0% encontró este documento útil (0 votos)
174 vistas29 páginas

Unidad 1

Cargado por

fabian
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
174 vistas29 páginas

Unidad 1

Cargado por

fabian
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

No vemos las cosas como son,

vemos las cosas como somos.


Anais Nin
Unidad 1: El cuento realista.

1 Miren una serie de imágenes. Describan todo lo que les venga a la mente al contemplarlas.
2 ¿A qué conclusiones pueden llegar?
3 ¿Qué es la realidad? ¿Lo que nuestros sentidos perciben es real o imaginario?
4 Lee la siguiente cita de Nicolás Maquiavelo (político, filósofo, escritor italiano - padre de la
Ciencia Política moderna): "En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la
inteligencia , pues todos pueden ver , pero pocos pueden comprender lo que ven". ¿Qué
entienden
con estas palabras?
5 Vamos a leer el cuento "Restos del carnaval" de Clarice Lispector. ¿Qué diferencias guarda
este
relato con las leyendas? Cuáles son sus características? Piensen en los personajes, los temas,
la
sociedad, las emociones, etc.

Restos del Carnaval


Clarice Lispector

No, no del último carnaval. Pero éste, no sé por qué, me transportó a mi infancia y a los
miércoles de ceniza en las calles muertas donde revoloteaban despojos de serpentinas y confeti.
Una que otra beata, con la cabeza cubierta por un velo, iba a la iglesia, atravesando la calle tan
extremadamente vacía que sigue al carnaval. Hasta que llegase el próximo año. Y cuando se 
acercaba la fiesta, ¿cómo explicar la agitación íntima que me invadía? Como si al fin el mundo,
de retoño que era, se abriese en gran rosa escarlata. Como si las calles y las plazas de Recife
explicasen al fin para qué las habían construido. Como si voces humanas cantasen finalmente la
capacidad de placer que se mantenía secreta en mí. El carnaval era mío, mío.

En la realidad, sin embargo, yo poco participaba. Nunca había ido a un baile infantil, nunca me
habían disfrazado. En compensación me dejaban quedar hasta las once de la noche en la puerta,
al pie de la escalera del departamento de dos pisos, donde vivíamos, mirando ávidamente cómo
se divertían los demás. Dos cosas preciosas conseguía yo entonces, y las economizaba con 
avaricia para que me durasen los tres días: un atomizador de perfume, y una bolsa de confeti.
Ah, se está poniendo difícil escribir. Porque siento cómo se me va a ensombrecer el corazón al
constatar que, aun incorporándome tan poco a la alegría, tan sedienta estaba yo que en un abrir y
cerrar de ojos me transformaba en una niña feliz.
¿Y las máscaras? Tenía miedo, pero era un miedo vital y necesario porque coincidía con la
sospecha más profunda de que también el rostro humano era una especie de máscara. Si un
enmascarado hablaba conmigo en la puerta al pie de la escalera, de pronto yo entraba en 
contacto indispensable con mi mundo interior, que no estaba hecho sólo de duendes y príncipes
encantados, sino de personas con su propio misterio. Hasta el susto que me daban los
enmascarados era, pues, esencial para mí.

No me disfrazaban: en medio de las preocupaciones por la enfermedad de mi madre, a nadie en


la casa se le pasaba por la cabeza el carnaval de la pequeña. Pero yo le pedía a una de mis 
hermanas que me rizara esos cabellos lacios que tanto disgusto me causaban, y al menos durante
tres días al año podía jactarme de tener cabellos rizados. En esos tres días, además, mi hermana
complacía mi intenso sueño de ser muchacha -yo apenas podía con las ganas de salir de una 
infancia vulnerable- y me pintaba la boca con pintalabios muy fuerte pasándome el colorete
también por las mejillas. Entonces me sentía bonita y femenina, escapaba de la niñez.

Pero hubo un carnaval diferente a los otros. Tan milagroso que yo no lograba creer que me fuese 
dado tanto; yo, que ya había aprendido a pedir poco. Ocurrió que la madre de una amiga mía
había resuelto disfrazar a la hija, y en el figurín el nombre del disfraz era Rosa. Por lo tanto,

1
había comprado hojas y hojas de papel crepé de color rosa, con las cuales, supongo, pretendía
imitar los pétalos de una flor. Boquiabierta, yo veía cómo el disfraz iba cobrando forma y 
creándose poco a poco. Aunque el papel crepé no se pareciese ni de lejos a los pétalos, yo
pensaba seriamente que era uno de los disfraces más bonitos que había visto jamás.

Fue entonces cuando, por simple casualidad, sucedió lo inesperado: sobró papel crepé, y mucho.
Y la mamá de mi amiga -respondiendo tal vez a mi muda llamada, a mi muda envidia
desesperada, o por pura bondad, ya que sobraba papel- decidió hacer para mí también un disfraz 
de rosa con el material sobrante. Aquel carnaval, pues, yo iba a conseguir por primera vez en la
vida lo que siempre había querido: iba a ser otra aunque no yo misma.

Ya los preparativos me atontaban de felicidad. Nunca me había sentido tan ocupada:


minuciosamente calculábamos todo con mi amiga, debajo del disfraz nos pondríamos un fondo
de manera que, si llovía y el disfraz llegaba a derretirse, por lo menos quedaríamos vestidas
hasta cierto punto. (Ante la sola idea de que una lluvia repentina nos dejase, con nuestros
pudores femeninos de ocho años, con el fondo en plena calle, nos moríamos de vergüenza; pero
no: ¡Dios iba a ayudarnos! ¡No llovería!) En cuanto a que mi disfraz sólo existiera gracias a las
sobras de otro, tragué con algún dolor mi orgullo, que siempre había sido feroz, y acepté
humildemente lo que el destino me daba de limosna.

¿Pero por qué justamente aquel carnaval, el único de disfraz, tuvo que ser melancólico? El
domingo me pusieron los tubos en el pelo por la mañana temprano para que en la tarde los rizos 
estuvieran firmes. Pero tal era la ansiedad que los minutos no pasaban. ¡Al fin, al fin! Dieron las
tres de la tarde: con cuidado, para no rasgar el papel, me vestí de rosa.

Muchas cosas peores que me pasaron ya las he perdonado. Ésta, sin embargo, no puedo
entenderla ni siquiera hoy: ¿es irracional el juego de dados de un destino? Es despiadado.
Cuando ya estaba vestida de papel crepé todo armado, todavía con los tubos puestos y sin
pintalabios ni colorete, de pronto la salud de mi madre empeoró mucho, en casa se produjo un 
alboroto repentino y me mandaron en seguida a comprar una medicina a la farmacia. Yo fui
corriendo vestida de rosa -pero el rostro no llevaba aún la máscara de muchacha que debía
cubrir la expuesta vida infantil-, fui corriendo, corriendo, perpleja, atónita, ente serpentinas,
confeti y gritos de carnaval. La alegría de los otros me sorprendía.

Cuando horas después en casa se calmó la atmósfera, mi hermana me pintó y me peinó. Pero
algo había muerto en mí. Y, como en las historias que había leído, donde las hadas encantaban y
desencantaban a las personas, a mí me habían desencantado: ya no era una rosa, había vuelto a
ser una simple niña. Bajé la calle; de pie allí no era ya una flor sino un pensativo payaso de
labios encarnados. A veces, en mi hambre de sentir el éxtasis, empezaba a ponerme alegre, pero
con remordimiento me acordaba del grave estado de mi madre y volvía a morirme.

Sólo horas después llegó la salvación. Y si me apresuré a aferrarme a ella fue por lo mucho que
necesitaba salvarme. Un chico de doce años, que para mí ya era un muchacho, ese chico muy
guapo se paró frente a mí y con una mezcla de cariño, grosería, broma y sensualidad me cubrió
el pelo, ya lacio, de confeti: por un instante permanecimos enfrentados, sonriendo, sin hablar. Y
entonces yo, mujercita de ocho años, consideré durante el resto de la noche que al fin alguien
me había reconocido; era, sí, una rosa.

TP 5 Restos de carnaval, Clarice Lispector

1 Ficha técnica. Lee el cuento nuevamente y completa la ficha.

2
Tipo de narrador:

Personaje protagonista:

Personaje(s) secundario(s):

Núcleos narrativos:
___________________________________________________________________________
___________________________________________________________________________

2 Cuestionario

1 ¿Cuál es el tema de esta historia?


2 ¿Dónde transcurre este relato? Ubica este lugar en un país.
3 En el segundo párrafo la narradora nos dice "Ah, se está poniendo difícil escribir". ¿Por qué
dice
eso? ¿Qué le sucede?
4 (3er párrafo) ¿Con qué vincula las máscaras? ¿Qué sentimientos experimenta?
5 (4to párrafo) ¿Por qué la niña quería parecerse a una muchacha?
6 (5to párrafo) ¿Por qué dice que ese disfraz le pareció uno de los más bonitos?
7 (6to párrafo) ¿Por qué dice que siempre había querido ser otra?
8 (8vo párrafo) ¿Por qué este carnaval es tan melancólico?
9 (9no párrafo) ¿Por qué dice la niña que el destino había ido despiadado?
10 ¿Qué cambió en ella cuando el niño le tira confeti?

3 Tachen la opción incorrecta en cada afirmación.

Los hechos se suceden en un marco narrativo reconocible / extraño.


Los personajes presentan características cotidianas / sobrenaturales.

4 Busquen en el texto los fragmentos que se relacionan con la idea de “restos” y


subráyenlos. Luego, respondan:

¿Cuáles son los objetos que sobran?


¿Cómo los aprovecha la protagonista? ¿Se beneficia con ellos?
¿Qué sensaciones tiene esta niña frente a las sobras?

5 Reflexionen acerca del encuentro del final entre la protagonista y el niño, a partir de las
siguientes preguntas. Luego, escriban la conclusión.

¿Por qué creen que para la protagonista este encuentro es “la salvación”?
¿Por qué motivo en ese momento sí fue una rosa?
¿Cómo pueden relacionar el encuentro final con el título del cuento?

6 Escritura

Imaginen que la protagonista le relata a su hermana su paseo por el carnaval y el encuentro con
el muchacho. Redacten un breve diálogo entre ellas.

3
¡A estudiar!
El concepto de ficción

Todos estos cuentos son el resultado de la imaginación creadora de sus autores. Por eso, si
bien estos textos evocan mundos distintos y comparten una cualidad son ficciones, es decir,
invenciones de un autor.
Para que estas invenciones tengan sentido, debe establecerse un pacto ficcional entre el lector y
el autor, mediante el cual el primero acepta el “juego” que le propone el segundo. Cada ficción
crea un mundo, son sus leyes y sus características propias, al que solo se puede acceder
mediante la obra literaria. En este universo ficcional credo, las leyes que ordenan nuestro mundo
de todos los días pueden alterarse o eliminarse, como sucede en los relatos fantásticos o
maravillosos, o bien mantenerse y respetarse, como en el caso de la literatura realista.

El cuento

Los cuentos buscan entretener, emocionar o hacer reflexionar al destinatario. Son las
narraciones literarias.
Una narración literaria es el relato de las acciones que realizan los personajes en una historia
que es producto de la imaginación de un autor. Si la narración es extensa, se divide en capítulos,
e incluye varios personajes y situaciones, se trata de una novela. En cambio, si es breve y trata
de un asunto acotado, es un cuento.
En los cuentos, se crean mundos posibles más alejados o más cercanos a la realidad en la que
viven los autores y los destinatarios de las ficciones. Según la realidad representada y el modo
de representarla podemos hablar, por ejemplo, de cuentos maravillosos, fantásticos o realistas.

La representación del mundo

Se llama cuentos realistas a esas narraciones ficcionales que genera la ilusión de que las
acciones relatadas son posibles en la realidad. En esos relatos, los hechos respetan las leyes
que rigen nuestro mundo, por ejemplo, si el personaje arroja una piedra, ésta no sale volando
ni da la vuelta al planeta, sino que cae al piso atraída por la ley de gravedad. De esta forma, los
sucesos tienen explicaciones lógicas de acuerdo con nuestros saberes y experiencias.

El cuento realista presenta un marco narrativo coherente con la realidad fuera del relato. Así,
el lugar, el tiempo y los personajes son presentados de manera tal que el lector pueda reconocer
su propio mundo en ese universo ficcional. Por esa razón, generalmente, se citan lugares que
tienen existencia en la realidad y que el lector ubica con facilidad.

4
En este tipo de relatos, las descripciones adquieren una importancia fundamental, ya que a
través de ellas se introducen las características y particularidades de los espacios, la época y los
personajes del relato. Gracias a las descripciones, se produce lo que se conoce como efectos de
realidad, porque la inclusión de detalles refuerza la verosimilitud de la historia. Es decir,
cuanto más parecido a nuestra realidad sea el mundo narrado, más apariencia de verdadero
tendrá y, por lo tanto, resultara más creíble.

Los cuentos realistas desarrollan cualquier situación que podría ocurrir en el mundo real y
pueden tocar temas como la guerra, la pobreza y la injusticia, pero también las experiencias
individuales, como la sociedad, las alegrías y tristezas de la vida. Una muerte, un viaje, un
encuentro son disparadores para que un autor despliegue una relato muy parecido al que
podríamos escuchar si un amigo nos dice: “¡No sabés lo que le pasó a mi hermano!”.

El relato

En los cuentos, las acciones pueden agruparse en secuencias que responden a cuatro momentos
básicos. Estos momentos son: la situación inicial, que representa una estabilidad, un equilibrio
de fuerzas con el que se abre el episodio; la complicación, en la que se rompe este equilibrio; la
resolución, en la que desaparece la complicación; y la situación final, en la que hay un nuevo
equilibrio de fuerzas.

SITUACIÓN INICIAL COMPLICACIÓN RESOLUCIÓN SITUACIÓN FINAL

La organización de los acontecimientos que forman el relato y el punto de vista con el que se
cuenta, es decir, la perspectiva del narrador (qué grado de saber maneja, qué evaluaciones hace
sobre el contenido de su relato), y la caracterización que elabora de los personajes, son
elementos constitutivos del relato.

Leamos el siguiente cuento. Luego realiza las actividades correspondientes.

Las figuritas de Federico, Guillermo Saccomanno

Walter, el encargado del edificio, apenas pasa los treinta, pero parece menor porque tiene
facciones aniñadas y un cuerpo macizo y fibroso que mueve con el desgarbo de un adolescente,
vestido siempre de buzo, vaqueros y zapatillas.

5
Si alguien le habla, antes de contestar con su voz aflautada y sumisa, Walter frunce las cejas y,
al desviar la mirada, se vuelve un chico tímido y asustado que se ve venir un castigo. Como
ahora Federico, acorralado contra la pared de la cocina, con las figuritas apretadas en un puño
que esconde en la espalda.

–Dame las figuritas –le sonríe Walter–. Dámelas Federico.


Y Federico se pega a la pared:
–No, pa –porque cada vez que su padre lo llama Federico y no Fede pone alerta.

La sonrisa de Walter es dócil, la misma sonrisa que logra que el consorcio piense que Walter es
un portero macanudo, cumplidor y dispuesto. Pero a Federico no lo confunde.

Walter piensa que ese chico no sale a él. Más bien, sale a la madre; tiene su carácter, sus ínfulas.
Y, como ella, es engañador y pretensioso. Morocho, cetrino, con ojos impasibles de gato y,
cuando le conviene, con los gestos tan rápidos y veloces como lengüetazos de un sapo, Federico
atrapa lo que desea y después vuelve a su quietud imperturbable. Cuando está en el
departamento, en especial si está su madre, Federico es un muñeco que acapara todas sus
atenciones. Gladys lo mima, lo consiente y le habla con diminutivos, infantilizándose. Para ella,
Federico es una mascota. Y Walter, un actor secundario que entró por equivocación en una
escena que no le correspondía.
Al pensar en estas cosas, Walter piensa también que no olvidará esa vez que Federico le dijo a
unos chicos que su padre era el dueño del edificio. En eso, piensa, sale, a la madre, que haces
unos meses se hizo la cirugía estética y se tiñó de rubio. Aunque tiene la edad de su marido,
Gladys parece su hermana mayor. La operación y la tintura, en lugar de rejuvenecerla, le
agregaron años. –Prefiero ser una mujer atractiva y no una chica boba.–dice Gladys.

El matrimonio vino de Uruguay hace unos años. Vio en este balneario de la costa la oportunidad
de ahorrar y progresar. Teniendo la vivienda, se puede, pensaron. Y se gasta menos que en una
ciudad como Buenos Aires.

Walter tiene trabajo más fuerte en los meses de verano, con los propietarios y los inquilinos de
la temporada. Entonces, además del mantenimiento del edificio, Walter se encarga de proveer
las garrafas de gas, los sifones y los diarios, y de cumplir cualquier otro pedido que le hagan,
por caprichoso que sea. En enero y febrero Walter duerme cuatro horas al día porque de noche
se emplea como sereno en un hotelito de la vuelta. Hay que exprimir la temporada, dice. Recién
en marzo respira tranquilo. Se permite bajar a la playa, tomar sol y hacer algún asado en la
parrilla del consorcio, en el jardín trasero del edificio.

Durante todo el año, Gladys trabaja de secretaria en una escribanía del pueblo. Tiene estudios
secundarios y, a diferencia de su marido, dice que le gusta leer y estar informada. Porque, como
ella dice, tiene una preparación. Todas las mañanas, para ir a la escribanía, se arregla y se
maquilla como si la oficina fuera una fiesta. Al terminar de vestirse y maquillarse, no deja que
Walter la toque. Lo esquiva cuando se le acerca para darle un beso.

Desde que empezó a trabajar en la escribanía, Gladys empezó a fumar. Como Walter le tiene
prohibido fumar en el departamento, lo hace en el hall del edificio. En las tardes de verano,
mientras fuma un cigarrillo tras otro, conversa con las turistas inquilinas, vecinas ocasionales de
la temporada.
–Nosotros somos gente de clase media –dice Gladys–. Y esto es de momento.

“Esto” alude en particular al trabajo de Walter, el departamento de un ambiente con kitchenette


que ocupan en el contra frente del primer piso, un ambiente húmedo y sombrío que Gladys ha
dividido con un modular cargado de fascículos encuadernados, jarrones, estatuillas y
portarretratos que se exhiben como trofeos. El departamento resulta más estrecho de lo que es
por el espacio que ocupan la heladera con freezer cuatro estrellas, el televisor y la

6
videocasettera, la mesa y las sillas de estilo que Gladys compró en un remate de Mar del Plata.
En un costado, casi en un rincón, está la cama de Federico. Del otro lado del modular, la cama
matrimonial entre dos mesitas de luz. A sus pies, en cada ángulo, hay dos sillones de algarrobo
con almohadones de cuadros verdes y rojos, una oferta que Gladys tampoco dejó pasar. El
balcón está protegido detrás de una cortina de voile crema. En los meses de invierno, como
ahora, Walter tiene más tiempo. Y está casi todo el día en el edificio. Uno siempre encuentra
que hacer, dice.

Mientras Gladys está en la escribanía, de nueve a una y de tres a ocho, Walter se dedica a las
cosas de la casa y a Federico. Menos planchar, Walter hace de todo: lava, limpia, cocina, y
ayuda con los deberes al chico. El sueldo de Gladys es más importante que el suyo. De este
modo, si él la reemplaza en las cosas de la casa, pueden guardarlo casi íntegro. A Walter no le
molesta lavar, limpiar, cocinar y cuidar a Federico. Hasta le encuentra gusto. Y le sirve para
probar que, si quisiera, podría vivir sin Gladys. Si los hombres se ponen, piensa, hacen mejor
estas cosas que las mujeres. Por ejemplo, las milanesas. Esta noche Walter va a cocinar
milanesas. Las prepara con un aire de ajo y perejil. Le salen menos aceitosas que a su mujer.

Pero lo que hizo Federico casi le arruina las ganas de cocinar. Esta mañana vinieron en una
camioneta los de la cooperativa de electricidad a cortarle el suministro al inquilino del tercero E.
Es un polaco sesentón, alto, huesudo, que suele venir algunos días todos los meses fuera de
temporada. El polaco es un tipo huraño y solitario, lo que explica que venga a la costa cuando
está desierta. Por las mañanas y las tardes sale a caminar horas por la playa y el pinar, sin
importarle ni el viento ni el frío. Si la temperatura es muy baja, el polaco sale enfundado en un
viejo sobretodo negro. Una tarde, Walter se lo cruzó en el bosque. Fue como una aparición.
Alto, el pelo más blanco que amarillo, con las solapas anchas de su sobretodo negro levantadas
y las manos en los bolsillos, el polaco venía hacia él avanzando entre los troncos. Walter lo
saludó como pidiendo disculpas. El polaco le devolvió el saludo curvando apenas los labios
delgados, clavándole sus ojos casi transparentes, acuosos, irritados por el frío, en una mirada
penetrante. Alguna vez el polaco le pidió que le limpiara el departamento. Cuando Walter lo
hizo se sorprendió con la austeridad en que vivía el inquilino. El departamento era de un
ambiente, como el suyo, pero no tenía más que una cama, una mesa y una silla incómoda. Y sin
embargo, parecía una sala enorme. Sobre la mesa había una radio portátil, una pila de
cuadernos, libretas y lápices. Walter curioseó. No pudo entender ni la letra ni el idioma. apagó
de inmediato, con temor, y enseguida dudó de que la hubiera encendido. Volvió a dejar los
cuadernos como los había encontrado y, nervioso, apurado, trató de limpiar el departamento lo
más rápido posible.

Todo lo que pudo averiguar Walter sobre el inquilino se lo contó Gladys, que lo supo a través de
la dueña del departamento, una tendera del centro, cuyo hijo va al colegio con Federico. Lo que
pudo averiguar no fue mucho más de lo que la dueña sabía: el polaco es descendiente de nobles,
trabajó en un banco, se retiró y nadie tiene idea de qué vive. Habla lo mínimo indispensable con
un marcado acento extranjero y tono imperativo. Walter piensa que por algo el polaco no tiene
familia. Todo en él es un misterio. Y así como después de habérselo cruzado aquella tarde en el
bosque Walter pensó que había sido una aparición, no una presencia real, después de limpiar su
departamento Walter había empezado a creer que allí habitaba un fantasma, un espíritu
poderoso y magnético que vigilaba sus acciones y pensamientos aun cuando Walter no pudiera
verlo.
Esta mañana, cuando Walter venía de hacer las compras, vio la camioneta de la cooperativa, los
peones de overol y el polaco discutiendo. No había recibido la factura, protestaba el polaco. Por
eso no había pagado. Walter intercedió: Quizá se la habían enviado a la dueña, dijo. Otras veces
lo habían hecho.

Y eso había pasado. La cooperativa le envió la factura a la dueña del departamento. Y ella, un
mediodía, a la salida de clase, se la había dado a Federico para que se la entregara a su padre y
él al inquilino. Pero Federico la había perdido.

7
El polaco volvía de sus caminatas al anochecer. Entonces Walter lo obligó a Federico a tocarle
timbre al inquilino y pedirle disculpas. Esperaron juntos que el polaco abriera.

–Dice mi papá que me perdone –le dijo Federico.


–No –dijo Walter–. Yo no digo nada. Usted es el que perdió la factura. Y por usted casi lo dejan
sin luz al señor. Así que es usted el que le pide disculpas. No yo.
–Son cosas de chicos –dijo el polaco, con una suavidad de la que Walter no lo hubiera creído
capaz, revolviéndole el pelo a Federico. Y después, áspero, como si esa dulzura hubiera sido
una ilusión óptica de Walter– : Déjelo en paz.

Y era una orden.

–Federico, a casa –dijo Walter. Se puso colorado al decirlo. El polaco no le dio tiempo a decir
nada más. Cerró con desprecio la puerta.
No es de hombres abusar de la fuerza, piensa Walter. No hay que levantarle la mano ni a las
mujeres ni a los chicos. Una sola vez estuvo a punto de pegarle a Gladys, porque sospechó que
lo engañaba con el escribano. Después, por unas semanas, ella fue a trabajar sin maquillarse ni
pintarse los labios y se reconciliaron. Sin embargo, Walter no quedó conforme.
Ahora, por encima de Walter, está la lámpara de la cocina. Su sombra se proyecta sobre el chico
como la sombra de un gigante de dibujo animado.

–Perdoname, pa.
–Dame esas figuritas, Federico.

El chico da un salto, buscando la puerta del departamento. Pero la kitchenette, aunque Gladys la
llame cocina, no es más que un pasillo angosto. Walter ataja al chico. Lo agarra de un brazo y lo
aprieta hasta que él abre el puño y las figuritas caen sobre los mosaicos.
–Levantalas –le dice.
Y el chico se agacha para juntarlas.
–Las tirás a la basura.

El chico lo enfrenta con la mirada de odio de Gladys.


–Cuando mi padre me miraba a los ojos yo bajaba la vista –dice Walter–. ¿Entendido?
De mala gana, el chico abre el placard inferior de la mesada. Debajo de la pileta está el cubo de
plástico anaranjado.

Federico tira las figuritas una a una.


–Todas –dice Walter–. Esa también.
El chico se traga las lágrimas.

–Así me gusta –dice Walter.


–¿Me puedo ir?
–¿Dónde quiere ir?
–A jugar.
–Es de noche.
–¿Puedo ver la tele?
–¿Y los deberes?
–No tengo deberes.
–No me mienta, que se acuesta sin comer.

Después que Federico se sienta a la mesa con el cuaderno, el manual y la cartuchera, Walter se
apura a preparar la cena. Ya son casi las nueve. Gladys debería haber llegado.

8
Walter pica el ajo, el perejil, rompe los huevos y pela las papas, porque las milanesas las va a
acompañar con puré. Tira las cáscaras en la basura, sobre las figuritas en el fondo de la bolsa de
residuos.

Mañana por la mañana, piensa, cuando despierte a Federico para ir al colegio, le dirá que puede
sacar las figuritas de la basura antes de que cambie la bolsa de residuos. Peor hubiera sido que
lo mandara a la cama sin comer. Una picardía hubiera sido. Porque las milanesas van a estar
buenísimas.

Trabajo práctico . Guía de análisis

1 Este cuento está incluido en el libro Animales domésticos. Comenten el sentido de este título y
cómo podrían relacionarlo con el relato leído.

2 ¿Consideran que las acciones, personajes y lugares de este cuento podrían ocurrir de verdad?
¿Por qué?

3 ¿Qué valor tienen las figuritas para Federico? ¿Y para Walter? Justifiquen con citas textuales.

4 Gladys aparenta un nivel social que no tiene. ¿Mediante qué acciones lo hace?

5 ¿Por qué creen que Walter es tan duro con su hijo? ¿Qué intenta enseñarle? ¿Qué respuesta
recibe ante sus enseñanzas? Transcriban los pasajes del relato que les permitan afirmarlo.

6 Walter se muestra de una forma con los vecinos y de otra con su hijo. ¿Cómo es Walter, según
Federico? ¿Y cómo es Federico, según Walter?

7 Describan los espacios: el departamento de Walter, el del Polaco, la ciudad. ¿Qué datos del
texto les permitirían indicar cuándo transcurren los hechos?

8 Señalen quién narra esta historia y justifiquen su elección.

El cuento es narrado por Walter.


El cuento es narrado por alguien que no participa de las acciones.
El cuento es narrado por Federico.

9 El narrador no se limita a contar solamente los hechos. Busquen comentarios, juicios,


valoraciones que se emite sobre los personajes.

10 Elijan alguno de los narradores que no se utilizaron de la actividad 8 y resuman la historia


desde su perspectiva. Conversen acerca de qué cosas se modificaron en el relato.

A partir de la lectura.

1 Debatan acerca de la diferencia entre real y realista. ¿Podría ser real la historia que se cuenta
en un relato literario? ¿En qué casos? Justifiquen sus afirmaciones con ejemplos.

2 Los sucesos narrados en el cuento que leíste, ¿respetan o transgreden las leyes que rigen la
realidad cotidiana? ¿Por qué? Ejemplifiquen con citas textuales.

9
3 Describan los espacios en el cuento que les tocó leer. ¿Qué datos del texto les permitirían
indicar cuándo transcurren los hechos?

4 Completen esta oración:


El cuento es narrado
por___________________________________________________________

5 El narrador no se limita a contar solamente los hechos. Busquen comentarios, juicios,


valoraciones que éste emite sobre los personajes.

Proyecto : Obra de teatro.

Adapten el cuento que leyeron en un nuevo formato: una obra de teatro. Escriban el guion. Éste debe
durar un mínimo de 3 minutos. Léanlo en voz alta. Practiquen. Actúen frente a sus compañeros.

Texto explicativo. El David de Miguel Ángel, Michelangelo Buonarrotti

Al bloque de mármol de Carrara que acabaría siendo el David, los canteros lo llamaban “El
gigante”. Medía más de 5 metros de alto y y superaba las cinco toneladas. Varios escultores habían
intentado sacar algo de él sin éxito. Pero en 1501, Miguel Ángel decide ponerse a ello
(recordemos que tenía 26 años). Cuatro años se pasó Miguel
Ángel esculpiendo la obra. A las pocas semanas de
comenzar, el escultor pidió que levantaran cuatro muros
alrededor del bloque, para poder protegerlo de los curiosos.

El caso es que cuando al fin se mostró la pieza, se derribaron


los muros como en un gran espectáculo, y la gente quedó estupefacta. Por supuesto hubo críticos.
Sobre todo por la desnudez del joven, pero eran otros tiempos. Hace 500 años había una cierta
libertad artística que incluso permitía el desnudo en el arte
religioso . Miguel Ángel no quiso vestir a su David porque
para él la desnudez simbolizaba al hombre en armonía con la
naturaleza.
.
El David de Miguel Ángel se encuentra actualmente en la
Galería de la Academia en Florencia. Durante el renacimiento, grandes escultores florentinos
como Donatello, Ghiberti y Verrocchio realizaron obras tomando el tema de la biblia donde se
representa a David como un adolescente, después de haber decapitado a Goliat. Sin embargo,

10
Miguel Ángel decidió representar con esta obra el momento previo al enfrentamiento. Por ello
vemos un David joven listo para golpear al gigante
sosteniendo una piedra en su mano derecha con una honda
apoyada sobre su hombro izquierdo.

La tensión de este joven pastor frente a su terrible enemigo


fue representada por Miguel Ángel con detalles como una
intensa expresión en sus ojos, una contracción precisa de los músculos mostrando las venas en
relieve por donde parecería que la sangre corriera. Definitivamente, el David de Michelangelo es
una obra maestra de la historia del arte florentino y una de las obras más famosas de la historia
de la humanidad.

1. Señalá con una X la opción correcta:


En el texto anterior predomina la función:
 Informativa
 Apelativa
 Poética

2. Leé atentamente las siguientes afirmaciones referidas al texto anterior. Poné V


(verdadero) o F (falso), según corresponda:
 Miguel Ángel terminó el David a la edad de 30 años
 La única crítica que el David recibió fue por exhibir un cuerpo desnudo
 Goliat fue un gigante derribado con una piedra

3. ¿Qué información se ofrece sobre…?

…las dimensiones del David?


_______________________________________________________
…fecha en que el David fue esculpido?
________________________________________________
…David y Goliat?
_________________________________________________________________

4. Intertextualidad.

Averigua de qué se trata la historia de David y Goliat mencionados en el texto. Resume la


historia en un párrafo.

11
El renacimiento

La etapa del Renacimiento comenzó alrededor del siglo XIV, al inicio de la edad moderna, y llegó
a su fin cerca del siglo XVII. Esta ‘edad de oro’ surgió en toda Europa donde se evidencian
importantes cambios y descubrimientos. En particular, la creación de la imprenta que dio paso a
la difusión del conocimiento y nuevas ideas. Además de una separación entre la fe y la filosofía,
y el cuestionamiento de que la tierra fuera el centro del universo. Estos cambios repercutieron en
la forma en la que era concebido el arte.

Por lo tanto, la expresión artística estuvo marcada por el interés científico, la naturaleza, la
anatomía y la estética representando formas equilibradas, simétricas y armónicas. También se
abordaron temas de la historia y mitología poniendo énfasis en el ser humano como centro de
todo.

Principales obras de artistas del Renacimiento del Norte de Europa

Pieter Bruegel ‘El Viejo’, artista del renacimiento entre 1525-1569


En la actualidad, al pintor y grabador Pieter Bruegel se le reconoce como un artista maestro del
Renacimiento holandés y flamenco. Muchas de sus pinturas se concentran en la vida de los
plebeyos.

«La boda campesina», 1567 «La caída de los ángeles rebeldes», 1562

Jan Van Eyck y la pintura flamenca (hacia 1390-1441)


Tenía un buen ojo crítico para los detalles y una habilidad única para el naturalismo.

“La adoración del Cordero Místico” (1432), “La Virgen del Canciller Rolin”, 1435
compuesta por 12 tablas.

12
Leonardo Da Vinci: el verdadero hombre del Renacimiento
La historia de su vida lo ha destacado alrededor del mundo como un gran arquitecto, matemático,
pensador, escultor, ingeniero, escultor, inventor, anatomista y escritor. Asimismo, se le venera
por sus contribuciones artísticas que definen y modelan el mundo del arte en la actualidad.

‘La Mona Lisa’, o también conocida como “San Juan Bautista”, 1513
«La Gioconda», 1503

Raffaello Sanzio de Urbino o simplemente ‘Rafael’


A pesar de morir con solo 37 años, el arquitecto y pintor italiano ha dejado un vasto cuerpo de
trabajo.

“Madonna del Gran Duque”, 1505 ‘La Escuela de Atenas’, 1509 -1512

Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi: ‘Sandro Botticelli’


El popular Sandro Botticelli fue un pintor y artista prominente de la ‘Escuela Florentina’ durante
la etapa del Renacimiento. Botticelli destaca porque tenía cierta preferencia por pintar escenas de
gran escala de la mitología griega.

El nacimiento de Venus’, 1485 “Venus y Marte”

13
Completamos los casilleros con 1, 2 o 3 palabras

1 El período del renacimiento duró alrededor de años.

2 libros permitió que el conocimiento llegara a toda Europa

3 Durante el renacimiento, la religión se separó de la ciencia y la

4 Antes del renacimiento se creía que todos los planetas giraban alrededor de

5 El está en el centro de todas las artes

6 En la pintura " La boda campesina" de Pieter Bruegel , la novia tiene detrás un lienzo verde. Ella

es la única que tiene

7 La pintura "La caída de los ángeles rebeldes" tiene dos colores de fondo, celeste y marrón.

Sobre el celeste aparecen los ángeles que bajan del cielo, y sobre marrón, la tierra, los demonios

aparecen con formas de

8 “La adoración del Cordero Místico” es un políptico. En el centro aparece el cordero místico,

Jesucristo, rodeado por

9 En "La Virgen del Canciller Rolin", hay un ángel que sostiene una

sobre la cabeza de la virgen.

10 Leonardo Da Vinci no fue solamente un pintor. Él tuvo distintas

11 Otro nombre de "La mona Lisa" es

12 “San Juan Bautista” sostiene una cruz de junco en su mano izquierda mientras que la mano

derecha apunta

13 Raffaello Sanzio de Urbino pintó “Madonna del Gran Duque” hace años

14 En los nichos al fondo de "La escuela de Atenas" se ven figuras de los dioses Apolo a la

izquierda sosteniendo una y Atenea a la derecha.

15 Sandro Botticelli pintaba escenas de

16 Este cuadro fue revolucionario, por ser la primera obra de tema exclusivamente mitológico,

14
además del del cuerpo de la Venus , algo no bien visto en la época.

17 La diosa del amor está totalmente vestida y peinada, vigilando el sueño del desnudo Marte. Mientras,

pequeños juegan con las armas, el yelmo y la armadura del dios de la guerra.

18 El pintor más detallista y el más hábil naturalista fue

19 Además de pintor y escultor fue el único que se dedico a la arquitectura

20 se destacó or pintar cuadros con seres mitológicos

La fiesta ajena Liliana Hecker

Nomás llegó, fue a la cocina a ver si estaba el mono. Estaba y eso la tranquilizó: no le hubiera
gustado nada tener que darle la razón a su madre, ¿monos en un cumpleaños?, le había dicho;
¡por favor! Vos sí te crees todas las pavadas que te dicen. Estaba enojada pero no era por el
mono, pensó la chica: era por el cumpleaños.

—No me gusta que vayas —le había dicho—. Es una fiesta de ricos.
—Los ricos también se van a cielo —dijo la chica, que aprendía religión en el colegio.
—Qué cielo ni cielo —dijo la madre—. Lo que pasa es que a usted, m’hijita le gusta aparentar
lo que no es.

A la chica no le parecía nada bien la forma de hablar de su madre: ella tenía nueve años y era
una de las mejores alumnas de su grado.

—Yo voy a ir porque estoy invitada —dijo—. Y estoy invitada porque Luciana es mi amiga. Y
se acabó.
—Ah, sí, tu amiga —dijo la madre. Hizo una pausa.
—Oíme, Rosaura —dijo por fin—, ésa no es tu amiga. ¿Sabés lo que sos vos para todos ellos?
Sos la hija de la sirvienta, nada más.

Rosaura parpadeó con energía: no iba a llorar.

—Cállate —gritó—. ¡Qué vas a saber vos lo que es ser amiga!

Ella iba casi todas las tardes a la casa de Luciana y preparaban juntas los deberes mientras su
madre hacía la limpieza. Tomaban la leche en la cocina y se contaban secretos. A Rosaura le
gustaba enormemente todo lo que había en esa casa. Y la gente también le gustaba.

—Yo voy a ir porque va a ser la fiesta más hermosa del mundo, Luciana me lo dijo. Va a venir
un mago y va a traer un mono y todo.

La madre giró el cuerpo para mirarla bien y ampulosamente apoyó las manos en las caderas.

— ¿Monos en un cumpleaños? —dijo—. ¡Por favor! Vos sí que te crees todas las pavadas que
te dicen.

Rosaura se ofendió mucho. Además le parecía mal que su madre acusara a las personas de
mentirosas simplemente porque eran ricas. Ella también quería ser rica, ¿qué? Si un día llegaba

15
a vivir en un hermoso palacio, ¿su madre no la iba a querer tampoco a ella? Se sintió muy triste.
Deseaba ir a esa fiesta más que nada en el mundo.

—Si no voy me muero —murmuró, casi sin mover los labios.

Y no estaba muy segura de que se hubiera oído, pero lo cierto es que la mañana de la fiesta
descubrió que su madre le había almidonado el vestido de Navidad. Y a la tarde, después de que
le lavó la cabeza, le enjuagó el pelo con vinagre de manzanas para que le quedara bien brillante.
Antes de salir Rosaura se miró en el espejo, con el vestido blanco y el pelo brillándole, y se vio
lindísima. La señora Inés también pareció notarlo. Apenas la vio entrar, le dijo:

—Qué linda estás hoy, Rosaura.

Ella, con las manos, impartió un ligero balanceo a su pollera almidonada: entró a la fiesta con
paso firme. Saludó a Luciana y le preguntó por el mono. Luciana puso cara de conspiradora;
acercó su boca a la oreja de Rosaura.

—Está en la cocina —le susurró en la oreja—. Pero no se lo digás a nadie porque es un secreto.
Rosaura quiso verificarlo. Sigilosamente entró en la cocina y lo vio. Estaba meditando en su
jaula. Tan cómico que la chica se quedó un buen rato mirándolo y después, cada tanto,
abandonaba a escondidas la fiesta e iba a verlo. Era la única que tenía permiso para entrar en la
cocina, la señora Inés se lo había dicho: “Vos sí, pero ningún otro, son muy revoltosos, capaz
que rompen algo”. Rosaura en cambio, no rompió nada. Ni siquiera tuvo problemas con la jarra
de naranjada, cuando la llevó desde la cocina al comedor. La sostuvo con mucho cuidado y no
volcó ni una gota. Eso que la señora Inés le había dicho: ”¿Te parece que vas a poder con esa
jarra tan grande?”. Y claro que iba a poder: no era de manteca, como otras. De manteca era la
rubia del moño en la cabeza. Apenas la vio, la del moño le dijo:

— ¿Y vos quién sos?


—Soy amiga de Luciana —dijo Rosaura.
—No —dijo la del moño —, vos no sos amiga de Luciana porque yo soy la prima y conozco a
todas sus amigas. Y a vos no te conozco.
—Y a mí qué me importa —dijo Rosaura—, yo vengo todas las tardes con mi mamá y hacemos
los deberes juntas.
— ¿Vos y tu mamá hacen los deberes juntas? —dijo la del moño, con una risita.
—Yo y Luciana hacemos los deberes juntas —dijo Rosaura muy seria.
La del moño se encogió de hombros. —Eso no es ser amiga —dijo—. ¿Vas al colegio con ella?
—No.
— ¿Y entonces de dónde la conoces? —dijo la del moño, que empezaba a impacientarse.

Rosaura se acordaba perfectamente de las palabras de su madre. Respiró hondo:


—Soy hija de la empleada —dijo.

Su madre se lo había dicho bien claro: Si alguno te pregunta, vos le decís que sos la hija de la
empleada, y listo. También le había dicho que tenía que agregar: y a mucha honra. Pero Rosaura
pensó que nunca en su vida se iba a animar a decir algo así.

—¿Qué empleada? —dijo la del moño—. ¿Vende cosas en una tienda?


—No —dijo Rosaura con rabia—, mi mamá no vende nada, para que sepas.
—Y entonces, ¿cómo es empleada? Dijo la del moño.

Pero en ese momento se acercó la señora Inés haciendo shh shh, y le dijo a Rosaura si no la
podía ayudar a servir las salchichitas, ella que conocía la casa mejor que nadie.

—Viste —le dijo Rosaura a la del moño, y con disimulo le pateó un tobillo.

16
Fuera de la del moño todos los chicos le encantaron. La que más le gustaba era Luciana, con su
corona de oro; después los varones. Ella salió primera en la carrera de embolsados y en la
mancha agachada nadie la pudo agarrar. Cuando los dividieron en equipos para jugar al
delegado, todos los varones pedían a gritos que la pusieran en su equipo. A Rosaura le pareció
que nunca en su vida había sido tan feliz.

Pero faltaba lo mejor. Lo mejor vino después que Luciana apagó las velitas. Primero, la torta: la
señora Inés le había pedido que la ayudara a servir la torta y Rosaura se divirtió muchísimo
porque todos los chicos se le vinieron encima y le gritaban “a mí, a mí”. Rosaura se acordó de
una historia donde había una reina que tenía derecho de vida y muerte sobre sus súbditos.
Siempre le había gustado eso de tener derecho de vida y muerte. A Luciana y a los varones les
dio los pedazos más grandes, y a la del moño una tajadita que daba lástima.

Después de la torta llegó el mago. Era muy flaco y tenía una capa roja. Y era mago de verdad.
Desanudaba pañuelos con un soplo y enhebraba argollas que no estaban cortadas por ninguna
parte. Adivinaba las cartas y el mono era el ayudante. Era muy raro el mago: al mono le llamaba
socio. “A ver, socio, dé vuelta una carta”, le decía. “No se me escape, socio, que estamos en
horario de trabajo”.
La prueba final era la más emocionante. Un chico tenía que sostener al mono en brazos y el
mago lo iba a hacer desaparecer.
— ¿Al chico? —gritaron todos.
— ¡Al mono! —gritó el mago.

Rosaura pensó que ésta era la fiesta más divertida del mundo.
El mago llamó a un gordito, pero el gordito se asustó enseguida y dejó caer al mono. El mago lo
levantó con mucho cuidado, le dijo algo en secreto, y el mono hizo que sí con la cabeza.
—No hay que ser tan timorato, compañero —le dijo el mago al gordito.
—¿Qué es timorato? —dijo el gordito.
El mago giró la cabeza hacia un lado y otro lado, como para comprobar que no había espías. —
Miedoso —dijo—. Vaya a sentarse, compañero.

Después fue mirando, una por una, las caras de todos. A Rosaura le palpitaba el corazón.

—A ver, la de los ojos de mora —dijo el mago—. Y todos vieron cómo la señalaba a ella.

No tuvo miedo. Ni con el mono en brazos, ni cuando el mago hizo desaparecer al mono, ni al
final, cuando el mago hizo ondular su capa roja sobre la cabeza de Rosaura. Dijo las palabras
mágicas… y el mono apareció otra vez allí, lo más contento, entre sus brazos. Todos los chicos
aplaudieron a rabiar. Y antes de que Rosaura volviera a su asiento, el mago le dijo:

—Muchas gracias, señorita condesa.

Eso le gustó tanto que un rato después, cuando su madre vino a buscarla, fue lo primero que le
contó.

—Yo lo ayudé al mago y el mago me dijo: “Muchas gracias, señorita condesa”.

Fue bastante raro porque, hasta ese momento, Rosaura había creído que estaba enojada con su
madre. Todo el tiempo había pensado que le iba a decir: “Viste que no era mentira lo del mono”.
Pero no. Estaba contenta, así que le contó lo del mago.
Su madre le dio un coscorrón y le dijo: —Mírenla a la condesa.
Pero se veía que también estaba contenta.

Y ahora estaban las dos en el hall porque un momento antes la señora Inés, muy sonriente, había
dicho: “Espérenme un momentito”.

17
Ahí la madre pareció preocupada.

—¿Qué pasa? —le preguntó a Rosaura.


—Y qué va a pasar —le dijo Rosaura—. Que fue a buscar los regalos para los que nos vamos.
Le señaló al gordito y a una chica de trenzas, que también esperaban en el hall al lado de sus
madres. Y le explicó cómo era el asunto de los regalos. Lo sabía bien porque había estado
observando a los que se iban antes. Cuando se iba una chica, la señora Inés le daba una pulsera.
Cuando se iba un chico, le regalaba un yo-yo. A Rosaura le gustaba más el yo-yo porque tenía
chispas, pero eso no se lo contó a su madre. Capaz que le decía: “Y entonces, ¿por qué no pedís
el yo-yo, pedazo de sonsa?” Era así su madre. Rosaura no tenía ganas de explicarle que le daba
vergüenza ser la única distinta. En cambio le dijo:
—Yo fui la mejor de la fiesta.

Y no habló más porque la señora Inés acababa de entrar al hall con una bolsa celeste y una rosa.
Primero se acercó al gordito, le dio un yo-yo que había sacado de la bolsa celeste, y el gordito se
fue con su mamá. Después se acercó a la de trenzas, le dio una pulsera que había sacado de la
bolsa rosa, y la de trenzas se fue con su mamá.

Después se acercó a donde estaban ella y su madre.


Tenía una sonrisa muy grande y eso le gustó a Rosaura. La señora Inés la miró, después miró a
la madre, y dijo algo que a Rosaura la llenó de orgullo. Dijo:

—Qué hija que se mandó, Herminia. Por un momento, Rosaura pensó que a ella le iba a hacer
dos regalos: la pulsera y el yo-yo. Cuando la señora Inés inició el ademán de buscar algo, ella
también inició el movimiento de adelantar el brazo. Pero no llegó a completar ese movimiento.

Porque la señora Inés no buscó nada en la bolsa celeste, ni buscó nada en la bolsa rosa. Buscó
algo en su cartera.
En su mano aparecieron dos billetes.

—Esto te lo ganaste en buena ley —dijo, extendiendo la mano—. Gracias por todo, querida.
Ahora Rosaura tenía los brazos muy rígidos, pegados al cuerpo, y sintió que la mano de su
madre se apoyaba sobre su hombro. Instintivamente se apretó contra el cuerpo de su madre.
Nada más. Salvo su mirada. Su mirada fría, fija en la cara de la señora Inés.

La señora Inés, inmóvil, seguía con la mano extendida. Como si no se animara a retirarla. Como
si la perturbación más leve pudiera desbaratar este delicado equilibrio.

Trabajo práctico . La fiesta ajena

Guía de análisis:

1. Redactar una síntesis del contenido del cuento.


2. Define quién es el personaje principal y da tus razones, los secundarios y los relleno.
3. ¿Quién narra este relato? Justifica
4. Define cuál es la situación inicial, el conflicto, la resolución, la situación final.
5. ¿Por qué éste es un cuento realista y no una leyenda? Compara y contrasta.
6. Si adaptaras este relato a una historieta, qué núcleos narrativos elegirías para dibujar.
Menciona 5 de ellos. Dibuja una viñeta donde aparezca la voz del narrador, de los personajes, y
alguna onomatopeya.
7. ¿Por qué decimos que este relato es ficción?

18
8. ¿Qué es el pacto ficcional?
9. Encuentra y reescribe ejemplos de deícticos, referencia anafórica, referencia catafórica,
elipsis nominal/verbal, sinonimia, isotopía.
10. Relee el cuento “hacia atrás”, transcribe al menos tres expresiones que constituyan “pistas”
o indicios del desenlace, que nos brindó la autora, y a los que la protagonista no hace caso.

Escritura.
Elige y escribe un final distinto del cuento: Posibilidades:

a) Rosaura o la mamá contestan y actúan ante el pago.


b) Luciana se acerca a despedirla.
c) Rosaura se va en silencio y habla con la madre sobre lo que pasó.

_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
¿Es un texto?
Lean el mensaje que aparece a continuación y decidan si se trata o no de un texto. Justifiquen
sus respuestas.

yo en la playa

Hola Mica, ayer estuve todo el día en la playa. ¡Me encanta la playa!
Aunque en general hay arena. No es que no había ido nunca, pero la
verdad es que esta vez estaba genial. Sobre todo el árbol y mi hermano.
¿A vos te gusta comí el helado a la mañana y a la tarde, así que casi fue
un sueño pero ya sabés que me encanta el helado el helado de vainilla
más y helado de vainilla me compré…

Es probable que mañana vayamos todos juntas a conocer la bosque del


balneario vecina porque las clima es probable que esté lindo pero
también que vayamos la otra semana porque como me duele la
cabeza…no sé, te cuento si íbamos o no…

Usted en que andas.


Saludos cordiales

Nati

19
Lean la siguiente definición de texto y utilícenla como criterio para volver a evaluar el
mensaje de más arriba.

El texto es la unidad de comunicación que consiste en la emisión intencionada de enunciados.


Puede ser oral o escrito y tener una extensión variable, pero siempre se da en una situación
comunicativa concreta para cumplir con un determinado propósito.

La textualidad es el principio central del texto, dado que no hay texto si sus enunciados no forman
una unidad intencional –todos los enunciados responden a una misma intención general
comunicativa y situacional-, semántica –el mensaje debe ser coherente- y estructural –las partes
del mensaje deben estar cohesionadas.

La cohesión textual se constituye como una red de relaciones entre los distintos elementos de un
texto. Es decir que los mecanismos de cohesión son los procedimientos lingüísticos que
aseguran o refuerza la cohesión textual.

Gramática que cohesiona

Muchos elementos gramaticales de la lengua tienen una finalidad puramente cohesiva. Por
ejemplo, los deícticos.
Los deícticos son formas del lenguaje que no tienen un significado estable sino que remiten a:

Una situación extralingüística: por ejemplo, yo remite a quien habla. Otros deícticos
extratextuales son aquí, eso, aquello, etc.
Otras formas textuales: por ejemplo, en María está cansada: ella trabajó intensamente esta
semana, ella remite a una palabra anterior del texto María.

Los deícticos textuales pueden señalar una forma que está más atrás o más adelante en el
discurso. En el primer caso, se llaman anáforas, por ejemplo: Nos encontramos en la feria, y
ahí sucedió todo. La única manera de entender el significado de ahí es buscar hacia atrás, en el
texto, una palabra que indique lugar: la feria. Las catáforas remiten a significados que están
disponibles más adelante: por ejemplo, Me dijo lo siguiente: que no pensaba colaborar. Solo
comprendemos qué significa lo siguiente cuando avanzamos en el texto.
Además de los pronombres y de algunos adverbios, existen palabras de significado muy amplio
que se usan como “comodines”, es decir, como sustitutos de términos de significado preciso.
Por ejemplo, el verbo “hacer” (le dije que esperara, pero no lo hizo) y el sustantivo “cosa”,
como en texto de Clarice Lispector.

20
Busquen ejemplos de deixis en el texto. Para los deícticos textuales, indiquen si son
anáforas o catáforas.

Apenas salgo de la ciudad me doy cuenta de que ha oscurecido. Enciendo los faros. Estoy yendo
en coche de A a B por una autovía de tres carriles, de ésas con un carril central para pasar a los
otros coches en las dos direcciones. He subido al coche inmediatamente después de pelearme
por teléfono con Y. Yo vivo en A, Y vive en B. No tenía previsto ir a verla esta noche. Pero en
nuestra cotidiana charla telefónica nos dijimos cosas muy graves; al final, llevado por el
resentimiento, dije a Y que quería romper nuestra relación; Y respondió que no le importaba,
que telefonearía en seguida a Z, mi rival.
Ítalo Calvino, La aventura de un automovilista (fragmento)

La elipsis también ayuda a la cohesión textual. Se trata de la supresión de algún elemento léxico
del enunciado –palabras, frases, clausulas u oraciones- sin que se altere su sentido. Dado que la
elipsis se deduce lógicamente de la información recedente, el autor puede quitar estos elementos
para evitar repeticiones. Dependiendo del elemento elidido, la elipsis se clasifica en:

NOMINAL En "nunca me habían disfrazado" se elide "ellos",


porque el lector puede reponerlo a partir del contexto.

VERBAL En el caso de "No, no del último carnaval", se elide el


verbo "ser".

Relean los textos “Las figuritas de Federico”, de Guillermo Saccomanno” y “La fiesta ajena”,
de Liliana Hecker e indiquen qué elementos nominales o verbales están elididos.

Semántica que cohesiona

En todo texto cohesionado, los términos se agrupan semánticamente en función de sus


similitudes o diferencias. Existe un conjunto de recursos cohesivos mediante los cuales
logramos tales relaciones. Por ejemplo:

Repetición: siempre que no se abuse del recurso, la repetición literal de las palabras le da
cohesión al texto. Por ejemplo, carril y coche en el texto de Calvino: “Estoy yendo en coche de
A a B por una autovía de tres carriles…”

21
Sinonimia: En toras ocasiones, en lugar de repetir literalmente una palabra, se utiliza un
sinónimo, un antónimo negado, un hiperónimo, una paráfrasis u otros mecanismos para
mantener el significado y cambiar el modo de expresarlo. Por ejemplo, fiesta y carnaval.
Familia de palabras: es muy probable que en el texto aparezcan palabras de la misma familia,
derivadas de la misma raíz. Por ejemplo, teléfono y telefonear.
Campos semánticos o isotopía: también se espera que un texto cohesionado presente diversos
términos en torno a un mismo campo semántico. Por ejemplo, en el texto de Lispector, aparecen
palabras vinculadas con lo festivo: serpentina, confeti, disfraz, baile, divertirse, etc.

En grupos de 3 ó 4 personas, elijan uno de los cuentos de esta unidad y analicen su grado
de cohesión ( presten atención a los recursos cohesivos). Expongan frente a la clase.

Conejo, Abelardo Castillo


Y cualquiera que escandalizare a uno de estos
pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le
colgase al cuello una piedra de molino de asno, y
se le anegase en el profundo de la mar.
MATEO, XVIII: 6

No va a venir. Son mentiras lo de la enfermedad y que va a tardar unos meses; eso me lo dijo tía,
pero yo sé que no va a venir. A vos te lo puedo decir porque vos entendés las cosas. Siempre
entendiste las cosas. Al principio me parecía que eras como un tren o como los patines, un juguete,
digo, y a lo mejor ni siquiera tan bueno como los patines, que un conejo de trapo al final es
parecido a las muñecas, que son para las chicas. Pero vos no. Vos sos el mejor conejo del mundo,
y mucho mejor que los patines. Y las muñecas tienen esos cachetes colorados, redondos. Caras
de bobas, eso es lo que tienen.

A mí no me importa si no está. Qué me importa a mí. Y no me vine a este rincón porque


estoy triste, me vine porque ellos andan atrás de uno, querés esto y qué querés nene y puro
acariciar, como cuando te enfermas y andan tocándote la frente, que parece que los tíos y los
demás están para cuando uno se enferma y entonces todo el mundo te quiere. Por eso me vine, y
por el estúpido del Julio, el anteojudo ese, que porque tiene once años y usa anteojos se cree
muy vivo, y es un pavo que no ve de acá a la puerta y encima siempre anda pegando. Se ríe
porque juego con vos, mírenlo, dice, miren al nenito jugando al arrorró. Qué sabe él. Los
grandes también pegan. Las madres, sobre todo. Claro que a todos los chicos les pegan y eso no
quiere decir nada, pero igual, por qué tienen que andar pegando siempre. Vos, por ahí, vas lo
más tranquilo y les decís mira lo que hice, creyendo que está bien, y paf, un cachetazo. Ni te
explican ni nada. Y otras veces puro mimo, como ahora, o como cuando te hacen un regalo
porque les conviene, aunque no sea Reyes o el cumpleaños.

Yo me acuerdo cuando ella te trajo. Al principio eras casi tan alto como yo, y eras blanco, más
blanco que ahora porque ahora estás sucio, pero igual sos el mejor conejo de todos, porque
entendés las cosas. Y cómo te trajo también me acuerdo, toma, me dijo, lo compré en Olavarría.
El primo Juan Carlos que vive en Olavarría a mí nunca me gustó mucho: los bigotes esos que
tiene, y además no es un primo como el Julio, por ejemplo, que apenas es más grande que yo. Es
de esos primos de los padres de uno, que uno nunca sabe si son tíos o qué. Era una caja grande,
y yo pensaba que sería un regalo extraordinario, algo con motor, como el avión del rusito o una
cosa así. Pero era liviano y cuando lo desaté estabas vos adentro, entre los papeles. A mí no me
gustaba un conejo. Y ella me dijo por qué me quedaba así, como el bobo que era, y yo le dije

22
esto no me gusta para nada a mí, mira la cabeza que tiene. Entonces dijo desagradecido igual
que tu padre.

Después, cuando papá vino del trabajo, todavía seguía enojada y eso que había estado un mes
en Olavarría, lejos de papá, y que papá siempre me dice escribile a tu madre que la extrañamos
mucho y que venga pronto, pero es él el que más la extraña, me parece. Y esa noche se
pelearon. Siempre se pelean, bueno: papá no, él no dice nada y se viene conmigo a la puerta o a
la placita Martín Fierro que papá me dijo que era un gaucho. A papá tampoco le gustó nunca el
primo Juan Carlos. Y yo no te llevo a la placita, pero porque tengo miedo que los chicos se rían.
Ellos qué saben cómo sos vos. No tienen la culpa, claro, hay que conocerte. Yo, al principio,
también me creía que eras un juguete como los caballos de madera, o los perros, que no son los
mejores juguetes. Pero después no, después me di cuenta que eras como Pinocho, el que contó
mamá. Ella contaba cuentos, a la mañana sobre todo, que es cuando nunca está enojada. Y al
final vos y yo terminamos amigos, mejor que con los amigos de verdad, los chicos del barrio
digo, que si uno no sabe jugar a la pelota en seguida te andan gritando patadura, anda al arco
querés, y malas palabras y hasta delante de las chicas te gritan, que es lo peor. Una vez me
dijeron por qué no traes a tu hermanito para que atajen juntos, y se reían. Por vos me lo dijeron,
por los dientes míos que se parecen a los tuyos. Me parece que te trajeron a propósito a vos, por
los dientes.

Ellos vinieron todos, como cuando la pulmonía. Y puro hacer caricias ahora, se piensan que
uno es un nenito o un zonzo. O a lo mejor saben que sé, igual que con los Reyes y todo eso, que
todo el mundo pone cara de no saber y es como un juego. Y aunque el Julio no me hubiera
dicho nada era lo mismo, pero el Julio, la basura esa, para qué tenía que venir a decirme. Era
preferible que insultara o anduviera buscando camorra como siempre y no que viniera a decir
esa porquería. Si yo ya me había dado cuenta lo mismo. Papá está así, que parece borracho, y
dice hacerme esto a mí. Y ellos le piden que se calme, que yo lo estoy mirando. Entonces me
vine, para hablar con vos que lo entendés a uno y sos casi mucho mejor que el tren y ni por un
avión como el del rusito te cambiaba, que si llegan a imaginar que yo te iba a querer tanto no te
traen de regalo, no. Y nadie va a llorar como una nena porque ella está enferma y no puede
volver por un tiempo. Y si son mentiras mejor. Oscarcito tampoco lloraba. Ese día también
había venido mucha gente, pero era distinto. En la sala grande había un cajón de muerto para la
mamá de Oscarcito. Estaba blanca. Oscarcito parecía no entender nada, nos miraba a todos los
chicos, pero no lloró, le decían que la mamá de él estaba en el cielo. Y esto es distinto. Mi
mamá no está en el cielo, en Olavarría está. El Julio, la basura esa de porquería me lo dijo, pero
a lo mejor se fue enferma a algún otro lado y por qué no puede ser. Todos lo dicen. Todos
menos el primo Juan Carlos, que tampoco está. Y mejor si no está, que a mí no me gustó nunca
por más que ella dijera tenés que quererlo mucho, y una vez que yo fui a Olavarría no los dejaba
que se quedaran solos. Andá a jugar al patio, siempre querían que me fuera a jugar al patio: ella
también. Y después puro regalar conejos, sí. Se creen que uno no se da cuenta, como ahora, que
si estuviera enferma no sé para qué lo andan aconsejando a papá y él me mira, y se queda
mirándome y me dice hijo, hijo. Y a veces me dan ganas de contestarle alguna cosa, pero no me
sale nada, porque es como un nudo. Por eso me vine. Y no para llorar tranquilo sin que me vean.
Me vine porque sí, para hablar con vos que lo entendés a uno, y sos el mejor conejo de todos, el
mejor del mundo con esas orejas largas, y dos dientes para afuera, como yo cuando me río.

Me parece que no me voy a reír nunca más en la vida yo. Eso es lo que me parece.

Y al final a nadie se le importa un pito de los dientes, porque yo te quiero lo mismo y te quiero
porque sí, porque se me antoja. No porque ella te trajo y mejor si no va a volver. Ojalá se muera.
Y lo que estoy viendo es que esa cabeza, que tenés no es nada linda, no, y si quiero vamos a ver
si no te tiro a la basura, que al final de cuentas nunca me gustaste para nada vos. Y lo que vas a
ganar es que te voy a romper todo, los dientes, y las orejas, y esos ojos de vidrio colorado como
los estúpidos, así, sin que me dé ninguna gana de llorar ni nada, por más que te arranque el

23
brazo y te escupa todo, y vos te crees que estoy llorando, pero no lloro, aunque te patee por el
suelo, así, aunque se te salga todo el aserrín por la barriga y te quede la cabeza colgando, que
para eso tengo el tren y los patines y...

Trabajo Práctico . Conejo

Consignas de comprensión lectora

El soliloquio es un discurso ininterrumpido (es decir, no apela ni permite que un


interlocutor participe o responda) que transmite pensamientos o emociones. Se trata de
una declamación subjetiva y de valor psicológico ya que permite acceder al interior del
sujeto en cuestión.

ACTIVIDADES:

1- ¿Cuál es la clase de narrador? Fundamenta con una cita del cuento.

2- Este cuento tiene un receptor ficcional (dentro del cuento), por lo que el narrador tiene
muchos pasajes en segunda persona. Demuestra con citas del cuento.

3- Encuentra ejemplos de deícticos, referencia anafórica y catafórica, elipsis nominal/verbal,


sinonimia, isotopía.

4- Describe la relación con el padre del narrador.

5- Realiza lo mismo con la madre.

6- ¿Qué es el acto ficcional?

7- ¿Define la situación inicial, el conflicto, la resolución, y la situación final.

8- Qué interpretación podés hacer con respecto al epígrafe y su relación con el cuento?

9- Define el tipo de narrador y clasifica los personajes. ¿Cuáles son los otros dos tipos de
narradores? Defínelos.

10. ¿Por qué este cuento es realista y no una leyenda?

ACTIVIDAD: ESCRITURA INDIVIDUAL: Te propongo las siguientes posibilidades, entre


ellas elige una.

A) describir un objeto o un juguete de tu infancia que recuerdes con cariño. Podés usar también
la idea del rechazo hacia ese objeto del pasado

B) describir el momento en el que recibiste un juguete muy esperado. No olvides incluir tus
sentimientos, imágenes sensoriales, quién o quienes participarán de ese cuento

C) describe un momento de la infancia real/ ficcional en donde se escuchen fragmentos,


palabras sueltas o actitudes que se refieran a una discusión entre adultos contados desde
perspectiva de un niño

24
Papá Noel duerme en casa, Samanta Schweblin

La navidad en que Papá Noel pasó la noche en casa fue la última vez que estuvimos todos
juntos; después de esa noche papá y mamá terminaron de pelearse, aunque no creo que Papá
Noel haya tenido nada que ver con eso. Papá había vendido su auto unos meses atrás porque
había perdido el trabajo, y aunque mamá no estuvo de acuerdo, él dijo que un buen árbol de
navidad era importante esa vez, y compró uno de todas formas. Yo había pedido de regalo un
coche a control remoto. Había escrito mi carta y papá me había llevado hasta el correo para
enviarla. Y le dijo al tipo de la ventanilla:
—Se la enviamos a Papá Noel. —Y le pasó el sobre.
El tipo de la ventanilla tomó la carta, la miró y dijo:
—Falta el código postal.
—Usted sabe que la dirección de Papá Noel no tiene código postal —dijo papá.
—Sin código postal no sale —dijo el tipo, y llamó al siguiente.
Y entonces papá trepó el mostrador, agarró al tipo del cuello de la camisa, y la carta salió.
Por eso yo estaba preocupado ese día, porque no sabía si la carta le había llegado o no a Papá
Noel.
Además no podíamos contar con mamá desde hacía casi dos meses, y eso también me
preocupaba, porque la que siempre estaba en todo era mamá, y las cosas salían bien entonces.
Pero un día dejó de preocuparse, así nomás, de un día para el otro. La vieron algunos médicos,
papá siempre la acompañaba y yo me quedaba en la casa de Marcela, que es nuestra vecina.
Pero mamá no mejoró. Marcela me explicó que mamá simplemente había dejado de creer en las
cosas, que eso era estar «deprimido», y te quitaba las ganas de todo, y tardaba en irse.
Mamá no iba más a trabajar ni se juntaba con amigas ni hablaba por teléfono con la abuela. Se
sentaba con su bata frente al televisor, y hacía zapping toda la mañana, toda la tarde y toda la
noche. Yo era el encargado de darle de comer. Marcela dejaba comida hecha en el freezer con
las porciones marcadas. La descongelaba en el microondas y se la alcanzaba en una bandeja,
con el vaso de agua y los cubiertos. Mamá decía:
—Gracias mi amor, no tomes frío. —Lo decía sin mirarme, sin perder de vista lo que sucedía en
el televisor.
Marcela y papá se hicieron muy amigos, y algunas noches papá se quedaba con ella en la casa
de al lado, jugando al póquer, y a mamá y a mí nos costaba dormirnos sin él en la casa; nos
cruzábamos en el baño y entonces mamá decía:
—Cuidado mi amor, no tomes frío. —Y volvía frente al televisor.
Muchas tardes Marcela estaba en casa; eran las tardes en que cocinaba para nosotros y ordenaba
un poco. No sé por qué lo hacía. Supongo que papá le pediría ayuda y como ella era su amiga se
sentía en la obligación, porque la verdad es que no se la veía muy contenta. Un par de veces le
apagó el televisor a mamá, se sentó frente a ella y le dijo:
—Julia, tenemos que hablar, esto no puede seguir así…
Le decía que tenía que cambiar de actitud, que así no llegaría a ningún lado, que ella ya no
podía seguir ocupándose de todo, que tenía que reaccionar y tomar una decisión o terminaría por
arruinarnos la vida. Pero mamá nunca contestaba.
Después llegó navidad. Marcela hizo su pollo al horno con verduras horribles pero como era una
noche especial me preparó además papas fritas. Papá le pidió a mamá que dejara el sillón y
cenara con nosotros. La movió cuidadosamente hasta la mesa —Marcela la había preparado con
un mantel rojo, velas verdes y los platos que usamos para las visitas—, la sentó en una de las
cabeceras y se alejó unos pasos hacia atrás, sin dejar de mirarla; supongo que pensó que podía
funcionar, pero en cuanto él estuvo lo suficientemente lejos ella se levantó y volvió a su sillón.
Así que mudamos las cosas a la mesa ratonera del living y comimos ahí con ella. La tele estaba
prendida, por supuesto. Yo estaba nervioso y miraba todo el tiempo el árbol de navidad porque
ya iban a ser las doce y quería mi auto. Entonces mamá señaló el televisor. Fue como ver
moverse un mueble. Papá y Marcela se miraron. En la tele Papá Noel estaba sentado en el living
de una casa, con una mano abrazaba a un chico sentado sobre sus piernas. Papá Noel te miraba y
decía:

25
—… y cuando vuelvo del trabajo solo quiero estar con mi familia. —Y un logo de café aparecía
en la pantalla.
Mamá se puso a llorar. Marcela me tomó de la mano y me dijo que subiera al cuarto, pero yo me
negué. Volvió a decírmelo, esta vez con el tono impaciente con el que le habla a mamá, pero
nada iba a alejarme esa noche del árbol. Papá quiso apagar el televisor y mamá empezó a luchar
con él como una nena. Sonó el timbre y yo dije:
—Es Papá Noel. —Y Marcela me dio una cachetada y entonces papá empezó a pelear con
Marcela y mamá encendió otra vez el televisor, pero Papá Noel ya no estaba en ningún canal. El
timbre volvió a sonar y papá dijo:
—¿Quién es?
El timbre sonó otra vez muchas veces seguidas, y entonces papá se cansó, fue hasta la puerta y
cuando la abrió vio que era Papá Noel. No era tan gordo como en televisión y se lo veía
cansado, no podía mantenerse de pie y se apoyaba un momento de un lado de la puerta, otro
momento del otro.
—¿Qué quiere? —dijo papá.
—Soy Papá Noel —dijo Papá Noel.
—Y yo soy Blanca Nieves —dijo papá y le cerró la puerta. Entonces mamá se levantó, corrió
hasta la puerta, la abrió y Papá Noel todavía estaba ahí, tratando de sostenerse, y lo abrazó. A
papá le agarró un ataque:
—¿Éste es el tipo, Julia? —le gritó a mamá. Y mamá le dijo a Papá Noel:
—Bruno, no puedo vivir sin vos.
Papá logró separarlos y le dio a Papá Noel una trompada y Papá Noel cayó para atrás y quedó
seco sobre la entrada. Mamá empezó a gritar como loca. Yo estaba triste por lo que le estaba
pasando a Papá Noel, y porque todo esto atrasaba lo del auto, aunque por otro lado me alegraba
ver a mamá otra vez en movimiento.
Mamá le dijo a papá que si él era tan feliz con su amiga por qué ella no podía ser amiga de Papá
Noel, cosa que a mí me pareció lógico. Y entonces papá otra vez empezó a decirle de todo y
mamá a gritar. Marcela decía cálmense, entremos, por favor, pero nadie la escuchaba. Papá
Noel se llevó la mano a la nuca y vio que le sangraba. Escupió a papá. Mamá le dio a Papá Noel
la mano, lo hizo entrar a la casa, se lo llevó a su cuarto y se encerró.
Papá se quedó como congelado, y en cuanto reaccionó se dio cuenta que yo todavía seguía ahí y
me mandó furioso a la cama. Sabía que no estaba en condiciones de discutir; me fui al cuarto sin
navidad y sin regalo. Esperé acostado a que todo quedara en silencio. No tendría mi auto a
control remoto, eso estaba clarísimo, pero Papá Noel dormía en casa esa noche y eso me
aseguraba un año mejor.

Trabajo Práctico . Papá Noel duerme en casa

Actividades

1 ¿Qué tipo de narrador cuenta este relato? ¿Qué otros tipos de narradores conoces y cuáles son
sus diferencias?

2 Clasifica los personajes. ¿Qué diferencias hay entre ellos?

3 Define la situación inicial, conflicto, resolución, y situación final.

4 ¿Por qué este relato es un cuento realista y no una leyenda?

5 Este relato comienza in media res. ¿Para qué?

6. Si adataras este cuento a formato historieta, qué núcleos narrativos elegirías para dibujar.
Menciona 5.

26
7. Dibuja una viñeta donde aparezca la voz del narrador, de los personajes, y alguna onomatopeya.

8. ¿Por qué este relato es ficcional?

9. ¿Qué es el pacto ficcional?

10. Encuentra ejemplos de deícticos, referencias anafórica y catafórica, elipsis nominal/verbal,


sinonimia, isotopía.

ACTIVIDAD: ESCRITURA INDIVIDUAL: Describe qué representa papá Noel para cada
uno de los personajes (la madre, el hijo, el padre). Justifica y da ejemplos citando frases del
cuento.

Aquí se respira bien, Mario Benedetti


-¿Nos sentamos en éste? -pregunta el Viejo.
-Mejor aquél. Tiene más sombra.
Por más que nadie intenta arrebatárselo, Gustavo se cree obligado a correr para asegurarse el
usufructo del banco. El padre llega después, sin apuro, con el saco en el brazo.
-Se respira bien en este rinconcito -dice, y para demostrarlo resopla ostensiblemente. Luego se
acomoda, saca la tabaquera y arma un cigarrillo entre las piernas abiertas.
A las diez de la mañana de un miércoles, el Prado está tranquilo. Tranquilo y desierto. Hay
momentos tan calmos que el ruido más cercano es el galope metálico de un tranvía de Millán.
Luego un viento cordial hace cabecear dos pinos gemelos y arrastra algunas hojas sobre el
césped soleado. Nada más. ¿Cuándo empezás a trabajar? -Mañana. El padre humedece la hojilla
y sonríe para sí mismo, distraído.
-Si estuvieras siempre en casa… como estos días…
-¿Te gustaría estar con el Viejo, eh?
Gustavo recoge como un premio el tono de camaradería. Una bocanada de ternura lo obliga a
decir algo, cualquier cosa.
-¿Qué hacés en la oficina?
-Y… trabajo.
-Pero… ¿en qué trabajás?
-Informo expedientes, firmo resoluciones. Por un instante, Gustavo imagina a su padre trepado
en un alto pupitre, firmando resoluciones, informando expedientes, todos voluminosos como la
Historia Sagrada. Pero en seguida acomoda la imagen en su modesta realidad.
-Entonces… ¿sos un jefe?
-Claro.
El muchacho se echa hacia atrás, con las manos en la cintura, recorriendo posesivamente el
cinturón de elástico azul. A menudo el Viejo le trae regalitos. Siempre adivina cuál es la
menudencia que él desea con máximo fervor.
-Cuando pase el examen de ingreso, podría entrar en tu oficina.
El padre ríe, complacido.
-Estás loco. A tu edad no se puede. Y además, yo quiero que estudies.
El Viejo mira los pinos gemelos y echa humo por la nariz. Gustavo sabe con absoluta precisión
qué se espera de él.
-¿Qué materia te gusta más?
-Historia.
Mentira. Le gustan las cuentas. Pero confesarlo equivale a seguir Arquitectura. O Ingeniería,
como le pasó al hermano del Tito.
-No hay ninguna carrera que se base en la Historia.
-Por eso mismo… lo mejor será que me emplee en tu oficina.
El padre suelta una carcajada. Evidentemente está encantado con la maniobra.
-Así que Historia, ¿eh … ? Si no supiera que multiplicás y dividís como una maquinita…

27
Gustavo se pone colorado. No le hace gracia el elogio. Él quiere entrar en la oficina, colocarse
junto al enorme pupitre del padre, alcanzarle los expedientes para que los autorice y pasar el
secante sobre la firma.
-No te recomiendo la oficina -dice el Viejo, que después de muchas maniobras ha conseguido
escupir una hebra de tabaco.
Al final del camino, hamacándose lentamente como un pato, ha aparecido un hombre de oscuro,
un importuno.
-Mamá dijo una vez que no vale la pena estudiar.
-Tu madre, la pobre, está cansada y a veces no sabe lo que dice. -Pero…
-En cambio vos no estás cansado y a mí no me gusta oírte hablar así.
El padre se ha puesto serio y Gustavo se siente disminuido. El hombre-pato ahora está cerca y
se ha detenido a observar una araucaria.
-¿Y no podría ser… que estudiase… y además… trabajase contigo?
-¿Y no podría ser -parodia deliberadamente el Viejo- que te quedaras tranquilo? Total… sólo
tenemos ocho años más para pensarlo.
Gustavo sabe que, como siempre, el padre está en lo cierto. Tiene la sensación de que está
representando el papel del tonto. Sin embargo, ahora también el padre sonríe, comprensivo.
Sonríe con sus labios delgados y también con sus ojos grises, bondadosos.
El hombre-pato se ha detenido frente a ellos.
-Hola -dice.
-Hola -dice el Viejo, que no lo había visto acercarse. -¿Así que éste es su chico? -Sí.
Evidentemente, el Viejo está molesto. El hombre-pato tiene ojos mezquinos. Le tiende a
Gustavo su mano pegajosa.
-Mire qué casualidad encontrarlo aquí… ¿Está de licencia?
-Sí.
-Yo tenía que cobrar unas cuentitas por Larrañaga, pero el sol está tan agradable, que me decidí
a cruzar por este lado.
-Cierto, aquí se respira bien -comenta el Viejo, por decir algo. También Gustavo está incómodo.
Daría cualquier cosa para que el tipo se esfumase. Pero no, se ha establecido. Gustavo se fija en
los detalles. Del bolsillo del saco le asoma un pañuelo que debiera ser blanco. El pantalón tiene
sobre la rodilla un zurcido grosero y evidente. ¿Y cuándo vuelve?
-Mañana.
-Bueno, entonces iré a verlo.
El padre se agita. Tira el cigarrillo y lo aplasta con el zapato. De pronto hace un gesto raro,
como señalando al chico. Gustavo no entiende el ademán, pero comprende perfectamente que el
padre está molesto. El tipo, en cambio, no ve nada.
-Tengo que llevarle un regalito… ¿eh…?
Para que camine aquella orden de pago…
Ahora el padre hace un gesto desesperado.
-Mañana hablamos. Mañana.
Gustavo siente que se le va la cabeza, pero tiene una horrible curiosidad. Una vez le había dado
al pecoso Farías un rabioso puñetazo en la nariz, sólo porque había dicho: “Anoche en la cena,
papá dijo que tu viejo es buena pieza”.
-Si no recuerdo mal, es un papelito de cien…. ¿qué le parece? -Mañana hablamos. Mañana.
Gustavo nota que el padre ha envejecido diez años. Se ha puesto otra vez el saco, ha juntado las
piernas y está doblado hacia adelante.
Al fin, el tipo ha comprendido a medias.
-Bueno, me voy. Adiós amigo.
El Viejo no responde. Gustavo toca apenas la mano blanda y pegajosa. El hombre-pato se aleja,
hamacándose lentamente, disfrutando del sol. Atrás, le cuelga el forro descosido del saco. Sin
hacer un gesto, el padre se levanta y empieza a caminar en dirección opuesta a la del tipo.
Gustavo siente ahora en su mano la palma seca, rugosa, del Viejo. A veces, la madre le toma el
pelo porque a él todavía le gusta que lo lleven de la mano.

28
Sin levantar la vista, el padre carraspeó, y el muchacho intuye que algo le va a ser explicado.
Quisiera pedir a Dios que algo le sea explicado. -Mejor no le digas a tu madre que encontramos
a éste…
-No -dice Gustavo.
Aún no sabe exactamente qué le está pasando. Por lo pronto, libera su mano, la mete en el
bolsillo del pantalón y se muerde el labio hasta hacerlo sangrar.

Trabajo práctico. Aquí se respira bien. Guía de análisis.

1. ¿A qué hace alusión el título?

2. ¿Por qué el protagonista se refiere al hombre que encuentran en el Prado como el hombre-
pato?
¿Qué características se mencionan de él? ¿Qué sensación le provoca al conocerlo?

3. Relee el siguiente extracto:


Sin levantar la vista, el padre carraspeó, y el muchacho intuye que algo le va a ser explicado.
Quisiera pedir a Dios que algo le sea explicado. -Mejor no le digas a tu madre que
encontramos a éste… -No -dice Gustavo. Aún no sabe exactamente qué le está pasando. Por lo
pronto, libera su mano, la mete en el bolsillo del pantalón y se muerde el labio hasta hacerlo
sangrar.

a) ¿Qué desea que el padre le explique? ¿Por qué?


b) ¿Por qué suelta la mano de su padre y se muerde el labio hasta sangrar?

4. ¿Cómo ve Gustavo a su padre al principio del relato?

5. ¿Cómo ve Gustavo a su padre hacia el final del relato? ¿Qué motivó este cambio?

6. Según tu opinión, ¿qué tema es el adecuado para este cuento ? Explica el por qué de tu
elección.
:
a) El amor de un hijo a su padre.
b) El despertar de un niño hacia la realidad.
c) La corrupción.
d) La admiración de un hijo a su padre.
e) La caída de un ídolo.
f) La inocencia perdida.
g) El abrupto paso de la niñez a la adultez.
7. Transcribe al menos 5 palabras que conformen una isotopía de lugar

8. Repone los mecanismos de cohesión en juego en las frases/palabras pintadas de rojo.

9. Define tipo de narrador, clasifica los personajes, di por qué este cuento es un texto realista y
no una leyenda, señala 5 núcleos narrativos.

10. Indica cuál es la situación inicial, el conflicto, la resolución, y la situación final.

29

También podría gustarte