CARLOS SÁEZ MACIÁ; PROCESOS, DINÁMICAS DE CAMBIO Y ACCIÓN SOCIAL
EN LAS SOCIEDADES AVANZADAS; MÁSTER EN INNOVACIÓN SOCIAL Y
DINÁMICAS DE CAMBIO 2019/2020
Resumen del texto Elementos para un concepto sociológico de innovación, de
Köhler & González (2014).
Todo momento histórico tiene sus discursos y todos los discursos tienen, a su vez,
sus conceptos fetiche. En un contexto de globalización, donde desarrollo tecnológico y
competencia parecen darse más estrechamente que nunca la mano, la palabra innovación
ha encontrado un perfecto nicho en el que asentarse, convirtiéndose en una piedra
inamovible, difusamente explicada y, en gran medida, agenciada -y, en consecuencia,
despolitizada- por el sector económico-empresarial. Teniendo presente esta realidad, los
autores del texto tratan de esbozar un concepto sociológico de innovación partiendo de
las aportaciones provenientes de la Economía Política, la Economía Evolutiva y la
Economía Política del Desarrollo. El objetivo último es señalar la necesidad de elaborar
una teoría social crítica que dé cuenta del carácter social de la innovación así como de sus
implicaciones ético-políticas frente a las visiones más normativas y economicistas de la
misma.
Como ya se ha adelantado en el primer párrafo, el punto inicial del que parten los
autores es el de la ausencia de un concepto teórico de innovación que resalte su
componente social, su uso limitado e ideológico-imperativo, la preminencia de los
acercamientos económicos y el papel secundario que ha jugado la sociología a propósito
de esta cuestión. Centrándose en estos últimos dos últimos puntos, Köhler y González
explican cómo la economía neoclásica ha ocultado los mecanismos explicativos de la
innovación bajo las suposiciones características de este enfoque, a saber, el del actor
racional, la información limitada o el equilibrio perfecto. De esta forma, el modelo
explicativo del proceso innovador que se ha asumido es el lineal de cascada, el cual parte
de un esquema estático incapaz de reconocer los aspectos dinámicos de la innovación,
cuyo origen lo encontramos en el informe “Science. The Endless Frontier”, de 1945. Este
esquema es el siguiente: investigación básica-investigación aplicada-producto-testado-
comercialización. La necesidad de abordar el concepto de innovación desde una
perspectiva distinta, que enfocara sobre su naturaleza social, compartida y no mecanicista,
dio lugar a una serie de reflexiones teóricas desde la economía que ponían en duda las
aportaciones anteriores.
Si bien Hayek -paradójicamente, como oportunamente se señala en el texto,
teniendo en cuenta que es uno de los padres de lo que se ha dado en llamar
“neoliberalismo”- defiende la idea de que la innovación no es una actividad racional y
dirigida, realizada por individuos aislados, sino que es necesaria la interacción de distintos
actores sociales que generan y comparten conocimientos, es Schumpeter el primer
economista que se posiciona frente a las asunciones básicas sobre la innovación que
sostienen los neoclásicos. Para el austriaco, la empresa es el principal agente innovador
en una carrera por encontrar ventajas monopolísticas en el mercado. La inversión en
conocimientos a través de los que poder innovar en busca de una mejor posición -el
concepto clave de destrucción creativa- posibilitan el desarrollo y correcto
funcionamiento del sistema capitalista de producción y consumo. Siguiendo con la
exposición de aportaciones que rompen con el modelo neoclásico, los autores se
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retrotraen a Marx para complementar la reflexión schumpeteriana y exponen la idea
marxiana de que la innovación nace del propio proceso productivo y su puesta en valor,
interrelacionándose tanto la función empresarial como el trabajo humano.
Una vez expuestas las cavilaciones de Schumpeter y Marx, enmarcadas en la
perspectiva de la Economía Política, los autores pasan a plantear el significado de la
innovación para la Economía Evolutiva. Desde este enfoque, amparado en el marco
explicativo de la Empresa como Conjunto de Recursos de Edith Penrose (1959), la
primacía de la solución técnico-científica como criterio de selección se relativiza puesto
que se entiende que la elección responde a luchas de poder y tensiones resultantes de
intereses contrapuestos. Además, la Economía Evolutiva presta atención a los aspectos
micro que han sido descuidados por un enfoque neoclásico que entiende la empresa
únicamente bajo los parámetros de coste-beneficio y no a modo de agente social que
genera, acumula y transmite conocimientos que no son adquiribles en el mercado ni
fácilmente reproducibles por los competidores. En definitiva, la teoría evolutiva aborda
el problema del proceso creativo en un ambiente que es rutinario y organizacional y donde
la innovación va más allá de los departamentos típicamente orientados a esta tarea,
impregnando otro tipo de actividades llevadas a cabo en la empresa.
Antes de pasar al bosquejo de un concepto sociológico de innovación, Köhler y
González hacen una última parada teórica en la perspectiva sobre la innovación de la
Economía Política del Desarrollo. Para este enfoque la innovación no puede entenderse
si no es a través de los conceptos de red, desarrollo e institución. La empresa se encuentra
incrustada institucionalmente y sólo así se comprende la capacidad innovadora y el
aumento de la competitividad de ciertas regiones o sectores. Por tanto, es fundamental el
rol de las redes institucionales para impulsar la actividad innovadora. En el proceso
innovador intervienen distintos agentes en red que ponen de manifiesto la naturaleza
social y colectiva del mismo. La EPD se enmarca, pues, en la línea de las contribuciones
de la economía heterodoxa, entre las que se encuentran: ruptura con la noción de la
relación entre innovación y tecnología; defensa del carácter colectivo, institucional y no
comercializable del conocimiento en su totalidad; creencia en la posibilidad de las
PYMES de innovar, rebatiendo la idea de que es la tecnología o el tamaño del complejo
lo que hace posible la innovación; convencimiento de que la innovación puede darse en
la forma de organización/comunicación y no sólo en el proceso de producción y crítica al
modelo lineal de innovación y apuesta por un modelo dinámico.
Finalmente, como adelantábamos en las líneas precedentes, los autores nos
presentan tres corrientes sociológicas que sirven de ayuda para la definición de un
concepto sociológico de innovación post-schumpeteriano: la innovación como proceso
de creación de valor, la innovación y las teorías de alcance medio en cuanto a la diversidad
institucional y el cambio social y la innovación en el marco de la teoría dinámica de la
organización. La primera de las aproximaciones considera que el origen de la innovación
se encuentra en el proceso productivo, esto es, en el trabajo, donde el trabajador introduce
elementos novedosos y recombina factores que permiten la innovación, relativizando, así,
el papel de la ciencia y la técnica. Se resalta, pues, la importancia de la organización del
trabajo, las relaciones de poder micro, el aprendizaje, la confección de redes sociales y
las transferencias de conocimiento para posibilitar la innovación. La segunda, poniendo
en relación innovación y cambio social, identifica cinco momentos de cambio macro-
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tecno-económicos: revolución mecánica de vapor aplicada al textil, extensión a otras
áreas como el ferrocarril y la industria, descubrimiento de la electricidad y desarrollo de
la industria pesada, la lógica fordista y su crisis y la revolución de las TIC’s. Estos
cambios reflejan la manera de los individuos y las organizaciones de interpretar su mundo
al elaborar los correspondientes mapas cognitivos para afrontar nuevas y problemáticas
realidades. El desarrollo técnico, de esta forma, no es más que un proceso de
institucionalización de las mismas tecnologías y estas transiciones tecno-económicas no
pueden entenderse sin sus respectivas transiciones socio-culturales. La innovación, por
tanto, se entiende como un concepto multidimensional -económico y tecnológico, pero
también social y cultural- donde diversos agentes e instituciones entran en juego en busca
de soluciones creativas con un fuerte contenido social. El tercero y último de los
acercamientos teóricos viene a explicar la forma en que las empresas desarrollan sus
estrategias de beneficio teniendo presente la gestión de los conocimientos y la innovación,
siendo, a su vez, estas estrategias, resultado de relaciones micro-políticas más allá de
económico-racionales, relaciones que los enfoques tradicionales son incapaces de
reconocer y, por tanto, de explicitar.
En conclusión, el texto invita a repensar el concepto de innovación desde una
óptica sociológica y partiendo del paradigma post-schumpeteriano, el cual propicia
reflexiones sobre la innovación, entendiendo ésta como un proceso complejo, relacional
y colectivo, pero, también, político, económico y tecnológico.