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Alfredo Sinclair

Alfredo Sinclair fue un pintor panameño reconocido internacionalmente. Nació en 1914 en una familia de escasos recursos y pasó por varias dificultades en su juventud antes de descubrir su pasión por el arte. Estudió pintura en la Escuela Nacional de Pintura de Panamá y luego viajó a Argentina gracias a una beca para continuar sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes. Regresó a Panamá influenciado por importantes artistas e impulsó el desarrollo del arte moderno en su país, donde se dedicó a

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Alfredo Sinclair

Alfredo Sinclair fue un pintor panameño reconocido internacionalmente. Nació en 1914 en una familia de escasos recursos y pasó por varias dificultades en su juventud antes de descubrir su pasión por el arte. Estudió pintura en la Escuela Nacional de Pintura de Panamá y luego viajó a Argentina gracias a una beca para continuar sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes. Regresó a Panamá influenciado por importantes artistas e impulsó el desarrollo del arte moderno en su país, donde se dedicó a

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Alfredo Sinclair

“El pintor pinta lo que vende… el artista vende lo que pinta.”

Pablo Ruiz Picasso

Nació un 8 de diciembre de 1914, aunque algunos textos aseguran que fue en 1915, de padre
escocés y madre panameña, con tres hermanos y uno de los artistas más reconocido en el área de
la pintura panameña; hablamos de Alfredo Sinclair, quien a pesar de las dificultades que vivió no
se rindió a la hora de cumplir sus sueños.

Alfredo Sinclair nació siendo el menor de cuatro hermanos dentro del matrimonio del ingeniero
escocés George Preston Sinclair con Quintina Ballesteros García, una maestra de primaria
panameña. Esta unión trajo problemas, ya que por la instauración de un sistema laboral
implementado por los estadunidenses, el ingeniero escocés se vería afectado cambiando su
estatus de gold roll a uno con menos privilegios llamado silver roll. Al ocurrir esto tuvieron que
salir de la zona canalera e ir a la provincia de Colón.

El matrimonio pasó por muchas dificultades hasta llegar al punto en el que Quintana Ballesteros
decidió salir de su casa con el escocés y llevarse a sus hijos con ella. Luego de la separación de
sus padres, Alfredo Sinclair fue a vivir con su padrino, el gallego Camilo Fernández, en su finca
en Cativá, provincia de Colón. Allí aprendió el valor del trabajo duro. Trabajando en la finca
cuidando animales y ordeñando vacas.

A pesar del paisaje de incertidumbre que pintaba aquella situación Alfredo Sinclair admitió que
fue un niño feliz. Él y sus hermanos se ganaban la vida vendiendo periódicos y limpiando zapatos
en las calles de Colón entre risas y juegos.

Un buen día, su hermano mayor Chicho le permitió trazar las líneas de los diez cuadros que
conforman la rayuela. Esto le trajo una sensación formidable, sin saberlo, esto marcaría en un
futuro el que fuera alguien especial. Fue una sensación inexplicable para él, experimentó el
placer de poder usar su creatividad. Esos diez cuadros fueron el comienzo de algo que lo haría
grande.

Alfredo Sinclair creía que era un hombre protegido por Dios y es que confesó que estuvo a punto
de morir tres veces en su vida. Como una vez cuando tenía ocho años e iba transportando en un
caballo dos tanques de leche fresca, que debía llevar a la finca de su padrino, bajo un intenso
aguacero cuando tuvo que pasar por un puente una crecida de río lo sorprendió y lo arrastro.
Después de un tiempo despertó confundido y adolorido dándose cuenta de que seguía vivo.

Luego de esta experiencia, siguió sus días en la finca trabajando. Sin embargo, su madre no
quería que dejara de asistir a la escuela, así que nunca la abandonó. De esta manera
descubrieron su don con el dibujo, este fue estimulado por su maestra Libertaria González de
Con. Bajo su tutela se empezó a interesar en el arte y la cultura, por lo que aprendió a tocar la
guitarra.

Ya siendo prontamente un adulto joven, era difícil colocar comida en la mesa, sin embargo, casi a
diario iba un restaurante donde, por lo general, apenas lograba comprar un bocado de comida.
Ahí se había hecho amigo de un mesero con el cual le era agradable hablar y a pesar de no tener
suficiente dinero siempre le daba propina.
Una madrugada regresando a su casa, fue asaltado por unos maleantes que le pidieron que les
diera todo su dinero, pero Sinclair no tenía, por lo que el jefe molesto lo iba a mandar a matar,
pero en un momento de salvación un de los delincuentes se dio cuenta quien era y lo salvó.

El joven Sinclair a sus veinticuatro años decidió buscar otras perspectivas, por lo que una vez
visitó la ciudad de Panamá y quedo embelesado por la apariencia formal y digna que mostraban
los estudiantes del Instituto Nacional, por lo que luego decidió “recoger las cosas” y cambiar el
rumbo de sus huellas.

Para ganarse la vida empieza a trabajar en la fábrica Neon Producto donde doblaba los tubos de
neón. Ahí, asombrado por los colores, tomó la decisión de tomar clases de pintura.

Para la década de 1940, Alfredo Sinclair comienza a tomar clases de canto en el Conservatorio
Nacional de Música, se casa y tiene sus primeros dos hijos: Dalva y Alfredo.

El trabajar con los tubos de vibrantes colores neones lo llevó a inscribirse en la Escuela Nacional
de Pintura en la clase del maestro Humberto Ivaldi. Allí conoce a sus compañeros de clase
quienes harán su camino en el mundo de la pintura por sí mismos. También ahí aprende a
dibujar y pintó obras realistas.

En 1943 ganó el tercer premio del concurso de pintura auspiciado por la Cervecería Nacional.

Pronto se sumó a los pintores que fueron a pintores panameños que fueron a Argentina en busca
de nuevos conocimientos. Por la insistencia de sus compañeros y hasta el pintor hebreo-
argentino Naum Goyman concluyó que debía ir, aunque él hubiera preferido ir a París, pero con
los acontecimientos de la segunda mundial no iba a lograr su cometido.

Viajó hacia Argentina con una escala en Chile, la cual aprovechó para ir al Museo de Arte de
Chile donde conoce las pinturas de Van Gogh y Picasso, también de algunos maestros chilenos y
argentinos.

Cuando llegó a Argentina, luego de hablar con sus colegas, se inscribe en la Escuela Superior de
Bellas Artes Ernesto de la Cárcova, bajo la dirección del maestro Jorge Soto Acebal.

Prontamente volvieron las limitaciones económicas, por lo que empezó a trabajar en la fábrica
Du Pont, esta quedaba a una distancia considerable de la Escuela de Bellas Artes. Sinclair debió
dividir su tiempo entre el trabajo y el tiempo de recorrido en tren.

Al tener mucho trabajo, resolvía la comida con carritos de comida ambulante, pero su rutina tan
apretada lo llegó a cansar fácilmente. Experimentó casi por tercera vez lo que era la muerte, al ir
un día sumergido en sus pensamientos mientras iba en el tren mirando el paisaje , hasta que
decide recoger su cuerpo hacia dentro del vagón y en una fracción de segundo el tren pasa veloz
al lado de un poste, por lo que casi muere decapitado.

Cuando cansancio se hizo insoportable decidió contarle a su maestro sus planes de volver a
Panamá, pero el maestro Jorge se negó a que abandonara su educación por lo que solicito una
beca al Estado para que pudiera estudiar cómodamente. Esta fue otorgada pronto por la primera
dama Evita Perón, por lo que Sinclair reconoció a Argentina como su segunda patria.

Al terminar sus estudios en Argentina, regresó a Panamá, no sin antes hacer una exposición de
sus pinturas para saber si tenía el visto bueno, al tenerlo parte a su país natal.
Regresó influenciado por el arte de Modigliani, Matisse, Gauguin y Jackson Pollock. Sin
embargo, cuando llegó a Panamá tuvo la impresión de que el arte en Panamá no había
evolucionado.

Posteriormente, siguió pintando sobre lienzos sus interioridades artísticas. Además, presentó
exposiciones en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Panamá, en el Concejo
Municipal de la ciudad de Colón y el hotel Tívoli en la Zona del Canal.

El señor Alfonso Rojos Sucre criticó fuertemente al pintor, lo cual fueron verdades desagradables
para él, pero lo ayudó a definir su estilo de arte.

Luego de unos años conocería a Olga Ávila, quien se convertiría en su esposa y madre de sus
últimos tres hijos: Jorge, Olga y Miguel.

Mato Grosso, un cuadro informalista con incrustaciones de vidrio, fue la ganadora del concurso
Ricardo Miró en 1955.

Se dedicó a la docencia artística en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. También enseñó en la


Casa de la Cultura y en la Universidad de Panamá.

Sinclair es más que reconocido por su brillante talento artístico, asimismo es reconocido como
un maestro y su intelectualidad en su oficio.

“Todo artista o aficionado a la pintura, al igual que el poeta o el músico, forma su propio
vocabulario. Un pintor elige los colores que quiere utilizar en sus cuadros; es decir, hace su
paleta.”

Alfredo Sinclair

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