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Naturaleza y descubrimiento del electrón

1) El electrón es una partícula subatómica con carga eléctrica negativa que fue teorizada en el siglo XIX y descubierta experimentalmente por J.J. Thomson en 1897. 2) Los electrones participan en interacciones fundamentales como la gravedad, electromagnetismo y fuerza nuclear débil, y juegan un papel esencial en fenómenos eléctricos, magnéticos y de conducción térmica. 3) Los electrones, junto con los núcleos atómicos de protones y neutrones,
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Naturaleza y descubrimiento del electrón

1) El electrón es una partícula subatómica con carga eléctrica negativa que fue teorizada en el siglo XIX y descubierta experimentalmente por J.J. Thomson en 1897. 2) Los electrones participan en interacciones fundamentales como la gravedad, electromagnetismo y fuerza nuclear débil, y juegan un papel esencial en fenómenos eléctricos, magnéticos y de conducción térmica. 3) Los electrones, junto con los núcleos atómicos de protones y neutrones,
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Electrón

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Para otros usos de este término, véase Electrón (desambiguación).
Electrón e−

La naturaleza de partícula del electrón se demostró por primera vez con un tubo de
Crookes. En esta imagen, un haz de electrones proyecta el perfil en forma de cruz
del objetivo contra la cara del tubo.1
Clasificación Partículas elementales2
Familia Fermión
Grupo Leptón
Generación Primera
Interacción Gravedad,
Electromagnetismo,
Nuclear débil
Antipartícula Positrón
Teorizada Richard Laming (1838-1851),3
G. Johnstone Stoney (1874) y otros.45
Descubierta J. J. Thomson (1897)6
Masa 9,109 383 701 5(28) × 10−31 kg7
5,485 799 090 65(16) × 10−4 uma7
0,510 998 950 00(15) MeV/c27
1822.888 484 5(14)−1 unota 1
Carga eléctrica −1 e
−1,602 176 634 × 10−19 C7 nota 2
Momento magnético −1.001 159 652 181 28(18) μB7
Carga de color -
Espín ± 1/2
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En física, el electrón (del griego clásico ἤλεκτρον ḗlektron 'ámbar'), comúnmente
representado por el símbolo e−, es una partícula subatómica con una carga eléctrica
elemental negativa.8 Un electrón no tiene componentes o subestructura conocidos; en
otras palabras, generalmente se define como una partícula elemental. En la teoría
de cuerdas se dice que un electrón se encuentra formado por una subestructura
(cuerdas).2 Tiene una masa que es aproximadamente 1836 veces menor que la del
protón.9 El momento angular (espín) intrínseco del electrón es un valor semientero
en unidades de ħ, lo que significa que es un fermión. Su antipartícula es
denominada positrón: es idéntica excepto por el hecho de que tiene cargas —entre
ellas, la eléctrica— de signo opuesto. Cuando un electrón colisiona con un
positrón, las dos partículas pueden resultar totalmente aniquiladas y producir
fotones de rayos gamma.

Los electrones, que pertenecen a la primera generación de la familia de partículas


de los leptones,10 participan en las interacciones fundamentales, tales como la
gravedad, el electromagnetismo y la fuerza nuclear débil.11 Como toda la materia,
poseen propiedades mecánico-cuánticas tanto de partículas como de ondas, de tal
manera que pueden colisionar con otras partículas y pueden ser difractadas como la
luz. Esta dualidad se demuestra de una mejor manera en experimentos con electrones
a causa de su ínfima masa. Como los electrones son fermiones, dos de ellos no
pueden ocupar el mismo estado cuántico, según el principio de exclusión de Pauli.10

El concepto de una cantidad indivisible de carga eléctrica fue teorizado para


explicar las propiedades químicas de los átomos. El primero en trabajarlo fue el
filósofo naturalista británico Richard Laming en 1838.4 El nombre electrón para
esta carga fue introducido en 1894 por el físico irlandés George Johnstone Stoney.
Sin embargo, el electrón no fue identificado como una partícula hasta 1897 por
Joseph John Thomson y su equipo de físicos británicos.61213

En muchos fenómenos físicos —tales como la electricidad, el magnetismo o la


conductividad térmica— los electrones tienen un papel esencial. Un electrón en
movimiento genera un campo electromagnético y es a su vez desviado por los campos
electromagnéticos externos. Cuando se acelera un electrón, puede absorber o
irradiar energía en forma de fotones. Los electrones, junto con núcleos atómicos
formados de protones y neutrones, conforman los átomos. Sin embargo, los electrones
contribuyen con menos de un 0,06 % a la masa total de los átomos. La misma fuerza
de Coulomb, que causa la atracción entre protones y electrones, también hace que
los electrones queden enlazados. El intercambio o compartición de electrones entre
dos o más átomos es la causa principal del enlace químico.14 Los electrones pueden
ser creados mediante la desintegración beta de isótopos radiactivos y en colisiones
de alta energía como, por ejemplo, la entrada de un rayo cósmico en la atmósfera.
Por otra parte, pueden ser destruidos por aniquilación con positrones, y pueden ser
absorbidos durante la nucleosíntesis estelar. Existen instrumentos de laboratorio
capaces de contener y observar electrones individuales, así como plasma de
electrones. Además, algunos telescopios pueden detectar plasma de electrones en el
espacio exterior. Los electrones tienen muchas aplicaciones, entre ellas la
electrónica, la soldadura, los tubos de rayos catódicos, los microscopios
electrónicos, la radioterapia, los láseres, los detectores de ionización gaseosa y
los aceleradores de partículas.

Historia del electrón


Véase también: Historia de la electricidad
Los antiguos griegos se percataron de que el ámbar atraía pequeños objetos cuando
se le frotaba contra el pelaje. Junto con el rayo, este fenómeno es una de las
primeras experiencias conocidas de los humanos con la electricidad.15 En su tratado
de 1600 De Magnete, el científico inglés William Gilbert definió el término
neolatino «electricus» para referirse a la propiedad de un objeto de atraer otros
pequeños después de ser frotado.16 Tanto las palabras eléctrico como electricidad
derivan del latín «electrum», que a su vez proviene de la palabra griega «ήλεκτρον»
(«elektron»), que significa ámbar.

A principios de los años 1700, Francis Hauksbee y Charles François de Cisternay du


Fay descubrieron, cada uno por su lado, lo que creían que eran dos tipos de
electricidad friccional: uno generado por el rozamiento con vidrio, y el otro por
el rozamiento con resina. A partir de esto, Du Fay teorizó que la electricidad
consistía en dos fluidos eléctricos, el «vítreo» y el «resinoso», que estaban
separados por la fricción y que se neutralizaban el uno al otro cuando eran
combinados.17 Una década más tarde, Benjamin Franklin propuso que la electricidad
no provenía de dos tipos diferentes de fluido eléctrico sino de un mismo fluido a
presiones diferentes; les dio la nomenclatura moderna de carga «positiva» y
«negativa», respectivamente.18 Franklin pensaba que el portador de carga era
positivo, pero no identificó correctamente qué situación reflejaba un excedente del
portador de carga y en qué caso era un déficit.19

Entre 1838 y 1851, el filósofo naturalista británico Richard Laming desarrolló la


idea de que un átomo estaba compuesto de un núcleo de materia rodeado por
partículas subatómicas con carga eléctrica.3 A partir de 1846, el físico alemán
Wilhelm Eduard Weber teorizó que la electricidad estaba compuesta de fluidos
cargados positivamente y negativamente, y que su interacción estaba gobernada por
la ley del inverso del cuadrado. Más tarde, tras estudiar el fenómeno de la
electrólisis, el físico irlandés George Johnstone Stoney sugirió que existía una
«única cantidad definida de electricidad», la carga de un ion monovalente, siendo
capaz de estimar el valor de esta carga elemental mediante las leyes de Faraday de
la electrólisis.20 Sin embargo, Stoney creía que estas cargas estaban ligadas
permanentemente a átomos y que no podían ser removidas. En 1881, el físico alemán
Hermann von Helmholtz argumentó que tanto las cargas positiva como negativa estaban
divididas en partes elementales, cada una de las cuales se comportaba como «átomos
de electricidad».4

En 1894, Stoney estableció el término inglés «electron» para describir estos


cambios elementales: «[…] se hizo una estimación de la cantidad real de esta unidad
de electricidad fundamental, que es la más destacable, por lo que me he aventurado
a sugerir el nombre 'electron'».21 Dicha palabra «electrón», que deriva del inglés,
es una combinación de la palabra «electricidad» y del sufijo griego «patrón» ('el
medio por el cual se hace').2223

Descubrimiento

Haz de electrones dentro de un tubo de rayos filiformes siendo desviados siguiendo


una trayectoria circular mediante un campo magnético homogéneo.2425
El físico alemán Johann Wilhelm Hittorf emprendió el estudio de la conductividad
eléctrica de gases enrarecidos. En 1869, descubrió un brillo emitido desde el
cátodo que aumentaba de tamaño cuando el gas disminuía de presión. En 1876, el
también físico alemán Eugen Goldstein mostró que los rayos de ese brillo
proyectaban una sombra, y los denominó «rayos catódicos».26 Durante la década de
1870, el químico y físico inglés sir William Crookes desarrolló el primer tubo de
rayos catódicos con un vacío elevado (vacío con presión en el rango de 100 mPa a
100 nPa).27 Entonces mostró que los rayos luminiscentes que aparecían dentro del
tubo llevaban energía y que iban del cátodo al ánodo. Además, aplicando un campo
magnético, Crookes fue capaz de desviar los rayos, con lo cual demostró que el haz
se comportaba como si estuviera cargado negativamente.2829 En 1879 propuso que
estas propiedades se podían explicar con lo que él denominó «materia radiante».
Sugirió que se trataba del cuarto estado de la materia, que consistía en moléculas
cargadas negativamente que eran proyectadas a alta velocidad desde el cátodo.30

El físico británico nacido en Alemania Arthur Schuster continuó los experimentos


iniciados por Crookes colocando placas de metal paralelas a los rayos catódicos y
aplicando un potencial eléctrico entre ellas. El campo desviaba los rayos hacia la
placa cargada positivamente, lo que evidenciaba aún más que los rayos llevaban una
carga negativa. Al medir la cantidad de desviación causada por un cierto nivel de
corriente eléctrica, en 1890, Schuster fue capaz de determinar la proporción masa-
carga de los componentes de los rayos. Sin embargo, logró un valor que era más de
mil veces lo esperado, por lo que, en aquella época, no se dio mucho crédito a sus
cálculos.2831

En 1896, el físico británico Joseph John Thomson, junto con sus colegas John Sealy
Townsend y Harold Albert Wilson,12 llevó a cabo experimentos que indicaron que los
rayos catódicos eran realmente partículas únicas y no ondas, átomos o moléculas,
tal como se creía anteriormente.6 Thomson hizo buenas estimaciones tanto de la
carga como de la masa, y encontró que las partículas de los rayos catódicos —a las
cuales llamaba «corpúsculos»— tenían quizás una milésima parte de la masa del ion
menos masivo conocido, el ion hidrógeno.613 Asimismo, demostró que su proporción
carga-masa (e/m) era independiente del material del cátodo. Más tarde demostró que
las partículas cargadas negativamente producidas por materiales radiactivos, por
materiales calentados y por materiales iluminados eran universales.632 El nombre de
«electrón» para estas partículas fue propuesto de nuevo por el físico irlandés
George Francis FitzGerald y, desde entonces, la palabra consiguió una aceptación
por partes.28

Robert Millikan
En 1896, mientras estudiaba los minerales naturalmente fluorescentes, el físico
francés Henri Becquerel descubrió que estos emitían radiación sin estar expuestos a
ninguna fuente de energía externa. Estos materiales radiactivos se convirtieron en
tema de estudio de interés de muchos científicos, entre ellos el físico neozelandés
Ernest Rutherford, que descubrió que emitían partículas. Designó a estas partículas
«alfa» y «beta» según su capacidad de penetrar la materia.33 En 1900, Becquerel
demostró que los rayos beta emitidos por el radio podían ser desviados por un campo
eléctrico, y que su proporción masa-carga era la misma que la de los rayos
catódicos.34 Esta evidencia reforzó la idea de que los electrones existían en forma
de componentes en los átomos.3536

La carga del electrón fue medida con más cuidado por los físicos estadounidenses
Robert Millikan y Harvey Fletcher mediante su experimento de la gota de aceite
(1909), cuyos resultados fueron publicados en 1911. Este experimento usaba un campo
eléctrico para evitar que una gota de aceite cargada cayera como resultado de la
gravedad. El aparato era capaz de medir la carga eléctrica tan pequeña como de 1 a
150 iones con un margen de error del 0,3 %. Algunos experimentos similares habían
sido llevados a cabo anteriormente por el equipo de Thomson6 usando nubes de gotas
de agua cargadas generadas por electrólisis,12 y en el mismo año por Abram Ioffe,
el cual, de manera independiente, obtuvo el mismo resultado que Millikan usando
micropartículas de metales cargadas, publicando sus resultados en 1913.37 Sin
embargo, las gotas de aceite eran más estables que las de agua debido a que su tasa
de evaporación es menor, lo cual hacía que fueran más adecuadas para llevar a cabo
este tipo de experimentos que duraban largos periodos de tiempo.38

Hacia el comienzo del siglo xx se descubrió que, bajo ciertas condiciones, una
partícula cargada que se movía rápidamente causaba una condensación de vapor de
agua supersaturado a lo largo de su camino. En 1911, Charles Wilson usó este
principio para concebir su cámara de niebla, la cual permitía fotografiar los
caminos trazados por partículas cargadas tales como electrones.39

Teoría atómica
Tres círculos concéntricos alrededor de un núcleo, con un electrón que se mueve
desde la segunda hasta el primer círculo y la liberación de un fotón
El modelo de Bohr del átomo, muestra estados de electrón con energía cuantificado
por el número n. Una caída de electrones a una órbita más baja emite un fotón igual
a la diferencia de energía entre las órbitas.
En 1914, los experimentos llevados a cabo hasta ese momento por los físicos Ernest
Rutherford, Henry Moseley, James Franck y Gustav Hertz ya habían establecido en
gran medida la estructura del átomo como un núcleo denso de carga positiva rodeado
por electrones de masa reducida.40 En 1913, el físico danés Niels Bohr postuló que
los electrones residían en estados de energía cuantificados; según él, esta energía
estaba determinada por el momento angular de las órbitas del electrón alrededor del
núcleo. Los electrones se podían mover entre estos estados —u órbitas— mediante la
emisión o absorción de fotones a frecuencias específicas. Por medio de estas
órbitas cuantificadas, Bohr explicó las líneas espectrales del átomo de
hidrógeno.41 Sin embargo, el modelo de Bohr fallaba en la justificación de las
intensidades relativas de las líneas espectrales, y tampoco tuvo éxito para
explicar los espectros de átomos más complejos.40

Los enlaces químicos entre átomos fueron explicados por Gilbert Newton Lewis, quien
en 1916 propuso que un enlace covalente entre dos átomos se mantiene por un par de
electrones compartidos entre ellos.42 Más tarde, en 1923, Walter Heitler y Fritz
London dieron una explicación completa sobre la formación de pares de electrones y
los enlaces químicos en términos mecánico-cuánticos.43 En 1919, el químico
estadounidense Irving Langmuir amplió el modelo estático del átomo de Lewis y
sugirió que todos los electrones eran distribuidos en «capas esféricas sucesivas
(casi) concéntricas, todas de grueso idéntico».44 Estas capas se encontraban, según
Langmuir, divididas en un número de celdas en las que cada una contenía un par de
electrones. Con este modelo, el científico estadounidense fue capaz de explicar
cualitativamente las propiedades químicas de todos los elementos de la tabla
periódica, que ya se sabía que se parecían entre sí según la ley periódica
formulada por Dmitri Mendeléiev.45

En 1924, el físico austriaco Wolfgang Pauli observó que la posible estructura en


capas del átomo se podría explicar con un conjunto de cuatro parámetros que
definían cada estado cuántico de energía, siempre que cada estado fuera habitado
por no más de un electrón.46 El mecanismo físico para explicar el cuarto parámetro
—que tenía dos posibles valores diferentes— fue provisto por los físicos
neerlandeses Samuel Goudsmit y George Uhlenbeck. En 1925, Goudsmit y Uhlenbeck
sugirieron que un electrón, adicionalmente al momento angular de su órbita, posee
un momento angular intrínseco y un momento dipolar magnético.4047 El momento
angular intrínseco se convirtió más tarde en lo que se denominaría como espín, y
explicaba la anteriormente misteriosa separación de las líneas espectrales
observadas con un espectrómetro de alta precisión. Este fenómeno es conocido como
desdoblamiento de estructura fina.48

Mecánica cuántica
Artículo principal: Historia de la mecánica cuántica
Tras su disertación ocurrida en 1924 de Recherches sur la Theorie des cuánta
(«Investigación sobre la teoría cuántica»), el físico francés Louis de Broglie
propuso la hipótesis de que toda la materia posee una onda similar a la de la
contenida en la luz;49 es decir, en unas condiciones apropiadas, los electrones y
demás materia mostrarían propiedades bien de partículas o de ondas. Las propiedades
corpusculares de una partícula se hacen evidentes cuando se demuestra que tiene una
posición localizada en el espacio a lo largo de su trayectoria en cualquier
momento.50 Se observan en la naturaleza ondas de luz, por ejemplo, cuando un haz de
esta pasa a través de rendijas paralelas y crea patrones de interferencia. En 1927,
el efecto de interferencia fue demostrado con un haz de electrones por el físico
inglés George Paget Thomson con un filme delgado de metal, y por los físicos
americanos Clinton Davisson y Lester Germer usando un cristal de níquel.51

En mecánica cuántica, el comportamiento de un electrón en un átomo se describe por


un orbital, que es una distribución de probabilidad más que una órbita. En la
figura, el sombreado indica la probabilidad relativa de «encontrar» el electrón en
este punto cuando se tiene la energía correspondiente a los números cuánticos
dados.
El éxito de la predicción de Broglie llevó a la publicación en 1926 de la ecuación
de Schrödinger por Erwin Schrödinger, que describe cómo se propagan las ondas de
electrones.52 En vez de dar una solución que determina la localización de un
electrón a lo largo del tiempo, esta ecuación de onda se puede utilizar para
predecir la probabilidad de encontrar un electrón cerca de una posición. Este
enfoque recibió posteriormente el nombre de «mecánica cuántica»; se trataba de una
aproximación extremadamente precisa de los estados de energía de un electrón en un
átomo de hidrógeno.53 Cuando se consideraron el espín y la interacción entre varios
electrones, la mecánica cuántica permitió predecir con éxito la configuración de
electrones de átomos con números atómicos más altos que el del hidrógeno.54

En 1928, trabajando sobre la obra de Wolfgang Pauli, el británico-suizo Paul Dirac


concibió un modelo del electrón, la ecuación de Dirac, consistente con la teoría de
la relatividad. Dirac aplicó consideraciones relativísticas y simétricas a la
formulación hamiltoniana de la mecánica cuántica del campo electromagnético.55 Para
poder resolver algunos problemas de su ecuación relativista, en 1930, Dirac
desarrolló un modelo del vacío como un «mar» infinito de partículas con energía
negativa, el cual fue llamado «mar de Dirac». Todo ello hizo que Dirac fuera capaz
de predecir la existencia del positrón, el homólogo en la antimateria del
electrón.56 Esta partícula fue descubierta en 1932 por Carl David Anderson, quien
propuso que los electrones estándar se llamaran «negatrones» y que el término
«electrón» se usara como un término genérico para describir las variantes cargadas
tanto positiva como negativamente.

En 1947, Willis Eugene Lamb encontró, mientras trabajaba en colaboración con el


estudiante de postgrado Robert Rutherford, que ciertos estados cuánticos del átomo
de hidrógeno que deberían tener la misma energía se encontraban desplazados los
unos respecto de los otros; esta diferencia se denomina desplazamiento de Lamb.
Casi al mismo tiempo, Polykarp Kusch, que trabajaba con Henry Michael Foley,
descubrió que el momento magnético del electrón es ligeramente mayor que el que
predice Dirac con su teoría. Esta pequeña diferencia se llamó a posteriori momento
dipolar magnético anómalo del electrón. La diferencia fue explicada más tarde por
la teoría de la electrodinámica cuántica desarrollada por Sin-Itiro Tomonaga,
Julian Schwinger y Richard Feynman a finales de la década de 1940.57

Aceleradores de partículas
Con el desarrollo del acelerador de partículas durante la primera mitad del siglo
xx, los físicos empezaron a entrar más a fondo en las propiedades de las partículas
subatómicas.58 El primer intento con éxito de acelerar electrones utilizando la
inducción electromagnética fue llevado a cabo en 1942 por Donald Kerst. Su betatrón
inicial alcanzaba energías de 2,3 MeV, mientras que los betatrones posteriores
podían llegar hasta 300 MeV. En 1947 se descubrió la radiación de sincrotrón
gracias a un sincrotrón de electrones de 70 MeV de General Electric; esta radiación
era causada por la aceleración de los electrones a través de un campo magnético
moviéndose cerca de la velocidad de la luz.59

Con una energía del haz de 1,5 GeV, el primer colisionador de partículas de alta
energía fue el Adone, que comenzó a operar en 1968.60 Este aparato aceleraba los
electrones y los positrones en direcciones opuestas de tal manera que doblaba la
energía de su colisión con respecto al choque de un electrón con un objetivo
estático.61 El gran colisionador de electrones y positrones del CERN, que estuvo
activo de 1989 a 2000, consiguió energías de colisión de 209 GeV y llevó a cabo
importantes descubrimientos para el modelo estándar de física de partículas.6263

Confinamiento de electrones individuales


Actualmente se pueden confinar electrones individuales en transistores CMOS
ultrapequeños (L= 20 nm, W= 20 nm) que operan a temperaturas criogénicas (del rango
de 4 K a 15 K).64 La función de onda del electrón se extiende en una retícula
semiconductora e interacciona de manera despreciable con la banda de valencia de
los electrones, de tal manera que se puede tratar dentro del formalismo de
partícula simplemente reemplazando su masa con el tensor de masa efectiva.

Características

El Modelo Estándar de partículas elementales: 12 fermiones fundamentales y 4


bosones fundamentales. Por favor, nótese que las masas de algunas partículas son
sujetas a evaluaciones periódicas por la comunidad científica. Los valores actuales
reflejados en este gráfico son de 2008 y puede que no hayan sido ajustadas desde
ese momento. Para el último consenso, visite el Particle Data Group.
Clasificación
En el modelo estándar de física de partículas, los electrones pertenecen al grupo
de partículas subatómicas llamado leptones, que se cree que son las partículas
elementales fundamentales. Los electrones tienen la masa más pequeña de cualquier
leptón con carga (y también de cualquier partícula cargada de cualquier tipo) y
pertenecen a la primera generación de partículas fundamentales.65 La segunda y
tercera generaciones contienen leptones cargados —el muon y el tau— que son
idénticos al electrón en cuanto a la carga, el espín y las interacciones, pero
tienen más masa. Los leptones difieren de los otros constituyentes básicos de la
materia, los quarks, por su falta de interacción fuerte. Todos los miembros del
grupo de los leptones son fermiones, porque todos ellos tienen un espín semientero;
puesto que el electrón tiene un espín de 1/2.66

Propiedades fundamentales
La masa invariante de un electrón es aproximadamente de 9.109 × 10-31 kg o,67
equivalentemente, de 5.489 × 10-4 uma. Según el principio de equivalencia masa-
energía de Einstein, esta masa corresponde a una energía en reposo de 0,511 MeV. La
proporción entre la masa de un protón y la de un electrón es aproximadamente de
1836 a 1.968 Medidas astronómicas demuestran que la proporción entre las masas del
protón y el electrón han mantenido el mismo valor durante, al menos, la mitad de la
edad del universo, tal como predice el modelo estándar.69

El electrón tiene una carga eléctrica de -1,602 176 634 × 10-19 coulomb nota 3;
esta carga se utiliza como unidad estándar de carga de las partículas subatómicas.
Dentro de los límites de la precisión experimental, la carga del electrón es
idéntica a la del protón pero con el signo opuesto.70 Como el símbolo 'e' se
utiliza para la carga elemental, el electrón se suele simbolizar por e- (el símbolo
- indica la carga negativa). El positrón se simboliza por e+ porque tiene las
mismas propiedades que el electrón pero carga positiva.6667

El espín (momento angular intrínseco) del electrón es de 1/2.67 Esta propiedad se


suele indicar, refiriéndose al electrón, como una partícula espín -1/2.66 Para este
tipo de partículas, la magnitud de espín es √3/2 ħ,nota 4 y el resultado de la
medida de la proyección del espín sobre cualquier eje solo puede ser ±ħ/2. De forma
adicional al espín, el electrón tiene un momento magnético a lo largo de su eje6771
nota 5 que es aproximadamente un magnetón de Bohr, el cual es una constante física
que equivale a 9,27400915 (23) × 10-24 joules por tesla.67 La orientación del espín
respecto al momento del electrón define la propiedad de las partículas elementales
conocida como helicidad.72

El electrón no tiene ninguna subestructura conocida. Es por ello que se define como
una partícula puntual con carga puntual y sin extensión espacial. Si se observa un
solo electrón mediante una trampa de Penning (llamada así por F. M. Penning (1894–
1953) y Hans Georg Dehmelt (1922–2017), quienes construyeron la primera) se puede
ver que el límite superior del radio de la partícula es de 10-22 metros. Existe una
constante física llamada radio clásico del electrón, de un valor mucho mayor
(2,8179 × 10-15 m); sin embargo, la terminología proviene de un cálculo
simplificado que ignora los efectos de la mecánica cuántica. En realidad, el
llamado radio clásico del electrón tiene poco que ver con la estructura fundamental
verdadera de esta partícula.73nota 6

Hay partículas elementales que se desintegran espontáneamente en partículas menos


masivas. Un ejemplo es el muon, el cual se desintegra en un electrón, un neutrino y
un antineutrino, y que tiene una vida media de 2,2 × 10-6 segundos. Sin embargo, se
cree que el electrón es estable en terrenos teóricos: el electrón es la partícula
de menos masa con una carga eléctrica diferente de cero, por lo que su
desintegración violaría la conservación de carga.74 El límite inferior experimental
de la vida media de un electrón es de 4,6 × 1026 años, con un intervalo de
confianza del 90 %.7576

Propiedades cuánticas
Como todas las partículas, los electrones pueden actuar como ondas: esto se llama
dualidad onda-partícula, y se puede demostrar utilizando el experimento de la doble
rendija. La naturaleza similar a la de una onda del electrón le permite pasar a
través de dos rendijas paralelas de manera simultánea y no solo a través de una,
como sería el caso de una partícula clásica. En mecánica cuántica, la propiedad
similar a la onda de una partícula puede describirse matemáticamente como una
función compleja, la función de onda, que se suele denotar por la letra griega psi
(ψ). Cuando el valor absoluto de esta función se eleva al cuadrado se obtiene la
probabilidad de que una partícula sea observada cerca de una localización (densidad
de probabilidad).77

Ejemplo de una función de onda antisimétrica para un estado cuántico de dos


fermiones idénticos en una caja de 1 dimensión. Si las partículas conmutan las
posiciones, la función de onda invierte su signo.
Los electrones son partículas idénticas porque no se pueden distinguir el uno del
otro a partir de sus propiedades físicas intrínsecas. En mecánica cuántica, esto
significa que un par de electrones que interaccionan deben ser capaces de
intercambiar sus posiciones sin que se produzca un cambio observable en el estado
del sistema. La función de onda de los fermiones —grupo dentro del que se incluyen
los electrones— es antisimétrica, lo que significa que cambia de signo cuando se
intercambian dos electrones, es decir: ψ (r1, r2) =-ψ (r2, r1) (donde las variables
r1 y r2 corresponden al primer y segundo electrón, respectivamente). Como el valor
absoluto no resulta modificado cuando se cambia el signo, esto corresponde a
probabilidades iguales. A diferencia de los fermiones, los bosones —tales como el
fotón— tienen funciones de onda simétricas.77

En caso de antisimetría, las soluciones de la ecuación de onda para electrones que


interaccionan resultan en una probabilidad cero de que cada par pueda ocupar la
misma localización (o estado). El principio de exclusión de Pauli se basa en eso:
descarta que cualesquiera dos electrones puedan ocupar el mismo estado cuántico. Al
mismo tiempo, este principio también explica muchas de las propiedades de los
electrones: por ejemplo, que grupos de electrones enlazados ocupen diferentes
orbitales de un átomo en lugar de sobreponerse unos a otros en la misma órbita.77

Partículas virtuales
Los físicos creen que el espacio vacío podría estar creando de manera continua
pares de partículas virtuales —tales como un positrón y un electrón— que se
aniquilan rápidamente la una con la otra.78 La combinación de la variación de
energía necesaria para crear estas partículas y el tiempo durante el cual existen
caen dentro del límite de detectabilidad que expresa el principio de incertidumbre
de Heisenberg, ΔE · Δt <= ħ: la energía que se necesita para crear estas partículas
virtuales (ΔE) se puede «sacar» del vacío durante un periodo de tiempo (Δt) de tal
manera que su producto no sea más elevado que la constante de Planck reducida (ħ ≈
6,6 × 10-16 eV·s). De ello se extrae, pues, que por un electrón virtual Δt es como
máximo 1,3 × 10-21 s.79

Una representación esquemática de pares electrón-positrón virtuales que aparecen de


forma aleatoria cerca de un electrón (abajo a la izquierda)
Mientras existe un par virtual electrón-positrón, la fuerza de Coulomb del campo
eléctrico del entorno que rodea al electrón hace que el positrón creado sea atraído
al electrón original, mientras que un electrón creado experimenta una repulsión.
Esto causa lo que se conoce como polarización del vacío. El vacío se comporta,
pues, como un medio que tiene una permitividad dieléctrica mayor que la unidad. En
consecuencia, la carga efectiva del electrón es realmente menor que su valor real,
y la carga decrece cuando aumenta la distancia respecto del electrón.8081 Esta
polarización fue confirmada de manera experimental en 1997 mediante el acelerador
de partículas japonés TRISTAN.82 Las partículas virtuales causan un efecto pantalla
similar para la masa del electrón.83

La interacción con partículas virtuales también explica la pequeña desviación (de


aproximadamente el 0,1 %) del momento magnético intrínseco del electrón respecto al
magnetón de Bohr (el momento dipolar magnético anómalo).7184 La coincidencia
extraordinariamente precisa entre esta diferencia predicha y el valor determinado
experimentalmente se considera uno de los grandes éxitos de la electrodinámica
cuántica.85
En física clásica, el momento angular y el momento magnético de un objeto dependen
de sus dimensiones físicas. Es por ello que el concepto de un electrón sin
dimensiones que tenga estas propiedades puede parecer inconsistente. Esta aparente
paradoja se puede explicar por la formación de fotones virtuales en el campo
eléctrico general para el electrón: estos fotones hacen que el electrón haga un
movimiento de vibración ultrarrápido (lo que se conoce como «zitterbewegung»),86
que tiene como resultado un movimiento circular limpio con precesión. Este
movimiento es el que produce el espín y el momento magnético del electrón.1087 En

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