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Antología de Poesía: Lectura Aleatoria

Este documento presenta un prólogo para una antología de poesía que invita al lector a leerla de manera aleatoria, saltando entre las páginas según el número que elija del 1 al 9, emulando el libro Rayuela de Julio Cortázar. A continuación, incluye fragmentos de poemas de diferentes épocas que van del siglo VII a.C. hasta el siglo XVII.
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Antología de Poesía: Lectura Aleatoria

Este documento presenta un prólogo para una antología de poesía que invita al lector a leerla de manera aleatoria, saltando entre las páginas según el número que elija del 1 al 9, emulando el libro Rayuela de Julio Cortázar. A continuación, incluye fragmentos de poemas de diferentes épocas que van del siglo VII a.C. hasta el siglo XVII.
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Prólogo a la antología: Rayuela de poesía

Emulando al fantástico libro de Julio Cortázar: Rayuela, esta antología que


tienes entre tus manos también está configurada para que comiences a leerla de
manera aleatoria. Conocida como el “avioncito” en México o “Rayuela” en
Argentina, este juego de niños en el que dibujas con tiza o gis sobre una calle
unos cuadrados del 1 al 10, y formas una bola de papel mojado y la tiras para ver
en cuál número cae dentro, y comienzas a saltar, esta lectura te propone lo 1
mismo.
Tienes del 1 al 9. Elige un número de estos. Cada uno te dirigirá a un
apartado para vayas leyendo de la siguiente manera.
1- Poetas de página 2
2- Poetas de página 4
3- Poetas de página 10
4- Poetas de página 14
5- Poetas de página 16
6- Poetas de página 17
7- Poetas de página 30
8- Poetas de página 34
9- Poetas de página 36

Ahora…
Piensa en un número del 1 al 9, y abre la página a la que te dirige la guía.
O bien, comienza la lectura lineal, de la primera a la última página, o bien,
después de una hojeada, detente en el poema que más llame tu atención, y
comienza la lectura.
¡Adelante!!!
Siglo VII a.C.
Poetas griegos
Mimnermo
2
¿Qué vida nunca, qué gozo nunca sin la áurea Afrodita?
Muera, cuando no más me acuiten estas cosas:
clandestino amor y amables ofrendas y lecho, que de la juventud son
codiciadas flores.
Mas cuando a hombres y mujeres ha, pesarosa, llegado la vejez
que, a una, en feo y en malo al hombre torna,
siempre, en el ánimo, tristes lo torturan afanes; no los rayos del
sol se goza contemplando,
mas odioso, pues, a niños; odioso es, pues, a mujeres: la vejez, de este
modo, ha vuelto el dios penosa.
Íbico

En primavera los membrillos,


regados por las aguas de los ríos,
en el jardín inmaculado de las Vírgenes,
y las flores crecientes bajo la sombra de los pámpanos
se llenan de vigor. Pero el amor a mí
en ninguna estación me da reposo.
Como el tracio Bóreas,
inflamado por el rayo,
enviado de Afrodita, 3
entre delirios abrasadores,
oscuro e impasible, por la fuerza,
arranca de raíz mi corazón.

Eros de nuevo, viéndome con sus ojos


Bajo los azulados párpados blando,
Con todo son encantos me echa en las redes inextricables de Cipris.
Ay, en verdad, por él que se acerca tiemblo.
Como un caballo laureado, bajo el yugo, casi viejo,
Va sin ganas al certamen de los carros impetuosos.
S. XII
Poetas medievales
Gonzalo de Berceo
4
Milagros de Nuestra Señora

1 Amigos e vassallos de Dios omnipotent,


si vos me escuchássedes por vuestro consiment,
querríavos contar un buen aveniment:
terrédeslo en cabo por bueno verament.
2 Yo maestro Gonçalvo de Verceo nomnado,
yendo en romería caeçí en un prado,
verde e bien sençido, de flores bien poblado,
logar cobdiçiaduero pora omne cansado.
3 Davan olor sovejo las flores bien olientes,
refrescavan en omne las carnes e las mientes;
manavan cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en ivierno calientes.
4 Avién y grand abondo de buenas arboledas,
milgranos e figueras, peros e mazanedas,
e muchas otras fructas de diversas monedas,
mas non avié ningunas podridas nin azedas.
5 La verdura del prado, la olor de las flores,
las sombras de los árbores de temprados savores,
resfrescáronme todo e perdí los sudores:
podrié vevir el omne con aquellos olores.
6 Nunqua trobé en sieglo logar tan deleitoso,
nin sombra tan temprada nin olor tan sabroso;
descargué mi ropiella por yazer más viçioso,
poséme a la sombra de un árbor fermoso.
7 Yaziendo a la sombra perdí todos cuidados,
odí sonos de aves, dulces e modulados:
nunqua udieron omnes órganos más temprados,
nin que formar pudiessen sones más acordados.
9 Non serié organista nin serié vïolero,
nin giga nin salterio nin mano de rotero,
nin estrument nin lengua nin tan claro vocero
cuyo canto valiesse con esto un dinero.
S. XIV
Arcipreste de Hita

Libro del Buen Amor (Fragmentos)

5
De quáles armas se debe armar lado christiano para vençer el
mundo, e la carne

1579Señores, acordadvos de bien, si vos lo digo,


non fiedes en tregua de vuestro enemigo,
ca non ve la hora que vos lieve consigo,
si vedes que vos miento, non me preçiedes un figo.

1580Devemos estar çiertos, non seguros de muerte,


ca nuestra enemiga es natural et fuerte,
por ende cada uno de nos sus armas puerte,
non podemos, amigos, d'ella fuir por suerte91.

1585Obras de misericordia, et de mucho bien obrar,


dones del Espíritu Santo que nos quiera alumbrar
las obras de piedat, de virtudes nos membrar,
con siete sacramentos estos enemigos sobrar.

1587Vestir los pobles desnudos con santa esperança,


que Dios, por quien lo faremos, nos dará buenandanca,
con tal loriga podremos la cobdiçia, que nos trança,
et Dios guardarnos ha de cobdiçia malandança.
De las propiedades que las dueñas chicas an

1606Quiero abreviar la predicaçión,


que siempre me pagué de pequeño sermón,
e de dueña pequeña et de breve rasón,
ca poco et bien dicho afincase el corazón.

6
1607Del que mucho fabla ríen, quien mucho ríe, es loco
es en la dueña chica amor et non poco,
dueñas hay muy grandes, que por chicas non troco,
mas las chicas e las grandes, se repienten del troco.

1608De las chicas, que bien diga, el amor me fiso ruego,


que diga de sus noblesas, yo quiero las desir luego,
desirvos he de dueñas chicas, que lo avredes por juego.
Son frías como la nieve, e arden como el fuego.

1609Son frías de fuera, con el amor ardientes,


en la calle solás, trevejo, plasenteras, rientes,
en casa cuerdas, donosas, sosegadas, bien fasientes,
mucho ál y fallaredes a do bien paredes mientes.

1615Son aves pequeñas papagayo e orior,


pero cualquier d'ellas es dulçe gritador,
adonada, fermosa, preçiada, cantador,
bien atal es la dueña pequeña con amor.

1616De la muger pequeña non hay comparaçión,


terrenal parayso es, e grand consolaçión,
solás, et alegría, plaser, et bendiçión,
mejor es en la prueba, que en la salutaçión.

1617Siempre qu'es muger chica más que grande nin mayor,


non es desaguisado del grand mal ser foidor,
del mal tomar, lo menos, díselo el sabidor,
por ende de las mugeres la mejor es la menor.
Juan Ruiz – Arcipreste de Hita.
Mismo libro Libro del Buen Amor
(Español actualizado)

Si quieres amar dueñas o a cualquier mujer


muchas cosas tendrás primero que aprender
para que ella te quiera en amor acoger.
Primeramente, mira qué mujer escoger.
“Busca mujer hermosa, atractiva y lozana, 7
que no sea muy alta, pero tampoco enana;
si pudieres, no quieras amar mujer villana,
pues de amor nada sabe, palurda y chabacana.
“Busca mujer esbelta, de cabeza pequeña,
cabellos amarillos, no teñidos de alheña;
las cejas apartadas, largas, altas, en peña;
ancheta de caderas, ésta es talla de dueña.
“Ojos grandes, hermosos, expresivos, lucientes
y con largas pestañas, bien claros y rientes;
las orejas pequeñas, delgadas; para mientes
si tiene el cuello alto, así gusta a las gentes.
“La nariz afilada, los dientes menudillos,
iguales y muy blancos, un poco apartadillos,
las encías bermejas, los dientes agudillos,
los labios de su boca bermejos, angostillos
“La su boca pequeña, así, de buena guisa,
su cara sea blanca, sin vello, clara y lisa;
conviene que la veas primero sin camisa
pues la forma del cuerpo te dirá: ¡esto aguisa!
Siglo XV
Anónimo

Danza de la muerte

DICE LA MUERTE
8
Yo so la muerte cierta a todas criaturas
Que son e serán en el mundo durante,
Demando e digo: o homne ¿por qué curas
De vida tan breve en punto pasante?
Pues non hay tan fuerte nin recio gigante
Que deste mi arco se pueda anparar,
Conviene que mueras cuando lo tirar
Con esta mi frecha cruel traspasante.

DICE LA MUERTE

A la danza mortal venid los nascidos


Que en el mundo soes de qualquiera estado,
El que no quisiere a fuerça e amidos
Facerle he venir muy toste parado.
Pues que ya el fraire vos ha pedricado
Que todos bayais a facer penitencia,
El que non quisiere poner diligencia
Por mi non puede ser mas esperado.

PRIMERAMENTE LLAMA A SU DANZA A DOS DONCELLAS

Esta mi danza traye de presente


Estas dos doncellas que vedes fermosas,
Ellas vinieron de muy mala mente
A oir mis canciones, que son dolorosas.
Mas non les valdrán flores e rosas
Nin las conposturas que poner solian,
De mi si pudiesen partir se querrian,
Mas non puede ser, que son mis esposas.

[p. 247] DICE EL PADRE SANTO

¡Ay de mi, triste, qué cosa tan fuerte!


A yo que tractava con grand prelacia,
Haber de pasar agora la muerte
E non me valer lo que dar solia.
Beneficios, e honrras e grand señoria,
Tove en el mundo pensando vevir,
Pues de ti, Muerte, non puedo fuir,
Valme Ihesucristo e tu virgen Maria.

9
siglo XVII
Poetas barrocos (Siglo de Oro)
Francisco de Quevedo
Amor constante más allá de la muerte
10
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera


Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,


Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;


Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
Sor Juana Inés de la Cruz

Hombres necios que acusáis

Hombres necios que acusáis


a la mujer sin razón
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
11
solicitáis su desdén
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión, ninguna gana;
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por crüel
y otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?
Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejáos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada, 12
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
Luis de Góngora

A una rosa

Ayer naciste, y morirás mañana.


Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida?
Y, ¿para no ser nada estás lozana?

Si te engañó su hermosura vana,


bien presto la verás desvanecida, 13
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.

Cuando te corte la robusta mano,


ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.
No salgas, que te aguarda algún tirano;

dilata tu nacer para la vida,


que anticipas tu ser para tu muerte.
Ya besando unas manos cristalinas,
ya anudándose a un blanco y liso cuello,

ya esparciendo por él aquel cabello


que Amor sacó entre el oro de sus minas,
ya quebrando en aquellas perlas finas
palabras dulces mil sin merecello,

ya cogiendo de cada labio bello


purpúreas rosas sin temor de espinas,
estaba, oh, claro sol invidïoso,
cuando tu luz, hiriéndome los ojos,

mató mi gloria y acabó mi suerte.


Si el cielo ya no es menos poderoso,
porque no den los suyos más enojos,
rayos, como a tu hijo, te den muerte.
Siglo XVIII
Poetas neoclásicos
Tomás de Iriarte

La rana y el renacuajo 14

En la orilla del Tajo


hablaba con la Rana el Renacuajo,
alabando las hojas, la espesura
de un gran cañaveral y su verdura.

Mas luego que del viento


el ímpetu violento
una caña abatió, que cayó al río,
en tono de lección dijo la Rana:
«Ven a verla, hijo mío;
por de fuera muy tersa, muy lozana;
por dentro toda fofa, toda vana».

Si la Rana entendiera poesía,


también de muchos versos lo diría.

.
Poetas románticos
William Blake

Un Sueño

Cierta vez un sueño tejió una sombra


sobre mi cama que un ángel protegía: 15
era una hormiga que se había perdido
por la hierba donde yo creía que estaba.
Confundida, perpleja y desesperada,
oscura, cercada por tinieblas, exhausta,
tropezaba entre la extendida maraña,
toda desconsolada, y le escuché decir:
“¡Oh, hijos míos! ¿Acaso lloran?
¿Oirán cómo suspira su padre?
¿Acaso rondan por ahí para buscarme?
¿Acaso regresan y sollozan por mí?”
Compadecido, solté una lágrima;
pero cerca vi una luciérnaga,
que respondió: “¿Qué quejido humano
convoca al guardián de la noche?
Me corresponde iluminar la arboleda
mientras el escarabajo hace su ronda:
sigue ahora el zumbido del escarabajo;
pequeña vagabunda, vuelve pronto a casa”.
Siglo XIX
Poetas modernistas
Rubén Darío

Sonatina 16

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?


Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormu?
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Siglo XX- Primera mitad
Poetas iberoamericanos
Pablo Neruda
17
Cien sonetos de amor

Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo


y por las calles voy sin nutrirme, callado,
no me sostiene el pan, el alba me desquicia,
busco el sonido líquido de tus pies en el día.

Estoy hambriento de tu risa resbalada,


de tus manos color de furioso granero,
tengo hambre de la pálida piedra de tus uñas,
quiero comer tu piel como una intacta almendra.

Quiero comer el rayo quemado en tu hermosura,


la nariz soberana del arrogante rostro,
quiero comer la sombra fugaz de tus pestañas

y hambriento vengo y voy olfateando el crepúsculo


buscándote, buscando tu corazón caliente
como un puma en la soledad de Quitratúe.

Poema XX

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.


Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.”
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

18
Xavier Villaurrutia

Nocturno en que nada se oye

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen


sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso 19
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
Y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo.
Tomás Segovia

Besos

Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica


primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas
anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia
que revientan como claveles de sombra
luego de pronto todos juntos
hundiéndose en tu gruta marina
chorro de besos sordos entrando hasta tu fondo 20
perdiéndose como un chorro en el mar
en tu boca oceánica de oleaje caliente
besos chafados blandos anchos como el peso de la plastilina
besos oscuros como túneles de donde no se sale vivo
deslumbrantes como el estallido de la fe
sentidos como algo que te arrancan
comunicantes como los vasos comunicantes
besos penetrantes como la noche glacial en que todos nos abandonaron
besaré tus mejillas
tus pómulos de estatua de archilla adánica
tu piel que cede bajo mis dedos
para que yo modele un rostro de carne compacta
idéntico al tuyo
y besaré tus ojos más grandes que tú toda
y que tú y yo juntos y la vida y la muerte
del color de la tersura
de mirada asombrosa como encontrarse en la calle con
uno mismo
como encontrarse delante de un abismo
que nos obliga a decir quién somos
tus ojos en cuyo fondo vives tú
como en el fondo del bosque más claro del mundo
tus ojos que tú no conoces
que miran con un gran golpe aturdidor
y me inmutan y me obligan a callar y a ponerme serio
como si viera de pronto en una sola imagen
toda la trágica indescifrable historia de la especie
tus ojos de esfinge virginal
de silencio que resplandece como el hielo
José Carlos Becerra

Batman

Recomenzando siempre el mismo discurso,


el escurrimiento sesgado del discurso, el lenguaje para distraer al silencio;
la persecución, la prosecución y el desenlace esperado por todos.
Aguardando siempre la misma señal,
el aviso del amor, de peligro, de como quieran llamarle.
(Quiero decir ese gran reflector encendido de pronto…)
21
La noche enrojeciendo, la situación previa y el pacto previo enrojeciendo,
durante la sospecha de la gran visita, mientras las costras sagradas se
desprenden
del cuerpo antiquísimo de la resurrección.

Quiero decir
el gran experimento.
buscándole a Dios en las costillas la teoría de la costilla faltante,
y perdiendo siempre la cuenta de esos huesos
porque las luces eternamente se apagan de pronto, mientras volvemos a insistir
en hablar a través de ese corto circuito,
de esa saliva interrumpida a lo largo de aquello que llamamos el cuerpo de Dios,
el deseo de luz encendida.

Llamando, llamando, llamando.


Llamando desde el radio portátil oculto en cualquier parte,
llamando al sueño con métodos ciertamente sofocantes, con artificios inútilmente
reales,
con sentimientos cuidadosa y desesperadamente elegidos,
con argumentos despellejados por el acometimiento que no se produce.
Palabras enchufadas con la corriente eléctrica del vacío, con el cable de alta
tensión del delirio.
(Acertijos empañados por el aliento de ciertas frases, de ciertos discursos acerca
del infinito.)

Recomenzando, pues, el mismo discurso,


recomenzando la misma conjetura,
el Clásico desperfecto en mitad de la carretera,
el Divinal automóvil con las llantas ponchadas
entorpeciendo el tráfico de las lágrimas y de los muertos, que transitan
Clásicamente en sentidos contrarios.
Recomenzando, pues, la misma interrupción,
La pedorreta histórica de las llantas ponchadas,
el sofisma de cada resurrección,
el ancla oxidada de cada abrazo,
el movimiento desde adentro del deseo y el movimiento desde afuera de la
palabra, como dos gemelos que no se ponen de acuerdo para nacer,
como dos enfermeros que no se coordinan para levantar al mismo tiempo el
cuerpo del trapecista herido.

(Aquí el ingenio de la frase ganguea al advertir de pronto su sombrero de copa de


ilusionista;
ese jabón perfumado por la literatura con el cual nos lavamos las partes irreales
del cuerpo,
o sea el radio de acción de lo que llamamos el alma,
las vísceras sin clave precisa, los actos sin clave precisa, 22
la danza de los siete velos velada por la transparencia del dilema;
y por la noche, antes de acostarse,
la dentadura postiza en el vaso de agua,
la herida postiza en el vaso de agua, el deseo postizo en el vaso de agua.)

La señal... la señal... la señal...


Elías Nandino

TENGO MIEDO DE TI...


Tengo miedo de ti,
de mí,
del mundo, del aire,
del amor, de la sombra.
Tengo miedo de todo.
¡Tengo miedo del miedo!
Tengo miedo a caer 23
sin nombre,
sin memoria y sin cuerpo,
en la eternidad
del olvido y del silencio.

¿Para qué soy


si para siempre dejaré de serlo?

¿QUÉ ES MORIR?
-¿Qué es morir?
-Morir es
Alzar el vuelo
Sin alas
Sin ojos
Y sin cuerpo.
César A. Vallejo

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!


Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
24

Son pocos, pero son... Abren zanjas oscuras


en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,


de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre...pobre! Vuelve los ojos, como


cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!


Enriqueta Ochoa

Las vírgenes terrestres

¡Mentira que somos frescas quiebras cintilando en el agua!,


que un temblor de castidad serena
nos albea la frente;
que los luceros se exprimen en los ojos
y nos embriagan de paz.
¡Mentira!
Hay una corriente oscura disuelta en las entrañas 25
que nos veda pisar sin ser oídas
y sostener equilibrio de rodillas
con un racimo de luces extasiadas
en el pecho.

III
Dicen que una debe
morderse todas las palabras
y caminar de puntas, con sigilo, cubriendo las rendijas,
acallando al instinto desatado,
y poblando de estrellas las pupilas para ahogar
el violento delirio del deseo.
Pero es que si el cuerpo
pide su eternidad limpio y derecho,
es un mordiente enojo andarle huyendo;
dejar su temblorosa mies ardiendo a solas
sin el olor oscuro de los pinos.
Siempre cerrada, ignorando cómo se desgaja
el surco dorado ante la siembra;
de tumbo en tumbo,
cerrados los sentidos
y alumbrándose a medias.

V
En esta brava inmensidad
no logran retenerme los desvaríos blandos
o el ímpetu del sueño.
La tierra es ruda, trémula, ardorosa,
y se me expande dentro.
El vértigo sanguíneo esplende
arrebatando al canto
y ni le puedo contener el paso
ni sustraerme a los labios
que me caen al papel como dos brasas.
León Felipe

Deshaced ese verso

I
Deshaced ese verso.
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía, 26
eso
será la poesía.
II
Poesía,
tristeza honda y ambición del alma,
cuándo te darás a todos… a todos,
al príncipe y al paria,
a todos…
sin ritmo y sin palabras!
III
Sistema, poeta, sistema.
Empieza por contar las piedras,
luego contarás las estrellas.
IV
Ni de tu corazón,
ni de tu pensamiento,
ni del horno divino de Vulcano
han salido tus alas.
Entre todos los hombres las labraron
y entre todos los hombres en los huesos
de tus costillas las hincaron.
La mano más humilde
te ha clavado
un ensueño…
una pluma de amor en el costado.
V
No andes errante…
y busca tu camino.
—Dejadme—.
Ya vendrá un viento fuerte
que me lleve a mi sitio.
Gabriela Mistral

Amor, amor

Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,


late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡lo tendrás que escuchar!
Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de amar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave: 27
¡lo tendrás que hospedar!
Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
¡lo tendrás que hospedar!
Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer!
Te echa venda de lino; tú la venda toleras;
te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso para en morir!
Tomás Segovia

Besos

Hay besos que pronuncian por sí solos


la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas 28
hay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.
¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.
Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca. 29
Poetas internacionales
Sylvia Plath

Espejo
Soy de plata y exacto. Sin prejuicios.
Y cuanto veo trago sin tardanza
tal y como es, intacto de amor u odio.
No soy cruel, solamente veraz:
30
ojo cuadrangular de un diosecillo.
En la pared opuesta paso el tiempo
meditando: rosa, moteada. Tanto ha que la miro
que es parte de mi corazón. Pero se mueve.
Rostros y oscuridad nos separan
sin cesar. Ahora soy un lago. Ciérnese
sobre mí una mujer, busca mi alcance.
Vuélvese a esos falaces, las luciérnagas
de la luna. Su espalda veo, fielmente
la reflejo. Ella me paga con lágrimas
y ademanes. Le importa. Ella va y viene.
Su rostro con la noche sustituye
las mañanas. Me ahogó niña y vieja.
Paul Celan

De noche
De noche,
cuando el péndulo del amor oscila
entre el siempre y el nunca jamás,
tu palabra derriba las lunas del corazón
y tu ojo azul –borrascoso–
le entrega el cielo a la tierra.

Desde una lejana arboleda 31


oscurecida por el sueño
llega hasta nosotros el aliento
y lo que perdimos transita
inmenso como un espectro del futuro.

Lo que ahora se hunde y se levanta


quiere lo sepultado en la entraña:
ciego como la mirada que cambiamos,
el tiempo lo besa en la boca
Arthur Rimbaud

A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales


algún día diré vuestro nacer latente:
negro corsé velludo de moscas deslumbrantes,
A, al zumbar en tomo a atroces pestilencias,

calas de umbría; E, candor de pabellones


y naves, hielo altivo, reyes blancos, ombelas
que tiemblan. I, escupida sangre, risa de ira
en labio bello, en labio ebrio de penitencia; 32

U, ciclos, vibraciones divinas, verdes mares,


paz de pastos sembrados de animales, de surcos
que la alquimia ha grabado en las frentes que estudian.

O, Clarín sobrehumano preñado de estridencias


extrañas y silencios que cruzan Mundos y Ángeles:
O, Omega, fulgor violeta de Sus Ojos.
Paul Valery

El Cementerio Marino (Fragmentos)

Este techo tranquilo, de palomas surcado,


Entre pinos y tumbas palpita, deslumbrado.
El justo Mediodía compone allí su fuego.
¡El mar, el mar, el mar que siempre recomienza!
Después de un pensamiento, ¡qué dulce recompensa
Una larga mirada al divino sosiego!
¡Qué pura obra de relámpagos consume 33
Tanto y tanto diamante que la espuma reúne
Y qué serenidad parece acontecer!
Cuando sobre el abismo un alto sol dormita,
Orfebrerías puras de una causa infinita,
El tiempo reverbera y el ensueño es saber.
¡Sólo conmigo cuentas para acallar tus miedos!
¡Mis arrepentimientos, mis dudas, mis denuedos,
Son de tu gran diamante la única impureza! …
Pero en su noche grávida de silenciosos mármoles,
Un pueblo vago en las raíces de los árboles
Ya de tu lado, quieto, a colocarse empieza.

Los jubilosos gritos de las adolescentes,


Los párpados, los ojos y los húmedos dientes,
El seno encantador que juega con el fuego,
La sangre ardiente en los labios que se entregan,
Y los últimos dones, los dedos que los niegan,
¡Todo va bajo Tierra, todo regresa al juego!

¡Sí! Majestuosa mar de delirios dotada,


Piel de pantera y clámide agujereada
Por millones de ídolos donde el sol se refleja,
Hidra absoluta, ebria de tu carne azulada,
Que en tu brillante cola hundes la dentellada
En un tumulto que al silencio semeja,
¡El viento se levanta! … ¡Hay que intentar vivir!
Mi libro cierra, inmenso, luego lo vuelve a abrir,
¡De las olas deshechas nuevas olas derivan!
¡Volad, volad vosotras, páginas deslumbradas!
¡Romped, olas! ¡Romped con aguas exaltadas
Este techo tranquilo donde los foques iban!
Siglo XX- SEGUNDA mitad
Elizabeth Bishop

Un arte
34
El arte de perder se domina fácilmente;
tantas cosas parecen decididas a extraviarse
que su pérdida no es ningún desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la angustia
de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.
El arte de perder se domina fácilmente.
Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido:
lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.
Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.
Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue
la última o la penúltima de mis tres casas amadas.
El arte de perder se domina fácilmente.
Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más:
algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.
Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto
que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente,
así parezca (¡escríbelo!) un desastre.
Alejandra Pizarnik

LA JAULA

Afuera hay sol.


No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel 35
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.


Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay sol.


Yo me visto de cenizas.
Siglo XXi
Alejandra del Río

UNA MUJER PESA SOBRE MI LENGUA

Yo que te habría propuesto


empezar tartamuda 36
una historia de tropiezos.
Besos de lengua en rebeldía con las bocas
besos besados en la hoguera de las brujas
soga al cuello en tu risa de duende:
un animal pretérito y molesto
asomado a tu hombro y saludando.

Yo que te habría mostrado


el pez infierno que nada en nuestra sangre
una caricia que estalla al filo de la mueca
el feroz insulto de un cordero mudo
y mi celo que grito torpemente
amparada en la esperanza
de mil mañas insolentes, son sólo signos:
por todas partes brotan dedos
que hacen más sol este caudal.

Yo que habría escrito coplas de vino ciego


con mujeres calladas que se adivinan en lo oscuro,
a tientas habría parido extrañas criaturas
que te nombrasen en la ausencia
y tejieran de tu recuerdo sendas túnicas
para ir ataviada como Reina,
toda entera: disfrazada de ti.

( Estaba pensando en mordisquearte en las semillas


para que brotara esa sonrisa de niña seria y deseosa
para que brotara ese canto que canto
a la sombra que despides en todas direcciones,
pero apenas escribo cierto nombre
como para que te sirva de alfombra
lo escribí hace rato con las huellas que dejaste:
para verte caminar sobre el verbo en fuego
para ver como escalda tu mirar
para ver si con eso no me duele tanto este querer ).
María Baranda

Dylan y las ballenas

Tengo por ojos dos jardines y por boca


un sol que anuncia la lumbre en la marea.
El campo de mi infancia es ahora
un lugar redondo donde mi corazón
palpita con la sangre de los cerros.
No tengo ya otra luz que la del río
que se aleja hacia el cielo de mis años 37
bajo el sol
que en la cresta del tiempo resurgiera.
No guardo otra razón sino cantarle
al último Odiseo de los campos, niño feliz
y desbocado como caballo ciego en la pradera.
Vivo a la orilla de los truenos,
donde comer un trozo de pan
es despojar del aire conyugal a las hormigas,
donde decir no tengo nada
es lamer la copa de los valles procelosos,
la memorable ciénega del miedo.
Tengo aquí lo que antes era una muerte sin mí,
una vida honda sin nadie que me diera aire,
cielo, sol o el ímpetu de estar en una sola forma,
abierta claridad inigualable, donde retumba
mi pobre corazón de pez errante entre los hombres
para elogiar el rostro de la lluvia
y la cara recién parida de la tierra.

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