100% encontró este documento útil (2 votos)
514 vistas4 páginas

130 de Julio Chávez

Clara sufre un desmayo en una fiesta. Más tarde, la tía de Eugenio le muestra a Clara una foto de cuando Eugenio tenía 14 años y pesaba 130 kg. Esto causa que Clara se sienta avergonzada y decepcionada, ya que Eugenio nunca le contó sobre su sobrepeso pasado. Clara termina su relación con Eugenio, alegando que él no fue sincero sobre su historia personal. Eugenio se siente traicionado porque él aceptó los problemas de aprendizaje de Clara sin juzgarla.

Cargado por

Cata Andres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (2 votos)
514 vistas4 páginas

130 de Julio Chávez

Clara sufre un desmayo en una fiesta. Más tarde, la tía de Eugenio le muestra a Clara una foto de cuando Eugenio tenía 14 años y pesaba 130 kg. Esto causa que Clara se sienta avergonzada y decepcionada, ya que Eugenio nunca le contó sobre su sobrepeso pasado. Clara termina su relación con Eugenio, alegando que él no fue sincero sobre su historia personal. Eugenio se siente traicionado porque él aceptó los problemas de aprendizaje de Clara sin juzgarla.

Cargado por

Cata Andres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

130 de Julio Chávez

Adaptación

(Dos jóvenes. Clara y Eugenio. Están vestidos elegantes de fiesta. Ella está sentada, acaba de
sufrir un desmayo)

Eugenio: Mi amor, tomá estas gotitas. (Se las acerca para que las tome)

Clara: Ya estoy bien, en serio. Además, esas gotitas me van a revolver todo.

Eugenio: Tomá un poquito.

Clara: (toma) Ay! Es intomable. Ya está, ya estoy bien, listo.

Eugenio: Tomá un poquito más.

Clara: No, me da repulsión en serio. No sé porque me desmayé.

Eugenio: ¿No habrá sido el calor?

Clara: ¿Qué tiene que ver el calor? Si cuando juego cuatro horas seguidas al hockey no me
desmayo.

Eugenio: Clara, ¿Vos tuviste algún problema?

Clara: ¡No! Si hubiese tenido algún problema, vos ya te hubieses enterado. No sé, no entiendo.
¿Qué cara tenía cuando estaba desmayada?

Eugenio: No sé, carita de desmayada.

Clara: ¿Y como es la carita de desmayada?

Eugenio: Carita de desmayada, como cuando una persona se desmaya mi amor.

Clara: Yo te pregunto, Eugenio, porque nunca vi a nadie desmayado. ¿Cómo tenía la cara?

Eugenio: Pálida y como que los ojitos se te iban un poquito para atrás.

Clara: ¡Qué horror! ¿Cómo que se me iban los ojos para atrás?

Eugenio: Mi amor, es algo normal en la gente que sufre un desmayo.

Clara: ¿Todo el mundo vio ese desagradable movimiento ocular?

Eugenio: No, mi amor, nadie lo vio, porque el único que estaba cerca era yo.

Clara: ¿Ósea que se veía solo de cerca?

Eugenio: Mmm…

Clara: ¿MMM? ¡Qué horror Eugenio!

Eugenio: No es un horror, le puede pasar a cualquiera.

Clara: Eso no es ningún consuelo para mí. Yo necesito saber como fue el proceso de mi
desmayo. ¿Yo estaba parada y se me doblaron las rodillas?
Eugenio: Y… estabas parada, y te caíste redonda.

Clara: ¿Cómo redonda?

Eugenio: Y si amorcito, redonda.

Clara: La gente no se cae redonda. Se cae para el costado, para atrás… ¿Por qué dijiste
redonda? Es una figura inexpresiva del hecho.

Eugenio: Bueno, te fuiste cayendo de a poquito, así, pum y para el costado.

Clara: ¿Y la gente que hizo cuando vio ese espectáculo paupérrimo?

Eugenio: Nada, la gente no hizo nada; paró la música y el mozo me ayudó a traerte hasta acá-

Clara: ¿La gente vió como el mozo era participe de este hecho vergonzoso?

Eugenio: No fue ningún hecho vergonzoso. El te tomo de los pies y yo de los hombros, como
un corderito.

Clara: ¡Como un corderito no, como un porcino!

Eugenio: Bueno, no…

Clara: ¿Cómo permitiste que el mozo se relacionara con mis pies? (Se mira los pies) ¡Ay! ¡Ay
no! (Se tapa para que Eugenio no la vea) Tengo como…como mayonesa (El intenta mirar) No
me mires por favor. ¡Dame algo para limpiar, dame un pañuelo que esto es terrible!

Eugenio: (Saca un pañuelo) Si, tomá. ¿A ver?

Clara: ¡Date vuelta!

Eugenio: Bueno, esta bien. ¿Tenes mucho?

Clara: Lo suficiente para asemejarme a un pionono.

Eugenio: Bueno no es para tanto… ¿Te sentís mejor?

Clara: No, tengo una sensación terrible.

Eugenio: Pero Clara, decime la verdad, ¿no te pasó nada? ¿Por qué no entramos?

Clara: No, yo no vuelvo a entrar. Me quiero ir a mi casa Eugenio. (agarra la cartera)

Eugenio: ¿Por qué te queres ir a tu casa?

Clara: Por favor, pedime un Uber.

Eugenio: Te llevo yo Clara.

Clara: ¡No! No te molestes.

Eugenio: No es molestia, agarro el auto y te llevo.

Clara: ¡No quiero! Con vos no quiero ir a ningún lado.

Eugenio: ¿Qué te pasa?

Clara: Preguntale a tu tía.


Eugenio: ¿Eh? ¿Qué tiene que ver mi tía?

Clara: Preguntale a ella. Yo me quiero ir. Quiero que me lleve alguien.

Eugenio: ¿Quién Clara? No entiendo.

Clara: Alguien.

Eugenio: ¡Pero quien Clara?

Clara: Me da igual. Que alguien me lleve.

Eugenio: ¿Quién?

Clara: ¡Alguien!

Eugenio: ¿Quién?

Clara: Alguien que en su adolescencia no haya sido un cerdo.

Eugenio: ¿Qué?

Clara: Alguien que no tenga una tía que me muestre una apestosa y reveladora foto tuya de
cuando pesabas ¡130 kilos!

Eugenio: ¿Cómo?

Clara: Si, ”¿Cómo?”, es una buena pregunta. Un cuerpito de 14 años soportando 130
kilogramos.

Eugenio: Clara, tenía 14 años.

Clara: ¡Shh!, ¡una cara irreconocible, una sonrisa, con esos pantalones cortos a punto de
explotar!

Eugenio: Clara, te lo pido encarecidamente.

Clara: ¡Por eso me desmaye! ¡Cuando tu tía me mostro esa foto al principio no pude entender
de que se trataba! Veía una cosa con remera a rayas, en donde todas las líneas rectas estaban
sometidas a tus rollos y se veían curvas. ¡Ocupabas la totalidad de la foto! ¿Cómo tus seres
queridos no quemaron ese documento? No, ¡Para! ¡Eras el niño obeso de Miramar!

Eugenio: De ninguna manera era el niño obeso de Miramar.

Clara: Si, estoy segura. ¡Me hiciste desmayar!

Eugenio: Clara, para un poco. Yo sufría un problema hormonal. Y no era obeso, era gordito.

Clara: ¡No hables en diminutivo, cerdo! Encima te reías en esa foto. ¿De qué te reías Eugenio?

Eugenio: Me reía, era una foto… ¿Qué querías que hiciera? Un amigo me estaba sacando una
foto, y cuando a uno le sacan una foto se ríe.

Clara: ¿¡Tenias amigos??

Eugenio: Si Clara, por supuesto. Algunos están en la fiesta de hecho.

Clara: Imposible. Pobres las familias de Miramar.


Eugenio: Clara, por favor, en la playa convive gente gorda con gente flaca y nunca escuche a
nadie que se riera de mí. Me parece que me debes una disculpa.

Clara: ¿Yo? ¿Te debo una disculpa a vos?

Eugenio: Reflexiona un poco que estas diciendo porque esto puede tener consecuencias
irreversibles.

Clara: Claro que estoy reflexionando… Cuando comenzamos nuestra relación, yo me abrí hacia
tu persona. Si yo te conté sobre mis dificultades para aprender dactilografía, fue porque vos
tenes el derecho como ser humano a determinar si queres iniciar relaciones con una mujer que
ha tenido y si, lo admito, problemas de aprendizaje. ¿No tenía derecho yo de saber de tu
espantoso problema?

Eugenio: Clara, si yo te hubiese contado que cuando era chico pesaba 130 kilos ¿Vos no
hubieses iniciado una relación conmigo?

Silencio.

Eugenio: Me duele, me duele en lo más profundo del corazón. Clara, sos injusta.

Clara: ¿Yo? ¿Por qué?

Eugenio: Porque yo si acepte tus problemas de aprendizaje.

Clara: Me voy a mi casa.

Eugenio: ¿Sos consciente de los que estás haciendo?

Clara: Lo lamento Eugenio, tenes que comprender que todos tenemos una sola vida y una sola
muerte. No me llames nunca más. (Ella empieza a irse. Él va detrás de ella, drena
abruptamente). ¡Ni se te ocurra!

También podría gustarte