0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 146 vistas50 páginasLa Analogia en El Derecho
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ESTUDIOS MONOGRAFICOS
La analogfa en el Derecho (*)
JUAN VALLET DE GOYTISOLO
1, PERSPECTIVA GENERAL DE LA ANALOGIA
La palabra analogfa —como tantas otras empleadas jurfdicamen-
te— no ha sido acufiada en el Ambito del derecho. Como es bien sabi-
do, tiene un marco de aplicacién mucho més amplio. Tanto que aleanza
el ser de los entes.
FERRATER MORA (1) recoge, en términos muy generales, dos
perspectivas de lo que es la analogia:
— Una la entiende como correlacién entre los términos de dos 0
varios sistemas u 6rdenes, indicativa de que existe una relacién entre
cada uno de los términos de uno y otro sistema. De ese modo, expresa
la proporcién existente entre esos términos, que puede ser entendida
cuantitativa o tipolégicamente.
— Otra la observa como semejanza de una cosa con otra, por la
similitud que ofrecen unos caracteres o funciones con otros, compor-
tando la atribucién de los mismos predicados a diversos objetos -no
como una determinacién unfvoca de esos objetos sino como expresién
de una correspondencia, semejanza o correlaci6n establecida entre
ellos. Pero —como advierte el propio FERRATER—, atin aplicada a
las cosas y no a relaciones, la analogfa «parece referirse a las propor-
ciones y jamds a las semejanzas en sentido estricto».
(*) Este estudio es un extracto de los apartados 178 a 182 de la obra del autor de
este articulo, Metodologia de ta determinaciin del derecho, It, Parte sistematica, pen-
diente de publicacién,
(1) José FERRATER MRA, Diccionario de filosofia, vol I, vox «Analogta», Cfr: ed.
Barcelona, Circulo de Lectores, 1991, pp. 147 y ss.1040 Juan Valter de Goytisola
mera de estas concepciones fue aplicada por los mateméaticos
intidades, magnitudes y relaciones entre puntos del espacio.
PLATON la aplicé a ciertas realidades, haciendo comparaciones
entre ellas: Como [a hizo, v. gr., entre el bien con el Sol. DIONISIO
AREOPAGITA utilizé la nocién de analogia en el problema del acceso
inteligible a Dios 0 a la bondad perfecta.
ARISTOTELES plante6 la «analogia del ente», aplicdndole la doc-
trina de «la igualdad de razén» en orden a los problemas ontoldgicos.
En la época moderna —segtin dice FERRATER MORA (2)— la
analogia se ha entendido de modos relativamente vagos, en la similitud
de relaciones entre términos abstractos 0 en la semejanza entre cosas;
y No siempre se ha distinguido bien entre una comprensi6n analdgica y
una metdfora. Pero, generalmente, se ha entendido que designa un
modo de razonamiento fundado en algun tipo de semejanza.
MARIA JOSE FALCON, en su excelente monografia acerca de la
argumentaci6n analégica en e} derecho (3), enumera, en lineas generales,
los siguientes aspectos en que se emplea la palabra analogfa: vulgar o
vago, como parecido mas o menos lejano; matemdtico, de proporcién; fi-
losdfico, en sus diversos sentidos; ldgico; metafisico, referente a sus funda-
mentos ontoldgicos y a su realizacién en las cosas; psicoldgico;
criterioldgico, que trata de alcanzar lo supraexperimental; y jurfdico.
Sin embargo, ya en Grecia fue utilizada para razonar en un «procedi-
mMiento por semejanza», que corresponde a lo que hoy se denomina pro-
cedimiento analdgico. En este aspecto, se han confrontado las posiciones
adoptadas por SOCRATES, por PLATON y por ARISTOTELES.
En un interesante studio de la analogia en la evolucién de la légica
griega, ERHARD-WOLFRAM PLATZECK (4) efectu6 una triparti-
cin, que convirtid en cuatriparticion, de la analogia segtin fue conce-
bida por los griegos desde los presocraticos hasta ARISTOTELES.
a) La presocrdtica, que es meramente intuitiva y comparativa.
b) La de SOCRATES, que parte de la semejanza entre dos o mas
topoi, relaciones analogadas, de las cuales por induccién se llega al
Jogos analogante (5). Asi se produce una relacién triangular, cuyo vér-
tice superior es esa razén analogante del tertiun comparationis. Sin
embargo, cabe asf que la semejanza se tome en un sentido tan amplio,
que, por ella, partiendo de una semejanza solamente formal o bien muy
(2) J. FerRater Mora, foc. ult cit. pp. 149 y ss,
(3) Maria Jost Fatcon Te
Madrid, Civitas, 1991, pp. 44 y ss
(4) ERHARD WOLFRAM PLATZECK, La evolucidn de la ligica griega en el aspecto
especial de la analugta (desde la épaca de tos presocriticos hasta Aristételes). Barce-
fona. [Link].. 1954.
(5) tbid.. Ht, 2. pp. 36 y ss.
LA. El argumento analégico en et derecho, 1. It, 2.La analagia en el Derecho 1041
lejana, se hallen relaciones de analogia que sdlo son accidentalmente
externas, entre dos o mds cosas individuales. (6)
c) Lade PLATON, quien partiendo de que el analogante se halla
en las ideas de nuestra mente (7), combinarfa el aspecto cwalitativo, ob-
servado por SOCRATES, con el cuantitativo, que tomé de los pitagéricos.
Si el quale, es decir el si 0 no del juicio, asciende a la semejanza 0 a la de-
semejanza de las razones, el quantum se proyecta deductivamente en el
cardcter subalterno de las razones inductivo-particulares respecto del
analogante. En esta perspectiva de PLATON, el conjunto de todos los
analogantes forma «una sola pirdmide espiritual» de «comunicacién
de ideas», con funciones de conjuncién, disyuncién y negacién. De ese
modo, «las relaciones particulares en una analogfa, se conjuntan», y
esa conjuncién es proyectada desde un mismo analogante superior,
mientras que éste descendentemente se divide y se va diferenciando
separadamente en cada relacién particular (8).
A primera vista, mientras que la analogia socrdtica constituye un
tridngulo, en cuyo vértice se halla el logos analogante, en cambio la
plat6nica forma, aparentemente, un rombo cuyos lados son: dos rela-
ciones inductivo-intuitivas de los analogados con los analogantes, y
dos de semejanza de éstos entre si. Pero, si se profundiza la observa-
cién de la concepcién platénica se percibe que los dos analogantes as-
cienden también, hacia ideas generalisimas, hasta Hegar al logos
trascendental. A la par, desde éste, sucesivamente se desciende a las
ideas generalfsimas y de éstas a las generales, hasta finalmente retornar
alas inducidas, que asf resultan especificamente definidas. Es el méto-
do de la didresis o «division de la idea superior en sus ideas subalternas
hasta llegar a las ideas especialisimas»,
Su ideal consistia en llegar, de esa manera. hasta la divisién ex-
haustiva (9). De tal modo, en la analogia geométrico-platonica, el ter-
tium comparationis de la analogia es un justo medio, en doble sentido
cualitativo y cuantitativo, entre los dos analogantes: el analogante me-
nos general y el mas general. Asi: «El término mayor ya no se toma
como por tertium comparationis, como en el caso de la analogia socra-
tica, sino que —siendo este término mayor, 0 sea el relativamente ma-
ximo, opuesto al mfnimo y particular— se pregunta por un nuevo
vinculo que pueda relacionar los dos contrarios, el mayor y el me-
nor minimo. EI punto fijo de comparacién se traslada desde el logos
analogante» —que, en la analogia socritica, es la relaci6n mayor— «al
centro de la nueva analogia esto es, al término medio» —entre los dos
analogantes—. «Cuando empero este término medio, como nuevo ter-
(6) Ibid. pp. 30 y ss.. y IV. M, pp. 68 y ss.
(2) Ihid.. M2. pp. 51y
(8) Ihid.. 8.3. pp. S4y ss.
9) Mhid., 4, pp. 58 y ss1042 Juan Vallet de Goytisalo
tium comparationis, no es mayor que el término particular, o cuando
no es menor que el término mayor, la funcién transitiva se desvane-
ce» (10).
Ocurre, de esa manera, que, en la concepcién platénica, «el lugar
ontolégico mental de una idea no es sabido por su relacién con el gé-
nero proximo, sino por la distancia respecto del género supremo a tra-
vés de un cierto niimero de subalternaciones» (11).
d) Con ARISTOTELES la analogfa es ademds «una analogia for-
malmente analizada» (12). Pero no es analizada con referencia a las ideas
més generales, como la platénica, sino que el andlisis se efectiia en re-
lacién con Jas cosas analogadas y mediante el arte silogistico, del cual
el propio ESTAGIRITA establecié sus reglas. Entre ellas, principal-
mente, que de dos premisas negativas no se concluye nada, ni tampoco
de dos premisas particulares. Es decir, para ARISTOTELES, el tertium
comparationis no es el de maxima universalidad entre dos relaciones
dadas, ni entre tres términos comparables, sino que puede ser de exten-
sién relativamente minima, pero bajo el aspecto cualitativo de compren-
sin debe estar en el justo medio entre un término mayor y otro menor.
Empero, es necesario que estos dos términos, el mayor y el menor, se
unan en la conclusi6n para formar el juicio consiguiente (13).
PLATZECK (14) lo explica: «Dice el ESTAGIRITA que “la divi-
sién jerérquica a través de los géneros (Anal. Prior., ep. XXXI, 46, a
31-34, 39-46 b) no es sino una pequefia parte de nuestro método. La
didresis (o sea la divisién) aparece como un débil silogismo porque
postula lo que se debe demostrar y establece siempre algo mas general
[que lo que estd en litigio]... Cuando uno quiere constituir un silogismo
demostrativo, es preciso que el término medio sea mds particular y no
més universal que el mayor. Este s6lo ha de unirse con el menor en la
conclusién. La didresis, empero exige lo contrario, pues en ella se toma
como término medio un universal”».
El silogismo aristotélico «se restringe a un campo medio por la ex-
clusién de las cosas individuales y de los aspectos trascendentales»,
pues, ante éstos, el ESTAGIRITA retrocedi6. La induccién tiene
prioridad absoluta en la ciencia humana, y no la deduccién. Por eso
entiende que la exigencia de una ciencia meramente deductiva es
ut6pica, porque la deduccién es posterior a la induccién; por ello la
funcién de aquélla es mas modesta de Jo que piensa generalmente la fi-
losofia (15).
(10) bid.,1V, 2, pp. 73 in fine y ss,
(1) fbid., 3, p. 78.
(12) tbid., Ul, 2, pp. 38 y s.
(13) [bid., 1V, 3, pp. 72y ss.
(14) Ibid. 3, pp. 77 y ss.
(15) Ibid, V, 2, pp. 98 y ss.La analogia en el Derecho 1043
Como los presocraticos, cree ARISTOTELES que las cosas no se de-
jan captar del todo por el rayo de Ia razon humana sino que en ellas se es-
conden muchas realidades (16). De ahf que, en su filosofia realista, el
limite que impone la induccién pone ciertos Ifmites a la didresis compara-
tiva desde las ideas, base de la analogia geométrica de PLATON.
La analogfa también ha sido referida a nombres 0 términos para ob-
servar si, cuando alguno de éstos se refiere a diversas cosas, lo hace de
un modo unfvoco, equivoco o anélogo. Esta concepcién fue utilizada,
en el Bajomedievo, siguiendo a ARISTOTELES, por la escolastica
realista. Fray SANTIAGO RAMIREZ, en su magna obra De analogia
(17), ha efectuado una prodigiosa suma de toda esa labor desarrollada
por la escoldstica acerca de la analogia.
Esta, aunque partfa del nombre, no era una analogfa nominalista
sino realista; pues, a través del nombre, se referfa a la propia cosa de-
signada. El mismo P. RAMIREZ (18) lo explica, con abundantes citas
(en las cuales, para aclararlas, ademas de poner en cursiva las expre-
siones ms significativas, afiade entre corchetes explicaciones que
transcribe de otras frases del mismo autor citado, como las siguientes
de S. ALBERTO MAGNO (Inc. | Ethic Nicom., trac. 5, cap. 2) —«no-
men nihil est aliud implicita definitio, et definitio [realis] est nomi-
nis [seu rei nominatae] per singula explication— y de SANTO
TOMAS (In IV Metha., lect. 19, n.° 1048) —«incipit, enim conitio rel
ab aliquibus signis exterioribus [inter quae est nomen] quibus perveni-
tur ac cognoscendum rei definitionem: quo cum perventum fuerit, he-
betur perfecta cognitio de rei»-
Esta perspectiva la centra indicando (19) que el nombre andlogo es
intermedio entre univoco y equivoco.
Las palabras, un/vocas expresan universales de todos aquellos sin-
gulares de los cuales pueden de un modo idéntico o totalmente seme-
jante predicarse todos y cada uno de unos mismos atributos.
— Equivoco es aquel término general que no significa ningtin uni-
versal —«Non sunt universalia vere dicte, sed apparenter tantum»— por-
que se aplica a todos y cada uno de los términos subordinados con un
sentido completamente distinto. Asf ocurre con las palabras Taurus y
Cancer, que tienen un significado diferente segiin se atribuyan respectiva-
mente a una constelacién, o a un toro o bien a determinada enfermedad.
(16) Ibid, 3. p. 105.
(17)_Iacopus Ramirez, O.P., De ancilogia, en «Opere omnia», vol. tl, Madri
CS.I.C,, Instituto Luis Vives, 1970-1972 (edicién preparada por VICTORINO RODRI-
GuEz. OP).
(18) Ibid., Pars prior: |, 25;
(19) Ibid., 135, pp. 253 y ss
ta p. 273.
ol. 1, pp. 49 y ss.
fr. especialmente el cuadro que expone en1044 Juan Vallet de Goytisolo
— Univoco es el término que se aplica, a todos y cada uno de los su-
bordinados a él, en un sentido totalmente semejante o perfectamente idén-
tico. Asi se dice «sano» tanto de un alimento, como de un rostro.
— Andlogo es el que expresa universales que se aplican a términos
que no son entera y perfectamente idénticos; 0, mds propiamente di-
cho, se aplican en sentido distinto pero semejante desde un determina-
do punto de visto o en una determinada y cierta proporcién. Como
ejemplo, indica el calificativo «despierto» que es adecuadamente apli-
cado a quien no duerme, pero también a quien tiene una inteligencia
viva y no adormilada 0 mortecina. Segtin definis SAN ALBERTO
MAGNO (in I Postanalyticorum, tract II, cap. 13); analogum «no-
men non est simpliciter unum, sed simpliciter est multa et secundum
quid unum». Referida la analogia a razones, éstas son andlogas cuando
resultan proporcionales; segtin dijo CAYETANO (De nominum analo-
giae, cap. 4, 36): «diversarum rationem sunt simpliciter et eiusdem se-
cundum quod, idest secundum proportionem» (20).
En este sentido he recordado varias veces que el genuino sentido de
la palabra «derecho» equivale a «lo que es justo» en concreto, y que
por analogia se ha extendido a la «sentencia», sea 0 no justa, a la ley o
norma de derecho, y a la facultad amparada jurfdicamente, que deno-
minamos derecho subjetivo.
Segtin resume el P. RAMIREZ (21), en la concepcién de SAN AL-
BERTO MAGNO, SANTO TOMAS DE AQUINO y sus seguidores,
«andlogo» puede expresar «quod nomen est unum, ratio vero significa-
ta per nomen est simpliciter diversa et secundum quid eadem». Es de-
cir les une, el porqué, el secundum quid, o sea la raz6n por la cual son
iguales aunque singularmente sean diversos.
La escolastica distinguié tres modos de analogia:
a) Analogia puramente real, que atiende solo al ser, 0 analogia
simple de desigualdad, «en la cual el nombre es comin, y la razén, se-
guin el mismo nombre, le sigue del todo, sea Idgicamente o bien segdin
la intencién; pero es desigualmente participado segtin la esencia del
ser, o bien segiin el ser sea fisico 0 metafisico» (22).
b) Analogia de simple proporcionalidad 0 de andloga proporcién,
que se atribuye a un o varios participantes en comparaci6n a un primero y
principal analogante de quien dimana la cualidad. De ella SANTO TO-
MAS, como ejemplo, pone la cualidad de sano que se halla no sdlo en el
animal denominado sano, sino que, también, se habla de medicina sana,
en cuanto tiene efecto de sanar; de vida sana, en cuanto es conservativa
de la salud, y de orina sana, en cuanto es significativa de salud (23).
(20) Ibid., 178 y 179. p. 331
(21) Ibid., 180. p. 333.
(22) bid., 706. p. 1150.
(23) Mid., 730y s., pp. 1661 y ss.La analogia en et Derecho 1045
c) Analogia de proporcionalidad compuesta 0 comparada 0 ana-
logia de atribucin, que comparara dos entre dos, o varios entre varios;
y es la analogfa que en la justicia distributiva tiene aplicacién para el
Teparto de las cargas y beneficios comunes (24),
2. LA ANALOGIA EN LA INTERPRETACION JURIDICA DESDE
LOS JURISCONSULTOS ROMANOS Y LOS AUTORES DEL SI-
GLO XVI
La analogfa asf como su antipoda, el argumentum a contrario
—como dice KASER (25)—, fueron empleados corrientemente por
los jurisconsultos, ya sea para la indagacidn casuistica del derecho, que
ellos resolvfan en sus responsae, y asi, frecuentemente, la solucién de
un dictamen, antes emitido por ellos, la extendian para la resolucién de
un hecho andlogo en el cual cupiera aducir idénticas razones. Como
explica ALVARO D’ORS (26), cada liber responsorum sirve de pre-
cedente doctrinal ejemplar (exempliun), que tiene mas 0 menos in-
fluencia segtin cual sea la autoridad personal del autor, procediéndose
por via casufstica y progresiva a la extensi6n analégica.
Esa utilizaci6n de la analogfa por los jurisconsultos, la siguieron
después los pretores, que se sirvieron de ella para completar las accio-
nes civiles u honorarias, creando por el edicto otros medios juridicos
andlogos. En cambio, los jueces solamente comenzaron a utilizar la
analogia hacia el final del perfodo clasico. Esto explica, segtin KA-
SER, el retardo de su aplicacién a leyes, edictos, etc.
(24) tbid., 732, pp. 1665 y ss.
(25) MAX KASER, Derecho romano privada, 3. IV. 2, p. 32.
(26) A. D'OR, Derecho privado romano, 31. p. 59
MAnuEt Jess Garcla Garaivo (Derecho privado romano. Acciones, casos, ins-
tituciones, 25, 6.° ed., Madrid, Dykinson 1995, 2.°, p. 126) ha indicado que el ambito
de aplicaci6n de la analogia «es muy amplio y actéa mediante numerosas extensiones
y equiparaciones de los siguientes medios de elaboracién jurisprudencial:
— Decisions sobre casos que se aplican a otros semejantes, sobre todo las que
se refieren a casos guia o tipos.
—_ Reglas juridicas y definiciones.
—_ Instituciones juridicas que se construyen partiendo de las primitivas institu-
ciones del antiguo derecho civil.
—_ Acciones que se sugieren al pretor y que éste incluye en su edicto como ac-
ciones itiles 0 in factum.
«Con el continuo recurso a la analogfa que parte del caso concreto se crean reglas,
instituciones y acciones, a medida que surgen nuevos problemas y es necesario arbitrar
nuevas soluciones jurfdicas».1046 Juan Vallet de Goytisolo
«La analogia —ha escrito JUAN IGLESIAS (26 bis)— es el ins-
trumento de que se vale el jurista para hacer que, sin fractura alguna
del ordo iuris, logren ser atendidas las nuevas demandas sociales. La
analogia, pero sin desmadrarse, sin salirse del centro, sin pecar de ex-
centricidad».
En el Digesto se hallan varios textos en los cuales su autor inter-
preta por analogia de lo dispuesto en leyes o senado-consultos, expre-
sando que el caso debfa resolverse ad similia (27) 0 ex similitudine (28);
pues, ambos tendunt ad eandem utilitate (29) 0 quae quandoque simi-
lis erunt (30).
Dado el realismo de los juristas romanos, la analogia que ellos em-
pleaban se fundamentaba en una rario de similitud de justicia o de uti-
lidad entre el caso ya regulado y el caso objeto de examen.
Los comentaristas, que utilizaron el mos italicus, ademas del influ
jo romano, recibieron el aristotélico. De ese modo no es de extrafiar
que la analogia tuviera, en ellos, estrecha relacién con la naturaleza de
la cosa y con la equidad, aunque esta relacién se observa ya en los til-
timos glosadores. Resumiendo ese pensamiento realista, TOMAS
MIERES (31) escribirfa: «Aequitas est convenientia rerum quae cunc-
ta coequiparat, et in paribus causis paria iura vel indicia coequipa-
rat».
Ya en el siglo XVI, STEPHANUS DE FEDERICIS en la ultima
parte de su Tractatum de interpretatione legum se ocupa de cuando es
posible recurrir a la analogia—«quando in controversia vertitur casus,
qui lege comprehensus esse non dicitur, tamen per similitudinem alte-
rius legis deffinire posse videtur» (32)— y advierte que la palabra «si-
militudo» se entiende de tres modos: uno, que él estima impropio, lo
hace equivalente a identidad; otro, lo identifica con paridad; y el ter-
cero, que considera propio, en el sentido de correspondencia de los ac-
cidentes en las diversas especies (33).
(26 bis) JUAN IGLESIAS, Esencia y consistencia del derecho romano, 3, Labea,
41 (1995), p. 86.
(27) Juuiano, Dig. 1,3, 12.
(28) Marciano, Dig. 36, 1, 64, 3.
(29) ULPIANO, Ibid, 13
30) TeRTULIANO, Id., 27.
GI) T. Mieres, App. If, VIII, II, 39 p. 162.
(32) STEPHANUs DE FEDERICIS, De interpretatione legum in quibus in ipse topica
in suis lici tractatus, Frankfurt 1935 y Colonia 1577, recogida con el solo titulo De in-
terpretatione legum en el Tractatus universale iuris, ed. Colonia 1622, ff. 208, vio, 225
vto., de cuyas paginas LUIS FiGA me ha facilitado fotocopia.
(33) [bid., dltima parte., 9, fol. 222 vio.La analogia en et Derecho 1047
EI BRIXIENSE advierte que la similitud (analogfa) puede resultar
falaz en varios casos, que enumera (34); y concluye que la extensién de
la ley por analogia puede emplearse cuando responda a la equidad,
apoydndo ese criterio con el siguiente argumento: «quod naturalis ra-
tio et aequitas auctoritatem legis habet, ergo multo magis poterit le-
gem extendere ad casum parem subsistente eadem ratione» (35).
Asi en DE FEDERIUS vemos atenuado el voluntarismo. Pero, en
cambio éste lo acentuarfa FRANCISCO SUAREZ.
El DOCTOR EXIMIO, identifica la mens legis con la voluntas le-
gislatoris, asf como la ratio legis con la ratio legislatoris; considera
que la voluntad puede ser més universal que la raz6n y que ésta puede
cesar sin que cese aquélla, ni por tanto la ley. Asf somete la ratio a la
voluntas legislatoris.
Este cambio de postura no pudo menos que afectar a la analogia
juridica y mds atin al ir unido a la consideracién que tuvo de la equidad,
considerandola no aplicable cuando la ley falla «s6lo negativamente»,
y requiriendo, para recurrir a ella, que falle «de una manera contraria»
© que la ley resulte inhumana.
En efecto, si la ratio legis s6lo se subordina a la ratio iuris, como
condicién sine qua non, en caso de resultarle completamente contraria,
pero no es afectada por ésta como condicién per quas, no podré influir
en la interpretacién fuera de los casos en que Ia ley sea irracional. Con
esa pauta de juicio, segtin el DOCTOR EXIMIO (36): «la ley depende
de la voluntad, y la ley puede libremente querer una cosa y no la otra,
aunque en ambas se de una misma raz6n para quererlas; cuando no se
da la dicha conexién, podrd hacerse eso sin injusticia o incluso sin im-
prudencia, pues tal vez no conviene o no es preciso querer todas las co-
sas o dar una misma disposicién para todos los casos que son
semejantes: y cuando no hay desigualdad entre ellos. la elecci6n
es libre también desde el punto de vista de la prudencia, 0 ciertamente
—aunque en la raz6n misma de la ley haya igualdad— esa razén puede
por otras circunstancias mover mds en una materia que en otra».
Estas razones me parecen muy correctas si concretamente son re-
feridas a la determinacién consensual o negocial del derecho, y asim
mo cuando se trata de determinaciones efectuadas por el legislador. En
cambio, si las leyes que contemplamos son conclusiones y, si, entre
partes en discordia, se trata de tomar una decisi6n conflictual, pienso
que el drbitro, juez o tribunal, que haya de adoptarlas debe apurar todas
las razones normativas a fin de sopesar cudl es aquélla que ha sido pon-
derada en la conclusi6n de la ley, atendiendo, sin duda para eso y con
esta perspectiva, a todas las circunstancias del caso.
(34) Ibid. 14,
(35) Ibid., 17 y 18.
(36) FRANCISCO SUAREZ, De legibus y de Deo legislatoris, 6, 3, 20, final.1048 Juan Vallet de Goytisolo
F. SUAREZ pregunt6 si el alcance de la ley puede ampliarse «a un
caso no comprendido en alguno de los significados de las palabras,
s6lo por darse en él una raz6n semejante o la misma». Su respuesta,
que va matizando sucesivamente, parte de que el hecho de que «las pa-
labras (de la ley] sefialen expresamente un caso y nada digan sobre el
otro, indica mas bien que el legislador quiso mandar o prohibir el uno
y no el otro, y esto por la conjetura juridica de que si lo hubiera queri-
do,lo hubiese dicho expresamente». Y, ademas, que «el alcance de la
ley no se debe ampliar pasando por encima de todos sus significados si
no es por necesidad o por una raz6n que fuerce a ello». Rechaza que
esto se de tan solo por «la conjetura basada en la semejanza de raz6n,
que es inconsistente porque nunca puede probarse suficientemente que
la semejanza sea completa, por no estar obligado el legislador a mani-
festar todas las razones que le movieron» (37).
A continuaci6n, expone SUAREZ la opinion de quienes afirman
que la fuerza de la razén de la ley es tan grande que por ella se juzga
que la ley alcanza casos en ella omitidos, si en ellos se da una raz6n
igual aunque no se comprendan en las palabras de la ley (38). En su
respuesta distingue: de una parte, aequalitatem —que otros dice deno-
minan similitudinem (semejanza o analogfa)— de las razones, que
existe cuando las razones son comparables entre si, aunque sean distin-
tas; y, de otra, identitatem, que la hay cuando en materias distintas se
da una misma raz6n (39). Partiendo de esta distincién, responde «que
Ja sola semejanza de la raz6n por equiparacién o equivalencia, pero sin
identidad, no basta para extender la norma de una ley de un caso a otro
semejante», porque —dice— «el vinculo que una ley expresa es mas
fuerte que sdlo la raz6n de semejanza de otra ley» (40).
Sin embargo, distingue la interpretacién comprensiva y la extensi-
va, que él denomina «puramente extensiva», y las diferencia del si-
guiente modo (41):
— «La interpretacién o ampliacién es comprensiva cuando por
ella se declara que tal caso o persona entré en la mente de legislador
aunque éste no lo dijera expresamente».
— _ «Se llama mente o interpretaci6n puramente extensiva aquella por
lacual el alcance de la disposicién de la ley se amplia a un caso que no entr6
en la mente del legislador, y/o por darse semejanza o igualdad de razén».
Esta distincidn entre interpretacién o extensién comprensiva &
interpretacién puramente extensiva, le hizo pensar a CASTAN
G7) Ibid...
(38) Mbid., 2.
39) Mbid., 3.
(40) tWid., 4.
Gl) Wbid.,9.La analogia en el Derecho 1049
TOBENAS (42) que a SUAREZ no le fue absolutamente desconocida
la distincién entre analogia e interpretacién extensiva. Yo pienso que
esa distincién hecha por SUAREZ no respondia sino a su concepcién
voluntarista que identificaba mente y voluntad. De modo tal, distin-
guia la raz6n que estuviera en la mente del legislador pero no se expre-
sara, y aquélla que se extiende més alld de su mente. Y creo que no esta
ahf —como veremos después— la distincidn entre interpretacién ex-
tensiva y analogia.
a) Enel supuesto de la que denomina interpretacién puramente
extensiva, SUAREZ examina especificamente (43) la opinion de aque-
Hos juristas que entendian que a falta de ley se ha de proceder a simili-
bus ad similia, es decit, por analogia; y observa que esto se puede
observar de dos maneras. Una, basindose en la analogfa, como entien-
den la Glosa, las Decretales, SANTO TOMAS DE AQUINO, BALDO
y otros autores. Y otra, apoydndose, ademas, en que alguna otra ley
apruebe esta manera de hacerlo 0, al menos, se puede presumir esa
conformidad del legislador si no consta que su mente fuese contraria
[Curioso rodeo para ajustar la realidad a su opinién].
Examinando la primera de estas dos maneras, requiere para su
aceptacién que, cuando el caso no esté comprendido en las palabras de
la ley, conste «que esa razén es completa y que fue la tinica que movid
al legislador», cosa que —dice— ha de verse «por la materia y circu
tancias y por las palabras de la ley» . E indica que, en general, trat:
dose de extender una ley por su raz6n, «no se deduce que la mente del
legislador fue abarcar algtin caso no suficientemente expresado en las
palabras si no es ampliando el sentido de las palabras en algin signifi-
cado, al menos lato e impropio, o porque fuerce a ello alguna necesi-
dad, por ejemplo, que en otro caso la ley seria injusta o absurda».
b) A fin de que la ampliacién sea comprensiva a un caso no
comprendido en las palabras de la ley, SUAREZ estima necesa-
tio que la raz6n de la ley sea adecuada y, para ello, requiere varias
cosas (44).
— Una, que esa raz6n «sea la tinica que por si misma mueva su-
ficiente y eficazmente a dar la ley»; porque generalmente la razén no
mueve por sf sola, sino unida a otras, por lo cual para aplicarla a otros
casos en que se de, el legislador pudo no moverse por ella por faltar las
otras razones 0 circunstancias. [Pienso que eso debe sopesarse, pero no
basta sin mas para excluir la extensidn o analogia).
(42). CASTAN TopENAS, Teoria de la uplicacién e investigacién del derecho, Ma
drid, Instituto Ed. Reus, 1947, III-IIT, p. 320, nota 4.
(43) SuAREZ, cap. ult, cit., 10-15.
(44) thid., 16-20.1050 Juan Vallet de Goytisola
— Otra, «que sea como el fin tinico y total pretendido por la ley»;
porque «si la raz6n no se pretende de una manera completa y total, no
es preciso que la ley abarque todos los casos en que pueda darse esa ra-
z6n».
—_ En fin, que «la raz6n de la ley sea tan intrinseca y tan universal
en todos los casos que, en virtud de ella, se pueda decir que entran en
Ja ley, que en ella tengan conexién necesaria con relaci6n a la justicia
y ala prudencia de la ley; es decir, que resulte contrario a la recta raz6n
© a la prudencia que se de una disposicién para ciertos casos y no para
todos aquellos en los cuales hay igualmente la misma razén». Aqui
SUAREZ vuelve a dar prevalencia a la razén como condici6n sine qua
non cuando en caso contrario habria injusticia o imprudencia; pero no
se la concede como razén per quas para su interpretacién. No se la da
a causa de la primacfa que, en este caso, asigna a la voluntad del legis-
lador, puesto que insiste en que «la ley depende de la voluntad, y la vo-
luntad puede libremente querer una cosa y no la otra aunque en ambas
se de la misma raz6n para quererlas», mientras resulte asi «sin injusti-
cia e incluso sin imprudencia».
Insiste SUAREZ (45): «En virtud de la raz6n no puede hacerse la
ampliacién comprensiva si esa raz6n no indica suficientemente la vo-
luntad del legislador {resulta claro —adviértase— que sustituye la ra-
tio legis, interdependiente de la ratio iuris, por la ratio legislatoris,
supeditada a la voluntas legislatoris, de la manera por é] mismo indica-
da], pues una voluntad guardada en la mente y no manifestada, no obli-
ga». De ahi deduce que solo cabe tal ampliacién comprensiva si «las
palabras la manifiestan porque la raz6n fuerza a interpretarlas asi, 0 -si
faltan en absoluto palabras- porque la misma raz6n fuerza a suplirlas 0
ajustarlas de otra manera a tal sentido; pero —advierte— esto tinica-
mente es licito efectuarlo cuando es necesario para evitar algtin absur-
do en la ley» [Estamos siempre en lo mismo, vale sélo «para evitar algtin
absurdo», no para hallar la mejor solucién que sea posible; es decir, la ra-
z6n condiciona a la ley otra vez sine qua non, pero no per quas].
Frente a la opinion de CINO, BARTOLO, BALDO, el ABAD PA-
NORMITANO, ANTONIO GOMEZ y otros, quienes entendian que la
raz6n vale en sf misma y no por estar escrita, estimé rotundamente el
DOCTOR EXIMIO (46) que «apenas tiene lugar obligatoriamente si
no esta escrita».
Los expresados principios entiende que sélo rigen en los ca-
sos especiales de ampliacién admitidos por los autores. Entre
esos casos menciona los siguientes supuestos de ampliacién de la
ley.
(45) thid., 22. final.
(46) tbid., 4, 6, finalLa analogia en el Derecho 1051
a) En los casos correlativos, en cuanto tales, cuando «se de la mis-
ma raz6n, de tal manera que no puede valer para el uno si no vale tam-
bién para el otro, o si ciertamente la raz6n de la justicia pide que lo
dispuesto para el uno sea aplicable al otro» (47).
b) Cuando varios casos radican en un mismo principio o raiz».
Supuesto para el cual dice que la cosa serd mas evidente si la raiz «es
Ja materia de la ley»; y, ademas, requiere «que |a relacién entre los ca-
Sos sea tan estrecha que no pueda prohibirse el uno con prudencia y
justicia si no se prohibe el otro, lo mismo que se ha dicho en los casos
correlativos» (48).
¢) Por equiparacion de casos anteriormente efectuada por otra
ley; pero, «entonces propiamente no se hace la ampliacién de una mis-
ma ley sino que una ley amplia el efecto de otra» (49).
d) Cuando la ley habla de un determinado caso tomdndolo como
ejemplo, supuesto que acepta como posible sélo si asf resulta «por la
raz6n de la ley, por otra ley, por la raz6n natural» o por otra circunstan-
cia, basdndose «en la identidad de la razén que debe considerarse con
atencién y segtin todas las circunstancias que se han puesto» (50).
El limite que significé para SUAREZ su exigencia de que la ratio
legislatoris no resultara totalmente injusta o incluso imprudente -cons-
tituyendo, atin, un limitado influjo de la ratio iuris en la ratio legis- de-
saparecera cuando el derecho positivo —que ya en el DOCTOR
EXIMIO estaba desconectado de la naturaleza de las cosas— se desli-
ga totalmente, en su aplicacién, de fa ley natural —como ocurrié en la
concepcién protestante—, para constituir asi ambas leyes mundos
aparte, sin Gbice de que se entendiera que el derecho natural racionalis-
ta debja servir de modelo al legislador (51).
Con este cambio, la analogfa quedaba completamente independizada
de la naturaleza de las cosas, asf como del sensum naturale y la naturalis
ratio, mediante los cuales el hombre capta esa naturaleza.
Después, el racionalismo —explica A. KAUFMANN (52)—, «des-
conoce practicamente la analogfa»; «el ser es conocido matematicamente
(47) Wbid.,7.
(48) Ibid...
(49) Ibid. 9.
(50) fbid., 210.
(S1)_ fr. Metodologia de ta determinacién del derecho, Perspectiva histérica,
Madrid, Ed. Fund. Areces 1994, 1-9, p. 539 in fine, 183, textos correspondientes a las
notas 15 y 16, pp. 598, ys. y 191. parrato que Neva la nota 151, p. 629, y La encruci-
jada metodolégica de la Recepcién, la Reforma y la Contrarreforma, Discurso de
apertura del Curso 1991-1992 de la Real Academia de Jurisprudencia, 15, pp. 55 in
fine.
(82) ARTHUR KAUFFMAN, Analogia y naturaleza de las cosas, Santiago de Chi-
le, Bd. Juridica de Chile 1976, IV, p. 62.1052 Juan Valet de Goytisolo
“more geometrico” “clare et distincte” (DESCARTES)». Todo el co-
nocimiento es «univoco» y «coherente»; el racionalismo afirma que
s6lo hay conceptos unfvocos (matemiaticos) susceptibles de subsun-
cidn l6gica»; no conoce la existencia de conceptos andlogos, funciona-
les, de sentido, de orden o de tipo».
Aunque KANT destruyé la metaffsica y la ontologia clisicas, s6lo
en el periodo postkantiano —-como también advierte KAUFMANN (53)
seria precisamente cuando «la analogia del ser fue dejada por completo
en el olvido. En el nominalismo, entonces surgente, —mejor dicho:
nuevamente surgente— se reconoce un cardcter real sdlo a las cosas in-
dividuales; es negada la realidad de lo general, de lo esencial, de la cosa
en sf, que todavfa en KANT se halla presupuesta. Consecuentemente,
tampoco puede haber conocimiento de esencias —ni unfvoco ni analé-
gico— porque tal conocimiento presupondria que existe una corres-
pondencia entre las cosas, en tanto ellas convergen en un “general”.
Segtin el nominalismo, para el que sélo existe lo individual, las cosas
no estén vinculadas entre sf y se ubican en la mas completa separacién
y diferenciacién respecto de las otras».
Completado asi ese giro, la analogfa jurfdica, en adelante y en un
principio, se apoyaré completamente en la voluntad det legislador, y,
por ello, a falta de voluntad expresa a la que remitir aquélla, Gnicamen-
te cabré fundamentarla en la voluntad tacita 0, al menos, presunta del
propio legislador.
Una vez Ilegado a este punto de maxima dependencia de esa vo-
Juntad, comenzarfa de un nuevo proceso de objetivizacién de la analo-
gia, como vamos a ver a continuacién.
3. LA ANALOGIA EN LA INTERPRETACION SEGUN LA ESCUE-
LA DELA EXEGESIS, LA PANDECTISTICA DE SAVIGNY Y EL
POSITIVISMO LEGALISTA DEL SIGLO XIX
A) La ilusién iluminista de establecer cédigos perfectos y com-
pletos, que nada dejaran al intérprete, y la exigencia de que el juez no
deje jamds de fallar pretextando silencio, oscuridad o insuficiencia de
la ley, obligaban a extraer de ésta soluciones para todos los casos que
se planteen ante los tribunales de justicia. Por ello, muchas veces resul-
t6 preciso recurrir a la analogfa. Los autores del Proyecto de Code ci-
vil, en su libro preliminar, —que la Asamblea legislativa suprimio—,
habfan dicho en el art. 8: «No se puede razonar de un caso a otro, sino
cuando existe el mismo motivo para decidir». Notemos que no se ha-
blaba de «razén» sino de «motivo», dado que éste, por su cardcter sub-
jetivo, es referible a la voluntad del legislador.
(53) (bid, p. 64La analogia en et Derecho 1053
LAURENT razoné (54): «El principio de la interpretacién analégi-
ca nunca ha sido discutido, pero puede abusarse de él, aplicandolo don-
de realmente no hay analogia». Para ello, a fin de aplicarlo bien, el
primer cuidado del intérprete ha de ser el de «examinar si realmente
existe identidad de motivos; solamente cuando se ha comprobado bien
que los motivos para decidir son los mismos, cabe razonar de un caso
para otro».
Pero, enseguida, observa ciertos reparos (55): «Cuando la ley esta-
blece un principio general la aplicaci6n analdgica no ofrece duda algu-
na. Pero, ,ocurre igual cuando la ley establece una excepcién?»,
LAURENT recuerda el viejo brocardo expresivo de que los preceptos
de derecho estricto son de rigurosa interprtacidn; y que, por consi-
guiente, no pueden extenderse de un caso a otro. Pero, no ignoraba que
jos jurisconsultos entendian ese brocardo en el sentido de que las dis-
posiciones excepcionales eran aquéllas que contenfan un «derecho
exorbitante»; es decir «las leyes establecidas contra la razén de dere-
cho. Se concibe que las leyes de esta naturaleza no pueden extenderse;
pues son un mal, un mal que puede ser necesario, pero el mal siempre
debe restringirse dentro de los limites mas estrechos. Pero, otra cosa
son las simples excepciones a una regla gleneral que se hallen tan ba-
sadas en la razén como Ia regla general; {por qué, pues, no podran apli-
carse por analogia?».
Sin embargo, LAURENT lo rechazaba, razonandolo asf: «cuando
el legislador establece un principio, su voluntad es que ese principio
sea aplicado en todos los casos que puedan presentarse; esto es; una
obligacién que impone al intérprete», salvo que el propio legislador es
tablezca la excepcién, pues —dice—: «;Qué pasaria si el intérprete ex-
tendiera las excepciones por analogfa? Creando excepciones nuevas,
derogaria una regla obligatoria, haria la ley, cuando su misi6n se limita
aexplicarla y aplicarla». :
Cierto es que, por su parte, matiza: «A veces la excepcidn, aunque de-
rogue una regla, es aplicacién de otra regla de derecho. En esos casos la
voluntad del legislador no es la de limitar la disposicién excepcional al
caso por él previsto; se trata mds bien de un ejemplo que él expone; y por
consiguiente, el intérprete puede y debe admitir que la misma decisién se
da en los casos no previstos en los que haya el mismo motivo para decidir.
Haciéndolo obedece la voluntad del legislador».
B) Pasando a la posicién de la pandectistica alemana, podemos
tomar como prototipo a SAVIGNY con su Sistema. Este (56) plantea la
(54) E Laurent, Principes de droit civil frangais, Bruxeles, Bruylent, Christophe et
Cia, (887, 276, p. 351.
(95) tbid., 277. pp. 251.y ss.
(56)_ F.C. VON SAVIGNY, Sistema del derecho romano actual, 2.° ed. en castellano,
Madrid, C.E.D. Géngora, s.f., vol. 1, XLVI, cfr. pp. 231 y ss.1054 Juan Vallet de Goytisola
cuestién de la analogia del siguiente modo: «Cuando las fuentes son
insuficientes para resolver una cuestién de derecho, debemos Ilenar
esta laguna, porque la universalidad del derecho es tan esencial como
la unidad». El modo de efectuarlo que é1 siguié era conforme al posi-
tivismo juridico. Partia de que «el derecho positivo se completa a si
mismo en virtud de su fuerza otgénica»; y entendfa que, por la virtud
de la analogia, «se restablece la unidad del derecho» y «se llenan las
Jagunas en el derecho».
«La base de toda analogfa —advertfa— es la consecuencia interior
del derecho, que no es solamente un encadenamiento de deducciones
puramente légicas, sino también una armonfa orgénica, de la cual tene-
mos conciencia cuando abrazamos el conjunto vivo de las relaciones
de derecho y de las instituciones que las dominan»,
El fundador de la Escuela histérica del derecho distinguié las for-
mas de la analogia que tradicionalmente se han denominado analogia
legis y analogia iuris. Para emplear en general la analogfa —dice—
debemos partir siempre «de un conjunto dado con el fin de encontrar
en su desenvolvimiento la solucién de la dificultad. Algunas veces la
materia dada es una ley particular, y entonces se dice que la decisién se
saca ex argumento legis; pero ordinariamente debemos buscarla en la
teorfa de derecho formada por via de abstraccién».
Ambas clases de analogia las diferenciaba, a su vez, de la interpre-
tacidn extensiva, con las cuales -advirtié- «se la confunde a menudo
sin raz6n, pues la interpretacién extensiva no tiene por objeto Henar
una laguna en el derecho, sino rectificar una expresién impropia por
medio del verdadero pensamiento de [a ley, mientras que, por el con-
trario, en el método opuesto [es decir, con la analogia] suponemos la
ausencia de toda disposicién legislativa, que es precisamente lo que
nos proponemos suplir en virtud de la unidad orgdnica del derecho».
A efectos del recurso a la analogfa no distingufa normas generales
y particulares sino derecho normal y derecho anormal, cuya categoria
asimila el ius singulare; y precisa que la analogfa debe buscarse «no en
el ius singulare, sino en los principios del derecho normal, en vista de
que la interpretacién por via de analogfa descanse. sobre €l ordena-
miento interior y necesario del derecho, cosa que falla en las reglas
anormales transplantadas al dominio del derecho».
Advirtamos que la analogia para Jos jurisconsultos clasicos era, sin duda,
un recurso de la interpretatio. Pero, es de notar que SAVIGNY partia del con-
cepto restrictivo de la interpretaci6n que, en su tiempo, estaba reducida a la in-
teleccién y a la aplicacién de la ley. Por eso, dice que los romanos «no.
distinguen claramente la formacién del derecho de la interpretaci6n pura».
El entendfa (57) que esa interpretacién «pura» 0 «verdadera»
corresponde al juez, mientras que la interpretacién trascendental
(57) Ibid. LI, p. 255.La analogia en el Derecho 1055
—extensiva y restrictiva— deberia corresponder a un tribunal superior
organizado de manera semejante al tribunal de casacién de Francia; y
que asf este podria ejercer una influencia saludable, semejante a la
ejercida en Roma por el pretor y los jurisconsultos.
C) Entrando en la concepcién de la analogfa que ha tenido el po-
sitivismo legalista en este siglo, tomamos como figura representativa a
NORBERTO BOBBIO (58) porque se ha ocupado muy especialmente
de la analogia.
BOBBIO, con su habitual claridad, centré asf la actividad interpre-
tativa segtin el positivismo jurfdico (59) «La interpretacién es general-
mente rexrual; en ciertas circunstancias (cuando es preciso integrar la
ley) es extratextual; pero nunca puede ser antitextual, esto es ir contra
la voluntad que el legistador ha expresado en la ley». El positivismo ju-
ridico —reitera— admite la existencia de lagunas entendidas, en cierto
sentido, «como incompleta formulacién de la voluntad del legislador»;
por lo cual, «admite, ademas de la interpretacién en sentido estricto,
también la integracién del derecho por la jurisprudencia, pero ponien-
do en relieve que tal integracién no es una actividad cualitativamente
diversa de la interpretacién (0 sea, no es una actividad creadora), sino,
al contrario, es una especie particular del genus interpretacion. En este
sentido se habla de interpretacion integrativa, para indicat que la inte-
graci6n se produce en el interior del ordenamiento, con los medios por
el mismo predispuestos (autointegracién)».
Explica que esto es asf porque puede sobreentenderse que todo or-
denamiento incluye «dos normas generales de clausura; la norma general
exclusiva, que califica de ilfcitos los comportamientos no expresamente
regulados; y aquélla que podemos lamar norma general inclusiva, que
somete los casos no expresamente regulados, pero similares a los regu-
lados, a la disciplina de éstos; cuando el intérprete basa su argumento
en el argumento a contrario, acude a la norma general exclusiva, en
cambio, cuando se apoya en la argumentacién analdgica, acude en la
norma general inclusive».
(58) Norserto Bosaio se ha ocupado especialmente de la analogia en diversas
ocasiones: L'analogia nella logica del diritto. Memoria dell’ Istituto Giuridico
XXXVI, Turin 1938; dn rorno al fondamento del procedimiento per analogia, Giuris-
prudenza italiana 1968, pp. 3-9; «Novissimo Digesto italiano», y vol. 1. Turin, UTET
1957, voz Apologia, pp. 601 y ss.; vol. XII, 1966, voz Principii generali de diri-
to, pp. 887 y ss; Ancora in torno della distinzione tra interpretazione estensiva e ana-
logia, Giurisprudenza Italiana, 1968, pp. 695-702. La dltima sintesis de su
pensamiento, a este respecto, puede considerarse contenida en Il pasitivismo giuridico,
56, lecciones recogidas por NELLO Morr, Turin, Cooperativa Libreria Universitaria
Torinese, Ed.. s. f., pp. 28-288, a la cual, por esta razén, daremos preferencia en nues-
tras citas.
(59) NorBERTO BoBBIO, 1! positivismo giuridico, Turin, Cooperativa Libreria
Universitaria Torinese, Editrice, s.f., 56, pp. 280 y ss.1056 Juan Vallet de Goytisolo
El reconocimiento de esa norma por el ordenamiento juridico puede
ser explicito o implicito, con la particularidad —-segiin entiende BOBBIO—
de que para excluirla es necesario que esa argumentacién sea expresa-
mente prohibida, como ocurre en el derecho penal por el principio nullim
crimen, nula poena, sine lege.
La integracién, segtin el positivismo juridico, «es una actividad pu-
ramente interpretativa porque el razonamiento por analogfa es un razo-
namiento légico, es decir, de tipo silogistico (hoy, dirfamos que es un
juicio analitico, o una tautologfa) que se limita a poner en claro ciertas
consecuencias que se hallan ya implicitamente contenidas en la premi-
sa dada».
El argumento por analogia ~explica (60)— «tiene una estructura
similar al silogismo, con la diferencia de que su premisa menor, en lu-
gar de hallarse constituida por una aseveracién de indentidad, lo esta
por una aseveracién de semejanza. Para mostrarlo pone un ejemplo de
cada uno.
— Razonamiento silogistico: Todos los hombres son mortales,
Sécrates es un hombre, luego Sécrates es mortal.
— Razonamiento por analogia: Los hombres son mortales, los ca-
ballos son similares a los hombres, luego los caballos son mortales.
La diferencia de ésta con el silogismo consiste en que el razona-
miento por analogia no tiene tres términos sino cuatro, quaterno termi-
norum, porque se introduce un cierto término que expresa el por qué de
la similitud. El ejemplo que 1 pone, es éste: los hombres son seres vi-
vos, los seres vivos son mortales, los caballos son seres vivos como los
hombres; luego, los caballos son mortales.
Como observa, «mientras en el silogismo Ia conclusi6n siempre es
necesaria (verdadera), en el razonamiento por analogfa no siempre
ocurre esto asf: de hecho, la semejanza existente entre el sujeto (en
nuestro ejemplo, los hombres) y el término medio (los caballos) puede
ser relevante 0 irrelevante; y slo cuando la semejanza es relevante la
conclusién es exacta». Como ejemplo de irrelevancia pone el de que la
semejanza en color del automévil, es irrelevante para que su velocidad
sea igual 0 no lo sea.
Por ello pregunta cémo se determina si una semejanza es relevante
ono lo es; y responde que Io es si una entidad tiene en comin con otra
aquellos elementos que son la condicidn 0 razén suficiente para que se
le atribuya cierto predicado. Segiin la doctrina —dice— existe razon
suficiente para aplicar la analogfa cuando los dos casos muestran «la
misma ratio legis»; es decir, cuando el elemento que ha inducido al le-
gislador para regular juridicamente de cierta manera el primer caso se
encuentra también en el segundo caso. «La comunidad de la ratio legis
(60) Ibid., pp. 283 y ss.La analogia en el derecho 1057
entre dos casos constituye, por lo tanto, en el campo jurfdico aquella
comunidad de razén suficiente que legitima el razonamiento por ana-
logia». Como dice el viejo brocardo, «ubi eadem ratio, ibi eadem iuris
disposition.
«La capacidad de expansién ldgica del ordenamiento juridico, de
Ja que habla Ia doctrina, halla su fuerza impulsora precisamente en la
ratio legis; es la raz6n de una norma, la que hace que ésta sea capaz de
disciplinar otros casos ademés del expresamente previsto en ella».
__ El positivismo juridico sélo afiade aqui —dice— «cierta justifica-
cién de la legitimidad det razonamiento anal6gico; y ésta se pone en el
concepto de voluntad presunta del legislador.
Aqui BOBBIO diferencia: interpretacién extensiva, analogia legis
y analogia iuris (61). Sefiala que la analogia legis es mas afin a la in-
terpretacién extensiva, a pesar de su diferente nombre, que a la analo-
gfa iuris, porque su procedimiento interpretativo es diverso.
Entre las dos primeras ocurre que, «mientras en la analogia legis se
formula una nueva norma, similar a otra existente, para disciplinar un
caso no previsto en ésta pero similar al en ella regulado», en cambio,
«en la interpretacidn extensiva se amplia el supuesto de hecho estable-
cido en una norma, es decir se aplica esta misma norma a un caso no
previsto en ella, pero parecido al expresamente regulado». Pero —ob-
serva—, «en realidad la interpretacién extensiva es una forma atenua-
da de interpretacién analégica, con la funcién de admitir en medida
reducida el recurso a la analogfa en aquellos sectores del derecho
(como el penal) en el cual ésta se halla prohibido».
En cambio, la analogia iuris —dice— es «el recurso a los princi-
pios generales del derecho»; por lo cual, constituye una forma de inter-
pretacién diversa de la analogia legis, porque «no se basa en el
razonamiento por analogfa, sino en un doble procedimiento de abs-
traccién o de subsuncién de una especie de genus». En el proceso de
abstraccién se induce como principio «una norma general no for-
mulada por el legislador, pero de la cual son aplicaciones singulares
las normas singulares expresamente establecidas». El proceso de
subsuncién, consiste en «aplicar esa regla general a aquellos casos
que, no estando regulados en normas singulares expresas», se hallen
comprendidos «en el Ambito de los casos previstos por la misma norma
general».
Parece que la perspectiva de la analogia mostrada por el positivis-
mo juridico se apoya en la Idgica; y, sin duda, por eso, los Idégicos se
han esforzado en hallar la formulacién del razonamiento por analogia.
“Vamos a examinar brevisimamente los principales intentos.
(61) thid., pp. 287 y ss.1058 Juan Vallet de Goytisolo
a) ULRICH KLUG ha examinado hasta qué punto con los me-
dios Jégicos es posible resolver e] problema de Ja analogia. Ese intento
se ha efectuado tanto con la légica cldsica, como en la moderna (62).
En aquélla distingue:
— Las tesis que admiten una analogia incompleta y otra comple-
ta (exacta). Posicién defendida por DROBISCH, quien entiende que
esta tiltima no tiene por qué restringirse al orden matematico, y que la
analogfa incompleta como la induccién incompleta se acerca progresi-
vamente a la completa. También es aceptada esta tesis por WUNDT,
quien atribuye a la analogfa completa una forma cuantitativa y a la in-
completa una forma cualitativa; la primera corresponde a la que ARIS-
TOTELES denominaba analogia y que hoy denominamos proporcién;
y la segunda corresponde a la que el ESTAGIRITA denominaba para-
digma, consistente en un caso mixto de conclusién inductiva y de sub-
suncién.
Las posiciones que no admiten ninguno de estos dos tipos, niegan
de modo absoluto que la analogia sea un tipo independiente de la de-
ducci6n; pero la admiten como método euristico dirigido a descubrir
nuevos caminos. A igual resultado llegan también quienes, como
PFAENDER, consideran que la conclusion por analogfa no tiene inde-
pendencia formal sino que su valor se halla condicionado por el conte-
nido y las relaciones concretas; por lo cual, no cabe tratar de ella en la
légica pura o formal.
— Y aquellas tesis que adoptan un punto de vista intermedio, ad-
miten como paradigma la analogfa imperfecta pero no Ia perfecta. Asi
lahan entendido ARISTOTELES y J. VON KRIES. Ambos distinguen
una conclusién inductiva y el juicio de semejanza al cual se llega a par-
tir de aquélla; por lo cual —no con seguridad pero sf con probabilidad
de validez— se concluye asf el juicio «B es semejante con A en cuanto
al contenido». También cataloga en este grupo a ZIEHEN, quien opina
que la conclusién por analogia «es una conclusién que progresa por in-
termedios, mas sin concepto medio», y se hace por una «semejanza
aditiva».
En sus observaciones criticas, KLUG (63), indica como objeciones
mas inmediatas al cardcter légico de la analogia:
— Que en la légica clasica el problema de la analogia, en todo
caso, hay que reducirlo a un tipo mixto de consecuencias integrado por
induccién incompleta y silogismo o bien tomarla como un tipo especial
de conclusi6n. En el primer caso, segun la l6gica clasica, induccién y
silogismo se presentan como leyes no deducibles; y en el segundo re-
sultard irrreductible como ley légica. Puede darse, sin dificultad, que
(62) ULRICH KLUG, Légica juridica, Caracas, Publicaciones de la Facultad de
Derecho, 1961. 9, 2. pp. 155 y ss.
(63) Ibid., 3, pp. 175 y ss.
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