Para poder escribir y leer letras del tamaño que este científico propuso, faltaba desarrollar
una tecnología nueva: microscopios con una enorme capacidad de amplificación (véase
recuadro) que detectaran átomos y además pudieran manipular esos átomos.
Unos 15 años después de la plática de Feynman, el científico japonés Norio
Taniguchi introdujo el término "nanotecnología". Feynman enfatizó que las estructuras
pequeñas deben presentar propiedades y fenómenos muy diferentes a los cotidianos,
porque no hay que olvidar que todo lo que sucede en el mundo de lo pequeño pertenece al
reino de la mecánica cuántica; en ese mundo nuestra intuición y experiencia de lo
macroscópico no funcionan.
Para ilustrar lo que significaría un cambio de escala, en su conferencia Feynman
planteó como ejemplo lo que sería escribir toda la Enciclopedia Británica (24 tomos) en la
cabeza de un alfiler. En uno se va de nuestra escala a la escala atómica, quitando átomos
hasta llegar al tamaño deseado, por ejemplo para hacer silicio poroso a partir de una oblea
de silicio. En su libro La nanotecnología: el surgimiento de las máquinas de la creación
(Editorial Gedisa, Barcelona, 1993), Drexler describe cómo construir moléculas manipulando
átomos por medio de máquinas tan pequeñas como los átomos mismos, imitando a las
estructuras vivas que tienen integradas sus instrucciones y "máquinas" de crecimiento. En
el laboratorio del CIE-UNAM se fabrican capas alternadas de silicio poroso con porosidades
diferentes y, por ello, con propiedades físicas distin.
Con sólo una celda electroquímica y una oblea de silicio se producen multicapas de un
material nanométrico.
Las áreas emergentes de ciencia, ingeniería y tecnología en la nanoescala —la capacidad
de trabajar a nivel molecular, átomo por átomo, para crear estructuras con propiedades y
funciones fundamentalmente nuevas— están llevando a un entendimiento y un control sin
precedentes sobre los bloques de construcción básicos de todas las cosas naturales y las
hechas por el hombre.
Al variar la corriente eléctrica se puede modificar la porosidad —la cantidad de orificios— y
por lo tanto el espacio vacío entre las ramas nanométricas de silicio cristalino, lo que hace
que la luz emitida cambie de color.
Lo llaman el problema de los "dedos gordos"; en un nanómetro cabe una decena de
átomos de oxígeno, así que al construir algo de 100 nanómetros no habría espacio para los
"dedos" del nanobot.
En el caso del diamante los átomos forman estructuras tetraedrales, mientras que
en el grafito los átomos se encuentran colocados en las esquinas de hexágonos y forman
capas laminares. Estos nanotubos son redes hexagonales, tipo grafito, y curvadas, de
aproximadamente 200 átomos de carbono; tienen de 30 a 80 nanómetros de diámetro y
longitudes de 250 nanómetros. El adjetivo fotónico se debe a que los fotones son paquetes
de luz, y la luz puede ser atrapada o reflejada completamente en este tipo de
nanoestructuras, como si fueran un espejo perfecto.
Richard Feyman
En 1989, investigadores de la IBM asombraron al mundo colocando 35 átomos del elemento
xenón sobre una superficie de níquel para copiar en nanoescala el logotipo de su compañía.
Este tipo de microscopio de fuerza atómica funciona de manera semejante a cuando
pasamos nuestros dedos sobre una superficie rugosa; lo que sentimos nos permite dar una
descripción de las estructuras que estamos tocando.
Esto significa que cuando es iluminado o cuando pasa por él una corriente eléctrica, emite
luz, en este caso luz visible, lo que no sucede con el silicio cristalino macroscópico. El
silicio, elemento muy abundante en las arenas de nuestro planeta, ha sido el principal
protagonista de la revolución electrónica del siglo XX: es el componente fundamental de
transistores y chips de computadoras, y al parecer también tendrá un importante papel en la
nanotecnología. Fue una sorpresa descubrir que como nanoestructura el silicio poroso es
luminiscente, lo que abre nuevas posibilidades de aplicación de este material en el campo
de la óptica.
Consideren la posibilidad de que también nosotros podamos construir una cosa muy
pequeña y que ésta haga lo que queramos, que podamos fabricar un objeto que maniobre
en ese nivel".
Por ejemplo, un nanorobot podría entrar al cuerpo humano a destruir células cancerosas y
un nanocircuito podría ser el componente principal de un audífono insertado en el oído
humano.
Un átomo mide la décima parte de un nanómetro y para que tengamos una idea de lo que
esto significa, pensemos en las siguientes analogías: si un átomo fuera del tamaño de una
pequeña canica, una molécula compleja sería como del tamaño de uno de nuestros puños.
Otra aplicación es como nanodispositivos electrónicos, por ejemplo puntas para
microscopios de tunelaje (véase recuadro de microscopios).
La posibilidad de construir estructuras diminutas de unos cuantos átomos empieza a
modificar desde las computadoras hasta la atención a la salud. Así, "nanotecnología" hace
referencia al trabajo que se realiza en el rango de 0.1 a 100 nanómetros (un pelo humano
tiene 10 000 nanómetros de ancho).
Los átomos son 10 000 veces más pequeños que una bacteria, y una bacteria es 10 000
veces más pequeña que un mosquito. Iniciativa Nacional de Nanotecnología, EUA
([Link])
Julia Tagueña es investigadora del Centro de Investigación de Energía de la UNAM y
directora de museos en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, también de la
UNAM.
Ese documento fue la clave para que al iniciar este milenio el gobierno de ese país hiciera
una fuerte inversión en la "Iniciativa Nacional de Nanotecnología", que para 2003 podría
alcanzar los 700 millones de dólares.
Este láser amplifica los movimientos nanométricos del brazo, que se mueve sobre la
superficie a observar, y un detector de luz ubica la posición del láser reflejado; con ello se
infiere la forma de la superficie de la nanoestructura. La teoría de la mecánica cuántica, uno
de los grandes triunfos de la física del siglo XX, es la descripción del comportamiento de la
luz y la materia cuando se estudia en la escala atómica. En la microelectrónica se ha
reducido enormemente el tamaño, pero un transistor, por ejemplo, sigue teniendo millones
de átomos y podemos verlo sin necesidad de un microscopio. Así, la oblea se convierte en
silicio poroso, es decir, silicio cristalino agujereado. Feynman señalaba que no hay nada en
las leyes de la física que impida construir estructuras colocando átomo por átomo, en una
forma específica. Las nanoestructuras se miden en nanómetros, una unidad mil veces
menor.
Ambos están compuestos por átomos de carbono, pero la colocación de estos átomos es
muy distinta. La luz de este tipo de láseres es de color azul o violeta y también pueden
emitir en el ultravioleta.
Por primera vez la humanidad colocaba átomos a su gusto.
La capacidad de manipular átomos a voluntad es la base de la nanotecnología y esta
habilidad se ha desarrollado increíblemente en la última década. Un ejemplo natural de lo
que pasa cuando se colocan los mismos átomos en forma diferente es el del grafito y el
diamante. Durante el ataque químico producido de esta manera se crean orificios en la
oblea de silicio, dejando una estructura de ramas con diámetros del orden de nanómetros,
que se asemeja al coral marino. Muchas de estas células son muy chiquitas, pero están
muy activas; fabrican diversas sustancias, andan por ahí, se contonean, y hacen toda clase
de cosas maravillosas, todo en una escala muy pequeña. Las células son muy chiquitas,
pero están muy activas; fabrican diversas sustancias, andan por ahí, se contonean, y hacen
toda clase de cosas maravillosas, todo en una escala muy pequeña. Pero las
nanoestructuras han dado un nuevo giro a estas aplicaciones, y nos acercan a otro de los
planteamientos de Feynman en aquella histórica conferencia de 1959: "Un amigo mío
sugiere una posibilidad muy interesante para máquinas relativamente pequeñas.