LAS HISTORIAS
DE ALBERTO
Había una vez un niño llamado Alberto, vivía en una casa muy bonita y siempre estaba
rodeado de libros y fantasía, pero había un problema, no tenía amigos. Todos le habían
dado de lado porque se pasaba todo el día contando historias imaginarias sobre aventuras
de piratas, de príncipes y princesas y de viajes al espacio. Alberto siempre estaba
inventando aventuras como si las hubiera vivido de verdad, hasta que sus amigos se
cansaron de escucharlo y finalmente se quedó solo.
Al principio Alberto se sentía muy triste y empezó a pensar que sus historias eran muy
aburridas y por eso ninguno de sus amigos quería escucharlo. Pero a él no le importó y
siguió escribiendo muchas historias.
Las historias que escribía Alberto eran increíbles y le permitía vivir todo tipo de aventuras
gracias a su gran imaginación. Se imaginaba navegando en un enorme barco pirata,
salvando a una princesa de una torre e incluso viajando al espacio en un cohete rojo y
viviendo en la luna.
Alberto pasaba todo el día escribiendo historias sin parar y dibujando los lugares que
imaginaba que visitaba. Algunos días, iba al parque a leer en voz alta sus historias, por si a
alguien le gustaba lo que él escribía.
Un dia en el parque, mientras Alberto leía entusiasmado la última historia que había escrito,
de repente apareció una niña llamada Carlota que paseaba tranquilamente por el parque.
Pero Alberto estaba tan concentrado en leer su nueva historia que no se dio cuenta que
Carlota lo estaba escuchando. Cuando Alberto acabó de leer, Carlota estaba muy
entusiasmada y le gusto tanto la historia que aplaudió, llamando la atención de Alberto.
Alberto asombrado le dijo a Carlota que no sabía que lo estaba escuchando y le preguntó si
le había gustado su historia. Carlota le respondió que le había gustado mucho su historia y
que era muy interesante y emocionante. También le preguntó si sabía más historias. Alberto
emocionado le dijo que sí que sabía muchas más historias y que él mismo las escribía, pero
que todo el mundo dice que son muy aburridas. Carlota le dijo que eso era mentira, que a
ella le ha gustado mucho su historia, y que a ella también le gustaría escribir historias como
la suya pero no sabía como hacerlo.
Alberto se dio cuenta de que Carlota se había puesto triste y se acercó a ella y le dijo que si
ella quería podía enseñarle a escribir historias y que además aprendería muy rápido. Carlota
feliz y entusiasmada le dijo que sí, y que podían escribir historias juntos. Alberto le contestó
feliz que estaba deseando escribir historias con ella. Carlota muy emocionada le dijo que
estaba deseando empezar a explorar esos y conocer muchas historias nuevas.
Alberto y Carlota se hicieron muy amigos y compartieron muchos juegos. También
escribieron muchas historias que leían a los niños y niñas del parque todos los días. A todos
los niños les gustaban sus historias y Alberto pensó que sus historias eran muy interesantes
y divertidas y no volvió a sentirse solo nunca más gracias a la compañía de Carlota y de los
niños y niñas del parque.
FIN