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Capítulo 2

El capítulo presenta a Sofía llegando a su casa temprano en la mañana después de salir. Su abuelo la encuentra y la lleva a su habitación. Más tarde, su hermana Sara toma la pulsera de Sofía sin permiso. Cuando llega su madre, critica a Sofía por su apariencia mientras elogia a Sara.

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Capítulo 2

El capítulo presenta a Sofía llegando a su casa temprano en la mañana después de salir. Su abuelo la encuentra y la lleva a su habitación. Más tarde, su hermana Sara toma la pulsera de Sofía sin permiso. Cuando llega su madre, critica a Sofía por su apariencia mientras elogia a Sara.

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Capítulo 2

Sofía entro a la casa con los tacones en la mano intentando no hacer ruido. Camino
despacio, nerviosa, porque si su papá, o si mamá se enteraba que había llegado al
amanecer, seguramente la desheredarían.

Iba subiendo las escaleras con cuidado cuando una voz la detuvo en seco.

—Ajá, ¿A donde vas y de donde vienes? —Sofía se volteó nerviosa, para luego
suspirar con tranquilidad, al darse cuenta de la persona a su espalda.

—¡Abuelo! —exclamó—. Casi me matas del susto —llevo la mano a su pecho.

Camino hasta el, que la miraba con curiosidad.

El viejo señor Miller, era prácticamente la única persona que tenía Sofía en su
vida, el único amor real en esa casa, porque, para todos los demás incluso para sus
padres, Sofía era un total estorbo.

—¿Bebiste demasiado? Apestas a alcohol —dijo este metido debajo de la mesa.

—¿Que haces ahí abuelo? —preguntó ella agachándose debajo con el.

—Estaba aquí, esperando que llegaras, de pronto todo se tornó oscuro para mi —dijo
el abuelo asustado.

Sofía trago grueso. Sus abuelo estaba algo mayor, y olvidadizo. Unos meses atrás le
habían diagnosticado Alzheimer, y siempre se levantaba en la madrugada desesperado,
buscando algo que nadie sabía que era.

—Ven abuelito, te llevare a tu habitación ante que mi padre se levante, se se de


cuenta que escapaste de ella —dijo Sofía tomando la mano del anciano y caminando
con el las escaleras.

—¿Que hago aquí mijita? —pregunto de pronto.

Sofía sonrió, para luego besar las mejillas del anciano.

—Nada abuelito, nada, caminemos juntos —lo guió hasta el cuarto.

Después de acostarlo de nuevo en la cama y darle sus medicamentos de la mañana,


Sofía intento irse, pero la mano arrugada del patriarca de los Miller la detuvo.

—Te espera una vida dura hijita, pero no olvides que no estás sola —Sofía trago
grueso incrédula, para luego negar con la cabeza.

Su abuelo siempre decía cosas como esas, y luego olvidaba el porqué las decía.

No obstante, Sofía subió a su habitación. Se miro en el espejo y comenzó a quitarse


su ropa.

<<Más vale que me apure antes que todos se levanten, no quiero que mamá me
encuentre con olor a alcohol>> pensó desvistiéndose.

Como estaba frente al espejo, no pudo evitar mirar su cuerpo marcado por la noche
anterior.

Sofía sonrió con picardía y besó la pulsera de diamantes en su muñeca.


—Es mejor que me la quite, no quiero mojarla y arruinarla —exclamó en voz alta
quitándose la pulsera y dejándola en la peinadora de su cuarto.

Tomo una ducha larga para quitarse el olor alcohol y salió presurosa a vestirse.

Cuando termino de arreglarse, busco la pulsera donde la había dejado pero no la


encontraba por ninguna parte.

La verdad era, que si hermana gemela, Sara, había entrado en su habitación y había
visto la pulsera. Ella era una mujer ambiciosa, que quería todo lo que poseía su
hermana, por esa razón le quitó la pulsera y la llevo con ella al ver que era de
buen valor.

Sofía salió molesta hacia el cuarto de su hermana y la encontró vistiéndose en la


peinadora, mientras miraba su reflejo perfecto en el espejo.

Su hermana era idéntica a ella, con la diferencia de que ella no tenía la mitad de
su rostro quemado.

—Sara, ¿Que haces con mi pulsera? —preguntó Sofía al ver la pulsera en su muñeca.

—Solo la vi en tu habitación, y la tome prestada —dijo Sara mientras miraba su


silueta en el espejo.

—Pero yo no quiero prestártela, me la devuelves por favor —pidió con amabilidad:

En ese preciso momento, una mujer de cabellos cortos, y silueta perfecta, parecida
a las gemelas, pero más elegante, entro a la habitación, se trataba de Ágata
Miller, la esposa de James Miller, y madre de las gemelas.

—Nuestro invitado ya va a llegar, apúrense en bajar y no pierdan el tiempo —dijo la


mujer frunciendo el celó y caminando por un lado de Sofía para arreglar el vestido
de Sara.

—Mamá, le pedí esta pulsera a Sofía prestada, y se niega a prestármela —sollozo—.


Ella no entiende que hace juego con mi vestido y no con el de ella, no entiendo
porque será tan egoísta —dijo Sara con lágrimas de cocodrilo cayendo por sus
mejillas.

—Sofía, ¿por que eres tan egoísta? Deberías ser como Sara, que es una niña buena,
ademas, tú no deberías de bajar, estoy segura que el señor Lombardi no te elegirá a
ti como esposa, mírate —la tomo por los hombros y la llevo hasta el espejo—. Eres
prácticamente un monstruo.

Sofía sintió que sus ojos se llenaron de lágrimas. Ella no deseaba casarse con el
tal Alejandro Lombardi, y esperaba que las palabras de su cruel madre fueran
ciertas, y que el no la eligiera a ella, pero, no dejaba de dolerle que todos las
consideraran un monstruo.

—Si sigues insistiendo con lo de la pulsera, le dire a mi padre que no estuviste en


casa anoche y llegaste en la mañana —dijo Sara saliendo de la habitación con una
sonrisa burlona, Sofía respiro profundo con mucho dolor.

Estaba acostumbrada a que Sara le quitara todo, e incluso estaba acostumbrada a que
hiciera cosas horribles y luego la culpara a ella.

Camino con la cabeza baja, y se metió en su habitación a llorar con desconsuelo. No


pensaba salir, ¿para que? Ella no sería elegida por el hombre, ademas no quería
serlo, aunque fuera una oportunidad para irse de la casa de sus padres, no lo
haría, no quería dejar al viejo Miller solo.

Sollozo por unos cuantos minutos, y luego sintió como la puerta de su cuarto se
abrió de pronto.

—¿Que haces ahí acostada? —su padre la tomó por el brazo—. No se que hice para
merecer una hija como tú, no te importa la familia, ¿No ves que el joven Lombardi
está apunto de llegar y las quiere a las dos abajo? —dijo molesto—. Deberías de
agradecida con tus padre, y ser más como Sara que está desde hace rato esperando en
el comedor.

Sofía no protestó, era tiempo perdido hacerlo, James Miller no iba a creerle nada,
estaba resignado a que Sara fuera la única escuchada en esa casa, y que sus padres
hicieran todo lo que ella quisiera.

Suspiró resignada y salió detrás de su padre. Ni siquiera arreglo su maquillaje


¿para que? A fin de cuentas el mejor maquillaje era su rostro quemado, ese rostro
quemado que la hacía vivir a las sombras de su hermana gemela.

Camino a pasos lentos al jardín de la casa, detrás de su padre, para luego sentarse
en el comedor. Ya su madre y hermana estaban ahi.

Sofía miro a su madre, estaba emocionada, arreglando la ropa de su hermana con


devoción, pero en cuanto la vio llegar a ella frunció el ceño molesta.

—No entiendo para que la trajiste, ¿que dirá el señor Alejandro? ¿Que vivimos con
un monstruo en esta casa?

—El sabe que tenemos dos Jonás, mujer, y a pesar de la cara horrible de Sofía, el
quiere que ambas estén presentes.

Sofía sintió que su corazón se encogió. Constantemente ellas hablaban de ella como
si no estuviera presente, incluso así se sentía, se sentía invisible para ellos.

Bajo la mirada como solía hacerla, y miro sus manos.

Sino fuera por si abuelo, ya se hubiera ido de ahí, pero, aguantaba todo eso, por
la sencilla razón de no dejar a su abuelo solo con su cruel familia.

—Ya llegó, procuren comportarse, recuerden que nuestro futuro está en manos de este
hombre —dijo su padre poniéndose de pie.

Sofia hizo lo mismo que todos, se puso de pie sin subir la mirada, cuando la voz
del hombre que tanto esperaban habló en ese momento.

—Buenos días, soy Alejandro Lambardi —dijo el hombre de pronto.

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