EL LIBRO MÁGICO
Había una vez una niña y un niño llamados Lucía y Roberto.
Eran hermanos. Lucía tenía siete años y Roberto ocho. Vivían en
un pueblo muy pequeño, de unos cien habitantes.
Un día al salir de la escuela fueron a ver el río que pasaba por
al lado del pueblo. Las vistas eran preciosas y casi todas las
personas del pueblo iban a verlo. Cuando se acercaron a la
orilla del rio se encontraron un libro que en su portada estaba
escrito en grande LIBRO MÁGICO. Roberto y Lucía lo abrieron y
mientras iban leyéndolo encontraron hechizos y encantamientos
mágicos. Se atrevieron a decir en voz alta uno de ellos. Cuando
dijeron las palabras -Vuela, vuela mariposa que pareces una
rosa- llegó hasta ellos una mariposa que se convirtió en una
chica. Roberto y Lucía se quedaron pasmados. La chica comenzó
a decirles que era una bruja, pero que no era ni fea ni mala,
sino una bruja buena y guapa. También les explicó que había
sido hechizada por una bruja vieja que ya no vive.
Pasaron unas horas con ella y los niños le dijeron que se estaba
haciendo de noche y tenían que volver a casa. La bruja entonces
se apoyó en una de las rocas que estaban cerca del río para
descansar y pasar la noche.
A la hora de cenar Roberto y Lucía no les contaron nada a sus
padres porque seguro que no les hubieran creído. Se tuvieron
que acostar pronto porque al día siguiente tenían que ir al
colegio.
A la mañana siguiente, en el cole aprendieron a dividir y las
partes y el crecimiento de las plantas.
Por la tarde regresaron al rio para ver a la bruja. Esta vez
conocieron su nombre. Se llamaba Alma. Tuvieron tiempo de
juagar a algún juego. Se hicieron las 19.30h, ya era tarde; se
saludaron y regresaron a casa.
Y así pasaron un año entero. Alma ya era mayor. Se había
divertido mucho con los niños, pero era el momento de regresar
con su familia. Roberto y Lucía se pusieron tristes cuando
recibieron la noticia, y por eso Alma les dijo que se quedaría
dos semanas más. Enseguida se pusieron un poco más contentos y
pasaron 3 horas jugando juntos, ya que los padres decían que
después del colegio podían disfrutar de tres horas y media para
hacer sus cosas. Sus padres eran muy buenos. Se llamaban
Antonio y Tamara. Se hizo casi de noche cuando se despidieron.
Lo pasaron genial, jugaron a quince juegos, flipa!
Pasadas las dos semanas llegó el día en el que Alma debía irse,
estaban los tres tristes. Ese mismo día Lucía y Roberto le
contaron a sus padres que tenían una amiga bruja, pero no les
creyeron. Los padres acompañaron a sus hijos al rio para ver si
era verdad lo que decían. Antonio y Tamara conocieron a Alma.
Ellos pidieron perdón a sus hijos por no haberles creído desde
un principio.
Finalmente, Alma le dijo a los niños que no se pusiesen tristes
porque se verían pronto y vivirían un montón de aventuras
juntos. FIN