Facultad de Ciencias de la Salud
Estudiante: Burga Cóndor, Marilú Arely
Curso: Antropología Religiosa
Trabajo: Resumen: FIDES ET RATIO
Ciclo: I
Sección: G81
Docente: Saavedra Tuanama Dante
2023
RIOJA - NUEVA CAJAMARCA
Resumen: FIDES ET RATIO
La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva
hacia la contemplación de la verdad.
Introducción: «CONÓCETE A TI MISMO»
El hombre cuanto más conoce la realidad y el mundo y más se conoce a sí mismo en su
unicidad, le resulta más urgente el interrogante sobre el sentido de las cosas y sobre su propia
existencia. La exhortación Conócete a ti mismo estaba esculpida para testimoniar una verdad
fundamental que debe ser asumida como la regla mínima por todo hombre deseoso de
distinguirse, en medio de toda la creación. En distintas partes de la tierra, marcadas por
culturas diferentes, brotan al mismo tiempo las preguntas que caracterizan el recorrido de la
existencia humana: ¿quién soy? ¿de dónde vengo y a dónde voy? ¿por qué existe el mal? ¿qué
hay después de esta vida? Son preguntas que tienen su origen común en la necesidad de
sentido que desde siempre acucia el corazón del hombre: de la respuesta que se dé a tales
preguntas, en efecto, depende la orientación que se dé a la existencia.
La filosofía, que tiene la gran responsabilidad de formar el pensamiento y la cultura por medio
de la llamada continua a la búsqueda de lo verdadero, debe recuperar con fuerza su vocación
originaria. Por eso se ha sentido no sólo la exigencia, sino incluso el deber de intervenir en este
tema, para que la humanidad, en el umbral del tercer milenio de la era cristiana, tome
conciencia cada vez más clara de los grandes recursos que le han sido dados y se comprometa
con renovado ardor en llevar a cabo el plan de salvación en el cual está inmersa su historia.
CAPÍTULO I: LA REVELACIÓN DE LA SABIDURÍA DE DIOS
“Jesús revela al Padre”
El conocimiento que la iglesia propone al hombre, no proviene de su propia especulación,
aunque fuese la más alta, sino del hecho de haber acogido en la fe la palabra de Dios. En el
origen de nuestro ser como creyentes hay un encuentro, único en su género, en el que se
manifiesta un misterio. Por tanto, la verdad puede ser de dos maneras, alcanzada a través de
la reflexión filosófica y la que proviene de la Revelación, estas no se confunden, ni una hace
superflua la otra. A una conocemos por razón natural, y a otra por fe divina.
La razón ante el misterio
Sólo la fe permite penetrar en el misterio, favoreciendo su comprensión coherente. Desde allí
el hombre da su asentimiento a ese testimonio divino. Ello quiere decir que reconoce plena e
integralmente la verdad de lo revelado, porque Dios mismo es su garante; lo que se inserta en
el horizonte de la comunicación interpersonal e impulsa a la razón a abrirse a la misma y a
acoger su sentido profundo. La persona al creer lleva a cabo el acto más significativo de su
propia existencia; en efecto, la libertad alcanza la certeza de la verdad y decide vivir en la
misma.
CAPÍTULO II: CREDO UT INTELLEGAM (Creo para entender)
“La sabiduría todo lo sabe y entiende”
La Sagrada Escritura nos presenta con sorprendente claridad el vínculo tan profundo que hay
entre el conocimiento de fe y el de la razón. En el momento en el que el autor sagrado quiere
describir al hombre sabio, lo presente como el que ama y busca la verdad. En efecto, hombre
con la luz de la razón sabe reconocer su camino, pero lo puede recorrer de forma libre, sin
obstáculos y hasta el final, si con ánimo sincero fija su búsqueda en el horizonte de la fe. La
razón y la fe, por tanto, no se pueden separar sin que se reduzca la posibilidad del hombre de
conocer de modo adecuado a sí mismo, al mundo y a Dios.
Adquiere la sabiduría, adquiere la inteligencia
El conocimiento no se fundamenta solamente en una observación atenta del hombre, del
mundo y de la historia, sino que supone también una indispensable relación con la fe y con los
contenidos de la Revelación. A pesar de la dificultad, el creyente no se rinde. La fuerza para
continuar su camino hacia la verdad le viene de la certeza de que Dios lo ha creado con la
finalidad de no dejar nada sin probar, a pesar del continuo chantaje de la duda.
CAPÍTULO III: INTELLEGO UT CREDAM (Entiendo que creo)
“Caminando en busca de la verdad”
En lo más profundo del corazón del hombre está el deseo y la nostalgia de Dios, de diferentes
modos y en diversos tiempos ha demostrado que sabe expresar este deseo íntimo. La
literatura, la música, la pintura, la escultura, la arquitectura y cualquier otro fruto de su
inteligencia creadora se convierten en cauces a través de los cuales puede manifestar su afán
de búsqueda. La filosofía ha asumido de manera peculiar este movimiento y ha expresado, con
sus medios y según sus propias modalidades científicas, este deseo universal del hombre, que
es el único ser en toda la creación visible que no sólo es capaz de saber, sino que, también que
sabe, y por eso se interesa por la verdad real de lo que se le presenta.
Diversas facetas de la verdad en el hombre
No siempre la búsqueda de la verdad se presenta con trasparencia ni de manera consecuente.
El límite originario de la razón y la inconstancia del corazón oscurecen a menudo y desvían la
búsqueda personal. Otros intereses de diverso orden pueden condicionar la verdad. Más aún,
cuando el hombre también la evita, a veces, en cuanto comienza a divisarla, porque teme sus
exigencias. Pero, a pesar de esto, incluso cuando la evita, siempre es la verdad la que
influencia su existencia. Ya que la sed de verdad está tan radicada en el corazón del hombre
que tener que prescindir de ella comprometería la existencia.
CAPÍTULO IV: RELACIÓN ENTRE LA FE Y LA RAZÓN
“Etapas más significativas en el encuentro entre la fe y la razón”
Fue tarea de los padres de la filosofía mostrar el vínculo entre la razón y la religión. Dirigiendo
la mirada hacia los principios universales, no se contentaron con los mitos antiguos, sino que
quisieron dar fundamento racional a su creencia en la divinidad. Se inició así un camino que se
abría a un proceso más conforme a las exigencias de la razón universal. El objetivo que dicho
proceso buscaba era la conciencia crítica de aquello en lo que se creía. El concepto de la
divinidad fue el primero que se benefició de este camino. Las supersticiones fueron
reconocidas como tales y la religión se purificó, al menos en parte, mediante el análisis
racional.
Novedad perenne del pensamiento de santo Tomás de Aquino
Santo Tomás por la relación dialogal que supo establecer con el pensamiento árabe y hebreo
de su tiempo, tuvo el gran mérito de destacar la armonía que existe entre la razón y la fe;
argumentaba que la luz de la razón y la luz de la fe proceden ambas de Dios; por tanto, no
pueden contradecirse entre sí. La fe, por tanto, no teme la razón, sino que la busca y confía en
ella. Como la gracia supone la naturaleza y la perfecciona, así la fe supone y perfecciona la
razón.
El drama de la separación entre fe y razón
El pensamiento patrístico y medieval había concebido y realizado como unidad profunda,
generadora de un conocimiento capaz de llegar a las formas más altas de la especulación, fue
destruido de hecho por los sistemas que asumieron la posición de un conocimiento racional
separado de la fe o alternativo a ella.
CAPÍTULO V: INTERVENCIONES DEL MAGISTERIO EN CUESTIONES FILOSÓFICAS
“El discernimiento del Magisterio como diaconía de la verdad”
La Iglesia tiene el deber de indicar lo que en un sistema filosófico puede ser incompatible con
su fe. En efecto, muchos contenidos filosóficos, como los temas de Dios, del hombre, de su
libertad y su obrar ético, la emplazan directamente porque afectan a la verdad revelada que
ella custodia. Por tanto, una filosofía que no procediese a la luz de la razón según sus propios
principios y metodologías específicas seria poco provechosa. En el fondo, la raíz de la
autonomía de la que goza la filosofía radica en el hecho de que la razón está por naturaleza
orientada a la verdad y cuenta en sí misma con los medios necesarios para alcanzarla.
El interés de la Iglesia por la filosofía
El Magisterio no se ha limitado sólo a mostrar los errores y las desviaciones de las doctrinas
filosóficas, si no que con la misma atención ha querido reafirmar los principios fundamentales
para una genuina renovación del pensamiento filosófico, indicando también las vías concretas
a seguir. la Iglesia tiene posee un vínculo íntimo que une el trabajo teológico con la búsqueda
filosófica de la verdad. De aquí deriva el deber que tiene el Magisterio de discernir y estimular
un pensamiento filosófico que no sea discordante con la fe.
CAPÍTULO VI: INTERACCIÓN ENTRE TEOLOGÍA Y FILOSOFÍA
“La ciencia de la fe y las exigencias de la razón filosófica”
La filosofía ofrece a la teología su peculiar aportación al tratar sobre la estructura del
conocimiento y de la comunicación personal y, en particular, sobre las diversas formas y
funciones del lenguaje. Por tanto, la razón del creyente tenga un conocimiento natural,
verdadero y coherente de las cosas creadas, del mundo y del hombre, que son también objeto
de la revelación divina; más todavía, debe ser capaz de articular dicho conocimiento de forma
conceptual y argumentativa. La teología dogmática especulativa, por tanto, presupone e
implica una filosofía del hombre, del mundo y, más radicalmente, del ser, fundada sobre la
verdad objetiva.
Diferentes estados de la filosofía
El primer estado es la de la filosofía totalmente independiente de la revelación evangélica. Es
la posición de la filosofía tal como se ha desarrollado históricamente en las épocas
precedentes al nacimiento del Redentor y, después en las regiones donde aún no se conoce el
Evangelio. Donde se manifiesta como una legítima aspiración a ser un proyecto autónomo,
que procede de acuerdo con sus propias leyes, sirviéndose de la sola fuerza de la razón
Una segunda posición de la filosofía es la que muchos designan con la expresión filosofía
cristiana. Aquí indica un modo de filosofar cristiano, una especulación filosófica concebida en
unión vital con la fe.
Otra posición significativa de la filosofía se da cuando la teología misma recurre a la filosofía.
Necesitándola como interlocutora para verificar la inteligibilidad y la verdad universal de sus
aserciones.
CAPÍTULO VII: EXIGENCIAS Y COMETIDOS ACTUALES
“Exigencias irrenunciables de la palabra de Dios”
La convicción fundamental de la «filosofía» contenida en la Biblia es que la vida humana y el
mundo tienen un sentido y están orientados hacia su cumplimiento, que se realiza en
Jesucristo. Este será siempre el punto de referencia para comprender el enigma de la
existencia humana, del mundo creado y de Dios mismo. La palabra de Dios revela el fin último
del hombre y da un sentido global a su obrar en el mundo. Por esto invita a la filosofía a
esforzarse en buscar el fundamento natural de este sentido, que es la religiosidad constitutiva
de toda persona.
Cometidos actuales de la teología
La teología en las diversas épocas históricas ha debido afrontar siempre las exigencias de las
diferentes culturas para luego conciliar en ellas el contenido de la fe con una conceptualización
coherente. Además, tiene que mirar hacia la verdad última que recibe con la Revelación, sin
darse por satisfecha con las fases intermedias. El objetivo fundamental al que tiende la
teología consiste en presentar la inteligencia de la Revelación y el contenido de la fe. Por tanto,
el verdadero centro de su reflexión será la contemplación del misterio mismo de Dios.
CONCLUSIÓN:
Es evidente la importancia que el pensamiento filosófico tiene en el desarrollo de las culturas y
en la orientación de los comportamientos personales y sociales, por esto, necesario subrayar el
valor que la filosofía tiene para la comprensión de la fe y las limitaciones a las que se ve
sometida cuando olvida o rechaza las verdades de la Revelación. En efecto, la Iglesia está
profundamente convencida de que fe y razón «se ayudan mutuamente», ejerciendo
recíprocamente una función tanto de examen crítico y purificador, como de estímulo para
progresar en la búsqueda y en la profundización de la verdad. La filosofía, además, es como el
espejo en el que se refleja la cultura de los pueblos. Una filosofía que, impulsada por las
exigencias de la teología, se desarrolla en coherencia con la fe, forma parte de la
«evangelización de la cultura».
La relación íntima entre la sabiduría teológica y el saber filosófico es una de las riquezas más
originales de la tradición cristiana en la profundización de la verdad revelada. Por esto, se
exhorta a recuperar y subrayar más la dimensión metafísica de la verdad para entrar así en
diálogo crítico y exigente tanto el con pensamiento filosófico contemporáneo como con toda
la tradición filosófica, ya esté en sintonía o en contraposición con la palabra de Dios.