Capítulo 1
La música relajaba cada parte de su cuerpo, se sentía viva, se sentía libre, y
sobre todo se sentía deseada.
Sofía movía sus caderas al ritmo de la musica, mientras la vista de todos los
hombres estaban encima de ella.
Su vestido negro se le subía cada vez que ella se movía, y sus manos recorrían su
cuerpo con sexualidad.
Los tenía a todos cautivados a todos, pero a ella solo le importaba el hombre que
estaba en frente de ella y que tenía rato mirándola bailar.
Un hombre algo, guapo y con unos músculos que erizaba la piel de Sofía con solo
imaginar tenerlo en su cama.
<<¡Dios mío quito estos pensamientos de mi mente!>> negó con una sonrisa mientras
le daba la espalda al hombre para que viera un poco más su trasero.
No sabía si la música era tan electrizante que la hacía cometer locuras, o si eran
las botellas de vodka que se había bebido, pero se sentía tan atrevida que le daba
miedo cometer una locura. Pero en este punto Sofía había perdido la razón, y la
excitación había ganado la batalla.
Después de darle una vista espléndida al hombre de su trasero en movimiento, volteó
su rostro de nuevo para verlo.
La mirada del hombre estaba puesta en ella sin descanso. Sus ojos negros y fríos
como la noche le quitaban la ropa y la hacían mujer con solo observarla.
El hombre era tan perfecto que Sofía estaba segura, que si no fuera una fiesta de
disfraces, el jamás se fijaría en ella, pero ¿como? Su rostro estaba marcado por
una quemadura de su niñez que la hacía poco agradable a la vista de los hombres.
Estaba nerviosa de solo pensar que el hombre se levantaría del asiento y quitaría
su antifaz. Imaginar eso, le ponía los pelos de punta.
Sin embargo, estaba ahí, con una máscara y con un diminuto vestido bailándole
delante de un desconocido, sin vergüenza, y la razón: el desayuno del día
siguiente.
Sus padres le habían dicho que a la mañana sigue un hombre iba a ir a su casa y
elegiría a una de sus hijas como su esposa. Sofía estaba segura que el hombre no la
iba a elegir a ella por su rostro quemado que la hacía parecer un monstruo, pero no
quería confiarse y perder su virginidad con un hombre impuesto, por eso, esa noche
estaba dispuesta a perderla con el que ella quisiera.
Se recambio los labios y comino hasta el hombre que llevaba la copa de whisky a su
boca, ansioso. Se veía tenso, y sus ojos a través de la máscara brillaban.
Sofía sonrió cuando estuvo cerca, de sintió tan pequeña como un ratón delante de él
que se había puesto de pie para recibirla, como si la estuviera esperando desde
hace mucho, cosa que la ponía tan rígida que pensó en darse la vuelta y desistir de
esa absurda idea.
<<Mejor me voy>>, dijo girando su cuerpo para irse, pero unas manos gruesas la
detuvieron en seco.
Sofía sintió cómo los dedos gruesos de aquel hombre apretaba su brazo fuerte,
sintió como si perfume se metía por su fosas nasales y la hacía temblar, sintió
como los latidos de su corazón se aceleraron de dolo sentirse tocada por él.
—¿A donde vas? ¿No me digas que después de calentarme toda la noche, me dejarás
así? —dijo el en su oído.
Sofía se retorció al sentir la voz ronca y gruesa del hombre a su espalda.
—Pensé que no te gustaba mi manera de bailar —dijo volteando su rostro.
La cara de Sofía quedó tan pegada a la del hombre desconocido que podía sentir su
respiración en sus mejillas, sus labios gruesos tan cercas de Sofía mordió su labio
inferior para no besarlos, y sus ojos esos ojos negros detrás de ese antifaz la
estaban matando.
—Digo, como nunca fuiste hasta mi, ya ves, tuve que venir yo —dijo ella sonriendo.
Alejandro miro a la chica y sonrió de lado.
El antifaz que ella llevaba tapaba toda su cara, solo sus ojos se podía ver, pero
se veía que era hermosa.
Sus cabellos de un castaño claro traspasaba sus caderas, sus piernas largas y
blancas como leche, y sus ojos verdes como las montañas lo invitaban a pecar.
—Nena —bufo —. Sabía que vendrías hasta mi —dijo el con arrogancia.
Alejandro no era un hombre que le hiciera falta las mujeres en su cama, de hecho
jamás se había interesado en una desconocida como hasta ese momento, pero había
algo en la chica que lo tenía prendido de una manera que jamás pensó que una mujer
lo prendería.
Sofía torció los ojos molesta, intentó irse por las palabras tan arrogantes del
hombre, pero las manos del la sujetaban con fuerza.
— ¿No quieres ir a la zona vip de mi club? —dijo en su oreja.
La chica abrió más los ojos sorprendida, jamás se imaginó que el fuera el dueño de
ese club. Ella junto a su familia frecuentaban el lugar, sabía que el dueño era uno
de los hombres más ricos de la ciudad, pero no que estaba ahí, porque lo que todos
sabían era que el hombre era extranjero.
—Yo… —titubeó tratando de negarse, porque ahora que sabía que el era el dueño no
quería tener problemas con su padre más adelante.
—Que nado nos moleste —ordenó el hombre a unos de sus guardaespaldas.
Sofía trago grueso y tomo la mano del hombre que se la tendía.
Juntos subieron las escaleras hasta llegar a una habitación, con una enorme cama
donde ella estaba segura que perdería su virginidad.
—¿Gustas un poco? —preguntó el hombre con aquella mirada intimidante.
—¿Que es? —preguntó Sofía incrédula al ver el contenido en la copa rosa.
—Se llama orgasmo, es el primero que tendrás de esta noche —respondió el hombre con
altivez.
Sofía sintió cómo sus bravas comenzaron a empaparse. El hombre tenía ese poder de
sexualidad que tanto la enloquecían
Tomo la copa en sus manos e ingirió de un solo sorbo el contenido.
Cuando Sofía Miller abrió los ojos todo si cuerpo le dolía.
Toco su cabeza que palpitaba con fuerza y miro a todos lados asustada.
—¿Donde estoy? —se preguntó preocupada.
Sonrió al recordarlo. Había pasado la mejor noche de su vida, podía recordar todo
como si fuera una película.
Suspiro como una niña enamorada y miro su muñeca.
Aún recordaba las palabras del hombre desconocido después de hacerle el amor.
—No te la quites nunca —le dijo el regalándole una pulsera que brillaba con
intensidad.
Beso la pulsera sintiéndose realmente enamorada y después de darse cuenta que
estaba sola, se quitó su antifaz.
El hombre le había pedido que se lo quitara la noche anterior después de el mostrar
su cara, pero Sofía le suplicó que no lo hiciera y el le prometió que no lo haría.
Se puso de pie asustada al darse cuenta de la hora.
—¡Mi mamá me va a matar! —exclamó tratando de vestirse con rapidez.
Después de estar lista corriendo al estacionamiento del club, para llegar rápido a
casa sin que nadie se diera cuenta de que se había escapado la noche anterior,
porque hoy conocería al tonto empresario que arruinaría su vida para siempre.
<<Ojalá mi príncipe de anoche me rescate y no deje que me elijan como esposa>>
pensó.