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La Generación del 53: Liberales Dogmáticos

La Generación del 37, también conocida como la Generación Fundante, fue un grupo de intelectuales argentinos influyentes en la segunda mitad del siglo XIX que desempeñaron un papel clave en la independencia de Argentina y en la formación del país. Influenciados por las ideas liberales y románticas de Europa, se opusieron a Rosas y trabajaron para derrocarlo. Después de la caída de Rosas en 1852, ahora conocidos como la Generación del 53, aplicaron sus ideas para establecer las bases de la nueva nación argentina, incl

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La Generación del 53: Liberales Dogmáticos

La Generación del 37, también conocida como la Generación Fundante, fue un grupo de intelectuales argentinos influyentes en la segunda mitad del siglo XIX que desempeñaron un papel clave en la independencia de Argentina y en la formación del país. Influenciados por las ideas liberales y románticas de Europa, se opusieron a Rosas y trabajaron para derrocarlo. Después de la caída de Rosas en 1852, ahora conocidos como la Generación del 53, aplicaron sus ideas para establecer las bases de la nueva nación argentina, incl

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Instituto de Gestión Pública

LA GENERACION DEL 53

La denominada “Generación Fundante” fue una agrupación de personajes sumamente


influyentes en la vida cultural, social, política e institucional argentina.
ANTECEDENTES
Sus orígenes se remontan a 1837 en la Bs. As. gobernada por el Brigadier Gral. Don Juan
Manuel de Rosas, por este tiempo se dieron cita un grupo de intelectuales y hombres amantes
de las novedades literarias y políticas venidas de Europa y propagadas generosamente por
Inglaterra para debilitar la influencia española en sus antiguas colonias. Aquí es donde vamos a
encontrar personajes tales como Sarmiento, Alberdi, Esteban Echeverría, Juan M. Gutierrez,
Bartolomé Mitre, José Marmol, Vicente Fidel López y otros; todos influidos por las corrientes de
pensamiento denominado “iluminismo”. Crean “La Asociación de Mayo” en un primer momento
para respaldar a Rosas. Reuniéndose en el famoso Salón Literario, dónde discutían sobre
política, literatura, filosofía y economía principalmente. Serán los primeros “románticos
argentinos”.
La historia del movimiento identificado con la «Nueva Generación» o «Generación del 37» con
el romanticismo se divide en cinco etapas. En primer lugar, entre 1830 y 1838-39, publican sus
primeros ensayos y definen, en los periódicos que redactan hacia el final de esos años, un
temario de problemáticas centrales y un «programa» intelectual.
Una segunda etapa tiene su origen en las condiciones política del Río de la Plata: la del
«romanticismo revolucionario», integrado ahora en su totalidad por exiliados, y concentrado en
el propósito de derrocar a Rosas e instaurar sus ideas en una organización política inédita, con
bases ajenas al pasado e idiosincrasia hispana. Entre 1838-39 y 1842-44, la generación del 37
se compenetra plenamente de las prácticas de la política facciosa de entonces, articula en
consecuencia un discurso público signado por la violencia de su lenguaje y por la supeditación
de toda otra consideración intelectual a las necesidades de la lucha en curso, y abraza una
postura ideológica que sólo puede denominarse como «guerra de exterminio».
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La tercera etapa va desde 1842-44 hasta 1852-54: en ese período el movimiento sigue
manteniendo cierta identidad común, a pesar de la dispersión geográfica de sus miembros,
mientras que al concentrarse sucesivamente la mayor parte de los románticos argentinos en
Chile y Uruguay, estas circunstancias les permitirán una renovada concentración en los
debates y empresas intelectuales asociados con el programa romántico. Fueron redactadas
entonces varias de las obras más importantes de los miembros de la «Generación del 37»:
entre otras, la América poética (1846-1847), de Juan María Gutiérrez, los Veinte días en
Génova (1844), las Bases (1852), y La acción de Europa en América (1847), de Alberdi,
el Facundo (1845), los Viajes (1847), y los Recuerdos de provincia (1851) de Sarmiento.
Las últimas etapas refieren al romanticismo más que a la «Generación del 37», ya que en los
primeros años que siguieron a la caída de Rosas, ese grupo intelectual -cuya unidad ya estaba
muy erosionada- se disolvió enteramente en la política de facciones del momento.
Efectivamente, entre 1852-54 y sus respectivas muertes, la experiencia individual de los
miembros de esa generación estuvo marcada por las diversas opciones políticas que parecían
imponerse al país -Urquiza o los «liberales», Buenos Aires o la Confederación Argentina,
mitrismo o alsinismo, probelicistas y antibelicistas, autonomistas o tejedoristas, etc.
Paradójicamente, la «Generación del 37» se disolvía como corriente orgánica en el mismo
instante en que el sistema literario y de ideas promovido por ella conquistaba una hegemonía
indiscutida en todos los ámbitos de la cultura argentina.
Hubo dos últimas etapas en la carrera pública de esta generación intelectual. De las dos, la
primera fue sin duda la más significativa, ya que abarca los años transcurridos entre 1852-54 y
1880, años no sólo de plena madurez intelectual para los miembros de la Nueva Generación,
sino también años en que sus ideas supieron concitar un consenso prácticamente total entre
los sectores letrados de la población. Consenso impuesto y que no admitía disidencias, ni
intelectuales ni políticas (sólo podían acceder a cargos públicos hombres identificados con el
pensamiento imperante, en cualquiera de sus matices. Distinta era la suerte para quienes no
compartieran sus planteos ideológicos).
La quinta etapa, por el contrario, es una declinación y pérdida de protagonismo de los más
longevos del movimiento. En ella transcurre no sólo la senectud de los miembros de la
«Generación del 37» sino también la de su ideología romántica. La relación de sus miembros
con la «Generación del 80», que presentaba aristas muy disímiles a las de la entablada con la
segunda generación romántica (surgida entre 1845 y 1852), determinó el tono general de esta
última etapa. Pese a las fuertes rivalidades entre las dos generaciones románticas, su
confluencia luego de 1852 no había instigado a ningún cuestionamiento de fondo del ideario
general ni de la visión del mundo de los escritores del 37. La aparición de los “liberales
prácticos” del 80, en cambio, instauró una ruptura profunda con la sensibilidad y con los valores
intelectuales y estéticos de la hegemonía romántica. En ese mundo configurado por otros
anhelos y por otros valores, aunque con la misma cosmovisión ideológica: el liberalismo, la
“vejez de Sarmiento”, se generalizaba hasta abarcar a casi todos los escritores del 37 con su
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experiencia de soledad, de olvido y de irrelevancia creciente. Impuesta por sus herederos,


liderados por Julio A. Roca.
Estos son los orígenes también del denominado “Dogma de Mayo” por el cual se enseña que la
Revolución de Mayo es hija directa de la Revolución Francesa, mientras que los patriotas
(siguiendo ese marco ideológico) buscaron romper los vínculos políticos, culturales, históricos e
institucionales con la oscura España e independizarse. Algo que sabemos no fue así, puesto
que Saavedra invocaba el antiguo derecho foral español para reclamar AUTONOMIA y no
INDEPENDENCIA. Definitivamente no era el ideario francés el invocado sino el Derecho
Hispano el que legitimaba el accionar patriota.
Ante los supuestos planteados, Juan Manuel de Rosas (quien representaba precisamente al
arquetipo del caudillo – jefe – hispano), no solo les negó su respaldo sino que los persiguió y
prohibió sus obras, por atentar contra el orden vigente.

LA GENERACION DEL 53. LOS LIBERALES DOGMATICOS O TEORICOS


Aquellos jóvenes románticos trabajaron incansablemente contra los intereses de la
Confederación Argentina, en pos de hacer caer a Rosas, a tal punto de impulsar a Chile a que
avance sobre la Patagonia, como fue el caso de Sarmiento, o de respaldar los bloqueos
marítimos hechos por Francia y luego por la alianza anglo – francesa. Todo ello impulsó a San
Martín a respaldar a Rosas (al punto tal de legarle por testamento su sable) y a condenar sin
miramientos el accionar de los unitarios, en general, y de los miembros de la generación
romántica en particular, no como grupo sino en forma individual.
Finalmente Rosas cae en la Batalla de Caseros y volverán a tener participación directa los
miembros de la antigua Generación del 37; ahora identificados como “la Generación del 53”.
Los jóvenes de antaño, ya son hombres maduros que retomarán para si el antiguo proyecto de
organizar a La Argentina conforme a los postulados sindicados por sus maestros franceses e
ingleses y a la experiencia desde lo político e institucional de la novel república constitucional
de Estados Unidos.
Con este contexto será Juan B. Alberdi quien con su libro “Las Bases” influirá a todos los
congresales para que la Constitución Nacional que se dará en 1853 tenga la impronta por él
marcada, otro tanto hará Sarmiento en lo que se refiere a su aporte cultural, imponiendo una
idea (que perdurará hasta nuestros días) de que la “barbarie” anida en aquellos que se
mantienen firmes en las tradiciones, la cultura y las instituciones de España, la gran causante
de la ignorancia por mantenerse fuera de las ideas de la época (romanticismo, racionalismo,
etc.). A contrario sensu todo aquel que abreva en el liberalismo como ideología aglutinante y en
el iluminismo, será considerado por el autor sanjuanino como “civilizado”. Serán entonces sus
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libros “Civilización y Barbarie” y el “Facundo” los que transformaran la cosmovisión cultural


argentina.
Otro tanto hará Bartolomé Mitre con la Historia Argentina, en sus textos volcará toda la carga
ideológica y dará para la posteridad una visión que perdurará, dónde el “Dogma de Mayo” será
el punto inicial y la línea argumental que justificará sus actos de gobierno y las persecuciones
que sobrevendrán sobre los gauchos en el llamado “Período de Pacificación”. De esta manera
se dará inicio a lo que en la historiografía se conocerá como la escuela liberal mitrista.
De lo reseñado podemos inferir que la antigua Generación del 37, devenida en la posterior
Generación del 80 fue la que “fundó” un tipo de país conforme a sus ideas, concepciones,
intereses, prejuicios y creencias.
Es bueno recordar el origen y perfil de estos hombres que allá por 1837 se juntaban como un
grupo de intelectuales a desmenuzar las ideas de moda para luego analizar la realidad local a
la luz de esa visión traspolada de Europa. Teniendo en cuenta esa génesis es que se entiende
que la teoría asimilada quisieran imponerla a rajatabla a un entorno de raíz diferente al que sus
enseñanzas les mostraban. Por tal intransigencia y por la formación precitada es que se los
conoce también como “liberales dogmáticos o teóricos”. Abarcando las presidencias de Mitre,
Sarmiento y Avellaneda.
Una copla provinciana describe los pesares, amenazas, persecusiones y despojos que debió
sufrir el hombre común argentino en los tiempos de la “pacificación nacional”:
“Nuestra vida y nuestros bienes
no los contamos seguros
porque en trabajos y apuros
a cada instante nos tienen.
Las comisiones que vienen
todas con crueldad nos tratan,
vacas, caballos y plata
todo nos quieren quitar,
no nos dejan trabajar
y vienen gritando: ¡Patria!

Dr. Walter Bravo

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