0% encontró este documento útil (0 votos)
38 vistas4 páginas

Reseña de "Zoópolis" sobre derechos animales

Cargado por

jose
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
38 vistas4 páginas

Reseña de "Zoópolis" sobre derechos animales

Cargado por

jose
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Reseña de: Sue Donaldson & Will Kymlicka (2011). Zoopolis.

Una teoría polí-


tica para los derechos animales. Ad Hoc, Buenos Aires, 2018 (435pp).

ISBN: 978-987-745-128-3

“La revolución de los derechos humanos dice que los seres humanos poseen
Gustavo Yañez González: Reseña de: Sue Donaldson & Will Kymlicka (2011). Zoo-

esa inviolabilidad [de los derechos]. La posición fuerte de los Derechos Ani-
polis. Una teoría política para los derechos animales. Ad Hoc, Buenos Aires, 2018

males dice que los animales sintientes también poseen esa inviolabilidad”
Sue Donaldson y Will Kymlicka

Quisiera invitarles a leer Zoopolis. Una teoría política para los derechos de los animales, escri-
ilemata, Revista Internacional de Éticas Aplicadas, nº 32, 97-100

to en coautoría por la filósofa Sue Donaldson y el filósofo Will Kymlicka, ambos académi-
cos de la Universidad de Queen (Canadá). Kymlicka como pensador de la filosofía y teoría
política, Donaldson como filósofa abocada a la cuestión animal, hilvanan un libro que, se-
gún mi apreciación, y espero esto les incite a explorar la obra, constituye el trabajo más
completo en cuanto a revisión de bibliografía por los derechos animales y a una síntesis de
esta. Sin embargo, su potencia no queda agotada en una revisión o recopilación, sino que
es también, considero, el trabajo intelectual más significativo y revolucionario en cuanto
a repensar y proponer vías posibles para la construcción de comunidades interespecies.

El inicio del libro está signado por un diagnóstico: la afirmación de que el movimiento por
los derechos animales estaría atravesando un impasse (Donaldson y Kymlicka, 2012). Esto
se debe a que hasta ahora el animalismo fundamenta sus objetivos en una teoría del de-
recho animal (TDA) sujeta a una teoría política conservadora que lo obliga a restringirse
a ciertos límites de acción. ¿En qué consiste el impasse? Está constituido por una bicapa:
intelectual y política. Un impasse quiere decir un momento sin floración, opacidad y es-
tancamiento. Si bien durante los últimos dos siglos el movimiento animalista ha logrado
sensibilizar a muchas personas aumentando sus filas en la defensa de los animales, esto
no ha conseguido que, cualitativa y cuantitativamente los animales estén dejando de ser ex-
ISSN 1989-7022

plotados y dañados. Entonces, decía que el impasse, tiene su origen en una cuestión de orden
político-intelectual. Esto se debe a que la TDA se ha contentado en el intento de conseguir
derechos negativos para los animales, de ahí que los de activismos contemporáneos se en-
caucen en esa línea. Lo anterior significa que la TDA ha luchado por considerar moralmente
como seres sintientes y conscientes a los demás animales; dejar de explotar a ciertas espe-
cies, no molestar a los animales silvestres, o en palabras de los autores: “[...] la TDA se focaliza
en los derechos universales negativos y dice muy poco sobre las obligaciones relacionales
positivas” (Donaldson y Kymlicha, 2012:30) Sin embargo, no es que haya que abandonar los
derechos negativos universales que garanticen protección a los animales, al contrario.
Dilemata, año 12 (2020), nº 32, 97-100

“Aceptar que los animales son individuos o personas tendrá muchas implicaciones, la más clara de todas
es reconocerles un rango de derechos negativos -el derecho a no ser torturados, a no ser sujetos de
experimentos, a no ser tomados como propiedad, a no ser esclavizados, mantenidos en cautiverio o ase-
sinados-. Esto implicará la prohibición de las prácticas actuales de ganadería, caza, la industria comercial
de mascotas, los zoológicos, la experimentación animal y muchas otras.” (Donaldson y Kymlicka, 2012:94)

Por tanto, la tarea, el ejercicio imaginativo impostergable consiste en pensar en, cosa que
Donaldson y Kymlicka lo hacen de manera consistente, ¿Qué tipo de relaciones de no explo-
tación podrían existir? ¿Cuáles son las potenciales relaciones de mutuo beneficio entre ani-
males y humanos? y, ¿Qué tipo de obligaciones positivas les debemos a los animales? Con la
revisión del siguiente pasaje se hará más legible el asunto en cuestión.
Una de las TDA más importantes es el abolicionismo, cuyo precursor, Gary Francione, ha soste-
nido la necesidad de terminar con cualquier relación humano/animal en base a la domestica-
ción y que considere a los animales como propiedad u objetos. Por otro lado, el abolicionismo
de Francione contempla un “extincionismo” dado que, siguiendo el horizonte abolicionista,
terminar con la instrumentalización de los animales no humanos requiere a su vez extinguir
aquellas especies que han sido domesticadas para uso humano. Aquí se explicita, creo, uno
de los nudos más interesantes de Zoopolis. Por un lado, el abolicionismo es limitado en su
actuar, pues reduce a una dimensión moral la posibilidad de una transformación radical en la
relación de dominación/domesticación humano-animal, y por otro, el horizonte de la extin-
ción es injusta tanto para humanos y animales. En miras de sostener esto último, los autores
expresan la necesidad de avanzar de una TDA de consideración moral a una teoría política de
la ciudadanía que brinde derechos a los animales que históricamente han mantenidos relacio-
nes estrechas con los seres humanos. El abolicionismo de Francione supone que, de la misma
forma en que siglos de domesticación y cómo la biotecnología ha modificado genéticamen-
te1 a ciertas especies para explotarlas, sería lógico que una vez que dejemos de explotarles,
a partir de un control exhaustivo de su reproducción, estas especies se extingan. Lo anterior,
sostienen Donaldson y Kymlicka, implica un desconocimiento de la historia coevolutiva de
nuestra especie con algunos animales, lo cual ha resultado en relaciones afectivas y de inter-
dependencia que ciertos animales han establecido con los humanos, es decir, invisibiliza, el
deseo, la agencia y la voluntad que, perros/ cerdos/vacas y humanos, por ejemplo, expresan
para vivir juntos. Sirviéndose de un acontecimiento histórico, las filósofas preguntan, ¿una
vez que la esclavitud fue abolida en Europa, hubiese sido justo exigirle a aquellos grupos
africanos o afrodescendientes, por ejemplo, devolverse a su región de origen? O ¿más bien
resultaba justo, de acuerdo con el deseo de muchos de ellos, adaptar la legislación y comu-
nidad existente para incluir a los que antes fueran considerados esclavos? “Similarmente, no

98 Reseñas
hay razón para asumir que el remedio para la injusticia originaria de la domesticación es la

ISSN 1989-7022
extinción de las especies domesticadas [..] El remedio, por el contrario, es incluirlos como
miembros y ciudadanos de nuestras comunidades” (Donaldson y Kymlicka, 2012:134)

La propuesta de las autoras, por tanto, consiste en reconocer la especificidad de relaciones


de pertenencia que mantenemos con los demás animales y a partir de ahí construir una co-
munidad, una Zoopolis, concepto acuñado por Jennifer Wolch, que, por un lado, proteja a los
demás animales y, por otro, albergue la diversidad de relaciones e intensidades entre anima-
les humanos y animales no humanos. Para ello será necesario también ampliar la tradicional
clasificación que la TDA ha hecho de los animales, la cual sólo visualiza animales domestica-
dos y animales salvajes. A esta división binaria habría que agregar a los animales liminales o

Dilemata, año 12 (2020), nº 32, 97-100


intersticiales, los cuales no son ni domesticados ni salvajes propiamente tal, sino que transi-
tan provisoriamente en asentamientos humanos para alimentarse o buscar refugio, pero no
desean sacrificar su libertad ni depender absolutamente de los seres humanos. Un ejemplo
de estos animales son los mapaches, ardillas y palomas, por mencionar algunos.

Como continuación del hilo expuesto, a partir de una teoría política de la ciudadanía suscrita
a los márgenes de la cuestión animal, Donaldson y Kymlicka proponen tres figuras jurídicas
las cuales hacer justicia en torno a la singularidad de relaciones que mantenemos con los
animales, poniendo atención como criterio de distinción en la dependencia, afectividad, con-
veniencia, pertenencia, o sea en la especificidad relacional entre animales no humanos y hu-
manos. Entonces, a los animales domesticados cabría de considerar conciudadanos, es decir
otorgarles el derecho a ser representados a través de formas de agencia dependientes, dado
que “[...] la ciudadanía es tanto posible como moralmente obligatoria para aquellos animales
(domesticados) a quienes hemos incorporado a nuestras sociedades [...] La ciudadanía no
se otorga de acuerdo con la comparación de inteligencia sino en función de la membrecía
según las relaciones moralmente significativas” (Donaldson y Kymilcka, 2012:111). A los ani-
males salvajes, habría que reconocerlos como soberanos de sus territorios, tal como muchos
pueblos indígenas afirman su pertenencia y soberanía como correlato de la ancestralidad
de las tierras que habitan, ya que “la soberanía protege la autonomía como medio para el
florecimiento de la comunidad” (Donaldson y Kymlicka, 2012:279) En cuanto a los animales
liminales, similar a como los Estados reconocen el derecho de residencia a las personas inmi-
grantes, sería preciso reconocer a aquellos como residentes, brindándoles el derecho a mo-
verse y sacar cierto provecho de nuestros asentamientos, puesto que “pertenecen aquí entre
nosotros, pero no son uno de nosotros” (Donaldson y Kymlicka, 2012:346).

De esta manera, queda brevemente expresado, no desarrollado, el tránsito que los autores
proponen como una vía posible para oxigenar la TDA, sofocada en el impasse antes descrito,
el cual implica peregrinar hacia territorios desconocidos hasta ahora: de la moral al derecho,
de los derechos negativos a los positivos. En este sentido, el paso de los derechos negativos
a los positivos, garantizados por el Estado, opera un giro rampante en la medida que ya no se
trata solamente de cómo los humanos reconocen un valor intrínseco en los demás animales
y de que ese reconocimiento se expresa en respeto y cuidado. Lo que está en juego consiste
en cristalizar una moral no especista, sensocentrista, para la construcción de ciudades, legis-
laciones, en rigor, territorios robustamente regulados que les sea posible albergar formas de
vida heterogéneas: la vida humana urbana y animales domesticados, la vida humana y anima-
les liminales, la vida humana y los animales silvestres. Todo un desafío, una heterotopía si se

Reseñas 99
quiere, fundamentada sí, en una teoría basada en la materialidad de las formas de vidas y las
ISSN 1989-7022

relaciones que estas componen.


Antes de cerrar, quisiera al menos mencionar ciertas experiencias recientes, al margen de
los un poco más conocidos “corredores biológicos” construidos en algunos países europeos,
relacionadas con la puesta en ejercicio de la edificación de ciudades donde quepan muchos
mundos, de mundos más animales. A fines de 2019, la ordenanza municipal en la ciudad de
Santa Fe (Argentina) aprobó un proyecto cuyo objetivo es la regulación para una convivencia
pacífica y responsable entre humanos y palomas, el cual consiste en, por un lado, implemen-
tar cierta infraestructura (palomares, bebederos, etc.) para dar cobijo a las palomas y, por
otro utilizar métodos anticonceptivos poco invasivos para controlar la población de estas
aves y así puedan florecer y convivir con la población humana. A su vez, en febrero de 2020,
Dilemata, año 12 (2020), nº 32, 97-100

el parlamento portugués dio el vamos a una iniciativa que crea un marco regulatorio propio
para los santuarios de animales, pues, y esto lo señalo al margen de lo contenido en Zoopolis,
es posible pensar en los santuarios como “micro zoopolis de facto (de hecho)”, que funcionan
de manera simultánea al status quo legislativo al otorgar derechos negativos universales (vi-
vir libre de explotación, de experimentación, de tortura, derecho a la vida, etc.) a los animales
rescatados de la explotación y así estos puedan recuperar salud y florecer.
Para terminar este minúsculo acercamiento a la tremenda obra que es Zoopolis, haciendo
eco de las palabras que me escribiera la especialista en derecho animal Silvina Pezzetta, ca-
tedrática junto a Pablo Suárez del curso “Ética Animal” de la Universidad de Buenos Aires y
traductora de una de las dos versiones en español del libro en cuestión, antes que yo iniciara
la lectura del libro: después de Liberación animal (1975) de Peter Singer, “Zoopolis” contiene
una de las contribuciones más importantes a la hora de repensar nuestra relación con los
demás animales.
Dada la parsimonia y mezquindad de nuestras legislaciones en torno a los animales, donde en
muchas constituciones o códigos civiles los animales aún son considerados objetos sin sensi-
bilidad, las Zoopolis por venir, las comunidades interespecie por construir constituyen el ho-
rizonte de florecimiento para quienes han sido histórica y sistemáticamente explotados/as.

Gustavo Yañez González


Profesor de Filosofía
Estudiante de Medicina Veterinaria
Universidad de Chile
[email protected]

Notas
1. Esta discusión no queda conjurada en las breves líneas de esta reseña, pues en base a la evidencia científica
hoy sabemos que algunas especies de aves (pollos broiler), cerdos, e inclusive perros, padecen patologías
congénitas como resultado de la modificación genética industrial, lo cual les provoca sufrimiento. Por tan-
to, simplemente sostener que es apropiado la continuidad reproductiva de estos animales, resulta irres-
ponsable, cuestión que Donaldson y Kymlicka consideran.

100 Reseñas

También podría gustarte