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Capítulo 7

Sofía se encuentra con el doctor Cooper mientras hace las compras. Él la invita a almorzar y le ofrece un trabajo en su clínica. Cuando Sofía regresa a casa, Alejandro la interroga agresivamente sobre su paradero. Esto lleva a una discusión en la que Alejandro la intimida y luego tiene relaciones sexuales con ella de forma brusca. Alejandro luego le deja en claro a Sofía que esto no cambiará su desprecio hacia ella. Sofía queda devastada por sus palabras.

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Capítulo 7

Sofía se encuentra con el doctor Cooper mientras hace las compras. Él la invita a almorzar y le ofrece un trabajo en su clínica. Cuando Sofía regresa a casa, Alejandro la interroga agresivamente sobre su paradero. Esto lleva a una discusión en la que Alejandro la intimida y luego tiene relaciones sexuales con ella de forma brusca. Alejandro luego le deja en claro a Sofía que esto no cambiará su desprecio hacia ella. Sofía queda devastada por sus palabras.

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Capítulo 7

—Señorita, un gusto verla —Sofía se giró para mirar al doctor que hace unos días le
había dado su tarjeta.

Ella había salido a comprar alimentos para la despensa, ya que Alejandro a pesar de
tener mucho dinero no tenía sirvientas que la atendieran o que hicieran los
mandados de la casa.

—Doctor Cooper —sonrió ella bajando la mirada. Aún le apenaba que vieran su rostro.

—Oh, un gusto saludarte, quise contactarte, pero creo que no vives en la ciudad —
dijo el sonriendo.

El doctor Cooper era un hombre muy guapo, y amable.

—No, vivo lejos de la ciudad, solo he venido a comprar alimentos para la despensa —
respondió con amabilidad.

Cooper se quedó observando a Sofía, le parecía una persona infeliz e insegura a


pesar de ser muy hermosa.

<<Tal vez sea por su rostro>>, pensó con detenimiento.

—Me parece extraño que siendo la esposa de unos de los hombres más millonarios, no
tengas una sirvienta que haga todo esto por ti —Sofía trago grueso.

Le daba vergüenza decir que a pesar de que era la esposa de Alejandro Lombardi,
todo eso era de nombre, porque ella para el no significa nada. Aunque ella tenía la
esperanza de ganarse su amor con el tiempo.

—Me gusta ser ama de casa —respondió con una sonrisa.

—Ven, te ayudo con las bolsas, ¿donde está tu auto? —Sofía bajo la mirada.

—No tengo auto —respondió con voz temblorosa.

Cooper apretó los puños con molestia.

<<Que hombre tan desconsiderado, tiene una hermosa esposa y la trata como
cualquiera>>

—Entonces yo puedo llevarte —dijo el tomando sus bolsas para caminar con ella.

—No, no es necesario, yo primero voy a comer algo, salí muy temprano de casa y no
me dio tiempo a hacerlo —exclamó con vergüenza. La realidad era que le daba
vergüenza que un hombre con Cooper estuviera con ella por ahí.

—Entonces —dijo el caminando delante de ella con sus compras—. Vamos primero a
comprar algo de comer, yo también muero de hambre —respondió seguro.

Sofía asintió con la cabeza. Sus mejillas la s se tornaron coloradas cada vez que
estaba avergonzada, y eso la hacía verse adorable.

Caminaron por el centro comercial, y Sofía se sintió cómoda con la presencia de


Cooper, no sentía que el la observara de mala manera como lo hacían los demás.

Cuando estuvieron en la mesa, Sofía miro el menú. Se le antojaba comer muchas


cosas, entonces de pronto su estómago rugió.
—De verdad que si tienes hambre, pareciera que estuviera un León ahí dentro —dijo
con una sonrisa que a Sofía le dio vergüenza.

<<Es tan linda cuando se apena>> pensó Cooper sin dejar de observarla.

—Entonces. ¿Que vas a pedir? —Cooper miro el menú mientras se aclaraba la garganta.
Sabía que Sofía era una mujer casada y que no podía mirarla con otros ojos.

—Me parece que quiero algo ligero, una ensalada de vegetales y pollo rebozado
estaría bien —dijo ella.

—Entonces será lo mismo para ambos —Llamó al mesero.

Cuando estuvieron comiendo, Sofía noto que Cooper estaba incomodo, así que
pregunto:

—¿Quieres decirme algo importante?

—Veraz, me tome el atrevimiento de saber más de ti, y supe que estás recién
graduada de contadora, y mi clínica necesita alguien que lleve las finanzas.

Sofía abrió los ojos con asombro. Lo que más deseaba era un trabajo, pero nunca lo
había buscado por miedo a que no se lo dieran, y en la empresas de su padre no
podía trabajar porque el no se lo permitía: siempre le dijo: el trabajo empresarial
es para los hombres, busca un marido que te mantenga y dedícate al hogar y a los
hijos. De hecho Sara no había estudiado, ella era una total inútil, por suerte
Sofía tuvo el apoyo del viejo Miller y logró sacar su carrera adelante, ella era de
las que pensaba que las mujeres debían tener su propio dinero.

—¿Quieres que trabaje contigo? ¿No te importa mi aspecto físico? —preguntó con los
ojos brillosos.

Cooper pensó en lo mucho que ha de haber sufrido ella como para pensar en que por
tener su rostro quemado, nadie la contraria.

—¿Acaso eso tiene que ver con tu inteligencia? Me gustaría mucho que trabajes con
nosotros, puedes ir mañana y te explico todo en la clínica —ella asintió con la
cabeza.

Terminaron de comer en silencio, pero no era un silencio incómodo, más bien era un
silencio refrescante. Hasta que Sofía miro la hora en su reloj y se puso nerviosa.

—Debo irme, Ale debe estar por llevar y no quiero que me encuentre fuera de casa,
ademas debí prepararle la comida —se puso de pie.

—Vamos, aún puedo llevarte —ella lo dudo por unos minutos, pero luego pensó que
llegaría más rápido, y que ademas todavía faltaba una hora para que llegara su
esposo.

—Está bien —respondió apresurada.

Todo el camino a casa se la paso pensando en lo hermoso que sería ganar su propio
dinero y no tener que depender de lo que su esposo ponía en su tarjeta, estaba
absorta hasta que Cooper anunció que había llegado a la dirección que ella le había
dado.

<<Por lo menos es generoso en cuanto a la casa que compro para ella>> pensó el al
ver la mansión.
Es una casa grande, además de que se veía cómoda, lo que no entendía era porque
estaba tan alejada de la ciudad.

—Nos vemos en la clínica doctor Cooper —dijo ella bajando del auto.

—Nos vemos Sofía, y no me digas doctor Cooper, solo dime Cooper —Sofia mordió su
labio con vergüenza mientras asentía con la cabeza.

Cuando Sofía entro a la casa, se detuvo en seco. El miedo la invadió por completo
al ver a Alejandro ahí sentado. Estaba con un short de dormir y su dorso estaba al
descubierto, su ceño ligeramente fruncido, y sus labios gruesos y redondos
arqueados en una mueca.

—¿De donde vienes y con quien? —preguntó con voz áspera.

El cuerpo de Sofía hizo un enorme estruendo. La voz disgustada de Alejandro causaba


en ella temor.

—Voy a prepararte la comida —dio unos cuantos pasos.

—¡Detente! —gritó el.

Las bolsas que tenía Sofía en sus manos cayeron al piso de pronto.

Se sentía atemorizada, su respiración estaba entrecortada y un nudo en la garganta


no la dejaba hablar.

—¡¿Dime donde cojones estabas?! ¿Y por que ese doctorcito de pacotilla te trajo
aquí? —la giro de pronto.

Alejandro observó a Sofía de pie a cabeza. Llevaba un vestido pegado al cuerpo que
detonaba su figura, su largo cabello estaba suelto. Se veía sexi, a pesar de que su
rostro estaba maltratado ella era muy sexi. Entonces de pronto sintió que su sangre
hervía de solo pensar que estaba con aquel médico, ¿Celos? No lo sabía, pero le
molestaba mucho.

—¿Saliste con el, verdad? ¿Te acostaste con el? —Exclamó en su cuello.

El cuerpo de Sofía se erizó al sentir la respiración de Alejandro en su cuellos,


sus piernas temblaban y su corazón saltaba desbocado.

—Yo salí a comprar despensa, lo encontré de casualidad por eso me trajo.

El rostro de Alejandro se tornó rojo, ¿Por que ella no decía que estaba almorzando
con el? ¿Acaso lo ocultaba?

—¡Porque no me dices que estuviste comiendo con el!

Sofía arqueó las cejas, ¿como el lo sabía? ¿Acaso la estaba espiando?

—Me invitó a comer, y luego me trajo porque no tengo auto… —susurro.

Alejandro se sintió miserable, en otras instancias no hubiera permitido que su


esposa pasara necesidades, pero para eso el se había casado con ella, para hacerla
sufrir, no debía sentirse miserable, sin embargo no dejaba de sentirse de esa
forma.

—¿Te gusta el doctor? ¡Dime! ¡Acaso no tienes vergüenza! — la tomó fuerte del
cabello y Sofía chilló de dolor.

—No, no me gusta el doctor Ake, suéltame, me lastimas, yo… yo te amo es a ti, solo
a ti —intento tocar su rostro, pero Alejandro no se lo permitió.

—¿Me amas a mi? —bufo —. Me imagino que estás acostumbrada a amar a muchos, ¿no?

—¿Que dices? —preguntó con el dolor traspasar su cuerpo—. Yo solo te he amado a ti.

—¡No mientas! Conmigo no tiene porque mentir —tiro más de su cabello y Sofía chillo
más aún—. Eres tan hipócrita, tan miserable —miro sus labios ligeramente abiertos y
unas ganas inmensas de besarla lo embargaron.

—No te miento, yo te amo… te amo… —sus labios fueron sellados por las manos gruesas
de Alejandro.

El cuerpo de Sofía tembló ligeramente. Alejandro quiso besar su boca pero no se


atrevió, así que besó su cuello de manera desesperante y luego la subió al sofá. No
sabía lo que hacía, pero quería tomarla, darle a demostrar que el era su esposo, y
que ningún hombre podía tocarla más que el. Quito su vestido de un tirón, y besó su
cuerpo desesperado. Sofía se dejaba hacer lo que el quisiera, no solo porque
ansiaba sentir de nuevo sus manos, su cuerpo, también porque estaba segura que
después de eso el iba a cambiar con ella.

No obstante Alejandro Lombardi se sentía perdido entre el cuerpo de Sofía, sentía


que ella era única, y que su sexualidad y timidez lo estaba enloqueciendo. Entonces
de pronto recordó la noche en el club con Sara, esa noche que no lograba salir de
su mente llegó ahí, lo lleno por completo y su desesperación lo embargo más aún.
Tomo a Sofía una y otra vez hasta cansarse, y cuando ya estaba satisfecho se puso
de pie.

Ella se acurrucó en el sofá y el no pudo evitar observar lo tierna que se veía.


Parecía un ángel, sin embargo el sabía que no era un ángel del todo, y le molestaba
en gran manera haberse acostado con ella.

—Levántate, y vístete —dijo abotinado sus pantalones.

Sofía lo miro con tristeza.

¿Se iba a ir? ¿No iba a esperar la comida?


¿De verdad la iba dejar sola después de eso?

—¿Por que no te quedas a comer conmigo? —preguntó con voz temblorosa.

Alejandro la miro con molestia, pero su molestia esta vez no era con ella, era con
el porque al igual que su hermano estaba cayendo en esas redes que no quería caer,
estaba cayendo en esas redes del amor.

—Escúchame bien —la apunto con el dedo —. Que me haya acostado contigo no quiere
decir que esto vaya a cambiar, tú seguirás siendo un monstruo al que nunca voy a
amar.

El cuerpo de Sofía tembló, tapó su cuerpo con el vestido y se quedó arrodillada en


el sofá por horas.

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