Economía durante el conflicto de Malvinas
La escena es conocida. El 30 de marzo de 1982 la CGT
“Brasil” realizó la movilización más importante hasta
entonces contra la Junta Militar. Bajo el lema “Paz, Pan y
Trabajo”, y con Saúl Ubaldini a la cabeza, la Plaza de Mayo
se colmó con más de 15 mil personas que no tardaron en ser
reprimidas por el gobierno militar. Tres días después, la
Plaza volvió colmarse. Esta vez, para celebrar la
recuperación de las Islas Malvinas.
Habían pasado 5 años de las celebraciones masivas por la
obtención del Mundial de 1978 y la Junta Militar necesitaba
un hecho que le otorgara legitimidad ante el ineludible
malestar social producto de la sangrienta represión y el
descalabro económico producto de sus políticas económicas.
Por esta razón, Leopoldo Galtieri y el resto del régimen
decidió acelerar el operativo para la recuperación de las Islas
con la esperanza de mantenerse en el poder.
Al momento en que los soldados argentinos desembarcaron
en las islas del Atlántico Sur, el país atravesaba una crisis
económica sin precedentes. En su libro, “Diario de una
temporada en el quinto piso: episodios de política económica
en los años de Alfonsín”, Juan Carlos Torres recuerda que
“la semana del histórico 2 de abril las fábricas de
automóviles suspendieron a siete mil operarios y que días
más tarde corrieron igual suerte otros tres mil”.
En este sentido, el exfuncionario del radicalismo también
incorporó en su testimonio el balance económico que realizó
un periodista de la época: “Actualmente, la producción
industrial es menor que hace diez años, seguimos teniendo la
inflación más alta del mundo y el descenso del producto
bruto interno más impresionante del planeta, el número más
alto de ‘financistas y banqueros’ fugados al extranjero con
millones de dólares, la cantidad de escándalos bancarios da
todas las semanas argumentos para novelistas”.
En diálogo con BAE Negocios, el economista e investigador
del Conicet, Alfredo Curuchet, explicó que, a partir del golpe
cívico militar de 1976, el primer ministro de Economía del
Proceso, José Martínez de Hoz, implementó “una política
económica de orientación neoliberal, donde cobra
importancia la liberalización financiera (tanto doméstica
como externa), la apertura comercial a ultranza, el atraso
cambiario y la reducción del salario real”.
Inflación y devaluación
Martínez de Hoz estuvo a cargo del Palacio de Hacienda
durante el periodo en que el dictador Jorge Videla ejerció la
presidencia. Durante ese tiempo, implementó la medida
económica por la que sería más recordado: “La Tablita”.
Según explicó a este medio la economista de Paridad en La
Macro, Mara Pedrazzoli, esta política monetaria fue “un
esquema de prefiguración de las variables de devaluación del
tipo de cambio con la idea de anclar expectativas” en torno a
la inflación.
De esta manera, Martínez de Hoz propuso la información
anticipada del porcentaje de devaluación, fijando la variación
de la pauta cambiaria, es decir, cuál sería la relación entre el
peso y el dólar para cada día de los siguientes ocho meses,
de enero a agosto de 1979. En paralelo, se procedió con una
liberalización del comercio exterior.
Pese a las pretensiones del funcionario del Proceso, estas
medidas fueron un fracaso rotundo. Durante su gestión la
inflación alcanzó cifras inéditas hasta ese momento. Entre
1976 y 1980, la suba de precios promedio fue del 211%
anual, más alta que durante cualquier gobierno anterior:
1976 (444%), 1977 (176%), 1978 (171,4%), 1979 (163%),
1980 (100,8%). En comparación, la inflación promedio entre
1945 y 1975 fue del 25%.
“El programa de La Tablita dejó una hiperinflación con una
inflación mensual que estaba a niveles de dos dígitos.
¿Cómo combinas una devaluación programada con una
desregulación en el comercio exterior? Tenés una mala
cosecha y los números rojos te van a presionar para una
devaluación”, ejemplificó la economista.
En marzo de 1981, Martínez de Hoz dejó el cargo y fue
sucedido por Lorenzo Sigaut, quien al poco tiempo de
asumir en la cartera de Hacienda pronunció una frase
paradigmática de la historia argentina: "El que apuesta al
dólar pierde". En tres meses, propició una devaluación del
peso del 30% y otra en junio por el mismo porcentaje.
Como consecuencia del sacudón económico, se creó un
mercado cambiario oficial y otro paralelo, la divisa
estadounidense, que en abril se cotizaba en 3 mil pesos, trepó
hasta los 10 mil pesos para octubre. Sigaut dejó el puesto en
diciembre, con una inflación del 137% anual.
El que tomó el cargo fue Roberto Alemann, quien para
marzo del año siguiente congeló los salarios y aplicó un
fuerte aumento en las tarifas de los servicios públicos. Sobre
su breve paso en la cartera de Economía, Curuchet contó que
“entre enero y julio de 1982 la devaluación rondó el 421%”.
Déficit y deuda externa
Es a partir de 1979 que el déficit de cuenta corriente
comienza a crecer de manera exponencial, llegando a ser el
6,5% del PBI en 1980 y 1981: “Entre 1979 y 1980, el déficit
de cuenta corriente se explica en gran medida por la fuerte
apreciación del tipo de cambio real y el fuerte aumento de
las importaciones”, explicó el investigador del Conicet.
Por ejemplo, las importaciones pasan de USD 3.834
millones en 1978 a USD 10.541 millones en 1980. “Ya en
1981, el aumento del déficit de cuenta corriente se explica
principalmente por el fuerte aumento en el pago de intereses
de la deuda externa”, complementó.
En el plano fiscal el panorama no mejoró. “El sector público
estaba completamente ahogado. Imaginate que el déficit
fiscal era del 12%, cuatro veces mayor al que tenés ahora, en
un contexto en donde el Estado estaba muy endeudado”,
explicó Pedrazzoli a BAE Negocios. En este sentido, agregó
la experta, “el déficit fiscal estaba muy ligado a la deuda
externa”.
El endeudamiento externo, tanto público como privado, pasó
de 18,7% del PBI en 1976 a 60,5% en 1982. Para Curuchet
es importante remarcar que este proceso de endeudamiento
externo también incluyó “entre 1981 y 1982, de una
estatización de la deuda externa privada, mediante una
ingeniería financiera, que incluía seguros de cambio, y que
fue claramente en detrimento del estado y a favor del sector
privado, incluso de empresas extranjeras”.
De hecho, para 1982 Argentina entraría en default producto
de una crisis que afectó a toda América Latina. La misma fue
causada por la suba exponencial de las tasas de interés de la
Reserva Federal de Estados Unidos (llegó al 20% anual). La
reestructuración tardó diez años en hacerse, cuando en 1992
el país ingresó al Plan Brady.
Desempleo, caída del salario y PBI
El aumento de la desocupación fue otro de los resultados
notables del Proceso de Reorganización Nacional. Según
datos de la Comisión Económica para América Latina y el
Caribe (CEPAL), el desempleo alcanzó durante el año de la
Guerra de Malvinas el pico de 5,3%, un récord para la época.
A su vez, en 1978, la actividad económica cayó 3,2%.
Mientras que en 1981 y 1982, la actividad económica bajó
un 5,4% y 3,2%, respectivamente. En simultáneo, entre 1975
y 1982 los salarios reales se desplomaron un 30%. Esta caída
sistemática en todas las variables macroeconómicas tuvo un
impacto directo en el PBI per cápita: entre 1975 a 1982 cayó
un 20%.
En su famosa Carta a la Junta Militar, el escritor y periodista
Rodolfo Walsh, poco antes de ser secuestrado y
desaparecido, escribió en el primer aniversario del golpe:
“Una política semejante sólo puede imponerse
transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los
sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror
más profundo que ha conocido la sociedad argentina”.