UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
FACULTAD DE ESTUDIOS SUPERIORES
CUAUTITLÁN
CAMPO 1
BIOQUÍMICA DIAGNÓSTICA
TAREA 2: ENSAYO
Grupo: 1353
Nombre: Castañeda López Jocelyn Michelle
Fecha de entrega: 30/08/2023
Nutriendo el Cerebro: El Delicado Vínculo entre la Alimentación y la Salud
Neurológica
La relación entre nuestra alimentación y la salud es innegable. Somos conscientes
de que lo que comemos afecta nuestro bienestar físico, pero quizás no somos tan
conscientes de cómo esta relación se extiende hasta nuestro sistema nervioso, el
centro de control y coordinación de nuestro cuerpo.
Desde las primeras etapas de la vida, la alimentación materna desempeña un papel
fundamental en el desarrollo del sistema nervioso de los individuos. Durante el
embarazo y la lactancia, la madre proporciona los nutrientes esenciales que son
cruciales para el crecimiento y la formación del cerebro del bebé. La calidad de la
dieta materna tiene un impacto directo en el aporte de estos nutrientes y en la salud
neurológica del bebé en desarrollo.
Los estudios en ratones han ampliado nuestra comprensión sobre cómo la dieta
puede afectar directamente el cerebro. Al exponer a los ratones a una dieta rica en
comida chatarra, rica en grasas saturadas y azúcares refinados, se observa un
cambio en la estructura cerebral y en su función. Esta alteración incluye inflamación
y estrés oxidativo, que pueden afectar la función cognitiva y el comportamiento. En
contraste, una dieta rica en nutrientes esenciales mejora la plasticidad cerebral y el
rendimiento cognitivo en estos roedores.
La relación entre alimentación y comportamiento también se manifiesta en ejemplos
sorprendentes. En el caso de los hamsters, la exposición a la comida chatarra puede
inducir comportamientos anormales, como el canibalismo. La falta de nutrientes
necesarios en la dieta puede llevar a una búsqueda compulsiva de estos nutrientes,
incluso a expensas de su propia especie. Esta observación resalta cómo la nutrición
inadecuada puede influir en los patrones de comportamiento.
La conexión entre alimentación y agresividad también ha sido objeto de estudio. La
dieta puede influir en los niveles de neurotransmisores en el cerebro, lo que a su
vez puede afectar el comportamiento agresivo. La deficiencia de ciertos nutrientes
puede contribuir a desequilibrios químicos que influyen en la regulación emocional
y el control de impulsos.
La influencia de la comida chatarra no solo afecta a nivel conductual, sino también
a nivel fisiológico. La comida chatarra, rica en grasas saturadas y azúcares
refinados, puede desencadenar procesos inflamatorios y estrés oxidativo en el
cerebro. Estos procesos pueden contribuir al daño neuronal y al deterioro cognitivo
a largo plazo.
Incluso las estructuras cerebrales específicas no están exentas del impacto de la
alimentación. El hipocampo, una región esencial para la memoria y el aprendizaje,
es particularmente susceptible a los efectos negativos de una dieta poco saludable.
El consumo excesivo de azúcares y grasas saturadas puede interferir con la función
del hipocampo, debilitando la formación de nuevas memorias y reduciendo la
plasticidad sináptica.
La influencia de la dieta no se limita al sistema nervioso. Una alimentación
abundante y desequilibrada puede desencadenar respuestas inflamatorias en el
cuerpo, lo que a su vez puede afectar el sistema inmunológico y aumentar el riesgo
de enfermedades neurodegenerativas.
En un nivel más microscópico, la actividad eléctrica de una neurona es crucial para
la transmisión de señales en el cerebro. Los nutrientes presentes en la dieta pueden
influir en la función de las neuronas y, por lo tanto, en la comunicación entre ellas.
El azúcar, omnipresente en la comida chatarra, puede tener un poder adictivo
comparable a las drogas. El consumo excesivo de azúcar puede desencadenar
respuestas en el cerebro similares a las de las sustancias adictivas, lo que lleva a
un ciclo de consumo compulsivo.
El chocolate, con su combinación de azúcar y compuestos bioactivos, también
puede tener efectos adictivos y emocionales. El placer asociado con el consumo de
chocolate se relaciona con la liberación de neurotransmisores que influyen en
nuestras emociones y sensaciones de bienestar.
La importancia de la alimentación se extiende incluso al microbioma intestinal, una
comunidad diversa de microorganismos en nuestro tracto gastrointestinal. La
calidad de la dieta puede influir en la composición de la microbiota, que a su vez
puede afectar la función cerebral a través de la conexión intestino-cerebro.
En este contexto, la dieta mediterránea ha emergido como un ejemplo de cómo la
alimentación puede tener un impacto positivo en el sistema nervioso. Rica en frutas,
verduras, grasas saludables y antioxidantes, esta dieta ha sido elogiada por sus
efectos protectores en la salud cerebral. Los frutos rojos, reconocidos por su alto
contenido de antioxidantes, también han demostrado tener beneficios en la salud
del cerebro al combatir el estrés oxidativo y la inflamación.
En conclusión, la alimentación no es solo un acto necesario para la supervivencia;
es un pilar fundamental para el desarrollo y el funcionamiento óptimo del sistema
nervioso. Desde la influencia materna hasta las elecciones de dieta en la vida adulta,
cada bocado que tomamos puede tener un impacto duradero en la estructura y
función de nuestro cerebro. El conocimiento de cómo nuestros hábitos alimenticios
influyen en nuestro sistema nervioso subraya la importancia de tomar decisiones
informadas y nutricionalmente equilibradas para promover la salud cerebral a lo
largo de toda la vida.