Historia Universal: Orígenes y Cultura
Historia Universal: Orígenes y Cultura
Pero, a la vez, que existe una mayor necesidad de información en estos temas, puede
percibirse otra realidad: a pesar de que las actuales tecnologías de información y
comunicación facilitan significativamente el hallazgo y consulta de la literatura histórica,
existe un relativo poco interés por su lectura, tal vez producido por el vertiginoso desarrollo
que experimenta la sociedad actual, donde la reflexión se rinde al desenfreno, la búsqueda
de experiencias no vividas, la alienación y el escape al futuro.
Ante esta necesidad, surgió la idea de desarrollar una breve síntesis de la historia universal,
que tratara elementalmente distintos aspectos y acontecimientos de interés mundial, incapaz
de sustituir a su fuente y a otras obras disponibles sobre el tema, dirigida a estudiantes de
las carreras de información y medicina con un solo motivo: motivar entre ellos una
renovación de su interés por la historia de la humanidad, tal vez un poco relegado ante los
ajetreos de la vida contemporánea.
La vida en la Tierra depende del oxígeno, el calor y el agua. Las condiciones de cada área
geográfica en el planeta son el resultado de una combinación específica de ellos. La
vegetación, los animales y la vida de cada lugar es el resultado de dichas combinaciones.
Hace unos diez millones de años, el clima de la Tierra cambió, los grandes bosques se
redujeron significativamente, los primates entonces se vieron obligados a descender de los
árboles para buscar alimentos; con ello, se favoreció decisivamente el desarrollo de nuevas
capacidades físicas, como el caminar erguido. El camino de la evolución de los primates
hacia el hombre moderno comenzó hace unos cinco millones de años.
El primer animal reconocido como homínido fue el homo erectus, cuyos restos más
antiguos datan de hace unos 350 000 años atrás. Originario de África, migró a otras
regiones: por el occidente, Asia suroeste y Europa; por el oriente, Irán y Afganistán, así
hasta alcanzar la India y China, con el auxilio de los puentes de tierra que unían a varios
continentes y países y que, después de la última glaciación, desaparecieron.
Durante miles de años convivieron tres especies de homínidos diferentes: el homo erecctus
-la más antigua-, el homo sapiens neardenthalensis y el homo sapiens. Estos últimos,
originarios de Africa, pasaron a través del Medio Oriente para conquistar vastas
extensiones en Europa y América. Sin embargo, hace unos 100 mil años, debido a una
catástrofe de inmensas proporciones, probablemente un gran volcán, estuvieron al borde de
la extinción. Tras el fin de la Edad de Hielo y con la expansión del Sahara, ellos
comenzaron nuevamente a moverse hacia territorios desconocidos.
Hace unos 60 mil años ellos habían reaccionado definitivamente, conquistaron entonces
Europa Oriental y Australia. Hace unos 40 mil años disponían de variadas herramientas. Se
vivía en el marco de la denominada Primera Revolución Tecnológica. En 5 000 años, ellos
cambiaron más que en los cinco millones de años anteriores.
La entrada de los hombres antiguos a Europa coincidió con una enorme helada, entonces
ellos se dispersaron entonces para sobrevivir. Hace unos 37 mil años, se trasladaron al sur
de la helada Francia. Los que habitaban allí copiaron sus herramientas. Sin embargo, el
homo sapiens un nuevo paso para superar a los neardentales, surgió entonces el arte, una
verdadera revolución en materia de información.
Las imágenes halladas en las cuevas indican una mente semejante a la actual. El hombre de
Neardental carecía de estas posibilidades. El hombre antiguo se transformó en el hombre
moderno y al final se conformó una inteligencia individual con variadas facetas: la técnica,
la artística.
El pensamiento simbólico surgió antes de que pasaran a Europa. Europa tenía más de la
mitad del territorio cubierto de hielo. Hace 20 mil años de Europa a América existía un
puente de tierra seca. El homo sapiens moderno conquistaba cada vez más nuevos
territorios. Luego subió el mar. La evolución del cerebro duró 5 000 años. Hace 10 mil años
terminó la Edad de Hielo, volvió a subir la temperatura. Había aproximadamente un millón
de habitantes. La Edad de Hielo regresó brevemente, en el Medio Oriente nació entonces la
agricultura en Siria hace unos 11 mil años, los demás los siguieron, después de mil años
comenzaron los corrales y el ganado. Se produjo un cambio de perspectiva de carácter
trascendental: el mundo podía alterarse, transformarse, ponerlo al servicio, dominarlo.
La cultura es la característica que ha hecho posible que las comunidades humanas ocupen
cada medio habitable en la Tierra. La cultura es el patrón de conducta y actividad que
distinguen a los humanos del resto de los animales. Ningún otro animal tiene una cultura.
Primero, el hombre moderno utiliza un grupo de herramientas compuestas por implementos
hechos a partir de un patrón estándar que se extiende de un lugar a otro. Segundo, el
hombre guarda información acerca de la sociedad, la tecnología y el medio en un lenguaje
simbólico que no puede compararse con el "lenguaje" de ningún otro animal. Sólo los
humanos crean fonemas estándares para comunicar ideas abstractas. El lenguaje es una
especie de tecnología que permite registrar las ideas y las técnicas de supervivencia.
El trabajo con metales no comenzó a desarrollarse hasta el año 3 100 a.n.e. en el Cáucaso.
Hacia el año 2 500 a.n.e. comenzó la domesticación del caballo en el Asia Central. La
primera mención del hierro se produjo en el año 521 a.n.e. en el este de Asia. Su
generalización como tecnología común para el trabajo agrícola demoró siglos y, en algunos
casos, milenios.
LOS ORÍGENES DE LA CIVILIZACIÓN
Las ciudades, como un nuevo tipo de comunidad, con una organización interna política y
social, crearon la necesidad de nuevos y mejores productos de la imaginación humana .Se
estimuló, por tanto, la invención y la especialización en diferentes áreas de la actividad,
como sucedió, en un principio, en las ciudades agrícolas.
LA CIVILIZACIÓN SUMERIA
Las primeras ciudades se construyeron en Mesopotamia, junto a un valle situado entre las
riberas del Tigris y el Éufrates. Los sumerios, sus constructores, también inventaron la
escritura. La civilización mesopotámica se desarrolló entre el 3 500 y el 1 500 a.n.e. Es
precisamente, hacia el 3 500 a.n.e. que los sumerios comenzaron a utilizar símbolos para
representar primero los números y luego las palabras. Asimismo, entre el 3 500 y el 3 100
a.n.e. sus pobladores comenzaron a utilizar sellos cilíndricos para distinguir las mercancías
que se intercambiaban en el sistema comercial del valle.
Los sumerios crearon enormes templos de piedra, diseñaron esculturas y utilizaron el cobre
y la plata para elaborar diferentes tipos de vasijas. También desarrollaron la escritura como
vía para registrar el curso de sus complicadas transacciones comerciales, y por cientos de
años, la escritura sólo se utilizó para los limitados propósitos del comercio. Fueron
precisamente los sacerdotes, desde sus templos, los que llevaron con cuidado el registro de
las operaciones comerciales realizadas en las nuevas ciudades. Resulta un tanto extraño que
sea exactamente en el registro de las operaciones de negocio donde se ubica el nacimiento
de la civilización, la escritura permitió a los sumerios realizar complicadas transacciones,
imposibles sin el registro escrito. La complejidad es el distintivo de la civilización.
Entre el 2 370 y el 2 200, bajo los reinos de Sargón de Agade y de sus sucesores, se utilizó,
por primera vez, la escritura con propósitos diferentes a los del comercio. Ellos constituyen
los primeros registros escritos de las ideas religiosas de un pueblo de la antigüedad y de su
conciencia histórica. Entre el 2 200 y poco antes del 2 000 a.n.e., se desarrolló una escritura
pictográfica con formas abstractas, llamada cuneiforme más compacta y versátil que la
anterior. Entre el 1 792 y el 1 750, se creó del código de leyes de Hammurabi, un libro legal
exhaustivo que contenía un conjunto de regulaciones comprensibles y estándares para todos
los habitantes del reino. Sus regulaciones conformaron la base de las innovaciones
económicas y sociales porque el conocimiento de la ley hizo que los mercaderes y los
oficiales subordinados pudieran actuar de forma independiente.
LA CIVILIZACIÓN EGIPCIA
A 900 millas al sur de Mesopotamia, el Río Nilo, proporcionó las condiciones necesarias
para el desarrollo de una agricultura irrigada. Sus primeras villas agrícolas datan de
principios del quinto milenio a.n.e. La unificación del Egipto Norte y Sur (3 100- 2 700
a.n.e.) en una monarquía centralizada, así como el éxito de los sucesivos reinados para
generar los recursos y la paz necesaria, produjeron adecuadas condiciones para un rápido
progreso cultural.
Entre el 2 050 y el 1 750 a.n.e. se había formado completamente la clase burocrática. Los
escribas, como se llamó a los empleados del estado, establecieron un sistema escolástico
que permitió a los hombres de talento, con un origen muy humilde, ascender al servicio
estatal. Se creó una cultura literaria, que conformó una base para una forma de educación
denominada clásica - que incluía lenguaje y retórica- en los valores y la ideología de la elite
educada. Los tres segmentos de la clase más alta - escribas, sacerdotes y militares-
controlaban las riquezas de la sociedad.
Por otra parte, la disponibilidad del papel de papiro para mantener sus registros escritos, en
lugar de la piedra y de las tabletas de arcilla de los sumerios, proveyó a los egipcios con un
medio para la escritura barata y fácil de utilizar, con ventajas claras para la diseminación de
largos textos escritos.
Las diferencias entre la civilización egipcia y sumeria son evidentes. Mientras que los
sumerios emplearon inicialmente la escritura para mantener una contabilidad en los templos
y los registros del comercio, los egipcios parecen haberla utilizado, en primer lugar, en
relación con el culto a la muerte. Las primeras escrituras egipcias se remontan hacia los
años 3 800 a.n.e.
La civilización europea, cuyos antecedentes se remontan a los años 5 000 a.n.e., se basó en
grandes villas agrícolas, así como en el uso de la metalurgia y los símbolos. La economía
agrícola de la Vieja Europa proviene de Mesopotamia, donde se desarrolló primero, pero es
en Europa Central donde se convirtió realmente en la base de una cultura avanzada, como
resultado de la inestabilidad del clima continental y las difíciles condiciones del medio.
LA CIVILIZACIÓN GRIEGA
El comercio, que las hizo posible, no fue un rasgo importante de la economía de la Edad de
Piedra. La importación de piedras para la elaboración de herramientas fue un fenómeno
escaso. Por el contrario, la metalurgia se basa en la existencia de un tipo de recurso poco
común. No fueron muchas las comunidades que pudieron dedicarse a ella sin establecer
relaciones comerciales estables y frecuentes con lugares distantes. La revolución del metal
incrementó el comercio y, por consiguiente, el contacto intercultural.
El próspero comercio requirió que las sociedades generaran productos comerciales, así que
la introducción del metal produjo una revolución económica en el este del Mediterráneo. La
economía internacional favoreció la creación de múltiples sociedades acaudaladas que
sustentaban a una clase profesional de artesanos y artistas. Estas sociedades intercambiaban
tanto gustos e ideas artísticas como mercancías materiales, ello aceleró la marcha del
desarrollo cultural.
Creta es una isla que se encuentra a la entrada del mar Egeo. Hacia el 2 000 a.n.e., muchas
comunidades de la isla se convirtieron en ciudades ricas con economías basadas en el
comercio. El comercio de los minoicos -una cultura prehistórica que floreció en Creta
aproximadamente desde el 3 000 al 1 100 a.n.e.- fue tan disperso y complicado que requirió
del registro escrito. Para cumplir con esta tarea, los minoicos desarrollaron una escritura
característica. Con ella registraron contratos, ventas y conocimientos de embarques en
tablillas de arcilla. Los minoicos utilizaron pictografías a lo largo de sus márgenes para
realizar una referencia rápida a su contenido. Su escritura fue la primera en realizarse en
líneas. Hacia el año 1 400 a.n.e. cayó la Creta minoica. De ellos, los griegos heredaron su
sistema de escritura.
LA EDAD OSCURA
Entre el 1 150 y el 500 a.n.e., después de la caída del mundo micénico durante el siglo XII
a.n.e., la sociedad griega entró en una nueva fase. El número y el tamaño de las ciudades
disminuyeron, pequeñas aristocracias locales, proclives a la aventura y a las grandes
proezas, reemplazaron a clase predominante de la sociedad micénica. Durante los siglos XII
y VIII a.n.e., los griegos no produjeron registros escritos, tampoco sus aportes en el arte, ni
en la arquitectura fueron significativos. La decadencia de la literatura, la riqueza y la
urbanización, que caracterizó este período, fueron los elementos más censurados de aquella
sociedad.
Aunque la sociedad griega no se produjo un gran arte y se dedicó al comercio disperso, fue
muy estable. El signo que indicó el fin de la era oscura fue el renacimiento del comercio
hacia el 800 a.n.e. Varias ciudades del este y de la costa oeste de Asia Menor -el área
llamada jónica- emergieron como centros comerciales. En el siglo VII a.n.e., se inventó la
moneda acuñada en Asia Menor, probablemente en el reino de Lidia. El crecimiento del
comercio favoreció la introducción de esta innovación.
El período de civilización de la Antigua Grecia - del 800 al 500 a.n.e. - presenta una
inmensa importancia histórica. En él, los griegos comenzaron a utilizar nuevamente la
escritura, formaron nuevas instituciones políticas y desarrollaron diversas técnicas
intelectuales para la investigación filosófica y científica.
El resurgimiento económico del siglo VIII a.n.e. condujo a los griegos, particularmente a
los de Jonia, al reinicio de un contacto con las antiguas civilizaciones, establecidas en el
Mediterráneo. Durante el siglo VIII a.n.e., los jonios adaptaron el alfabeto fenicio para
escribir en griego. Con ello, devolvieron una vida civilizada al mundo griego. La nueva
literatura sirvió a los intereses, tanto del comercio como de la poesía.
Obras tan conocidas como la Ilíada y la Odisea representan los resultados del cambio de las
condiciones sociales en la Grecia del siglo VIII a.n.e. Homero compiló en estos trabajos
muchas leyendas conservadas en las comunidades aisladas, conectadas ahora por el
comercio. Estas viejas historias determinaron con posterioridad la perspectiva europea de la
naturaleza y la condición humana.
Durante el siglo VII, los arquitectos desarrollaron la forma característica de los templos
griegos del período. Ellos construyeron estructuras oblongas sostenidas por pilares con
figuras esculpidas. Las primeras esculturas griegas tuvieron mucho de las egipcias pero
hacia el siglo VI a.n.e., los griegos crearon nuevas formas para representar las figuras
humanas; aprendieron a moldear figuras humanas con un perfil completo, como no lo
hacían los egipcios, y mostraron un interés creciente por la belleza del cuerpo humano.
Hacia el 590 a.n.e., Solón de Atenas estableció leyes que redujeron el peso de la deuda de
los pequeños granjeros y que prohibían la esclavitud por deudas. El código de Solón
sobrevivió a un período de tiranía para formar la base de una nueva constitución ateniense a
finales del siglo VI a.n.e. Durante el siglo VI a.n.e., los griegos comenzaron a prestarle
atención a la cronología exacta de su historia y a desarrollar un modo formal y consciente
de pensamiento acerca de la naturaleza de las cosas.
LA DOMINACIÓN DE ATENAS
Hacia el 500 a.n.e., los cambios en la vida social e intelectual en Grecia, condujeron a una
nueva forma política: la ciudad-estado. Su principal característica fue la creación de una
auto-conciencia cívica. En las comunidades antiguas, las relaciones sociales fueron una red
de lazos familiares y personales con las principales familias. Los cambios del siglo VII y VI
a.n.e. redujeron la importancia de las relaciones personales y forzó a la comunidad a buscar
nuevas bases para el orden social. Los códigos de leyes ofrecieron los fundamentos para
que los individuos se sintieran parte de la comunidad sobre la base de su cumplimiento.
Tras la derrota de Persia en el 479 a.n.e., sobrevino un amplio desarrollo intelectual. Entre
el 480 y el 395 a.n.e., se escribieron las historias de las guerras contra Persia y Esparta. Los
griegos aprendieron los rudimentos de la astronomía y las matemáticas de los egipcios y los
babilonios. Adquiridos con sentido práctico, se convirtieron en instrumentos puramente
intelectuales. Para los griegos, la astronomía y la ciencia de los números permitían descifrar
las cuestiones básicas acerca de la naturaleza del mundo.
Durante el siglo V a.n.e., Atenas atrajo muchos intelectuales. A finales de este siglo, Atenas
produjo un gran pensador, Sócrates, quien hizo cambiar el modo de ver el mundo a los
griegos y de los que fueron influenciados por ellos alrededor del mundo. A él se debe, la
inducción. La inducción se refiere al movimiento del pensamiento que va de los hechos
particulares a afirmaciones de carácter general. Esto implica pasar de los resultados
obtenidos de observaciones o experimentos al planteamiento de hipótesis, leyes y teorías
que abarcan no solamente los casos de los que se partió, sino a otros de la misma clase; es
decir, una generalización de los resultados, un salto en el conocimiento, al no conformarse
con los hechos particulares.
Sócrates no dejó trabajos escritos, pero su discípulo Platón (426-347 a.n.e.) lo inmortalizó
en una serie de diálogos dramáticos. Él fundó un colegio en Atenas, la Academia, que fue
la primera institución docente en la civilización occidental. Aristóteles (384- 322 a.n.e.)
desarrolló la lógica, un método de pensamiento racional sobre el que se soportan las ramas
principales del pensamiento y el conocimiento humano.
En el año 332 a.n.e., Alejandro el Grande, quien reinó entre el 336 y el 323 a.n.e., invadió
Egipto, donde fundó la ciudad de Alejandría, destinada a convertirse en una de las grandes
ciudades del Mediterráneo. Posteriormente derrotó los remanentes de la armada persa y
extendió su dominio hasta la India. La cultura y el idioma griego se convirtieron en
universales. A la muerte de Alejandro, en el 323 a.n.e., Ptolomeo se declaró rey de
Alejandría, una ciudad de un millón de habitantes.
Con el descubrimiento de una forma para descifrar la escritura antigua en el siglo XIX, así
como un método para determinar la correspondencia entre el calendario egipcio y el reloj
astronómico, los arqueólogos escribieron una historia de la civilización Mediterránea a
principios del siglo XX. En ella se planteaba que la civilización, con origen en Asia
Suroeste, se difundió, con el comercio marítimo, a través del Mediterráneo a Creta, a
Grecia y a España. De allí, según ellos, se extendió a la Bretaña, Norte de Europa y los
Balcanes.
Sin embargo, los nuevos hallazgos han hecho pensar de manera diferente. Los
asentamientos encontrados en Europa son tan antiguos como, y en algunos casos más
antiguos, que los del suroeste asiático. Los avances más representativos de los sumerios y
egipcios fueron la construcción de ciudades y la escritura, los europeos no construyeron
comunidades urbanas significativas ni utilizaron la escritura. La alfarería y la metalurgia en
los Balcanes y en Europa Central, llamada la Vieja Europa por los arqueólogos, se
desarrolló en comunidades de España, Creta y Grecia, más antiguas que aquellas de las que
se suponía fueran la fuente de los estilos y tecnologías europeas. Estos hechos parecen
indicar que, al menos en algunos períodos de tiempo, la influencia se ejerció en sentido
contrario al planteado hasta el momento, aunque el efecto del contacto entre la Vieja
Europa y el suroeste asiático no puede considerarse sobre la base de los hechos hasta ahora
conocidos.
Entre el 1 250 y el 750 a.n.e. florecieron un conjunto de pequeños reinos en el levante. Los
fenicios, por ejemplo, controlaban el comercio mediterráneo desde el 1 100 hasta tres siglos
después. La más antigua de las ciudades fenicias, Biblos, se hizo famosa por su
manufactura de libros. La palabra griega biblio proviene del nombre de esta ciudad. Ellos
también perfeccionaron y diseminaron el sistema de escritura alfabético semítico
occidental. Esto representó un gran avance con respecto a los jeroglíficos egipcios y a la
escritura cuneiforme, al utilizar símbolos simples fácilmente reconocibles (letras) para
representar los sonidos. El alfabeto fenicio, con sus 22 letras, fue la base de tres de los
alfabetos principales del mundo occidental: el hebreo, el griego y el latín. Cerca del año
750 a.n.e., las ciudades fenicias cayeron bajo la dominación del imperio asirio y declinaron.
Los hebreos por su parte, una minoría relacionada con los cananitas, se desarrollaron entre
el 1 200 y el 400 a.n.e., con una característica única entre los pueblos antiguos: su religión
monoteísta. Los hebreos crearon sus escrituras sagradas, que narraban en forma de crónicas
la relación entre el pueblo y su dios Yavé. Estos libros contribuyeron significativamente a
mantener su identidad hasta el presente..Las escrituras hebreas -conocidas por los cristianos
como el Antiguo Testamento- es una colección de libros escritos entre el 1 000 y el 150
[Link]. A esta era de los pequeños reinos, le sucedieron los imperios asirio y persa, este
último cayó definitivamente tras la conquista de Asia suroeste por Alejandro el Grande en
el 339 a.n.e.
Los habitantes de Roma pertenecían a un grupo de tribus indoeuropeas, más tarde llamadas
latinas, que emigraron del centro de Europa a la península italiana hacia el 2 000 a.n.e.,
aproximadamente al mismo tiempo que la civilización minoica adquirió una influencia
importante en el este del Mediterráneo. Hacia el 1 000 a.n.e., las tribus se dedicaron al
desarrollo de la agricultura. De repente, hacia los 800 a.n.e., se estableció una nueva
mentalidad de carácter comercial.
Entre el 264 y el 146, tras una serie de guerras de conquista, Roma se convirtió en la capital
de un gran imperio mediterráneo.
La riqueza creció en una escala nunca vista en el mundo mediterráneo. Las clases
gobernantes se beneficiaron ampliamente con el nacimiento del nuevo imperio; la
diferencia de riquezas entre ricos y pobres se hizo monumental.
Los cambios económicos derivados del imperialismo generaron, a su vez, cambios sociales
y políticos. A finales del siglo II a.n.e. muchos de los granjeros arruinados, que habían
constituido la columna vertebral de la población romana, se mudaron a la ciudad para crear
un nuevo componente en la sociedad romana:la plebe urbana.
Aunque antes de las guerras de expansión del imperio en el este, los romanos educados
habían conocido y recibido la influencia de la cultura griega, no es hasta este momento en
que bajo el influjo de las ideas de miles de esclavos griegos o con una cultura helénica,
procedentes de las derrotadas ciudades griegas, que se transforma literalmente la
civilización romana.
La tesis de la política de Augusto, titulado así por el senado, fue la restauración. Restableció
la paz en Roma y el Imperio. La restauración de Augusto proporcionó un entorno favorable
para el más alto desarrollo de la literatura latina. Aunque la cultura griega mantuvo una
influencia poderosa en toda la civilización romana, Augusto y sus lugartenientes
estimularon y patrocinaron a un grupo de escritores y poetas cuya cultura literaria tenía sus
raíces en el último período republicano. Desde el año 14, cuando murió Augusto, el
gobierno imperial continuó su crecimiento.
Durante los dos primeros siglos del imperio romano, Roma fue una ciudad con fantásticas
riquezas, grandes edificios públicos y palacios privados, propiedades de las familias de la
nobleza. Roma absorbió la cultura artística e intelectual de todas partes, impuso estilos y los
probó en todo el imperio. Las aristocracias locales constituyeron una gran clase educada. El
este griego fue lingüística y culturalmente diferente del oeste latino, pero estas diferencias
se redujeron producto de la educación. Hacia el siglo IV, muchos traductores, trabajaron en
la traducción del cuerpo documental de la filosofía, la ciencia y la teología griega. La
educación de las clases gobernantes era greco-romana. En la literatura y el arte, el siglo II
fue la era de plata. En las leyes y la administración fue la era de oro.
Sin embargo, hacia el siglo III, una crisis económica, política y militar debilitó
considerablemente el poder del imperio. La restauración del orden se produjo a principios
del siglo IV.
Dos siglos después, en el año 753, Pipino El Breve donó al Papa Esteban II, un territorio,
situado en el centro de Italia, con ella nacieron los estados pontificios.
EL IMPERIO EN LOS SIGLOS IV Y V
En el 330, Constantino creó una nueva ciudad sobre la base de una antigua colonia
ateniense en Bizancio, que más tarde se rebautizó con el nombre de Constantinopla, la
capital del imperio en el este. La decisión de Constantino revelaba los problemas y las
oportunidades en el imperio este de Roma, donde las fuerzas persas constituían una
continua amenaza. En el siglo V, tras repetidas invasiones cayó el imperio romano en el
oeste. Las provincias del este sobrevivieron y la vieja cultura helenística continuó su
desarrollo sin dificultades. En el oeste, una sofisticada cultura latina sobrevivió hasta el año
425.
Conscientes del peligro de las invasiones bárbaras, sus intelectuales escribieron libros sobre
filosofía, teología e historia y mantuvieron una activa correspondencia. Durante el siglo IV,
se tradujo la Biblia al latín.
EL IMPERIO BIZANTINO
Los cambios que originaron el Imperio Bizantino o Imperio del Este de la Edad Media -
una civilización y una entidad política que sobrevivió hasta el 1453, cuando los turco-
otomanos tomaron Constantinopla-, comenzó en el siglo V. Un gobierno civil griego
sustituyó al militar latino y a su burocracia.
Este sistema producía una elite de letrados clásicos con una alta educación. Aunque un
pequeño grupo de familias aristocráticas, las cuales aseguraban que sus hijos varones
fueran educados adecuadamente por un servicio gubernamental, dominaba los cargos
estatales, ningún joven con talento para instruirse podía encontrar medios para completar su
programa académico y lograr acceder a éstos. La burocracia se dividió en departamentos.
El director general de correos fue responsable del vasto sistema de comunicaciones del
imperio. Todos los cargos importantes tenían subordinados, por lo que la estructura era
muy amplia.
Justiniano I, quien reinó entre el 527 y el 565, fue un reformador cuyo objetivo fue el de
devolverle al imperio sus pasadas glorias. Con este fin, creó una comisión para revisar y
codificar la ley romana. Desde los tiempos de Augusto, los romanos consideraban que la ley
y el gobierno eran sus principales contribuciones a la civilización. Desde el siglo VI al VIII,
el Imperio Bizantino logró preservar el núcleo de su territorio de las invasiones persas,
árabes, etcétera. Se protegió y perfeccionó la ley romana, se estableció un eficiente sistema
de gobierno. Se mantuvieron las tradiciones artísticas y literarias griegas.
Sin embargo, hacia el siglo VI, se habían fundado cuatro reinos germánicos o estados
sucesores en los territorios del antiguo imperio romano del oeste. Los germanos, originarios
de Escandinavia y el norte de Europa, hablaban lenguajes similares pero no idénticos. La
sociedad germánica era aristocrática, agrícola y tribal.
EUROPA
Con la ascensión al poder de Carlomagno, a finales del siglo VIII, y su proclamación como
emperador en el 800, se produjo un renacimiento carolingio en Europa. Carlomagno, quien
condujo, entre el 772 y el 804, campañas militares anuales, dirigidas a expandir su reino,
supo combinar sus éxitos militares con la creación de un gobierno interno efectivo, el poder
militar con el civil.
Entre los siglos VII y XI, el Imperio Bizantino y los reinos europeos tuvieron historias
básicamente separadas pero es difícil comprender la importancia de los eventos y
movimientos e una región sin referirse a la otra. Esto es cierto porque la iglesia cristiana se
extendió al Imperio del Este y a los reinos germánicos y porque la corte imperial de
Constantinopla, consideró al oeste parte de su patrimonio durante siglos.
Justo después del inicio del siglo IV, quizás en los tiempos en que Constantino emitió su
edicto de tolerancia al cristianismo (313), un discípulo de Antonio, Pacomio, fundó la
primera comunidad monástica en el este del Mediterráneo.
La idea del monasticismo llegó a Occidente cerca del 340, cuando Atanasio, patriarca de
Alejandría, fue a Italia como exiliado desde su tierra natal. Atanasio fue el primer biógrafo
de Antonio (251-356), padre solitario cuya fama de asceta sagrado fue una de las piedras de
la fundación y el desarrollo del monasticismo cristiano. Uno de los primeros monasterios
occidentales se fundó aproximadamente a finales del siglo IV en Lerins, una isla cerca de
Marsella. La unión del monasticismo con la jerarquía regular de la iglesia se convirtió en un
modelo de organización eclesiástica en Occidente.
Durante el siglo VI, los monasterios fueron los principales centros intelectuales de Europa,
los benedictinos, una orden religiosa fundada en el 529, por ejemplo, contaron entre sus
moradores con una infinidad de sabios que prestaron inmensos servicios a las letras y las
artes. Únicos eruditas de la Edad Media, transcribieron y conservaron para la posteridad las
joyas literarias de Grecia y Roma.
A mediados del siglo XI, muchas instituciones de la iglesia se habían secularizado, así
nació la necesidad de la reforma que a finales del siglo XI y principios del siglo XII,
concluyó con la idea de que, tanto el estado como la iglesia tenían una autoridad limitada.
La reforma también fortaleció la figura del Papa en la iglesia. También la vida monástica se
enriqueció considerablemente. El movimiento de reforma de la iglesia en el siglo XI y el
crecimiento del poder real a principios del siglo XII produjo una fricción de ideas entre la
doble autoridad - dividida entre los poderes eclesiástico y secular- y la majestad divina.
Entre los años 1 025 y 1 081, las repetidas incursiones enemigas -normandas, y árabes
esencialmente- debilitaron considerablemente el imperio. El colapso del poder militar
bizantino, después de la batalla de Manzikert en 1 071. Las cruzadas, 1 096- 1270, se
produjeron en un momento en que la sociedad europea y la autoridad política entraban en
una nueva fase. En 1095, el papa Urbano II proclamó una cruzada contra los turcos.
El total colapso del imperio sobrevino en 1204. En 1 453, cayó Constantinopla en manos
árabes. Hacia el 1461, los turcos habían conquistado todas las posesiones distantes de la
autoridad bizantina y el imperio desapareció.
EL IMPERIO ÁRABE
En el este del Mediterráneo, la contraparte del imperio bizantino fue el imperio árabe. La
civilización islámica fue otra de los herederos del Imperio Romano. Esta absorbió una gran
parte de la cultura griega, conservada por el oeste latino. Una de las ironías de la cultura
moderna en Occidente es el considerar al mundo islámico como algo extraño.
El Corán, el libro sagrado del Islam, se escribió bajo el tercer califa, Otmán, quien reinó
entre el 644 y el 656,.A partir de este momento, siglo tras siglo, aumentaron sus fuerzas los
árabes, hasta convertirse en un gran poder durante los siglos XI y XII. La sociedad árabe se
organizaba de forma tribal, los valores sociales tribales, particularmente la lealtad a la tribu,
se establecieron en todo su imperio. Las ciudades del mundo árabe no presentaban ningún
estado legal especial. No formaron comunidades unificadas como en el oeste. Fueron
dominadas, más que gobernadas, por familias líderes que competían entre ellas.
LA CIVILIZACIÓN ISLÁMICA
Aunque muchos de los altos gobernantes del mundo árabe estimularon el renacimiento de
la cultura persa, la civilización islámica nunca fue persa. La integración del mawali a la
comunidad islámica no condujo al renacimiento de la cultura persa, sino más bien a la
creación de una nueva civilización híbrida. La aceptación de un idioma religioso universal,
el árabe, unificó el mundo islámico en una comunidad intelectual única, a la vez que la
integración de grupos no árabes a esta comunidad introdujo nuevas tradiciones culturales.
Los árabes también disponían de un material barato donde plasmar sus ideas y
experiencias: el papel. China lo utilizaba desde el 100 n.e. aproximadamente, pero no se
conoció en Occidente hasta el 751, cuando algunos prisioneros de guerra chinos fueron a
Samarcanda en Transoxiana. Desde allí, se difundió a Babdad donde se creó una fábrica de
papel en 793, luego a Egipto (900) y después a España (950). Los europeos obtuvieron el
invento de España, pero hasta el siglo XIII, el papel fue raro, incluso en la España cristiana.
Como sucedió en Europa posteriormente, el empleo del papel aceleró la diseminación de
ideas y ensanchó el círculo de lectores y escritores.
Los cristianos sirios fueron herederos de la civilización griega. Ellos tradujeron varios
trabajos importantes al siriaco. Por esta vía, los trabajos de Aristóteles y otros autores
griegos se tradujeron al árabe, así ejercieron su influencia en la filosofía y la tecnología
islámicas. Cuando los europeos occidentales redescubrieron a Aristóteles mediante el
contacto con discípulos islámicos e israelitas en España, Sicilia y el reino latino de
Jerusalén, también recibieron elaborados comentarios realizados por escritores
musulmanes. Los más importantes de estos comentaristas fueron los filósofos al-Kindi y
Ibn Rush (Averroes) y el físico y científico Ibn Sina (Avicena) (985- 1 036).
Después del resurgimiento de la cultura persa bajo los samaníes y los gaznawíes durante el
siglo X, la poesía y la literatura persas revivieron y continuaron su desarrollo bajo el
dominio de los turcos.
Posteriormente, el trabajo del filósofo Ibn Rushd (Averroes) (1 126-1 198) sobre Aristóteles
y la teología argumentó que la filosofía y la religión eran partes separadas de la verdad. Sin
embargo, tanto el Islam como el cristianismo condenaron esta concepción, cuando su
trabajo se conoció allí. La idea de la unidad de la verdad fue fundamental en ambas
religiones.
Con escasas excepciones, hubo pocos pensadores creativos en el Islam después del 1200
aproximadamente. La civilización continuó su vida en lugares como Egipto, que escapó de
las conquistas mongola y cristiana, pero fue una cultura intelectual repetitiva y derivativa
que persistió. Irónicamente, los herederos de la sabiduría árabe medieval fueron los
europeos. En Europa, las traducciones de los trabajos árabes crearon una revolución
intelectual en los siglos XII y XIII.
En la esfera del comercio, los instrumentos financieros utilizados para satisfacer las
necesidades de las transacciones comerciales, después se hicieron muy importantes para
Occidente. Entre ellos, los comerciantes islámicos desarrollaron la carta de crédito para
transferir dinero desde un extremo del imperio a otro.
EL RENACIMIENTO CAROLINGIO
Se debe tener mucho cuidado al utilizar la palabra "feudal" para describir la sociedad
medieval. Este término se creó en el siglo XVIII para describir las instituciones sociales
basadas en feudos (feudum en latín), y en algunos momentos y lugares durante la Edad
Media europea, la organización de la sociedad se basó verdaderamente en el feudo. Pero,
eso fue poco frecuente, y es incorrecto llamar a la sociedad medieval "sociedad feudal".
Justo es decir, sin embargo, que las instituciones feudales fueron importantes elementos de
la sociedad medieval. Hasta finales del siglo XII, las instituciones feudales no dominaron la
vida social o gubernamental de ninguna región de Europa.
Desde el siglo XI, Europa lanzó una serie de ofensivas militares contra sus enemigos.
España, un pequeño estado cristiano reconquistó la península, al expulsar al califa de
Córdoba. Muchos europeos del Norte se unieron en este empeño. Los musulmanes fueron
derrotados en el sur de Italia, entonces se reconquistó la rica isla de Sicilia. Esta victoria
puso a las comunidades de la antigua Grecia, en el sur de Italia, bajo la jurisdicción de la
iglesia romana. A finales del siglo XII, el papado organizó una gran expedición hacia
Jerusalén, tomada por los turcos en los años 1 070.
Estos éxitos militares fueron simplemente los primeros signos de un fortalecimiento general
de la sociedad europea, ellos produjeron estados consolidados, una reforma de la Iglesia, un
florecimiento intelectual y artístico, así como una economía poderosa.
La regularidad del desarrollo económico y social en los pueblos agrícolas y sus feudos,
produjo un modelo histórico común en el norte de Europa, creó un sistema muy
conservador. Es difícil imaginar cómo se pudo introducir innovaciones en una economía
social estable. Pero dos características de la historia social y económica medieval
provocaron cambios.
Las principales innovaciones en la agricultura medieval fueron el uso del arado pesado con
ruedas, el caballo de vapor y la introducción de la rotación de tres campos por cosecha para
remplazar la antigua rotación de dos campos. Estos cambios causaron un crecimiento, tanto
en la variedad como en la cantidad de cosechas, en aquel momento tuvo efectos
importantes en la dieta de los europeos.
El cambio del buey por el caballo fue el resultado de dos avances tecnológicos -el uso de la
herradura y el desarrollo de la collera, que permitía al caballo tirar de una carga fácilmente.
El uso de caballos para tirar los vagones aumentó la eficiencia del transporte por tierra,
tanto para el comercio como para las campañas militares. Esto condujo al crecimiento de la
industria de transporte por tierra. También permitió un mejoramiento general de la red de
carreteras y aumentó las oportunidades comerciales para algunas comunidades situadas en
los cruces de caminos.
COMERCIO E INDUSTRIA
Las crisis políticas y económicas del último período romano y las invasiones germánicas
redujeron, tanto el tamaño como la importancia económica de las ciudades europeas. Tras
el colapso del poder romano, el comercio internacional decayó - aunque no cesó -, esa
decadencia comercial contribuyó a la depresión de las ciudades. Durante los siglos VI al
VIII, fue insuficiente el comercio y la actividad gubernamental para estimular la
recuperación de los centros urbanos. Los últimos carolingios trataron de revivir el comercio
internacional. Invitaron a las comunidades de comerciantes judíos a emigrar a las ciudades
del norte de Italia, se les concedieron privilegios y protección. Durante los siglos IX y X,
ellos fomentaron un comercio activo con el Mediterráneo y proporcionaron una salida
económica para los excedentes agrícolas de los grandes estados del norte. Para continuar
esta política, los reyes extendieron una red comercial establecida anteriormente por
comerciantes experimentados.
Después de que los califas fatimíes conquistaron Egipto en el 969 y reformaron el sistema
fiscal egipcio para estimular el comercio, la recuperación de las ciudades italianas ganó en
rapidez. El comercio italiano se benefició en este período con la desorganización de las
rutas del norte entre el Oriente Medio y Europa, que iban a través de Rusia a las regiones
del Báltico. Nuevos invasores bloqueaban continuamente esas antiguas rutas. Como
resultado, desde finales del siglo X, se hizo común en Europa la competencia entre
mercaderes italianos y las pequeñas comunidades israelitas. La lana fue el material básico
para la confección de ropas en el oeste de Europa, convertir la lana en ropa creó
oportunidades de trabajo a los especialistas.
El mercado de la buena lana, desarrollado como una parte de la producción agrícola, creó
riquezas. Flandes, el principal mercado de lana, se convirtió en el centro de la producción
textil industrializada. Hasta la revolución industrial del siglo XIX, esta industria fue la más
importante del oeste de Europa. Flandes fue la región más urbanizada de la Europa
medieval. Sin embargo, los señores feudales locales aún sometían la mayoría de las
ciudades.
Así surgieron nuevos centros urbanos alrededor de los viejos, villas bien ubicadas que
existieron bajo la autoridad del señor de la villa. Esta división política tuvo un efecto
perjudicial en la economía comercial de las ciudades. Los señores impusieron impuestos,
peajes y derechos de mercado para aprovecharse de la riqueza comercial de sus ciudades,
los comerciantes que viajaban de una ciudad a otra tenían que pagar tributos en repetidas
ocasiones. A finales del siglo XI, se crearon nuevas condiciones políticas que favorecieran
al comercio.
La divisa que permitió a las ciudades y a los reyes escapar del poder de los señores locales
fue el privilegio real de incorporación. Los comerciantes de una ciudad solicitaban al rey un
privilegio para gobernarse como una corporación independiente bajo la ley y su protección.
El movimiento de los privilegios se extendió rápidamente por Europa. Los patriarcas y
reyes de la ciudad reconocieron que la libertad era una condición necesaria para el
desarrollo del comercio y la industria. Los comerciantes, quienes habían formado grupos
para organizar y controlar sus actividades comerciales, dominaban entonces sus nuevas
corporaciones urbanas. Otros grupos de artesanos urbanos - como carniceros, tejedores y
herreros- también formaron sus gremios.
Los artesanos competían con los comerciantes por el poder político en las ciudades. Donde
las actividades industriales eran muy importantes para la economía de las ciudades, los
gremios artesanales también tenían poder económico y social como para ganar el poder
político. En la Edad Media, la competencia por el poder en esas ciudades con frecuencia
provocó motines y revoluciones.
El renacimiento del siglo XII se produjo por diversas causas. Los reformadores de la Iglesia
intentaron perfeccionar la educación de los clérigos, estimularon la investigación y el
trabajo intelectual, las bases necesarias para lograr ese objetivo.
Una vez redescubiertos, se copiaron y distribuyeron libros de gran valor para desarrollar los
centros escolásticos, ellos irrumpieron en las viejas bibliotecas. El conflicto con los reyes
germanos contribuyó a este esfuerzo de investigación, ambos lados trataron de argumentar
sus casos sobre la base de antecedentes históricos y las escrituras de los padres de la Iglesia.
Pero las viejas bibliotecas de monasterios y catedrales no fueron las únicas instituciones en
las que se encontraron los libros olvidados. El creciente contacto con el Islam en España, el
sur de Italia y Siria también tuvo un gran efecto. Después de las guerras iniciales de
conquista, estos países se convirtieron en centros de intercambio intelectual. En España, los
escolásticos israelitas realizaron traducciones al latín de los trabajos filosóficos y científicos
en árabe, otros similares progresaron en Sicilia y en el este.
En 1 110, Pedro Abelardo (1 070-1 141), un maestro de lógica escribió un libro titulado Sic
et Non (sí o no). En él, aplicó la lógica a la solución de algunos conflictos teológicos de la
época, por esto fue condenado. Junto a Bernard de Clairvaux representan los lados
opuestos del renacimiento del siglo XII. Para este último, el propósito del trabajo
intelectual era mejorar la experiencia espiritual, esta concepción impuso formas y
limitaciones al trabajo.
Como base de las revelaciones divinas, la Biblia debía ser el principal objeto de estudio y
este debe incluir una contemplación del significado del texto sagrado, que contiene toda la
verdad acerca de Dios y el mundo. Para Abelard, la mente humana, cuando emplea la
lógica en el análisis de las percepciones del mundo creado por Dios, pudiera crear un
conocimiento de la verdad, independiente de la revelación. Existen, por lo tanto, dos
fuentes de conocimiento de Dios, de mundo bíblico y científico, así creyó que las dos vías
del conocimiento eran compatibles, sin perjuicio una de la otra.
Estos dos puntos de vista representaron dos medios intelectuales, fueron poderosos y
populares en el siglo XII. Las órdenes monásticas crecieron rápidamente y atrajeron
hombres de gran habilidad y magnetismo personal. Los monjes tuvieron tanto un modo
especial de vida como de aproximarse al conocimiento. Ellos trataron de influir
activamente en otros para que los siguieran. Constituyeron una fuerza moral fuerte en la
vida política y social de Europa occidental. Abelardo y hombres como él ocuparon puestos
de maestros dentro de las viejas escuelas dogmáticas, que educaban a los futuros clérigos.
La reforma de la Iglesia produjo una expansión de las órdenes clericales mediante el
estímulo al establecimiento de más iglesias y el mejoramiento de la administración
eclesiástica; las escuelas dogmáticas proporcionaron los hombres educados necesarios para
estos puestos.
El movimiento intelectual fue más allá de las fronteras de las escuelas de la Iglesia.
Abelardo había solicitado una plaza en París, pero su obispo le negó el permiso de enseñar
en la escuela escolástica. Hasta aquel momento, enseñó bajo la égida de un monasterio en
la ciudad, cientos de hombres fueron a escuchar sus lecturas. Otros maestros se sirvieron de
estudiantes para establecerse en París, que pronto se convirtió en el principal centro
intelectual de Europa. Estos maestros independientes, separados de la tarea de instrucción
propia de los clérigos, desarrollaron asignaturas filosóficas y científicas que posibilitaron a
los alumnos adquirir habilidades y conocimientos útiles en las reglas seculares, se hizo,
entonces común para los hombres instruidos, entrar al servicio de reyes y grandes señores.
La clase de burócratas instruidos, tanto en la Iglesia como en los gobiernos seculares,
proporcionó una audiencia para el trabajo intelectual y estimuló a los estudiosos en una
gran variedad de temas.
A finales del siglo XII, había tantos maestros activos en la ciudad que formaron un gremio
aparte o universitas (gremio en latín) para regular sus negocios. Este fue el comienzo de la
universidad moderna, una institución de altos estudios basada en las actividades
corporativas de los maestros.
Desde el punto de vista científico y educacional, el acontecimiento más importante entre los
siglos X y XII es el nacimiento de las universidades.
Otros antecedentes fueron las llamadas escuelas de filosofía atenienses (siglo IV a.n.e.).
Entre ellas, la Escuela de Pitágoras de Samos, la más antigua, produjo un gran impacto en
la investigación de las matemáticas. A la escuela de Protágoras, eminente sofista, se debe
el currículum de las llamadas siete artes liberales (el trivium y el cuadrivium) que marcaron
el paradigma de la educación superior durante varios siglos y de la cuales provienen las
actuales divisiones entre disciplinas literarias y científicas.
Luego, surgió la gran trilogía de hombres que con sus ideas impactaron el mundo: Sócrates,
Platón y Aristóteles.
Las aulas de Sócrates fueron las plazas de Atenas. Platón, fundó su escuela, que se
mantuvo durante nueve siglos, en los jardines de Academo; por eso se llamó la Academia
de Platón. Aristóteles, después de veinte años como alumno de Platón creó, con la ayuda de
Alejandro Magno, el Liceo o Gimnasio de Atenas en el año 335 a.n.e. Ambas iniciativas se
consideran como los antecedentes más valiosos de la Universidad, por el carácter
sistemático de sus estudios.
El Liceo de Aristóteles, denominado así por ubicarse cerca del templo de Apolo Liceo, fue
el más amplio santuario del conocimiento de la época. La sistematización del conocimiento,
así como el hallazgo de otros con la ayuda de la observación y la lógica, fueron sus más
claros objetivos Por eso, Aristóteles se considera como el padre del método científico, el
método empleado por las universidades. La licencia para enseñar que otorgaron las
universidades del medioevo carecen de antecedentes en el antiguo entorno clásico; la
Academia y el Liceo no concedían títulos o grados ni se practicaban exámenes o
evaluaciones.
También existen algunas referencias sobre los antecedentes de la universidad, que refieren
la contribución de la cultura árabe a esta extraordinaria institución, creada por el hombre.
Debido a la singular importancia que tuvieron los grandes centros de cultura árabe del siglo
IX: Bagdad y el Califato de Córdoba, en España, que poseían extensas bibliotecas y
observatorios astronómicos, practicaban evaluaciones y conferían diplomas, existen quienes
apoyan la idea de que las primeras universidades fueron de origen árabe. Hacia el siglo X,
se debe hacer mención de la Escuela de Traductores de Toledo, en la que enseñaron juntos
árabes, cristianos y judíos.
Los siglos XIII y XIV fueron testigos de una amplia expansión de las universidades en
Europa. A finales del siglo XV, la influencia de la Iglesia en la enseñanza universitaria
comenzó a disminuir. En la Europa de inicios del siglo XVI, funcionaban 79 universidades.
Uno de los grandes descubrimientos de los eruditos del siglo XI fue una copia del Corpus
Juris Civilis de Justiniano. Se cree que el libro se encontró en los años 1070 en una
biblioteca de Pisa. La copia se había hecho en el siglo VI, no mucho después de que el
emperador publicara el trabajo, ella creó una revolución en el pensamiento jurídico del
medioevo. El código de Justiniano presentaba un sistema jurídico coherente y sofisticado,
rápidamente se convirtió en la base de una escuela de derecho formada en Boloña. Estos
hombres reintrodujeron la idea de que la ley no era sólo una colección de la vieja
legislación, sino un sistema lógico basado en principios de justicia. El descubrimiento
también proporcionó una nueva base para el desarrollo de la ley secular, que adquirió
fuerza legal, a partir de la gran tradición de la jurisprudencia romana.
Hacia 1140, en Boloña se publicó una gran compilación de leyes canónicas, muy bien
organizada, que pronto se convirtió en la base de una escuela de jurisprudencia canónica. El
sistema jurídico, basado en el nuevo trabajo, influyó en todas las provincias de Europa. Al
ser la jurisprudencia de la Iglesia universal, tuvo un efecto duradero en el desarrollo de
todos los sistemas jurídicos del oeste.
ARTE Y ARQUITECTURA
El movimiento de reforma de los siglos XI y XII coincidió con una prosperidad económica
que brindó a los europeos los recursos necesarios para remplazar las viejas iglesias por
grandes construcciones. Esto ofreció una oportunidad a los escultores para cumplir
programas artísticos a gran escala. Durante el siglo XII, hubo un renacimiento en el arte y
la arquitectura al igual que en filosofía, teología y leyes. Tanto los contratistas como sus
maestros albañiles diseñaron y dirigieron las construcciones; ellos trataron de recrear el
estilo que asociaban con la construcción romana.
El amplio auge de las construcciones europeas creó una clase de albañiles profesionales,
que viajaban de un sitio a otro y, eventualmente, se organizaban en gremios. Estos
artesanos proporcionaron la base para la innovación, al realizar múltiples construcciones y
desarrollar un sentido artístico que estimuló la creatividad.
Como parte del fortalecimiento político de Europa, en el siglo XI, los normandos
conquistaron el sur de Italia, participaron en la reconquista de España y en las cruzadas, con
ello que se aseguraron un lugar en la historia europea. Al final del reinado de Carlomagno,
los normandos, un pueblo originario fundamentalmente de Noruega y Dinamarca,
desembarcaron en los principales ríos de Francia y en el 911 habían ocupado la región
llamada Normandía. Sin embargo, su hazaña más importante fue la conquista de Inglaterra,
la región más rica de la Gran Bretaña, en el 1066, evento a partir del cual se desarrolló una
de las naciones- estados más poderosos de Europa.
A inicios del siglo XIII, se incorporaron, a la práctica y la teoría del gobierno, varios
elementos del gobierno constitucional o limitado. La formación de comunidades legales
afectó a muchas regiones de Europa a principios del siglo XIII. Sin embargo, donde mayor
éxito tuvieron estas instituciones fue en Inglaterra. A mediados del siglo XIII durante una
rebelión se creó una nueva entidad política, el parlamento, donde se invitaron
representantes de las distintas ciudades. Los principios básicos del gobierno constitucional
se establecieron bajo Eduardo I. Después del 1295, se estableció la práctica de invitar a los
representantes de las ciudades, y en 1297 el rey Edward I acordó no elevar los impuestos
sin el consentimiento de todo el reinado.
Asimismo, en el dominio de la teoría, la Iglesia desarrolló algunas viejas ideas romanas
sobre la sociedad en el contexto de una teoría de la organización eclesiástica. Como base
para este desarrollo, se situó el principio "lo que interesa a todos, debe ser aprobado por
todos", empleado para apoyar el derecho de los miembros clericales de una iglesia a
participar en sus asuntos.
Desde finales del siglo XII y durante el XIII, la iglesia medieval fue una institución
altamente burocrática con vastas riquezas y poder.
Desde el siglo XI hasta finales del XIII, la economía y la población europea creció
continuamente. La prosperidad de los pueblos de campesinos aumentó, para beneficio,
tanto de los aldeanos como de los señores. Se devolvieron nuevas tierras al cultivo después
de siglos de abandono. Pero muchas de ellas eran de baja calidad.
Durante la última década del siglo XIII, se produjo una serie de cosechas pobres que
provocó una intolerable tensión en el superextendido sistema agrícola y esparció el hambre
rápidamente. Hacia el 1 300, la población había cesado de crecer, era el comienzo de la
decadencia.
La población de principios del siglo XIV no fue sólo más pequeña, sino también más frágil
- más propensa a las enfermedades- que la que había existido a mediados del siglo XIII. Las
malas cosechas causaron una depresión que afectó toda la economía europea. La
superproducción agrícola, objeto de un buen comercio en Europa, decayó y debilitó la
economía de las ciudades.
Los reyes y barones, que dependían de las rentas agrícolas para sus créditos, se percataron
del deterioro de la salud económica. Los problemas empeoraron con la inflación. Las
cosechas pobres aumentaron el precio de los alimentos y de otros productos del campo,
ellos incrementaron los precios de las manufacturas. La epidemia de peste bubónica,
aparecida en el 1 348 en Italia y que se diseminó rápidamente por toda Europa, aniquiló a
un tercio de la población del continente en dos años.
El efecto de este desastre fue enorme. Las aldeas fueron abandonadas. Se cortó
drásticamente la fuerza laboral. Los precios se elevaron. La crisis social creó múltiples
conflictos de clases, que se manifestaron con desórdenes y rebeliones. Estos problemas
estimularon reacciones negativas en las clases más altas.
Desde el año 1340 hasta el 1453, Francia e Inglaterra se enfrentaron por distintas causas.
En 1485, Enrique VII estuvo en condiciones de construir una nueva monarquía
relativamente estable. Como Luis XI en Francia, Enrique VII, quien reinó del 1485 al 1509,
fue un excelente político y administrador. Continuó las mejores políticas de sus
antecesores, estimuló el comercio y la industria, dirigió además, un gobierno efectivo y con
una buena economía. En sus veinticuatro años de reinado, Enrique estableció una nueva
dinastía, los Tudor, y creó las bases para un siglo de paz y prosperidad en Inglaterra.
Los cambios ocurridos durante los siglos XIV y XV en las políticas y estructuras de las
monarquías medievales, así como en la Iglesia se reflejaron en la cultura intelectual y
artística. El redescubrimiento de Aristóteles mediante el contacto con los árabes condujo, en
el siglo XIII, a una nueva síntesis de la visión del mundo cristiano.
Durante la primera mitad del siglo XIII surgió una nueva tradición científica basada en
Aristóteles. Sin embargo, los nuevos descubrimientos causaron problemas a la teología
cristiana tradicional, porque las obras de Aristóteles contradecían muchas de las opiniones
aceptadas sobre la forma de organización del universo físico. A mediados de siglo, las
controversias empeoraron los conflictos entre la teología y la filosofía natural de Aristóteles
- tratada como una ciencia- y varios intelectuales prominentes fueron condenados como
herejes.
A principio de los años 1250, un discípulo de Alberto Magno, el dominico italiano Tomás
de Aquino (1 225-1 274), comenzó a crear una nueva síntesis de la filosofía cristiana que
reconcilió a la tradición racionalista de Aristóteles con la revelación del cristianismo
bíblico. El nuevo sistema tuvo sus defectos, la reconciliación del dogma cristiano con
Aristóteles no resolvió el conflicto entre la razón y la revelación.
LITERATURA VERNÁCULA
Durante los siglos XIV y XV, la cultura vernácula - opuesta a la cultura latina- se convirtió
en el vehículo de un importante trabajo intelectual y literario. En Inglaterra, se tradujo la
Biblia al inglés y varios autores ingleses produjeron obras de perdurable importancia
literaria y linguística. Francisco Petrarca (1304-1374) fue el primero en redescubrir la
literatura romana clásica y en entender cuán diferente era la sociedad que la produjo de la
suya.
En Francia, el dialecto del norte vino a predominar con respecto al del sur debido a la
cruzada de inicios del siglo XIII y al florecimiento de una cultura literaria en Burgundy en
el siglo XV. La cruzada convirtió el francés del norte en el idioma de la ley y los políticos,
los escritores apoyados por los duques de Burgundy escribieron obras literarias de gran
popularidad. En España, el reino de Castilla se convirtió en el centro de una escuela de
escritores, que copiaban estilos literarios franceses e italianos. Sus obras hicieron del
castellano la lengua literaria principal de la península ibérica.
En el siglo XIII, se inició una tendencia hacia el realismo que transformó el estilo artístico.
A finales del siglo XIV, se desarrolló una escuela de pintores en Flandes, que acentuó la
tendencia hacia el realismo.
EL RENACIMIENTO
A la vez que el siglo XIV fue un período desastroso para las instituciones medievales de
Europa, fue un período en el cual artistas, letrados y escritores comenzaron una nueva
tradición - el Renacimiento, una época que caracterizada por el entusiasmo que despertó en
occidente el estudio y la imitación de la antigüedad clásica griega y romana.
Los antecedentes de esta nueva época fueron la depresión económica, los disturbios
sociales y el malestar en la religión. Durante el siglo XV, tuvo lugar un renacimiento de la
estabilidad política y social. Las monarquías de Inglaterra y España comenzaron
nuevamente el proceso de centralización de sus reinos. A fines de siglo, la monarquía
francesa también recuperó su equilibrio y comenzó a seguir la pista a sus competidores. La
economía y la población de Europa comenzaron a crecer otra vez, los europeos se
convirtieron en los líderes mundiales del desarrollo y el uso de las invenciones
tecnológicas. Estos crearon los relojes mecánicos, los instrumentos de navegación y otros
muchos instrumentos. Los inventores ideaban constantemente nuevas formas de cumplir
con las tareas industriales y militares. Los europeos también se convirtieron en aventureros,
a finales del siglo habían descubierto la ruta alrededor de Africa hacia las Indias
Occidentales y América.
Las semillas de esa recuperación se plantaron en Italia durante la mayoría de los difíciles
años de finales del siglo XIV. Durante los dos siglos, desde el 1321 al 1527, Italia ejerció
una creciente influencia sobre el resto de Europa. Los italianos establecieron un estilo en la
arquitectura, la escultura y la pintura; dictaron el gusto literario y la filosofía educacional
que los europeos siguieron durante siglos. Los europeos del norte se concentraron en Italia
para aprender las artes de la civilización- ingeniería, arte, política y negocios , los italianos
aparecieron en todas las cortes del norte, incluso en la remota Moscú. Los marineros
italianos estaban entre los líderes de las exploraciones a finales del siglo XV.
Existen varias razones sobre el porqué Italia sacó a Europa de la Edad Media hacia una
nueva era. Primero, las ciudades habían comenzado a florecer a partir de allí tan rápido
como en el siglo X, cuando las instituciones feudales se estaban extendiendo hacia el resto
del Europa. El feudalismo fue una forma de organización social, económica y política que
extendió el poder de los señores rurales hacia las ciudades del norte de Europa, ellos
impidieron el desarrollo urbano. El feudalismo nunca fue verdaderamente fuerte en Italia.
En segundo lugar, el conflicto entre el papado y el sagrado imperio romano había impedido
la creación de una monarquía unificada en Italia. En tercer lugar, en la esfera intelectual, el
escolasticismo -muy fuerte en las universidades del norte y las escuelas- nunca dominó el
pensamiento italiano. En la esfera artística, la arquitectura y la escultura gótica no tuvieron
mucha influencia en Italia. Por eso, las tradiciones intelectuales y artísticas de los italianos
siguieron siendo libres para crear y responder a las nuevas ideas y estilos. Finalmente, las
ciudades italianas, aunque afectadas por la hambruna y las plagas del siglo XIV, tuvieron
poblaciones suficientemente amplias, riquezas e independencia geográfica y política para
recuperarse rápidamente de los desastres.
La actividad dominante en las ciudades del norte de Italia fue el comercio internacional,
que dependía directa o indirectamente del comercio con el Levante para su sustento - las
regiones costeras del este del Mediterráneo- y con el norte de Europa. Las personas
dominantes en las ciudades italianas fueron los banqueros, los exportadores y los
fabricantes de tejidos a amplia escala. El poder político de las ciudades italianas se extendió
mucho más allá de sus fronteras, así las convirtió en principados urbanos o ciudades-
estados. La razón de este desarrollo en Italia estuvo en el rápido y poderoso desarrollo de
las ciudades que impidió la instauración de una verdadera jerarquía feudal.
A finales del siglo XII, la población urbana se había dividido en clases, definidas por
criterios sociales y económicos. En el siglo XI, en muchas ciudades italianas se habían
formado grupos políticos que lucharon contra los obispos por el control de las ciudades. En
este período, los obispos, designados por el emperador, tenían el poder dominante en las
ciudades. A mediados del siglo XII, las poblaciones urbanas habían logrado la
independencia de sus ciudades y habían desarrollado instituciones políticas, dominadas por
un consejo, para dirigir su propio gobierno.
- El individualismo
La economía comercial de Italia proporcionó riqueza líquida al pueblo, permitió que éste se
trasladara de un lugar a otro con mayor facilidad que si su riqueza se ubicara en estados que
tuvieran tierras. Las personas de talento que encontraban circunstancias políticas o sociales
inadecuadas en una ciudad podían trasladarse a otra.
El segundo rasgo de la nueva civilización urbana en Italia fue su predominante matiz laico.
Tuvo que ver con las cosas de este mundo - los negocios, la calidad y el diseño de las casas
y las ropas, los alimentos y las bebidas y el disfrute del tiempo libre. Los escritores del
Renacimiento reconocieron la primacía de los objetivos espirituales del hombre.
- El humanismo
El tercer rasgo de la sociedad urbana italiana fue su entusiasmo por la antigüedad clásica.
El conocimiento de los clásicos fue un rasgo del linaje verdadero en un noble; así, los que
se consagraron por entero al estudio de la literatura clásica - los humanistas- se
consideraron con un alto honor. Los intelectuales medievales también se habían
entusiasmado por la antigua literatura latina, pero éstos consideraron al estudio de las obras
clásicas como la base para la comprensión de las sagradas escrituras y los patriarcas de la
Iglesia. Los humanistas del Renacimiento exaltaron a los clásicos. Los humanistas buscaron
en las antiguas bibliotecas de los monasterios las copias de los textos literarios clásicos y
encontraron los espléndidos libros de la era carolingia. Ellos tomaron estos libros como
copias auténticas, antiguas y revivieron la escritura con la que fueron copiados.
Estos hombres lograron el éxito por sus propios esfuerzos y vendían su sabiduría en un
buen mercado. El entusiasmo por los clásicos aumentó después de 1395, cuando el avance
de los turcos- otomanos en Asia Menor obligó a los letrados de Constantinopla a huir hacia
el occidente. En Italia, estos hombres encontraron estudiantes interesados en la lengua y la
literatura griegas. Hacia finales del siglo XV, unos pocos italianos estaban estudiando
hebreo y árabe.
Sin embargo, existieron otras escuelas elementales en Italia, en las que se instruían los
futuros hombres de negocio. En ellas se enseñaba a leer, a escribir y aritmética, no las siete
artes liberales que habían constituido el plan de estudios básico de las escuelas eclesiásticas
medievales desde el período carolingio.
Los primeros humanistas mostraron su entusiasmo por una literatura clásica que imitara sus
géneros y estilos. En los inicios de la literatura renacentista se imitó mucho, pero algunos
escritores crearon nuevas formas, como el soneto y luego el ensayo.
Mientras la literatura renacentista mantenía sus bases en la romana, la filosofía buscó su
inspiración en la obra de Platón. Cuando los filósofos bizantinos refugiados, que vinieron a
Occidente en la década de los 90 del siglo XII, enseñaron a una cantidad suficiente de
italianos a leer griego, la obra de los filósofos del griego antiguo se hizo muy popular. Los
Médicis crearon un grupo informal de filósofos que se conocieron como la Academia de
Platón. Entre 1433 y 1499 trataron de reconciliar a Platón con el cristianismo, al igual que
Tomás de Aquino había tratado de reconciliar a Aristóteles con la Iglesia.
Es justo decir que Platón dominó la imaginación del Renacimiento como Aristóteles había
dominado tempranamente el pensamiento de los filósofos medievales.
Los humanistas renacentistas sentaron las bases de la escuela de la crítica moderna, a partir
de cuidadosos análisis lingüísticos e históricos de las reliquias literarias del pasado.
Lorenzo Valla (1405-1457) comparó varios manuscritos griegos del Nuevo Testamento con
la versión latina (Vulgata) de Jerónimo (después del siglo IV) y demostró que la traducción
estaba plagada de errores y tergiversaciones. Su espíritu crítico y su sabia técnica
influyeron en los humanistas posteriores, por ejemplo, en Erasmo, que produjo la primera
publicación crítica del Nuevo Testamento en griego.
Los pensadores y artistas del Renacimiento no dejaron de creer en Dios, pero dieron una
nueva significación a la idea judeocristiana de que el hombre se hizo a imagen de Dios: Al
igual que Dios, el hombre es un creador y sus principales creaciones son su propio carácter
y sus obras.
No sólo fue el arte y la literatura los que hicieron famosos a los italianos durante el
Renacimiento. La mayoría de las cortes urbanas empleaban a cientos de músicos, artesanos,
mecánicos e ingenieros, y toda Europa buscó a Italia por su mejor trabajo en esas esferas.
En realidad, al trabajar juntos en las pequeñas cortes, los especialistas de distintos campos,
con frecuencia, cooperaban y contribuían en los empeños de los otros. Los artistas y los
médicos desarrollaron el conocimiento de la anatomía humana mucho más que los griegos
y los árabes, cuyas obras aún se leían y conocían. Los pintores resolvieron con principios
matemáticos la representación de los cuerpos en el espacio y, por consiguiente,
contribuyeron al estudio de las matemáticas.
Los médicos estudiaban astronomía porque existía una costumbre arraigada de relacionar la
astrología con la medicina medieval - se pensaba que las estrellas afectaban la condición de
las personas. Muchos de los instrumentos utilizados para observar las estrellas con
exactitud fueron diseñados por médicos. Esta sociedad apreciaba el valor de todos los
enfoques del conocimiento y la representación del mundo. Sus intelectuales, artistas y
artesanos sentaron las bases de para muchos campos modernos.
En el siglo XV, el inventor de la imprenta, Johannes Gutenberg, -que imprimió por primera
vez la Biblia en 1453- influyó mucho también en el desarrollo en la metalurgia. El elemento
esencial de la imprenta fue el empleo del carácter móvil, la confección de este carácter
requería de un metal que se pudiera fundir y echarlo en moldes. Los germanos - famosos
como fabricantes de implementos metálicos desde principios de la Edad Media-
desarrollaron una aleación que se dilataba en la medida en que se refrescaba, de modo que
llenaba un molde completamente. Las caras del carácter moldeadas con esta aleación
producían impresiones fuertes y claras. Como la imprenta se extendió rápidamente desde el
valle del Rhin hasta Italia, los europeos de los Países Bajos, Francia, España e Inglaterra
recibieron un torrente de libros con precios asequibles, imposible un siglo antes. La
extensión de la imprenta significó que la enseñanza no volvería a monopolizarse
nuevamente por una pequeña clase alta de la sociedad europea.
El perfeccionamiento del diseño y las técnicas de construcción naval hicieron posible los
viajes de Vasco de Gama alrededor de África hasta la India y de Colón hasta América.
Estos viajes descubrieron nuevas rutas comerciales y riquezas que dieron a los estados del
Atlántico acceso directo al comercio internacional. Dichos estados obtuvieron el control
sobre las vías marítimas no sólo porque sus barcos eran ligeramente mejores que los de
Italia y otras potencias del Mediterráneo, sino también porque fueron capaces de armarlos
con el poderoso cañón naval.
Las nuevas industrias como la de fundición del cañón y la imprenta requirieron amplias
inversiones iniciales para la creación de las fábricas y la compra de las maquinarias. Desde
el inicio, esas industrias se organizaban como empresas capitalistas - es decir, la riqueza
acumulada se utilizaba deliberadamente para crear nuevas riquezas. Aunque los
comerciantes medievales hubieran utilizado sus ganancias para comprar las mercancías que
comerciaban, la mayoría de las riquezas - como las que se producían en grandes fincas
agrícolas- se utilizaba para comprar los bienes de "consumo". Ahora la riqueza acumulada
se invierte para producir más riqueza, este principio es la esencia del capitalismo.
Las nuevas industrias también necesitaron mano de obra barata que se pudiera emplear por
un salario y despedir cuando los negocios se debilitaran. Las empresas capitalistas sacaban
sus trabajadores de la ciudad y el campo, así se creó una fuerza laboral cada vez más amplia
y móvil que estaba sujeta a los caprichos de una economía internacional sobre la que los
industriales ni los trabajadores tenían ningún control. La sociedad de mano de obra barata
fue, por consiguiente, más rica y más inestable que la sociedad medieval basada en el
trabajo agrícola y artesanal. Los nuevos trabajadores fueron alternadamente más ricos y
más pobres que sus antecesores. Los dueños progresistas trataron incluso de introducir el
nuevo sistema capitalista en la agricultura. La riqueza derivada de las nuevas industrias y
del comercio tendió a concentrarse en unas pocas manos en pocos lugares.
A finales del siglo XV, las monarquías europeas comenzaron a recobrarse de los efectos
desastrosos de la guerra y la plaga.
Las Guerras de las Rosas (1455-1485) terminaron con el establecimiento de una fuerte
dinastía en Inglaterra; los reyes franceses reconstruyeron su monarquía después de expulsar
a los ingleses en 1453.
España obtuvo una gran importancia como país sobre la base de las nuevas colonias.
Durante los siglos XV y XVI, los reyes dirigieron sus acciones hacia el establecimiento del
poder absoluto, eludido por sus antecesores medievales.
Enrique Tudor (Enrique VII, reinado del 1485 al 1509) mantuvo a Inglaterra fuera de las
guerras externas, estimuló el comercio, restauró las fuentes del tesoro real y eliminó a todos
los que pretendían el trono. Enrique VIII (reinado del 1509 al 1547) introdujo en Inglaterra
la enseñanza humanista e impulsó el renacimiento inglés.
Por otra parte, en el siglo XVI surgió un nuevo y esperanzador tipo de movimiento
reformista - el humanismo cristiano. Inspirado en el renacimiento clásico de Italia, cierto
número de humanistas del norte de Europa comenzó a recomendar un retorno a las mejores
tradiciones, tanto clásicas como cristianas mediante el estudio de los clásicos y la Biblia.
Ellos pensaban que la reforma sería el resultado natural de un mejor entendimiento de la
esencia simple del cristianismo primitivo. Esta actitud condujo a los humanistas cristianos a
estudiar a los clásicos; según ellos los clásicos contenían ideales que, en lugar de ser
antagónicos al cristianismo, complementaban al cristianismo. Ellos centraron su sabia
atención en la Biblia y en los primeros padres de la Iglesia.
La Reforma Protestante fue sólo una de las tres revoluciones de una nueva época en la
historia europea del siglo XVI. El pensamiento humanista y el Renacimiento en las artes
habían comenzado, la segunda de las revoluciones: la creación de una nueva conciencia
histórica, permitió a los europeos percatarse de la ascensión y la decadencia de las
civilizaciones. La tercera gran revolución fue causada por el descubrimiento de la ruta
marítima alrededor de Africa hacia la India y el este de Asia, así como por el
descubrimiento del Nuevo Mundo.
Para los europeos, los siglos XV y XVI fue una era de descubrimientos sin paralelo.
Aunque, al igual que la Reforma y el Renacimiento, la difusión del conocimiento y la
experiencia europeas del mundo tuvo sus raíces en la civilización medieval, las nuevas
exploraciones tuvieron un efecto revolucionario en la conciencia de los europeos, porque
los viajes los pusieron en contacto directo, por primera vez, con todos los continentes
deshabitados de la tierra y los pueblos civilizados que no la habitaban del todo.
El contacto con las civilizaciones foráneas también obligó a los europeos a reconsiderar la
idea que tenían acerca de su relación con los no europeos. Sus ideas tradicionales se
formaron durante siglos de conflicto con los musulmanes y de interacción con los judíos.
Pero estos pueblos formaban parte de la familia de civilizaciones de la cuenca mediterránea
y los conflictos entre ellos eran entre feudos familiares. Ahora, ellos se enfrentaron al
desafío de un desconocimiento completo, entonces, los diferentes pueblos y los pensadores
europeos - particularmente los españoles- trataron de desarrollar principios éticos y legales
que pudieran guiar a sus compatriotas en la forma de conducirse con aquellos que habían
construido civilizaciones sin los beneficios del cristianismo.
En el 1 400, los europeos conocían sólo un poco más acerca de la tierra que los romanos;
durante la Edad Media, Europa fue más bien el objeto que la fuente de exploraciones y
emigraciones.
Los capitanes de barcos debían tener alguna forma de determinar su dirección y posición.
Aparecieron, sucesivamente, la brújula, el astrolabio y las cartas de navegación. Además de
los avances tecnológicos, la exploración de los océanos requirió de un desarrollo político y
económico. La exploración, el comercio y la colonización transoceánica requirieron de
recursos que estaban fuera del alcance de las ciudades estados. Sólo después de que las
monarquías del oeste de Europa consolidaron su poder y unificaron sus países fue que
surgieron potencias con suficiente concentración de riquezas para preparar hombres y
pertrechos para las embarcaciones que partían hacia el océano. Después del 1400, las
monarquías del oeste reemplazaron gradualmente las ciudades- estados como los
principales centros para las grandes empresas comerciales.
No resulta fácil determinar porqué, entre los pueblos marineros del mundo, los europeos
desearon con tanta vehemencia descubrir el mundo desconocido. Esta pregunta está
relacionada con el porqué los europeos eran tan curiosos con respecto a la naturaleza y
porqué estaban tan ansiosos por descubrir nuevos medios tecnológicos, mientras los
musulmanes y los chinos, que tuvieron algunos instrumentos para la industria y la ciencia
con mayor rapidez que los europeos, nunca los explotaron a fondo.
Una razón para la exploración fue la necesidad de encontrar rutas de comercio nuevas y
directas hacia el Oriente. En una época sin refrigeración, las especies que ayudaron a
preservar las carnes y las hicieron agradables al paladar - la pimienta, la nuez moscada y los
clavos de especies- fueron un lujo que casi eran una necesidad. El monopolio del comercio
árabe- veneciano sobre estos artículos, los hizo extremadamente costosos, los nuevos
monarcas poderosos del oeste de Europa, particularmente los de la península ibérica,
estaban ansiosos por encontrar una ruta independiente para el comercio.
Los geógrafos del siglo XV estaban convencidos que Japón y China están situados sólo a
unas miles de millas del oeste de Europa. En aquel tiempo, tampoco se había estimado la
distancia a la que estaba África. Tanto la ruta este como la oeste parecieron posibles.
Colón tocó tierra en Bahamas el 12 de octubre de 1492, pensó que había encontrado
algunas de las pequeñas islas del archipiélago japonés.
El valor del tesoro subió dramáticamente durante el siglo XVI. Hacia 1600 comenzó su
declinación, se tornó muy reducido hacia el 1660 y desencadenó una profunda crisis
económica en España.
En 1588 se desencadenó la guerra entre España e Inglaterra en la que triunfó esta última. La
victoria enalteció la moral de los ingleses y del mundo protestante. Terminó con la amenaza
de una conquista española de Inglaterra e imposibilitó la reconquista de las provincias
unidas en los Países Bajos. Cuando en 1604 se firmó finalmente una paz, los ingleses -
junto a los holandeses- presentaban un poder similar al de los españoles en el mar.
La abrumadora mayoría de la sociedad europea del siglo XVI era rural. En Francia y el
oeste de Alemania, la posición de los campesinos mejoró. En España, el este de Alemania y
los países del este de Europa se deterioró.
LOS IMPERIOS ISLÁMICOS
Mientras que los europeos se aventuraban a sus primeras grandes acometidas de ultramar;
el mundo islámico florecía y se extendía. EL siglo, que fue testigo de la toma de
Constantinopla (1453), también estuvo marcado por la expansión del Islam en Sumatra y
Java, en el lado opuesto de Asia, así como en Africa. Ellos fueron, con mucho, el más
poderoso de los estados musulmanes e incluso después de su caída dejaron huellas
imborrables en las principales regiones de Eurasia.
Entre los imperios islámicos, el otomano fue el más extendido, el más diverso y el más
duradero de los tres imperios islámicos. La toma de Constantinopla en 1453 marcó la
transformación del estado otomano en un imperio completamente maduro. El unió Sofía,
Serbia, Grecia, Siria, Egipto y Argelia, entre otros. La conquista de Chipre en 1571
estimuló la alianza entre España, Venecia y el Papado. La victoria en la batalla de Lepanto
(1 571) tuvo una enorme repercusión en la moral europea.
Durante el resto del siglo XVI y los primeros sesenta años del siglo XVII el imperio estuvo
a la defensiva. En el último tercio del siglo XVII se añadieron nuevas posesiones al imperio
tras nuevas guerras de conquista; sin embargo, el imperio no tuvo más fuerzas para
continuar a la ofensiva.
En los Balcanes y en Europa del Este, la prosperidad creció en la medida en que se estimuló
el comercio mediante la apertura de tierras y de rutas comerciales ribereñas. Después del
siglo XVI, un rápido aumento de la población, cambió la proporción de colonos de la tierra.
Akbar (quien reinó del 1556 al 1605) fue el que realmente aseguró el futuro del imperio y
construyó sus fundamentos institucionales tras una serie de triunfos y derrotas que
permitieron formar un imperio turco- mongol, persa e islámico en el Sur del Himalaya.
Durante la segunda mitad del siglo XVI y la primera mitad del XVII, los distintos
emperadores apoyaron el desarrollo de las artes. Akbar otorgó a más de cien pintores el
rango de mansabar; aunque era analfabeto, dejó una biblioteca de 24 000 manuscritos
ilustrados, incluía igualmente a los clásicos indios como el Ramayana y el Mahabharata
junto a obras de la literatura persa tradicional. Jahangir, su hijo, fue el más entusiasta y un
gran conocedor de pintura. Estimulado por su esposa persa, llenó su corte de poetas y
músicos persas, así como artistas y arquitectos.
EUROPA EN EL SIGLO XVII
El siglo XVII, mucho más que el XV o el XVI, es el siglo en el que la civilización europea
moderna adoptó una forma reconocible actualmente. También fue un siglo atribulado de
crisis políticas, sociales y económicas; además de crisis tan peligrosas como las que habían
sacudido la civilización medieval de Europa en el siglo XIV. Por doquier, se desafió el
creciente poder del estado y en la década del 40 del siglo XV, las tres monarquías más
fuertes de Europa - España, Francia e Inglaterra- se debilitaron con las grandes rebeliones.
La guerra fue endémica - la última de las guerras religiosas se unió a las guerras que
mantenían el equilibrio del poder y estas con las primeras guerras comerciales. Los estragos
de las guerras se combinaron con la hambruna y las plagas.
También ocurrió una prolongada depresión económica durante las décadas intermedias del
siglo. El flujo de plata desde el Nuevo Mundo, el cual había estimulado la economía,
decayó severamente y la producción industrial en Europa creció sólo ligeramente. Sólo, de
forma gradual, después de 1670, se reanudó el comercio y la industria. Entretanto, la
pobreza exacerbaba la inquietud social y las rentas públicas limitaban la capacidad de los
gobiernos.
A pesar de este ambiente tan poco prometedor, emergió una nueva Europa. Gobiernos,
hombres de negocios y líderes intelectuales decidieron que no serían despojados de las
ganancias que habían obtenido en los últimos dos siglos. Todo desafío fue respondido, en
diferentes momentos y con diferentes significados, en cada país. Pero la consecuencia
evidente fue una Europa más rica, más fuerte en el comercio mundial y con gobiernos más
efectivos en el siglo XVII que en el anterior. Y como un inesperado acontecimiento, una
revolución intelectual, un violento cambio de las formas de pensar acerca del hombre y el
universo, que influyó más en la naturaleza de la vida humana que ninguna de las nuevas
ideas surgidas durante el Renacimiento italiano.
Aunque los estadistas y escritores del siglo XVII reconocieron la importancia de los
problemas económicos con mayor claridad que sus antecesores, ellos aún sentían que los
problemas políticos merecían una consideración primaria. Ellos quisieron también
completar el proceso que se había iniciado en el siglo XIII, la construcción de estados
territoriales independientes. Se produjo la concentración del poder supremo en algunos
órganos del estado, la monarquía (como en Francia y en la mayoría de los demás estados) o
la asamblea representativa (como en Inglaterra).
Entre 1 598- 1 661, Francia buscaba el orden y la autoridad; entre 1 603- 1 660, Inglaterra
trataba de establecer la libertad civil y religiosa.
Los reyes y los ministros del siglo XVII sabían que el poder político dependía del poder
económico. La agricultura siempre fue la ocupación principal en Europa, pero muy poco se
pudo haber hecho para aumentar la producción del país o para disminuir la producción
exterior de alimentos y tejidos. La industria fue más susceptible a las interferencias del
estado; sin embargo, ninguno de los países más poderosos dependió de la industria. El
volumen y el valor del comercio europeo aumentaron enormemente. El desarrollo entre
1500 y el 1600 fue tan espectacular que algunos historiadores calificaron este fenómeno
como "Revolución Comercial". Los países que asumieron el liderazgo político en Europa se
convirtieron en los centros del comercio. En los Países Bajos, Inglaterra y Francia, el
comerciante fue mucho más importante que el industrial y mucho más influyente que el
hacendado. En 1 776, Adam Smith, acuñó este fenómeno con el término "sistema
mercantil".
A finales del siglo XVI aproximadamente se hizo evidente que las antiguas formas de
organización económica no eran capaces de tratar con el vasto aumento del volumen del
comercio. Las corporaciones, que controlaban la producción en muchas ciudades, no
pudieron satisfacer las demandas crecientes de comerciantes y gobiernos. Los gobiernos
trataron de regular las corporaciones con el fin de igualar las normas de producción en los
países, excepto para unos pocos artículos de lujo, esta política fue un fracaso.
SOCIEDADES ANÓNIMAS
Las primeras sociedades de accionistas dependieron del apoyo del gobierno y no estaban
relacionadas con la industria. La sociedad de accionistas se convirtió rápidamente en la
forma de organización comercial predominante.
El efecto acumulativo de aquellos cambios convirtió al rey, no a la ciudad, en el regulador
principal de la actividad económica. La unidad de la actividad económica de la Edad Media
la estableció la ciudad o la ciudad- estado. Como a finales de la Edad Media aparecieron
monarcas más poderosos, la economía nacional absorbió invariablemente a la urbana en
toda Europa, excepto en Italia y Alemania. El monarca se personificaba en los funcionarios
de la ciudad medieval y regulaba el comercio y la producción tanto como habían hecho los
gobiernos municipales, pero a mayor escala.
MERCANTILISMO
Para evitar pérdidas, se estimuló a las industrias y la marina mercante del país, así como a
las colonias que proporcionaban las materias primas, de otra manera, se hubiera requerido
su compra en el exterior. En la esencia del mercantilismo estuvo la convicción de que el
comercio era la más importante de las actividades económicas, que la regulación del
comercio era la empresa económica más vital del gobierno y que la regulación debería
generar la autosuficiencia y la disposición para la guerra.
El aumento de los precios que caracterizó el siglo XVI, se redujo en el XVII e incluso se
pudo revertir por un tiempo. Mientras que los precios se cuadruplicaban entre 1500 y 1600,
éstos no aumentaron más del 20 % durante los siguientes cien años.
Con precios que aumentaban con mayor rapidez que los ingresos del gobierno, la
bancarrota estaba siempre a la vista. Los problemas de deflación eran más serios. Los
impuestos daban menos, mientras que los gastos del gobierno (mayormente para las
guerras) continuaban en aumento. Las clases que se habían beneficiado con la inflación del
siglo XVI -mercaderes, banqueros, hombres que invertían en la tierra (como la pequeña
burguesía inglesa)- encontraron una atmósfera financiera espeluznante en el siglo XVII.
En Inglaterra, después de 1688, surgió un gobierno que obtuvo la confianza del parlamento
así como de la comunidad comercial, fue capaz de construir un sistema excepcionalmente
fuerte de finanzas públicas con impuestos parlamentarios, un banco nacional y una deuda
pública permanente. En una era dominada por el comercio, un estado con comercio
floreciente, merecedor de la confianza de sus comerciantes, podía resistir cualquier
tormenta financiera.
La primera mitad del siglo XVII fue el umbral de lo que los historiadores han llamado la
Primera Europa Moderna. Se sentaron las bases para la monarquía institucional en
Inglaterra. Se asistió a la decadencia de España. Francia se convirtió en la potencia más
fuerte de Europa. La competencia económica entre Europa y ultramar se convirtió, a partir
de aquel momento en el tema predominante de los asuntos internacionales.
Durante la última mitad del siglo XVII, Francia fue la principal nación de Europa. Su
población era dos veces mayor a la de España y cuatro a la de Inglaterra. Su tierra era fértil
y su comercio e industria crecían.
La Ley de Derechos negaba enfáticamente el derecho real de suspender las acciones del
parlamento o de interferir en el curso normal de la justicia. Sentó una base para la
permanente difusión de las libertades civiles en la generación después de 1688. Se
estableció, por ley, la tolerancia religiosa y la libertad a partir del arresto arbitrario; se puso
fin a la censura de prensa. El rey debía convocar al parlamento cada año, porque no podía
pagar o controlar sus fuerzas armadas sin su consentimiento. Estas reuniones periódicas
fortalecieron las partes e hicieron que el rey dependiera de su apoyo.
La revolución también produjo una clara medida de tolerancia religiosa. Otro de los
resultados de la revolución fue unir a la corona y al parlamento en la política exterior, de
ese modo, se volcaron las energías de una generación de ingleses desde los asuntos internos
hasta la guerra externa.
El gobierno inglés fue capaz de reunir dinero para costear sus guerras de una manera
prohibida para el resto de los gobiernos europeos excepto el alemán. La fundación del
Banco de Inglaterra en 1694 fue un acontecimiento importante en la historia de las finanzas
públicas del país. Durante todo el siglo siguiente, la riqueza de Inglaterra y su poder
marítimo concedieron al reino de la isla un notable poder más allá de sus áreas y
poblaciones.
El Tratado de Utrecht (1713) otorgó al poder marítimo inglés una posición casi sin igual,
así convirtió a Inglaterra en la nación más poderosa de Europa de los próximos cincuenta
años. La revolución también favoreció indirectamente la unificación de las Islas Británicas
- Inglaterra, Irlanda y Escocia.
La revolución de 1640 y la gloriosa revolución de 1688 constituyeron las primeras de
aquellas revoluciones ocurridas en los estados del oeste moderno que pusieron fin a la
monarquía absoluta de derecho divino y eventualmente entregaron el control del gobierno a
las clases medias.
Los estados que poseían tierras eran más grandes y la nobleza terrateniente más poderosa
que en el oeste de Europa. Durante los siglos XVI y XVII, los nobles del este de Europa
lograron reducir a los campesinos a un estado de servidumbre en el cual estaban ligados a la
tierra y obligados a trabajar de dos a cinco días a la semana para su señor. Una razón para el
retorno a la esclavitud del campesino fue que los precios de los cereales aumentaron en los
mercados del oeste y los terratenientes del este dieron un gran impulso para aumentar la
producción de estos estados. Otra razón fue que los nobles también dominaron a los
gobiernos de Europa del este y éstos favorecieron el desarrollo de la servidumbre porque
apoyaban a los nobles que, a su vez, servían al estado.
En el oeste de Europa, el dinero se convirtió cada vez más en la llave del poder y la
influencia; en el este de Europa, la propiedad de la tierra y el dominio de los servicios
obligatorios aún eran secretos de poder.
Por otra parte, los Tratados de Ryswick (1 697) y de Carlowitz (16 99) marcaron la
aparición en la escena europea de dos nuevas grandes potencias: Inglaterra y Austria.
Las dos ilustraron cuán diferentes podían ser las grandes potencias en el siglo XVII:
Inglaterra, era una monarquía parlamentaria controlada por una aristocracia comerciante y
terrateniente, su firmeza se basó en el comercio y en el poder marítimo; Austria, fue una
monarquía burocrática con una agricultura y un ejército poderoso, que fueron sus fuentes
más conspicuas de fuerza. Aproximadamente al mismo tiempo, comenzaron a surgir otras
dos potencias, cada una tan distinta y diferente como Inglaterra y Austria: Brandenburgo-
Prusia y Rusia.
Mientras Prusia se estaba fortaleciendo, sus vecinas Suecia y Polonia decaían. El cobre, el
hierro, el oro y la agricultura fueron los recursos principales de Suecia, uno de sus avances
de importancia militar fue el mosquete. Sin embargo, el poder sueco descansaba sobre
bases poco sólidas.
Los comerciantes ingleses hicieron contacto con Moscú en la década de los 50 del siglo
XVI a través del Mar Blanco, los comerciantes alemanes también estaban activos en la
capital. Mientras Rusia absorbía un poco de la tecnología de Occidente, en el resto de
Europa no llegaron los cambios culturales. Los pueblos que vivían en el este de Polonia
Católica casi no conocían el renacimiento, la reforma y la revolución científica.
La gran pasión de la vida de Pedro el Grande, quien reinó entre el 1 689 y el 1 725, fue
convertir a Rusia en una gran potencia mediante una rápida occidentalización de su
tecnología, de sus instituciones civiles y militares y de sus costumbres populares.
Pedro había aprendido una lección: Para formar una flota y modernizar su ejército, tendría
que aprender mucho de Occidente.
En la Gran Guerra del Norte (1700-1721), Pedro ganó territorio con el Golfo de Finlandia
que perteneció a Suecia. Esto abrió una "ventana al mar", útil para el contacto directo con el
occidente de Europa, su primer objetivo. Cuando fueron necesarias nuevas industrias para
el apoyo al ejército, los contratistas del gobierno las crearon mediante trabajo forzoso. De
esta manera, a mediados del siglo, entre 1660 y el 1715 se experimentaron cambios
significativos en la estructura política y social de Europa. La monarquía absoluta con
derecho divino llegó a su apogeo en la Francia de Luis XIV y se imitó desde Madrid hasta
San Petersburgo. Fue necesaria la Revolución Inglesa para demostrar que había una
alternativa práctica a la monarquía absoluta. Hacia el 1715, los sistemas políticos del
absolutismo y el constitucionalismo se convirtieron en una gran potencia. Al mismo
tiempo, hubo importantes cambios dentro del sistema estatal europeo. El francés trató de
establecer su predominio, pero falló y provocó el desarrollo de Inglaterra y Austria como
grandes potencias. Dos grandes imperios del siglo XVI, el español y el otomano,
decayeron. Dos pueblos de recursos y números limitados, el holandés y el sueco, habían
luchado con fuerza por la condición de gran potencia, pero hacia 1715 se agotaron sus
fuerzas. Dos nuevas potencias habían aparecido al este de Europa para nivelar la balanza, el
pequeño reino militar de Prusia y el vasto zarismo semibárbaro de Rusia. Las rivalidades de
estos estados - Inglaterra contra Francia, Francia contra Austria, Austria contra Prusia,
Austria y Rusia contra el Imperio Otomano- se convirtieron en elementos dinámicos de la
guerra y la diplomacia del siglo XVIII.
LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA
Los cambios políticos y económicos que tuvieron lugar en Europa durante el siglo XVII
fueron comparables con los ocurridos en el clima cultural e intelectual de Europa. Durante
el siglo XVII, el conocimiento acerca del mundo natural se desarrolló lentamente y por
momentos. Existían muchas observaciones individuales de los fenómenos naturales, de
éstas se habían derivado algunas generalizaciones útiles. Pero muchas de estas
generalizaciones no difundieron ampliamente o fueron erróneas.
Desde el siglo XII, los pueblos de Europa occidental se interesaron en los problemas
científicos. Pero las respuestas de la Edad Media a estos problemas se basaron en
suposiciones tradicionales y profundamente enraizadas acerca de la naturaleza del universo.
Por ejemplo, generalmente se creía que el universo era una esfera finita con la tierra en el
centro.
Sin embargo, incluso en la Edad Media no todos los hombres estaban satisfechos con
aquella concepción relativamente simple. En los siglos XIII y XIV, un pequeño número de
ilustrados comenzaron a cuestionar las explicaciones existentes. Las universidades
medievales, principalmente la de Oxford, la de París y la de Padua, mantuvieron su interés
en el mundo de la ciencia. Pero la mayoría de los europeos del 1500 no cuestionaron las
clásicas autoridades griegas.
Sin embargo, en los siglos XIV, XV y XVI algunos avances de la sociedad europea
prepararon el camino para un cambio de opinión general sobre la naturaleza. El desarrollo
de la industria del cristal y la invención de los lentes, por ejemplo, dio esperanzas al
extender ampliamente los poderes del hombre para observar los procesos naturales.
Además, la aparición de nuevas técnicas en la construcción naval indujo los viajes de
descubrimiento, éstos, a su vez, estimularon la atención del pueblo hacia los problemas de
la navegación.
En 1543, dos notables trabajos científicos establecieron el final de la ciencia del medioevo
y el comienzo de una revolución en la concepción del hombre occidental sobre la
naturaleza:
Sobre la estructura del cuerpo humano de Andrés Vesalio fue por aquellos días una
maravillosa descripción detallada de la anatomía humana basada en la observación directa,
en la disección.
Dicha obra, publicada en 1 543, bajo el título " De Revolutionibus Orbium Coelestium",
que exponía la teoría heliocéntrica de Copérnico sobre el movimiento de los planetas, abrió
la revolución de mayores consecuencias que conoce el pensamiento humano. Su teoría
constituyó la base sobre la cual Galileo, Kepler, Newton y otros construyeron la astronomía
moderna.
Los dos profetas principales de la revolución científica fueron Francis Bacon (1 561-1 626)
y René Descartes (1 596-1 650). En 1 662, se fundó la Royal Society of London, la primera
sociedad científica en Londres.
Descartes fue un entusiasta del "método" científico, su creencia en que todo podía reducirse
a términos matemáticos y su insistencia en la duda sistemática con respecto a las primeras
teorías dejó una profunda huella en el pensamiento científico de los próximos dos siglos.
Por su parte, William Gilbert utilizó sus escasos conocimientos sobre la fuerza misteriosa
de la electricidad para deducir que la tierra era en sí un gran imán (1 600). William Harvey
demostró que la sangre circulaba de las arterias a las venas, de las venas al corazón, del
corazón a los pulmones y que regresaba al corazón y a las arterias nuevamente (1 628). A
finales de siglo, el nuevo microscopio reveló los pequeñísimos vasos capilares que
realmente conectan las arterias con las venas.
Los primeros frutos del trabajo de Kepler aparecieron en 1609. Durante ese año, el italiano
Galileo Galilei (1564-1642), profesor en Padua y Pisa, volteó hacia el firmamento un
instrumento de reciente invención, el telescopio. El universo finito, esférico, de la Edad
Media se hizo añicos. Los científicos sospecharon entonces que de un espacio infinito, que
contenía otras estrellas como el sol y probablemente otros sistemas solares también.
Galileo (1 564-1 642) fue uno de los fundadores del método experimental. Descubrió las
leyes de la caída de los cuerpos, enunció el principio de la inercia, inventó la balanza
hidrostática, el termómetro y diseñó el primer telescopio astronómico en 1 609. Es famoso
por la defensa que realizó del sistema cósmico de Copérnico, que Roma consideraba
herético.
Un genio, Sir Isaac Newton (1642-1727) relacionó la astronomía de Kepler con la física de
Galileo, así eliminó cualquier diferencia entre la física celestial y la terrenal y cumplió con
una parte del sueño de Descartes: establecer una "ciencia universal".
La misma fuerza que actuaba sobre la luna y la manzana, variaba "directamente como
producto de la masa" elevada a una potencia e "inversamente como el cuadrado de la
distancia" para separar los cuerpos. Newton desarrolló las matemáticas necesarias para
probar su teoría; publicó sus conclusiones en The mathematical Principles of Natural
Philosophy (Los principios matemáticos de la filosofía natural) (1687). Este es uno de los
libros que más ha influido, tanto en la historia de la ciencia como en la del pensamiento
humano. La aparición de "Principia", marcó la culminación del movimiento comenzado por
Copérnico. Ella ha permanecido siempre como el símbolo de la revolución científica aun
cuando no produjo resultados dramáticos.
En 1704 se publicó Optiks, una obra de Newton que sustentó el desarrollo de los
conocimientos sobre el calor, la luz, la electricidad, el magnetismo y los átomos químicos.
Masa, fuerza y movimiento fueron conceptos claves, las matemáticas fueron el medio para
entender el universo. Para la mayoría de los hombres, sin embargo, la nueva ciencia no
destruyó la religión tradicional. Algo los obligó a considerar el significado religioso de un
universo amplio y complicado. El telescopio reveló la inmensidad del universo, reemplazó
a la tierra e incluso al sol de su centro. El microscopio comenzó a revelar las maravillas de
los pequeños detalles del mundo - los capilares, las bacterias, las células, las bases de la
vida.
LA CULTURA DEL SIGLO XVII
La era de la revolución científica también fue la era del estilo "barroco" en el arte - surgido
en el siglo XVI, alcanzó su punto más alto a mediados del siglo XVII aproximadamente, su
fin sobrevino más o menos a mediados del siglo XVIII.
Las características predominantes del barroco fueron su sentido de tensión y conflicto, así
como el gusto por lo grandioso y lo dramático. Los conflictos del hombre y el universo, del
hombre y del hombre con él mismo se concibieron a una escala más heroica y, a veces, más
trágica de lo que fueron en el Renacimiento. Los pintores y los escritores del Renacimiento
se habían interesado en el individuo. Los pintores y escritores del barroco se fascinaron con
los individuos en su medio.
En el siglo XVII, se desarrollaron ideas acerca del hombre que se basaban en las opiniones
del Renacimiento, sin embargo fueron más allá de estas. Esas concepciones se pueden
resumir en tres enfoques críticos: individualismo, relativismo y racionalismo.
INDIVIDUALISMO
Los pensadores avanzados del siglo XVII censuraron la posición cada vez más
individualista del hombre. La costumbre fue comenzar con el individuo y luego preguntar
por su sociedad y estado de origen. Los pensadores más radicales del siglo XVII
concibieron a la sociedad como una organización artificial de individuos independientes
basada en el consenso voluntario.
RELATIVISMO
En 1697, Bayle publicó un libro, Historical and Critical Dictionary (Diccionario histórico y
crítico), el cual tuvo una gran influencia en los pensadores del siglo XVIII. En él derramó
todo el relativismo y el escepticismo que había adquirido de sus estudios históricos, su
conocimiento aficionado de la ciencia y su experiencia personal. Argumentó que los ateos
podían ser buenos ciudadanos e insistió en que las conversiones religiosas a la fuerza eran
abominables.
EL RACIONALISMO Y EL EMPIRISMO
Los principales pensadores del siglo XVII fueron fundamentalmente racionalistas. La razón
fue la característica que distinguió a los humanos de los animales. El triunfo de la ciencia
del siglo XVII demostró que la razón podía inducirse. Esta actitud optimista se reflejó en la
creencia en "la ley natural".
LA ILUSTRACIÓN
La tarea que los principales pensadores del siglo XVIII se impusieron fue popularizar los
métodos y principios de la ciencia natural del siglo XVII, así como aplicar dichos métodos
y principios a Dios, al hombre y a la sociedad. El descubrimiento científico continuó, sin
embargo el trabajo que atrajo a los escritores más brillantes fue la aplicación de los nuevos
métodos científicos al estudio de los males de la humanidad - económico, social, político y
eclesiástico. Su interés no fue tanto descubrir la nueva verdad acerca de la naturaleza como
usar los métodos de la ciencia natural para transformar la sociedad.
Este movimiento del siglo XVIII fue la "Ilustración". Este término sugería el amanecer a
una era de luz después de una larga noche de oscuridad, ignorancia, superstición e
intolerancia. Hubo escritores "ilustrados" en todos los países de Europa desde Rusia hasta
España y desde Inglaterra hasta Italia.
París fue el lugar más activo de Europa. Aquí los intelectuales tenían un estrecho contacto
entre ellos, estimulados por el sentimiento de que estaban ayudando a guiar una revolución
de ideas y unidos en una cruzada para poner fin a la barbarie y a los absurdos del viejo
orden.
Las ideas principales de la Ilustración prendieron en toda Europa. Apareció una generación
con nuevas ideas acerca de la religión y la organización social. Las ideas dominantes
pueden resumirse en cinco secciones: razón, naturaleza, felicidad, progreso y libertad.
El progreso de la civilización se situó entonces fuera de las manos de Dios, Ahora se colocó
en las del hombre. Una vez descubiertas y aplicadas las leyes de la naturaleza a la sociedad,
el progreso se hizo seguro, inevitable y rápido. Esto fue una revolución importante en el
pensamiento occidental. Durante la Edad Media era inconcebible el progreso secular sin
relación con Dios.
En una lucha literaria entre los "antiguos" y los "modernos", que se inició en 1687, apareció
la idea de que los "modernos" eran tan buenos y probablemente mejores que los "antiguos".
Robert Turgot (1727-1781), sugirió que el elemento esencial de la historia fue la difícil
lucha de los hombres hacia el desarrollo crucial del método científico.
Marie-Jean Condorcet (1743-1794), escribió Sketch for a Historical Picture of the Progress
of the Human Mind (Apuntes para una descripción histórica del progreso de la mente
humana), que resumió todo el optimismo de su siglo. Observó: "existen las razones más
fuertes para creer que la naturaleza no ha puesto límites en la realización las esperanzas de
los hombres" y previó "la abolición de las desigualdades entre las naciones, el progreso de
la igualdad en las naciones y la verdadera perfección de la humanidad".
Los filósofos se interesaron en los problemas sociales y políticos, pero ellos fueron
reformistas, no revolucionarios.
En 1776, el escocés Adam Smith publicó su Wealth of Nations (La riqueza de las naciones),
en él argumentó que todas las naciones pudieran ser más ricas si eliminaran las
restricciones sobre el comercio y dejaran la ley natural de oferta y demanda regir el
intercambio de las mercancías. Quesnay se interesó primeramente en la agricultura y Smith
en el comercio, pero ambos llegaron a la misma conclusión: que las leyes económicas,
como las demás leyes naturales, se deben respetar; que la interferencia en estas leyes es
peligrosa y que la mayor felicidad y la mayor libertad se obtienen de dejar que estas leyes
actúen.
La democracia, demasiado radical para tener una influencia más inmediata, tendría una
enorme importancia en el futuro, esta fue la teoría que Jean Jacques Rousseau (1 712-1
778) predicó de manera oscura, pero apasionada en The Social Contract (El contrato social)
en 1 762.
En The Social Contract, se desarrolló una teoría de la libertad sobre la base de la obediencia
a las leyes que el mismo individuo había ayudado a crear como ciudadano activo. Locke y
Montesquieu pensaban que el punto crítico de la libertad política era garantizar los derechos
individuales y separar los órganos de gobierno, de modo que ninguno de ellos pudiera
obtener el control ilimitado. Rousseau pensaba que nunca se sentiría libre hasta que no
encontrara una comunidad en la cual pudiera renunciar a todo, con la condición de que
todos los demás hicieran lo mismo. En semejante comunidad no habría división entre los
gobernantes y los gobernados; el pueblo se gobernaría solo. Si el pueblo realmente se
gobernara solo, no debería haber ni restricciones ni cotejos, ni separación de poderes ni
protección de derechos.
Cuando de hecho la revolución se encendió en Francia, después de su muerte, hizo suya las
ideas expuestas en The Social Contract. Este no era un trabajo de la Ilustración, él se hizo
sentir con todas sus fuerzas en la nueva era de la revolución democrática, el nacionalismo y
el Romanticismo.
LA ERA DE LA PROSA
La era de la razón fue principalmente una era de prosa. Ensayos, fábulas satíricas, novelas,
cartas e historias fueron las formas literarias características del siglo XVIII. Los autores
dedicaron sus energías a la descripción y a la narrativa en vez de la insinuación y la
imaginación. Mientras el siglo avanzaba, la novela emergía como la forma favorita de
expresión literaria. Los retratos fueron la forma más característica del arte.
En el siglo XVIII, apareció el primer periódico, escrito para un público más amplio. En
aquellos tiempos, sobre todo, los escritores, artistas y músicos comenzaron a servir a un
nuevo público, la clase media, más allá de los límites de la aristocracia.
Después de la década de los 70 del siglo XVIII, las piezas teatrales y las operas en París
tenían un ribete satírico, mordaz y se dirigían a los escuchas burgueses. Sin embargo, el
logro cultural más grande del siglo XVIII fue su música.
En las últimas décadas del siglo, la orquesta, originada en el siglo XVII, se expandió y
fortaleció, se inventó el pianoforte. La música se puso en contacto con un público cada vez
más amplio.
El "viejo régimen"
Los setenta y cinco años transcurridos entre la muerte de Luis XIV (1715) y el estallido de
la Revolución Francesa (1789) fue un período de estabilidad y equilibrio. No hubo guerras
religiosas ni conflictos sociales y menos actividad social que en el siglo XVII. La
monarquía de derecho divino abrió paso al "despotismo ilustrado".
Los gobiernos de los estados europeos en el siglo XVIII, tanto las monarquías como las
repúblicas, se pueden catalogarse mejor como "aristocracias". Por doquier, las minorías con
tierra o adineradas controlaban o influían fuertemente en los gobiernos de Europa. Todos
eran ricos, bien nacidos y privilegiados, así correspondían con la definición del siglo XVIII
de aristócratas. Por doquier la aristocracia resurgió contra la monarquía absoluta, muchos
de los logros de las monarquías del siglo XVII se perdieron o comprometieron.
En esta contienda entre los monarcas y aristócratas, generalmente se obtenía algún arreglo.
Los gobiernos del siglo XVIII mantuvieron un equilibrio difícil entre la centralización y la
descentralización, entre la monarquía absoluta y la aristocracia privilegiada. Esto podía
parecer inconsistente, sin embargo era explicable, la adherencia estricta a los principios
básicos fue la causa de las sangrientas guerras religiosas y civiles de los dos últimos siglos.
Después del restablecimiento de la paz de 1713 en el oeste de Europa y del 1719 al 1721 en
el este, los gobiernos y pueblos estaban cansados de la guerra. La era que le sucedió no fue
ni heroica ni estimulante pero sí corrupta, como muchos otros períodos de posguerra.
En Europa, con pocas excepciones, las instituciones monárquicas decayeron, así sucedió en
Francia durante la generación después de la Paz de Utrecht
A una generación pacífica siguió otra dominada por dos guerras, la Guerra de Sucesión de
Austria (1740-48) y la Guerra de los Siete Años (1756-63), separadas por unos pocos años
de intensa actividad diplomática. Una de las rivalidades de la época fue entre Prusia y
Austria por el territorio de Europa Central. La otra, entre Gran Bretaña y Francia por el
comercio y el imperio colonial de Norteamérica, las Indias Occidentales, Africa y la India.
En la paz final de 1763, Inglaterra y Prusia habían ganado a expensas de Francia y Austria.
EL COMERCIO Y LA RIQUEZA
El capitalismo comercial europeo aún expandía sus campos de operaciones a inicios del
siglo XVIII. Los años 1719 y 1720 vieron el primer ejemplo a gran escala de un típico
fenómeno moderno, un ciclo de esplendor y ruina o como los contemporáneos le llamaron,
una "burbuja".
Las monarquías despóticas, entre 1763 y 1789, fueron, en muchas formas, un resurgimiento
de las ideas monárquicas más viejas y una reacción contra el poder que la aristocracia había
obtenido en el siglo XVIII.
Francia y Gran Bretaña fueron los centros de la Ilustración, pero también tenían un déspota
ilustrado como monarca. Tal vez como resultado cada una experimentó una revolución
desde abajo. Los norteamericanos ganaron su independencia de Inglaterra en nombre de la
razón y los derechos naturales, la burguesía francesa se movió por los mismos ideales y
destruyeron el privilegio aristocrático en Francia.
Cuando la guerra de los Siete Años finalizó en 1763, tanto el gobierno francés como el
británico necesitaron más ingresos para sostener el peso de sus deudas de guerra y hacer
frente a los crecientes costos de administración. Luis XV propuso mantener un impuesto de
guerra sobre los nobles y los plebeyos de igual forma, así como instituir un nuevo impuesto
a los empleados públicos. Sin embargo, el programa de Luis fue acogido por un fuerte
oposición de nobles y burgueses enriquecidos por igual.
EUROPA
El intento razonable del gobierno por conseguir nuevos ingresos fue recibido con una
poderosa oposición en las colonias americanas. La Guerra de Independencia de Norte
América (1775-83) fue, en cierto sentido, una guerra civil dentro del imperio británico en
ambos lados del Atlántico; los colonialistas, por ejemplo, tenían amigos en Inglaterra e
Irlanda simpatizaba con los reclamos de Norteamérica.
Los colonialistas norteamericanos ganaron la Guerra de Independencia con la ayuda de
Francia. Siguiendo los principios del equilibrio de poder, Francia compensó la pérdida de
Canadá privando a Gran Bretaña de sus colonias americanas. Los suministros, tropas y
barcos franceses fueron una ayuda inestimable para el General Washington en su lucha por
derrotar las fuerzas británicas en las colonias. En el tratado de paz de 1783, las trece
colonias ganaron su independencia y obtuvieron el derecho a los territorios del este del
Misisippi, del norte de la Florida y del sur de los Grandes Lagos.
Las ideas de John Locke - igualdad natural, derechos inalienables, gobierno por consenso
del gobernado y el derecho elemental de revolución- se habían reivindicado. La
Declaración de Independencia (el 4 de julio de 1776) dio la señal para llamar a la rebelión a
los pueblos del Viejo Mundo.
Los acontecimientos en América parecieron demostrar que las unidades políticas más
pequeñas se podían unir sin recurrir al despotismo. La Revolución Norteamericana
representó y trasladó al mundo occidental dos ideas políticas de gran importancia para el
futuro: un gobierno limitado o constitucional (con una larga historia desde el mundo
antiguo y medieval) y la soberanía popular o democracia (relativamente nueva en una
época aún muy aristocrática en su pensamiento).
Después de 1600, el poder español decayó en forma constante y los estados europeos del
norte - Holanda, Inglaterra y Francia- se incorporaron al movimiento de colonización. Los
nuevos integrantes hicieron grandes progresos en la construcción de imperios coloniales a
pesar de la continuación de las guerras religiosas y civiles en Inglaterra y Francia (y en
España), de la reaparición de la peste y la escasez, así como de una prolongada depresión
económica a mediados de siglo. A pesar de todos esos problemas, la economía europea se
expandió durante el siglo XVII, así como el poder militar y comercial europeo, que se
sintió en el mundo. Hacia 1700, Europa fue más rica, controlaba más el comercio mundial y
tenía más gobiernos efectivos que en 1600.
Durante el siglo XVII, los europeos desarrollaron una teoría de explotación colonial que
cambió la forma en que utilizaban sus posesiones extranjeras. Una nueva categoría de ideas
- el mercantilismo- sustituyó la vieja noción de que las colonias eran más valiosas como
fuentes de oro y plata para las tesorerías de las monarquías y las clases elites. De hecho, la
teoría del mercantilismo reveló un nuevo valor económico de las colonias en el momento
en que disminuyó el flujo de oro y plata del Nuevo Mundo, de manera que todas las
naciones- estados de Europa compitieron por las tierras extranjeras. Durante los siglos
XVII y XVIII, Europa obtuvo el control del mundo.
La economía de las colonias españolas se basó en la explotación. A pesar del éxito precoz
de las colonias francesas y los tempranos fallos de los ingleses, éstos pronto alcanzaron a
los franceses. Los asentamientos franceses crecieron lentamente porque la monarquía, que
regulaba el comercio y la industria del país, también fue paternalista en Norteamérica.
Después de 1663, el gobierno organizó, controló el movimiento de colonización y dejó un
pequeño espacio para la iniciativa individual.
Los franceses habían buscado una vía por el noroeste desde el principios del siglo XVI. Al
principio los franceses confiaron en las sociedades de accionistas privados para desarrollar
la Nueva Francia. Pero la mayoría de las sociedades habían fracasado.
Los fracasos se debieron a la incompatibilidad de los objetivos de las sociedades con los del
gobierno. Las sociedades pretendieron crear colonias viables económicamente, mientras el
gobierno trató de construir un sistema social y económico rígidamente centralizado que
sirviera a los intereses de la corona. Al igual que los españoles, los franceses trajeron su
sistema político y social al Nuevo Mundo. En la colonia, todo estaba regulado por los
intereses del rey - estos se asumieron de forma idéntica a los de Francia.
LAS COLONIAS INGLESAS EN NORTEAMÉRICA
Cuando los franceses crearon en Canadá una sociedad forjada cuidadosamente, las colonias
inglesas se expandieron hacia el sur rápida y atropelladamente. La idea de que la
colonización producía riquezas fue sagazmente vendida a los ingleses de todas las clases
antes de la muerte de Isabel I (1603). Los comerciantes de Londres y Bristol estaban listos
para colonizar, ellos podían organizar empresas mediante las sociedades de accionistas. Los
conflictos constitucionales y religiosos que convulsionaban a Inglaterra durante la mayor
parte del siglo XVII proporcionaron a muchos pueblos motivos materiales e idealistas para
emigrar. El gobierno inglés estimulaba, pero no interfería con los proyectos de
colonización. Los ingleses iniciaron sus esfuerzos de colonización trece años antes que los
franceses, pero establecieron su primera colonia exitosa sólo un año antes de la fundación
de Quebec.
Esta comunidad logró fundar una colonia estable que se mantenía por sí sola, pero
Plymouth nunca llegó a desarrollarse mucho.
El gobierno inglés dividía más y controlaba menos las colonias que Francia. Los colonos
ingleses estaban bajo doce gobiernos separados. Cada una de las doce colonias tenía el
derecho de elegir una asamblea representativa para el control de los asuntos locales. La
sociedad de la América inglesa era igualitaria y libre, excepto para los esclavos que estaban
concentrados en los distritos costeros de las colonias del sur.
Esta fue una sociedad sin aristocracia y con una distribución de la riqueza relativamente
pareja, especialmente cuando se comparaba con la sociedad europea. La sociedad colonial
era más instruida que la de Europa. A finales del siglo XVII, existían imprentas activa en
todas las colonias.
Los ingleses en el siglo XVII crearon inconscientemente un nuevo tipo de imperio colonial.
El imperio portugués y el holandés, en su mayor parte, se basaron en el comercio de las
armas. El imperio español se basó en los esfuerzos de la determinante clase de soldados,
colonos y misioneros para convertir a los nativos y explotar su trabajo.
Los ingleses transportaron toda la población a las colonias del Nuevo Mundo y permitieron
la unión de las instituciones tradicionales europeas con las innovaciones e improvisaciones
que surgían en el nuevo medio. La sociedad colonial inglesa fue experimental en muchos
aspectos y tendió fuertemente al ejercicio de la libertad económica, política y religiosa. A
mediados de la década del 60 del siglo XVIII aproximadamente, la política de "descuido
saludable", que se había mantenido en efecto durante la primera mitad del siglo, fue
aprovechada por los colonialistas de América para su propio gobierno.
Antes de 1763, el Parlamento inglés no trató de aumentar los ingresos mediante los
impuestos en las colonias, los impuestos de los clientes se emplearon para activar el
comercio que fluía hacia la metrópoli, conforme a las ideas mercantilistas.
La Guerra de los Siete Años (1756-63) transformó todo esto. En marzo de 1765, el
Parlamento impuso un impuesto postal mediante un sello sobre los documentos de
cualquier tipo, que incluía los documentos legales, los acuerdos comerciales y las
publicaciones. Los europeos estaban familiarizados con estos impuestos, pero para los
americanos pareció abusivo e hicieron una feroz oposición.
La Ley de Quebec de 1774 definió que Canadá incluía todo el territorio del norte del río
Ohio y el oeste de las montañas Allegheny. Se prohibió el asentamiento más allá de las
montañas. Los colonos ingleses, particularmente los de Pensilvania que antes habían
comenzado a extenderse al otro lado de las montañas para establecerse en el bosque virgen,
vieron la ley como un ataque extremista a sus derechos y oportunidades. El conflicto
condujo a la lucha en 1775. Los líderes de las colonias convocaron un congreso continental
que se celebró en Filadelfia, el 4 de julio de 1776, este congreso declaró formalmente la
independencia de las colonias.
La Revolución Francesa marcó un punto de viraje en la historia europea. Los hechos que
comenzaron en 1787 y finalizaron con la caída de Napoleón Bonaparte en 1815 liberaron
las fuerzas que alteraron no sólo la estructura política y social de los estados, sino también
la de Europa. En Francia y en otras partes se hicieron muchos intentos por deshacer la obra
de la Revolución y reprimir las ideas de libertad, igualdad y nacionalismo que esta había
inspirado. Pero el antiguo régimen se había apagado, al menos en Francia, así que resultó
imposible restaurar completamente una Europa dominada por la monarquía, la aristocracia
y un orden social jerárquico. Con la llegada de la Revolución Francesa, se entró entonces a
un mundo más moderno - un mundo de conflictos de clases, ascendencia de la clase media,
aguda conciencia nacional y una democracia popular. Junto a la industrialización, la
revolución reformó las instituciones, las sociedades e incluso la mentalidad de los europeos.
Hacia la última mitad del siglo XVIII, Francia parecía haber vencido el triste ciclo de
carencias, enfermedades y una alta mortalidad que en el siglo anterior había inhibido tanto
el desarrollo demográfico como el económico. La débil tendencia inflacionaria que
caracterizó a gran parte del siglo XVIII aumentó la riqueza de los grandes terratenientes y
el excedente en la agricultura sirvió para estimular la expansión de la economía francesa en
su totalidad.
Un sistema de impuestos ineficaz e injusto producía muy pocos ingresos para mantener al
estado, inhibía el desarrollo económico y llevaba a la pobreza. En vísperas de la
Revolución, Francia enfrentó una coyuntura de crisis. Tres de estas crisis - dificultad
agrícola, caos financiero y reacción de la aristocracia- fueron particularmente agudas.
Durante la década del 80 del siglo XVIII, las demandas de la aristocracia sobre los
campesinos agravaron la miseria del campo. La resistencia de la aristocracia a la reforma de
los impuestos obstaculizó los intentos del gobierno para renovar la estructura financiera de
la nación. Estas dos facetas de la reacción de la aristocracia fueron las causas directas del
advenimiento de la Revolución Francesa.
Las dudas del rey Luis XVI y la intransigencia de la aristocracia aumentaron la amargura de
amplios sectores de la población.
Ellos quisieron terminar con los privilegios y sintieron que la monarquía no reformada no
deseaba ayudarlos en esta lucha. El ataque a los privilegios y la demanda de igualdad ante
la ley fueron las fuerzas motrices de la revolución desde el comienzo hasta el fin. El
privilegio, al parecer, sólo se podía destruir mediante el ataque a la monarquía y a la
aristocracia.
Luis perdió la oportunidad de actuar como mediador entre los estados hostiles. El 23 de
junio se presentó ante los estados generales para presentar un programa de reforma que
satisfizo sólo en parte las demandas del tercer estado para la reforma de los impuestos y no
hizo nada para eliminar los privilegios de la nobleza. Aproximadamente al mismo tiempo,
el rey comenzó a concentrar tropas alrededor de Versalles y París. Sin embargo, la reforma
parcial ni la fuerza bruta fueron suficientes para enfrentar la crisis política. La revolución se
había convertido en una batalla entre los que pedían una sociedad más equitativa y abierta
contra los que querían conservar los privilegios de la aristocracia.
La caída de la Bastilla fue un acontecimiento de escasas consecuencias por sí solo, pero sus
implicaciones fueron inmensas. El ataque fue visto como un golpe contra el despotismo
real. Demostró que la revolución no era simplemente un debate sobre una constitución. Su
mayor importancia fue colocar a la ciudad y a los líderes políticos de París a la vanguardia.
En general, la asamblea nacional logró eliminar los privilegios de las clases más altas, las
sociedades de funcionarios y las provincias. Se enfrentó entonces con la tarea de crear
nuevas estructuras políticas, legales y administrativas. La estructura ideológica para esta
tarea fue enunciada por los que prepararon la Declaración de los Derechos del Hombre,
aprobada el 27 de agosto de 1789.
Crear la constitución tomó dos años. Al cabo de este tiempo, el gobierno se había
reorganizado, la Iglesia desposeída de sus tierras y los derechos de los franceses se habían
definido con mayor claridad.
Luis XVIII aceptó, tanto el principio revolucionario de igualdad bajo la ley como el acuerdo
revolucionario de la tierra. También debió presentar una constitución a su pueblo. En toda
Europa las grandes ideas de la revolución - libertad, igualdad y nacionalismo- perduraron y,
con estas, el peligroso concepto de revolución como un medio de alcanzar los objetivos
sociales y políticos. Estas ideas fueron reconocidas parcialmente en algunos países y
prohibidas por completo en otros; pero persistieron en todas partes - encendiendo la llama
que se inflamaría una y otra vez. Por primera vez en dos siglos, Francia no sería el estado
más rico y poderoso de toda Europa.
El malestar que había prevalecido en Europa desde la Revolución Francesa no finalizó con
la derrota de Napoleón. Muchos de los problemas de Europa se derivaron de las largas y
costosas series de recientes guerras. Sin embargo, otras fueron las causas esenciales del
malestar. Políticamente, Europa continuaba bajo los efectos de la Revolución Francesa- un
liberalismo y un nacionalismo notables. Intelectualmente, los años posteriores a Napoleón
fueron testigos del florecimiento de la Era del Romanticismo, con sus protestas contra el
racionalismo de la Ilustración. Durante la primera mitad del siglo XIX, el continente
comenzó a sentir seriamente los efectos económicos y sociales de la "Revolución
Industrial", que había comenzado en Inglaterra desde el siglo XVIII.
Con frecuencia la tensión política era una manifestación del malestar económico y social
subyacente. El rápido aumento de la población europea tenía inquietantes efectos
económicos y políticos. Y el hecho de que cada vez vivían más personas en las ciudades
contribuyó mucho a que cambiara la vida diaria de gran parte de los europeos.
Después de 1815, la búsqueda de la estabilidad en Europa, con los intentos del congreso y
el sistema vienés, cuya tarea principal fue tratar de restaurar el orden prevaleciente antes de
la Revolución Francesa, estuvo marcada por una lucha entre las fuerzas del pasado y del
futuro. Durante algún tiempo, parecía como si los centros tradicionales de poder - los
monarcas, la aristocracia y la Iglesia- pudiesen recuperar una vez más todo el control. Sin
embargo, nuevas fuerzas, también poderosas, estaban listas para oponerse a esa recaída en
el pasado. Con el auge de la industrialización, no sólo hubo un desarrollo de la clase media,
sino también una clase completamente nueva, los trabajadores urbanos. Cada clase tuvo su
propia filosofía política y económica - el liberalismo y el socialismo, opuestas entre ellas.
Fue inevitable que esas dos clases e ideologías rivales estuvieran en desacuerdo. Las
rebeliones que se derivaron de ello no se terminaron hasta 1850. Durante ese tiempo, las
fuerzas del pasado no se habían derrotado aún, pero en todas partes estaban a la defensiva.
De forma general, los inicios del siglo XIX fueron una fase importante en el lento cambio
desde el orden esencialmente jerárquico y agrario hasta una sociedad cada vez más
democrática e industrial. El problema que los líderes enfrentaban en todas partes era
buscarle una expresión política a los cambios económicos y políticos derivados de la
transformación industrial de Europa. Con esto, trataban de crear estabilidad en un mundo
intensamente inestable.
El despertar del interés religioso se relacionó estrechamente con la veneración general del
romántico por el pasado.
El período desde el 400 al 1300 de nuestra era, se llamó merecidamente la "era oscura", de
la ignorancia y la superstición. Los románticos recurrieron a estos siglos, hasta entonces
menospreciados, atraídos por el clamor y la grandeza que habían sobrevivido en los
castillos medievales y las catedrales góticas. El interés del romántico por la Edad Media, a
partir del despertar del interés por el pasado, también avivó el interés general por el estudio
de la historia. La historia moderna se originó en la época del Romanticismo.
A inicios del siglo XIX, el nacionalismo fue una doctrina revolucionaria. Al estar dirigido a
la liberación de los pueblos o a su unificación en un estado común, representó una amenaza
para el orden establecido. En defensa de ese orden, una filosofía política había aparecido
durante la Revolución Francesa, el conservadurismo.
Ahora bien, si el restablecimiento del antiguo orden salvó a Europa de varias guerras
internacionales fue el responsable de las ininterrumpidas series de revueltas ocurridas por
más de una generación en el continente.
Como las revoluciones, a principios de la década del 30 del siglo XIX, fueron exitosas sólo
en el oeste de Europa, contribuyeron a ensanchar el abismo existente entre los poderes del
este y el oeste.
La tercera ola de revueltas, entre 1 848 y 1 849, duró más de un año y afectó gran parte de
Europa. El nacionalismo constituyó la preocupación principal de los revolucionarios en
Europa central. En el oeste de Europa, ni el nacionalismo ni el feudalismo continuaron con
éxito. El objetivo principal de la revolución fue la extensión del poder político más allá de
las clases medias más altas. Los revolucionarios no siempre estaban de acuerdo en cuán
lejos debía llegar esa liberalización. La clase media quería simplemente ampliar el derecho
al voto para incluir la mayor cantidad de ciudadanos, mientras que la clase trabajadora
quería una democracia política para todos y en alguna medida una democracia social y
económica también. Con las revueltas de 1848, el socialismo se convirtió por primera vez
en un tema para los diplomáticos europeos.
Además de las causas políticas, también hubo razones económicas en la ola de revueltas.
Como resultado del desarrollo económico sin precedentes de Europa desde 1815, hubo
varias crisis económicas severas, las últimas en 1846 y en 1847.
Estas afectaron particularmente a las clases más bajas. En muchos casos, las dificultades
económica antecedieron y precipitaron la acción política. Existieron otros rasgos comunes
en las revueltas de 1848: fueron esencialmente urbanas, los líderes procedían de la clase
media. Las clases urbanas más bajas, artesanos y trabajadores lucharon verdaderamente.
Pero, ¿por qué fracasaron las revueltas de 1848? Las revueltas de 1848 fracasaron en todas
partes debido a puntos débiles en el campo revolucionario, a la resistencia constante de las
fuerzas reaccionarias y a las condiciones económicas que facilitaron que las revueltas no
resistieran. Uno de los puntos débiles de los revolucionarios fue la carencia de programas
bien definidos.
Pero su debilidad principal fue la falta de un apoyo popular de gran envergadura. La clase
media, en la mayoría de los países, realmente no deseaba una revolución.
Muchas de las luchas, emprendidas por los artesanos y los trabajadores, buscaban mucho
más que la democracia limitada de los ricos. En su lugar deseaban una democracia política
completa y, en algunos casos, económica también. Para la clase media, estas demandas,
especialmente las socialistas, no sólo amenazaban su predominio político, sino también su
propia existencia.
No sólo hubo desunión entre los revolucionarios, sino que no hubo intento de coordinar las
revueltas en los diferentes países. Mientras las fuerzas de la reacción trabajaban juntas, la
colaboración entre los revolucionarios era escasa.
El único país de Europa occidental donde la mayoría de la población había esperado que la
revolución llegara primero fue Gran Bretaña. Sin embargo, las Islas Británicas demostraron
ser la principal excepción de la regla de la revolución. La Ley de Reforma de 1832 fue
merecidamente la más notable de una amplia serie de reformas. La más importante de ellas
fue el establecimiento del comercio libre. En correspondencia con la campaña por la
libertad económica, también se produjo durante los años 30 un movimiento a favor de una
libertad política mayor. A partir de estos momentos, los trabajadores giraron hacia el
sindicalismo como una forma de mejorar su estado.
DE LA AGRICULTURA A LA INDUSTRIA
La Revolución Industrial
Gran parte de la tensión política en Europa durante la primera mitad del siglo XIX se debió
al subyacente malestar económico causado por la gradual transformación de la economía
europea de agrícola a industrial. Este cambio, que comenzó aproximadamente a mediados
del siglo XVIII, no se hizo notable hasta después de 1815. A partir de entonces, adquirió
impulso, primero en Inglaterra y después en el continente, hacia finales del siglo XIX la
mayor parte del occidente de Europa se había industrializado.
Se cree que, en el contexto del industrialismo moderno, las fábricas generaron una
producción masiva de mercancías mediante las maquinarias. Hubo pocas maquinarias antes
del siglo XVIII.
No fue accidental que el industrialismo moderno tuviera sus inicios en el siglo XVIII. El
clima intelectual de la Ilustración, su interés por la ciencia y su énfasis en el progreso
fueron favorables para el desarrollo. Los inicios del industrialismo moderno se ubican en el
período después de 1760, el desarrollo del industrialismo fue más marcado en Inglaterra.
Este fue un país rico con posesiones en ultramar, su sistema parlamentario ejerció cierta
influencia en el surgimiento de la clase media industrial, tenía además, suficiente capital
excedente, un amplio suministro de materias primas básicas y mano de obra. La
industrialización inicial en Inglaterra también ayudó con cambios drásticos en la agricultura
- una "Revolución Agraria"- la cual aumentó el suministro de alimentos y proporcionó
cierta mano de obra adicional para la industria.
Antes del siglo XVIII, la mayor parte de la tierra inglesa se cultivaba bajo el sistema de
campo abierto. Las tierras de los propietarios particulares se sembraban en franjas,
separadas de las de otros terratenientes con un doble surco. Cada terrateniente también
compartía pastos y bosques comunes en su comunidad. Este arreglo fue de particular
importancia para los pequeños granjeros y labradores, quienes compartían los derechos de
los "comunes". Sin embargo, el sistema de campo abierto fue ineficiente y excesivo.
Como la población de Inglaterra aumentó, la producción agrícola, más bien para el mercado
distante que para el consumo local se hizo más rentable. La tendencia hacia el desarrollo
agropecuario a gran escala y especialmente del ganado lanar, por medio de cercas, ganó
impulso. Entre 1702 y 1797, el Parlamento aprobó 1 776 decretos de cercado que
incluyeron tres millones de acres. En todos los casos, los grandes terratenientes obtuvieron
provecho a expensas de los pequeños agricultores.
El pequeño agricultor, con tan poca tierra y privado de su parte en el sistema de los
Comunes, tuvo que convertirse en un agricultor arrendatario o trasladarse a las ciudades.
Muchos tomaron la última opción, algunos se sumaron a la mano de obra, sin la cual el
rápido desarrollo de la industria británica no hubiera tenido lugar.
Ahora bien, de todos los inventos en los primeros años del industrialismo, la máquina de
vapor fue el más importante. Hasta el advenimiento de la electricidad fue la principal fuente
de fuerza artificial. El desarrollo de la máquina de vapor se relaciona estrechamente con
dos productos básicos de la industrialización moderna - el carbón y el hierro. La primera
máquina de vapor se patentó en 1769. El uso de las máquinas de vapor aumentó además la
necesidad de carbón y hierro. Los aumentos de la producción de hierro, por otro lado,
condujeron al perfeccionamiento de las máquinas de vapor. Esta interacción de un
descubrimiento con otro fue el rasgo fundamental del desarrollo industrial.
El ferrocarril, el cual vino a cambiar todo eso, también tuvo sus comienzos en Inglaterra. El
primer ferrocarril de vapor comercial fue abierto entre Stockton y Darlington en 1825.
Hacia 1840, Inglaterra tenía unas ochocientas millas de vía y hacia 1850 tuvo más de seis
mil. En el continente, la llegada del ferrocarril fue más lenta. El impacto económico del
ferrocarril fue abrumador. Esta fue una industria totalmente nueva, que respondió a una
necesidad universal, proporcionó empleo a miles de personas, ofreció oportunidades sin
precedentes para la inversión y se introdujo a gran velocidad en todas las transacciones
comerciales.
Hubo otras importantes innovaciones e inventos a principios del siglo XIX, otra vez con
Inglaterra a la cabeza. La introducción del franqueo de un penique en 1840 ayudó, tanto a la
correspondencia privada como a los negocios. El telégrafo, un invento del norteamericano
Samuel Morse, fue el primero que utilizó extensivamente la agencia de noticias de Julius
Reuter, establecida en 1851, el mismo año en el que el primer cable submarino cruzó el
Canal Inglés. La reducción del impuesto sobre la impresión en 1836 redujo sustancialmente
el precio de los periódicos y, a mediados de siglo, la circulación de la prensa inglesa había
aumentado tres veces. La comunicación de noticias e ideas mantuvo el mismo ritmo que el
rápido transporte de alimentos y personas.
Como la industria mecanizada requería de poca experiencia, siempre hubo una abundante
mano de obra y los salarios se mantuvieron en el mínimo. El promedio de jornada laboral
oscilaba entre 11 y 16 horas. Como esto no proporcionaba lo suficiente para mantener a la
familia del trabajador, las mujeres y los niños tenían que trabajar también.
UTILITARISMO Y LIBERALISMO
La figura clave en la transformación del pensamiento liberal de la Ilustración del siglo XIX
fue Jeremy Bentham (1748-1832).
Para Bentham, la sensatez de una institución dependía de su utilidad. "Para todo el mundo,
su propio placer y su propia libertad, a partir del dolor es lo único bueno, su propio dolor y
su propia falta de libertad, el único mal. La felicidad y el bienestar del hombre consisten
exclusivamente en los sentimientos placenteros y en la libertad a partir del dolor".
Traducido en términos políticos, esto significó que el mejor gobierno era el que asegurara
el mayor placer y diera el menor sufrimiento a un número mayor de personas. El tipo de
gobierno más deseado para que produjera ese efecto, según Benthanm, era una democracia.
Un liberal era una persona que creía en la libertad - la libertad de pensamiento, la libertad
de religión, la libertad económica, la libertad para el comercio y en la liberación de las
injusticias políticas del antiguo régimen. La mayoría de esas libertades fueron solicitadas
por la Ilustración. Los filósofos deseaban que cada hombre tuviera ciertos derechos
naturales - a la vida, a la libertad y a la propiedad. La clase media pidió esos derechos antes
y durante la Revolución Francesa. Pero se presentó un nuevo momento, ahora sus clamores
no se basaron en la ley natural, como había sucedido durante el siglo XVIII, sino en razones
de utilidad, como mejor forma de conseguir la "mayor felicidad del mayor número de
personas".
Todas las figuras intelectuales, tan mencionadas en este debate sobre liberalismo, fueron
ingleses. Como Inglaterra tuvo una clase media mayor y más influyente que la de la
mayoría de los países del continente, esto no es sorprendente. Pero los escritos de estos
hombres tuvieron un profundo efecto en el liberalismo del continente también.
Debido a la actitud altruista del liberalismo, no es sorprendente que los esfuerzos para
resolver los problemas sociales mediante la acción del gobierno encontrara poco apoyo
entre la clase media. El liberal siglo XIX fue un firme partidario de la educación como
medio de mejorar el mundo.
En la primera mitad del siglo XIX, se hicieron algunos intentos verdaderos para hacer
frente a los males del industrialismo inicial mediante una reforma social. Pero cada intento
cayó en la filosofía altruista del liberalismo. El liberalismo económico, hasta cierto punto,
fue una mera racionalización de los intereses egoístas de la clase media. Sin embargo, en el
siglo XIX también hubo una gran creencia en que el mundo operaba de acuerdo a ciertas
leyes básicas que no se podían alterar y que finalmente se hacía por la mayor felicidad del
mayor número de personas. Sin embargo, esa conformidad en las cosas no pudo satisfacer a
los trabajadores. Ellos exigían que se realizara en su nombre una acción remedial, si no
estaban preparados para actuar por sí mismos.
Como el número de trabajadores aumentó, se creó una consciencia de que constituían una
clase diferente cuyos intereses chocaban con los de sus patrones y creció una conciencia de
clase, se produjo una organización, un esfuerzo por obtener un mejor tratamiento. El primer
país en el que progresaron los sindicatos fue también Gran Bretaña.
Si bien Inglaterra se destacó en definir la filosofía del liberalismo de la clase media, Francia
también se destacó en crear su contrapartida, la filosofía del socialismo de la clase
trabajadora.
El socialismo como modo de vida no fue algo nuevo. Como filosofía económica y social, es
un desarrollo reciente, estrechamente relacionado con el aumento del industrialismo. EL
término socialismo no comenzó a utilizarse hasta la década del 30.
La principal preocupación de los estadistas europeos en la primera mitad del siglo XIX fue
reconciliar las demandas tradicionales de la vieja monarquía y el orden aristocrático con las
demandas democráticas de las crecientes clases media y baja. Hacia 1850, la clase media
obtuvo algunas victorias notables en Europa occidental, pero en el este del Rhin, el antiguo
régimen no cedió. En el pasado, los defensores del viejo orden y los del nuevo se habían
dividido a lo largo de líneas ideológicas, con intentos conservadores de mantener su estado
y con esperanzas liberales de cambiarlo. Los líderes después de 1850 fueron más flexibles.
Eran realistas, ellos estaban listos para renunciar a algunos de sus principios para alcanzar
algunas de sus demandas.
Sin embargo, con el aumento del nacionalismo, el acuerdo europeo se debilitó. Incluso
antes de 1850, las potencias perdieron su acuerdo en algunos asuntos internacionales. Pero
el primer momento decisivo no ocurrió hasta después de 1850. La Guerra de Crimea (1854-
55) fue la primera de toda una serie de conflictos que, al menos, dio un fin temporal al
Acuerdo de Europa. La Guerra de Crimea fue la última fase de la lenta desintegración del
Imperio Otomano. Fue una de las operaciones más costosas de la historia, la mayoría de las
bajas fueron causadas por las enfermedades. Uno de sus efectos fue la creación de los
primeros servicios de enfermería y medicina bajo la dirección de Florence Nightingale; de
ella surgió posteriormente la Cruz Roja Internacional. Hacia 1871, el Sistema Vienés
colapsó y emergió un nuevo equilibrio de poder en el continente.
INGLATERRA
Los veinte años posteriores a 1850 fueron los más prósperos de la historia de Inglaterra.
Mientras que en otras partes las guerras retrasaban el desarrollo económico, la industria y el
comercio de Inglaterra experimentaron un auge sin precedentes.
Tanto los conservadores como los liberales estrecharon las filas de sus organizaciones y se
hicieron parte del sentido moderno. Cuando las elecciones de 1868 declararon una mayoría
liberal, Gladstone formó su primer "gran ministerio". Los años después de 1867 fueron
testigos de la promulgación de varias medidas esperadas por mucho tiempo. Entre las más
notables, estaba la Ley de Educación de 1870, que, al fin, alivió una situación en la que casi
la mitad de los niños británicos no recibían educación.
RUSIA
La segunda gran potencia de Europa, la Rusia zarista, se condujo con su peculiar y propia
línea a lo largo de la mayor parte del siglo XIX. La occidentalización, comenzada durante
el siglo XVIII continuó, aunque lentamente. Debido a su gran dimensión y a la
multiplicidad de sus atrasados pueblos, Rusia enfrentó numerosos problemas, más que
ninguna otra potencia. Para mantener el control político ante cada obstáculo se hizo
necesario un régimen con una autocracia estricta.
Los obstáculos que el gobierno zarista presentó en el camino de la educación y la
restricción que impuso a las ideas occidentales ayudó a mantener el grupo de la
"intelectualidad" rusa ,es decir, unos pocos cuyos intereses intelectuales los apartaba de la
mayoría del pueblo. Aún, a mediados del siglo XIX este grupo era suficientemente
numeroso como para ejercer una influencia. Hubo dos facciones claramente definidas entre
los intelectuales rusos - los "occidentales" y los "eslavófilos". Los occidentales veían a su
país como una parte esencial de la civilización occidental, con atraso, pero capaz de
ponerse al día eventualmente. Los eslavófilos, por otro lado, sostenían que la diferencia
entre Rusia y Occidente no era de grado, sino de tipo.
Durante las dos décadas después de 1850, la política exterior en la mayor parte de Europa
eclipsó la política interna. En Inglaterra, se instauró un gobierno democrático. Algunas
reformas importantes ayudaron a debilitar las tensiones.
Las últimas décadas del siglo XIX fueron años extraños en Europa. A pesar de una
prosperidad económica interna, paz en el exterior y rápidos avances en todas las esferas de
la investigación científica, acontecieron varios períodos de depresión y muchos europeos
continuaron en la pobreza. La paz en el continente se compró a costa de la subyugación
colonial de los pueblos de ultramar y la eliminación nacional de las minorías internas. La
supremacía de la ciencia, con su énfasis en los valores materiales, caracterizó a esta etapa.
Durante la mitad del siglo, antes de la primera guerra mundial, prevaleció un aire de
optimismo y aprehensión, por consiguiente de esperanza y pesimismo.
Hacia 1914, la mayoría de los países en Europa disponía del sufragio universal para los
hombres y varios gobiernos parlamentarios, aunque con grados de efectividad diferentes.
Asimismo, creció la educación primaria. En ella, las mujeres adquirieron una considerable
influencia. El éxito de la democracia no dependió del pequeño alcance de un electorado
informado. En Inglaterra, la Ley sobre la Educación de 1870 hizo que la instrucción fuera
gratis y obligatoria.
A finales del siglo XIX, la "segunda revolución industrial" había producido avances de gran
significación. Esta presentó algunas características específicas. Las nuevas fuentes de poder
-la electricidad y el petróleo- competían con el vapor y el carbón para mover una
maquinaria más complicada. La producción mejorada de acero hizo que las mercancías
básicas estuvieran disponibles en grandes cantidades y a muy bajo precio. Los productos
sintéticos, principalmente tintes producidos a partir del alquitrán de hulla, se convirtieron
en las bases de la nueva industria química. Los nuevos medios de comunicación y de
transporte ayudaron a acelerar las transacciones comerciales. Los nuevos métodos de
promoción fomentaron las ventas. Un gran aumento del aporte del capital líquido favoreció
el desarrollo económico. Todas estas innovaciones ayudaron a acrecentar la producción
industrial más allá de lo imaginable. Entre 1870 y 1914, la producción total del mundo
occidental, incluida la de los Estados Unidos, se triplicó.
Sin embargo, la mecanización y la producción masiva también tenían sus lados negativos.
Algunos críticos comenzaron a preocuparse porque la influencia de las máquinas sobre el
hombre pudiera convertirlo en algún momento más bien en el esclavo que en el dueño de
sus inventos. La producción masiva tendió a la producción en serie y a la degradación del
gusto del público; ésta también condujo a una sobreproducción. Para estimular las ventas,
la publicidad hizo comprar a la gente productos que realmente no necesitaban o querían. A
lo sumo, la industrialización presentaba ventajas mezcladas con efectos negativos.
Grandes negocios sustituyeron las pequeñas fábricas que prevalecían al principio. Como
estas empresas eran cada vez menos numerosas, se ampliaban y se hacían más
competitivas, los productores formaron asociaciones para controlar la producción, la
distribución y los precios. Los Estados Unidos fue la única de las potencias que prohibió
los trusts.
La mayor parte de esta decadencia en el liderazgo de Inglaterra fue inevitable, por cuanto
las naciones que fueron alguna vez clientes de Gran Bretaña comenzaron a satisfacer su
propia cuota de necesidades y demandas en el mercado mundial, pero también hubo otras
causas. La educación científico-técnica estaba atrasada con respecto a la de otras naciones,
principalmente en Alemania. Inglaterra fue lenta al modernizar sus plantas industriales y
sus métodos de producción, no logró comprender la importancia del arte de vender.
Además, mientras los obstáculos arancelarios aumentaron cada vez más por todas partes,
Inglaterra se aferró a su política de libre comercio, a pesar de los esfuerzos, principalmente
de Joseph Chamberlain (1 836-1 914) en el transcurso del siglo, por imponer un política
proteccionista mediante el establecimiento de cuotas de contribución sobre las mercancías
extranjeras.
Aunque su liderazgo económico declinó, Gran Bretaña era la nación más próspera del
mundo. El trabajador inglés gozaba de las mejores condiciones entre los trabajadores de la
mayoría de los países del continente.
El seguro social se inició, primero contra accidentes (1880), luego contra las enfermedades
y el desempleo (1 911). Para financiar estas costosas medidas, el gobierno liberal de Lloyd
George introdujo un "Presupuesto del Pueblo" en 1909, que cambió el gravamen del
impuesto principal para el rico. Como resultado de una política ilustrada en el interior y una
fuerte posición en el extranjero, en 1914, Inglaterra tenía una población feliz y una posición
segura.
Por otra parte, el efecto inmediato de la unificación de Alemania en 1871 fue un auge
económico de corta duración, que se detuvo repentinamente en la depresión mundial de
1873. Sólo durante las últimas dos décadas del siglo, Alemania comenzó a mostrar su gran
poderío económico. La mayoría de los éxitos económicos de Alemania se pueden atribuir a
la política proteccionista que inició Bismarck en 1879. Alemania no fue la primera nación
en abandonar el libre comercio, pero la gestión de Alemania anunció el inicio de un período
de rivalidad arancelaria entre las principales potencias.
Los trabajadores no fueron la única clase que estaba descontenta. Las masas campesinas no
tenían tierras; la oposición entre las minorías nacionales contra la política oficial de la
Rusificación fue en aumento, el creciente descontento entre los miembros de la clase media
favorecieron el gobierno constitucional. Las tensiones estallaron finalmente en enero de 1
905.
Entre 1870 y 1914, las principales potencias mostraron un interés y una creencia absoluta
en la ciencia. El interés en la ciencia no fue nada nuevo, pero en la segunda mitad del siglo
XIX se desarrolló un verdadero "culto a la ciencia". La investigación científica, en el
pasado, campo de pocos científicos y de los señores eruditos, se convirtió en interés de un
amplio número de personas, en especial cuando la aplicación de la ciencia a la industria
ofreció menos incentivos para la invención. Las ciencias "aplicadas" tuvieron prioridad
sobre la ciencia pura en la mentalidad de la mayoría de la gente.
LA REVOLUCIÓN DARWINIANA
El énfasis que Darwin dio al medio para el mejoramiento del hombre también dio
esperanzas a los socialistas en sus demandas por las reformas sociales y económicas. Para
la mayoría del pueblo, la lucha por la existencia adquirió la validez de una ley natural, una
ley, además, que no sólo se aplicó a las relaciones entre los individuos, sino también a las
relaciones entre los grupos.
El primero en aplicar el darwinismo a los grupos y a los estados fue uno de los admiradores
de Darwin, el filósofo inglés, Herbert Spencer (1820-1903). La manifestación denomina
"darwinismo social" fue apareció en el libro titulado Remedios y política (1872) escrito por
el especialista en política Walter Bagehot (1826-77). Según Bagehot, en la lucha por la
existencia entre los grupos "la mayoría de los grupos que ganan y conquistan son mejores
que la mayoría de los que desfallecen y perecen". En otras palabras, tanto entre las naciones
como entre los individuos, son los más fuertes los que mejor sobreviven.
Para una generación que había experimentado recientemente varias guerras importantes y
se había involucrado activamente en numerosas expediciones contra los pueblos de las
colonias de ultramar, el darwinismo social, con su glorificación de la guerra, apareció como
una grata racionalización.
Si ser victorioso significaba ser mejor, ¿qué era más natural que ver el triunfo de una
nación o un pueblo sobre otro como símbolo de su inherente superioridad?
Ahora bien, el impacto más violento del darwinismo se sintió en el campo religioso. Formó
parte de un largo conflicto, la lucha de la ciencia con la teología. El despertar del interés
religioso durante la época del Romanticismo pronto se hundió en una notable decadencia.
Como el estado tomó posesión, tanto de las funciones dirigidas al bienestar como a la
educación social y los beneficios materiales de la industrialización se extendieron entre las
clases bajas, la necesidad de las iglesias disminuyó.
La razón más importante de la decadencia del interés religioso fue el efecto de la ciencia
moderna en el cristianismo. Muchos descubrimientos científicos contradijeron las creencias
cristianas y la investigación científica, cuando se aplicó al mismo cristianismo, produjo
algunos resultados preocupantes. Los eruditos que estudiaban los orígenes de la Biblia, por
ejemplo, descubrieron que la mayoría de sus libros fueron escritos antes de que ocurrieran
los hechos y que pocos escritos bíblicos eran como se habían escrito originalmente.
Los hallazgos de Darwin tuvieron un efecto aún más drástico en la fe. No sólo él y Lyell
desafiaron la opinión bíblica de la creación, sino que al darle participación a los humanos
en la evolución general, Darwin también los excluyó de la posición única que hasta ahora
habían ocupado. Algunos católicos, que habían comenzado a reconciliar las contradicciones
entre la ciencia y la teología, consideraron este "modernismo" una herejía.
A pesar de la confusión que se produjo no sólo entre los cristianos, sino también entre los
judíos, el conflicto entre la ciencia y la teología no interfirió seriamente en el progreso de la
ciencia. En 1914, el mundo se consideraba aún como un mecanismo complicado, cuyos
secretos cederían gradualmente a la investigación científica. Sólo un puñado de científicos
percibió que los nuevos avances -el descubrimiento de los rayos X (1895), el aislamiento
del radio (1898) y el más importante, la formulación de la teoría de la relatividad (1905)-
habían descubierto un número infinito de nuevos misterios y habían conducido al mundo al
umbral de otra revolución científica.
El culto a la ciencia, que dominó el clima intelectual a finales del siglo XIX, también tuvo
sus adeptos en el arte y la literatura.
Considerar los inicios del siglo XIX, la época del Romanticismo y los finales del siglo, la
época del Realismo es una gran simplificación. Hubo diferencias obvias entre los dos
períodos. El artista romántico prefería el mundo ideal de su imaginación al mundo real en el
que vivía. Estableció su concepto de la belleza natural contra la fealdad del industrialismo
inicial. Escapaba de un presente desagradable a un pasado más agradable. Antes de
mediados del siglo XIX, sin embargo, algunos artistas se habían interesado en el mundo
como era, no como ellos sentían que debía ser. El cambio del Romanticismo al Realismo
fue más evidente en la literatura, fue menos notable en la pintura y no hubo ningún signo en
la música.
La novela se convirtió en el medio literario favorito. La mayoría de las grandes novelas del
siglo XIX cayeron en la categoría de novela social. Estos autores, no sólo describieron la
sociedad en que vivieron, sino que hicieron énfasis en los problemas de esta sociedad. La
literatura se convirtió cada vez más en una forma de crítica social.
A finales del siglo XIX, el cambio hacia el realismo alcanzó su clímax con un movimiento
literario llamado naturalismo. El naturalismo representaba el esfuerzo consciente de
algunos escritores de aplicar los principios científicos en el arte. Los escritores naturalistas
no se interesaron mucho en la belleza como en la verdad.
Si los intereses culturales del hombre expresaron un deseo inconsciente de escapar de las
realidades del presente, una tendencia similar se pudo observar entre los pocos escritores
altamente sensibles. Estos deploraron la preocupación de su generación por los valores
materiales y lejos de alabar la era industrial hablaron claramente en contra de sus groserías.
Para estos poetas neorrománticos o simbolistas, el arte no era para todos, sino solamente
para unos pocos seleccionados a los que se hablaba con símbolos, sin utilizar las palabras
por su significado, sino por las imágenes y analogías que transmitían, frecuentemente
mediante un sólo sonido. El simbolismo es significativo como un indicio de que algunas
personas, antes de 1914, no encontraban todo perfecto en una sociedad que glorificaba el
materialismo y aceptaba la lucha por la riqueza como signo de progreso.
La mayoría de los historiadores concuerdan en que, si bien algunas de las causas inmediatas
que condujeron a la guerra en 1914 pudieron haberse eliminado, las causas reales
presentaban profundas raíces. Para entender cuán profundo, se deben recordar los efectos a
largo plazo de la unificación de Italia y Alemania en el equilibrio de poder en Europa.
Ambas regiones, que en otros tiempos fueron simples peones en los asuntos
internacionales, emergieron repentinamente como grandes potencias. De ese modo, la
organización política y territorial del continente perdió mucho de su anterior flexibilidad.
La única región de Europa donde aún fueron posibles cambios esenciales fue la península
balcánica. Austria- Hungría, excluida ahora de los asuntos de Alemania e Italia, solicitó los
Balcanes como su esfera natural de influencia. Como Rusia, y con menos fuerza, Italia hizo
la misma demanda, los Balcanes se convirtieron en el teatro de recurrentes crisis
internacionales.
Otra fuente de tensión internacional fue la creciente rivalidad colonial entre las potencias.
Con limitadas oportunidades para la expansión territorial en el continente y con demandas
económicas de expansión para obtención de mercados y materias primas, los conflictos por
las colonias introdujeron un elemento de constante fricción en los asuntos internacionales.
Una de las tendencias más importantes, por esta época, fue la creciente aparición de Europa
en el panorama internacional.
Esto había comenzado desde mucho antes, por supuesto, pero no es hasta finales del siglo
XIX que la ocurrencia de una serie de eventos enlazó la historia de Europa con el resto del
mundo.
En una época de ardiente nacionalismo, se consideraba como una cuestión de honor para
cualquier gran potencia enarbolar su bandera por la mayor área de Europa posible. Además,
al mismo tiempo, cuando un inusitado desarrollo industrial creó una necesidad urgente de
materias primas, mercados y salidas para el capital y la población excedentes, las colonias y
las concesiones externas parecían proporcionar una verdadera solución a los problemas
económicos. Finalmente, una civilización que se consideraba superior a todas las demás
podía convencerse fácilmente de que sus miembros tenían una misión civilizadora.
Inglaterra lidereó el nuevo imperialismo de la misma forma que lo hizo en el viejo. Después
de un período de descenso del interés en la expansión a ultramar, Gran Bretaña reanudó su
carrera imperialista después de 1870. Hacia 1914, controlaba un quinto de la tierra del
mundo y un cuarto de su población.
Para los pueblos de Asia y Africa, el siglo XIX fue un período de desafíos y tribulaciones
sin precedentes cuando Europa, transformada, por la revuelta económica y política,
extendió su influencia a través del mundo y las naciones europeas construyeron vastos
imperios montados a horcajadas sobre el mundo.
Desde la época del descubrimiento hasta el siglo XIX, el liderazgo mundial de Europa fue
virtualmente indiscutible. Los Estados Unidos habían fueron la primera posesión europea
de ultramar en obtener la independencia, pronto tuvieron lugar movimientos similares en
otras regiones de América donde los europeos se habían establecido. A pesar del poder de
Europa durante el siglo XIX, hubo algunas señales de que los días de la supremacía europea
llegaban a su fin.
A principios del siglo XIX, los Estados Unidos eran una potencia de segunda clase,
desempeñaban sólo una función menor en los asuntos internacionales. Un siglo después, se
habían convertido en el árbitro decisivo en la guerra más grande que Europa y el mundo
jamás habían visto. La comprensión del recién llegado a los asuntos mundiales fue un
proceso lento y gradual. A lo largo de la mayor parte del siglo XIX, América se mantuvo
políticamente aislada, tanto que "aislamiento" se convirtió en un término que se aplicaba
comúnmente en la política exterior norteamericana.
En 1 823, con la Doctrina Monroe, América exhortó a Europa a que desistiera de cualquier
colonización futura en el hemisferio occidental. A pesar del aislamiento político en el que
los Estados Unidos concibió su destino, las relaciones culturales entre la nueva república y
el viejo continente se mantuvieron fuertes, aunque América fue ante todo un receptor en
lugar de un contribuidor en su cambio cultural. América había participó de la moda europea
del Romanticismo. Hacia mediados del siglo XIX, los escritores norteamericanos atrajeron
la atención del extranjero hacia la literatura norteamericana.
En el sentido económico, como la mayoría de los países europeos, los Estados Unidos, en
la primera mitad del siglo XIX, era un país primordialmente agrario. La abundancia de
tierra atrajo a europeos hambrientos de ellas. Pero el aumento de la población requirió de
soluciones económicas adicionales, que fueron proporcionadas por la industria. A mediados
del siglo XIX, los estados del este habían desarrollado la industria. Al mismo tiempo, la
expansión de los territorios del oeste proporcionó un mercado en constante expansión. La
industrialización a gran escala no ocurrió hasta después de la Guerra Civil (1 861-1 865).
Sin embargo, antes de 1 860, muchos de los efectos sociales de la industrialización,
observados en Europa, se hacían sentir. Durante la primera mitad del siglo XIX, los
sindicatos norteamericanos comenzaron a organizarse, pero un movimiento sindical en el
sentido moderno, en Norteamérica como en Europa, no se desarrolló hasta mucho después.
Ahora bien, la democracia en los Estados Unidos tardó en llegar a todas las capas de la
sociedad; no fue hasta después de los años 20 que se adoptó el sufragio del hombre en la
mayoría de los estados. La democratización de la política continuó con la adopción de la
protección o del "sistema de premiar servicios al partido con empleos públicos" y con la
práctica de obtener candidatos presidenciales nominados por convenciones nacionales y no
entre un puñado de líderes de partidos.
LA EXPANSIÓN HACIA OCCIDENTE
En su desarrollo interno, los Estados Unidos encararon muchos de los mismos problemas
sociales y económicos que confrontaron las naciones de Europa. Pero Norteamérica,
independiente por sus tradiciones, con un continente rico y virtualmente vacío, actuó de
diferente manera.
La creencia del norteamericano en que el país debía expandirse a través del continente hasta
el Pacífico ayudó a aumentar su territorio a más del cuádruplo a lo largo de un siglo. Si bien
la asimilación e integración de esas nuevas tierras se convirtió en el primer problema
político de Norteamérica y su cumplimiento final contribuyó a las causas de una sangrienta
guerra civil, la abundancia de tierras fértiles ayudó a suavizar las presiones económicas y
sociales que podían haber tenido igualmente violentas repercusiones.
El expansionismo de los años 40 también agravó el largo conflicto regional que sostenían
las fuerzas a favor y en contra de la esclavitud. La naturaleza democrática de la sociedad
norteamericana no se aplicó al amplio número de esclavos negros del sur o incluso a los
negros libres del norte. Mientras en casi todas partes del mundo la esclavitud se había
abolido, se obtenía un nuevo arriendo de por vida en el sur de los Estados Unidos. En una
nación, con una creencia en la igualdad, aparecía ahora una aristocracia formada por los
dueños de ricas plantaciones, cuya creencia en su propia superioridad y la inferioridad de
raza negra, no era diferente a las ideologías racistas existentes en Europa, se esparcieron
más durante los finales del siglo XIX. El interés principal de los políticos sureños fue evitar
una legislación antiesclavista.
A la vez que los Estados Unidos trataban de remediar los daños de la guerra durante las
últimas décadas del siglo XIX, intentaron llenar sus restantes "espacios abiertos" y
desarrollar sus grandes potencialidades industriales.
Ahora bien, como sucede con frecuencia en las economías de rápida expansión,
Norteamérica sufrió una serie de crisis económicas, de las cuales las crisis de 1873 y 1893
fueron las más significativas.
El gobierno federal también tuvo que intervenir en otras oportunidades con el fin de
contener los excesos de la ilimitada competencia. Contrario a las prácticas europeas, en las
que los gobiernos tenían una participación activa en la construcción y la operación de líneas
férreas, las líneas norteamericanas se construyeron bajo la iniciativa privada, fomentada por
las profusas concesiones de tierras públicas. Para ganar el máximo de provecho, los
ferrocarriles norteamericanos cargaron exorbitantes cantidades mercancías, no hubo
transportador que pudiera competir en estas condiciones.
Los trabajadores norteamericanos se percataron, cada vez más, que podían mejorar su nivel
con la combinación de pequeños sindicatos locales y una organización nacional más
poderosa. El primer gremio en ejercer una real influencia, los Caballeros del Trabajo (The
Knight of Labor), se fundó en 1869.
CULTURA NORTEAMERICANA
En materia cultural, Estados Unidos, durante la segunda mitad del siglo XIX, fue partícipe
de las principales tendencias de Europa. Los pintores norteamericanos estudiaban aún en
París; los eruditos se entrenaban en universidades extranjeras y las orquestas sinfónicas
norteamericanas y las compañías operísticas dependían completamente del talento europeo.
Una cultura norteamericana nativa que contaba con frescura y originalidad, aunque carecía
de refinamiento, hacía valer sus méritos.
Estos escritores tuvieron una considerable influencia en Europa, donde la preocupación por
los efectos del desenfrenado liberalismo económico, había perturbado mucho a los
socialistas y a los críticos sociales.
En la esfera de las ideas, tanto políticas como económicas, Norteamérica, a finales del siglo
XIX, comenzó a ejercer su influencia más allá de sus fronteras. En todos sus designios y
propósitos, los Estados Unidos se había convertido en una gran potencia con intereses y
condiciones similares a las tradicionales potencias de Europa.
A finales del siglo XIX, Estados Unidos compartió la mayoría de las principales tendencias
de Europa. Esto se hizo más evidente en política exterior. La preocupación durante los años
90 en anexar Hawai y construir un canal a través de Centroamérica fue paralelo al
expansionismo europeo durante este período.
Finalmente, si se consideran los estadios ampliamente diferentes del desarrollo entre las
naciones del hemisferio oeste, norte y sur, es difícil encontrar un denominador común entre
estos. El desarrollo de la democracia fue más exitoso en Norteamérica que en
Latinoamérica. La industrialización fue más rápida en los Estados Unidos y Canadá que en
Centroamérica y Sudamérica. El desarrollo económico, por su parte, contó con la
preponderancia de las potencias anglosajonas. El abismo entre el rico y el pobre realmente
era más pronunciado en Sudamérica que en Norteamérica; con el acelerado crecimiento de
la población, se hizo más difícil de eliminar. Finalmente, el siglo XIX vio una gradual
recesión de la influencia europea en las Américas y una creciente ascensión del
norteamericano, del liderazgo de los Estados Unidos. El hecho de que ese liderazgo
también impone responsabilidades, Estados Unidos lo tuvo que aprender.
LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE
Para entender el repentino colapso del régimen zarista en 1917, debemos retornar a 1861 y
a la emancipación de los siervos por Alejandro II. El campesino liberado en aquel tiempo
proporcionó mano de obra para la tardía industrialización de Rusia. El proletariado que
resultó, desarraigado y sujeto a la opresión de una industrialización tan rápida, se
constituyó en la fuerza motriz de la revolución. En 1914, los trabajadores industriales eran
menos del 20 % de la población total, pero se concentraban en las grandes ciudades. Aquí
fue donde se inició la revolución, pero tuvo una verdadera repercusión en el campo, donde
los campesinos llevaban una existencia marginal.
El derrocamiento del régimen zarista fue el clímax de una ola gradualmente ascendente de
protestas populares. En 1917, más de un millón de soldados habían desertado; en las
ciudades, los déficits de alimentos provocaban huelgas y desórdenes y en el campo los
campesinos sin tierras comenzaban a medir las tierras de sus nobles señores.
En el pasado, el gobierno siempre fue capaz de utilizar al ejército contra estos disturbios.
Pero las tropas ahora confraternizaban con los sublevados. De la capital, la insurrección se
extendió a las provincias. La Duma estableció un gobierno provisional bajo un aristócrata
liberal. El nuevo gobierno provisional se enfrentó a problemas para los cuales no estaba
preparado. Para hacer frente al descontento de las masas, se introdujeron algunas reformas,
pero éstas no fueron suficientemente lejos.
Lenin, Stalin y otros líderes exiliados regresaron del extranjero o de la Siberia después de la
Revolución de Febrero. En septiembre, los delegados comunistas controlaron los soviets en
Petrogrado, Moscú y otras muchas ciudades y el 6 de noviembre ocuparon puntos
estratégicos en Petrogrado. El 7 de noviembre se convocó un congreso de todos los soviets
rusos.
La guerra duró mucho más de lo que se hubiera pensado que una guerra moderna pudiera y
trajo los cambios más arrolladores que nadie hubiera creído posible. Los imperios
tradicionales colapsaron y nuevas naciones se levantaron del naufragio. El Nuevo Mundo,
hasta ahora de poca importancia para los asuntos europeos, emergió de pronto como
decisivo en la victoria europea. Europa, que en el pasado había resuelto sus propios
asuntos, aparentemente fue incapaz de hacerlo.
La Gran Guerra formó parte de una fase transitoria en la historia moderna. No hubo un final
claro para la guerra - realmente no hubo establecimiento de la paz en 1919 y 1920. Los
problemas que los estadistas combatían a brazo partido en París continuaron por aquel
entonces atormentando a Europa y al mundo. Se sucedieron nuevas crisis, que continuaron
con la Gran Depresión de 1929 y terminaron en otra guerra mundial, para así completar la
transición del siglo XIX al XX.
La guerra que se pensó pudiera acabarse en cuatro meses había durado más de cuatro años.
En su cima, había involucrado unas treinta y cuatro naciones. Habían muerto cerca de 10
millones de soldados, herido el doble de ese número y causado cerca de un millón de bajas
civiles. El costo total se había estimado alrededor de $350 billones. Trajo la revolución a
Europa central y del este, arrasó con los últimos remanentes de la monarquía autocrática.
Alemania había soñado con la hegemonía de Europa y tal vez del mundo.
Los Aliados crearon la Liga de las Naciones. Esto fue algo completamente nuevo, un
parlamento de naciones en el cual los problemas internacionales se podían discutir y
resolver. Cuando la liga se inauguró en Ginebra en 1921, varias de las grandes potencias
faltaron; Alemania no fue admitida hasta 1926, Rusia se hizo miembro en 1934 y los
Estados Unidos nunca se integró.
Sin embargo, durante varios años después de la Conferencia de Paz, Europa sufrió tantas
crisis internacionales que el pueblo se preguntaba si la guerra había terminado realmente.
Una gran parte de la responsabilidad por las dificultades económicas de Europa recayó
sobre los reconciliadores de 1919. En sus esfuerzos por resolver los problemas políticos del
continente, con frecuencia, ignoraron los efectos económicos de sus decisiones. La parte
más compleja del tratado fueron las indemnizaciones.
Con el fin de pagar las sumas que exigidas, las naciones derrotadas necesitaban de un
capital excedente. Ellas podían obtener esto sólo mediante el aumento de las exportaciones.
Pero estas exportaciones competían con los productos de las naciones que esperaban
obtener provecho de las indemnizaciones. Además, la transferencia de grandes cantidades
de capital tenía efectos variables en las economías de deudores y acreedores por igual. Fue
fácil, en otras palabras, solicitar grandes indemnizaciones, pero fue difícil establecer
métodos para pagarlas. El problema de las indemnizaciones se complicó además con el
endeudamiento mutuo de los vencedores. La principal fuente de indemnizaciones fue
Alemania.
Como la Gran Depresión se extendió de los Estados Unidos a Europa, Alemania suspendió
sus pagos por completo. En una conferencia final en Lausana en 1932, Alemania fue
exonerada de cualquier obligación futura. El establecimiento de las indemnizaciones fue
claramente un fracaso.
EL PACTO DE LOCARNO
Los resultados económicos de la guerra fueron incluso más serios que sus consecuencias
políticas. Las pérdidas territoriales causaron un shock económico importante entre las
potencias derrotadas. El conflicto que se sumó, surgió, al parecer, de las ilimitadas
demandas de indemnizaciones. Pero los vencedores también hallaron que la marcha no era
nada fácil. Las regiones industrializadas de Francia y Bélgica fueron devastadas. En Europa
oriental, la falta de semillas, fertilizantes e implementos agrícolas produjo una marcada
decadencia de la producción agrícola. Todas las potencias, particularmente Inglaterra,
habían perdido importantes mercados externos. Asimismo, un retorno general a las tarifas
proteccionistas atrasó en todas partes la recuperación.
A pesar de sus advertencias sobre los aranceles, la Conferencia Económica Mundial fue
optimista. Francia había reconstruido sus devastadas regiones, había modernizado su
industria y estabilizado su moneda. Alemania se había recuperado del shock de la inflación
y había mejorado tanto su producción que nuevamente era el líder industrial de Europa. La
recuperación de Inglaterra fue más lenta por su adhesión al patrón oro, a métodos
productivos anticuados y al alto nivel de vida de los trabajadores. En Italia, el gobierno
fascista de Benito Mussolini aumentó exitosamente la producción alimentaria. En Rusia,
una nueva política produjo una gradual mejora económica.
Sin embargo, esta aparente recuperación económica también tenía sus puntos débiles. Se
limitó principalmente a la industria.
La agricultura continuó padeciendo de la superproducción y la competencia externa. La
decadencia del poder adquisitivo rural surtió efecto en la industria. Algunos productores,
atraídos por los préstamos norteamericanos y los sus métodos masivos de producción, se
extendieron más allá sus mercados. Cuando, después de la quiebra norteamericana en
octubre de 1929, los préstamos norteamericanos se suspendieron y los viejos préstamos se
anularon, la economía europea, privada de su inyección financiera, colapsó.
No hay que esforzarse para entender los desagradables acontecimientos de los años 30 y 40,
la Gran Depresión parecía inevitablemente larga.
ASIA Y ÁFRICA
Europa emergió de la primera guerra mundial con menos poder y prestigio, aún los
responsables de las políticas imperiales veían sus propios imperios, al menos, como
semipermanentes. La guerra y sus consecuencias estimularon los movimientos de
afirmación nacional por toda Asia y África, pero lo que representaba la ola del futuro no se
hizo completamente visible hasta que la segunda guerra mundial aceleró la erosión del
imperio. Además, los territorios incluidos en los imperios cuyas fronteras se ampliaron con
regiones antiguamente bajo las normas otomanas, se transfirieron al derecho inglés y
francés después de la primera guerra mundial. Mientras tanto, durante la década de los años
30, la expansión japonesa e italiana de sus imperios en ultramar contribuyeron a la
inestabilidad internacional. China entre 1916 y 1949 se empeñó en una batalla por crear un
nuevo orden.
De forma general, en el período transcurrido entre las dos guerras mundiales, afectó con
mucha más profundidad al sureste asiático, aun con las notables diferencias existentes entre
las experiencias de sus diversos países, diferencias que no sólo iban en contra de sus
diversas herencias, y de las diferencias de tratamiento de sus gobernantes coloniales.
En el campo, se abrió un amplio abismo entre el campesinado tradicional, que vivía al igual
que sus antepasados, y un pequeño pero influyente grupo de personas con pensamiento
moderno, educadas al estilo occidental y que residían en ciudades importantes.
Las ideas modernas, al igual que la economía, afectaron algunas áreas con más intensidad
después de la primera guerra mundial. El pueblo sentía una creciente necesidad de hacer
valer sus derechos contra las potencias imperialistas. Las colonias se esforzaron por la
independencia mientras Thailandia trató de obtener la igualdad internacional.
Antes de 1914, las naciones de Europa, a pesar de sus diferencias, aún tenían mucho en
común. Sin embargo, hacia 1919, el continente estaba dividido en vencedores y vencidos.
Para ese entonces también, decayó el papel central del continente en las relaciones
internacionales. Como los Estados Unidos, emergieron gradualmente del aislamiento, y las
regiones dominadas hasta entonces por Europa, comenzaron a exigir sus derechos, el largo
predominio europeo duró poco. La política internacional eclipsó gradualmente la política
europea.
La guerra dejó tantos problemas sin resolver que incluso para los gobiernos tradicionales
como Francia e Inglaterra fue difícil ajustarse a las nuevas circunstancias.
EL RETORNO A LA "NORMALIDAD"
Entre las potencias occidentales, Gran Bretaña tuvo durante mucho tiempo un desarrollo
interno más estable. A comienzos de 1920, sin embargo, Inglaterra entró en una extensa
crisis económica. Su efecto fue el cambio de poder de los liberales, primero a los
conservadores y luego a los laboristas.
En 1929, los laboristas finalmente ganaron su primera gran victoria, pero la solución de las
dificultades económicas de Inglaterra tuvo que esperar hasta después de la Gran Depresión.
A pesar de su inestable economía, Gran Bretaña no tuvo serios problemas internos.
Con Harding, elegido en 1920, Norteamérica entró en una era de prosperidad febril, debido
a lo cual, los años 20 son los que mejor se recuerdan.
Por otra parte, apareció un furor por seguir a Norteamérica en los negocios y el placer
durante la "Era del Jazz". Como es común en períodos de prosperidad, Norteamérica tuvo
su parte en escándalos privados y públicos. Los mismos norteamericanos parecían muy
satisfechos con la prosperidad aparentemente infinita de su país.
Sin embargo, algunos hechos anunciaban la tormenta. Antes de 1929, el crecimiento de
algunas áreas básicas se había retrasado. Los precios ventajosos cayeron. Estos signos de la
recesión se oscurecieron ante la continua prosperidad en el mercado de valores. Aquí los
especuladores establecieron precios desproporcionados con respecto a los valores reales. A
mediados de septiembre de 1929, los precios de los valores tuvieron cierto descenso. Los
fracasos de las compañías especuladoras en Londres, un mes después, causaron algunos
estremecimientos en Wall Street, pero aún no el pánico. El colapso del mercado de valores
surgió repentinamente el 23 de octubre. Al día siguiente, el "Black Thursday" (el Jueves
Negro), los inversionistas norteamericanos vendieron cerca de veinte millones de acciones
con una pérdida total de 40 billones de dólares. La Gran Depresión había llegado.
LA GRAN DEPRESIÓN
Sin embargo, esto no sucedió hasta la primavera de 1931. Mientras tanto, la situación en
Europa Central se tornó suficientemente seria como para exigir soluciones radicales.
En mayo de 1931, la banca más grande de Austria colapsó a inicios de la fase europea de la
Gran Depresión. En julio, los alemanes suspendieron los pagos; en septiembre, el gobierno
británico abandonó el patrón oro. Como otras naciones siguieron el ejemplo de Inglaterra,
la única potencia principal de Europa en persistir en el patrón oro fue Francia, donde la
depresión no se hizo sentir hasta 1932.
Como las naciones deudoras comenzaron a incumplir, en 1931, se inició una moratoria de
un año de todas las indemnizaciones. En 1933, la Conferencia Económica Internacional en
Londres, que intentó estabilizar, las monedas fracasó, cuando Norteamérica rechazó
adoptar sus propuestas.
Los esfuerzos internacionales por salvar al mundo de la quiebra económica hasta este
momento fueron muy pobres o muy tardíos. Entretanto, los gobiernos volvieron a las
mismas prácticas que los habían inducido a la depresión por primera vez.
Como Norteamérica aumentó sus aranceles a niveles sin precedentes, el resto de las
potencias la imitaron, incluso Inglaterra abandonó en 1932 su tradicional política de libre
comercio. Estas y otras medidas restrictivas impidieron el restablecimiento del comercio
internacional.
La Gran Depresión abarcó ambas guerras mundiales - sus raíces se remontan a la primera y
sus efectos contribuyeron a la Segunda. Mientras los gobiernos trataban de reparar los
daños del cataclismo de 1929, las nubes anunciaban la catástrofe de 1939. En esta crisis
creciente, el firme liderazgo era un imperativo. La necesidad de liderazgo se sintió con
fuerza entonces, en los Estados Unidos.
El descontento con muchas de las medidas republicanas fue el principal responsable del
giro democrático de las elecciones de 1932. Por más de once años, Franklin D. Roosevelt
guió a los Estados Unidos. El nuevo presidente enfrentó las más difíciles necesidades
internas y externas con una determinación y una confianza que lo hizo ganarse la
admiración de la mayoría de los norteamericanos.
Durante el "largo armisticio" que caracterizó al período que va entre 1919 y 1939, cambió
considerablemente el clima espiritual. La guerra y sus consecuencias habían debilitado
muchas creencias y expectativas tradicionales, el mundo nunca había recobrado el
sentimiento de optimismo que prevaleció antes de 1914. Las crecientes dudas sobre los
valores aceptados hasta el momento cambiaron la actitud dominante durante la época de la
posguerra de la confianza, al malestar y la incertidumbre.
Ahora bien, no todos eran igualmente sensibles a los cambios. La mayoría de la gente
estaba lista para disfrutar los espectaculares logros que la ciencia tenía reservados. El
progreso material realmente parecía prometedor, surgieron nuevos "milagros" como el
radio, la imagen en movimiento con audio, el automóvil, todos útiles al individuo medio. El
torrente de inventos, que ahorraba trabajo, se combinaba para contribuir a un "alto nivel de
vida".
Huxley (1932) imaginaba una sociedad bien conformada, cuyos miembros se encontraran
científicamente bien preparados para ocupar cualquier puesto de trabajo, aun cuando
vivieran como animales en una granja experimental bien vigilada. El hombre como esclavo
de sus invenciones tecnológicas, como un cero a la izquierda, desarraigado, solitario,
perdido en un mundo de una desconcertante complejidad, constituyó preocupación para los
críticos sociales, novelistas y poetas.
El estudio del hombre como individuo y miembro de la sociedad fue por algún tiempo tarea
de las ciencias sociales. Este término se utilizó por primera vez en los temas tradicionales:
historia, ciencias políticas y económicas. Pero con el tiempo, este campo incluyó las nuevas
"ciencias del comportamiento": la psicología, la sociología y la antropología cultural.
Los inicios de la psicología moderna se asocian con Sigmund Freud, un médico vienés que
formuló sus teorías a la vuelta del siglo. Los planteamientos de Freud indican que "los
instintos del subconsciente dirigen el comportamiento humano, son "impulsos", de los
cuales el más importante es el sexual. Estos impulsos se inhiben generalmente en la primera
infancia y tal inhibición conduce a frustraciones, las cuales a su vez pueden causar serias
neurosis. En un esfuerzo por curar a sus pacientes, S Freud (1 856- 1 939) desarrolló el
"psicoanálisis", un método psicoterapéutico útil para conocer la conciencia material
preconsciente e inconsciente (subconsciente) principalmente mediante el análisis de
transferencia y resistencia.
Otros pioneros de la psicología moderna trataron de descubrir el porqué las personas
actuaban de determinada forma. Sin embargo, en lugar de una creciente confianza en el
hombre, la psicología moderna se sumó a su sentimiento de inseguridad.
La segunda de las ciencias del comportamiento, la sociología, surgió en el siglo XIX con
August Comte, Carlos Marx y Herbert Spencer. Pero aquí, también, el siglo XX introdujo
nuevos métodos y luces. Uno de los más importantes sociólogos modernos fue el italiano
Wilfredo Pareto, él publicó el libro titulado Mind and Society (La mente y la sociedad) en
1935.
Pareto aceptaba los hallazgos de los psicólogos, ellos decían que los hombres se inclinaban
por la emoción en lugar de guiarse por la razón. Las ideas o racionalizaciones que los
grupos sociales eran para él simples fachadas que ocultaban los motivos básicos
irracionales que realmente movían a la gente.
Pareto sostuvo que ningún líder inteligente o cualquier elite, podría utilizar los motivos
básicos de sus semejantes para establecer un sistema autoritario en el que las masas
obedecieran los lemas que despierten sus instintos innatos. El análisis de Pareto, si era
correcto, mantuvo un poco de esperanza de una sociedad racionalmente ordenada y
democrática.
LA "NUEVA FÍSICA"
Mientras las ciencias sociales ofrecían poca satisfacción en una era de inseguridad, las
ciencias naturales habían demolido el criterio racional y mecánico de la naturaleza que
había prevalecido desde Newton. Antes de finales del siglo XIX, los descubrimientos de los
científicos aumentaron las dudas sobre los postulados de la física newtoneana. Era
necesario todo un sistema nuevo de física y matemática para responder las preguntas sobre
las que Newton había guardado silencio. Este nuevo sistema apareció en 1905 cuando el
joven físico alemán Albert Einstein propuso su "teoría de la relatividad".
Según la teoría de Einstein, el tiempo y el espacio no eran absolutos, como Newton había
establecido, sino relativos para el observador. Después incluyó la gravitación y el
movimiento en sus cálculos. La nueva teoría aceptada incluyó la suposición de Einstein
sobre la equivalencia de la masa y la energía. La demostración práctica de la validez de la
fórmula de Einstein vino con la primera explosión atómica en 1945.
La inseguridad volvió a muchos contra la filosofía racionalista que había prevalecido por
más de doscientos años. En una rebeldía similar a la del Romanticismo contra la razón un
siglo antes, el antirracionalismo surgió de la desilusión que siguió a una guerra
aparentemente fútil. El antintelectualismo moderno adquirió varias formas. Produjo un
renovado interés en la religión, incluso entre los científicos. Muchos cambiaban sus
filosofías por todas partes.
Antes de 1914, Europa se había dividido en dos campos claramente definidos e igualmente
parejos, excepto Inglaterra e Italia que se mantenían sin definirse. En 1939, la situación fue
mucho menos clara y el equilibrio incluso menor. Además, la ideología, que en 1914 fue un
factor menor, en 1939, apareció como una ayuda y un obstáculo, al mismo tiempo, en la
alineación internacional. Mientras en 1914, las grandes potencias habían hecho lo posible
para mostrar todas sus cartas, en víspera de la segunda guerra mundial, sólo la Alemania
nazi mostraba su grandeza.
La guerra de 1939, mucho más que la guerra de 1914, fue una guerra mundial. Japón había
estado peleando con China por más de ocho años y mucho antes el conflicto se había
extendido a otras partes de Asia y África. La primera guerra fue, en gran parte, una guerra
de posición. La segunda guerra mundial fue de movimientos casi constantes.
El primer problema abordado después de Yalta fue la redacción de los estatutos de las
Naciones Unidas. Esto se realizó en la Conferencia de San Francisco en la primavera de
1945. Las Naciones Unidas tomó mucho de su antecesora, la Liga de las Naciones.
La guerra de Corea pudo haber provocado una tercera guerra mundial. La razón para que
esto no sucediera fue el efecto disuasivo de la bomba atómica. Los Estados Unidos y la
Unión Soviética acumulaban grandes reservas de armas nucleares, la posibilidad de que
algún incidente o accidente pudiera provocar un desequilibrio, creó un temor que se
convirtió en un factor dominante en los asuntos internacionales. Como resultado, las
constantes crisis de la guerra fría cedían gradualmente a un estado de coexistencia entre los
países.
Los años posteriores a 1950 fueron testigos de otros cambios significativos. En sus fases
iniciales, la guerra fría fue, en primer lugar, un conflicto entre los Estados Unidos y la
Unión Soviética. Sin embargo, la independencia de las primeras regiones coloniales creó un
elemento completamente nuevo, un "tercer mundo", en el equilibrio internacional de poder.
Gran Bretaña después de la segunda guerra mundial tuvo que enfrentarse a dos problemas:
la recuperación económica y la pérdida de su imperio.
Para el resto del mundo, los Estados Unidos en 1945 apareció como un país de una
increíble riqueza, intocable por las penas de la guerra. Sin embargo, para los mismos
norteamericanos, el panorama era muy diferente. Control de los precios, control de los
salarios, incesantes oleadas de huelgas e indicios de una extendida corrupción eran algunos
de los problemas que los Estados Unidos enfrentaban. Los intentos de la administración por
enfrentar la situación mediante una amplia regulación tuvo poco apoyo. El país estaba
cansado de los controles.
Durante las administraciones de Dwight D. Eisenhower (1953-1961 ), aparecieron
legislaciones sociales valiosas. La economía de la nación floreció, excepto en el sector
agrícola, donde la superproducción generaba serios problemas. Los intentos de la
administración por reducir el apoyo a los precios de los productos agrícolas produjeron una
oposición entre los grupos campesinos.
En 1954, la Corte Suprema de los Estados Unidos estableció que los alumnos
norteamericanos de la raza negra tenían derecho a asistir a las mismas escuelas que los
estudiantes blancos. Este fue sólo el comienzo de una larga crisis, en la que se demandó que
la desagregación se extendiera a otros campos.
La ley de los Derechos Civiles de 1964 fue la legislación más radical de su tipo, sus
cláusulas se desconocieron en muchas partes del sur. Las protestas de pobladores negros se
extendieron hacia el norte, donde las demandas exigían una mayor igualdad en el empleo,
la vivienda y la educación.
Para enfrentarse a las raíces económicas del descontento de los habitantes negros de los
Estados Unidos, la administración de Johnson desarrolló los programas contra la pobreza
que había iniciado la administración Kennedy. Sin embargo, a la vez, que la "guerra contra
la pobreza" exigía grandes cantidades de dinero, más y más fondos se desviaban a otro tipo
de guerra.
Los Estados Unidos se involucraron en la guerra de Viet Nam a partir en 1961. Richard
Nixon fue elegido como presidente en noviembre de 1968. La guerra de Viet Nam fue la
principal causa de tensión en la política norteamericana. Concluyó con un difícil armisticio
a inicios de 1973. Durante sus visitas, en 1972, a Beijing y a Moscú, se redujeron las
tensiones con China y la Unión Soviética. Sus reuniones cumbres con Leonid I. Brezhnev
produjeron un tratado para limitar las armas nucleares estratégicas.
En los asuntos internos, el Presidente Nixon fue menos afortunado. La mayoría de los
problemas que habían importunado a las administraciones anteriores, emperoraron con el
paso del tiempo. Uno de estos fue el crimen, parte de un problema mayor -la rápida caída
de las ciudades norteamericanas en un terreno abonado para el crimen, con la adicción a las
drogas. Otro problema creciente fue la protección del medio ambiente contra la
contaminación por parte de individuos e industrias. El desasosiego entre la población negra
disminuyó un poco, cuando algunas de las demandas comenzaron a cumplirse. Sin
embargo, continuaron los problemas con el "traslado" de los estudiantes blancos o negros
fuera de sus distritos escolares para obtener un mejor equilibrio racial.
Para aminorar la creciente inflación del país, la administración de Nixon, impuso controles
a los salarios y a los precios, medidas nunca antes adoptadas en tiempo de paz. Para
enmendar el creciente déficit comercial, el dólar se devaluó oficialmente en 1972 y 1973.
Las consecuencias económicas de la guerra y los efectos de la crisis energética tuvieron un
gran efecto sobre las administraciones de Ford y Carter (1 974- 1 981). Las medidas del
presidente Carter en la reforma arancelaria, la reducción de los gastos gubernamentales y la
legislación para el comercio con los requerimientos energéticos a largo plazo permitieron
enfrentar las necesidades más urgentes de la nación.
La derrota de Carter a manos de Ronald Reagan en 1980 se debió, por una parte a su
ineptitud y, por la otra, a circunstancias fuera de su control. El fracaso del presidente para
enfrentarse a la "estanflación" (un tormento económico que simultaneó el estancamiento y
la inflación) no fue peor que los fútiles esfuerzos de los líderes nacionales en todas partes o
en este sentido de su sucesor.
Durante los primeros 40 años de la segunda mitad del siglo XX, dos grandes ideologías: el
socialismo y el capitalismo, compitieron intensamente, en todos los campos de la vida, por
sobrevivir como modelo de desarrollo social. Decenas de países, conscientes de sus
necesidades nacionales lucharon por su emancipación. La ciencia y la tecnología
experimentaron un progreso sin igual en ninguna otra época histórica. Las diferencias entre
ricos y pobres crecieron dramáticamente. Grandes revoluciones: políticas, científicas,
tecnológicas, paradigmáticas ... sacudieron los cimientos de toda la sociedad moderna hasta
transformar los más cotidianos hábitos de vida de los seres humanos.
EL PANORAMA ACTUAL
Los hechos más significativos que caracterizaron los finales del siglo XX y el inicio del
XXI son: la desintegración del sistema socialista mundial (1989-1991), la formación de la
Unión Europea (1993), nacida del Acta Única Europa de 1 985 y el Tratado de Maastrich
de 1991; la disolución de la Unión Soviética (1991); el desarrollo de las grandes alianzas y
pactos comerciales como el Tratado de Libre Comercio, firmado el 1 de enero de 1994, la
popularización de Internet (1993-1995), el aumento del terrorismo, las guerras civiles y los
conflictos regionales como los de los antiguos territorios yugoslavos, Chechenia,
Afganistán, Irak y Palestina, el nacimiento del euro (1999), entre otros.
15 000 Alfarería
180 Astrolabio
Molino de viento, Europa (tal vez inventado en Asia hacia el [Link]) hacia 1
a 1 000
000 Brújula
hacia 1
Hierro colado
200
1 400 Cabrestante
hacia
Arma de fuego, cañón rudimentario
1300
hacia 1
Cristal, Venecia
470
Siglo XVI
1 590 Microscopio
Siglo XVII
1 643 Barómetro
Siglo XVIII
Primer ensayo del uso del cobre para reducir el mineral de hierro, Gran
1 711
Bretaña (Dorby)
1 780-
Bases de la química moderna, Francia (Lavoisier)
89
Siglo XIX
1 878 Microbios
1 925 Televisión
Fuente:
Toro y Gisbert M. Pequeño Larousse Ilustrado. La Habana: Instituto Cubano del Libro,
1968.
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