0% encontró este documento útil (0 votos)
40 vistas5 páginas

Conceptos de Legitimidad y Legalidad

El documento analiza los conceptos de legitimidad y legalidad. Explica que la legitimidad se refiere a la justificación del poder político y jurídico, mientras que la legalidad se refiere a la conformidad con las leyes. Discute las posiciones positivista y iusnaturalista sobre la relación entre ambos conceptos.

Cargado por

David curay
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
40 vistas5 páginas

Conceptos de Legitimidad y Legalidad

El documento analiza los conceptos de legitimidad y legalidad. Explica que la legitimidad se refiere a la justificación del poder político y jurídico, mientras que la legalidad se refiere a la conformidad con las leyes. Discute las posiciones positivista y iusnaturalista sobre la relación entre ambos conceptos.

Cargado por

David curay
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Legitimidad

La legitimidad es un valor y un termino que se encuentra presente en los sistemas


políticos y jurídicos; como termino sigue planteando dificultades definitorias y
conceptuales. También se le considera a la legitimidad como un exceso cargado
de connotaciones valorativas y poco apropiadas para las condiciones de la
investigación académica empírica. Es un elemento esencial para el eficaz
funcionamiento de las diversas instituciones políticas y jurídicas, cabe mencionar
que el concepto de este aspecto tiene relación con la transparencia y
responsabilidad que en la actualidad representan referentes inexcusables al hablar
de la legitimidad de las instituciones políticas.
La legitimidad de la legalidad (Hierro, 2013)
Son muchos los que entienden que la legalidad entendida como producto de la
voluntad popular, es una condición necesaria del modelo democrático de
organización política, pero eso no implica la sacralización de esa legalidad, su
confusión total y absoluta con la legitimidad (Díaz, 1981: 63). El Derecho es, sin
duda, un sistema normativo, un conjunto de normas válidas, y ese es su núcleo
esencial; pero el Derecho es, a su vez, un intento de realización de determinados
valores, de una idea de justicia, y esa perspectiva o dimensión axiológica no se
puede desconocer la pena de incurrir en un fatal reduccionismo, tanto como el que
condiciona la validez de las normas a su justicia (concepción iusnaturalista).
Que el Derecho se corresponda con la justicia es una exigencia que ninguno
puede desconocer (Ibíd.: 50). El problema radica en que, frente a lo que sostiene
el iusnaturalismo, la experiencia y la razón nos enseñan que no existen valores
universales e inmutables, que la justicia no es una verdad evidente, sino que
coexisten distintas concepciones acerca de ella. Además, esa dificultad objetiva no
puede hacernos renunciar a la aspiración del Derecho justo.
En la actualidad existe un consenso generalizado en que, amén de su carácter
democrático como expresión de la voluntad general, la realización de los valores
de libertad, igualdad, solidaridad y seguridad jurídica en el contexto de los
derechos humanos encarna el ideal del Derecho justo, del Derecho legítimo. La
legalidad, pues, puede y debe legitimarse. Una comprensión integral del fenómeno
jurídico debe abordarlo desde la perspectiva de su validez, de su eficacia y de su
legitimidad, rehuyendo cualquier tentación reduccionista.
Legitimidad para obrar
Al momento de obrar es una condición indispensable para poder plantear
válidamente una pretensión en el proceso o también para poder oponerse a una
pretensión. Lo que busca la legitimidad para obrar es apreciar si aquel que le toca
jurisdicción es aquel a quien la ley le reconoce ese derecho, es decir, un nombre
propio a través de un representante, pero debe ser titular del derecho cuya
protección se solicita. Por ejemplo, en los casos de hábeas corpus en que se
reconoce a cualquier ciudadano la legitimidad para pedir tutela a favor de quien se
ve privado ilegítimamente de su libertad. Nadie puede sustituirse en el interés
ajeno, salvo que la propia ley admita una legitimidad ampliada.
La legitimidad para obrar es tratada en doctrina como una “condición de la acción”
y como tal, se considera como un elemento que permite al Juez emitir un
pronunciamiento sobre el fondo de la controversia (sentencia de mérito); lo cual no
significa que va a expedir una sentencia favorable al demandante.
La legitimidad como legalidad (Hierro, 2013)
Aunque es obvio, es necesario comenzar analizando el concepto de legalidad, en
el más amplio y general de los sentidos, significa existencia de leyes y
conformidad a las mismas de los actos de quienes a ellas están sometidos (Legaz
Lacambra, 1958: 6). La legalidad es, pues, una forma manifestativa del Derecho,
la forma precisamente por la que se reconoce su existencia; significa que el
Derecho se manifiesta a través de normas, que es un sistema normativo.
Sin embargo, en el concepto de legalidad hay de forma indudable una carga
histórica. En la actualidad con él se alude a una serie de exigencias y postulados
que se vinculan a un modelo que se expresa en la fórmula de “Estado de
Derecho”, es decir que la ley es entendida como expresión y no de una voluntad
personal, sino de la soberanía popular, la voluntad de la mayoría del cuerpo social;
la ley, pues es entendida de forma democrática.
Hemos visto ya cómo, durante mucho tiempo, se sostuvo que la mera legalidad de
las normas jurídicas, su sola validez, era una condición necesaria pero no
suficiente y que había que completar con la noción de legitimidad o justicia. Más
para una determinada corriente de pensamiento y del fundamento de la legitimidad
que se hallaba en la propia legalidad.
Al modelo que pretende reducir la legitimidad del poder político y jurídico a mera
legalidad se le denomina “Modelo Positivista de Legitimidad” (Díaz, 1981: 58).
La concepción legalista de la justicia, formulada bajo el aserto “la ley positiva es
justa por el solo hecho de ser ley” está ya presente en Hobbes, al que se podría
calificar como un positivista avant la lettre. Aunque en puridad hay que hablar de
diferentes corrientes dentro de él, se puede afirmar, con carácter general, que el
positivismo sostiene que la validez de un orden jurídico no depende de su
conformidad con una moral aceptada; las normas morales no serían para los
positivistas condición necesaria para determinar la validez o existencia de las
normas jurídicas.
En la época contemporánea, aunque es Max Weber uno de los primeros que
insiste en que en los derechos modernos racionalizados la legalidad involucra
legitimidad (Vernengo, 1992: 267), es Hans Kelsen el máximo exponente de esta
corriente de pensamiento.
Kelsen niega que haya contenidos normativos justos o injustos, legítimos o
ilegítimos, para él todo posible contenido puede ser Derecho; no hay
comportamiento humano que como tal y por razón de su contenido no pueda ser
contenido de una norma jurídica. Por todo ello, concluye que la validez de una
norma jurídica no puede ser negada porque su contenido contradiga otra norma
que no pertenece al orden jurídico (Kelsen, 1981: 66-67). Para Kelsen, la
significación central en una teoría del Derecho es la geltung, la validez de las
normas. La validez designa la cualidad de aquellas normas que reúnen los
requisitos establecidos en otra norma vigente dentro de un cierto orden jurídico.
Para él, como para Weber, las pautas morales son “deficientes” para otorgar
validez empírica a las normas producidas por órganos políticos. La validez y sólo
la validez legitima un orden jurídico.
La concepción positivista (legalista) de la legitimidad ha sido criticada como una
ilegítima y reduccionista deformación, que implica un inadmisible empobrecimiento
de la legitimidad democrática (Díaz, 1981: 62). Por otra parte, al permitir sólo el
control formal de las normas estatuidas, el legalismo (la legitimidad legalista)
significa, en última instancia, una actitud de conformismo frente al derecho
positivo. Estas críticas hicieron que se retomara la idea de que era necesario
trascender la mera validez de las normas jurídicas buscando la legitimidad
(justicia) de la legalidad.
(Lacambra, 1958) El principio de legalidad tiene una permanente y renovada función
práctica que cumplir, cuya realización puede servirle de principio activo de
legitimación: contribuir a la libertad real del hombre emancipándole de la presión
del Estado omnipotente, pero también de las fuerzas sociales más poderosas que
el mismo Estado cuando ésta frente a ellas y recae en un inexplicable laisser faire.
La acentuación unilateral de ciertas libertades puede ayudar a olvidar cómo bajo
aspectos muy concretos la libertad real del hombre, que se ve cada vez más
entorpecida y recortada, con independencia de la ideología propia del régimen
político, el poder de los organismos burocráticos estatales crece sin cesar y es
perfectamente posible pensar, por ejemplo, que una disposición o medida de un
organismo rector de los servicios de abastos en una época de racionamiento
puede significar de hecho, frente a un individuo determinado que no cumpla
ciertos “requisitos”, el disponer de su derecho a la vida. Otras veces son las
empresas monopolísticas de servicios públicos las que ejercen en formas jurídicas
perfectamente conocidas como una auténtica dictadura sobre el sector vital que
rigen.
Frente a todo esto, el principio de legalidad no puede agotarse en un estático
formalismo, es por el contrario un principio activo y dinámico que en cada
circunstancia concreta ha de legitimarse, recobrando e imponiendo la primacía de
la norma general de la ley sobre el complejo y profuso sistema de disposiciones y
medidas que usurpan su tradicional y esencial función de ser la definidora de la
libertad y el derecho de cada uno. (Lacambra, 1958)
Bibliografía
Dartiguelonge, E. B. (1995). Legalidad, legitimidad y soberanía popular. Obtenido de
http://nulan.mdp.edu.ar/7/1/FACES_n1_103-166.pdf

Habernas, J. (1988). ¿Cómo es posible la legitimidad por vía legalidad? Obtenido de


https://biblioteca.org.ar/libros/141732.pdf

Hierro, J. L. (2013). Legitimidad y legalidad. (Universidad Complutense de Madrid) Obtenido de


Eunomía. Revista en Cultura de la Legalidad:
https://core.ac.uk/download/pdf/276547289.pdf

Lacambra, L. L. (1958). Legalidad y legitimidad. Obtenido de Revista de estudios políticos, (101), 5-


24.: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2129414.pdf

Vita, L. (s.f.). La Legitimidad. Obtenido de


https://d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net/39863606/La_legitimidad_del_D_y_del_E-with-
cover-page-v2.pdf?Expires=1663877855&Signature=Ur7e4Q-
B9h7Ga45h~DR5XoMJBNuV9khgSNGo5-7ehOtYcBAj8fophcsqhe~r0KFyW7F1A4Q-VWra-
Vn3VPwv0i60ri7S8Q14StFhPm5fhsYuowGogvG2q6LK5-n1xQU

También podría gustarte