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FAUNA Y FLORA BOSQUE ANDINO
AUTORES
CHRISTIAN ENRIQUE VARGAS DIAZ 1098809804
MARIA CAMILA MONTENEGRO PAREDES
PROFESOR
EINSTEN BAÑOS BARON
GESTIÓN INTEGRAL DE ECOSISTEMAS
B131
UNIDADES TECNOLÓGICAS DE SANTANDER
FACULTAD DE CIENCIAS NATURALES E INGENIERÍA
INGENIERÍA AMBIENTAL
BUCARAMANGA
23 DE NOVIEMBRE DE 2021
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CONTENIDO
FLORA.......................................................................................................................3
................................................................................................................................3
Diversidad y composición de los bosques andinos........................................3
Estructura y dinámica..........................................................................................5
Bibliografía.............................................................................................................15
FLORA
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Orquídea tigre
Diversidad y composición de los bosques andinos
A medida que se asciende en las montañas andinas, la composición de especies
de plantas cambia y su diversidad disminuye. Aunque las causas de esta
disminución de la diversidad no son muy claras, podrían ser, en parte,
consecuencia de la reducción de la productividad de los bosques debida a la
disminución de la temperatura. También puede tener relación con la geometría de
las montañas, pues el área de las franjas altitudinales decrece con la elevación;
esta relación directa entre el área y el número de especies es uno de los principios
mejor establecidos de la biogeografía.
Basado en muestras de árboles y arbustos, el botánico A. H. Gentry encontró que
en los bosques amazónicos hay unas 152 especies en parcelas de 0,1 hectáreas,
mientras en los bosques de tierras bajas de la costa pacífica colombiana hay unas
260. Hasta los 1.500 m de elevación en los Andes la diversidad no disminuye
mucho, pero de ahí hacia arriba lo hace linealmente hasta unas 68 especies a
2.400-3.000 m y 35 por encima de 3.000 m. Aunque esta diversidad no es alta
cuando se compara con la de las tierras bajas, sí lo es comparada con la mayoría
de bosques de zona templada.
La diversidad de otros tipos de plantas,
sin embargo, puede mostrar patrones
diferentes. Por ejemplo, la diversidad de
epífitas aumenta y alcanza un pico a
elevaciones intermedias. Así, la mayor
diversidad de orquídeas en el mundo
tiene lugar en los bosques premontanos
de los Andes. La diversidad de
hemiepífitas también aumenta con la
elevación hasta alcanzar un pico a los
1.800 m, luego del cual disminuye.
Aspecto típico del interior de un bosque Andino
La diversidad de familias de plantas
también se hace menor con la elevación, pero sólo por encima de los 2.000 m.
Hasta esta elevación pueden encontrarse entre 45 y 50 familias en muestras de
0,1 hectáreas, mientras que entre 2.000 y 3.000 m hay unas 20 a 35 familias. La
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identidad de estas familias también cambia. En los bosques de piedemonte
andino, hasta los 1.500 m, la familia de árboles más diversa es la de las
leguminosas (Leguminosae), especialmente los guamos (Inga), seguida de las
Moraceae. Entre 1.500 y 3.000 m, la familia más diversa es la de los aguacatillos
(Lauraceae), seguida de Melastomataceae (mortiños) y Rubiaceae (cafetos de
monte). Aunque en los Andes la mayoría de las especies de estas dos últimas
familias son arbustos, hay algunos árboles de importancia, como las quinas
(Cinchona spp). Otras familias tienen pocas especies, pero son muy típicas de
estos bosques, como las palmas de cera (Ceroxylon), el cariseco (Billia
columbiana), los encenillos (Weinmannia) y los
dulumocos (Saurauia). En las áreas pantanosas son
comunes las “hojas de pantano” (Gunnera).
En la zona de pre-páramos (alrededor de los 3.000
m), la diversidad de lauráceas, melastomatáceas y
rubiáceas disminuye, y las familias dominantes en
número de especies son las compuestas y las
ericáceas. Entre las ericáceas típicas de estos
bosques están los uvitos de monte (Cavendishia),
cuyas coloridas flores tubulares atraen enjambres de
colibríes y sus jugosas bayas son consumidas
ávidamente por las aves. Muchas de las especies de
ericáceas y compuestas son escandentes, es decir,
crecen apoyadas en otras plantas, como el olivo
Hierba de pantano Gunnera
de cera (Myrica pubescens). El fruto de este
arbusto tiene alto contenido de lípidos y atrae enormes bandadas de palomas
collarejas (Columba fasciata).
Además de la elevación, la historia biogeográfica ha jugado un papel importante
en la diversidad y composición de los bosques andinos. La flora andina está
compuesta por conjuntos de elementos de distintas procedencias. En primer lugar,
hay una flora de origen andino, que evolucionó localmente a partir de ancestros de
tierras bajas durante la formación de las montañas. Se cuentan, entre estas
plantas, algunos géneros de Melastomataceae, Rubiaceae y Ericaceae. El centro
de diversificación del género Palicourea (Rubiaceae), por ejemplo, está en los
Andes de Colombia y Ecuador, donde hay más de 100 especies del total de 200
de América tropical. En segundo lugar, hay un conjunto de especies de origen
holártico —es decir, de la zona templada del
norte—, que componen una parte importante
de la flora andina. Algunas de estas especies,
como el roble (Quercus humboldtii), el aliso
(Alnus acuminata) y el cedro negro (Juglans
neotropica), son polinizadas por el viento y
tienen gran importancia ecológica, ya que
Uvitos de monte
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pueden formar rodales monoespecíficos extensos. El aliso es una especie pionera
importante en áreas de derrumbes o donde los desbordes de los ríos dejan
expuesto el suelo, mientras que los robledales pueden dominar en áreas extensas
de los Andes. El tercer conjunto de plantas procede de la zona templada austral.
Se destacan los pinos romerones (Podocarpaceae), las fucsias (Fuchsia) y los
encenillos (Weinmannia), que también pueden formar rodales monoespecíficos,
como los pinos romerones en bosques maduros y los encenillos en bosques de
regeneración. Finalmente, hay unos elementos denominados amfipacíficos (a
ambos lados del Pacífico), cuya distribución actual abarca Asia y Suramérica,
como los aguacatillos (Persea), los molinillos (Talauma) y los robles del género
Trigonobalanus. En algunas áreas de los Farallones de Cali hay robledales tanto
de Quercus como de Trigonobalanus formando rodales monoespecíficos.
Estructura y dinámica
La estructura de los bosques andinos está determinada en gran parte por factores
ambientales como la topografía y el clima. A medida que se asciende por las
faldas de la cordillera, ocurre una disminución gradual del porte de los árboles.
Mientras que en los bosques de tierras bajas las copas de los árboles pueden
fácilmente alcanzar alturas de 40 m, y algunas emergen por encima del dosel, a
elevaciones de 2.000 m, los árboles que conforman el dosel raramente pasan de
los 20 o 25 m. No faltan, sin embargo, las formidables plantas emergentes, como
las palmas de cera, que pueden alcanzar alturas de 50 m o más. A mayores
elevaciones (2.500-3.000 m), la altura del dosel por lo general no pasa de los 15
m, y los bosques de transición hacia el páramo están constituidos principalmente
por arbustos. Los bosques andinos del Valle del Cauca son por lo general
húmedos; en ellos, la disponibilidad de agua no es una limitante para el
crecimiento de las plantas.
Aún en los sitios donde la precipitación no es muy alta, la niebla, que los envuelve
frecuentemente, mantiene niveles altos de humedad. La relación entre la
disminución del porte de la vegetación y la altura sobre el nivel del mar se debe
principalmente a la limitación en el crecimiento y la productividad causadas por la
disminución en la temperatura. Además, los suelos por lo general son pobres y
delgados, ya que están sujetos a erosión y lavado constante de los nutrientes por
las lluvias. No son raros en zonas muy pendientes, los árboles precariamente
arraigados en las rocas que afloran a la superficie. En la vertiente oriental de la
cordillera Occidental, son comunes las
cicatrices que exponen las arcillas
lateríticas de color rojo o amarillento al
perderse la delgada capa de humus con
su alfombra de plantas. En la cordillera
Central, sin embargo, los suelos son
ricos debido al aporte de cenizas
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volcánicas. Otra diferencia entre los bosques de montaña y los de las tierras bajas
es causada por la pendiente; en las laderas no se forma un dosel uniforme y
tupido, pues las copas de los árboles están dispuestas a diferentes alturas.
Además, debido a la entrada lateral de luz, la arquitectura de los árboles también
es diferente; mientras en los bosques de tierras relativamente planas los árboles
crecen derechos y no se ramifican sino en la copa, en terrenos pendientes
ramifican a distintas alturas.
Niebla en
Orquídea dellosgénero
bosques
Oncidium.
Una consecuencia de la menor altura y de la ramificación peculiar de los árboles
en los bosques de montaña, es la disminución del número de estratos, o incluso,
su escasa definición. Por lo general, en los bosques de montaña sólo se pueden
reconocer tres estratos: el sotobosque, conformado por plantas herbáceas y
arbustos bajos, un nivel intermedio amplio formado por las copas de arbustos y
árboles pequeños, y el dosel, tejido por las copas de los árboles más altos. Estos
estratos no necesariamente son discretos.
Debido a la entrada lateral de la luz, en los bosques que crecen en las pendientes
hay ramas y copas a distintas alturas; con frecuencia, tiene lugar una masa de
follaje indistinta y continua; un tejido que anuda lianas, ramas y raíces. Además, el
sotobosque puede ser mucho más denso que en los bosques de las áreas planas,
donde la luz casi no penetra hasta el suelo. Además del tamaño y la arquitectura
de los árboles, otra diferencia entre los bosques húmedos de tierras bajas y los de
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las montañas andinas, es la predominancia de plantas con distintas formas de
crecimiento. Los Andes del norte son un centro de radiación y diversificación de
arbustos y plantas epífitas y hemiepífitas. La imagen de unos árboles cargados de
epífitas y envueltos en la niebla, representa la quinta esencia de los bosques
andinos nublados. Las epífitas, o plantas que crecen sobre otras plantas,
simplemente utilizan las ramas y troncos como sustrato, sin obtener ningún tipo de
recursos de la planta hospedera. Es decir, estas plantas son comensales que no
causan perjuicios ni beneficios a su hospedero; obtienen todos los nutrientes y el
agua que necesitan, de otras fuentes.
Las epífitas enfrentan condiciones
ambientales que las han llevado a
desarrollar adaptaciones similares a las de
ciertas plantas típicas de los ambientes
semiáridos. Un factor que puede ser
limitante para las epífitas que se
encuentran en el dosel, es la disponibilidad
de agua, ya que no tienen acceso al agua
almacenada en el suelo. Además, las
condiciones en el dosel pueden ser
desecantes debido a la mayor radiación Orquídea del género Pleurothallis.
solar y al incremento de los vientos. Muchas epífitas tienen un tipo de metabolismo
fotosintético llamado “metabolismo ácido de las crasuláceas” (conocido como
metabolismo CAM, por sus siglas en inglés), que consiste en que los estomas —
aperturas a través de las cuales entra el dióxido de carbono a los tejidos foliares—
abren sólo en la noche y la planta procesa el dióxido de carbono y lo acumula en
moléculas especiales, para realizar su fotosíntesis a la luz del día siguiente. Al
permanecer los estomas cerrados durante el día, evitan la pérdida de agua por
transpiración.
Otra dificultad que enfrentan las epífitas es el acceso a los nutrientes. Sobre las
ramas grandes y más o menos horizontales de los árboles, se pueden formar
densos matojos de epífitas que acumulan hojarasca y otros tipos de detritus,
además de agua. Esto ocurre especialmente en los quiches o bromelias, cuya
forma arrosetada facilita la acumulación de materiales entre las hojas. Muchas
epífitas enraizan en estos matojos y obtienen de ellos los nutrientes que requieren.
Sin embargo, en varios casos las epífitas crecen con sus raíces expuestas, lo que
límita sus posibilidades de obtener nutrientes. Por otra parte, si el aire está seco,
la descomposición de los detrituses lenta y los pocos nutrientes que se liberan se
lavan rápidamente con las lluvias.
En los bosques nublados, la deficiencia de agua se alivia por la condensación de
la humedad en la niebla, pero las epífitas pueden afrontar, eventualmente,
condiciones ambientales difíciles. Muchas epífitas de los bosques tropicales
poseen tejidos que almacenan agua, como los bulbos de las orquídeas. También
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es común la presencia de hongos micorrízicos que ayudan a las plantas a obtener
nutrientes a partir del poco detritus que alcanzan con sus raíces.
Los matojos de epífitas, con su acumulación de detritus y agua, representan un
importante recurso en los bosques nublados. De hecho, en las bromelias grandes
se pueden formar micro-ecosistemas completos. Los detritus proveen alimento
para muchos organismos detritívoros, que a su vez conforman la base de una
pirámide trófica que culmina en depredadores como arañas, salamandras y fases
acuáticas de algunos insectos. Muchos organismos acuáticos se reproducen en el
agua acumulada en las bromelias, e incluso hay especies de ranas que sólo se
refugian y reproducen en ellas.
Algunas plantas de los bosques tropicales, llamadas hemiepífitas, empiezan su
vida como epífitas, pero eventualmente echan raíces que alcanzan el suelo y
engrosan poco a poco, hasta convertirse en verdaderos árboles que, a medida
que crecen, envuelven al hospedero, hasta que éste muere.
Anturio
Inflorescencia negro
de bromeliácea
Los higuerones del género Ficus, mal llamados “estranguladores”, en realidad no
matan al hospedero; éste muere porque pierde en la competencia por la luz, los
nutrientes y el espacio vital.
Entre las hemiepífitas más comunes se cuentan los higuerones (Ficus spp) y los
cucharos o chagualos (Clusia spp), de gran importancia funcional en los bosques
andinos. El género Ficus, con unas 750 especies de distribución pantropical,
produce fructificaciones copiosas apetecidas por numerosas especies de aves y
mamíferos. Debido a su sistema de polinización, los diferentes individuos florecen
asincrónicamente, es decir, en épocas distintas. Cada especie de Ficus es
polinizada por una especie de avispa diminuta de la familia Agaonidae. Los higos,
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o fruto del higuerón, son esferoides huecos llamados siconios, que contienen
centenares de pequeñísimas flores que abren hacia el interior.
Cuando las florecillas femeninas están receptivas,
las avispas hembras, que traen polen en unos
receptáculos ubicados en el torax, entran al siconio
por una aber tura llamada el ostíolo y una vez
adentro, depositan el polen en los estigmas, a
medida que ponen sus huevos insertando el
ovipositor en los ovarios de las flores. Después de
un mes de desarrollo de los huevos, comienzan a
salir las avispas macho e inmediatamente copulan
con las hembras, que todavía están en el interior
del ovario de la flor. Luego, a medida que salen las
avispas hembra, recogen polen de las flores
masculinas, que para ese momento ya están
maduras. Las hembras abandonan el siconio —que
entonces ya se ha convertido en fruto— a través de
un hueco que perforan los machos, y vuelan a
axilas de las hojas de las bromeliáceas
buscar un Ficus que esté receptivo.
La floración asincrónica de los individuos es necesaria para garantizar que haya
siconios receptivos todo el año y para mantener, al mismo tiempo, a las
poblaciones de avispas. Debido a la fructificación abundante y a que hay árboles
en fruto durante todo el año, los Ficus constituyen un recurso vital para las
comunidades de aves y mamíferos que dependen de ellos en buena medida.
Clusia, con unas 145 especies de las cuales 85 son hemiepífitas, es el único
género de árboles, entre las dicotiledóneas, que tiene metabolismo CAM, lo cual
es una adaptación al hábito hemiepifítico. Estas plantas son dióicas, es decir, las
flores masculinas y femeninas están en árboles separados. Ambas poseen
glándulas especiales que secretan resinas; las masculinas están en unos
estambres no funcionales —no productores de polen— llamados estaminodios.
Estas resinas, que tienen propiedades bactericidas, son colectadas por abejas
meliponinas y euglosinas para construir sus nidos; en este proceso, las abejas
polinizan las flores. Cuando los frutos están maduros, se abren y exponen las
semillas, envueltas en arilos —o pulpas— con alto contenido de lípidos. Estos
arilos son con frecuencia de colores llamativos como
rojo encendido, y son ávidamente buscados por las
aves, que así dispersan las semillas.
Aunque la mayoría de las plantas que crecen sobre
otras plantas son epífitas, algunas de ellas son
parásitas. En los bosques andinos las plantas
parásitas pertenecen a las familias Lorantaceae,
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Eremolepidaceae y Viscaceae. Llamadas “matapalos”, estas plantas son en
realidad hemiparásitas, ya que obtienen agua y nutrientes del hospedero, pero
realizan su propia fotosíntesis. Sus semillas son diseminadas por aves y están
envueltas en una sustancia pegajosa. Hay dos formas mediante las cuales las
semillas llegan a los nuevos hospederos y los colonizan. La primera consiste en
que algunas aves cogen los frutos con el pico y los exprimen, tragándose la pulpa
y escupiendo la cáscara y las semillas. En este proceso, las semillas se quedan
pegadas al pico. Además, las semillas que el ave se tragó, son regurgitadas y
también se pegan al pico. Luego, las aves se limpian frotando el pico contra una
rama y así dejan las semillas pegadas a un nuevo hospedero. La segunda forma
consiste en que las semillas que se tragan pasan por el tracto digestivo y cuando
el ave defeca, salen embebidas en una sustancia pegajosa. A veces estas
deyecciones forman “rosarios” de semillas que se pegan fácilmente cuando caen
sobre las ramas y de esta manera, colonizan nuevos hospederos. Una vez
germinan las semillas, las plántulas producen unas estructuras llamadas
haustorios, que penetran en las ramas y se conectan al sistema vascular del
hospedero, para chuparle savia.
Aspecto del suelo de un bosque Andino Rodal de aliso en las inmediaciones del Parque
Nacional Natural Las Hermosas.
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Otra forma de crecimiento que contribuye a la apariencia exuberante de los
bosques tropicales, es la de las lianas o plantas trepadoras, que comienzan su
vida en el suelo y van trepando por los troncos de los árboles, o que en algunos
casos, cuando son hemiepífitas y germinan sobre una rama, echan raíces hacia el
suelo. A diferencia de otras hemiepífitas como los Ficus, las plantas trepadoras no
desarrollan troncos, sino que mantienen su hábito escandente. Muchas lianas
empiezan su vida enraizadas en el suelo, pero a medida que crecen y que sus
partes viejas se secan, se convierten en plantas totalmente aéreas. Aunque la
diversidad de especies de lianas es menor en los bosques andinos que en los de
tierras bajas, sus densidades pueden ser muy altas y por tanto, tienen gran
importancia ecológica al producir abundantes recursos para la fauna.
La estructura y la composición de los bosques andinos están fuertemente
influenciadas por la dinámica de las perturbaciones naturales. Debido a la
topografía accidentada y a los suelos delgados, los derrumbes son comunes en
Parque Nacional Natural Las Hermosas. las
montañas. El daño causado por un derrumbe depende de cuántos árboles se caen
y de que se exponga totalmente el suelo si se desliza la vegetación. Además, los
ríos y quebradas son escultores por excelencia del paisaje andino; no es raro que
en épocas de lluvia los caudales se salgan de cauce y tumben la vegetación de las
orillas, o incluso, cambien de curso. Estas áreas perturbadas entran en un proceso
de sucesión primaria o secundaria. Cuando el suelo queda expuesto, la sucesión
es primaria, ya que primero se arraigan las plantas que pueden establecerse en el
suelo o en la roca desnuda. Aunque algunos árboles como los alisos y ciertas
herbáceas pioneras pueden establecerse en estas condiciones, por lo general las
primeras colonizadoras son plantas inferiores como los líquenes y los musgos, que
comienzan el proceso de formación de suelo. A medida que unas plantas cubren
el suelo, se dan las condiciones para el establecimiento de otras plantas, y poco a
poco se regenera el bosque: primero aparecen las plantas herbáceas, luego los
arbustos y finalmente, los árboles. Cuando la regeneración tiene lugar sobre el
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suelo desnudo, es más lenta y se puede reconocer la “cicatriz” durante mucho
tiempo.
Cuando la perturbación no ha dejado expuesto el suelo, sino que queda el arrume
de vegetación caída, el parche entra en un proceso de sucesión secundaria. En
este caso las plantas que se establecen provienen de cuatro fuentes. La primera
consiste en las semillas que se encuentran en el suelo —el denominado “banco de
semillas”— y empiezan a germinar al aumentar la entrada de luz. El banco de
semillas está compuesto principalmente por especies que pueden esperar en
estados de latencia mientras se presentan las condiciones propicias para
germinar. La segunda fuente consiste en las plántulas que crecían lentamente en
la penumbra del sotobosque y que se “disparan” al aumentar la entrada de luz. La
tercera, son las mismas plantas caídas,
muchas de las cuales pueden retoñar y volver
a crecer.
Finalmente, el área perturbada puede ser
colonizada por plantas pioneras, herbáceas y
arbustos, o incluso árboles heliófilos —que
requieren alta luminosidad— de crecimiento
rápido. Estas pioneras son especialistas en
colonizar parches perturbados, pero van
desapareciendo a medida que se establecen
otras especies características del bosque
maduro. Las poblaciones de estas plantas se
denominan “fugitivas”, ya que se “mueven” en
el paisaje, a medida que aparecen los parches
de perturbación. En sitios sometidos a
perturbaciones humanas constantes, se
blanquecinas de los yarumos Cecropia spp.,
pueden establecer poblaciones más árboles pioneros que crecen rápidamente en los
permanentes; los típicos “matorrales”. claros del bosque
Muchas de estas plantas persisten por largo tiempo. Un clásico ejemplo son los
yarumos (Cecropia), árboles pioneros que
pueden alcanzar gran tamaño y longevidad. Los
yarumos, cuyas semillas son diseminadas por
aves y mamíferos, por lo general viven solitarios
o forman pequeñas agrupaciones. En las
cordilleras vallecaucanas son comunes los
parches de especies como el sietecueros
(Tibouchina lepidota), que han colonizado áreas
perturbadas y permanecen mucho tiempo
Flor de maracuyá monodominantes
como bosques secundarios silvestre (Passiflora), —dominados por una sola especie
—.
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La trayectoria de la sucesión secundaria, es decir,
la secuencia de tipos de plantas que se van
estableciendo, es bastante predecible. Sin
embargo, la composición del parche tiene
componentes aleatorios e impredecibles. En los
parches que son colonizados por plantas pioneras,
la composición depende básicamente de la “lluvia
de semillas”, que a su vez es dependiente de las
plantas que estaban produciendo semillas en la
vecindad, cuando se Flor masculina
abrió el de chagualo (Clusia),
parche; esto es
particularmente notorio en potreros abandonados que se van cubriendo de
rastrojo. A elevaciones medias en los Andes, son comunes los potreros cubiertos
por matorrales dominados por una sola especie, como el lacre (Vismia) o el
espadero (Rapanea).
El estudio de la regeneración en potreros abandonados es particularmente
importante para los programas de restauración de bosques. La trayectoria de la
regeneración depende principalmente del estado de los suelos del potrero y de las
fuentes de semillas. En suelos muy degradados y ácidos, particularmente en la
vertiente oriental de la cordillera Occidental, donde la arcilla laterítica permanece
expuesta, son comunes los potreros invadidos por “helecho de marrano”
(Pteridium aquilinum). Este pionero detiene el proceso de sucesión, pues para
otras plantas resulta muy difícil competir con el para establecerse en esos suelos.
La dinámica de sucesión secundaria es clave para la alta diversidad de los
bosques andinos. Los parches en distintas etapas de sucesión mantienen un
complejo mosaico de tipos de vegetación a pequeña escala y por lo tanto, un
paisaje muy heterogéneo. El mosaico de vegetación se refleja en la
heterogeneidad de las comunidades animales, ya que muchas especies están
asociadas a etapas específicas de la sucesión o a ciertos tipos de vegetación. Por
ejemplo, algunas aves como el cucarachero bigotudo (Thryothorus genibarbis)
habitan sólo en rastrojos de sucesión temprana, mientras que otras, como el
rastrojero de Azara (Synallaxis azarae) se encuentran preferencialmente en
bordes de bosque y rastrojos altos con abundancia de lianas. Una planta que
frecuentemente coloniza parches perturbados en los Andes es el chusque
(Chusquea), un tipo de bambú que forma matojos densos. Muchas especies de
animales muestran gran afinidad por los chuscales, como las mariposas satírinas
cuyas larvas se alimentan del chusque, lo que los convierte en parte importante de
la heterogeneidad de los bosques andinos.
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Bibliografía
CORPORACIÓN AUTÓNOMA REGIONAL DEL VALLE DEL CAUCA-CVC.
Bosques Andinos y Subandinos del Departamento del Valle del Cauca
Wildlife Conservation Society; Gustavo Kattan Kattan. -- Santiago de Cali: CVC,
2003 67 p.: Ilus. (Colección Ecosistemas Estratégicos Departamento del Valle del
Cauca)
1. ECOSISTEMAS 2. BOSQUES 3. REGIONES BIOGEOGRÁFICAS 4. FAUNA 5.
FLORA. I. KATTAN KATTAN, Gustavo. II. Wildlife Conservation Society - III. Título