Introducción a la Criminología
Introducción a la Criminología
Teorías criminológicas
CAPÍTULO 1: INTRODUCCIÓN A LA
CRIMINOLOGÍA
1. Surgimiento de la criminología
Surge como disciplina académica a mediados del siglo XIX después de los diferentes sucesos históricos del momento
(revolución francesa), cuando la escuela clásica elabora un derecho penal de acuerdo a las nuevas ideas
revolucionarias. Los autores eran esencialmente juristas y se centraron en elaborar un Derecho penal adecuado para
la nueva sociedad, pero años después se dieron cuenta de que la delincuencia no era, ni es, una función que pueda
dejarse exclusiva ni esencialmente en manos del Derecho penal.
Uno de los errores atribuidos a la escuela clásica fue el desconocimiento de la realidad, y aquel derecho penal para
establecer un castigo adecuado y justo a cada acto delictivo, no se había preocupado de conocer a la persona que
realizaba el acto delictivo.
Estas ganas por el conocimiento empírico fueron gracias a las ciencias naturales, las cuales defendían el método
científico, positivo, de observación empírica, inducción y formulación de leyes generales y verdaderas, lo cual sirvió
para el estudio del comportamiento humano. Por otro lado, el conocimiento empírico ayudó a la producción de datos
por medio de la elaboración de censos y estadísticas.
El descubrimiento de la persona delincuente facilitó la incorporación de otros profesionales, como los médicos de
prisiones, configurando así la criminología como una ciencia multidisciplinaria (médicos y juristas). Posteriormente, la
criminología se presentará como un saber capaz de reducir la delincuencia mediante la prevención, corrección y
eliminación de la delincuencia.
Esta nueva disciplina había de conocer y regular al delincuente y no sólo sus actos, por la cual cosa se presentaba
como un conocimiento “científico” neutral, por encima de la política o filosofía moral.
Esta característica de la criminología como ciencia empírica ha continuado hasta el momento. Las teorías
criminológicas son empíricas, porque establecen una hipótesis que puede ser verificada mediante sucesivas
investigaciones. Por ello, la primera tarea de la criminología es formular teorías, ya que sin ellas no hay posibilidad de
investigación empírica, además, cabe remarcar que las teorías evolucionan al largo de los años.
2. Objeto de estudio
2.1. Las causas de la delincuencia y el proceso de criminalización
Se cuestiona que el objeto de la criminología sea estudiar el delincuente, ya que estudiar sus características físicas y
biológicas implica admitir que son personas distintas a aquellos que no delinquen.
Alrededor de los años 70, con la expansión de la criminología a EUA y la introducción de nuevos autores, se introduce
el estudio de factores ambientales (sociales, ecológicos) que afectan a la persona del delincuente. Además, con la
llegada de sociólogos a este campo, se empiezan a estudiar más las características sociales y no tanto a las personas
individuales, como se estudiaba originalmente en Italia.
Cuando surgió la teoría del etiquetamiento (reacción social), se produjo una ampliación del objeto de estudio, pues
conllevó el estudio del funcionamiento del sistema penal para comprender cómo éste a su vez constituye el objeto
de estudio.
Otro ámbito de estudio es la policía, como agente que interviene en la detección de una infracción y en consecuencia
determina la presencia de un delito. Las investigaciones criminológicas pretenden averiguar qué otros factores,
además de la infracción de una norma penal, se requieren para que la policía advierta de ésta.
También el sistema judicial deviene un área de estudio, pues éste “crea” delincuencia cuando condena. Como
consecuencia, también se estudia los factores que inciden para que los jueces condenen y las razones por las que
condenan a un tipo de pena en vez de otra.
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2.2. Nuevas áreas de estudio
En la década de los 80, la entrada de la víctima (victimología) produce una nueva ampliación del objeto de estudio,
pues el estudio de la delincuencia necesariamente comporta el análisis de las relaciones entre el delincuente y la
víctima. Esto nace a raíz de la premisa teórica de que conocer a la víctima es conocer mejor al delincuente y al propio
sistema penal, así como de la reivindicación política de mejorar la posición de las víctimas (considerar sus derechos
procesales de participación y sus derechos sociales de reparación).
En la década de los 90 se añade como objeto de estudio el delito como evento, es decir, se asume que siempre hay
personas motivadas a delinquir, lo que se trata de conocer es las condiciones puntuales que hacen posible el delito.
Debemos distinguir entre criminalidad (motivación a delinquir que determinadas personas tienen) y delito (suceso
puntual que sucede cuando están presentes una serie de factores que lo facilitan).
Es necesario destacar que la criminología no solo estudia las teorías criminológicas, sino también analiza las víctimas,
los agentes encargados de aplicar la ley penal o el delito; además que en las últimas décadas se ha dedicado al
estudio de delitos concretos debido a la ausencia de nuevas teorías globales capaces de explicar todos los tipos de
delincuencia.
3. Métodos de estudio
3.1. Métodos cuantitativos
Los más utilizados son el estudio de las estadísticas, en concreto las estadísticas policiales, judiciales y penitenciarias.
Plantean diversas dificultades, como su difícil acceso al no estar todas publicadas, su grado de fiabilidad o que no
siempre recogen las variables que el investigador está buscando.
Una objeción a estos métodos es que, pese a producir cifras, no aportan por sí solos una mayor comprensión al
fenómeno objeto de estudio. Además, las estadísticas oficiales reflejan la realidad del delito, así como la realidad de
las instituciones que elaboran las estadísticas.
Destacamos también las encuestas de victimización, donde se pregunta a la persona si ha sido víctima de un delito
en un periodo de tiempo determinado, con el fin de conocer a la víctima, al delincuente y el índice de victimización
de los delitos preguntados. Una objeción es su incapacidad para detectar delitos de cuello blanco.
Mediante los estudios de autodenuncia la persona reconoce en un cuestionario, de forma anónima, haber realizado
determinados delitos. Mientras que las encuestas de victimización tienden a sobrerrepresentar el delito realizado en
la calle, los estudios de autonomía sobrerrepresentan el delito poco grave realizado por jóvenes de clase media.
Es necesario observar que ambos métodos pueden realizarse de forma longitudinal, lo cual será interesante cuando
se pretenda estudiar las carreras delictivas de unas personas; o transversal, consistente en comparar en un momento
concreto las características del grupo de estudio con las de un grupo de referencia.
La criminología tiene pretende servir para prevenir el delito, de aquí las teorías globales de la delincuencia, los
estudios referidos a delitos concretos y las investigaciones relativas a los diversos agentes e instituciones existentes
que tienen como función directa o colateral la prevención del delito. Distinguimos entre la prevención primaria,
destinada a toda la población, secundaria, dirigida a particulares grupos de riesgo, y la terciaria enfocada a personas
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que han cometido un delito. Las estrategias de prevención pueden desarrollarse por un Ayuntamiento, un centro
policial, o en escuelas e institutos de enseñanza.
También puede ser de utilidad para el sistema penal, donde podemos distinguir diversas áreas donde las
investigaciones criminológicas pueden ser útiles. Por un lado, respecto a los jueces, la criminología puede aportarles
información cuando éstos deben elegir la pena a imponer. Por otro lado, respecto al legislador, la criminología puede
ayudar a responder:
a) ¿Se debe criminalizar una determinada conducta? Aceptado el principio de última ratio, implica determinar
si la única forma posible de prevenir una conducta lesiva que queremos evitar es recurrir al derecho penal.
b) ¿Cuáles son los efectos de la aplicación de una norma penal? Aceptado el principio de efectividad, se trata
de determinar si ha disminuido el delito que se pretendía, y si no, qué ha fallado en la aplicación de la ley.
c) ¿Qué tipo de pena debe ser prevista? Investigar los efectos disuasorios de algunas penas en vez de otras, e
investigar la mayor capacidad resocializadora de unas penas para favorecer otras más eficaces de lo que
demuestra ser la prisión y superar el recurso uniforme a esta pena.
Un tercer ámbito donde puede contribuir a mejorar las respuestas es el de las instituciones cerradas o en medio
abierto, pudiendo ayudar a diseñar programas encaminados al objetivo de la reinserción social y proporcionar a las
personas que trabajan en prisiones o a las que trabajan con delincuentes en medio abierto un mejor conocimiento
del proceso que facilita la delincuencia o de los factores que mayormente inciden en ella.
También puede servir para diseñar programas de atención a las víctimas de delitos generales o de delitos que
presenten una problemática específica.
1. El primero es histórico, la escuela positivista biológica cuestionó a la escuela clásica jurídica por su
desconocimiento de la realidad e incapacidad para prevenir el delito, pero como ambos persiguen el mismo
objetivo (reducir la delincuencia) la competición es inevitable.
2. El segundo es la distinta orientación ideológica. El derecho penal estaba vinculado con el estudio del
derecho positivo, un derecho penal no democrático (imagen conservadora de los penalistas); mientras la
criminología empezaba a sentir con fuerza la criminología crítica.
3. El tercero es la pretensión de dominio de una disciplina sobre la otra. En los textos penalistas se suele
admitir que el punto de encuentro entre ambas disciplinas es la política criminal, porque en los casos en que
la ley deja un margen de discreción, el intérprete puede favorecer una decisión en función de sus principios
de política criminal. De aquí, la criminología proporciona el conocimiento de la realidad, sobre la cual se
elaboran programas de política criminal; sin embargo, se advierte de la necesidad de que la política criminal
no venga sólo dictada por los conocimientos empíricos, sino además por valores como los de justicia. Sin
embargo, se desconoce el origen de esta imagen de que la criminología pretende dictar la política criminal.
(páginas 28-31 se explican diversos matices sobre la explicación, quizás histórica, de esta imagen).
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CAPITULO 2: LA ESCUELA CLÁSICA
1. Introducción
Si consideramos teorías criminológicas como aquellas que estudian las causas del comportamiento delictivo, la
escuela clásica no debería considerarse como una de ellas, pues sus autores estudiaron cómo debería ser el derecho
penal.
Sin embargo, estudiaremos su aportación a la criminología ya que suministra una explicación del comportamiento
delictivo, además que las teorías criminológicas no sólo estudian el comportamiento de la persona que infringe una
norma, sino los medios con los que se reacciona a esa infracción.
La escuela clásica surge en Europa el siglo XVIII, época de revolución económica y política. Donde debemos destacar:
a) Cambios demográficos: traslado del campo a la ciudad, la densidad y heterogeneidad de las nuevas grandes
urbes favorecen el anonimato y deterioran los controles informales.
b) Cambios económicos: pasamos de un sistema feudal con relaciones de vasallaje a un sistema económico
industrial y capitalista, donde las relaciones laborales se basan en el intercambio de trabajo por salario, lo
cual contribuye a la creación de la persona como un individuo aislado, autónomo y socialmente móvil.
c) Cambios políticos: el proceso de formación del estado-nación favorece la concentración de poder en una
autoridad que absorbe el poder disperso en las comunidades locales.
d) Cambios religiosos: la reforma protestante facilita el proceso de secularización al poner en cuestión la
autoridad del Papa y los principios religiosos, por lo que la religión deja de ser la medida de toda conducta.
Los nuevos códigos penales debían reflejar un Derecho penal secular (sólo constituía delito el daño social, no el
pecado), eficaz (protección del nuevo orden, no irregular ni arbitrario) y humano (frugal en sus penas y no excesivo).
La aportación de la escuela clásica para el Derecho penal es visible en las discusiones acerca de la legitimación del
derecho de castigar, los findes de la pena y los principios que debían regir este Derecho penal. Aquí se expondrá la
aportación de la escuela clásica para la criminología.
En primer lugar, su afirmación de que el fin de las penas es proteger el orden social evitando la realización de
infracciones. Lo que funda el derecho de castigar es la necesidad de prevenir delitos y la pena es eficaz porque el
placer y el dolor son los motores de la acción humana. Esto comportó la carga de demostrar el principio de
efectividad de las penas (en grupos sociales que carecen de penas para desincentivar comportamientos, los delitos
se producen de forma más frecuente que en grupos en los que sus miembros están amenazados por el temor a la
pena), pero es muy difícil demostrarlo. (página 35 ejemplos de la complejidad de la carga de esta prueba).
En segundo lugar, su imagen del hombre. Si el castigo es útil es los hombres tienen capacidad de raciocinio y el coste-
beneficio es el determinante de su acción. El “hombre económico” es una persona racional y hedonista. Las
posteriores escuelas criminológicas debaten el grado de libertad y racionalidad del delincuente.
Y, en tercer lugar, las características que deben tener las penas. Según Beccaria, para que las penas sean preventivas
deben imponerse con celeridad (para evitar tener a la persona encarcelada en espera de juicio y para asociar la
consecuencia de la pena con la comisión del delito), deben ser certeras, y dotadas de una determinada severidad
(que el mal representado por la pena exceda el bien que se espera obtener del delito; pero para evitar que sea cruel,
el castigo debe ser el mínimo necesario para contrarrestar las ganancias del delito).
De Bentham destaca su claridad en su exposición del fin que justifica el castigo (de acuerdo con el principio de
utilidad, el castigo sólo es admitido si promete excluir un mal mayor). El mal mayor que evita el castigo y lo justifica
es la prevención de delitos. Según Bentham, la prevención puede ser particular, cuando se dirige al propio
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delincuente, o general, cuando se dirige a los miembros de toda la colectividad. La prevención general se consigue
con la amenaza y la aplicación de la pena, pues sirve de ejemplo al resto de personas mostrándoles que les sucederá
si cometen el mismo delito. Por tanto, Bentham coincide con Beccaria acerca de la utilidad del castigo para prevenir
delitos.
También está de acuerdo con la distinción entre la severidad y la certeza del castigo, ya que él defiende que las penas
no deben ser calculadas en base a sentimientos o emociones sino de acuerdo a cálculos matemáticos; además, esta
distinción le permite, de acuerdo a su cálculo de utilidad, rebajar la severidad de las penas. Ello le lleva a profundizar
en la idea de proporcionalidad de los castigos.
Bentham, que está a favor del Derecho penal preventivo, se detiene en aquellos casos en los que el castigo carece de
justificación. Expone cuatro casos:
La escuela clásica contribuye en la dulcificación de las penas: está en contra de las penas desproporcionadas, la pena
de muerte, las penas corporales, y el uso de la tortura. Los autores clásicos preveían un abanico de penas que
estuviesen vinculadas al delito realizado, para poder calcular la severidad del castigo en función de cada delito y para
mostrar que la pena eliminaba el beneficio del delito, por lo que se critica el recurso uniforme a la pena de prisión.
Según Bentham, el modelo de prisión celular (basado en el aislamiento y la regla del silencio total) no funcionaría en
Europa, por lo que diseña los planos de una prisión en la cual existirá una torre central circular y todas las celdas
serán dispuestas de forma circular a su alrededor y serán visibles desde la torre central (panóptico). Establece la
separación por sexos, en clases y compañías, el trabajo interior, alimento, aseo, vestimenta, la asistencia religiosa, los
castigos por las faltas realizadas en el interior y la ayuda que requiere el preso cuando sale de la cárcel.
Este diseño no fue acogido por sus altos costes, pero los principios fueron influyentes: la clasificación de los presos, la
instrucción y trabajo para asegurar su reforma y la vigilancia constante.
4. Valoración crítica
Se cuestiona su idea principal de que la pena sea efectiva a efectos de prevención de delitos. Aunque para discutir
esto hay que tener en cuenta especificaciones como de qué tipo de pena se trata, cuánta prevención adicional existe
respecto otro tipo de sanciones y de si las variables preventivas defendidas son la certeza de la reacción del sistema
penal o la severidad de la pena.
También se critica su afirmación de que lo que motiva el comportamiento delictivo es la amenaza de pena. Por un
lado, por la importancia que pueden tener el resto de los factores que inciden en el comportamiento, como la propia
conciencia, la importancia de la aprobación de los amigos, la pérdida de una oportunidad laboral, o la existencia de
factores positivos que facilitan la comisión de delitos. Y, por otro lado, la imagen de hombre racional y hedonista que
se mueve por el temor y el placer ha sido acusada de presentar un ser amoral, y ha sido cuestionada por Tyler, quien
da mayor peso a las consideraciones normativas (consciencia de lo que es justo o injusto, legitimidad de la autoridad,
moralidad de la ley, convicción en la justicia de los procedimientos) que a las consideraciones instrumentales.
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5. Planteamientos actuales
5.1. Teoría de la elección racional (Rational Choice Theory)
Esta perspectiva asume que el delito es una opción racional, basada en la maximización de ganancias y minimización
de costes. Los dos autores principales son Ronald V. Clarke y Derek B. Cornish.
De la sociología de la desviación, destacan la necesidad de describir el acto desde la perspectiva del autor para
entender el carácter racional para la persona que lo realiza. De la criminología, destacan los estudios dan énfasis a los
métodos de prevención orientados a alterar las circunstancias ambientales inmediatas y no la personalidad del
delincuente. De los modelos económicos, destacan que el delito representa un cálculo racional de costes y
beneficios, como cualquier actividad. Y de los estudios de psicología cognitiva adoptan el modelo de aprendizaje
social, de acuerdo al cual se aprende por medio de refuerzos y castigos.
El proceso de toma de decisiones consta de tres momentos claves: inicio, persistencia y desistimiento de los actos
delictivos. Entender el proceso de toma de decisiones es fundamental para reducir el delito, viendo qué variables son
más influyentes y qué estrategias preventivas pueden adoptarse en cada momento. (Página 45 ejemplo del proceso
mediante un caso de robo).
En conclusión, según esta teoría, el delito se realiza cuando éste se percibe como una solución más rentable a sus
necesidades. La decisión se adopta de forma racional y el cuándo y el cómo se determina en función de la variable de
la oportunidad por la presencia de un bien y la ausencia de vigilancia.
Lo que diferencia esta teoría del resto es que las otras teorías criminológicas ponen mucho énfasis en los factores
motivacionales, sin considerar las decisiones que pueden estar basadas en factores situacionales. De todos modos,
no se excluye la posibilidad de integrar la perspectiva de esta teoría en otras que asuman la naturaleza no patológica
de la mayoría de los comportamientos delictivos.
La tesis principal es que los cambios en las actividades cotidianas influyen en las tasas de delitos al producir una
convergencia en el tiempo y espacio de los tres elementos necesarios en todo delito: infractor motivado, objeto
adecuado y ausencia de vigilancia. Para que el delito aumente, la variable fundamental no es el número de personas
dispuestas a delinquir (pues es constante), sino que se produzca una convergencia en el tiempo y espacio entre un
objeto adecuado y la ausencia de vigilancia.
Tanto la teoría de la elección racional como la de las actividades rutinarias enfatizan los factores situacionales y se
concentran en aspectos concretos de éste: la primera estudia los procesos de decisión, y la segunda, los elementos
mínimos necesarios para que exista el delito. La perspectiva de las actividades rutinarias se concentra en el delito
como evento concreto, mientras que la teoría de la decisión racional pretende explicar además de cuándo y cómo se
produce un delito concreto, cómo se adopta la decisión de desarrollar una carrera criminal.
Clarke y Cornish defienden el diseño de estrategias preventivas practicables, con un efecto inmediato y adecuadas de
acuerdo a su coste/efectividad. Cohen y Felson inciden sobre la vigilancia y protección de los objetos.
Las cuatro medidas básicas son aquellas que pretenden: (en la página 49 hay ejemplos de cada uno de los
conceptos).
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a) Incrementar el esfuerzo percibido. Consisten en cuatro técnicas: endurecer los objetivos, controlar los
accesos, desviar los transgresores y controlar los elementos que facilitan el delito.
b) Aumentar el riesgo percibido. Se basan en el examen de entradas y salidas, la vigilancia formal, la vigilancia
por empleados y la vigilancia natural.
c) Reducir la ganancia del delito. Comprenden el desplazamiento del objeto, la identificación de la propiedad,
la reducción de la tentación y la eliminación de los beneficios.
d) Incrementar los sentimientos de vergüenza de la persona. Se recogen el establecimiento de reglas claras
que denuncien determinados comportamientos, el fortalecimiento de la condena moral que aumente el
rechazo social a quienes realicen algunos delitos, el control de la desinhibición y establecer mecanismos que
faciliten la conformidad.
Cabe destacar la relación de estas propuestas con el renacimiento de la incapacitación como fin de la pena. La
incapacitación para evitar delitos acostumbra a limitarse al encierro de la persona, sin embargo, las penas pueden
aportar medidas incapacitadoras que no recaen sobre la persona, pero impiden que ésa pueda realizar el delito
(retirada de carné de conducir o confiscación del coche incapacita que la persona bajo los efectos del alcohol pueda
realizar el delito nuevamente). Desde este punto de vista, determinadas penas incapacitadoras son similares a
medidas de prevención situacional, pues bloquean oportunidades de realizar el delito.
Por el contrario, si lo que pretende afirmar es que los delincuentes actúan guiados por una racionalidad limitada,
influidos por sus valores e información y que entre los beneficios del delito está la aprobación y apoyo de sus grupos
de referencia como familia y amigos, y entre los costes del delito la desaprobación y sanciones informales, entonces
no se diferencia del resto de teorías criminológicas, las cuales, con la excepción de las teorías biológicas y
psicológicas, asumen que la persona cuando delinque adopta decisiones racionales.
Respecto a la perspectiva de las actividades rutinarias se observa que ésta no ofrece una explicación de por qué las
personas están motivadas para cometer un delito, por lo que es difícil considerarla una teoría criminológica, pues no
suministra una explicación global de todos los factores que inciden en la decisión de delinquir y más bien asume que,
en ausencia de vigilancia formal e informal, se producirá un delito. Tampoco como es completa como teoría que
pretende explicar quién es víctima de un delito, pues la ausencia de vigilancia es sin duda un factor que influye en el
riesgo de ser víctima, pero tampoco el único.
La aparición de estas dos teorías ha originado la división entre teorías del delito (análisis del delito como suceso, la
situación, el medio ambiente y las oportunidades en que éste se realiza) y teorías del delincuente (estudio de la
motivación de la persona a delinquir).
Respecto a las propuestas de prevención situacional éstas han sido objeto de varias críticas. Unas aluden a su
eficacia (que, en vez de reducir el delito, se desplace a otra zona). Otras críticas apuntan que la prevención
situacional sólo parece concentrarse en los delitos de la calle, pero sin decir apenas hablar de la delincuencia de clase
media o de grupos económicos de elite. También se dice que tiende a recargar el énfasis en las medidas que adopte
la víctima, por lo que la prevención situacional puede ser desigualitaria (se protege quien puede y no aquellos barrios
marginales y aquellos colectivos que tienden a ser más victimizados).
Por último, se cuestiona su legitimidad, ya que por lo general la prevención situacional del delito requiere de la
adopción de medidas que afectan a toda la población y en este sentido pueden ser excesivamente lesivas de los
derechos de todos los ciudadanos (por ejemplo, la videovigilancia).
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Cabe apuntar que vivir en barrios donde se concentra el delito no es agradable y no se puede minusvalorar esta
situación por parte de quien no la padece, pero es iluso creer que sólo con medidas de prevención situacional se
puede aliviar de forma significativa y duradera los problemas de la delincuencia en determinadas zonas.
Estos planteamientos han sido influyentes en EUA, especialmente en el momento de diseñar el sistema de penas de
las leyes penales federales y de los códigos penales de cada Estado.
El fin resocializador de las penas se ve atacado por los grupos conservadores por ser caro e ineficaz, y por los grupos
progresistas por ser desigualitario, al permitir que en función de este fin las autoridades penitenciarias puedan
acortar o alargar las condenas de prisión. Este sistema de penas (penas indeterminadas) suele beneficiar a las
personas de clase media blancas por su pronóstico futuro de resocialización más beneficioso que el de las personas
con múltiples problemas sociales, quienes ven alargada su condena aun cuando el delito realizado sea el mismo.
Los autores neoclásicos son partidarios de que la ley establezca un marco de pena determinada y que el juez y las
autoridades penitenciarias carezcan de excesiva discrecionalidad para imponer y variar el tipo de pena en función de
las perspectivas individuales de resocialización.
Más tarde, la discusión pasa a ser si el factor más relevante a considerar debe ser la gravedad del delito
(proporcionalidad) o los antecedentes de la persona y la posibilidad de reincidir (peligrosidad). Los defensores de la
incapacitación son los que parecen tener más influencia.
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CAPÍTULO 3: TEORÍAS BIOLÓGICAS (LA ESCUELA
POSITIVA)
1. Introducción
Estudiaremos las corrientes criminológicas que consideran que existen algunas características biológicas (en su
mayoría, transmitidas por herencia) que predisponen a la delincuencia y que resultan tan relevantes como los
factores ambientales para entender la actividad delictiva de una persona.
Su origen está en la escuela positiva. Sus autores más destacados son Cesare Lombroso, Enrico Ferri y Raffaele
Garofalo. Surge en Italia a finales del siglo XIX. De acuerdo con el movimiento cultural del positivismo filosófico, trata
de aplicar los métodos de las ciencias naturales para explicar la delincuencia y defender la idea de que la
delincuencia está determinada biológicamente.
Es preciso destacar que no sostienen que la criminalidad se deba únicamente a factores biológicos (importancia
también de los factores ambientales), pero creen en la predisposición biológica a delinquir y en la anormalidad
biológica de los delincuentes. La importancia de esta escuela radica en originar una corriente criminológica que
postula la predisposición delictiva del delincuente.
Ferri desea acercarse al máximo al modelo determinista de la ciencia natural estableciendo condiciones suficientes
de la ocurrencia de un fenómeno, y para ello, difícilmente puede limitarse a factores ambientales, pues siempre
encontrará alguna persona que realice delitos sin que se cumpla el factor. Por ello no le queda otra que apelar al
factor biológico que, de manera exclusiva o complementaria a factores ambientales, hace de la actividad delictiva un
fenómeno necesario y predecible.
Influido por la teoría de la evolución de Darwin, la hipótesis de Lombroso consiste en que el criminal es un ser que no
ha seguido la evolución normal de la especie humana. Para confirmar su hipótesis realiza una investigación de 101
cráneos de delincuentes y 1297 delincuentes encarcelados, observando que presentan rasgos que se acercan al
hombre primitivo o salvaje con mayor proporción que la población normal (frente salida, mandíbulas desarrolladas,
poca capacidad craneal u orejas grandes). Por lo que formula la teoría de que aquellos que presentan rasgos más
salvajes son los delincuentes natos, los que no han evolucionado como el resto de la población, sufren atavismo.
Al igual que el hombre primitivo, el delincuente nato se caracteriza por su escasa inteligencia, insensibilidad al dolor,
falta de temor y falta de compasión por las víctimas, por lo que el delito es un comportamiento necesario por su
propia naturaleza.
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entender su criminalidad, en los otros delincuentes la anormalidad biológica es sólo una predisposición que se realiza
cuando concurren factores de carácter ambiental, que en estos casos son los decisivos.
Las estadísticas criminales le sirven para plantear que las tasas de delincuencia varían en función de diversos factores
(como sexo, edad, lugar, educación, renta, etc.). La teoría multifactorial afirma que el delito es resultado de tres
órdenes de factores: antropológicos, físicos y sociales.
Los factores antropológicos son los que derivan de la herencia biológica: raza, edad, sexo, constitución física y
personalidad). Existen personas que tienen predisposición biológica a la delincuencia mientras otras carecen de ella.
Los factores físicos más importantes son el clima, estación del año, periodo del día, condiciones atmosféricas y
producción agrícola. Se destaca que los climas cálidos van acompañados de mayor criminalidad pasional, en periodos
de escasez agrícola se producen más delitos contra la propiedad, y que la oscuridad de la noche genera más
delincuencia.
Los factores sociales hacen referencia a la familia, educación, alcoholismo, condiciones económicas y organización
política. Las mejoras de las condiciones de vida de la clase obrera llevan a una disminución de los delitos contra la
propiedad, el progreso cultural de un pueblo va vinculado a la disminución de delitos violentos, y la delincuencia es
mayor entre la población analfabeta que entre la población instruida.
Ferri realiza una clasificación de los delincuentes en cinco categorías: locos, natos, habituales, pasionales y
ocasionales. Los delincuentes natos están fuertemente predispuestos a delinquir y salvo que dispongan de ocasiones
ambientales favorables, lo harán, mientras que los delincuentes ocasionales tienen una mínima predisposición a la
delincuencia y sólo en el caso de que los aspectos ambientales sean desfavorables delinquirán. El delincuente
ocasional que ha encontrado un influjo social favorable a la delincuencia y que no ha podido ser rehabilitado se
convertirá en delincuente habitual. En el caso de los delincuentes locos, su locura puede ser heredada o adquirida, y
en el de los delincuentes pasionales, su temperamento participa del del loco.
Las medidas preventivas (o sustitutivos penales) son las reformas dirigidas a reducir los factores sociales. Un primer
tipo de medidas pretende intervenir sobre las causas económicas de la delincuencia contra la propiedad, un segundo
tipo pretende afectar a las oportunidades para delinquir, y un tercer grupo hace referencia a reformas legislativas que
reducirían la delincuencia (ejemplos en la página 63).
Otro grupo de las medidas preventivas son las intervenciones dirigidas a evitar que los casos de marginación social
puedan llegar a producir delincuencia, por lo cual defienden el trabajo coactivo para los vagos y el internamiento o
trabajo de los menores abandonados.
El Derecho penal que defienden trata de combatir la peligrosidad del delincuente, cosa que dependerá del tipo de
delincuente: corregible o incorregible. Para los delincuentes incorregibles (natos, habituales y locos) se propone un
sistema de pena perpetua. Para los corregibles depende de si el delito cometido es de poca gravedad, en cuyo caso
una pena alternativa a la prisión puede evitar la reincidencia, o si el delito es de mayor gravedad, en cuyo caso
propugnan la pena de prisión indeterminada y con contenido reeducador (la pena finaliza cuando el delincuente ya
no es peligroso, cosa que se determina estudiando su evolución). El proceso reeducador debe instaurar un sistema
de disminución gradual de las penas, cuya última fase consista en un tratamiento de libertad.
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4. Valoración crítica
4.1. La pretensión determinista de la teoría
La Escuela Positiva se opone a la idea del libre arbitrio y presume que su teoría es determinista (que fija las
condiciones suficientes para que exista la delincuencia). No obstante, la pretensión de determinismo no llega a
realizarse, solo en el supuesto del delincuente nato, cuyo atavismo es condición suficiente para que delinca, pero
queda por explicar de acuerdo al modelo determinista todo el resto de delincuencia que no es atávica.
La teoría plurifactorial de la delincuencia no está formulada en unos términos que permita establecer condiciones
suficientes para que se produzca la delincuencia, por lo que no puede ser calificada de teoría determinista. Además,
es difícil calificarla de teoría criminológica, debido a que, por lo que hace a los factores físicos y ambientales, se
limitan a establecer correlaciones entre determinados factores sin explicar las razones que explican dichas
correlaciones.
Otros autores, como Goring, pretenden verificar esta teoría. En este caso, Goring obtiene unos resultados distintos,
observando que en Inglaterra los delincuentes que ha estudiado son más bajos y pesan menos que los no
delincuentes, por lo que no se rechaza la teoría de un tipo físico criminal de Lombroso. Sin embargo, el paradigma
biológico no es abandonado por la criminología, sino que se observa que la diferencia entre delincuente y no
delincuente se busca en aspectos distintos de la semejanza entre el hombre primitivo y el delincuente.
Para combatir los factores ambientales hay que adoptar medidas preventivas, y por lo que hace al tratamiento, hay
que concebir la ejecución de la pena como un lugar en el que la persona se le proporcionan medios de subsistencia
(como educación o trabajo) que, de haberlos tenido, habrían evitado su recurso a la delincuencia.
5. Planteamientos actuales
5.1. Introducción
Actualmente se ha abandonado cualquier pretensión de considerar que existe un “delincuente nato”. Las teorías que
mantienen una tradición positivista son aquéllas para las cuales, si bien el delito es consecuencia de factores
biológicos y ambientales, atribuyen a los primeros una importancia por lo menos igual que a los segundos de cara a
la comprensión de la criminalidad.
Estas teorías, como la presentada por Wilson y Herrnstein, consideran que existe un conjunto de factores biológicos
que predisponen a determinadas personas a la delincuencia, y esta predisposición se activará o no en función de las
circunstancias ambientales. Los factores más relevantes son: sexo, constitución física, inteligencia y personalidad.
Según estos autores, el delito supone una elección de la persona tras un cálculo de costes y beneficios, en el cual las
personas más agresivas, menos inteligentes y más impulsivas tienden a valorar más los beneficios inmediatos
derivados de delinquir que los beneficios a largo plazo derivados de no delinquir.
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5.2. Principales teorías de corte biológico
5.2.1. Premisa: ¿existe la transmisión genética de la delincuencia?
Es difícil separar los factores supuestamente biológicos de las influencias ambientales, es por eso que hay una línea
de investigación que examina si la transmisión biológica de la delincuencia se produce con independencia de los
factores ambientales. Diferenciamos dos tipos de estudios: los estudios de gemelos y los estudios de niños
adoptados.
Los primeros tratan de comparar si los hermanos gemelos tienen mayor concordancia criminal que los hermanos
mellizos. Si ello fuera así, dado que la influencia ambiental sería semejante, la mayor concordancia entre gemelos
sólo podría deberse al hecho de que los gemelos, a diferencia de los mellizos, son genéticamente idénticos. Los
segundos pretenden estudiar si existe más comportamiento delictivo de hijos de padres biológicos delincuentes que
de hijos de padres biológicos no delincuentes. De ser así, dado que el factor ambiental ha sido neutralizado, se
demostraría que la delincuencia es una cualidad heredada.
Pese a que los estudios realizados presentan resultados positivos (que sí existe tal predisposición biológica), se ha
cuestionado que hayan sido realizados de tal manera que sea posible aislar los factores ambientales.
La hipótesis de la que parten los estudios consiste en considerar que un factor genéticamente heredado, como es la
tipología física, va relacionada a unas características de personalidad relacionadas con la criminalidad. En concreto,
se piensa que la constitución mesomórfica (mayor fortaleza física) va vinculada a una personalidad extrovertida,
dominante y activa, las cuales aumentan la probabilidad de que la persona realice comportamientos delictivos.
Los estudios consisten en analizar la tipología física y la personalidad de jóvenes delincuentes institucionalizados y
compararla con la de un grupo de control, formado por jóvenes no delincuentes, llegando a la concusión de que el
tipo mesomórfico es más frecuente en la población delincuente.
Sin embargo, para autores más escépticos respecto a la predisposición biológica de la delincuencia, los estudios
realizados tienen defectos metodológicos, como muestras demasiado pequeñas o grupos de control no homogéneos,
que obligan a ser cautelosos con los resultados. Además, estos estudios se limitan a la delincuencia que es objeto de
reacción penal y no toman en consideración aquélla poco criminalizada, como la de cuello blanco.
Más tarde, Wilson y Herrnstein parten de considerar el hecho de que el cociente de inteligencia medio de la
población delincuente está entre 8 y 9 puntos por debajo de la media de la población, y explican la correlación entre
la baja inteligencia y la delincuencia sobre la base de su teoría de la elección racional. Argumentan que la persona de
baja inteligencia valora más el delito porque, en primer lugar, la baja inteligencia le lleva al fracaso escolar y por tanto
a esperar poco del mercado de trabajo buscando otras fuentes de satisfacción; en segundo lugar, la baja inteligencia
va vinculada a un tipo de pensamiento a corto plazo, que debilita los beneficios de no delinquir (que son a largo
plazo); en tercer lugar, la baja inteligencia va asociada a la impulsividad, lo que lleva a no realizar correctamente el
cálculo de costes y beneficios; y por último, la baja inteligencia comporta menor razonamiento moral y por ello un
debilitamiento de las prohibiciones en la conciencia de la persona.
La controversia de estás teorías está en si la variable de la inteligencia es una cualidad básicamente heredada o si,
por el contrario, las diferencias en inteligencia reflejan más bien aspectos ambientales que genéricos.
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5.2.4. Teorías que relacionan delincuencia con personalidad
Los autores que tratan la personalidad dentro de los factores individuales de la delincuencia es porque consideran
que este factor resulta fruto de la herencia biológica.
Basándose en estudios de personalidad realizados sobre delincuentes institucionalizados, consideran que los
delincuentes tienen una personalidad distinta a los no delincuentes. S. Glueck y E. Glueck consideran que los
delincuentes de distinguen de los no delincuentes por ser más asertivos, menos temerosos, más agresivos y más
extrovertidos, entre otras. Wilson y Herrnstein también consideran que son más impulsivos.
Eysenck considera que la extroversión comporta que la persona tenga menos capacidad de ser condicionada por los
castigos. Esto es debido a que, mientras que la persona introvertida tiene un alto nivel de vida interior que le induce
a experimentar ansiedad ante la posibilidad de castigo, la persona extrovertida tiene una vida interior menos intensa
y por tanto el temor al castigo no le genera tanta ansiedad (menos sensibles al castigo).
Wilson y Herrnstein consideran que la impulsividad tiene relación con la delincuencia porque la persona impulsiva
tiene menos capacidad de diferir el logro de las recompensas y prefiere un placer pequeño y arriesgado, pero
inmediato, a un placer con menos riesgos, pero lejano. Los impulsivos tienen más probabilidad a delinquir en la
medida que la recompensa del delito sea inmediata.
Otro factor que destaca es la edad, existe mucha mayor proporción de criminalidad entre la población joven que
entre la población adulta. Una explicación biológica es que la capacidad física de realizar delitos disminuye con la
edad. De aquí surge la controversia sobre la posibilidad de que existan otras causas más relevantes, las cuales parten
de que la juventud es el periodo en que las personas sienten más excitación por alcanzar determinadas metas
(dinero, sexo, reconocimiento de identidad) y donde más problemas pueden encontrar para lograr tales objetivos.
Existen otros factores que muestran relación con la delincuencia, entre ellos la existencia del cromosoma XYY, el bajo
nivel de neurotransmisores (como la serotonina) o los altos niveles de testosterona, vinculados a mayores niveles de
agresión de la persona. Todos ellos estudios controvertidos.
Con respecto la reacción a la delincuencia, todo esto deberá llevar a dar prevalencia en el plano de la ejecución de la
pena a fines de incapacitación del delincuente, pues no se tendrá mucha confianza en la posibilidad de rehabilitación.
Es por ello que no se debe reducir la polémica sobre la rehabilitación del delincuente al ámbito del positivismo
criminológico, sino que debe plantearse en referencia a cualquier teoría criminológica existente.
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inteligencia no es principalmente heredada sino adquirida y, respecto a las otras dos variables, se cuestionan que los
datos avalen tales correlaciones.
Esta controversia, por lo que hace al ámbito de política criminal, tiene importancia en la medida que, a mayor
defensa de la predisposición biológica de la delincuencia, más pesimismo existe respecto a la posibilidad de que la
políticas públicas puedan tener efectividad en la prevención.
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CAPÍTULO 4: TEORÍAS ECOLÓGICAS (LA
ESCUELA DE CHICAGO)
1. Introducción
Por teorías ecológicas entendemos aquellas que examinan la influencia que tiene el medio o contexto en el que las
personas habitan sobre la delincuencia. La hipótesis es que, con independencia de la clase de personas que viven en
una determinada agrupación territorial, existen formas de organización humana que producen más delincuencia.
Los autores de esta escuela son Robert Park y Ernest Burgess, quiénes investigan las consecuencias sociales
derivadas del rápido crecimiento urbano que se produce en Chicago y otras grandes ciudades a partir de la
industrialización, que provoca una inmigración al centro de las ciudades por ser más barato, mientras que las áreas
periféricas las ocupan las familias más bien estantes. La idea principal de la escuela de Chicago es que en las áreas
centrales (pobreza, heterogeneidad cultural y movilidad) son desorganizadas, porque en ellas es más difícil que la
comunidad consiga realizar sus valores, canalizando a las personas hacia un tipo de vida convencional.
Un estudio de Shaw y McKay (delincuencia juvenil) demuestra que las áreas centrales de Chicago producen más
delincuentes juveniles que las áreas periféricas y, con el paso del tiempo, aunque cambien las personas que habitan
en ellas, se mantiene la misma situación.
Los autores de esta escuela parten del hecho de que el primer factor para entender el incremento de la criminalidad
de produce en forma paralela al crecimiento de la ciudad. Park señala que mientras que en las comunidades
pequeñas existe un control personal de la comunidad sobre el individuo (vecinos conocidos que desaprueban el
comportamiento desviado), en las comunidades urbanas la persona desarrolla su actividad fuera del escrutinio de
personas que tienen capacidad de control. En la ciudad hay más probabilidad de que se produzca una desintegración
de la vida moral.
Pero esta desintegración de la vida moral no se distribuye de manera homogénea en la ciudad. Burgess analiza la
forma de crecimiento de la ciudad, señalando el hecho de que las industrias se establezcan en el área central
produce que tales lugares dejen de ser atractivos residencialmente. Esto provoca que las viviendas de las áreas
centrales disminuyan el precio (por lo que son habitadas por inmigrantes de menos recursos), y las personas de más
recursos de trasladan a las áreas periféricas. Y cuando las familias residentes en áreas centrales acumulan más capital
se trasladan a la periferia, quedando el centro ocupado por otros recién llegados (zonas de transición).
A partir de las obras de Park y Burgess se establece la hipótesis de la escuela de Chicago: existen áreas de la ciudad
con unas características (deterioro físico, pobreza, zonas de transición de alta movilidad, heterogeneidad cultural y
delincuencia adulta) en las que los problemas de control de las sociedades urbanas están muy acentuados. Shaw y
McKay se dedican a verificar esta hipótesis y profundizar en las razones que dificultan el control social en estos
lugares.
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El método se basa en considerar el número de jóvenes llevados durante un periodo de tiempo a los tribunales de
menores de Chicago, clasificarlos según el lugar de residencia y correlacionar las cifras con el número de jóvenes que
viven en cada área, obteniendo porcentajes. Estudian tres periodos discontinuos de seis años entre 1900 y 1933 para
estudiar las variaciones de cada barrio. Los resultados que obtienen son:
a) Se produce una gran diferencia entre las diversas áreas (áreas sin apenas delincuencia y otras con casi el
20%).
b) Hay una gran concentración de delincuencia en áreas centrales (25% de la población produce el 50% de
delincuentes).
c) No existen variaciones significativas entre los tres periodos estudiados.
También señalan que no hay ninguna correlación entre una determinada minoría étnica y la delincuencia, ya que en
los periodos estudiados se han producido cambios completos en la minoría étnica que habita una determinada zona,
pero la delincuencia juvenil se ha mantenido estable. Concluyendo que lo que explica la delincuencia no es el origen
de la población, sino sus condiciones de vida en determinadas áreas de la ciudad.
La respuesta que dan es que las personas pobres se encuentran con más dificultades de satisfacer sus necesidades
con el recurso a los medios lícitos, pero no establecen que este factor estará relacionado con la delincuencia si la
pobreza crea unas condiciones que dificultan la capacidad de hacer efectivos los valores convencionales comunes.
La comunidad no puede llevar a cabo sus valores comunes por una menor capacidad de cohesión social, una menor
posibilidad de control sobre las actividades desviadas y una mayor exposición de los jóvenes a valores desviados. La
falta de asociaciones en un barrio (de vecinos culturales, deportivas, de voluntariado social, etc.) impide la
canalización de los jóvenes hacia motivaciones convencionales.
La pobreza de una zona crea delincuencia juvenil por falta de control parental y anonimato, lo cual crea una
exposición de los jóvenes a unos valores desviados (a causa también de la existencia de delincuencia adulta),
aprendiendo así técnicas y motivaciones delictivas.
Shaw fue el impulsor principal de “Chicago Area Project”, que consistió en el establecimiento de centros en los
barrios más delictivos de Chicago dirigidos a crear nuevas oportunidades para los jóvenes. Estos centros trataban de
coordinar a diversos estamentos del barrio (iglesia, asociaciones, sindicatos, empresarios, grupos deportivos) para
unir los esfuerzos de cara a la mejora del barrio y acercar a los jóvenes más expuestos a un tipo de vida convencional.
Fomentaban las actividades para los jóvenes (de recreo, vacaciones de verano, talleres, grupos de discusión,
proyectos en el vecindario) y trataban de mejorar sus oportunidades de trabajo.
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4. Valoración crítica
4.1. Validez metodológica
Se discute si las conclusiones de Shaw y McKay pueden estar equivocadas por el hecho de que los datos obtenidos
reflejen un mayor control policial de unos barrios que de otros. Pero no parece que el diferencial de la delincuencia
entre estas áreas sea de manera primaria una construcción policial, producto de la actuación selectiva de la policía.
Otra crítica es que incurre en la falacia ecológica, porque el hecho de que las áreas más desorganizadas tengan más
delincuencia deriva que los individuos que viven en ellas tienen más probabilidad de cometer delito. Sin embargo,
cabe apuntar que Shaw y McKay nunca dijeron que vivir en un barrio desorganizado sea sinónimo de ser potencial
delincuente, por lo que quizás no se puede afirmar que incurran en esta falacia.
En referencia a la correlación ecológica, las variables de desorganización más estudiadas han sido la pobreza del
barrio, la movilidad y la heterogeneidad cultural. La revisión de los estudios empíricos muestra que la correlación
entre áreas de menor nivel económico y tasas mayores de delincuencia es clara. En cuanto a la alta movilidad,
demuestran que, a igualdad de nivel económico, los barrios con mayor movilidad tienen más delincuencia que los de
menor movilidad. Y por lo que refiere a la heterogeneidad étnica, esta variable no tiene influencia directa con la
delincuencia, aunque hay estudios que muestran que los barrios pobres heterogéneos tienen tasas de delincuencia
mayor que los homogéneos.
En cuanto a la segunda cuestión, la revisión de estudios muestra que, si bien la correlación pobreza individual-
delincuencia es débil, cuando la variable individual de la pobreza se toma juntamente con factores comunitarios (vivir
en un barrio pobre, urbano, heterogéneo y con alta tasa de delincuencia adulta) la correlación se hace mayor.
5. Planteamientos actuales
5.1. Introducción
Los planteamientos de la Escuela de Chicago no han sido falsificados, pero han existido muy pocos nuevos estudios
ecológicos entre los años 60-70. La razón principal es que la investigación de esos años se centra más en la
delincuencia individual que en las tasas de delincuencia, asumiendo que el contexto no tiene una relevancia principal
para entender la delincuencia individual.
A partir de los 90 se vuelven a realizar estudios ecológicos a raíz del incremento de la criminalidad de los 70-80
concentrado en los barrios degradados de las grandes ciudades. El renacimiento de los estudios ecológicos se basa
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en retomar el modelo de la escuela de Chicago con la particularidad de que se estudian nuevos factores de
desorganización social, de los cuales veremos la homogeneidad social, la ruptura familiar, la densidad y la tasa de
delincuencia en el barrio. Además, abordan otro ámbito de estudio, la relación entre las condiciones ecológicas de la
comunidad y la producción de delitos en el barrio (nivel de victimización sufrido por el barrio).
Un primer factor es la homogeneidad social. En EUA durante los 60-70 es que, tras el proceso de desindustrialización
de los centros urbanos, los guetos afroamericanos fueron abandonados por personas de clase media y clase
trabajadora para pasar a ser ocupados exclusivamente por personas en situación de marginación social. La
homogeneidad social genera desorganización, pues supone una pérdida de modelos convencionales en el barrio,
lleva a la desaparición de asociaciones que generan cohesión, la ausencia de personas de clase media y trabajadora
hace que se pierdan canales de información que pueden facilitar el acceso al mundo de trabajo, y el desempleo
(ausencia de hombres “casaderos”) incrementa el número de madres solteras.
Un segundo factor es el porcentaje de familias monoparentales. Los hijos de estas familias están sometidos a un
menor control parental y pasan más tiempo en la calle, aumentando la probabilidad de que entren en contacto con
personas que llevan a cabo un tipo de vida desviado. Además, las familias monoparentales tienen menos
posibilidades de relacionarse con otras personas, produciéndose un mayor aislamiento social que dificulta el control
informal.
Un tercer factor es la densidad del barrio. Como dice Stark, ello provoca que los actos desviados sean más visibles
ante los demás, lo cual lleva a que las personas puedan ver como más normal el comportamiento desviado, además,
en barrios densos es más fácil entrar en contacto con las personas desviadas del barrio.
Un último factor es la tasa de delincuencia. La Escuela de Chicago ya había apuntado que la existencia de
delincuencia adulta produce desorganización porque proporciona modelos de vida desviados y contribuye al
deterioro del barrio y a la voluntad de abandonarlo. Los estudios actuales han visto que se produce un proceso
bidireccional: las altas tasas de delincuencia llevan a que personas convencionales abandonen el barrio y atraen a
personas con mayor propensión a delinquir (más oportunidades desviadas y más protección ante la intervención
policial). Cuando el incremento de la delincuencia genera mayor desorganización, entramos en la teoría del círculo
vicioso.
Los estudios muestran que los factores de desorganización que explican la alta tasa de producción de delincuentes
también explican la alta tasa de producción de delitos (victimización) en el barrio. Para demostrarlo, se presentan
investigaciones que muestran que los delincuentes delinquen más en lugares que le son conocidos, que factores
como la pobreza en el barrio o la alta movilidad generan dificultades en la ejecución del control informal sobre los
habitantes del barrio o personas que circulen por la comunidad, y que el mayor aislamiento social de las personas
contribuye a que sean víctimas fáciles de los delitos.
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5.4. Consecuencias de política criminal
Las propuestas político-criminales parten de que la mayor tasa de delincuencia de los barrios bajos de la ciudad se
explica como consecuencia de dos factores: el orden social, y una suma de aspectos de orden ecológico que generan
desorganización social en estos barrios.
Una persona pobre que vive en un barrio desorganizado carece de oportunidades de promoción social y se siente
menos vinculado a los valores convencionales, en cambio una persona pobre que viva en un barrio organizado, al
contrario. Por tanto, los barrios organizados sirven para transmitir más eficazmente los valores convencionales y
ofrecen más oportunidades para salir de la pobreza.
1. Evitar el deterioro físico. Para evitar que quieran abandonar el barrio hay que rehabilitar las viviendas y
espacios comunes, para detener procesos de abandono y fortalecer el traslado de personas de clase media.
2. Evitar la homogeneización social. A través del contacto con personas de clase media, asumir valores
convencionales y acceder al trabajo para que los de clase baja tengan más oportunidades. Evitar la
concentración de personas en situación de marginación social en determinados espacios.
3. Ayudar a las personas pobres. Proteger socialmente y dar oportunidades de formación a los pobres para
evitar que recurran a alternativas no convencionales de subsistencia y que la mayor delincuencia redunde en
mayor desorganización del barrio.
4. Fomentar el asociacionismo. Aumentar las estructuras de relación para generar mayor nivel de cohesión
social, para transmitir valores convencionales y mejorar el nivel de control informal.
5. Incrementar la vigilancia. Prevención situacional, incrementar la vigilancia de los puntos negros de la
delincuencia evitando que el lugar aparezca a los potenciales delincuentes como bajo control.
Los planteamientos ecológicos modernos están interesados en explicar las tasas de delincuencia y no la delincuencia
individual, mientras que otros autores están interesados en explicar esta segunda. Autores recientes han planteado
que esta separación entre teorías ecológicas y teorías individuales debería ser superada, y que las teorías ecológicas
deberían poder explicar ambas. El objetivo consiste en establecer una metodología que permita verificar en el
ámbito individual la influencia de factores comunitarios, aunque las investigaciones realizadas con esta metodología
son costosas y por eso no están suficientemente desarrolladas.
Las propuestas político-criminales presentan soluciones a largo plazo, y es difícil que tengan éxito si el nivel de
delincuencia en el barrio ya es alto.
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CAPTÍTULO 5: TEORÍA DE LA ASOCIACIÓN
DIFERENCIAL
1. Introducción
Esta teoría fue elaborada por Sutherland, quien pretendía rebatir las explicaciones que concebían la delincuencia
como una expresión de una constitución física distinta o de personalidades defectuosas.
En su opinión, la asociación de delincuencia con la pobreza es errónea porque la correlación se basa en los estudios
de la delincuencia detectada (tienden a omitir los delitos de cuello blanco), porque las explicaciones resultan
inaplicables a la delincuencia de cuello blanco, y por tanto inválidas como teorías generales, y porque ni siquiera la
delincuencia “común” puede explicarse exclusivamente con el recurso de la pobreza, sino sobre la base de procesos
sociales más amplios.
El intento de construir una teoría general para todo tipo de delincuencia es lo que le lleva a buscar factores
universalmente asociados al delito.
Sutherland extrajo la idea de la desorganización social de Shaw y McKay como factor que contribuye al delito en esas
áreas donde se produce un exceso de definiciones favorables a infringir la ley. De Thorsten Sellin extrajo la idea del
conflicto cultural, producto de la progresiva diferenciación de la sociedad y de la inmigración, para reforzar la idea de
por qué la gente aprende valores normativos distintos.
Sutherland explica que el significado que la persona atribuye a una determinada situación objetiva y cómo este
significado se aprende en la interacción que uno desarrolla con sus grupos personales más íntimos determina el
comportamiento, a partir de la corriente sociológica del interaccionalismo simbólico de Mead.
Sutherland pretende explicar el proceso por el cual una persona realiza actos delictivos, y los distintos niveles de
delincuencia. Distingue dos niveles de análisis: la asociación diferencial para explicar el proceso por el cual una
persona deviene delincuente (variable sociopsicológica), y la teoría de la desorganización social para explicar las
distintas tasas de delincuencia en los diversos sistemas sociales (variable socio-estructural).
Para explicar cuál es el origen de las distintas tradiciones favorables o no al cumplimiento de la ley, ve que la idea de
la desorganización social le comporta problemas para explicar cómo un grupo social desorganizado puede tener
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Teorías criminológicas
suficiente organización como para transmitir valores, significados, justificaciones y técnicas profesionales. Por lo que
recurre al concepto de organización social diferencial de Albert Cohen.
El nivel de delincuencia expresa la organización diferencial de los diversos grupos en favor o en contra de respetar la
ley. Hay determinadas áreas que presentan unas tasas mayores de delitos por la existencia de un conflicto cultural
que refleja un conflicto normativo.
Por tanto, la distinta organización social da lugar a un conflicto normativo que se transmite a la persona por medio de
la asociación diferencial, por ello la delincuencia es un comportamiento aprendido.
El aprendizaje debe referirse a las técnicas para realizar delitos, la mayoría de las cuales son sofisticadas. Con lo
referente al aprendizaje de motivos, justificaciones y actitudes (la racionalización de nuestros actos), puede referirse
a los casos en los que la persona aprende un valor cultural distinto, y por tanto, actuando de acuerdo al valor que ha
aprendido, la persona puede chocar con el sistema normativo vigente de otro país; pero también puede referirse a la
persona asume que un determinado problema o necesidad puede ser resuelta por el delito (aprende a justificar su
realización), por tanto, la persona ha sido socializada con un determinado valor y ha aprendido que en determinados
contextos es posible vulnerarlo (técnicas de neutralización).
El delincuente aprende los valores normativos dominantes, pero los neutraliza mediante distintas técnicas, entre
otras: negar su responsabilidad, negar la existencia de un daño, negar la existencia de una víctima, condenar a los
que te juzgan, apelar a lealtades superiores.
La neutralización es posible porque, según un delincuente, las normas no son imperativos categóricos, sino “guías
cualificadas del comportamiento”, cuya aplicabilidad está limitada por razones de tiempo, sitio, personas y
circunstancias sociales. En consecuencia, el sistema normativo se caracteriza por su “flexibilidad”, y por ello las
técnicas de neutralización son una extensión y distorsión de las justificaciones permitidas por el sistema legal que le
sirven al delincuente para neutralizar el carácter lesivo de su acto y conservar su autoimagen.
La hipótesis de la que parte Sutherland para estudiar la relación existente entre valores culturales y comportamiento
delictivo es que las creencias están fuertemente relacionadas con la posibilidad de realizar actividades delictivas
(definiciones favorables a infringir la ley). La persona puede justificar todos los delitos, algunos, o ninguno, pero haya
sido socializado a valores que pueden facilitarle la comisión de delitos. Los resultados de estas investigaciones son:
a) Ningún grupo social aprueba el delito en general, pero hay diferencias en la reprobación que se manifiesta.
b) Muchas personas creen que en determinados contextos algunos delitos están justificados, pero varían el tipo
de justificaciones que consideran admisibles.
c) La valoración que se tiene del delito tiene relación con la posibilidad de realizarlo
d) Hay personas que han sido socializadas a valores que facilitan la realización de determinados delitos.
Las investigaciones no consiguen precisar qué personas o grupos sociales desarrollan estas distintas creencias o
valores, por lo que no sabemos por qué unas personas se inclinan por obedecer la ley y otras por infringirla.
También cabe decir que no es lo mismo demostrar que las personas que infringen la ley tienen una valoración
favorable al delito y otra distinta es deducir que ésta es la causa que ha motivado su acción delictiva.
A parte, a pesar de que la justificación de la conducta o la utilización de técnicas de neutralización facilite la comisión
de un delito, no puede excluirse que las creencias sean justificaciones desarrolladas a posteriori y no una causa del
comportamiento.
Teorías criminológicas
teoría es ambigua, por los múltiples significados que “excesos de definiciones favorables a delinquir”, y
excesivamente simple al enfatizar sólo el aprendizaje por medio de grupos personales íntimos y por asociación.
Respecto al aprendizaje por asociación, Sutherland dice que el conocía la teoría de Tarde (se aprende por imitación),
pero intentó exponer otros procesos de aprendizaje. Sutherland está más interesado en exponer las circunstancias
sociales en las que se aprende que no los mecanismos.
Respecto al aprendizaje por medio de grupos íntimos, puede confundirse la interpretación de “asociación” por
“contacto” con personas, cuando lo importante es la identificación con personas o modelos de conducta lo cual
puede suceder por medio de contactos directos o la valoración de roles positivos expuestos en los medios de
comunicación.
Otro aspecto es qué grupo de referencia es más influyente en el aprendizaje, si la familia o los amigos. Si pensamos
en que en la transmisión de valores es más relevante la familia, vemos que muy pocas familias socializan a sus hijos
en valores delictivos, pero lo más habitual es que las familias eduquen a valores contrarios al delito. Hay estudios que
muestran que el grupo de referencia más relevante son las amistades, por lo menos en los primeros actos delictivos.
Sin embargo, las investigaciones no consiguen determinar el orden causal. Es razonable pensar que una persona
asociada con jóvenes delincuentes desarrolla pautas de conducta delictivas, pero un joven convencional no se asocia
con jóvenes que tienen valores delictivos a no ser que ya exista alguna razón estructural para hacerlo.
Otras propuestas inciden en la necesidad de cambiar las asociaciones de personas, que el delincuente se asocie con
personas convencionales para identificarse con modelos de conducta no delictivos.
Otra consecuencia es que los autores de estas teorías surgieren la disgregación del barrio mediante su dispersión
para evitar la persistencia de la cultura delictiva.
(página 108 algún ejemplo corto de lo que dicen los autores, como hurtos o drogodependientes)
4. Valoración crítica
Existe controversia acerca de si la teoría de la asociación diferencial puede considerarse una teoría cultural. Las
teorías culturales se caracterizan porque, aun cuando se reconoce la influencia de las condiciones sociales en la
producción de ideas, son las propias ideas las que directamente causan el comportamiento criminal, más que las
condiciones sociales.
Una primera objeción a las teorías culturales es que entiende que no existe “conflicto cultural” respecto de lo que
podríamos denominar núcleo del Derecho penal (vida, libertad, propiedad), ya que ninguna cultura podría mantener
unos valores opuestos a ésos que atenderían precisamente contra su misma existencia.
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En segundo lugar, afirma que el delincuente no actúa motivado por unos valores distintos del resto de la sociedad ya
que no existen subculturas que valoren positivamente el delito y las teorías culturales asumen que la persona puede
ser socializada a cualquier valor de forma exitosa.
Por último, dice que las teorías culturales son incapaces de explicar por qué delinque quien ha sido socializado a los
valores convencionales de respeto a la ley.
En conclusión, la cultura se origina, o guarda una cierta correspondencia, con la posición que se ocupa en la
estructura social, pero al propio tiempo tiene una autonomía que permite entender por qué en ocasiones es la causa
del comportamiento delictivo. Por ello, las creencias son las variables que median entre la estructura social y la
acción individual, es decir, respecto de personas situadas en una misma posición social la variable que explica sus
actos delictivos es la valoración que realizan de los delitos que cometen.
La segunda crítica es que no todo el mundo asociado con criminales o en contacto con una subcultura delictiva se
vuelve delincuente (ejemplo: funcionarios de prisiones).
La tercera crítica es que Sutherland desconoce la importancia de la oportunidad para delinquir, y se centra en la
motivación para realizar el delito. La posibilidad de que existan delincuentes que no han pasado por ningún tipo de
aprendizaje previo es posible (delitos simples o aquellos motivados por la oportunidad). Sutherland se defiende
diciendo que la delincuencia se produce cuando la gente define cierta situación humana como apropiada para
delinquir y las definiciones se realizan sobre la base de experiencias pasadas realizadas en asociación con otras.
En cuarto lugar, se critica el olvido de los rasgos individuales de personalidad. El carácter sociológico de Sutherland
conlleva que su preocupación sea más por las relaciones sociales que uno desarrolla que por la personalidad, pero
admite que la personalidad es uno de los factores que incide en los grupos de referencia que se adoptan y de los
cuales uno aprende o con los cuales uno se identifica.
Por último, se destaca el olvido de Sutherland en contestar la pregunta de qué grupos sociales o personas desarrollan
escalas valorativas diversas. Por qué, si los valores normativos se aprenden y transmiten en función de las distintas
asociaciones diferenciales que tiene la persona, no todos los grupos sociales tienen las mismas actitudes culturales y
normativas. Sin embargo, Sutherland sí que conocía la importancia de la estructura social (recurre al concepto de las
áreas socialmente desorganizadas como lugares donde surgen tradiciones delictivas), aunque quizás quedó
pendiente la cuestión de si la escala de valores ayuda a resolver algún problema estructuran que determinados
grupos sociales tienen.
La importancia de Sutherland fue enfatizar la normalidad biológica y psicológica de los delincuentes al afirmar que el
comportamiento delictivo se aprende, además de aportar el factor a los valores normativos o culturales como nexo
entre estructura social y acción individual.
La teoría de Sutherland originó numerosas preguntas (último párrafo página 115) la mayoría de las cuales han sido
continuadas por las teorías del aprendizaje social.
5. Planteamientos actuales
5.1. Las teorías del aprendizaje social
La teoría de la asociación diferencial originó la pregunta “¿cómo se aprende?”. Sutherland prestó más atención a las
circunstancias sociales en las que se aprende que no a los mecanismos por los que se aprende, por lo que esta
pregunta ha sido contestada fundamentalmente por psicólogos.
En general, se considera que se aprende por imitación o por asociación. Las teorías contemporáneas desarrollaron el
aprendizaje por asociación, en la que se diferencian tres corrientes: condicionamiento clásico, condicionamiento
operante, teorías cognitivas (explicadas brevemente en la página 116).
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Burgess y Akers reformulan la teoría de Sutherland con los principios del condicionamiento operante, defienden que
la realización de un comportamiento puede condicionarse en función de las consecuencias que se le vinculen
(refuerzo diferencial) y que la persona anticipa en el momento de su realización.
Akers presenta su elaboración como una teoría del aprendizaje social que completa la teoría de la asociación
diferencial con los principios de la psicología conductista. Hay 4 conceptos clave:
a) Asociación diferencial: el proceso por el cual uno se ve expuesto a definiciones normativas favorables o no a
infringir la ley. Los grupos primarios o secundarios es donde se produce el aprendizaje social ya que
suministran valores, modelos de conducta y refuerzos. El impacto de los grupos será en función de su
intensidad, duración, prioridad o frecuencia.
b) Definiciones: significados que uno vincula a determinados actos y que los presentan como aceptables,
deseables o justificados. Las definiciones son contrarias a la realización de un delito, si son favorables pueden
ser positivas (lo presentan como deseable o permitido) o neutralizadoras (lo justifican o excusan). Se
desarrollan a través de la imitación y el refuerzo diferencial.
c) Refuerzo diferencial: balance de premios o castigos que se anticipan (producto de experiencias vividas u
observadas) como consecuencia de determinados actos. El comportamiento dependerá de la cantidad,
frecuencia y probabilidad de los refuerzos. Son en general sociales, se aprenden en grupos y son los que les
dotan de significado, aunque también pueden ser no sociales (como una experiencia física placentera).
d) Imitación: a veces uno realiza un comportamiento al ver que otro (persona, grupo o medio de comunicación)
lo realiza. Depende de lo influyen de que sea el modelo y de las consecuencias que se observan. La imitación
es más importante para explicar el inicio del comportamiento que la persistencia del mismo.
La hipótesis de Akers es que el orden causal será habitualmente el de precedencia de la asociación delictiva (a la
comisión de actos delictivos) que afecta a las definiciones, suministra modelos de conducta a imitar delitos y permite
anticipar recompensas. No obstante, admite que el proceso de aprendizaje social es complejo y los efectos no se
producen siempre en una dirección lineal.
La discusión actual es entre Akers y Hirschi, y gira en torno a los aspectos ya apuntados por Kornhauser.
El primer motivo tiene que ver con el alcance de la expresión “definiciones favorables a infringir la ley”. Hirschi, de
acuerdo con Kornhauser, niega que las personas aprendan valores delictivos y en consecuencia éstos conduzcan o
motiven la comisión de actos delictivos. Akers acepta que los valores no son desviados, sino que se neutralizan los
valores convencionales.
Las teorías del control (defendidas por Hirschi) afirman que la delincuencia se produce cuando el vínculo con el
orden normativo se debilita (la persona ha cuestionado la necesidad de respetar la ley y no se siente vinculado
socialmente al orden normativo). La teoría de la asociación diferencial (defendida por Akers) afirma que la
delincuencia se produce cuando la persona posee valores desviados, pero también cuando la persona ha
racionalizado o neutralizado la prohibición que le permite infringir la ley.
La segunda polémica es el papel que juegan los valores normativos en la realización de actos delictivos. Hirschi insiste
que los valores culturales no son el determinante a delinquir. Akers replica que su teoría no acoge como única causa
del comportamiento los valores o creencias, sino que existen otros como el refuerzo diferencial (recompensas y
castigos) o la imitación.
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grupo de referencia), programas de modificación del comportamiento basados en las técnicas del condicionamiento
operante. Éstos últimos consisten en programas de economía de fichas (se les da fichas cuando se portan bien, lo que
les permite la obtención de privilegios) o en programas de condicionamiento aversivo, que consisten en asociar la
actividad que se pretende evitar con el dolor.
También se critica que las ideas de Akers son incompletas. Si bien es cierto que considera la estructura social pues e s
donde se desarrollan las distintas definiciones favorables o no al delito, se cuestiona que, o bien se detallan y
demuestra cuáles son los factores relevantes, o todo el proceso de surgimiento de definiciones favorables a delinquir
parece aleatorio.
Han sido criticadas también las consecuencias de política criminal que se derivan de las teorías del aprendizaje social.
Se destaca que están basadas exclusivamente en un tratamiento individual de la delincuencia y que parecen no
abordar el resto de los factores que influyen en ella. Respecto de los programas de modificación del
comportamiento, se cuestiona su carácter intromisivo y su eficacia cuando la persona sale del marco institucional
donde se desarrollan.
La primera premisa de la que parte es que, como factor de “exceso de definiciones favorables a infringir la ley”, la
realización de delitos de cuello blanco se explica porque es una forma socialmente admitida de hacer negocios; el
código de comportamiento de los hombres de negocios, transmitido como una tradición, no coincide con el código
legal y tiene, por tanto, un contenido criminal.
La escasez de definiciones favorables a respetar la ley obedece a las técnicas de neutralización, utilizadas para
desproveer a este comportamiento de su carácter delictivo. La neutralización se ve facilitada por la escasa atención
que los códigos legales, los políticos y los medios de comunicación presentan a este tipo de conductas.
En su opinión, existe una situación de anomia ya que la sociedad, debido a la complejidad técnica, su naturaleza
cambiante y su invisibilidad es incapaz de elaborar normas sociales que señalen los límites de los comportamientos
admisibles en los hombres de negocios. Otra forma que se da de desorganización social es el conflicto de normas,
hay un conflicto no sólo por la diferencia de intereses sino también debido a los múltiples principios existentes para
valorar y calificar determinadas prácticas comerciales como delictivas.
Las investigaciones de Sutherland respecto a este tipo de delincuencia permitieron alertar sobre la relación existente
entre poder y criminalidad. La teoría del conflicto retoma la idea apuntada por Sutherland: los grupos poderosos
tienen poder para conseguir que determinado comportamiento no sea delito y sea tratado como un ilícito civil o
administrativo, con el consiguiente cambio de procedimiento, tribunales y sanciones. Esto evitará el estigma de
delincuente a quien lo realice
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CAPÍTULO 6: TEORÍA DE LA ANOMIA
1. Introducción
La teoría de la anomia estudia las circunstancias que debilitan la eficacia de las normas como guía para la acción
individual. La expresión “anomia” (ausencia de normas) se usa para explicar que, en sociedades anómicas, junto a la
presión que las personas reciben para obedecer las normas, existen presiones en sentido contrario, que contribuyen
a explicar las tasas elevadas de delincuencia.
Robert Merton explicó esta teoría. La idea básica es que la importancia excesiva atribuida a los fines que debe
alcanzar la persona, sobre todo cuando carece de medios lícitos para alcanzar tales metas, se pueda plantear su logro
mediante el recurso a medios ilícitos. Pone de ejemplo a la sociedad norteamericana contemporánea, y a su
insistencia en el éxito económico que debilita el respeto por los canales legítimos para lograrlo, generando una
presión anómica, sobre todo en los peor ubicados en la estructura social, a utilizar procedimientos no aceptados para
lograr la riqueza.
Universalismo en la definición de los fines. La estructura cultural no limita el logro de los fines, sino que los extiende
a todos los ciudadanos. El “sueño americano” dice que toda persona, sin importar su origen social, étnico o cualquier
otra circunstancia personal o social, puede y debe tratar de llegar a la cima.
Desigualdad en el acceso a las oportunidades. La estructura social limita para un sector social los recursos para
lograr por medios lícitos los fines sociales. La sociedad norteamericana es desigual y mientras que unos grupos
sociales disponen de una estructura de oportunidades económicas, culturales y sociales para lograr el éxito
monetario, otros grupos (clase baja y marginados sociales) encuentran bloqueadas o limitadas las posibilidades de
satisfacer por vías lícitas la presión cultural hacia el éxito económico.
Una parte de los ciudadanos asumirán el mensaje de éxito pese a sus limitadas oportunidades de alcanzarlo debido a
que a la hora de determinar sus modelos mucha gente no se identifica con la mayoría de personas que no triunfan
sino con la minoría que alcanza este éxito. Además, la clase social influencia seriamente el acceso a la estructura de
oportunidades. La presión anómica será especialmente sentida por aquellas personas de clase baja que se
identifiquen con las metas de éxito.
(-): rechazo
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Formas de adaptación Fines Medios lícitos
Conformidad (+) (+)
Innovación (+) (-)
Ritualismo (-) (+
Apatía (-) (-)
Rebelión (- +) (- +)
Conformidad: se caracteriza porque la persona interioriza el logro de los fines de éxito y el que para lograrlos debe
hacerlo por los medios lícitos que están a su alcance. Es la respuesta mayoritaria en la sociedad americana, pero esto
no significa que sea una sociedad de triunfadores, sino que la mayoría sigue luchando para alcanzar el éxito.
Innovación: consiste en el uso de medios ilícitos (delictivos), aunque eficaces, para conseguir alcanzar las metas de
éxito que marca la sociedad. La mayor presión para utilizar esta respuesta se da entre personas de clase baja por las
dificultades que tienen para lograr alcanzar los fines de éxito monetario a partir de la estructura de oportunidades
lícitas de la que disponen.
Ritualismo: la persona se desvincula de las metas de éxito, renunciando a alcanzarlas, pero no obstante se mantiene
fiel a los medios lícitos. No es una respuesta delictiva sino desviada (por distanciarse de un valor cultural como lo es
el fin del éxito y los demás lo verán como un fracasado) que se dará entre personas de clase media baja que,
teniendo dificultades estructurales para alcanzar los fines de éxito, han sido más socializados que la clase baja al
respeto a los medios lícitos.
Apatía (o retraimiento): la persona se aleja de los valores culturales, tanto de las metas de éxito como del respeto a
los medios lícitos. Es frecuente que se dé entre personas que interiorizaron las metas y los medios lícitos, pero ante
el fracaso de lograr el éxito adoptan actitudes escapistas que llegan a eliminar el conflicto. Esta tipología en principio
no da lugar a conductas delictivas sino desviadas, y engloba formas de vida de las personas que se han alejado de la
vida social (alcohólicos, vagabundos, drogadictos, mendigos).
Rebelión: es una forma de adaptación colectiva caracterizada por poner en cuestión los valores que sustentan una
estructura social. Por ejemplo, la rebelión de la minoría afroamericana en EUA ante las barreras raciales que
dificultan la movilidad social. Esta tipología engloba conductas desviadas (desobediencia civil) y delictivas (conductas
violentas como medio de conseguir transformaciones sociales).
La persona que sufre presión anómica acogerá preferentemente vías no delictivas de adaptación: seguir luchando
(conformidad), plantearse fines alternativos al éxito económico que también encuentren algún reconocimiento social
o renunciar a los fines de éxito (ritualismo).
Merton no clarifica suficiente los factores que influyen en que la adaptación de la persona con problemas de ajuste
sea conformista, desviada o delictiva. Cohen, Cloward y Olhin profundizan en este aspecto complementando la teoría
de la anomia.
Cohen explica que cuando Merton fija las formas de adaptación de la persona en la sociedad americana, resolviendo
el conflicto entre las aspiraciones fijadas por la cultura y las limitadas oportunidades lícitas para alcanzaras, parte de
una visión demasiado atomizada para el individuo, como si éste sintiera y resolviera los problemas
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independientemente de lo que piensan y hacen las personas de su entorno. En realidad, las personas fijan sus fines,
interpretan sus logros y eligen el modo de adaptación en comparación con las personas de su grupo de referencia.
La explicación que da del surgimiento de las bandas juveniles supone un desarrollo de esta idea. el joven de clase
baja asume como grupo de referencia a los jóvenes de clase media, aspirando a encontrar reconocimiento por parte
de ellos. Sólo en estos casos el joven de clase baja experimentará el conflicto y se planteará resolver sus problemas
de adaptación a través de la delincuencia subcultural.
Dicen que del análisis de Merton se deriva que una vez la persona experimenta esta presión anómica, entonces ya
nada le impide recurrir a los medios ilícitos. Cloward y Olhin añaden que no sólo las oportunidades lícitas pueden
encontrarse bloqueadas, sino que también es posible que la persona carezca de una estructura de oportunidades
ilícitas que sirva como vía alternativa. No será posible que la persona se adentre en una subcultura delictiva si no se
socializa en una estructura que permite el aprendizaje de las motivaciones y de las técnicas delictivas, y que protege
esta actividad de la persecución penal.
La adaptación delictiva (recurso a medios ilícitos para conseguir los fines del éxito) se produce con más probabilidad
entre personas que, teniendo limitadas oportunidades lícitas, tienen a su alcance una estructura de oportunidades
ilícitas.
6. Valoración crítica
6.1. Crítica de los teóricos del control
Hirschi y Kornhaurser consideran que no está confirmado empíricamente que las personas con mayor discrepancia
entre sus aspiraciones y sus expectativas tienen más propensión a la delincuencia y que la delincuencia será más
frecuente entre las personas de clase social baja. No es el desajuste entre las aspiraciones y expectativas lo que
aparece correlacionado con la delincuencia sino el hecho de que la persona tenga bajas aspiraciones y bajas
expectativas. También cuestionan la correlación entre la clase social y la delincuencia.
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no tiene ninguna tesis acerca del proceso individual que lleva a la delincuencia, pues ninguno de los autores de esta
teoría establece condiciones para que se produzca la delincuencia individual, sino que se limitan a teorizar acerca de
una fuente de presión delictiva que debe tener incidencia en las tasas de criminalidad. Además, la relación débil
entre delincuencia y clase social no contradice la teoría de Merton, ya que sólo dice que sociedades anómicas como
la americana deberán tener más delincuencia de clase baja que otras donde el contraste entre aspiraciones y
oportunidades sea menor.
También se destaca que cuando los autores aluden al problema de ajuste de la persona de clase baja que asume altas
aspiraciones se están refiriendo a aspiraciones monetarias, mientras que para Hirschi las aspiraciones son de acceder
a través de la educación y el trabajo al mundo de la clase media. Verificar que los que tienen aspiraciones más altas
de este tipo delinquen menos no es contrario a las predicciones de la teoría de la anomia, pues lo que se está
verificando es la conducta conformista.
Se señala también que la población analizada por Hirschi no permite verificar la tesis de los teóricos de la anomia,
pues las personas que ya han desarrollado una adaptación delictiva no se encuentran en las escuelas. Mediante los
estudios de autoinculpación no se detectará la delincuencia de cierta gravedad, que es la que teoriza esta teoría.
7. Planteamientos actuales
7.1. Introducción
Bernard y Cullen, a partir de los años 70-80, reaccionan a las críticas lanzadas por los teóricos del control,
considerando que la teoría de la anomia no ha sido falsificada y que sigue teniendo un papel importante. Ha
aparecido el debate sobre si de la teoría clásica de la anomia cabe derivar sólo una teoría social de la criminalidad o
también una teoría individual. También han aparecido nuevos ámbitos de aplicación de la teoría, como la
delincuencia económica.
Bernard y Snipes opinan que esta teoría afirma que existen variables estructurales que están correlacionadas con las
tasas de criminalidad. Dicen que Merton no plantea ningún estado psicológico que deba tener la persona que
delinque bajo la influencia de estos factores estructurales, por lo que el acto delictivo puede ser fruto de una
situación de frustración o del cálculo de costes y beneficios.
Agnew argumenta que la teoría clásica de la anomia, además de la dimensión estructural, también tiene la
individual: la actuación de las personas bajo presión anómica supone una tensión que genera un estado psicológico
de frustración o rabia, asociado con la criminalidad.
La teoría clásica de la anomia ha dado lugar a dos teorías. La teoría estructural de la anomia pretende determinar si
la criminalidad varía en las sociedades en función del mayor o menos desajuste entre aspiraciones y oportunidades.
La teoría individual de la anomia pretende responder a si las acciones delictivas individuales están correlacionadas
con el sentimiento de frustración.
El factor estructural que explica las diferentes tasas entre estas dos sociedades consiste en que la cultura americana
transmite la idea de que todas las personas deben tratar de llegar al éxito económico, esto comporta como
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disfunción que debilita el apego a los medios lícitos si ellos no son adecuados para lograr la meta. Estos autores
también señalan que la preeminencia del valor del éxito (sueño americano) ha llegado a colonizar instituciones
(familia, educación, policía) que podrían haber servido para transmitir valores distintos, moderando la presión
anómica.
Esto influencia directamente a la delincuencia porque la preeminencia del valor del éxito económico debilita el valor
de tipos de vida positivos socialmente pero ineficaces para alcanzar el éxito (ser buen padre/estudiante/ciudadano);
e indirectamente porque esta prevalencia de la economía lleva a inhibir mecanismos de control social, que derivan
de la dedicación de los padres al cuidado de los hijos, de la involucración de los niños y jóvenes con las tareas
escolares. Además, el valor del éxito económico genera un impulso hacia el individualismo que hace a las personas
muy resistentes a los controles sociales.
Agnew corrige a la teoría clásica de la anomia señalando que la fuente de frustración no es el desequilibrio entre
aspiraciones y expectativas sino entre expectativas y logros. También cree que se debe ampliar la teoría tradicional
para dar cabida a otras fuentes de frustración, como la pérdida de estímulos positivos o el recibimiento de estímulos
negativos. Por tanto, considera que la frustración se produce porque la persona no es tratada por los demás como
quisiera ser tratada.
La delincuencia puede ser una solución a la frustración porque posibilita mejorar nuestros resultados (robo), permite
reducir el resultado de los demás y el juicio comparativo resulta menos desfavorable (vandalismo), aporta nuevos
estímulos que sustituyan a los perdidos (drogas) o permite la huida de estímulos nocivos (abandono del hogar o
escuela), o es simplemente el resultado de búsqueda de revancha frente a la privación de un estímulo positivo o a la
existencia de un estímulo negativo. Sin embargo, existen medios lícitos para manejar la frustración que no impliquen
la delincuencia, como reducir las aspiraciones, exagerar los resultados obtenidos, minimizar la importancia de los
fines o aprender a tolerar la frustración.
Agnew considera que cuando para la persona el comportamiento delictivo aparezca reforzado será más probable la
respuesta delictiva.
Merton dice que había planteado el caso de la dificultad de acceso por medios legítimos al éxito económico como un
caso de presión anómica, no como la formulación de su teoría. Dice que la presión anómica se produce cuando existe
un énfasis excesivo en los fines y una carencia de disponibilidad de medios convencionales para alcanzarlos.
Respecto a la delincuencia de cuello blanco, Cohen señala que puede explicarse como una consecuencia de la
presión a la que los accionistas someten a la empresa para obtener altos beneficios, que lleva, en un contexto de
oportunidades limitadas, a gestionar la empresa de una manera que se debilita el respeto a los estándares éticos (“el
fin justifica los medios” desarrolla técnicas de neutralización).
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Por lo que hace las teorías individuales, los autores no han elaborado propuestas político-criminales. Pero parece que
es importante fomentar las estrategias convencionales para abordar la frustración, como programas cognitivos o
emocionales dirigidos a que la persona aprenda a hacer una relectura de la situación que minimice su frustración o a
que sepa controlar sus emociones negativas.
La propuesta de política criminal de estos autores tiene más posibilidad de ser aceptada que las propuestas de lucha
a la pobreza de Cloward y Olhin, a pesar de que es difícil pedirla a la gente que sacrifique su bienestar económico por
el bienestar general.
Agnew aporta una nueva teoría cuyo núcleo no es el desajuste entre aspiraciones y oportunidades sino la explicación
de la actividad delictiva con el recurso de la frustración. La verificación empírica de esta teoría ha dado resultados
positivos, mostrándose la correlación entre relaciones sociales negativas que producen frustración y actividad
delictiva. El nivel político-criminal ha sido poco desarrollado.
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CAPÍTULO 7: TEORÍA DE LAS SUBCULTURAS
DELICTIVAS
1. Introducción
Una comunidad está unida por una cultura común, adquirida por la participación en el grupo, cuando comparten
costumbres, creencias, códigos de conducta, valores y prejuicios. Sin embargo, dentro de este grupo unido por la
cultura común pueden existir subgrupos que se distinguen en algún aspecto relevante.
Lo llamamos subcultura delictiva cuando en el subgrupo se aplaude, se premia con reconocimiento o, por lo menos,
se justifica o se excusa lo que el resto del grupo desaprueba. El punto central de las subculturas delictivas es que
algunas conductas delictivas, desvaloradas y meritorias de castigo por la cultura de la que el grupo forma parte
aparecen como legítimas.
El objeto de análisis consiste en la delincuencia juvenil que se realiza en el seno de bandas (grupos organizados). No
se interesa por la delincuencia individual, pues en ésta el infractor no encuentra apoyo del grupo para realizar su acto
delictivo. En la banda, la delincuencia es más frecuente (la reputación en el grupo exige la realización de delitos), más
factible (la subcultura favorece la formación de carreras delictivas) y más duradera (las subculturas son resistentes al
cambio).
Se fundamenta en la teoría de la asociación diferencial (la delincuencia surge como consecuencia de un proceso de
influencia cultural sobre la persona, se justifica el delito por parte del grupo) y en la teoría de la anomia (creación de
la subcultura como respuesta a la frustración del joven de clase social obrera en una cultura que enfatiza el valor del
éxito monetario).
a) Delincuencia expresiva (no-instrumental): el delito no es un medio para adquirir cosas inaccesibles por
medios legales, sino una actividad que produce placer, satisface la necesidad de ocio y, sobre todo, permite
adquirir estatus en el seno del grupo.
b) Delincuencia maliciosa: en el grupo se experimenta cierto placer por hacer daño a los demás, por dar miedo
a los “buenos chicos”, por desafiar las normas dominantes.
c) Oposición a las normas dominantes: se toma la pauta de comportamiento de las normas dominantes,
justamente para hacer lo contrario de lo que ellas prescriben
d) Versatilidad: no existe especialización en una clase de delitos o de conductas desviadas, sino que realizan
una variedad de ellos, como hurto, vandalismo, entrar en propiedad ajena, hacer campana…
e) Búsqueda del placer a corto plazo: los miembros no tienen interés en actividades que requieren
planificación. Responden impulsivamente a cualquier sugerencia que pueda suponer diversión.
f) Énfasis en la autonomía del grupo: los integrantes son solidarios con el grupo, mientras que en las relaciones
con otros grupos tienden a ser hostiles, a su vez expresan resistencia frente a las instituciones (como familia
o escuela) que tratan de regularlas.
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Este problema de estatus surge por vivir en un mundo competitivo donde los compañeros valoran en función de
disponer de las cualidades que auspician a un buen futuro en la vida adulta (ambición, responsabilidad, resultados
académicos, educación, autocontrol, respeto de las normas…). Este criterio de valoración lo denomina ética de la
clase media. La clase obrera acoge valores que pueden entrar en conflicto con los dominantes en la clase media
(mayor tolerancia, solidaridad con la familia y personas del entorno, mayor espontaneidad e impulsividad), también
transmite el valor del éxito (sueño americano).
El joven de clase obrera verá sus deseos de reconocimiento frustrados en el momento que tome como referencia la
ética de la clase media y busque el reconocimiento en el grupo de personas que comparten esa ética. Su origen
familiar (estatus adscrito) es un primer obstáculo, pues las personas que interiorizan esta ética atribuyen
reconocimiento sobre los indicadores que muestran la clase social a la que se pertenece. Además, el origen influye
en que la educación recibida le ponga en inferioridad de condiciones para alcanzar las capacidades valoradas por la
ética de la clase media.
Mientras que los padres de clase media educan a sus hijos para conseguir que se adapten a los valores de clase
media, siendo controladores, exigentes, atribuyendo un amor condicional y dando educación extraescolar; los padres
de clase obrera dan una educación más tolerante, con un amor más incondicional, fomentando la relación con el
grupo y admitiendo las formas impulsivas, además de tener menos posibilidades de dar educación suplementaria.
En este tercer caso, el joven explora la reacción de los demás ante un acto suyo que no sea aceptado por el antiguo
marco de referencia. Cuando la persona ve que el acto es asumido por el grupo como nueva forma de estatus, se
lanza a la innovación cultural. Cuando el grupo atribuye reconocimiento al comportamiento transgresor se inicia un
cambio de valores y se abre una vía para solventar los problemas de estatus. Es por esto por lo que el autor dice que
la actividad delictiva de las bandas juveniles es principalmente expresiva, pues tratan de encontrar, exhibiendo
capacidades, reconocimiento por parte de los demás.
Para combatir la ansiedad de infringir la ética interiorizada, la persona se demostrará a sí misma que carece de
cualquier apego a esa ética. Así se explican las formas de violencia irracional (sobreactuación para combatir la
inseguridad hacia el propio rol) y los delitos contra la propiedad y las personas, que le sirven para manifestar su
rebelión contra la ética dominante (la fuente de frustración).
Cuando las nuevas fuentes de estatus para la subcultura son rechazadas por la colectividad, el grupo sólo puede
sobrevivir si se aísla del mundo exterior e impide que sus valoraciones negativas le puedan hacer mella. Es necesario
el sectarismo del grupo.
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2.2. Subculturas instrumentales (Cloward-Olhen)
2.2.1. Tipología de subculturas delictivas
Cloward y Olhin amplían el objeto de investigación de manera que su teoría da explicación a las subculturas
expresivas (conflictuales, basadas en la violencia como forma de lograr estatus), a las de carácter apático o “pasota”
(centradas en el consumo de drogas) y a las de carácter instrumental (la actividad delictiva de la persona puede
verse como una “carrera”), éstas últimas con más detalle.
a) Existencia de una delincuencia adulta que aparece ante los jóvenes del barrio como una posibilidad real de
conseguir éxito económico (existencia de delincuentes triunfadores).
b) Existencia de estructuras de integración del joven con el mundo delictivo adulto: en el barrio debe existir
un sistema de relaciones sociales que permita la integración entre los adultos y los jóvenes, facilitando la
comunicación de motivaciones delictivas y técnicas para realizar delitos.
c) Integración en el mundo convencional y el mundo delictivo: en el barrio debe existir un cierto apoyo a la
actividad delictiva, la cual, a su vez, debe encontrar cierta protección por parte del mundo convencional
(peristas, abogados a sueldo de la organización, funcionarios corruptos).
En los barrios donde existe la posibilidad de desarrollar una carrera delictiva, algunos jóvenes con un bloqueo de
oportunidades lícitas y que han evolucionado hacia una solución cultural a los problemas de estatus, pueden dar un
paso ulterior a la delincuencia profesional si mantienen la aspiración al éxito económico.
El prototipo de subcultura expresiva es la “subcultura conflictual”, donde el fin es adquirir estatus a través de la
exhibición de fuerza física, que se muestra principalmente en la lucha violenta entre bandas. Los valores que
identifican al grupo son el culto a la masculinidad, la hombría (rechazando al que se escapa), el mantenimiento del
honor ante cualquier provocación y la actitud solidaria en la defensa del grupo.
La cultura conflictual es duradera, porque carece de organización y de apoyo, y porque la exhibición de la fuerza
física sólo sirve para solucionar los problemas de estatus en los años de la adolescencia. No obstante, en la medida
en que los barrios bajos de las ciudades se convierten en guetos, la delincuencia que aparece es la violenta.
La subcultura apática (evasiva, pasota) se estructura sobre el consumo de drogas. Está integrada por jóvenes que
experimentan frustración por falta de estatus o de capacidad de lograr el éxito económico, y para aliviar sus
problemas se refugian en el mundo de las drogas. Los más proclives a integrar esta subcultura son los que fracasan
en el mundo convencional pero, o bien, no tienen las habilidades para triunfar en la delincuencia profesional o la
violenta, o bien su apego a los medios lícitos les impide recurrir a las otras subculturas.
A pesar de que la introducción a las drogas suele requerir una dinámica de grupo, el proceso de hábito tiende a
disolver el grupo, pues no deja de ser un hecho individual, y la búsqueda de dinero para sufragar el hábito divide el
grupo.
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2.3. Otras concepciones acerca de las subculturas
2.3.1. Delincuencia y cultura de clase maja (Miller)
Miller afirma que la tesis de Cohen (que el integrante de la banda delictiva es una persona que ha sufrido un conflicto
cultural) no resulta adecuada a la realidad de la delincuencia juvenil en los barrios de clase baja americanos. Dice que
el prototipo de delincuente no es una persona rebelde que recurre a la inversión de valores como medio de ser
reconocido, sino que es una persona conformista a los valores que le transmite su propia clase social.
No dice que la clase baja valore positivamente el comportamiento delictivo, sino que existen valores de la clase baja
que dan cobertura a esta clase de acciones, entre ellos la masculinidad, la búsqueda de excitación, la capacidad de
triunfar con el mínimo esfuerzo, la autonomía y el rechazo de las reglas y de la autoridad. Estos valores explican la
formación de bandas de chicos adolescentes y los principales delitos que se realizan, de carácter expresivo, para que
el adolescente consiga demostrar que “ya es un macho”.
En primer lugar, dicen que, si el delincuente subcultural valora positivamente lo que la sociedad rechaza, entonces es
incomprensible el sentimiento de culpa que expresan la mayoría de delincuentes juveniles al ser detenidos. En
realidad, la persona dispone de los mismos valores que la sociedad convencional, pero ha aprendido a neutralizar el
sentimiento de culpa. Las excusas del delincuente juvenil subcultural apelan en todo caso a valores a los que la
sociedad da algún reconocimiento.
En segundo lugar, señalan que el delito propio de las subculturas juveniles no es un acto alejado de la moral
dominante, sino que encuentra relación con algún valor de esta cultura. Como valores prioritarios, la cultura
dominante destaca el trabajo, estudio o disciplina (conducta respetuosa de la ley), no obstante, también atribuye
reconocimiento, aunque sea como excepción, a la excitación, demostración de masculinidad o consecución de dinero
fácil. Estos son los valores que guían al delincuente juvenil subcultural, el cual no se encuentra en oposición a la
sociedad dominante sino en unión a sus valores subterráneos.
Además, discrepan también de que la delincuencia juvenil sea un fenómeno propio de los adolescentes de clase baja,
ellos lo ven como algo esperable de los adolescentes de todas las clases sociales. Esto se debe al valor del ocio,
diversión, pues en la adolescencia la persona está en un limbo entre el anterior control paterno y la futura
integración en el mundo adulto. Igual que la delincuencia es una adaptación desviada a los valores subterráneos,
también existen versiones convencionales de estos valores, como los expresados a través del deporte, del juego, y es
por ello por lo que la conducta desviada es un comportamiento minoritario.
Lo que estos autores no pueden responder es por qué la mayoría de adolescentes expresan su adaptación a los
valores subterráneos de manera convencional y otros, una minoría, de manera desviada.
Cohen dice que otra alternativa consiste en que no se desvalore al joven de clase obrera, aunque reconoce que es
difícil llevarlo a cabo, pues supone sacrificar el impulso a la competitividad y sus beneficiosas consecuencias
económicas.
Matza se basa en combatir la base sobre la que se asienta la atribución de legitimidad al acto delictivo en el seno de
la subcultura. Su propuesta consiste en que la aplicación de la ley penal incremente su legitimidad, por la mayor
honestidad de quienes la aplican y por qué sus decisiones sean más adecuadas al principio de igualdad. De esta
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manera menos personas tendrán un sentimiento de injusticia y tendrán menos posibilidades de desarrollar técnicas
de neutralización.
4. Valoración crítica
La principal discusión consiste en su verificación empírica y las diversas posiciones teóricas acerca del origen y
descripción de las subculturas. Podemos decir que Cohen Cloward y Olhin, por una parte, y Miller, Matza y Sykes, por
otra, se están refiriendo a fenómenos delictivos distintos.
Cohen, Cloward y Olhin estudian el fenómeno de bandas de adolescentes y jóvenes organizadas cuya unión tiene
como punto central la realización de actos delictivos y que aparecen separadas de la sociedad convencional. Millen,
Matza y Sykes se refieren a grupos de jóvenes que no llegan a merecer el calificativo de banda, en los que la
delincuencia es un episodio más de una actividad realizada en grupo y que mantienen los vínculos de unión con la
sociedad convencional.
Por tanto, la teoría de Cohen y de Cloward y Olgin sólo permite explicar y puede ser verificada examinando las
bandas juveniles organizadas y estructuradas, por lo que no tiene como objeto de estudio la delincuencia juvenil ni la
que se produce en grupo, sino solamente la delincuencia juvenil producida en contexto de bandas (página 166-167
explica cómo la ausencia de bandas delictivas en Inglaterra no supone una falsación de esta teoría).
5. Planteamientos actuales
5.1. Introducción
Las bandas de barrio son bandas juveniles que tienden a delinquir en un determinado espacio territorial y que se
localizan preferentemente en los barrios bajos de las ciudades. Las subculturas ideológicas se diferencian de las
bandas de barrio por varias razones, como el tipo de delitos realizados, la selección de las víctimas, la ideología que
apoya la violencia y la globalización del fenómeno.
a) Las bandas se localizan en los barrios bajos de las ciudades, en especial aquéllos que han sufrido el proceso
de desindustrialización de los años 70.
b) En las bandas existe una creciente dedicación al tráfico de drogas, en especial derivados de la coca, la cual
cosa se explica por la desregulación del mercado que comporta la entrada masiva de una droga barata.
c) La violencia entre bandas ha devenido más letal, como consecuencia de la mayor disponibilidad de armas y
por la extensión de las luchas motivadas por el control territorial.
d) La mayoría de las bandas están formadas por miembros de las minorías afroamericana y latina.
e) Existe una tendencia a la mayor permanencia de los miembros en la banda por dificultades de encontrar
empleo de las personas en situación de marginación.
f) La motivación de las mujeres para integrar las bandas presenta diferencias respecto de la de los hombres.
Las causas señaladas deben complementarse con factores ecológicos. La desindustrialización de las grandes ciudades
a partir de los 70s supone una transformación de los barrios habitados por la minoría afroamericana, los cuales son
abandonados por las personas de clase media y van convirtiéndose en guetos homogéneos en la pobreza (no
movilidad social y canalización de formas de vida convencional), lo que lleva a una reducción de las oportunidades de
trabajo lícito (trabajos no cualificados de salario muy bajo vs salarios mayores del mercado de droga).
Los adolescentes de estos barrios están afectados por la cultura consumista, donde el estatus va vinculado a la
posesión de signos externos. Los participantes de las bandas son quienes poseen signos de riqueza y posición en el
barrio. Además, los veteranos de las bandas transmiten una ideología que destaca que su “trabajo” supone una
lealtad al barrio y al grupo étnico de referencia con el que se evitan humillaciones a las que los empresarios blancos
someten las minorías no anglosajonas.
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La participación en las bandas reúne los ingredientes que para Cloward y Olhin son necesarios para la existencia de
subculturas instrumentales:
La criminología presta interés a estas subculturas en el momento que dentro del estilo de la subcultura aparece el
recurso a la delincuencia, normalmente la violencia.
(página 173 y 174 explicación la subcultura skinheads como bandas violentas, racistas y neonazis).
Se distingue entre las políticas progresistas (disminuir la afiliación a las bandas mejorando la cohesión de la
comunidad y realizando trabajo social con los integrantes para alejarles de este mundo) y las políticas conservadoras
(mayor presión policial sobre las bandas y endurecimiento de las penas). Ninguna es efectiva porque no inciden en la
raíz del problema, la pobreza y la discriminación que sufren los guetos, y porque tienen el efecto secundario de
aumentar la cohesión de las bandas que se ven injustamente tratadas por el sistema penal.
a) Reconstruir comunidades funcionales (que fomentan las relaciones sociales) capaces de enfrentarse al
fenómeno de las bandas.
b) Invertir más en educación para mejorar las oportunidades educativas y de trabajo, y favorecer la creación de
puestos de trabajo y espacios de ocio que puedan ser valorados por los adolescentes de estos barrios.
c) Reducir la segregación racial para luchar contra las bandas.
d) Las ayudas del estado del bienestar para las madres con hijos a su cargo pueden permitir a las mujeres
jóvenes abandonar las bandas y la calle.
Por lo que hace a la violencia skin, a sabiendas de la vinculación de la ideología skin con el discurso antiminorías de
los 80s, una forma de prevenir estos fenómenos consiste en evitar los discursos ideológicos estigmatizan a las
minorías. Se proponen medidas dirigidas a debilitar a los grupos de soporte de la violencia neonazi porque suponen
una provocación de actos terroristas, prohibir los conciertos racistas y establecer estándares de conducta en los
medios de comunicación, que impidan la publicidad a estas ideologías y que adopten una actitud crítica hacia ellos.
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Teorías criminológicas
Respecto a la violencia skin, Hamm considera que la teoría de las subculturas no puede dar cuenta de este
fenómeno, pues en los jóvenes skins no encuentra la frustración debida a la imposibilidad de alcanzar sus altas
aspiración, a pesar de que la legitimación del acto delictivo transmitida culturalmente es el factor más poderoso.
Si el factor clase social es relevante para entender la violencia neonazi (el joven skin se refugia en su grupo y estética
para escapar de las frustraciones debidas a la pérdida de cohesión de la clase obrera y a su incapacidad para alcanzar
las metas de una cultura consumista), parece que una política criminal debería dar importancia a la cuestión de las
oportunidades de los jóvenes. En cambio, si la variable más relevante es la cultural, entonces la política criminal
debería centrarse en combatir los mecanismos de transmisión de la ideología, en este caso racista.
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Teorías criminológicas
CAPÍTULO 8: TEORÍAS DEL CONTROL
1. Introducción
Las teorías del control surgen a finales de los 60s en Estados Unidos. Asociamos estas teorías a Travis Hirschi, quien
rebate la teoría de la anomia y las teorías culturales (página 177 argumentos).
Hirschi defiende que la delincuencia no es producto de aspiraciones insatisfechas, pues no importa cuán elevadas o
insatisfechas éstas sean, la persona no delinquirá si está vinculada a la sociedad y siente que al realizar el delito
arriesga su posición en ella; y que la delincuencia no es producto de valores normativos distintos que al guiar el
comportamiento individual conlleven la comisión de actos delictivos, puesto que todo el mundo comparte unos
mismos valores.
Los teóricos del control defienden que no hay necesidad de buscar un factor positivo para explicar la delincuencia, ya
sea la falta de oportunidades legítimas o el aprendizaje de valores delictivos, ya que admite que la comisión de
delitos permite acceder de una forma más fácil y rápida a determinadas metas u objetivos deseados. Hirschi, en vez
de intentar explicar por qué la gente realiza delitos, trata de analizar por qué respetamos la ley.
2.1. Precedentes
Para Durkheim, cuando la sociedad no funciona a modo de conciencia colectiva, limitando los apetitos ilimitados de
los hombres, se produce una ausencia de normas donde las aspiraciones ilimitadas se intentan satisfacer a toda
costa, y el hombre ya no se comporta como un ser moral y pasa a regirse por las únicas normas de su autointerés.
Reiss atribuye la delincuencia a una ausencia de control personal, porque no se han internalizado las normas que
impiden alcanzar los objetos deseados por los medios ilegales, y de control social de los grupos, instituciones y
comunidades, para conseguir que se respeten las normas. En los grupos primarios (familia, escuela, vecindario) es
donde se desarrolla el control personal sobre el niño. Pero para que éste se identifique con la familia y los acepte
como una fuente de autoridad es necesario que el control se ejerza de forma consciente y que la familia esté en
disposición de cubrir las necesidades del niño.
Jackson Toby introduce el concepto de “algo que perder” (stake in conformity), dando a cuantas más posibilidades
hay de obtener recompensas tomando parte en la sociedad, más probable es que se evite la realización de delitos;
cuando la persona está ya excluida de la sociedad y sus ganancias “tiene muy poco que perder” si delinque.
Nye diferencia cuatro tipos de controles que la familia genera: control directo (sanciones), interno (conciencia),
indirecto (querer agradar a los demás), y satisfacción de necesidad (posibilidad de controlar el comportamiento si se
es capaz de satisfacer las necesidades y deseos con medios legítimos). En su opinión, si todas las necesidades
estuvieran cubiertas no habría motivo para realizar delitos y un mínimo control bastaría.
Reckless desarrolló la teoría de la contención, según la cual, las presiones y motivos que llevan a la delincuencia
pueden contrarrestarse mediante la contención. La contención es posible por medio de controles externos, pero
debido a la movilidad existente en nuestras sociedades, lo decisivo es la autocontención, que permite que la persona
se controle independientemente de los cambios en los factores externos. La autocontención depende de: la
autoimagen positiva de no delincuente que uno tiene de sí mismo, la aspiración de conseguir metas sociales, la
capacidad de tolerar la frustración, y la aceptación de las normas.
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Teorías criminológicas
Hirschi explica que los vínculos que unen a la persona con la sociedad, evitando la realización de comportamientos
delictivos consisten en:
Apego (attachment): significa ser sensible a la opinión de los otros. La internalización de las normas y el
respeto a las mismas requiere ser sensible a la opinión de los otros, ya que infringir una norma es actuar
contra los deseos de otros. La identificación afectiva, el apego, es necesaria y previa a la internalización de las
normas.
Compromiso (commitment): implica sentirse unido a la sociedad, producto de las recompensas sociales que
obtenemos de nuestra participación convencional en ella. La persona que participa en la sociedad adquiere
bienes, reputación y estatus, elementos que pueden perderse si comete un delito.
Participación (involvement): significa tomar parte en las actividades convencionales. Cómo más tiempo
dedica la persona al trabajo y al resto de actividades sociales, menos es el tiempo libre que queda para
delinquir.
Creencias (belief): significa compartir los valores sociales. Hirschi asume que hay unos valores compartidos
por todos los grupos sociales, por ello, se pregunta por qué personas que aceptan y comparten los mismos
valores delinquen. En su opinión ello es debido a que la creencia en la validez moral de las normas y la
obligación de respetarlas está debilitada en algunos sectores de la población, pues las personas varían en el
grado de convencimiento acerca de la necesidad de respetar las reglas de la sociedad.
Hirschi admite que las teorías del control no proporcionan ninguna explicación y con ello asumen que basta una
condición negativa (ausencia de control interno y/o externo) para que se realicen actos delictivos. En su opinión,
puede intentar encontrarse un factor desencadenante, pero ninguna explicación sirve para diferenciar el
comportamiento delictivo del no delictivo, además que estas motivaciones no se derivan de las teorías del control.
(página 184-187 comprobación empírica de la teoría de Hirschi basada en cuestionarios de autodenuncia repartidos
a estudiantes, y explicación de lo que demuestra con respecto a los vínculos de apego, compromiso, participación y
creencias).
La primera institución clave es la familia. Ésta puede incidir en la aparición de comportamientos delictivos cuando
presenta problemas en su equilibrio afectivo que el joven quizá intente manejar a través de la realización de delitos,
cuando fracasa el proceso de identificación de los hijos con los progenitores (por estar ausentes o por presentar un
modelo “inimitable”), o cuando la familia tiene problemas para cumplir con sus funciones educativas (largas jornadas
de trabajo o incapacidad para socializar a las nuevas circunstancias del mundo cambiante).
Las propuestas derivadas de estas teorías se dirigen a crear problemas destinados a las familias: asesorarlas en la
educación de los hijos y procurar que éstas cumplan su función de control social (enseñar valores convencionales y
corregir los desviados).
La segunda institución clave es la escuela. Las propuestas más recientes se derivan de la percepción de que los
jóvenes en la escuela no obtienen ganancias del desarrollo de un comportamiento obediente y conforme y de que
los maestros carecen de autoridad y mecanismos con los que asegurar el control. Una medida consiste en aumentar
el ligamen de la escuela con el mercado laboral para que el joven perciba que sí vale la pena estudiar. Otra medida se
basa en aumentar la identificación de los jóvenes con los adultos, lo cual puede realizarse incrementando los vínculos
de la escuela con el barrio, fomentando la presencia de adultos con reputación o favoreciendo la enseñanza de
adultos conjunta con la de los jóvenes.
Con respecto a las personas adultas, se pone énfasis en la necesidad de desarrollar vínculos sociales a través de un
empleo estable y de instituciones familiares como la pareja.
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4. Valoración crítica
Una primera crítica cuestiona que se haya conseguido demostrar las variables de las teorías del control. Si bien
admiten el mérito de Hirschi por haber destacado que el apego a los otros (como familia o amigos), ser sensible a su
opinión, querer agradarles, es una variable crucial para prevenir comportamientos delictivos, en lo que parece
persistir un cierto desacuerdo es en el rechazo radical de Hirschi a dar también importancia a los valores que estos
grupos transmiten. Es decir, es plausible pensar que un niño puede estar muy apegado a sus padres y que éstos le
transmitan un contenido valorativo que no sea contrario a la delincuencia, igual que un vínculo afectivo e
identificación con los amigos no es un factor indicativo de no delincuencia si los amigos son delincuentes.
Una segunda crítica es que estas teorías no consideran la motivación, el factor positivo que lleva a realizar actos
delictivos y, en consecuencia, presument que la ausencia de control basta para provocar inevitablemente la
realización de delitos. Se les reprocha, a su vez, asumir la imagen de una persona naturalmente anormal que
delinque cuando puede, sin necesidad de que exista un factor positivo (una necesidad, meta o convicción) adicional
que permita explicar su delito.
Una tercera crítica hace referencia a la orientación ideológica de la teoría (conservadora). Por un lado, esto se debe a
la negación de Hirschi de que la delincuencia esté relacionada con la clase social y apuntar como factores más
relevantes la familia y la escuela, independientemente de su posición en la estructura social; por otro lado, a su
negativa a la existencia de valores alternativos opuestos a los normativos que al guiar la conducta pueden llevar a
realizar actos delictivos, o bien por no reconocer el proceso de neutralización; y, por último, a su olvido de que el
número de deseos insatisfechos no es igual para todo el mundo y que ello puede ser una motivación a delinquir.
En su opinión, los hechos conocidos del delito muestran que éste se caracteriza por la búsqueda inmediata del placer
(o evitación inmediata del dolor), la necesidad de pocas habilidades técnicas para realizarlo y la existencia de pocos
beneficios producto de él. Los delincuentes se caracterizan por ser personas impulsivas, despreciar el riesgo, ser
incapaces de prever, poseer más habilidades físicas que verbales y ser egocéntricos. Además, no son especialistas
sino generalistas (realizan distintos delitos), por lo que no tiene sentido buscar la explicación de un delito específico.
La única diferencia existente entre delincuentes y no-delincuentes es el bajo autocontrol. Éste se debe a una
educación familiar defectuosa. La falta de autocontrol explica, en su opinión, la relación entre delincuencia y fracaso
escolar y laboral. Por tanto, defienden que el delito puede explicarse siempre por una ausencia de autocontrol, por lo
que no es necesario buscar ninguna causa adicional “positiva”, ya sea estructural o cultural, ya que el delito comporta
sus propias gratificaciones.
También admiten que no todos los que poseen un bajo autocontrol delinquen. Para explicarlo, distinguen entre
delincuencia y delito. El delito se produce cuando hay una oportunidad, la delincuencia (producto de falta de
autocontrol) es una tendencia estable que se forma en los años de la niñez que sólo se manifiesta cuando la
oportunidad de cometer un delito está presente.
Por tanto, proporcionan una teoría general del delito que representa una unión de la escuela clásica y la positivista:
hay una característica individual que explica por qué sólo algunas personas realizan delitos (bajo autocontrol), pero
esta tendencia estable solo se manifiesta cuando se presenta la oportunidad de realizar el delito.
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Hirschi explica detalladamente que los padres deben vigilar el comportamiento del niño, reconocer el
comportamiento desviado tan pronto como suceda y castigar los primeros actos delictivos que se produzcan. Otras
medidas que la familia debe adoptar son vigilar y controlar las entradas y salidas del menor, darles afecto para que el
niño no se arriesgue a perderlo, vigilar su casa y las relaciones que se establecen en ella, y estar dispuestos a
responsabilizarse del menor en caso de que tenga algún problema con la policía. Además, Hirschi añade la necesidad
de vigilar la forma de la familia, el tamaño y la estabilidad.
Hischi y Gottfredson también proponen la posibilidad de reducir los delitos disminuyendo las oportunidades en las
que delinquir es posible, las cuales coinciden con las realizadas por los partidarios de la prevención situacional.
En segundo lugar, los autores no aportan una definición precisa de autocontrol, por lo que no podemos saber quién
carece de autocontrol.
En tercer lugar, se cuestiona su afirmación de que el autocontrol es una propensión individual estable. Esta
afirmación es contraria a los hechos conocidos acerca de la delincuencia, pues a través de investigaciones
criminológicas se ha comprobado que la realización de delitos declina con la edad.
La última crítica se refiere a la ambición de la teoría de explicar de forma satisfactoria todos los delitos.
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CAPÍTULO 9: TEORÍA DEL ETIQUETAMIENTO
1. Introducción
Surge en EUA a mediados de los años 60, sus representantes son Lemert, Erikson, Kitsuse, Becker y Schur.
El discurso tradicional de la criminología presenta dificultades, pues el nuevo delincuente no se parece en nada a la
imagen de delincuente con la que hasta el momento había operado la criminología tradicional. Por ello, esta teoría,
que afirma que lo que es desviado para unos no lo es para otros, que se criminalizan los comportamientos que
lesionan determinados intereses y que lo que mejor que puede hacer el sistema penal es no intervenir tanto, gana
popularidad.
Hasta el momento, la criminología había estudiado las causas del comportamiento delictivo, sin embargo, los teóricos
del etiquetamiento defienden la importancia de estudiar el proceso de definición por el cual la sociedad interpreta
un comportamiento como desviado, lo define como desviado y reacciona frente a él. Ello implica aceptar que no hay
comportamientos intrínsecamente desviados, sino que este carácter se atribuye por la reacción social.
La segunda cuestión que les interesa es las consecuencias del proceso de definición para la persona etiquetada como
desviada. Parte de la idea que la imagen que una persona tiene de sí misma se forma en función de su interacción
con los demás, y que los comportamientos que realiza están vinculados a la imagen que tenga de sí misma. Estudian
si la etiqueta comporta que asuma una nueva identidad y si ésta facilita la continuación de sus actos desviados.
Por todo ello, dirigen su atención al proceso de creación y aplicación de una norma penal para contestar qué
comportamientos son catalogados como delitos, por qué, a qué comportamientos se dirigen las normas penales y
qué consecuencias tiene aplicar una pena. Estudian al delincuente, pero también el funcionamiento del sistema
penal.
La aportación del labeling consiste en cuestionar que la creación de leyes penales obedezca sólo al interés de
perseguir las actividades socialmente más dañinas; en opinión de Becker, obedecen a campañas de “empresarios
morales”. Con ello se expresa que determinados grupos sociales consiguen movilizar al Estado y al Derecho penal
para que éste plasme en las leyes su concepción moral y social del mundo.
El labeling favorece los estudios que analizan el proceso de criminalización, es decir, cómo determinadas conductas
entran a formar parte del código penal por influencia de determinados grupos sociales y cómo éstos consiguen
movilizar al Estado en favor de una u otra opción para defender intereses corporativos, políticos o económicos.
Además, la aplicación de la ley penal implica que el comportamiento se reconozca como delito, por lo que el proceso
de interpretación y definición de un determinado comportamiento como delito debe convertirse en objeto de
estudio ya que por sí no es evidente.
Una vez estudiado el proceso de creación y aplicación de las normas penales, se plantea qué personas son
etiquetadas como delincuentes. De la misma forma que no toda infracción de una norma penal es identificada,
reconocida y definida como delito, tampoco la categoría de delincuente coincide con la de infractor.
Becker observa que hay personas que no han infringido las normas pero son definidas como desviados (estereotipos)
y existen otras que han vulnerado las normas y no son definidas como desviados. El delincuente, además de infringir
una norma penal (primer código), ha sido detectado, identificado y etiquetado como tal (segundo código).
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El análisis de Becker señala qué sucede cuando la persona ha sido etiquetada como desviada. En su opinión, la
persona, al aislársele del mundo convencional, se adentra en el mundo de los desviados y de esa forma neutraliza su
vínculo con el orden normativo de la sociedad, repudia a las personas convencionales, racionaliza el porqué de su
desviación, aprende a comportarse de forma desviada para evitar problemas con la policía y, en definitiva, forja una
identidad de desviado (en este aspecto profundiza Lemert).
Una experiencia traumática como ser arrestado y condenado es la culminación de la construcción de la imagen de
delincuente. El proceso penal la persona es identificada como criminal y se da a conocer a toda la sociedad, con lo
cual se produce una degradación del estatus y la adscripción de una nueva identidad. Esta nueva identidad sirve de
pauta para relacionarse con esta persona en el futuro, pero también para reinterpretar todos sus actos anteriores de
acuerdo a la nueva identidad de delincuente que se le ha adscrito.
La hipótesis de los teóricos del labeling es que la etiqueta facilita la realización de futuros actos delictivos o de una
carrera delictiva. A este proceso Lemert lo denomina “desviación secundaria”. El porqué la persona realiza en primer
lugar este acto inicial desviado o delictivo depende de numerosas causas; en la medida que estos actos desviados no
han sido integrados por la persona para formarse una nueva personalidad o rol y en la medida que no son utilizados
por la sociedad para asdcribirle un nuevo estatus pueden definirse como desviación primaria.
Cuando estos actos se repiten, cuando la reacción de la sociedad se va haciendo más severa y permanente, cuando
interviene el proceso penal, es posible que se produzca una reordenación de la personalidad de la persona. Si la
adopta el nuevo rol, tendrá unos costes (diferenciación, degradación de estatus y aislamiento de la sociedad
convencional), pero también unas ventajas (grupo de referencia en el cual te puedes integrar, los delincuentes, que
te protegen).
En este momento la identidad criminal se ha forjado como respuesta a la reacción social que su desviación primaria
ha ocasionada: “el control social crea desviación” o “el control penal crea delincuencia”.
Aunque las investigaciones empíricas no hayan conseguido afirmar de forma concluyente, debido a errores
metodológicos de estas o debido a la dificultad de separar el efecto de la etiqueta de otras causas concurrentes, la
teoría del etiquetamiento (la etiqueta de delincuente es un factor que facilita la comisión de posteriores actos
delictivos) es plausible.
Ellos consideran que no se tratan de errores, sino que deben diferenciarse dos unidades de análisis: el
comportamiento delictivo y los hechos registrados como delitos. Las estadísticas nos proporcionan más información
del personal y agencias que procesan los datos que del comportamiento que se está procesando.
Kitsuse y Cicourel no se limitan a afirmar que los delitos no descubiertos por la policía no aparecen en las estadísticas
del delito y en consecuencia no son delitos (son cifra oscura), sino que además indican que incluso los delitos
recogidos en las estadísticas han sido sometidos a un proceso previo de definición. Consideran que las estadísticas
del delito son una construcción social.
La desconfianza a las estadísticas oficiales del delito comportó la necesidad de completarlas con otros métodos de
investigación empírica cuantitativa, como las encuestas de victimización y los estudios de autodenuncia. Además,
proporcionó una nueva área de estudio que pretendía analizar cómo se identifican determinados comportamientos
como delitos por parte de las personas encargadas de aplicar las leyes penales y de procesar los datos.
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3. Consecuencias de política criminal
Los partidarios del etiquetamiento remarcan que el sistema penal favorece la formación de identidad de delincuente.
De aquí se deriva una política criminal caracterizada, según Cohen, por la exigencia “des”: descriminalización,
desinstitucionalización y descarcelación.
En EUA existe la tendencia de criminalizar “delitos sin víctima” (prostitución, consumo de drogas, consumo público de
alcohol, actividades sexuales no convencionales). Los teóricos del etiquetamiento exigían la retirada del derecho
penal y abogar por una política basada en la tolerancia de diversos estilos de vida, se reclama un “derecho penal
mínimo”.
La necesidad de evitar que la persona se adentre en su rol desviado, respecto a los jóvenes, lleva a apoyar medidas
para evitar el paso por el sistema penal y con ello evitar la etiqueta de delito a comportamientos de adolescentes.
Ello dio origen al movimiento de la diversión. Lemert no excluye cualquier tipo de intervención, defendía los servicios
sociales juveniles o instituciones comunitarias, pero sí que pedía como menos intervención del proceso penal, mejor.
Estas propuestas son un antecedente de la mediación y reparación, que pretenden que el joven que acepte mediar y
reparar a la víctima evite pasar por el juicio oral.
Goffman explica como el paso por las instituciones psiquiátricas suministra la etiqueta de loco y para que la persona
se adapte debe aprender comportamientos propios de locos. Trasladando esta idea a la prisión, a la etiqueta de
preso y expreso se le añade que la persona aprende otras normas, alores y pautas de conducta que le dificultan su
ingreso a la sociedad convencional, cosa que originó las alternativas a la cárcel y castigos comunitarios en medio
abierto.
En los 80 se advierte que la no intervención puede llevar a un “olvido benigno”, es decir, que las críticas dirigidas a las
instituciones cerradas sirvieran como coartada para que el Estado desinsitucionalizase a grupos de personas y las
dejara en la calle sin ningún tipo de atención social. Una cosa es prescindir del derecho penal para solucionar un
problema y otra es ignorar el problema social que late bajo la etiqueta.
4. Valoración crítica
En primer lugar, se objeta el papel de la etiqueta en la creación del comportamiento desviado. Las criticas apuntan
que la etiqueta no crea el comportamiento desviado, sino que la etiqueta se impone a quien vulnera una norma; que
la etiqueta no siempre comporta una amplificación del proceso de desviación, sino que puede conseguir que la
persona cese en la realización de actos delictivos; y que la etiqueta no es una condición suficiente ni necesaria para
que se produzca la adopción de una identidad de desviado.
Un segundo grupo de críticas objetan que la perspectiva del etiquetamiento niega la realidad del delito o que
conlleva un relativismo moral visible en las afirmaciones de Becker “no hay actos intrínsecamente desviados”,
entendiéndose que el delito no existe, es una construcción social.
Siendo consciente de que la etiqueta de delincuente puede representar un estigma que impide que la persona se
reintegre en la sociedad, advierte que para que estas penas visibles tengan efectos preventivos no deben ser
excluyentes sino reintegradoras.
Braithwaite concluye señalando la necesidad de que las penas públicas que buscan que el infractor se confronte con
el daño realizado (para producir vergüenza y/o arrepentimiento) sean reintegradoras.
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De esta teoría se discute si en efecto las penas públicas son más preventivas, lo cual debe demostrarse con
investigaciones empíricas.
Otra reflexión es la cercanía de este tipo de penas públicas con las penas degradantes. Las penas públicas pretenden
que el infractor y la comunidad participen en una discusión de su infracción para que el infractor se arrepienta y la
comunidad se muestre dispuesta a reintegrarlo. Por el contrario, las penas degradantes no prevén discusión alguna,
pretenden someter al infractor a una pena visible frente a la colectividad para que éste se avergüence y con ello se
consiga disuadirlo o incapacitarlo para cometer nuevos delitos. A no ser que se delimiten muy cuidadosamente qué
penas se admiten como públicas o en qué consiste exactamente la publicidad, las penas públicas corren el riesgo de
convertiste en degradantes.
Por último, también se discute si las propuestas de Braithwaite son una continuación de la perspectiva del
etiquetamiento o más bien una muestra de lo que actualmente se denomina como teorías integradoras, puesto que
utiliza las teorías del control, de la asociación diferencial, de las subcultural e incorpora las enseñanzas de la
perspectiva del etiquetamiento.
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CAPÍTULO 10: CRIMINOLOGÍA CRÍTICA
1. Introducción
La corriente de la criminología crítica se desarrolla fundamentalmente en la década de los 70 (Guerra de Vietnam,
movilizaciones por los derechos civiles, luchas de las mujeres por la igualdad y el aborto).
En esa época, no era difícil afirmar que “el delito es política” (crime is politics); la relación entre delito y política
aparece en primer plano.
En opinión de Skyes, existen cuatro factores que contribuyen a la popularidad de la criminología crítica:
1. Escepticismo respecto las teorías que pretendían explicar la delincuencia en términos de defectos
individuales/defectos de socialización: el problema central se sitúa en por qué alguna gente es definida como
delincuente y otra no.
2. Convencimiento de que el sistema no sólo funciona de forma defectuosa, sino que es estructuralmente
injusto.
3. El rechazo de que el derecho penal represente un consenso social.
4. Sospecha respecto las estadísticas oficiales del delito.
La expansión de la criminología crítica en USA tiene como precedente las teorías del conflicto: analizan la relación
entre poder y proceso de criminalización con la convicción de que quien detenta el poder tiene influencia para
determinar qué comportamientos se criminalizan y cómo se aplica el derecho penal. Pero estas teorías no llegan a
alcanzar un alto grado de protagonismo.
En la década de los 60, se necesita involucrar a la clase obrera y por ende se necesitaban teorías correspondientes
que concedan protagonismo a esta clase. Así bien, la primera época de la criminología crítica se conoce como “la
nueva criminología marxista”, mientras que la segunda etapa es conocida como “criminología crítica”, a causa de
que la obra más popular en la primera etapa fue tachada de poco marxista y más bien anarquista.
Criminología marxista: pone mayor énfasis en la economía para explicar la delincuencia y el Derecho Penal. Confía
en la superación de la delincuencia mediante la instauración de regímenes socialistas.
Criminología crítica: atempera el determinismo económico e introduce el contexto político sociológico, político y
cultural.
- Pero se ha observado que no es novedosa ya que no aporta una explicación al comportamiento delictivo
distinto a las otras teorías, sólo que incorpora la variante de la economía política como factor fundamental.
- Crítica tenaz al sistema penal: se centra en el estudio del sistema penal y la realización de propuestas de
política criminal referidas a éste.
- Escasa confianza de los criminólogos críticos en la posibilidad de reforma individual del delincuente.
- Necesidad de una reforma social.
2. Precedentes
2.1. Teorías del conflicto
En la sociedad existen diversos grupos sociales, cada uno con sus intereses. Ve al Estado como representante de los
grupos que disponen de un mayor poder y el derecho como una plasmación de sus intereses.
Según Sellin, diferentes culturas tienen diversas normas de conductas y muchas de estas normas están plasmadas en
las leyes. Pero a medida que la sociedad evoluciona hacia formas más complejas, empiezan a existir diferentes
grupos con diferentes culturas y por ende, diferentes normas la ley ya no representa todas las normas, sino la de
aquellos grupos que tienen más poder.
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Vold no presenta un conflicto entre normas de cultura sino un conflicto de intereses entre los diversos grupos
sociales para mantener su posición en la estructura social.
- Las personas son fundamentalmente individuos que se asocian en grupos como la mejor forma de conseguir
diversos objetivos.
- La sociedad está compuesta por una diversidad de grupos que se mantienen unidos en estado de equilibro,
producto de los esfuerzos por conseguir intereses conjuntos y defenderse de intereses opuestos.
- El conflicto empieza cuando hay diversidad de intereses que se persiguen y se sobreponen debido a que no
pueden desarrollarse en forma paralela cada grupo intenta defender y mejorar su posición.
- Si un grupo está en conflicto con otro, las personas desarrollan un sentimiento de lealtad al grupo, y nace la
necesidad de defender las posiciones del grupo para justificar las acciones delictivas de los miembros.
- Comportamiento delictivo: comportamiento de grupos de poder minoritarios.
Cuanto mayor es el poder, menor es el índice de delitos de estos grupos, ya que realizarán menos delitos al ver sus
intereses satisfechos mediante el respeto a la ley y porque serán menos destacados.
A la inversa, la falta de poder se muestra en la dificultad para influir en la definición de los comportamientos que
deben ser criminalizados y en la dificultar para evadir la aplicación de la ley.
Podemos decir que el sistema penal es un indicador de la distribución de poder en una determinada sociedad.
En la década de los 70, Turk: estudia el proceso de criminalización, es decir, cómo determinados comportamientos
devienen delitos. Analiza las situaciones potenciales de conflicto en una sociedad debido a las distintas normas
sociales, culturales, grado de organización de distintos grupos y tácticas empleadas por ellos.
Chambliss parte de la relatividad del concepto de delito. Se preocupa de analizar cómo funciona efectivamente el
derecho en la práctica.
Quinney: estudia el proceso de criminalización. Destaca que el proceso de diferenciación social produce una serie de
conflictos, la criminalización de los cuales depende de quien tenga más poder para definirlo.
- Dificultad de esta teoría para explicar la delincuencia de los que “ganan el conflicto legislativo”: si un grupo
social ha conseguido plasmar sus valores e intereses en la ley penal, parece inexplicable que sus miembros
delincan, cosa que hacen.
- No permite explicar la delincuencia que se produce dentro del grupo, en una misma clase social.
- Sólo puede aplicarse a la delincuencia motivada política o ideológicamente (que defiende algún tipo de
interés o valor).
Esta teoría explica la delincuencia que se realiza por personas identificadas con los intereses de un grupo, pero no
otros tipos de delincuencia.
Sin embargo, sí que permite explicar la criminalización de movimientos sociales (okupas, por ejemplo) y también
permite analizar los intereses existentes detrás de la introducción de nuevos delitos y la forma en cómo es aplicada la
ley penal.
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2.3. Diferencias entre la teoría del conflicto y la criminología marxista
También remarca la importantica de los valores o sentimientos, sentimientos negativos que el capitalismo estimula,
sentimientos positivos que el capitalismo anula y por ende, su teoría no se circunscribe exclusivamente en explicar
los delitos producto de la necesidad económica.
La criminología marxista atribuye las causas de la delincuencia no a personalidades individuales sino a la estructura
social capitalista de nuestras sociedades.
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- Todos los delitos se explican por el recurso al sistema económico capitalista, pero esto no significa que todos
se produzcan por motivos económicos.
3.2. La nueva criminología marxista
Todas las teorías criminológicas anteriores fueron objetadas por ser conservadoras, dispuestas a mantener el orden
social y a conservar el status quo.
- Cuestiona radicalmente el Derecho Penal y atribuye la actual configuración del derecho penal a la necesidad
de defender los intereses del capitalismo en perjuicio de los intereses de los trabajadores y demás capas
sociales.
- Delito debería ser todo comportamiento que vulnere un derecho humano. La realización de delito es obra de
personas individuales y de sistemas sociales.
Baratta cuestionaba todos los principios sobre los que se asentaba el Derecho Penal y exponía cómo éstos habían
sido deslegitimados por las diversas teorías criminológicas.
Funcionamiento del sistema penal: no pone el mismo énfasis en la persecución de todo tipo de delitos. La policía se
ceba en los Street crimes, pero se despreocupa del delito que realizan las multinacionales, por ejemplo (se ignora el
delito realizado por todos aquellos que tienen poder).
La cifra oscura no está repartida de forma igual por toda la sociedad. La protección de los intereses capitalistas,
criminalizan a todo aquel que lesione la propiedad, pero descriminalizan de facto todos aquellos comportamientos
realizados por ellos la promulgación de la ley penal es un instrumento para defender los intereses de clase.
Las explicaciones apuntan al sistema capitalista, el cual con su desigual e injusta distribución de la riqueza propicia la
delincuencia.
La delincuencia de cuello blanco es explicable como la lucha de los distintos sectores capitalistas por conseguir una
mayor dominación para seguir ejerciendo el poder económico y político.
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Así bien, la única solución advertida a la delincuencia era el cambio total del sistema.
Concepción del delincuente: víctima del sistema social. Marginados, personas las cuales el sistema capitalista ha
declarado inservibles para el funcionamiento del sistema económico.
- Toda delincuencia no es explicable como producto de la economía capitalista ni es creíble pensar que ésta
desaparezca con el cambio del sistema económico.
- Se atenúa la visión instrumental del derecho al descartarse que todas las leyes y el Estado tengan como
función proteger los intereses de la clase burguesa.
- Resulta inexplicable la delincuencia de cuello blanco, pues si los riscos hacen las leyes ¿por qué delinquen?
- Proceso de criminalización: analizar cómo, por qué y cuando determinados comportamientos devienen
delitos.
- No siempre los valores plasmados en el CP responden a intereses económicos, pero si que los tipos penales
obedecer a una cosmovisión de ciertos sectores de la sociedad.
La criminología crítica acepta la premisa de la teoría del etiquetamiento de estudiar el funcionamiento del sistema
penal para entender en fenómeno social del delito.
- Crítica al funcionamiento del sistema penal: utilización desproporcionada del DP contra los sectores más
desprovistos de poder en una sociedad.
- No es causa de los prejuicios del juez/policías, sino que el SP tiene defectos estructurales que provocan un
inevitable sesgo hacia las formas de delito común.
- La criminología crítica no acepta que el delito común sea la forma más grave de delincuencia.
Existe una cierta empatía con la persona que delinque y se acepta la perspectiva sociológica que afirma que para
entender los comportamientos humanos el investigador no puede descalificaros de antemano presumiendo que son
irracionales.
Los métodos más usados por la criminología crítica son los cualitativos, ya que favorecen los entendimientos por
encima de la recogida y exposición de datos.
Se asume la definición legal de delito y se comparte la necesidad de prevenirlo por considerar un problema.
No cree que las sociedades socialistas el delito se elimine, pero sigue dudando que la delincuencia pueda reducirse
de forma significativa mediante los programas de reforma individual que no alteren el sistema social vincula el
delito con la justicia social.
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a. Existirá más delito en las sociedades capitalistas.
Akers: no se han realizado este tipo de investigaciones por desinterés ya que los propios criminólogos
críticos, las mismas variables que producen delitos en los países capitalistas operarían en los países
socialistas.
Existe una desconfianza hacia los intentos de basar toda la política penal en el tratamiento individual de la
delincuencia. La delincuencia no es un problema de personalidades defectuosas, sino que es un reflejo de los
problemas sociales como por ejemplo la desigualdad económica o la prohibición de drogas.
Las ideas que mejor capturan la posición de la criminología crítica respecto a la prevención del delito giran entorno a
que una mejor distribución de la riqueza disminuye los índices de delitos y que, consiguientemente, la política más
efectiva para conseguir reducir el delito no es una política basada en penas severas sino una política de reforma
social.
- Schwendiger: exigir un mayor uso del Derecho penal para conseguir proteger los derechos e intereses de los
grupos más vulnerables de la población. No exigen la disminución del derecho penal, sino que reivindican
que se considere delito toda actuación que lesione los derechos humanos cambiar el criterio de
criminalización.
- Lea Young “left realism” : elaborar una política penal de prevención del delito y de funcionamiento del
sistema penal que sea progresista y de izquierdas.
- Propuesta abolicionista: abolir la pena de prisión y posteriormente reclama la abolición del sistema penal.
Puede considerarse continuadora de la Teoría del Etiquetamiento. Crítica a la pena de prisión por su intento
de favorecer medidas que representen una alternativa a la pena de prisión y a la forma de actuar del proveo
penal. Partidarios de la mediación entre la víctima y el delincuente.
- Justicia restauradora: persigue, al igual que la propuesta abolicionista, superar el actual proceso penal,
consiguiendo una mayor participación de la víctima y de la comunidad en aras de que el infractor no sea sólo
castigado, sino que comprenda el mar realizado.
Diferencias entre la propuesta abolicionista y la justicia restauradora (Braithawite): Justicia restauradora: admite que
es posible que la cárcel sea aún necesaria para un pequeño núcleo y la necesidad de conservar un Derecho Penal
mínimo.
5. Valoración crítica
Fue acusada de ser igual de causal y determinista que la criminología positivista biológica ya que para la criminología
marxista el capitalismo es el factor criminógeno por excelencia, la pobreza causa la delincuencia.
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Esta relación pobreza-delincuencia tiene el planteamiento de atribuir la delincuencia en una única causa y olvidó las
enseñanzas de las teorías microsociológicas norteamericanas.
Cuando se supera el determinismo económico o la concepción causal lineal (a mayor pobreza, mayor delincuencia) y
se añaden algunas de las enseñanzas de otras teorías (asociación diferencias, subcultura, control social…) cuesta
distinguir esta teoría de lo afirmado por el resto de las teorías.
Por último, desde perspectivas conservadoras (Wilson), se objeta que no consigue demostrar empíricamente su
hipótesis.
El legado de la criminología crítica es: el delito, el sistema penal y las decisiones de política criminal se producen
dentro de una estructura social, política y económica. Analiza el aumento de delitos, por ejemplo, en términos de
necesidades sociales creadas y sentidas por la población y también en términos de economía política.
6. Planteamientos actuales
Nacido en USA, el postmodernismo: asociada con Henry y Milovanovic, la cual reta los cuatro proyectos asignados al
derecho:
Afirman que el sistema económico desarrollado a partir de la revolución industrial y el sistema político con los
estados centralizados, las burocracias y expertos comporta la opresión de la mayoría de la humanidad.
También estudian el lenguaje como el medio por el cual se manifiesta y ejerce el poder: el sistema penal desarrolla
un lenguaje y un discurso que reconstruye los hechos de tal forma que excluye el lenguaje y la propia visión de la
víctima.
El intento de reducir el delito se afronta como una guerra y por ello estos autores reafirman la necesidad de resolver
los conflictos sociales de forma no violenta. Su tesis fundamental es que el sistema penal es una forma violenta de
responder a la delincuencia.
Sin embargo, falta trabajar más en concreto para ver cómo se articula la alternativa.
- Estudió de problemas criminológicos concretos donde las diversas teorías se utilizan para comprender el
fenómeno y sugerir formas alternativas de resolución de conflictos.
- Estudió el Derecho penal para examinar qué garantías se consideran imprescindibles a conservar en las
nuevas experiencias de justicia penal.
- Analizó los castigos estatales y los recientes castigos comunitarios.
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Pero sin duda lo que une a los criminólogos críticos es dar voz a los grupos sin poder y a la vez, alertar sobre las
recomendaciones de política criminal punitivas que presentan el aumento del castigo como la mejor solución a los
múltiples problemas.
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CAPÍTULO 11: EL FUTURO DE LA CRIMINOLOGÍA
1. Introducción
No existe una solución o respuesta definitiva y concreta a la pregunta de por qué delinque la gente, sino que se dan
explicaciones distintas de la criminalidad en función de las múltiples teorías que hemos ido viendo.
Durante la década de los 80 y 90, la criminología dio preferencia a la dimensión empírica por encima de la teórica,
hecho que comportó que el trabajo necesario de clarificación conceptual de las teorías, que debe ser previo a una
investigación, no se haya realizado con profundidad
En muchos casos, la criminología está alejada de lo que debería ser una relación fecunda entre teoría y práctica.
“Todos los investigadores deben conocer la teoría o su investigación carece de sentido y todas las teorías deberían
conocer la investigación o su teoría resulta ridícula”
¿La criminología está estancada y no puede avanzar? La respuesta que se intenta dar es que si en todo este tiempo la
criminología no ha conseguido descartar ninguna teoría es porque las diferentes teorías no presentan explicaciones
incompatibles de la criminalidad.
Lo que se sugiere frente a la falsificación de las teorías, es su integración; la integración requiere aceptar que el
objeto básico de las teorías criminológicas es establecer factores asociados a la delincuencia y que, por tanto, puede
suceder perfectamente que un fenómeno delictivo aparezca asociado a factores señalados no solo por una teoría
sino por diversas de ellas.
Lo que se debe analizar es cuál de los factores señalados por las diversas teorías explica realmente el fenómeno
delictivo.
Lo más probable que ocurra en este debate de teorías no es que se lleven a la falsificación sino a su jerarquización,
por su mayor o menor poder explicativo.
En el plano metodológico, la mayor o menor capacidad explicativa de las teorías solo se puede conseguir
comparando las tasas de delincuencia de diferentes sociedades diferenciadas por alguna de las variables
Por otra parte, la tradición psicológica se ha preocupado por aquellas características del individuo que se consideran
relevantes para entender su actividad delictiva. Algunas teorías resaltan la impulsividad, la constitución física
mesomórfica o la falta de autocontrol como factores asociados a la criminalidad.
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En el plano metodológico, la mayor o menor capacidad explicativa de las teorías se establece comparando individuos
criminales con no criminales o examinando la evolución de una carrera delictiva.
En el plano político criminal, las teorías se interesan generalmente por las diversas formas de responder al
comportamiento delictivo.
¿Estamos obligados a posicionarnos entre teorías estructurales o individuales? No creemos que exista
incompatibilidad entre las teorías estructurales y las individuales. De hecho, como hemos visto en diversos capítulos,
muchas teorías estructurales explican también el proceso de incidencia del factor estructural sobre el individuo en
cuestión.
Aunque sean compatibles, sin embargo, hay que remarcar que su objeto de análisis es distinto y que, por lo tanto, no
pueden enfrentarse entre sí. Una teoría estructural solo puede competir con otra estructural, e igual con las
individuales.
- Las teorías criminológicas deben fijar las hipótesis de partida que permiten explicar cualquier delito y debe
ser la investigación empírica la que determine cuál de estos factores explica mejor el fenómeno delictivo.
Tras la interacción entre teoría y práctica, podemos disponer de una explicación adecuada del fenómeno que nos
determine que factor o factores son más relevantes y, en consecuencia, que teoría o teorías tienen mas poder
explicativo en referencia al fenómeno analizado.
Existe una cuestión que parece fuera de discusión: una política dirigida a la reducción de la delincuencia solo es
posible incidiendo sobre los factores estructurales vinculados a ella.
A través de la reacción contra la delincuencia, lo que se pretende es evitar la producción de nueva delincuencia. Pero
en realidad, mediante la reacción a la delincuencia no se incide sobre la producción de nuevos infractores sino sobre
la realización de nuevos delitos.
La criminología puede dar respuesta tanto a la prevención como a la reacción, pero su objetivo es distinto: mientras
que la prevención pretende reducir la producción de delincuencia, la reacción solo puede pretender abordar la
persistencia.
Efectivad: la primera tarea de la criminología a la hora de plantear la opción por las disintas políticas criminales es
conocer su capacidad de incidir en la delincuencia. Sea cual sea el tipo de política criminal adoptada, es necesario
que sea evaluada para conocer su capacidad de prevención. Este, sin embargo, no es el único debate de la
criminología a nivel político criminal.
Cualquier opción político criminal tienen unos costes a nivel económica, puede suponer una redistribución de
recursos, puede tener costes en términos humanos… Además, debemos distinguir entre efectos de la política a corto
y largo plazo.
Demuestra esto que la decisión acerca de qué política criminal adoptar es compleja, y encierra cuestiones de justicia.
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La decisión que se toma no es solo una cuestion técnica; la sensibilidad social y los valores del criminólogo/a influirá
enormemente. Nuestra concepción de justicia está muy presente en la opción, pero es tarea de la criminología que
esta opción no solo sea fruto de valores sino también de considerar las consecuencias sociales que puede comportar
la opción político criminal.
En este tema tiene mucha importancia la teoría del etiquetamiento, que establece que los castigos menos
estigmatizadores serán más efectivos a la hora de prevenir la delincuencia.
Además, las aportaciones de las carreras delictivas establecen que los delincuentes suelen desistir después de la
primera o segunda infracción.
A la hora de formular las propuestas, no solo se tienen en cuenta cuestiones de efectividad, sino que debemos
considerar el impacto que tendrán las diferentes sanciones en el estándar de vida del delincuente.
Al valorar los programas reparadores, también, deberá tenerse en cuenta la capacidad que estos tengan de satisfacer
los intereses de las víctimas.
O, por último, la decisión entre diversos programas de rehabilitación deberá considerar el distinto nivel de
satisfacción de los derechos y necesidades del infractor.
El conocimiento de la efectividad es una cuestión básica para hacer más racional la decisión sobre la clase de
reacción a adoptar ante la delincuencia, pero en la decisión son también muy importantes nuestros valores sobre el
tipo de sociedad que queremos.
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