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Descartes

René Descartes fue un filósofo y matemático francés del siglo XVII que sentó las bases de la filosofía moderna. Se educó en un colegio jesuita y luego estudió derecho, sirvió como soldado y viajó por Europa. Formuló su método filosófico basado en la duda y el "pienso, luego existo", y publicó su obra más famosa, el Discurso del método, en 1637. Aunque tuvo éxito, también enfrentó críticas y persecución. Murió en Suecia mientras

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René Descartes fue un filósofo y matemático francés del siglo XVII que sentó las bases de la filosofía moderna. Se educó en un colegio jesuita y luego estudió derecho, sirvió como soldado y viajó por Europa. Formuló su método filosófico basado en la duda y el "pienso, luego existo", y publicó su obra más famosa, el Discurso del método, en 1637. Aunque tuvo éxito, también enfrentó críticas y persecución. Murió en Suecia mientras

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Descartes

Biografia de Descartes

Nombre: Angeles Esquivel Jesus A


Grupo: Ofi 312
Materia: Etica
Maestra: Orozco Marques Aida
René Descartes
(La Haye, Francia, 1596 - Estocolmo, Suecia, 1650) Filósofo y matemático
francés. Después del esplendor de la antigua filosofía griega y del apogeo y
crisis de la escolástica en la Europa medieval, los nuevos aires del
Renacimiento y la revolución científica que lo acompañó darían lugar, en el
siglo XVII, al nacimiento de la filosofía moderna.

René Descartes

El primero de los ismos filosóficos de la modernidad fue el racionalismo;


Descartes, su iniciador, se propuso hacer tabla rasa de la tradición y
construir un nuevo edificio sobre la base de la razón y con la eficaz
metodología de las matemáticas. Su «duda metódica» no cuestionó a Dios,
sino todo lo contrario; sin embargo, al igual que Galileo, hubo de sufrir la
persecución a causa de sus ideas.
Biografía

René Descartes se educó en el colegio jesuita de La Flèche (1604-1612),


por entonces uno de los más prestigiosos de Europa, donde gozó de un
cierto trato de favor en atención a su delicada salud. Los estudios que en
tal centro llevó a cabo tuvieron una importancia decisiva en su formación
intelectual; conocida la turbulenta juventud de Descartes, sin duda en La
Flèche debió cimentarse la base de su cultura. Las huellas de tal educación
se manifiestan objetiva y acusadamente en toda la ideología filosófica del
sabio.

El programa de estudios propio de aquel colegio (según diversos


testimonios, entre los que figura el del mismo Descartes) era muy variado:
giraba esencialmente en torno a la tradicional enseñanza de las artes
liberales, a la cual se añadían nociones de teología y ejercicios prácticos
útiles para la vida de los futuros gentilhombres. Aun cuando el programa
propiamente dicho debía de resultar más bien ligero y orientado en sentido
esencialmente práctico (no se pretendía formar sabios, sino hombres
preparados para las elevadas misiones políticas a que su rango les permitía
aspirar), los alumnos más activos o curiosos podían completarlos por su
cuenta mediante lecturas personales.

Años después, Descartes criticaría amargamente la educación recibida. Es


perfectamente posible, sin embargo, que su descontento al respecto
proceda no tanto de consideraciones filosóficas como de la natural reacción
de un adolescente que durante tantos años estuvo sometido a una
disciplina, y de la sensación de inutilidad de todo lo aprendido en relación
con sus posibles ocupaciones futuras (burocracia o milicia). Tras su etapa
en La Flèche, Descartes obtuvo el título de bachiller y de licenciado en
derecho por la facultad de Poitiers (1616), y a los veintidós años partió
hacia los Países Bajos, donde sirvió como soldado en el ejército de Mauricio
de Nassau. En 1619 se enroló en las filas del Maximiliano I de Baviera.
Según relataría el propio Descartes en el Discurso del Método, durante el crudo
invierno de ese año se halló bloqueado en una localidad del Alto Danubio,
posiblemente cerca de Ulm; allí permaneció encerrado al lado de una estufa
y lejos de cualquier relación social, sin más compañía que la de sus
pensamientos. En tal lugar, y tras una fuerte crisis de escepticismo, se le
revelaron las bases sobre las cuales edificaría su sistema filosófico: el
método matemático y el principio del cogito, ergo sum. Víctima de una febril
excitación, durante la noche del 10 de noviembre de 1619 tuvo tres
sueños, en cuyo transcurso intuyó su método y conoció su profunda
vocación de consagrar su vida a la ciencia.
Supuesto retrato de Descartes

Tras renunciar a la vida militar, Descartes viajó por Alemania y los Países
Bajos y regresó a Francia en 1622, para vender sus posesiones y
asegurarse así una vida independiente; pasó una temporada en Italia
(1623-1625) y se afincó luego en París, donde se relacionó con la mayoría
de científicos de la época.

En 1628 decidió instalarse en Holanda, país en el que las investigaciones


científicas gozaban de gran consideración y, además, se veían favorecidas
por una relativa libertad de pensamiento. Descartes consideró que era el
lugar más favorable para cumplir los objetivos filosóficos y científicos que
se había fijado, y residió allí hasta 1649.

Los cinco primeros años los dedicó principalmente a elaborar su propio


sistema del mundo y su concepción del hombre y del cuerpo humano. En
1633 debía de tener ya muy avanzada la redacción de un amplio texto de
metafísica y física titulado Tratado sobre la luz; sin embargo, la noticia de la
condena de Galileo le asustó, puesto que también Descartes defendía en
aquella obra el heliocentrismo de Copérnico, opinión que no creía censurable
desde el punto de vista teológico. Como temía que tal texto pudiera
contener teorías condenables, renunció a su publicación, que tendría lugar
póstumamente.
En 1637 apareció su famoso Discurso del método, presentado como prólogo a
tres ensayos científicos. Por la audacia y novedad de los conceptos, la
genialidad de los descubrimientos y el ímpetu de las ideas, el libro bastó
para dar a su autor una inmediata y merecida fama, pero también por ello
mismo provocó un diluvio de polémicas, que en adelante harían fatigosa y
aun peligrosa su vida.
Descartes proponía en el Discurso una duda metódica, que sometiese a juicio
todos los conocimientos de la época, aunque, a diferencia de los escépticos,
la suya era una duda orientada a la búsqueda de principios últimos sobre
los cuales cimentar sólidamente el saber. Este principio lo halló en la
existencia de la propia conciencia que duda, en su famosa formulación
«pienso, luego existo». Sobre la base de esta primera evidencia pudo
desandar en parte el camino de su escepticismo, hallando en Dios el
garante último de la verdad de las evidencias de la razón, que se
manifiestan como ideas «claras y distintas».
El método cartesiano, que Descartes propuso para todas las ciencias y
disciplinas, consiste en descomponer los problemas complejos en partes
progresivamente más sencillas hasta hallar sus elementos básicos, las ideas
simples, que se presentan a la razón de un modo evidente, y proceder a
partir de ellas, por síntesis, a reconstruir todo el complejo, exigiendo a cada
nueva relación establecida entre ideas simples la misma evidencia de éstas.
Los ensayos científicos que seguían al Discurso ofrecían un compendio de
sus teorías físicas, entre las que destaca su formulación de la ley de inercia
y una especificación de su método para las matemáticas.
Los fundamentos de su física mecanicista, que hacía de la extensión la
principal propiedad de los cuerpos materiales, fueron expuestos por
Descartes en las Meditaciones metafísicas (1641), donde desarrolló su
demostración de la existencia y la perfección de Dios y de la inmortalidad
del alma, ya apuntada en la cuarta parte del Discurso del método. El
mecanicismo radical de las teorías físicas de Descartes, sin embargo,
determinó que fuesen superadas más adelante.
Conforme crecía su fama y la divulgación de su filosofía, arreciaron las
críticas y las amenazas de persecución religiosa por parte de algunas
autoridades académicas y eclesiásticas, tanto en los Países Bajos como en
Francia. Nacidas en medio de discusiones, las Meditaciones metafísicas habían
de valerle diversas acusaciones promovidas por los teólogos; algo por el
estilo aconteció durante la redacción y al publicar otras obras suyas,
como Los principios de la filosofía (1644) y Las pasiones del alma (1649).
Descartes con la reina Cristina de Suecia

Cansado de estas luchas, en 1649 Descartes aceptó la invitación de la


reina Cristina de Suecia, que le exhortaba a trasladarse a Estocolmo como
preceptor suyo de filosofía. Previamente habían mantenido una intensa
correspondencia, y, a pesar de las satisfacciones intelectuales que le
proporcionaba Cristina, Descartes no fue feliz en "el país de los osos, donde
los pensamientos de los hombres parecen, como el agua, metamorfosearse
en hielo". Estaba acostumbrado a las comodidades y no le era fácil
levantarse cada día a las cuatro de la mañana, en plena oscuridad y con el
frío invernal royéndole los huesos, para adoctrinar a una reina que no
disponía de más tiempo libre debido a sus obligaciones. Los espartanos
madrugones y el frío pudieron más que el filósofo, que murió de una
pulmonía a principios de 1650, cinco meses después de su llegada.
Kant
Biografia de Kant

Nombre: Angeles Esquivel Jesus A


Grupo: Ofi 312
Materia: Etica
Maestra: Orozco Marques Aida
Immanuel Kant
(Königsberg, hoy Kaliningrado, actual Rusia, 1724 - id., 1804) Filósofo
alemán. Hijo de un modesto guarnicionero, fue educado en el pietismo. En
1740 ingresó en la Universidad de Königsberg como estudiante de teología
y fue alumno de Martin Knutzen, quien lo introdujo en la filosofía
racionalista de Leibniz y Christian Wolff, y le imbuyó así mismo el interés por
la ciencia natural, en particular, por la mecánica de Newton.

Kant

Su existencia transcurrió prácticamente por entero en su ciudad natal, de la


que no llegó a alejarse más que un centenar de kilómetros cuando residió
por unos meses en Arnsdorf como preceptor, actividad a la cual se dedicó
para ganarse el sustento luego de la muerte de su padre, en 1746. Tras
doctorarse en la Universidad de Königsberg a los treinta y un años, ejerció
en ella la docencia y en 1770, después de fracasar dos veces en el intento
de obtener una cátedra y de haber rechazado ofrecimientos de otras
universidades, fue nombrado por último profesor ordinario de lógica y
metafísica.

La vida que llevó ha pasado a la historia como paradigma de existencia


metódica y rutinaria. Es conocida su costumbre de dar un paseo vespertino
a diario, a la misma hora y con idéntico recorrido, hasta el punto de que
llegó a convertirse en una especie de señal horaria para sus
conciudadanos; se cuenta que la única excepción se produjo el día en que
la lectura de Emilio o De la educación, de Jean-Jacques Rousseau, lo absorbió tanto
como para hacerle olvidar su paseo, hecho que suscitó la alarma de sus
conocidos.
La filosofía de Kant
En el pensamiento de Kant suele distinguirse un período inicial,
denominado precrítico, caracterizado por su apego a la metafísica
racionalista de Wolff y su interés por la física de Newton. En 1770, tras la
obtención de la cátedra, se abrió un lapso de diez años de silencio durante
los que acometió la tarea de construir su nueva filosofía crítica, después de
que el contacto con el empirismo escéptico de David Hume le permitiera,
según sus propias palabras, «despertar del sueño dogmático».
En 1781 se abrió el segundo período en la obra kantiana, al aparecer
finalmente la Crítica de la razón pura, en la que trata de fundamentar el
conocimiento humano y fijar asimismo sus límites; el giro copernicano que
pretendía imprimir a la filosofía consistía en concebir el conocimiento como
trascendental, es decir, estructurado a partir de una serie de principios a
priori impuestos por el sujeto que permiten ordenar la experiencia
procedente de los sentidos; resultado de la intervención del entendimiento
humano son los fenómenos, mientras que la cosa en sí (el nóumeno) es por
definición incognoscible.
Pregunta fundamental en su Crítica es la posibilidad de establecer juicios
sintéticos (es decir, que añadan información, a diferencia de los analíticos)
y a priori (con valor universal, no contingente), cuya posiblidad para las
matemáticas y la física alcanzó a demostrar, pero no para la metafísica,
pues ésta no aplica las estructuras trascendentales a la experiencia, de
modo que sus conclusiones quedan sin fundamento; así, el filósofo puede
demostrar a la vez la existencia y la no existencia de Dios, o de la libertad,
con razones válidas por igual.
El sistema fue desarrollado por Kant en su Crítica de la razón práctica, donde
establece la necesidad de un principio moral a priori, el llamado imperativo
categórico, derivado de la razón humana en su vertiente práctica; en la
moral, el hombre debe actuar como si fuese libre, aunque no sea posible
demostrar teóricamente la existencia de esa libertad. El fundamento último
de la moral procede de la tendencia humana hacia ella, y tiene su origen en
el carácter a su vez nouménico del hombre.
Kant trató de unificar ambas "Críticas" con una tercera, la Crítica del juicio,
que estudia el llamado goce estético y la finalidad en el campo de la
naturaleza. Cuando en la posición de fin interviene el hombre, el juicio es
estético; cuando el fin está en función de la naturaleza y su orden peculiar,
el juicio es teleológico. En ambos casos cabe hablar de una desconocida
raíz común, vinculada a la idea de libertad. A pesar de su carácter oscuro y
hermético, los textos de Kant operaron una verdadera revolución en la
filosofía posterior, cuyos efectos llegan hasta la actualidad.

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