LO QUE NOS UNE
En vísperas de las elecciones presidenciales. Septiembre de 1970
1. En esta hora de seria responsabilidad, creo mi deber decir una palabra a todos los hombres y
mujeres de buena voluntad en nuestra patria. Una palabra que solo quiere iluminar las mentes, y
despertar las nobles energías que todos tenemos, pero que parecen, a veces, dormir en el fondo
de nuestras almas.
2. Estamos terminando un proceso cívico. Como tantos otros de nuestra historia, ha movilizado a
todos los chilenos en torno a opciones políticas diversas, ardorosamente sustentadas. Una
campaña, tal vez excesivamente larga y costosa, nos ha hecho conocer la personalidad de los
programas de cada candidato, fundamentando nuestra responsable decisión de conciencia.
Reconozcamos que es un lujo, un privilegio no muy común en nuestra América, poder elegir así,
con esa seriedad, con esa libertad, a los representantes y servidores de un pueblo soberano.
3. Pero este privilegio hay que cuidarlo; este proceso hay que dignificarlo. Lo recibimos de
nuestros mayores como un precioso legado, y nuestros hijos esperan que se los transmitamos
intacto y enriquecido. Es un deber que no siempre cumplimos bien. La verdad y las personas no
han sido siempre respetadas. Más de una vez la violencia ha cobrado víctimas, cuyas vidas nos
parecen estérilmente tronchadas. Idearios políticos que aspiran, todos, a hacer más grande a
Chile, nos apasionan y enceguecen a ratos, hasta hacernos olvidar que somos todos hijos de la
patria chilena. Y un proceso destinado a hacernos crecer en nuestra madurez ciudadana a
consolidar nuestra comunidad de tareas y de destino, amenaza desgarrarnos con la división y
empeñar nuestra convivencia con una nota de amargura.
4. Por eso creo mi deber decir una palabra. La propongo humildemente, interpretando lo que
siento o adivino, en el corazón de mis hermanos chilenos en una hora como esta. Y es una palabra
muy simple: PAZ.
5. Cualquiera puede decirla: PAZ. Siempre es grato y hace bien repetirla: PAZ. Pero yo quiero hoy
algo más que pronunciarla: quiero invitar a conquistarla. Los meros saludos y los buenos deseos
no cambian el mundo.
Los caminos
6. ¿Cómo conquistar esa paz? Ante todo, perdiéndonos el miedo unos a otros. Y la mejor manera
de perdernos el miedo es conocernos —que es ya, empezar a comprendernos—. Si los chilenos
hiciéramos hoy un esfuerzo serio por conocernos, descubriríamos algo sorprendente: LO QUE NOS
UNE ES MUCHO MÁS FUERTE QUE LO QUE NOS SEPARA. Todos deseamos pan, respeto y alegría.
Todos somos y nos sentimos chilenos, celosos de nuestra soberanía, acostumbrados a la libertad.
Todos entendemos que en nuestra mesa común no puede haber privilegiados ni marginados.
Todos queremos que esta tierra de todos la disfruten todos, con los mismos derechos y las mismas
oportunidades. TODOS ANHELAMOS LA PAZ. Diferimos, sí, en los caminos, en los métodos, en la
velocidad para alcanzarla. Hay quienes quisieran dos aceleradores, mientras otros preferirían dos
frenos. Pero todos nos sentimos en el mismo coche.
7. Y si es así, si al conocernos descubrimos que somos tan semejantes, tan solidarios, tan
próximos, ¿por qué tanto prejuicio, por qué tanto miedo, unos de otros? ¿Será tan difícil
comprender al otro?, ¿comprender que, tras su lenguaje imperfecto, su conducta vacilante, sus
métodos discutibles palpita el hombre sediento de justicia, el hombre que quiere amar y ser
amado, respetar y ser respetado, crecer bajo un techo que resguarde su intimidad, ser padre
responsable de hijos felices, crear sus propias obras, creer en un Dios que salvará la obra de sus
manos? ¿Puedo reprocharle que tenga los mismos anhelos, los mismos ideales que yo tengo?
¿Puedo negarle los mismos derechos que reclamo para mí? ¿Puedo condenarlo porque lo
sorprendo en las mismas faltas y contradicciones en que yo caigo?
8. ¡CONOZCÁMONOS! Adentrémonos, con respeto, unos en otros, más allá de esa etiqueta o
denominación política que nos separa y aleja como si fuéramos extraños. ¡Conozcámonos, para
empezar a comprendernos! ¡Perdámonos el miedo unos a otros!
9. Eso es precisamente lo que hace tan precaria nuestra paz: que nos tenemos miedo. Nos
miramos con recelo, sintiendo o creyendo que uno amenaza los derechos del otro. Por eso nunca
tendremos paz si no tenemos justicia. Sí: la paz es obra y fruto de la justicia, y la justicia consiste
en amar los derechos de los otros, tal como ama uno sus propios derechos.
1. Según el texto, ¿cuál es la base que permite alcanzar la paz?
A. El conocerse.
B. El respeto.
C. La justicia.
D. La unidad.
2. ¿Qué función cumplen las preguntas que se incorporan en el párrafo 7 del texto?
A. Invitan a cuestionarse sobre la importancia de la unidad para el desarrollo del país.
B. Llaman a la reflexión sobre la necesidad de asumir una postura inclusiva y autocrítica.
C. Destacan la valoración de las diferencias como parte de un proceso de conocimiento mutuo.
D. Critican el actuar prejuicioso de personas que son incapaces de reconocer sus propias
equivocaciones.
3. A partir del contenido del texto, ¿qué elemento se destaca en la visión que tiene el Cardenal
sobre la sociedad chilena a la que pertenece?
A. Tiene dudas sobre su capacidad para valorar la diversidad.
B. Es optimista sobre las motivaciones que encauzan sus decisiones.
C. Confía en que con esfuerzo logrará mantener los privilegios ya ganados.
D. Teme que la falta de empatía acabe acrecentando las diferencias existentes.
4. A partir de la opinión del emisor del texto, ¿cómo debería entenderse el proceso eleccionario en
el que se encuentra la sociedad, para que conduzca a alcanzar la paz?
A. Como una posibilidad de aprender a partir de los errores.
B. Como un desafío que se debe enfrentar en conjunto.
C. Como una oportunidad para comprender la justicia.
D. Como un privilegio que hay que aprender a valorar.
5. De acuerdo con la opinión del emisor, ¿qué tienen en común las personas que forman parte de
la sociedad chilena?
A. La aspiración hacia la justicia social.
B. La valoración de la identidad nacional.
C. La motivación para participar en los procesos cívicos.
D. La voluntad de conocerse para llegar a comprenderse.
6. A partir de la lectura del texto, ¿cuál de las siguientes alternativas presenta una consecuencia de
la paz social?
A. La capacidad de cada miembro de la sociedad para valorar las semejanzas y aceptar las
diferencias que tiene con los demás.
B. La posibilidad de abrir la mente a la comprensión de los problemas y necesidades de los demás
miembros de la sociedad.
C. La lucha de cada miembro de la sociedad por la defensa de los derechos de los demás tanto
como de los propios.
D. La participación de todos los miembros de la sociedad en los procesos eleccionarios.
Lee el siguiente texto y responde las preguntas 7 a 12
Helga Schmidt González nunca pensó que alguna vez le tocaría pasar el Año Nuevo en un
aeropuerto, y menos en el de Gander, que no sabía si estaba en Escocia, Irlanda o Canadá.
—La tercera es la respuesta correcta —dijo Juanito Gándara, que estaba emocionado, porque era
la primera vez que ella volvía a Chile después de. Juanito le trabajaba a los viajes en una agencia
de Bremen. Inventó para ella la ruta de regreso más disparatada, pero también la más económica,
con largas esperas y cambios de aviones en Gander, Miami y Lima, todo durante la noche del Año
Nuevo de 1986.
—Son 283 dólares menos —dijo Juanito— en Santiago te van a hacer falta.
Argumento definitivo.
Pero cuando Helga desembarcó en Gander en su vuelo desde Frankfurt a las 21.30 (locales) y vio la
sala de tránsito vacía y tomó conciencia plena de que allí tendría que esperar más de ocho horas y
pasar el Año Nuevo en total soledad, le hizo falta todo su sentido práctico germano de Osorno
para no deprimirse. Pensar sobre todo que volvía a Chile. ¡A Chile, por fin! Después de ocho años.
Había unas butacas cómodas. No sería mala idea dormir tres o cuatro horas. En la pared blanca, a
unos quince metros de distancia, parpadeaba una lucecita verde hipnótica. Se sentó, estiró las
piernas. Cambió de lugar para no mirar la lucecita y sacó el espejito de la cartera para retocarse los
labios. Se vio algo ojerosa y pensó en repasar la sombra celeste que parecía agrandarle los ojos
azules, heredados de su padre.
De pronto, un altoparlante oculto hizo un ruido gutural y una voz femenina pidió en alemán que
Frau González se dirigiera a la oficina de vuelos. Algo así. La pronunciación alemana no era buena,
pensó con cierta superioridad.
Se puso de pie algo incierta y caminó hacia la puerta de cristales por donde había entrado. Cuando
ya llegaba a ella, apareció marchando militarmente una rubia de uniforme azul marino con
botones plateados y con una falda muy corta. Le mostró los dientes y le indicó con un gesto que la
siguiera. Caminaron largos pasillos seguidas por el eco del taconeo marcial de la rubia. Llegaron a
una oficina alfombrada donde el aire estaba muy caliente y con olor a pinos. A un costado echaba
calor una chimenea falsa con brasas y leños falsos. Un hombre joven, flaco, de anteojos sin marco,
la recibió poniéndose de pie detrás de un escritorio plateado y le ofreció asiento. Luego fue al
grano sin demora:
—Frau González, nuestra línea aérea quiere proponerle un cambio. ¿Usted habla alemán, verdad?
—Ja, naturlich. El hombre hablaba un curioso alemán dialectal, como de Friburgo, haciendo
gallitos. —Es un cambio ventajoso para usted. Y es que se embarque en nuestro próximo vuelo a
Ciudad de México, dentro de... —miró su reloj pulsera de piloto, con varias esferas— una hora y
45 minutos. Se ahorrará una larga espera, sin costo alguno. ¿Comprende? Tendrá conexión
inmediata a Miami, donde podrá tomar un vuelo directo a Santiago, sin escalas. Podrá estar más
pronto con su familia y evitará tantas horas sola en la Noche Vieja. ¿Qué le parece?
Ella apretó los labios. Dónde estará la trampa. Los compañeros le advirtieron. Dijo: —No. En
Santiago me esperan en el vuelo que tengo reservado. Gracias, pero no. No.
El flaco se mostró contrariado, pero trató de sonreír:
—Piénselo bien. Es por su propia conveniencia...
Ella sintió que su desconfianza crecía. Recordó los días pasados en Cuatro Álamos, la venda, la
mordaza.
—Nein.
La misma rubia la escoltó de vuelta al salón de tránsito. Sin mirarla.
Una media hora después, la escena se repitió. La llevaron a otra oficina, más grande y más
caliente. Parece que afuera había nieve y mucho frío. Ahora el tipo era gordo, de pelo rojizo y
cogote colorado. Hablaba inglés y olía a whisky y a tabaco de pipa. Parecía capitán de barco, pero
de civil. Al tratar de convencerla de las ventajas del cambio de vuelo usaba un tono paternal. Helga
mantuvo su negativa como una roca.
De vuelta en tránsito se maquilló cuidadosamente por cuarta vez desde su partida. Era una
operación que le daba seguridad en sí misma. Bostezó y se acomodó casi horizontal, con las
piernas en la butaca vecina. No supo si había alcanzado a dormir tres minutos o veinte. Notó con
un sobresalto que había un hombre de pie delante de ella. Bajó las piernas y se enderezó con
rapidez. —Frau González, buenas noches. O buenos días —le dijo en castellano, con un acento
entre argentino y yanqui. Era muy elegante, tenía unos 50 años y a Helga le llamó la atención lo
fino que tenía el pelo, entre castaño y cano, muy bien peinado. Sin duda era un ejecutivo de línea
aérea. ¿O un agente de la CIA?
—Perdóneme que le insista, pero me parece que para usted es conveniente nuestra oferta, ¿sabe?
Además, le podemos buscar la variante que más le acomode. La llevaremos en clase Super DeLuxe.
No va a tener queja ninguna, le garantizo. Podemos dejarla directamente en Miami. Si desea,
podrá esperar su vuelo, la reserva que tiene —lo decía con cierto desdén— o puede elegir otro. El
que le convenga. Sin costo adicional. Además, podrá comunicarse por teléfono con quien desee en
Santiago. Desde aquí, ahora mismo. Sin costo alguno.
¿Teléfono? Su desconfianza comenzó a bordear el pánico.
—¡No! —dijo, en voz innecesariamente alta—. No quiero ningún cambio.
—¿No? —repitió el ejecutivo, sorprendido—, ¿está segura?
—Estoy segura.
No. No lo estaba, pero había resuelto no aceptar nada. No la harían caer en ninguna trampa. En
Santiago la iba a esperar su mamá, con un teléfono... ¡No! La maniobra era evidente.
El ejecutivo levantó los brazos y se fue, derrotado.
Ella volvió a acurrucarse en sus dos butacas.
Despertó cuando la llamaron a embarcar, siglos después. Caminó buscando el número de la puerta
de embarque a través de pasillos y salas y pasillos, luego por un túnel hasta el vientre del inmenso
avión. Se dejó caer en el lugar que le ofrecieron unas azafatas muy serias. La hilera completa de
asientos estaba desocupada. Pensó que podría dormir regiamente, bien estirada y sin arrugar
demasiado la falda.
Rugieron las turbinas, parpadeó una luz roja, Fasten seat belts. Cerró los ojos y cayó en un sopor.
Siempre le pasaba en el despegue.
Oyó una voz que decía: —Frau González..., ¡feliz Año Nuevo!
El avión ronrroneaba con dulzura y flotaba inmóvil en un cielo lechoso. Una azafata provista de
una sonrisa permanente le estaba sirviendo champaña de una pequeña botella en una copa muy
alta. Helga se enderezó, dio las gracias como una niña bien educada de las Monjas Alemanas y,
mientras tomaba la copa, echó una mirada en derredor. En toda la cabina de primera clase, donde
la habían instalado, no se veía ni un solo pasajero. Dejó la copa en una bandeja junto a su asiento.
Se puso de pie. Caminó dos pasos y desde el pasillo miró hacia la gigantesca zona de turismo. La
azafata que le había servido la champaña y otra que estaba a su lado, algo más alta, la miraban
con un gesto raro, tal vez de reproche. Vio doscientos o trescientos asientos blancos. Vacíos. El
avión estaba desierto. Solo en ese momento comprendió que era la única, absolutamente la única
pasajera del Jumbo.
(Berlín, 1989)
7. Según el relato, ¿qué busca la protagonista del relato al aceptar el itinerario que le ofrece
Juanito Gándara?
A. Disfrutar de un viaje en soledad.
B. Conocer otras ciudades alemanas.
C. Optimizar sus recursos económicos.
D. Llegar más rápidamente a su destino.
8 ¿Cómo reacciona la protagonista del relato ante los ofrecimientos que recibe?
A. Con sorpresa.
B. Con entusiasmo.
C. Con resignación.
D. Con desconfianza.
9 ¿Cuál es el hecho más importante para Helga Schmidt González?
A. Conocer Gander.
B. Regresar a su país.
C. Buscar a su familia.
D. Abandonar Alemania.
10 ¿Cuál de las siguientes ideas se desprende del final del relato?
A. Helga vio confirmadas todas sus sospechas previas.
B. Helga comprendió que no podría llegar a su destino.
C. Helga malinterpretó los ofrecimientos de cambio de vuelo.
D. Helga fue enviada a propósito en un avión sin otros pasajeros.
11. ¿Qué hecho explica la reacción de Helga frente a las ofertas de cambio de itinerario que
recibe? A. La actitud desafiante de los funcionarios de línea aérea.
B. El deseo de mantener la propuesta de Juanito Gándara.
C. El recuerdo de los consejos que recibió de sus amigos.
D. Las características de las personas que la atienden.
12 ¿Qué sentimiento predomina en la protagonista del relato ante los hechos que ocurren durante
la espera de su vuelo?
A. El miedo de ver frustrado su regreso al país.
B. La expectativa ante la nueva vida que iniciará.
C. La tristeza por abandonar el lugar que la acogió.
D. El temor de encontrar un país distinto al que recuerda
La memoria es el país
En los computadores, la memoria es el espacio donde guardamos todo lo que hacemos. Ahí
dejamos nuestros documentos de trabajo o cualquier cosa que escribimos, las fotos familiares, la
música que nos gusta y un largo etcétera. Esas cosas almacenadas en la memoria del computador
están ahí disponibles en cualquier minuto en que las necesitemos. Guardamos las cosas que
ocuparemos en nuestro presente o que queremos guardar para ese extraño lugar que llamamos
futuro.
¿Cuán parecido es el disco duro de un computador a la memoria de un país? ¿Cuán parecido es
almacenar archivos al almacenamiento de la historia y la cultura de Chile?
Son preguntas retóricas sin mucho sentido, pero que me llevan a una manera de ver y entender la
memoria como una herramienta que configura mi presente y que poco tiene que ver con el
pasado al que se suele asociar. La memoria no es pasado. La memoria es la materialización
presente de hechos anteriores que me ayuda a vivir de determinada manera. En fácil: La memoria
es lo que te hace levantarte, salir de tu casa y poder volver a ella, acordarte de los nombres de tus
familiares y de la clave de mail. Y yendo más allá: es lo que te permite mejorar en la vida y crecer
como persona. Ese almacenamiento constante de experiencias es lo que somos hoy. El pasado es
un lugar que ya no existe y el futuro es la creación de tus acciones de hoy.
¿Y la memoria del país? Básicamente es lo mismo pero con el componente, grande y difuso, de
que esa memoria es una construcción colectiva. Son las miles de memorias personales las que
construyen este gran “disco duro” del país, de la ciudad y de cada barrio.
Pero esa memoria no está en el pasado. Es el presente. Es lo que somos ahora y la base de lo que
seremos. No existe forma de evitar eso. No hay manera de que un país no tenga memoria. No hay
verdades oficiales ni extraoficiales que puedan eliminarla.
¿Por qué? Porque la memoria es el presente. Es el país que transitamos y las verdades que
sabemos. Son la existencia de todas las tendencias políticas. Es nuestra apatía o nuestra
participación. La memoria del país son los edificios gigantes que construimos y los presidentes que
elegimos. Son los árboles que plantamos y las represas que detenemos. En definitiva la memoria
de un país es el país mismo. Aquí y ahora.
El tema es que la memoria se construye. ¿Cuál es la memoria que quieres que vivan tus hijos? Hoy
tenemos este país construido en la memoria colectiva de todos, los de un lado y los del otro.
¿Cuánta reflexión falta sobre el presente para entender aquellos hechos del pasado?
Preguntémonos cómo y por qué estamos aquí, en esta realidad, antes de dar más pasos. Tomemos
la memoria hoy, así como está, y aprendamos. ¿Cuánta reflexión a todo nivel, político, familiar y
personal falta para entender el país que tenemos y en el que queremos vivir?
Es hora de pensar y soñar. De explorar nuestro “disco duro” colectivo y buscar cada archivo que
nos aporte, de subirnos a nuestros edificios y ver desde la altura qué dirección hay que tomar.
Construyamos los nunca más y edifiquemos la memoria de ese territorio imaginario llamado país
desde el único lugar que existe: el presente.
13. Según lo que plantea el emisor, ¿cuál es el único espacio que realmente existe?
A. El pasado.
B. El presente.
C. La memoria.
D. La experiencia.
14. En el primer párrafo, ¿qué recurso utiliza el emisor del texto?
A. Una definición.
B. Una descripción.
C. Una comparación.
D. Una ejemplificación