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José Revueltas y el 68: Reflexiones Históricas

Este documento presenta una introducción sobre José Revueltas y su relación con el movimiento estudiantil de 1968 en México. El autor describe cómo eligió leer la novela Los muros de agua de Revueltas para un proyecto escolar, y cómo esto despertó su interés en la vida y obra de Revueltas, especialmente su compromiso con las clases trabajadoras y su influencia en el 68.
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José Revueltas y el 68: Reflexiones Históricas

Este documento presenta una introducción sobre José Revueltas y su relación con el movimiento estudiantil de 1968 en México. El autor describe cómo eligió leer la novela Los muros de agua de Revueltas para un proyecto escolar, y cómo esto despertó su interés en la vida y obra de Revueltas, especialmente su compromiso con las clases trabajadoras y su influencia en el 68.
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José Revueltas,
a 50 años del 68

Mario Ruiz Ortega

Presentación

Comencé a pensar este texto en octubre de 2018. Dos


fueron las razones que estimularon mi interés: se cum-
plían 50 años del movimiento del 68, y habían trans-
currido cuatro desde la celebración del centenario del
natalicio de José Revueltas.
De alguna manera, yo sostenía la idea de que entre
el escritor y el 68 existió una relación muy estrecha; a
decir verdad, uno era parte del otro. Me atrevo a decir
que la dimensión moral del movimiento estudiantil no
se puede concebir sin la presencia —siempre solidaria
y sin pretensiones personales— de Revueltas. Reco-
nozco que sentí la necesidad de repensar, de escribir
sobre aquellos años porque me interesa conocer las
dos dimensiones del comportamiento humano, lo indi-
vidual y lo colectivo. Decir algo sobre “el novelista, el
dramaturgo, el cuentista, el guionista de cine, el teórico,
el filosofador; el último de los grandes de la familia que
tuteaban a La Revolución y creían en ella como se cree
en La Mujer, La Religión, La Esperanza...” (Aguilar, J.
2015), como lo señaló Héctor Manjarrez en su novela,
escrita en 1987, Pasaban en silencio nuestros dioses, en
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referencia directa a uno de los miembros de la destacada familia de los


Revueltas Sánchez.
Al mismo tiempo deseaba revivir, como en un monólogo, aquellos
años cuando los jóvenes estudiantes de diversos estratos sociales alzamos
la voz para hacer públicas nuestras opiniones sobre una forma de gober-
nar de la que no nos sentíamos parte.
Así, pues, al año siguiente de concebir este proyecto, comencé a tomar
notas para recapitular mis primeras lecturas, al igual que de todo aquello
que mi memoria trajera al presente —con las limitaciones propias de
quien esto escribe y en mi papel de profesor.
Estoy convencido de que hace falta un estudio de mayor alcance
sobre la vida, la obra y la influencia de Revueltas en la vida sociopolítica;
de manera particular, sobre la relación que el escritor mantuvo con los
jóvenes del México del 68.
Al paso de unos meses, me di cuenta de la complejidad que la tarea
implicaba, así que decidí hacer un alto en ese camino. Por esa razón decidí
dar a la imprenta estas primeras páginas que, si llegaran a ser leídas por
alguien más, me gustaría que fueran consideradas como un viaje a mis
recuerdos y, al mismo tiempo, como una especie de hermenéutica de la
historia que sobre aquellos años guardo en la memoria.
Escribir estas notas es un ejercicio, un acercamiento a la vida de un
hombre, pero también es una invitación a abrir nuestro pensamiento y a
reflexionar juntos sobre los temas que necesitamos dilucidar y compren-
der, de una forma crítica y con humildad. Es preciso conocer el pasado
que nos pertenece, analizar el presente complejo y asumir, entonces, que
debemos hacer lo posible por construir un mañana con más libertad,
justicia y alegría.

Una elección afortunada

Comencé la búsqueda de materiales que me permitieran abordar los dos


hechos sociales en los que centré mi propósito. Revisando en mi pasado
estudiantil, encontré algunos apuntes de lecturas realizadas en los años
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 49

de preparatoria (escritos en hojas sueltas de papel revolución) y otras más,


producto de las tareas de los primeros semestres de la carrera de Sociolo-
gía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara.
Durante el invierno de 1984, un maestro nos encomendó la lectura
de una novela mexicana, a la cual aplicaríamos un análisis sociocrítico.
El profesor sugirió que elaboráramos una lista de escritores y títulos de
novelas. No importaba que fueran conocidos o desconocidos para noso-
tros, siempre y cuando fueran mexicanos. De la lista propuesta por el
grupo y revisada por el profesor, yo elegí a José Revueltas. Hoy considero
que aquella elección no fue tan arbitraria: para ese entonces, yo sabía algo
sobre Revueltas y su influencia en el movimiento estudiantil del 68, así
como de su inquebrantable postura ideológica y revolucionaria —contra
viento y marea— a favor de las clases trabajadoras, por su firme creencia
en que ellas serían las que, a la postre, lograrían una sociedad más justa.
Para mí era fundamental la información en voz de mis compañeros de la
universidad, de amigos de aventuras sociales y, desde luego, de nuestro
profesor —cuyo nombre no tengo presente, pero seguramente debió ser
uno de los académicos chilenos que llegaron a la Universidad después
del golpe de Estado al gobierno de Salvador Allende, en 1973.
Pensé que la obra de Revueltas sería una buena oportunidad para
encontrarme, a través de él, con el movimiento del 68. Asumiendo tal
decisión, consideré que de esa manera podría responder a dos propósitos:
cumplir con la tarea asignada por el profesor y ampliar la información
sobre un autor de gran calado, al que consideré necesario acercarme para
entender aquellos años tan convulsos por los que el país atravesaba.
Preguntando aquí y allá sobre lo que Revueltas había escrito, me
enteré de que su obra era prolífica y diversa, características que amplia-
ban mi horizonte sobre el personaje. Fue así como supe de sus novelas,
cuentos, teatro, ensayos, guiones de películas —entre otros géneros y esti-
los—, en los que siempre estaba presente un hilo conductor: la lucidez
para explicar los grandes temas de entonces y la firme convicción de que
las cosas en nuestro país deberían cambiar.
Me decidí por Los muros de agua, novela publicada por la editorial Era
en 1941. Debo decir que, para muchos de nosotros, como estudiantes inte-
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resados en las ciencias sociales, también era importante la casa editora,


porque se había constituido como una referencia profesional y seria en
la difusión del pensamiento social en aquellos años. Antes de abordar la
novela, hice una lectura selectiva de la introducción de todas y cada una
de las otras que el autor había escrito. Para entonces habían pasado casi
diez años de la muerte de José Revueltas, ocurrida en el mes de abril de
1976; creí que era momento oportuno para incluir en mi formación como
sociólogo a un autor de su talla.
Al paso de los años, y reflexionando por qué elegí Los muros de agua y
no otra de las novelas de Revueltas, he llegado a la conclusión de que tal
elección no fue hecha a la ligera. Me explico: tiempo atrás y siendo estu-
diante de la preparatoria número 2 de la Universidad de Guadalajara, había
leído la novela del argentino Manuel Puig El beso de la mujer araña, publi-
cada en 1976, obra censurada por la dictadura militar. Su lectura coincidía
con el año de la desaparición física de Revueltas, motivo por el cual quise
rendirle así, simbólicamente, un homenaje; además, en ese mismo año
(1973) de 1976 terminaba yo la prepa y recibía mi certificado de bachiller.
Convencido, como dije antes, de cursar una carrera profesional rela-
cionada con las ciencias sociales, para mí fue una excelente noticia saber
que la Universidad de Guadalajara creaba la licenciatura en Sociología.
Al paso de dos años de nuevas experiencias de trabajo asalariado ahora
en la industria automotriz, corría ya el año de1978, cuando consideré que
entonces era el momento de retomar la vida estudiantil: realicé los trámi-
tes a la nueva carrera en la Facultad de Filosofía y Letras, y fui admitido
para estudiar una disciplina que se ajustaba a mis expectativas profesio-
nales de dedicarme a las ciencias sociales por vocación.
Decía antes que la novela de Puig me había influido positivamente.
Su autor narra la experiencia de un militante del movimiento estudiantil
del 68 en prisión y nos lleva a conocer las experiencias vividas por los pre-
sos de la Colonia Penal Federal Islas Marías, cárcel situada en el océano
Pacífico, a unos kilómetros mar adentro de las costas del estado de Nayarit.
Entre esos presos se encontraba precisamente José Revueltas.
La lectura de la novela incrementó mi interés por conocer más del
militante congruente con su pensamiento, con sus acciones y, además,
comprometido con la búsqueda de un cambio social para nuestro país
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 51

desde varias trincheras: la militancia en la izquierda comunista, la familia,


la literatura, las ideas, la ética; en ello encontré más coincidencias, a título
personal: en aquellos años, eran ideas que yo también defendía a capa
y espada, incluso sin la capacidad de argumentación apropiada para
comprender y explicar muchos acontecimientos, tal vez por mi corta
edad, poca información y una conciencia de clase precaria. Mi interés se
centraba, por ejemplo, en la naturaleza del autoritarismo del gobierno;
en las razones de la constante violación de los derechos de obreros,
campesinos, estudiantes e indígenas; pero, sobre todo, me interesaba
saber cuál debería ser mi participación en esos procesos, o conocer
cuál era la postura de otras personas que reflexionaban sobre similares
preocupaciones: ¿cómo entender las razones y la argumentación de
los intelectuales, como Revueltas y otros, que creían firmemente en el
principio de que la clase obrera debería concretar su emancipación, y
a partir de ella, la emancipación de la sociedad entera? Entender esos
procesos era motivo suficiente para leer lo que el teórico mexicano había
escrito al respecto en sus diversos textos. Sobre todo, porque Revueltas
nunca abandonó esa lucha: ni cuando estuvo privado de la libertad,
ni mucho menos cuando fue expulsado del Partido Comunista por su
severa crítica interna. Los muros de agua fue para mí como un puente,
porque me abrió un camino para la reflexión.

La opinión de escritores sobre Revueltas

Es muy común que haya opiniones diversas en torno a los escritores, y


Revueltas no es la excepción.
Octavio Paz, en un pasaje de Posdata escribió: “Todavía están en la
cárcel 200 estudiantes, varios profesores universitarios y José Revueltas,
uno de los mejores escritores de mi generación y uno de los hombres más
puros de México” (Sheridan, 2017).
Vicente Leñero, por su parte, opinaba en una entrevista:

Revueltas aparece como una figura constante, presente, no tan suficiente-


mente valorada, pero que se permitía hacer ensayos políticos dentro de las
novelas como Los errores (...) Revueltas es una figura también como de puente,
por lo menos lo leíamos mucho, lo admirábamos mucho (ibid).
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Otro destacado escritor e intelectual contemporáneo es Carlos Monsiváis,


quien sostenía:

La vida de Revueltas es casi la de uno de sus personajes, probablemente el


más poderoso. Atado siempre a la idea de la militancia, convencido de que
la revolución es la meta imposible y necesaria (…), se incorpora en 1968 al
movimiento estudiantil (…) Siempre, se niega a transigir (ibid).

El crítico literario Christoper Domínguez Michael, en un diccionario de


su autoría, texto en que presenta elementos sustantivos de las obras de
una larga lista de escritores mexicanos, al tocar el turno a Revueltas, sos-
tiene: “En Revueltas el paraíso se transforma en infierno; la irrigación
rural, en diluvio universal; el realismo de la Revolución mexicana, en
escenario apocalíptico” (Dominguez, 2007).
Opiniones como las anteriores confirman mi percepción de que en
el autor de Los muros de agua encontraría una visión amplia y nuevos
elementos para mejor orientar mis apreciaciones en torno a los grandes
temas del país, pero, además, porque Revueltas tuvo una relación muy
cercana con los estudiantes del 68, particularmente con los miembros
del Consejo Nacional de Huelga, quienes veían en él al maestro que no
tuvieron en las aulas, pero cuya presencia —dentro y fuera de la univer-
sidad— les significaba un fuerte apoyo moral y propagandista, ya que él
le imprimía firmeza a la defensa de los planteamientos del movimiento
estudiantil. Tal fue su compromiso con los jóvenes universitarios que,
cuando fue apresado por su participación, varios escritores exteriorizaron
su postura al denunciar dentro y fuera del país la que consideraron una
decisión inadmisible del gobierno de Díaz Ordaz. Un ejemplo de ello
quedó plasmado en un conjunto de cartas publicadas por Ángel Gilberto
Adame en su libro Octavio Paz. El misterio de la vocación, en las que Carlos
Fuentes y Octavio Paz —quienes entonces residían en Francia y la India,
respectivamente—, acuerdan firmar una carta abierta el 25 de diciembre
de 1969, junto con escritores como Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez,
Juan Goytisolo, Norman Mailer, Alberto Moravia y William Styron, que
dice:
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 53

Los suscritos, sin más títulos que los de intelectuales fieles a los principios
civilizadores de la justicia, democracia y respeto a los derechos humanos,
deseamos declarar nuestra solidaridad con los presos políticos mexicanos,
entre los cuales se encuentra el eminente novelista José Revueltas, y hacer un
llamado a las autoridades competentes de México a fin de que, en nombre de
las tradiciones libertarias y revolucionarias de un país que protagonizó el pri-
mer movimiento de emancipación popular del Tercer Mundo en nuestro siglo,
corrijan las notorias violaciones al procedimiento legal vigente en el caso de
estos hombres —en su mayoría jóvenes entre los 18 y los 23 años—, encarce-
lados por su fidelidad al espíritu de libertad revolucionaria que invocamos, y les
otorguen la libertad inmediata e incondicional (Sheridan, 2017; Adame, 2015).

Había, entonces, razones de peso para considerar que mi aprendizaje


en el ámbito de las ciencias sociales requería acercarme más a la litera-
tura en general..., y con Revueltas, encontré ese camino. Aquellos eran
tiempos en que el poder político de Díaz Ordaz pasaba la estafeta a Luis
Echeverría, los dos miembros del Partido Revolucionario Institucional
(PRI). La máquina priista continuaba avanzando a sangre y fuego y entre
contradicciones profundas en el país y en el poder.
Al paso de medio siglo, en algo tuvieron que cambiar las circunstan-
cias. Seis presidentes de los partidos pri y pan no manifestaron —por
omisión o por razones políticas, morales, o ambas— postura alguna en
favor de la imagen de Revueltas. Hoy es el gobierno de López Obrador,
proveniente de un nuevo partido de oposición (Morena), quien rescata,
por compromiso moral o por razones de justicia, el nombre del escritor:

..el pasado 8 de marzo fue publicado en el Diario Oficial de la Federación


el decreto presidencial mediante el cual las Islas Marías dejan de funcionar
como centro penitenciario para convertirse en el “Centro Transformativo de
Educación y Cultura Ambiental, Muros de Agua: José Revueltas” (Secretaría
del Medio Ambiente, 2019).

El Palacio Negro de Lecumberri, donde Revueltas vivió su última experien-


cia como preso político, hoy tiene en sus muros una placa con su nombre.
El lugar se ha convertido en el Archivo General de la Nación, sitio en el
que también se encuentran documentos que relatan los sucesos ocurridos
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y dan fe de ellos, así como de las personas que en 1968 fueron apresadas.
Gracias a las medidas que en años recientes se han adoptado a este respecto,
es factible hacer trabajo de consulta e investigación sobre lo que durante
cincuenta años fue un tema prohibido para la sociedad mexicana.

La revista Mestiza

Volvamos ahora a la anécdota sobre mi trabajo escolar a propósito de la


novela de Revueltas. Entregada al profesor en su momento, unos meses
después se convirtió en un ensayo breve que se llegó a compartir en
nuestro ámbito universitario más cercano, al ser incluido en uno de los
números de la revista Mestiza, editada por jóvenes de la comunidad cuyas
ideas eran, de alguna manera, similares a las de Revueltas. Ideas que yo
también compartía.
En ese medio de expresión estudiantil, confluíamos estudiantes de
las carreras de Economía, Filosofía y Sociología. Fugazmente tuvimos la
oportunidad de manifestar nuestro pensamiento, porque financiar una
iniciativa de esa naturaleza sangraba nuestros de por sí escasos ingresos
económicos. Pero, por otro lado, éramos libres e independientes para dar
a conocer diversas expresiones sobre la cultura y las artes de la localidad;
se hizo un tiraje de mil ejemplares, que fueron obsequiados en los pasillos
de las facultades de Economía y de Filosofía y Letras de la UdeG.
La iniciativa de fundar una revista es natural entre los jóvenes. Al
respecto, Octavio Paz llegó a decir: “Siempre que un grupo de jóvenes
escritores se juntan, quieren modificar el mundo, quieren llegar al cielo,
quieren defender el infierno, y lo único que se les ocurre es fundar una
revista” (Sheridan, 2010). Y así era nuestra intención y voluntad. El ideario
de la revista se puede corroborar en la editorial del número uno, donde
se sostenía una expectativa y una esperanza:

Pretendemos que Mestiza debe ser una publicación tan heterogénea como
heterogénea es nuestra sociedad, tan sencilla como nuestras propias limita-
ciones, tan amplia como las aportaciones que se reciban, sin malabarismos
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 55

intelectuales ni vericuetos antidigestivos y negada totalmente a toda solem-


nidad o pomposidad alucinante (Mestiza, 1984).

Esos eran los principios que definían a dicha agrupación, identificada con
el nombre de Trabajadores Culturales Tenamaztli, a.c. Varios compañeros
de ambas facultades nos sumamos a ese intento por contribuir a la discu-
sión y el análisis de los temas que se debatían entre la comunidad estu-
diantil de la UdeG durante “la década perdida”, como llamaron algunos
economistas a los años ochenta. Eran los tiempos del sexenio presidencial
de Miguel de la Madrid Hurtado, marcados por la convulsión de diversos
problemas locales, nacionales e internacionales.
Durante las seis décadas de su fructífera vida de escritor, Revueltas
intentó comprender sucesos como el final de una revolución “inconclusa”
—a decir de Adolfo Gilly—, la construcción de un país de instituciones,
los movimientos obreros urbanos, los movimientos culturales y educa-
tivos que dieron identidad a México, hasta el movimiento estudiantil de
68, donde —desde su modesta trinchera de corrector de los escritos para
difundir el movimiento— alcanzó un papel fundamental para la vida
universitaria.
Revueltas siempre mantuvo una postura crítica, muy alejado de los
dogmatismos ideológicos y políticos. Fue en ese ambiente en el que pro-
dujo lo mejor de su pensamiento, su ética, su activismo político y, desde
luego, su sensibilidad y lucidez para comprender y compartir su visión
del México turbulento del siglo xx en que le tocó vivir.

Una familia de convicciones. Entre el arte y la política

Si bien el centro de este texto es José Revueltas, específicamente una de


sus novelas, y en general su pensamiento, también consideré apropiado
traer a colación, así sea someramente, a su familia: los Revueltas Sánchez.
Corrían los primeros años del siglo xx en la localidad de Santiago
de Papasquiaro, estado de Durango, lugar donde la señora Romana
Sánchez Arias procreó a sus doce hijos. La madre de los Revueltas era
amante de las artes, tal vez de ahí provenga la vena de donde todos sus
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hijos nutrieron su pasión por las distintas expresiones de la estética. La


literatura, la música, el teatro, el cine y la pintura fueron algunas de las
manifestaciones cultivadas por varios de sus miembros (y algunos de sus
descendientes), todos notables. Su padre, Gregorio Revueltas Gutiérrez,
era comerciante; tenía una tienda en la que vendía de todo. La familia
gozaba de una buena situación económica, favorable para sostener la
educación de sus hijos, incluida la formación artística, que desde entonces
cultivaban tanto hombres como mujeres.
En 1908, la familia emigró al estado de Colima, y en 1910 se establecen
durante un año en la ciudad de Guadalajara. A su regreso a Durango, la
familia se completa: nacen los últimos seis hijos; entre ellos, José.

En pleno auge de la Revolución, la Ciudad de México, a diferencia de otras


zonas del país, presentaba cierta tranquilidad, situación que don Gregorio
consideró apropiada para enviar a algunos de sus hijos a continuar con su
formación escolar y artística. Durante la estancia en la capital mexicana, la
enseñanza recibida en el Colegio Alemán Von Humboldt, fue importante. Allí
aprendieron inglés y alemán, formación que influyó de forma notable en su
vida, sobre todo para quienes tuvieron la oportunidad de vivir en Estados
Unidos, Francia y Alemania, durante varios años. Con esa decisión, su padre
buscaba separar a sus hijos de la atmósfera de violencia de la Revolución
mexicana. Sin embargo, los Revueltas vivieron de cerca el umbral de la Pri-
mera Guerra Mundial cuando, en 1917, los Estados Unidos deciden entrar a la
contienda, justo cuando los hermanos residían en la ciudad de Austin, Texas.
Experiencias que —como veremos más adelante— influyeron de una forma
notable en el pensamiento político de los jóvenes. En congruencia con ello,
su obra tuvo impreso el sello de su postura crítica a los sistemas totalitarios y
antidemocráticos (Sánchez, 2015).

En la familia Revueltas Sánchez se tenía la convicción de que la mejor


educación se impartía desde las artes. Se ha demostrado la validez de
esa premisa en cualquier contexto, como bien lo afirma el escritor por-
tugués José Saramago en alguna de sus obras. La cultura, la educación
y las actividades artísticas constituyen una salida para la población, un
contrapeso frente a las enormes desigualdades y la falta de oportunidades
para los sectores sociales más desprotegidos en un tejido social como el
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 57

mexicano, de profundos contrastes. Es una especie de remedio temporal


que nos ayuda a paliar las atrocidades de un mundo donde el dinero es el
símbolo del poder construido sobre la pobreza de las mayorías. La familia
Revueltas aportó enormes experiencias en distintas esferas artísticas, aun-
que su reconocimiento fue tardío —dentro y más allá de nuestros muros
de agua—, debido particularmente a su postura ideológica y política.
Entre los hermanos Revueltas Sánchez, los más destacados y de quie-
nes se puede obtener información —de unos más que de otros— fueron
Silvestre, Fermín, Consuelo, Rosaura y José. Veamos a continuación una
sucinta muestra de sus grandes aportes a la sociedad mexicana.
Silvestre (1899-1940). El mayor de los hermanos varones. Conside-
rado como el más influyente compositor mexicano, además de violinista
y director de orquesta; tuvo una vida corta pero fructífera. Garland (1994)
lo reconoció como “el mejor compositor surgido en Latinoamérica”.
Como sus hermanos, Rosaura y José, Silvestre también asumió una
postura intelectual y política de izquierda y socialista. El ejemplo más
claro es cuando se suma al Partido Comunista Mexicano, y al fundar el
órgano de difusión de ese organismo político, El Machete. Tal vez esta
decisión influyó para que la tradición de la música de concierto, en vida
del músico, tardara en darle el lugar que merecía y en que solo después
de su muerte fueran reconocidos sus grandes aportes a la música mexi-
cana e internacional. Los estudios que cursó en Estados Unidos, en diver-
sas escuelas y con directores de música afamados (Félix Borowski, León
Sametini, Otakar Sevcik), fueron definitorios, pero, al mismo tiempo,
insuficientes para el espíritu independiente del joven músico.

La muerte de su padre lo trajo de regreso a México, pero su permanencia en


la ciudad fue breve y pronto regresó a Norteamérica. Su espíritu rebelde y el
gusto por la bebida le dificultaron la vida y su profesión. Fueron años difíciles.
Finalmente, recibe la invitación del músico Carlos Chávez —con quien exis-
tía, por parte de Chávez, una rivalidad profesional— para formar parte de la
Orquesta Sinfónica de México, a lo que Silvestre no se pudo negar. Las opor-
tunidades se le presentaban favorables. Eran tiempos posrevolucionarios y la
incorporación de José Vasconcelos en el gobierno favorecía la política cultural
del país (Espinoza, 2015).
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Aportaciones fundamentales de Silvestre fueron la polirritmia y la


politonalidad como dislocaciones del ritmo, características intrínsecas
de sus composiciones, como se puede apreciar en las obras Cuauhnáhuac,
Esquinas y Ventanas,
Una nueva experiencia la vivió en España en tiempos de la Guerra
civil, a la que se integró como militar. Allá radicalizó su pensamiento liber-
tario, pero también sufrió la impotencia al no ver logrado el anhelo espe-
rado por los republicanos frente al franquismo fascista (Garland, 1994).
Vuelve a México y se dedica a la composición; al mismo tiempo,
decide acercarse a los habitantes de los barrios populares y vivir direc-
tamente las penurias por las que pasan a diario. Gracias al apoyo de su
hermana Rosaura resuelve sus necesidades fundamentales de sobrevi-
vencia, lo que le permite concluir la composición que lo ha llevado al
reconocimiento internacional: Sensemayá, obra orquestal basada en el
poema de Nicolás Guillén e interpretada por famosos directores, como
Stokowski, Bernstein, Mata y Dudamel.
Silvestre Revueltas también compuso para el cine. Asociado con el
director Chano Huerta, el argumentista Salvador Novo y el actor Mario
Moreno, Cantinflas. La experiencia se ve materializada en las cintas La
noche de los mayas (1939), Los de abajo (1940), Redes (1934) y El indio (1938):
La noche de los mayas (México: fama, Francisco de P. Cabrera, 1939).
Dirección: Chano Urueta. Argumento: Antonio Mediz Bolio. Música: Sil-
vestre Revuelta (Lienhard, 2002: 113).
Redes (México 1934). Producción: Secretaría de Educación Pública.
Dirección: Fred Zinnemann y Emilio Gómez Muriel. Argumento: Agustín
Velázquez. Música: Silvestre Revueltas (ibid).
El indio (México 1938). Producción: Nuestro México. Dirección:
Armando Vargas de la Maza. Argumento: sobre la novela homónima de
Gregorio López y Fuentes. Música: Silvestre Revueltas (ibid).
Su participación, altamente motivadora, en la escena y en la coreo-
grafía musical, lo llevó a componer La coronela, inspirada en los grabados
de José Guadalupe Posada, en 1940.
Su hermano José, en uno de sus libros, resalta lo siguiente:
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 59

Veo a Silvestre como ese ser humano prodigioso que era, como ese hombre
director, personal, viviente, amigo, camarada, hermano, que tocábamos, que
sentíamos, infantil, tierno, lleno de júbilo, enardecido por la alegría de vivir, sin
conceder sombras a la vida… (Revueltas, 1966: 15).

Debido a los efectos del alcohol, hábito adquirido a edad temprana, y


a sus carencias materiales, padeció una fuerte bronconeumonía que lo
llevó a la muerte en 1940. En la ceremonia fúnebre celebrada en el Con-
servatorio Nacional de Música de México, Pablo Neruda leyó su poema A
Silvestre Revueltas, de México, en su muerte (Oratorio menor), en el Panteón
Francés de la Ciudad de México. Treinta años después, sus restos serían
trasladados a la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón de Dolores,
en 1976. Reconocimiento muy tardío.
Fermín (1901-1935). Dibujante, pintor, muralista, vitralista. Comenzada
la revolución, el padre de los Revueltas —al igual que lo hizo con su Sil-
vestre— envió a su hijo a los Estados Unidos para evitar su participación
directa en ese proceso. A pesar de que se encontraba fuera de su país, el
impacto que le causó la Primera Guerra Mundial avivó su inclinación por
el pensamiento de izquierda, alimentado por el fuerte viento del mura-
lismo mexicano del que pronto formó parte, junto con Siqueiros, Orozco y
Rivera, entre otros, con quienes participó en la elaboración de los murales
en la Escuela Nacional Preparatoria, con su primera pintura mural, la
encáustica Alegoría de la virgen de Guadalupe, como parte de la primera de
sus etapas como creador (Sánchez, 2013).
El destacado movimiento cultural y artístico promovido por José Vas-
concelos en los primeros años posrevolucionarios favoreció al grupo de
jóvenes interesados en concretar los valores nacionales e indígenas en la
plástica, al que Fermín se suma asumiendo los valores de la Revolución.
Su actitud congruente lo lleva a formar parte de organizaciones como la
Unión de Trabajadores Técnicos, Pintores, Escultores y Grabadores (ibid).
El fuerte sentido de lo mexicano en la obra de Fermín Revueltas se
asoció a las vanguardias artísticas del siglo xx y al canon moderno, por la
vía de su participación en el estridentismo, movimiento que incorporó el
avance de la tecnología a las expresiones estéticas nacionales.
60

Como sus otros hermanos, el joven Revueltas sintió una gran atracción por
militar en el Partido Comunista Mexicano y en contra de los grupos de poder
capitalista locales, lo que le significó declararse abiertamente progresista y
defensor de los grupos más vulnerables. Tales motivos hicieron que su obra
adquiriera un fuerte contenido social (ibid).

Cuando tenía apenas 34 años, la vida de uno más de los Revueltas llegaba
a su fin: un ataque cardiaco detuvo el flujo de su producción artística.
Consuelo (1909-1990). Poca información se ha dado a conocer. Quizá
porque su vida fue más reservada, dedicada más a las labores de su casa.
Fue la mayor de sus hermanas. Pasados los ochenta años, exhibió su obra
en el Palacio de Bellas Artes (Tibol, 1986). Lo anterior confirma que los
Revueltas han sido una familia de artistas prolíferos y autodidactas.
Su hermana menor, Rosaura, en su libro Los Revueltas, escribió:

Mi hermana Consuelo empezó a pintar muy tarde, a los sesenta años, casual-
mente, ya que nunca tomó una clase de pintura, ni era asidua visitante de
galerías de arte. Cansada de escribir cuentos, corridos y calaveras que nadie
se interesaba por leer, un día agarró una tablita, un pincel y unos frasquitos de
pintura politec y empezó a pintar ramitos de flores (Revueltas, 1980).

Por su parte, en el mismo libro hay una referencia personal de parte su


hermano José: “Si de alguna artista puede decirse que sea ‘natural’, es
de Consuelo Revueltas (...) En la pintura de Consuelo no hay ninguna
buscada ni efectista sencillez; es la sencillez misma en su experiencia más
directa y conmovedora” (Revueltas, 1980). Murió de cáncer.
Rosaura (1910-1996). Una artista de alcance internacional. Fue una des-
tacada actriz en los años cincuenta, como lo muestran las películas Un
día de vida, Vuelve Pancho Villa (1949), Islas Marías (1950) y La sal de la tierra
(1954), esta última premiada en Francia y Checoslovaquia (Castro, McKee,
2011). El guion de esta película fue considerado como de tendencias comu-
nistas, motivo por el cual la actriz fue encarcelada y deportada. A pesar
de las dificultades, la película fue terminada y ella recibió el premio a la
mejor actriz en 1956. Teniendo corrientes artísticas opuestas a su trabajo
actoral de posiciones verdaderamente procapitalistas, Rosaura impuso su
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 61

carácter y su profesionalismo como actriz, bailarina y escritora, de frente


a la meca del cine nacional y norteamericano:

Eran los tiempos que luego serían conocidos como la Época de Oro del cine
mexicano, y las divas María Félix, Dolores del Río y Katy Jurado eran suma-
mente populares. Precisamente por su prestigio y el confort alcanzado en la
pantalla grande, difícilmente, las divas en su condición de mujeres, se atreve-
rían a filmar una historia en la que un personaje femenino participaba en un
movimiento de reivindicación de su propio género. El papel lo representó, con
maestría actoral, Rosaura (Bodenstedt, 2018).

Las dotes histriónicas de la actriz llamaron la atención del dramaturgo


alemán Bertolt Brecht, quien la invitó a formar parte del Berliner Ensam-
ble, compañía teatral con una presencia muy sólida a escala internacional.
En contraste, en nuestro país había sido vetada por su postura ideológica,
inclinada siempre a la izquierda. Pasaron los años y volvió a la pantalla
en Mina, viento de libertad (1977), y posteriormente participó, con papeles
pequeños, en otras cintas.
Además, Rosaura se destacó como escritora: Los Revueltas: biografía
de una familia (1979) y Silvestre, por él mismo (1989) son sus publicaciones
más conocidas.
Su etapa de bailarina —cultivada al mismo tiempo que las otras acti-
vidades—, terminó cuando se le diagnosticó cáncer, enfermedad que la
llevó a la muerte en 1996, en Cuernavaca, a los 85 años. La sobreviven dos
de sus nietos. La actriz Ángela Molina protagonizó el papel de Rosaura
Revueltas en la película Punto de mira (2001). Se cuenta que, hasta el final
de su vida, la norteamericana Administración para el Control de Drogas
(dea, su sigla en inglés) mantenía el teléfono intervenido de Rosaura.
José Revueltas, como sus hermanos Silvestre y Fermín, nació en San-
tiago Papasquiaro, en el estado de Durango, por las laderas de la sierra
Madre Occidental, el 20 de noviembre de 1914. Fue registrado con el nom-
bre de José Maximiliano Revueltas Sánchez. Aquellos eran tiempos con-
vulsos, la Revolución Mexicana (1910-1917) se encontraba en pleno apogeo.
Su infancia y adolescencia transcurrieron en la Ciudad de México,
donde comenzó sus estudios de primaria junto con sus hermanos: pri-
62

meramente, asistió al Colegio Alemán, pero, debido a la situación de pre-


cariedad de la familia, tuvieron que inscribirlo en una escuela pública.
Habían transcurrido seis años de su educación básica (1928) cuando
decidió dejar de asistir a la escuela para iniciar su formación de manera
autodidacta. Alguna vez declaró que abandonó la escuela formal porque
los ritmos de estudio en la enseñanza oficial le parecían insuficientes y
de paso lento. A partir de entonces, decidió continuar sus estudios en la
Biblioteca Nacional.
Siendo un adolescente, a los catorce años de edad, ya manifestaba
un comportamiento rebelde: en un mitin en el zócalo capitalino, colocó
una bandera comunista en la catedral metropolitana, lo que lo llevó a la
correccional, donde también participó en una huelga de hambre. Al salir
fue invitado a formar parte de la Juventud Comunista, pero finalmente,
debido a su preparación, decidieron integrarlo directamente al partido,
del cual fue expulsado en dos ocasiones por su crítica al dogmatismo
característico de la organización.
Debido a su activismo, Revueltas fue encarcelado en varias ocasiones
más, todas por motivos políticos: en la isla María Madre, en el archipié-
lago de las Marías, ubicadas en el vasto y solitario Pacífico, estuvo en dos
ocasiones (1932 y 1934); en el 68 fue enviado a la prisión de Lecumberri,
en la Ciudad de México. La actividad política e ideológica del escritor
estaba en plenitud.
Los párrafos anteriores nos muestran un perfil del escritor que de
forma temprana asume, por convicción, el papel de crítico del sistema
capitalista y del gobierno en turno en nuestro país, que continuaría en
los años de su madurez literaria, por vía de su participación política en
distintos movimientos sociales. Las detenciones y persecuciones de que
fue objeto, sobre todo por parte del gobierno de Díaz Ordaz, nos muestran
una actitud moral inquebrantable e indomable. El siguiente pasaje —
extraído por Carlos Monsiváis de los escritos de Revueltas—, en el que se
dirigía al jefe de la policía capitalina después de la masacre de Tlatelolco,
así lo demuestra.

Dicen los periódicos que se me acusa de ser el responsable intelectual del


movimiento estudiantil. Al margen de la realidad de estas afirmaciones, lo
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 63

cierto es que soy un perseguido y que seguramente mi vida corre peligro


(...) puntualmente le pido mi último deseo, con toda la cortesía de la que soy
capaz. Estimado señor: le solicito a usted que vaya y chingue definitivamente
a su madre. Le agradezco de antemano la respuesta afirmativa a mi petición
(Monsiváis, 2010: 277).

La situación política e ideológica en el México de las décadas de los


sesenta y setenta era muy difícil y compleja para aquellos mexicanos
que quisieron, que quisimos, intervenir de alguna forma, interpretando
y participando desde nuestros respectivos espacios laborales y educativos.
Hoy, quien esté interesado en ampliar su conocimiento de la sociedad
mexicana de los últimos cincuenta años se encontrará con una estructura
socioeconómica muy desigual, compleja y con muchas contradicciones.
Vista así la realidad mexicana, se puede apuntar que la obra de Revueltas
tiene un enfoque precisamente desde la complejidad y está enmarcada
en la historia de la lucha de clases en México, que —tal como él la conci-
bió— es una fuente necesaria para avanzar en ese intento.
Sea que se trate de victorias, o de reveses, las grandes conmociones
sociales y políticas de los pueblos suelen generar un cúmulo de sucesos
y documentos de gran utilidad para el análisis político, social e incluso
literario; para eso y más, la obra de Revueltas es fundamental. Los diversos
textos escritos por el autor a lo largo de su vida son de consulta obligada
cuando se trata de comprender la avasallante y sobrecogedora realidad
de la sociedad mexicana del siglo xx.

La obra y su contexto

El paso de un contexto real a uno estético-literario no creo que sea un ejer-


cicio sencillo. La excesiva fidelidad a la mera superficie de las anécdotas o
los acontecimientos que son parte de la historia en ocasiones conduce a
que se falsee —de forma premeditada o involuntaria— la objetividad de
los hechos, así como la parte simbólica de tales acontecimientos. Este no
es el caso de la narrativa de Revueltas. Concebir la historia con un enfoque
dinámico o, para ser más precisos, con un enfoque dialéctico, como fuente
64

de luz para los hombres de espíritu crítico, demanda observar todo en su


propio movimiento dinámico y en constante cambio. Esto es lo que, a mi
manera de ver, el autor sostuvo durante toda su vida.
Se han hecho amplios y diversos esfuerzos por explicar las primeras
décadas del siglo xx. Varios autores mexicanos y extranjeros —como Kene-
neth Turner, México bárbaro (1911); Mariano Azuela, Los de abajo (1915); D. H.
Lawrence, La serpiente emplumada (1926); Martín Luis Guzmán, El águila y
la serpiente (1928); Ann Porter, Judas en Flor (1930); José Vasconcelos, Ulises
criollo (1935), entre muchos otros— dieron vida a una corriente literaria
nueva, a una interpretación socioliteraria de la vida de los mexicanos en un
periodo de frecuentes acciones violentas y de cambios sustantivos, en las
que los diversos sectores e intereses se enfrentaron durante largo tiempo.
Años más tarde, ante la complejidad del panorama social, y con el
mismo propósito de comprender los acontecimientos y la conducta de
los mexicanos, se intentó realizar un análisis sociocrítico de nuestra iden-
tidad. De esa forma surgió un enfoque en el cual la conciencia era el
tema central; la conciencia surgida de la realidad. Es decir, que en última
instancia el hombre de nuestras tierras también es producto de procesos
complejos en los que intervienen factores como la cultura, la historia, las
tradiciones, la filosofía, como lo apuntó Octavio Paz (El laberinto de la sole-
dad): “Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado,
el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva:
máscara el rostro y máscara la sonrisa”. “La indiferencia del mexicano
ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida” (Gutiérrez, 2013).
Por su parte, el filósofo y humanista Miguel León Portilla, en una entre-
vista que concedió unos años antes de morir, a la pregunta ¿cómo cultivar
la identidad local ante un mundo global?, respondió:

Hay que hacer un esfuerzo y ¿por qué es importante? Es importante porque


ese esfuerzo me va a permitir moverme en la vida. Si yo no sé quién soy, si yo
no sé qué es México, pues no me puedo mover; porque voy como un pasajero
sin equipaje, sin boleto, un amnésico. Y, por desgracia, grandes sectores de la
población de México tienen esa manera de enfermedad… ¡Es verdad! No les
interesa nada. Y yo pienso que la vida es muy interesante: vamos a conocer
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 65

nuestro país, vamos a conocer regiones de nuestro país, vamos a tratar con la
gente de nuestro país (Barros, 2018).

Carlos Monsiváis, en La Identidad Nacional. Lo sagrado y lo profano sostiene


que

la “identidad nacional” es el dispositivo de unificación de los elementos irreduc-


tibles (Estado, proceso educativo, tradiciones, cultura) y sus versiones diversas
y opuestas en barrios, vecindades, colonias residenciales, condominios, unida-
des habitacionales de burócratas, colonias populares, ciudades medias, ranche-
rías, poblados indígenas, zonas fronterizas. México es un país más monolítico y
más plural de lo que se ha creído, y de continuo las creencias y las tradiciones
modifican su función y la afirman (Monsiváis, 2007).

Desde luego que no son los únicos, ni serán los últimos escritores que
reflexionen sobre la identidad de nosotros los mexicanos, pero, sin duda,
nos aportan elementos sustantivos para continuar la indagación.
Como en las anteriores interpretaciones sobre el mexicano, en la per-
cepción de Revueltas el hombre es un ser social de realidades geográfi-
cas y culturales diversas, pero su naturaleza es universal. En un marco
histórico-social de complejas relaciones pueden encontrarse también las
distintas dimensiones humanas, a través de las cuales podremos construir
un conocimiento global del hombre. Se aprecia, pues, una semejanza con
las opiniones de los autores antes referidos. El hombre es el resultado de
la suma de su pasado, presente y futuro.
La vida de Revueltas transcurrió signada por su intensa actividad
política y literaria. Es el ejemplo —no frecuente— de un escritor compro-
metido con la realidad social. Nunca se lo vio en reuniones de promoción
o en recepciones oficiales, ni fue un intelectual puro o esnobista; por el
contrario, toda su energía, independencia y crítica devastadora estuvieron
al servicio de los intereses de las clases explotadas, así como a denunciar
y analizar las contradicciones de esa realidad.
Su producción literaria tiene la característica del realismo crítico. Sus
obras siempre son para el lector un hallazgo de lo cotidiano, de lo des-
garrador, un encaramiento con el ser verdadero, ser que está en proceso
de no ser. De esto hay pruebas suficientes en el prólogo que Revueltas
66

escribió para Los muros de agua, en la edición de 1961, en el cual describe


los personajes que observó en la visita a un leprosorio en Guadalajara,
en 1955. En ese texto, el autor no elude responsabilidades en aras de un
esteticismo falso, sino considera que el arte debe reflejar el contenido esté-
tico objetivo de la realidad: “Los muros de agua no son un reflejo directo,
inmediato de la realidad. Son una realidad literaria, una realidad imagi-
nada” (Martínez, J. 2019).
Cuando publicó la novela Los muros de agua, Revueltas ya había vivido
el peso de la represión burguesa al caer prisionero y haber sido enviado
—como dijimos— a las islas Marías. No obstante, no sería esta la única
ocasión en que fuera reprimido. La persecución y la cárcel fueron habi-
tuales para él, víctima de los gobiernos en turno y de algunos sectores
académicos e intelectuales; incluso del mismo partido político del que
fue miembro temporal, el Partido Comunista Mexicano (pcm), que en
diferentes épocas censuró su incorruptible y decidida tarea de intelectual
revolucionario. Tanto él como otros miembros de su familia tuvieron que
sortear estos obstáculos, no siempre con resultados favorables. Gentes de
palabras y acciones consecuentes con sus principios, sufrieron a lo largo
de su vida militante.
Hacia 1943 aparece El luto humano y, definitivamente, Revueltas se
destaca como el escritor que rompe con la inercia que llevaba la narra-
tiva mexicana por aquellos años. Pero no es sino hasta la década de los
sesenta cuando se da crédito a su producción literaria y se va conociendo
poco a poco en su justa dimensión. Revueltas es invitado a Cuba para
integrar el jurado del Premio Casa de las Américas 1968 y, al poco tiempo,
se le confiere el Premio Xavier Villaurrutia de Literatura en la Ciudad de
México, en 1967.
Desde su niñez, Revueltas mostró un gran interés por la magia de las
imágenes en movimiento, por el cine: “...de chico siempre me desvivía
porque me compraran proyectores con lámpara de alcohol, iba al Volador
a comprar cintas viejas, por metro...”. Recordaba también las proyecciones
públicas, en su infancia en Durango: “Era gratis, ponían una sábana en
la plaza y proyectaban películas, a mi me parecía algo mágico, verdade-
ramente extraordinario…” (Peredo y Narro, 2019).
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 67

Para Revueltas y para el mundo cinematográfico, su involucramiento


en esta “nueva” área resultó muy significativa, por varios motivos: uno de
ellos fue sin duda la oportunidad de ver una mejora económica, ya que
era la época del cine mexicano y porque consideró que era una oportu-
nidad para continuar vigente con sus planteamientos. Aunque su interés
era dirigir, la industria lo recibió como adaptador de guiones, actividad
que desarrolló por una década. Tal es el caso por, ejemplo, de El rebozo de
Soledad, de Xavier López Ferrer, dirigida por Roberto Gavaldón en 1952.
Era un espacio público para dar continuidad a su actividad de divulgador
de la realidad de México y sus contradicciones.

José Revueltas construyó una obra cinematográfica claramente enfocada en


deslizar mensajes políticos, simbolismos que lograran dejar huella en los espec-
tadores más allá del entretenimiento buscado por realizadores y productores.
Revueltas toma al cine como una misión personal, un descenso al ensueño
enajenante en búsqueda de un estado de conciencia pura (Mino, s/f).

José Revueltas fue un gran ensayista, como lo demuestra seriamente en


México: una democracia bárbara (1958); pero quizá su trabajo de más pro-
fundidad en este género sea Ensayo sobre un proletariado sin cabeza (1962).
La solidez de su pensamiento se refleja claramente en los ensayos: “La
disyuntiva histórica del Partido Comunista Mexicano” (1958), “Enseñanzas
de una derrota” (1960), “Libertad del arte y estética mediatizada” (1965),
“Problemas del conocimiento estético” (1967); “Alegato de autodefensa”
(1970); “Año nuevo en Lecumberri” (1970) y “Cuestionamientos e inten-
ciones”; este trabajo incluye escritos elaborados en torno a la publicación
de la novela Los días terrenales (1949).
Quienes lo acompañaron en las buenas y en las malas, y tuvieron la
oportunidad de apreciar su sólida y sincera amistad, destacan los miles de
estudiantes que durante el movimiento del 68 lo buscaban para escuchar
su punto de vista siempre crítico y propositivo, en las aulas, los auditorios,
la cafetería o en su escritorio en la unam. De igual manera, escritores e
intelectuales en su tiempo productivo dentro y fuera de México.
Al paso de los años, un signo muy reciente de ese reconocimiento en
una dimensión más amplia es, sin duda alguna, el hecho de que en 2019,
68

el presidente de la República anunciara el cierre del penal Islas Marías,


para dar lugar al Centro Recreativo y Cultural “Los Muros de Agua José
Revueltas”. La noticia fue bien recibida por la sociedad, no solo porque
significa el fin de un ciclo de la historia de México y porque abre la opor-
tunidad para el fomento de la cultura y la conservación biológica del
archipiélago de las Islas Marías, sitio al que en el año 2000 la unesco
declaró área natural protegida con carácter de reserva de la biosfera. De
esa forma, cerrar la prisión que Porfirio Diaz había mandado construir
en 1905, para enviar a los presos considerados como de alta peligrosidad
y a los disidentes, es también una muestra de que los tiempos han estado
cambiando recientemente, y que el nombre de José Revueltas, que en los
años treinta fue enviado a aquella prisión, adquiere un significado dife-
rente, es —pienso— una manera de rescatar al personaje y de situarlo,
con toda justicia, en el interés colectivo. ¡Cómo da vueltas la vida!
Sin necesidad del reconocimiento colectivo, Revueltas fue sin duda
un hombre de su tiempo, militante por el socialismo, que siempre trabajó
arduamente y con un gran espíritu de responsabilidad.
Si bien la obra de Revueltas no ha sido del todo estudiada, asimilada
y difundida, el autor está situado como uno de los escritores más impor-
tantes y honestos de América.
Dada la importancia de su producción literaria, ya se han realizado
esfuerzos editoriales —como el de editorial Era (2014)— para dar a cono-
cer su obra completa. En ella se puede apreciar la gran capacidad analítica
que el autor muestra al estudiar la sociedad mexicana, representada a
través de los personajes por él delineados: todos ellos tienen su doble en
la sociedad real y concreta, en los diferentes sectores del pueblo.
La gran fuerza del pensamiento y del método de su narrativa sigue
siendo del interés de muchos, como el de quien esto escribe. Un ejemplo
que muestra la nueva forma de concebir y trabajar literariamente la rea-
lidad y su crítica, podemos verlo en el prólogo de la segunda edición en
1961, de Los muros de agua:

Los muros de agua —sostiene Revueltas—, no son un reflejo directo e inme-


diato de la realidad; son una realidad literaria; una realidad imaginaria. La novela
es una intención, una tentativa de lo que considero realismo materialista y
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 69

dialéctico, línea en que considero únicamente a través de la cual se podrá llegar


a escribir en nuestro país la gran novela mexicana (Revueltas, 1961).

Muchas y variadas han sido las críticas hechas a la obra revueltiana.


Considero que se encuentran enmarcadas en el plano oficial de la crítica
literaria, incluso en el ámbito académico y el político, como ocurrió en
el Partido Comunista, del cual —como ya se dijo aquí— finalmente fue
expulsado, incluso en la organización que el mismo fundó (La Liga Leni-
nista Espartaco), y de la cual recibió también el mismo trato. Queda claro
que la crítica de Revueltas no solo se dirigía a la ideología conservadora,
burguesa y reaccionaria y al poder oficial formal encabezado entonces
por el Partido Revolucionario Institucional (pri), sino también, y desde
una acción de autocrítica, hacia dentro de la oposición proletaria y revo-
lucionaria de su tiempo.
Revueltas, al hacer patente su oposición al Partido Comunista y por
ende a algunos escritores e intelectuales, “la reacción de condena que sus-
citó parte de su obra, en concreto Los días terrenales, entre los “intelectuales
de izquierda” (Vicente Lombardo Toledano, Enrique Ramírez y Ramírez,
Pablo Neruda, etcétera) fue demoledora” (Guevara, 2010).
Si bien es cierto que aún existen escritores cuya tendencia literaria
adopta el realismo burgués, cabe situarlo principalmente en el periodo
posrevolucionario. Al respecto, Miguel Bustos Cerecedo —veracruzano
y contemporáneo de Revueltas— fue un crítico del realismo socialista, y
por lo tanto de la obra de nuestro autor. Veamos un ejemplo de su crítica,
cuando sostiene que:
Continuando con la caracterización del realismo de Revueltas, dire-
mos que no es un realismo en el sentido meramente abstracto o un rea-
lismo particular, sino —como ya lo hemos especificado— se trata, para
ser más precisos, de un realismo materialista-dialéctico como el mismo
Revueltas lo llama.

Quien pretenda ávidamente encontrar ya el tipo de realismo revueltiano, debe


leer el prólogo a la segunda edición de la novela Los muros de agua, donde el
autor declara que no es lo importante captar un reflejo mecánico, directo de la
realidad, sino su movimiento interno, aquel aspecto de la realidad que obedece
70

a las leyes y a través del cual esta realidad aparece en trance de extinción, en
franco camino de desaparecer y convertirse en otra cosa. Lo que Revueltas
quiere es producir una literatura que al mismo tiempo sea materialista y dia-
léctica (Escalante, 2015).

Para el autor de Los muros de agua:

la realidad no es una simple materialidad. Por el contrario, es una realidad


ordenada, afectada de un movimiento propio, no externo sino interior a ella, y
que se rige por los principios más generales de la dialéctica. La tarea del rea-
lismo revueltiano consiste en captar este movimiento interno de la materia,
así como descubrir la lucha de los contrarios y los cambios cuantitativos que
le son inherentes y la conducen hacia su extinción necesaria (ibid).

Caracterizando el realismo espontáneo, Escalante sostiene:

...nos desvía hacia el reportaje terriblista, documental. La realidad debe nece-


sariamente ser ordenada, armonizada dentro de una composición sometida a
determinados requisitos, es decir, tiene un modo de dejarse que las relacione-
mos, lo cual significa que la realidad tiene un movimiento interno que no es ese
torbellino que se nos muestra en su apariencia inmediata, donde todo parece
tener mil direcciones a la vez. Conociendo nosotros cuál es la dirección que
seguirá, será así, que sabemos el verdadero movimiento de la realidad, aquel
con el que toda obra literaria —si es que pretende ser consecuente— debe
coincidir. Al modo o método que el movimiento de la realidad posee, pudiera
llamársele lado moridor y este no es otro que su lado dialéctico (ibid).

“El lado moridor” es una expresión que Revueltas no ha tomado de algún manual
de la dialéctica marxista, sino de las expresiones del propio pueblo (ibid).

Como novelista, a Revueltas le interesa el mundo que lo rodea, el orden


capitalista y socialista en su versión subdesarrollada, es decir, en su
versión más cercana, nuestra región latinoamericana, en especifico de
México, pero lo hace no como contradicciones lejanas o externas, sino
tal como se manifiesta en la conducta cotidiana de seres pertenecientes
a una sociedad concreta y que hoy podríamos entender como lo que se
ha dado en lo realidad local y lo global. Podría decir que esta percepción
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 71

de la realidad general y particular, incluso individual, corresponde a sus


personajes “fugados”; por ejemplo en el caso de Los muros de agua, son los
personajes Soledad, el Miles y el cabo Maciel. Personajes, a través de los
cuales —se dicho con cierta insistencia— se ve claramente la influencia
de los escritores rusos Tolstoy y Dostoievsky.
En Revueltas, como estudioso (autodidacta) de la dialéctica marxista,
puede observarse —dentro de su producción literaria— una particular
encarnación de algunas categorías básicas del pensamiento marxista; tal
es el caso de la enajenación, el proletariado, la contradicción y, de manera
sobresaliente, la dialéctica, entendida como método para desentrañar las
contradicciones de la realidad. Elementos conceptuales que, como herra-
mientas de reflexión y análisis, son empleados para interpretar y explicar
la realidad que viven sus personajes fugados, como el entorno de estos.
Otro de los aspectos observado en los personajes es la despersonaliza-
ción, en el sentido marxista, la enajenación, la cual significa para el propio
Revueltas el proceso por medio del cual el sujeto deja de pertenecerse:

El hombre despersonalizado es aquel que actúa total y exclusivamente por


los hombres, por su historia y al servicio de la perpetuación de esa Historia
(…) La vida del hombre es limitada e inútil, individualmente. Solo actúa y se
manifiesta a través de la clase y la sociedad. La lucha entre el yo y su desper-
sonalización en el hombre consciente constituye el drama y el origen de todos
los conflictos (ibid).

El tiempo que le tocó vivir a Revueltas ha sido denominado como “desa-


rrollo estabilizador”, y se extiende desde la posguerra hasta los años
sesenta. El eje ordenador de este periodo fue “La industrialización a toda
costa”, que se presentaba como una necesidad creciente la reordenación
y refuncionalización de los aparatos ideológicos y de las estructuras polí-
ticas del país, para lo cual, en la etapa cardenista, se habían eliminado los
obstáculos económicos y políticos nacionales que impedían un desarro-
llo acelerado del capitalismo: la agilización de la Reforma Agraria, que
garantizó mano de obra barata al haber gran cantidad de alimentos en el
mercado, a bajo precio; la nacionalización del petróleo y los ferrocarriles;
la incorporación de las masas populares al control del Estado a través del
72

partido oficial, mientras que, a escala internacional, comienza un proceso


de crecimiento acelerado del capitalismo, hecho que influye en el desa-
rrollo del capitalismo en México (Ruiz, 1985).
En realidad, comenzaba a despuntar una crisis global del sistema
capitalista. Esta crisis del capitalismo se reflejó en México, en un princi-
pio, en sus dimensiones político-ideológicas. Entre 1958 y 1959 se cristalizó
el más relevante fenómeno de la insurgencia obrera mexicana; en todo
el periodo del 58 al 65 estallaron innumerables luchas campesinas que
sacudieron las más importantes zonas agrícolas del país (ibid).
El bloque dominante se desmoronaba. Este desgarramiento se puso
de manifiesto en la medida en que el poder respondió sistemáticamente
con la represión a la insurgencia de las masas (ibid).
La agudización de la crisis, por un lado, y las manifestaciones de algu-
nos sectores populares y de clase media por el otro, se desborda en 1968,
con el movimiento estudiantil popular al que José Revueltas acompaña,
con una amplia aceptación de los jóvenes universitarios. Como Revuel-
tas estaba convencido de que únicamente la clase obrera tenía la misión
histórica de lograr una transformación revolucionaria, ante la comunidad
estudiantil, planteó una especie de pedagogía: la autogestión académica,
mediante la cual el escritor sugería poner énfasis en el estudio de las teo-
rías a través de la literatura. Su experiencia personal como autodidacta
me sugiere que este podría ser uno de sus argumentos.
Revueltas es privado de la libertad. Esta vez el destino fue Lecumberri,
prisión en la que pasaría dos años. En la primavera de 1976, muere en la
Ciudad de México. Los cargos que se le imputaron nunca le fueron retira-
dos. Así termina la presencia física de un hombre cuya obra ya lo sitúa en
el ayer, ahora y siempre, en la conciencia y el cariño de muchos mexicanos.
. Año 1, núm. 2, enero-junio 2020 73

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