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Cerezas Lectura

Este resumen describe la historia de dos gatitos negros que una señora llamada Doña Casimira Vallejo regala a sus vecinos. 1) Doña Casimira regala a sus dos gatitos negros, Moro y Fígaro, porque su esposo no quería más gatos en su casa. 2) Ella considera cuidadosamente a quién dar cada gato, decidiendo que Moro iría con Doña Carlota, cuya hija era juiciosa, mientras que Fígaro iría con Don Serafín, a pesar de que sus hijos eran revoltos
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Cerezas Lectura

Este resumen describe la historia de dos gatitos negros que una señora llamada Doña Casimira Vallejo regala a sus vecinos. 1) Doña Casimira regala a sus dos gatitos negros, Moro y Fígaro, porque su esposo no quería más gatos en su casa. 2) Ella considera cuidadosamente a quién dar cada gato, decidiendo que Moro iría con Doña Carlota, cuya hija era juiciosa, mientras que Fígaro iría con Don Serafín, a pesar de que sus hijos eran revoltos
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Las cerezas – 2

Ocurrió cierto día que la noche sorprendió a Juanito en el bosque, y oyó un aullido que
parecía decirle:

- ¡Oh! ¡oh! ¡oh! ¡que me lo como yo!

El niño conoció la voz del lobo y echó a correr


espantado; pero cada vez oía más cerca:

- ¡Oh! ¡oh! ¡oh! ¡que me lo como yo!

Juanito no cesaba de correr, pero con tan poco tino


que acabó por extraviarse; y ya el aullido del lobo
resonaba tan cerca de sus oídos que parecía que
el aliento de la fiera humedecía su cogote, cuando
vio una lucecilla; y creyendo que procedería de una
casa, echó a correr en dirección a ella dando fuertes gritos. Llegó donde estaba la
lucecita, que brillaba encima de la hoja de un rosal, y a los pocos pasos vio la casa. El
lobo le tocaba los talones y repetía:

- ¡Oh! ¡oh! ¡oh! ¡que me lo como yo!

Un gorrión que estaba encima de una piedra voló espantado y sin saber a dónde iba; y
como la piedra difícilmente mantenía el equilibrio, lo perdió al volar el pájaro, rodó en el
momento de pasar el lobo, que ya abría la boca para coger a Juanito, y cayó sobre el
lomo de la fiera, que creyendo le daban caza, dio una vuelta y echó a correr en
dirección contraria, aullando:

- ¡Hi! ¡hi! ¡hi! ¡que me comen a mí!

En aquel momento salía el padre de Juanito armado de una escopeta,


y como era buen cazador alcanzó al lobo de un tiro dejándole muerto.
Al ver los afilados dientes de la fiera, se estremeció el niño, porque
veía de cerca el peligro que había corrido de ser destrozado por ellos;
y como aún brillase la lucecita que le había guiado, se acercó al rosal
y en una de las hojas vio un insecto, una luciérnaga, a la que debía la
vida, además de debérsela al gorrión.

Cuéntase que desde entonces ya no dijo que los gorriones y los insectos para nada
servían y se restableció por completo la paz entre ellos y Juanito, aunque debiese
pagarles como tributo algunas cerezas
Las cerezas –
01.- ¿Quién decía: “¡que me lo como yo!”?

a) - Juanito b) – El lobo c) – El gorrión

02.- Juanito sabía que andaba el lobo cerca porque...

a) – Lo vio b) – Se lo imaginó c) – Conocía su voz

03.- Juanito, al oír la voz del lobo...

a) – Corrió y se extravió
b) – Corrió hacia su casa.
c) – Se ocultó entre los árboles.

04.- ¿De dónde procedía la lucecita...?

a) – De una casa b) – De los árboles. c) – De un rosal.

05.- ¿Quién tiró la piedra que cayó sobre el lobo?

a) – Juanito. b) – Un gorrión. c) – El padre de Juanito.

06.- ¿Quién decía: “¡que me comen a mí!”?

a) – El gorrión. b) – Juanito. c) – El lobo.

07.- ¿Qué pasó con el lobo?

a ) – Murió. b)- Escapó. c) – No se sabe.

08.- La luz que guio a Juanito procedía de....

a) – La linterna de su padre b) – Una casa. c) – Una luciérnaga.

09.- Desde entonces, Juanito permitía que los insectos y gorriones comiesen...

a) – Sus manzanas. b) – Sus cerezas. c) – Sus rosales.

10.- Al final, Juanito se estremeció cuando vio...

a) – Al lobo muerto.
b) – La luciérnaga en el rosal.
c) – Los dientes que tenía el lobo
El escarabajo
Al caballo del Emperador le pusieron herraduras de oro, una en cada pata. Era un animal
hermosísimo, tenía esbeltas patas, ojos inteligentes y una crin que le colgaba como un velo de seda a
uno y otro lado del cuello. Había llevado a su señor entre nubes de pólvora y bajo una lluvia de balas;
había oído cantar y silbar los proyectiles. Había mordido, pateado, peleado al arremeter el enemigo.
Con su Emperador a cuestas,
había pasado de un salto por encima del caballo de su adversario caído,
había salvado la corona de oro de su soberano y también su vida, más
valiosa aún que la corona. Por todo eso le pusieron al caballo del
Emperador herraduras de oro.
Y el escarabajo se adelantó:
-Primero los grandes, después los pequeños
-dijo. Y alargó sus delgadas patas.
-¿Qué quieres? -le preguntó el herrador.
-Herraduras de oro -respondió el escarabajo.
-¡No estás bien de la cabeza! -replicó el otro-. ¿También tú
pretendes llevar herraduras de oro?
-¡Pues sí, señor! -insistió, terco, el escarabajo-. ¿Acaso no valgo tanto como ese gran animal que ha
de ser siempre servido, atendido, y que recibe un buen pienso y buena agua? ¿No formo yo parte de
la cuadra del Emperador?
-¿Es que no sabes por qué le ponen herraduras de oro al caballo? -preguntó el herrador.
-¿Que si lo sé? Lo que yo sé es que esto es un desprecio que se me hace -observó el
escarabajo-, es una ofensa; abandono el servicio y me marcho a correr mundo.
-¡Feliz viaje! -se rio el herrador.
-¡Mal educado! -gritó el escarabajo, y, saliendo por la puerta de la cuadra, con unos aleteos se plantó
en un bonito jardín que olía a rosas y espliego.
-Bonito lugar, ¿verdad? -dijo una mariquita de escudo rojo punteado de negro, que volaba por allí.
-Estoy acostumbrado a cosas mejores -contestó el escarabajo-. ¿A esto llamáis bonito? ¡Ni siquiera
hay estercolero! Prosiguió su camino y llegó a la sombra de un alhelí, por el que trepaba una oruga.
-¡Qué hermoso es el mundo! -exclamó la oruga-. ¡Cómo calienta el sol! Todos están contentos y
satisfechos. Y lo mejor es que uno de estos días me dormiré y, cuando despierte, estaré convertida
en mariposa.
-¡Qué te crees tú eso! -dijo el escarabajo-. Somos nosotros los que volamos como mariposas. Ahora
vas a ver cómo vuelo yo.
Y diciendo esto, el escarabajo se echó a volar, y por una ventana abierta entró en un gran edificio,
para ir a caer, rendido de fatiga, en la larga crin, fina y suave, del caballo del Emperador; pues sin
darse cuenta había vuelto a dar en el establo donde antes vivía.
-¡Heme aquí montado en el caballo del Emperador, como un jinete! ¿Qué digo? ¡Claro que sí! Ya me
lo preguntaba el herrador: « ¿Por qué le pusieron herraduras de oro al caballo?». ¡Naturalmente! Se
las pusieron por mí: para hacerme honor, cuando me dignara montarlo.
Los rayos del sol caían directamente sobre él, y el sol le parecía hermoso.
-¡Pues no está tan mal el mundo! -dijo-. Sólo hay que sabérselo tomar.
El mundo volvía a ser hermoso, pues al caballo del Emperador le habían puesto herraduras de
oro porque el escarabajo debía montar en él. ¡Parecía mentira que tal honor hubiese estado
reservado para él!
El escarabajo
1.- ¿Por qué le pusieron herraduras de oro al caballo?

a) Por ser un animal muy hermoso.


b) Por haber salvado la vida del emperador.
c) Por ser el caballo que mejor
saltaba.

2.- ¿Qué quería el escarabajo?


a) Buen pienso y buena agua.
b) Ser servido y atendido como el caballo.
c) Tener unas herraduras de oro.
3.- ¿Por qué se marchó el escarabajo?
a) Porque el herrero no le puso las herraduras.
b) Porque quería conocer mundo.
c) Porque no quería vivir en la cuadra.
4.- ¿Por qué no le gustó el jardín al escarabajo?

a) Porque olía a rosas y a espliego.


b) Porque estaba lleno de mariquitas.
c) Porque no tenía estercolero.
5.- ¿Qué era lo mejor para la oruga?
a) Que un día se convertiría en mariposa.
b) Que hiciese calor todos los días.
c) Que dormiría a la sombra del
alhelí.
6.- El escarabajo creía que...
a) La oruga volaría mejor que él.
b) El caballo podría volar con las herraduras de oro.
c) Él volaba tan bien como las mariposas.
7.- Al final el escarabajo piensa que las herraduras de oro del caballo eran para que...

a) Corriese y saltase mejor.


b) El escarabajo fuese su jinete.
c) El Emperador estuviese orgulloso.
8.- Al escarabajo el mundo le parecía hermoso porque...

a) Los rayos de sol caían directamente sobre él.


b) Las herraduras de oro del caballo eran en su honor.
c) El caballo lo quería mucho.
9.- ¿Qué personajes dialogan en esta historia?

a) El caballo, el herrero, el escarabajo y la oruga.


b) El escarabajo, el herrero, la mariquita y la oruga.
c) El escarabajo, el herrero, el caballo y la mariquita.
10.- ¿Qué adjetivos definen mejor el comportamiento del escarabajo?

a) Valiente y trabajador. b) Cobarde y holgazán. c) Orgulloso y presumido


El gato negro
Dos gatitos, nada más, había tenido la gata de Doña Casimira Vallejo, y ya habían pedido a la
citada señora nada menos que catorce. Y es que los gatitos eran completamente negros, y
sabido es que hay muchas personas que creen que aquellos traen la felicidad a las casas.
De buena gana Doña Casimira no se hubiera desprendido de aquellos dos hijos de su Sultana;
pero su esposo le había declarado que no quería más gatos en su vivienda, y la buena señora
tuvo que resignarse a regalarlos el día mismo que cumplieran dos meses.
Mucho tiempo estuvo pensando dónde quedarían mejor colocados; el vecino del piso bajo
perdía muchos gatos y no faltaba quien sospechase que se los comía; el tendero de enfrente
los dejaba salir a la calle y se los robaban; la vieja del cuarto entresuelo era muy económica y
no les daba de comer; el cura tenía un perro que asustaba a los animalitos; y así, de uno en
otro, resultó que los catorce pedidos se redujeron para Doña Casimira solamente a dos,
casualmente el número de gatos que tenía. Aun así, no acabaron sus cavilaciones.
Moro, el más hermoso y más grave de los dos gatitos, convendría mejor a Doña Carlota, la
vecina del tercero de la izquierda, que tenía una hija muy juiciosa a pesar de sus cortos años;
pero Fígaro (así nombrado por el marido de Doña Casimira por haberle hallado un día jugando
con su guitarra), no estaría del todo bien en casa de don Serafín, cuyos niños eran muy
revoltosos y trataban con dureza a los animales.
Pero al cabo, como el tiempo urgía, Morito fue entregado a Doña Carlota y Fígaro a Don
Serafín.
Ambos fueron adornados con collares rojos y cascabeles, y Blanca, la niña de la viuda, y
Alejandro y Pepita, hijos del caballero, que también era vecino de Doña Casimira, habitando en
el otro tercero, no dudaron ya que en sus moradas todo sería bienestar y ventura con haber
llevado a ellas a los dos gatitos.
Al pronto la casualidad vino a confirmar aquella idea: Doña Carlota ganó
un premio a la lotería y D. Serafín, que estaba cesante, fue colocado con
doce mil reales en un Ministerio.
- ¡El gato negro! -exclamaban los chicos.
- ¡El gato negro!
Lo que no impedía que Alejandro y Pepita maltratasen al pobre Fígaro, que, cuando podía, se
vengaba de ellos clavando en sus manos los dientes o las uñas; pero como era tan pequeño no
les hacía gran daño.
En cambio, Morito pasaba los días en la falda de su joven ama y las noches en un colchoncito
muy blando que hizo Blanca para el gato en cuanto se lo dieron. Demostraba él su contento
con ese ronquido acompasado que en los gatos es indicio de felicidad completa, y es seguro
que si hubiese sabido hablar no hubiera dejado de decir a Doña Casimira que no podía haberle
proporcionado una casa mejor.
El gato negro

1.- ¿Cuántos gatitos tenía encargados Doña Casimira?

a- Dos. b- Siete. c- Catorce.


2.- ¿Cómo se llamaba su gata, la madre de los gatitos?

a- Sultana. b- Blanca. c- No se sabe.


3,- ¿Por qué la gente quería tener un gato negro?

a- Porque son más


cariñosos. b- Porque traen
buena suerte.
c- Porque son mejores cazadores.
4.- ¿A quién le robaban los gatos?

a- Al tendero. b- Al vecino del piso bajo. c- Al cura.


5.- ¿Quién le puso el nombre de Fígaro a uno de los gatos?

a- Doña Carlota. b- El marido de Doña Casimira. c- Doña Casimira.


6.- ¿En qué casa pasarían hambre los gatos?

a- En la casa del tendero. b- En la casa del cura. c- En la casa de la vieja.


7.- ¿Cómo se llamaba la hija de Doña Carlota?

a- Blanca. b- Pepita. c- Alejandra.


8.- ¿Cuál fue la suerte de Don Serafín?

a- Le tocó la lotería.

b- Se compró una casa nueva.

c- Consiguió un trabajo bien pagado.


9.- ¿Cuál de los dos gatos fue más afortunado?

a- Morito. b- Fígaro. c- Ninguno.


10.- ¿Quién trataba con cariño a su gato?
a- Alejandro. b- Pepita. c.- Blanca.
Las hadas
Érase una viuda que tenía dos hijas. La mayor era intratable y orgullosa como
su madre mientras que la hija menor, tanto por su dulzura como por su buena
condición, era una de las más encantadoras niñas que el sol alumbra.
La madre quería a la hija mayor como a las niñas de sus ojos, al propio tiempo
que sentía por la menorcita una aversión horrible; tanto, que la obligaba a
comer
en la cocina y a trabajar día y noche sin descanso.
La pobre niña, tenía que ir por agua dos veces al día, a
más de media legua de distancia, y volver cargada con
un gran cántaro lleno.
Un día, estando junto a la fuente, se le acercó una
pobre vieja y le pidió de beber.
- De mil amores, señora abuela, contestó la niña.
Y lavando el cántaro con mucha gracia, sacó agua del
lugar de la fuente en donde más cristalina estaba. Se la ofreció a la vieja, y para
que pudiese beber con más comodidad, sostenía el cántaro con su linda mano.
La buena mujer, así que hubo bebido, le dijo:
- Eres tan linda, tan amable, tan buena, que no puedo menos de concederte
un don especialísimo.
Es de advertir que la supuesta vieja era nada menos que un hada, la cual,
deseando probar hasta dónde llegaría el buen corazón de la hermosa niña,
había tomado la figura de una pobre mujer del pueblo.
-Te concedo - prosiguió el hada - el don de que a cada palabra que
pronuncies salga de tus labios una flor o una piedra preciosa.
Cuando la hermosa niña llegó a su casa, su madre la regañó mucho,
porque había tardado en volver de la fuente.
- Perdone usted madre mía - dijo la pobre niña - si he tardado tanto.
Y al decir esto cayeron de sus labios dos rosas y dos grandes diamantes.
- ¿Qué es lo que veo, Dios de mi vida? - exclamó su madre llena de admiración.
La pobre niña refirió con singular candor todo lo ocurrido, y al paso que
hablaba, iban chorreando sus labios flores, perlas y diamantes.
- Por mi vida, que he de enviar allá a mi hija. Frasquita, ven: mira, mira lo que
sale de los labios de tu hermana cuando habla. Tienes que ir a la fuente y
cuando una vieja te pida agua, se la ofreces con mucha amabilidad y cariño.
- ¿A la fuente yo? ¡De ninguna manera! - dijo la gran bestia.
- Pues yo te mando que vayas - contestó la madre - y ahora mismo.
Frasquita se fue refunfuñando a la fuente, pero buen cuidado tuvo de llevar el
más hermoso jarro de plata que había en casa.
Al mismo instante de llegar, vio salir del bosque a una dama magníficamente
vestida, que le pidió de beber. Era la misma hada que quería probar hasta dónde
llegaría el mal corazón de esta muchacha.
- ¿Piensa usted que he venido para darle de beber a su señoría? - contestó la
necia orgullosa - ¡Para eso habré traído sin duda este hermoso jarro! ¿Tiene
sed? Pues échese de bruces su merced y beba hasta que reviente.
- Malas entrañas tienes – contestó el hada sin alterarse - Ya que tan poco
amable eres, te concedo el don de que a cada palabra que profieras salga de tus
labios una víbora o un sapo.
- ¿Qué tal, hija mía? – le preguntó su madre al regresar.
- ¿Qué tal? ¿Qué tal? - y ¡zape! escupió dos víboras y dos sapos.
- ¡Válgame la Virgen de las Angustias! - exclamó la madre santiguándose -
Esto debe ser obra de la pícara de tu hermana.
Ante la ira de su madre, la pobre muchacha echó a correr llena de pánico, y se
refugió en el bosque cercano.
Allí la encontró el hijo del rey, que volvía de cazar, y como la viese tan
hermosa, le preguntó qué hacía en aquel lugar tan solita, y por qué lloraba.
Entonces ella le refirió toda su historia, y el hijo del rey, que vio salir de su boca
cinco o seis perlas y otros tantos diamantes, se la llevó al palacio y se casó con
ella.
Las hadas
1.- Marca la frase correcta.
a- La hija menor era la preferida de la madre

b- La hija mayor era encantadora.

c- La madre maltrataba a la hija menor.

2.- ¿Cuál era la tarea más dura que tenía que realizar la hija menor?
a- Ir a buscar agua. b- Limpiar la cocina. c- Hacer la comida.

3.- ¿Quién se le apareció en la fuente?


a- Su abuela. b- Una mujer vieja. c- Una mujer rica.

4.- ¿Qué quería el hada?


a- El cántaro. b- Ayuda. c- Agua para beber.

5.- ¿Qué don le concedió el hada a la hija menor?


a- No tendría que ir por agua a la fuente.

b- De sus labios saldrían flores y piedras

preciosas. c- Al hablar, sus palabras serían

maravillosas.

6.- ¿Por qué estaba su madre enfadada?


a- Porque había tardado mucho en volver.

b- Porque tenía sed.

c- Porque no había agua en el cántaro.

7.- ¿Cuál fue la decisión de la madre?


a- Ir ella misma a la fuente.

b- Mandar a su hija mayor a buscar agua.

c- Mandar a la menor otra vez a la

fuente.

8.- El hada le concedió a la hija mayor el don de que al hablar de su boca saldrían...
a- Flores y diamantes. b- Culebras y ranas. c- Víboras y sapos.

9.- ¿Por qué se escapó al bosque la hija menor?


a- Porque su madre la quería castigar.

b- Porque su hermana le quería pegar.

c- Porque no quería vivir con su

familia.
10.- ¿Por qué se casó con ella el hijo del rey?
a- Porque era inteligente. b- Porque estaba sola. c- Porque tenía un don espectacular.
El lagarto verde

Un poco apartado, cerca de un rancho pobre, muy negro y ya de paja incolora,


una menor con la pollerita levantada y las rodillas al aire, parecía recoger
huevos bajo las totoras. Seguíala un mastín con paso tardo y paciente. Cuando
ella se detenía mucho en sus afanes, el perro se echaba. Luego, proseguían una
y otro su marcha de rodeos.
Algo debía haber encontrado, aunque fuesen huevecitos de ratonas, porque de
vez en cuando se detenía como a contar lo que llevaba en el ahuchado del
vestido. El perro, por esta vez, se le había alejado un poco y olfateaba.
De pronto delante de la niña, de una mata espesa, salió corriendo un lagarto
gris verdoso. Cerca había una sombra de toro y a él se dirigió el reptil con su
apéndice en alto. Allí estaba la cueva. La menor dejó caer toda su carga, y se
lanzó tras él con pasmosa rapidez, pero no tanto que no llegara al mismo
tiempo que el mastín, bulto enorme a su lado. El lagarto, en un tropiezo sin
duda perdió ventaja, pues, aunque ya con todo el cuerpo en el escondrijo, fue
asido de la cola por la pequeña. El perro coadyuvó sin pérdida de segundo, y
mordió en el tronco. La criolla se quedó con el apéndice en las manos, que se
retorcía como una culebra.
Fuese riendo, con las greñas en las mejillas. El mastín la siguió breves pasos; se
detuvo; volvió sobre ellos, como avergonzado; olió largo rato al pie del árbol;
introdujo parte del hocico en la covacha, movió de uno a otro lado la cola; y al
fin se acostó frente a ella, con la cabeza entre los remos y los ojos fijos en el
mísero hogar de la presa mutilada y perdida.
El lagarto verde
1.- ¿Dónde vivía la niña?
a) En una bonita casa. b) En una casa vieja. c) En una ciudad.

2.- ¿Que estaba haciendo ese día?


a) Recogía frutos de totoras. b) Jugaba con su perro. c) Buscaba huevos de aves.

3.- ¿Para qué detenía su marcha?


a) Para contar los huevos. b) Para aguardar por el perro. c) Para descansar.

4.- ¿Dónde estaba el lagarto?


a) Debajo de las totoras. b) En una cueva. c) En una mata espesa.

5.- La niña cuando vio el lagarto...


a) Se asustó. b) Lo persiguió. c) Se alejó corriendo.

6.- ¿Dónde se escondió el lagarto?


a) En una cueva. b) En una mata espesa. c) Debajo de la sombra del toro.

7.- ¿Qué sucedió en la persecución?


a) Atraparon al lagarto. b) El lagarto logró escapar. c) El mastín comió el lagarto.

8.- ¿Qué tenía la niña en sus manos?


a) El lagarto. b) Una culebra. c) La cola del lagarto.

9.- Al final de la historia, la niña se sentía...


a) Avergonzada. b) Triste. c) Contenta.

10.- ¿Quién salió perjudicado en este relato?


a) El perro. b) El lagarto. c) La niña.
La mariquita Catarina
Las alas delanteras de la mariquita Catarina eran de un color rojo intenso con siete brillantes
puntos negros. Sus dos alas posteriores eran muy delicadas y de un marrón suave y transparente
a juego con el color de su abdomen. No temía ser vista pues sabía que los insectos con tonos
rojizos y negros son frecuentemente venenosos y las aves evitan comerlos.
Un día, estando posada en un rosal, se le acercó una abeja que andaba recolectando polen.
- ¿Verdad que yo soy la mariquita más hermosa de todas cuantas hay?
- Sí. En verdad eres hermosa y aún lo serías más con dos lacitos en tus antenas.
Catarina se fue rápidamente en busca de un caracol que era especialista en la
fabricación de lacitos, corbatas y sombreros.
- Quiero un lacito negro para la antena derecha y el otro rojo a juego con mis alas.
Y Catarina con los lacitos colgados de sus antenas, buscó una hoja de un color verde intenso
sobre la que posarse para que su hermoso colorido destacase aún más.
- ¿Verdad que no hay ningún insecto tan hermoso como yo? – le dijo a una
hormiga que estaba atareada recogiendo azúcar de una fresa.
- Es cierto que eres muy hermosa, pero alguna mariposa he visto aún más hermosa que tú.
Quizás con unos zapatitos a juego serías la reina del mundo.
Catarina inmediatamente voló en busca del ciempiés y le encargó tres pares de zapatos: negros
para las patas delanteras, marrones para las patas del medio y rojos para las dos patas
posteriores que eran las que más se veían al volar.
Era ya principios de invierno cuando, estando posada en una hoja seca de color marrón a juego
con sus alas posteriores, vio a un gusano comiendo la última manzana que quedaba en el árbol.
- ¿Verdad que soy el ser más hermoso del mundo?
- Ningún animal hay en el mundo más hermoso que tú. Pero, con el frío del invierno, tus lacitos,
tus alas y tus zapatitos perderán color y la próxima primavera ya no tendrán esos tonos tan
vivos. Necesitarías un abrigo para resguardar tan hermoso colorido.
La mariquita Catarina se fue al instante en busca de un escarabajo fabricante
de abrigos y le compró uno de color negro brillante a juego con sus lacitos
que era lo único que quedaría visible de su cuerpo.
Con su nuevo abrigo escaló por el tronco de un manzano en busca de un
hueco para pasar el invierno. Y cuando ya estaba cerca de uno que le parecía
apropiado, advirtió que un jilguero hambriento se le aproximaba con mirada
amenazadora. La mariquita quiso salir volando, pero su abrigo se lo impidió.
- ¡Eh! ¡Que soy una mariquita! – chilló desesperadamente.
Pero el jilguero no la creyó y pensando que era una apetitosa mosca, de un picotazo se la comió.
La mariquita Catarina

01.- ¿Cuántas alas tenía Catarina? a) dos b) cuatro c) siete


02.- ¿De qué color era su abdomen? a) marrón b) negro c) rojo
03.- ¿Por qué no tenía miedo de los depredadores?
a) Era muy valiente b) Era amiga de las aves c) Las aves evitan comer mariquitas.
04.- ¿Quién le sugirió que se comprase unos lacitos?
a) el caracol b) la abeja c) la hormiga
05.- ¿Quién le vendió los lacitos? a) la abeja b) el escarabajo c) el caracol
06.- ¿De qué color era el lacito de su antena izquierda?
a) negro b) rojo c) marrón
07.- ¿Quién le sugirió que se comprase unos zapatitos?
a) la hormiga b) el gusano c) la abeja
08.- ¿Quién le fabricó los zapatitos? a) el gusano b) el ciempiés c) el escarabajo
09.- ¿De qué color eran los zapatos de las patas traseras?
a) rojos b) negros c) marrones
10.- ¿Quién le sugirió que se protegiese con un abrigo?
a) el ciempiés b) el escarabajo c) el gusano
11.- ¿A quién le compró el abrigo? a) al escarabajo b) al gusano c) al jilguero
12.- ¿Qué estaba haciendo la abeja?
a) recogiendo azúcar b) comiendo una manzana c) recogiendo polen
13.- ¿Qué estaba haciendo la hormiga?
a) recogiendo azúcar b) buscando miel c) recogiendo hojas
14.- ¿Qué estaba haciendo el gusano?
a) comiendo una hoja b) comiendo una manzana c) descansando
15.- ¿En dónde pensaba pasar el invierno Catarina?
a) dentro de una manzana b) en el hueco de un manzano c) en una rama
16.- ¿Por qué la comió el jilguero?
a) pensó que era una mosca b) le gustaban las mariquitas c) no se sabe
La princesa y el guisante
Había una vez un príncipe que quería casarse con una princesa; pero había de
ser princesa de verdad. Atravesó, pues, el mundo entero para encontrar una;
pero siempre había algún inconveniente. Verdad es que princesas había
bastantes, pero no podía averiguar nunca si eran verdaderas princesas, siempre
había algo sospechoso. Volvió muy afligido porque le hubiera gustado tanto
tener una verdadera princesa...
Una noche se levantó una terrible tempestad, relampagueaba y tronaba, la
lluvia caía a torrentes, era verdaderamente espantoso. Llamaron entonces a la
puerta del castillo, y el anciano rey fue a abrirla. Era una princesa. ¡Pero, Dios
mío, como la habían puesto la lluvia y la tormenta! El agua chorreaba por sus
cabellos y vestidos y la entraba por la punta de los zapatos y le salía por los
talones, y ella decía que era una verdadera princesa.
— ¡Bueno, eso pronto lo sabremos! — pensó la
vieja reina, y sin decir nada, fue al dormitorio, sacó
todos los colchones de la cama y puso un guisante
sobre el tablado. Luego tomó veinte colchones y los
colocó sobre el guisante. y además veinte
edredones encima de los colchones.
Era esta la cama en la que debía dormir la princesa.
A la mañana siguiente le preguntaron cómo había
pasado la noche.
—¡0h. malísimamente! —dijo la princesa, —
apenas he podido cerrar los ojos en toda la noche!
Dios sabe lo que había en mi cama. ¡He estado acostada sobre una cosa dura
que tengo todo el cuerpo lleno de cardenales! ¡Es verdaderamente una
desdicha!
Eso probaba que era una verdadera princesa, puesto que a través de veinte
colchones y de veinte edredones había sentido el guisante. Solo una verdadera
princesa podía ser tan delicada.
Entonces el príncipe la tomó por esposa, porque sabía ahora que tenía una
princesa de verdad, y el guisante lo llevaron al museo, en donde se puede ver
todavía, a no ser que alguien se lo haya llevado.
He aquí una historia verdadera.
La princesa y el guisante
1.- ¿Por dónde buscó el príncipe una princesa?
a- Por todo el mundo. b- Por todo su reino. c- Por todos los reinos vecinos.

2.- Al regresar a su reino, el príncipe estaba...


a- Contento. b- Cansado. c- Triste.

3.- ¿Cuándo llegó la princesa al castillo?


a- Un día de invierno. b- Una noche de tormenta. c- Una noche de luna llena.

4.- ¿Quién le abrió la puerta a la princesa?


a- El príncipe. b- La reina. c- El rey.

5.- La princesa llegó al castillo...


a- Sin zapatos. b- Sin vestidos. c- Con vestidos y zapatos.

6.- ¿Dónde colocó la reina el guisante?


a- Sobre el tablado de la cama.
b- Entre los colchones.
c- Debajo de los edredones.
7.- Por la mañana la princesa estaba...
a- Contenta porque había dormido bien.
b- Cansada porque había dormido mal.
c- Contenta por estar en el castillo.
8.- Supieron que era una princesa porque...
a- Quería dormir en el castillo.
b- Ella les dijo que era princesa.
c- No había dormido por culpa del guisante.

9.- ¿Dónde está ahora el guisante?


a- En el jardín. b- En el castillo. c- En un museo.
Rompecabezas

Pues señor... digo que aquel día o aquella tarde, o pongamos noche, iban por los
llanos de Egipto, en la región que llaman Djebel Ezzrit, tres personas y un
borriquillo. Servía este de cabalgadura a una hermosa joven que llevaba un niño en
brazos; a pie, junto a ella, caminaba un anciano grave, empuñando un palo, que así
le servía para fustigar al rucio como para sostener su paso fatigoso.
Pronto se les conocía que eran fugitivos, que buscaban en aquellas tierras refugio
contra perseguidores de otro país, pues sin detenerse más que lo preciso para
reparar las fuerzas, escogían para sus descansos lugares escondidos, huecos de
peñas solitarias, o bien matorros espesos, más frecuentados de fieras que de
hombres.
La suerte les deparó, o por mejor decir, el Eterno Señor, un buen amigo, mercader
opulento, que volvía de Tebas con sinfín de servidores y una cáfila de camellos
cargados de riquezas. Contaron sus penas y trabajos los viajeros al generoso
traficante, y éste les albergó en una de sus mejores tiendas, les regaló con
excelentes manjares, y alentó sus abatidos ánimos con pláticas amenas y relatos de
viajes y aventuras, que el precioso niño escuchaba con gravedad sonriente, como
oyen los grandes a los pequeños, cuando los pequeños se saben la lección.
Al despedirse asegurándoles que en aquella provincia interna del Egipto debían
considerarse libres de persecución, entregó al anciano un puñado de monedas, y en
la mano del niño puso una de oro, con endiabladas leyendas por una y otra cara. No
hay que decir que esto motivó una familiar disputa entre el varón grave y la madre
hermosa, pues aquel, obrando con prudencia y económica previsión, creía que la
moneda estaba más segura en su bolsa que en la mano del nene, y su señora,
apretando el puño de su hijito y besándolo una y otra vez, declaraba que aquellos
deditos eran arca segura para guardar todos los tesoros del mundo.
Rompecabezas
1.- ¿Quiénes eran las tres personas?
a) Una mujer vieja, un niño y un hombre joven.
b) Una mujer joven, un niño y un hombre viejo.
c) Un hombre y una mujer jóvenes y un niño.

2.- ¿Quién iba montado en el burro?


a) La mujer y el niño. b) El niño. c) El anciano y el niño

3.- ¿Para qué servía el palo?


a) Para golpear al burro. b) Para que el anciano se apoyase. c) Para ambas cosas.

4.- ¿De dónde eran los tres personajes?


a) De un país extranjero. b) De Egipto. c) De Djebel Ezzrit.

5.- ¿Por qué se escondían?


a) Para descansar y reponer fuerzas.
b) Para escapar de sus perseguidores.
c) Para ocultarse de las fieras.

6.- La mujer, el niño y el anciano tuvieron suerte porque...


a) Les contaron muchas historias.
b) Encontraron camellos con riquezas.
c) Conocieron a un rico mercader.

7.- En aquella provincia del interior de Egipto...


a) Tendrían que seguir escondiéndose.
b) Ya no iban a ser perseguidos.
c) Les iba a proteger el mercader.

8.- ¿Quiénes recibieron monedas del mercader?"


a) La mujer, el anciano y el niño. b) La mujer y el niño. c) El anciano y el niño.

9.- ¿Por qué discutieron?


a) Por las monedas de la mujer. b) Por la moneda del niño. c) Por las monedas del anciano

10.- ¿Qué relación familiar había entre los personajes?"


a) Eran marido, esposa e hijo.
b) Eran abuelo, hija y nieto.
c) c)Una mujer con su hijo y un anciano.

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