José Joaquín Palma
en favor de la independencia de su país le obligó a exiliarse, lo cual
condicionó una obra poética, que, por otra parte, se inscribe en la segunda
generación romántica y destaca por su carácter colorista y melódico.
La vida de José Joaquín Palma aparece íntimamente ligada al movimiento
revolucionario cubano que había de culminar con la proclamación de la
independencia. En 1868 participó en la sublevación dirigida por Carlos
Manuel de Céspedes, del que fue ayudante durante algún tiempo.
Redactor de El Cubano Libre, desempeñó posteriormente diversas
misiones de la República en armas.
Obligado a emigrar, se trasladó en 1873 a Jamaica, y posteriormente a Nueva York y
Honduras, para finalmente establecerse en Guatemala. En Honduras había recibido una
medalla de oro por su poesía y en 1882 publicó en Tegucigalpa el volumen Poesías de J.
Joaquín de la Palma. En Guatemala transcurrió el resto de su vida, alcanzando el cargo de
secretario del ex presidente Marco Aurelio Soto. Al ser proclamada la República cubana,
José Joaquín Palma la representó en su país de adopción como cónsul general, y compuso
también la letra del himno nacional de Guatemala.
Esta vida de expatriado, de revolucionario ambulante por tierras en las que a pesar de ello
arraigó su espíritu, condicionaría su obra. Aunque fue compañero de lucha de José Martí y
amigo de Rubén Darío, es decir, del principal precursor y del fundador del modernismo, la
producción lírica de José Joaquín Palma se sitúa en la corriente melódica y colorida de la
poesía cubana característica de la segunda generación romántica hispanoamericana, pero
anegada en un sentimiento muy personal. En sus versos sonoros y fáciles se refleja la
incurable nostalgia del desterrado. Lo biográfico y lo literario de época se confunden en su
poesía de tono elegíaco. Hay en ella erotismo delicado y soñador, evocación dolorida de la
patria, expresión de los afectos nacidos al calor del hogar, en las tierras de Centroamérica
en que transcurrió la segunda parte de su vida.
A José Joaquín Palma se le considera continuador de los procedimientos de José Zorrilla,
con quien se relaciona por la peculiar música del verso, por el colorido de sus
descripciones, por la facilidad de la ejecución; pero de quien, sin duda, se aleja por la nota
penetrante de dolor personal. La nota elegíaca persistente se aprecia en composiciones
típicas (como "A Miguel Jerónimo Gutiérrez", "A María García Granados", "Tinieblas del
alma", "En el mes de noviembre"), combinada con la nostalgia y el amor patrio en la
evocación "A Bayamo". Los versos "A un arroyo", como los de "Serenata", presentan las
características de una poesía externa, sentimental, ligera y melodiosa.
Rafael Álvarez Ovalle
Hijo de Ildefonsa Ovalle y Rosendo Álvarez, director de la Escuela de
Música de Comalapa, recibió de su progenitor su primera formación
musical. En 1871 su padre pasó a hacerse cargo de la Escuela de
Música de Santa Lucía Cotzumalguapa, localidad en la que fallecería
en 1874. Con sólo dieciséis años, Rafael Álvarez le sucedió en su
cargo en la Escuela de Música.
Para profundizar en sus estudios musicales, se trasladó a la capital en
1879, y al poco tiempo ingresó en la Banda Marcial, que en aquel
entonces se encontraba en un excelente nivel gracias a la dirección del famoso maestro
Emilio Dressner. Dressner apreció el talento Rafael y de otros jóvenes pertenecientes a la
Banda, y resolvió darles desinteresadamente clase de armonía y lecciones prácticas de
instrumentación, además de estimularlos para la composición. Dressner abandonó sin
embargo la Banda Marcial en 1885, a causa de las intrigas para hacerse con su dirección, y
regresó a Alemania, dejando a sus discípulos sin maestro.
Ya en 1879 la Sociedad Literaria El Porvenir había realizado vanos intentos para dotar al
país de un himno. En 1887, la jefatura del departamento de Guatemala convocó un
concurso para elegir la música de la letra del Himno Popular que había compuesto el poeta
Ramón P. Molina. Tomaron parte en el mismo diversos compositores y salió finalmente
elegida la música del maestro Rafael Álvarez Ovalle, la cual acompañaría durante bastante
tiempo la letra del poeta Molina.
Sin embargo, en 1896, el gobierno del entonces presidente José María Reina Barrios
convocó un nuevo concurso para escoger la música y letra del Himno Nacional. Por
acuerdo del 19 de febrero de 1897, fue declarado de nuevo ganador Rafael Álvarez como
autor de la mejor música, mientras que unos versos de autor anónimo se llevaron el premio
a la mejor letra. Hubo que esperar hasta 1911 para saber que el autor anónimo había sido el
poeta cubano José Joaquín Palma, según declaró él mismo poco antes de morir.
A principios de la década de 1930 se produjo una fuerte polémica en torno a eventuales
cambios en el texto del Himno Nacional. Fue entonces cuando el maestro guatemalteco
José María Bonilla Ruano, educador y filólogo, realizó una revisión de cada uno de los
versos del poema original. Además de encontrar alusiones agresivas contra España,
también descubrió errores de forma y de fondo que debían corregirse. Así, por ejemplo, los
colores de la bandera estaban cambiados en blanco, azul y blanco, y había un error en un
verso que decía así: "Es tu enseña pedazo de cielo / entre nubes de nítida albura". Bonilla
Ruano hizo entonces las correcciones necesarias, las cuales fueron unánimemente elogiadas
por los Académicos de Lengua Guatemalteca. La nueva y actual versión del Himno
Nacional de Guatemala fue aprobada el 26 de julio de 1934 por el entonces presidente
Jorge Ubico.
Historia del himno nacional de Guatemala
Era el año de 1879 y la Sociedad Literaria “El porvenir” trataba con todas sus fuerzas crear
una letra y música que combinadas, representaran y expresaran el sentir de un pueblo
independiente y soberano.
De esta forma pasaron 10 años, así que el presidente de Guatemala en ese entonces (1889),
Manuel Barillas, cansado de los resultados negativos de la Sociedad Literaria, decidió
convocar un concurso para elegir la música que complementaría la letra del poeta Ramón P.
Molina.
Dicho concurso estuvo lleno de grandes compositores, pero fue el compositor Rafael
Álvarez Ovalle, proveniente de San Juan Comalapa, Chimaltenango. El ganador del
concurso.
Un nuevo concurso
Tan solo 7 años después, en 1896. El presidente José María Barrios convoco un nuevo
concurso, argumentando que el actual himno nacional de Guatemala “no solo adolece de
notables defectos, sino que no ha sido declarado oficialmente como tal”.
Como era de esperarse, nuevamente varios compositores participaron en el nuevo concurso
pero el resultado no vario (mucho). El ganador volvió a ser Rafael Álvarez Ovalle pero esta
vez, musicalizo un poema con autor “Anónimo”.
Este resultado no le gusto para nada a los compositores que fueron derrotados por la obra
de Rafael Ovalle de nuevo. Así que decidieron redactar una queja destinada al primer
mandatario de la nación.
Desafortunadamente para ellos, este intento no les sirvió de mucho. Ya que el presidente
Reina Barrios y su gabinete acompañado por maestros de música, escucharon todas las
composiciones una segunda vez y nuevamente volvieron a elegir la obra de Rafael Ovalle
como la ganadora.
¡Tenemos himno nacional!
De esta forma, el 14 de marzo de 1897, el himno nacional compuesto por la música de
Rafael Ovalle y el poema de un autor anónimo (hasta ese entonces) fue nombrado
oficialmente himno nacional de Guatemala.
La historia cuenta, que en sus últimas horas antes de morir, el poeta cubano José Joaquín
Palma, revelo que él fue el autor anónimo del poema que fue usado como letra del himno
nacional.
En el año de 1934, el general Jorge Ubico decreto que la letra del himno nacional de
Guatemala era guerrista, ya que José Palma, se inspiró en la situación política de su país
natal (Cuba).
Así que ordeno su modificación y fue el poeta pedagogo guatemalteco José María Bonilla
Ruano el encargado de modificar y presentar la nueva y actual letra del himno nacional de
Guatemala.