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La Fe

1) El documento habla sobre la fe como una respuesta a la invitación de Dios para construir su Reino, la cual debe cultivarse a través de la oración, el estudio de la Biblia, los sacramentos y la caridad. 2) Jeremías vivió su fe como un programa de vida a pesar de las incertidumbres del mundo, confiando en Dios. 3) La fe es un don de Dios que debe cultivarse cada día y nos permite contribuir al plan de salvación de Dios.
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1) El documento habla sobre la fe como una respuesta a la invitación de Dios para construir su Reino, la cual debe cultivarse a través de la oración, el estudio de la Biblia, los sacramentos y la caridad. 2) Jeremías vivió su fe como un programa de vida a pesar de las incertidumbres del mundo, confiando en Dios. 3) La fe es un don de Dios que debe cultivarse cada día y nos permite contribuir al plan de salvación de Dios.
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LA FE, UN PROGRAMA DE VIDA

La respuesta de fe que da el ser humano a la invitación que le hace Dios para contribuir en la construcción
de su Reino debe ser cultivada por medio de la oración, el estudio de la Palabra, la participación en los
sacramentos y la práctica de la caridad. En la medida en que la persona realiza estas acciones, ve cómo su
vida se transforma, su mente y su espíritu se renuevan y va logrando la realización de sus metas y
aspiraciones. En el siguiente texto descubre de qué manera vivió Jeremías su fe como un programa de
vida.
Las personas tenemos la
opción de elegir el Jeremías 17, 14-18
rumbo de nuestra vida, ¡Devuélveme la salud, Yahvé, y quedaré sano! ¡Sálvame y estaré a salvo! Pues
pero debemos hacerlo mi esperanza eres tú. Mira cómo me dicen: ¿Una palabra más de Yahvé? ¡Que
con la responsabilidad se cumpla, pues! A pesar de esto yo no te he obligado a lo peor, no he anhelado
que Dios nos dio.
que llegue el día fatal, tú lo sabes bien; todo lo que ha salido de mis labios está
claro para ti. No me hagas caer en el susto, tú, que eres mi refugio en el tiempo
malo. ¡Que sean humillados mis perseguidores y no yo!; ¡que ellos tiemblen de
miedo, no yo! Desata sobre ellos todas las calamidades, aplástalos bien
aplastados...

Para el cristiano, la fe es una relación personal con el Señor y una experiencia


de vida que se desarrolla a lo largo de toda su existencia; es un programa de
vida que construye con la ayuda de Dios. Sin embargo, el camino de la fe está
lleno de incertidumbres, porque la persona tiene que escuchar a diario la
voluntad de Dios en medio de un mundo en el que la ciencia y la tecnología le
dan “certezas” de una realidad material que se puede tocar, oler, sentir o
escuchar, en oposición al mundo espiritual que es intangible.
La fe es la respuesta que da la persona a la invitación que le hace Dios de
contribuir en la construcción de su Reino. Pero la fe no es algo que se recibe
una sola vez sin más, sino un don que hay que cultivar día a día porque el
llamado de Dios es permanente en la existencia del ser humano.

Dios llama a las personas para una tarea especial Dios utiliza diversas formas para hacer el llamado a nuestro corazón. Él
nos habla por medio del Espíritu Santo, la Biblia, la oración o de otras personas y, así, nos revela sus intenciones y su deseo
de que trabajemos para llevar a cabo sus obras. Lo importante para Él no es la inteligencia ni la apariencia de la persona,
sino su interioridad, su fe, su obediencia, su confianza en el Espíritu Santo y su disposición para servirle. De este modo,
Dios, con su amor y sabiduría, conseguirá realizar su plan por medio de nosotros y con nuestra colaboración.
El Reino de Dios está al alcance de nuestras manos El Reino de Dios es una generosa propuesta que Dios dio a conocer por
medio de los profetas. La liberación y la salvación que el Reino de Dios trae consigo busca la comunión entre todos los seres
humanos y de estos con Dios, al igual que el reconocimiento de la actuación del Creador en la historia humana. Dicho
proceso se da en la medida en que las personas aprendan a amar, perdonar y servirse mutuamente.

1.ª Crónicas 29, 10-14


Después David bendijo a Yahvé en presencia de toda la asamblea. Dijo: “Bendito
tú, oh, Yahvé, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre hasta siempre. Tuya, oh,
Yahvé, es la grandeza, la fuerza, la magnificencia, la duración y la gloria; pues tuyo
es cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuya, oh, Yahvé, es la realeza; tú estás por
encima de todo. Te acompañan la gloria y las riquezas. Tú eres dueño de todo; en
tu mano están el poder y la fortaleza y es tu mano la que todo lo engrandece y a
todo da consistencia. Pues bien, oh, Dios nuestro, te celebramos y alabamos tu
nombre magnífico. ¿Quién soy yo y quién es mi pueblo para que tengamos con
qué ofrecerte todo esto? Porque todo viene de ti y de tu mano proviene lo que te
damos”.

Aunque es una propuesta universal y gratuita, el Reino de Dios exige algunos elementos que solo se pueden comprender a
la luz de la fe. La forma de conocer el Reino consiste en un cambio pro - fundo de vida por medio de prácticas, como la
promoción de la justicia y la equidad entre las personas, y el combate de los males que aquejan a la sociedad actual. Exige,
de nuestra parte, el compromiso con un proyecto de vida personal inclinado hacia el servicio a los más necesitados.
También se requiere de una profunda vida espiritual con la práctica frecuente de la oración personal, la lectura atenta de la
Palabra de Dios y la participación constante en los sacramentos. Todos estos medios nos ayudan a profundizar nuestra
comprensión para vivir el Reino de Dios. La vivencia de los actos orientados por la Palabra de Dios, el cumplimiento de la
voluntad del Señor, el acceso y la distribución equitativa de todos los bienes, la aceptación de la pluralidad y la lucha contra
los males sociales son formas de hacernos partícipes del plan de salvación que Dios destinó para nosotros y para la
humanidad desde el comienzo de los tiempos. Dios quiere que mediante nuestro trabajo colaboremos con Él en la tarea de
cuidar el mundo y de perfeccionar la naturaleza.

ACTIVIDADES
CONVIVENCIA Y VALORES
Plantea situaciones en las cuales se manifieste lo siguiente:
• Aceptas el amor de Dios con gratitud.
• Cultivas actitudes que fortalecen tu fe en Dios.

Lee el mensaje del papa Francisco durante la homilía en Santa Marta. Luego, reflexiona sobre la importancia de valorar
nuestra fe en Dios como un don que cambia nuestras vidas.
ASUMO MI FE
• ¿Qué es la fe para todo cristiano? • ¿Crees que Dios es parte fundamental en la construcción de tu proyecto de vida? •
¿Qué opinas de que el Señor quiera contar contigo para llevar a cabo su plan de salvación? • ¿Cuál consideras que es tu
misión en el mundo? ¿Por qué?

Homilía del Papa: La fe no se compra, es un don que cambia la vida


“¿Cómo es mi fe en Jesucristo?”. Fue la pregunta que el Papa Francisco planteó en la Misa
El Pontífice se inspiró en el Evangelio que reafirma que, para comprender verdaderamente a Jesús, no debemos tener el corazón
cerrado, sino que debemos seguirlo por el camino del perdón y de la humillación. Nadie puede comprar la fe, y que se trata de un don
que cambia la propia vida. La gente hace de todo para acercarse a Jesús y no piensa en los riesgos que puede correr con tal de escucharlo
o sencillamente rozarlo. Así lo subrayó Francisco basándose en lo que escribe el evangelista San Marcos que narra la curación del
paralítico en Cafarnaúm. Era tanta la gente que se encontraba ante la casa donde estaba Jesús que tuvieron que destapar el techo y
desde allí bajar al enfermo en su camilla.

El Papa comentó que tenía fe, la misma fe de aquella señora que estaba en medio de la muchedumbre cuando Jesús iba a la casa de Jairo
y que tocó un borde del manto del Señor para ser curada. La misma fe del centurión que pedía la curación de su siervo. “La fe fuerte,
contagiosa, que va adelante” – dijo el Santo Padre – gracias, precisamente, al “corazón abierto a la fe”.

Con el corazón cerrado no podemos comprender a Jesús De la vicisitud del paralítico, el Obispo de Roma señaló que “Jesús da un paso
hacia adelante”. En Nazaret, al inicio de su ministerio, “dijo en la Sinagoga que había sido enviado para liberar a los oprimidos, a los
encarcelados, para dar la vista a los ciegos… inaugurando un año de gracia”, es decir un año “de perdón, de acercamiento al Señor.
Inaugurar un camino hacia Dios”. Pero aquí – dijo el Papa – da un paso más: no sólo cura a los enfermos, sino que perdona sus pecados:
“Estaban allí los que tenían el corazón cerrado, que aceptaban – hasta cierto punto – que Jesús fuera un sanador. Pero, perdonar los
pecados… ¡es fuerte! ¡Este hombre va más allá! No tiene el derecho de decir esto, porque sólo Dios puede perdonar los pecados, y Jesús,
que sabía lo que ellos pensaban dice: ‘¿Yo soy Dios’? No, no lo dice. ‘¿Por qué piensan estas cosas? Porque saben que el Hijo del Hombre
tiene el poder – ¡es el paso hacia adelante! – de perdonar los pecados. Levántate, toma tu camilla y queda curado’. Comienza a hablar
con aquel lenguaje que en cierto momento desanimará a la gente, a algunos discípulos que lo seguían… Es duro este lenguaje, cuando
habla de comer su Cuerpo como camino de salvación”.

Preguntémonos si la fe en Jesús cambia verdaderamente nuestra vida El Papa Francisco añadió que comprendemos que Dios viene a
“salvarnos de las enfermedades”, pero ante todo a “salvarnos de nuestros pecados, a salvarnos y a conducirnos al Padre. Fue enviado por
este motivo, para dar su vida por nuestra salvación. Y éste es el punto más difícil de entender”, no sólo por los escribas. Cuando Jesús se
hace ver con un poder mayor al del hombre “para dar aquel perdón, para dar la vida, para recrear la humanidad, mientras también sus
discípulos dudaban… Y se van”. Y Jesús – recordó – “debe preguntar a su pequeño grupo: ‘¿También ustedes quieren irse?’”.
“La fe en Jesucristo. ¿Cómo es mi fe en Jesucristo? ¿Creo que Jesucristo es Dios, es el Hijo de Dios? ¿Y esta fe me cambia la vida? ¿Hace
que en mi corazón se inaugure este año de gracia, este año de perdón, este año de acercamiento al Señor? La fe es un don. Nadie
‘merece’ la fe. Nadie la puede comprar. Es un don. ‘Mi’ fe en Jesucristo, ¿me lleva a la humillación? No digo a la humildad: a la
humillación, al arrepentimiento, a la oración que pide: ‘Perdóname, Señor. Tú eres Dios. Tú ‘puedes’ perdonar mis pecados”.

La prueba de nuestra fe es la capacidad de alabar a Dios Que el Señor – fue la invocación del Papa –, “nos haga crecer en la fe”. Y
constató que la gente “buscaba a Jesús para oírlo” porque hablaba “con autoridad, no como hablan los escribas”. A la vez que añadió que
la gente lo seguía porque curaba, “¡hace milagros!”. Pero al final, “esta gente, después de haber visto esto, se fue y todos se maravillaron
y alababan a Dios”:
“La alabanza. La prueba de que yo creo que Jesucristo es Dios en mi vida, que me ha sido enviado para ‘perdonarme’, es la alabanza: si yo
tengo la capacidad de albar a Dios. Alabar al Señor. Es gratuito, esto. La alabanza es gratuita. Es un sentimiento que da el Espíritu Santo
que te lleva a decir: ‘Tú eres el único Dios’. Que el Señor nos haga crecer en esta fe en Jesucristo Dios, que nos perdona, nos ofrece el año
de gracia y esta fe nos lleva a la alabanza”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

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