Pontificia Universidad Católica de Chile
Facultad de Letras
Asignatura: Narrativa Chilena e Hispanoamericana
Profesor: Felipe Toro
Alumna: Anaís Romero
Escritura Femenina: poder y descubrimiento
Desde el surgimiento de la literatura y el fenómeno narrativo como tal, el elemento
patriarcal y degradante hacia las figuras femeninas ha estado siempre presente, especialmente
en lo que constituye al repertorio literario hispanoamericano. Lucía Guerra sintetiza esta
problemática, al destacar que la figura femenina está constantemente “...enfrentada a un
espacio intertextual de profusos discursos sobre la mujer y no en ella o por ella” (684),
evidenciando lo anterior desde el surgimiento de lo que corresponden a las “novelas
fundacionales”, como es el caso de Los Lisperguer y La Quintrala (1877) de Benjamín
Vicuña Mackenna. Esta crónica construye que “... las desgracias en la familia comienzan con
la presencia femenina, justamente con la madre de la Quintrala y su abuela paterna, ambas
acusadas de envenenamiento” (Knuckey 14). Con esto, y considerando la escritura de Vicuña
Mackenna un ejemplo importante, se asimila a la figura femenina, desde la perspectiva
masculina, como una desgracia desde la construcción predominada por el protagonismo (y
heroísmo) del género opuesto.
No obstante, con la llegada de la transición al nuevo siglo la instancia de la narrativa y
la escritura femenina se da paso a la exposición de la subjetividad del respectivo género;
creando así una oportunidad de exponer problemáticas asimiladas o encubiertas
anteriormente debido al paradigma patriarcal. Es en este nuevo contexto en donde “... las
voces de los poderes centrales autoritarios (en especial, los poderes que incluyen la
perspectiva patriarcal) pierden protagonismo y en parte son relevadas por las voces
originadas en espacios marginales de la sociedad” (Álvarez 1). Con esto, se genera un
vehículo o medio por el cual transformar el proceso enunciativo dentro de la literatura
hispanoamericana, y con ello formular una nueva interpretación del significado de ser mujer
dentro de la escritura, sumado al discurso femenino como tal.
Para enfatizar en la inserción de la perspectiva femenina a partir de la escritura, se
hará uso de tres textos, siendo estas La última niebla (1934) de María Luisa Bombal, Paula
(1994) de Isabel Allende, y una selección de cuentos de Silvina Ocampo (1959), compuesta
por “Carta perdida en un cajón”, “Las vestiduras peligrosas”, “Memorias secretas de una
muñeca” respectivamente, mas sólo se analizará con profundidad el contenido del primer
relato de la selección. Con esto, se pretende analizar instancias en las que la escritura
protagoniza la trama de las narrativas escritas por mujeres dentro del repertorio
hispanoamericano, y con ello evidenciar la reflexión de experiencias femeninas dentro del
mismo relato, enfocándose en temáticas asociadas con la sexualidad, la corporalidad, el abuso
sexual, entre otras. Finalmente, con este escrito se propone –a partir de las obras de Bombal,
Ocampo y Allende– una lectura crítica que evidencie, desde conceptos de la teoría feminista,
las problemáticas de la experiencia femenina en la narrativa hispanoamericana a lo largo del
siglo XX.
Primeramente, se analizará una de las novelas de María Luisa Bombal, La última
niebla (1934), con el propósito de evidenciar una transición con respecto al pensamiento del
personaje femenino. Esta novela comienza esquematizando una mentalidad sublevada, desde
la cual la protagonista asimila una reputación y estilo de vida en beneficio a su marido. Sin
embargo, y gracias al elemento onírico que Bombal inserta en la novela, se explicitan dos
temáticas poco recurrentes hasta ese momento en la literatura: el placer femenino y la
infidelidad a partir de la insatisfacción. La novela formula explicites con respecto al deseo
femenino, pero esto se cubre literariamente desde el fenómeno del sueño y la pasión, a partir
del cual, en palabras de Lucía Guerra, “... se utiliza el discurso sentimental como un recurso
estratégico para desenmascarar el desear” (685).
A lo largo del relato, la protagonista –a partir de lo anteriormente mencionado– hace
uso de la escritura para mantener en su memoria a su amante, a modo de poder comunicarse
con él y no olvidar la sensación de deseo que él le provocaba, tal como se presenta en la
siguiente cita: “Hace ya un tiempo que no distingo las facciones de mi amigo, que lo siento
alejado. Le escribo para disipar un naciente mal entendido: “Yo nunca te he engañado. Es
cierto que, durante todo el verano, entre Daniel y yo se ha vuelto a anudar con frecuencia ese
feroz abrazo, hecho de tedio, perversidad y tristeza” (Bombal 66). A partir de esta cita no
sólo se da paso a la instancia de escritura como método de liberación y recuerdo del deseo,
sino que además permite a la protagonista asimilar su infelicidad frente a su matrimonio,
siendo este último un tema recurrente a lo largo del relato. Con respecto a la inserción de la
escritura como vía elemental en el relato, Spinelli menciona lo siguiente: “... la construcción
del cuerpo femenino finaliza en un acto de escritura, lugar aventajado para transgredir y
llevar a cabo cambios, que le permiten «dar cuerpo» tanto a ella como a su amante ficticio,
metáfora del deseo” (129).
En segundo lugar, y continuando con al análisis, se desarrollará una reflexión con
respecto al cuento “Carta perdida en un cajón” (1959) de Silvina Ocampo, a modo de insertar
la sexualidad desde una ambigüedad narrativa que puede servir como interpretación desde la
inclusión homosexual. Con respecto a la importancia de la escritura, tanto el título del cuento
como el modo en el cual está escrito refieren a que se está frente a una carta, siendo esto
justificado por el título: “Carta perdida en un cajón”, estructurándose una mezcla de
ficcionalidad y confesión por parte del pensamiento de la protagonista. A modo de frustración
y pasión, esta carta que nunca será enviada será vía para exponer aquellos sentimientos de la
escritora sobre alguien que alguna vez fue su amiga, y su angustia con respecto a esta
relación: “Pensar de la mañana a la noche y de la noche a la mañana en tus ojos, en tu pelo,
en tu boca, en tu voz, en esa manera de caminar que tienes, me incapacita para cualquier
trabajo” (Ocampo 243), escribe ella al referirse a sus sentimientos, descartando con ello
cualquier concepción del lector que se asuma simplemente una amistad entre ambas mujeres,
además de asimilarse la protagonista misma como amante frente a la receptora de la carta,
recalcando lo siguiente: “Ningún amante habrá pensado tanto en su amada como yo en ti”
(Ocampo 243).
Con respecto al deseo entre mujeres, especialmente analizando el repertorio de Silvina
Ocampo en general, Arnés ha destacado lo siguiente: “El deseo homo-erótico, como
consecuencia de la discriminación de una cultura heteropatriarcal, se ha estructurado,
históricamente, entre lo secreto, lo sabido y lo no dicho.” (1). Ante esto, se comprende la
ambigüedad con la cual la propia protagonista narra sus sentimientos y sensaciones con
respecto a la figura de su antigua amistad.
Finalmente, a modo de introducir lo que es considerado el repertorio literario más
contemporáneo en la selección de este ensayo, se analizará Paula (1994) de Isabel Allende
con respecto a la dualidad entre escritura y experiencia del género femenino; especialmente
desde la temática de la sexualidad, complementando así a los dos relatos anteriores. Con
respecto al abordaje de la sexualidad de la autora, siendo esta novela una biografía, se
consideran varias instancias en las cuales se mencionan el sexo, los anticonceptivos, la
corporalidad, entre otras. No obstante, y en comparación con otro cuento de la recopilación
de Silvina Ocampo (“Las vestiduras peligrosas”), la autora narra detalladamente su
experiencia con respecto a ser víctima de abuso sexual a una corta edad, lo cual menciona a
modo de reflexión con respecto a su complicada relación con la sexualidad en general y su
propio cuerpo. La autora, con respecto a lo anterior, escribe lo siguiente a modo de introducir
en su relato la experiencia: “Ahora me asombra tamaña ignorancia en alguien que había leído
tanto como yo. Además, algo sucedió en mi infancia que podría haberme dado algunas luces
o al menos haber provocado curiosidad para aprender sobre ese asunto, pero lo tenía
bloqueado en el fondo más oscuro de la memoria” (139). Es la instancia de escribir para su
hija Paula lo que permite a la autora recordar, apareciendo en su relato anécdotas que para
ella prefieren mantenerse olvidadas. Como ya se mencionó anteriormente, entre la transición
de los tres textos seleccionados se puede distinguir una transición con respecto a la explicites
de temáticas y lenguaje con el cual se abordan fenómenos, como es el caso de la sexualidad
en este escrito. Isabel Allende no utiliza alegorías o ambigüedades para referirse a
acontecimientos que construyen su vida, siendo uno de los más detallados la misma instancia
en la cual ella recuerda su abuso por parte de un hombre mayor.
De esta manera, la escritora señala lo siguiente con respecto al recuerdo de esa
experiencia: “Y entonces se quedó mirándome con una expresión indescifrable y de pronto
tomó mi mano y la puso sobre su sexo. Percibí un bulto bajo la tela húmeda del pantalón de
baño, algo que se movía, como un grueso trozo de manguera; traté de retirar la mano, pero él
la sostuvo con firmeza mientras susurraba con una voz diferente que no tuviera miedo, no me
haría nada malo, sólo cosas ricas.” (Allende 141-142). Es interesante destacar y contrastar
cómo el uso del lenguaje va evolucionando a lo largo de los tres textos utilizados: comienza
siendo utilizado desde lo alegórico y figurativo para concluir en una demostración cada vez
más realista, siendo Isabel Allende y su relato autobiográfico lo más similar a ello.
Finalmente, con el análisis anterior, se justifica el verdadero propósito por el cual Isabel
Allende escribe: comprender y asimilar su propia vida, y las respectivas experiencias que la
componen, con su respectiva sensación y magnitud.
A modo de comparación o contraste entre los tres ejemplos, es posible evidenciar
como, conforme pasa el tiempo, las descripciones con respecto a temáticas asociadas con la
sexualidad y la experiencia femeninas son cada vez más directas y menos figurativas dentro
de la construcción de la narración misma. Los tres textos hacen uso del recuerdo, ya sea para
que prevalezca algún sentimiento de satisfacción o para asimilar experiencias pasadas, las
cuales, en alguna magnitud u otra, exponen cierta experiencia vinculada al ser mujer, y cómo
la escritura es, finalmente la instancia dentro del relato para asimilar y aprovechar esa
posición.
A partir de las palabras de Renée Ferrer con respecto a la introducción de la escritura
como instancia de visualización femenina, se concluye lo siguiente: “Varias son las vías
utilizadas por la mujer escritora para conseguir esa liberación a través de la escritura. Las
mismas van desde la introspección con el constante enfrentamiento consigo misma, hasta el
planteamiento de la infidelidad como un derecho a la felicidad; desde el lesbianismo como
respuesta psicológica a la explotación sexual masculina a la alienación, la autoeliminación, el
crimen o la locura, sin que falten los casos de un franco erotismo o de una rebelión abierta y
sin rodeos” (29). En esta cita se hace mención a los dos primeros argumentos mencionados
previamente: tanto el fenómeno de infidelidad como búsqueda de satisfacción por parte de
María Luisa Bombal, como también el surgimiento del lesbianismo.
Por otro lado, el aspecto más importante que comparten estos tres relatos recae en la
exposición de la otredad dentro de la narrativa latinoamericana. El concepto anteriormente
introducido será utilizado a partir de su origen con los postulados de Simone De Beauvoir en
1949, en donde ella señala que “... la construcción de lo-uno y de lo-otro, en relación con
varones y mujeres, es universal por estar presente en todas las culturas: el varón es lo
universal y la mujer lo particular” (Cano 52). Con esto, la otredad se asimila con lo excluido,
la oposición y el contraste del orden o lo aceptado culturalmente y que, según el escrito de
Álvarez, “...surge en momentos históricos concretos y en discursos específicos” (1-2), siendo
la escritura esa instancia particular en la cual la figura excluida comenzó a formar parte de la
construcción.
A modo de conclusión de este ensayo es posible establecer lo siguiente: la escritura,
finalmente, corresponde a la instancia u oportunidad para definir nuevamente lo que implica
ser mujer en una sociedad que constantemente sigue manteniendo como modelo el
pensamiento hetero-patriarcal. La mención del placer, la sexualidad o el abuso son sólo
ejemplos de estrategias desde la cual implementan, tanto los personajes femeninos como sus
autoras, la asimilación del concepto de otredad ya mencionado, y la representación de esta
desde la literatura. Lo que finalmente se obtiene en este nuevo paradigma es la
“...reivindicación de la mujer por medio de la palabra escrita” (Ferrer 30). Con ello, surge la
oportunidad de formular una nueva perspectiva activa dentro de la literatura
hispanoamericana; desde lo cual surge un manejo del discurso narrativo, ya sea desde un
enfoque literal o metafórico, utilizándose esto finalmente como una nueva instancia de
identidad frente a la llegada de un nuevo siglo.
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