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Comentariomarx 2020

I. El manifiesto del Partido Comunista describe la lucha de clases entre burgueses y proletarios como un conflicto fundamental en la historia. La burguesía ha revolucionado las relaciones sociales y económicas a través de la industrialización. II. El documento explica el surgimiento de la burguesía a partir de la Edad Media y su ascenso al poder político a través del desarrollo del comercio, la manufactura y la gran industria. Esto ha creado una sociedad dividida principalmente entre burgueses y prolet
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Comentariomarx 2020

I. El manifiesto del Partido Comunista describe la lucha de clases entre burgueses y proletarios como un conflicto fundamental en la historia. La burguesía ha revolucionado las relaciones sociales y económicas a través de la industrialización. II. El documento explica el surgimiento de la burguesía a partir de la Edad Media y su ascenso al poder político a través del desarrollo del comercio, la manufactura y la gran industria. Esto ha creado una sociedad dividida principalmente entre burgueses y prolet
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El manifiesto del Partido Comunista

Karl Marx (1818-1873) y Friedrich Engels (1820-1895)

I] Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo. Contra este


fantasma se han coaligado en santa jauría todos los poderes de la vieja Europa,
el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los policías
alemanes.
¿Dónde hay hoy un partido de la oposición a quien sus adversarios en el
gobierno no le lancen la infamante acusación de comunista? Y ¿dónde hay un
partido de oposición que no fulmine con este reproche oprobioso tanto a los
oponentes más avanzados como a sus adversarios de la reacción?
De este hecho se desprenden dos consecuencias:
Que el comunismo es ya reconocido como un poder por todos los poderes
europeos.
Que ya ha llegado el momento de que los comunistas expongan públicamente
y ante el mundo entero sus concepciones, objetivos y tendencias y salgan al
paso de las fábulas en torno al fantasma del comunismo con un manifiesto de
su propio partido.
Con este propósito se han reunido en Londres comunistas de las más
diversas nacionalidades y han redactado este manifiesto que se publicará en las
lenguas inglesa, francesa, alemana, italiana, flamenca y danesa.

Capítulo I
Burgueses y proletarios [1]

[II] La historia de todas las sociedades humanas habidas hasta hoy ha sido la
historia de la lucha de clases.
Hombre libre y esclavo, patricio y plebeyo, barón y siervo de la gleba, maestro
y oficial del gremio, en una palabra, opresores y oprimidos se enfrentaron en
perpetuo antagonismo, librando una lucha incesante, a veces encubierta y a
veces franca, lucha que se saldó en cada caso con una transformación
revolucionaria de toda la sociedad o bien con el hundimiento conjunto de las
clases enfrentadas.
En épocas anteriores de la historia hallamos en casi todas partes una
completa articulación orgánica de la sociedad en diversos estamentos, una
variada gradación jerárquica de las posiciones sociales. En la antigua Roma
hallamos a los patricios, los caballeros, los plebeyos y los esclavos. En la Edad
Media a los señores feudales, a los vasallos, a los maestros y oficiales
gremiales y a los siervos de la gleba, aparte de que casi todas estas clases
tienen su propia jerarquía interna.

La moderna sociedad burguesa, surgida de las ruinas de la sociedad feudal,


no ha suprimido los antagonismos de clase. Lo único que ha hecho es
establecer nuevas clases, nuevas condiciones de opresión y nuevas formas de
lucha en substitución de las anteriores.
Nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza, sin embargo, por el
hecho de haber simplificado estos antagonismos de clase. Paso a paso, el
conjunto de la sociedad se va escindiendo en dos grandes campos enemigos,
en dos grandes clases directamente enfrentadas: la burguesía y el
proletariado.

[III] De los siervos de la gleba medievales fueron surgiendo los pecheros de


las primeras villas. A partir de éstos, fueron desarrollándose los primeros
elementos de la burguesía.
El descubrimiento de América y la circunnavegación de África abrieron nuevos
caminos a la burguesía en ascenso. El mercado de las Indias Orientales y de la
China, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el aumento
de los medios de cambio y de las mercancías en general dieron al comercio, a
la navegación y a la industria un auge nunca visto y, con ello, un rápido
desarrollo al elemento revolucionario de la sociedad feudal en descomposición.

La hasta entonces imperante explotación feudal o gremial de la industria no


podía ya satisfacer las necesidades que crecían con los nuevos mercados y
hubo de ceder el puesto a la manufactura. Los maestros gremiales fueron
desplazados por la clase media industrial. La división del trabajo entre las
diferentes corporaciones desapareció dando paso a la división del trabajo
dentro mismo de cada taller.
Pero los mercados continuaron expandiéndose y las necesidades creciendo.
La misma manufactura resultó ya insuficiente. El vapor y la maquinaria vinieron
entonces a revolucionar la producción industrial y la manufactura tuvo que ceder
el puesto a la gran indus tria moderna. El lugar de la clase media industrial lo
ocuparon los millonarios de la industria, jefes de auténticos ejércitos fabriles, los
burgueses modernos.

La gran industria ha creado el mercado mundial previamente preparado por el


descubrimiento de América. El mercado mundial ha permitido un ingente
desarrollo del comercio, la navegación y las comunicaciones por tierra. Este
desarrollo ha repercutido, a su vez, en la ampliación de la industria. Y en la
misma medida en que se ampliaban la industria y el comercio, la navegación y
los ferrocarriles, se desarrollaba también la burguesía, aumentando sus
capitales y desplazando a un segundo plano a todas las clases originarias de la
Edad Media.

Vemos, pues, cómo también la burguesía moderna es el producto de un largo


proceso de desarrollo, de una serie de transformaciones radicales de los
modos de producción e intercambio.

[IV] Cada una de estas fases de desarrollo de la burguesía iba de la mano del
correspondiente progreso político. Estamento oprimido bajo la dominación de
los señores feudales, asociada después en comunas armadas y con
administración autónoma, república ciudadana independiente en unos sitios,
tercer estado tributario de la monarquía en otros, fue más tarde, en la época de
la manufactura, contrapeso frente a la nobleza en el seno de la monarquía
estamentaria o absoluta; en todo caso, fundamento social de las grandes
monarquías hasta que, finalmente, consiguió con su lucha establecer su
dominación política exclusiva en el moderno estado representativo sobre las
dos premisas de la gran industria y del mercado mundial. El poder estatal
moderno equivale al Consejo de Administración de los intereses generales
del conjunto de la burguesía.

[V] La burguesía ha desempeñado en la historia un papel eminentemente


revolucionario.
Donde quiera que haya llegado al poder, la burguesía ha destruido todas las
relaciones feudales, patriarcales, idílicas. Desgarró inexorablemente los
abigarrados vínculos feudales que ataban al hombre a sus superiores naturales
sin dejar entre los hombres otro vínculo que el del desnudo interés, el del
implacable «pago en dinero contante». Ahogó en el agua helada de su cálculo
egoísta los piadosos estremecimientos de la exaltación religiosa, el entusiasmo
caballeresco y el sentimentalismo del burgués filisteo. Ha disuelto la dignidad
personal en el valor de cambio y en el lugar de todas las innumerables
libertades, bien adquiridas y escrituradas, ha establecido como única libertad la
del libre comercio sin escrúpulo. En una palabra, la burguesía ha substituido la
explotación envuelta en ilusiones religiosas y políticas por la explotación franca,
descarada, directa y adusta.
La burguesía despojó de su halo de santidad a todas las actividades
contempladas hasta entonces con piadoso temor como venerables, convirtiendo
en sus sirvientes a sueldo al médico, al jurista, al cura, al poeta y al hombre de
ciencia.
La burguesía arrancó el velo patético-sentimental que encubría las relaciones
familiares reduciéndolas a una mera relación de dinero.
La burguesía puso al descubierto que los alardes de fuerza bruta que la
reacción tanto admira en la Edad Media, hallaban su adecuado complemento
enla más indolente haraganería. Ella ha sido la primera en demostrar lo que la
actividad humana es capaz de realizar, consumando obras prodigiosas
totalmente distintas a las de las pirámides de Egipto, los acueductos romanos o
las catedrales Góticas y llevando a cabo expediciones muy distintas a la
Invasión de los Bárbaros o las Cruzadas.
La burguesía no puede existir si no es revolucionando de continuo los
instrumentos de producción, las relaciones de producción y, consiguientemente,
la totalidad de relaciones sociales. Las clases productivas anteriores tenían, por
el contrario, como primera condición de su existencia el mantenimiento, sin
variaciones, del viejo sistema de producción. La incesante transformación a
fondo de la producción, la ininterrumpida conmoción de todo el sistema social,
la inseguridad y el movimiento perpetuos son precisamente los rasgos
característicos de la época de la burguesía respecto a las demás. Todas las
relaciones rígidas y enmohecidas, con su acompañamiento de ideas y
concepciones de venerable tradición, quedaron disueltas y las recién
constituidas envejecen antes de adquirir consistencia. Todo cuanto era
estamental y estable se esfuma; todo lo santo es profanado y los hombres se
ven finalmente forzados a contemplar con prosaica frialdad su posición en la
vida y sus relaciones interpersonales.

[VI] La necesidad de colocar sus productos en mercados cada vez más


amplios empuja a la burguesía a los más apartados rincones del planeta. En
todas partes tiene que afincarse, echar raíces y establecer relaciones.
Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha imprimido un
carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Muy a
pesar de los reaccionarios, ha privado a la industria de su base nacional.
Antiquísimas industrias nacionales han sido ya arrasadas y otras lo son
diariamente al verse desplazadas por otras nuevas cuya instalación resulta vital
para todas las naciones civilizadas. Industrias éstas que no elaboran materias
primas del país, sino originarias de las más lejanas zonas planetarias y cuyos
productos no se consumen tan sólo en el propio país, sino en todos los
continentes al mismo tiempo. En lugar de las viejas necesidades para cuya
satisfacción bastaban los productos del país, surgen otras nuevas que exigen
para su satisfacción los productos de los países y climas más exóticos. La vieja
autarquía local y nacional y el aislamiento económico dejan paso a un comercio
universal y a una universal interdependencia de las naciones. Y cuanto
acontece en el plano de la producción material, resulta también aplicable a la
cultural. Los productos culturales de las diferentes naciones se convierten en
bien común. La estrechez y cortedad de miras nacionales se van haciendo
imposibles con el tiempo y, a partir de las diferentes literaturas nacionales y
locales, se va configurando una literatura universal.
Con el rápido perfeccionamiento de todo el utillaje productivo y la ilimitada
mejora de las comunicaciones, la burguesía arrastra a la civilización a todas las
naciones, incluidas las más bárbaras. La baratura de sus mercancías constituye
la artillería pesada con la que arrasa todas las murallas chinas e impone la
capitulación a los bárbaros de más obstinada xenofobia. Fuerza a todas las
naciones a hacer suyo el sistema de producción burgués, salvo que prefieran su
propia ruina. Las obliga a adoptar para sí mismas la llamada civilización, es
decir, a convertirse en burguesas. En una palabra, la burguesía se crea un
mundo hecho a su imagen y semejanza. (...)

(Marx-Engels: El Manifiesto Comunista. Once tesis sobre Feuerbach. "El


manifiesto del Partido Comunista". Anselmo Sanjuán (tr.) Madrid: Alhambra,
1986, pp. 48-56 [hasta ...a su imagen y semejanza]).

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