Trabajo Practico Rondini
Trabajo Practico Rondini
El nuevo texto resulta superador de aquella imprecisión, acogiendo asimismo la critica que se hacía a la
mención de “personas” en lugar de la correcta denominación de “partes”.
Convención jurídica
Vélez en su nota al art. 1137 daba pie a lo que modernamente se ha dado en llamar la Teoría del Acto
Jurídico Contractual, al recordar que Duranton distinguía las convenciones de los contratos, pues aquellas no
comprenden sólo a los contratos, sino que abrazan todos los pactos particulares que se les puedan agregar.
“Todo contrato es una convención”, recuerda Vélez en la nota, pero no toda convención, aunque tenga efectos
civiles, es contrato. La palabra convención es un término genérico que se aplica a toda especie de negocio o
de cláusulas que las partes tengan en la mira.
Orden Público
En el libro III título II capítulo I, el art. 958 reitera tal principio: “Libertad de contratación. Las partes son
libres para celebrar un contrato y determinar su contenido, dentro de los límites impuestos por la ley, el orden
público, la moral y las buenas costumbres”.
Lo refuerza aún más el art. 960: “Facultades de los jueces. Los jueces no tienen facultades para
modificar las estipulaciones de los contratos excepto que sea a pedido de una de las partes cuando lo autoriza
la ley, o de oficio cuando se afecta, de modo manifiesto, el orden público”.
El orden público se erige, como un límite a la autonomía de la voluntad, que no puede avanzar por
sobre este valladar puesto por la ley.
De nuestro CCCN se extrae que las normas “imperativas” (Indisponibles) portan tal inderogabilidad,
pudiendo concluir que rigen al contrato en el ordenamiento jurídico argentino dos tipos de normas: las
imperativas y las supletorias, siendo sinónimos las normas disponibles y las normas indisponibles. El art. 962
fija esta distinción: “Carácter de las normas legales. Las normas legales relativas a los contratos son
supletorias de la voluntad de las partes, a menos que de su modo de expresión, de su contenido o de su
contexto, resulte su carácter indisponible”.
Este núcleo imperativo está compuesto por diversas vertientes socioculturales que emanan de la
propia comunidad y sus valoraciones, la que ella misma decide consagrar por el procedimiento legislativo
constitucional. Así se habla en la doctrina del orden público económico, ALTERINI nos daba su concepto:”
Modernamente se ha expandido la idea de orden público económico con estas características: a) Atañe a las
relaciones económicas, b) Toma en cuenta “el cambio de los bienes y servicios considerados en si mismo”: c)
Agrega la exigencia de obrar ciertas conductas impuestas legalmente, y procura imponer de manera
impositiva cierto contenido contractual”. El mismo distingue en la doctrina tres tipos de orden público: c.a) El
de dirección: dentro del cual los poderes públicos se proponen realizar ciertos objetivos económicos; c.b) El
de protección: que tiende a resguardar a una de las partes, y particularmente el equilibrio de las partes: y c.c)
El de coordinación: mediante el cual el estado cumple una función de arbitraje imprescindible en la economía
de mercado.
B) 1) Contratos Paritarios
Son aquellos del contractualismo clásico francés. Abelenda: El acuerdo de dos o más personas que
han llegado al mismo mediante la posibilidad de un libre debate de igualdad y con la finalidad inmediata de
crear vínculos jurídicos obligatorios que expresa o tácitamente manifiestan querer y reglar derechos y deberes
en los que se traducen las relaciones crediticias, ya sea estableciendo una norma jurídica particular o
especial, o sometiéndose simplemente a las reglas supletorias de la ley.
Lorenzetti los denomina contratos discrecionales o paritarios “…Regulados por la autonomía privada y
las normas de orden público de coordinación que adoptan un estándar de sociabilidad (Buena fe, abuso del
derecho, etc…”).
Mosset Iturrasape, establece que los contratos celebrados por adhesión a clausulas predispuestas
constituyen un modo celebratorio. En el CCC, se ha incluido una excepción que contiene 6 art. Del 984 al 989,
que tratan el tema con carácter general.
Tanto Stiglitz como Iturraspe describen la figura como un contrato en el que, para la configuración del
contenido, cláusulas y reglas internas solo interviene una parte, denominada predisponente o proferente,
quien goza de un mayor poder decisión que la otra parte denominada adherente, a quien solo le resta la
facultad de aceptar “In totum” las condiciones prefiguradas o bien negar su consentimiento al contrato.
Sus rasgos principales son: unilateralidad, rigidez, poder de decisión a favor del predisponente y el
riego de que este se aproveche de esta circunstancia introduciendo clausulas inequitativas y contrarias al
interés del adherente.
Distingue Stiglitz, dos tesis sobre la naturaleza jurídica de los contratos celebrados por adhesión a
clausulas predispuestas.
Tesis Normativa: se trata de figuras absorbidas por la norma imperativa que las rige, siendo de
obligatoriedad indiscutible su incorporación al contenido del contrato, supliéndola ley lagunas enteras del
tráfico mercantil.
Tesis Contractualista (cátedra): Sostiene el hecho de que las condiciones generales hayan sido
creadas por una sola de las partes no excluye su carácter contractual, siendo la adhesión una aceptación que
perfecciona el consentimiento, generado voluntaria y libremente. La ausencia de tratativas previas tampoco
impide considerarlo un contrato.
Art. 985. Requisitos: Las cláusulas generales predispuestas deben ser comprensibles y
autosuficientes. La redacción debe ser clara, completa y fácilmente legible. Se tienen por no convenidas
aquellas que efectúan un reenvío a textos o documentos que no se facilitan a la contraparte del
predisponente, previa o simultáneamente a la conclusión del contrato. La presente disposición es aplicable a
la contratación telefónica, electrónica o similares.
La fácil legibilidad es condición indispensable del contrato predispuesto, utilizar un lenguaje llano sin
retorcimiento ni oscuridad. La ley suma la exigencia de completividad, es decir, que no debe haber remisiones
ni reenvíos y debe facilitarse toda documentación pertinente. Su inobservancia puede provocar que la cláusula
oscura se tenga por no convenida o sea inoponible al adherente.
Art. 986 Regula las clausulas particulares son aquellas que, negociadas individualmente, amplían,
limitan, suprimen o interpretan una cláusula general. En caso de incompatibilidad entre cláusulas generales y
particulares, prevalecen estas últimas.
Da preeminencia a la autonomía de la voluntad facultad que viene por demás recortada en los
contratos masivos.
Art.987 enuncia la regla central para la interpretación de cláusulas ambiguas, estableciendo que ”…
Las cláusulas ambiguas predispuestas por una de las partes se interpretan en sentido contrario a la parte
predisponente”.
“En los contratos previstos en esta sección, se deben tener por no escritas:
b) las que importan renuncia o restricción a los derechos del adherente, o amplían derechos del
predisponente que resultan de normas supletorias;
Al regular los contratos de consumo, el CCYN, fija en su art. 117: Normas aplicables. Se aplican en
este capítulo lo dispuesto por las leyes especiales y los arts. 985, 986, 987 y 988, existan o no cláusulas
generales predispuestas por una de las partes”. Luego, en el art.1119 establece: “Regla general. Sin perjuicio
de lo dispuesto en las leyes especiales, es abusiva la cláusula que, habiendo sido o no negociada
individualmente, tiene por objeto o por efecto provocar un desequilibrio significativo entre los derechos y las
obligaciones de las partes en perjuicio del consumidor”. Los contratos celebrados por adhesión y los de
consumo deben considerarse un solo bloque normativo e interpretativo.
Diferencias con el Contrato de Consumo
Lorenzetti destaca como nota característica subjetiva del contrato de consumo, la existencia de una
finalidad, el consumo final.
El CCYCN lo define en el art 1093. Contrato de consumo Contrato de consumo es el celebrado entre
un consumidor o usuario final con una persona humana o jurídica que actúe profesional u ocasionalmente o
con una empresa productora de bienes o prestadora de servicios, pública o privada, que tenga por objeto la
adquisición, uso o goce de los bienes o servicios por parte de los consumidores o usuarios, para su uso
privado, familiar o social.
El CCYCN define a la relación de consumo en el art.1092 ”…es el vínculo jurídico entre un proveedor y
un consumidor. Se considera consumidor a la persona humana o jurídica que adquiere o utiliza, en forma
gratuita u onerosa, bienes o servicios como destinatario final, en beneficio propio o de su grupo familiar o
social. Queda equiparado al consumidor quien, sin ser parte de una relación de consumo como consecuencia
o en ocasión de ella, adquiere o utiliza bienes o servicios, en forma gratuita u onerosa, como destinatario final,
en beneficio propio o de su grupo familiar
Clasificación legal
Clasificación jurídica de los contratos: el C.C.C.N. en su capítulo II título II del libro III (art. 966 al 970)
expone una serie de clasificaciones de los contratos.
Se entiendo como unilaterales, aquellos en los que basta una sola voluntad para celebrarlos (otorgar
un testamento) y bilaterales en el que deben concurrir dos o más voluntades (contrato).
En los actos jurídicos bilaterales, se advierte un sinalagma genético, es decir, se los clasifica como tal
teniendo en cuenta la concurrencia de voluntades al momento de la celebración. Sin embargo, en el ámbito
contractual adquiere preeminencia el SINALAGMA FUNCIONAL, donde el quid de la cuestión pasa por las
obligaciones que puedan surgir con posterioridad a la celebración, durante la ejecución.
-Unilaterales: si la obligación surgida del contrato recae sobre una de las partes.
-Resolución: en los contratos con prestaciones recíprocas se puede aplicar el pacto comisorio o
cláusula resolutoria (arts.1086 y 1.087 CCyC).
-Suspensión de Cumplimiento: se da solo en los contratos bilaterales y las partes deben estar
obligadas a cumplir simultáneamente, pudiendo una de ellas suspender el cumplimiento hasta que la otra
cumpla o se ofrezca a cumplir (art. 1031 C.C.y C).
-Revisión: se aplica solo en los contratos bilaterales como regla general, estándole vedados a los
unilaterales salvo que sean onerosos (art.1091).
-Caducidad del Plazo: solo aplicable a los contratos bilaterales por imperio del art. 353 C.C. y C.N.
-Lesión: rige únicamente en los actos jurídicos bilaterales y onerosos conforme el art. 332 C.C.y C.N.
-Prevención del Daño por Incumplimiento: en los bilaterales si una parte ha sufrido un menoscabo
significativo en su capacidad de cumplir o en su solvencia, la otra parte puede suspender su propio
cumplimiento debido a la grave amenaza de daño producto del detrimento que ha recaído en la primera
(art.1032). En los unilaterales no es posible ejercer esta acción, simplemente se aplicaría lo estipulado en el
art. 2587 C.C. y C. (derecho de retención).
Contratos Plurilaterales
Incorporado en el CCCN en el art. 966 in fine, caracterizado por la presencia de dos o más partes.
Ejemplos: contratos asociativos, la cesión de deudas, el fideicomiso, entre otros.
Se diferencia de los contratos bilaterales por que poseen tres o más partes, que por lo general tienen
intereses en un mismo sentido o coincidentes.
Las partes unen sus esfuerzos para el desarrollo de una actividad conjunta teniendo en vista un fin
común. Su rasgo asociativo es la diferencia más preeminente, permite seguir sumando nuevos contratantes
que tienden a la consecución del resultado jurídico buscado.
Generalmente es el elemento funcional, el fin común que liga a las partes para la prosecución de un
resultado, la nota caracterizante de los contratos plurilaterales.
b) Pluralidad Estructural: el contrato necesita por lo menos 3 partes. Es necesaria porque hace a su
estructura y con respecto a las características funcionales, las partes tienen posiciones jurídicas diferentes y
no hay una función común.
c) Pluralidad Funcional: el contrato necesita por los menos tres partes, las partes tienen la misma
posición jurídica, hay una función común.
Efectos
Como regla general en estos tipos de contratos se aplicaría lo normado en el último párrafo del art. 966
que expresa: “…Las normas de los contratos bilaterales se aplican supletoriamente a los contratos
plurilaterales.
Conforme lo dispone el art. 967 C.C. y C.N., los contratos son a título oneroso cuando las ventajas
que procuran a una de las partes le son concedidas por una prestación que ella ha hecho o se obliga a hacer
a la otra, y son a título gratuito cuando aseguran a uno o a otro de los contratantes alguna ventaja,
independiente de toda prestación a su cargo.
En este tipo de clasificación se tienen en cuenta las ventajas que obtienen las partes. El elemento
característico que diferencia a un contrato oneroso del gratuito es la causa de la atribución patrimonial. En los
onerosos, una de las partes ejecuta una acción (hacer, dar) esperando recibir una retribución de la otra, en
cambio, en los gratuitos uno hace o da por simple liberalidad.
Todo contrato bilateral es oneroso, y los contratos unilaterales pueden ser gratuitos u onerosos
Debemos indicar que en los unilaterales y bilaterales se atiende al hecho de generar o no obligaciones
en cabeza de ambas partes, en tanto que en los gratuitos u onerosos, en el grado de “equivalencia” de las
prestaciones, en el sinalagma contractual.
Explica APARICO que “la clasificación entre contratos bilaterales o unilaterales tiene su ámbito de
aplicación en materia de contratos obligatorios (engendran). Por su parte la distinción entre contratos a título
oneroso o a título gratuito, se extiende a todos los contratos. Pueden ser gratuitos u onerosos los contratos
extintivos, con independencia de que escapan a la clasificación de unilaterales o bilaterales. Los contratos
asociativos pueden ser encuadrados en la clasificación de unilaterales y bilaterales, admiten su ubicación en
el distingo entre onerosos o gratuitos.
Efectos
1-Garantías de Saneamiento: están obligados a) el transmitente de bienes a título oneroso, b) quien ha
dividido bienes con otros, y c) sus respectivos antecesores, si han efectuado la correspondiente transferencia
a título oneroso (art. 1033).
2-Acción Revocatoria: cuando es a título gratuito, aunque sea de buena fe, es suficiente con que el
acto haya causado o agravado la insolvencia del deudor. Cuando el acto es oneroso, la acción revocatoria
solo procede si el deudor actúa con intención fraudulenta, y el adquirente es cómplice del fraude. Dicha
complicidad se presume si al momento de contratar conocía el estado de insolvencia del deudor (art.340
CCyC).
3-Lesión e Imprevisión: ambos institutos destinados a combatir los desequilibrios contractuales son
operativos en los contratos onerosos (art. 332 y 1091 CCyC).
4-Interpretación: si el contrato es a título gratuito se debe interpretar en el sentido menos gravoso para
el obligado, y si es a título oneroso, en el sentido que produzca un ajuste equitativo de los intereses de las
partes (art. 1068).
5-Heredero Aparente: son válidos los actos de disposición a título oneroso en favor de terceros que
ignoran la existencia de herederos de mejor o igual derecho que el heredero aparente o que los derechos de
éste están judicialmente controvertidos, motivando la onerosidad esta situación de excepción el principio
general del nemo plus iuris (art.399).
6-Adquisición de Derechos por Parte del Subrogante de Buena Fe en un Acto a Título Oneroso: como
otra excepción a la regla anteriormente expuesta de que nadie puede transmitir a otro un derecho mejor o más
extenso que el que posee encontramos la disposición del art. 392. Efectos respecto de terceros en cosas
registrables Todos los derechos reales o personales transmitidos a terceros sobre un inmueble o mueble
registrable, por una persona que ha resultado adquirente en virtud de un acto nulo, quedan sin ningún valor, y
pueden ser reclamados directamente del tercero, excepto contra el subadquirente de derechos reales o
personales de buena fe y a título oneroso. Los subadquirentes no pueden ampararse en su buena fe y título
oneroso si el acto se ha realizado sin intervención del titular del derecho
Existen contratos aleatorios por su naturaleza como: la renta vitalicia, el contrato de juego y apuesta,
el contrato de seguro, en donde la incertidumbre en las pérdidas o beneficios derivados del negocio, al
momento de su celebración, conforma parte del diseño legal del tipo contractual del caso. Por otro lado, hay
contratos aleatorios por voluntad de las partes, aquí son los contratantes quienes imprimen el alea del
negocio, ej. la compraventa de esperanza de cosa futura, la cesión de herencia efectuada como dudosa o
incierta.
Efectos
Aclara Lorenzetti que “la revisión del contrato por causa de un hecho extraordinario e imprevisible no
puede ser relacionada con el alea, porque ese es el riesgo incierto que las partes asumieron. Por ello no se
aplica la excesiva onerosidad sobreviniente en los contratos aleatorios, salvo si la prestación se torna
excesivamente onerosa por causas extrañas al alea propia.
Los contratos son formales cuando la ley o las partes, impone alguna forma determinada ya sea para
la validez del acto, para que produzca sus efectos propios o para su comprobación.
De la conceptualización dada se deducen las tres instancias de la forma de los contratos (conf. Arts.
258, 969, 1015 y 1018 C.C. y C.N.), existiendo así:
2) Contratos Formales Solemnes Relativos: la forma es requerida a los fines de que el contrato
despliegue sus efectos propios, pero no se impone bajo sanción de nulidad.
El elemento distintivo aquí radica en la existencia o no de una regulación legal, así los contratos
tipificados en la ley se denominan “nominados”, y aquellos que no se encuentran regulados en la ley, se
“innominados”.
El legislador de la Ley 26.994 (C.C. y C. N.), ha mantenido el criterio imperante en el Código de Vélez
(art. 1143), de contratos nominados e innominados.
Los contratos innominados pueden presentarse de forma atípica pura o con mera tipicidad social.
Contrato atípico puro: cuando es una creación meramente de las partes, sin tener ninguna relación
con la costumbre como tampoco de la previsión de los legisladores. Ej. Alquiler de vientre.
Un contrato presenta tipicidad social, cuando es conocido por la sociedad en cuanto a su contenido
básico y hasta posee un nombre, sin embargo, carece de regulación legal.
Los contratos innominados denotan la fisonomía de numerus apertus propia del régimen contractual
con bases en el principio de la autonomía de la voluntad (arts. 957, 957 y 962 C.C. y C.).
c) Clasificación de los contratos en el Código Civil y Comercial. Otras clasificaciones: según la función
social y económica, según la protección al orden público, según la cooperación de las partes, según la
duración.
Los contratos pueden ser de ejecución inmediata o diferida y de ejecución instantánea o continuada
(de duración), pudiéndose combinar cualquiera de los dos primeros mencionados con cualquiera de estos
últimos.
-Contratos de Ejecución Inmediata: son aquellas relaciones contractuales en que la prestación debe
cumplirse o comenzar a cumplirse (según sea a su vez de ejecución instantánea o de duración) al momento
del perfeccionamiento del acuerdo de voluntades.
-Contratos de Ejecución Instantánea: no existe una extensión temporal entre el inicio y el fin de la
ejecución de la prestación, se consuman con la ejecución de una prestación unitaria. Ej, entrega de la cosa y
el pago al contado en la compraventa.
Esta clasificación cobra especial importancia en materia de efectos y extinción de los contratos. Tanto
la rescisión como la revocación están diseñadas para contratos de duración o de ejecución diferida. Asimismo,
tanto la frustración del fin como la imprevisión, requieren de contratos de duración o de ejecución diferida para
su configuración. También en la tutela preventiva se ve la necesidad de un intervalo de tiempo para el
comienzo de la ejecución o de permanencia en el cumplimiento, de la parte que sufriera un detrimento en su
capacidad para cumplir.
La doctrina ha agrupado ciertos tipos contractuales conforme la finalidad social y económica que
persiguen las partes en su celebración. Las distintas funciones económicas de los contratos podrían
identificarse así, contratos de:
2-Previsión: las partes tienen por fin precaverse o evitar determinados “riesgos” propios de la vida en
sociedad.
3-Custodia: existe una cosa ajena que se entrega para su guarda y conservación (depósito, custodia
de títulos, etc.).
4-Garantía: quien contrata busca brindar seguridad respecto del cumplimiento de otro contrato.
5-Transferencia de Uso: contratos en los que se pacta el uso y goce de una cosa (locación de cosas,
comodato, leasing, etc.).
6-Colaboración o Cooperación: dos o más partes contratan en pos de una finalidad común, unen sus
esfuerzos (uniones transitorias de empresas, contrato de agencias, franquicia, mandato).
UNIDAD 2
A) Los elementos de los contratos. La distinción tradicional y distinción moderna.
B) Consentimiento: concepto y modos de manifestación. Los términos del consentimiento: oferta y
aceptación. Concepto y requisitos. Tratativas contractuales. Consentimiento entre presentes y
ausentes. Acuerdo parcial. Contratos preliminares. Contratos celebrados por adhesión a cláusulas
generales predispuestas.
C) Incapacidad e inhabilidad para contratar. Efectos de la invalidez del contrato. Inhabilidades
especiales.
D) Objeto: concepto y requisitos. Posibilidad. Licitud. Determinación. Patrimonialidad. Casos
especiales: Contratos de larga duración. Derechos sobre el cuerpo humano.
DESARRROLLO
I) Los elementos de los contratos.
CARACTERES DE LA OFERTA
A) Debe ser formulada con la intención de obligarse (es vinculante)
La oferta debe contener una manifestación de voluntad seria, destinada a crear, modificar o extinguir un
contrato
B) Debe estar destinada a persona determinada o determinable
Al tener carácter recepticio debe ser tranmitido a terceros. Puede estar dirigida a persona determinada o
determinable.
C) Dede ser completa y autosuficiente
Debe estar referida a un contrato especial y contener las presiciones necesarias para establecer los efectos
que se derivan de su aceptación. Debe satisfacer los recaudos minimos imprescindibles para que le contrato
pueda considerarse concluido a partir de una eventual aceptación de los términos de la propuesta enviada al
destinatario.
RETRACTACION DE LA OFERTA
La oferta puede ser retractada, revocada, retirada, en tanto y en cuanto la comunicación de su retiro sea
recibida por el destinatario antes o al mismo tiempo que la oferta (art.975)
CADUCIDAD DE LA OFERTA
ART. 976 La caducidad de la oferta se da por:” muerte o incapacidad de las partes. La oferta caduca cuando
el proponente o el destinatario de ella fallece o se incapacita, antes de la recepción de su aceptación”.
El segundo apartado de 976 contempla un supuesto legal de responsabilidad contractual, o antes del contrato,
en tanto establece que: El que acepto la oferta ignorando la muerte o la incapacidad del ofertante, y que a
consecuencia de su aceptación a hecho gastos o sufrido pérdidas, tiene derecho a reclamar su reparación.
Como otro supuesto de extinción de la oferta se pueden mencionar el vencimiento del término del plazo de la
oferta, y directamente el rechazo de la oferta por parte del destinatario.
LA ACEPTACION
ARTÍCULO 978. Aceptación Para que el contrato se concluya, la aceptación debe expresar la plena
conformidad con la oferta. Cualquier modificación a la oferta que su destinatario hace al manifestar su
aceptación, no vale como tal, sino que importa la propuesta de un nuevo contrato, pero las modificaciones
pueden ser admitidas por el oferente si lo comunica de inmediato al aceptante.
Es decir, que al ver el principio general de la materia es que cualquier observación y/o modificación formulada
por la oferta por parte del destinatario al momento de la aceptación, se entiende como una contraoferta.
La aceptación es una declaración unilateral de voluntad, emitida por el destinatario de una oferta, receptivita,
dirigida al proponente con la finalidad de perfeccionar el contrato.
REQUISITOS DE LA ACEPTACION
ACUERDOS PARCIALES
Existen determinados negocios jurídicos en el que las partes se vinculan antes del contrato, desplegando una
etapa de negociación, precontractual, en donde perfilan sus intereses de acuerdo a la finalidad del tipo
contractual del caso. Dentro de estas tratativas las partes arriban a distintos acuerdos. Así lo determina el art.
982 del CCCN que establece: “Los acuerdos parciales de las partes concluyen el contrato si todas ellas con la
formalidad que en su casi corresponda, expresan su consentimiento sobre los elementos esenciales
particulares. En tal situación el contrato queda integrado conforme a las reglas del capítulo 1. En la duda, el
contrato se tiene por no concluido. Es decir, no se considera acuerdo parcial la extensión de una minuta o de
un borrador respecto de algunos de los elementos o de todos ellos.
CONTRATOS PRELIMINARES:
El CCyC contiene la regulación entre loa arts. 994 y 996.
El código derogado no reconocía esta figura, aunque ella tenía acogida doctrina y jurisprudencia.
El contrato preliminar es el que obliga a celebrar un contrato definitivo. Causa por lo tanto una obligación de
hacer (art 995), para que sea eficaz debe contener los elementos esenciales particulares del contrato
definitivo como lo establece el art 994, además conforme a este art, el contrato preliminar debe tener un plazo,
que es de un año o menos, aunque las partes pueden renovarlo.
Definición con el contrato preparatorio: el contrato preparatorio no obliga a celebrar ningún futuro contrato; su
objeto es reglar las vinculaciones jurídicas de las partes si ellas llegaran a existir. En los contratos o acuerdos
marco, contratos reglamentarios o normativos; los futuros contratos que celebren las partes, de existir, se
ajustaran a los previsto en el contrato marco.
Utilidad: Spota expone que la finalidad de la práctica de esta figura consiste en que puede contratarse en
forma preliminar cuando no es conveniente o no es posible- material o jurídicamente- celebrar directamente el
contrato definitivo. Puede suceder porque el objeto del contrato es una cosa futura o no está disponible
inmediatamente; o no se podía otorgar la escritura pública de venta de un inmueble porque no se contaba con
los datos registrables o certificados pertinentes.
De ahí que parte de la doctrina y la jurisprudencia considera al boleto de compraventa como un contrato
preliminar que obliga a celebrar el contrato definitivo mediante la suscripción de la escritura pública.
Clases: el CCyC contempla la promesa de celebrar un contrato futuro (art 995) y el contrato de opción (art
996). La promesa de celebrar un contrato futuro es el que obliga a ambas partes a otorgar el contrato
definitivo. El contrato de opción es el que da a una de las partes el derecho irrevocable de aceptar el contrato
definitivo.
Cognoscibilidad: Leiva Fernández apunta que el CCyC no menciona como requisito de eficacia de
estas cláusulas que ellas sean cognoscibles por el adherente; aclara que si bien puede entenderse
que la comprensión supone el conocimiento, no siempre coinciden porque pueden serle relatadas sin
que ello implique la posibilidad de acceder al conocimiento directo.
Compresible: el diccionario de la real academia de la lengua dice que comprensible es un adjetivo que
significa que se puede comprender. La misma idea que subyace en el adjetivo asequible una de cuyas
acepciones es comprensible o fácil de entender; la idea se ratifica en el segundo párrafo cuando dice
que la redacción de la cláusula general predispuesta debe ser “clara y “fácilmente inteligible”.
Autosuficiente: “que se basta a sí mismo”. Llevada la idea a su aplicación concreta a las clausulas
generales predispuesta es que ellas deben contener toda la información que permita su conocimiento,
entendimiento y aplicación.
En definitiva, se advierte que el código vuelve una y otra vez sobre estas dos ideas: la cláusula general debe
ser comprensible, clara, fácilmente inteligible; la cláusula general debe ser autosuficiente, completa, no ha de
reenviar a documentos que no hayan sido entregados a la parte no predisponente.
PERSONAS INCAPACES:
La ratificación de la convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (2007) impuso a la
argentina la reforma de su régimen legal en la materia. El primer paso fue dado por la Ley de Salud Mental
(26657) sancionada en el 2010. Esta ley y su decreto reglamentario son derecho vigente y no fueron
derogados por la ley 26994 que sanciono el CCyC. La modificación más importante fue la incorporación del
art 152 ter del Código civil derogado.
A partir de esa reforma, los jueces tuvieron que al dictar sentencia sobre incapacidad o inhabilitación
especificar las funciones y actos que se limitaban, procurando que la afectación de la autonomía personal sea
la menor posible.
El CCyC en su art 34 sienta los principios básicos para la restricción de la capacidad, los que constituyen las
pautas rectoras del proceso judicial y como tales deberán ser observadas por el juez.
A) la capacidad general de ejercicio de la persona humana se presume, aun cuando se encuentre internada
en un establecimiento asistencial.
B) las limitaciones a la capacidad son de carácter excepcional y se imponen siempre en beneficio de la
persona. El CCyC ha incorporado el mismo principio de la Ley de Salud Mental: “la capacidad de ejercicio se
presume y sus limitaciones son siempre excepcionales”
Distinciones: el CCyC distingue entre personas con capacidad restringida y personas incapaces. El art 32
establece: “el juez puede restringir la capacidad para determinados actos de una persona mayor de 13 años
que padece una adicción o una alteración mental permanente o prolongada, de suficiente gravedad, siempre
que estime que del ejercicio de su plena capacidad resultar un daño a su persona o a sus bienes”.
El último párrafo del mismo art prescribe: “por excepción, cuando la persona se encuentre absolutamente
imposibilitada de interaccionar con su entorno y expresar su voluntad por cualquier modo, medio o formato
adecuado y el sistema de apoyos resulte ineficaz, el juez puede declarar la incapacidad y designar un
curador”. Para que sea viable esta declaración, la persona no debe mostrar ningún signo evidente de
conciencia de si o del ambiente y estar imposibilitada con los demás de reaccionar a estímulos adecuados.
Debe sumarle otro requisito exigido por el código: la insuficiencia o ineficiencia del sistema de apoyos.
Personas con capacidad restringida: la idea es siempre favorecer la autonomía en la toma de decisiones y
como la restricción de la capacidad siempre es excepcional (art 31 inc. 2), el curador desplaza la voluntad del
incapaz declarado tal solo cuando el juez opte una interdicción de su capacidad conforme los dispone el
último párrafo del art 32. Cuando se restrinja la capacidad y se disponga la implementación de un sistema de
apoyos para los actos que se limitan, quien asiste al restringido solo podrá intervenir en los actos que el juez
disponga en su sentencia y con la modalidad de actuación que establezca ese decisorio. Estas limitaciones
pueden versar sobre los actos patrimoniales, derechos personalísimos, o derechos de familia.
De acuerdo al art 702 queda suspendido el ejercicio de la responsabilidad parental por existir sentencia firme
de limitación de capacidad por razones graves de salud mental que impiden al progenitor dicho ejercicio. El
juez decide no solo el sistema de protección sino que además detalla las funciones específicas que deberán
cumplir quienes brindan el apoyo o designa uno o más curadores si se trata de personas incapaces.
Inhabilitados: quienes padecen adicciones (antiguamente individualizados como toxicómanos o ebrios
consuetudinarios) y los disminuidos en sus facultades quedan comprendidos en la categoría de personas con
capacidad restringida que prevén los arts. 32 y ss. De allí que el CCyC limita la categoría de los inhabilitados
solo a los pródigos.
El art 48 dice “pueden ser inhabilitados quienes por la prodigalidad en la gestión de sus bienes expongan a su
cónyuge, conviviente o a sus hijos menores de edad o con discapacidad, a toda persona que padece una
alteración funcional permanente o prolongada, física o mental, que en relación a su edad y medio social
implica desventajas considerables para su integración familiar, social, educacional o laboral. La acción solo
corresponde al cónyuge, conviviente y a los ascendientes y descendientes”.
La finalidad es la protección del patrimonio familiar, por ello una persona mayor de edad, soltera y sin hijos,
podrá hacer con su patrimonio lo que desee. Para que pueda declararse la inhabilitación deben existir los
beneficiarios de la norma. El presupuesto requerido es que la gestión de los negocios del prodigo exponga a
las personas protegidas a la pérdida del patrimonio que constituye su sustento. En el nuevo CCyC solo se
requiere la exposición, es decir, el peligro inminente que se trasluce por la actitud de la persona, cuya
conducta habitual comienza a desordenarse. Las personas amparadas son: el cónyuge, el conviviente, los
hijos menores de edad o con discapacidad.
El art 49 regula los efectos de la declaración de prodigalidad: “la declaración de inhabilitación importa la
designación de un apoyo, que debe asistir al inhabilitado en el otorgamiento de actos de disposición entre
vivos y en los demás actos que el juez fije en la sentencia”. La persona inhabilitada es capaz para todos los
actos que no se encuentren limitados por la ley y la sentencia.
NULIDAD DEL COTRATO CELEBRADO POR PERSONA INCAPAZ O CON CAPACIDAD RESTRINGIDA:
ART 1000 “declara la nulidad del contrato celebrado por la persona incapaz o con capacidad restringida, la
parte capaz no tiene derecho para exigir la restitución o el reembolso de lo que ha pagado o gastado, excepto
si el contrato enriqueció a la parte incapaz o con capacidad restringida y en cuanto se haya enriquecido”. Los
supuestos del art son de nulidad relativa pues están establecidos en interés de los incapaces o personas con
capacidad restringida. Se establece que la parte capaz del contrato nulo tiene el derecho al efecto general de
la restitución o al reembolso solo si el contrato enriqueció a la parte incapaz o de capacidad restringida y hasta
el monto que se haya enriquecido, jugando ello como tope máximo.
La norma es una excepción al principio general del art 390 del CCyC que establece que, pronunciada la
nulidad por los jueces, las partes quedan obligadas a restituirse mutuamente lo que han recibido, restituciones
que se regirán por las disposiciones relativas a la buena o mala fe según sea el caso.
La parte capaz debe haber obrado de buena fe, requisito que surge en materia de nulidades del art 388 que la
habilita a reclamar la nulidad relativa solo si además sufrió un perjuicio importante. Decretada la nulidad de un
contrato por haber sido celebrado por una persona con capacidad restringida o incapaz, la parte capaz debe
restituir lo recibido por el incapaz o persona con capacidad restringida, mientras que este último solo debe
devolver el bien si aún lo conserva en su patrimonio o si con ese bien ha adquirido otro (por ej. Por permuta o
venta).
Régimen de capacidad de las personas jurídicas: art 141 del CCyC define a las personas jurídicas como
“todos los entes a los cuales el ordenamiento jurídico les confiere aptitud para adquirir derechos y contraer
obligaciones para el cumplimiento de su objeto y los fines de su creación”.
La doctrina ha establecido un factor limitativo de la capacidad de la persona jurídica las cuales nunca podrían
estar legitimadas para actuar en una esfera ajena a la de sus finalidades, llamado principio de especialidad, se
funda en que el ejercicio de operaciones extrañas al objeto de la institución implicaría un cambio de este
objeto el cual no es válido sino en las condiciones y casos previstos en los estatutos. La aplicación de este
principio implica brindar seguridad a los terceros que contratan con la persona jurídica, porque no le serán
oponibles a la persona jurídica actos “notoriamente extraños” al objeto de la entidad.
INHABILIDADES PARA CONTRATAR El CCyC regula en el capítulo 4 del Título II (Contratos en General) y
dentro del Libro III (Derechos Personales), la “Incapacidad e inhabilidad para contratar”. El art 1000 regula los
efectos de la nulidad del contrato, el art 1001 se refiere a las inhabilidades para contratar, mientras que el art
1002 se refiere a ciertas inhabilidades especiales.
INHABILIDADES PARA CONTRATAR PREVISTAS EN DISPOSICIONES PARTICULARES: El art 1001
dice: “no pueden contratar, en interés propio o ajeno, según sea el caso, los que están impedidos para hacerlo
conforme a disposiciones especiales. Los contratos cuya celebración está prohibida a determinados sujetos
tampoco pueden ser otorgados por interpósita persona”. En el CCyC hay diversos supuestos de prohibiciones
específicas:
• El art 689 establece que los progenitores no pueden hacer contrato alguno con el hijo que está bajo su
responsabilidad salvo las donaciones sin cargo del art 1549 que si las permite. También alcanza a tutores (art
120), a la situación de los padres y los curadores respecto de la persona incapaz (art 138). El mandato entre
cónyuges para prestar el asentimiento previsto en el art 456.
• Prohibición del art 1341 para el consignatario de vender para si las cosas comprendidas en la consignación.
Similar norma existe para los corredores en el art 1348 que no pueden tener participación o intereses en la
negociación de los bienes cuya negociación le ha sido encargada.
• Art 1535 prohíbe a los tutores, curadores y apoyos celebrar contrato de comodato respecto de los bienes de
las personas incapaces o con capacidad restringida bajo su representación. Prohíbe celebrar ese contrato a
los administradores de bienes ajenos, públicos o privados, excepto que tengan facultades expresas para ello.
• El art 1550 impide recibir bienes en donación a los tutores y curadores por parte de quienes han estado bajo
su tutela o curatela, antes de la rendición de cuentas y el pago de cualquier suma que hayan quedado
adeudándoles.
• El art 1646 impide a los padres, tutores o curadores realizar transacciones respecto de las cuentas de su
gestión ni siquiera con autorización judicial. El mismo art se los prohíbe a los albaceas sin autorización del
juez de la sucesión.
• El art 1676 impide al fiduciario adquirir los bienes fideicomitidos. Donde sí se establece una prohibición de
contratar es en la Ley General de Sociedades; el art 271 prohíbe a los directores de las sociedades anónimas,
celebrar contratos que no sean de la actividad propia de la sociedad o aquellos que aun siendo de la actividad
de la empresa, no se concierten en las condiciones de mercado, salvo que se obtenga la aprobación del
directorio o de la conformidad de la sindicatura. La sanción es la nulidad amen de la responsabilidad por
daños y perjuicios.
INHABILIDADES PREVISTAS EN EL ART 1002 A)
A) Funcionarios públicos: no pueden contratar en interés propio “los funcionarios públicos, respecto de
bienes de cuya administración o enajenación están o han estado encargados”. Comprendidos aquellos
empleados públicos que cuentan con poder decisorio dentro del marco de su competencia. No importa si
pertenecen a planta permanente o transitoria sino las facultades que le confiere el cargo, de tal modo, se
encuentran inhabilitados quienes, en virtud de la administración confiada a la tarea encargada pueden
tomar decisiones en nombre del estado. La norma repite al regular el contrato de compraventa, pues en el
art 1361 existe una descripción similar de cargos.
B) Jueves y personas que cumplen funciones judiciales: los jueces, funcionarios y auxiliares de la
justicia, los árbitros y mediadores, y sus auxiliares, no pueden contratar respecto de bienes relacionados
con procesos en los que intervienen o han [Link] inhabilitación comprende a todos los integrantes
del PJ que prestan servicios como jueces en todas las instancias y fueros, los secretarios, fiscales,
defensores, asesores de menores, peritos judiciales y los empleados en todas las categorías.
C) Abogados y Procuradores: no pueden contratar respecto de bienes litigiosos en procesos en los que
intervienen o han intervenido. La misma inhabilidad que se predica para los funcionarios judiciales abarca
a los abogados en relación a los bienes involucrados en los juicios donde hubieran intervenido. La
finalidad es preservar la actuación ética del profesional del derecho que debe beneficiar los intereses del
cliente y no los propios.
D) Los cónyuges: para aquellos cónyuges que optaron por el sistema de comunidad de bienes (el CCyC
prevé la posibilidad de optar por regímenes patrimoniales alternativos al régimen de comunidad) es
mantener inalterado ese régimen patrimonial del matrimonio que podría violarse de permitirse la
transferencia de bienes de contrayente al otro. La limitación establecida por el nuevo CCyC es más
extensa que la que preveía el Código de 1869; ella se extiende a todo el contrato. Es importante señalar
que existen excepciones a este principio dentro y fuera del CCyC, el art 459 permite a un cónyuge (con
independencia del régimen patrimonial elegido) otorgar poder para ser representado al otro. En la Ley
General de Sociedades, los cónyuges están habilitados para formar entre si cualquier tipo de sociedad
(art 27). La nulidad generada por la transgresión de esta inhabilidad será de carácter absoluto.
E) Albaceas: último párrafo del art 1002 extiende la inhabilidad a los albaceas que no son herederos
quienes no pueden celebrar contrato de compraventa sobre los bienes de las testamentarias que estén a
su cargo. Los albaceas son los que tienen que llevar adelante las disposiciones de un testamento.
Pueden ejercer ese cargo las personas humanas capaces al momento de desempeñar el cargo, las
personas jurídicas y los organismos de la administración pública centralizada o descentralizada (art
2524).
No ha de ser contrario al orden público: Nos referimos a los contratos para la prestación de
servicios profesionales por sujetos no habilitados para ello; del mismo modo no podrían los cónyuges
establecer un régimen de bienes distinto a los autorizados por la ley o pactar que si se divorcian uno
debe pagar al otro una clausula penal.
No ha de ser lesivo para los derechos de terceros: el art 19 de la CN dispone que las acciones
privadas de los hombres quedan exentas de la autoridad de los magistrados siempre que no
perjudiquen a un tercero. Las disposiciones de los arts. 1004 y 279 responden a esa premisa
constitucional. Un acto que lesiona los derechos de un tercero puede ser lícito o ilícito. Lo que
constituye una objeción a la aptitud del objeto no es tanto su posible perjuicio a terceros sino su
ilicitud.
Carácter de la invalidez de estos contratos: son de nulidad absoluta, pues violan una regla de
orden público (art 386), no serían susceptibles de confirmación una vez producida la muerte del
sujeto de cuya herencia se trata. Nada obsta que una vez acaecida la muerte el heredero ceda o
renuncie la herencia.
UNIDAD 3
B) Forma: Concepto. Principio general. Excepciones. Clasificación. Escritura pública. Conversión del
negocio jurídico.
C) Prueba: Concepto. Diferencia entre forma y prueba. La prueba de los contratos. Medios y modos de
prueba. Prueba de los contratos formales
DESARROLLO
A) Causa: Clases y conceptos. Doctrina clásica de la causa, anticausalismo y neocausalismo.
Importancia y efectos. Necesidad.
LA CAUSA DEL CONTRATO.
En primer lugar, se habla de causa fuente con lo cual se pretende aludir a hontanar del cual emana un
determinado efecto jurídico. Esta noción es fecunda en el plano de las obligaciones. En segundo término, se
habla de causa final que está dirigida a expresar aquello que las partes persiguen al realizar el acto jurídico.
Ej. La causa de un negocio de compraventa seria la obtención de la propiedad de la cosa para el comprador y
la disponibilidad del precio para el vendedor. La causa final también se ha identificado como causa motivo o
impulsiva, trata de identificar el interés concreto que ha movido a las partes a la realización de un negocio
jurídico.
Noción de la causa de la que tratamos: estamos tratando en el plano del acto o negocio jurídico. Versará
sobre la causa final la que constituye un elemento de todos los negocios jurídicos incluidos los contratos, pero
también los actos jurídicos patrimoniales unilaterales.
Causa y fuerza obligatoria del contrato: que ese contrato tienda a realizar, persiga, busque, tenga como
finalidad, un interés que el ordenamiento considere merecedor de tutela y protección. Esa finalidad deberá ser
lícita y acorde con la moral y las buenas costumbres.
DOCTRINA CLÁSICA DE LA CAUSA: Domat pretendió explicar porque los contratos obligaban a las partes.
Sostenía que:
En los contratos onerosos y bilaterales (compraventa, permuta) cada una de las prestaciones encuentra su
fundamento en la que corresponde a la otra parte. La prestación del vendedor encuentra su causa o
fundamento en la prestación del comprador.
En los contratos unilaterales, como puede serlo el mutuo, la obligación del mutuario ha sido precedida, como
antecedente indispensable, de la entrega hecha por el prestamista; la obligación del prestatario de restituir
encuentra su causa en la entrega hecha por el mutuante.
En cuanto a los contratos gratuitos como la donación, el mero hecho de aceptar da vida a loconvenido
haciendo que la obligación del donante encuentre fundamento en cualquier motivo razonable y justo, como
sería la prestación de algún servicio, un mérito cualquiera del donatario sencillamente, el deseo de realizar un
bien. Sobre la base de Domat y Pothier la doctrina elaboró la teoría de las causas típicas, fundamentaciones
genéricas del querer de los contratantes, que prescindían de las razones individuales existentes en las partes
de cada contrato. Esta doctrina ubica la causa en el momento de celebración del contrato, etapa genética,
este es uno de los defectos más importantes de la teoría pues la idea de causa final se revela particularmente
fecunda si se la pondera en el momento funcional del negocio, durante su ejecución.
ANTICAUSALISMO: objeciones a la formulación de Domat:
• En los contratos bilaterales, la causa, se identifica con el objeto;
• En los contratos gratuitos, el llamado animus donando se identifica con el consentimiento;
• No hay un concepto uniforme de causa, depende del tipo de contrato según la clasificación que hiciera
Domat;
• No hay ninguna referencia a la causa móvil o impulsiva, salvo incipientemente en materia de actos gratuitos
como la donación en que se alude al ánimo de beneficiar;
• La causa funcionaria solo en la etapa genética del contrato y no en la etapa funcional;
• Domat ha tratado solo de los contratos de los que nacen obligaciones, pero no ha tratado la cuestión en los
que modifican o extinguen relaciones jurídicas.
Planiol catalogó a la doctrina de la causa como falsa e inútil. Y el anticausalismo haya sido predominante.
NEOCAUSALISMO: obra de Capitant, publicada en 1923, hito que lo construye.
• La causa se ubica en el ámbito de la voluntad, junto con el consentimiento constituyen los dos elementos
subjetivos del contrato.
• La causa no es lo mismo que el consentimiento, este tiene importancia solo en la etapa de formación del
contrato, mientras que la causa subsiste durante toda la etapa funcional del contrato. La concepción de la
causa como elemento que subsiste durante todo el lapso de cumplimiento, permite fundar instituciones como
el pacto comisorio, la excepción de incumplimiento, la imprevisión, los vicios redhibitorios, la frustración delfin,
etc.
• La causa tampoco se confunde con objeto, en los contratos bilaterales la causa es la voluntad de obtener el
cumplimiento de la prestación debida por la otra parte;
• La causa se presenta de la misma manera en cada tipo de negocio, aparece concebida de manera objetiva;
• Considera que los motivos no forman parte de la causa; en ciertos casos admite la relevancia de motivos
ilícitos (casa alquilada para que funcione un burdel) y el vicio de error sobre la causalidad de la cosa o la
persona.
DUALISMO: la mayor parte de los autores hace concesiones a la otra acepción de causa, y en general
admiten que ambas nociones no son incompatibles, sino que por el contrario pueden ser armonizadas. La
noción de causa final sirve como respuesta a las preguntas acerca de para qué se contrata y por qué se
contrata
La causa final puede ser definida como la razón de ser jurídica del negocio (Bueres), poseyendo una doble
significación objetiva y subjetiva.
Causa final objetiva: identifica la pretensión que tiene cada una de las partes de un negocio jurídico de
obtener de la otra el cumplimiento de las prestaciones prometidas, con lo cual se sigue en gran medida las
enseñanzas de Capitant.
La causa final es: Objetiva, porque corresponde al tipo de negocio querido por las partes; Unitaria, porque no
hay una causa para el comprador y otra para el vendedor sino una sola en la cual el cumplimiento de cada
uno constituye una causa única. Castaña tobeñas “la causa, en el contrato bilateral, es la relación de las dos
prestaciones con el cambio de un valor por otro, o sea bilateralidad, no cada prestación en sí”. Tipificadora,
individualiza al negocio querido por las partes.
Causa final subjetiva: se refiere a los móviles perseguidos por algún contratante en particular. Es necesario
que sean esenciales, exteriorizados y si es un contrato bilateral o unilateral oneroso, han de ser comunes a
ambas partes. Estos móviles que pueden llegar a constituir causa en el sentido subjetivo, son esencialmente
variables e individuales, por oposición a la causa en sentido objetivo que es uniforme y tipificadora.
Recepción legal: art 281 CCyC define a la Causa como el fin inmediato autorizado por el ordenamiento
jurídico que ha sido determinante de la voluntad. Agrega, “también integran la causa los motivos
exteriorizados cuando sean lícitos y hayan sido incorporados al acto de forma expresa, o tácitamente si son
esenciales para ambas partes”.
El CCyC define la causa como el fin inmediato autorizado por el ordenamiento jurídico que ha sido
determinante de la voluntad (art 281). El mismo art establece que “también integran la causa los motivos
exteriorizados cuando sean lícitos y hayan sido incorporados al acto en forma expresa, o tácitamente si son
esenciales para ambas partes”.
La causa fin abarca tres posibilidades:
A) Fin inmediato determinante de la voluntad.
B) Motivos exteriorizados e incorporados expresamente
C) Motivos esenciales para ambas partes, supuesto en el cual, aunque no sean expresos, pueden ser
tácitamente deducidos.
El CCyC al tratar la causa motivo en los actos jurídicos, la considera un elemento del negocio cuando
expresamente ha sido incorporada al contrato; el motivo o finalidad particular puede formar parte tácitamente
del campo contractual cuando es esencial a ambas partes. El código exige que la causa motivo sea licita, y
cuando trata de este elemento en los contratos, la vincula justamente con la causa ilícita (art 1014).
Presunciones de Causa: art 282 dispone: “aunque la causa no esté expresada en el acto se presume que
exista mientras no se pruebe lo contrario. El acto es válido aunque la causa expresada sea falsa si se funda
en otra causa verdadera”. Si la causa expresada es falsa, ello no se provoca necesariamente la nulidad del
acto jurídico sino que invierte la prueba, una vez demostrado que la causa es falsa, quien pretenda conservar
la validez del acto debe demostrar que el negocio tiene causa y que ella es lícita.
Necesidad de Causa: art 1013 trae el principio de necesidad de causa. “La causa debe existir en la formación
del contrato y durante su celebración y subsistir durante su ejecución. La falta de causa da lugar, según los
casos, a la nulidad, adecuación o extinción del contrato”. La causa existe en la etapa genética y debe subsistir
en la etapa funcional o de ejecución.
Defectos de la causa: (falta de causa, falsa causa, ilicitud y frustración). No puede faltar la causa objetiva en
los contratos típicos, salvo que en el caso concreto ella sea de imposible realización, cuando se pretende
contraer la calidad de fiador de una obligación ya pagada, comprar la cosa que ya es propia, asegurar un
riesgo inexistente, pagar una deuda ya extinguida.
Falsa causa: el contrato que expresa una causa no real, es válido si se funda en otra causa verdadera (art
282) siempre que ella sea lícita. En ese caso se produce una inversión de la carga de la prueba pues quien
pretenda la subsistencia del acto debe probar que tiene causa y que ella es lícita. El negocio simulado no sea
necesariamente invalido; por el contrario, si la simulación es lícita, produce efectos jurídicos el acto real (art
334).
Causa ilícita: art 1014 dice que “el contrato es nulo cuando:
a) Su causa es contraria a la moral, al orden público o a las buenas costumbres; b) Ambas partes lo han
concluido por un motivo ilícito o inmoral común. Si solo una de ellas ha obrado por un motivo ilícito o inmoral,
no tiene derecho a invocar el contrato frente a la otra, pero ésta puede reclamar lo que ha dado, sin obligación
de cumplir lo que ha ofrecido”.
Se manifiesta una de manifiesta una de las funciones más relevantes de la noción de causa móvil o motivo.
Consiste en hacer respetar el orden público y la moral y las buenas costumbres.
Frustración de la causa: la causa final se frustra cuando, por alguna razón, no puede satisfacerse la finalidad
típica del negocio de que se trata o el motivo casualizado propio del negocio concreto.
Art 1090 del CCyC “la frustración definitiva de la finalidad del contrato autoriza a la parte perjudicada a
declarar la resolución, si tiene su causa en una alteración de carácter extraordinario de las circunstancias
exigentes al tiempo de su celebración, ajena a las partes y que supera el riesgo asumido por la que es
afectada. La resolución es operativa cuando esta parte comunica su declaración extintiva la otra. Si la
frustración de la finalidad es temporaria, hay derecho a resolución solo si se impide el cumplimiento oportuno
de una obligación cuyo tiempo de ejecución es esencial”.
Efectos: si la causa no existe al tiempo de la celebración del negocio jurídico de que se trate se sostiene la
nulidad del contrato. En la hipótesis de falsa causa la sanción es la nulidad por el vicio de error o de
simulación, salvo que el negocio estuviere fundado en otra causa verdadera lícita, supuesto en que el acto
jurídico es válido.
Es nulo el negocio si la causa es ilícita o inmoral. Se sostiene doctrinariamente que la causa ilícita o inmoral
genera una nulidad absoluta que por ende el acto deviene inconfortable, de donde si además el vicio es
ostensible, la nulidad puede ser declarada oficiosamente por el juez.
Si la causa desaparece durante la vigencia del contrato, en su etapa funcional, el negocio se rescinde o
resuelve; tal como sucede en el pacto comisorio y en la imposibilidad de pago, y en general, en los supuestos
de frustración del fin.
B) Forma: Concepto. Principio general. Excepciones. Clasificación. Escritura pública. Conversión del negocio
jurídico.
FORMA DE LOS CONTRATOS: tratada en cuatro capítulos del Capítulo VII del CCyC. También se aplican las
disposiciones relativas a las formas de los actos jurídicos. Art 284 que consagra la liberta de formas para los
actos jurídicos y art 285 que establece que aquellos actos que no fueran otorgados según la forma impuesta,
valdrán como actos en que las partes se obligaron a elevarlo a dicha formalidad, excepto que la misma se
exija bajo sanción de nulidad.
La forma del acto jurídico: se refiere a la manera en que debe instrumentarse y exteriorizarse la voluntad de
las partes, dotándola de materialidad de haciéndola trascender de las intenciones y voluntades de los sujetos
intervinientes. Ello hace a la validez, vigencia y eficacia del acto en cuestión.
El Prof. Rivera sostiene en su obra que la forma esencial recién descripta no es un elemento constituyente del
negocio jurídico, es imposible dejarla de la voluntad, que si lo es. No hay voluntad relevante para el derecho, y
no hay acto jurídico, si ella no está manifestada (art 260).
La forma del contrato en cuanto acto jurídico: el contrato es un acto jurídico y la forma del contrato es la
manera en que se exterioriza la voluntad de las partes. La noción de forma es susceptible de ser analizada
desde un sentido amplio y otro estricto. El primero refiere a la exteriorización de la voluntad; el segundo alude
a las formalidades del acto, a la manera específica a fin de exteriorizar una determinada declaración de
voluntad.
Relación forma prueba: La forma es un elemento externo del acto; la prueba es el medio a través del cual se
acredita la celebración del acto.
La ley exige que el acto se celebre con una forma determinada para facilitar la prueba de su existencia (acto
ad probationem), en otros supuestos, exige su celebración bajo determinadas formalidades para concederle
eficacia jurídica (acto ad solemnitatem).
Libertad de formas: art 1015 del CCyC solo son formales los contratos a los cuales la ley les impone una
forma determinada. Si la ley no designa una forma específica para la exteriorización de la voluntad de las
partes, estas pueden utilizar la que estimen conveniente, aun cuando ella sea más exigente que la impuesta
por la ley. La ley, en algunas ocasiones, requiere que ciertos actos se lleven a cabo con una forma
preestablecida. Ocurre con la expresión por escrito, por instrumento o escritura pública.
El principio general que establece el art 284 del CCyC es el de la libertad de formas del acto jurídico, las
partes pueden escoger la que estimen a sus intereses y necesidades.
El art 1015 refiere a los contratos formales y remite al art 969 del CCyC. El régimen de los contratos formales
no es sino una excepción a la libertad de formas.
“los contratos para los cuales la ley exige una forma para su validez, son nulos si la solemnidad no ha sido
satisfecha. Cuando la forma requerida para los contratos, los es solo para que estos produzcan sus efectos
propios, sin sanción de nulidad, no quedan concluidos como tales mientras no se ha otorgado el instrumento
previsto, pero valen como contratos en los que las partes se obligaron a cumplir con la expresada formalidad.
Cuando la ley o las partes no imponen una forma determinada, esta debe constituir solo un medio de prueba
de la celebración del contrato”.
Clasificación de los contratos formales: los contratos pueden ser formales o no formales. La norma
establece la categoría de los contratos formales y establece una división tripartita entre: los sujetos a formas
absolutas cuya inobservancia priva de efectos al acto; aquellos para los que se exigen formas relativas y los
que tienen pautadas formalidades con fines probatorios.
El nuevo CCyC en cuanto a forma de los contratos, las clasifica distinguiendo entre formas absolutas, relativas
y formalidades para la prueba.
a) Formas absolutas: son aquellas que acarrean la ineficiencia del acto en caso de
inobservancia (art 285). Su cumplimiento priva al acto de su eficacia. Ej, el contrato sujeto a formas
absolutas las donaciones de inmuebles, muebles registrables y prestaciones periódicas o vitalicias (art
1552 CCyC).
b) Formas relativas: si la formalidad no es exigida bajo sanción de nulidad, la misma es relativa.
El contrato no queda concluido hasta que no se dé cumplimiento a la forma en cuestión. Los contratos
valen como compromiso de las partes a cumplir la formalidad pendiente (art 285 CCyC). Comprende
los contratos mencionados en el art 1017 del CCyC. son contratos formales relativos, por ej., la
agrupación de colaboración (art 1455), la unión transitoria (art 1464), el consorcio de cooperación (art
1473), la cesión de derechos hereditarios (arts. 1618 inc. a), la cesión de derechos litigiosos referidos
a derechos reales sobre inmuebles (art 1618), la cesión de derechos derivados de actos
instrumentados en escritura pública (art 1618 inc. c ) y el contrato de fideicomiso, cuando se refiere a
bienes cuya transferencia debe ser instrumentada en escritura pública (art 1669).
c) Formas dispuestas con fines probatorios: La inobservancia del recaudo formal no afecta el
contrato ni a su existencia, que podrá ser acreditada por otros medios. Si la formalidad es exigida a los
fines meramente probatorios, los contratos pueden ser probados por otros medios, inclusive por
testigos si hay imposibilidad de obtener la prueba instrumental o comienzo de ejecución (art 1020)
Contratos en los que la forma es impuesta en orden a su prueba; la locación de cosa inmueble o mueble
registrable o de una universalidad que incluya inmuebles o muebles registrables o de partes material de un
inmueble (art 1188), la agencia (art 1479), la fianza , la cesión de derechos cuando no se refiere a actos que
deban otorgarse por escritura pública (art 1618), la transacción (art 1643) el arbitraje (art 1650) y el
fideicomiso, cuando no se refiere a bienes cuya transmisión requiera del otorgamiento de escritura pública (art
1669).
Modificaciones del contrato: de acuerdo al art 1016 del CCyC la formalidad exigida para la celebración del
contrato rige también para las modificaciones ulteriores que le sean introducidas, excepto que ellas versen
solamente sobre estipulaciones accesorias o secundarias, o que exista disposición legal en contrario.
ESCRITURA PUBLICA: el Art 1017 del CCyC establece que son contratos que deben ser otorgados por
escritura pública:
a) Los que tienen por objeto la adquisición, modificación o extinción de derechos reales sobre inmuebles
cuando la transmisión no se opera por subasta judicial o administrativa;
b) Los que tienen por objeto derechos dudosos o litigiosos sobre inmuebles
c) Los actos accesorios de contratos otorgados en escritura publica
d) Los demás contratos que, por acuerdo de partes o a disposición de la ley, deben ser otorgados en
escritura pública y no correspondan a la materia formal absoluta”.
El CCyC prevé su régimen en los arts. 299 y ss. Los supuestos del art 1017 presentan un denominador
común: se orientan a procurar un registro de acto que asegure el control de legalidad a cargo del escribano.
Contratos que tienen por objeto la adquisición, modificación o extinción de derechos reales sobre inmuebles,
con excepción de los casos de venta por subasta judicial o administrativa:
La necesidad de la escritura tiene que ver con la trascendencia socioeconómica que presentan los derechos
reales sobre inmuebles y a la necesidad de dotar a los actos que involucran operaciones inmobiliarias de
control de legalidad que realiza el escribano, facilita el registro y publicidad correspondiente para su
oponibilidad frente a terceros.
La excepción de la venta en subasta judicial o administrativa es lógica en cuanto a que en tal caso, el control
de legalidad lo deberá realizar la autoridad que ha dispuesto la realización de la subasta y queda reemplazada
por las actuaciones judiciales o administrativas de las que se extrae testimonio siendo este el documento que
ingresa al Registro de la Propiedad para la inscripción.
Contratos que tienen por objeto derechos dudosos o litigiosos sobre inmuebles: si se exige la escritura
pública para la adquisición, modificación o extinción de derechos reales sobre inmuebles, la solución no
podría ser otra si el derecho en cuestión es dudoso o litigioso, cuando no cuenta con certidumbre o es objeto
de un pleito judicial.
S/Rivera, cuando la norma alude a un contrato otorgado en escritura refiere a la escritura obligatoria, en
cuanto a formalidad, y no aquella a la que las partes recurren por decisión convencional. Sería razonable que
las partes del contrato principal realizado en escritura pública hubieren acordado que los complementos o
accesorios cumplan con la misma formalidad. En ese caso, la escritura pública del contrato accesorio será
obligatoria por el acuerdo principal de las partes y no por imposición legal.
Acuerdo de partes o disposición de la ley en razón de los cuales el acto debe ser otorgado en escritura
pública.
No hay necesidad de que le CCyC diga que será obligatorio otorgar el contrato en escritura si asi lo establece
otra ley. Se supone que con así lo diga esa otra ley, ya es suficiente para serlo exigible.
Dicho acuerdo será válido en tanto y en cuanto no constituya una cláusula abusiva de un contrato de adhesión
o de consumo, en perjuicio de la parte más débil de la relación.
D) Prueba: Concepto. Diferencia entre forma y prueba. La prueba de los contratos. Medios y
modos de prueba. Prueba de los contratos formales
PRUEBA DE LOS CONTRATOS:
La regulación de la prueba en el Código de 1869: los contratos con una forma determinada debían ser
probados con la forma prescrita, salvo que resultara imposible obtener la prueba en cuestión o que hubiese
habido un principio de prueba por escrito en los contratos que podían hacerse por instrumentos privados, o
que la cuestión versare sobre los vicios de erros, dolo, violencia, fraude, simulación, o falsedad o cuando una
de las partes hubiese recibido alguna prestación y se negase a cumplir el contrato.
En materia civil, los contratos que superaban cierto monto no podían ser probados por testigos y se requería
para ellos la prueba escrita. El código de comercio establecía que la prueba de testigos, fuera de los casos
expresamente declarados en ese código, solo era admisible en los contratos cuyo valor no excedía lo allí
determinado. Tratándose de asuntos de mayor cuantía, la prueba testimonial solo sería admitida existiendo
principio de prueba por escrito.
La prueba de testigos en el código de 1869: establecía en su art 1193: “los contratos que tengan por objeto
una cantidad de más de diez mil pesos, deben hacerse por escrito y no pueden ser probados por testigos”.
Esta norma exigía de manera absoluta, salvo algunas excepciones, la prueba escrita del contrato. El
testimonio solo era admisible si había principio de prueba por escrito o si una de las partes había recibido
alguna prestación y se negaba a cumplir el contrato.
Diferencia entre la prueba del contrato y los hechos configurantes de su ejecución: estos generaron una
importante controversia en materia de contrato de locación de obra. En materia de prueba, no debe
confundirse el contrato de locación de obra, con los hechos vinculados con su cumplimiento y ejecución, toda
vez que, a diferencia del primero, estos últimos pueden probarse por cualquier medio de prueba, incluso
testigos.
Ello se refiere a la prueba de los hechos configurantes del cumplimiento del contrato (la realización de la obra)
y del nexo causal correspondiente (que la prueba acredite que la obra en cuestión ha sido realizada por el
contratista reclamante). Se ha juzgado que es improcedente la pretensión de cobro del precio de una locación
de obra, si la actora no acompañó a la causa el instrumento escrito que acredite la celebración del contrato y
tal omisión no pueden ser suplida por otro medio de prueba, dado que no ha quedado demostrada la
recepción de prestaciones por alguna de las partes.
La prueba de los contratos en el CCyC: art 1019 dice “los contratos pueden ser probados por todos los
medios aptos para llegar a una razonable convicción según las reglas de la sana critica, y con arreglo a lo que
disponen las leyes procesales, excepto disposición legal que establezca un medio especial”.
“los contratos que sean de uso instrumentar no pueden ser probados exclusivamente por testigos”.
Esta normativa se complementa con lo dispuesto por los arts. 284 a 319 del CCyC que regula el tema de la
forma y la prueba del acto jurídico.
Los contratos pueden ser probados por cualquier medio y la aptitud probatoria ya no está dada en función de
una calificación previa sino por su capacidad e idoneidad para formar la razonada convicción del juez en base
a la única manera con que cuenta para hacerlo: siguiendo su sana critica.
En el sistema de las pruebas legales se indica por anticipado el valor o grado de eficacia que tiene cada medio
probatorio, de modo tal que el juez carece de libertad de apreciación y ante determinada prueba le deberá
atribuir el valor o eficacia que indica la ley. La sana crítica es una operación intelectual que realiza el juez y
que tiene por cometido la correcta apreciación del resultado de las pruebas rendidas. De modo tal que la
primera parte de la norma es una clara apertura intelectual.
Restricción probatoria: lo que se ha querido decir es que los contratos en los que sea “usual” su
instrumentación por escrito, no podrán probarse exclusivamente por testigos. No niega la incorporación de la
prueba testimonial sino que la misma sea el único y exclusivo medio probatorio empleado para acreditar los
contratos que, de acuerdo a los usos y costumbres, se instrumenten por escrito.
Si de acuerdo con los “usos” se estila o acostumbra no instrumentar tal o cual contrato, quedando como un
mero acuerdo verbal, la prueba testimonial será admisible en ese caso.
Seria dable considerar que el CCyC propone una ampliación o flexibilización de la prueba testimonial de los
contratos al aceptarla: el modo exclusivo, cuando según los usos y costumbres, el contrato no se plasme por
escrito y de modo compartido con otros medios de prueba (sin exclusividad) cuando el contrato se instrumente
por escrito, según los usos.
Art 1020 del CCyC “los contratos en los cuales la formalidad es requerida a los fines probatorios pueden ser
probados por otros medios, inclusive por testigos, si hay imposibilidad de obtener la prueba de haber sido
cumplida la formalidad o si existe principio de prueba instrumental, o comienzo de ejecución. Se considera
principio de prueba instrumental cualquier instrumento que emane de la otra parte, de su causante o de parte
interesada en el asunto, que haga verosímil la existencia del contrato”. Estas hipótesis coinciden con lo
regulado en los derogados arts. 1193 del Cód. Civil y del art 209 del cód. Comercial.
Los contratos formales pueden ser probados por otros medios, incluso testigos, en tanto y en cuanto se
cumplan las condiciones que menciona la norma a tal efecto; imposibilidad de acreditar el cumplimiento de la
formalidad, existencia de principio de prueba instrumental o comienzo de ejecución.
Luego de proceder con la lectura a conciencia del fallo en cuestión, y siendo breve considero la importancia
que radica en la intervención del estado en la relación a la capacidad de las personas, objetivamente a la hora
de contratar, una declaración de incapacidad indistintamente del grado, produciría efectos directos sobre los
resultados del negocio jurídico. Así mismo las partes contratantes se encontrarían a mi entender en una
especie de tutela por parte del ordenamiento jurídico.