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Diácono Ejemplar: Ministerio y Fe

El documento habla sobre Esteban, un diácono ejemplar en la iglesia primitiva. Describe como Esteban tenía un poderoso ministerio de servicio y una vida espiritual llena del Espíritu Santo. También hacía grandes prodigios y señales entre la gente.

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Diácono Ejemplar: Ministerio y Fe

El documento habla sobre Esteban, un diácono ejemplar en la iglesia primitiva. Describe como Esteban tenía un poderoso ministerio de servicio y una vida espiritual llena del Espíritu Santo. También hacía grandes prodigios y señales entre la gente.

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“UN DIÁCONO EJEMPLAR”

(HECHOS 6:1-10)
(Por el pastor Emilio Bandt Favela)

Domingo 29 de enero de 2006.

1 En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos
contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.
2 Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros
dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas.
3 Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu
Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.
4 Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.
5 Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu
Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía;
6 a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.
7 Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en
Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
8 Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.
9 Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de
Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban.
10 Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.
V. C. EL DIÁCONO ES UN HOMBRE CLAVE EN LOS PROPÓSITOS DE DIOS.

Ser diácono de una iglesia es una bendición muy grande de Dios. Porque el Señor no solo ha
creado este oficio dentro de su Obra, sino que ÉL mismo llama al diácono, lo capacita, lo prepara,
lo alista, lo sustenta y lo honra como ÉL solamente sabe hacerlo.

Tiene muchísima razón el apóstol Pablo cuando escribe acerca de los diáconos y dice: “Porque los
que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es
en Cristo Jesús” (1 Timoteo 3:13).

Nuestro Dios, en su Perfecta Sabiduría y Conocimiento diseñó este ministerio dentro de la


estructura de su Iglesia. Por esto, el diaconado es imprescindible.
Y el Señor está dispuesto a sustentarlo con su gran Poder y su Infinita Gracia, como se nos enseña
en la Palabra de Dios de la vida de Felipe o de Esteban, y cómo fueron usados maravillosamente
por el Señor.

Mas que para cualquier otra persona, para sus siervos son aplicables las Palabras de Dios en Isaías
41:10 “No temas, porque yo estoy contigo, no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo,
siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

Así que el diácono ejemplar puede decir con el salmista “Contigo desbarataré ejércitos, y con mi
Dios asaltaré muros” (Salmo 18:29).
Veamos en nuestro pasaje, algo del poderoso ministerio de un diácono ejemplar.

1º UN DIÁCONO EJEMPLAR TIENE UN PODEROSO MINISTERIO DE SERVICIO. (Hechos


6:1‐2).
Precisamente, el servicio es el propósito de su llamamiento y ministerio.
La palabra diácono que encontramos en nuestra Biblia es la traducción del vocablo griego diakonein
que literalmente significa siervo, servidor, el que sirve.

Y ser servidor no es un título deshonroso, al contrario, es el de mayor altura en cuanto al reino de


Dios se refiere.

Nuestro Señor Jesucristo fue servidor. ÉL mismo lo dijo en Marcos 10:45 “Porque el Hijo del
Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.

Y es que en el servir está la verdadera grandeza. Escuchemos con atención la hermosísima


enseñanza de nuestro Señor Jesucristo:
“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de
ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el
que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre
vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y
para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:25‐28).

Servir a los demás tiene una trascendencia enorme.


Esta es la historia de un ancianito cuyo único anhelo era plantar un árbol frutal antes de morir. –
Quiero que sea un manzano. –Decía mientras se afanaba con la pala cavando el pozo. Y alguien le
preguntó: ¿Y verdaderamente esperas comer del fruto de ese árbol? Él respondió: No. Pero espero
que muchas personas sí.
El servicio es el único que siembra para los demás y ¿Quién puede decir para cuántas personas
más?

Albert Einstein cuando entró al laboratorio donde iba a trabajar observó los cuadros de los retratos
de Newton y Maxwell. Al siguiente día ya los había reemplazado por los de Gandhi y Schweitzer.
Cuando lo cuestionaron dijo: Es hora de cambiar la imagen del éxito por la del servicio.

Así nosotros, amados diáconos, sirvamos por amor a las familias, ministrémosles en el Nombre del
Señor y con la Palabra de Dios. Visitemos a nuestros hermanos, a los desalentados, a los que tienen
grandes luchas, a los enfermos, y aún, por que no, a los rebeldes e inconstantes. Oremos
constantemente por ellos. Dios sabrá recompensar vuestro esfuerzo.

2º UN DIÁCONO EJEMPLAR TIENE UNA PODEROSA


VIDA ESPIRITUAL. (Hechos 6:3‐8).
Observemos a Esteban y a los demás diáconos. Eran hombres llenos, pero no de kilos, sino de esas
siete virtudes que todo diácono ejemplar debe tener. Así notemos que eran hombres llenos de buen
testimonio, del Espíritu Santo, de Sabiduría, de fe, de gracia, de poder, y de victoria.
Dios quiere hombres así. El Señor desea siervos ejemplares de los cuales pueda testificar delante de
todos como dijo de David “... he hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien
hará todo lo que yo quiero” (Hechos 13:22).
O como dijo también de Job aún delante de Satanás: “... ¿No has considerado a mi siervo Job, que
no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?”
(Job 1:8).

Pero para lograr una poderosa vida espiritual necesitamos ocuparnos en ella diariamente. El
apóstol Pablo lo recomienda enérgicamente: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis
obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en
vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12).

Esta es la parábola del viejito ocupado. Un hombre platicaba con un hombre sumamente avanzado
en edad y le decía: Feliz usted que ya no tiene muchas cosas en que ocuparse. A lo que el anciano le
responde: Se equivoca usted, porque diariamente tengo dos halcones que amansar, dos conejos que
cuidar, dos gavilanes que vigilar, una serpiente que domar, un león que encadenar, y por si fuera
poco tengo a un niño que debo alimentar, atender y servir. El hombre le dice: Pero yo no veo
ninguno de esos animales en su casa, ni tampoco tiene usted a ningún niño. El viejito le dice: Los
dos halcones son mis ojos que debo guardar con diligencia para que nada les agrade que dañe mi
relación con Dios.
Los dos conejos son mis pies, que debo detener para que no se vayan tras cosas malas y no anden
en camino de pecado.
Los dos gavilanes son mis manos que tengo que entrenar para que solo provean para mí y para los
necesitados. La serpiente es mi lengua que tengo que domar para que no hable cosas que no
convienen. El león es mi cuerpo que tengo que dominar para que la Gracia de Dios siempre more
en mí. Y el niño es mi espíritu que debo alimentar con la Palabra de Dios, y la oración en una
constante comunión con mi Señor.

Así nosotros, tengamos una poderosa vida espiritual personal. Dios ya ha hecho su parte, ahora
hagamos la nuestra.

3º UN DIÁCONO EJEMPLAR TIENE UN PODEROSO


MINISTERIO DE BIEN HACIA TODOS LOS DEMÁS.
(6:9‐10).
Dice nuestro pasaje que Esteban hacia grandes prodigios y señales entre el pueblo. También dice
que sus opositores no podían resistir al Espíritu y a la sabiduría con que hablaba. Esto es un
poderoso ministerio de bien y testimonio.

Lo mismo hizo Felipe. La Biblia lo testifica: “Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria,
les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe,
oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían
éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en
aquella ciudad” (Hechos 8:5‐8).
Y tanto él como Esteban eran diáconos en la iglesia de Jerusalén. Con esto quiero decir que Dios
puede usar gloriosamente al diaconado en el cumplimiento de sus propósitos santos.

El privilegio no solo es del pastor. Sino en la mente del Señor están también los diáconos. Cuan
importante es su ministerio para el pastor, para la iglesia entera, para la comunidad toda.

Es imposible que el pastor pueda atender todas las necesidades espirituales, morales y aún
materiales de la iglesia. Moisés necesitó de diáconos para juzgar al pueblo de Israel. Leamos el
relato bíblico: “Aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo
estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde. Viendo el suegro de Moisés todo lo que
él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y
todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde? Y Moisés respondió a su suegro:
Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios. Cuando tienen asuntos, vienen a mí; y yo juzgo
entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes.

Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú, y
también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás
hacerlo tú solo. Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Está tú por el pueblo
delante de Dios, y somete tú los asuntos a Dios. Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y
muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer. Además escoge tú de entre todo
el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y
ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al
pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño.
Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo. Si esto hicieres, y Dios te lo mandare,
tú podrás sostenerte, y también todo este pueblo irá en paz a su lugar. Y oyó Moisés la voz de su
suegro, e hizo todo lo que dijo. Escogió Moisés varones de virtud de entre todo Israel, y los puso
por jefes sobre el pueblo, sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez. Y juzgaban al
pueblo en todo tiempo; el asunto difícil lo traían a Moisés, y ellos juzgaban todo asunto pequeño”
(Éxodo 18:13‐26).

Cuando Dios ordenó a Moisés y Aarón que censaran al pueblo, ellos necesitaron de diáconos y
Dios llamó a esos diáconos por nombre a ese ministerio. (Números capítulo 1). En el Nuevo
Testamento los apóstoles no podían atender a las multitudes y por eso fueron nombrados aquellos
varones para ese servicio.
Así, en las iglesias neotestamentarias se nombraron diáconos, y hoy día, este ministerio sigue
siendo de vital importancia en la vida de la iglesia. Hay una preciosa promesa de Dios para los
diáconos: “Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha
confianza en la fe que es en Cristo Jesús” (1 Timoteo 3:13).
Amados Hermanos Diáconos, que nuestro Dios ponga en ustedes una doble porción de su
Espíritu. ¡Así sea! ¡Amén!

Pastor Emilio Bandt Favela

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