130 de Julio Chávez
130 de Julio Chávez
Adaptación
(Dos jóvenes. Clara y Eugenio. Están vestidos elegantes de fiesta. Ella está sentada, acaba de
sufrir un desmayo)
Eugenio: Mi amor, tomá estas gotitas. (Se las acerca para que las tome)
Clara: Ya estoy bien, en serio. Además, esas gotitas me van a revolver todo.
Clara: ¿Qué tiene que ver el calor? Si cuando juego cuatro horas seguidas al hockey no me
desmayo.
Clara: ¡No! Si hubiese tenido algún problema, vos ya te hubieses enterado. No sé, no entiendo.
¿Qué cara tenía cuando estaba desmayada?
Clara: Yo te pregunto, Eugenio, porque nunca vi a nadie desmayado. ¿Cómo tenía la cara?
Eugenio: Pálida y como que los ojitos se te iban un poquito para atrás.
Clara: ¡Qué horror! ¿Cómo que se me iban los ojos para atrás?
Eugenio: No, mi amor, nadie lo vio, porque el único que estaba cerca era yo.
Eugenio: Mmm…
Clara: Eso no es ningún consuelo para mí. Yo necesito saber como fue el proceso de mi
desmayo. ¿Yo estaba parada y se me doblaron las rodillas?
Eugenio: Y… estabas parada, y te caíste redonda.
Clara: La gente no se cae redonda. Se cae para el costado, para atrás… ¿Por qué dijiste
redonda? Es una figura inexpresiva del hecho.
Eugenio: Nada, la gente no hizo nada; paró la música y el mozo me ayudó a traerte hasta acá-
Clara: ¿La gente vió como el mozo era participe de este hecho vergonzoso?
Eugenio: No fue ningún hecho vergonzoso. El te tomo de los pies y yo de los hombros, como
un corderito.
Clara: ¿Cómo permitiste que el mozo se relacionara con mis pies? (Se mira los pies) ¡Ay! ¡Ay
no! (Se tapa para que Eugenio no la vea) Tengo como…como mayonesa (El intenta mirar) No
me mires por favor. ¡Dame algo para limpiar, dame un pañuelo que esto es terrible!
Eugenio: Pero Clara, decime la verdad, ¿no te pasó nada? ¿Por qué no entramos?
Clara: Alguien.
Eugenio: ¿Quién?
Clara: ¡Alguien!
Eugenio: ¿Quién?
Eugenio: ¿Qué?
Clara: Alguien que no tenga una tía que me muestre una apestosa y reveladora foto tuya de
cuando pesabas ¡130 kilos!
Eugenio: ¿Cómo?
Clara: Si, ”¿Cómo?”, es una buena pregunta. Un cuerpito de 14 años soportando 130
kilogramos.
Clara: ¡Shh!, ¡una cara irreconocible, una sonrisa, con esos pantalones cortos a punto de
explotar!
Clara: ¡Por eso me desmaye! ¡Cuando tu tía me mostro esa foto al principio no pude entender
de que se trataba! Veía una cosa con remera a rayas, en donde todas las líneas rectas estaban
sometidas a tus rollos y se veían curvas. ¡Ocupabas la totalidad de la foto! ¿Cómo tus seres
queridos no quemaron ese documento? No, ¡Para! ¡Eras el niño obeso de Miramar!
Eugenio: Clara, para un poco. Yo sufría un problema hormonal. Y no era obeso, era gordito.
Clara: ¡No hables en diminutivo, cerdo! Encima te reías en esa foto. ¿De qué te reías Eugenio?
Eugenio: Me reía, era una foto… ¿Qué querías que hiciera? Un amigo me estaba sacando una
foto, y cuando a uno le sacan una foto se ríe.
Eugenio: Reflexiona un poco que estas diciendo porque esto puede tener consecuencias
irreversibles.
Clara: Claro que estoy reflexionando… Cuando comenzamos nuestra relación, yo me abrí hacia
tu persona. Si yo te conté sobre mis dificultades para aprender dactilografía, fue porque vos
tenes el derecho como ser humano a determinar si queres iniciar relaciones con una mujer que
ha tenido y si, lo admito, problemas de aprendizaje. ¿No tenía derecho yo de saber de tu
espantoso problema?
Eugenio: Clara, si yo te hubiese contado que cuando era chico pesaba 130 kilos ¿Vos no
hubieses iniciado una relación conmigo?
Silencio.
Eugenio: Me duele, me duele en lo más profundo del corazón. Clara, sos injusta.
Clara: Lo lamento Eugenio, tenes que comprender que todos tenemos una sola vida y una sola
muerte. No me llames nunca más. (Ella empieza a irse. Él va detrás de ella, drena
abruptamente). ¡Ni se te ocurra!