CATEQUESIS FRANCISCANA 1
Esta es la primera de 4 sesiones que se desarrollarán durante el curso y
en las que pretendemos acercar la figura de Francisco a los niños, para
que empiecen a conocer la espiritualidad franciscana.
Para elaborar esta catequesis hemos utilizado los materiales del primer año de la etapa San
Damián (temas 1, 2 y 4).
El esquema a desarrollar durante la sesión es el siguiente:
1. Comenzamos planteando: ¿qué sueños tiene cada uno? (basado en la ambientación 1).
2. Dividimos a los niños en grupos y a cada uno les damos un texto, sobre aspectos claves
de la vida de Francisco y Clara, que después tendrán que explicar al resto.
a. Francisco, buscador de Dios (vida previa de Francisco)
b. Francisco ante el cristo de San Damián (vocación de Francisco)
c. Clara
3. Junto con cada relato, hay una serie de preguntas de reflexión, que tienen que hacer
juntos. Luego, las plantearemos también en conjunto, para que saquen sus
conclusiones.
4. Repartiremos un texto-oración: Ser feliz.
AMBIENTACIÓN 1
Todos tenemos sueños, deseos de algo diferente... queremos ser más en la vida, ser felices,
vivir mejor de lo que vivimos. Para eso, muchas veces hay que arriesgarse y romper con lo que
nos rodea, aunque cueste. Porque estamos convencidos de que quien no se arriesga, no gana,
no progresa, no avanza. Si quiero que me toque la lotería, al menos tengo que comprar un
boleto. ..
¿Qué quiero ser de mayor? ¿Cuáles son mis sueños? ¿Qué me puede hacer feliz? ¿Qué me
preocupa?
Y Dios, ¿qué lugar ocupa entre mis sueños, en mi futuro, en mi vida? ¿Busco a Dios, tiene
sentido buscar a Dios, o me conformo con lo que ya conozco de Él, lo que me enseña la
catequesis, el Colegio, etc.?
TEXTO 1: FRANCISCO, BUSCADOR DE DIOS
Hace ya más de ochocientos años, en una ciudad italiana llamada Asís, vivía un joven como tú,
con sueños e inquietudes... Se llamaba Francisco. Había nacido en 1181 en el seno de una
familia burguesa, vendedora de telas. Su madre quería llamarlo Juan, quizá porque nació
precisamente el día de San Juan (24 de junio). Pero su padre, en cuanto volvió de un viaje de
negocios por Francia que le había ido muy bien, lo llamo “Francisco”, posiblemente por el
éxito de ese viaje comercial.
Vivió su niñez, adolescencia y juventud como todos los chavales de su época: aprender a leer,
escribir, sumar y algunas cosillas más (especialmente el latín, la lengua que se usaba para las
celebraciones religiosas) en la escuela de la Catedral de San Rufino, echar una mano en la
tienda de su padre vendiendo telas, etc. Se le daban bien los negocios, y sabía convencer a las
señoras ricas para que comprasen las mejores telas de su padre.
Pero de mayor no quería quedarse toda la vida vendiendo telas. Sus sueños iban por otro lado:
ser armado caballero. Fue a luchar contra los nobles de su ciudad, y ganaron la batalla
consiguiendo que se fuesen de Asís. A los pocos años, estos nobles se aliaron con la ciudad
vecina de Perusa y declararon la guerra a los burgueses de Asís: en esta ocasión perdieron la
guerra los burgueses y Francisco fue encarcelado. Allí Francisco cogió una enfermedad
bastante larga... Pero no se dio por vencido, y en cuanto se recuperó, se hizo con una
armadura y se alistó en el ejército para luchar en una Cruzada contra los musulmanes de Tierra
Santa.
Con un amigo suyo, con su caballo y su armadura, se fue al encuentro del ejército de la
Cruzada, pero a los pocos kilómetros de Asís, en un pueblo llamado Espoleto, tuvo un sueño
en el que sintió que una voz le decía que volviese a Asís si de verdad quería servir al auténtico
Señor. Francisco lo hizo, y desde entonces, se le veía paseando y reflexionando por los
alrededores de Asís, pensando qué significaría ese sueño.
Tres compañeros de Francisco escribieron a los pocos años de morir Francisco una pequeña
biografía. Veamos lo que dijeron sobre estos años de la vida de su amigo Francisco:
Un día en que invocaba con más fervor la misericordia de Dios, le manifestó el Señor que en
breve se le diría lo que había de hacer. Con esto se llenó de tal gozo, que, no pudiendo
contener la alegría, aun sin querer, decía al oído de los hombres algo de estos secretos. Pero
hablaba con cautela y enigmáticamente, diciendo que no quería ir a la Pulla y que en su patria
llevaría a cabo cosas grandes y nobles.
Sus compañeros, que lo veían tan cambiado y tan alejado de ellos en sus pensamientos,
aunque a veces los acompañara corporalmente, de nuevo le preguntaron, como tomándoselo
a broma: «Pero ¿es que piensas en casarte, Francisco?» A lo que contestó, con palabras
enigmáticas: “Sí, me desposaré con una mujer, la más noble y bella que jamás hayáis visto”.
(TC 13)
⇨ Reflexión
¿He tenido yo esta experiencia de Francisco: vivir algún día reflexionando sobre mi vida y mi
futuro, profundamente, más allá de los sueños superficiales que otros o yo mismo puedo tener
de vez en cuando?
TEXTO 2: FRANCISCO ANTE EL CRISTO DE SAN DAMIÁN
Nos cuentan las antiguas biografías que relata San Buenaventura que, Francisco, mientras
estaba recuperando la salud, salió al campo, a las afueras de Asís, para recuperar la paz y
buscar respuestas. Una tarde de otoño del 1205, caminando sin rumbo, se encontró con una
ermita derruida, a muy pocos kilómetros de su pueblo, dedicada a San Cosme y S. Damián,
patronos de Asís. Dentro, apenas había nada de valor. Solo se distinguía un viejo icono de
Jesucristo crucificado. Se acercó despacio para verla de cerca, y puesto de rodillas, oró: “¡Oh
alto y glorioso Dios! Ilumina las tinieblas de mi corazón. Dame fe recta, esperanza cierta,
caridad perfecta. Sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y veraz
mandamiento.”
“Salió un día Francisco al campo a meditar, y al pasear junto a la iglesia de San Damián, cuya
estructura externa amenazaba ruina, entró en ella - movido por el Espíritu- a hacer oración; y
mientras oraba postrado ante la imagen del Crucificado, de pronto se sintió inundado de una
gran devoción espiritual. Fijó sus ojos en la cruz del Señor, y he aquí que oyó una voz
procedente de la misma cruz que le dijo: «¡Francisco, ve y repara mi casa, que, como ves,
amenaza en ruina!» Quedó estremecido Francisco, pues estaba solo en la iglesia, al percibir
voz tan maravillosa, y, sintiendo en su corazón el poder de la palabra divina, fue lleno del
Espíritu. Vuelto en sí, se dispone a obedecer, y concentra todo su esfuerzo en la decisión de
reparar materialmente la iglesia, aunque la voz divina se refería principalmente a la reparación
de la Iglesia espiritual, familia de los cristianos, según el Espíritu Santo se lo dio a entender y el
mismo Francisco lo reveló más tarde a sus hermanos.
Así, pues, se levantó, armándose con la señal de la cruz, tomó consigo diversos paños
dispuestos para la venta y se dirigió apresuradamente a la ciudad de Foligno, y allí lo vendió
todo, incluso el caballo que montaba. Tomando su precio, vuelve el afortunado mercader a la
ciudad de Asís y se dirige a la iglesia, cuya reparación se le había ordenado. Entró
devotamente en su recinto, y, encontrando allí a un pobrecillo sacerdote, le ofreció el dinero
obtenido a fin de que lo destinara para la reparación de la iglesia y la limosna de los pobres.
Luego le pidió humildemente que le permitiera convivir por algún tiempo en su compañía.
Accedió el sacerdote al deseo de Francisco de vivir en su casa, pero rechazó el dinero por
temor a sus padres. Entonces, Francisco, sin dar más valor al dinero que al polvo del camino, lo
arrojó a una ventana.”
(Leyenda Mayor 2, 1)
¿Qué significa la petición de Jesús crucificado: “Francisco, ve y repara mi casa, que, como ves,
amenaza en ruina”? Se trata de una MISIÓN que el Señor encarga a Francisco, una vocación
que le va a sellar de por vida. Vamos a detenernos en cada una de las palabras:
1) FRANCISCO. Lo primero que vemos es que Jesús le llama por su nombre. Dios sabe mi
nombre, me conoce personalmente, desde antes de nacer. Para él no soy un número, ni uno
más. Soy Yo, en mi singularidad, con mis limitaciones y mis grandezas. Dios me quiere más
que yo mismo, me respeta y me espera cuando me desvío. En la ermita de San Damián,
después de orar Francisco, Dios le llama por su nombre, como me puede llamar a mí o a
cualquiera. Precisamente mi nombre es lo primero que oficialmente me dice la Iglesia en mi
camino como cristiano (cuando un niño es bautizado, lo primero que se dice es su nombre:
“N, yo te bautizo en el nombre del Padre...”).
2) VE Y REPARA MI CASA. No le pide Dios a Francisco que se quede en el convento
esperando, ni que vuelva a casa de sus padres... Le encarga una misión muy concreta:
“reparar la casa de Dios”. Al principio, Francisco lo entiende literalmente y repara con sus
propias manos tres ermitas derruidas (San Damián, La Porciúncula y San Pedro). Pero la voz
se refería a la Iglesia en sentido amplio, la gran familia de los cristianos, la Iglesia espiritual,
que en aquella época estaba también deteriorada (muchos cristianos no amaban a Dios, se
enzarzaban en guerras, muchos sacerdotes no vivían como pedía el Evangelio, etc). La
verdadera misión que recibe Francisco es el encargo de vivir con radicalidad el Evangelio,
vivir bien el cristianismo... Solo así se puede reparar la Iglesia que Cristo fundó, semilla del
Reino de Dios en nuestro mundo. Dicho de otro modo, el cometido que Francisco recibió
era el de iniciar una familia de cristianos que se tomasen en serio el Evangelio y la Iglesia tal
como lo quiso Cristo hacía mil doscientos años. Pero esto Francisco no lo supo hasta que
después de muchos años se lo fue revelando el Señor poco a poco.
3) QUE, COMO VES, AMENAZA EN RUINA. La voz de Cristo parte de un hecho, de una
realidad. No es que su época fuese peor que otras... Cada época tiene sus debilidades y sus
grandezas, sus ruinas y la belleza de quien vive entregado. El Señor eligió a Francisco para
que fuese en medio de la Iglesia de su época, luz, una llama de esperanza y de vida que
encarnase de una manera especial, con la frescura de los apóstoles, el Evangelio.
Francisco aceptó el reto, y desde el principio quiso obedecer a la voz que le había hablado
en la ermita, con la radicalidad y prontitud que pudo. “¿Que repare su casa? Enseguida,
Señor”, y se fue a vender telas y su propio caballo para tener algo de dinero y poder
comenzar con las obras. Luego irá por la ciudad mendigando piedras y ayuda para la
reconstrucción de la ermita. Y según vaya comprendiendo que el Señor se refiere a la
reparación de la Iglesia como familia de los cristianos, irá abrazando uno a uno los valores
evangélicos con total radicalidad: pobres, fraternidad, etc.
⇨ Reflexión
¿Busco respuestas? ¿Busco a Dios con esa fuerza de Francisco? ¿Me he puesto alguna vez de
rodillas ante el Señor para pedirle “ilumina las tinieblas de mi corazón?
TEXTO 3: CLARA EN LA ERMITA DE SAN DAMIÁN
Clara nació en Asís en 1193. Movida por el testimonio de Francisco, un joven de su misma
ciudad ocho años mayor que ella, no quiso casarse ni seguir los proyectos de su familia, sino
que el domingo de ramos del 1212, se escapó de casa para consagrarse a Dios y comenzar así
una nueva vida. De noche, y cargada con todo su ajuar, fue a la ermita
de la Porciúncula al encuentro de Francisco y de sus hermanos. En cuanto llegó, Francisco le
cortó su rubia melena como signo de consagración y la llevó a un monasterio de benedictinas
para protegerla de su familia, hasta que pudiese quedarse definitivamente en la ermita de S.
Damián. Veamos lo que nos cuenta Tomás de Celano, su biógrafo oficial:
En cuanto sus familiares se enteraron de que Clara se había fugado de casa, se agruparon en
tropel y fueron corriendo al lugar donde estaba Clara, para traérsela por la fuerza. Primero
intentaron persuadirla a que abandone tal forma de vida, indigna de su linaje. Pero ella,
agarrándose a los manteles del altar, les muestra su cabeza tonsurada, asegurándoles que de
ningún modo la arrancarán en adelante del servicio de Cristo. Y a medida que crece la
violencia de los suyos, se enciende más su ánimo. Y, de este modo, a lo largo de muchos días,
sufriendo obstáculos en el camino del Señor, frente a la oposición de sus familiares a su
propósito de santidad, no decayó su ánimo, no se entibió su fervor; por el contrario, en medio
de los insultos y de los enojos, su decisión va convirtiéndose finalmente en esperanza, hasta
que los parientes, quebrantado su orgullo, tienen que desistir.
Transcurridos pocos días, pasó al monasterio del Santo Ángel de Panzo; mas como no
encontrara allí su espíritu la plena paz, se trasladó finalmente, por consejo del bienaventurado
Francisco, a la ermita de San Damián. Aquí, clavando ya en seguro el ancla de su espíritu, no
vacila frente a aquella estrechez, no se arredra ante la soledad. Ésta es aquella iglesia en cuya
restauración sudó Francisco con tan admirable esfuerzo; a cuyo sacerdote ofreció sus dineros
para repararla. Es ésta la iglesia en la que, orando Francisco, una voz, brotada desde el madero
de la cruz, resonó en su alma: «Francisco, ve, repara mi casa que, como ves, amenaza en
ruina». En la ermita de este estrecho lugar se encerró la virgen Clara por amor a su celeste
Esposo.
(LCla 9-10)
Cuando Francisco restauró esta ermita, al inicio de su conversión, ya había profetizado la
llegada de Clara y sus hermanas a S. Damián. Así nos cuenta una de sus primeras biografías:
Continuando con otros trabajadores la restauración de la ermita de San Damián, lleno de gozo
espiritual y con voz bien puesta, clamaba dirigiéndose a los que vivían y pasaban cerca de la
iglesia, y les decía en francés: «Venid y prestadme ayuda en la obra de la iglesia de San
Damián, que ha de ser monasterio de señoras, con cuya fama y vida será glorificado en la
Iglesia universal nuestro Padre que está en el cielo». ¡Es de admirar cómo, lleno de espíritu
profético, predijo verdaderamente el futuro! Porque éste es el lugar sagrado donde la gloriosa
Orden de las señoras pobres y vírgenes santas tuvo su feliz comienzo por mediación del
bienaventurado Francisco, a los seis años apenas de su conversión.
(TC 24)
⇨ Reflexión
¿Quién es Cristo para mi? ¿Qué lugar ocupa en mi vida? Compartimos sobre nuestra jerarquía
de valores el lugar que ocupa Cristo en mi vida, etc.
SER FELIZ – Oración Papa Francisco
Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir Ser feliz es dejar de ser víctima de los
irritado algunas veces, pero no te olvides problemas y volverse actor de la propia
que tu vida es la mayor empresa del historia.
mundo. Es atravesar desiertos fuera de sí, mas ser
Solo tú puedes evitar que ella vaya en capaz de encontrar un oasis en lo recóndito
decadencia. de nuestra alma.
Hay muchos que te aprecian, admiran y te Es agradecer a Dios cada mañana por el
quieren. milagro de la vida.
Me gustaría que recordaras que ser feliz, no Ser feliz es no tener miedo de los propios
es tener un cielo sin tempestades, camino sentimientos.
sin accidentes, trabajos sin cansancio, Es saber hablar de sí mismos.
relaciones sin decepciones. Es tener coraje para oír un “no”.
Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, Es tener seguridad para recibir una crítica,
esperanza en las batallas, seguridad en el aunque sea injusta.
palco del miedo, amor en los Es besar a los hijos, mimar a los padres,
desencuentros. tener momentos poéticos con los amigos,
Ser feliz no es solo valorizar la sonrisa, sino aunque ellos nos hieran.
también reflexionar sobre la tristeza.
No es apenas conmemorar el suceso, sino Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre,
aprender lecciones en los fracasos. alegre y simple que vive dentro de cada
No es apenas tener alegría con los uno de nosotros.
aplausos, sino tener alegría en el Es tener madurez para decir “me
anonimato. equivoqué.”
Es tener la osadía para decir “perdóname.”
Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir Es tener sensibilidad para expresar “te
la vida, a pesar de todos los desafíos, necesito.”
incomprensiones y períodos de crisis. Es tener capacidad de decir “te amo.”
Ser feliz no es una fatalidad del destino, Y que cuando te equivoques en el camino,
sino una conquista para quien sabe viajar comiences todo de nuevo.
para adentro de su propio ser.
Que tu vida se vuelva un jardín de
oportunidades para ser feliz.
Que en tus primaveras seas amante de la
alegría
Que en tus inviernos seas amigo de la
sabiduría
Y que cuando te equivoques en el camino,
comiences todo de nuevo,
Pues así serás más apasionado por la vida.
Y descubrirás que ser feliz no es tener una
vida perfecta,
sino usar las lágrimas para regar la
tolerancia.
Usar las pérdidas para refinar la paciencia.
Usar los fallos para esculpir la serenidad.
Usar el dolor para lapidar el placer.
Usar los obstáculos para abrir las ventanas
de la inteligencia.
Jamás desistas de las personas que amas.
Jamás desistas de ser feliz, pues la vida es
un espectáculo imperdible.
Y tú… eres un ser humano especial.