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Escuelas Socialistas: Doctrinas y Métodos

1) El documento presenta las doctrinas del socialismo integral o marxista, incluyendo la concepción materialista de la historia, la teoría del valor de Marx, y la idea de que la concentración de capitales llevará al triunfo del proletariado. 2) Sostiene que la lucha de clases es inevitable bajo el capitalismo y que el proletariado debe organizarse políticamente a través de partidos obreros para conquistar el poder. 3) El objetivo final es reemplazar la propiedad privada y la economía capitalista por un sistema co

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Escuelas Socialistas: Doctrinas y Métodos

1) El documento presenta las doctrinas del socialismo integral o marxista, incluyendo la concepción materialista de la historia, la teoría del valor de Marx, y la idea de que la concentración de capitales llevará al triunfo del proletariado. 2) Sostiene que la lucha de clases es inevitable bajo el capitalismo y que el proletariado debe organizarse políticamente a través de partidos obreros para conquistar el poder. 3) El objetivo final es reemplazar la propiedad privada y la economía capitalista por un sistema co

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LAS ESCUELAS

SOCIALIS
SUS DOCTRINAS Y SUS MÉTODOS DE ACCIÓN

Traducción libre y adaptación de la


obra aLas Escuelas Socialistas* de

M. A. B E C H A U X

Arreglo y traducción de

LUIS ADDUARD
- .
7-
F .. ,*.

E D I T ' O R I A L N A S C I M E N . T ~ Q
SANTIAGO 1931 CHILE
Impreao en las talleres de
la Editorial Nascirnent*
= A h u m a d a 125-
Santiago de Chile. 1931.
PREFACIO

El extraordimrio entusiasmo que vemos actualmente en


Chile por formar Partidos Socialistas, y la evidente des-
oi.Éentación que se observa en el público respecto de las
ideas socialistas mismas, hacen útil dar a conocer en una
corta exposición de fácil y rápida lectura las líneas gene-
rales de las escuelas socialistas en boga: es lo que pretende
este folleto.
Nos hemos limitado a traducir y compendiar el libro
"Les Ecoles Socialistes", de que es autor M. A. Béchuux,
miembro correspondiente del Instituto de Francia y profe-
SOY honorario de Economía Politica y Ciencia Financiera en
la Facultad de Derecho de Lille. Estd obra fué publicada
en 1912; no obstante creemos que la forma en que trata
da materia es tan odecr~aduhoy como lo era en ese enton-
ECS.
La claridad y concisión del libro de M. Béchaux nos han
hecho preferirlo dentro de la ~astisirnaliteratura que existe
sobre Soc~[Link] este compendio hemos procurado con-
set?lar las pmtes esenciales, principalmente las que se re-
fieren d doctrinas y a métodos de acción; en cambio, hemos
eliminddo en lo posible Ea critica de los sistemas, ya que
nuestro propósito es zinicamente hidcer una sencilla exposi-
ción de escuelas.
La modestia misma del fin de dirulgación que perse-
gtsimos, nos permite confiar en alcanzarlo.
INTRODUCCION
1. Marx y la creación del Partido Socialista.-11. Las pri~~cipales
doctrinas socialistas en el siglo XX.-Su unificación

La palabra "Socialismo" designa un conjunto de doctrinas y


de rrrganizsiciones que tienen por objeto la transformación eco-
nómica de las sociedades. Quien dice socialismo, dice tlrainsfor-
mación, y sólo es socialhta el que tiene el sentido de las des-
trucciones necesarias y de las reconstituciones integrales.
Durante la primera mitad del siglo X,IX, los reformadores
socialistas fueron legión. Utopistas y místicos, soñadores y vi-
sionarios, bosquejan el plan de la sociedad futura: se les escucha
sin creerles y se les aplaude sifi seguirlos. Pero a unedisdos
del siglo aparece en Alemania un maestro iilustre de la escena
socidista, filósofo y agit adar, cuya influencia había de per-
durar: es Carlos Marx.
Para Marx el socialismo es "científico", pues se apoya en
hechos hisóricos y contemporáneos rigurosamente wlaserva-
dos, definidos y compaia'dos. De ellos {desprende tres pun-
tos fundamentales. Primero, Ba concepción mtateriallista de
da historia, según la cud las relaciones econímiicas de los
hamlbres y la vida material de los pueblos constituyen el
fondo mismo de la vida sociad. En seguida, la teoría del
valor, que sostiene que el tralbajo idel obrero determina d
precio .de las cosas, en tanto que la concur~renciaobra sobre
la retribución de b s trabajadores en perjuicio [de ellos. Fi-
nalmnte, Marx estima que la concentración progresiva y
f o r m a de los capitales, conduce poco a poco a la desapa-
rición de las clases medias y deja en juego solamente a dos
clases enemigas por n aturalleza: los deten toms del capital y
los proletarios. $ b m o entaltilar la lucha y asegurar el triuai-
fo de los trabajadores?
Con ese objeto Marx reforzó su "escuela" constituyendo
un "partido", el partido obrero, que deipués ha tenido sus
representantes en los Parlam~entos, sus comités polímticos y
su programa. Si se pretende transformar en el futuro la
mdti~dicidad de los capi~tales ~rivados en la wzidad de un
capital colectivo, es necesario trabajar desde luego por con-
quistar 90s poderes públicos, único medio, decía Marx, de
realizar la reforma.
Así han nacido en los distintos países los partidos socia-
listas, c o m los verdaderos ,representantes de las
abreras. En algunos Es~adosdos &cípdos de Malx se mues-
tran intransigentes y rewhazan toda alianza con los demás
partidbis políticos, conrando sólo con 'la incesante propa-
ganda electoral para llegar 'a la conquista &1 ~ o d e r .En otros
Estados, en cmfbio, las jefes socialistas contraen uniones pa-
cajer,as con 110s adversarios o con los amigos del pader y pro-
curan, merced a beneficios i ' d i a t o s , d triunfo futuro de
l a causa. Todos, intransgentes o reformistas, son enemigos
del imperialismo capitalisbtay combaten la privada
y la libertad de trabajo.
En el siglo XX se diseña,n tres escuelas socialistas, (cada
una con sus doctrinas y sus métodos d'e acción propios. Si
los sistemas casrewn a veces de claridad, las organizaciori~s
de combate están, en cambio, a plena luz. Tres cuerpos de
ejército maniobran por todas partes a nmstra vista. Uno,
compuesto de marxistas convencidos, ha inscrito en su ban-
dera estas paflabras llenas de f p r m s a s : colectivismo integrad
y conquista del poder; otro, abierto a los socialistas refor-
mista~,usa del parlamentariú.m~,y, ~ropiciandoreformas par-
ciales inmediatas, eapen profundas transformaciones futuras;
el tercero, en fin, creado por d sindicalismo, recibe a los mi-
litantes de la revalución social, a los que reemplazan la tác-
tica pol~ítica por la acción directa y la propaganda por el
hecho.
Pero una voz de arden los reune a todos: Proletarios de
todos los paises, unios. La lucha de clases alparece así como
el dogma por exdencia del mumndo del tmibajo.
Estas tres tendencias, que parece difícil conciliar, han lo-
grado a veces unificarse. Así, por ejemplo, en el Congreso
de los mcialistais franceses, realizado en Tolosa a fines de
1909, M. Jaurh hizo aprobar y aclamar una "declaración",
cuyas tres partes principales corresponden a las tres corrien-
tes sacialista~s.
A los maestros del socjalis?no integral o colectivista, les
dice:
"El Partido Socialista, partido de la clase obrera y de la
revolución social, persigue la conquista del poder político
para Ia emancipación de los mediante la destruc-
ción del riégimien capitadista y la supresión de las clases; Ze
recuada incesantemente al proletariado por medio de la propa-
ganda, que no encontrará su salvación y su entera l i k -
ción sino en d régimen colectiviea o comunista; (lleva esta
propaganda a todos los ambientes, para suscitar en todas par-
tes el espíritu de reivindicación y i i e combate; conduce a la
clase obrera a .un esfuerzo cotidiano, a una acción continua
para miejurar SUS condiciones de vida, de trabajo y de lucha".
A 10s jefes del socralzsmo refovmzsta, que quieren resultados
inmediatos tangibles:
"El Partido Socialista es el más atrevidamente reformador,
ei único que puede llevas su acción hasta cla reforma total, el
único que puede dar a cada reivindicación obrera un esfuerzo
pileno, el único que puede hacer sigmpre de cada reforma, de
cada conquista, el punto de ps17tida y de apoyo para xeivindi-
caciones más extensas y conqumistas más atrevidas. Y cuando
le señala a la clase obrera con la utilidad, la necesidad y el bien-
estar de cad'a reforma, los límites que le im,pone el medio ca-
pitalista, no es paiis apartarla del esfuerzo inmmdiato die rea-
lización, es para lwonducirla a conquistar reformas nuevas y
para l-iacerle siempre sensikile, hasta en el esfuerzo incesante
dle nlejoramiento, la necesidad & la refortma total, de lla traas-
f ornuación decisiva de la propiedad".
Finalnlent:, he aquí el llamado a los sindicdilisks revolucio-
narios:
"El Partido Socialista reconoce da imprtancta esencial de
la creación y desar~alllode los origanisnuñc obreros de lucha.
Para estos co,:lrbates, para estas conquistas, el partido emplea
todos los rndios de acción, regulando su uso por la voluntad
reflexiva de un proletariado organizado. El proletariado pro-
gresa y se libera por su esfuerzo directo, por su acción directa,
colectiva y organizada, sobre el patronato y los poderes pú-
blicos, y esta acción directa llega hasta la huelga general em-
pleada e n la defensa de las libertades obreras amenazadas".
Pero a pesar de los llamados incesantes de los jefes sacialis-
aas a la unidad, 11s divisiones ide ,doctrina y de táctica apa-
recen en caai todos los países.
EL SOCIALISMO IlNTEGRAL

1. La concepción materialista de la hietoría.-11. Teoría del va-


lor.-111. Concentración de los capitales.-IV. Organiza-
ción política del proletariado.

La vida económica, dicen los discípulos de Marx, es una


lzicha perm~ilente de clases. Ved la distribución de las rique-
zals: ieiI feudalismo capitalista que crece, la cliaise media que
muere y d proletariado 'que cubre, .ciada vez más numeroso, las
ciudades y los campos. Hay una opasicián iatnal entre la clase
capitalista y la lclzse obrera privada de capitdes y que sólo
tiene la fmrza~trabaj o. El Manifiesto del P,artido h u n i s ta,
aparecido en 1818, 4caraict'eiizabaesta "lucha neoesaria" de las
dos alases como una consecuenci~de l a organización moderna
del trabajo. Tal xfirmación se basa en la concepción wzderiur-
Lista de la historia.
La filosofta marxista enseña, en efecto, que son las fuerzas
de la producción las que determinan las relaciones sociales y
que Ua evuluición de las socieda-des humanas se efectúa bajo
la influencia de causas puramente materiales. La estructura
económica es el fundamento de una superstructura, moral, ju-
rídica y política; p r o ésta no es sino la consecuencia de aqué-
lla. En toda época y en cada pueblo, la existencia material
imprime cvrá[Link] a la vida social. Luego, gsea vida está hecha
de luchale y de antagonismos, y el materialismo histórico apa-
rece como una aplicación nmmal de da ley de la concurren-
cia vital, es decir, de la lucha por la existenlcia.

Uno de los puntos fundaamentales de la doctrina marxict'a


es ,que el trabajo dej hombre crea el valor de las cosas. Esta es la
fórmula científica. La cantidad de trjabajo incorporada a una
cosa constituye la substancila, la causa misma del valor. Es
la energía 'del hombre l a que engendlra e1 valor. Ahora bien,
esta energía vital crea muchas más riquezas que las que con-
sume. El capitalismo coimpr.a la fuerza-trabajo lo más ba-
ram posible y vende el producto al más alto precio; resulta así
para el empleador un provecho, una plusvalía (&mayorvalor),
constituída por el hecho de quse d salario representa un míani-
inum de existencia, en tvnto que d p c i o de -venta Idel producto
rpresenta toda la suma de trabajo proporcionada por el obrero;
si éste trabaja seis días a la semana, se le paga sólo por tres.
En todas las industrilas hay un sobre-trabajo que no es re-
'tribuído y éste es d que permite el enriquecimiento continuo
de b s capitaaistas.
Conclusión práctica: Si el traLbajo del abwro crea el valor,
jlcómio admitir que la clase capitalista se enriquezca sin cesar,
y que d obrero no obtenga provecho alguno fuena de su sa-
lario? Esta es la cuestión que proponía d m,anifrlesto de 40s
socialistas uniiicados de Francia(, en vísperas de las eleccio-
nw de 1910, cristalizada en Jos términos siguientes:
"Mientras los medios de producción sean dntentados por
una clase, mientras esta clase capitalista, dueña de los gran-
des fundos y de llas grandes fábricas, explote el trabajo, no
ha'brá para vosotros libertad, ni seguridad, ni bienestar. Os
extenuaréis para proporcionar d capital sus rentas, sus rilqui-
leres, sus dividendos, sus diezmos multiplicados y acumula-
dos; vuestra substancia constituirá la riqueza de vuestros amos,
vuestra pajsividad será .su fuerza. No hay sino un medio para
redimiros: es substituir la propiedad capitalista por la propie-
dad colectiva, que, regida por vosotros y para vosotros, hará
de todos los siervos miodernos del salario, productores asocia-
dos y libres".
Queda entendido, pues, que la emancipación económica de-
p n d e de ba socitalización de ,111 popiedad, es decir, del cdec-
tivismo. Pero esta socialización &k aplicarse primero .a los
medios de produiccibn y de intencambio y no a b s &jetos de
consumo (adquiridos por el trabajo y que formarán la pro-
piedad de cada cual. Lo que se quiere es que los instrumkntos
creadores de la riqueza pertenezcan a la sociedad, pues la apro-
piación individual de ellos es la qw produce y mantiene las
dcsigwaLdades sociales.

La e s m l a marxista sostiene también que ln concentración


de los capitdas tiende ia suplanta^ ipco a poca a Ls pequeñas
empresas y que la usina, d gran almacén, la d t a banca, van 2
hacer tabla rasa de níii8oaes de productores libres y de tra-
baj a d m s iad~pendientes.
Nadie ha resurni'do m j o r esta tesis que M. Vandervelde,
rniemlbro del Parlamento belga y uno de los jefes más sespe-
tados del Partido Socialista.
"A medida, dice, que la especialización de (10s tcabajos mwlti-
plica las relaciones entre los productores, la hegemonía política
y ,social .del alto comercio y de la gran indw~riase afirma más
y más. ¿Qué irnportta, en efecto, el mayor o menor número
de expl~[Link], desde el instante que d capita-
lismo detsenta los órganas esenciales (de ba producción y del in-
tercambio? ?Qué puedlen 110s cultivadores parcelarios, los mo-
destas patrones de las industrias de arte o 'de lujo, ante las
ornn~ipotehteselnipresas que gobiernan los Banc,os, efectúan los
transportes, exexplotan &asindustrias extractivas, utilizan la mia-
yor parte de los productos agrícolas, producen o distribuyen
todos lm artículos de consumo corriente y desarrollan cada
vez mas la división y ba coordinación del trabajo social? Aún
cuando las antiguas formas subsistan, los productores i n h -
pendientes resultan productores interdepndientes".
Conclusión: l a ~ocializaciOn de las formas productivas es
la que pondrá fin a esta oligarquía capitalista, y una era nue-
va, lla era del colectivismo, sucederá a la dominación finan-
ciera del feuddismo contemporáneo. La industria peqwña y
la madiana están condenadas a desaparecer; pero el socialismo
acecha a su vez a la producción capitalista. Aplaude la mbul-
tiplicxión de las grandes empresas y ensalza los monopolios h
hecho, porque espera que con ellos será más fácil l a expro-
piación de 110s instrumentos de Ba ruqueza.

Si para Marx y sus discípulos, la socialización de las fuer-


zas productoras es una ~conse~uencia de la evolución econó-
mica, conviene activar esta evoluci6n merced a ln orgarziza-
cidn lolitica del proletariado. Tal leca la ~canclusióndel Ma-
nsesto dce 1848, que tuvo , p r resultado la funsdación de la
Inte~naciond.
El impulso imprimido al obrero es internacional;
peso a través de las organizaciones nzciona~leses como el partido
colecrivista a f i r m su potencia efeotiva. Tiene sus jefes y SU
pmgranua político.
Si la emancipación económica aparece como el término le-
jano de la evolución socialista, desde luego la emancipación
poilítica realiza sus beneficios. Gracias 21 md~agiounirersal y a
1% libertad- de prensa, reunión y asociación, el
puede dar a conocez sus voluntad-. El Manifiesto dectaral
francés de 1910, docía:
"Hombres de acción y resueltos a arrancar al Estado, por
l a fuerza de vuescr* organizalción política y sindicdista, to-
das las reformas que puedan alliviar un poco vuestros sufri-
mientos y aumentar la liberta~dde vuestro niovimienn:~,diréis
bien d t o que las reformas inmediatas: jornada de ocho horas,
extenión del derecho sindical a todos los empleados del Es-
taldo, del departamento y de la comuna, seguro social contra
riesgos de cesantía y de enfemdad, impuesto progresi~oso-
bre rentas y herencias, retorno a la Nación de llos monopolios
cuyo capital ha constituido sus m i s altak fortialezas, escruti-
nio de lista con representación no valen para
vosotros sino en cuanto son medios para aumentar vuestra
potencia de reivindicación total y para destruir aq capitalismo
ex~bcador". ,
$era 12's reiomas realizadas por las leyes y el desarrollo de
los servicios públicos, originan pesadas cargas [Link]. Si
para atenderlas se recurre r los impuestos de consumo, se
grava el presupuesto obrero; si se establecen impuestos direc-
t b s y progresivos sobre la renta, se provoca el 6xodo de capita-
les. L o s sacialiscas conocen sste dilema y, para resolverlo, en
su Manifiesto exponen n i s combinaciones finzncieras.
El plan es claro: reducir m lo posible lcw servicios de gw-
rra y aumentar ampliamente los de paz y de soIidaridad. Vea-
mas el Manifiesto:
"A vosotros os correspmde decir que queréis terminar con
los gastos del militarísmo mediante el .advenimiento de una
política de arbitraje y de paz. A vosotros, transformar en un
sistema de grandes milicias popularrs el ejército de odicio y &
cuartel, que es a h vez menos eficaz y mis costaso que la Na-
ción armada. A vosotros, exigir que para hacer frente a los
gstos de solidaridad social que irnpondrkis mafianar la Repú-
blica reclame los mayores sacriticiw a la riqueza".
El progralma socialista necesita ante todo, nos lo dice Kauts-
lry, que Pué uno de los mejores discípulos de f i r x , una orga-
nización ipdlitica para alcanzar la conquista del poder. Y, en
efeutn, el rnxxista manifiesta su vitalidad en las asam-
Meas ,parlamentarias. Particularmente, en Francia su actividad
Iegislativa es considerable. E n t ~los innumorables proyectw
que ha merece recordarse uno q* consiste en la
supresión ,de la Asistencia Píablica y la organización del "E-
gutr, obrero" que sostiendrá al individuo de la cuna a la tum-
ba. La asistencia, dice la expsición de motivos del proyecto,
"tiene un carácter de limosna y humillación", en cambio, d
seguro es un derecho. El financiamiento del proyecto descan-
sa principalmente sobre d presupuesto fiscal y los patrones.
Los socialistas marxistas comprenden perfectamente la re-
sistencia que encuentra su programa internacional y nacia-
ndl; por eso, para satisfalwr las necesidades obreras mis pre-
miosas, invitan a sus adeptas a llevar sus eduerzos a la ccuniuna,
al s~cialismomunicipal. En el Congreso de París acordaron:
"Que mdos los socialistas tienen el deber, sin descrrnwr la
bportanuia de la política general, de hacer comprender y apre-
ciar Ja actividad municipal, de conceder la Aas rdor,mas mmu-
naks la importancia que les da su rol de embriones de b sock-
d ~ colectivista
d y de empemíarw en hacer de los servicios comu-
nales: transportes urbz?nos, ~Jauninaicióm,agua, f w r m müriz,
baños, lavaderos, almacenes cmunzles, panaderías rnunicipates,
servicio alimenticio, ensefianza, servicio médico, hosp%t?Jes,hn-
bitación obrera, caiefacción, vestuario, policía, trabajos ccmu-
nales, etc., instituciones mmodeIostanto desde el punto de vista
h los intereses .diel público corno de la situación de los ciuda-
danm que las atienden.
"Que las comunas demasiado dCbila para proceder por si
solas a la .realizaci6n de estas aspiraciones, dabzn pcupairse
en [Link] federacwm conrunalles.
"Que en los países cuya organización política no permite a
las comuna6 entrar m r este camino, todos los socialistas A-
gidos tienen 61 deber bde usar de sus poderes con el fin de pro-
p o r c k a r a las orgmizaicions wmimales l a dilbrtad y la i,náe-
mludencia suficientes para realizar este desideratun~'~.
C o m se ve, el socialismo mlarxista reviste formati múltiples
y, en el 'terreno político, se muestra #delo más ecléctico.
Los dos programas-econhico y político-de La escueka
marxista han tenido por resultado inmediato 1a formación de
un partido obrero, local, nacional e inwrnaciond. Si este par-
tido preconiza su ,autonomía y su independencia, en el he-
cho no siempre &usa las allianzas electorales para acrecen-
tar su fuerza numérica, y su rígida ortodoxia doctrinaria 6
z veces a las exigencias de las luchas políticas. Pero este par-
tido proscribe l a entrada de los socia;listas (en los gobiernos
burgueses, y nJopretende conquistar d poder sino para realizar
su plan económico ínwgramnte: la socidOz~ciMzde las fwcrzm
productivas. Así sería diminada la #daseca~italistaDor la cla-
se obreca; así .ce a'briría pacíficamente ese período catastrófico
ck que Marx hablaba y que muchos de sus dkcípulos esperan
sobre tocto de la ~iolencia,diciendo: "La fuerza es ba paatera
del derecho".
SEGUNDA PARTE

1. Progema económico y político. -Los monopulioa del


Estado.-111. La reglamentación del trabajo.-IK La reali-
zación parcial y progreiivm de las reformas.

soci~alismoreformista, como d integral, reconoce por


jefe a Marx; pzro hace inclinarse las teorías del maestro ante
las realidaldes del presente. Si 'admite la acción preponderante
de los fenbmenos ecrrnóm'icos-según da con~[Link]ónmiateria-
listta de la historia- considera también que otras fuerzas, mo-
ralles, intelectualas y politicas, influyen sobre la vida de las
sociedades. Si ataca la libre concurrencia, m disimula sus be-
111cficios 12nel doble campo de la producción y de la circulación
cde la rijqueza. Si acepta que la mmentración de los bienes en-
p d r a un feudalismo c ~ ~ i t a l i s t acree
, con BUrnswin que esta
poderosa oligarquia, lejos de extenderse, s u f ~m~ltiplestm-
piews y que la clase media se mantiene y se desarrolla ~ i nee-
sar. Si, en fin, 1,a tesis del c o l ~ t i ~ i s mintegral
o sigue siendo el
ideal del marxismo, este ideal ,aparece lejano para Im socialis-
tas reformistas y no ven en 'la hipótesis contempránea .sino re-
formas parciales y sucesivas. De &e modo se bifurcan las dos
doctrinas económicas.
No es sólo la teoría, sino también la táctica de 'combate,
lo que distingue a las dos escuelas socialistas. Aún cuando am-
bas recurren al parlamentarismio para alcanzar l a conquista
del poder, únicamente los reformistas invitan a sus adeptos a
formar alianzas con los partidos burgueses y a colaborar en d
gobierno del país.
La tesis económica es la socialización (de las fuerzas produc-
tivas; la hipótesis, bajo el régimen de libertad de t~abajo,es la
introducción progresiva, de los monopalios del Estado. H e
aquí las aspiraciones formulaldas en La mayor parte (de los paí-
ses por los socialistas wformistas:
1.0 Extensión de las industrias d d Estado;
2.0 Reglamentación nlinuciosa de las industrias libres;
3.0 Establecimiento de un mínimum ,de salario ten las difé-
rentcs prwfe~iomes;
4.0 Introduccióii de retiros obreros praprcionados total o
parcialmiente por el pnesupwsto nacional;
F.o Aiimento de 'los impuestos sobre 1 s herencias en línea
di~ectap suprasión de la herencia en línea colateral; y
6.0 Impuestos progresi~~os sobre 3as rentas indiv,iduales.
La antigua doctrinz !de que "cuanto más interviene el Es-
tado, tanto m j o r comprende su misión", m el leitmotiv del so-
cialismo reformista; ella ha encontrado numerosap adhesiones
en #losdemás pnrtidos políticos. Nadie p m d ~extwñarse de que
los par~idosq u e abogan ,por el mono poli^ de la enseñanza se
alíen al m~onolpoliode los seguros, de la asistencia, de 9as minas
y de los ferrocarrilies. <Por qué se whusaría al Estado la fa-
bricación de un cuando se reivindica para él solo el
derecho de moldear los espíritus?
En Frzncii, La doctrina de1 r;ocialismo reformista ha sido
nítidamente formulada por M. Miillefiand. "No es socialista,
dice, quien no acepta la substitución necesaria y progresiva de
la propiedad captalista por la propiedad social . y est,a so-
cialización progresiva de las diversas categorías de las d i o s
de prodwoción, no puede ser sino un motivo de esperanza y &
akgría para 10s millones #de seres humanos Ilama'dos así a de-
varse & la condición de asalariados a la calidad de co-partíci-
pas de las riquezas sociales". Si taJ es l a tesis, el autor estudia
de preferencia la hipótesis económica acitual. Lo que él recilam~,
lo que consider~necesario y biedhewhor, es la mult~iplicación
de los mompolios #del Estado, es la reglamentación estricta de
las industrias libres, es el seguro obligatorio en favor del obrero
y en todas las cmlbinaciones posilbles. Finalmente, como es pre-
ciso llegair al fin lo más rápildamente que podamos, M. Milde-
rand recomienda al Partido Socialista las alianzas okctoraks y
la entralda de sus representantes en los consejos de gobierno.
Tal es la doctrina que encontrarnos vigorosamente defendida
en tudos los paíises (por los socialistas de gobierno.

Hbmbres de su tiempo, mezclados en las actividades econó-


micas de sus países, los socialistas reformistas quieren reformas
inmediatas y prioticas. Teniendo que degir entre el régimn
de la librr concurrencia y los monopolios del Estado, dan pre-
ferencia a estas ú l t h ~ o sy proclaman las ventajas de los ya
existentes.
En 191Q existían en Francia los monopolios del tabaco y de
los fósforos. El primero conoaba con veinte fábricas que ocu-
paban cerca de diecisiete mil1 obreros, y $ segundo con seis f á -
bricas y dos mil obreros. En am'bos se obsema el aumento gra-
du2l del salario y la disminución paulatina !de las horas de tna-
bajo; no obstante han permitido un margen cada vez mayor
para los gastos de beneficio obrero (gratifi~caciones,socorros ac-
.cbd@dk34"es,~ t i k o i etc.),
, los qde han Ikgado a sepresentar más
iie un 10 por ciehta obre d total de sa!arios.
Se han prewntado también al Parlamento de ese país n m -
i'ofos proyectos de nacioritalización minera. Para justificar esta
medida, el relator de uno de ellos, kI d~putadoZévais, decía:
"En el régixiiueli de nacionaJización, da producción minera en
lugar de estar albandmada a las inspiracibne, y fantasías indi-
viditales, thndrá un carácter unitario; el derroche será supri-
hido. Esta e~~ilotación unitaria no estaría obligada a mante-
her en exp!otación las minas reconocidas como poc3 ventajo-
bds". q a c e dotar en segriida que la indusmia nacionalizada de
las minas será una fuente de recursos para la Nación, como lo
es la de los zaFx.1~65, qbe ekos tj,nbfic?os pddrán ser Úbilmente
emfleadios en bbeas de ppakbisión social. Ibsiste,, bdemis, en que
las cdlidicines de trabajo y de vida de los obixros en la in-
dust'ria monopolizada serán mejores que bajo el régimen de
explotación partlcdir.

Ls regln~mentnción del trabajo La sido una de las cuestiones


más debatidas entre los socialistas ieÍormistas y sus adversa-
&s. Según Herbert Spncer, el Estado moderno está en su pa-
pel cuando asegura al hombne el máximo de libertad individual;
según los jefes socialistas, lo cbntrario es lo ciento, y el orden
social resulta de una intervención incesante de] poder. Los qw
no consideran sino la producción d ola riqueza, tienen razón al
sostener que la libertaid de fabricacibn y venta es una necesi-
dafd económ5ca; pe'm los que estudian las fuerzas humanas que
intervi~mhen la organización dei tahajo, tienen que cbnsi-
derar a patrones y obpems, en c u y a relaciones necesariamente
debe bter+knir 61 h a d o .
Aparecen, pues, en ,pugna las dos corrientes adversarias: in-
dividualista~y mciaristas.
Es innegable que el punto de vista de loi údtimos eb el que se
va 2briendo paso er, el mundo. Lo comprueban las numieriosas
leyes que se dictan en todas partes reglamen~adod trabajo
de hombres, mujeres y niños, sean obreros o empleafdos, y aún
sobre el trabajo a domicilio, o swating system, tan a menudo
denunciado par todos los que se esfuerzan en mejorar mlaterial
y nloralmiuite la suerte de los trabaajdores.

La ~ e a l ~ z ~ c z ópa>c~íll
,r. y flrogresiztli, de las refo~~lzas,
tal es la
finalidad ifimediat-, de !os socialista~sreformistas; por lesu sos-
tienen en todos los lpaíses la necmildad de las alianzas electo-
rales y parla~mntarias;p r eso también admiten la calabora-
ción ministerial de sus jefes.
Estas cuestir>nec provocan grandes divisiones en Los congre-
sos sociailistds, sean nacionales s ii~teri~~cir>n&es. Pero, en el he-
cho, 1-1 [Link] de los 'socialistas wfarmistas se acentúa más y
más en tadols b s Estados. La reglamenitación del tralbajo, las
leyes de seguro y asistenci'a, los impuestos progresivos gobre
{rentas y herencias, les han valido granldes triunfos parlamen-
tarios.
En realidad. d socialismo reformista se acerca mucho al SD-
cililismo de Estado; pero se separa de él en un punto funda-
mental: su ideal colecsilvista.
TERCERA PARTE

EL SOCIALISMD SINDICALISTA

1. La teoría sindicalista-La acción directa.-11. La Confedera-


ción General del Trabajo. -
111. La debilidad del sindica-
lismo.

La escuela sindicalista formula también un programa doctri-


nal y de acción, cuyas !línea generales trataremos de señalar. La
doctrina es ante todo económica; esta escuela declara no ocupar-
se ni de la cuestión fiolitica, ni de la cuestión moral; los intereses
rnateriailes diel proletariadto, consideraldo corno c1as.e de com-
bate, son su único objeto.
Si sus fundadores se han iniciado, por la lectura de Marx
y sus discípulos, en el estudio de las ~c~~~estiones económicas y
en la lucha de clasas quie les el fundamento ,mismo de la teo-
ría marxista, las sindicialistas tienen un conjunto de doctri-
nas aibsolutamente opuestas a las teorías de sus antecesores.
hhentras éstos ,admiten que la lucha de clases no p d e llegar
a su objet;vo sino ,por las iuchas olít tic as y la conquista del
poder, mientras van tras uiea centrali~aciónconstituída a base
de autoridad y disciplina, los sindicalist~ashacen dmcanssr SO-
bre la iiidsepenclencia individual y sobre la descentra~l~izacióa
d e grupas autófiomios su fuerza de propaganda y sus proba-
bilidades de éxito. Si unos y otros quieren subst~tuirla o r ,
ganización \económica de la socied'ad moderna, fundada so-
bre ia propiedad, por una apropiación colectiva & la riqueza
social, los primeros entienden proceder a esta substitución me-
diante una orgianizaciári Icgdl y centralizada, !os ottros, me-
diante la descentrali~~ción de los organismos y únicamente por
la acción revolucionaiia de los sindicaitos.
Veamo: el plan futuro de 13 organizacUón shldicrilista. Se
ftormarán asociricrones libres d e prodzlctoues, cada sindicato lle-
gprá a ser un centro de vida económica y deberá representar,
según parecs, para la emancipación ohreta, iei mismo m1 que
correspondió en otro tieingo a las comunas, contra d feuda-
Lism, para le emancipación burguesa. No se nos dice cómo ase-
gurarán estos grupos .autón~mns,independientes, !a satisfac-
ción de todas las neoesidades; pero se nos muestra la vida sin-
dical r e e q ~ l a : edo a la vida política moderne, y el federa-
lismo de los si*dic8atossubstituyendo, poco a poco, al conjunto
de los servicios públicos que constituyen d Estado. Si los neo-
sindicalistas son sobrios en detalles, encontramos en sus Ins-
pinaidores-Proudhoin, Balrounin, Krop~kin-la exposición de
la doctrina "libertadora". Estos reformadoríes estiman que,
para ser feliz, la vida social de los hombres debe estar basada
sobre relaciones juridicas y económicas voluntanas; el libre
contrato será la regil de los actos humanos y cada grupo hará
respetar los contratos celebrados por los miembros del grupo.
Así se org,anizará !a federación libre de los individuos en las
comunas y é>tas se unirán a otras comunas para la formación
de sociedades independientles. El Estado, tal como se ha con-
siderado hasta ahora, desaparecerá.
En cuanto al programa de acción cdel sindicalismo, una fra-
se resumie toda su táctica: es la acción drrecta. Veamos cómo
la definen ios sindicalistas. "Acción directa quiore de-
cir aoción de los obreros mismos, esto es, a'cción directahnte
ejercida por los interesados. Es el trabajzdor quien maliza por
si d s m o su esfuerzo; Io ejerce personalmente sobre las poten-
cras que lo dominan, para obtener de dlas las ventajas que
reclama. &Iddiante la accdn diaecta, el obraro crea por sí mis-
mo su lucha; es é.l quwn tia conduce, decidido a no valerw de
otros sino de sí mismo para libenarse". Debemas deducir,
p m , que la accihn diriecta es una manifestación ara reflexiva,
ora espontánea de la conciencia y de la energía obrera, ord
pacífica, ora violrnt~a, dirigida contra los patrones y contra el
Estado.
Cuando el iindicalisrn~o combata a 109 patrones, sus prin-
cipzles m ~ d i o sson: e1 lnbel, el boycot, el sabotaje, la huelga
locd y, f i n h n w , la huelga pneral. El labe1 es la invitación
hecha poi. una corporación a la población obltera para q w ad-
quiera sus iprovisiones de los co&nciantes e industriales que
han adoptaido 'la marca inicial, signo de su adhesión a un con-
junto de reglas &terminadas. El1 iboycot es l a invitación hecha a
los obreros y a los toonsumi~dorespara que corten sus relaciones
comiercials con la casa o la empresz que se ha resuelto in-
cluir rn el índice. En cuanto al ssimtaje, según dicen los sin-
dicalistas, es la práctica de la máxima "A miala paga, mial
trabajo", y se efectúa por la lentituld en la producción,
por al trabajo mal hecho, o por d deterioro de los instlmmen-
tos productores.
Cuando la lucha va dirigida contra el Estado, se manifiesta
por ba, presión exterior que debe ejercer el proletarialdo ien el
terreno económico; 10s modos varían ~ g ú nlas circunstancias
y van desde la asamblea pacífica hasta ilas reiiniones tmud-
tuosas, desde la huelga parcial hasta la huelga general, desde
la concentración de las masas hasta la revuelta y la revolu-
ción.
NO es posible dej'ar de ligar d esfuerzo sindicalista a la
pmpaganda anarquista. Son los {propios lead(crs tdel anarquismo
los que nos expresan su esperanza en el sindicalismo, son ellos
los q m en el Congreso Anarquistas de Am~terdam (1907)
adoptaban las conclusbnes siguientes:
"1.0 El &ngreso libertario internacional considera a 10s
sindicacos como organismos de combate en la lucha de las
clases obreras. Recomienda a los camaradas que sostengan las
organizaciones sindicales, pero considera que la tarea de 10s
anarquistas es constituir en ellas un elemento revolucionario,
propagar y sostener sólo las formas y manifestaciones de la
l'cción directa, que lleva en sí misma un carácter revolu-
cionario.
"2.0 En cuanto a la huelga general, 4 Congreso libertario
drclaiia renerla por un mtable estimulante de la organización
y del espíritu de revuidta. No debe ser confundida con la
hudgg general política, que no es otra cosa que una tsn-
tativa para apartar a la huelga genenal de sus fines económiccus
y revolucionarios. Mediante huelgas generalizadas a locolida-
des, a regiones, a profesiones entera's, se levantará progresiva-
mente la clase obrera y se encaniinará hacia la huelga gene-
ral expropiaidora".
Esta dable resolución explica la ,antipatía que manifiest aa
d socialismo marxista y d reformista a las grupos anarquistas.
Los sindicalistas anarquistas se jactan de ser los únicos qw
comprenden la lucha de clases. Ellos celebran el odio creador,
ven en él al factor de toda renovación y saludan la guerra
civil sooial como una condición de vida jr de progreso.

Las numerosas agrupaciones sindicales que se han organi-


zado en los difei-entes países, han ejercido, sin duda, una in-
fluencia real en el régimen del trasbajo.
En Francia, la Confederación General del Trabajo ( C . G .
T.) reune bajo su enseña a varios miles de sindicatos for-
maidos no sólo por obreros de las industrias ,libres, sino tam-
bién por 110s trabajadores y empleados del Estado que, como
",proletarios adimirilstratlvas", han constituído numerosas or-
ganizaciones bajo la idea siiidical. Toldos los sindicatos de 1,a
C. G . T. son veodiaderos organismbs de combate; oigamos a
M. Pouget, uno de sus j ~ f m :"La labor que prima sobre to-
das y que. da al Si'ndrcato su ve~daderocarácter de organis-
mo de comibate, es una labor de lucha de dases: es de m i s -
tencia y de educación. Los Sinldicattos franceses x han pre-
ocupado en otm tiempo de la mutualidad; azín han acaricia-
do d sueño de emanciparse por la cooperación; pero, gracias
a la experiencia adquirida, la obra de mhencia a la explota-
ción capitalista es la que domina todas sus prcocurpaciones".
Resul'tado de la propaganda sindicalista fueron las dos gran-
des huelgas francesas, la de Correos (1909) y la de Faroca-
rriles (1910). Estas huelgas conmo~"ieuonprofunjdamente a la
opinión púiblica que, a trwés de ellas, comprendió lo que pue-
de ser la lucha de dases. Sólo fueron dominadas gnacias a las
mdidas severas y rápidas que adoptó el gobierno; en la huel-
ga de 1910 hubo de declarar que el movimiento era una "in-
surrección" y movilsizó una parte de1 personal ferroviario,
sometiéndolo a reglamentos militares.

Las cuadros ~i~ndicalistas


astán siempre zbiertos a las avan-
zadas de la anarquía; sin embargo, hay una dikrencia entre
el antiguo comunismo anárquico y el neo-sinidicdismo. En
tanto que el primero recibía a todos los innovadores, el se-
gundo no 'agrupa sino a los obneros y en este sentido es "pzo-
fesional". Así comprendido, el sindicato revducionario orga-
nizado en cada profesión, reunirá más y más obreros descon-
tentos de m suerte. Tal vez los nuevos grupos (sean menos
violentos que 10s clubs anarquisitas de antaño, yero serán más
namrrosos y sóiidos.
Fácil es ensalzar la acción dilmcta y hacq Illamados a la 60-
lencia; p,ero la ejecución de los ip1anes de batalla presenta ru-
das obstaculos. En el .seno 'de los sindicatos aparecen las dos
úend>enci~as que 'existen en la naturaleza míel hombre: una, pru-
dente y reservada; la otra, atrevida y exaltada. Pfoi llas de-
cision'es violentas se realizan con vacilación, ya 'que no &m-
pre son seguidas por las corrientes moderadas, y así d movi-
mitento piierde su eficacia.
Los teóricos del sinidicalismio se dan cuefita de estas dificul-
tades; sa'oen que m la violencia no puede ser la regla permanente
de la vida 'sindical; p x eso hacen llamados a a r a s preocupa-
ciones para mantener e interesar a las agrupaciones obreras.
"El sindicalismo, dice M. Lagardelle, h,ace que hasta e* las pe-
que&~ cocas de I,a vida, los pra1etar~'osguarden intactos sus
itist~ntosde revuelta; trata de organizar la libertad, ,de elimi-
nar ,toda autoridmad y de acostum'brar a los abreaos a pres-
cindir de amos. No más centralismo que ahoga, no más poder
coercitivo, sino un amplio fedcrmlismo, ulna completa auta-
nomía, una flexibilidad extrema en d minocanismointerior, un
llamado constante a los sentimientos de iniciativa, de Ixsrpon-
sabilidald y de lucha, que transfiguran la personalidad obrera
dándole su máximo de tensión y (de energía".
Como se ve, se le piden al sindicado para realizar ,la socie-
dad futura, muchas más vimudcs que las que exige el estado
social ,actual. Se quiere que por todos ,los m$&os, aún los más
~ los más peligros os, los hombres 1u&n por la
v i o l e n t ~ s,aún
liberación del [Link]. Hablándoles sin cesar de derechos
individuales que conquistar, sin hacer jamás un llamado a de-
beres precisos, {será posibk mmtenerlw ea la di'sciplina ne-
cesaria? Es conocer mal l a naturaleza humana y o l ~ i d a rque
en toda sociedad se requieren jefes )que tengan la autoridad y
d mando.
Este defecto de autoridad y de mando es lo que cons'tituye,
desde luego, Ea debilidad del sindicalismo. Apenas unidos ac-
tuailmnte por las mmifestaciones violentas, les aventurado es-
perar que los futums sindicatos sean, como nos So prometen,
,los organimws permanentes de la prodwhón y de la reparti-
ción de la riqueza.
INDICE

Prefacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3

Introdiicción:

1.-Mar y la creación del Partido Socialista.. . . . . . . 5


11.-Las prinicipales doctrinas en el siglo X X . S u unifi-
cación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7

PRIMERA PARTE
El Socialismo Integral

1.-La concepción miatsrialista de la historia. . . . . . . . 9


11.-Teoríz de! v a l o r . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10
111.-Concenbración de !os capitales . . . . . . . . . . . . 11
1V.-Organización política del proletariado.. . . . . . . . . 12

SEGUNDA PARTE

EI Socialismo Reformista

1.-Programa económico y político. . . . . . . . . . . . . . . 17


11.-Los m ~ n o ~ ~ o l idel
o s Estado.. . . . . . . . . . . . . . 19
111.-La reglamentación del trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . 20
1V.-La realización parcial y progresiva de las reformas . . . . 21

TERCERA PARTE

1.-La teoría cindicdista . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23


11.-La acción directa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 26
111.-La debilid-ad de1 sindicalismo . . . . . . . . . . . . . . 27

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