LA IGUALDAD ES EL ALMA DE LA LIBERTAD
Me llamo Samara, soy la única hija mujer en mi familia, inesperadamente mi familia
ha tenido varias generaciones y todos eran varones, empezando desde mi bisabuelo,
mi abuelo, mi papá, mis tíos, mis primos y mis hermanos, por otro lado, las únicas
mujeres a parte de mí son, mi abuela, mi única tía y mi mamá.
Mi llegada fue muy inesperada, ocurrió hace 10 años, cuando mi mamá quedó
embarazada, todos aseguraban que obviamente sería varón, inclusive mi abuela tejía
ropones con el nombre “Samuel”.
Pasaron los meses y antes de que terminara el octavo mes, mi mamá presento los
síntomas del parto, tuvieron que llevarla por urgencias al hospital. Mi padre estaba
muy nervioso ya que era la primera vez que se adelantaba el parto, el solo repetía
una y otra vez el nombre que me pondrían, Hasta que de pronto…
- ¡Señor, señor, felicidades es una niña! – le dijo un enfermero
Mi padre quedó sorprendido, no sabía que decir, después de todo ese tiempo ellos
juraban que sería un varón, con la noticia mi papá quedó paralizado, y al
momento de preguntarle mi nombre dijo:
- S-SSSS…amuel
El enfermero quedo dudoso ya que yo era niña y fue por eso que me puso Samara
Samuel, bueno al menos así está en mi identificación, no es incómodo, la verdad
me agrada, ya que se me hace gracioso el hecho de que mi segundo nombre
“Samuel” haya sido por la sorpresa de ser mujer.
Conforme iba creciendo, la ropa que usaba tenía el nombre de Samuel, y lo más
vergonzoso era que como todos creían que sería varón, era por eso que mi ropa interior
era de niño, pero fue cambiando conforme iban pasando los años, hasta que pudiera
tener ropa adecuada.
Me encantaba jugar fútbol con mis hermanos, pero a mis padres no les agradaba la
idea, fue por eso que me compraron muñecas y juegos de té, también mi ropa en la
mayoría era rosada, pero yo prefería más el azul, había veces en las que mi mamá me
regañaba, me decía que debía ser más delicada, usar ropa más femenina y
comportarme como una dama, no me quedaba otra opción que obedecerle, quizás
mi madre lo decía porque era niña, pero creo que a veces son muy retorcidas las ideas
de cómo deben ser las mujeres, por eso la mayoría de veces trataba de obedecer y no
decir nada en contra, para evitar problemas con mi familia.
Fui creciendo y tuve que ir la escuela, tocaba clase de desarrollo personal un maestro
nos enseño un cuadro en el que decía como debía ser una mujer y como debía ser un
hombre, al leerlo me pareció demasiado equivocado, ya que decía que una mujer
debía ser delicada, frágiles, débiles y sumisas, que eran las encargadas de criar a los
hijos y de estar todo el día en casa esperando a su esposo, en cambio los varones eran
fuertes y podían trabajar, algo irritada levante mi mano y dije:
- Profesor, porque el cuadro dice que las mujeres son débiles, que yo sepa tanto
hombres como mujeres pueden hacer las mismas cosas – dije en voz alta.
- A ver señorita pase a la pizarra y levante todos estos libros- dijo el profesor
riéndose.
Me levante de mi asiento y cargue todos sus libros, mis compañeros quedaron
sorprendidos, y el maestro frunció el ceño, yo solo lo miré firmemente y dije:
- Un cuadro lleno de ideas, no define lo que un hombre y una mujer pueden
hacer, todos tenemos las mismas oportunidades y cualidades. – dije en frente
de todo el salón.
El profesor quedó ofendido con lo que dije y llamó a mis padres, ese día me
reprendieron y me dieron a estudiar un libro que decía muchas cosas de como “Debería
ser una dama”, eso me molestaba demasiado, aquel libro estaba lleno de ideas
incoherentes, el simple hecho de que una mujer no pueda hacer actividades donde se
necesita fuerza y agilidad me ponía furiosa.
Cada vez era más y más las regañadas de mi madre, cada día decía:
- ¿Porque te vistes así?
- Ponte esto mejor
- El rosado queda mejor en las niñas
- ¡Se más delicada!
Y así otra vez, era algo agotador.
Llegó el día de mi cumpleaños, todos me organizaron una pequeña fiesta, ese día toda
mi familia se reunió y al momento de dar los regalos mi abuelito me regalo un arco,
me encantó a penas lo vi, pero mi mamá dijo que ese no era un objeto para una dama
y me pidió que se lo diera, yo pregunte el por qué no podía tener el arco, mamá
respondió que era muy peligroso y que solo los hombres lo podían usar.
Ese día no aguante más y estalle en lágrimas:
- Porque no puedo hacer lo mismo que mis hermanos, mujeres y hombres, ¿Qué
diferencia hay?, cada persona es capaz de hacer lo que quiere sin importar el
qué dirán. – dije sollozando
- ¡Eres una mujer y debes comportarte como tal! - dijo mi madre enojada.
En ese momento quedé paralizada, nunca había visto a mi mamá tan molesta, ni
muchos menos me había gritado de esa forma, fue por eso que me levanté y me fui a
mi habitación.
Al día siguiente e ambiente era incómodo, así que salí de casa y me dirigí al parque, y
vi a una profesora de karate que enseñaba a varias niñas, automáticamente me
acerque a ellas y me quedé mirando largo rato su clase, cuando finalizó me acerque a
la profesora y le pregunté si las mujeres también podían pelear, a lo que ella respondió:
- Las mujeres y los hombres tienen las mismas capacidades, en mi opinión una
mujer puede hacer lo mismo que un hombre, y dejar de guiarnos de ideas
antiguas, debe haber igualdad entre los dos géneros.
Estuve totalmente de acuerdo, así que ya animada con lo que me dijo, pude darme
cuenta que no soy la única que piensa igual.
Legué a casa, aún tenía vergüenza de entrar, pero de todas maneras debía admitir de
que me sobrepase, al entrar mamá me abrazo y me regresó el arco, susurrándome al
oído:
- Perdóname hija, me equivoqué, tienes razón hombres y mujeres deben tener
las mismas oportunidades.
Quedé algo sorprendida, de echo pensé que sería yo la que debía disculparse, así que
lo hice también, en ese momento toda mi familia se reunió en la sala y mi bisabuelo
empezó a contar una historia:
- Samara, hace tiempo hubo una chica era muy linda, su cabello era corto, y sus
manos tenían callos, recuerdo que ella siempre andaba con un arco y varias
flechas, ella pensaba lo mismo que tú, que los hombres y las mujeres debían ser
tratados por igual y no hacer sentir inferior a ningún género, pero un día gran
parte de la ciudad entre hombres y algunas mujeres fueron a buscarla y cuando
la atraparon la juzgaron por no respetar las ideas de cómo deberían ser los
hombres y las mujeres, ella solo dijo:
- Para mí todos somos iguales y todos deberíamos tener las mismas
oportunidades.
La multitud quedo consternada con lo que decía, muchos de ellos juraban que
pediría perdón, así que como vieron que ella no tenía miedo, la mataron, en
aquel entonces todos eran de muy mente cerrada y no aceptaban el hecho de
que una chica pueda hacer lo mismo que un hombre, y ¿Sabes quién era esa
chica?, tu bisabuela.
Fue una de las primeras mujeres que buscaban esa igualdad, después de eso
muchas mujeres más se manifestaron, es por eso que puedes ver a algunas
mujeres que realizan trabajos con fuerza, algunas son maestras y que también
que las mujeres ya pueden estudiar, pero una cosa es segura, siempre habrá
una que otra persona que siga en contra de que las mujeres puedan hacer
esas actividades, y solo queda seguir, sin importar lo que pase, nosotros hemos
tomado la decisión de apoyarte sin importar las consecuencias.
Desde ahí mi familia cambió, todos podíamos hacer las mismas actividades, yo por
ejemplo podía usar mi arco, jugar con hermanos al fútbol, mamá sorprendente podía
levantar cosas muy pesadas y mi papá aprendió a cocinar, todos hicimos un gran
cambio, e inclusive mi abuelo y bisabuelo contaban la historia de mi bisabuela.
Puede que no logremos un cambio, pero al menos sabemos que tanto los hombres y
mujeres somos capaces de hacer varias actividades por igual, y que nunca hay que
perder las esperanzas de que pronto encontremos esa igualdad de oportunidades que
hasta hoy seguimos buscando.
FIN