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Predisposiciones de la víctima y causalidad

Este documento discute la relación entre las predisposiciones de la víctima y la responsabilidad causal. Sostiene que, como regla general, las predisposiciones de la víctima no deben considerarse como un hecho del damnificado que reduzca la responsabilidad, a menos que ya hubieran causado una incapacidad. Admite algunas excepciones, como cuando la predisposición causa una incapacidad muy grave e imprevisible o cuando la víctima actuó imprudentemente a pesar de su estado.

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Predisposiciones de la víctima y causalidad

Este documento discute la relación entre las predisposiciones de la víctima y la responsabilidad causal. Sostiene que, como regla general, las predisposiciones de la víctima no deben considerarse como un hecho del damnificado que reduzca la responsabilidad, a menos que ya hubieran causado una incapacidad. Admite algunas excepciones, como cuando la predisposición causa una incapacidad muy grave e imprevisible o cuando la víctima actuó imprudentemente a pesar de su estado.

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Título: Predisposiciones de la víctima y relación causal


Autor: Picasso, Sebastián
Publicado en: LA LEY 24/09/2019, 24/09/2019, 10 - LA LEY2019-E, 749
Cita: TR LALEY AR/DOC/3086/2019
Sumario: I. Introducción.— II. El principio general: las predisposiciones de la víctima no son asimilables a un
hecho del damnificado.— III. Las excepciones.
(*)

I. Introducción
Nos ha parecido útil tratar someramente el tema de las predisposiciones de la víctima en atención a su
complejidad y al hecho de que la cuestión —aunque se presenta frecuentemente en los casos que se plantean en
los tribunales— ha sido poco estudiada por la doctrina argentina y raramente es identificada y encuadrada
correctamente por la jurisprudencia (1).
No es infrecuente, en efecto, que un estado patológico preexistente en el damnificado tenga alguna
incidencia en la producción del daño que este experimenta. Una persona anciana fallece luego de ser
hospitalizada a causa de una fractura frente a la brusca frenada de un colectivo, pero en ese desenlace incide
también la debilidad propia de su avanzada edad. Otra persona tiene una predisposición al hipotiroidismo, pero
este recién se desencadena a raíz de la toma de un medicamento cuyo prospecto no indicaba esa posible
consecuencia.
En estos y en muchos otros casos, surge la pregunta acerca de si corresponde asignar un rol causal a la
predisposición de la víctima y si, por consiguiente, la reparación debe reducirse en función de ella, como si se
tratara de un hecho del damnificado (art. 1729, Cód. Civ. y Com.).
Nosotros creemos que, por vía de principio, las predisposiciones de la víctima no pueden ser relevadas como
concausa adecuada del daño, aunque esta regla admite algunas excepciones. Examinaremos a continuación
ambas situaciones.
II. El principio general: las predisposiciones de la víctima no son asimilables a un hecho del damnificado
El principio general nos parece claro: el hecho de la víctima no puede ser equiparado a otros casos en los
cuales no existe una conducta del damnificado que sea la causa o concausa del daño, aunque sí una situación
anormal o patológica de aquel que contribuye a la producción del perjuicio ([Link]., una patología cardíaca que
provoca una complicación posterior a un accidente de tránsito y favorece el fallecimiento de la víctima) (2).
Al respecto sostienen Flour, Aubert y Savaux que, salvo en los casos en los que el dañado ha cometido una
culpa que está en el origen de su predisposición patológica, o ha adoptado imprudentemente un comportamiento
peligroso teniendo en cuenta su estado, la cuestión de la influencia causal de las predisposiciones de la víctima
no debería plantearse. Añaden que en estos casos el único problema verdadero estriba en saber si el hecho del
autor del daño ha causado efectivamente la muerte o la incapacidad de la víctima y, si la respuesta es afirmativa,
poco importa que la eficacia dañosa de esa causa haya sido ampliada por un estado preexistente del
damnificado. Pretender lo contrario, concluyen los citados autores, importaría desconocer el derecho de la
víctima a su integridad física (3).
De hecho, la solución adoptada por la Corte de Casación francesa consiste en predicar en estos casos la
responsabilidad integral del autor del accidente: "El derecho de la víctima a obtener la indemnización de su
perjuicio corporal no podría ser reducido en razón de una predisposición patológica cuando la afección que
resulta de ella ha sido provocada o revelada por el hecho dañoso" (4). Se trata, por lo demás, de una solución
ampliamente expandida en el derecho comparado (5).
En la doctrina nacional, Matilde Zavala de González sostiene, contrariamente, que el régimen del hecho de
la víctima debe extenderse al desenvolvimiento del proceso causal inherente a determinado estado irregular que
le concierne, aunque no exista un obrar del afectado (6). La mencionada autora ensaya, no obstante, una
diferenciación —a nuestro juicio, muy difícil de aplicar en la práctica— entre las predisposiciones de la víctima
—que conceptualiza como simples tendencias del sujeto ([Link]., simple debilidad)— y las situaciones subjetivas
realmente patológicas, y sostiene que mientras las primeras carecerían de relevancia, las segundas, si operan
como detonantes del hecho dañoso, impedirían la conexión causal con este (7).
Por nuestra parte compartimos la posición imperante en Francia, porque el derecho de daños no tutela
únicamente a las personas sanas o carentes de toda afección previa (8) y, por otra parte, a partir de un juicio de
causalidad adecuada es previsible que la víctima de cualquier hecho dañoso pueda sufrir alguna enfermedad (9)
o tener ciertas características (contextura física, sexo, edad, etc.) que según las circunstancias puedan incidir

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agravando o incluso determinando la producción de cierto perjuicio. Se trata en estos casos de circunstancias
distintas del hecho originario, pero igualmente previsibles, que dan lugar a una consecuencia mediata (ergo,
reparable) en los términos del art. 1727 del Cód. Civ. y Com.
Por eso, si la predisposición de la víctima (ya se trate de un estado del sujeto o de una enfermedad
preexistente) no se traducía, con anterioridad al hecho ilícito, en un grado de incapacidad concreto, corresponde
—en principio— reparar la totalidad del daño que aquella experimenta.
En ese sentido, en un caso en el cual la actora presentaba una situación psíquica preexistente que había
favorecido el desarrollo de un porcentaje de incapacidad, se decidió: "Si el accidente actuó como factor
desencadenante con relación a ciertas afecciones preexistentes que padecía la víctima, activándolas o acelerando
su proceso, sus consecuencias deberán ser soportadas por el responsable" (10). Asimismo, en una ocasión en que
una persona obesa cayó al piso de un supermercado al trabarse las ruedas del carro de compras que empleaba, se
juzgó que esa circunstancia no equivale a una "culpa" de la víctima, pues se supone que dichos carros tienen la
fortaleza suficiente para soportar peso y para ser utilizados por toda clase de personas (11). Con similar criterio
se declaró que un establecimiento de asistencia médica no puede invocar el hecho de la víctima como eximente
de responsabilidad frente a una infección hospitalaria si los factores de riesgo invocados —tales como la edad
de la actora y el hecho de que padecía diabetes— constituyen una constante de cualquier población hospitalaria
(12). En otro precedente, en el que la enfermedad de base del actor (hipotiroidismo) había sido desencadenada
como consecuencia de la toma de un medicamento cuyo prospecto no presentaba suficiente información, se
decidió —con voto nuestro— que, a falta de prueba de que esa enfermedad de base se había manifestado en
concretas secuelas incapacitantes con anterioridad, correspondía adjudicar al medicamento la totalidad de la
eficacia causal en la producción de la incapacidad generada por esa enfermedad (13). Del mismo modo, en un
caso en el que un pasajero de avanzada edad falleció luego de ser intervenido quirúrgicamente de una fractura
de cadera producida en un accidente en un colectivo, se declaró que, aunque en el desenlace hubiesen influido
ciertas predisposiciones (antecedentes de diabetes, insulino-dependencia, displidemia, gota, bypass cardíaco,
angioplastía, aneurisma de arteria femoral izquierda), ellas no liberaban de las consecuencias mediatas dañosas
a los responsables del ilícito. Y se puntualizó: "El razonamiento contrario es inaceptable, pues en dicha
inteligencia habría que concluir que los enfermos o los ancianos podrían ser atropellados, sin que existiera
responsabilidad civil extracontractual por las consecuencias mediatas de los daños producidos en el accidente,
lo que es contrario a lo que disponen los arts. 901, 904 y ccds. del Cód. Civil" (14). En nuestro voto concurrente,
puntualizamos que la regularidad de la relación causal se encontraba suficientemente acreditada, dado que el
dictamen pericial realizado en la causa penal permitía colegir que una lesión como la generada en autos (fractura
de cadera lateral izquierda) suele desembocar en el resultado en cuestión (muerte) en una persona de las
características del fallecido; máxime cuando las predisposiciones que presentaba la víctima fatal eran
previsibles en una persona de su edad, razón por la cual correspondía aplicar la regla general según la cual el
estado patológico, o la condición especial del damnificado, no deben ser tenidos en cuenta a efectos de tener por
interrumpida o desplazada la cadena causal (15).
III. Las excepciones
Ahora bien, la regla general que acabamos de explicar debe ser matizada mediante tres precisiones.
En primer lugar, una solución distinta se impone si la predisposición importaba para el dañado una
incapacidad ya adquirida con anterioridad al hecho, pues en ese supuesto el responsable únicamente debe cargar
con la porción del daño suplementaria que efectivamente causó el hecho ilícito (16). Esta regla admite a su vez
una excepción, constituida por aquellos casos en los cuales el hecho dañoso cambia radicalmente la naturaleza
de la incapacidad, como en el caso del tuerto que pierde el único ojo sano, o el manco a quien le es amputada la
mano restante (17).
En segundo término es preciso excluir del principio general las situaciones en las cuales la predisposición de
la víctima es de una rareza o una gravedad inusitadas (y por ende, imprevisibles), y por eso determina la
producción del daño en conjunción con un hecho que, en condiciones normales, no habría resultado nocivo o
habría producido perjuicios mínimos. Así sucede con el caso de un enfermo cardíaco de tal gravedad que muere
a causa de un leve susto, o de quien, por sufrir una osteoporosis extrema, experimenta gravísimos daños frente a
un hecho que en una persona sana únicamente hubiera provocado moretones (18); y también cuando la víctima
tiene un carácter especialmente neurótico o manifiesta sensibilidades extremas que determinan la producción de
una incapacidad psíquica frente a la más mínima molestia (19).
Esta última situación puede ser ejemplificada con un precedente en el cual se juzgó que no había relación
causal adecuada entre el hecho de que dos niñas hubieran visto ciertas escenas levemente eróticas en una
película proyectada dentro del horario de protección al menor y la incapacidad psicológica de sus padres. En el
caso, la pericia médica había dado cuenta de la existencia de esa incapacidad y de que su causa material era el
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episodio ya relatado, pero el tribunal —confirmando la sentencia que habíamos dictado como juez de primera
instancia— entendió —por mayoría— que no se trataba de una consecuencia previsible según las reglas de la
experiencia (20). Es evidente que, en ese supuesto, el daño había sido determinado por una predisposición
psíquica de las víctimas indirectas (los padres), y que la extrema gravedad de ella era la única causa adecuada
del perjuicio, desencadenado por un hecho casi anodino. Dijo al respecto la mayoría del tribunal: "si bien se
acepta que las afecciones de este tipo tienen siempre relación, más o menos intensa, con la personalidad de la
víctima, no puede resarcirse una consecuencia exclusivamente derivada de rasgos peculiares del sujeto, porque
el derecho no debe atender a las supersensibilidades, ni quedar supeditado a cualquier desequilibrio o flaqueza,
o a lo que parece fruto de una exagerada susceptibilidad; la protección concedida por la ley se limita a las
sensibilidades medias y corrientes. No se trata de tutelar cualquier afectividad, por real que sea, si no responde a
patrones de normalidad y significa en cambio una exageración (...). Entiendo perfectamente que la transmisión,
por la televisión abierta y en horarios de protección al menor, de escenas como las contenidas en las películas de
marras puede haber provocado en los actores disgusto, incomodidad, impotencia ante el avasallamiento de sus
enseñanzas y principios, pero de ningún modo engendrar sufrimientos ni cuadros psicológicos reactivos de la
entidad de los alegados" (21).
Entonces, para estos casos excepcionales, de resultados altamente desproporcionados —y únicamente para
ellos—, coincidimos con Zavala de González en que corresponde asignar a la predisposición de la víctima la
totalidad de la eficacia causal en la producción del daño.
Por último, es claro que la indemnización también puede ser reducida por la influencia del hecho de la
víctima si esta no tomó medidas razonables para protegerse contra su particular vulnerabilidad, como sucedería
si quien tiene huesos extremadamente frágiles no emplea un casco para realizar ciertas actividades que implican
riesgos —como andar en bicicleta o cabalgar—, incluso si no hay obligación legal de hacerlo (22). Pero en este
último caso lo que justifica la disminución no es la predisposición en sí misma, sino el hecho del damnificado
(art. 1729, Cód. Civ. y Com.).
(*) Doctor en Derecho (UBA). Magister en Derecho Privado (Universidad de París XII). Profesor regular
titular de la materia "Obligaciones Civiles y Comerciales" en la Facultad de Derecho de la Universidad de
Buenos Aires. Profesor de posgrado en diversas universidades de la Argentina y el extranjero. Juez de la
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil. Miembro del equipo de trabajo que colaboró con la Comisión de
Reforma en la elaboración de los arts. 1708 a 1780 del Código Civil y Comercial de la Nación. Miembro de la
comisión redactora del proyecto de reforma integral de la Ley de Defensa del Consumidor.
(1) Ver PICASSO, Sebastián, "Tratado de derecho de daños", Ed. La Ley, Buenos Aires, 2019.
(2) PREVOT, Juan M., "Obligaciones in solidum vs. concurrencia causal: a propósito de la influencia de las
predisposiciones de la víctima sobre la pretensión resarcitoria", DJ 2005-3, 833. Algunos autores estiman
pertinente distinguir entre predisposiciones y estado anterior de la víctima; vid. SIMAR, Nöel — DEVOS,
Bruno, "Prédispositions pathologiques et état antérieur: une tempête dans un verre d'eau", Revue Générale des
Assurances et des Responsabilités (Bruxxelles), 2015.15150.
(3) FLOUR, Jacques — AUBERT, Jean L. — SAVAUX, Éric, "Les obligations", Armand Colin, Paris,
2002, t. 2, p. 179.
(4) Corte de Casación, Segunda sala Civil, 10/06/1999, Bulletin Civil II, nro. 116; la traducción es nuestra.
(5) QUÉZEL-AMBRUNAZ, Christophe, "Essai sur la causalité en droit de la responsabilité civile", Dalloz,
París, 2010, p. 329; Van DAM, Cees, "European tort law", Oxford University Press, 2013, ps. 344-345. Este
último autor recuerda la célebre expresión de Lord Parker: "el responsable toma a su víctima tal como la
encuentra", lo cual significa que el demandado también debe responder por las consecuencias de las
vulnerabilidades y las predisposiciones de la víctima, incluso si esta es extremadamente vulnerable.
(6) ZAVALA de GONZÁLEZ, Matilde, "Situación anormal de la víctima como causa o concausa del
daño", RCyS, agosto de 2011, p. 3.
(7) ZAVALA de GONZÁLEZ, Matilde, "Daño psíquico y rubros indemnizables", RCyS 2006, 55; id.,
"Situación anormal...", ob. cit., p. 5.
(8) Con acierto pone de resalto Acciarri la relación entre la tendencia a no conferir relevancia causal a las
predisposiciones de la víctima y la función resarcitoria del sistema de derecho de daños (ACCIARRI, Hugo, "La
relación de causalidad y las funciones del derecho de daños", Ed. Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 2009, p. 199).
(9) No coincidimos en este punto con Zavala de González, quien sostiene: "no es genéricamente anticipable
que personas afectadas por un suceso lesivo en algún entorno usual estén previamente enfermas, lo cual
precisamente se aparta de la normalidad ('curso natural y ordinario de las cosas') que es pauta definitoria de la
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causalidad adecuada (...). Lo normal es que se encuentren 'sanas' (más o menos fuertes), salvo algún contexto
excepcional" ("Situación anormal...", ob. cit., p. 6). Como lo exponemos en el texto pensamos, contrariamente,
que la enfermedad es en principio un suceso previsible porque "suele suceder" a las personas, a tal punto que
todos hemos estado enfermos —aunque más no sea de una simple gripe— en algún momento de nuestras vidas.
(10) CNCiv., sala L, 03/11/1992, "S., M. B. y otra c. Cammanieri, Omar J. y otra", LA LEY, 1994-B, 379.
(11) CNCiv., sala H, 02/08/2006, "Rodas Rojas, Cayetana c. Coto CICSA", DJ del 11/10/2006, 397, con
nota de Juan Manuel PREVOT.
(12) CNCiv., sala F, 21/07/2006, "V. de G., M. c. Centro Gallego de Buenos Aires y otro", LA LEY,
2006-F, 700 con nota de Juan Manuel PREVOT.
(13) CNCiv., sala A, 22/08/2012, "R., F. E. c. Bayer SA y otros s/daños y perjuicios", LA LEY, 2012-F,
411, con nota de Roberto A. VÁZQUEZ FERREYRA.
(14) CNCiv., sala A, 31/10/2017, "T., T. c. A. SATACI s/daños y perjuicios", voto del Dr. Molteni,
LA LEY, 2017-F, 504.
(15) CNCiv., sala A, 31/10/2017, "T., T. c. A. SATACI s/daños y perjuicios", voto del Dr. Picasso.
(16) FLOUR, Jacques — AUBERT, Jean L. — SAVAUX, Éric, ob. y loc. cit.
(17) En este último supuesto coincidimos con ZAVALA de GONZÁLEZ ("Situación anormal...", ob. cit.,
p. 9) en que la indemnización no puede abarcar la pérdida de las dos manos ni de los dos ojos, pero sí debe ser
superior en comparación con supuestos en los que no se elimina por completo una función de la que la víctima
antes disfrutaba, así fuera estrecha o con limitaciones.
(18) Ambos ejemplos son proporcionados por ZAVALA de GONZÁLEZ, "Situación anormal...", ob. cit.,
p. 5.
(19) Señala Van Dam que la vulnerabilidad psicológica es el supuesto que mayores prevenciones suscita
para aplicar la regla según la cual las predisposiciones de la víctima no deben ser computadas a efectos de
disminuir o excusar la responsabilidad (VAN DAM, ob. cit., ps. 344-345).
(20) CNCiv., sala D, 10/02/2012, "R. M, F. y otros c. Artear SA", LA LEY del 18/07/2012, p. 5, con nota
de Gustavo CARRANZA LATRUBESSE.
(21) CNCiv., sala D, 10/02/2012, "R. M, F. y otros c. Artear SA", LA LEY del 18/07/2012, cit., voto de la
Dra. Brilla de Serrat.
(22) Van DAM, ob. cit., p. 344.

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