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Alcoholismo: causas, efectos y riesgos

El alcoholismo es una enfermedad crónica y progresiva caracterizada por la dependencia física y psicológica al alcohol y la incapacidad de controlar la cantidad consumida. Puede deberse a factores genéticos, ambientales o una combinación de ambos. Aunque no tiene cura, muchos alcohólicos logran la sobriedad a través del compromiso con el tratamiento. El alcoholismo causa miles de muertes anuales relacionadas con accidentes de tránsito y otras causas.
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Alcoholismo: causas, efectos y riesgos

El alcoholismo es una enfermedad crónica y progresiva caracterizada por la dependencia física y psicológica al alcohol y la incapacidad de controlar la cantidad consumida. Puede deberse a factores genéticos, ambientales o una combinación de ambos. Aunque no tiene cura, muchos alcohólicos logran la sobriedad a través del compromiso con el tratamiento. El alcoholismo causa miles de muertes anuales relacionadas con accidentes de tránsito y otras causas.
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El alcoholismo, también conocido como trastorno por consumo de alcohol, se refiere al uso nocivo o abuso del alcohol, caracterizado

por
una fuerte necesidad y ansiedad de ingerir bebidas alcohólicas y/o licores, de forma que existe una dependencia física y psicológica del
mismo individuo, que se manifiesta a través de varios síntomas de abstinencia cuando no es posible su ingestión. El alcohólico no tiene
control sobre los límites de su consumo, que va en aumento a medida que se desarrolla tolerancia a esta droga. Se considera una
enfermedad crónica, progresiva y mortal por la Asociación Médica Estadounidense, al igual que otras drogodependencias. Por su parte,
la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo determina como «toda forma de embriaguez que excede el consumo alimenticio tradicional
y corriente o que sobrepasa los linderos de costumbres sociales...La dependencia al alcohol puede resultar de una predisposición
genética, una enfermedad mental, el consumo de alcohol abundante, sostenido y abusivo o una combinación de estos factores. Esta
enfermedad no solo afecta al adicto sino también la vida de todo aquel que se encuentra a su alrededor. Investigaciones recientes sobre
genética y neurociencia han identificado ciertas características genéticas que se cree que están relacionadas con la dependencia del
alcohol. Los investigadores continúan indagando acerca del vínculo entre la herencia genética y el alcoholismo. Actualmente no existe
una posible cura para esta enfermedad; sin embargo, muchos alcohólicos se mantienen sobrios por periodos de tiempo prolongados de
acuerdo a su voluntad y compromiso para vencer esta enfermedad. Pero es innegable que para que un adicto al alcohol pueda recibir
tratamiento y llegar a una posible recuperación, primero tiene que aceptar su condición de dependencia. Hasta el momento no existe
alguna causa común, aunque varios factores genéticos y ambientales pueden desempeñar un papel importante en su desarrollo. Por lo
tanto, hay evidencias que muestran la posibilidad de ser alcohol dependiente, como la historia familiar, es decir, quien tiene un padre o
una madre con alcoholismo tiene mayor probabilidad de adquirir esta enfermedad. Otros factores pueden ser el estrés o los problemas
que tiene la persona que lo ingiere. Algunos otros factores asociados a este padecimiento son la necesidad de aliviar la ansiedad,
conflicto en relaciones interpersonales, depresión y aceptación social del consumo de alcohol. 6 Según la Sociedad Española de Patología
Dual (SEPD) los pacientes alcohólicos suelen presentar hasta en un 80 % de los casos otros trastornos psiquiátricos asociados y, por lo
tanto, ser considerados como pacientes con patología dual. Se ha demostrado la presencia de un componente genético en el
alcoholismo, ya que el gen del aldehído deshidrogenasa (ALDH2) afecta a la tasa de metabolización del etanol y modula potencialmente
el consumo de bebidas alcohólicas.7 La ausencia de esta enzima afecta a esta ruta, ocasionando un aumento de acetaldehído y su
acumulación en el cuerpo. Esto provoca náuseas, mareo y/o rubor facial. El alcoholismo no está fijado por la cantidad ingerida en un
periodo determinado: personas afectadas por esta enfermedad pueden seguir patrones muy diferentes de comportamiento, existiendo
tanto alcohólicos que consumen a diario, como alcohólicos que beben semanalmente, mensualmente, o sin una periodicidad fija. Si bien
el proceso degenerativo tiende a acortar los plazos entre cada ingesta. El consumo excesivo y prolongado de esta sustancia va obligando
al organismo a necesitar o requerir cantidades crecientes para sentir los mismos efectos, a esto se le llama "tolerancia aumentada" y
desencadena un mecanismo adaptativo del cuerpo hasta que llega a un límite en el que se invierte la supuesta resistencia y entonces
"asimila menos", por eso tolerar más alcohol es en sí un riesgo de alcoholización. Las defunciones por accidentes relacionados con el
alcohol (choques, atropellamientos y suicidios) ocupan los primeros lugares entre las causas de muerte en muchos países. Por ejemplo,
en España se considera que el consumo de alcohol-etanol causa más de 100 000 muertes al año, entre intoxicaciones por borrachera y
accidentes de tráfico. A su vez, la Secretaría de Salud de México reporta que el abuso del alcohol se relaciona con el 70 % de las
muertes por accidentes de tránsito y es la principal causa de fallecimiento entre los 15 y los 30 años de edad. Se estima que 27 000
mexicanos mueren cada año por accidentes de tránsito y la mayoría se debe a que se encontraban bajo los efectos del alcohol. En los
accidentes suelen sufrir heridas más graves los conductores que han bebido. Además, el efecto del alcohol en el corazón y la circulación
de la sangre reduce las probabilidades de supervivencia en caso de realizarse una intervención quirúrgica de emergencia. A diferencia
de lo que cree mucha gente, la mayoría de los fallecimientos relacionados con el alcohol corresponden a los propios conductores ebrios,
señala un informe del Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica de Francia. En vista de los peligros, el informe ofrece las
siguientes recomendaciones: No beber cuando se vaya a conducir, no subir a un vehículo con un conductor que haya bebido, no permitir
que los amigos o familiares conduzcan bajo los efectos del alcohol.

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