont ecim ient o.
23
95. La plena rest it ut io es lógica y m at erialm ent e im pract icable, a no ser que se t rat e de
violaciones form ales, virt uales, sin im pact o sobre ninguna vida, que sea posible suprim ir
com o se expulsan, en una com put adora, las palabras erróneas o indeseables. Significa
desconocer la fat alidad de las consecuencias - - aunque no sean inm ediat am ent e
percept ibles- - de la violación com et ida. Por eso en las sent encias sobre reparaciones se
indica, invariablem ent e, que “ en el present e caso” no es posible aplicar la rest it ut io. Si no es
posible la rest it ut io en caso alguno, pudiera haber llegado el m om ent o de ir direct am ent e a
lo que sí es fact ible. Est o se halla expuest o, con un giro gráfico, en algunas sent encias
iniciales de la Cort e, a propósit o de la im posibilidad de reparar t odas las consecuencias de la
violación com et ida, que se abren y expanden com o los círculos concént ricos de un est anque
cuando se arroj a a ést e una piedra.
XI X. Cargas fiscales
96. En algunos vot os part iculares ant eriores cuest ioné la pert inencia de resolver que las
indem nizaciones, cost as y gast os - - rubros, t odos est os, que son especies del m ism o
género: reparaciones m at eriales- - no quedarían suj et os a im puest o alguno. Dij e en esas
ocasiones - - m uy recient em ent e, en el Vot o que acom pañó la sent encia en el caso Myrna
Mack Chang, de 25 de noviem bre de 2003- - que est a disposición j udicial obligaba a
m odificar el régim en t ribut ario de un país, en la m edida en que conducía al est ablecim ient o
de un supuest o específico de exención fiscal. Para ello se requiere, generalm ent e, la t area
concert ada de las aut oridades legislat ivas y adm inist rat ivas, a t ravés de previsiones
generales o disposiciones part iculares, difíciles e innecesarias para los fines que se propone
alcanzar el sist em a de reparaciones pat rim oniales a favor de las víct im as de violaciones. Lo
que quiere la sent encia es evit ar que aparezcan deducciones t ribut arias que m enoscaben la
reparación acordada, hast a hacerla ilusoria. Se pret ende, en cam bio, que ést a llegue
ínt egram ent e, t al com o se ha dispuest o, a las m anos de su dest inat ario. Si es así,
bast a con decirlo en esos o parecidos t érm inos - - com o lo hace la sent encia a la que agrego
est e Vot o- - sin necesidad de generar cuest iones difíciles para las norm as t ribut arias que
son de general observancia.
1. Mediant e su present e Sent encia en el caso Tibi versus Ecuador, para cuya adopción he
concurrido con m i vot o, la Cort e I nt eram ericana de Derechos Hum anos se ha pronunciado
sobre un nuevo caso que bien ret rat a las cont ingencias de la condición hum ana, y la
im portancia de la realización de la j ust icia y de la garantía de no- repet ición de los hechos
lesivos de los derechos hum anos com o m edida de reparación. Dadas las inquiet udes que el
present e caso despiert a, y la relevancia de la m ateria trat ada por la Corte, m e veo en la
obligación de dej ar constancia, en el present e Vot o Razonado, de m is reflexiones personales
com o fundam ent ación de m i posición al respecto de la m at eria aquí tratada. Centraré m is
reflexiones en cuatro puntos básicos, a saber: a) el im pact o de la det ención arbit raria y la
condición carcelaria en la conciencia hum ana; b) la autorehabilit ación com o defensa y
reparatio de los insult os del m undo; c) la reacción del Derecho ratione personae ( la posición
cent ral de los vict im ados en el orden j urídico) ; y d) la reacción del derecho rat ione m at eriae ( la
prohibición absolut a de la t ortura) .
2. D.D. Tibi, al igual que Josef K., fue det enido sin saber por qué. "Alguién debía haber
calum niado a Josef K.", - escribió Franz Kafka al puro inicio de El Proceso ( 1925) , - "pues sin
que el hubiera hecho cualquier m al fue det enido ciert a m añana" ( capítulo I ) . D.D. Tibi tuvo
m ej or suert e que el bancario Josef K., pero am bos padecieron lo incom prensible, si no lo
absurdo. A Josef K. no le rest ó sino aguardar su ej ecución sum aria, poco ant es de la cual
exclam ó: "Dónde estaba el j uez que nunca había vist o? Dónde est aba el alto t ribunal ant e el
cual nunca com pareciera?" ( capítulo X) . Del inicio al fín de su saga, sus esfuerzos fueron
inút iles ant e la arbit rariedad de una "j ust icia" cruelm ent e virtual y desesperadora.
3. D.D. Tibi fue m enos desafortunado que el personaj e kafkiano, pues recuperó su
libert ad, y, adem ás, vive en una época en que, a la par de los t ribunales nacionales ( con sus
idiosincracias) , exist en tam bién los t ribunales int ernacionales de derechos hum anos. La
present e Sentencia que viene de adopt ar la Cort e I nteram ericana puede cont ribuir a que
recupere su fe en la j usticia hum ana. Su caso, un ret rat o del cot idiano en las cárceles no sólo
en Am érica Lat ina sino en t odo el m undo, da t est im onio elocuent e de la insensibilidad,
indiferencia e irracionalidad del m undo que nos circunda a t odos.
4. Pocos test im onios de los padecim ient os result ant es de la det ención arbit raria han sido
tan elocuentem ent e narrados com o las célebres Cartas de la Cárcel ( 1926- 1936) de Ant onio
Gram sci. De form a inclusive literaria, escribió él que, en el período inicial de su det ención, ya le
parecía que el t iem po t enía m ás peso, por cuanto el espacio ya no exist ía m ás para él; y
describió la rosa que "renació com plet am ent e", que en el año siguient e daría m ás flores, no se
excluyendo siquiera que alguna ot ra "rosit a t ím ida" floreciera durant e el año en curso ( así
esperaba) , y confesaba sent ir com o "carne de su carne" el ciclo de las est aciones. Cuando
t om ó un t ren, después de 10 años de det enido, "lanzado al m argen del m undo", y después de
no haber vist o por años sino los m ism os t echos, las m ism as m urallas, las m ism as "faces
turvas", que "terrible im presión experim ent ó" al ver que "durant e est e tiem po el vast o m undo
2
había cont inuado a exist ir con sus prados, sus bosques, la gent e com ún, los grupos de niños,
ciert os árboles"; que t errible im presión experim ent ó sobre t odo al ver a sí m ism o en el espej o
después de t ant o t iem po 1 .
5. Tres décadas ant es de Gram sci, a fines del siglo XI X, Oscar Wilde dej ó para la hist oria
del pensam iento universal su propio t est im onio personal del dolor generado por su
encarcelam ient o, en su célebre De Profundis ( 1897) . Desde la cárcel de Reading, escribió que,
para los indebidam ent e det enidos,
"sólo hay una est ación, la est ación del dolor. Es com o si hasta el sol y la
luna nos hubieran quitado. Afuera el día podrá ser azul y oro, pero la luz que se
filtra por el grueso vidrio del ventanuco enrej ado que tenem os encim a es gris y
m iserable. En la celda siem pre es atardecer, com o en el corazón es siem pre
m edianoche. Y en la esfera del pensam iento, no m enos que en la esfera del
tiem po, ya no hay m ovim ient o" 2 .
6. Es posible que el ét ranger D.D. Tibi t enga experim ent ado la m ism a sensación del
ét ranger Mersault, de que los asuntos de la det ención y del proceso eran t ratados "con
prescindencia" del det enido, reflej ando la "t ierna indiferencia" del m undo ext erior ( capítulos
I V- V) . Al igual que Gram sci, tam bién al ét ranger de Albert Cam us ( L'ét ranger, 1949) el pasar
del t iem po era casi t odo lo que le rest aba; con la "alternación de la luz y de la som bra", era "el
m ism o día que se desarrollaba sin cesar en la celda", siendo la peor hora aquella en que "los
ruidos de la noche subían desde t odos los pisos de la cárcel en un cort ej o de silencio" ( capítulo
I I ) . A Mersault t am bién le restaban los recuerdos de una vida que ya no m ás le pertenecía
( capítulo I V) . Para él, todos los días transcurrían "m irando en su rostro el declinar de los
colores que llevan del día a la noche", siendo est a últ im a "com o una t régua m elancólica"
( capítulo V) .
7. En sus páginas crít icas sobre la condición carcelaria, inm ort alizadas en sus célebres
Recuerdos de la Casa de los Muert os ( 1862) , F.M. Dost oievski ponderó que
"le fam eux syst èm e cellulaire n'att eint, j 'en suis convaincu, qu'un but
trom peur, apparent. I l suce la sève vitale de l'individu, l'énerve dans son âm e,
l'affaiblit, l'effraie, puis il vous présent e com m e un m odèle de redressem ent , de
repent ir, une m om ie m oralem ent desséchée et à dem i folle. ( ...) Les souffrances
m orales pèsent plus lourdem ent que les tourm ents physiques3 ".
De ahí la im portancia y aprem iant e necesidad, - agregó el gran escrit or universal, - de un trat o
hum ano de los det enidos:
"( ...) un dét enu, un réprouvé, il connaît les distances qui le séparent de
ses supérieurs, m ais ni les chaînes, ni les m arques de flét rissure ne lui font
oublier qu'il est un hom m e. ( ...) Un traitem ent hum ain peut relever j usqu'à ceux
chez qui l'im age de la divinit é sem ble obscurcie! C'est précisém ent avec ces
1
. A. Gram sci, Cart as do Cárcere, Rio de Janeiro, Edit. Civilização Brasileira, 1966 (reed.) , pp. 135- 136 y 370.
2
. O. Wilde, De Profundis, Madrid, Ed. Siruela, 2000 ( reed.) , p. 54.
3
. F.M. Dostoievski, Souvenirs de la m aison des m orts, Paris, Gallim ard, 1977 ( reed.) , pp. 51 y 115.
3
` m alheureux' qu'il faut se com port er le plus hum ainem ent possible, pour leur
salut et pour leur j oie" 4 .
8. De lo ant eriorm ent e señalado no result a necesariam ent e que no haya ant ídoto alguno
cont ra la crueldad del absurdo y de la indiferencia. En m edio a la om nipresencia del
sufrim ient o, puede uno refugiarse en la vida int erior int ensificada, en el recuerdo de los seres
queridos y de los m om entos de luz del pasado; el ser hum ano es capaz de acept ar su
sufrim ient o y su dest ino en la m edida en que éstos conllevan, aún en las circunst ancias m ás
adversas, a "añadir a su vida un sentido m ás profundo" 5 . El recuerdo t iene efect ivam ente "un
valor ét ico en y por sí m ism o. ( ...) La creencia de que la m em oria es una acción ét ica yace en
lo m ás profundo de nuest ra naturaleza hum ana ( ...) . La insensibilidad y la am nesia parecen ir
j unt as" 6 .
9. Al escribir sobre las condiciones de su det ención y sus esfuerzos por huir t ant o del dolor
com o de la degeneración del espírit u, Oscar Wilde, refiriéndose al "Zeit geist de una época que
no t iene alm a", ponderó que el t iem po y el espacio son "m eras condiciones accidentales del
pensam ient o", y que, en la cárcel, lo que el pasó a tener ant e sí era tan sólo su pasado7 .
Subsist e siem pre la posibilidad del refugio en la propia vida int erior. En las expresiones de
Wilde, los desgraciados, "cuando los m et en en la cárcel, aunque despoj ados de la belleza del
m undo, al m enos est án a salvo, en alguna m edida, de los golpes m ás m ort íferos del m undo",
pues
"( ...) No hay una sola degradación del cuerpo que no deba t rat ar de
convert ir en espiritualización del alm a. ( ...) Me aconsej an que cuando salga
int ent e olvidar que alguna vez estuve encarcelado. Sé que eso sería igualm ent e
fatal. Significaría estar siem pre obsesionado por una sensación int olerable de
ignom inia, y que esas cosas que est án hechas para m í com o para todos los
dem ás - la belleza del sol y de la luna, el desfile de las est aciones, la m úsica del
am anecer y el silencio de las grandes noches, la lluvia que cae entre las hoj as o
4
. I bid., p. 174.
5
. Cf. V.E. Frankl, El Hom bre en Busca de Sentido, 22a. ed., Barcelona, Herder Edit., 2003, pp. 63-65 y 101, y cf. pp.
102, 156 y 158.
6
. S. Sontag, Ante el Dolor de los Dem ás, Bogotá, Alfaguara, 2003, p. 134.
7
. O. Wilde, De Profundis, op. cit. supra n. (2) , pp. 113 y 127.
8
. I bid., pp. 62- 63.
4
11. Estas reflexiones, de m ás de un siglo at rás, son hoy día m ás contem poráneas que
nunca, y son m ot ivadas por recurrent es abusos que siguen ocurriendo en las cárceles en todo
el m undo. En la cárcel, en la gran m ayoría de los casos, al cont rario de lo que parece suponer
el m edio social, no se aprende a dist inguir ent re el bien y el m al, sino se aprende a convivir
con crecient e int im idad con el m al de la brutalización im puest a por la indiferencia del m ism o
m edio social. En un im presionant e t est im onio publicado en 1996 de inspecciones in loco
realizadas en cárceles europeas, un ex- Presidente de la Com isión Europea para la Prevención
de la Tortura y Trato o Sanción I nhum ana o Degradante10 señaló que
"condit ions of det ent ion are st ill very backward in m ost European St at es.
( ...) No European country is blam eless. Many have overcrowded j ails, with
inadequat e sanit at ion ( ...) . I n other cases solitary confinem ent is applied far t oo
frequent ly. ( ...) What is a prison? I t is a place where one loses not only one's
libert y, but one's dignit y, too. ( ...) I n other St ates it is the police stat ions that
invit e crit icism ( ...) . I n other St ates the det ent ion cent res for im m igrants or for
asylum seekers are unhygienic and inhum an. ( ...) I n som e ( only three perhaps)
torture is em bedded in police m ethods; in others the police tend sporadically t o
ill- t reat and brutalize their detainees; in other Stat es the prisons reveal aspect s
censurable as inhum an or degrading; elsewhere single instances of arbitrary
behaviour by law enforcem ent officers can be discerned, or there are single
cases of unacceptable t reat m ent or condit ions in prisons or hospit als. Despit e
t he m any different degrees of subst andard treatm ent, not one European St at e
fully conform s t o the param eters of the best and m ost enlightened tradit ions
and the m ore recent studies in crim inology" 11 .
9
. I bid., pp. 69- 71.
10
. Del Consej o de Europa en Est rasburgo.
11
. A. Cassese, I nhum an States - I m prisonm ent, Detention and Torture in Europe Today, Cam bridge, Polity Press,
1996, pp. 125- 126.
5
12. Es est e un m al que no conoce front eras, y que reflej a la indiferencia y brut alización del
m undo que nos circunda. Los personaj es de Kafka y Cam us se encuent ran hoy dispersos y
olvidados dent ro de las cárceles de todos los cont inent es. Muchos de los det enidos son
inocent es, y los que no lo son, de vict im arios se transform an en nuevas víct im as. Su sobrevida
ya no t iene la dim ensión espacial, y la tem poral es la que quizás logren divisar en las
profundidades recóndit as de su vida interior. De t odo m odo, su vida, en relación con los
dem ás, ya no les pert enece. Y sobreviven en una creciente int im idad con el m al y con la
brut alización avasalladora que les son im puestos. El Derecho no puede m ant enerse indiferent e
a todo ést o, a la indiferencia del m undo, y en part icular de las sociedades pat ét icam ent e
autoint ituladas "post- m odernas".
13. En realidad, los abusos de la det ención y contra los det enidos no son un fenóm eno
recient e. En su obra clásica De los Delitos y de las Penas ( 1764) , Cesare Beccaria advert ía para
el hecho de que "el castigo es m uy a m enudo superior al crim en", y los "suplicios refinados"
concebidos por el entendim ient o hum ano "parecen haber sido inventados m ás bien por la
tiranía que por la j ust icia" 12 . Con el pasar del t iem po, se reconoció la necesidad de cont rol y
supervisión, por vía tanto adm inistrat iva y legislat iva com o j udicial ( revist iéndose est e últ im o
de part icular im portancia) , de las condiciones de det ención, - cont rol ést e que del plano del
derecho int erno se trasladó al del derecho int ernacional a m ediados del siglo XX.
14. Era la reacción del Derecho que pasaba a ganar cuerpo, para la cual ha contribuído
decisivam ente el im pacto del Derecho I nt ernacional de los Derechos Hum anos. Exist e hoy,
v.g., una vast a j urisprudencia sobre el art ículo 5 de la Convención Europea de Derechos
Hum anos, afirm ando el carácter de ordre public de la supervisión, baj o la Convención Europea,
de t odas las m edidas capaces de violar el derecho a la libert ad y seguridad de la persona
hum ana; la det ención - a ser necesariam ent e det erm inada por la ley - sólo se j ust ifica por
referencia a uno de los prerequisit os est ablecidos en el art ículo 5( 1) de la Convención 13 .
Paralelam ente, con base en la experiencia acum ulada por la Com isión Europea para la
Prevención de la Tortura y Trato o Sanción I nhum ana o Degradant e, ha sugerido Antonio
Cassese que, cuando una persona ha sido det enida y puede cont ar con cuatro derechos ( los de
ser pront am ente inform ada de sus derechos básicos, de t ener sus fam iliares prontam ent e
not ificados de su det ención, de t ener acceso a un abogado, y de ser prontam ent e vist o por un
m édico) ,
"then there is an obj ective chance that the police will find it difficult t o
inflict inhum an or degrading t reat m ent on him or her. On the other hand, if
these rights, or som e of them , are not enshrined in legislat ion or are not applied
in pract ice, we know we have ent ered a ` danger zone': the obj ect ive defences
are lacking t hat m ake ill- treatm ent less likely" 14 .
12
. C. Beccaria, De los Delitos y de las Penas ( con el com entario de Voltaire) , 11a. reim pr., Madrid, Alianza Ed., 2000
(reed.) , p. 129, y cf. p. 149.
13
. J.L. Murdoch, Article 5 of the European Convention on Hum an Rights - The Protection of Liberty and Security of
Person, Strasbourg, Council of Europe, 1994, pp. 7-55.
14
. A. Cassese, I nhum an States..., op. cit. supra n. (11) , p. 21.
6
15. Hay ot ra consideración que m e suscit a el present e caso Tibi versus Ecuador, que es un
m icrocosm o de lo que pasa en el cot idiano de las cárceles en diferentes lat itudes. En las
condiciones carcelarias infrahum anas prevalecientes en tant os paises del m undo, los det enidos
- incluídos los vict im arios, - com o ya indicado, frecuent em ent e se t ransform an en "víct im as
inst itucionales", aum ent ando la espiral de violencia em anada de un "orden social pat ológico",
que penaliza sobre t odo a los m arginados15 . La j ust icia punitiva, en las condiciones en que se
ej ecut a, se revuelve, así, en un siniest ro círculo vicioso16 , - com o se desprende del present e
caso, ent re tant os otros.
16. En una am plia dim ensión, el Derecho I nt ernacional de los Derechos Hum anos ha
cont ribuído al rescat e de la posición cent ral de la figura de la víct im a17 en el ordenam ient o
j urídico. En el ám bit o de la propia crim inología, se ha int ent ado dedicar m ayor at ención a la
víct im a ( y no sólo al agent e violador de sus derechos) , pero los esfuerzos en ese sent ido no
logran t rascender el enfoque de la víct im a com o suj et o pasivo del delit o, - cuando habría que ir
m ás allá 18 . En el universo conceptual del Derecho I nternacional de los Derechos Hum anos el
rol de la víctim a efect ivam ent e trasciende la figura del suj et o pasivo del delito, pues aquí la
víct im a asum e el rol de aut ént ico suj eto act ivo de la acción j udicial int ernacional en defensa de
los derechos que le son inherent es com o ser hum ano.
17. Com o ant eriorm ent e indicado, es el Derecho I nt ernacional de los Derechos Hum anos, y
no el derecho penal ( nacional o int ernacional) que rescat a el papel central de la víct im a com o
suj et o de derecho - y suj eto act ivo de la relación j urídica - en el orden j urídico int ernacional.
Mient ras el derecho penal - en los planos tanto nacional com o internacional - se orient a sobre
todo hacia la figura del delincuent e, relegando la víct im a a una posición m arginal, el Derecho
I nt ernacional de los Derechos Hum anos, en cam bio, rest aura la posición cent ral de la víct im a,
inclusive com o suj et o act ivo de la acción int ernacional para la im plem entación de la
responsabilidad del Est ado por la lesión de sus derechos.
18. La labor de prot ección internacional de los derechos hum anos pront o evidenció que era
de su propia esencia la cont raposición a los Est ados dem andados de los individuos
dem andant es. Fue precisam ente en est e dom inio de protección que se operó, - com o lo
destaqué en m i Vot o Concurrent e en el caso Castillo Pet ruzzi y Ot ros versus Perú ( Excepciones
Prelim inares, Sent encia del 04.09.1998) , "el rescat e hist órico de la posición del ser hum ano
com o suj et o del Derecho I nternacional de los Derechos Hum anos, dot ado de plena capacidad
procesal int ernacional" ( párr. 5) . Este rescat e se inst rum entalizó m ediant e la consagración del
derecho de pet ición individual int ernacional, ot orgado en los m ás am plios t érm inos, a cualquier
persona, por el art ículo 44 de la Convención Am ericana sobre Derechos Hum anos.
19. Est e derecho ha efect ivam ent e sido ej ercido, baj o la Convención Am ericana, por
personas que sobreviven en la m ás com pleta adversidad ( pobres y m arginados, "niños de la
calle", personas encarceladas, fam iliares de desaparecidos, entre ot ras) . Es sobre todo en
circunst ancias com o est as que el Derecho I nt ernacional de los Derechos Hum anos alcanza su
plenitud y realiza su fin últ im o. La prot ección de los victim ados, y las reparaciones por los
15
. I bid., pp. 139-140.
16
. I bid., pp. 140 y 150.
17
. Al igual que la victim ología, en un plano bien m ás circunscrito; cf., v.g., G. Landrove Díaz, Victim ología, Valencia,
Ed. Tirant Lo Blanch, 1990, pp. 22-23 y 25-26.
18
. L. Rodríguez Manzanera, Victim ología - Estudio de la Víctim a, 8a. ed., México, Ed. Porrúa, 2003, pp. 25 y 67.
7
daños por éllos sufridos, const ituyen su raison d'être. Est e not able desarrollo, - m e perm it í
agregar en m i supracit ado Vot o Concurrent e en el caso Cast illo Pet ruzzi y Otros, - acarreó una
verdadera t ransform ación del propio orden j urídico int ernacional, en m edio al reconocim ient o
de
"la necesidad de que todos los Estados, para evitar nuevas violaciones
de los derechos hum anos, respondan por la m anera com o t rat an t odos los seres
hum anos que se encuent ran baj o su j urisdicción. Est a prest ación de cuent as
sim plem ent e no hubiera sido posible sin la consagración del derecho de pet ición
individual, en m edio al reconocim ient o del caráct er obj et ivo de las obrigaciones
de prot ección y a la acept ación de la garant ía colect iva de cum plim ient o de las
m ism as. Es est e el real sent ido del rescat e histórico del individuo com o suj et o
del Derecho I nt ernacional de los Derechos Hum anos" ( párr. 12) .
20. Los propios vict im ados ( la parte ostensivam ente m ás débil vis- à- vis el poder público)
pasaron a t om ar la iniciat iva de m over la acción int ernacional en defensa de sus derechos.
Com o ponderé en m i citado Vot o en el caso Castillo Pet ruzzi y Ot ros,
"En las audiencias públicas ant e la Cort e I nt eram ericana, en dist intos casos, ( ...)
m e ha llam ado part icularm ent e la atención el señalam ient o, cada vez m ás
frecuent e, por part e de las víct im as o de sus fam iliares, en el sent ido de que, si
no fuese por el acceso a la inst ancia int ernacional, j am ás se hubiera hecho
j ust icia en sus casos concret os. ( ...) El derecho de pet ición individual abriga, en
efect o, la últim a esperanza de los que no encontraron j usticia a nivel nacional.
No m e om it iría ni vacilaría en acrecentar, - perm it iéndom e la m etáfora, - que el
derecho de pet ición individual es indudablem ente la estrella m ás lum inosa en el
firm am ent o de los derechos hum anos" ( párr. 35) .
El próxim o paso a ser dado, en el m arco del sist em a int eram ericano de prot ección de los
derechos hum anos, consist e - com o vengo sost eniendo hace varios años, - en asegurar la
evolución del locus standi in j udicio al j us st andi de los individuos ant e la propia Cort e
I nt eram ericana, consolidándose así su capacidad j urídico- procesal int ernacional plena19 .
21. La práct ica de la tortura, en t oda su perversión, no se lim it a a los padecim ient os físicos
infligidos a la víct im a, busca el aniquilam iento de la víct im a en su ident idad e integridad. Causa
disturbios psicológicos crónicos, que se prolongan indefinidam ente en el t iem po,
discapacitando la víct im a a seguir viviendo norm alm ente com o ant es. Agrava su
vulnerabilidad, causa pesadillas, genera pérdida de confianza en los dem ás, hipert ensión y
depresión. Así han unánim em ent e m anifestado varios perit aj es al respect o, rendidos ant e est a
Cort e en dist int os casos a lo largo de los últ im os años. Un torturado en la cárcel pierde la
dim ensión del espacio y del propio t iem po.
19
. Sobre est e punt o, cf. A.A. Cançado Trindade, El Acceso Directo del I ndividuo a los Tribunales I nt ernacionales de
Derechos Hum anos, Bilbao/ España, Universidad de Deusto, 2001, pp. 9-104; A.A. Cançado Trindade, Bases para un
Proyecto de Protocolo a la Convención Am ericana sobre Derechos Hum anos, para Fortalecer Su Mecanism o de
Protección, vol. I I , 2a. ed., San José de Cost a Rica, Cort e I nt eram ericana de Derechos Hum anos, 2003, pp. 1-64. [ cf.]
8
22. Aún m ás, la práct ica de la tortura ( sea para obt ener confesión o inform ación o para
generar un t em or social) , genera una carga em ocional desint egradora que se t ransm it e a los
fam iliares de la víct im a, que, a su vez, la proyect an en las personas de su convivencia. La
práct ica generalizada de la tortura, aunque ocurrida dent ro de las cárceles, term ina por
cont am inar t odo el t ej ido social. La práct ica de la t ortura dej a secuelas no solam ent e en los
vict im ados por ella, sino en am plios sect ores del m edio social afect ado. Genera daños
psicosociales y, en determ inadas circunstancias, puede llevar a una verdadera descom posición
social.
23. Me parecen, así, verdaderam ent e espant osos los int entos contem poráneos, de los
dueños del poder y sus coopt ados subservient es, de relat ivizar la prohibición de la t ortura en
ciert as circunst ancias, com o el com bate al narcotráfico y la llam ada "guerra cont ra el
terrorism o" 20 . En m om ent o oportuno ha advert ido la Cort e I nteram ericana, t anto en la reciente
Sent encia en el caso de los Herm anos Góm ez Paquiyauri versus Perú ( del 08.07.2004, párrs.
111- 112) , com o en la presente Sentencia en el caso de Tibi versus Ecuador, que
24. La práct ica de la t ortura es un infierno a am enazar la propia civilización. Uno de los
crit erios infalibles de la civilización reside efect ivam ent e en el tratam ento dispensado por las
autoridades públicas de cualquier país a las personas det enidas o encarceladas. Es lo que, ya
en el siglo XI X, advert ía F.M. Dost oievski, en sus ya cit ados Recuerdos de la Casa de los
Muertos ( 1862) , para quien el grado de civilización alcanzado por cualquier m edio social se
puede evaluar al entrar en sus cárceles y cent ros de det ención 21 . La t ortura es una violación
part icularm ent e grave de los derechos hum anos, por cuant o, en sus dist intas form as, t iene por
obj et ivo últ im o anular la propia identidad y personalidad de la víct im a, m inando su capacidad
de resist encia física o m ental; t rat a, así, el vict im ado com o "sim ple m edio" ( en general para
obt ener una confesión) , en flagrante violación del principio básico de la dignidad de la persona
hum ana ( el cual expresa la concepción kant iana del ser hum ano com o "fin en sí m ism o") ,
degradándole, de form a perversa y cruel 22 , y causándole un daño verdaderam ent e irreparable.
20
. Para este fin hay convenciones internacionales, que hay que aplicar, para com batir estos m ales dentro del
Derecho. Aquellos intentos (de los autoproclam ados "realistas") ignoran m ás de un siglo de evolución del Derecho, y
m uestran el cam ino de vuelta a la barbarie. Com o bien señaló Jean Pictet, de m odo visionario, - si no profético, - ya en
1966, "sería un paso desastrosam ente retrógrado para la hum anidad intentar luchar contra el terrorism o con sus
propias arm as". J. Pictet, The Principles of I nternational Hum anitarian Law, Geneva, I CRC, 1966, p. 36. - Para un
ej em plo recient e de la actual y alarm ante desconstrucción del Derecho ( inclusive en la tierra del habeas corpus, del due
process of law y la presunción de inocencia) , en m edio a la aparente indiferencia o inconciencia de los círculos j urídicos
en tantos países, cf.: "Antiterrorism e: une cour de Londres légitim e des ` preuves' obtenues sous la torture", in Le
Monde, Paris, 14.08.2004 ( a propósito de "pruebas" obtenidas en interrogatorios de diez detenidos extranj eros
efectuados en la base norteam ericana de Guantánam o, y de la derogación por el Reino Unido del artículo 5 de la
Convención Europea de Derechos Hum anos) .
21
. Cf. F.M. Dostoievski, Souvenirs de la m aison des m orts, op. cit. supra n. (3) , pp. 35-416.
22
. J.L. de la Cuesta Arzam endi, El Delito de Tort ura, Barcelona, Bosch, 1990, pp. 27-28 y 70.
9
26. La prohibición absoluta de la t ortura en toda y cualquier circunst ancia, - tal com o lo
reconoce la Cort e I nt eram ericana en la present e Sent encia en el caso Tibi versus Ecuador, -
recae hoy día en el dom inio del j us cogens int ernacional ( cf. supra) . Com o m e perm it í señalar
en m i Voto Concurrent e en el caso de la Cárcel de Urso Branco versus Brasil ( Medidas
Provisionales de Prot ección, del 07.07.2004) , "en t oda y cualquier circunstancia se im pone la
obligación de debida diligencia por part e del Est ado, para evit ar daños irreparables a personas
baj o su j urisdicción y su cust odia" ( párr. 16) . La debida diligencia se im pone con aún m ayor
fuerza en relación con los encarcelados, quienes se encuent ran en situación de part icular
vulnerabilidad, baj o la custodia del Estado.
27. A su vez, la Corte Europea de Derechos Hum anos afirm ó, en el caso Soering versus
Reino Unido ( Sent encia del 07.07.1989) , que la prohibición absolut a de la t ort ura ( inclusive en
t iem pos de guerra y otras em ergencias nacionales) da expresión a uno de los "valores
fundam ent ales de las sociedades dem ocrát icas" cont em poráneas ( párr. 88) . Más
recient em ente, en el caso Kalashnikov versus Rusia ( Sentencia del 15.07.2002) , la Cort e
Europea afirm ó que el art ículo 3 de la Convención Europea de Derechos Hum anos
"enshrines one of the m ost fundam ent al values of dem ocratic society. I t
prohibits in absolute t erm s t orture or inhum an or degrading t reat m ent or
punishm ent, irrespect ive of the circum st ances and the vict im 's behaviour" ( párr.
95) .
28. En el caso Selm ouni versus Francia ( Sent encia del 28.07.1999) , la Cort e Europea fue
cat egórica al reit erar que el art ículo 3 de la Convención Europea
"enshrines one of the m ost fundam ental values of dem ocrat ic societ ies.
Even in the m ost difficult circum st ances, such as the fight against t errorism and
organised crim e, the Convent ion prohibits in absolute term s t orture and
inhum an or degrading treatm ent or punishm ent. Unlike m ost of the substant ive
clauses of t he Convent ion and of Prot ocols ns. 1 and 4, Art icle 3 m akes no
23
. Cf., v.g., N. Rodley, The Treatm ent of Prisoners under I nternational Law, Paris/ Oxford, UNESCO/ Clarendon Press,
1987, pp. 17- 143.
24
. A estos m ecanism os se agrega el Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para las Víctim as
de la Tort ura (desde 1983) .
25
. Cf., al respecto, A.A. Cançado Trindade, Trat ado de Direito I nt ernacional dos Direitos Hum anos, vol. I I , Porto
Alegre/ Brasil, S.A. Fabris Ed., 1999, pp. 345- 352.
10
provision for except ions and no derrogat ion from it is perm issible under Art icle
15( 2) even in the event of a public em ergency t hreat ening t he life of the nat ion
( ...) " ( párr. 95) .
29. En la m ism a Sent encia, la Cort e Europea expresó su entendim ient o en el sent ido de
que "the increasingly high st andard being required in the area of the protect ion of hum an
right s and fundam ent al libert ies correspondingly and inevit ably requires great er firm ness in
assessing breaches of t he fundam ent al values of dem ocrat ic societ ies" ( párr. 101) . En el cas
d'espèce, relat ivo a Francia, - t al com o en la present e Sentencia de la Cort e I nt eram ericana
que ha condenado al Estado dem andado por la t ortura infligida al étranger Tibi ( párr. 165) , -
igualm ent e la Cort e Europea condenó al Est ado dem andado por la t ortura infligida al ét ranger
Selm ouni ( párrs. 105- 106) .
30. A su vez, el Tribunal Penal I nt ernacional Ad Hoc para la Ex- Yugoslavia sost uvo
cat egóricam ent e, en el caso A. Furundzij a ( Sent encia del 10.12.1998) , que la prohibición
absolut a de la tortura t iene el carácter de una norm a del j us cogens ( párrs. 137- 139, 144 y
160) . La j urisprudencia de dist intos tribunales internacionales es, pues, clarísim a al expresar la
reacción del Derecho rat ione m at eriae, en cuanto a la prohibición absolut a de la t ortura, en
todas sus form as, y en t oda y cualquier circunst ancia, - prohibición ést a que, en nuest ros días,
recae en el dom inio del j us cogens int ernacional, con t odas sus consecuencias j urídicas para
los Estados responsables.
"De m i part e, siem pre he sost enido que es una consecuencia ineludible
de la afirm ación y la propia exist encia de norm as im perat ivas del Derecho
I nt ernacional el no se lim it ar ést as a las norm as convencionales, al derecho de
los t ratados, y el extenderse a t odo y cualquier acto j urídico. Desarrollos
recient es apunt an en el m ism o sent ido, o sea, de que el dom inio del j us cogens,
m ás allá del derecho de los tratados, alcanza igualm ent e el derecho
int ernacional general. Adem ás, el j us cogens, en m i ent ender, es una cat egoría
abierta, que se expande en la m edida en que se despiert a la conciencia j urídica
universal ( fuent e m at erial de t odo el Derecho) para la necesidad de prot eger los
derechos inherent es a t odo ser hum ano en t oda y cualquier situación.
La evolución del Derecho I nt ernacional de los Derechos Hum anos ha
enfat izado el caráct er absoluto de los derechos fundam ent ales inderogables. La
prohibición absolut a de las práct icas de t ortura, de desaparición forzada de
personas, y de las ej ecuciones sum arias y ext ra- legales, nos hacen ingresar
decididam ente en la t erra nova del j us cogens int ernacional. ( ...) " ( párrs. 68-
69) .
32. Y concluí al respect o, en el m ism o Voto en la referida Opinión Consult iva n. 18:
am plia y profunda dim ensión, alcanzando todos los actos j urídicos ( inclusive los
unilat erales) , e incidiendo ( inclusive m ás allá del dom inio de la responsabilidad
est at al) en los propios fundam ent os de un derecho int ernacional
verdaderam ent e universal" ( párr. 70) .
Adem ás de est a expansión horizontal, el j us cogens tam bién se am plia en una dim ensión
vert ical, de la int eracción de los ordenam ient os j urídicos int ernacional y nacional en el present e
dom inio de prot ección. El efecto del j us cogens, en est e segundo plano ( vert ical) , es en el
sent ido de invalidar t oda y cualquier m edida legislat iva, adm inist rat iva o j udicial que, en el
plano del derecho int erno de los Est ados, int ent e aut orizar o t olerar la t ortura26 .
33. La prohibición absolut a de la t ortura com o reacción del Derecho rat ione m at eriae, de
que aquí se trata, en las dim ensiones t ant o horizont al com o vert ical, t iene im plicaciones para
las reparaciones debidas a los vict im ados. En nada sorprende que las reparaciones en casos de
tortura hayan revelado una dim ensión a un tiem po individual y colect iva o social. La im punidad
agrava el sufrim iento psíquico infligido t anto a la víct im a direct a com o a sus fam iliares y
personas de su convivencia. En realidad, causa nuevos daños psicosociales. El encubrim ient o
de lo ocurrido, o la indiferencia ante los hechos delict ivos, im plican una nueva agresión a la
víct im a y sus fam iliares, descalificando sus sufrim ientos. La realización de la j ust icia es, pues,
de sum a im port ancia para la rehabilitación de las víctim as de tortura ( com o form a de
reparación) , al m it igar su dolor, y el de sus seres queridos, por reconocer los sufrim ient os que
han padecido.
34. Es esta una m ateria t odavía en evolución, pero el derecho de aquellas víct im as a una
reparación j usta y adecuada es hoy abordado a part ir del reconocim iento de la cent ralidad de
la int egridad de las referidas víct im as27 . La present e Sent encia de la Cort e I nt eram ericana en
el caso Tibi versus Ecuador es un ej em plo de la reacción del Derecho al m al ant eriorm ent e
narrado. No es m ucho lo que ha podido hacer el Derecho en el present e cont exto, pero es
algo, y sirve al m enos para m antener viva la esperanza en un m ínim o de j ust icia hum ana. La
reacción del Derecho reflej a el reconocim ient o de que la rehabilit ación de las víct im as de
det ención arbit raria y t ort ura no puede resum irse a contar t an sólo con los recursos
psicológicos que puedan ellas t ener para defenderse de ese m al, agravado por la indiferencia
del m undo exterior.
35. La realización de la j usticia, con las debidas reparaciones, cont ribuye a reordenar las
relaciones hum anas, y reest ructurar el psiquism o de t odos los vict im ados. La realización de la
j ust icia debe darse desde la perspect iva de la integralidad de la personalidad de las víct im as.
Las reparaciones m ás bien alivian el sufrim iento de los vict im ados, al const atar la realización
de la j ust icia. En fin, com o m e perm it í señalar en m i Vot o Razonado en el caso de los "Niños de
la Calle" ( Villagrán Morales y Otros versus Guat em ala, Reparaciones, Sent encia del
26.05.2001) ,
"El sufrim iento hum ano tiene una dim ensión t anto personal com o social.
Así, el daño causado a cada ser hum ano, por m ás hum ilde que sea, afect a a la
propia com unidad com o un todo. Com o el present e caso lo revela, las víct im as
se m ult iplican en las personas de los fam iliares inm ediatos sobrevivientes,
26
. Cf. E. de Wet, "The Prohibition of Torture as an I nternational Norm of Jus Cogens and I ts I m plications for National
and Custom ary Law", 15 European Journal of I nternational Law (2004) pp. 98-99.
27
. Cf. I . Bottigliero, Redress for Victim s of Crim es under I nternational Law, Leiden, Nij hoff, 2004, pp. 13-38, 111-
191 y 249-253.
12
quienes, adem ás, son forzados a convivir con el suplicio del silencio, de la
indiferencia y del olvido de los dem ás" ( párr. 22) .
Las reparaciones t ienen, por consiguiente, una dim ensión necesariam ente tant o individual
com o social.
36. Com o la Sentencia de la Cort e I nt eram ericana en el presente caso Tibi versus Ecuador
lo revela, el Derecho viene al am paro t am bién de aquellos que se encuent ran olvidados en la
cárcel, en la casa de los m uert os t an lucidam ente denunciada en el siglo XI X por Dost oievski.
La referida reacción del Derecho, t ant o ratione personae com o rat ione m ateriae, indica que la
conciencia hum ana ha despert ado para la aprem iant e necesidad y el propósit o de poner fin,
con det erm inación, a los flagelos de la det ención arbit raria y la tortura. Un rol de la m ayor
relevancia es aquí ej ercido por los principios generales del Derecho. Con ésto, hay razón para
alim entar la esperanza de que los D.D. Tibi, los Joseph K., y los Mersault , dism inuyan
gradualm ente en núm ero, hast a que no m ás padezcan en las cárceles del m undo "post-
m oderno", insensible, indiferent e y brut alizado en que vivim os.
1. He concurrido con el vot o de m ayoría en el present e caso por considerar que fueron
probadas las violaciones a los derechos fundam ent ales del Sr. Daniel Tibi y de m iem bros de
su fam ilia. El conocim ient o de est as graves violaciones a los derechos de una persona y en
m i calidad de ciudadano ecuat oriano m e llevan a las siguient es consideraciones.
2. El Est ado del Ecuador no puede perm it ir ni debe t olerar que las m ás elem ent ales
garant ías del debido proceso sean violent adas por la irresponsabilidad de det erm inados
j ueces y policías sean de la I NTERPOL o j udiciales. Ellos const it uyen una afrent a para el
país.
3. El Ecuador debe dest errar definit ivam ent e la t ort ura y los t rat os crueles e inhum anos
com o m edios de invest igación de un delit o. Quisiera t ener el convencim ient o de que al
m om ent o act ual ( año 2004) est os m ét odos fueron superados. El Est ado ecuat oriano rat ificó
( 1999) la Convención I nt eram ericana cont ra la Tort ura, en consecuencia, sus disposiciones
se han int egrado a nuest ro ordenam ient o j urídico, t ant o com o las norm as de la Convención
Am ericana.
4. No es posible que m uchos j ueces penales ecuat orianos, com o los que act uaron en el
present e caso, t ransform en a la prisión prevent iva en un ent ierro de por vida, donde se
podría evocar la inscripción que Dant e pusiera en las puert as del infierno. Si, com o en el
present e caso, el j uez observa, obj et ivam ent e, que no exist en pruebas que fundam ent en la
prisión prevent iva ¿cóm o se puede m ant ener ést a sin lím it e de t iem po? Tal parece que
est os j ueces pierden la conciencia del daño irreversible que causa en un ser hum ano
aquellos m eses e incluso años de ” prisión prevent iva” .
5. Los órganos de Just icia deben act uar dent ro de plazos legales y razonables para
dict ar sus providencias y fallos. Los am paros de libert ad j udicial son de resolución
inm ediat a para prot eger a la persona det enida de una arbit rariedad. Y si est os recursos son
procedent es - según la Ley- no pueden ser negados baj o cualquier pret ext o.
6. En el present e caso, los j ueces que act uaron, especialm ent e el prim ero que inició el
proceso, son responsables de est a sent encia supranacional dict ada cont ra el Est ado
ecuat oriano; en cont ra de ellos y de los policías que act uaron el Est ado t iene el derecho de
repet ición de t odas las indem nizaciones que haga, adem ás de la responsabilidad penal.
7. No debe haber lugar a la im punidad, ella at ent a, t am bién, cont ra la Const it ución del
Ecuador que proclam a la vigencia de los derechos hum anos com o deber prim ordial del
Est ado.