Tanner Reed © (Impostores #1)
OscaryArroyo
Wattpad © ([Link] and Wattpad to Kindle E-reader
([Link]
#amor #wattys2021
«Yo lo vi primero».
«Yo lo tuve primero».
Eso es lo que pienso cada vez que veo a mi amiga besar a su esp
oso frente a mí. Cada vez que él le ha sonreído y murmurado cos
as en su oído a lo largo de los años. Conocí a Tanner durante u
na fiesta universitaria. Me hizo pasar la mejor noche de mi vid
a y después me olvidó, pero él no olvidó a Pauline. Lo siguient
e que supe después deducir que estaba viviendo la peor resaca d
e la historia, es que había organizado una búsqueda por todo el
campus para encontrar a la chica de cabello dorado y rostro de
ángel que había conquistado su macabro corazón, pero a la que
no se había acercado porque estaba demasiado ocupado follando a
alguien más en una habitación de su fraternidad.
A mí.
Una chica dispuesta a pecar lo necesario para tenerlo de regres
o.
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.
Todos los derechos reservados
Table of Contents
- 0% Completado
-
Prólogo:
Capítulo 1:
Capítulo 2:
Capítulo 3:
Capítulo 4:
Capítulo 5:
Capítulo 6:
Capítulo 7:
Capítulo 8:
Capítulo 9:
Capítulo 10:
Capítulo 11:
Capítulo 12:
Capítulo 13:
Capítulo 14:
Capítulo 15:
Capítulo 16:
Capítulo 17:
Capítulo 18:
Capítulo 19:
Capítulo 20:
Capítulo 21:
Capítulo 22:
Capítulo 24:
Capítulo 25:
Capítulo 26:
Capítulo 30:
Capítulo 31:
Capítulo 32:
Capítulo 33:
Capítulo 33:
Capítulo 34:
Capítulo 35:
Capítulo 36:
Capítulo 37:
Capítulo 38:
Capítulo 39:
Capítulo 40:
Capítulo 41:
Capítulo 42:
Capítulo 43:
Capítulo 44:
Capítulo 45:
Capítulo 46:
Capítulo 47:
Capítulo 48:
Capítulo 49:
Capítulo 50:
Capítulo 51:
Capítulo 52:
Capítulo 53:
Capítulo 54:
Epílogo 1:
Epílogo 2:
Nota de autora y agradecimientos:
Sobre la autora:
Libro en físico
Siguientes libros:
- 0% Completado
-
39.6K 2.5K 241
por OscaryArroyo
Advertencia: esta historia no es para personas débiles de corazón, ni
apegadas a principios morales e incapaces de hallar belleza en la fealdad
de la naturaleza humana. Si eres cualquiera de ellas, mejor piénsalo dos
veces antes de seguir.
Después no digas que no te lo advertí.
Dicho esto, bienvenid@ <3
-
-
32.6K 2.6K 224
por OscaryArroyo
Dedicado a aTraAPaDAaA
Esta no es la historia de la chica que obtiene al chico.
Es la historia de la chica que hace todo por tenerlo...
Prólogo:
Prólogo:
45.7K 3.6K 4.6K
por OscaryArroyo
Dedicado a luvsenku
Austin, Texas.
Cinco años atrás.
Este será el mejor año de mi vida.
Lo sé.
Hay una vibración persistente en mi cuerpo que me lo dice. No, lo grita
constantemente. Este año dará inicio a una nueva etapa en mi vida que
podría ser la mejor. No me quejo de la escuela, no la pasé mal en ella, pero
esto es la universidad. Estoy aquí porque quiero estar aquí. Solo ha pasado
una semana desde que las clases comenzaron y puedo decir que lo que
escogí, el programa de arquitectura, es lo que apasiona. Tomé la decisión
correcta al rechazar las constantes demandas de mi padre para que me fuera
por la escuela de negocios. Amo dibujar. Los edificios. La manera en la que
se complementan con el ambiente que los rodea o destacan dentro de él. Si
no logro trabajar para una constructora, me encantaría también abrir un
pequeño negocio de decoración de interiores. Esa es otra cosa que me gusta.
Hay tantas posibilidades.
A veces hago comparaciones extrañas, pero soy como un pequeño animal
de casa, un perro, que por primera vez sale a dar un paseo fuera de su hogar.
En casa mamá y papá me han mantenido protegida toda la vida, decidiendo
incluso mi comida y mis amistades. Aquí es diferente. Aunque solo estamos
a dos horas y media de distancia en auto, puedo escoger lo que quiero para
el desayuno, usualmente cereal de Oreos, para el almuerzo, usualmente
pizza, y para la cena, usualmente de nuevo pizza.
No hay nadie manteniéndome envuelta en un pañuelo para impedir que me
haga daño. Puedo lastimarme las veces que quiera, disfrutando incluso del
dolor que viene después.
Soy libre.
Soy libre de cometer errores.
─¿Savannah? ─pregunta mi compañera, Pauline, asomando su cabeza rubia
en nuestro baño─. ¿Estás lista? No quiero ir tarde. Podemos regresar a la
hora que quieras porque habrá más gente volviendo, pero me da miedo salir
y que las calles estén solas.
Termino de echarme un vistazo al espejo. A diferencia de Pauline, mi
cabello es negro y lacio. Termina a la altura de mi trasero. Mi madre nunca
quiso que lo mantuviera de otra manera. Yo tampoco. Además de mis ojos
grises, como los de mi padre, forma parte de mi atractivo principal. Lo
demás es discutible. Tengo un cuerpo bonito, pero mi cara no es tan linda
como la de Pauline. Ella parece un ángel. Su rostro, enmarcado por un
montón de rizos dorados, es redondeado. Su nariz es pequeña como un
botón. Sus ojos son marrones, pero a la luz lucen anaranjados,
absolutamente encantadores. Es como una niña. Es mucho más baja. Nos
hemos llevado bien desde que empezamos a vivir juntas desde hace un par
de semanas, la cuidé cuando empezó a sentirse mal por toda la pizza que
hemos comido y ella me ha enseñado todo lo que hay que saber sobre las
bacterias, sufre de trastorno obsesivo compulsivo con la limpieza, pero ese
tiempo ha sido suficiente para que empezase a sentir envidia de ella.
De su lindo corazón. De las aventuras que ha tenido la oportunidad de vivir
con la Iglesia de su condado, viajando a todas partes con el fin de ayudar a
los más desfavorecidos. Aunque su familia es adinerada, como la mía,
tienen un compromiso importante con Dios que no se limita a hacer
donaciones periódicas a la comunidad, como hacemos los Campbell.
Tampoco puedo pasar por alto la manera en la que luce hoy. A pesar de que
está usando un vestido blanco que termina a la altura de sus rodillas,
cubriendo sus brazos debido a que es manga larga, lo que podría ser
considerado una aberración al lado de los vestidos de otras chicas, como el
mío, negro y con tiras sobre mi escote que apenas cubre mis muslos, se ve
bien. No es del tipo que necesita mostrar piel para llamar la atención. Ella
por sí misma lo hace. Irradia un halo invisible de luz que capta la atención
de todos cuando entra en una habitación. No solo aparenta ser buena, sino
que lo es. Me retoco mi labial rosado frente al espejo antes de darme la
vuelta y plantar una sonrisa en ellos.
─Vamos ─digo, ahora no muy segura de mi apariencia.
Quizás debí vestirme como lo hacía en casa. Con una falda de recuadros.
Una camisa blanca bajo un bléiser del mismo material. Un gorro y una
bolsa de diseñador. Quizás debería ser más como Pauline y abrazar al ángel
en mí en lugar de rechazarlo, pero simplemente no puedo ignorar la manera
en la que mi corazón bombea contra mi pecho cuando estoy haciendo algo
que no debería estar haciendo. Que desaprobarían mis padres, quienes me
quemarían en una hoguera de verme actuar así.
Como ir a una fiesta de fraternidad vestida como una puta.
*****
Mi compañera y yo ni siquiera sabemos a qué fiesta iremos. Solamente
seguimos los rumores de los pasillos de nuestro dormitorio, los cuales nos
han traído a la calle en la que todos los desastres suceden. Pauline aprieta
mi mano cuando nos bajamos del taxi y me alcanza. Aunque no quiero que
las personas a nuestro alrededor piensen que somos lesbianas, no la suelto.
En su lugar le dedico una mirada emocionada, reconociendo la misma
sensación de adrenalina en sus ojos que estoy experimentando, y marco
nuestro primer paso hacia la casa más grande, ruidosa y abarrotada de
estudiantes que encuentro, casi saltando.
─¿Por qué no empezamos con algo más tranquilo? ─susurra en mi oído
cuando nos obligan a hacer fila, puesto que está tan lleno que se están
poniendo exclusivos, rechazando a algunas personas que intentan entrar sin
bebida, como nosotras, pero algo en mí me dice que nos dejarán pasar─.
¿Quizás dos casas abajo?
Niego. Vi esa fiesta. Se veía como las reuniones a las que asistía cuando
estaba en la preparatoria, así que no sería nada diferente. La casa frente a
mí, en cambio, luce como una nueva experiencia. Hay parejas besándose
estando sentadas en el borde de las ventanas, lo que podría considerarse
peligroso ya que la construcción tiene dos pisos. Hay luces saliendo por
cada rincón expuesto a pesar de que sigue viéndose oscuro. Desde donde
estoy puedo ver incluso a tipos derramando sus cervezas debido a su grado
de embriaguez y a chicas desnudándose sobre cualquier mueble. Paulina lo
ve también, tensándose junto a mí, pero no dice nada más hasta que el chico
en la puerta de entrada nos deja pasar, aprobación en su mirada dirigida a
nosotras.
─¡Por un momento pensé que no nos dejarían pasar! ─grita por encima de
la música, Animals de Maroon 5, refugiándose en mi costado─. ¡Ya estamos
adentro, ¿ahora qué hacemos?!
Por el rabillo del ojo noto a un chico en la cima de las escaleras, su pecho
expuesto mientras entabla conversación con otro estudiante. Su cabello
negro y despeinado luce oscuro aún bajo el efecto de las luces de neón
colgando del techo. Está perfectamente constituido. Sus brazos y torso son
tan musculosos que no puedo evitar pensar en él como un deportista. Es
alto. Además de su pantalón oscuro, lleva unos mocasines que creo haber
visto en el armario de mi padre, quién solo usa cosas caras, así que también
se ve con clase. Pero a pesar de los músculos, de su belleza masculina, lo
que me atrae a él es lo que irradia como si fuera un elemento radioactivo de
la tabla periódica.
Peligro.
Instantáneamente no puedo evitar sentir curiosidad.
Inclinándome sobre el oído de Pauline, señalo las escaleras.
─¡Iré un momento al baño! ¡Espera aquí!
Si su mente fuera un poco más abierta, le diría que voy a ir por mi primera
golosina del año, pero Pauline no es así. Ella no entendería cómo puedo
querer entregarle mi cuerpo a alguien que ni siquiera conozco. Aunque su
frente se arruga, asiente e inclina la cabeza hacia el patio trasero antes de
dirigirse a él. Como si sintiera mis intenciones de dirigirme a él, cuando me
doy la vuelta para subir las escaleras lo descubro mirando en mi dirección
con ojos amplios. Mis mejillas se sonrojan. Tomo un vaso de la bandeja que
alguien sostiene y le doy un largo trago, como si el alcohol
instantáneamente me pudiera hacer sentir más valiente.
─Hola ─susurro, trayendo su atención a mi escote cuando me posiciono
frente a él─. Mi nombre es Savannah.
Él sonríe.
Mi pecho se oprime por cuán perfectos son sus dientes. Mi ropa interior se
humedece cuando le da un sorbo a su cerveza y relame su labio inferior
después, probablemente consciente del hecho de que estoy siguiendo el
movimiento de su lengua. Su amigo suelta una risita que apenas puedo
escuchar antes de bajar las escaleras y dejarnos tan solos como podemos
estar en la fiesta.
─Tanner.
Al momento en el que escucho su voz, decido que no solo quiero que sea
una golosina. Quiero que sea una tienda abierta para mí las veinticuatro
horas del día, los siete días de la semana, de la que pueda tomar todo lo que
quiera sin pagar. Poniéndome de puntitas, puesto que a pesar de que soy alta
y uso tacones, él lo es más, junto sus labios con los míos, percibiendo el
profundo aroma a alcohol provenir de él y notando cuán oscuros son sus
ojos marrones. No meto mi lengua en su boca, sino que me deslizo
suavemente de regreso al suelo con el aroma de su colonia descontrolando
mi mente. Un poco emocionada con el brillo intenso con el que empieza a
mirarme, deslizo mi mano en la suya y lo guío por el pasillo repleto de
puertas. No sé cuál tomar, así que me ayuda señalando la que se encuentra
al final de este.
Cuando entramos y cierra la puerta tras de sí, ya me estoy quitando la ropa
como si tenerla me impidiera seguir respirando. Es un vestido elástico, así
que sacarlo no es difícil. Para el momento en el que se da la vuelta ya me
encuentro solamente usando un tanga negro de encaje con una cinta y un
lazo en la parte trasera. Giro sobre mí misma. La manera en la que me mira,
como si no pudiera creer lo que está frente a él, me hace sentir
extrañamente segura y bonita, pero es porque presiento que Tanner, sea cual
sea su apellido, no mira a todas así.
─Ven aquí ─suelta con voz ronca, aún sin quitarse los pantalones.
Obedezco.
Camino asegurándome de que mi cabello se deslice sobre la suave piel de
mis senos, exagerando un poco el movimiento de mis caderas, y me
arrodillo frente a él. Mientras desabotono su pantalón con mis manos, mi
pedicura rosa recién hecha, lo escucho sisear entre dientes y apoyarse en la
pared. Ya que no trae ropa interior debajo, su pene salta a la vista cuando
deslizo la tela de jean por sus tonificadas piernas. Casi quiero llorar cuando
lo veo. Es precioso. Rosado, redondeado en la punta y lo suficientemente
grande como para intimidar o, mejor dicho, para darme la certeza de que me
llenará más de lo necesario. Tanner me deja hacer lo que quiera con él.
Probablemente siente curiosidad sobre cuáles serán mis movimientos, por
lo que se limita a observarme y a maldecir cuando inhalo su aroma a
almizcle antes de meter la punta en mi boca teniendo cuidado de no
lastimarlo con los dientes. De repente todos mis ex tienen sentido, puesto
que me prepararon para este momento.
Para saber cómo complacerlo.
─Dios mío ─jadea él, sus dedos enterrándose en mi cabello─. Eres la jodida
fantasía de un hombre hecha realidad, Savannah.
Para demostrar su punto, lo alojo un poco más profundo en mi garganta.
Tanner suelta un gruñido satisfecho antes de empujarme suavemente hacia
atrás y arrodillarse para tomarme entre sus brazos. No puedo evitar
acurrucarme contra su pecho y patalear, feliz, de camino a la cama. A pesar
de que pensé que sería duro conmigo, incluso brusco, me deposita en ella
con suavidad. Se cierne sobre mí, situándose entre mis muslos, momento
que aprovecho para evaluar la manera en la que quedó su amigo luego de
mis intenciones, duro e hinchado, listo para mí, y me ofrece una sonrisa
torcida antes de sumergir su rostro entre mis piernas. Muchas personas
están manteniendo relaciones sexuales aquí, así que no me avergüenzo de
gritar por la manera en la que succiona fuertemente mi clítoris, haciendo a
un lado mi tanga, antes de dejarlo libre de golpe. Tanner ríe antes de
continuar lamiéndome. Aprieto una de las almohadas con fuerza.
─Tanner ─jadeo cuando me hace mojar tan mal, disfrutando de los restos de
la sensación afrodisiaca mientras me da la vuelta y abofetea mi nalga
derecha con fuerza, haciéndome gemir─. No puedo esperar más. Por favor,
entra en mí ─lloriqueo.
Él vuelve a reír mientras abre un paquete de condones.
─Solo un segundo, bebé.
Bebé.
Sí, soy su bebé y en estos momentos me muero porque algo de aspecto
blanco y lechoso me alimente. Me inclino hacia adelante y curvo mi
espalda, incitándolo a darse prisa. Él respira con brusquedad entes de tomar
la parte trasera de mi tanga y nuevamente hacerla a un lado. Le gusta tanto.
Me alegra. Tengo un montón de lencería bonita en mi armario para volverlo
loco.
─No sabes cuánto me gusta esto. ─Tira del lazo mientras posiciona su
miembro en la entrada de mi vagina. Estoy tan caliente y húmeda. Lo
quiero dentro de mí más de lo que quise un auto cuando cumplí los
dieciséis─. No te lo quites nunca. Intuir que traes algo así bajo la ropa te
hará dueña de la mente de cualquier hombre.
Sonrío, pero la sonrisa se va cuando entra de golpe, haciéndome gritar
nuevamente, y empieza a follarme como intuí que sería en el momento en
que lo vi. Duro. Áspero. Profundo. Tanner se apodera de cada rincón de mi
sexo como si su misión fuera dejar una huella en mi alma, no causarme un
orgasmo. En un determinado momento sus golpes se vuelven aún más
salvajes y toma mi cabello, tirando de él hacia atrás mientras me hace
llegar. Antes de que pueda recuperarme, me da la vuelta y ocasiona que mi
cabeza cuelgue del colchón. Estoy a punto de preguntarle qué sucede
cuando lo noto. El espejo frente a mí. Nuestro reflejo. Ahora no solo puedo
sentir, sino que también puedo ver cómo me posee. Su pálida piel
ligeramente alumbrada por las farolas de la calle. Su gesto de concentración
mientras sale y entra de mí con fuerza. La malicia en sus ojos al presionar
su mano sobre mi estómago, manteniéndome en mi lugar a pesar de que ya
no puedo soportar su intensidad, la cual me consume, me hace estremecer
de miedo y excitación, y a la vez me obliga a tener en cuenta la manera en
la que llega a lugares que nadie más, hasta él, había conocido. En cómo de
bien lucimos juntos.
Somos el diablo y una chica buena dispuesta a pecar.
A sacrificarse.
Después de venirse, tres orgasmos para mí en total, se acuesta de la misma
manera junto a mí y nos observa. Me sonríe antes de incorporarse. Una vez
desecha el condón usado, besa suavemente mis labios y se inclina hacia la
mesita de noche junto a la cama. Saca un paquete de cigarrillos de ella. Me
ofrece uno, pero niego. Aunque estoy desesperada por portarme mal, trato
de evitar los vicios que disminuirían directamente mis años de vida.
Me enderezo, intentando evitar la manera en la que mi corazón comienza a
doler, puesto que esto fue solo sexo, y me incorporo para recoger mi ropa e
ir de regreso con Pauline, pero Tanner me toma del codo y me hace aterrizar
de vuelta en la cama. Me empiezo a quejar en voz alta por el impacto, pero
el humo de su cigarrillo, directamente exhalado en mi estómago, me hace
mantener la boca cerrada. El humo y el calor me hacen cosquillas.
Me excitan.
─¿A dónde crees que vas? ─pregunta, abriendo nuevamente mis piernas─.
No he terminado contigo, Savannah. ─Tiemblo cuando pasa su lengua por
mi centro, deshaciéndose de mi tanga mojada, exponiéndome y haciéndome
vulnerable─. Esto apenas empieza.
*****
La mañana siguiente a nuestra aventura apenas puedo moverme sin sentir
un fuerte dolor de cabeza. Después del mejor sexo de mi vida, cuyo
recuerdo trae mariposas a mi estómago, encontré a Pauline bebiendo una
cerveza con un grupo de artistas en el jardín. Pasamos una buena noche
luego. La banda con la que hablaba nos invitó a una fiesta al otro lado de la
ciudad en la que habían sido contratados para tocar un par de canciones, así
que no solo estuvimos en la fiesta de fraternidad y estuve en los brazos del
chico más hermoso del campus, sino que también asistimos a un concierto.
Si todos mis fines de semana son así, creo que la universidad será, en
definitiva, la mejor época de mi vida.
─¿Savannah? ─escucho a Pauline preguntar al otro lado de la habitación,
desde su cama rosa y dulce, como una niña.
La mía, en cambio, está rodeada de velas con aroma a vainilla que no pude
encender ayer. A Pauline le asusta que duerma tan cerca del fuego, pero
estoy acostumbrada a ellas y sé que se apagarán en el momento en el que se
consuman. A pesar de que me envuelvo apretadamente en mis sábanas,
contesto.
─¿Sí?
─¿Qué tal si empezamos el día yendo a Rusty's?
Rusty's es nuestro restaurante favorito para comer, un café en el centro
universitario dónde he declarado que hacen los mejores panqueques de
Austin a pesar de que solo llevo dos semanas aquí. Quiero continuar
durmiendo, pero mi estómago necesita algo con lo que sobrellevar todo el
licor, no solo cerveza, que ingerí anoche. Suelto un sonido aprobatorio y me
levanto. Veinte minutos después, tanto Pauline como yo estamos listas.
Ambas llevamos atuendos deportivos de pantalones cortos junto con
sudaderas, zapatillas y gafas de sol que ocultan nuestras profundas ojeras.
Caminamos la una junto a la otra, quejándonos del ruido, hacia nuestro
destino, pero a la mitad de él un chico se nos acerca sosteniendo un montón
de panfletos con la foto de una chica en ellos. Una chica con el cabello
rubio y rizado en medio del público de un concierto, destacando por su
vestido blanco. Todo lo que la rodea allí es oscuro, las personas, las cosas.
Incluyéndome.
─¿Conocen a esta chica? ¿La rubia? ─pregunta él, señalando a Pauline en
la foto─. El presidente de nuestra hermandad nos está volviendo locos
buscándola. Si no la encontramos, no aceptará nuevos miembros este año.
Yo aspiraba poder entrar. Hay un pase directo, sin presentar ninguna prueba,
para quién la consiga.
El color desaparece del rostro de Pauline.
─Yo... yo...
─Es ella ─susurro, emocionada, quitándole las gafas─. ¡Es ella!
Quién sea el presidente de la hermandad, es tan romántico.
Ya yo encontré al chico que me gusta, a quién aspiro ver pronto, puesto que
creo que tuvimos más que química, una conexión, por lo que realmente me
alegra que ella también tenga a alguien.
─Maldición ─suelta él cuando la ve, colocando el panfleto junto a su
rostro─. ¡Eres tú! ─Nos abraza, saltando─. Vengan. ─Toma nuestras
manos─. Vamos en este mismo instante a la hermandad. No puedo perder
esta oportunidad. Mi futuro está en juego.
Tanto Pauline como yo lo seguimos sin rechistar, dejando atrás nuestros
planes de dirigirnos a Rusty's. Puedo identificar una chispa de emoción en
su mirada marrón. El chico nos habla sobre cómo todos en su fraternidad
han estado trabajando en encontrar a Pauline desde que su presidente vio el
post de la banda en redes sociales y la identificó, dándose cuenta de que era
la chica que le había llamado la atención durante de la fiesta, pero a la que
no pudo encontrar después de terminar con los asuntos de la hermandad.
Ambas estamos abrazándonos, emocionadas, en el recibidor de la casa,
ahora hecha un desastre, pero ya siendo limpiada por sus miembros, de la
hermandad en la que estuvimos anoche. Hermandad Maleeh. Una de las
mejores, según nuestro guía, a la que cualquier chico puede aspirar en
Texas.
─Hola ─saluda una voz que reconozco tras nosotras.
Cuando me doy la vuelta, me encuentro con los ojos oscuros de Tanner.
Ellos me notan, pero me descartan rápidamente, pasando de mí como si
solo fuera un elemento más en la habitación en la que está reuniéndose con
la chica de sus sueños, antes de concentrarse completamente en Pauline. Mi
compañera de cuarto suelta una risita nerviosa cuando él toma su mano y la
besa.
─Tanner Reed ─responde él con voz ronca─. A tus servicios.
Sin poder soportarlo más, me doy la vuelta.
Pauline es el amor de su vida y claramente yo soy los asuntos de la
fraternidad de los que estaba encargándose. La razón por la que no pudo
verla. Aunque debería advertirle sobre él, decirle lo malvado que es,
prefiero ver cómo la toma y le ilusiona de la misma manera que me tomó y
me ilusionó a mí antes de romperle el corazón con la fealdad del suyo.
*****
Pero muy a mi pesar, eso nunca pasa.
Él la ama.
¡Hola!
Espero que les haya gustado. Probablemente continuaré esta historia
solo en Litnet, así que si quedaron interesadas después de aquí, para
continuar es probable que necesiten abrirse una cuenta allí. Me pueden
encontrar como OscaryArroyo, pero existe la posibilidad de que
continúe publicando aquí si veo que les llama mucho la atención
Love u
Capítulo 1:
Capítulo 1:
25.7K 3.2K 3.1K
por OscaryArroyo
Dedicado a Majo854
Manejo el despecho lo mejor que puedo.
A diferencia de otras chicas, quiénes probablemente solo se dedicarían a
deshacerse del ardor en su corazón yendo tras otros chicos o comiendo
comida chatarra, cosas que también hago, trabajo en mí. Voy tanto al
gimnasio que la gerente se preocupa, acercándose un día y amenazándome
con retirar mi membrecía si no me controlo. Cuando se dio cuenta de que
estaba a punto de llorar como un niño al que le han quitado su juguete
favorito, ese que abraza por las noches para sentirse mejor, me explicó que
lo hacía por mi bien, que desgastar mis músculos así solo los atrofiaría.
También me dijo que su esposo se divorció de ella hace dos años, por lo que
reconoce a una mujer herida cuando la ve. No juzgué su razonamiento
después de eso. Si Tabatha pudo superar el engaño de un hombre con el
que estuvo por media década y la dejó por haber aumentado diez kilos
después de dar a luz a su bebé, yo puedo arrancar un simple acostón de mi
piel.
Sintiéndome estúpida por darle tanta importancia a Tanner, no me quedó
más remedio que disminuir mi itinerario después de aceptar tomar un café
con ella y conocer su historia. Aun así, Tabatha ahora luce como una
modelo y yo no, por lo que deduzco que en su caso no hubo nadie que la
detuviera de pasar todo el día en el gimnasio. Pero no me quejo. Nos
hicimos amigas de entrenamiento y con su experiencia, Tabatha también es
entrenadora en el gimnasio de su segundo esposo, a quien conoció mientras
superaba al primero, he empezado a notar resultados que antes no lograba
alcanzar debido a que no sabía hacia dónde dirigir mi entrenamiento. Mi
trasero luce bien. Mi abdomen también se siente como una roca cuando lo
golpeo.
Una roca plana, sin ninguna marcación, pero una roca.
También me vuelvo la mejor de la clase, manteniendo a mis padres felices
debido a que constantemente les envío fotos de mis buenas calificaciones.
Su rencor hacia mí por no estudiar negocios ha desaparecido debido a ello,
lo cual tiene sentido. ¿Por qué tenerme en algo dónde habría sido una más
en lugar de dejarme ir a un sitio donde estoy resultando ser extraordinaria?
Mis bocetos incluso aparecen el periódico de la universidad, llevándose un
premio de algún concurso de dibujo, exactamente junto a las noticias
deportivas, por lo que mi rostro a veces termina impreso al lado del de
Tanner, el capitán del equipo de fútbol americano.
Eso me complace.
Ahora él sabe exactamente lo que ha perdido.
Y para evitar que le queden dudas, otra forma de hacérselo saber es yendo
tras sus amigos. Porque sí. El hecho de que me haya vuelto la mejor no
significa que no termine en los brazos de alguno de ellos, tomando todo el
consuelo que puedo, cuando por cualquier razón, desde una fiesta a una
simple reunión por las tardes, termino viendo, escuchando o sintiendo cómo
Pauline y él están juntos. No solo teniendo sexo. El sexo no me interesa. El
sexo fue algo que me dio a mí. Fue mágico y perfecto. Tan mágico y
perfecto que estoy segura de que ella nunca podrá igualarme sin importar
si la quiere o no. Lo que realmente hace que mi pecho se contraiga con
dolor son sus abrazos. La manera en la que la mira como si su rostro
contuviera un hermoso paisaje que no pudiera evitar admirar. Sus detalles.
Tanner no solo la lleva a cenar a los mejores lugares de Austin y le compra
cosas, sino que siempre deja ramos de rosas junto a nuestra puerta. Le
escribe cartas de amor. Obliga a sus chicos a cantar canciones para ella,
armando un espectáculo al estilo Glee solo para hacerla reír.
Tampoco niego que no tenga ataques de ansiedad dónde no deje de
preguntarme qué es lo que él no vio en mí, pero en ella sí, y termine yendo
a la tienda de comestibles a las dos de la mañana por un kilo de helado de
chocolate para mezclar con galletas y comer mientras veo películas de
Netflix que en cualquier otro momento consideraría estúpidas, pero que
justo así me hacen llorar. Es como si dentro de mi mente, dónde soy
perfecta, no hubiera una respuesta, haciéndome colapsar mientras trabaja
sin descanso en buscar una razón por la que ella sí y yo no.
¿Qué es lo que no le gustó?
¿Qué es lo que le gustó en Pauline?
Si tan solo pudiera tener las respuestas a ello, podría continuar, aunque
una voz dentro de mí me grita constantemente llamándome mentirosa
cuando pienso al respecto. En lugar de continuar, existe la posibilidad de
que cambie debido a él y me exponga a que me lastime de nuevo. Tampoco
es como si pudiera preguntarle. Tanner actuó como si no me conociera
desde el momento en el que Pauline me presentó como su mejor amiga, lo
que significa que abiertamente no le importa el haberse acostado conmigo
antes de ir por ella o que no me recuerda debido a lo ebrio que estaba,
quizás ambas. Por mi mente ha pasado decirle a Pauline la verdad, pero
ella luce tan feliz con él que sería estúpido e innecesario arruinar su
felicidad por algo que para Tanner no significó nada. Tampoco sabría qué
decirle si me pregunta por qué he callado durante tanto tiempo. De una
forma u otra terminaría luciendo más patética de lo que ya me siento.
Mi autoestima está gravemente herido. Lo fortalezco cada vez que me miro
en el espejo y veo los avances del gimnasio, cada vez que veo mis
calificaciones, que un chico me dice palabras bonitas, pero se destruye y
convierte nuevamente en polvo cuando veo a Pauline y él besándose. Por
esa razón me siento feliz cuando el fin de semana que he estado esperando
por casi un mes llega.
Tanto Pauline, estudiante de veterinaria, como yo hemos terminado con
nuestra primera ronda de exámenes e iremos a pasar estos dos días en la
casa de playa de mis padres en Corpus Christi, a tres horas en auto de
Austin. Tanner no irá, por lo que no solo se trata de un par de días entre
chicas haciendo cosas divertidas, de regresar a la breve época en la que él
no estaba entre nosotras, sino de quitárselo por un par de días.
No puedo evitar estar emocionada.
Nuevamente soy como ese cachorro que agita su cola sabiendo que está
punto de salir y hacer algo emocionante, no importa si eso es atrapar una
mosca con su lengua o perseguir una ardilla. Para él cualquier cosa es
mejor que estar encerrado, así como también para mí cualquier cosa es
mejor que quedarme en mi dormitorio viendo como Pauline y su novio se
aman.
No puedo decir que ellos sean discretos.
Aunque no es como si tuvieran una razón para serlo.
Al menos no Pauline.
─¿Qué tal está este? ─le pregunto a la que casi se ha convertido en mi
mejor amiga, casi destronando a Becca, mi mejor amiga de secundaria que
viajó a California luego de graduarse; lo que las diferencia y hace que
Becca continúe en su puesto es que nunca me acosté con ninguna de sus
conquistas y viceversa─. ¿Te gusta? ─Junto a Tanner, quién está
demasiado concentrado trazando circulitos sobre su piel y viendo un
partido de fútbol en nuestro plasma, Pauline desvía la mirada de su
entrepierna para observarme sostener un bikini negro con joyería en lugar
de tiras para mantenerlo en mi cuerpo. Aunque su desinterés por nuestro
viaje me molesta, no puedo evitar estar de acuerdo con ella. Tanner tiene
un buen tamaño ahí abajo y los pantalones estrechos que usa no hacen
mucho por ocultarlo. Eso y una camiseta blanca es lo único que lleva, a
parte de sus zapatillas, y es suficiente para hacerlo lucir bien. Lo demás lo
hacen sus músculos y un par de intensos ojos negros. Ese cabello oscuro y
sedoso tan lindo. Suspiro─. ¿Pauline? ─la llamo cuando no obtengo más
que un vistazo de reojo antes de que su atención regrese a Tanner.
Alzo las cejas.
Sus mejillas se sonrojan con fuerza cuando me mira.
─Yo... yo... ─Se traba─. ¿Qué decías?
Sacudo nuevamente mi bikini.
─¿Te gusta?
Ella arruga la nariz.
─Ya llevas uno negro, creo.
Me cruzo de brazos.
─No, no lo hago.
Afirma, convencida de que sí.
─Sí, yo vi uno negro antes de ese.
Pongo los ojos en blanco.
─Era el mismo, bebé ─interviene Tanner, mirándome con una sonrisa de
disculpa en sus labios, lo cual me sorprende debido a que pensé que
ignoraba todo sobre mí, antes de inclinarse y besar su cabellera rubia─.
Solo que estás demasiado ocupada mirándome como para prestarle
atención a tu amiga, lo cual está mal. Si sigues ignorando a Savannah...
─La manera en la que dice mi nombre, arrastrando las palabras con su
disimulado acento alemán, mirándome con intensidad, hace que mi cuerpo
se sacuda con un estremecimiento─. Ella empezará a odiarme.
Él no puede haberme olvidado, pienso.
Pauline se sonroja aún más, ocultando su rostro en su pecho mientras ríe
con mortificación y envuelve su camisa en su puño, tirando de ella de una
manera que la arrugará después, lo que Tanner odiará porque es un adicto
a la perfección. Continúo doblando mi ropa y metiéndola dentro de mi
maleta en silencio, pero me extiendo sobre mi cama por un vestido playero
que no pensaba llevar, pero está totalmente arrugado, y me dirijo al baño.
─Voy al baño a quitarle las arrugas a esto ─susurro, dejando caer mi
mirada pesadamente sobre él, Pauline todavía oculta en su torso,
probablemente disfrutando de su masculino aroma.
Ni siquiera he terminado con mi vestido para el momento en el que lo veo
en el umbral de la puerta. Está inclinado con una mano sobre el marco. Me
sonríe casualmente. Sin camisa. Intento que mi mirada no se desvíe a sus
músculos expuestos, pero no puedo evitarlo. Aún peor, no puedo evitar la
manera en la que mis muslos se aprietan de manera involuntaria cuando
entra al pequeño espacio de baldosas y me arrincona contra la pared tras
de mí.
Estoy usando shorts de pijama, cortos, y una camisa sin mangas, por lo que
muy bien podría estar desnuda frente a él por la manera en la que todo mi
cuerpo se calienta cuando siento que me echa una rápida mirada de reojo.
Colocando una de sus manos junto a mi cabeza, me tiende su camisa con la
otra, obligándome a olerlo casi de la misma manera que su novia acaba de
hacerlo.
Pero sin ningún trozo de tela interponiéndose.
─No quiero sonar como un cerdo machista, ¿pero podrías arreglar esto?
─La agita de la misma manera que agité mi bikini unos minutos atrás─.
Odio usar ropa arrugada y mi madre nunca me enseñó a planchar. De
alguna manera quemo todo lo que toco.
Aunque lo más racional que podría hacer en este momento es presionar la
parte caliente de la plancha contra su cara, termino tomando el trozo de
tela con dedos temblorosos, deseando tanto que se vaya como que se quede.
Lo odio por ir tras mi amiga después de tenerme, por arrojarme a la
basura de la manera en la que lo hizo, pero lo odio aún más por la manera
en la que ha logrado que lo que más desee sea ocupar el lugar de alguien
más cuando solía sentirme tan cómoda conmigo misma antes de conocerlo.
Me arrepiento tanto de haber ido a su hermandad.
─Gracias, Savannah. ─Mi cuerpo vuelve a temblar cuando escucho mi
nombre. Es como si se apoderara de él cada vez que lo pronuncia─. ¿Te
molestarías si te pido otro favor? ─Niego─. Bien, se trata de este fin de
semana. ─Me tenso─. No estoy cómodo con que dos chicas tan hermosas
estén solas en una casa que permanece todo el año vacía, ¿por qué no le
dices a Pauline que puedo ir con ustedes? Les daré su privacidad para
hacer lo que quieran, pero las cuidaré. Si me quedo aquí no podré dormir
pensando en su seguridad y me irá mal en el partido del lunes.
Aunque no quiero que vaya, me encuentro a mí misma aceptando.
─Sí.
Tanner se echa hacia atrás con una sonrisa arrogante.
Finalmente puedo respirar.
─Gracias, Savannah ─dice, arrastrando nuevamente las sílabas─. Eres
mucho más racional que mi novia. Adoro a Pauline, pero ambos sabemos lo
ingenua que puede llegar a ser, ¿no?
Trago.
─Sí.
Tanner me guiña el ojo antes de darse la vuelta y regresar al dormitorio.
Cierro la puerta y paso el pestillo apenas se va, deslizándome hacia abajo
con su camisa entre mis manos. Temblando, oculto mi rostro en ella,
debatiendo si Tanner está siendo solo un idiota o si está siendo el mayor de
los idiotas. Si solo está coqueteándome o si está coqueteándome sabiendo
lo mucho que me afecta porque recuerda todo lo que pasó.
*****
Pauline luce mucho más emocionada con nuestro viaje desde que le sugerí
que invitáramos a Tanner. Salimos ese mismo día al anochecer, un viernes,
porque quiero pasar tanto tiempo en la costa como sea posible antes de
tener que regresar el domingo. También porque siempre se me ha hecho
más divertido conducir de noche. No puedo evitar echarle ciertos vistazos
de reojo a Tanner a través del retrovisor mientras sigo las instrucciones del
GPS, los cuales no devuelve. Tanto él como Pauline van detrás,
enfrascados el uno con el otro, haciéndome sentir como si fuera un Uber.
Eso me molesta tanto que le subo todo el volumen a la radio para que se les
dificulte hablar entre ellos. Ambos se callan, probablemente captando mi
mal humor, cuando Shadow Preachers de Zella Day casi hace sangrar
nuestros oídos. Afortunadamente ninguno se atreve a pedirme que le baje.
Aunque él sea algo así como una obsesión de la que no he logrado
deshacerme y ella sea mi amiga, los dejaría en la carretera.
El estruendo solo termina cuando llegamos a San Antonio, más o menos a
la mitad de nuestro viaje, y me detengo en una estación de servicio. Para
ese entonces estoy tan molesta como hambrienta. Tras estacionar frente a
la cafetería abierta las veinticuatro horas, me bajo y no puedo evitar cerrar
la puerta de mi Mercedes con un portazo que lamento apenas lo escucho.
Él es el único elemento masculino en el que confío.
Lo acaricio disimuladamente, disculpándome, antes de darme la vuelta y
entrar en el local, importándome muy poco si me siguen o no. Si no lo
hacen pueden morir de hambre hasta que lleguemos. No conseguiré nada
para ellos y me tardaré lo que quiera comiendo. Tampoco me detendré otra
vez. En el momento en el que empiezo a deslizarme en el reservado al fondo
del restaurante, todo mi enojo se desvanece como si nunca hubiera existido.
Tanner, sin Pauline, está sentándose frente a mí.
─¿Pauline? ─pregunto, mi voz ronca.
─Duerme.
─¿Entonces solo la dejaste en el auto?
Él afirma.
─Sí.
Mi garganta se seca, por lo que agua es lo primero que le pido a nuestra
mesera cuando se acerca. Lo segundo es una hamburguesa con doble queso
y patatas fritas, sin tocineta, y una Coca Cola de lata. Cuando termino de
hacer mi pedido descubro que Tanner está mirándome con curiosidad. Mis
mejillas se sonrojan. Tras mirarme un poco más, para mi mortificación y
deleite, niega y pide lo mismo que yo. Mientras esperamos nuestra comida
le echo un vistazo, evaluándolo por primera vez desde que se apareció en el
estacionamiento de nuestro edificio en el campus con una mochila y nos
ayudó a guardar nuestro equipaje. Continúa usando su camisa blanca de
esta tarde. La camisa que arreglé para él. La que olí por quince minutos
antes de regresar con él y Pauline y entregársela doblada con la forma de
un cisne, la excusa que le di a mi tardanza a pesar de que solo me toma
medio minuto hacer la figurita. A mi madre le gusta el origami.
─Esto tiene que ser una maldita broma ─murmura cuando la mesera
regresa con nuestros pedidos y lo primero que hago es meter mis patatas
dentro de mi hamburguesa, lo que él también hace─. ¿Me estás siguiendo o
algo, Savannah?
Me congelo, pero no sé si lo hago por la manera en la que entrecierra los
ojos o por lo serio que suena cuando lo pregunta.
─Mmm... no.
Al ver que genuinamente no tengo ni idea de qué habla, la tensión en los
músculos de los hombros de Tanner se va. Tras tomar una honda
inspiración, me mira como si no me hubiera acabado de observar con asco.
Supongo que hubo una acosadora antes de mí. Aunque me definiría a mí
misma más como una víctima que pasó a ser victimaria más que como una
acosadora.
─Lo siento. No hay muchas personas a las que les guste comer lo mismo de
la misma manera y de la misma forma.
Esta vez soy yo quién se encoje de hombros.
Inclinándome para darle un mordisco a mi hamburguesa, mis ojos grises en
los suyos, respondo antes de tomar un bocado.
─¿También le echas azúcar a las palomitas?
Tanner hace una mueca de asco.
─No, por supuesto que no.
Tras tragar, me enderezo en mi asiento.
─Yo tampoco. ─Le sonrío, regodeándome internamente cuando se queda
viendo mi boca. Bien. No es el único con lindos dientes. Pasé toda mi
primaria y un par de años de secundaria con ortodoncia y me hago un
blanqueamiento cada tres meses─. ¿También me dirás que te acoso por
comer mis palomitas sin azúcar? ─Arriesgándome un poco más, relamo
mis labios antes de llevar la pajilla de mi Coca Cola a ellos,
preguntándome si eso puede traerle un flashback de la mamada que le hice
durante la fiesta─. Porque no hay muchas personas a las que les guste
comer lo mismo de la misma manera y de la misma forma, ¿no?
Soltando una risa entre dientes, Tanner niega.
─Touché.
Pero ambos, su subconsciente y yo, sabemos que sí las hay.
Él me devoró tan bien como yo a él.
Holaaa, espero que les haya gustado el capítulo
¿Creen que Tarnner se acuerda de Savannah?
¿Alguien se siente identificada con ella?
Ya el siguiente será en presente que es donde ocurre toda la acción
Dedicación del siguiente a la que + comente
Love u
No olviden darle amor a la historia
Capítulo 2:
Capítulo 2:
22.8K 3.3K 2.9K
por OscaryArroyo
Dedicado a natbooksx
Austin, Texas.
Presente.
Me apoyo en la barandilla de la terraza que yo misma diseñé. Sus pisos de
mármol. Los banquillos junto a las columnas al estilo romano en las que
estoy apoyada. Incluso hice un boceto de las flores que pondría sobre estas
si yo viviera aquí. Rosas. Rosas rojas, maduras e intensas. De verse desde el
interior de la construcción se podría apreciar la manera en la que el rojo
destacaría justo en el punto en que la terraza y el paisaje, un centenar de
árboles verdes, se encuentran. Las habitaciones, en cambio, dan con el lago
en medio de todas las hermosas villas de esta zona exclusiva de Travis
Country. Tras darle un sorbo a mi copa de vino, suelto un profundo y
pensativo suspiro. Ha pasado un año desde que ayudé a construir este hogar.
Uno y medio desde que me gradué de la universidad. Aunque ya estaba
trabajando en pequeños proyectos de decoración de interiores, el
matrimonio a la que mi obra de arte le pertenece me dio la oportunidad de
desplegar mis alas entre los ricos de Austin.
He tenido un montón de trabajo pesado desde entonces. Aunque muchas
veces me dan la libertad creativa que necesito, muchas otras no y debo
pasar por un montón de intentos fallidos hasta que mi cliente esté
satisfecho. No es que me esté quejando, amo lo que hago, pero a veces me
gustaría trabajar en lo que siempre llamó mi atención. Los edificios. Las
obras públicas o privadas en la ciudad. Nadie te recuerda por haber
diseñado una casa a menos que sea bonita y ocurra un asesinato dentro de
ella. Los hoteles, los museos, los centros comerciales y los empresariales
son otro asunto, pero solo hay una constructora importante en Austin y su
CEO, el día que fui a mi entrevista con una de mis maquetas, un nuevo
estadio de béisbol, me dijo que solo tendría que inclinarme sobre su
escritorio si quería el puesto. Era atractivo, habría aceptado tomar una copa
con él si hubiera preguntado, pero llevo años alejándome de tipos así, por lo
que le arrojé mi versión de la nueve sede de los Rangers a la cara antes de
salir, decepcionada conmigo misma por la manera en la que perdí el control,
pero feliz de haber vengado mis sueños.
Podría regresar a Houston con mis padres y encontrar trabajo allí, pero es
demasiado pronto para que me rinda y acepte que mi padre me ayude
llamando a uno de sus amigos. Solo ha pasado un año. Mi ojo
arquitectónico también ha aprendido a trabajar, como si tuviera vida propia,
sobre los paisajes de Austin. No puedo darle la espalda. Si lo hago, algún
día necesitaré la inspiración y no la tendré porque los dioses habrían sentido
mi rechazo cuando la tuve. En la vida de un artista, el momento es aquí y
ahora.
Sino, la esencia se esfuma.
─Esta casa es hermosa, ¿no? ─comenta una grave voz junto a mí,
recordándome que no he respondido su pregunta todavía─. Diría que es la
zona en la que se encuentra, pero la verdad es que luciría hermosa en
cualquier otro lugar.
Es verdad. La casa, mansión, en realidad, tiene ese tipo de belleza que la
haría lucir hermosa en cualquier sitio donde no haya nieve la mayor parte
del año. En la nieve sería contraproducente debido a su cantidad de accesos.
Tampoco combinaría con su aire cálido, casi Toscano. Desde que empecé a
diseñar, tomé el principio de hacer que las cosas destaquen por sí mismas en
lugar de forzarlas a ser algo más. Si el ambiente alrededor de la casa es
cálido, esta debería serlo. Si es frío, debería ser fría y aun así acogedora.
─Tengo un montón de proyectos ─susurro, negando mientras vuelvo a
llevar la copa de vino a mis labios─. No puedo, Tanner, lo siento. ─Diseñar
esta casa fue el cierre que necesitaba. Me arruinó hacerla tan perfecta,
plasmar mi alma en cada detalle, y luego dársela a Pauline y a él para que
vivieran toda su vida juntos. Desde que les di la llave de la puerta principal
mi cuerpo ha estado entumecido, pero también se me ha hecho más fácil
estar alrededor de ellos cuando tengo que estarlo. Es decir, cuando me
invitan a un evento social al que me veo obligada a ir porque, en especial si
es aquí, significa que obtendré nuevos clientes. Tengo la esperanza de que
algún día alguno de ellos vea en mí más que a alguien que podría hacer una
casa bonita, pero nadie pone en las manos de una chica recién graduada un
contrato multimillonario─. Puedo ayudarte a encontrar a otro arquitecto.
Tanner niega.
Su frente está arrugada con molestia e irritación, mechones de cabello negro
cayendo sobre ella mientras niega, como cada vez que tiene que hacer un
esfuerzo para que lo complazcan, lo cual casi nunca sucede debido a que
obtiene lo que quiere cuando quiere sin ningún tipo de esfuerzo. Se
encontraba en sus últimos años de la escuela de negocios cuando Pauline y
él empezaron a salir, por lo que lleva un tiempo haciéndose cargo de la
compañía de importaciones de su padre, así que ahora no solo es un idiota
apuesto, serio y arrogante, sino que es un idiota apuesto, serio y arrogante
con unos cuantos millones de dólares en el bolsillo. Me gustaría decir que
Tanner es solo un niño rico más, pero la verdad es que volvió la pequeña
empresa que heredó algo más grande de lo que era, por lo que no puedo
quitarle el crédito de ello. Si antes, en la universidad, vestía bien, ahora
viste aún mejor. Como un modelo DG o Armani. Sus trajes siempre son
pulcros y hechos a la medida. El azul oscuro que está usando en estos
momentos es mi favorito, no importa si antes solo lo haya usado una vez.
Nunca olvido la tonalidad de sus trajes o el contraste que hacen con su
pálida piel. Este es tan frío que siguiendo mis propios principios
arquitectónicos nunca encajaría con mi vestido rojo de encaje y mangas
ceñidas hasta las muñecas, pero falda suelta y larga, por lo que la manera en
la que nos vestimos para este coctel es un recordatorio visual de que no es
para mí.
Solo por si los cinco años que lleva con Pauline, la casa que me hicieron
diseñar y su boda en la playa, la cual consideré patética a pesar de que fui
una de las damas de honor, no fue suficiente.
─No quiero otro, Savannah. Te quiero a ti.
Mi mano se aprieta con fuerza en torno al cristal.
Llevaba tanto tiempo queriendo oír esas palabras y aquí las tengo, pero las
rechazo porque no están dichas de la manera correcta.
Niego.
─No, lo siento, mi agenda está muy apretada.
Su mandíbula se endurece, así que sé que lo he hecho molestar.
Ya mi negativa no solo es una irritación.
─Así que te has vuelto exclusiva.
Me tenso.
Como cada vez que hablo con Tanner, me pregunto si se refiere a algo más.
Si está hablando de la manera en la que tonteaba con todos sus amigos
después de que se involucrara con mi amiga, lo que se acabó una vez se
graduó y no hubo más un recordatorio constante de lo que no me
pertenecía, o de mi trabajo.
También está la manera en la que me mira directamente. Es como si no me
notara cuando estamos rodeados de otras personas, pero no pudiera apartar
sus ojos oscuros de mí cuando estamos a solas, pero nunca he sabido si es
porque no hay nada más para ver o porque realmente quiere mirarme.
Forzándome a mí misma a no caer en un hoyo del cual no podré salir
después, niego. Mi rostro debe revelar de alguna manera el conflicto interno
que estoy sintiendo, puesto que Tanner suaviza su tono de voz, aún con ese
deje alemán que heredó de su madre y fortaleció al haber pasado unos años
de la secundaria en el extranjero, y se obliga a sí mismo a relajarse. La
tensión desaparece de sus hombros.
─Podría pagarte para que pusieras en pausa todo lo demás ─sugiere─. Pero
si se trata de compromiso hacia tus proyectos, lo respeto. Puedo esperar el
tiempo que sea necesario por ti.
No es justa la manera en la que mi pecho se aprieta.
No lo es.
Aunque en un principio llegué a pensar que me lo merecía por no decirle a
Pauline lo que sucedía, en especial cuando quise que él la lastimara como
me lastimó a mí, llegó un momento en el que fue demasiado. Demasiado
que pagar por mantener un secreto y mis sentimientos bajo llave cuando no
es mi culpa sentirme así.
Tampoco que él se haya sentido así por ella.
─¿Por qué es tan importante para ti que sea yo?
Tanner nuevamente endurece su expresión, lo cual me dice que
probablemente he ido demasiado lejos con mi pregunta o que podría estar
pensando que solo estoy disfrutando verlo ir tras de mí, pero necesito saber
la respuesta. Tanner Reed no ruega, que es prácticamente lo que ha hecho
los últimos días para convencerme de remodelar un ático que compró en la
ciudad. Un nuevo lugar en el que Pauline y él harán el amor frente a la
chimenea que me harán diseñar con esas especificaciones.
─Porque eres la mejor y yo solo quiero lo mejor, Savannah ─responde,
arrastrando las palabras, especialmente mi nombre, de esa forma lenta y
profunda que amo.
Sonrío con ironía.
─Está bien ─suelto antes de darme la vuelta, considerándolo insoportable.
No voy a lucir como una perdedora, terminé con eso cuando vi la sortija de
diamantes en el dedo de Pauline, por lo que le echo un vistazo de reojo
antes de entrar. Una parte de mí dejó de tenerle miedo desde entonces. Sé
por qué. No puedes perder lo que ya perdiste, por lo que podía dejar de
actuar de manera extraña y de esconderme a su alrededor─. Lo pensaré.
Tanner niega, frustrado, pero una pequeña sonrisa está en sus labios finos.
Esto es lo más parecido a un sí que le he dado desde que empezó a ir tras de
mí en cada sitio en el que nos encontramos para que aceptara. Una vez
estoy en el espacio amplio del recibidor, el lugar en el que todos sus amigos
y socios de negocios están reunidos junto a sus esposas, me acerco a la
mesa de aperitivos y tomo una trufa de chocolate blanco.
Otra razón por la que siempre vengo.
─Sabía que te encontraría aquí.
Al instante en el que escucho las palabras siendo susurradas en mi oído,
siento un par de brazos rodeándome y estrechándome contra una superficie
dura y cálida. El hermanastro de Tanner, Malcolm, separa sus labios cuando
llevo una pequeña bola de felicidad a su boca. Río cuando gime
exageradamente y se separa de mí para alejarme de su cuerpo y hacer
nuestro característico saludo. Como si estuviéramos bailando, me hace dar
una vuelta sobre mí misma y luego me arrastra de nuevo a su pecho,
haciéndome reír y sonreír como si todavía tuviera dieciséis.
Aunque son de diferentes madres, Malcolm es producto de una aventura
que no separó un matrimonio, son tan parecidos al señor Reed que la única
diferencia entre ellos es la tonalidad de su cabello. El de Malcolm es café,
el de Tanner negro. También los músculos de Tanner están menos
desarrollados que los de Malcolm, quién continuó con su carrera deportiva
después de la universidad, él obtuvo una beca completa en la universidad de
Houston, y está en un equipo de NFL de primera división. No lo conocí
hasta la boda de Pauline y Tanner y cuando lo vi por primera vez pensé que
se trataba del novio. Fue bochornoso. Un momento que quiero borrar de mi
mete y que constantemente bloqueo debido a que lo besé pensando que era
su hermano. Ya que su hogar y su equipo están en otra ciudad, además del
hecho de que pasa gran parte del año viajando, solo nos hemos visto una
decena de veces, pero hablamos un montón de cosas sin importancia por
chat. Somos amigos. Es agradable, cálido y divertido. Más importante,
permite que coloque un pañuelo rojo que tomo de la mesa en su bolsillo
para que estemos a juego.
El traje de Malcolm es negro, lo cual está bien con él. No porque sea
oscuro, sino porque encaja en todas partes. Todos, exceptuando los padres
de Tanner, lo adoran, incluyendo su hermano. Es ese tipo de persona que no
pierde la sonrisa a pesar de haber vivido una vida de mierda. Teniendo un
millón de razones para odiar a Tanner por haber vivido mejor de lo que él lo
hizo, no lo rechazó cuando este lo buscó al cumplir la mayoría de edad.
─Te ves hermosa, Savannah.
Mi nombre saliendo de sus labios no me produce más que cosquillas. Ya
que el acento alemán de Tanner proviene de la educación de su madre,
Malcolm carece de él. Pero todavía es un hombre apuesto que despertaría el
deseo en cualquier mujer, incluyéndome. He visto sus partidos, tanto en
vivo como por televisión, y la manera en la que flexiona su brazo en lo alto
para lanzar el balón ha creado una mancha de humedad en mi ropa interior,
pero la situación de mi corazón es complicada.
No voy a agravarla más involucrándome con él.
Tampoco seré egocéntrica. No es como si quisiera estar conmigo.
Compararme con Pauline por estar con Tanner es muy diferente a
compararme a mí misma con todas las modelos y estrellas que pasan por la
cama de Malcolm. Tampoco es como si pudiera transferir mi obsesión de un
hermano a otro. De estar con Malcolm estoy completamente segura que
gran parte de mis sentimientos por él se desarrollarían en base a lo que
siento por su hermano.
─Gracias. ─Ambos caminos hacia el rincón más apartado y silencioso de la
habitación, dónde ambos nos apoyamos en la pared para hablar mientras
vemos a los demás─. Vi el partido de ayer mientras terminaba el plano de
una casa. Es para un jugador retirado de los Dallas, por cierto. ─Pongo los
ojos en blanco. Él ríe, conociendo lo mucho que estoy empezando a
sentirme frustrada. Hemos hablado horas de ello─. Lo hiciste bien.
Los Houston Texans, antiguamente conocidos como los Dallas de Texas,
ganaron, pero me atrevería a decir que solo lo hicieron por Malcolm. Así de
bueno es. Aunque la mayoría de las personas se deslumbran por ello, no
puedo evitar sentir preocupación. Malcolm está justo ahora en un pedestal,
pero la caída desde la altura en la que se encuentra podría arruinarlo, sobre
todo cuando, a diferencia de Tanner, lo único en lo que se enfoca es en el
fútbol.
─Gracias ─dice, afirmando─. Con respecto a tu trabajo, Sav, sabes que mi
casa está abierta para ti siempre que desees volver si lo que no quieres es
regresar con papá y mamá. Estoy seguro de que en Houston habrá alguien
que apreciará tu talento y si no es así, bueno, puedes decorar mi casa
mientras tanto. ─Ríe cuando lo golpeo con el hombro, una sonrisa en mis
labios─. ¿Qué? De verdad necesito un cambio. Incluso te dejaría grabar un
episodio de tu nuevo programa para Home and Health.
Lo pellizco, pero él solo ríe más fuerte.
─No es gracioso, Malcolm.
Pero aunque no lo es, también estoy riendo.
─Bien, ¿qué te parece si organizo fiestas en Houston en las que te
recomiende a todos mis amigos en el sector de la construcción?
Ruedo los ojos.
─Estás olvidando el detalle más importante.
Arruga la frente.
─¿Cuál?
─Tú no tienes amigos en el sector de la construcción. ─Me enderezo─.
Tienes dentro de los deportes, dueños de sitios de fiestas y en la industria
del entretenimiento, pero no tienes ningún amigo en el sector de la
construcción, exceptuándome.
Malcolm despega sus ojos de los demás invitados para mirarme, un vaso
con whisky que tomó de una bandeja de camino a dónde nos encontramos
en su mano. Mi copa de vino se quedó, para mi mortificación, en la mesa de
aperitivos, un gesto maleducado.
─No me subestimes, Savannah.
Me congelo.
Su voz de repente ha sonado tan parecida a la de Tanner, tan obstinada y
profunda, que no puedo sostenerle la mirada, desviándola de regreso a los
invitados que nos rodean. Para mi suerte, Pauline escoge ese momento para
arrastrarme lejos de su cuñado, a quién saluda con cariño, y llevarme a la
planta superior de su casa. A las habitaciones. Cuatro, puesto que planean
tener tres bebés con su cabello y los ojos de su esposo. Sinceramente habría
sido más fácil trabajar en esta casa, menos doloroso, si no la hubiera tenido
revoloteando a mí alrededor y dándome detalles que no pedí en el proceso.
Con decir cuatro habitaciones, como Tanner lo hizo, bastaba, pero ella era
fan de agregarle sal a la herida. Cuando llegamos a su cuarto matrimonial,
obligándome a sentarme en la cama en la que fornica todas las noches con
él, me sorprende tomando mis manos y dejando caer un montón de lágrimas
que se deslizan hasta caer dramáticamente sobre su pecho, ensuciando su
vestido blanco. A pesar de que es un tono mucho más claro que el azul, está
perfectamente a juego con este.
─Tanner y yo estamos teniendo problemas ─explica, hipando, cuando lo
único que hago es mirarla con una ceja alzada─. Hace un par de días
regresó ebrio a casa a las dos de la mañana. ─Mi frente se arruga, puesto
que ese día lo encontré en un pub dónde nuevamente insistió en que
arreglara su ático, pero estaba tan borracha y la estaba pasando tan bien con
mis amigas que no le presté la atención que usualmente le daría. No lo
encontré extraño debido a que él suele ir a esos lugares con sus socios,
aunque normalmente lo hace con Pauline─. Había marcas de arañazos en su
espalda, Savannah. Hice caso omiso de ellas porque preguntarle significaba
que tendría que dejarlo o vivir en la vergüenza de saber que prefiere estar
con alguien más a conmigo, su esposa. Me siento tan mal. Estábamos tan
bien. Todo siempre ha sido un cuento de hadas desde que lo conocí, ¿por
qué cambió de repente? ¿Es posible que alguien deje de amarte de la noche
a la mañana? El hombre con el que me casé nunca me habría engañado. Si
no lo hizo en cinco años, ¿por qué ahora?
Niego, devolviéndole el abrazo cuando sumerge su rostro en mi vestido y lo
mancha con sus lágrimas, lo cual no me importa. Después de cinco años
cargando con ello, a mi pecho no le importa recibir un poco más de dolor,
en especial si proviene de la responsable número dos de él. Pero hay una
parte de mí que no puede evitar recordar lo increíble y ligera que era
nuestra amistad antes de conocer a Tanner, lo increíble y ligera que era y
continúa siendo cuando él no está en el medio, pues Pauline y yo
compartíamos las mismas ganas de quemarnos con el fuego, solo que ella
conseguía la manera de lucir limpia después de mancharse con las cenizas,
por lo que también le duele su sufrimiento. Le quema porque sabe lo que es
ser desplazada.
Lo que es ser desplazada por Tanner Reed.
Cuando el ardor se vuelve insoportable, me obligo a mí misma a recordar. A
recordar la cantidad de veces que tuve que ver cómo se besaban y tocaban
frente a mí. Cómo los oí tener sexo junto a mí, en nuestro dormitorio, en
más de una ocasión. Todo el romanticismo que tuve que soportar hasta que
llegara el momento en el que no me molestara más porque ya era inmune a
ello.
Porque ya no sentía nada.
Pero, sobre todo, cómo no hubo nadie que me consolara.
─Estoy segura de que hay una explicación coherente para todo ─susurro
sobre su frente luego de presionar un beso sobre ella, lo cual no es mentira.
Tanner la ama. Nunca la heriría. No sin una razón─. Descansa. No puedes
bajar así. Te dejarás en evidencia.
Ella afirma, obedeciéndome y depositando sus rizos dorados sobre su
almohada. Como si tuviera doce, me permite acomodarla y arroparla con su
suave edredón blanco, el cual, no es ninguna sorpresa, también escogí
porque no fue capaz de elegir las sábanas de su propia habitación. Cuando
sus párpados se cierran y su pecho comienza a subir y bajar, salgo de su
habitación.
De regreso en la planta inferior descubro que la mayoría de los invitados ya
se han ido. Me dirijo al amplio armario blanco junto a la puerta principal,
de puertas dobles, y tomo mi abrigo de piel de la percha a pesar de la
insistencia del mayordomo de ayudarme. Es viejo hombre es eficiente, pero
se tarda mucho y tengo prisa. Además de encontrar una razón dentro de mi
mente por la cual Tanner le sería infiel a Pauline, debo terminar una
maqueta para mañana. Aunque mi cliente es comprensivo y amable, no me
gusta quedar mal aunque solo se trate de una tonta casa.
Una bonita y tonta casa más.
Para un matrimonio.
Para sus hijos.
Para personas que conocen lo que es el amor.
Hurgando en mi bolso por las llaves de mi Mercedes, un modelo
actualizado y más lujoso del que tenía en la universidad, producto de mi
trabajo y no del dinero de mis padres, me sobresalto cuando nuevamente un
cuerpo se sitúa tras mi espalda y me presiona contra la puerta del piloto,
haciendo que arroje mis llaves.
─¿Qué tengo que hacer para que aceptes remodelar mi ático?
Dejo escapar un suspiro de alivio, puesto que no se trata de un ladrón, y me
doy la vuelta mientras me pregunto cómo no pude reconocer el aroma
cítrico de Tanner. Cuando mi rostro queda frente al suyo me doy cuenta de
por qué. Este se ha visto eclipsado completamente por el alcohol. Sin poder
detenerme, apoyo mi mano en su mejilla llena de pecas a pesar del miedo
que me produce ser rechazada. La máscara de frialdad que usualmente lleva
consigo ha desaparecido con las palabras de Pauline. Ahora hurgo más en
su mirada y noto lo herido que luce.
Su matrimonio está desmoronándose.
─Nada ─respondo─. El lunes estaré en tu oficina.
Tanner inspira profundamente, todavía demasiado cerca, y espira de manera
todavía más brusca antes de alejarse un par de pasos. Sin sentir ningún tipo
de decepción ante el hecho de que no haya aprovechado nuestra cercanía
para acercarse aún más, me agacho y tomo las llaves de mi auto. Ya en él,
no veo hacia atrás cuando me alejo para saber si también está mirando o si
soy la única estúpida que necesita un último vistazo del otro.
Sé que él lo está haciendo.
Mrk, ¿qué haces leyendo esta novela?
A ti si te gusta el sufrimiento :(
Ya somos dos
♡ Desde el inicio, dedicación a Ari13112, lovelyhobi_ Majo854
y NataleQuinn por sus comentarios y/o siempre estar ahí dándole amor
a mis historias ♡
Siguiente a la que + comente
No se olviden de darle amor al capítulo
Love u, no olviden seguirme en redes sociales, Instagram y twitter
como oscaryarroyo
Capítulo 3:
Capítulo 3:
22.3K 3.1K 2.8K
por OscaryArroyo
Dedicado a JimeAdri28
─No puedo creer que Pauline continúe dormida ─se queja Tanner en voz
alta mientras entramos en la casa de mi familia frente a la playa en una
zona habitada al oeste de Corpus Christi, Pauline en sus brazos, mirando
cada elemento en la habitación con sorpresa.
La construcción no es tan amplia como la casa en la que crecí, pero la
decoración hogareña y moderna, orientada a hacerla parecer más grande
de lo que en realidad es, la hace hermosa. Hay obras de arte adornando las
paredes con paisajes del Golfo de México y un sofá central color beige con
una mesa moderna frente a él, sobre la cual se encuentra una bandeja con
cactus artificiales. Un plasma sobre la repisa con libros de la chimenea de
gas. La cocina está equipada con lo último en línea blanca y se ve
directamente desde la entrada, puesto que no hay ningún tipo de división
entre esta, la sala y el recibidor. La pared del fondo está hecha de puertas
de cristal con vista hacia la playa. Soy capaz de escuchar las olas del mar
aunque estén cerradas.
La casa es de un solo piso, por lo que se accede a las seis habitaciones que
posee a través de un pasillo junto a la entrada. Ya que Tanner tomó mi
lugar desde San Antonio, convirtiéndose en la primera persona además de
mi padre a la que dejo conducir mi Mercedes, el cansancio es evidente en
su mirada. Sin contestar a su comentario ya que el sueño profundo de
Pauline no me sorprende, es mi compañera de dormitorio, le señalo la
habitación en la que él y ella se quedarán, planeando buscar mi viejo par
de audífonos por toda la casa apenas me quede a solas.
De ninguna manera los escucharé tener sexo bajo mi propio techo.
─Buenas noches ─susurro antes de cerrar la puerta y deslizarme en mi
habitación, la cual consiste en una cama central con dosel rodeada de
velas sin encender en el suelo de madera junto con muebles y un gran, pero
razonable, armario de mimbre oscuro.
Cambio mi ropa, jeans blancos ajustados y un sencillo top gris, por un
clásico pijama de botones de pantalones cortos color negro. Demasiado
agotada como para pensar en Tanner y en la manera en la que mi mente no
ha dejado de girar en torno a la posibilidad de sacar provecho del hecho de
que Pauline esté dormida, tomo un encendedor del primer cajón de mi
mesita de noche y enciendo las velas que me rodean como n círculo antes
de acostarme.
Pero, por alguna razón, no consigo dormir.
Me quedo mirando al ventilador encima de mí dando vueltas. Esperando.
Esperando que el sueño me envuelva, reclamándome, pero pasan los
minutos y eso no sucede. Ya que tras cambiarme fui directamente a la
cama, no lavé mis dientes. Tras recordarlo termino cediendo a la excusa de
tener que ir al baño para solventarlo. El único defecto de la casa es que la
habitación de mis padres es la única con un uno propio, por lo que todos
los demás deben turnarse para usar el que se encuentra en el pasillo. Sin
darme cuenta de que la puerta ya se encontraba abierta, la empujo. El
sonido del agua de la ducha corriendo me detiene de continuar avanzando
hacia su interior. Me echo hacia atrás antes de que pueda interrumpir a
Tanner, puesto que Pauline nunca se ducha después de las seis porque eso
arruina su cabello. Con la espalda pegada a la pared, me tenso al escuchar
un indiscutible y profundo gemido masculino.
Presiono mis ojos con fuerza entre sí antes de abrirlos y girar la cabeza
hacia el reflejo del espejo sobre el lavado, cayendo en la sucia tentación, el
cual se encuentra frente a la ducha de cristal. Todo su tonificado cuerpo
está cubierto con jabón que el agua arrastra por su piel, pasando por
encima de cada línea curva o recta bien definida hasta que termina
corriendo por el desagüe. Ya que tengo una visión de él completamente
desnudo, me doy cuenta de que su rostro y su pecho no son los únicos sitios
dónde tiene pecas. Su espalda también. Está inclinado y apoyado en la
pared que lleva la sofisticada ducha de hidromasaje. Sus ojos están
cerrados como si una gota de shampoo hubiera caído en ellos, su frente
arrugada con concentración, pero su expresión no es de dolor, sino de
placer mientras presiona sus labios entre sí. También percibo algo de
molestia en sus gruñidos. Mientras lo veo deslizar su mano de arriba hacia
abajo sobre su eje, inconscientemente meto la mía en mis pantalones
cortos.
Es como si no quisiera sentir placer.
Pero no pudiera evitarlo.
Sé perfectamente cómo se siente.
Encontrando mi propio punto sensible, comienzo a tocarme sin pensar en
que Pauline pudiera salir de su habitación en cualquier momento. En que
Tanner podría simplemente mirar hacia el espejo y notarme. Trazo círculos
más fuertes por encima de mi ropa interior, raspando mi clítoris con el
material de algodón, cuando los movimientos de su muñeca se vuelven más
bruscos. Muerdo mi labio inferior con fuerza, conteniendo un chillido,
cuando la manera en la que su pene ha empezado a hincharse hace que
evoque los recuerdos de lo bien que se siente dentro de mí cuando está a
punto de terminar. Cuán brusco se vuelve. Tomo una honda bocanada de
aire cuando termino, un temblor apoderándose de mis rodillas que me
obliga a deslizarme por la pared hasta que me agacho en el suelo. Mi brazo
libre está extendido. Busca aferrarse a algo o a alguien a quién lastimar
para sobrellevar la intensidad de la sensación que recorre mi cuerpo.
─Savannah ─gruñe─. Maldita sea, ¿qué me haces?
Me tenso.
Retiro la mano del interior de mis pantalones tan rápido como puedo. Mi
pecho se aprieta con pánico al creer que me atrapó mirándolo, pero se
aprieta aún más cuando alzo la cabeza y me doy cuenta de que no lo hizo.
Me estremezco ante lo que encuentro al volver a ver el espejo. Tanner está
terminando, el semen manchando las baldosas frente a él mientras continúa
tocándose deprisa, alargándolo, su cabello cubriendo parte de su frente
debido al agua, y no ha girado ni una vez el rostro en mi dirección. Sin
saber cómo sentirme, puesto que pudo descubrirme en el momento en el
que no estaba viendo, simplemente pude haber oído mal o puede haber otra
Savannah en su amplio historial de conquistas, incluso otras, en plural, me
doy la vuelta y me dirijo gateando a mi habitación a dos puertas de
distancia.
Cierro tan suavemente como puedo.
*****
A la mañana siguiente me despierta el característico olor dulzón de los
panqueques. Sabiendo que deben ser más de las nueve de la mañana,
puesto que conseguí dormir a eso de las cuatro, mis ojos se abren con un
repetitivo parpadeo. Bostezo y me inclino hacia adelante para apagar mis
velas entes de levantarme. Mis pies están descalzos de camino a la fuente
del aroma. Estamos frente a la playa. No necesito usar zapatos. Mis labios,
toda la felicidad que me rodea, se tuercen involuntariamente hacia abajo
cuando veo a Tanner situado tras Pauline, quién sostiene una espátula con
la que le da vuelta a los panqueques en la estufa utilizando nada más que
un bikini amarillo y un sombrero de paja.
Alzo mi ceja.
─¿Dónde consiguieron la mezcla?
Hasta dónde sabía, la despensa estaba vacía. Ya que compraron un
apartamento en Miami después de que me fui a la universidad, mis padres
tienen casi un año sin venir a Corpus. Soy la razón por la que no han
vendido esta casa aún. Bueno, la manera en la que cada vez adquiere más
valor debido a la inversión que están haciendo en la ciudad y yo. Lo único
que había en mi cocina hasta anoche eran latas de atún, queso azul y latas
de cerveza de mi cumpleaños. Tanner me sonríe, su pecho desnudo. Está
utilizando únicamente shorts de deporte y zapatillas. Entrecierro los ojos.
Empiezo a creer que siempre busca una excusa para enseñar su perfecto
torso y sus perfectos brazos de atleta.
─Buenos días ─dice Pauline, alejándose de él para alcanzarme y envolver
sus brazos alrededor de mi cuello, alzándose para besar mi mejilla─.
Tanner y yo queríamos agradecerte por invitarnos, este sitio es hermoso,
Sav, así que fue a la tienda mientras corría esta mañana y yo hice los
panqueques. ─Tomando mi mano, me guía al banco frente al mesón de
madera en el centro─. Tú solo disfruta. Conseguimos frutas, también, y
mermelada.
Mis cejas se juntan.
Girándome, me enfoco en su novio.
Su novio el que decía mi nombre mientras se corría.
Maldiciéndome, también, pero a mí.
Pero aunque lo hubiera hecho, de lo cual no estoy completamente segura,
eso no significa nada. Puedes estar con una persona y amarla y aun así
fantasear con alguien más. Si eso no fuera posible no se habría acostado
conmigo, en primer lugar, habiendo visto a Pauline, puesto que estaba
parada junto a mí cuando me echó un vistazo desde las escaleras. Tomando
en cuenta la manera en la que siente devoción hacia ella, es imposible que
no la haya notado para ese entonces, pero sí que lo haya hecho y que aun
así se hubiera dejado arrastrar por mí. Una de mis teorías es que fui su
despedida antes de establecerse. Eso o un juego. Sé las cosas que hacen los
chicos de fraternidad. Mi papá fue uno.
Él me advirtió.
No escuché, jugué con fuego y me quemé.
¿Cómo ahora podría buscar consuelo en él sabiendo que lo que me hirió
fue lo mismo que me dijo mil veces que no hiciera? ¿En mamá? Mi madre
es prudente y educada. Estricta sin llegar a perder la suave y característica
esencia de ser una mujer. Siempre me ha exigido lo mejor. ¿Cuán
decepcionada se sentiría de mí? Los tres solíamos tener una relación
bastante estrecha antes de que me fuera a la universidad, razón por la cual
opinaban y controlaban cada aspecto de mi vida, así que sabrían que algo
va mal en el momento en el que pensara en Tanner frente a ellos.
Se preguntarían dónde quedó su segura e inteligente niña.
Así que ni siquiera puedo buscar consuelo en ellos.
─¿Corriste con toda la compra de regreso? ─le pregunto mientras trago el
nudo que se instala en mi garganta.
Tanner se encoje de hombros.
─El entrenador nos la hace pasar peor.
─Son al menos diez kilómetros hacia la tienda más cercana.
Se encoje de hombros, indiferente.
─Tengo buena resistencia.
Aunque sus ojos están fijos en mí mientras lo dice, Pauline se ríe y oculta
su rostro en su pecho. Yo me ahogo en mi propio vómito.
*****
Solíamos tener un yate anclado al muelle del puerto, pero mis padres lo
vendieron para terminar de pagar su nuevo apartamento, así que ya no
tenemos uno. Amo navegar y a Pauline también le gusta, así que nos
dirigimos a un sitio de alquiler cuando estamos listos para tener un día en
la playa. Hacemos una parada en el supermercado durante el trayecto
porque si hubiéramos enviado a Tanner corriendo mientras nos
terminábamos de alistar, incluso él, metro ochenta de músculo, no sería
capaz de cargar con todo lo que metimos en el carrito. Cuatro botellas de
vodka. Tres litros de jugo de piña. Leche de coco. Azúcar. Hielo. Un montón
de chucherías e ingredientes para hacer hamburguesas. Agua potable.
Bronceador y bloqueador solar. Aunque él alza sus cejas ante nuestro
entusiasmo, no interviene, limitándose empujar el carrito mientras metemos
cosas en él y a pagar cuando llegamos a la caja. Ruedo los ojos cuando
distraídamente pone un paquete de condones en el lector, ocultándolo de
Pauline y de mí cuando ambas sabemos que folla.
─Amo este lugar ─suelta Pauline cuando llegamos al muelle del
embarcadero de los yates en alquiler, girando sobre sí misma mientras
sostiene con una mano la única bolsa que Tanner le permitió llevar: la del
pan de hamburguesas. Él habría podido con ello también, pero ella insistió
en ayudarlo. Yo no. Únicamente llevo mi teléfono y las llaves de mi auto en
el bolsillo trasero de mis shorts, los cuales esconde mi camisola blanca al
menos dos tallas más grande. Pauline continúa en bikini y sombrero.
Tanner usa un polo, bermudas y gafas─. ¿Cuál es el nuestro?
El encargado señala el yate más pequeño.
─Si el señor Reed está de acuerdo, ese. ─Nos ofrece una mirada de
disculpa─. Lo siento. Hemos tenido un fin de semana bastante concurrido.
Todos nuestros otros yates están ocupados.
Aunque puedo ver una chispa de molestia en los ojos de Tanner, este asiente
y empieza a dirigirse hacia él junto a nuestro chófer y el hombre,
dejándonos a Pauline y a mí atrás. Estamos caminando la una junto a la
otra, ella demasiado absorta en la vista y yo demasiado absorta en la
espalda ancha de Tanner, cuando un silbido desde uno de los botes llama
nuestra atención. Un chico rubio sin camisa nos saluda desde la punta de
la proa, una sonrisa adornando su rostro. Es casi tan apuesto como... como
Tanner.
Sin saber por qué, me encuentro sonriéndole de regreso.
Deteniéndome.
─Hey ─lo saludo, lo cual solo lo hace sonreír más.
Él levanta un dedo en mi dirección, pidiéndome que espere, y lo veo
desaparecer por unos segundos antes de volver situándose frente a
nosotras. Su camisa de estampados de palmeras está abierta. Está usando
gafas, las cuales se retira y sostiene en sus manos cuando llega al muelle.
Shorts. Sandalias de cuero de hombre. Pauline, como si hubiéramos
retrocedido a la noche de la fiesta, se sitúa junto a mí y aprieta mi brazo,
emocionada.
Sorprendentemente, yo también lo estoy.
─Hola. Me llamo Weston.
Me ofrece su mano. Aunque estoy con Pauline y ella está casi desnuda
junto a mí, sus ojos verdes están enfocado en mí. La estrecho suavemente
antes de regresar mi brazo a mi costado. Repite la misma operación con mi
amiga, pero aun viéndome.
─Savannah.
─Pauline.
Nuevamente me sonríe.
─Estoy aquí con mi madre y su novio, pero ellos se centrarán
completamente el uno en el otro, ignorándome. ─Relame sus labios, los
cuales son perfectos. No tan llenos. No tan finos. Su nariz recta también es
bonita y tiene dinero. El reloj en su muñeca y la cadena con una cruz
colgando de su pecho son de oro. Tampoco pierdo de vista el movimiento
nervioso de sus dedos─. Noté que no estaban solas. ¿Por qué no le dicen a
su amigo que compartamos el alquiler del yate? Mi madre no se enojará y
así alguna de ustedes no se sentirá, al igual que yo, como un estorbo.
Como si Weston lo hubiera invocado, Tanner se acerca.
─¿Hay algún problema?
Pauline, abrazándolo, niega con una sonrisa.
─Ninguno ─responde─. Solo que Weston se enamoró a primera vista de
Savannah y nos ha invitado a compartir el alquiler de su yate, el cual está
mucho mejor que el que nos ofrecen. ─Hace un puchero─. Solo lo
compartiríamos con su madre, su novio y él, ¿podemos? Así no me siento
mal por ignorar a Sav por ti. También tenemos suficientes provisiones y
bebidas para compartir.
Weston se sonroja, pero no niega que le haya gustado.
Tanner me mira.
Su rostro está inexpresivo, así que no tengo ni idea de si la idea le disgusta.
Él simplemente acaricia el cabello de Pauline y me mira demasiado
detalladamente mientras lo hace. No puedo evitar pensar en él como un
villano de caricatura acariciando a su gato, lo único por lo que siente
afecto, mientras planea el fin del mundo.
─¿Estás bien con eso?
Afirmo, mi atención redirigiéndose a Weston.
─Sí.
Aunque puedo ver el atisbo de un tic en la ceja de Tanner, se da la vuelta
tras murmurar que irá a hacer los arreglos con el encargado y a buscar las
bolsas de la comida, las cuales dejó en el yate. Sintiendo mi corazón
llenarse de felicidad, acepto la mano de Weston cuando la extiende hacia
mí y lo dejo ayudarme a subir los escalones del lujoso bote con Pauline
revoloteando como una mariposa detrás mientras yo vuelvo a ser como ese
pequeño cachorro emocionado con el que siempre me comparo, pero que
terminará bajo la rueda de un camión si continúa dirigiéndose a lugares
desconocidos y peligrosos.
*****
Esta mañana tras comer, seleccioné el bikini negro de mi maleta. Sería
como cualquier otro bikini negro de no ser por las cadenas de bisutería
plateadas y doradas en los sitios en los que se ata. Ya llevo algunos meses
en el gimnasio, por lo que nunca he estado en mi mejor forma. Tras hablar
un poco con Weston, su madre, una reconocida profesora de modelaje y
preparadora de reinas de belleza, y su novio, un hombre rico cualquiera
por encima de los sesenta, me cambio, dejando mis cosas junto a las de
Pauline y Tanner, y paso frente a ellos de camino a la ducha en la cubierta.
Sin pensarlo demasiado, abro el grifo y dejo que el agua caiga sobre mí.
Paso mis manos por mi cabello y me apoyo en la superficie de metal que
sostiene la ducha mientras dejo que el agua me moje. De fondo, ya que
Weston puso música, suena alguna mezcla de Halsey y otros artistas en la
que me concentro.
Una vez estoy completamente empapada, me doy la vuelta, sintiendo tres
pares de ojos puestos en mí. Incluso Pauline, dentro del jacuzzi de espuma
con Tanner, una copa con nuestra mezcla de piña colada en su mano, me
mira con las mejillas sonrojadas.
─Sav... ─murmura ella, negando, pero cualquier cosa que iba a decir
pierde importancia cuando Weston me monta sobre su hombro y me lleva al
tobogán inflable con el que la compañía le pidió disculpas a Tanner, el
señor Reed, por no tener un gigantesco y caro yate para él solo, haciendo
que el pánico inunde mi cuerpo─. ¡Arrójala! ¡Debería estar prohibido
verse tan bien!
Pataleo, pero me encuentro riendo mientras me deslizo hacia el agua
salada entre los brazos del chico rubio. No puedo evitar toser, ahogada,
cuando asomo mi cabeza del agua, arruinando mi salida sexy de ella. Lucir
como víctima de ahogamiento no combina precisamente con el movimiento
hacia atrás de cabello.
─¿Estás bien? ─pregunta Weston, alcanzándome y achicando los ojos para
que el sol no lo moleste, obteniendo una afirmación de mi parte─. Eres muy
linda, Savannah. ─Traga, acercándose demasiado─. Me preguntaba si te
gustaría salir más tarde. Divertirnos. Nada serio. Solo estoy de vacaciones
en Texas. Vivo en Nueva York con mi padre. Ya tu amigo me dijo que vives
en Austin, así que no creo que resistiría mantener una relación a distancia
con una chica como tú, aunque me encantaría intentarlo, pero las
posibilidades de que eso salga mal son altas. Soy un hombre y tú eres una
mujer, a pesar de... tenemos necesidades.
Flotando en el agua, parpadeo.
─¿Una chica como yo?
Weston se sonroja.
Él lo hace mucho. Aunque parece dulce mientras lo hace, no puedo evitar
pensar que eso lo hace parecer menos atractivo en el ámbito sexual. No
quiero que un hombre dude o no esté seguro de sí mismo cuando desee que
me hagan cosas sucias.
─Mientras estabas cambiándote, Pauline fue por un trago y su novio se
acercó. Me contó sobre ti para que tú no tuvieras que hacerlo. Sobre tu
familia y tu voto de castidad hasta el matrimonio.
Casi me ahogo nuevamente.
Alzando la vista, puedo ver a Tanner observándonos.
Los vellos de mi nuca se erizan cuando sonríe y suelta una carcajada ante
mi ceño fruncido, lo que hace que Pauline también nos mire y ría,
haciéndome consciente de que solo se trata de una broma. La ira recorre
mi cuerpo al instante, molesta con ellos por arruinar esto. Mi ritmo
cardiaco aumenta la velocidad. De vuelta a Weston, niego y coloco una
mano en la parte posterior de su cabeza, manteniéndome a flote con la
otra, acercándolo a mí.
Aunque nuestro beso está lleno de ira, al menos de mi parte, se convierte en
uno de los mejores besos que he experimentado. Weston jadea cuando meto
mi lengua en su boca, dejando de pronto de escuchar las risas de Pauline y
Tanner. Empujándolo hacia la zona de acceso al bote, nos apoyamos en el
metal de este, ocultándonos de cualquiera que esté en él y pueda vernos.
Gime en mi oído cuando meto la mano dentro de su bañador, apretándolo y
tocándolo mientras me dedico a succionar su cuello.
Cuando se estremece contra mí, lamo su labio inferior.
─Tú también eres muy lindo, Weston ─susurro mientras envuelvo mis
piernas alrededor de él, quién no parece saber qué acaba de pasar─. Me
gustas, así que estaría encantada de salir más tarde contigo, sin
compromiso y a dónde quieras... con una condición.
Él traga, tomando aire también, antes de responder con voz ronca.
Parpadea mientras se enfoca en mí.
─¿Cuál? Te daré todo lo que quieras.
Complacida, sonrío y alcanzo las escaleras. Me aseguro de que tenga un
vistazo de mi trasero y de mi entrepierna cuando me monto en ella. Muerdo
mi labio, conteniendo una risita, al escucharlo gemir, entendiendo de
repente por qué me emocioné tanto cuando lo vi. Weston es más lindo que
Tanner. Quizás incluso es más rico que Tanner. Carece de todas las otras
cualidades que lo hacen especial y llaman mi atención, pero ciertamente es
competencia para su ego. Él lo vio antes que yo. Simplemente no pueden
estar en una habitación sin eclipsarse el uno al otro, con lo cual Weston
debe estar bien, pero Tanner no debe soportar, sintiéndome como yo me
siento con Pauline.
─Quiero salir a comer con mis amigos también. ─Hago un puchero cuando
me alcanza, ambos de pie en la parte inferior del yate─. ¿Te molesta? No
conocen nada de Corpus Christi y yo soy su guía. Lo de mis padres y el
voto de castidad solo fue una broma.
Sosteniendo mi rostro entre sus manos, sonríe.
─Todo lo que quieras es todo lo que quieras. ─Me besa─. Sí.
Sonrío, satisfecha.
Alguien está por tener una probada de su propia medicina.
Maldita Savannah me lleva de un extremo a otro. Con ella estoy en
depresión o demasiado caliente
¿Qué tal el capítulo?
¿Weston Vs. Tanner?
Cuando la letra está de ladito es pasado
Capítulo dedicado a: JimeAdri28
Siguiente a la que + comente
Love u
No olviden ser buenas y seguirme en Instagram y twitter como
oscaryarroyo
PD: así me imaginé a Savannah (su traje de baño)
Capítulo 4:
Capítulo 4:
21.2K 3K 2.1K
por OscaryArroyo
Dedicado a sharithe
El lunes por la mañana me levanto más temprano de lo común. A las seis y
media en lugar de a las siete. Después de tomar una ducha caliente, le
dedico media hora a mi cabello ondulándolo en las puntas. Cuando se curva
en sutiles rizos al final de mi espalda delineo mis ojos y los oscurezco con
sombra para que luzcan más grandes. Tomo mi crema favorita de Victoria's
Secret y hago que cada centímetro de mi piel huela a caramelo. De mi
reservorio de ropa interior, no es que le esté dando la oportunidad a Tanner
de verme en ella, tomo una tanga negra y un corpiño a juego. De la sección
peligrosa de mi armario, jalo de su gancho un conjunto de falta ceñida y
suéter corto, el cual deja una porción de mi abdomen superior a la vista,
color verde sirena. Tomo un par de tacones de una sola tira color negro.
Junto con mi maletín de cuero, gafas para el trabajo y una taza de chocolate
caliente, estoy lista.
Lista para enfrentar a Tanner Reed.
Conduzco a mi propia oficina en el centro de Austin antes de dirigirme a la
suya. Solo me detengo en ella para presentarle a uno de mis clientes, de los
más exigentes, la maqueta final de su casa. El señor Johnson luce a gusto
con ella a pesar de que su mirada está clavada en mis labios durante toda la
conversación. Dejo escapar un gruñido dentro de mi taza, la cual recargué
una vez llegué a la oficina, cuando me invita a almorzar para agradecer mi
esfuerzo. Me niego. Diseñé una casa de seis habitaciones para él, su esposa
y sus futuros hijos. Solo hay una persona por la que sobrepasaría mis
límites morales. Una vez termino con él, me dirijo caminando a la torre a
dos cuadras en la que esta se halla.
Es bonita. Negra y victoriana, con apliques dorados, durante los primeros
tres pisos, pero luego se convierte en puro cristal oscuro y columnas
metálicas. La construcción no está a juego con las que la rodean, pero aun
así luce bien. La seguridad del primer piso me deja acercarme a los
elevadores antiguos, del tipo con rendija en lugar de puertas, tras obtener mi
nombre y encontrarlo en una lista. Presiono el botón número veintitrés
cuando entro en él. Durante el ascenso no puedo evitar sentirme nerviosa a
pesar de que pasé todo el fin de semana planificándome. Decidiendo qué
hacer y llegando a la conclusión de que Pauline pudo haberlo empujado a
él, pero yo diseñaré la jaula en la que se pudrirá en el infierno. Aunque
siempre pensé que me alegraría ver cómo su relación se hacía añicos, la
verdad es que eso no hace más que aumentar mi ira hacia Tanner por no
elegirme. Por escogerla y equivocarse, quedando mal ante todos, puesto que
su perfecto matrimonio solo duró un año. Ahora que está en su punto más
vulnerable, lo haré pagar por cada lágrima que derramé por ellos. No seré
su amante. Lo haré desearme hasta que le duela respirar.
Hasta volverlo a hacer elegir entre nosotras.
Solo espero que esta vez tome la decisión correcta.
Si no lo hace, Tanner Reed habrá muerto para mí.
─Buenos días. Vengo a ver al señor Reed ─le digo a su secretaria cuando
llego a su escritorio, odiando la manera en la que su piso, el cual le
pertenece, está decorado: moderno, limpio y simple cuando podría ser
mucho más─. Soy Savannah Campbell.
La mujer rubia asiente.
─Adelante. El señor Reed está esperándola.
Su tono no ha sonado desagradable, por lo que le dedico una pequeña
sonrisa cordial antes de acercarme a la puerta, también de cristal oscuro,
que da con su oficina. Esta se desliza hacia atrás cuando la empujo con
cuidado. Una vez del otro lado, mis ojos inmediatamente van a él. Está
sentado tras su escritorio de ébano usando una camisa negra desabotonada
en el cuello y presiona un cigarrillo contra sus labios, contaminando su
oficina sin ventanas abiertas con el humo que expulsa. Mi frente se arruga.
Él dejó de fumar en el momento en el que Pauline se lo pidió. Antes de
graduarse. Le tomó meses abandonarlo, pero eventualmente lo hizo. Por
ella. Probablemente también está recayendo en el hábito por ella. Suelto un
suspiro, forzando mi cuerpo a moverse, y tomo asiento frente a él, quién se
limita a mantener sus intensos ojos oscuros en mí mientras me acerco.
Los vellos de mi nuca se erizan al ser víctima de su intensa mirada, pero me
obligo a mí misma a que esa sea la única muestra de mi debilidad. Tanner
debe aprender a luchar por lo que quiere si quiere en lo absoluto algo de mí.
Basta de comportarme como un cachorro sediento de amor a su alrededor,
agitando la cola por él.
─Cuando termine con tu ático ─digo, manteniendo mi expresión fría
aunque por dentro me esté derritiendo debido al característico aroma de su
loción─, querrás que remodele este lugar.
Tomando en cuenta que fue un infierno de exigencias cuando construí su
casa, quitándome todo el tiempo libre que tenía y la posibilidad de trabajar
en otras cosas mientras tanto, siendo también el proyecto que más tiempo
me ha tomado, no puedo evitar sentirme decepcionada con los simples
cubículos y pisos de mármol fuera de aquí. Todo se ve en orden y pulcro,
pero le falta. Sus clientes pasan por ahí antes de llegar a su oficina y otro
tipo de impresión inicial le daría a Tanner algún tipo de ventaja.
En lugar de lucir molesto con mi comentario, afirma mientras presiona la
punta de su cigarrillo contra un cenicero y toma otro del paquete sobre la
madera caoba frente a él, inclinándose para darle vida con un encendedor
plateado y, evidentemente, costoso.
─Probablemente. ─Habla con una nube de humo entre nosotros. Cuando el
aroma se cuela en mi nariz, no puedo evitar recordar la manera en la que lo
sopló en mi estómago desnudo hace cinco años. Mi frecuencia cardiaca
aumenta─. Podrás no ser material de esposa sumisa y complaciente, por lo
que sigues sola, pero mátenme si no eres buena en lo que haces.
Sin tener qué decir, sin saber si sentirme ofendida o extra ofendida, me
quedo en silencio y lo contemplo terminar su cigarrillo. La manera en la
que línea inferior de su mandíbula se realza cuando inclina la cabeza hacia
atrás para tomar una calada. Cómo sus labios se humedecen cada vez que
lleva el extremo del palillo a su boca. Cuando empiezo a sentirme ahogada,
tanto por el humo como por su extraña conducta, recuerdo que aún tengo mi
chocolate caliente y tomo un sorbo. Cuando la taza regresa a mis labios y
nuevamente mis ojos se enfocan en él, está de pie y tomando su abrigo azul
naval, el cual parece ser su color favorito aparte del negro, y poniéndoselo
con su cigarro aún en la boca. Viéndolo de pie descubro que lleva
mocasines y pantalones negros en la parte inferior. Trago. Todo sería más
sencillo si Tanner fuera feo o si al menos no fuera consciente de su
atractivo, pero lo es y saca todo el provecho que puede de ello.
─Vamos ─suelta mientras pasa junto a mí─. En lugar de decirte lo que
quiero, prefiero mostrártelo. Así me entenderás mejor.
Lo imito. Se despide brevemente de su secretaria antes de salir. De camino
al ascensor puedo sentir los ojos del personal en nosotros, pero Tanner no
les presta atención. A pesar de la brillante alianza dorada en su dedo anular
izquierdo, él coloca su mano en mi muñeca, no en mi mano, y me guía
hasta él como si no supiera dónde se encuentra. Desgraciadamente las ganas
de sentir su tacto frío, pero a la vez caliente, sobre mí sobrepasan las ganas
de empujarlo lejos. Es la primera vez en cinco años que me toca de alguna
manera y se siente bien.
Se siente como si así es como siempre debió ser.
Lo odio tanto.
─El edificio está en Travis Country. ─Aunque me gustaría preguntarle por
qué compró un ático en la misma zona en la que su casa se encuentra, lo
cual no tiene sentido, lo escucho en silencio, todavía absorta en el ardor que
dejó su mano en mi piel─. ¿Tienes una cita para el almuerzo? Me gustaría
hablar contigo sobre los detalles después de ver el ático, pero entiendo si ya
tienes un compromiso con alguien más ya que tuve que ir tras de ti por
semanas para que aceptaras debido a tu agenda apretada.
Tanner luce irritado al final de la oración. Como si la idea de no llevar a
cabo los planes que planeó sin consultarme y me involucran lo molestara.
Nunca lo admitiré en voz alta, pero siempre me ha gustado la manera en la
que se enoja. Cómo aún de adulto puede actuar como un niño cuando no
consigue lo que quiere y aun así verse caliente debido a que después lo hace
todo por lograrlo. Me enciende, pero a la vez me llena de ganas de hacer
cosas como bromear hasta sacar una sonrisa de sus labios o de hacer algo
que consiga molestarlo todavía más.
Pauline simplemente se asusta y lo complace.
Pero yo puedo ver su deseo de un desafío.
─No tengo ninguna cita pautada para el almuerzo ─respondo, aceptando a
medias─. Pero si no me llevas un sitio bonito, tampoco la tendré contigo.
No como en chiqueros.
La mirada de Tanner brilla con irritación, pero también veo algo de
diversión allí. Aunque no lo admita, le gusta sentirse retado.
─Savannah ─responde cuando las puertas del ascensor se abren en el
sótano y coloca una mano en mi espalda baja, pero sin llegar a tocar mi
trasero, haciéndome estremecer debido a ello, su cercanía y a la manera en
la que su voz profunda y vil me causa cosquillas cuando pega sus labios a
mi oído─. Terminé con los platos de segunda clase cuando salí de la
universidad. Después de allí todo ha sido comida de lujo. Pensé que ya
sabías eso.
Separándose de mí, me abre la puerta de su Mercedes deportivo color gris.
Entro mientras proceso el impacto que su mensaje entre líneas ocasiona en
mí. Aunque se supone que estamos hablando de comida, no puedo evitar
asociarme con los platos de segunda clase a los que se refiere y a Pauline
con la comida de lujo.
Pero además de lucir molesta, no puedo evitar que mi curiosidad crezca. Lo
que sea que haya pasado entre ellos ha ocasionado que Tanner ya no se
esfuerce por esconder su verdadero yo.
Él es un imbécil.
Pero es el único imbécil que me hace querer matarlo y besarlo sin parar al
mismo tiempo, desafiando todas las normas de lo que es malo y lo que es
bueno en el proceso.
******
Llegamos a una de las colinas más altas de Travis Country en veinte
minutos. Además del edificio de ladrillo claro y apliques de cristal, solo hay
árboles en torno a él, nada de otras residencias. Tanner ingresa la llave en
un compartimiento especial del ascensor para que el botón del penthouse se
desbloquee. Mientras vamos ascendiendo puedo ver el lago e incluso su
casa, puesto que la pared frontal de este es de vidrio claro. Me doy la vuelta
al sentirlo detenerse, encontrándome con un suelo sin cerámica, paredes
blancas y un amplio, descomunal, en realidad, piso inferior que se conecta
con un piso superior a través de nada. No hay escalera. También la vista es
hermosa. Debido a que nos encontramos en un piso treinta en la cima de
una colina, no solo vemos Travis Country desde aquí, sino el centro de
Austin. Incluso puedo ver las torres en las que ambos tenemos nuestras
oficinas.
─Es un lienzo en blanco. ─Se detiene junto a mí, acompañándome a
apreciar la vista─. Hice que demolieran la escalera porque recordé cuánto te
molestaba tener que trabajar acorde a ella. Prefiero que la elijas tú. La
cocina. Los baños. Las divisiones. Nada existe hasta que decidas cómo
lucirá. Por ahora es solo un espacio. ─No tengo que darme la vuelta y ver el
lugar para comprobar lo que dice. Lo vi al entrar─. ¿Lo tomas o lo dejas?
Aún sin verlo, presiono mi mano contra el cristal.
Un lienzo en blanco es el sueño de cualquier decorador.
Eso y un presupuesto ilimitado.
─¿Cuánto dinero puedo gastar?
─Todo lo que quieras ─responde y por alguna razón puedo oír la sonrisa en
su voz después─. Dentro de lo razonable.
Me doy la vuelta para verlo, mi ceja alzada.
En efecto, Tanner está sonriendo. Sabe que después de ver la vista y
descubrir que puedo hacer lo que quiera, dentro de lo razonable y siguiendo
sus deseos, no me negaré. Pero aun así no voy a ponérselo tan fácil. Pauline
y él no me lo pusieron fácil a mí.
─¿Cuánto me pagarás?
Su sonrisa no se desvanece.
─¿Cuánto quieres? ─pregunta─. ¿O qué quieres?
─Quiero un terreno en Travis Country. No tiene por qué ser tan caro.
─Debido a la forma en la que su frente se arruga, puedo decir que lo he
sorprendido y nuevamente irritado, pero eso es menos de lo que debería
cobrarle por todos estos años de dolor y deseo frustrado─. Solo quiero que
esté frente al lago y sea mayor a setecientos metros cuadrados. Sin
construcciones.
Tanner aprieta fuertemente la mandíbula mientras niega.
─Es demasiado, Savannah.
Asiento, de acuerdo y empezando a darme la vuelta para dirigirme al
ascensor. Este penthouse sobrepasa el millón. Probablemente los tres
millones. Cientos de miles son nada para él, pero mucho por mi trabajo. Lo
sé y no me importa. Es mi condición. Si salgo de esto con el corazón roto,
al menos habré conseguido el lugar en el que finalmente construiré una casa
para mí. Una casa tan bonita que Pauline no podrá evitar sentir envidia cada
vez que se asome por alguna de sus ventanas y la vea, por fin sintiéndose de
la forma en la que me he sentido todo este tiempo. O puede que lo venda y
desaparezca, pero tendré algo además de una herida.
─Puedo conseguirte otro arquitecto ─sugiero de camino al ascensor─.
Tengo muchos proyectos, de todas formas.
Pero antes de que vuelva a llegar a él, Tanner toma mi mano y me da la
vuelta. Sus ojos están llenos de ira y una emoción similar al odio, pero más
intensa, mientras me ve. No aparto el rostro. El negociante en él no deja de
repetirle que no soy más que una estafa, pero su ego masculino no le
permite renunciar a mí.
─Está bien ─acepta con un gruñido─. Toma tus fotos, anota en tu bloc o lo
que sea. Haz hecho que no quiera estar aquí, todo lo contrario a lo que
deberías lograr a partir de ahora.
Aunque es vacilante debido a sus palabras y al trasfondo que mi mente
encuentra de ellas, no escondo mi sonrisa. Regresando al interior de la casa,
saco mi teléfono y mi bloc para empezar a tomar fotos y medidas del
espacio mientras él solo me observa.
Me aseguro de encorvar mucho mi espalda.
*****
Tanner conduce hacia el club de golf de Austin después de que obtengo
todo lo que necesito de su ático. Al menos del nivel inferior. Para tomar los
datos del superior, el que además se conecta con una zona al aire libre con
una terraza y piscina, necesitábamos una escalera y no tenía la paciencia
para esperar al conserje. Nuevamente no puedo no sentirme rara por la
manera en la que toma mi muñeca, sin que sus dedos se deslicen en los
míos, de camino al exclusivo restaurante italiano en el club. Debería estar
feliz con ello, pero no me gusta.
Hay una extraña sensación en mi pecho que no puedo obviar.
─Tanner, basta ─lo detengo cuando me arrastra tras él entre las mesas─.
¿Qué está mal contigo? Nunca te he dado la confianza para que me tomes
así. ─Aunque debería marcharme, tomo asiento frente a él. La tensión en
sus hombros al escucharme desaparece al ver que no me estoy yendo.
Recordando la situación por la que está pasando, el hecho de que volvió a
fumar y compró el penthouse a solo unos minutos de su casa, me fuerzo a
suavizar mi tono de voz─. No somos tan cercanos.
Tanner, sorprendiéndome, afirma.
─Tienes razón. No debí hacerlo. Lo siento ─murmura, su mirada
perdiéndose o escondiéndose en el menú frente a él─. No volverá a pasar.
─Tras unos segundos de silencio, me mira y genuinamente parece
arrepentido. Incluso interesado en mi respuesta─. ¿Qué quieres de comer?
Sin hojear el menú, me encojo de hombros.
─Lo que sea que pidas tú. Confío en tu buen gusto.
La verdad no lo hago, lo que ambos sabemos.
Sonríe mientras niega, su cabello negro moviéndose debido a ello, pero las
hebras oscuras rápidamente recomponiéndose de manera perfecta, hacia
atrás, cuando deja de hacerlo y se limita a mirarme mientras hace el pedido.
Cuando el mesero se va puedo decir a ciencia cierta que es prácticamente
imposible que Tanner sepa cómo luce, puesto que nunca vio su rostro. Me
pregunto si así es con Pauline. Si se vuelve igual de intenso y agobiador.
Una parte de mí espera que sí.
Otra que no.
─Entonces, ¿cómo quieres que luzca el ático?
Tanner deja el vaso del que bebía agua en la mesa y relame sus labios, algo
que hace muy seguido, al menos frente a mí, antes de contestar. Al ver su
lengua mis muslos se aprietan bajo la mesa.
─Como tú quieras, Savannah, mientras que sea un lugar en el que creas que
pueda sentirme cómodo ─responde con un movimiento de su brazo que
hace que el Rolex clásico en su muñeca se deslice hacia arriba,
provocándome un suspiro debido a que es tan varonil como él: oscuro y
dorado, los colores que notorios a su alrededor junto con el azul─. Confío
en tu buen gusto.
Sonrío.
A pesar que lo hizo sonar como una broma tomando mis palabras, sé que lo
hace.
¡Hola!
Sorry por no actualizar ayer, estaba cansada y no quería escribir sin
ganas
¿Qué tal el capítulo?
¿Les gusta más el presente o el pasado?
Capítulo dedicado a: sharithe
Siguiente a la que + comente
Las amo, no olviden seguirme en twitter e Instagram como
oscaryarroyo
Tampoco darle amor al capítulo
Nos leemos mas tarde en Cavalli
Capítulo 5:
Capítulo 5:
20.9K 3K 2.9K
por OscaryArroyo
Tanner me ignora durante el resto de nuestro paseo en yate, enfocándose en
divertirse con Pauline en el jacuzzi, y no me dirige la palabra hasta
después que regresamos al auto tras contemplar el atardecer en el mar.
Weston sostiene mi mano de camino ahí. Me aparta, empujándome con
suavidad, con una sonrisa torpe en su rostro cuando me inclino para tomar
la manija, abriendo la puerta por mí. No está usando camisa. Nada a
excepción de un par de shorts y zapatos de natación. Es adorable y sexy y
aunque alguien más reclama mi mente, no puedo evitar pensar en lo bien
que se verían todo ese músculo bronceado trabajando para mí.
─¿Te recojo en media hora? ─pregunta inclinándose sobre la ventana, lo
que ocasiona que algo parecido a un gruñido salga de la garganta del
novio de Pauline, quién se inclina para besarla.
Pero una parte de mí me dice que es por Weston.
Decido confiar en esa parte.
─Sí. ─Le sonrío─. ¿Estás seguro de que sabrás cómo llegar?
Él afirma.
─Utilizaré el GPS. ─Me vuelve a ofrecer una cálida curvatura de labios
cuando se aparta─. No te arrepentirás. Lo prometo.
Muerdo mi labio inferior con nerviosismo.
─Espero que no.
Guiñándome un ojo, se da la vuelta y se acerca a la Hummer negra del
novio de su madre. Acelero una vez llega a ella. Estoy tan distraída
pensando en West y en cómo sospecho que nuestra cita molestará a Tanner,
especialmente si logro que él y Pauline vengan con nosotros, que no me
molesta estar siendo un Uber para ellos de nuevo y no me doy cuenta del
momento en el que este se sitúa en el espacio entre los dos asientos
delanteros, asomando su cabeza con la frente arrugada y la mandíbula
apretada. No puedo evitarlo. Dejo escapar un suspiro. Aunque Weston es
lindo, la masculinidad de Tanner me atrae tanto.
Cómo una chica podría sentirse segura a su lado gracias a su constitución
de más de un metro ochenta y músculos. Cómo mi mano se sentiría
pequeña, protegida y cálida en la suya. Cómo podría ser dulce conmigo
cuando es un bastardo con todos los demás, pero aun así lo suficientemente
exigente dentro del dormitorio. También está el hecho de que Tanner es
inteligente. Lo he visto estudiar la cantidad de veces suficientes, encorvado
sobre el pequeño escritorio de Pauline mientras esta duerme a su lado,
como para saber que realmente se preocupa por su futuro. Sus compañeros
confían en él para tomar decisiones porque es listo y tiene el carácter para
hacer lo que hay que hacerse. Es oscuro y se enoja con facilidad cuando
las cosas no salen como quiere, pero eso es algo que todos a su alrededor
parecen obviar o pasar por alto debido a todas sus otras perfectas
cualidades.
Yo no.
─¿Oí que saldrías con el desconocido, que hasta donde sabemos podría
resultar un psicópata, esta noche, Savannah?
Pauline, asomando la cabeza junto a la suya, responde por mí.
─Sí, Savannah lo hará ─dice, temblando de la emoción, lo que me recuerda
a cuán feliz estuve por ella cuando pensé que el presidente de la
fraternidad que la buscaba para declararle su eterno amor no era Tanner
Reed─. Pero no irá sola, Tanner, ¡tendremos nuestra primera cita doble!
Estoy tan feliz. He querido esto desde que empezamos a salir, pero Sav solo
rompe corazones. Nos arreglaremos juntas hoy y seguramente en un par de
años planearemos nuestra boda con ustedes, juntas también.
Ya que sabe que está sonando tonta, también un poco loca, suelta una risita
mientras lo arrastra de nuevo hacia atrás jalando la tela de su camisa, lo
cual trae un fruncimiento a la frente de su novio porque de verdad odia la
ropa arrugada. Tanner permanece en silencio, pero puedo sentir sus ojos en
mí durante el todo el trayecto a casa. Cuando alzo la mirada hacia el
retrovisor, descubro que esto no es solo producto de mi loca imaginación.
Él me ve como si esperara una explicación.
No le importa que no tenga derecho a pedirla.
******
Ya que Weston es un chico dulce y realmente algo bonito podría salir de
aquí, aparte de mis deseos de hacer sentir celoso a Tanner, decido no lucir
tan zorra. Tomo un vestido de mangas de una sola tira de mi armario,
negro y de estampado de cayenas, y meto mis pies en sandalias oscuras
troyanas. Aliso mi cabello completamente hacia atrás y meto mechones
detrás de mis orejas para que estas sean visibles. Uso aretes sencillos, pero
llamativos debido al tamaño de las piedras negras de fantasía. Ya que no
puedo ser del todo una mojigata, no llevo ropa interior. Me maquillo de la
forma más natural que encuentro. Ya que Weston vendrá por nosotros, solo
llevo mi teléfono con mi tarjeta de crédito escondida entre este y el forro.
Abandono mi habitación al escuchar el sonido de la bocina de la Hummer
de su padrastro. Al llegar al recibidor, tanto Tanner como Pauline
parpadean al verme.
─Luces bien ─dice ella, puesto que normalmente soy más atrevida con mi
ropa─. Como si realmente lo quisieras impresionar.
Ella lleva un vestido rosa con mangas del mismo largo que el mío y
zapatillas de deporte. Tanner tiene un par de pantalones caqui, una sencilla
camisa blanca que solo está abrochada en los primeros cuatro botones y
mocasines. Aunque no puedo evitar echarle un vistazo a su pecho pálido y
lampiño debajo de esta, me fuerzo a mí mismo a no detallarlo demasiado y
abro la puerta para ellos, puesto que me tengo que asegurar de cerrar bien
después. Una vez me doy la vuelta, me encuentro con la expresión amable y
cariñosa, algo ansiosa, de Weston. Me siento bien por mi elección de ropa
al verlo usando una sencilla camiseta blanca y pantalones marrones. A
pesar de mi promesa implícita de hacerlo pasar un buen rato, todo en él
grita que está teniendo una primera cita con una chica. Desde el
movimiento nervioso de sus manos a la flor, una rosa, que tomo de una de
estas cuando me la ofrece.
Su gesto le hace cosquillas a mi corazón.
Llámenme cliché, pero tengo un gusto culposo con las rosas.
Toda la vida me han gustado debido a que mientras mi padre es un exitoso
corredor inmobiliario, mi madre es dueña de un vivero en Houston. La
crianza de rosas es su especialidad y crecí viéndolas cada vez que la
acompañaba al trabajo, pero empecé a ansiarlas cuando Tanner comenzó a
dejar centenares de ellas frente en nuestra puerta para que estas fueran
encontradas por la mañana al menos una vez a la semana. Todas con
cartas y notitas con su letra dirigidas a Pauline. Notas cursis y ridículas,
pero por ello el doble de especiales viniendo de alguien como él.
─Muchas gracias. ─Olvidando que estamos acompañados, me pongo de
puntitas y presiono mis labios contra los suyos con suavidad, riendo
mientras paso mi mano por encima de ellos para limpiarlos al mancharlos
con mi brillo de labios una vez que me separo con la flor sin espinas en la
mano─. ¿Nos vamos?
Deslizando sus dedos en los míos, Weston asiente, pero se detiene frente a
Tanner y Pauline abrazándose en la acera. Ni siquiera me importa verlos
juntos, pero no es por Weston. Es por la manera en la que Tanner lo mira,
como si apenas pudiera soportar el mismo aire que él, y saber que no soy la
única pasando un mal momento entre nosotros. Su ego está siendo
amenazado.
─Amigo, ¿te molestaría conducir? Mi GPS te dirá a dónde ir. Me gustaría
acurrucarme con Savannah, hombre. Tú tendrás a tu chica cerca después
de este fin de semana. ─Presiona sus labios contra la cima de mi cabeza,
mirándome con afecto─. Yo no.
Tanto su discurso como la mirada de Pauline lo obligan a aceptar, pero
puedo ver molestia e ira empezando a burbujear en sus ojos oscuros
mientras toma el juego de llaves y se acerca a la camioneta. No importa
cuán amplio sonría, se me hace absolutamente obvio que está enojado y
que el humo está saliendo de sus orejas. No sé cómo ellos no pueden verlo.
─Sin problemas, hombre.
Sube en la Hummer con los músculos de su espalda en tensión. Oculto mi
rostro en el pecho de Weston una vez entramos, escondiendo mi sonrisa
ante lo irónico y divertido que es esto. Tanner Reed no se siente cómodo
siendo el chófer. Me regodeo de la manera en la que su barbilla se tensa
cada vez que la voz femenina del GPS le da una indicación. Pauline intenta
hablar con él, pero por primera vez desde que están juntos... pasa de ella,
limitándose a decirle que debe concentrarse en el camino o nos perderemos
cuando en realidad todo se trata de seguir una vía.
─Tengo un buen presentimiento sobre esta noche ─susurro en el oído de
Weston antes de dedicarme a hacerle cosquillas con mi nariz en el cuello a
lo largo de todo el trayecto, agradecida con el hecho de que no solo luzca
bien, sino que también huela bien.
No quiero dejar la rosa que trajo para mí en el auto, así que la coloco
detrás de mi oreja cuando llegamos. Eso hace que sus ojos verdes brillen y
me arrastre hacia él para que caminemos extremadamente juntos hacia el
interior de Il Paraiso, un clásico restaurante de comida italiana en el
muelle de Corpus que se caracteriza por tener luces colgando de extremo a
extremo y paredes llenas de recuerdos de los viajes de sus dueños.
Tomamos una mesa para cuatro en la zona al aire libre, por lo que
escuchamos tanto las olas de mar como la suave música en vivo
interpretada por una banda cerca de la entrada. Todos pedimos pasta.
Pauline boloñesa. Weston a la marinera. Tanner y yo pasta a la carbonara.
En mi defensa, nuevamente pedí antes que él.
Y no estoy persiguiéndolo.
O acosándolo.
Solo deseándolo.
Indebida e inapropiadamente, sí, pero no lo he perseguido a ningún lado.
Él es quién se atraviesa en mi camino una y otra vez.
*****
La cena transcurre en silencio. Weston se limita a acariciar mi muñeca y mi
muslo de manera sugerente. Tanner y Pauline cuchichean entre ellos. Él se
separa de ella cada dos por tres para ir al baño, atender llamadas o
apreciar la vista al mar desde la barandilla. Si continúa enojado, no ha
actuado conforme a ello. Cuando el postre llega a la mesa, sin embargo, y
Weston empieza a llevar pedacitos de torta de queso con chocolate a mi
boca, movimiento que atrae la atención a su lindo Rolex, Tanner se echa
hacia atrás en su silla y lo mira con una sonrisa condescendiente.
─Y bien, Weston, ¿a qué te dedicas?
Sin mirarlo, puesto que sus ojos están en el movimiento de mis labios y
garganta mientras mastico y trago, Weston le contesta.
─Mi padre trabaja en la bolsa.
Tanner niega.
─No pregunté a qué se dedica tu padre, sino a qué te dedicas tú.
Tras darme un bocado más con una mirada intensa en sus ojos verdes,
finalmente Weston se gira y enfrenta al novio de mi amiga. Pauline me
observa con incomodidad, como pidiéndome que intervenga o que los
detenga, pero niego. Mientras Weston pueda hacer dejar mal a Tanner por
sí mismo, ya sea con su presencia o haciéndolo perder los estribos, estoy
pasándola bien.
─Estudio economía en Columbia.
Alcanzo su mano sobre la mesa y le doy un apretón.
─Eso es increíble, West. ─Aparto un mechón de cabello rubio de su
frente─. Inteligente. Dulce. Lindo. Creo que gané la lotería.
Se sonroja.
─No soy tan brillante, Sav, más bien del promedio.
Tanner se cruza de brazos.
─Si eres del promedio, ¿entonces cómo entraste?
Weston se encoje de hombros.
─Mi padre hizo una donación. Cuando vieron mi apellido, entré.
Luciendo satisfecho consigo mismo, Tanner afirma.
─Y conociendo el nivel de exigencia de las escuelas de la Ivy League,
¿tomas el riesgo de cruzar de estado un fin de semana?
─Pausé mis estudios por un año para tomar unas vacaciones.
Ahora viéndose levemente molesto, Weston mira hacia el interior del
restaurante tras contestar la pregunta de Tanner. Vuelvo a apretar su mano
y lo imito cuando se pone de pie y se dirige al interior para pagar la cuenta
e irnos. Sé que debería estar molesta con el novio de mi amiga por estar
actuando como un patán, pero no puedo evitar sentirme ligeramente
decepcionada de Weston en su lugar. De que su toma de decisiones sea tan
infantil o de que no sea tan inteligente como el capitán del equipo de los
Texas Longhorns. A pesar de que con mis calificaciones y la posición de
mis padres pude ir a una de las ocho universidades de la Ivy, siempre he
creído que un título de una universidad prestigiosa no es lo que hace el
éxito, sino lo que haces con las herramientas que consigues en el camino,
por lo que escogí guardar el dinero que ahorraron para que fuera a alguna
de ellas para empezar mi propio negocio una vez termine la carrera. Algo
en mí me dice que Tanner opina igual. Pauline, por otro lado, no es adicta
a pensar sobre su futuro. Solo quiere ser veterinaria y salvar las razas de
animales extraños y exóticos que aún quedan en el planeta.
Siempre he querido decirle que debió haber estudiado biología en su lugar,
si su meta era evitar la extinción, pero no puedo ser tan perra con ella
cuando en secreto me muero por lo que es suyo.
─No se preocupe, señor, su cuenta ya ha sido cancelada ─dice la bonita
mujer rubia tras el mostrador cuando nos acercamos, lo que hace que tanto
Weston como yo miremos hacia Tanner y Pauline.
Tanner levanta su copa de vino, brindando, antes de beber lo que queda en
ella de un trago y levantarse para seguirnos.
Weston bufa.
─Creo que tu amigo es un poco imbécil.
No lo contradigo. En lugar de hablar, opto por deshacerme del escozor en
mi pecho deslizando nuevamente mis dedos en los suyos y mirándolo por
debajo de mis pestañas. Aunque continúa irritado, Weston no deja de
mirarme fijamente, lo que podría ocasionar que me acostumbre a ser el
centro de atención.
─Por suerte para ti, mis amigos no tienen permitido entrar en mi
habitación ─susurro justo en el momento en el que Tanner y Pauline se nos
unen, por lo que ambos podrían haberme oído─. Y creo que suena como un
buen plan que nos detengamos en el camino por una botella de champagne
y más chocolate, preferiblemente para untar. No he tenido suficiente del
postre aún.
Cuando Pauline suelta una risita al pasar junto a mí, sé que lo hicieron.
Escucharon mi proposición. Weston, quién ya no luce molesto, apresura el
paso hacia la Hummer. Tanner continúa siendo el chófer. Esta vez no puedo
evitar soltar una risita cuando mi cita le pide detenerse en un bodegón
abierto las veinticuatro horas. Si solo fuera un poco más fuerte, el volante
estaría roto.
******
No somos los únicos que compramos licor y chocolate. Tanner y Pauline
también lo hacen. Ni siquiera les dirijo una mirada cuando llegamos a
casa. Tomo dos vasos de vidrio de la cocina y arrastro a Weston a mi
habitación, dónde lo primero que hago es quitarme las sandalias. Tras
encender las velas alrededor de mi cama, haciendo que sus ojos verdes
brillen todavía más, y dejar tanto la botella como el chocolate en la cama,
me pongo de espaldas a él. Weston entiende el mensaje y desliza las
mangas de mi vestido sobre mis hombros hacia abajo, lo que ocasiona que
este caiga y se arremoline a mis pies. Toma una honda bocanada de aire al
comprobar que no llevo nada debajo. Dándome la vuelta y poniéndome de
puntitas, rodeo su cuello con mis brazos. Susurro en su oído mientras
disfruto la manera en la que mis pezones se endurecen contra la tela de su
camisa. Me excita el hecho de estar desnuda frente a él, vulnerable, y que
aun así sienta que soy quién tiene el poder entre nosotros, lo cual hace esto
completamente diferente a cualquier experiencia previa.
─Me gustaría que bebiéramos champagne así. Todavía no quiero que te
desvistas. ¿Tienes alguna objeción a ello? ─Él niega. Tomándolo de la
mano, lo llevo a mi cama y hago que se acueste en ella. Renunciando a los
vasos, me siento a horcajadas en su regazo, lo que me permite sentir su
erección por debajo del pantalón, y apunto el pico de la botella hacia su
boca─. Abre.
Weston me obedece y traga el chorrito de champagne que dejo caer entre
sus labios. Cada vez que bebe uno lo dejo quitarse una prenda de ropa
mientras yo llevo mis labios al pico y lo imito, apreciando su figura
masculina como si fuera una obra de arte o fuera mi puta de esta noche.
Para cuando ambos estamos completamente desnudos, también estamos
algo ebrios. Me río en voz alta cuando finalmente pierde el control y se
abalanza sobre mis labios. Ignoramos el chocolate para untar en la mesita
de noche. Justo en el momento en el que empiezo a escuchar los familiares
gemidos de Pauline, Weston toma un condón y entra en mí con fuerza.
Aunque quisiera, que no quiero, no puedo evitar no gritar debido a que su
pene no es precisamente pequeño y llevo algunas semanas sin sexo. Estoy
mojada, pero todavía duele.
─Creo que estoy perdiendo la cabeza ─gruñe en mi oído cuando rodeo su
cintura con mis piernas, sudor corriendo por su frente─. Me haces perder
la cabeza, Savannah. Eres una chica tan mala. ─Cuando dice eso,
finalmente lo entiendo. El por qué es tan diferente con él. Weston tiene algo
que me hace sentir como si yo fuera quién lo ensuciara, no al revés. No
como me sucede con Tanner─. Mierda, eres tan mala que el novio de tu
mejor amiga claramente se muere por ti. ¿Esa actitud territorial? ¿Su
obsesión por hacerme quedar mal? ─Niega mientras golpea más
profundamente dentro de mí, sus ojos verdes viéndose salvajes y molestos,
pero tan excitados─. El idiota te quiere, Sav, pero no te tendrá porque he
decidido no dejarte ir. Tendrá que conformarse con ella aunque lo desgarre
por dentro que no seas suya.
Bueno, eso fue sexy.
Tan sexy, exactamente lo que mis oídos querían oír, que me vengo sobre su
pene arqueando la espalda y gimiendo sin control. Weston, a quién he
empujado hacia sus límites desde esta mañana en el yate, alarga mi
orgasmo tanto como puede entes de seguirme y darse la vuelta conmigo
sobre su pecho. Aunque sus ojos se cierran, como si no pudiera resistir
mucho tiempo más despierto, sus dedos trazan circulitos sobre la piel de mi
espalda.
─West... ─susurro.
Aunque sus palabras me hicieron acabar, son tan parecidas a la verdad,
solo que esta ocurre desde otro punto de vista, que no puedo evitar sentirme
ahogada y expuesta. Vulnerable. Nadie sabe lo que significa Tanner para
mí. No mis padres. No mis amigos en casa. No Pauline. Ni siquiera el
mismísimo Tanner Reed, aunque tengo la sospecha de que se hace una idea
de ello.
─Estaba hablando en serio ─murmura sobre mi cabeza, cortándome y
ocasionando que me incorpore un poco para mirarlo hablar con los ojos
cerrados, viéndose como un ángel enojado y decidido─. Él no te tendrá. Me
aseguraré de ello. A la mierda la distancia, creo que es hora de que pase un
tiempo con mi madre.
Sin saber qué responder, me inclino sobre sus labios. Claramente está ebrio
y confundido por el sexo. Mañana ni siquiera recordará lo que dijo y si lo
hace probablemente sienta vergüenza de ello, obviándolo como yo lo haré.
Tras asegurarme de que duerme, lo retiro de mí y lo cubro con mis sábanas
antes de tomar el chocolate para untar y dirigirme hacia la playa con una
de ellas rodeando mi desnudez. Al igual que los nuestros, los ruidos de
Tanner y Pauline mientras tenían sexo se han detenido. Aun así abro una de
las puertas corredizas de mi habitación para dirigirme a la playa en lugar
de pasar por la casa. No quiero encontrarme con ninguno de ellos en este
momento. Además de estar asustada por lo cerca que Weston, un
desconocido, ha llegado a mi sucio secreto, una parte de mí también se
siente aliviada.
Quizás ya no estoy completamente sola.
Me siento en un montículo de piedra frente a la playa y meto mi dedo en el
frasco de Nutella, apreciando el sabor cuando lleno mi boca de ella y
trago. Es de noche y la playa está completamente oscura, pero aun así
puedo ver cómo las olas llegan a la orilla debido a la luz que emite la luna
y las farolas alrededor de la casa.
Tiemblo cuando de repente estas se apagan.
Me pongo rápidamente de pie, lista para correr al interior, pero antes de
que pueda dar un solo paso de regreso a mi habitación soy rodeada por un
par de largos y tonificados brazos. Además del aroma a sal marina, percibo
el suyo y el de Pauline mezclados, por lo que no empiezo a gritar y a correr
por mi vida.
El de él a jabón y colonia cítrica, el de ella a vainilla.
─Escúchame bien ─gruñe en mi oído, inclinándose sobre mí y
acercándome con sus manos para que sus labios puedan pegarse aún más a
mi sensible piel─. Amo a Pauline. Quiero un futuro con Pauline. Ella es mi
jodido mundo. Tú no eres nada para mí. ─Me estremezco. Apenas puedo
contener el nudo en mi garganta. A pesar de que no puede verme, su pulgar
rápidamente encuentra mi labio inferior y tira de él hacia abajo. Todavía
tengo chocolate en mi boca, por lo que su dedo se ensucia─. Ni siquiera
pienso que seas una buena amiga, así que encuentra una buena excusa
para irte de su habitación apenas regresemos y deja de perder tu maldita
dignidad. Eres hermosa, sí. Eres inteligente, sí. Eres malditamente creativa,
mierda, sí. Todos en el campus te desean, ¿por qué tienes que ir tras el
único que no lo hace? ─A pesar de que está siendo cruel, no puedo evitar
darle la razón. Las lágrimas se empiezan a deslizar por mis mejillas.
Tanner las roza con sus dedos, por lo que a pesar de que no puede verme,
sabe que estoy llorando. Aun así no modifica el tono de su voz─. Eres
perfecta, Savannah Campbell, pero no eres la chica que quiero para mí. En
realidad, eres todo lo que no quiero y de lo que estoy cansado, así que ni
siquiera te esfuerces en intentar joder mi relación porque aunque cometa el
error de sucumbir a esta mierda que me lanzas cada vez que estamos cerca,
jamás dejaré a Pauline por ti.
Tras hablar, se desliza lejos de mí y regresa al interior.
A los minutos la luz vuelve.
Deseando que no lohubiera hecho, pues cuando estaban apagadas,
sumiéndome en la oscuridad, mesentía en casa, permito que el viento
deslice la sábana blanca sobre mishombros y dejo caer el frasco de
chocolate a mis pies antes de avanzar hacia elagua y buscar consuelo entre
las olas. Un camuflaje para el agua salada quecontinúa deslizándose por
mi rostro.
Holaaa, espero que les haya gustado el capítulo
¿Tanner Vs. Weston?
¿Creen que haya estado celoso?
¿Parte favorita?
Dedicación a: 1DPlsMarryMe
Siguiente a la que + comente
No olviden darle amor al capítulo y seguirme en twitter e Instagram
como oscaryarroyo
Love u
Capítulo 6:
Capítulo 6:
20.9K 3K 2.3K
por OscaryArroyo
Vivo en un bonito edificio en el centro de Austin. Mi departamento es tipo
estudio. No hay divisiones entre la cocina, la sala y mi habitación. No me
quejo. La decoración del interior es moderna y femenina. Muebles de cuero
blanco. Piso de madera clara. Plantas y adornos por todos lados. Logré
instalar una tina en el baño antes de mudarme. La luz entra por los amplios
ventanales cubriendo todas las paredes, los cuales podrían resultar
intimidantes si no tuviera un sistema de persianas. Mi escritorio se halla de
espaldas a ellos para que pueda disfrutar de la claridad mientras trabajo. No
tengo ninguna cita pautada para hoy en la oficina, por lo que decido pasar el
día en casa dibujando. Tras levantarme, apagar las velas y darme una rápida
ducha tibia, entro en una camiseta ancha que a veces uso para andar en
casa. Me preparo el desayuno, un tazón de cereal de Oreos y leche, con el
cabello mojado. Antes de acercarme a mis planos, enciendo mi estéreo.
Mientras organizo mis materiales, tatareo Without Me de Halsey e
inevitablemente mi mente piensa en Tanner Reed.
Me gustaría ser más fuerte para hacer sentir a Halsey orgullosa.
Me gustaría haber podido romper los lazos con Pauline y con él en algún
punto de los pasados cinco años, pero siempre que lo intentaba terminaba
en desastre. Llegó un punto en el que simplemente dejé de hacerlo. También
están esos pensamientos. Sé que me hacen quedar como una amargada
envidiosa, pero nunca he podido parar de oír una voz en mi mente
diciéndome que yo lo podría hacer mejor.
Que nosotros nos podríamos ver mejor.
Que, finalmente, él se dará cuenta.
Después de que se graduó de la universidad, dándome espacio para respirar,
lo que sentía se volvió más que todo platónico. No dejé de vivir y de
obtener nuevas experiencias debido a él, pero mis sentimientos realmente
nunca se adaptaron a nadie más. Se suponía que se mudarían a un rancho en
el campo una vez Pauline saliera, pero al final decidieron quedarse en
Austin por los negocios y socios de Tanner. Yo no los perseguí. En realidad
estaba aliviada de no verlos nunca más. El problema fue que me dijeron que
vivirían aquí demasiado tarde. Para entonces ya yo había invertido todos
mis ahorros en conseguir mi oficina, registrar mi propia empresa de diseño,
obtenido los permisos y tomado un préstamo de mis padres para comprar
mi estudio. No podía simplemente enviarlo todo a la basura por un corazón
roto.
Mi carrera es lo único que lo opaca.
Y aunque he tratado de mantener la distancia, Pauline no parece captar el
mensaje, necesitándome constantemente para ayudarla a tomar decisiones.
Preparar su boda. Construir su casa. Elegir sus sábanas. Lo que me gusta de
ella es lo transparente que es, todo lo contrario a mí, deseando a su esposo
mientras diseño su hogar, pero es muy básica e ingenua para su propio bien.
Me pregunto si eso es lo que lo alejó.
Cómo me sentiría de descubrir que ahora no debo sentir envidia de ella,
sino de una cualquiera que arañó su espalda. Si está bien sentirme
traicionada por eso. Hago una mueca mientras termino los detalles de la
cocina de su ático. Ya que quiero aprovechar la claridad que entra en este al
máximo, decidí que el piso sería completamente blanco, de mármol, si es
posible, pero los muebles negros, como él, y caoba. Algo con aire a un club
de esgrima de caballeros y una suite presidencial en un lujoso hotel.
Contará con electrodomésticos de alta gama, pero también quiero poner un
par de elementos antiguos en ella. Un horno de pan. Un extractor de humo
de acero inoxidable. Como es un bebedor, un refrigerador especial para
botellas y una extensa copera.
Me siento satisfecha con el resultado.
Masculino, pero a la vez cálido.
Como no poder decidirte entre su brillante sonrisa, la cual te hace pensar
que es demasiado bonita para ser real, y su mirada intensa y arrogante.
Incluso desagradable. Como un chico, un hombre, con un exterior hermoso,
pero un interior que deja ver en su mirada, la cual te advierte que no es tan
agradable como parece. Ya que he avanzado bastante con su proyecto en
muy poco tiempo, lo dejo de lado e intento concentrarme en completar los
demás, pero mi mente instantáneamente vuelve a su ático cuando presiono
mi lápiz sobre el papel. No puedo decirle que no a la inspiración, eso sería
sacrilegio, así que termino con los bocetos del primer piso alrededor de las
ocho de la noche, estableciendo un nuevo record.
Es martes, pero aun así tengo una invitación a la inauguración de un club
que ayudé a decorar. No hice gran cosa en él. Solo me ocupé de la barra y
de encontrar el equilibrio entre ella, los deseos del dueño de hacerla clásica,
y el resto, moderno y tecnológico. Una vez termino de poner todo en orden,
le envío un mensaje a Tanner diciéndole que me gustaría que nos
reuniéramos para revisar lo que llevo y reviso el resto de mi bandeja de
entrada. Sonrío al ver un mensaje perdido de Malcolm avisándome que los
Kings tienen partido hoy. Verlo jugar siempre me hace sentir mejor, a veces
un poco caliente, lo que no sé si es por él o por cómo me hace recordar
cómo lucía su hermano en la cancha porque los dos siempre han jugado en
las mismas posiciones.
Con el televisor a todo volumen, espero al menos ver el inicio mientras me
alisto. Sonrío al escuchar a los comentaristas alabar al quarterback del
Houston Texans, la franquicia más joven de la NFL, y su buen pase. Si la
temporada continúa como va, Malcolm patrocinará el primer touchdown
durante los cinco minutos iniciales. Están jugando en la AFC Sur contra los
Jacksonville Jaguars. Por primera vez desde su creación, los Kings podrían
ir al Super Bowl. No termino de cerrar mi vestido hasta que lo veo realizar
una anotación de siete puntos. No soy una chica de fútbol, pero crecí en un
país de fútbol y, como si eso no fuera suficiente, en un estado del fútbol.
No puedo evitar saltar, emocionada por Malcolm.
Tras su jugada, llamo a mi madre y le pido el favor de enviar un gran ramo
de rosas al estadio Reliant. Mis padres deben estar viendo el partido
también, puesto que escucho demasiado ruido de fondo, pero aun así me
dice que llamará a su asistente para que se ocupe de ello sabiendo que son
para Malcolm Reed. Debido al volumen de mi televisor y al que se
encuentra del otro lado de la línea, apenas puedo escucharla, pero ninguna
de las dos se aleja de la interferencia debido a la emoción. Me echo un
vistazo rápido en el espejo, comprobando que no haya manchado mi vestido
plateado al maquillarme, antes de darle un último a Malcolm, deseándole
toda la suerte, y tomar mi bolso para salir de casa. Me paralizo bajo el
umbral a ver a Tanner de cuclillas frente a mi puerta, un cigarrillo en sus
labios mientras libera el humo. Está utilizando un abrigo negro y su
característico conjunto de camisa y pantalones de lino oscuros debajo, sus
nudillos rojos. Evidentemente lastimado. Mi frente se arruga. Ya no somos
niños. No puedo imaginar que se haya metido en una pelea o algo. El
volumen con el que escuchaba el partido explica por qué no lo oí llamar a la
puerta o tocar el timbre cuando llegó. Lo que no logro entender es por qué
no se fue al no recibir una respuesta.
¿Pretendía esperar que el partido terminara?
─¿Estás bien?
No se levanta mientras niega.
─¿Te convertiste en una fan antes o después de conocer a mi hermano?
─pregunta con la mirada aún clavada en el suelo, por lo que solamente
puedo obtener un vistazo de su perfil, pero nada de sus ojos debido a que su
cabello negro cae sobre ellos.
Sintiéndome incómoda, me cruzo de brazos sobre el pecho.
Ni siquiera sabía que sabía dónde vivía.
─Tanner, ¿qué haces aquí?
─Me enviaste un mensaje ─contesta con voz ronca mientras se pone de pie,
apoyándose en la pared del pasillo para no caerse. Es entonces que veo su
rostro y me doy cuenta. Está más allá de borracho. Sus ojos enrojecidos. Su
tez pálida aún más pálida. Tampoco paso por alto la manera en la que su
ropa está sucia y arrugada. En conjunto con el aspecto de sus nudillos y la
rojez en su pómulo, probablemente sí estuvo en problemas─. ¿Por qué dejar
para mañana lo que podemos hacer hoy? ─Hipa mientras se acerca─.
Quiero ver lo que has hecho ─susurra, arrastrando las palabras mientras se
relame los labios y entra en mi estudio.
Yo retrocedo con la mirada clavada en la suya.
─Estaba a punto de salir.
Tanner arruga la frente al enfocarse en mi atuendo.
Traga, su nuez moviéndose y su mandíbula apretada.
─Ya veo.
─Llamaré a Pauline. ─Su rostro se arruga ante la mención de su esposa,
pero eso no me impide sacar mi teléfono y marcar su número. Cerniéndose
sobre mí, me lo arrebata antes de que responda. Intento tomarlo de regreso,
pero solo lo aleja. Cansada y confundida, vuelvo a cruzar mis brazos y
pisoteo con impaciencia─. Tanner, debes ir a casa, pero no puedes conducir
así. Déjame llamar a Pauline o pedir un taxi para ti, por favor.
─No. ─Eso es lo único que dice al rodearme y dirigirse a uno de los
ventanales. Mis persianas no están abajo, por lo que podemos ver a mis
vecinos de enfrente─. Estás dándole un show gratis a todos los pervertidos
de la cuadra cada vez que te cambias, Sav.
Sav.
Aunque estoy bien con que los demás me digan así, odio ese apodo saliendo
de su boca. Me gusta como dice mi nombre con su acento. Cómo se adueña
de cada sílaba. Savannah saliendo de sus labios me hace estremecer. Sav es
solo Sav.
─Tanner, por favor. ─Coloco una mano en su brazo, tirando de él hacia la
puerta─. Mañana podemos vernos. Tienes que volver a casa y yo tengo un
evento al cual asistir. ─Aunque no me aleja, tampoco se mueve de su
lugar─. No saldré por diversión. Un club al que ayudé a decorar se inaugura
hoy. Tengo responsabilidades.
Lentamente, afirma y se acerca a la puerta tras devolver mi celular.
Aliviada, lo persigo mientras marco el número de una línea de taxis que
conozco hasta que habla de nuevo.
─Espero que tengan jodido buen whisky.
Me detengo abruptamente, todavía sin salir de mi estudio, al escucharlo.
Podría llevarlo, pero en el estado en el que está a penas puede mantenerse
en pie. Si bebe aunque sea una gota más de alcohol, probablemente
colapsará en el suelo.
─No. ─Esta vez mi voz es un poco más dura─. Quiero disfrutar de mi
noche, Tanner Reed. No lo haré si tengo que ser tu niñera.
Volviendo dentro, me mira como si fuera a discutir, pero al último momento
cierra la boca y se mete las manos en los bolsillos.
─Bien ─responde, probablemente consciente de su estado─. ¿Cuánto
tiempo te tomará? Te esperaré aquí. ─Niega cuando hago ademán de
contradecirlo─. No vayas por ahí. No pienso volver a casa, no lo haré y no
preguntes por qué.
No iba a hacerlo.
Apretando la mandíbula, no me queda más remedio que asentir.
─No te acerques a mi escritorio.
Mi trabajo, todo por lo que me he esforzado, de verdad es más importante
para mí que Tanner Reed, por lo que no miro hacia atrás cuando me doy la
vuelta, todavía sin poder creer que esté dejándolo en mi casa, porque de
ninguna manera me perderé el brillo en los ojos de los clientes cuando vean
el diseño de la barra.
Es lo único diferente a una casa que he hecho en un tiempo.
******
El dueño del club, un hombre apuesto y soltero, me invita varias veces a
tomar una copa a lo largo de la noche, pero no hago más que aceptar un par
de tragos y mantener una rápida charla con él en la que acepto decorar un
bar deportivo en Travis Country que planea abrir este año, antes de
levantarme y regresar a casa. Son alrededor de las dos de la mañana para
entonces. Mientras conduzco, una parte de mí espera que Tanner se haya
dado por vencido y esté dormido. Otra quiere hacer un par de preguntas. Me
muero por saber qué lo hizo arrastrarse al alcohol esta noche. Qué lo hizo
meterse en una pelea como un adolescente con el corazón roto. Qué lo llevo
a ir por mí tras Pauline, quién estoy segura de que no tiene ni idea sobre el
ático de tres punto cuatro millones de dólares que compró para esconderse
de ella.
─Dios ─susurro al entrar en mi hogar y ver dos botellas vacías de mi vino
favorito, Van Allen, una importación de Inglaterra bastante exclusiva que
solo puedo obtener a través de mis padres, sobre la encimera de madera de
la cocina─. ¿Tanner?
No hay muchos lugares donde esconderse en mi estudio, por lo que
rápidamente mis ojos van a la luz que sale por debajo de la puerta del baño.
Presiono mi mano en la manija mientras toco, preocupación deslizándose
por mi columna vertebral al escuchar sus arcadas. Debatiéndome entre darle
privacidad mientras arreglo el desastre en la cocina y entrar a echarle una
mano, el sonido de un cuerpo desplomándose contra el suelo toma la
decisión por mí. Abro y no puedo evitar que mi pecho se oprima cuando lo
veo acostado sobre las baldosas, nada cubriendo la parte superior de su
cuerpo, mientras se estremece en un triste llanto silencioso. Me quito los
zapatos antes de tomar una toalla, humedecerla y arrodillarme junto a él
mientras la presiono contra su frente, eliminando el sudor que se encuentra
sobre esta.
Aunque no debería, me siento mal por haberlo dejado.
─¿Qué está mal contigo? ─pregunto con suavidad.
Tanner Reed se ve tan roto.
Tan derrotado y débil que ni siquiera le echo un vistazo a su definido
abdomen, limitando mi atención a su rostro de expresión descompuesta y a
los moratones en su pecho que me indican que no es la primera vez que se
mete en problemas. Quiero sacudirlo por eso. Por permitir que lo que sea
que está sintiendo lo destruya cuando yo encontré la manera de vivir con
ello. Pero también quiero consolarlo. Lo quiero tanto que por un momento
dudo que sea capaz de llevar a cabo mi plan, cediendo antes que él lo haga.
─Yo la amaba tanto ─dice mientras muerde su labio inferior hasta hacerlo
sangrar, las lágrimas deslizándose por sus mejillas. Las limpio con la parte
seca de la toalla. Me detengo cuando rodea mi muñeca con sus manos,
enviando calor a través de mi piel. Su respiración es forzada y
entrecortada─. Tú lo sabes, Savannah, más que nadie en el maldito
universo. Sabes cuán bueno fui para ella a pesar de que no es como soy
realmente. Cómo la protegí de mí para hacerla feliz.
Afirmo mientras echo su cabello oscuro hacia atrás, fascinada con la
manera en la que se desliza entre mis dedos como la seda.
─Lo sé ─susurro, respondiendo al ruego en sus ojos y sintiéndome
asfixiada por el hecho de estar obteniendo la cercanía de él que he ansiado
por tanto tiempo, pero en una forma totalmente equivocada─. ¿Qué pasó
entre ustedes, Tanner? ¿Por qué estás así? ¿Por qué te metes en peleas,
bebes, vuelves a fumar y engañas a Pauline?
Quizás fue mi error.
Quizás hice demasiadas preguntas al mismo tiempo.
Tanner separa los labios para responder, pero una arcada vuelve a sacudir su
cuerpo y se incorpora rápidamente para guiar su cabeza al inodoro. Acaricio
su espalda, lo que no parece molestarlo, mientras vomita dos botellas de mi
vino favorito. Me acerco a la bañera cuando parece haber terminado. La
dejo llenarse mientras pongo a trabajar la cafetera para ambos. Tanner
continúa en el cuarto de baño cuando regreso. Me sonrojo cuando una
sonrisa arrogante, aún en su estado, se adueña de sus labios al sentir mis
dedos en la hebilla de su cinturón de cuero.
─Un baño te hará sentir mejor ─me explico─. Sé cuánto odias la suciedad.
Aunque afirma, una mueca se adueña de su boca.
─Espero que no te decepciones después de cinco años.
Esta es la primera vez que lo menciona en voz alta desde entonces.
Mi sonrojo se esparce por el resto de mi cuerpo.
─Lo dudo ─respondo mientras bajo sus pantalones y ropa interior y lo
ayudo a incorporarse, esta vez siéndome más difícil obviar el hecho de que
está triste y vulnerable debido a que no solo me está tocando, sino que todo
su cuerpo está gloriosamente desnudo contra mí. Contengo un sonido
ahogado cuando su pene, el cual me esfuerzo por no ver, roza mi mano. El
alivio recorre mi cuerpo cuando entra en el agua y puedo apartarme. Solo
por costumbre, sin pensar realmente en ello, dejo caer esencias de menta y
aloe vera en el agua. También enciendo algunos inciensos. Soy una fanática
de ese pasillo que nadie recorre en el supermercado─. Estaré en la cocina.
Grita si necesitas algo.
Tras obtener un asentimiento de su parte, la parte posterior de su cabeza
presionada contra los azulejos tras él, me cambio rápidamente por un
pijama de pantalones cortos bajo una bata de seda negra y termino de
preparar nuestras dos tazas de chocolate caliente usando un compartimiento
especial de mi cafetera, la cual compré solo por eso. Aunque tengo café en
mi despensa, no soy fanática de él. Tanner Reed sí lo es, pero tengo el
presentimiento de que lo menos que quiere hacer es mantenerse despierto.
Me apoyo contra la lavadora, dónde meto su ropa antes de regresar al baño,
para darme una pausa y asimilar todo este desastre.
Una vez me recupero de ello, tomo las dos tazas hirvientes y regreso al
baño, dónde lo encuentro de la misma manera en la que estaba cuando me
fui, con la cabeza apoyada en la pared tras él y los ojos cerrados, pero con
el cabello empapado.
─¿Estás listo para salir?
Él niega.
─Pasé de estar en el infierno al spa, otro tipo de infierno. ─Ladea la cabeza
y abre los ojos para mirarme, algo más lúcido, pero probablemente aún
perdido─. Gracias.
Sintiendo el rubor nuevamente adueñarse de mi rostro, el cual no sé si es
producto de su cercanía o de la vergüenza que me produce no haberlo
echado de mi casa apenas lo vi, me siento junto a la bañera y le tiendo su
taza de chocolate caliente.
─No te preocupes. ─Aunque su frente se arruga, medio nada hasta estar
junto a mí y acepta la taza de porcelana de un juego que me regalaron mis
padres cuando me mudé─. Te lo cobraré de alguna manera. Todo en la vida
se cobra... ─Desciendo mi mirada a mis piernas─. Y se paga. ─Alzando la
barbilla para verlo observarme mientras sopla, decido aligerar su culpa. No
está usando su anillo de casado, por lo que esto no es solo una tonta pelea
entre ellos. Tanner nunca se lo quitaría─. Además, ahora tengo un cupón.
Serás la primera persona a la que llame cuando esté ebria, Tanner Reed.
Me sorprende sonriendo y moviendo la cabeza afirmativamente.
─Suficientemente justo. ─Su mirada se dirige a los inciensos sobre él─.
¿Por qué siento que estás obsesionada con los aromas?
Suelto una risita tras tomar un trago de chocolate.
─¿Piensas que es raro?
Niega.
─No, es... lindo.
Trago sonoramente.
Tampoco pensé que se habría dado cuenta de ello.
─Gracias, supongo, pero no pensarás eso cuando sepas por qué.
─¿Por qué?
─Porque no puedo oler.
Alza las cejas, su mirada confundida suavizándose tras unos segundos.
─¿Entonces qué sentido tiene gastar un tercio del dinero que ganas en un
sentido que no puedes disfrutar?
─Puedo oler, pero no puedo oler como la demás personas ─me corrijo─. A
menos que se trate de un aroma fuerte o que esté lo suficientemente cerca,
no puedo olerlo. Por eso me gustan los productos aromáticos. Puedo acercar
mi nariz o simplemente hacer que sean demasiado intensos a mí alrededor.
Tanner ríe, exactamente lo que sabía que haría.
Mientras las personas se ríen de chistes, él lo hace de las desgracias ajenas.
Tiene un sentido del humor oscuro, retorcido y sarcástico, pero eso tampoco
significa que se burle de enfermos y de animales muertos . Solo es más
difícil hacerlo reír.
─Todo el tiempo pensé que tenías una vena satánica y por eso dormías
rodeada de velas, soñando como un ángel mientras invocabas al demonio.
─Mi falta de olfato no es el motivo por el cual lo hago, pero no lo
contradigo porque no estoy dispuesta a compartir esa historia con él─. Esa
explicación era más atractiva, Savannah. Incluso lo habría sido más saber
que provienes de una familia gitana o hippie y odio a los gitanos y a los
hippies.
Pongo los ojos en blanco.
─Pauline es algo gitana y hippie.
Es cierto y ambos lo sabemos, por lo que no lo niega. Tampoco se molesta a
pesar de la manera en la que sus ojos se endurecen.
─Sí, bueno, esa fue una señal que pasé por alto.
Se extiende, acercándose más a mí, para tomar la toalla limpia que dejé
sobre la tapa del retrete para él. Tomándolo como una señal, tomo nuestras
tazas vacías y me escabullo a la cocina. Las dejo ahí y me dirijo a mi
guardarropa en busca de algo para Tanner, pero no consigo nada a pesar de
que pensé que tenía la camiseta de un chico que dejó aquí después de una
noche loca. Empiezo a buscar en cada cajón de manera exhaustiva, puesto
que estoy segura de haberla visto esta semana en algún sitio.
Ella estaba aquí.
La conseguí el día que les entregué las llaves de su casa.
Soltando un suspiro, me doy la vuelta, dándome cuenta de que no debí
haberme preocupado por la ropa. Tanner está en mi cama. Boca arriba.
Desnudo. Sus párpados pesados, su expresión atormentada, pero a la vez en
calma, y su respiración suave. Su piel clara, como la de un fantasma, y el
edredón blanco debajo de él están a juego, pero cada línea cincelada de su
cuerpo contrasta con el vello oscuro debajo de su ombligo. Mi respiración
se atasca cuando me enfoco en el hermoso juguete entre sus piernas. Antes
de que pueda hacer algo estúpido, como continuar mirándolo, lo cubro con
una manta. Lo que sí no puedo hacer es evitar acariciar su mejilla mientras
duerme.
Aun así, me acurruco en el extremo más alejado de él sabiendo que ya no
soy la persona más demente que conozco.
Lo es Pauline por romper su corazón.
¿Lo oyen?
Sí, yo también. Ese es el sonido que hace su corazón (quizás no el de
todas, pero eventualmente el de todas) cuando se ablanda
Capítulo dedicado a: _15_gtp
Siguiente a la que + comente
No se olviden de darle amor al capítulo
Nos vemos pronto
Love u ♡
No olviden seguirme en Instagram y twitter como oscaryarroyo
Capítulo 7:
Capítulo 7:
20.2K 3K 3.3K
por OscaryArroyo
Dedicado a philarika
Aunque el plan era irnos en la noche, por obvias razones que solo Tanner y
yo sabemos, las cuales no tienen nada que ver con el malestar estomacal
que Pauline y Weston creen que tengo, empacamos nuestras cosas y las
guardamos en la cajuela de mi auto después del desayuno. Weston, quién
no se tomó muy bien la noticia, puesto que arruinó sus planes de otro día
de yate, me abraza por casi un minuto antes de dejarme entrar en mi
Mercedes.
─Ten cuidado ─susurra tocando mi nariz─. Llámame al llegar.
Mis labios se curvan cuando presiona los suyos contra los míos.
─Lo haré.
Deslizándome fuera de su agarre, ocupo el asiento piloto, Pauline a mi
lado. Me despido una vez más de West con la mano, dejándolo de pie junto
a su camioneta en la entrada de mi casa, antes de acelerar por el camino
rural que conduce a la carretera. A los segundos me sigue, pero nuestros
caminos se separan cuando tomo la vía que va a San Antonio y él se dirige
a Corpus Christi. Aunque me prometió que nos veríamos de nuevo, no estoy
segura sobre ello. Lo único que quiero hacer en este momento es poner mi
vida nuevamente en orden. Alejarme de las dos personas más cercanas
física y emocionalmente a mí en este momento.
─Creo que a West le gustas mucho, Savannah ─dice Pauline cuando
Tanner decide ignorarnos colocando un par de audífonos en sus orejas─.
¿A ti te gusta? Parece que la pasaron bien.
Mi agarre se desliza a la parte inferior del volante mientras encuentro las
palabras para responderle. La manera de decirle que nadie me llama la
atención porque estoy enamorada de su novio. Su novio el que ya me ha
dejado claro que no quiere nada de mí y que, de quererlo, nunca la dejaría
por eso.
─No estoy buscando nada serio en este momento. Estoy...
─Enfocada en tu carrera. Lo sé. ─Sus ojos marrones se vuelven pequeños
cuando sonríe. Está usando jeans y una blusa naranja. Su encanto es todo
sobre la linda chica de al lado─. Pero West se ve como un buen chico,
Savannah, y aunque él no vaya a ser el amor de tu vida... creo que deberías
dejar de lado tu miedo a abrir tu corazón. ¿Cómo sabes que alguien es el
amor de tu vida si no dejas que conozcan la grandiosa chica que eres? Sav,
no solo eres bonita. Eres muy inteligente y, en el fondo, amable. Creativa.
¿A qué chico no le gustaría estar con alguien como tú?
A tu novio.
Tomo una honda bocanada de aire, mis dedos apretando el volante con más
fuerza, mientras hago hasta lo imposible por concentrarme en la carretera
frente a nosotros.
─Cuando ves al amor de tu vida... lo sabes, Pauline ─susurro luego de
unos minutos de tenso silencio en el que lo único que escuchamos es el bajo
sonido de la radio─. Haces y aceptas cosas que nunca pensarías que están
bien porque sabes que él lo vale. No importa si esa persona no se sienta de
la misma manera. Es la emoción de poner en riesgo todo lo que eres sin
saber cuál será el resultado. La adrenalina de no saber si pierdes o ganas.
─Lucho por no echarle un vistazo al retrovisor para saber si nos está
oyendo. Me fuerzo a recordar las palabras de Tanner para no hacerlo─.
Cuando sucumba al deseo de ponerme en esa posición, será porque me
resulta imposible ignorar a mi sentido de la intuición gritándome que vale
la pena correr el riesgo. No sé si eso es amor, quizás no lo sea, pero suena
mucho más emocionante para mí que vivir una vida siguiendo un libreto.
No quiero amar a una persona, quiero amar sus defectos para que esta
nunca tenga que cambiar debido a ellos. Quiero que alguien ame los míos y
eso nunca sucederá si me conocen como la Savannah que describes.
Tras mi respuesta, Pauline se queda en silencio.
Apoya su barbilla en la ventana mientras observa los árboles que dejamos
atrás. Pensando que nuestra conversación ha llegado hasta aquí, me
inclino para subir el volumen de la música, pero su suave voz me detiene.
Cuando me mira, lo hace con confusión y tristeza. Entiendo la primera,
pero la segunda no.
─Tienes razón, Savannah ─dice─. Eso no es amor.
Lo acepto.
─Podría no serlo.
Sus labios con forma de corazón forman una sonrisa alentadora.
─Pero si es lo que necesitas para ser feliz, espero que lo consigas. Lo único
malo de ello es que ese tipo de emociones, según mi Iglesia, no duran para
siempre. Mi pastor solía poner las montañas rusas como ejemplo. ─Al
pensar en su Iglesia, la curvatura de sus labios se hace más amplia─.
Tienen ascensos y descensos. El estar de cabeza hace el viaje más
emocionante, las cosquillas en el estómago, las ganas de vomitar, pero
eventualmente añorarás ir en línea recta. Segura. Protegida. ─Se gira para
ver a su novio, calidez en sus ojos─. Amada.
Aunque no estoy de acuerdo al cien por cien con su idea, afirmo.
─Es un buen ejemplo.
Quizás no lo comparto porque no quiero algo que dure para siempre.
Quizás porque quiero algo que a pesar de que no sepa si durará para
siempre, sea digno de ser recordado después de que hayamos terminado.
Un antes y un después para ambos.
*****
El lunes a primera hora falto a una de mis clases para dirigirme a la
oficina administrativa que maneja la distribución de los dormitorios en el
campus. Aguardo mi turno en la modesta y limpia sala de espera junto a
otros estudiantes, alegrándome de no ser la única aquí, puesto que eso
podría significar intercambiar con alguna de las chicas que están
presentes. Al inscribirme adelanté el pago de la habitación por los primeros
tres semestres, por lo que simplemente no puedo mudarme a un
departamento fuera del parque universitario, otra alternativa a la vida de
estudiante. Significaría retirar más dinero de mi fondo o pedirle a mis
padres, ambas malas opciones cuando mis razones son tan tontas. Mi
madre no volvería a hablarme si supiera que es por un chico.
Por suerte para mí, la señora Brown, una mujer de color encargada de la
administración de las viviendas de la Universidad de Austin, no luce en lo
absoluto molesta con mi solicitud de cambio. Extrañaré a Pauline, lo
cómoda que me sentía en mi nuevo hogar, pero no lo haré más de lo que
extraño mi paz mental.
─Si te asigno una nueva compañera hoy, ¿qué tan rápido podrías mudarte?
─pregunta mientras se retira las gafas de los ojos, mirándome con
cansancio y una sonrisa aliviada─. Tengo una plaza libre en otro edificio,
con las mismas comodidades que el tuyo, listo para que te mudes. Las
chicas no congeniaron, así que la que podría ser tu nueva compañera está
buscando a alguien.
─Hoy mismo.
Su sonrisa crece mientras me entrega las llaves. Cuando alzo mi mano para
tomarlas, sin embargo, algo de culpa se asoma en sus ojos marrones
mientras las aleja, viéndose forzada a hablar.
─Savannah, debo advertirte que esta chica es problemática.
Mi sonrisa se deshace ante la idea de una persona desordenada y
desagradable, pero la vuelvo a poner en su lugar al recordar por qué me
estoy yendo. Pauline no es desordenada o desagradable, lo cual no
significa que convivir con ella me esté haciendo bien. Supongo que prefiero
vivir rodeada de la basura de alguien más que forzada a ver como besa a
Tanner frente a mí. Además, si no me alejo, nunca lo superaré. Este es un
sacrificio necesario.
─Lo sabré manejar, señora Brown ─le prometo mientras tomo las llaves,
dedicándome después a firmar mi solicitud de cambio y a tomar el papel
que me ofrece con la dirección de mi nueva habitación, la cual no es tan
buena como pensé que sería.
Está lejos de Pauline, sí, pero más cerca del campo de fútbol.
*****
─Sav, ¿esto es realmente necesario? ─pregunta Pauline mientras me mira
empacar mis cosas─. ¿Hice algo mal?
Dejo de doblar mi ropa, la cual apilo en una caja, para mirarla. Está
usando su bata de laboratorio sobre un par de pantalones cortos y un
suéter marrón. Llegó hablando de cuán divertida fue la jornada anti
garrapatas del campus, sus palabras muriendo en la punta de su lengua
cuando me descubrió haciendo mudanza.
─No, no se trata de ti. ─Suspiro mientras me dirijo al sitio en el que está.
Cuando me sitúo frente a ella, coloco mis manos en sus hombros─. Se trata
de mí. Necesito espacio. Eres agradable y tu nueva compañera será feliz de
tenerte, pero necesito un lugar que solo sea para mí. ─Esa es mi excusa
ante ella para mi partida─. Aunque no vivamos juntas, seguiremos siendo
amigas, Pauline.
Tristemente, afirma mientras arrastra sus pies hacia mi cama y me ayuda a
terminar de meter mi ropa en una de las tres cajas de cartón sobre esta, lo
único que me falta para irme. Ya todas mis otras cosas, adornos y muebles,
están en la maletera y el asiento trasero de mi auto. Esto es lo único que
queda de mí aquí. Estamos a medio semestre, pero siento como si hubiera
vivido una eternidad entre estas paredes. Mientras me ocupo de un vestido,
su voz nuevamente llena mis oídos.
─¿Es por Tanner, Sav?
Me congelo, la tela deslizándose de mis dedos mientras alzo la mirada para
verla. Mi frente se arruga cuando me recompongo.
─¿Por Tanner? ─Ella afirma─. ¿Qué quieres decir?
Sus mejillas se sonrojan.
─Por todo el tiempo que pasamos juntos aquí. Nunca he llegado a
considerar que pudiera molestarte, pero ahora que lo pienso... Dios, él
prácticamente vive aquí. Se supone que este es nuestro sitio. Yo también
estaría molesta de ser tú. No te he respetado. ─Sus ojos se llenan de
lágrimas─. Lo siento, Savannah. Debí haberme dado cuenta. Por favor, no
te vayas. No quiero tener que compartir mi espacio con una completa
extraña. Lo solucionaré. Le diré a Tanner que no venga tanto y, de todas
maneras, está cerca de terminar. Ya no tendrá por qué estar aquí.
─Pauline... ─susurro─. No hay nada que solucionar. Así no tuvieras novio,
querría estar sola para dibujar. No se trata de ti. Compartir habitación fue
un error. Como artista, ansío espacio. Seguiremos viéndonos. ─La abrazo
cuando se acerca y me rodea con sus brazos, sintiéndome mal por no
sentirme tan mal como debería por esto─. Lo prometo. Eres la única amiga
que he tenido que secretamente no me odia.
Eso es cierto. En la secundaria fui parte de las chicas populares. Las
personas querían estar conmigo por lo que representaba, no por lo que era,
y estaba acostumbrada a los juegos de envidia, apuñalamientos por la
espalda y a la hipocresía. Aún lo estoy. Es lo que soy. Aunque Pauline lo
haga ver posible, no sé cómo una persona puede vivir sin sucumbir a ello.
Para mí es tan esencial como respirar. Si una bonita modelo se toma una
fotografía con un nuevo vestido o bolso que causa revuelo, lo envidias
antes de quererlo e ir por ello. Así es como funciona para mí. No significa
que sea una mala persona, pero sé que tampoco soy la mejor.
No como ella.
Probablemente eso es a lo que se refería Tanner en la playa.
Eso es lo que nos diferencia, la esencia superficial de la que no puedo
deshacerme porque es como soy, además de otras cosas. Pauline, por
ejemplo, me está escogiendo en estos momentos por encima de él, algo que
yo no he hecho hasta ahora. Si me quedo, seguiría siendo mala y egoísta.
Para ellos. Para mí. Lo mejor que puedo hacer por todos en estos
momentos es finalmente escogerla y a mí misma y establecer distancia. Mi
ex compañera de dormitorio separa los labios para replicar, pero el sonido
de la puerta abriéndose la detiene. Debido a su olor, a jabón, detergente de
ropa y loción de afeitado, sé quién es antes de que se posicione entre
nosotras, puesto que me encontraba de espaldas a la puerta. Frunce el
ceño hacia mis cajas, actuando como si no tuviera ni idea de lo que está
sucediendo cuando él lo propició.
─¿Estás mudándote?
─Sí ─respondo con los dientes apretados mientras meto mi vestido, la
última prenda, en su lugar.
─¿Necesitas ayuda?
Alzo las cejas.
─No.
─Sí ─responde al mismo tiempo Pauline, dándole una de mis cajas─. Es lo
menos que podemos hacer por ti, Savannah, ya que te echamos. Tanner.
─Lo mira─. Ayúdala a mudarse, por favor. No quiero que además de
tenerse que mudar por lo mal compañera que he sido, tenga algún
accidente por el peso.
Con los ojos en blanco, observo cómo se esconde en el baño para llorar a
pesar de mi explicación. Si hubiera sabido que su reacción sería tan
exagerada, habría hecho esto más rápido para acabar antes de que llegara.
Aunque quería evitarlo, ni siquiera mirarlo, soy forzada a hacerlo cuando
toma las tres cajas que quedan y las apila sobre sus brazos, cargando con
ellas como si no pesaran. Me enfoco en sus ojos oscuros por encima de
ellas. Está usando un sencillo suéter negro sobre una camisa blanca y
vaqueros, por lo que no debió haber tenido entrenamiento el día de hoy.
─No tienes que hacer nada.
Su mandíbula está apretada al momento en el que habla, la línea de su
mentón tan marcada que sería muy fácil para mí dibujarla.
─Es lo menos que podemos hacer ─se burla en voz baja, causando que el
enojo predomine en mí y me dé la vuelta para tomar mi bolso e irme. Me
detengo al escuchar los sollozos de Pauline en el baño, pero salgo de mi
antiguo dormitorio sabiendo que es lo mejor para ambas. Tanner me
alcanza cuando llegamos al ascensor─. No podías hacer esto sin romper su
corazón, ¿no?
Pateo la puerta metálica del ascensor antes de verlo, mis manos en los
bolsillos de mi chaqueta de cuero blanco. Por fortuna estoy usando botas
con un tacón no tan alto y grueso. De lo contrario habría dolido. Quiero
gritar. De verdad. Gritar tan alto que después me quede sin voz. Tanner no
solo se metió con mi compañera de dormitorio luego de follarme, creando
esta obsesión en mí de obtenerlo, sino que también me obligó a renunciar a
un sitio en el que me sentía cómoda y feliz antes de que él llegara. No es
nadie para criticarme por herir los sentimientos de Pauline por ello.
No cuando él me obligó.
Al momento en el que sus ojos se cruzan con los míos en medio del pasillo,
no tengo palabras para expresar de manera resumida todo lo que siento
hacia él, hacia este desastre, así que suelto lo primero que se me viene a la
mente.
Lo que me hace sentir mejor.
─Vete a la mierda.
Sus labios se entreabren, la sorpresa superando su enojo, al escucharme.
Por un segundo, antes de que su frente arrugada reaparezca, incluso luce
divertido. Ni siquiera espero una respuesta. Entro en el ascensor cuando
las puertas metálicas de este se abren. Tanner me sigue. Descendemos en
un silencio tenso. Por fortuna también caminamos hacia mi auto sin decir
una palabra, el cual se encuentra estacionado frente al edificio. Ya que mi
asiento trasero y mi cajuela están sin espacio, abro la puerta de mi asiento
copiloto. Él lo toma como una invitación, entrando en él en lugar de
limitarse a dejar las cajas en su lugar.
Me cruzo de brazos.
─Bájate.
Él niega, su tono nuevamente burlón.
─Si tienes un accidente durante la mudanza, Pauline llorará por dos
semanas seguidas en lugar de una. ─Gira el rostro para mirarme,
resentimiento e ira en su expresión─. Terminemos con esto de una maldita
vez, Savannah. Mientras más rápido arranques la curita de nosotros en tu
vida, menos durará el dolor.
─La curita ya ha sido arrancada. Me voy a mudar.
Afirma, mechones de su cabello negro interponiéndose en su frente.
─¿Eso significa que no nos odiarás cada vez que tengas que hacer un
nuevo viaje para subir tus cosas? ─pregunta, a lo que mi resistencia titubea
debido a que ya los odié suficientes veces el día de hoy mientras las bajaba.
Su expresión usualmente dura se suaviza─. Déjame hacer esto por ti,
Savannah. De cierta forma, te mudas por mi culpa. Considéralo mi manera
de agradecerte por actuar de la manera correcta. Después de esto ya no
tenemos por qué volver a vernos, ni tú a Pauline.
Aunque nunca ha admitido en voz alta que estuvimos juntos la noche que
conoció a Pauline, esto es lo más parecido a una aceptación y a una
disculpa por todos los daños ocasionados que he obtenido de su parte. Algo
dentro de mí dice que no se bajará aún si se lo ruego de rodillas, por lo que
cierro la puerta de mi auto con un suspiro derrotado. Lo rodeo y entro en
él. Aunque me muero por hacerlo, no enciendo la radio. Estamos a solo
cinco minutos de mi nuevo hogar junto al campo de fútbol. Tanner aprieta
la mandíbula cuando lo nota, pero no dice nada al respecto. Me
sorprende. Esperaba otra acusación de acoso.
─¿Qué piso es? ─pregunta cuando entramos, ambos con las manos llenas
de tal manera que solo podría tomarnos dos viajes llevarlo todo a mi nuevo
lugar, lo que verdaderamente me alivia.
─El último. El séptimo.
Tras escucharme, se las arregla para inclinarse y pulsar el botón debido a
que yo no puedo por estar llevando una caja con mi nueva Mac y mis
materiales de dibujo. Memoricé la dirección, por lo que me dirijo a la
puerta al final del pasillo, cuyas ventanas seguro dan con la cancha en la
que Tanner entrena casi todos los días, y toco con mi cabeza, prefiriendo
una contusión a tenerle que pedir el favor a mi acompañante. Un chico sin
camisa me abre. Su mano está apoyada en el marco de la puerta, por lo que
los vellos oscuros en su axila son visibles. Es delgado y tiene barba. Sus
vaqueros están holgados. Hay tatuajes cubriendo sus hombros y pecho. Si
no conociera a Tanner, sería mi definición de chico malo.
─Hola, soy Savannah, la nueva compañera de Anahí.
Aunque sus cejas se juntan, se hace a un lado para dejarme pasar. Anahí no
está, pero sus cosas sí. Suelto el aire que mis pulmones habían estado
reteniendo, aliviada. Había temido que la consejera se hubiese equivocado
y me hubiese mandado a dormir con un chico. Además de verse como si el
sitio necesitara una urgente limpieza, no hay nada de lo que esperé
encontrar tras la advertencia de la señora Brown. No un laboratorio de
metanfetaminas. No un estudio de grabación porno.
─Mi nombre es Hans ─dice, ignorando a Tanner como si se tratara de una
mosca y no del capitán del equipo de fútbol, una celebridad en el campus─.
Anahí fue un momento al supermercado. Su cama es esa. ─Señala la que no
se encuentra cerca de la ventana, lo cual es bueno. Amo la luz natural.
También me alegra ver que mi cama no luce como si hubiera sido usada
con anterioridad. Aun así cambiaré sus sábanas. Cuando me doy la vuelta,
topándome con los oscuros ojos de Tanner y los azules de Hans, este último
se encoje de hombros con actitud despreocupada. Tanner, sin embargo, se
ve repentinamente tenso e incómodo─. Si quieres puedo ayudarte a subir
tus cosas.
Afirmo, feliz de no tener que volver a hacer otro viaje con Tanner.
─Sí, por favor. ─Recibir la ayuda de un extraño suena como arrancar la
curita más rápido. Le sonrío─. ¿Podrías esperar a que termine de
desempacar esto primero? Estoy algo cansada para ir por el resto en este
momento ─miento, deseando que alguien tome la indirecta y se marche
ahora mismo de mi nueva habitación.
De mi vida.
Hans se encoje de hombros después de meterse en una camiseta arrugada
de Queens que recoge del suelo.
─Claro, nena, ¿por qué no? ─responde antes de dirigirse a nuestro balcón
techado, dónde planeo poner mi escritorio si a Anahí no le molesta, y
encender un cigarrillo.
Ignorando el picor de molestia que me produce el hecho de que fume dentro
de nuestro dormitorio, lo que está prohibido, me concentro en Tanner. Él ha
dejado mis cosas junto al armario y ya no solo se ve tenso, sino al borde
del colapso.
─Savannah ─dice, inclinándose hacia adelante mientras mueve su brazo
hacia un lado─. Puedo hacer dos malditos viajes para subir tu mierda. No
me importa hacerlo. En serio que no.
Ya que ya no tengo nada que perder, perdí a Pauline y a la habitación que
yo misma había decorado a mi gusto durante semanas, opto por ser
sincera. Tan sincera como no lo he sido desde el día en el que nací, ni
siquiera desde Tanner. Me acerco a la puerta y la abro para él, reacia a
sucumbir a las ganas de llorar por lo mucho que odio estar aquí, con Hans
el raro en un dormitorio sucio y descuidado, pero más por el hecho de que
prefiera eso a seguir aguantándolo tan cerca de mí.
─No, Tanner, ya arranqué la curita.
Y el dolor es rápido, pero intenso.
─Savannah...
Mis ojos se llenan de agua.
─Vete, por favor.
─Mierda. ─Patea la cama de Anahí, lo que capta la atención de Hans. Él
no se involucra, sin embargo, regresando su vista al campo de fútbol─.
¿Qué fue lo que hice para que terminaras así? ¿Qué maldito mensaje
equivocado te envié?
─Ninguno, Tanner, no hiciste nada.
Y es verdad.
Todo lo hice yo.
Yo me ilusioné.
Yo no le dije a Pauline la verdad cuando debí hacerlo.
Yo me obsesioné.
─Sav. ─Su voz ahora es baja y susurrante, casi dulce─. No debí haberte
pedido que te fueras. Vuelve con Pauline. No perteneces a este chiquero. No
viviré más en campus dentro de unos meses. No tendrás que verme. Podrán
seguir siendo amigas... o lo que sea que hayan sido antes de que yo me
interpusiera. Ni siquiera tendrás que tomar tus cosas. Haré la maldita
mudanza yo solo. Mierda, llamaré al equipo para que me ayude y lo tengas
todo listo en cinco minutos. Haré el puto papeleo, pero regresa, por favor.
Niego.
La idea es tentadora, pero no puedo ponerme a mí misma nuevamente en
esa posición. Va más allá de ser masoquista. Ahora que él sabe que lo
quiero y hablamos abiertamente de ello, será mucho peor de lo que era
antes estar cerca. Mordiendo mi labio y tras barrer las lágrimas de mi
rostro, le digo algo que sé que lo hará entrar en razón también.
─Cuando te gradúes y Pauline se quede, ¿terminarás con ella?
Al oír mi pregunta, Tanner despeina su cabello con irritación.
─¿Por qué tienes que hacerlo tan complicado?
─Responde.
Mira el piso, negando antes de enfocarme de nuevo.
─No. No lo haré. La amo.
Abro aún más la puerta para él.
─Entonces vendrás y la visitarás o nos toparemos por ahí y no sabremos
cómo explicarle que no podemos estar en la misma habitación. Ninguno de
los tres merece eso. ─Sus hombros se hunden con derrota al escucharme.
Finalmente me rodea para regresar al pasillo─. Adiós. Gracias por
arruinar mi vida, Tanner Reed.
Sin esperar una respuesta, cierro la puerta de mi nueva habitación. Al
darme la vuelta me encuentro con la expresión anonadada de Hans, sus
cejas desordenadas y oscuras arriba.
─Mierda, ¿cuántas veces se folla con alguien para tener ese tipo de
conversaciones? ─pregunta mientras deja caer las cenizas en el suelo─.
Dímelo para jodidamente parar antes.
Me encojo de hombros.
─A veces solo una vez.
A veces ninguna.
A veces muchas.
A estas alturas, dudo que no me hubiera gustado si lo hubiera visto
después, sino hubiera estado con él en lo absoluto.
Hola, espero que el capítulo les haya gustado y les haya ayudado a
empezar a comprender más los sentimientos de los personajes. No
saben lo difícil que es escribir esta historia sin tener el punto de vista de
Tanner. Es más fácil de entender cuando estamos en la piel del
personaje que llamamos idiota, pero bueno, todo a su tiempo
¿Creen que Sav hizo lo correcto yendo a otro sitio?
Capítulo dedicado a: philarika
Siguiente a la que + comente
Love u
No olviden seguirme en Instagram y en Twitter como oscaryarroyo
Capítulo 8:
Capítulo 8:
20.5K 2.9K 2.6K
por OscaryArroyo
A la mañana siguiente me levanto y actúo como si la noche anterior no
hubiera sucedido. Como si Tanner Reed no siguiera desnudo en mi cama.
Tras echarle un último vistazo al anuncio de Calvin Klein que parece, boca
abajo, abrazándose a una de mis almohadas, la manta con la que lo cubrí
anoche dejando ver sus entradas y una porción de su trasero, me sumerjo en
el interior de mi armario y le envío un mensaje a la asistente que comparto
con otros arquitectos para cancelar mis compromisos de la mañana, puesto
que debo deshacerme de él antes de salir de casa. Selecciono un conjunto
deportivo negro, un par de zapatillas Nike del mismo color y me dirijo al
baño. Me cambio y aseo, amarrando mi cabello en una apretada coleta en la
cima de mi cabeza. Tomo una botella de agua de limón de la cocina antes de
encender algunos inciensos de canela y sentarme en el centro de la sala,
sobre una colchoneta azul, rodeada de humo mientras hago mi rutina diaria
de yoga. Ya que he tenido mucho trabajo últimamente, tengo casi una
semana sin ir al gimnasio y entrenando desde casa cada vez que puedo.
Tenía planeado hacer algo de zumba hoy, pero yoga es lo que necesito para
deshacerme del estrés que todo esto me ha generado.
Estoy en mi postura de media cobra, aliviando los músculos de mis
costados y muslos, cuando escucho el sonido de pasos acercándose. Sin
perder todo mi trabajo, extiendo una de mis manos para finalmente poder
subirle volumen a mi estéreo.
─Tu ropa está en la secadora ─le digo mientras paso de media cobra a perro
hacia arriba, deshaciendo la flexión de mis brazos.
Tras unos segundos de tensión y relajación en ella, me dejo caer
suavemente hacia abajo, pasando por media cobra hasta llegar a besar el
suelo, y flexiono mis piernas para quedarme un rato doblada sobre mí
misma en la postura del niño, mi abdomen contra mis mulos y mis brazos
extendidos hacia arriba.
─¿Qué mierda se supone que haces? ─pregunta Tanner por encima de mí, la
suela de sus zapatos siéndome visible por el rabillo del ojo, por lo que ya
debe haberse vestido.
─Yoga.
─Eso lo sé, Savannah, no soy idiota, ¿pero por qué ahora?
Casi escucho la desesperación y el malhumor en su voz arrogante. Sonrío,
pero debido a que mi cabeza está presionada contra el suelo y mis brazos la
ocultan, no puede verlo.
─El hecho de que no te haya echado a patadas ayer, como debió haber
sucedido, no significa que vaya alterar toda mi vida por ti. ─El amarte no
significa que mi mundo se haya detenido, es lo que realmente me muero por
decirle, porque ha encontrado la manera de seguir girando a pesar del
dolor, lo que deberías hacer tú con Pauline─. Como perdí mi mañana en la
oficina, decidí hacer yoga mientras despertabas y aprovechar que estás aquí
para enseñarte lo que llevo del ático. Si quieres café, puedes servirte en la
cocina. También tengo cereal de oreos e ingredientes para cualquier tipo de
sándwich que conozcas. Aspirinas en la cestita del baño.
Tras hablar y escucharlo dirigirse a la cafetera con un gruñido, me
incorporo mientras inhalo y exhalo con profundidad. Saludo a mis vecinos
cuando los encuentro mirando casualmente hacia mí desde el otro edificio.
Estaría asustada si no fueran una adorable pareja gay que suelo encontrarme
en la tienda y que me piden consejos de decoración. Enrollo mi colchoneta
antes de ponerme de pie sintiéndome más flexible, liviana y poderosa.
Consciente y en control de cada curva y atributo de mi cuerpo. Ese es un
efecto favorecedor del yoga que no muchas instructoras mencionan. La dejo
sobre el mueble de cuero blanco en mi sala antes de dirigirme a la cocina, la
cual no luce tan grande con Tanner encorvado sobre ella sirviéndose café.
No lleva puesto su abrigo, el cual no lavé, sino la camisa negra y pantalones
oscuros que traía debajo. No puedo evitar detenerme junto a la encimera
para obtener un vistazo completo. Mi estudio se caracteriza por ser blanco y
estar colmado de luz natural y artificial. Decir que resalta aquí es un
eufemismo. Es como un punto oscuro en un lienzo en blanco.
Ignorando la manera en la que mi cuerpo ruega presionarse contra el suyo,
abro la nevera y saco lo necesario para preparar sándwiches de jamón de
pavo y queso chédar. Tanner finalmente se da la vuelta, sus brazos
entrecruzados sobre su pecho, con una taza de café en la mano cuando
pongo los ingredientes en la encimera y me lavo las manos para prepararlos.
Niega cuando alzo la mostaza para preguntarle si quiere en el suyo.
Sintiendo sus ojos oscuros en mí en todo momento, nos sirvo dos a cada
uno junto con jugo de naranja y algunas frutas. Reviso las noticias en mi
tablet mientras como, en lo absoluto esperándolo. Al darse cuenta de que no
seré yo quien empiece la conversación, suspira y se sienta en el banquillo
para quedar frente a mí.
─Sobre lo de anoche... no tenías que hacerlo. Ya estaba jodido cuando llegó
tu mensaje. Ni siquiera sé por qué terminé aquí, pero no tenías que
cuidarme o dejar que me quedara aquí. ─Ahora su mirada está en todas
partes menos en mí─. Me hubiera sentido mejor conmigo mismo si me
hubieras llamado un taxi.
Termino de tragar antes de responder.
─Lo intenté.
Él afirma, sus puños apretados.
Supongo que esta es su manera de mostrarse avergonzado.
─Lo sé. Eso lo recuerdo. Lo que no recuerdo es qué pasó cuando llegaste.
Sé que vomite, me di un baño y por alguna razón bebí chocolate caliente,
algo que no he hecho desde que era un adolescente, pero no sé cómo pasó.
─Apoya sus codos en la mesa y se pasa las palmas por el rostro, jadeando
debido al estrés que esta situación le genera a alguien como él─.
¿Nosotros...?
El deja vú es tan fuerte que niego apenas lo insinúa.
Por lo visto a Tanner no le impresiona la idea de haberme olvidado, puesto
que en teoría ya lo hizo una vez.
─No.
Su pecho desciende con alivio.
─Mierda, Sav, lo siento. ─Realmente está afligido por esto. Lo sé porque su
voz perdió el toque déspota que la caracteriza. Aun así no dejo de fingir
estar más interesada en las noticias. No puedo dejarlo ver lo mucho que su
malestar me importa─. Si pudiera retroceder en el tiempo y...
Si yo pudiera retroceder en el tiempo, no habría ido a su fraternidad. No
hubiera salido esa noche de fiesta. Habría estudiado arquitectura en
Columbia para jamás conocerlo a él o a Pauline. No habría perdido mi
virginidad a los trece con el capitán del equipo de voleibol de mi escuela.
No habría roto el florero favorito de mi madre a los diez años, jugando con
mi vecina, lo cual continúa reprochándome.
Retroceder en el tiempo no es posible.
Si pudiera hacerse, ya lo habría hecho solo para no conocerlo.
─Pero no puedes ─lo corto─. Viniste aquí. Te quedaste aquí. Nada pasó.
Trata de superarlo, Tanner, ya que yo ya lo hice. No somos niños. Tenemos
cosas más importantes en las que pensar. Si realmente te sientes
mortificado, no me hagas perder más el tiempo. Come y prepárate para
darme tu opinión de mis bocetos.
Tras hablar, continúo leyendo el portal de BBC y comiendo. Tanner capta el
mensaje. Luego percibo el movimiento de sus manos y la inclinación de su
cuerpo sin tener que alzar la cabeza de mi tablet. Poco después veo cómo su
sándwich es devuelto al plato con un mordisco que posteriormente se
convierten en varios hasta que desaparece, también su compañero. Cuando
termino llevo mi plato hasta el fregadero y lo limpio. Me quito el exceso de
agua de las manos pasándolas por encima de mi pantalón de deporte.
Cuando me aseguro de que están secas, me dirijo a mi escritorio y tomo los
planos que hice para Tanner, sorprendiéndome de hallar todo exactamente
como lo dejé ayer. Ni siquiera le había dirigido una mirada a mi sitio de
trabajo por miedo a que en su estado de ayer hubiera destruido algo, pero no
lo hizo.
─Tenía miedo ─le digo levantando una hoja con mis diseños hacia él,
girando levemente el rostro para verlo levantándose y yendo al fregadero
con su plato sucio. También se encarga de poner todo de regreso a su
lugar─. Cuando te dejé, pensé que todo esto estaría hecho un desastre para
cuando volviera.
No es hasta se encuentra junto a mí que responde.
─Supongo que incluso estando borracho como una cuba recordé lo mucho
que odias que se acerquen a tus dibujos.
Mis mejillas se sonrojan, los recuerdos viniendo a mi mente.
Una llamada desesperada.
Todos mis bocetos arruinados.
Fue uno de mis más vergonzosos dramas, en este caso justificado, por lo
que no me sorprende que lo haga. Aunque nunca se confirmó, toda la
Universidad de Texas terminó por enterarse de lo que pasó. Incluso mis
padres, quienes vinieron de Houston por ello, y aparecí en el periódico
estudiantil, pero no lo hice sola.
─Tendrías que buscar a alguien más para remodelar tu ático de haberlo
hecho, al igual que tu alma habría tenido que buscar otro cuerpo para vivir
porque este ya estaría muerto. ─Coloco mis diseños, uno encima del otro,
sobre un caballete de madera. El primero es el de la cocina, puesto que
sirvió de inspiración para todos los demás─. ¿Qué te parece? ─le pregunto
pasados los segundos de que se acerca para mirarlos por sí mismo,
levantando hoja tras hoja para obtener un vistazo de los demás elementos
del piso inferior: la sala, el comedor y una habitación de recreación con una
mesa de pool y una pantalla de cine.
Tanner se toma su tiempo para contestar. Probablemente el doble de lo que
me tomó a mí hacer la pregunta. Cuando lo hace, sin embargo, la molestia
en mis manos y brazos vale la pena. No es solo su voz, sino su mirada.
Genuinamente le gustó, no, le encantó. No lo culpo. Es uno de mis mejores
trabajos. Una fina línea que equilibra la elegancia, la masculinidad y la
calidez.
─Cumple con mis expectativas ─suelta, su tono condescendiente de
regreso. Este no me engaña. Sé que quedó fascinado con mi trabajo─.
Incluso las sobrepasa. ─Contengo el impulso de celebrar, puesto que sé que
los cumplidos no son lo suyo y que si lo dice es porque realmente lo siente
así─. ¿Cuándo crees que puedas empezar a trabajar en ello? El dinero no es
un problema.
La emoción crece dentro de mí. Si hay algo que amo tanto como dibujar,
crear, es ver como lo que hice cobra vida ante mis ojos.
─Lo sé, pero tengo algunos compromisos que atender esta semana.
Podríamos empezar la siguiente sin problema alguno. Ya estaría más libre y
le podría dedicar el tiempo que merece. ─Le ofrezco una sonrisa que se
debe a mi trabajo, no a él, la cual se desvanece al recordar las preguntas que
tengo que hacerle para el segundo piso─. Tanner, en lo que respecta a la
segunda planta, ¿cuántas habitaciones quieres que tenga? Quiero hacer
espacio para un gimnasio porque recuerdo que pediste uno en el diseño de
tu casa, pero eso le quitaría espacio a las otras habitaciones. No me dijiste si
el edificio cuenta con uno o si...
─Una habitación, para mí, una habitación en blanco, mi oficina y un
gimnasio ─responde, cortándome mientras se acerca a uno de mis
ventanales como hizo ayer─. No estoy esperando visitas.
─¿Una habitación en blanco... para qué?
Se encoje de hombros.
─No para que alguien viva ahí. Quizás para un estudio, pero no me he
decidido todavía. Mientras lo hago, déjala en blanco. Lo único que necesito
que tenga es una ventana amplia.
─¿Un ventanal?
Niega.
─No, nada para los jodidos pervertidos.
Pongo los ojos en blanco.
─Es un penthouse, Tanner. Nadie puede verte.
─¿Ni con un telescopio?
─No ─miento, puesto que no tengo ni idea de si pueden, pero pensar que sí
es una exageración.
Él hace un sonido de chasquido con la lengua.
─No me interesa. No quiero una pared de vidrio en esa habitación. Solo una
ventana grande y... quizás una plataforma en el suelo frente a ella. Una
desnivelación de un escalón. Paredes blancas.
Afirmo, tomando mi blog y escribiéndolo.
También trago.
Si solo quiere una habitación, eso significa que no es un lugar para niños.
Eso junto al hecho de que mis bocetos estuvieron inspirados en él, no en
una familia, me confirman la idea que ya tenía de que se trata de un sitio
aislado a su matrimonio. Aun así, no pregunto. En este caso, mi
profesionalismo no me lo permite.
─¿Algún otro deseo?
Lo piensa por un momento, pero eventualmente niega.
─No, solo eso. Todo siguiendo el mismo estilo que llevas.
─Eso es todo. ─Dejo mi blog sobre el escritorio─. Terminamos.
Sus cejas se alzan mientras se extiende para tomar su abrigo en un perchero
cercano a él. En lugar de deslizarse en su interior, lo guinda en su brazo.
Hace calor. Es Austin. Él es la única persona que conozco que los utiliza sin
sudar como un cerdo por ello.
─Acabamos de empezar, Savannah. Estamos lejos de terminar ─dice, sus
palabras revolviendo algo dentro de mí, algo que conozco bien─. Nos
vemos el lunes a primera hora. Si quieres visitar el ático antes, puedes pasar
por mi oficina por una copia de la llave o el conserje te hará el favor. Lo
llamaré para decirle.
Aunque se dirige a la salida, no me muevo de mi lugar. Se ve cansado y
herido, pero está lejos de ser el desastre que era ayer cuando abrí mi puerta.
Suelto un suspiro de alivio, liberando el aire que mis pulmones habían
estado reteniendo, antes de tomar mi teléfono y encerrarme en el baño.
Aunque se supone que debería estar del lado de Pauline en esto, no puedo
evitar asumir que ella fue quién lo arruinó a pesar de que existe la
posibilidad de que no haya sido así, pero es que no hay otra explicación
para su conducta. Tanner siempre le dio todo de sí mismo.
Incluso lo que no era.
Como ella dijo, no dejas de amar a una persona de la noche a la mañana.
Algo sucedió. Algo que él no me dirá, pero ella... ella probablemente sí.
Sintiéndome mal por caer en la tentación, marco su número una vez pongo
a llenar la tina para un baño.
─¿Savannah? ─responde casi al instante─. ¿Cómo estás?
─Bien, gracias, ¿tú?
Mientras hablo, me quito la ropa y sumerjo mi pie desnudo en el agua,
probando la temperatura de esta antes de entrar en ella.
─Bien.
A pesar de su respuesta, escucho como sorbe por la nariz.
Suelto un suspiro.
─Lamento no haber respondido las veces que me llamaste. ─La verdad no
lo hago. Quería ir conmigo a comprar lencería y la verdad estoy harta de
decirle lo que debe o no hacer para mantener su matrimonio─. Estaba
ocupada, Pauline. Lo siento.
─Lo entiendo.
Tomo una honda bocanada de aire, apretando los dedos de mis pies y mi
iPhone más fuertemente contra mi oreja, también cerrando con fuerza mis
ojos entre sí, antes de continuar.
─Para compensarte, hoy tengo la tarde libre y quería saber si podíamos ir de
compras. Necesito un conjunto especial para la próxima semana. ─Eso es
cierto. El lunes también me reuniré con el dueño del club al que fui anoche
para hablar de su nuevo bar deportivo─. ¿Me perdonas? ─insisto─. Invito
yo.
Aunque se hace rogar en silencio por unos segundos más, cede.
─Sí. Estoy lista a las dos.
─Bien. Paso por ti a esa hora.
Sintiéndome como la peor arpía, cuelgo.
*****
Si soy honesta conmigo misma, a veces ni siquiera sé la razón por la que
sigo siendo amiga de Pauline. Es dulce y amable, como siempre, pero con
el pasar de los años esa dulzura y esa amabilidad se han transformado en un
picor por debajo de mi piel. A excepción de hoy, ya ni siquiera la llamo.
Ella es quién me llama para invitarme a las fiestas que organiza para
Tanner, a las cuales tengo que asistir porque es allí donde conozco a más de
la mitad de mis clientes, o para pedirme ayuda. Nada nunca es sobre
nosotras dos. Él siempre tiene que estar involucrado y no debido a mí. Esta
sería la primera vez que saco provecho de ello.
Cuando son la una y media me visto, tomando un sencillo vestido negro de
mi armario, un par de sandalias de tiras de terciopelo con tacón y un bolso
de cuero. A las dos en punto estoy estacionada frente a su casa en Travis
Country. Su chófer y mayordomo se encuentra lavando su Cadillac en el
patio delantera de esta, por lo que no me bajo de mi auto o llamo a Pauline
para avisarle que estoy aquí. Tampoco lo hago porque el hombre por alguna
razón me odia.
Lo supe desde que una vez, cuando trabajaba en terminar la casa, derramó
una bandeja de jugo sobre mis notas. Intencionalmente, puesto que dijo
haberse tropezado con sus cordones cuando su jefe le pidió una explicación,
lo cual no pensó que sucedería, y en ese momento no traía zapatos con
ellos. Tanner amenazó con despedirlo, él también se dio cuenta, pero lo dejó
pasar cuando le dije que tenía copias en la oficina. Desde entonces ha sido
reservado al respecto, pero es más obvio que mi amor por su jefe.
─Justo a tiempo, Sav ─suelta Pauline mientras entra, una sonrisa en su
rostro a pesar de la evidente inflamación alrededor de sus ojos marrones─.
He estado esperando todo el día por ti. Las dos de la tarde no parecían
llegar lo suficientemente rápido.
─Qué dulce.
También le sonrío, pero la sonrisa muere cuando le echo un vistazo al ya
estar en la autopista. Parpadeo. Lleva una sudadera con capucha y un par de
vaqueros azules. Zapatillas. No está, en lo absoluto, vestida como
usualmente se ve. Su estilo no es precisamente el del centro comercial al
que solemos ir de compras. Hay tiendas costosas que afortunadamente
puedo disfrutar debido a mi trabajo y ella debido a Tanner. Pauline es
insegura con respecto a la opinión de la gente rica, puesto que a pesar de
que sus padres son adinerados, es una chica de campo, por lo que
usualmente suele esforzarse el doble para encajar en su nuevo círculo de
amistades y conocidos desde que se casó. No entiendo qué hace vestida así.
Al sentir mis ojos en ella, asciende su mirada a mí.
─Necesito un favor, Savannah.
Escuchar mi nombre completo salir de su boca enciende las alarmas en mi
cabeza. Ella casi nunca lo hace. No a menos de que se trate de un sermón o
algo, pero esta vez no se trata de ello. Tampoco luce como si fuera a
pedirme escoger lencería por ella.
─Sí ─respondo─. Dime.
─No puedo ir al centro comercial contigo. ─Mientras habla, las lágrimas se
deslizan por su rostro─. Necesito ir a esta dirección. ─Saca un papel del
bolsillo delantero de sus pantalones y me lo tiende. Me orillo en la vía y
enciendo las luces intermitentes para leerla. Queda en una zona no tan
bonita de Austin─. Por favor, Savannah, eres la única que puede ayudarme.
Necesito ir allá y Tanner no puede enterarse. Por favor.
─¿Por qué tienes que ir a este lugar?
─Te lo contaré cuando estemos allá ─solloza.
Tras mirarla por un momento, asumiendo que su esposo no está de acuerdo
con esto y él no es una opción, afirmo y pongo mi vehículo en marcha.
Pauline luce genuinamente desesperada. Su mirada se llena de alivio
cuando afirmo y coloco la dirección en el GPS.
******
Mi frente se arruga cuando nos detenemos frente una pequeña clínica junto
a una gasolinera. El estacionamiento está casi vacío, por lo que
prácticamente me estaciono frente a ella. Es rosa y de un solo piso. Adentro
solo hay una sala de espera y una recepcionista tras un mostrador a la cual
Pauline le dice su nombre cuando entramos. El sitio no es tan feo por dentro
como por fuera.
─Pauline, ¿ya me dirás que hacemos aquí? ─le pregunto cuando se sienta
junto a mí, siendo nosotras las únicas dos personas a parte de la
recepcionista, las enfermeras y los doctores que se pasean de un lado a otro.
─Solo tomará un par de horas ─dice.
La preocupación me inunda.
─¿Estás enferma?
─No. Solo vine a cambiar mi DIU, pero tomará un par de horas.
Arrugo la frente.
─¿Por qué? Eres la única paciente que veo aquí.
Separa los labios para responder, pero una de las enfermeras se detiene
frente a nosotras. A diferencia de las enfermeras comunes, lleva una bata
quirúrgica sobre su uniforme.
─¿Pauline Reed? ─pregunta, a lo que la rubia asiente poniéndose de pie─.
Venga conmigo, por favor. ─Su frente se arruga al verme de pie─. ¿Su
acompañante entrará con usted?
Ella niega.
─No. ─Me mira─. Savannah, espérame aquí, por favor.
Aunque quiero protestar, Pauline se ve realmente mal, la mirada que me
ofrece la enfermera me hace saber que a menos que ella lo quiera, no soy
bienvenida. Observo mientras se da la vuelta y desaparece con ella en un
pasillo de puertas metálicas. Mi miedo crece cuando un par de mujeres, una
joven y alguien que luce como su madre, se sientan cerca de mí. La mayor
de ellas me ve y sonríe con tristeza mientras abraza a la que supongo que es
su hija, puesto que comparten el mismo cabello rojo y facciones.
─No puedo permitir que esto arruine su vida.
─¿Esto? ─pregunto.
Ella afirma.
─El embrión. ─Besa la cima de la cabeza de la chica─. Tiene tantos sueños
que cumplir. Es una lástima que nadie a parte de nosotras lo entienda. Mi
hija no está preparada para ser madre.
Casi me olvido de respirar.
Retrocedo.
─Yo... ─susurro─. Suerte.
Antes de sucumbir al pánico, me acerco al mostrador. La chica con gafas
tras él me ofrece una sonrisa amigable y cálida.
─¿En qué puedo ayudarte?
─Me gustaría saber si hay algún médico aquí que pudiera ayudarme con mi
control de natalidad. ─Su boca se abre, pero la interrumpo para ser más
específica─. Antes de estar embarazada.
Viéndose confundida, niega.
─No, lo siento, aquí solo trabajamos después de que sucede.
Afirmo. Mientras me doy la vuelta tomo mi teléfono de bolso y lo golpeo
varias veces contra mi palma, debatiéndome si debería o no llamar a
Tanner, la única persona a parte de Pauline a la que le concierne este asunto.
¿Pero el hecho de que no esté aquí significa que no la apoya? Aún si
estuviera en contra, ¿ella lo obedecería si le dijera que no lo hiciera?
Me hundo en la silla.
¿Esto es lo que los separó?
Debido a mi manera de pensar y a mi personalidad, no estoy en contra del
aborto, pero no sabía que ellos recurrirían a él. No lucían molestos de tener
un bebé cuando me hicieron hacer tres habitaciones en su casa para sus
futuros hijos. Mis manos empiezan a temblar mientras busco su número, me
salgo de contactos y nuevamente lo vuelvo a buscar. Lo que me obliga a
llamarlo es el hecho de no querer más secretos de este tipo en mi vida. Ya el
que tengo me destruye a diario desde hace cinco años. Él responde justo
cuando pensé que mi llamada iría al buzón de voz, el alivio de no traicionar
a Pauline deshaciéndose y el alivio de no cargar con esto sobre mis
hombros llegando.
─¿Sí?
─Tanner ─susurro, mi voz sonando tan desesperada como me siento─.
Pauline me pidió que la trajera a una clínica. Yo... yo no sabía qué tipo de
clínica era y no... no sé qué hacer. Esto es algo que ella nunca haría. De
verdad no sé qué hacer. ¿Y si algo malo le sucede? ¿Qué hago? Es mi
responsabilidad. Yo la traje.
Confirmo su conocimiento sobre esto cuando me responde sin preguntarme
de qué demonios estoy hablando.
─Déjala. Es su maldito cuerpo. La opinión de un hombre no importa en esta
mierda ─sisea con lo que reconozco como ira, pero un nivel de ira que
jamás había oído en su voz, una ira asesina que me estremece─. Y no te
preocupes tanto por ella, Savannah, no es como si fuera la primera maldita
vez.
Sin decir nada más, cuelga.
Tras guardar mi teléfono de regreso en el bolso, me levanto con piernas
temblorosas, deseando que Pauline al menos me hubiera contado lo que
pretendía hacer cuando llegamos, así podría enviarla al infierno de una vez.
No por ella, sino por arrastrarme a esta posición. Aun así, a lo mucho que
estoy odiándola en estos momentos, me acerco nuevamente a la chica del
mostrador.
─Mi amiga me trajo aquí sin decirme qué iba a hacer ─susurro, lo que hace
que su expresión molesta por ser nuevamente interrumpida se desvanezca─.
Acabo de enterarme y necesito acompañarla. Por favor. Ella... no quería
decirme, pero ya lo sé y no puedo dejarla sola. Se alegrará de verme. Lo
juro.
Tras dudar por un momento, se levanta y me hace una seña para que la siga
por el mismo pasillo por el que desapareció Pauline hace unos minutos. Me
hace entrar en un traje similar a la enfermera antes de dejarme pasar a la
sala en la que Pauline se encuentra acostada con un cabestrillo ginecológico
separando sus piernas. Sin hacer ningún tipo de preguntas, me siento junto a
ella y tomo su mano, lo que hace que sus ojos cerrados se abran. La culpa
me invade, ¿cómo no pude darme cuenta?
Al verme, Pauline sonríe de la misma manera que lo hizo en el auto.
Desolada. Nerviosa. Asustada.
Poco a poco, también le sonrío.
Y aquí, en este frío cuarto lleno de personal médico, por la hora que dura el
procedimiento, sea cuales sean sus razones para hacerlo, que sé que no son
superficiales porque Pauline se moría por tener hijos, volvemos a ser las
chicas que éramos durante las primeras dos semanas de nuestro primer
semestre. No hay ningún hombre interponiéndose entre nosotras. Solo
somos ella y yo.
No se precipiten, no odien a nadie
Todo tiene una explicación, una razón, mis personajes no hacen las
cosas porque sí, lo que significa que traten de limitar ese tipo de
comentarios. Entiendo que es difícil a veces porque la historia no está
terminada y no obtienen respuestas lo suficientemente rápido. También
les recuerdo que mis personajes tampoco son completamente malos o
completamente buenos. Lo que más me gusta de ellos es cómo se
equivocan, se caen, se levantan y luchan. Cómo sienten y viven y no se
avergüenzan de ello
Love u
Capítulo 9:
Capítulo 9:
19.5K 2.9K 1.9K
por OscaryArroyo
Dedicado a ChrischelxArlenzo
Mi nuevo dormitorio no es tan malo. Después de organizar mis cosas y
hacerle una limpieza, dejó de lucir como el viejo depósito de un
cementerio. Anahí tampoco resultó ser tan mala como pensé que sería.
Hans se quedó luego de que Tanner se fue para presentarnos. Ambos son
estudiantes del programa de biología marina, pero Anahí también es
jugadora de voleibol. Con su cabello rojo, ojos verdes y hermosa figura, es
la típica chica mala y superficial acostumbrada a tener lo que quiera
cuando quiera. Es el tipo de persona a la que estoy acostumbrada y que sé
manejar, por lo que empecé nuestra relación de compañeras de dormitorio
regalándole un suéter dorado de lentejuelas que todavía tenía su etiqueta.
Por la sonrisa que eso trajo a su rostro fruncido ante mi presencia, fue un
excelente movimiento.
Nos entendimos al instante.
A cambio de mi presente, no se molestó cuando arrastré mi escritorio al
balcón. Anahí no pasa mucho tiempo en nuestro dormitorio debido a sus
clases de voleibol, por lo que por lo general tengo el silencio y el espacio
que necesito hasta avanzadas horas de la noche. También sale mucho con
su novio, casi como Pauline, quién es miembro del equipo de fútbol
americano de la universidad, por lo que en ocasiones ni siquiera llega. A
diferencia de mi anterior compañera, Anahí nunca lo trae aquí. Sé quién es
él, Gordon, debido a que Tanner nos invitaba y arrastraba a las fiestas del
equipo, pero afortunadamente nunca tonteé con él en ninguna fiesta.
Eso habría sido un poco bastante desagradable y repetitivo.
Mi frente se arruga mientras termino mis bocetos para un nuevo concurso.
El modelo de un nuevo edificio de ciencias para la Universidad de Texas.
La escuela de arquitectura abrió un certamen para elegirlo entre los
estudiantes. He ganado varios tanto de la universidad como de afuera, pero
si gano este sería la entrada perfecta a mi carrera como arquitecto. Me
gusta la decoración de interiores, encajo bien en ella, pero mi verdadero
sueño es dejar mi huella en la historia formando parte de la creación de
edificios emblemáticos. Sueño con que un día una familia vaya en su auto
por las calles de una ciudad y el hijo pequeño presione su mano contra el
cristal, sus labios entreabiertos con asombro, mientras mira mis planos
hechos realidad. Él le preguntaría a su madre por él y ella mencionaría mi
nombre, puesto que lo que pasé horas dibujando, o en ocasiones minutos,
dependiendo de la inspiración, resultó trascendental.
Quizás es narcisista, pero es lo que quiero.
Aunque antes lo hacía, pensando que era superficial y tonto, ahora no me
siento mal al respecto. He pasado mucho tiempo sintiéndome mal por mis
deseos y he descubierto que no tiene sentido hacerlo cuando no estás
dispuesta a cambiarlos. En lo que termino de trazar mi última línea de hoy,
mis dedos temblando debido a que he pasado todo el día haciendo
borradores, por fin me encuentro satisfecha con el resultado. Estamos en el
estado del fútbol, mi universidad es una universidad del fútbol, así que me
inspiré en los Longhorns, el equipo al que veo trabajar todos los días en el
campo durante mis pausas. Dibujé dos torres inclinadas de cristal con la
forma de cuernos, conectadas por un edificio horizontal a la lejanía, pero
sobresaliente hacia adelante cuando te acercas. Es perfecto para dejar una
huella y encontré la forma de hacerlo lucir estéticamente hermoso. Las
personas no solo dirían que es impresionante, sino que se sentirían
orgullosos.
Yo me siento orgullosa de él.
Tras observarlo un poco más, deslizo el papel entre mis dedos y lo dejo
sobre mi escritorio lleno de hojas hechas bola y materiales de dibujo.
Ahora que tengo mi idea lista, es el momento de pasar a los planos y de
preparar una maqueta, pero mis manos no pueden permitirse a sí mismas
continuar, puesto que mis dedos arden y tiemblan por el esfuerzo. Tras
soltar un suspiro, cedo a la tentación y me asomo en la ventana de mi
dormitorio.
Desde hace media hora he escuchado el revuelo de los estudiantes
agrupándose en el campo de fútbol, pero el partido no ha empezado. Aun
así están todos, menos los jugadores, presentes en el campo. La noticia ha
sido bombeada en mis oídos a lo largo del día, así que sé que se enfrentan a
los Houston Cougars, el equipo de fútbol al que apoyaría de haberme
quedado en casa para estudiar. Al que de no ser por Tanner, la verdad,
continuaría apoyando. Mis labios se curvan en una sonrisa cuando una
idea divertida pasa por mi mente. No tengo ganas de quedarme en casa,
pero tampoco tengo ganas de verlo. Si los Cougars ganan o no,
probablemente harán una fiesta o asistirán una diferente a la del grupo de
Tanner. Me gustaría estar ahí. Quizás hacer nuevos amigos con raíces en
mi ciudad natal.
Siempre he ido a los partidos de fútbol de mi universidad vistiendo de
naranja, marrón o blanco y haciendo diferentes combinaciones entre ellos,
pero esta vez tomo un top blanco sin mangas y un pantalón alto y suelto
color rojo. Hurgo entre mis pertenencias hasta encontrar un sombrero de
vaquero color sangre con un adorno dorado y con forma de estrella en el
centro. Lo conseguí en un rodeo en toples en una fiesta. Los tacones están
descartados, por lo que tomo un par de botas marrones y puntiagudas de
cuero que son requisito en el armario de toda chica texana. Una vez estoy
vestida, hago mi maquillaje con puntitos de brillo dorado en mis párpados
y alrededor de mis ojos. Convierto una cadena en un arnés alrededor de
mis pechos. Ya que hace frío, me cubro parcialmente con un abrigo rojo sin
abrochar, por lo que mi abdomen continúa visible. Por último, ondulo las
puntas de mi cabello y me limito a tomar mis llaves y mi celular.
Esta noche, así me consiga a Tanner de frente, la pasaré bien.
*****
Las gradas para los Cougars no están tan llenas. En su mayoría se
encuentran en ella estudiantes que apoyan a los Longhorns, pero no son lo
suficientemente fanáticos como para ver el juego de pie o arrojarse al suelo
en lugar de sentarse con el enemigo. Es un partido amistoso para recaudar
fondos para los orfanatos de Austin, por lo que están vendiendo entradas
para acceder al campo y recibiendo donaciones, pero eso no parece
importarle a nadie. La rivalidad entre los Cougars y los Longhorns sigue
ahí.
Son dos son buenos equipos de la primera división de la NCAA, la liga
universitaria del país. Los jugadores ya se encuentran en el campo para el
momento en el que me siento en primera fila con un refresco de lata y un
hot dog con mostaza en la mano. Mientras mastico, mi mirada se dirige al
equipo de blanco y rojo en lugar de al que usualmente miraría: el de
uniforme naranja. A pesar de que estoy yendo en contra del noventa por
ciento de los presentes, siento algunos ojos hambrientos en mí cuando el
partido empieza y me levanto para gritar tan fuerte como mis cuerdas
vocales y los músculos de mi garganta me lo permiten, mi hot dog y mi
refresco de uva todavía manteniendo mis manos ocupadas.
─¡Vamos, Cougars!
Aunque recibo abucheos, me divierto cuando uno de los integrantes del
equipo de fútbol me nota y después de unos segundos de recorrerme con la
mirada, me lanza un beso con su mano enguantada. No puedo evitar soltar
una tonta risita nerviosa tras ello, puesto que ese gesto hace que me
convierta en la chica del equipo contrario. En casi la traidora de mis
propios planos.
Se siente bien.
─¿Me ayudas a sostener esto? ─pregunta una chica rubia que baja algunos
escalones hasta detenerse junto a mí con una pancarta, la cual viste un par
de sencillos vaqueros y un suéter de lana rojo, anteojos cubriendo sus
ojos─. Mi mejor amiga no pudo venir y si me escondo tras ella no sería lo
mismo para Marcus. Mi chico necesita verme para concentrarse. ─Aunque
no necesitaba darme un argumento para que lo hiciera, su explicación es
tan adorable que me siento bien por formar parte de un gesto tan lindo en
el momento en el que tomo mi extremo de la pancarta. Me sonríe
ampliamente─. Gracias. Me llamo Abigail y de no ser porque esto es por
una buena causa, odiaría estar aquí. Es completamente injusto que tengan
que ser sometidos a tanta presión, pero supongo que eso es lo que será
para ellos una vez sean reclutados por un equipo fuera de la NCAA y
jueguen lejos de casa. ─Se encoje de hombros─. Pero lo odio mucho.
Marcus es sensible a la opinión de los demás. Se debe esforzar el doble en
partidos así. ─Hace una mueca─. Nunca pensé que diría esto, pero
realmente extraño al equipo de animadoras.
Aunque no parece una chica de fútbol, sino más bien una chica de
biblioteca, mis labios genuinamente se curvan hacia arriba, puesto que
encuentro interesante a las personas que desafían las etiquetas. Es como si
a pesar de que prefiriera pasar sus tardes leyendo romances, se haya
aprendido a la perfección cada posición, estrategia y normativa de las ligas
de fútbol americano y estuviera constantemente revisando los portales de
noticias deportivas por él. Al instante me siento identificada con ella. Eso
es lo que yo haría, ya hice, por un tiempo, pero ya no, por la persona que
quiero.
─¿Cuál es Marcus? ─le pregunto.
─Es un corredor ─responde mientras suelta un chillido de emoción, ya el
partido ha empezado, gotas de sudor deslizándose por su frente a medida
que corre el reloj.
Siguiendo la dirección de su dedo, visualizo la sección opuesta del campus
de a dónde suele encontrarse Tanner, puesto que él está en la línea ofensiva
de su equipo. Por fortuna estamos más cerca de los Cougars ofensivos que
de los Longhorns ofensivos, por lo que no tengo que verlo en ningún
momento. Identifico a Marcus y asiento hacia Abigail hasta que baja el
dedo, él es un chico alto y más atlético que robusto, pero luego mis ojos se
dirigen al mariscal de campo, al quarterback, de los Cougars. Es el mismo
que me lanzó un beso. Cuando después de unos minutos de jugadas, la
mayoría de ellas a favor del equipo de Austin, por fin el balón llega a sus
manos, Abigail y yo volvemos a levantarnos y armamos un alboroto con las
demás novias de los jugadores. El tipo es casi de la misma contextura de
Tanner. También igual de ágil. Antes de hacer la jugada me apunta con su
dedo, dedicándome el pase perfecto. Abby y yo celebramos cuando el balón
llega exitosamente a las manos de Marcus y este corre con fuerza hacia la
línea de marcación, haciendo una anotación que deja todo el campo en
silencio a excepción de 'nosotras. Su primer punto a favor. Dedicado a mí.
Grito mientras la cartulina se dobla entre nosotras. Todos nos odian en este
momento y ese odio me encanta. Acelera mi corazón y me hace sonreír
ampliamente.
─Johnson te tiene en la mira ─comenta Abigail con una risita─. Es un
buen chico. ─Pone los ojos en blanco─. Mujeriego, pero un buen chico. Es
dulce con su madre, así que cuando alguien finalmente conquiste su
corazón, será un buen partido.
No estoy buscando una relación en este momento, no cuando mi corazón
aún es un desastre, pero debido a la emoción no puedo evitar que las
comisuras de mis labios tiemblen mientras asiento. Después de la jugada
de Johnson y Marcus, el partido cambia. Los Cougars emparejan en el
marcador con algunos touchdowns del mariscal de campo, todos
nuevamente dedicados a mí. Casi me desmayo cuando ponen mi cara y la
de Abby en la pantalla de marcación después de que Johnson anota y
nuevamente cuando me señala antes de la siguiente jugada.
Y aunque es un excelente jugador, el cambio en la puntuación del partido
no solo se debe a él. Tanner, por primera vez desde que empezó a jugar
para los Longhorns, ha dejado pasar varios pases y perdido múltiples
anotaciones, lo que tiene a su bancada confundida. Él nunca falla. Nunca
se equivoca. Es un dios del fútbol americano. Aunque una parte de mí está
feliz por eso, no puedo evitar sentirme preocupada por él. No está siendo él
mismo esta noche.
El balón prácticamente se desliza de sus dedos.
Me fuerzo a dejar ese sentimiento de lado cuando, tras el medio tiempo,
Johnson me señala nuevamente antes de hacer el touchdown que lleva el
marcador treinta y tres a veintiocho a favor del equipo de Austin. Abby y yo
nos abrazamos esta vez, lo que ocasiona que se derrame el contenido de
nuestras cervezas mientras saltamos y que nos llenemos de ella, pero no
importa.
Los Cougars van ganando.
Y ganan.
Aplastante y en contra de todo pronóstico, con todas las personas a su
alrededor odiándolos y abucheándolos, lo hacen.
Y sin poder evitarlo, mis ojos se dirigen a Tanner al otro lado del campo. Él
se quita el casco. Tras arrojarlo sobre el césped, despeina su cabello casi
con desesperación. Pauline lo alcanza y le dice cosas, cubierta con su
camisa de los Longhorns, pero él niega y sigue a sus compañeros hacia los
vestuarios. Abigail corre con la pancarta hasta alcanzar a Marcus en
medio del campo y saltar a sus brazos, él sosteniéndola mientras giran, por
lo que a los segundos de la victoria me encuentro sola. Con las manos
metidas en los bolsillos, me dirijo a la salida que lleva prácticamente a mi
edificio, pero es una de las menos concurridas. Aunque varios chicos de
ambos equipos me invitan a continuar disfrutando de la noche con ellos, me
niego cuando me entero de que por alguna razón ambos equipos planean
festejar junto al comité de recaudación de las donaciones en la fraternidad
de Tanner. Ahora que no tengo por qué soportarlos a él y a Pauline, no lo
escogeré voluntariamente. Aunque todavía duele, la verdad es que soy más
feliz siendo libre de ellos. Quiero ir a casa y dormir.
Mientras camino hacia mi portal, sin embargo, una mano alcanza la mía y
me obliga a darme la vuelta con un estremecimiento. Las personas
transitan por la calle del campus frente a mí, pero ninguno de ellos está
prestándonos atención. Él ya no trae el uniforme del equipo, sino un par de
vaqueros oscuros y un sencillo polo azul, colores que solo hacen que su
palidez fantasmal destaque. Con las llaves en la mano, arrugo la frente
cuando extiende su brazo para tocar mi sombrero con una sonrisa cínica.
─Me alegra que por fin te hayas dado cuenta de lo que somos.
Enemigos.
Tras hacer una mueca, suelto un suspiro mientras me cruzo de brazos. Esto
es incómodo, molesto e innecesario para ambos. Él lo debe saber, pero por
alguna razón está aquí, fastidiándome. Después de nuestra última
conversación no tenía pensado volverle a hablar en la vida, pero aquí está,
arruinando mi voto.
─¿Por qué estás aquí, Tanner?
Mi pregunta trae una contracción a su rostro, pero eventualmente sus
labios se curvan hacia arriba de nuevo.
─Hay una fiesta esta noche y Pauline me pidió que te invitara ─responde,
su nuez moviéndose cuando toma una pausa entre sus palabras─. Ya que al
parecer estás ignorándola.
Al igual que él las tiene en los de sus vaqueros, meto mis manos en los
bolsillos de mi abrigo. La noche era fría y acogedora, perfecta para un
chocolate caliente, Netflix y porno, hasta Tanner.
─¿Qué le hizo pensar a Pauline que el que vinieras aquí cambiaría mi
opinión sobre reunirme con ella o ir a la fiesta?
Las palabras salen de mi boca sin que realmente piense en ellas, pero
cuando me escucho a mí misma me doy cuenta de que es una pregunta
interesante. Aunque nos soportábamos a su alrededor, no éramos
precisamente amigos. Nunca podría ser amiga de alguien como él. No
cuando lo deseo y estoy segura de que sería horrible como un amigo,
puesto que lo único que puede aportar son un sentido del humor oscuro,
detalles sobre fútbol y cerveza.
No tendría sentido ser su amiga.
Tanner se encoje de hombros mientras se acerca, a lo que retrocedo
sosteniendo las llaves sobre mi pecho como si fuera un crucifijo. Él es el
demonio. Yo soy una chica de Iglesia que ha cometido muchos pecados y
debe exorcizarse, pero el pastor está demasiado ocupado atendiendo el
resto de su rebaño como para atenderme.
Trago cuando sus ojos negros se enfocan en los míos.
─Sabe que soy persuasivo ─responde en voz baja, pero audible,
inclinándose sobre mí mientras relame sus labios. Un destello de una
emoción desagradable pasa por sus ojos antes de que hable, pero
desaparece cuando lo hace─. Y Johnson va a estar ahí.
─¿Él te pidió que vinieras por mí?
Lentamente, Tanner asiente.
─Vio a Pauline ir tras de ti cuando te fuiste, pero ella no te alcanzó, así que
me preguntó por ti. Ambos te quieren en la fiesta, Savannah. Vamos.
─¿Johnson es el mariscal del otro equipo? ─pregunto aunque ya sé la
respuesta, siguiendo una estúpida corazonada.
La mandíbula de Tanner se aprieta.
─No finjas que no sabes quién es ─gruñe─. Porque ustedes dos hicieron un
maldito espectáculo en el campo. Todo el mundo esperaba el momento en el
que el imbécil de Houston se pusiera de rodillas en medio del juego y te
pidiera matrimonio.
Mis labios se curvan lentamente hacia arriba.
Nuevamente, su ego está herido porque perdió.
Lo detesta.
Probablemente también detesta mi ropa a juego con Johnson.
Tanner trata de no mirarme, pero lo hace cuando me cruzo de brazos,
trayendo su atención a mi busto. No llevo sostén. Solo un top y las cadenas
doradas delineando el contorno de mis atributos. Aunque la ame, lo está
enloqueciendo no ver más de mí. Eso me gusta y ambos lo sabemos, pero yo
tuve la decencia de alejarme.
¿Por qué está él aquí entonces?
─Entonces... ¿crees que él esté interesado en mí? ─pregunto.
Traga, sus ojos viajando entre mi cuello y mi escote.
Mis pezones se endurecen al sentir su mirada y al recordar la escena del
baño en la playa. Cómo dijo mi nombre mientras se venía sobre las
baldosas y yo me masturbaba en el pasillo viéndolo. Si me hubiera dejado,
lo habríamos pasado mejor.
Mucho mejor de lo que la pasó con Pauline o yo con West.
─No creo ─responde de manera cortante─. Lo sé.
─Es un buen jugador ─prosigo, mi voz suave.
Tanner afirma, aún bajo el hechizo de mis tetas.
─Sí, es bueno.
─Y te ganó hoy.
Cuando las palabras salen de mi boca, el influjo se rompe. Para entonces
mi espalda se encuentra presionada junto a la pared al lado de las puertas
de cristal de mi edificio. Tanner golpea la palma de su mano sobre el
concreto encima de mi cabeza antes de alejarse con una mueca, su espalda
tensa y su expresión sumamente molesta. Probablemente nadie se lo ha
dicho en la vida, pero podría morir de un infarto antes de lo previsto si no
controla su ira.
─No estoy de ánimos para esto, Savannah. ─Se da la vuelta y empieza a
caminar hacia la calle, dónde veo su Ford Raptor negra aparcada en la
entrada. Justo sobre la zona de no estacionar y obstaculizando la rampa de
discapacitados, los cuales he notado que hay muchos debido a la cercanía
con el campus. Pauline no lo acompaña─. Ven si quieres venir. Si no...
bueno. ─Me mira por encima de su hombro─. Váyanse Pauline, Johnson y
tú a la mierda. No me importa.
Dios, esto se está poniendo intensooooo
En serio, lo que viene tanto en pasado como en presente está
AAAAAHHHHH
Lamento no haber actualizado estos días, pero es que estaba pendiente
de terminar Cavalli y no tenía mente para nada más JAJAJAJA si me
ponía a escribir Tanner Reed Savannah lo solucionaría todo a tiros o
con veneno
Capítulo dedicado a: AstreaV21
Siguiente a la que más comente. NO olviden escuchar las canciones
mientras leen.
Me pueden seguir en Instagram y twitter como oscaryarroyo, hoy en la
noche quiero que por fin escojamos juntas quién es Savannah y Tanner
Love u
(Debo actualizar pronto)
Capítulo 10:
Capítulo 10:
19.6K 2.7K 1.5K
por OscaryArroyo
Dedicado a GenesisAlba04
Pauline y yo no hablamos durante el procedimiento. Tampoco lo hacemos
después de que un médico le da las indicaciones de mantenerse en casa, con
alguien cuidando de ella, y algunos suplementos vitamínicos y de hierro.
Entramos en mi auto en silencio. Aunque estoy molesta con ella por
arrastrarme a esta situación tan incómoda sin mi consentimiento y sin
previo aviso, puesto que Pauline necesitaba que alguien estuviera con ella
durante el procedimiento para poder realizárselo, un requisito
imprescindible de la clínica en el caso de presentarse alguna emergencia, la
profunda tristeza en sus ojos marrones y las gruesas lagrimas deslizándose
por sus mejillas no me lo permiten, lo que confirma mi idea de que sus
razones para haber hecho esto son realmente serias. Ella no está aquí,
conmigo, justo ahora.
Tras unos segundos en los que ninguna de las dos hace o dice nada,
limitándonos a contemplar los deteriorados edificios del otro lado de la
calle, enciendo el motor y nos pongo en marcha.
*****
No había manera alguna en la que la llevara a mi casa, no cuando el aroma
de su esposo puede continuar en mis sábanas, por lo que me dirijo a un
bonito hotel en el centro de Austin. Dejarla en un sitio en el que esté Tanner
suena como una acción casi inhumana ahora mismo. Su rostro se llena de
alivio cuando me ve entrar en el estacionamiento subterráneo del lugar, por
lo que continúo adelante con mi decisión entregándole mi tarjeta de crédito
a la recepcionista. Nos asignan una bonita suite de paredes tapizadas en
flores y cama de sábanas de seda gris en uno de los niveles superiores.
Pauline se dirige al baño a penas entramos, encerrándose en él, y abre la
ducha, por lo que tomo las llaves y vuelvo a bajar para dirigirme a la
boutique que vi al llegar. Tomo un par de pijamas para ambas, ropa interior,
pantuflas y un cambio de ropa para mañana, orgullosa conmigo misma de
recordar su talla. También chocolates, una botella de vodka y velas
aromáticas de vainilla. Un encendedor. Tras pagar me acerco a la recepción
y pido una pizza extra grande, lo único que solíamos comer en la
universidad. Ya en la habitación sus ojos hinchados por el llanto se
entrecierran cuando me sonríe al tenderle su bolsa con ropa. La toma sin
que tenga que insistir.
─Gracias ─susurra a la vez que aprieta la toalla blanca del hotel contra su
cuerpo, muerta del frío, a lo que ajusto la calefacción.
─No hay de qué. ─Mientras Pauline se cambia, rodeo las dos camas
matrimoniales de velas y las enciendo. Una vez la vainilla llena mi nariz,
me siento mejor. Espero que Pauline también. Abro un paquete de
chocolates con galleta dentro y se lo acerco tras llevar una de las bolitas a
mi boca─. Vamos. Te hará sentir mejor.
Ella, sentada en el borde de su colchón, mira hacia sus manos en lugar de a
mí. Bajo la bolsa cuando me doy cuenta de que no la tomará. Sus hombros
están a un segundo de sacudirse. Quiere llorar otra vez. Me siento a su lado
y me limito a contemplar la vista de Austin que ofrece el ventanal de
nuestra suite en un piso treinta, puesto que no tengo nada que decirle ya que
nunca he atravesado una situación similar ni espero hacerlo. Lo que está
ante nosotras es impresionante. Con las cortinas corridas somos capaces de
ver el atardecer desaparecer entre los edificios.
─Ni siquiera sé cómo puedes verme ─dice─. Soy una terrible persona.
─Gira lentamente su rostro hacia mí─. Merezco ir al infierno por lo que
hice, Savannah, porque no... no me arrepiento.
─Serías una terrible persona si no tuvieras buenas razones para haberlo
hecho ─respondo mientras quito un mechón de cabello rubio y empapado
de su frente─. Y sé que las tienes, Pauline.
Su barbilla tiembla.
─Todavía así seguí tomando una decisión que solo le corresponde a Dios
─replica─. Si mis padres alguna vez se enteran, si la gente a la que quiero
lo hace, se decepcionarán de mí. No es así como fui criada. ─Traga
audiblemente─. Pero no podía pasar por lo mismo por lo que ellos pasaron.
Tanner no lo entiende, pero yo sí. No puedo ver como alguien que amo se
desvanece otra vez ante mis ojos. No de nuevo. ─Hace una pausa en la que
toma una honda bocanada de aire─. Tanto mis padres como yo somos
portadores del gen de fibrosis quística, pero mi hermana menor la padece.
Ella está muriendo. Es la razón por la que no nos fuimos a vivir cerca de
ellos cuando terminé la universidad. Por la que al final nos quedamos aquí.
No soporto la idea de ver cada día cómo se va. Ya es lo suficientemente
malo cuando los visito. Nunca he sido buena ocultando el dolor que su
enfermedad me produce y eso solo lo hace peor para ella y para su
condición. ─Mi corazón se aprieta con fuerza dentro de mi pecho. Sabía
que Pauline tenía una hermana en casa, que su salud era delicada, pero no
que estuviera muriendo. El que no lo supiera solo es una evidencia más de
que sea lo que seamos ahora, no somos amigas. Pero tampoco puedo dejarla
sola─. Nunca quise contarte porque estaba feliz de haber obtenido una vida
libre de tragedia y drama. Lo siento. ─Niego, restándole importancia al
asunto. Nuevamente respira con profundidad, sus parpados presionándose
con fuerza contra sí mismos, sus pestañas mojadas, antes de continuar─.
Tanner también es portador y ya nos hemos hecho estudios que dicen que
las posibilidades de que nuestro hijo nazca con fibrosis son altas. Desde
entonces estoy en control de la natalidad, acordamos que lo mejor para
nosotros es adoptar, pero esta es la segunda vez que mi método
anticonceptivo falla. No sabes lo horrible que es no poder darle lo que más
quieres a la persona que amas. Oírla rogarte que no lo hagas, que asumirá el
reto, pero él no sabe lo que es realmente el reto. Su corazón se romperá en
el momento en el que lo entienda. Yo no quiero que pase. Si tengo que
quedar como la mala para impedirlo, lo haré. No quiero que ninguno de los
dos pase por eso. No puedo ver esto rompernos.
─Pauline... ─susurro, sin palabras.
Cuando habla otra vez, lo hace entre sollozos.
─No quiero vivir más tiempo que mis hijos, Savannah. No quiero verlos
sufrir y no poder hacer nada por calmar su dolor. No quiero no poder verlos
a los ojos y decirles que todo estará bien cuando ellos saben que no lo
estará. No quiero no poder ayudarlos. No quiero lidiar con ello. Una parte
de mí se arrepiente de habernos sometido al test genético, pero la otra, la
mayor parte, está tan agradecida y aliviada. ─Se estremece violentamente,
inclinándose sobre mí y pidiéndome a gritos un abrazo. La complazco─.
¿Por qué Dios predispone que las cosas pasen así? ¿Por qué hizo que
tuviera que enamorarme de mi mayor miedo? Eso es cruel.
Suelto un suspiro mientras deslizo mis dedos por su cabello.
Mi corazón duele por Pauline.
Pero, sobre todo, me duele por Tanner.
Porque ahora entiendo qué lo destruyó.
─Quizás para que lo venzas, Pauline ─le respondo. Aunque no rezo todos
los días, hay algo de fe en mí. Creo en el cielo y en el infierno, pero
también en que probablemente iré al último por sentirme como me siento en
este momento─. Quizás él puso esto en tu camino para que pierdas el
miedo.
*****
Al día siguiente me despierto en la habitación de hotel con la resaca más
grande jamás registrada por el hombre. Después de que Pauline terminó de
desahogarse, comimos pizza y bebimos vodka hasta desmayarnos, en su
caso contraindicado debido a los acontecimientos. La verdad es que ambas
teníamos el alma en fuego por el mismo motivo, pero Pauline no lo sabía.
No he dejado de pensar en su esposo llorando en mi baño.
En el hecho de que los dos tienen motivos para estar desechos.
En que no es mi asunto.
Pero ambos me involucraron.
Y ahora me doy cuenta de que no he sido la amiga de Pauline durante todos
estos años, ni alguien que solo está enamorada de Tanner, sino un extra en
su relación. Alguien que siempre estuvo ahí para ambos. A la que ninguno
de los dos deja entrar por completo, pero tampoco dejan alejarse. Nunca me
permitieron continuar sin ellos, siempre necesitándome. Necesitándome
para preparar su boda. Necesitándome para crear su hogar. Necesitándome
para comprar las sabanas de su cama. Necesitándome, sobre todo, para
guardar sus oscuros secretos.
No soy la amiga de ninguno, pero por alguna razón me necesitan.
─Pauline ─susurro mientras toco la puerta del baño, ya vestida con un par
de jeans, botas de cuero y un suéter blanco de lana. No estoy de ánimos
para nada más. Del otro lado la escucho susurrar cosas, probablemente a su
teléfono, pero no entiendo ninguna de ellas debido a lo bajo que habla─.
¿Estás lista?
─Solo un minuto.
Tras soltar un suspiro, me doy la vuelta y regreso a asegurarme de que
hayamos tomado todas nuestras pertenecías de la habitación. Aunque mis
ojos no están tan hinchados como los suyos, cuando me veo frente al espejo
noto que de igual manera es evidente que la situación me afectó debido a
que ahora sé cómo ella lo hirió, pero también qué la hirió para llevarla a
hacerlo. Mentiría si me dijera a mí misma que me importa más Pauline de
lo que me importa su esposo, pero aun así no quiero estar triste.
No quiero lamentar una pérdida que no es mía.
Ahora mismo estar con los dos me pondría justo así, por lo que debo
mantenerme alejada de ambos. Renunciar a mi trato con Tanner.
Enfrascarme en mis otros proyectos. Aunque ni la suma de lo que obtendré
por completar todos ellos me dará la mitad de la mitad de lo que necesito
para comprar el terreno que quiero en Travis Country, ahora mismo no
soporto la idea de estar a su lado.
No sin sucumbir a consolarlo.
No sin caer.
─¿Pauline? ─pregunto nuevamente, esta vez con más insistencia, a lo que
ella abre la puerta usando un suéter de lana, como el mío, pero color rosa
suave y vaqueros blancos, los zapatos del día anterior en sus pies─. ¿Estás
bien? ¿Tomaste los suplementos?
Ella afirma mientras me rodea para alcanzar la cama y tomar sus cosas. Se
ve cabizbaja, pero todavía capaz de mantenerse en pie. Nuevamente el
silencio nos envuelve mientras dejamos la llave en la recepción y nos
acercamos al restaurant para desayunar. Es cuando ambas hacemos nuestro
pedido, un café y un pastelito para ella y un sándwich de pollo y jugo de
naranja para mí, que finalmente se dirige a mí. No puedo identificar y
mucho menos encontrarle sentido a todas las emociones en su rostro.
Este es un coctel de ellas.
Tristeza. Pérdida. Enojo.
Confusión.
─Necesito otro favor, Savannah. ─Mis cejas se alzan, a lo que sus mejillas
se llenan de color─. Esta vez te diré qué es ─susurra, al menos teniendo la
decencia de verse avergonzada. No me molesta lo que ha hecho, no por mí,
sino que me haya arrastrado allí sin mi consentimiento. Leyendo mis
pensamientos en la expresión de mi rostro, deja escapar un suave suspiro─.
Sobre usarte y mentirte para llevarte a la clínica, por cierto, lo siento. Eras
mi única opción. No conozco a nadie más que no iría directamente a llamar
a Tanner a penas se enterase. ─Esta vez son mis mejillas las que se
sonrojan, lo cual oculto con mi cabello al asentir, pero no porque sienta
vergüenza de mi decisión, sino por el hecho de a dónde claramente se
encuentran mis lealtades. Estaba asustada. Actué de la mejor manera que
pude en el momento. Si algo le hubiera sucedido a Pauline, no habría sabido
qué hacer─. De verdad lo siento, Savannah. Te hubiera dicho si no existiera
la posibilidad de que me rechazaras y estaba desesperada.
No lo hubiera hecho.
Si hubiera sabido, le habría dicho que no.
Porque habría deducido que eso lo dañaría.
Porque no es un peso que quería sobre mis hombros.
─Te perdono ─murmuro antes del momento en el que nuestro desayuno es
puesto sobre nuestra mesa. Cuando el mesero vuelve a irse, prosigo─. ¿Qué
es ese favor, Pauline?
─Necesito ir a otro lugar ─responde─. A la estación de trenes.
Mis cejas se juntas.
─¿Irás a visitar a tus padres?
Pauline niega.
─Aunque no nos mudamos, Tanner compró un rancho en Lubbock.
─Lubbock es el nombre del pueblo del que Pauline proviene. Su familia
tiene grandes cultivos de algodón en él. Tanner lo odia debido a lo lejos que
se encuentra del mar y de la frontera, por lo tanto, de su negocio, pero
estaba dispuesto a irse ahí por ella─. Necesito un tiempo para mí. No estoy
lista para enfrentarlo. ─Su mirada se vuelve triste─. ¿Cuento contigo, Sav?
Afirmo.
─Siempre y cuando no sea la única que sepa que estás ahí, sí. No quiero
tener que quedarme callada mientras todos piensan que desapareciste.
─Hago una mueca mientras ríe─. No es gracioso.
De verdad no lo es.
Al ver la seriedad en mi rostro, asiente.
─Está bien, se lo diré a mis padres aunque pierda la posibilidad de estar
sola. No será un secreto. ─Me sonríe, un gesto triste y agradecido que
desaparece en el interior de su taza de café cuando bebe de ella─. Y de
verdad gracias, Savannah, por todo.
*****
Corremos con la suerte de que un tren está saliendo a San Antonio para
cuando llegamos a la estación, desde dónde luego Pauline puede ir a
Lubbock, por lo que casi a los minutos se va. Permanezco de pie junto a los
rieles, viéndolo marchar, hasta que desaparece de mi vista por completo.
Este es mi segundo día consecutivo de trabajo perdido, pero hay tantos
pensamientos y emociones en mi sistema que se me hace inconcebible la
idea de concentrarme en mis planos o simplemente quedarme en casa a
pensar. Paso por ella rápidamente a cambiarme, tomar un par de shorts de
lycra, zapatillas y un top deportivo, para luego dirigirme trotando al
gimnasio. Queda cerca de casa, por lo que en veinte minutos estoy haciendo
mi rutina habitual de ejercicios mientras sigo los consejos de mi
entrenadora. A pesar de sus protestas, continúo entrenando incluso después
de que terminan mis dos horas habituales. Lo hago hasta que mis músculos
duelen tanto que siento que me quemo por dentro al más mínimo
movimiento.
Tabatha se acerca a mí, incorporándose sobre el mostrador de la recepción,
cuando me ve salir, sus ojos verdes preocupados. No me ha visto hacer
ejercicio así desde que estaba en la universidad y se vio en la obligación de
detenerme antes de que muriera en su gimnasio. Ha sido mi entrenadora
personal desde entonces. Su mirada es casi maternal al momento en el que
se planta frente a mí. Su cuerpo delgado y tonificado es mi segunda mayor
inspiración. La primera el cómo se recuperó tras un divorcio injustificado,
con un bebé de por medio y años de noviazgo.
Mientras yo no he podido dejar ir a Tanner.
─¿Todo está bien, cariño?
Afirmo.
─Sí, Tabby, todo está bien. ─Le ofrezco una sonrisa temblorosa, mi frente
goteando sudor─. Nos vemos mañana. No volveré a faltar. Lo prometo. He
tenido unos días difíciles en el trabajo.
A pesar de que no compra mi respuesta, afirma y me da el espacio que
necesito para salir. Está lloviendo afuera, una sorpresiva tormenta húmeda y
caliente, pero estoy tan llena de sudor que no me importa y casi encuentro
refrescante el sentir el agua deslizándose sobre mi piel mientras regreso a
mi estudio. Si fuera buena haciendo más que edificios o planos, dibujaría
para desahogarme, pero no lo soy, por lo que probablemente mis planes
para la noche se limitarán a hacer zapping en el televisor mientras hablo con
Malcolm e ingiero las calorías que perdí.
Estos, sin embargo, se van al desagüe cuando llego a mi puerta y veo a
Tanner inclinado sobre ella. Lleva puesta una sencilla camisa blanca sin
abotonar en la parte superior y pantalones oscuros. No vi su auto
estacionado afuera, por lo que su chófer debió haberlo traído. Deja de mirar
fijamente la madera cuando me escucha llegar, despegando también su dedo
del botón de mi timbre. Me detengo solo a unos pasos de distancia, mis
piernas temblando debido a que todo el esfuerzo que hice me está pasando
factura al encontrarme relativamente en reposo.
─Tanner ─susurro suavemente, viéndolo por primera vez como alguien
débil y como alguien que puede romperse.
Dónde esperaba encontrar ira, sin embargo, solo veo dolor. Sus ojos
contienen toneladas de él mientras se los frota con la mano. El agua gotea
en el suelo de mí, lo que probablemente molestará a los vecinos si no se
seca antes de que pisen el charco que hice, pero su atención está únicamente
en mi rostro. No he recibido ningún tipo de llamada o mensaje de su parte
desde ayer, ante lo cual, en parte, me sentí aliviada. No quería lidiar con
esto.
─¿Dónde está mi esposa? Las he estado llamando a ambas.
Pauline no me hizo prometerle que no le diría, así que lo hago.
─En Lubbock. ─Mis manos hacen sonar mis llaves. Aunque mi respuesta
debería sorprenderlo, no se ve como si lo hiciera. Ninguno de los dos dice
nada más, por lo que después de unos segundos me veo forzada a rodearlo
para abrir la puerta─. ¿Té?
Tanner me mira fijamente cuando hago la pregunta. Se ve tentado a aceptar,
pero niega. Una vez dirijo mi atención a otro punto que no sean sus ojos
oscuros, me doy cuenta de lo afectado que realmente luce. No se ve como si
hubiera llorado o pasado la noche ahogando sus penas en alcohol, pero sí
como si no hubiera dormido en días. También está más delgado y
encorvado sobre sí mismo. Sin saber cómo lidiar con la situación, asiento y
cierro la puerta casi con suavidad. No lo forzaré a hablar de un tema que
claramente lo destroza, ni lo obligaré a beber mi té de manzanilla.
Pero tampoco puedo simplemente dejarlo ir.
Luego de permanecer unos segundos con la frente presionada contra la
madera y de haberlo escuchado irse, tomo el pomo y salgo nuevamente al
pasillo a pesar de que mi decisión de no continuar con el proyecto de su
ático sigue en pie. El ascensor se encuentra en uso para cuando lo llamo,
por lo que tengo que bajar las escaleras de prisa para alcanzarlo en la calle,
la lluvia cayendo con más fuerza que antes. No sostiene ningún tipo de
sombrilla, por lo que está mojándose mientras espera que el Cadillac negro
se detenga frente a él. Su frente se arruga con confusión cuando me ve, su
mano sosteniendo la puerta del auto, pero no soy capaz de ver su reacción
cuando lo rodeo con mis brazos debido a que sumerjo rostro en su pecho.
Lo estrecho con fuerza, tomando todo lo que puedo rescatar con mi nariz
defectuosa de su aroma a detergente, loción y colonia. Sorpresivamente,
Tanner me devuelve el abrazo después de un momento de tensión, su
cuerpo relajándose contra el mío durante lo que parecen horas, pero en
realidad no son más que unos míseros segundos.
Cuando nos separamos lo único que hacemos es mirarnos. Ninguno de los
dos quiere o tiene algo que decir. Sus irises oscuros ya no intentan ocultar el
purgatorio por el que está atravesando y yo no le oculto los sentimientos
que eso produce en mí. Cuán lastimada estoy debido a él. Cuánto una parte
de mí ha empezado a detestar a Pauline por lo que le hizo a pesar de que no
debería sentirme así. Cuánto me gustaría ceder y ofrecerle más que un
abrazo, pero cuán malo podría ser el significado de eso para mí. Él asiente,
un silencioso agradecimiento, su cabello negro y mojado pegado a su frente,
antes de entrar en el Cadillac e irse, dejándome de pie bajo una inesperada y
fuerte tormenta.
Hola, cómo están! espero que bien
Aquí les dejo nuevo cap, espero que les haya gustado ♡
¿Qué opinan de todo este desastre Pauline/Tanner, dejando a Sav de
lado?
La dedicación del cap va para las chicas que ganaron el cuestionario en
Ig, pero no las encuentro, por fi, escríbame para darles la dedicación
Siguiente a la que + comente
Love u
Capítulo 11:
Capítulo 11:
18.8K 2.7K 2.2K
por OscaryArroyo
Dedicado a hjsnwlw
Tanner me debe haber escuchado caminar tras de él, puesto que no parece
en lo absoluto sorprendido cuando tomo la manija de su puerta y entro en
su camioneta. Es alta. Yo también lo soy, pero aun así tengo que tomarme
mi tiempo para subir. Una vez estoy dentro, con el cinturón abrochado,
enciende el motor con la mandíbula apretada. Algo me dice que a pesar de
su insistencia, no esperaba que viniera. Que tampoco se encuentra feliz por
ello.
El ambiente es tenso y silencioso, por lo que enciendo la radio. Mis mejillas
se sonrojan, pero mis labios se curvan ampliamente hacia arriba, al
escuchar la sucia letra de Or Nah en la radio. Le subo el volumen mientras
tatareo mirando por la ventana. Si estuviéramos ya en la fiesta, estaría
bailándola en el regazo de alguien. No necesariamente un chico. Me
encanta su suciedad.
─¿A dónde vamos? ─le pregunto con la frente arrugada cuando pasamos el
desvío a su fraternidad, tomando el cruce contrario.
─Por provisiones ─responde por lo bajo, enojado.
Ya acostumbrada a su mal humor, pero en lo absoluto sin dejarme llevar
por él, levanto una ceja cuando nos estacionamos frente al mini market en
una gasolinera y rodea la camioneta para abrir mi puerta cuando ve que
no estoy bajándome de ella. Después de que me obligaran a mudarme,
puede ser un imbécil con Pauline todo lo que quiera. Yo quiero solo
palabras amables.
Al menos una vez.
─¿Savannah? ─Tanner luce como si estuviera lidiando con un niño
imposible, lo cual bien podría ser cierto, y como si en cualquier momento
pudiera perder la paciencia─. ¿Te bajas?
Niego.
─Te espero aquí.
─Son las nueve malditas de la noche ─gruñe─. Un psicópata podría venir
y fastidiarte mientras estoy dentro. Por favor, baja.
─No.
─Savannah...
Me cruzo de brazos.
─No. Me quedo aquí.
Tanner suelta un dramático suspiro.
─Bien, pero enciende el aire acondicionado, mantén los vidrios arriba y no
salgas. ─Dice mientras me lanza las llaves, a lo que un cosquilleo de
emoción recorre mi nuca─. Y no hagas nada estúpido, como, por ejemplo,
robarte mi camioneta. Tiene GPS.
No voy a mentir, la idea pasó por mi mente, pero no soy una ladrona. O, al
menos, no lo era hasta que insinuó que podría serlo. Tanner se da la vuelta
para entrar en la tienda. Incorporándome sobre el pisa pies exterior, le
grito por encima de la puerta, lo que hace que tenga que girar el rostro
hacia mí de camino a la tienda.
─¡Quiero un six pack de smirnoffs de manzana verde y chicle!
No espero ninguna respuesta de él. En su lugar me pongo de nuevo sobre
mi asiento y hago lo que me dijo. Ya que no es necesario encender el motor
para que el aire acondicionado funcione, no lo hago de inmediato. Disfruto
de un par de canciones en la radio hasta que lo veo desaparecer en los
pasillos del fondo, puesto que la tienda no es tan grande y está hecha de
ventanales de cristal. Es en ese momento que me traslado a su asiento y el
motor cobra vida. Para el momento en el que Tanner se da cuenta, es
demasiado tarde. Ya estoy retrocediendo y encaminándome hacia la
carretera. Lo observo correr hacia el estacionamiento con una sonrisa
permanente en el rostro que luego se transforma en risa. Nunca me he
vengado de él, esto está lejos de ser suficiente en comparación a lo mal que
la he pasado, pero es un buen golpe.
*****
Cuando llego a su fraternidad me estaciono en el césped de la entrada, el
único sitio disponible en el que sé que no chocaré con nadie entrando en él.
Las personas me miran con las cejas arriba cuando me encamino a la casa.
Sus ojos recorren mi cuerpo con enojo y excitación, un eco de los
sentimientos de Tanner al verme. El hecho de que esté apoyando al equipo
contrario no significa que no me vea bien. La atención que recibo aumenta
cuando me deshago de mi abrigo, revelando mi pequeño top blanco y las
cadenas, y empiezo a bailar en el centro de la sala llena de estudiantes con
una espumosa cerveza de barril en la mano.
Looking at me de Sabrina Carpenter suena en el momento en el que alguien
comienza a mecerse contra mí y Tanner entra en la casa con expresión
furibunda, pero controlada, junto a otros chicos del equipo que sostienen
bolsas de papel. Hago un par de movimientos con mis hombros antes de
darme la vuelta. El chico, un miembro de los Longhorns, no se queja
cuando coloco mi sombrero sobre su cabeza. Él incluso se inclina hacia
abajo para que lo haga. Tras morder mi labio por unos segundos, tomo sus
mejillas en mis manos y acerco mis labios a los suyos. Es grande y rubio,
como un bebé gigante, por lo que fácilmente me levanta y me lleva a las
escaleras. Suelto una risita contra sus labios, negando, cuando intenta
llevarnos al baño. Señalo la puerta al final del pasillo. Vi a Tanner
desaparecer en el jardín, supongo que con Pauline y el resto de sus amigos.
─Quiero que sea ahí.
La sonrisa del chico flaquea.
Se desvanece cuando se da cuenta de que hablo en serio.
─Vamos, linda ─dice─. Escoge cualquier habitación, menos esa.
Niego.
─Si no es ahí, entonces no.
Cuando me empiezo a separar de él, su agarre sobre mí vuelve. Suave, pero
firme. Decidido. Sonrío mientras aprieto su trasero en respuesta. Tiene un
buen culo, pero no he tenido sexo en semanas, desde que estuve con Weston
en la playa, y espero que lo de adelante sea muchísimo más impresionante.
Y que lo sepa usar.
─Bueno, que Tanner se vaya a la mierda ─grazna tomándome entre sus
brazos, a lo que rodeo su cuello con mis brazos y suelto una risita mientras
atravesamos el pasillo─. Por cierto, soy Ibor.
Internamente hago una mueca, externamente sonrío.
─Savannah.
Cuando la puerta del cuarto de Tanner se abre, Ibor me deposita sobre mis
propios pies y me hace dar la vuelta para empezar a besarme de manera
hambrienta. Paso el pestillo antes de que nos dirijamos a la cama del
presidente de la fraternidad. Si robar su camioneta no lo fue, esto
definitivamente es bastante similar a la venganza. La idea hace fruncir mis
pezones antes de que Ibor baje mi top y ponga sus grandes manos en ellos,
mi espalda contra el colchón. Me quito el pantalón mientras él baja la
parte inferior de su uniforme. Aunque debería desagradarme que no se
hubiera cambiado, en realidad me excita la idea de ser follada por otro
jugador del equipo de Tanner, usando ropa a favor de su enemigo, en su
cama. Es como un múltiple ataque que mantiene mis sentidos despiertos.
Ibor jadea sobre mis labios cuando mete un par de dedos en mí y me
encuentra mojada. Aprieto mis muslos contra su cabeza cuando desciende
sobre mí. Su boca toma mi palpitante clítoris entre sus labios. Lo obligo a
incorporarse cuando los golpes en la puerta empiezan. Incluso la música
ha dejado de sonar. Ibor intenta apartarme para ponerse de pie, pero
niego.
─Sea lo que sea que digas, ya está molesto ─susurro mientras lo empujo
hasta que finalmente se sienta en la cama─. Así que déjame hacer que
recibir el enojo de Tanner Reed valga la pena.
Aunque Ibor luce en conflicto consigo mismo, las dudas se desvanecen
cuando deslizo un condón en su erección y desciendo sobre ella. Sus ojos
no abandonan mis tetas, todavía con las cadenas doradas rodeándolas,
mientras me muevo sobre él de manera rítmica y firme, gemidos suaves y
dulces saliendo de mí.
Él está en el cielo.
Yo en el infierno.
Porque lo que me excita no es su pene en mí, sus ojos en mí, sino los
sonidos que provienen del otro lado de la puerta. Los furiosos golpes que
esta recibe. Suelto un grito agudo cuando lo escucho.
─¡Savannah, maldita sea, sal de mi habitación! ─grita antes de taclear,
supongo, su puerta de una manera que hace que la madera se estremezca─.
¡No quiero hacer que todos estos imbéciles te vean desnuda, así que para
de una jodida vez! ─Hace una pausa en la que lo escucho tomar aliento─.
¡Ibor, estás jodidamente muerto por esto, pero todavía puedes decidir entre
una muerte rápida y piadosa o una muerte lenta y dolorosa!
Ibor se estremece debajo de mí al escucharlo, por lo que me inclino hacia
adelante y lo beso mientras lo aprieto dentro de mí. Jadea mientras el
orgasmo lo golpea. A pesar de que no llegué, me siento satisfecha mientras
se separa de mí. Se levanta y se pone los pantalones, pero separo mis
piernas cuando me echa un vistazo. Captando mi insinuación, deja caer su
camisa y se arrodilla frente en el suelo frente a mí para llevar sus labios a
mi centro. Tomo mechones de su cabello entre mis dedos. Al otro lado de la
puerta todo se ha vuelto silencioso, pero por alguna razón soy capaz de
sentir la presencia de Tanner cerca. Una vez mis muslos se estremecen, Ibor
se levanta y me ofrece una sonrisa suave. Incluso tierna. Es atractivo de
una manera ingenua.
─¿Qué tan estúpido me hace ser querer salir contigo después de esto?
─pregunta─. ¿Llevarte a una cita de verdad?
Decido ser sincera.
─Muy estúpido.
A pesar de que la decepción llena sus ojos, su sonrisa no desaparece.
Tampoco su expresión amable y risueña.
─Sí, bueno, no soy el jodido mariscal de campo, pero la defensa es
importante. ─Se encoje de hombros. Me siento mal por estar haciendo algo
parecido a romper sus ilusiones mientras toma mis pantalones tras vestirse,
al igual que mis botas, y las deja en la cama de Tanner. Antes de irse se
inclina sobre mí y besa mi frente─. No te preocupes por Tanner. Hablaré
con él para que no te lance mierda. Si algún día quieres salir, entreno en el
campo todas las tardes. De verdad sería agradable ir por un café y dulces.
Afirmo, enternecida.
─Lo tomaré en cuenta.
Entreabre la boca como si fuera a decir otra cosa, pero finalmente decide
mantenerla cerrada y se va. Una vez a solas empiezo a vestirme. Cuando
estoy por salir, sin embargo, Tanner entra por la ventana, lo cual explica
por qué los golpes en la puerta se detuvieron. Sin tener ni idea de cuánto
tiempo estuvo ahí viéndonos, pero teniendo la sospecha de que no acaba de
llegar, mantengo mi barbilla en alto mientras se dirige a mí con paso
amenazante. Sus mejillas incluso están sonrosadas por la ira, sus fosas
nasales expandidas y su mandíbula tan apretada que en cualquier momento
podría fracturarse por sí misma.
─¿Dónde está Pauline? ─pregunto.
Sé que quizás soy una ruin cobarde por tomar la salida fácil, pero Pauline
es lo único que podría ponerme a salvo de su novio.
─No está. No vino. Fue a casa directamente del partido.
─¿Johnson?
Tanner niega.
─Te mentí. Nadie estaba esperándote aquí. Quería hablar. ─Hace una
mueca─. Cuán jodidamente estúpido fui por si quiera pensarlo. Me alegra
haber visto lo que vi. Habría sido un error.
Trago.
Le preguntaría de qué quería hablarme si no pensara que sería inútil. Sea
lo que sea que quería decirme, morirá en su garganta. Permanezco en
silencio mientras continúa acercándose. Mi respiración es acelerada e
inestable. Quiero irme corriendo de aquí, directa a enterrar la cabeza en mi
almohada, pero algo obliga a mis pies a mantenerse en su lugar. Algo más
allá de la sencilla curiosidad. Empiezo a temblar más de lo que lo hice al
acabar.
─No solo apareces en mi juego con los colores del enemigo ─sisea─.
Seduces al mariscal del campo del otro equipo, te metes en mi cabeza, la
revuelves y me haces ser el responsable de perder un partido. ─Mi espalda
choca contra la madera de su armario cuando, retrocediendo, llego a
ella─. Sino que también me dejas en medio de la maldita nada, te llevas mi
camioneta y te exhibes para todos en la sala de mi propia casa. ─No
perderme en la intensidad de sus ojos negros resulta demasiado difícil, por
lo que agacho la mirada. Tanner me impide, sin embargo, mantenerla abajo
colocando sus dedos en mi mentón y manteniéndolo arriba. Mi piel quema
y hormiguea dónde su mano está puesta─. Y follas al jodido Ibor, el imbécil
más estúpido, en mi cama, dejando la mezcla de tu aroma y el de él en mis
sábanas. Sábanas que tendré que quemar. Mierda, incluso puede ser
cambie mi maldito colchón ─gruñe─. Y después de todo eso, todavía te
preguntas por qué quiero a Pauline, quién saca lo mejor de mí, en lugar de
a alguien como tú, que se siente como tragarse un torbellino y caer en un
agujero negro, pero a pesar de que la respuesta es jodidamente obvia y
ambos los sabemos, continúas viéndome con ojos de siervo herido, lo que
incluso tras todo lo que me hiciste esta noche me hace sentir como una
mierda porque aunque no lo entiendo, me destroza hacerte daño, Savannah.
─Para el momento en el que termina de hablar, su frente está presionada
contra la mía y las lágrimas, tanto de vergüenza como de dolor, se deslizan
por mis mejillas─. Y ni siquiera sé por qué.
─Tanner... ─susurro.
Él niega.
─Por favor ─ruega─. Dime cómo te lastimé. Dime qué te hice para que
pueda compensarte y pasar página. No creo que pueda soportar por mucho
más tiempo la locura que induces en mí. ─Traga sonoramente─. Intento ser
un buen hombre, Savannah, pero no me lo pones malditamente fácil. Todo
lo contrario.
Mi pecho se aprieta.
Aunque debería sentirme bien por la marcada desesperación en cada uno
de sus rasgos, no lo hago. La idea de lastimarlo de alguna manera suena
satisfactoria dentro de mi mente, pero verlo es absolutamente diferente. Me
hace sentir mal y culpable.
─Te acostaste conmigo la noche antes de ir por Pauline ─revelo lo más alto
y fuerte que puedo─. Al día siguiente, al parecer, lo olvidaste. Cuando me
desperté estabas buscándola por todas partes. Yo sabía que era solo sexo,
pero no pude evitar preguntarme todos los días qué tenía ella que yo no.
Luego, cuando vi que eras genuinamente dulce con Pauline, me di cuenta
de que no eras solo un idiota más, comencé a notar cuánto realmente me
gustas y me obsesioné. He intentado deshacerme de ello, pero no puedo.
─Ahora lloro abiertamente, lo cual no puedo evitar. Ni siquiera pienso en
evitar. Es inútil. El hecho de decir mis sentimientos en voz alta es duro─.
He estado con chicos, he intentado enfocarme en mis estudios, incluso me
mudé de habitación, pero continúas apareciendo. ─Cuando se aleja de mí,
retrocediendo mientras luce confundido, por fin puedo respirar─. Así que
entiendo perfectamente a lo que te refieres cuando dices que saco lo peor
de ti porque también sacas lo peor de mí. Hiciste estragos mi amistad con
Pauline, mi autoestima y mi corazón.
Ahora es él quién se ha quedado sin palabras.
─Savannah...
Niego.
─Solo déjame en paz de una vez por todas.
Él se pasa la mano por el cabello mientas se pasea por la habitación.
Debería irme, pero una parte de mí necesita esto.
Un cierre.
─Borracho, a veces hasta drogado, me acuesto con un montón de chicas
que no recuerdo después ─dice finalmente─. Lamento que hayas sido una
de ellas y que no te haya gustado, pero estoy con Pauline y...
No lo dejo terminar. Cruzo su rostro con una bofetada. Sin dedicarle un
segundo más de mi tiempo, me largo de su habitación con lo que queda de
mi corazón deslizándose como agua salada de mis ojos. Por fortuna no me
sigue. Antes de salir de su casa y tomar un taxi me dirijo a la cocina, dónde
voy por un vaso con agua. A pesar de que se desliza por mi garganta, no
puedo evitar que esta se seque cuando veo un six pack de smirnoffs de
manzana en la hielera y una bolsa llena de chicles en la encimera. Aunque
vaya directamente a mi dormitorio a llorar después de salir de aquí, me he
ganado el derecho a embriagarme, por lo que tomo el juego de latas y los
chicles y salgo de la maldita fraternidad.
Cuando paso junto a la camioneta de Tanner, sin embargo, recuerdo que
todavía tengo las llaves en mi bolsillo. Las lanzo el interior de la cabina,
reacia a volver al interior. Afuera y sobre la acera, tecleo en mi teléfono y
entro en la aplicación de Uber, pero un Audi negro se detiene frente a mí, el
chico que lo conduce viéndose familiar. Castaño y robusto. Atractivo
debido a su mandíbula cuadrada, pero solo un idiota del montón. Gordon.
El novio de Anahí.
Sin Anahí.
─¿Necesitas un aventón? ─Separo los labios para contestar negativamente,
pero me corta─. Voy a tu edificio, de todas formas.
Está solo, también se ha comportado a mí alrededor cuando estamos con
Anahí y nunca me había cruzado con él antes de mudarme a su dormitorio,
por lo que termino asintiendo .
Cometiendo mi segundo mayor error.
¡Hola!
Espero que el cap les haya gustado. Estuvo intenso omg
¿Alguien de ustedes tiene Filmora sin marca de agua? Hice el trailer,
pero no lo puedo exportar :c
Dedicación del capítulo anterior: genesisalba04
Capítulo dedicado a: hjsnwlw (amo sus comentarios)
Siguiente a la que + comente
Love u
No olviden seguirme en Instagram y en twitter para fandom y
adelantos, en ambos como oscaryarroyo
Capítulo 12:
Capítulo 12:
21.7K 2.8K 1.5K
por OscaryArroyo
Dedicado a ElenaSantisteban
No he visitado a mis padres en semanas. Lo he aplazado debido a que cada
vez que me invitan a Houston, tienen una cita medio a ciegas preparada
para mí. No completamente a ciegas debido a que mientras yo no tengo ni
idea de cómo lucirá el hijo de su amigo o amiga con el que intentarán
emparejarme, ellos sí le habrán enseñado fotos, desde que era un bebé hasta
la última que subí en Instagram, y hablado de mí. Mi madre está
obsesionada con ser abuela antes de cumplir los cincuenta y mi padre,
aunque no es particularmente machista, quiere un nieto al cual enseñarle
todo lo que sabe sobre el mundo inmobiliario. Aunque mi carrera está
relativamente relacionada con la suya, mi cero interés en los negocios más
allá del diseño ha despertado en él la necesidad de traspasarle todos sus
conocimientos a alguien más. Aunque eso también podría hacerlo con una
nieta, quizás habla de un niño porque también sueña con cumplir con todo
lo que no hizo conmigo mientras crecía, puesto que siempre fui molesta e
irritantemente femenina, como mamá, como jugar con la pelota o llevarlo a
partidos de fútbol americano por todo Texas sin camisa y con palabras de
aliento a su equipo escritas con marcador en su piel como,
vergonzosamente, hace todavía con los vecinos.
A pesar de que normalmente no les prestaría atención a sus solicitudes de
un bebé en la familia, a estas alturas creo que ni siquiera les importaría que
fuera madre soltera, los últimos acontecimientos me obligan a pensar en
ello mientras conduzco a mi ciudad natal, a dónde no pude evitar escapar
cuando mi madre insistió en que fuera durante el fin de semana. No niego
que un día quiera ser llamada mamá por alguien, pero quiero formar mi
propio hogar primero. Quiero casarme, diseñar una casa para mi pareja y
para mí, disfrutar nuestra relación por unos años viajando alrededor del
mundo y luego, cuando ya todas mis metas laborales se cumplan y no solo
esté diseñando casas, tener un bebé.
Lo irónico del asunto es que nunca he podido ser capaz de imaginarme
haciéndolo con Tanner. Cuando pienso en mi futuro, solo veo un hombre
con un rostro en blanco. Quizás esto se debe a que lo he visto hacer con
alguien más todo lo que tengo en mente, así que a pesar de que siempre lo
que he querido más allá de lo razonable, el recordatorio constante de que no
es mío me ha obligado a no ver más allá del presente o de mis emociones.
*****
─Por fin ─susurro con un suspiro cuando, después de dos horas y media de
viaje, me estaciono frente al elegante restaurante en el que almorzaré antes
de ir con mis padres.
Son maniáticos con respecto a las comidas y sus horarios, sobre todo mi
madre, quién luce como de treinta a pesar de estar a mediados de los
cuarenta, por lo que no habrá nada cálido y recién hecho para mí cuando
llegue a casa debido a que son más de las doce. Retoco mi maquillaje y me
aplico un poco de perfume antes de bajarme del auto, puesto que después de
conducir tanto me veo cansada y demacrada. Si no tuviera tanta hambre o
no le tuviera tanta estima a la persona esperándome, ya por media hora en la
mesa, me habría ido directamente a dormir a mi vieja habitación de
adolescente. Llevo vaqueros oscuros y sandalias altas con un top suelto,
ropa cómoda y ligera en comparación a lo que me gusta usar, pero eso no
impide que Malcolm se levante apenas me vea y me haga girar sobre mí
misma, atrayendo la atención de otros clientes y del personal, apenas me ve.
─Tanto tiempo sin verte ─murmura estrechándome contra sí, lo cual trae
una mueca de dolor a su rostro debido a que probablemente aplasté alguno
de sus golpes durante el partido. Al ver la mirada de preocupación en mi
rostro, puesto que vi cómo el integrante del equipo contrario lo tacleó en su
último partido, sonríe despreocupadamente─. No sirvió de nada. Ganamos.
Tras hablar se encoje de hombros, lo que trae tensión a sus facciones debido
al movimiento, pero aun así se inclina para sacar mi silla de la mesa como
el caballero que es a pesar de tratarse de uno de los hombres más mujeriego
y codiciado que conozco. El hecho de que las mujeres lo quieran, sin
embargo, no solo se debe a su atractivo, sino a lo dulce y amable que es a
pesar de que les deja en claro a todas ellas que no está buscando una
relación. Debo darle el crédito de ello. No es el idiota habitual.
No como Tanner.
Una vez se sienta frente a mí, al igual que cada vez que lo veo, mi corazón
se aprieta dentro de mi pecho debido a lo parecidos que son a pesar de ser
hermanastros. Las diferencias entre ellos son mínimas. Debido a que
Malcolm pasa mucho tiempo bajo el sol en el campo, su piel está levemente
más bronceada ahora. Sus ojos son más marrones que oscuros, pero en la
noche lucen exactamente iguales a los de Tanner. Su mandíbula también es
más cuadrada que la de él, quién tiene un toque europeo y fino debido a su
madre. Ya que el señor Reed también tiene ascendencia alemana, esto no es
tan relevante al compararlos.
Así que aunque me ocasiona vergüenza recordar cómo nos conocimos, no
me siento del todo culpable por haberlos confundido. Cualquiera que no
tuviera idea de la existencia de Malcolm conociendo a Tanner o al revés lo
habría hecho, sobre todo con un par de copas, o muchas de ellas, encima.
Ahora que los conozco a ambos, sin embargo, es una idea casi ridícula
equivocarme de hermano. Mientras que estar en la misma habitación con
Tanner revuelve mi estómago, todo mi cuerpo se relaja en presencia de
Malcolm, empezando por eso. También se visten diferente. Mientras uno es
elegante y oscuro, el jugador de fútbol es casual sin resultar desaliñado.
Fuera de eventos siempre está en vaqueros y camisetas o camisas
unicolores, como ahora que lleva un par de jeans oscuros y una camiseta
gris con cuello en V. A pesar del reloj de lo que sospecho es oro está en su
muñeca, típico accesorio de futbolista, pasa desapercibido por su ropa y la
gorra oscura sobre su cabeza. Si no la tuviera habría una hilera de
desconocidos esperando por un autógrafo.
─¿Cómo estuvo Miami? ─le pregunto, puesto que ahí fue donde lo Kings
jugaron anoche─. ¿Te quedaste en el apartamento?
Ya que sé cuánto odia los hoteles, les pedí a mis padres que le prestaran su
condominio. A pesar de que mi madre normalmente protestaría, mi padre
enloqueció ante la idea de Malcolm Reed, su héroe, quedándose en su casa
y personalmente se encargó de preparar el sitio para recibirlo. Malcolm y yo
no hemos hablado mucho esta semana, tampoco se lo he preguntado a papá,
así que no tengo ni idea de si se quedó ahí, alquiló algo o durmió con el
equipo. Mi mente no ha dejado de girar en torno a lo sucedido con Pauline,
algo que sospecho que Malcolm ni siquiera se imagina. Aunque es evidente
que Tanner lo que quiere, puesto que durante todos estos estos años es lo
más parecido que he visto que tiene cercano a un compañero del mismo
sexo, no creo que se lo haya comentado. Odia verse débil y esta situación lo
hace vulnerable.
Como una carie que deja el nervio del diente expuesto.
─Sí, es un sitio bonito, ¿por qué nunca vas? ─responde después de que hace
el pedido, pizza y batidos de chocolate para ambos, puesto que llevo días
diciéndole cuánto quiero comer eso, pero cuán malo sería perder los
resultados de tanto ejercicio estos días.
A pesar de que debería, no cambio mi comida.
Malcolm es mala influencia.
─No me gusta mucho el estilo de Miami. Estéticamente siento que es muy
desorganizado. Me volvería loca intentando dibujar ahí.
Arruga su frente.
─Sav. ─A pesar de su expresión confusa, su voz es suave─. Me refiero a ir
allí para vacacionar, no para que vivas o dibujes ahí. Creo, sinceramente,
que deberías tomarte unas vacaciones. Además de para venir a Houston a
verme o a tus padres, ¿cuándo fue la última vez que saliste a tomaste un
tiempo para ti?
Entreabro los labios, buscando la fecha para responder, pero no la consigo.
Incluso la última vez que salí del país, a París, con mis padres, fue antes de
entrar en la universidad. Mi vida solo ha sido arquitectura, diseño, Pauline y
Tanner desde entonces. Tengo algunas compañeras de trabajo con las que en
ocasiones salgo. Voy al menos tres veces al mes al spa y me la paso
ejercitando, pero en ningún momento me he liberado de la tensión por
completo. Eso definitivamente no puede ser bueno para mi salud.
El yoga podría no estar siendo suficiente.
─Fue hace mucho ─contesto, todavía impresionada con ello.
La expresión en el rostro de Malcolm se vuelve cálida.
─Si quieres, puedes unirte a mí cuando verdaderamente empiece la
temporada. Nos divertiremos. Todavía tienes tiempo para terminar con tus
proyectos pendientes antes de que empiece, por lo que te irías de Austin
libre de trabajo. No todo sería fútbol ─añade al recordar que no soy del todo
una fanática, puesto que prácticamente le he hecho seguimiento a la liga por
él─. Vamos.
Aunque una parte de mí se muere por aceptar, la otra no quiere someterse a
estar tanto tiempo en su compañía cuando existe el riesgo de que caiga en la
tentación de dañar nuestra amistad. No confío en mí misma cerca de él. Me
recuerda demasiado a Tanner. Como si eso no fuera suficiente, la idea de
sumergirme en sus gentiles brazos y nunca salir de ellos luce demasiado
atractiva para mí. Si me dejo llevar por ella, lo que probablemente pasaría,
y Malcolm me rechaza o, lo que es aún peor, me corresponde, sería un
desastre. No nos merecemos tener que pasar por eso.
─Lo voy a pensar ─respondo después de unos segundos de silencio, lo que
trae una mueca a su rostro. Decido cambiar de tema antes de que empiece a
insistir─. ¿Cuándo es el próximo partido? ─Hablar de fútbol siempre lo
distrae lo suficiente como para que no note mis conflictos internos─. Si es
aquí, podría ir.
Malcolm afirma.
─Es mañana, pero no estaré jugando. ─Una sombra oscura, malhumorada,
se apodera de su expresión─. Debido al imbécil que me tacleó ayer, el
entrenador ha decidido mantenerme en la banca por un par de partidos
debido a que el fisioterapeuta del equipo determinó que mi hombro había
salido levemente lastimado durante la caída. Es una jodida mierda. Me
necesitan.
Afirmo y extiendo mi mano para apretar la suya por encima de la mesa. Sé
cuán importante es el fútbol para Malcolm. No solo es un trabajo o una
pasión, lo es todo. El hecho de que nunca ha hecho uso de su diploma de la
escuela de negocios, con notas no tan buenas como las de Tanner, pero no
del todo malas, lo prueba. Debido al futbol tampoco se ha interesado en
buscar una novia o formar una familia a pesar de que solo es un par de años
menor que él, por lo que está más cerca de los treinta que de los veinte.
─Y por eso es que no pueden arriesgarse a perderte. Sin ti no son nada, así
que debes cuidarte por ti, por tu futuro en el fútbol, a menos que quieras
retirarte en los Kings ahora, y no en el Dallas, y por el equipo. Dos partidos
son nada al lado de la temporada.
A pesar de que su postura es hundida y molesta, sus labios se curvan
suavemente hacia arriba cuando una idea pasa por su mente. Sé lo que es
antes de que lo diga, por lo que suspiro mientras me hecho hacia atrás y
cruzo los brazos por encima de mi pecho. Aunque ir al estadio, abarrotado
de gente, no es mi ideal de diversión, lo haría para que él y papá finalmente
se conocieran. También para apoyar a Malcolm Reed, forzado a mirar cómo
su equipo pierde al no estar él presente, como sé que lo hará.
─Ven conmigo mañana al estadio ─dice, sus ojos esperanzados─. Trae a tus
padres o... no, mejor no, enviaré a alguien por ustedes. Cortesía del equipo.
La experiencia completa y toda la mierda. Quiero agradecerles
personalmente el haberme ayudado. ─Las comisuras de mis labios tiemblan
cuando algo parecido a un puchero hace temblar su labio inferior─. Por
favor, Savannah. No me hagas tener que llamar al señor Campbell
personalmente.
Solo para no aceptar de repente, espero a que el mesero deposite nuestras
pizzas antes de responder. Son individuales debido a que a Malcolm y a mí
no nos gustan los mismos ingredientes. Él es el Señor Vegetales y yo la
Señora Charcutera, pero al menos a los dos nos gusta en exceso el orégano
y el queso extra.
─Bien.
Malcolm sonríe mientras mastica, un hilo de queso sobresaliendo de manera
tierna de su boca. Se lo quita con una servilleta tras tragar. Tomo un sorbo
de mi malteada de chocolate, para apaciguar mi estómago vacío, antes de ir
por mi comida.
─Te mantendré entretenida ─promete.
Y a pesar de que odio ir a ver juegos, no lo dudo.
Siempre la paso bien con él.
*****
Mis padres, Larissa y Will Campbell, viven en una bonita y enorme villa en
Harris Country, el equivalente a Travis Country en Houston. Mi padre
siempre alardea de haber comprado la casa por una cuarta parte de su
precio, medio millón en lugar de dos, puesto que de no ser un agente
inmobiliario tan bueno, ahora jefe de su propio negocio, no habría tenido la
oportunidad de darle a su esposa la casa de sus sueños en la mejor zona de
la ciudad. Son adorables, a su manera. Siempre han amado que nuestra
familia goce de una buena apariencia, pero han disfrutado de su pequeño y
obsesivo deseo de nadar entre los ricos, a pesar de que ninguno proviene de
un linaje y ambos trabajaron duramente para tener lo que hoy en día tienen
en su retiro, juntos.
Son materialistas y superficiales, pero les encanta.
Y se aman.
─Cariño, ¿qué haces vestida así? ─Mi madre, cuya madre es latina, de
dónde viene mi cabello largo y negro, idéntico al suyo, me abraza apenas
me ve llegar, pero luego se separa de mí para verme con la frente
sumamente fruncida. Lleva puesto un suéter cuello de tortuga blanco y
pantalones de lino, viéndose pulcra e impecable─. Pareces un vagabundo,
Savannah, o una stripper. Sabes lo que opino de las plataformas. Si esa es la
vida que estás llevando, al menos ten la decencia de no traerla a mi casa.
Pongo los ojos en blanco.
─Yo también te extrañé, mamá.
Aunque sus comentarios sobre mi ropa, el estilo que adquirí al ir a la
universidad lejos de su opinión, deberían hacerme enojar, no lo hacen.
Estoy acostumbrada a que todo lo que salga de la línea entre refinado y
elegante sea vulgar para ella. Mi madre, por otro lado, deja eso aparte y me
vuelve a abrazar con fuerza.
─Tu padre y yo te queremos y extrañamos mucho. No sabes cuánto
deseamos que te enamores de alguien que viva en Houston para que vuelvas
a estar cerca de nosotros. ─Ladea la cabeza, culpa brillando en sus ojos
marrones─. ¿Es por mi culpa que no te has establecido? Sé que siempre he
sido dura contigo con respecto a lo que significa para mí ser una mujer, que
hay cosas a parte de mantener una familia, pero nunca fue mi intensión que
eso significara que llegaras a los treinta sin abrirle tu corazón a alguien.
Puedes ser fuerte y débil al mismo tiempo, Savannah. Míranos a tu padre y
a mí luego de veinticinco años. El que estuviera con él no significó que
dejara de hacer lo que amo. Aunque la mayoría se sienten intimidados ante
una mujer fuerte, hay hombres a los que no les molesta el éxito, mi pequeña
rosa. ─Su mentón empieza a temblar─. Y si no se trata de eso, sino de que
no te gustan los hombres, tu padre y yo ya lo hemos hablado y mientras no
te cierres a la idea de darnos un nieto o una nieta, te apoyamos. El apellido
Campbell no va a morir contigo.
Niego, un peso sobre mi pecho apenas dejándome respirar.
Esta es la segunda razón por la que casi no regreso a casa. Es difícil para mí
esconderle la verdad. Sería mucho más para mí decirle que mi novio se
siente incómodo con mi trabajo a tener que revelarle que he pasado cinco
años enamorada de un imbécil al que no le importo en lo absoluto, quién es
además el novio de su mejor amiga. En su mente es sumamente inaceptable
que una mujer, sobre todo su hija, se arrastre por un hombre. Mi padre no es
un mandilón, pero la trata como su igual y la respeta como tal a pesar de ser
quién trae la mayor parte del dinero a casa.
Ella estaría tan decepcionada de mí.
─Solo estoy demasiado concentrada en mi trabajo ahora mismo. Cuando
llegue al sitio en el que quiero estar, encontraré una pareja. ─Alzo las cejas,
mis labios curvándose hacia arriba─. Aunque en el la universidad
experimenté algunas cosas, no soy lesbiana, mamá. Me gustan los hombres.
Mucho. Sin embargo, me alegra saber que aún me querrían si no soy
heterosexual, pero me preocupa el hecho de que están empezando a verme
como una incubadora humana. Tengo veinticuatro. No quiero bebés.
Mamá se encoje de hombros a pesar de que sus facciones se fruncen con
desagrado ante la información revelada sobre mi vida sexual en la
universidad, su codo encajándose con el mío.
─Bien ─dice─. No tengas hijos, sécate por dentro, pero entonces atente a
las consecuencias, Savannah Campbell.
Detengo nuestro trayecto hacia el jardín, desde dónde papá nos saluda tras
la barbacoa, para verla. Su expresión me asusta.
─¿Qué consecuencias?
─Tu padre y yo podríamos estar considerando adoptar a algún adolescente
que, a diferencia de ti, nos valore. Ya hemos hecho todo lo que las parejas
retiradas hacen y Will está pensando volver a trabajar a tiempo completo de
nuevo. Sin él tendría un montón de tiempo libre. Podría gastarlo formando a
alguien. Ya mis propias flores no me soportan. ─Una sonrisa maliciosa se
apodera de sus labios─. O podría intentar salir embarazada de nuevo.
Conozco a mi madre. Sé que si no buscó un bebé antes, no lo hará ahora.
También que si nombró la palabra adolescente fue porque ya lo ha pensado
lo suficiente como para decirlo. No quiere bebés. No quiere popó. Quiere
nietos porque podría enviarlos de regreso a casa cuando estén siendo
demasiado molestos. Tanto papá como ella quieren compañía, lo cual solo
me hace sentir culpable como hija por no estar ahí para ellos lo suficiente.
Sin embargo, volé fuera del nido al ir a la universidad. Tengo la sospecha de
que aún si viviera en Houston seguirían sintiéndose solos a menos que
estuviéramos bajo el mismo techo, lo que atenta directamente contra mis
deseos de formar mi propia carrera independiente de sus amigos o
influencias en la ciudad.
─Por experiencia propia, creo que serías una madre estupenda ─susurro
antes de dirigirme a mi padre, quién me espera con los brazos abiertos. De
camino a él giro el rostro y le ofrezco una sonrisita─. Solo no seas tan
estricta sobre su ropa o te odiará para toda la vida y, ah, tampoco cuestiones
su sexualidad.
A pesar de que dudo que tome mi consejo, asiente.
─¿Ella te contó? ─pregunta papá, viéndome por debajo de sus gafas de
montura gruesa cuando me encuentro entre sus brazos, su cabello canoso
revuelto. Afirmo─. ¿Qué opinas? ¿No te incomoda? ─Suspira─. No tener
nada que hacer nos está enloqueciendo. Nos retiramos demasiado pronto.
No nos dimos cuenta de que el problema fue que crecimos demasiado
rápido, entonces todo el trabajo que hicimos en tan poco tiempo se vio
como años. No hacer absolutamente nada es una tortura. ─Sus ojos grises se
iluminan como linternas─. A parte, si es un muchacho podría enseñarle
todo lo que sé de fútbol.
Niego.
─Serán excelentes, papá.
Porque es cierto.
No tengo dramas parentales.
Aunque quizás ellos sembraron el instinto competitivo en mí, yo soy la
propia causa de mi pena. Me enseñaron a obsesionarme con ser la mejor, no
a obsesionarme con conseguir a mi contraparte, la cual no me corresponde.
*****
A pesar de que no quiero hijos, no todavía, estar últimamente alrededor de
personas que sí los quieren me hace sentir mal por no desearlos. Enferma.
Casi presionada a embarazarme del primer hombre que encuentre así no
quiera y esté enamorada de Tanner, pero eso es lo que la sociedad hace
contigo cuando terminas la universidad y todavía no te has casado. Instala
sobre tu cabeza un cronometro que titila de vez en cuando recordante que tu
reloj biológico continúa corriendo, por lo que casi salto sobre Malcolm
después de que el autobús de lujo que envió por nosotros a casa nos deja en
el estadio y nos escoltan al palco VIP. Mi emoción de verlo se debe, en gran
parte, a que ahora me siento sumamente identificada con él. Ninguno de los
dos quiere o ha formado una familia todavía. Solo deseamos que nos dejen
avanzar en nuestras vidas como adultos y profesionales.
─Hey ─dice, sonriéndome de manera ladeada cuando rodeo su cuello con
mis brazos─. También estoy feliz de verte.
Llevo una de sus camisas del equipo, una de las tantas que me ha regalado,
y un par de simples jeans. Mis padres visten de manera similar, puesto que
no imaginamos que éramos invitados del palco del equipo. Mi madre debe
estar muriéndose por dentro ahora. A mi padre, sin embargo, estoy segura
de que debe darle igual desentonar alrededor de toda la gente rica del área
VIP. El fútbol es lo único con lo que no es meticuloso o quisquilloso.
Larissa casi se desmaya cuando una de las mujeres la reconoce y la lleva
con su grupo, sus mejillas sonrojadas debido a que todas ellas están
perfectamente arregladas y peinadas. Suelto una risita.
─Hola ─lo saludo antes de apartarme y señalarle a mi padre─. Malcolm,
este es mi padre, Will Campbell. Will, Malcolm Reed.
─Un gusto, señor Campbell ─lo saluda él cuando papá solo se le queda
viendo, sin poder creer que esté frente a su jugador favorito.
Malcolm, acostumbrado a este tipo de reacciones, ríe y lo guía a la ventana
del palco colocando un brazo sobre sus hombros. Me guiña un ojo mientras
le habla. Feliz de haber hecho realidad uno de los sueños de mi padre, me
dirijo al otro extremo del salón, dónde hay menos personas, y me pongo a
visualizar el campo. El partido ya lleva diez minutos de haber empezado.
Vamos perdiendo. Mis ojos se entrecierran con dolor cuando el quarterback
suplente deja pasar una oportunidad con el balón. Tras unos minutos, quizás
diez o veinte, Malcolm se posiciona junto a mí. Al igual que yo, está usando
vaqueros y su camisa del equipo, pero él es una estrella. Podría estar
llevando un saco de patatas y aun así verse bien. Le sonrío amplia y
suavemente.
─Me siento feliz de haber venido a Houston este fin de semana. Lo
necesitaba. Aunque dudo que acepte tu propuesta de irme contigo durante la
temporada, tienes razón. Necesito unas vacaciones lejos del trabajo y de
Austin. Estoy bajo mucho estrés.
Malcolm separa sus labios para responder, pero capta un movimiento por el
rabillo del ojo que lo hace girar el rostro hacia la entrada del palco. Su
expresión se queda en blanco, pero luego se llena de tanta ira que
inevitablemente me recuerda a Tanner.
─Mierda ─suelta.
Sin entender su repentino cambio, volteo y lo veo.
Entiendo su reacción.
Tanner, su hermano, está entrando en el palco con una bonita chica morena,
quizás una modelo, guindada de su brazo. Una chica escalofriantemente
parecida a mí. Malcolm, al notarlo, me mira y luego a ella y traga, negando
con vehemencia después.
─Esto no es bueno.
Sabiendo que se refiere solo a que Tanner esté engañado abiertamente a
Pauline, algo que sospecho que le afecta a ambos debido a que ninguno de
los dos quiere ser como su padre, y no a lo que sea que haya entre su
hermanastro y yo, puesto que piensa que superé mi enamoramiento por él
tras su boda, niego.
─No, no lo es.
Y aunque no tengo razones para pensar en ello, no puedo evitar sospechar
que este arrebato no se debe del todo a Pauline. No puede ser una
coincidencia que venga aquí, dónde estoy con su hermano, igual a él, con
una chica que luce muy similar a mí. Presiono mi mano contra el cristal
cuando siento cómo mi cuerpo empieza a temblar con ira e impotencia.
Este es exactamente el por qué no lo puedo dejar ir.
A dónde vaya, siempre me persigue.
Sino es él en persona, son sus contradicciones.
Mrk, amo la canción que seleccioné para este capítulo. Si no les aparece
es Say So de Doja Cat. Una hermosa lectora hizo una lista de
reproducción en spotify. Yo no tengo, pero les dejaré el link en los
comentarios. Gracias, Elena, este capítulo va para ti
Y admito que esta novela resultó ser más intensa y entretenida de lo
que pensé que sería en un inicio. Hasta yo misma estoy impresionada
con cómo terminó desarrollándose
En fin
Siguiente a la que + comente
Las amo. El siguiente capítulo en pasado estará bueno
Love u
Recuerden seguirme en redes sociales, oscaryarroyo en Instagram y
twitter, y unirse a Leemos a Osc en Facebook para fandom y adelantos
Capítulo 13:
Capítulo 13:
17.4K 2.8K 1.6K
por OscaryArroyo
Dedicado a MadelineBroostrek
El viaje de la fraternidad a mi edificio transcurre en silencio. Gordon no
dice ni una sola palabra y yo tampoco, concentrándome en exceso en el
peso del six pack de bebidas alcohólicas en mi regazo. Una vez se
estaciona, prácticamente salto fuera de su auto porque realmente no quiero
más problemas. Sin realmente sonar egocéntrica, las cosas son como son.
Los hombres rara vez son fieles y lo último que necesito es que me mire de
la manera equivocada y tenga que cambiar de habitación de nuevo. Moriré
si me apodan como la roba novios del campus.
─Gracias, Gordon ─suelto escandalosamente rápido.
Luego de cerrar la puerta de su Audi, corro hacia el interior del edificio.
Me siento desgraciada y arrepentida de haber aceptado venir con él, como
si hubiera estado haciendo algo malo sin haberlo hecho, cuando el
ascensor no desciende lo suficientemente rápido y me veo obligada a
compartirlo con Gordon. Sin embargo, el alivio me recorre cuando se
dedica a mirar su teléfono y a teclear en él en lugar de prestarme atención.
Pero el alivio dura hasta que llego a mi habitación.
Tras verme entrar en ella con su novio tras de mí, Anahí se levanta de su
cama con expresión más que enfurecida, todavía llevando su uniforme del
equipo de voleibol. Su mirada es sumamente furibunda. También
disgustada y asqueada cuando se enfoca en mí con las manos puestas sobre
sus amplias caderas.
─¿Qué se supone que haces con mi novio?
Miro a Gordon en busca de ayuda, pero este solo se encoje de hombros
mientras continúa viendo la pantalla de su teléfono, una sonrisita
satisfecha, placentera y conocedora en sus labios.
─Intenté decirle que se mantuviera lejos ─dice mientras niega como si no
le creyera─. Pero sabes cómo son, nena. Siempre tan sedientas y
necesitadas de la atención que no tienen.
Al momento en el que las palabras salen de sus labios, empiezo a
retroceder sin poder creérmelo. Esto debe ser una especie de broma de mal
gusto. Cuando Anahí empieza a avanzar hacia mí con expresión asesina,
niego con vehemencia, mis brazos apretando con fuerza el six pack. Gordon
está desquiciado. Nunca le he dirigido ninguna mirada malintencionada
desde que supe de su existencia. Al alzar la vista hacia él, veo que ahora
nos mira con diversión, sus brazos cruzados por encima de su pecho.
─Anahí, él está mintiendo, yo...
Mi intento de defensa se ve interrumpido tanto por ella como por el golpe
de mi espalda contra la puerta. La chica que antes lucía como una simple
perra, ahora se ve como una maniaca. En ese momento es que entiendo el
por qué la mujer de la distribución de los dormitorios me dijo que mi nueva
compañera era problemática.
─¿Querías follarte a mi chico, Savannah?
Trago mientras niego, odiándome por verme nerviosa porque podría pensar
que sí lo quería cuando la verdad es que estoy deshaciéndome por dentro
debido a que aunque no quiero a Gordon, las acusaciones de Anahí no son
tan lejanas a la realidad.
Sí quiero al novio de alguien más.
Solo que no al suyo.
─No ─respondo, pero ni yo misma me lo creo porque mi mente en este
momento está en Tanner y siento como si Pauline fuera la que estuviera
frente a mí, no Anahí, mis mejillas rojas.
Al ver la evidente vergüenza en mi rostro, esta alza la mano para
abofetearme, pero alzo las latas de smirnoff de manzana y estas son lo que
su mano golpea, no a mí. Anahí grita mientras la aprieta contra su pecho.
Echándole un vistazo a Gordon, descubro que está mirándonos sobre la
cama de esta con una sonrisa en los labios, sus brazos cruzados bajo su
cabeza. Dejo escapar un chillido indignado cuando Anahí vuelve a
atacarme. Esta vez arroja las bebidas alcohólicas de mis manos antes de ir
por mi cabello. Nunca he peleado con una chica con un chico, no
físicamente, al menos, por lo que no le devuelvo ninguno de los golpes.
Ellos tienen serios y perturbadores problemas.
─Defiéndete ─gruñe ella cuando me lanza sobre mi cama, cayendo sobre
mí, lo cual saca el aire de mis pulmones y me hace jadear. Aunque la
verdad es que debería estar molesta, algo en mí quiere reír. Es decir, si no
he hecho esto por Tanner, mil veces mejor partido que Gordon, ¿cómo es
que llegué a esto? ¿Cómo ella puede creer que me guste? Anahí debe ver la
burla en mi rostro, también el shock, por lo que hala mi cabello con más
fuerza, seguramente decepcionada al no hallar ninguna extensión de la
cual tirar y lastimarme ─. ¡Defiéndete, zorra roba novios!
─¡No intenté nada con él! ─grito, harta de su espectáculo mientras pongo
todo de mí para empujarla al suelo, lo que hace que Gordon ría y me
enderece para mirarlo con rabia─. ¡Eres un maldito psicópata! ¿Cómo
puede gustarte ver a tu novia volverse loca de esa manera cuando sabes
que lo que le dijiste no es cierto?
Gordon arruga la frente como si acabara de recordar algo, incorporándose
al mismo tiempo que Anahí y caminando hacia mí.
─Cariño, por cierto, olvidé decirte que todo el mundo en la fraternidad vio
cómo Savannah me metió la mano en el pantalón.
Ante sus palabras, no puedo evitar chillar y girarme hacia Anahí.
─Está mintiendo, ¡toda la noche estuve con Ibor y...! ─Aunque mencionar
su nombre podría ser lo equivalente a poner una soga alrededor de mi
cuello, lo hago. Si no he recogido los frutos de lo que sí sembré, no
recogeré de lo que no─. Con Tanner Reed.
Los ojos de Anahí se prenden en fuego.
─¿El novio de Pauline? ─Se inclina, recoge una de las latas del suelo, y se
dirige nuevamente a mí─. ¿Así que Gordon no es el único chico prohibido
por el que vas, sucia y asquerosa golfa?
─Tanner la rechazó, cariño, no duró ni un segundo en su habitación con él
dentro, donde antes había follado con Ibor para sacarse el escozor de que
nunca la mirara teniendo una chica tan bonita con él, pero después intentó
recobrar su dignidad viniéndose conmigo. Él nunca lo arruinaría con su
linda y buena novia por una zorra del campus ─susurra él en su oído,
enloqueciéndola aún más, ante lo que no puedo evitar estremecerme,
puesto que Gordon no estaba mintiendo del todo─. Al igual que yo o
cualquier hombre con razonamiento. ─Sus palabras golpean mi pecho con
fuerza─. Te juro que cuando intentó chupármela de camino aquí, la aparté
como a un perro de la calle.
No puedo controlarlo. Aunque Gordon y su novia no son más que un par de
idiotas con una relación perturbadora, hay tanta verdad en lo que dice que
mis manos empiezan a temblar mientras me doy cuenta de cuán idiota he
sido todo este tiempo esperando algo que no va a pasar. Así Tanner termine
con Pauline, la reputación que la sociedad le pone a una chica que vive y
disfruta plenamente de su sexualidad nunca le permitiría estar conmigo. No
soy la perfección que quiere.
No soy una zorra.
No soy una golfa.
No soy una perra.
Pero no soy lo que él desea para su vida.
─Él está mintiendo ─susurro, siendo esto lo único que puedo decir sin
resquebrajarme─. No lo toqué ni intenté chupársela.
Lo demás, sin embargo, es cierto y ni siquiera yo puedo negarlo. Estaba
follando en su cama bajo el pretexto de que todos follan en las camas de las
habitaciones de las fraternidades para deshacerme del escozor de que lo
hubiera hecho tantas veces con Pauline frente a mí, mientras creían que
dormía, pero sabían en el fondo que no, y luego hablamos y me dijo que no
era más que otra de las chicas con las que se acostaba estando ebrio.
Que lo lamentaba si no me gustaba, pero así eran las cosas.
Anahí debe ver el evidente cambio en mi expresión y oír la sinceridad en mi
voz, pues su ira flaquea por unos segundos, pero eventualmente vuelve a
ganar sobre el resto de sus emociones cuando Gordon se dirige nuevamente
a ella, confirmando mis sospechas. Anahí puede tener problemas de ira,
pero él es quién la hace estallar, manipulando las flamas de su fuego a su
antojo.
─Otra de tus compañeras ha intentado separarnos, cariño ─le dice─.
¿Permitirás que nos gane o lucharás, como siempre lo haces, por mí? ─Sus
labios se curvan con suficiencia y arrogancia─. Recuerda cuán buena ha
sido tu vida desde que llegué a ella. Sin mí no eres nada, Anahí.
Absolutamente nada.
Esta vez cuando me estremezco, no lo hago por mí, sino por ella. Por la
manera en la que intenta ocultar la disculpa en sus ojos antes de girar la
lata de alcohol sobre mis planos en el escritorio. Fuera de mí, la empujo
antes de dirigirme a las hojas mojadas e intentar salvarlas, lo cual es inútil
debido a que la mayoría de ellas son de papel delgado, el que utilizo para
mis borradores. Mi pecho desciende hacia abajo al comprobar que todos
los bosquejos de mi proyecto para el concurso se han perdido. El inicio de
mi futuro porque sé que aunque lo intente, nada será tan perfecto como lo
que ya hice. Un artista no hace dos veces la misma obra de arte.
Y esta era la obra de arte que me llevaría a cumplir mis sueños como
arquitecta, a que mi talento no estuviese únicamente destinado a decorar o
diseñar casas para millonarios. Con taquicardia en mi pecho, asciendo la
vista hacia los culpables.
Sus sonrisas se deshacen cuando me ven.
─Tienes razón, Anahí, me incliné sobre tu novio y se la chupé en su auto de
camino aquí, pero lo hice porque él me rogó que lo hiciera desde la
primera vez que nos vimos ─le digo al detenerme frente a ellos tras tomar
las llaves de mi Mercedes, mis manos mojadas y llenas de papel. Si ya he
pagado el precio por algo que no hice, entonces que ella pague el creer que
sí. Cada vez que me llame de una manera despectiva, recordará el por
qué─. Porque está aburrido de que seas tan fácilmente manipulable. No
sabes cuánto se burla de ti a tus espaldas. ─Mis labios, el inferior
sangrante debido a sus rasguños, hacen una mueca─. Porque mientras tú
lo amas, no eres más que un juguete para Gordon.
Al igual que las palabras de Gordon me dolieron pese a contener una
mentira, las mías también la hieren porque sabe que contiene algo de
verdad. Al instante él le asegura que solo soy una loca despechada, pero
ambas sabemos que tengo la razón. Tras salir de mi habitación, sin poder
soportarlos más, camino por los pasillos con andar tambaleante. El dolor
que sentí tras mi conversación con Tanner es nada al lado de que siento en
este momento. Mi crianza me enseñó a que mi carrera, mis propios logros,
siempre van primero. Aunque cometí el error de poner mis esperanzas en
alguien más, mi madre me enseñó desde pequeña que solo puedes confiar y
manejar lo que tú misma haces, al menos hasta que encuentres la persona
correcta para sostenerte.
─Oh, Dios mío, ¿qué te pasó? ─exclama la encargada de la vigilancia de
los dormitorios, una chica con rasgos latinos de más o menos mi edad que
también he visto en el campus, cuando me ve en el estacionamiento─. Eres
Savannah Campbell, ¿no?
Entre tanto ardor, mi frente se arruga con confusión.
─¿Cómo sabes mi nombre?
─Siempre sales en el periódico. También estudio arquitectura, pero estoy
más avanzada que tú ─responde con suavidad, desviándome de mi camino
hacia mi auto para sentarme en una banca. Ya que a duras penas puedo
manejarme a mí misma, la obedezco y me siento─. Me llamo Faith y de
verdad necesito saber qué te sucedió, Savannah. ─Su expresión se vuelve
levemente dura y triste mientras me observa─. Si has sido atacada, necesito
llamar a la policía y al resto de la seguridad del campus.
Me tenso.
─No. Solo peleé con mi compañera por su estúpido novio.
Aunque su frente se arruga con disgusto, sus ojos marrones lucen aliviados.
Probablemente pensó que me habían violado o algo.
─Es gracioso cómo siempre buscamos el culpable en un hombre cuando
también nos lastimamos entre nosotras ─comenta antes de negar con un
suspiro agotado─. Las normativas del campus me obligan que lo notifique,
pero sé cuán estúpidas y decepcionantes pueden terminar viéndose las
peleas por un hombre, a lo cual ninguna mujer debería rebajarse, y
considerando que eres mi heroína... ¿por qué no solo llamas a alguien
cerca para que se ocupe de ti, Sav? ─Empiezo a negar con la cabeza, pero
esto solo hace que su aire firme y adulto vuelva─. Si nadie viene a
recogerte, lo notificaré. Lo siento. No te permitiré irte así como así con ese
aspecto. No puedo darte la espalda cuando claramente has sido herida y
podrías hacerte aún más daño si nadie cuida de ti justo ahora. Si no fuera
porque tengo un turno completo, te invitaría a pasar la noche conmigo y
con mi compañera, pero ella no es muy sociable y no creo que sea de
mucha ayuda. También te admira, por cierto. Estudia lo mismo que
nosotras y tiene alguno de tus diseños en su mural de iconos de la
arquitectura. Lo siento si te estoy aterrorizando con esto, pero la verdad es
que eres muy buena. ─Mis labios hacen un mohín involuntario, pero
también agradecido debido a que después de lo que pasó, escuchar sus
palabras es como aplicar un bálsamo a una herida que aun así escuece─.
Entonces, ¿necesitas que te preste mi teléfono para llamar o lo notifico?
Niego.
─Llamaré.
Aunque una parte de mí la odia por obligarme a llamar a la persona que
llevo semanas evitando, otra la ama por ser tan increíble. No puedo evitar
que mis ojos se llenen de lágrimas cuando me doy cuenta de lo sola que
estoy en Austin. Además de Tanner y Pauline, no tengo a nadie más. No de
confianza. El resto son conocidos o ligues con los que he disfrutado en una
fiesta. Sacando el teléfono de uno de los bolsillos de mis pantalones, marco
el número de mi ex compañera de dormitorio. Mi atuendo está arruinado.
Mis cadenas se rompieron y mi sombrero fue arrojado por alguna parte en
mi habitación durante la pelea. Durante el descenso en el ascensor, me di
cuenta de que no solo mi labio sangraba, sino también mi cuello y mi
mejilla, y de que mi cabello es un completo desastre que necesita más que
un lavado.
─¿Pauline? ─susurro cuando escucho el sonido de una respiración
provenir del otro lado de la línea─. ¿Podrías venir por mí? Tuve un
problema con mi compañera y su novio. ─Aprieto fuertemente mis ojos
entre sí, las lágrimas deslizándose por sus mejillas─. Peleamos porque
Gordon le hizo creer a Anahí que se la había chupado y arruinó mis planos
para el concurso ─sollozo─. Por favor, ven, yo... sé que no soy la mejor,
pero te necesito. ─Pauline no me cuelga, lo que habría tenido merecido
después de cómo le he dado la espalda a pesar de mi promesa de no
hacerlo, sino que sus respiraciones se hacen más audibles y profundas─.
¿Pauline? ─pregunto, mi corazón latiendo sin control en mi pecho─. Si no
vienes por mí, la vigilante que me encontró le notificará las autoridades de
la universidad y...
─Voy para allá ─me corta Tanner antes de colgar.
Faith alza las cejas cuando termino de hablar.
─¿Y bien? ¿Vienen por ti?
Trago, asintiendo.
A pesar de que hace tan solo un par de horas le dije que se mantuviera
alejado de mí, él vendrá, no Pauline. Contengo las ganas que siento de
gritar ante el hecho de que sea él quien haya respondido y no ella. Es como
si estuviera atrapada en un bucle.
─Creo que sí.
*****
Lo primero que hace Tanner cuando llega en su camioneta y se baja de ella
es cubrirme con mi chaqueta, la cual había dejado atrás. Lo segundo es
interrogar a Faith sobre cómo me encontró. Una vez obtiene todas las
respuestas de esta, me toma en brazos y me lleva él mismo al interior de su
Raptor. Estoy tan dolida y enmudecida por mis planos perdidos que ni
siquiera siento mi usual magnetismo hacia él, limitándome a acurrucarme
en su asiento mientras enciende el motor. A pesar de mi dolor, no puedo
evitar girar el rostro en su dirección cuando toma la manija después de que
ella se va. Me mira con sus profundos e intensos ojos negros antes de
bajarse, su expresión escalofriante.
─¿Gordon salió?
Niego.
─Siguen ahí.
Tras asentir en mi dirección, empieza a cerrar su puerta.
─Quédate aquí y no te lleves mi maldita camioneta.
A pesar de que debería seguirlo y detener lo que sea que vaya a hacer, no
lo hago. La verdad es que odio a Gordon más de lo que odio a Tanner y me
alegra intuir que el mariscal de campo de su equipo, también su capitán,
está a punto de darle una lección. Presiono mi frente contra el cristal,
disfruto del frío gélido de su aire acondicionado y le subo el volumen al
radio mientras espero. Tanner sale tres canciones después con la ropa
todavía más arrugada, un labio partido y los ojos inyectados en sangre.
Cuando sus manos envuelven el volante, sus nudillos están rojos.
Al percibir mi mirada, se encoje de hombros mientras arranca.
─Después de lo que le hice, no podrá continuar con la temporada.
Ante su comentario, algo de cordura vuelve a mí.
Lo que hizo puede ocasionar que lo expulsen a solo un par de meses de
graduarse con calificaciones perfectas.
─Tanner...
─Esto es mi culpa, Savannah ─dice─. Así que no digas una mierda.
Golpearlo es lo menos que te debía después de que terminaras con ellos
por la manera en la que te eché de nuestro lado. ─Me mira fijamente─. Lo
siento mucho por tus dibujos.
Aunque me gustaría contradecirlo, no lo hago.
No puedo, pero no porque piense que tenga razón, sino porque no tengo
energías, ni ganas, para convencerlo de lo contrario. Sé que sea lo que sea
que le diga será en vano porque existe algo de verdad en sus palabras, pero
yo también me fui sin luchar.
Y aun así presiento que volveré.
*****
Mientras estoy acostada en mi vieja cama, dónde por fortuna nadie ha
dormido desde que me fui, y Tanner duerme con Pauline frente a mí, quién
nos esperaba despierta, pero aceptó no hacer preguntas hasta la mañana
siguiente, ni siquiera me siento molesta por regresar a la posición de la
cual escapé. Ellos no están en mi mente ahora, puesto que lo único en lo
que puedo pensar es en cómo la arquitectura no es solo lo que amo hacer,
sino lo que más me hace sentir orgullosa de mí. Es por lo que he luchado
tanto en casa como aquí. Contra mis padres y sus planes para mí al querer
enviarme a una prestigiosa escuela de negocios. Contra los alumnos y
profesores que aún en pleno siglo XXI continúan pensando que el hecho de
ser una chica de fiesta y vestirte como una Kardashian significa que estás
vacía por dentro.
Contra mí al no poner a Tanner como el centro de mi existencia.
Por lo tanto, no soy buena en mi carrera solo porque la arquitectura sea lo
que más amo. Soy buena porque mi lucha por enseñarle al mundo que
puedes vestirte como quieras, ser como quieras, tener tus demonios y tus
problemas y aun así ser talentosa y exitosa en lo que disfrutas hacer si
crees en ti y en lo que haces me lo obliga. Ese es mi verdadero propósito al
momento de obtener las mejores calificaciones y ganar los mejores
concursos y ellos me lo quitaron.
Entonces yo le quité lo más importante a Anahí, el velo con el que cubría
los estragos que es su relación, pero todavía no he ido por Gordon. Es
evidente que ella no es lo más importante para el jugador de fútbol, pero
después de revisar su perfil público en Instagram con un montón de fotos
en su Audi antes de finalmente cerrar los ojos, sé que lo es.
E iré por él.
Chicas, 1/4 de maratón cumplido
Me piden la pc, así que bai
Love u
NO SE OLVIDEN DE COMENTAR LA HISTORIA Y DE DARLE
AMOR
Tampoco olviden seguirme en Instagram y twitter para adelantos y +
(oscaryarroyo) y unirse a mi grupo de lectoras en Facebook (Leemos a
Osc). En un rato voy a estar subiendo un adelanto del capítulo de
mañana, así que vayan y exploren mis redes sociales
Capítulo 14:
Capítulo 14:
18.8K 3K 2.6K
por OscaryArroyo
Dedicado a iner000
Básicamente, logré aparentar ignorar a Tanner.
Realmente, no lo hice.
Después de que llegara al palco con la chica que se parecía a mí y se
exhibiera sin ningún tipo de pudor con ella, luché enormemente por
mantener mis ojos lejos de ellos y concentrarme en Malcolm y mis padres,
quién terminó jugando en el segundo tiempo para salvar al equipo a pesar
de que habían decidido no sacarlo. Una vez los Kings empezaron a ganar,
sobrellevar la situación con mi padre sentado a mi lado gritando fue más
sencillo. Incluso diría que me divertí cuando Malcolm salió al campo, pero
la verdad es que en ningún momento mi mente se apartó de él.
Eso empeoró cuando los dos hermanos se reunieron al final del partido en el
estacionamiento y discutieron, a lo que no pude hacer caso omiso y me
involucré para arrastrar a Malcolm a la cena que mis padres habían
preparado para salvarlo de un escándalo. Es continuamente acosado por la
prensa y sé cuánto odia que esta filtre información sobre su familia, en
especial sobre Tanner y su madre. Aunque Tanner me vio como si quisiera
asesinarme por meterme, no impidió que nos fuéramos juntos y lo
dejáramos atrás con su Savannah Campbell 2.0. Dejarlo con ella también
trajo un sabor agrio a mi boca, pero la humanidad logró algo importante esa
noche cuando hice caso omiso de ello y continué con lo mío.
El lunes, sin embargo, no me presento a su oficina como le dije que haría,
sino que permanezco en la mía. No voy a trabajar en su ático a menos que
me pague cien millones de dólares por ello y acepte mudarse a Asia
mientras lo hago, lo cual no va a suceder, por lo que me dedico a ignorar
sus llamadas mientras preparo las maquetas de los proyectos que debo
entregar en unos días.
Sea lo que sea que esté pasando entre él y Pauline, ya no quiero sacar
provecho de ello, sino mantenerme lo más lejos posible.
Son un desastre, sí, pero son uno al que me arrastrarán.
─Sav, hay un hombre aquí que quiere verte ─dice Isla, mi asistente,
asomando su cabeza en mi oficina tras tocar la puerta de cristal que da
acceso a ella. Es una chica recién graduada en diseño de interiores a la que
de vez en cuando le doy la oportunidad de participar en un proyecto
conmigo, al igual que el otro arquitecto para el que trabaja. Su cabello es
corto y marrón y su estatura adorable. Es voluptuosa─. No tiene una cita,
pero insiste en que necesita verte personalmente. ─Sus mejillas se sonrojan,
sus gafas empañándose de manera graciosa como cada vez que se pone
nerviosa─. Es... uhm, atractivo. Lo siento, pero no puedo echarlo. Me pone
nerviosa, ¿podrías hacerlo tú?
Me echo hacia atrás en mi silla, un trozo de cartulina con pegamento en mis
dedos, mientras la miro con las cejas arriba. El nombre de un hombre
acostumbrado a causar ese efecto en las personas viene a mi mente, pero me
permito a mí misma tener la esperanza de que no sea él. Es demasiado
pronto para que ruegue. Tanner Reed es muy orgulloso para aparecer tan
pronto.
─¿Cómo se llama?
Sus mejillas se sonrojan todavía más.
─Discúlpame por ser la peor asistente, pero no puedo hablarle.
Pongo los ojos en blanco.
─Isla...
─Tienes que verlo por ti misma ─susurra antes de retroceder torpemente y
tropezar con sus propios pies antes de finalmente recuperar la compostura,
lo que soy capaz de ver debido a que las paredes de mi oficina son de cristal
y permiten que vea tanto hacia su despacho, dónde veo al hombre del cual
habla, y al de Donan, el hombre de cuarenta años con el que comparto el
alquiler. A diferencia de mí, él es feliz decorando y diseñando casas.
Mis labios se curvan hacia arriba cuando llego a Isla, quién realmente se
enreda con su lengua mientras intenta hablarle.
─Mi... mi je... mi jefa... ─tartamudea de forma triste, lo que hace que
finalmente me involucre ofreciéndole mi mano a Ryland, el dueño del club
que decoré recientemente y me prometió venir para que me encargara de su
nuevo sport bar en Travis Country.
─Ryland ─susurro con una sonrisa─. ¿Qué tal todo?
─Bien, ¿y tú? ─responde él mientras aparta su ceño fruncido de Isla y se
desabrocha la chaqueta de su traje azul marino antes de acercarse a mí
sonriendo─. Lamento haber llegado sin avisar.
Su cabello rubio está perfectamente peinado hacia atrás. Su barba está bien
recortada. Como si su rostro de ojos azules no fuera lo suficientemente
atractivo a pesar de su prominente nariz, su metro ochenta de estatura está
dotado de buenos músculos. Isla tiene razón, es atractivo, pero su tono de
voz es demasiado encantador.
─Estoy bien. No te preocupes, no estaba atendiendo a nadie, pero que no se
te haga una costumbre ─le respondo con una sonrisa─. Ven conmigo a mi
oficina y hablemos de tu nuevo negocio.
Ya que la visión del cliente siempre es importante, anoto todo lo que me
dice sobre sus aspiraciones con el local en un blog antes de realmente
hablar de su diseño, para lo cual fijamos una fecha para encontrarnos en
Travis Country. Ahora que he rechazado mi trabajo con Tanner, no me
conviene deshacerme de ningún proyecto, por el que me entusiasmo cuando
Ryland me dice que pagará muy bien si empezamos ahora. Después de que
terminamos de hablar de negocios y salimos de mi oficina, sin embargo, me
sorprende echándome un largo vistazo a pesar de que hoy no fui
exactamente creativa con mi vestuario. Después del fin de semana tan
emocionante que tuve, opté por una falda de lápiz negra, tacones y una
sencilla camisa de mangas cortas.
─Sé que puede sonar poco profesional de mi parte, pero me encantaría
llevarte a cenar. ─Me enseña sus dientes al sonreír ampliamente. La verdad
es que Isla sí tenía motivos para quedarse sin palabras. Es como estar de
frente a una estrella del cine o de la televisión─. Mira, la verdad es que no
sería yo mismo si no te lo pidiera ─agrega con una sonrisa ladeada─.
Cuando veo a una mujer hermosa, simplemente no puedo dejarla ir
Aunque normalmente aceptaría, tanto la presión a la que he estado sometida
últimamente como el sonido afligido que Isla suelta desde su escritorio hace
que niegue. Es una buena asistente y no deja de ver directamente hacia
Ryland a hurtadillas de su escritorio a pesar de que acaba de invitarme a
salir. Quizás si me lo hubiera pedido a solas lo consideraría, pero no seré la
inconsciente chica que toma lo que más quiere en sus narices.
Ella es Isla y yo soy Savannah, pero he estado ahí.
Y no es bonito.
─Creo que no ─le respondo con la nariz arrugada─. No junto los negocios
con el placer, pero si tus intenciones son que hablemos de lo que quieres
para tu bar, creo que Isla y yo podríamos ir.
La mencionada luce como si se quisiera morir.
Ryland junta las cejas.
─¿Quién es Isla?
─Mi asistente ─respondo con los ojos en blanco.
─Oh. ─Ryland le sonríe, lo que hace que la tensión se libere de mis
hombros, puesto que no es tan idiota como para admitir abiertamente que
no le prestó atención al bonito cartelito con su nombre junto a ella─. Claro.
¿Puede ser mañana? ─Su tono de voz se vuelve serio─. Podría pasarlas
buscando por aquí cuando terminen, adelantar la visita al bar y
discutiríamos su diseño en la cena. No es lo que buscaba, pero suena mucho
mejor compartir mi noche con dos mujeres hermosas en lugar que una sola.
─Por supuesto que sí.
Asiente, satisfecho, y se inclina hacia adelante para besar mi mejilla, lo que
acepto por cortesía y porque, bueno, huele bien y sería un poco
desagradable de mi parte si lo empujo.
─Bien, muchas gracias, señorita Campbell. ─Cuando se gira le guiña un ojo
a Isla, quién está tan blanca como la nieve─. Isla.
Una vez abandona nuestro piso, miro a mi asistente.
─Tienes razón. Es bastante atractivo.
Isla respira entrecortadamente varias veces antes de responder.
─Necesito comprar ropa. No puedo ir viéndome... así.
Arrugo la frente.
─¿Así cómo?
─Como yo ─jadea─. Necesito ser otra persona para mañana.
La única persona con la que voy de compras en Austin es con Pauline, lo
que consiste en mí escogiendo su ropa, y al oír a Isla quejarse por algún
motivo las palabras de Malcolm diciéndome que estoy continuamente
sometida a demasiado estrés sin descanso vienen a mi mente. Tras relamer
mis labios, le ordeno vaciar nuestra agenda para el resto de la tarde mientras
me disculpo con Donan por robarle a nuestra asistente por lo que queda del
día. Él se lo toma bien, agitando su mano hacia mí con desdén mientras
permanece inclinado sobre su escritorio y me ordena que cierre la puerta
porque interrumpo su proceso creativo.
*****
Al día siguiente me despierto con un poco de resaca, puesto que Isla y yo
bebimos champagne mientras obteníamos un tour por las mejores tiendas de
la ciudad, cortesía de una de mis clientas, la cual me hizo diseñar para ella y
para su esposo una habitación bastante exótica, y un montón de bolsas de
compra a mi alrededor. De alguna manera logro incorporarme y guardar las
nuevas cosas que obtuve ayer antes de irme al trabajo con un pantalón
negro y una camisa blanca de mangas vaporosas. Al igual que el día
anterior, lo primero que me dice Isla cuando llego es que tengo un montón
de llamadas y mensajes de Tanner.
─Bloqueé su número, pero sigue llamando desde otros ─dice.
Ya acostumbrada a que busque una manera de meterse en mi vida aunque
no exista, me encojo de hombros. Un poco de acoso de Reed no me da
miedo. No diseñaré su ático en lo absoluto.
─Sigue bloqueándolos.
Aunque mi respuesta le causa evidente exasperación, afirma.
─Lo haré.
*****
Ya que terminamos temprano, nos vamos antes y nos reunimos en mi casa
para vestirnos. Isla cubre sus curvas con un vestido rojo que hace que sea
difícil de ignorar ya que se ciñe a ella como una segunda piel. Se ve
preciosa y lo hace aún más cuando me pide ayuda para resaltar sus grandes
ojos marrones con un maquillaje ahumado. Ya que no tengo intenciones de
destacar esta noche, entro en un kimono azul con grabados y estilo asiático
y ato mi cabello en un moño en la parte superior de mi cabeza. Es lindo,
pero no sexy. A pesar de que llevamos toda la mañana hablando de cómo
Isla actuará durante la visita al bar y la cena, sus manos se llenan de sudor y
nuevamente se olvida de respirar.
─No puedo, Savannah, yo...
─Solo repítete a ti misma que solo estamos trabajando ─le digo mientras
paso su abrigo por encima de sus hombros─. Nada más.
Mis palabras deben funcionar, puesto que a los segundos parpadea antes de
enderezar sus hombros. Al verla finalmente capaz de pasar por esto, salimos
de mi apartamento y nos dirigimos al lujoso deportivo de dos puertas junto
a la acera.
─Lo siento, sé que no hay mucho espacio detrás, pero no tuve tiempo para
alquilar un auto ─se disculpa Ryland mientras abre la puerta del asiento
copiloto para nosotras─. Lo siento, en serio.
Ya que se supone que estamos aquí en calidad profesional y soy su jefa, Isla
se va atrás y yo delante de camino al sport bar en Travis Country cuyos
interiores voy a diseñar. A diferencia del ático de Tanner, el local ya tiene
piso y una escalera de madera que conduce al segundo piso. Al instante en
el que entro, pienso que una decoración clásica y a la vez retro le quedaría
bien. Algo entre escocés e irlandés. Después de que Isla y yo hayamos
tomado las medidas, volvemos a entrar en su deportivo y nos dirigimos a un
reconocido restaurante de comida asiática de la noche. Todos pedimos arroz
thai de mariscos y algunos rollitos primavera para esperar mientras llega el
platillo principal. Me siento orgullosa de mi asistente cuando es capaz de
oír y responderle a Ryland sin sufrir un paro cardiaco o verse como un pez
fuera del agua. A pesar de que su tono de voz al dirigirse a ella es cortés,
también contiene algo de genuino interés.
Me alegra que al menos una de las dos esté disfrutando.
─¿Savannah? ─pregunta una voz por encima de nosotros, erizando mi
piel─. ¿Es por esto que no me contestas?
Sin apartar mi mirada del mantel, respondo.
─No te contesto porque no quiero, Tanner. Tan simple como eso.
Ya que no lo miro, se posiciona junto a mí y me obliga a alzar la vista hacia
él debido a su cercanía. Isla hace un sonido lleno de sorpresa, pues se
encuentra junto a mí y para eso él tiene que posicionarse a su lado. Ryland
frunce el ceño hacia nosotros. Tanner, por su parte, no deja de fulminarme
con la mirada con las manos metidas en el interior de los bolsillos de su
pantalón oscuro. A diferencia de la mayoría de las veces, su camisa es
blanca y está tan desabotonada y arrugada que me cuesta creer que sea suya
o que esté disfrutando de verse así. Arruinado y descuidado.
─Savannah, es muy poco profesional de tu parte dejar de trabajar conmigo
por cualquier cosa que esté sucediendo entre nosotros ─dice lo
suficientemente alto para que los demás escuchen─. Te pagaré mejor de lo
que nadie alguna vez te pagará. Lo sabes.
─Vete ─gruño, mis mejillas rojas con furia debido a que está dejándome
mal frente a mi asistente y un cliente que, por cierto, rechacé debido a que
se supone que no mezclo negocios y placer.
─No ─replica inclinándose hacia mí, sus ojos sumamente oscuros─. Te
dejaré comer, pero estaré esperándote en el estacionamiento. Tengo algo
importante que enseñarte.
No le respondo al oler alcohol en su aliento. Sé que le gusta comer aquí,
pero también que al lado hay un bar bastante concurrido al que suele asistir
con sus socios, lo más parecido a amigos que tiene. Al igual que yo, Tanner
es solitario y solo se enfoca en los negocios. Aunque me odio a mí misma
por ello, termino asintiendo, a lo que se retira, ignorando abiertamente tanto
a Isla como a Ryland como el odioso maleducado que es. Les sonrío una
vez nos encontramos nuevamente a solas y en paz.
─Espero que el arroz thai valga la pena.
Ryland me ofrece una mueca, pero en sus ojos no hay recriminación, sino
más bien curiosidad y un deje de burla.
─Pensé que no mezclabas los negocios con el placer.
Me encojo de hombros.
─Acabas de ver por qué.
No dice nada después de ello, dedicándose únicamente a Isla mientras esta
y él hablan de los pasatiempos, como los videojuegos, que tienen en común.
Afortunadamente nuestra comida llega al cabo de poco. Después de que
terminamos con ella, pasamos de pedir el postre y nos dirigimos al
estacionamiento. Me alegro cuando tanto Ryland como Isla captan que no
regresaré con ellos y ellos mismos se despiden, la primera luciendo aliviada
de no tener que volver a la parte de atrás.
Como prometió, Tanner está esperándome junto a uno de sus autos
deportivos de lujo. Él arroja el cigarrillo que se encontraba fumando y lo
aplasta con la suela de su zapato antes de dirigirse al lado del asiento
copiloto, por lo que asumo que lo que quiere enseñarme no está aquí. Lo
detengo de cerrar la puerta. No sé cuánto ha bebido, pero no pienso
averiguarlo en la carretera.
─No ─exclamo─. Yo conduzco o no vamos a ningún lado.
─No estoy ebrio ─dice, pero de todas maneras se baja y me tiende las
llaves, las cuales acepto antes de ocupar su puesto.
El lindo auto ruje con fuerza cuando Tanner entra y acelero para arrancar.
Ajusto el asiento debido a que es algo más alto que yo. Cuando nos
encontramos en la avenida principal, señala el camino a través de las
montañas que conducen a su casa y a su nuevo departamento. Alzo las
cejas, pero lo tomo, puesto que la idea de dejarlo en un sitio en el que pueda
dormir e irme en un uber a casa suena bastante bien si las cosas se ponen
intensas.
Me sorprendo cuando me señala una vía contraria a sus propiedades, pero
que conduce directamente hacia el lago en medio de todas las
construcciones lujosas de Travis. Casi en su orilla, me indica que me
detenga frente a un terreno vacío con un cartel de venta tachado enfrente.
Sospechando el motivo por el que estamos aquí, ni siquiera me bajo del
auto. A esta hora poco podría ver si lo hago, puesto que solo vemos lo que
las farolas del vehículo nos permiten, y realmente no creo que soporte estar
tan cerca de mi sueño sin caer, por lo que tanto Tanner como yo nos
limitamos a ver hacia al frente aún en el interior de su BMW. Un terreno
como este, si me dejo llevar por el inicio y el final de la valla, podría costar
fácilmente un millón o dos de dólares.
─Debes estar bromeando ─le digo después de un rato.
─No ─responde─. Ya hice el pago. Ya está a tu nombre.
Tras tragar, me giro para observarlo mirándome.
Su voz ni siquiera trastabilló cuando me habló y sé cuánto odia la idea de
un mal negocio porque lo he oído desquitarse con sus empleados al teléfono
o en persona en el tiempo que llevo conociéndolo, pero el ser estafada por
un arquitecto no parece molestarle pese al hecho de que esto va más allá de
ser demasiado a cambio de mi trabajo y ambos lo sabemos, por lo que debe
haber algo más que quiera de mí para que decida gastar su dinero así. A
duras penas escondo el temblor en mi voz cuando me dirijo a él. Si se va a
Asia, podría aceptar trabajar en su ático.
─¿Qué es lo que realmente quieres de mí?
Antes de decidir responder, se inclina sobre mí, lo que me hace
extremadamente consciente del aroma de su colonia y del whisky que había
estado consumiendo. A pesar de que el alcohol fue lo que ocasionó, en
parte, todo esto, puesto que debido a lo ebrio que se encontraba la noche
que nos conocimos es que no me recuerda más que como una de sus
conquistas sin nombre, no puedo evitar darle la razón y creer que en
realidad está en sus cabales. Nadie que no se encuentre en sus cinco
sentidos te puede mirar como Tanner Reed me está mirando en este
instante.
─Nada diferente a lo que ya me has dado, Savannah ─responde con voz
suave y baja, pero sumamente profunda─. Todo.
Y antes de que mi mente pueda encontrarle sentido a lo que acaba de decir,
junta los suyos con los míos y me besa. Aunque todo en mí desea que
mueva mi boca contra la suya y lo acepte, me separo de él al momento en el
que entran en contacto. Sintiendo mi pecho arder, me bajo del auto y
empiezo a caminar de un lado a otro sobre el camino de tierra. Respiro
profundamente, sin poder creer lo que acaba de suceder. Lo que está
sucediendo. Tanner no tarda en bajarse también y en acercarse a mí con
expresión demasiado serena para la manera en la que acaba de cruzar una
línea bastante peligrosa del lado en el que ahora se encuentra.
El que engañe a Pauline con otras en una cosa.
El que lo haga conmigo... niego.
Es arder en el fuego.
Quiero que la aleje y que me elija, no que la engañe.
Si ese fuera mi deseo, lo habría cumplido desde hace tiempo.
─Tanner, no podemos ─le digo cuando me presiona contra la puerta del
BMW con su cuerpo, estremeciéndome cuando sitúa su rostro junto al mío,
por lo que su aliento impacta con mi oído y con mi cuello cuando inhala y
exhala sobre él─. Pauline...
─Pauline nos ha hecho suficientemente daño a ambos ─me corta colocando
sus frías manos en mis mejillas, a lo que no puedo evitar alzar la vista para
mirarlo fijamente─. Ella no importa, Savannah, ya no. Le di todo lo bueno
de mí y aun así lo tomó y lo menospreció. No es tan buena e inocente como
pensábamos. Te prometo que permanecerá lejos si aceptas. Me estoy
desmoronando y eres la única persona con la que no me siento como una
pieza rota porque continuas mirándome como si fuera lo mejor que has
visto. ─Su nariz juega con la mía, rozándola y acariciándola─. Te estoy
dando lo que todo este tiempo has pedido a gritos. Tómalo o déjalo ir de
una vez por todas.
Mis rodillas flaquean al oírlo, pero Tanner impide que me caiga al
sujetarme de la cintura y nuevamente buscar mis labios. Al no ser
rechazado, toma nuestro beso como un sí y se atreve a invadir mi boca con
su lengua. Creyendo en su promesa de que Pauline ya no será un problema,
envuelvo su cintura con mis piernas cuando me alza para llevarme sobre el
capó. Encajo mis dedos en su cabello mientras continuamos besándonos
con absolutamente nadie a parte de nuestras consciencias como testigos. A
pesar de que su sabor y su tacto me tienen enloqueciendo, al igual que la
sensación de su erección contra mi centro, niego mientras me aparto
nuevamente de él, luchando por enviarlo lejos y bajarme de su auto, dónde
terminé puesta como si fuera una adolescente.
─No pasaré por esto otra vez ─le digo a su mirada tanto furibunda como
interrogante─. Si para mañana continúas pensando igual, lo pensaré. No
volveré a ilusionarme contigo, Tanner Reed.
Al oírme, su postura tensa se relaja y su expresión se suaviza.
Asiente.
─Te prometo que así será.
─¿Cómo lo sabes? ─le pregunto mientras ajusto mi ropa antes de dirigirme
al interior del auto, mi corazón latiendo aceleradamente.
Él no responde hasta que está a mi lado, mirando hacia el terreno que
compró para mí mientras respira de manera entrecortada. Aunque su rostro
no lo demuestre, sé que está afectado por lo que hicimos por la manera en la
que sus mejillas lucen rojas.
─Solo lo sé.
Me pican los mosquitos. No olviden comentar
Las amo. Bai
Capítulo 15:
Capítulo 15:
18.6K 2.7K 1.5K
por OscaryArroyo
Dedicado a natbooksx
─¿Estás segura de que estás bien? ─me pregunta Pauline por quinta vez
mientras desayunamos en el que solía ser nuestro sitio favorito para comer
panqueques en Austin luego de que le cuento lo que sucedió, a lo que
afirmo, lo cual hace que me oculte más en la capucha de la sudadera gris
que me prestó, junto con un par de vaqueros, para que me duchara y
saliéramos.
─No tienes nada de qué preocuparte ─añado cuando la preocupación no
desaparece de sus ojos─. Lo resolveré.
─Savannah...
Niego mientras hundo mi tenedor en los panqueques.
─Solo déjalo ir, Pauline.
Cuando alzo la mirada con un bocado cerca de mi boca, presiona sus
labios fuertemente entre sí. Tanner está a su lado, pero ni siquiera ha
tocado su desayuno. Su expresión es ausente mientras mira por el ventanal
junto al que nos encontramos sentados. Mi mandíbula se aprieta cuando su
novia habla otra vez.
─No, no lo dejaré ir, Savannah, porque esos imbéciles te hicieron daño, ¿y
por qué? ¿Por qué que te tuviste que mudar a otra habitación si nos iba tan
bien juntas? Me dijiste que se suponía que necesitabas estar sola y lo
respeté, ¡pero te fuiste a vivir con alguien que resultó ser mucho peor que
yo! ─dice esto último incorporándose y aplanando sus manos sobre la
mesa, la expresión de su rostro severamente lastimada. Al darse cuenta de
que todos están mirándola, baja su tono de voz─. Te dije que si Tanner era
el problema, no lo dejaría entrar en nuestra habitación otra vez y no
aceptaste, por lo que ahora que veo cómo has preferido vivir con estas
malas personas y no conmigo y si tomo en cuenta la manera en la que me
has ignorado todo este tiempo... ─Niega─. No puedo evitar pensar que
quizás todo no iba tan bien entre nosotras. Realmente te considero una
amiga, ¿tú a mí no? Sé que no soy tan interesante como todas las demás
chicas, que incluso a veces soy un poco tonta, ¿pero qué es lo que es tan
terrible en mí que te hizo terminar con Anahí y su novio? ¿Qué causó que
me mintieras al decirme que deseabas soledad?
Cuando termina de hablar, sus ojos están llenos de lágrimas. No espera que
le responda. Simplemente arroja la servilleta que puso sobre sus piernas a
la mesa, sobre mi comida, y sale huyendo cuando no le contesto apenas
termina de hablar. Tanner hace ademán de levantarse para seguirla, pero
niego antes de perseguirla. Ya que su mochila está en la camioneta de su
novio, no llega muy lejos. La alcanzo en el estacionamiento. Pese a que
está usando sandalias y un vestido floreado de margaritas, anduvo rápido.
Sus brazos están cruzados sobre su pecho con fuerza.
─Pauline, necesitaba espacio ─le digo, pues es lo más parecido a la verdad
que tengo para ofrecerle─. No sé la razón, pero necesitaba espacio. Tal vez
irme no fue la mejor opción o la solución, pero estaba asfixiándome. Lo
necesitaba y lo tomé.
A pesar de que su expresión se suaviza, no lo deja ir tan fácil.
Niega, lo cual hace que sus rizos dorados se agiten.
─Ese es lo problema con las chicas como tú. ─Toma una profunda
bocanada de aire antes de seguir─. Hacen lo que quieran sin tomar en
cuenta los sentimientos de los demás. No sabes cuántas veces me quedé
dormida preguntándome qué es lo que hice mal para que dejaras de
hablarme, pero ahora me doy cuenta de que... fue nada. Lo dejaste de hacer
porque te vino en gana y ya.
Aunque debería sentirme mal por lo que dice, no lo hago.
Me molesta, eso sí, porque si Tanner no hubiera pasado tanto tiempo a
nuestro alrededor, quizás hubiera sido capaz de soportarlo. Quizás no me
hubiera obsesionado. Lo que sucedió, en cambio, fue que Pauline se paseó
por meses frente a una criatura hambrienta con un recipiente de helado en
la mano.
Y no me quedó de otra que desearlo.
─Y el problema con las chicas como tú es que todas piensan que el mundo
gira a su alrededor ─le digo, lo que la hace fruncir el ceño─. Como son
buenas y perfectas, todo el mundo quiere lastimarlas y desear vivir sus
vidas, pero las verdad es que no. Preferiría estar muerta a ser inconsciente
de lo que sucede frente a mí. Me atacas por haberme ido, ¿pero no te das
cuenta de que la razón por la que lo hice es obvia? Anoche fui atacada por
una pareja de lunáticos, arruinaron mis dibujos, planos importantes para
un concurso vital para mi carrera, y no has sido capaz de dejar de lado tu
molestia ni por un solo día, Pauline. ─No como yo lo he hecho por tantos
de ellos para que fuera feliz─. Me acusas de ser egoísta, pero tú no eres
mejor, sino peor. Por lo menos yo sí sé lo que sucede frente a mí porque me
permito salir de mi propio cuerpo y ponerme en los zapatos de los demás,
algo que tú, samaritana, eres incapaz de hacer porque estás encerrada en
tu pequeña realidad dónde eres cristal y todos deben cuidarte. ─Al ver sus
ojos llenarse de lágrimas, siento la tentación de parar, pero no lo hago.
Ahora que he empezado a decirle lo que de cierta forma ha estado atascado
en mi pecho por tanto tiempo, no puedo detenerme─. Absorbes a las
personas bajo la necesidad de cuidarte y perdonártelo todo porque eres
gentil y amable, inconsciente de lo que les haces. No lo resistí. Por eso me
fui.
Cuando termino de hablar, abro la puerta de la camioneta de Tanner, la
cual este abrió a la distancia, y saco mi mochila de ella. Ninguno de ellos
me detiene mientras me alejo. Debido a que luzco como si fuera a presentar
la audición para el casting de una película zombie, me tomo el día de mis
clases. En su lugar me acerco a la oficina de distribución de dormitorios y
acepto nuevamente volver a vivir con Pauline, el único sitio disponible,
puesto que sigo odiando más a Anahí y a Gordon por encima de lo que los
detesto a ellos. Una vez he hecho todo el papeleo, voy por mis cosas al
dormitorio junto al campo de fútbol.
Mis hombros descienden con alivio cuando confirmo que Anahí no se
encuentra presente, sino en una de sus prácticas de voleibol. Tomo mi ropa
del armario y la meto en una de las cajas que encontré en el depósito del
edificio. Una vez termino con mis prendas, bajo al estacionamiento y lo
guardo en mi Mercedes. De alguna manera consigo mudarme nuevamente
en menos de una hora, dejando por último mi escritorio. Mi pecho
desciende con dolor cuando poso mis ojos en el papel arrugado que ahora
son mis planos. Los acaricio con mis dedos como si tuvieran magia y eso
pudiera traerlos de nuevo a la vida, pero no lo hace. Siguen siendo basura
después de haber sido simplemente maravillosos.
Tragando el nudo en mi garganta, pero no deteniendo las lágrimas que
descienden por mis mejillas, guardo mis materiales de dibujo y me dirijo
nuevamente al estacionamiento, yendo de prisa hacia mi auto repleto por
tercera vez de mis cosas. Ya que nada más cabe dentro, peleo por mantener
arriba el maletero mientras meto mi última caja. Me tenso cuando una
mano la mantiene arriba.
─Hola ─saluda Ibor amigablemente.
Al verlo, mi cuerpo instantáneamente se relaja.
─Hola ─digo tras meterla, una sonrisa en mi cara─. ¿Cómo estás?
Su frente se arruga con preocupación. Está vestido con ropa de deporte,
por lo que supongo que iba camino a entrenar cuando me vio. Aunque una
parte de mí se siente mal por haber sido tan perra con él cuando
claramente es un buen chico, la mayor parte no lo hace. Fui clara. Solo fue
un momento de sexo. Sin embargo, no puedo culparlo por creer que pudo
haber nacido algo lindo de ello.
─Sin ofender, mejor que tú. ─Sus ojos están fijos en mi labio partido─. Iba
a entrenar unas horas extra, pero puedo dejarlo. Arriesgándome a ser
rechazado otra vez, ¿aceptarías un café?
Mis labios instantáneamente hacen un puchero tras oírlo.
Él es tan agradable.
Tan dulce.
¿Por qué simplemente no puedo quererlo?
─No ─respondo, pero a pesar de ello me sostiene entre sus brazos cunando
las lágrimas empiezan a aparecer de nuevo ante el recuerdo de mis planos
arruinados y de que voy a regresar al lugar del que escapé porque me
hacía mal, convirtiéndolo al instante en el mejor chico que alguna vez se
haya cruzado en mi camino. Una vez termino de ser patética, me separo de
él y lo miro con una sonrisa─. Pero puedes ayudarme con mi mudanza
mientras nos preparo algo de comer, si quieres ejercitar un poco.
Ibor me devuelve la sonrisa.
─Creo que eres la mujer que más me ha hecho sentir como un objeto ─dice,
pero de todas maneras asiente y me acompaña a mi viejo hogar─. Por
cierto... ─suelta cuando ya estamos en marcha hacia allá, sus dedos
bajándole volumen a la radio─. Aunque soy un chico grande, odio la
violencia, pero estoy de acuerdo con lo que Tanner le hizo a Gordon. No es
la primera vez que él y su novia atacan a una chica del campus. Hizo bien
echándolo.
Arrugo mi frente mientras mis dedos aprietan el volante.
─¿Echándolo?
Ibor asiente.
─Sí.
─¿De dónde?
─Del equipo ─responde, mirándome con la frente arrugada─. ¿No lo
sabías? Pensé que él y tú eran, son, cercanos, ¿no?
─¿Por qué lo dices?
La confusión se hace aún más presente en el rostro de Ibor.
─¿No son familia? Eso es lo que nos dijo a todos para que no te
molestáramos después del partido por joder con Johnson. Después de que
nos desconcentraras a todos, en especial a él, todos esos idiotas querían
meterse contigo para fastidiarte.
Aunque me gustaría contradecirlo, no pondré en evidencia al capitán del
equipo delante de él, no cuando eso me haría quedar en evidencia a mí o
admitir cosas en voz alta que no quiero. Tampoco deseo hacer o decir nada
que pudiera dejarlo mal después de que arriesgara su propio pellejo por mí
golpeando a Gordon en un dormitorio del campus o lo echara del equipo.
Para que esto último sucediese, sin embargo, no debía ser muy bueno.
─Sí ─respondo─. Primos lejanos. ─Giro el rostro hacia él con una ceja
alzada, mis labios curvados hacia arriba con diversión─. ¿Entonces esa
noche te acercaste a mí para molestar, Ibor?
Ibor tiene la decencia de sonrojarse.
─Bueno... ─Sonríe traviesamente─. Incluso un buen no puede resistir la
tentación de hacer cosas malas de vez en cuando. No solo eras el blanco
más deseado, sino que eres hermosa y... lista. Te he visto un par de veces en
el periódico. La zona en la que sales está junto a las noticias deportivas,
¿sabes? ─Asiento, puesto que soy muy consciente de eso. Debido a ello
Tanner y yo salimos varias veces casi juntos en él─. Y bueno, a la mierda
Tanner. Mis intenciones no eran del todo malas. Fui un caballero. Inventé a
su prima a salir después, pero ella me rechazó.
Suelto una inesperada risita.
─¿Quieres un consejo?
Ibor asiente.
─Suéltalo, nena.
Nuevamente giro el rostro hacia él para sonreírle con calidez.
─Nunca te fijes en tu acostón de una sola noche. ─Niego, lo que hace que
algunos mechones de mi cabello se atraviesen en mi campo de visión y
tenga que apartarlos─. No termina bien.
*****
Con Ibor ayudándome mientras nos pido pizza y dos malteadas de oreo con
chocolate para almorzar-merendar, puesto que no he comido desde esta
mañana y dejé a medias mi plato para ir tras Pauline, termino con mi
mudanza más rápido de lo que podría haber esperado. A pesar de que odio
estar nuevamente aquí, no puedo evitar admitir que extrañaba el aroma a
limpio de Pauline en lugar del rancio y lleno de sudor de Anahí, puesto que
rara vez se daba una ducha después de regresar de su entrenamiento, por
lo que siempre debía tener un ambientador y un eliminador de olores
desagradables en spray a la mano. Una vez Ibor se va, me acuesto en mi
cama y me quedo mirando fijamente el techo.
Antes de que pueda darme cuenta, me duermo.
*****
Me despierta el sonido de la puerta abriéndose. Tras separar mis párpados
y ladear la cabeza, me encuentro con Pauline caminando de manera
insegura y nerviosa hacia mí. Me incorporo en uno de mis codos para que
nos podamos ver mejor. Ambas nos dijimos cosas horribles más temprano,
las dos teníamos razón, pero no puedo evitar pensar que me excedí. Ella no
es como yo. No es de las que se habitúan a lo malo, sino que huyen de ello.
Así que soy la primera en hablar.
─Lo siento si lo que dije más temprano te lastimó, pero no lo retiro.
Ella se detiene frente a mí. Me mira fijamente por unos segundos antes de
asentir con expresión absolutamente seria, lo que la hace ver como ora
persona. No como un hada silvestre. Me gusta más.
─Yo tampoco lo retiro, pero me disculpo por haberlo dicho en este
momento. Tienes razón. ─Se sienta en mi cama, pero se levanta cuando yo
también lo hago─. No debí haberlo soltado en este momento. Sin importar
cuales hayan sido tus verdaderos motivos para irte de aquí, has sido
lastimada y ahora se trata de ti.
Aunque esta conversación está resultando más agradable de lo que pensé
que sería en un inicio, me acerco a la puerta principal y la abro ante la
atenta mirada de Pauline. Ya que irme sin despedirme sería demasiado
cruel, giro el rostro hacia ella tras abrir la puerta. Le ofrezco la mejor
sonrisa que puedo darle.
─Haré todo lo posible para no hacerte sentir mal si me asfixias.
Aunque no me devuelve la sonrisa, la tensión se desvanece de su rostro. Sus
hombros también descienden hacia abajo con alivio.
─Yo prometo no meterte más a mi novio por los ojos.
Aunque me congelo por unos segundos tras sus palabras, logro asentir y
salir de nuestro dormitorio con prisa. Aunque por algún motivo intuyo que
ninguna de las dos será capaz de cumplir su promesa a la otra, dejo
cualquier pensamiento sobre Tanner y Pauline fuera de mi mente y me
concentro en revisar las historias del Instagram de Gordon, quién es tan
estúpido que tiene su perfil en público a pesar de que nadie lo sigue, ni lo
seguirá. Tras ver la más actual, en la habitación que hasta ayer compartí
con Anahí, me dirijo ahí con toda la intensión de ocasionar un desastre.
Lo que le hizo Tanner no es suficiente para mí.
*****
El campus está repleto de cámaras de vigilancia, por lo que estaciono
varias cuadras antes y me pierdo en un bosque, dónde cambio mi sudadera
gris por otra, antes de dirigirme al dormitorio junto al campo de fútbol en
que el equipo todavía se encuentra entrenando. Ya que el tablero que
proporciona iluminación tanto a sus reflectores como al edificio en el que
viví se encuentran cerca del punto en el que los jugadores se encuentran,
me arriesgo a ser descubierta acercándome a la parte tras los vestuarios en
el que está puesto. Una vez he dejado esta parte de la universidad sin luz,
regreso tan rápido como puedo sin llamar la atención al estacionamiento
de los dormitorios. Tras encontrar el Audi de Gordon, lo rocío con la
gasolina de emergencias que suelo tener en una cantimplora en la cajuela
de mi auto y enciendo una cerilla. Antes de que pueda arrojársela encima,
sin embargo, una voz tras de mí me detiene. Por más culpable que se
sienta, la verdad es que este no es su asunto. Gordon es un imbécil que
necesita una lección y ya. En su redes sociales encontré que el bonito
deportivo frente a mí es un premio de una rifa, puesto que con el salario de
sus padres, quiénes son granjeros, nunca habría podido comprárselo, por
lo que lo que está frente a mí es lo que más ama.
No el fútbol, en el que confirmé con Ibor que era malo.
No Anahí.
─No lo hagas ─me dice Tanner, avanzando hacia mí mientras el fuego
desciende hacia abajo en el palillo de madera consumiéndose en mi mano.
Está usando su uniforme de entrenamiento y su rostro, al ser alumbrado
por la cerilla, se ve serio y preocupado. No molesto. No me está mirando de
la manera en la que usualmente lo hace─. Te vieron en el campo. Te buscan
por haber causado un apagón. Esto no es prudente. Si te descubren, podría
significar la pérdida de todo lo que te importa.
─Las cámaras no captarán nada.
─Savannah... ─advierte─. Si lo haces, podrías ser expulsada. Entiendo que
estés molesta, pero esto no soluciona nada. Si quieres darle una lección a
Gordon más allá de lo que le he hecho, haz planos que resulten aún mejores
de los que hiciste y gana ese maldito concurso.
Mis ojos se llenan de lágrimas.
─Ese es el problema. ─Trago─. Nunca podré hacer nada mejor.
Nunca volveré a sentarme en el balcón de la habitación de Anahí y me
inspiraré por días en la manera en la que Tanner ataja y lanza un balón.
No hará las mismas jugadas por mí, ni él ni las personas a las que se
enfrentaba en ese momento. A pesar de que muchos son capaces de hacer
lo que propone, mi talento no funciona de esa manera. Es un instante. Un
momento. Una sola oportunidad que debes aprovechar, en mi caso, para
trazar una línea. En el caso de otros artistas, para escribir o para pintar.
Una obra de arte no nace dos veces.
No importa lo mucho que te esfuerces porque sí.
─Sav... ─Ahora su tono de voz es suplicante. Aunque estoy a unos
milímetros de quemarme los dedos, continúo sin soltar la cerilla. No lo
hago incluso cuando envuelve mi mano con la suya, calentándome aún más
que el fuego, y desciende su rostro para mirarme fijamente. Estoy segura
que no la ha tomado con sus propios dedos porque cualquier movimiento
que haga podría significar su caída al charco de gasolina─. No lo hagas,
por favor.
─No es solo un concurso ─susurro─. Es la entrada por la puerta grande al
palacio de mis sueños, ¿por qué te cuesta tanto entenderlo? Si alguien te
hubiera roto el brazo, estarías igual.
─El fútbol no es lo más importante para mí.
─¿No? ─Niega─. Entonces imagina te arrebaten tus perfectas
calificaciones, tu camioneta o el orgullo de tus padres.
Tanner traga, visiblemente afectado y en conflicto.
Está entendiendo, por fin, cuán valioso es esto para mí.
─Sigue sin ser lo suficientemente importante como para que destruya mi
vida cometiendo una estupidez por ello ─responda mientras ejerce presión
en mi muñeca─. Savannah, por favor.
─Tanner, solo piensa en lo más importante para ti ─le digo, ahora
quemándome y extendiendo la mano cuando Tanner se inclina par soplar la
cerilla, lo que lo hace gruñir─. Y en qué harías si te lo quitaran. Piensa en
lo que sea, o en quién sea, que te haga estúpido y compréndeme. No puedo
dejar pasar esto mirando desde lejos como alguien más se venga por mí.
Debo hacerlo yo o no podré dormir en paz nunca más.
─¿Pero yo sí debo mirar cómo te arruinas por mi culpa sin hacer nada?
─pregunta de regreso, sus ojos sumamente sinceros─. Porque si lo hago,
seré quién no podrá dormir en paz nunca más.
─Tanner...
Al sentir literalmente que se queman mis dedos, no puedo evitar soltar la
cerilla en el momento justo en el que la luces vuelven a encenderse y la
policía del campus pasa junto a nosotros en dirección al campo de fútbol. A
pesar de que el fuego ya se había apagado, a veces solo se necesita una
chispa para iniciar un incendio. Uno que se ve reflejado en sus ojos negros.
Jajaja amo este cap. Es uno de mis favoritos y el siguiente en pasado
también lo será
Feliz día a todas las mamis que me leen
Mrk, lo siento por el soundrack intenso de este capítulo, pero
necesitaba esta canción aquí. De pana les juro que con el siguiente en
pasado se mueren
Aunque en presente también JAJAJAJA
Más tardecito estaré haciendo directo en Instagram (oscaryarroyo), así
que no olviden seguirme por ahí si quieren que más tarde hablemos de
estos capítulos
Love u, girls, no se olviden de comentar y darle amor al cap
Capítulo 16:
Capítulo 16:
19.1K 3K 1.6K
por OscaryArroyo
Dedicado a gmcerelli
Ninguno de los dos dice nada más hasta que me estaciono frente a su casa.
Cuando hago ademán de bajarme, puesto que tomaré un Uber de regreso a
mi estudio, coloca su mano sobre la mía, que está sobre sus llaves, y niega.
Arrugo la frente y bajo mi brazo en respuesta, deshaciendo nuestro toque
antes de que haga algo estúpido debido a ello, como no apartarlo si se
inclina sobre mí.
O aceptar una invitación a su casa.
─Puedes llevarte mi auto.
Aunque estoy tentada de negarme, la verdad es que no tengo ganas de
sentarme en la acera o de verle la cara mientras espero que la persona con la
que contacte en la aplicación venga por mí.
─Te daría las gracias, pero fue por ti que no me fui con...
─¿Con Sklovensko?
Mi mandíbula se aprieta ante la mención del apellido de Ryland.
Aunque me siento idiota por preguntarlo, lo hago.
─¿Son amigos?
Tanner me mira como si fuera estúpida.
─Ninguno de los dos es de tener amigos, Savannah ─responde─. Pero sí, lo
conozco. Es mi socio más reciente. Decidí invertir un poco de mi dinero el
bar deportivo que abrirá aquí y así...
─Así fue como supiste que cenaría conmigo ─completo con él, a lo que
asiente con actitud desvergonzada cuando su comportamiento roza lo
acosador─. Tanner, ¿eso fue antes o después de que fueras a mi apartamento
estando ebrio?
Con la mano en la manija de la puerta, alza una ceja hacia mí.
─¿Importa? Negocios son negocios.
Separo los labios para responderle que sí, que sí importa, pero a último
momento los cierro. Así esté en lo correcto al suponer que el plan B de
Tanner para arrastrarme a sus brazos era ser mi segundo jefe en esto, a lo
que no podría negarme por tener un acuerdo ya con Ryland, y ambos lo
sepamos, él no lo admitirá nunca en voz alta, así como tampoco dirá que a
lo largo de todos estos años no he sido la única capaz de no dejarlo ir del
todo.
También está él, quién me ha sorprendido lo suficiente hoy al arrastrarse al
restaurante al primer día de abandono de mi parte cuando es la persona más
orgullosa y altiva que conozco.
Y está Pauline.
A quién ni siquiera considero una amiga, pero me necesita.
─No, no importa.
Tras mirarme por un largo momento, Tanner asiente y se baja.
─Buenas noches, Savannah.
No me da oportunidad de contestar. Cierra la puerta y me da la espalda para
entrar a su casa, la cual lo espera con las luces encendidas. Tras verlo
encontrarse con el mayordomo en la entrada y no caer sobre los escalones,
presiono el acelerador y arranco a sabiendas de que no podré dormir
durante toda la noche. No mientras todavía sienta sus labios sobre los míos.
*****
A la mañana siguiente asisto al trabajo con un sencillo vestido blanco con
detalles azules similares a la porcelana holandesa. También tomo el
deportivo de Tanner para dirigirme a él, pues sospecho que en cualquier
momento podría aparecerse en mi sitio de trabajo para reclamarlo. Durante
la mañana, afortunadamente, no hace acto de presencia, pero no canto
victoria hasta que salgo de mi oficina a mediados de las seis y media de la
tarde.
Para el momento en el que estoy subiendo por el ascensor de mi edificio, mi
frente se encuentra arrugada porque no puedo creer que Tanner no se haya
aparecido en todo el día. Aunque estoy en su mayoría aliviada de no tener
que lidiar con él o lo que sucedió ayer, a lo que todavía no sé cómo me
siento, una parte de mí se siente molesta por soltar algo como eso y
simplemente desaparecer o arrepentirse después. A pesar de que ya
confirmé que el terreno se encuentra a mi nombre cuando un abogado me
trajo el título de propiedad más temprano, esto último pudo haber sido lo
que sucedió, por lo que me alegra no haber cedido a la tentación de aceptar
formar parte de su juego la noche anterior por mucho que mi cuerpo y mi
corazón se moría por hacerlo.
Una vez entro en mi apartamento, me cambio por un pijama de seda y
empiezo a tantear en la cocina para descubrir lo que voy a cenar, incluso
encendiendo la estufa, cuando el timbre suena. Tras tener un presentimiento
sobre quién puede tratarse, voy por una bata para cubrirme antes de mirar
por la rendija y presionar mis labios contra la abertura entre el marco y la
madera blanca.
─¿Estás sobrio?
Mis labios se curvan cuando lo escucho gruñir.
─No me hagas desear no estarlo.
Tras bufa, le quito el seguro a la puerta y lo dejo entrar. Debería enviarlo
lejos, pero no puedo. Hay algo que me obliga a asegurarme de que no esté
desmoronándose o, de estarlo, desmoronarme con él. Una vez entra en mi
apartamento con su usual conjunto negro bajo un abrigo oscuro, mis ojos
van directamente a las bolsas con recipiente de comida asiática que lleva.
Estaba por prepararme una ensalada de vegetales, pero no puedo evitar
ansiar algo que ya se encuentra listo para consumir y, por lo poco que puedo
hacerlo, huele increíblemente bien.
─¿Qué es? ─le pregunto tras llevar dos platos a la mesa.
─Arroz thai ─responde mientras me ayuda a servirlo.
Aunque eso fue lo que cené anoche con Ryland e Isla, no protesto cuando
me encuentro frente a un montón de langostinos y vegetales levemente
picantes. Tanner también trajo refresco de uva, por lo que solo abro mi
nevera para servirnos dos copas de cristal con agua y traer hielo. Sé por qué
está aquí, por mi respuesta y en segundo o primer plano por su auto, por lo
que no nos hago perder saliva a ambos preguntándoselo. Ya que no tengo ni
idea de lo que pase por su mente o de lo que lo haya llevado a mí además de
las decisiones de Pauline de deshacerse de sus bebés, dejo que sea él quién
inicie la conversación de la misma manera que lo hice la mañana que
despertó aquí.
─No me lo pondrás fácil, ¿verdad? ─dice con expresión irritada cuando
terminamos de comer, mi estómago saciado.
Niego.
─No.
Si quiere tener algo de mí, primero deberá pasar por todo lo que he pasado
durante todos estos años teniendo frente a mí lo que más deseo sin que
pueda reclamarlo. Tras soltar un suspiro, se inclina hacia adelante y toma
mi plato para lavarlo. Me levanto después de que él lo hace, pero no lo
ayudo, sino que me dirijo al sitio junto a la puerta con interruptores. El
sistema de iluminación de mi casa es una de mis mejores adquisiciones. Lo
regulo para que la claridad se opaque lo suficiente para crear el ambiente
adecuado y enciendo algunas velas ya dispuestas alrededor de la casa.
Pongo música. Sonrío con satisfacción cuando una balada rítmica, que
también contiene algunos canticos, llena mis oídos.
Para el momento en el que Tanner se da cuenta que algo extraño está
sucediendo, puesto que no altero la iluminación de la cocina hasta que
termina de limpiar, es demasiado tarde. Estoy pasando mi camisón por
encima de mi cabeza y retrocediendo torpemente al sofá. A pesar de la
oscuridad, soy perfectamente capaz de verlo tragar e intensificar su mirada
cuando caigo sobre él con las piernas levemente separadas. No traigo
sostén, solo un tanga blanco bastante lindo con lazos en las caderas.
Aunque he ayudado a Pauline a elegir su ropa interior algunas veces, nunca
le he aconsejado usar nada con lazos. Dejar que mis conquistas
desenvuelvan su regalo es uno de mis trucos, no suyo.
Cuando se acerca al punto de quedar frente a mí mientras el aroma
profundo, suave y oscuro de la vainilla que proviene de los velones y de los
inciensos nos envuelve e intenta inclinarse hacia adelante, niego mientras
presiono la planta de mi pie contra su abdomen, el cual siento contraer por
debajo de su camisa y esto ocasiona que mis dedos se curven con placer. La
humedad se concentra entre mis piernas cuando lo siento crecer y
endurecerse por debajo de mi talón, sus ojos oscuros concentrados en mi
camisa. A pesar de que hay varias interrogantes entre nosotros, empezando
por la razón por la cual asistió al partido con esa chica y qué se supone que
tiene pensado hacer con Pauline, si se divorciará de ella o no, no puedo
evitar ceder un poquito ante la idea de verlo retorcerse por mí como yo lo
he hecho por él.
Al menos antes de que tenga que decirle que no.
─Aléjate de mí ─le digo en voz baja, lo que hace que cejas se unan un
poco─. No he aceptado. Solo quiero que me veas darme placer y te des
cuenta de que si por algún milagro para ti digo que sí, te estaré haciendo un
favor. Por mucho que me gustes, nunca te he necesitado para obtener un
buen orgasmo. ─Mis labios se curvan ante lo que ambos sabemos que es
verdad─. Ni de ti ni de ningún hombre, Tanner, solo de mis dedos...
─Deslizo la mano por mi torso, pellizcando mis pezones y gimiendo en el
proceso, antes de pasarla por vientre y llevarla dentro de mi ropa interior,
dónde me acaricio suavemente sin dejar de mirar sus ojos─. Y de lo porque
incluso tú eres capaz de perder tu cordura y tu orgullo.
Y con eso me refiero a mi vagina.
Tras oírme gemir una vez más cuando meto dos dedos en mi interior a la
vez que froto suavemente mi clítoris, excitada por la manera en la que me
mira sin perder detalle, Tanner se aleja, lo que ocasiona que el vistazo que
obtiene de mí sea aún mejor debido a la nueva apertura de mis piernas, una
de ellas fuera del sofá. Mientras me toco para mí misma, no para él, lo
escucho maldecir, pero tampoco se atreve a acercarse. Es tan masoquista y
sádico como yo. Aunque los dos nos estemos muriendo porque el otro o
nosotros mismos cedamos, no lo hacemos y ese es nuestro encanto. Mi piel
desnuda se encuentra en llamas bajo su atenta mirada. Ya que de quedarse
cerca probablemente habría cedido a la idea de tocarme, se sienta en un sofá
de una sola plaza frente a mí para observarme retorcerme desde primera
fila.
Desde dónde estoy veo cuán duro está.
Relamo mis labios mientras imagino su sabor.
─Si no te tuviera el más mínimo respeto, te doblaría sobre tu sofá y te
saciaría hasta que más de mi semen no entrara en ti ─suelta mientras se
inclina hacia adelante con los codos apoyados en sus rodillas, sus manos
cubriendo por momentos su rostro como si no pudiera creer lo que estuviera
sucediendo─. No sabes cuán difícil para mí es hacer lo que me estás
pidiendo que haga y solo mirar.
Recordando la vez que lo oí masturbándose en la ducha mientras maldecía
mi nombre y consciente de que esa no fue la única vez, lo que no le prohibí
que hiciera en este momento, afirmo mientras mi otra mano aprieta uno de
mis pechos y mis muslos se tensan.
─No es nada que no hayas hecho antes ─le devuelvo algo parecido a sus
propias palabras─. Conformarte con ver en lugar de ir por lo que quieres.
─Escondo mi rostro en un cojín cuando un estremecimiento particularmente
fuerte me asalta─. Cobarde.
Al momento en el que el insulto sale de mis labios como un murmuro
agonizante que sé que oye, muerdo el cojín mientras jadeo, mis ojos
cerrados fuertemente entre sí a la par que un temblor se apodera de mis
piernas y uno de los mejores orgasmos que he tenido me asalta. Para cuando
finalmente logro recuperarme, mi pecho ascendiendo y descendiendo con
mis jadeos, Tanner está saliendo de mi estudio y cerrando fuertemente la
puerta tras de sí. No me importa. Mientras no me asegure de que está
haciendo esto porque se ha muerto todo este tiempo por hacerlo y no porque
quiera herir a Pauline, no obtendrá nada más que dificultades en su camino
hacia hacerme caer en sus brazos.
Y, conociéndome, encontraré la manera de disfrutarlo a pesar del dolor que
me ocasiona la idea de poder terminar siendo, inconsciente o
conscientemente para él, una venganza.
*****
Al día siguiente no me sorprendo cuando lo encuentro atemorizando a Isla
cuando llego a mi oficina. Contengo las ganas de echarlo cuando lo veo y
noto las evidentes ojeras bajo sus ojos. Al lado de él, tanto ella como yo
lucimos como auténticas bellezas. Bajando las mangas de mi vestido nude
en un gesto nervioso, inclino la cabeza hacia el pasillo que conduce a mi
despacho, el cual me siento afortunada de que esté hecho de cristal y que
esto signifique que no pueda hacerme nada con todos mirándonos.
─Hablemos.
A pesar de la tensión en la línea de su mandíbula, Tanner afirma y me sigue.
Siento sus ojos en mi trasero hasta que me doy la vuelta tras mi escritorio y
lo miro de frente. Me siento y él hace lo mismo. Ya que si me pongo a
esperar que sea él quién empiece, terminaremos como anoche, cuyo
recuerdo hace sonrojar mis mejillas, o enredándonos más de lo que ya lo
estamos. Tras fijar mis ojos en los suyos y asegurarme de que no me
perderé ninguna de sus reacciones a mis palabras, finalmente le hablo.
─No te devolveré el terreno ─suelto─. Y trabajaré tanto en el ático como en
el bar de Ryland, pero solo si prometes que lo que sea que pase entre
nosotros no volverá a interferir en mi vida profesional. ─Tanner afirma.
Antes de que hable, niego─. Con respecto a eso, no me acostaré contigo ni
te mirará como dices que te miro hasta estar segura de dos cosas. Lo fácil,
que Pauline ya no forma parte de tu vida. Lo difícil... ─Trago el nudo en mi
garganta─. Que no estás usándome para vengarte o desquitarte conmigo.
No lo merezco, Tanner, y si ese es el caso, prefiero que nuestra relación sea
solo profesional. También te advierto que me podría llevar tiempo darme
cuenta de estas cosas, por lo que esto no es un sí, sino un... no lo sé.
─Savannah, creo que me malinterpretaste.
Junto mis cejas y alzo el mentón.
─No, creo que eres tú quién no entiende que no me conformaré con lo
primero que me digas. Necesito verlo por mí misma. No seré la amante.
─Tomo aire tras soltar lo que me muero por decir. Al ver confusión en su
rostro, me fuerzo a mí misma a recordar todas las razones buenas por las
cuales no es un completo asno y por las que realmente me interesa,
suavizando mi voz al también tomar en cuenta cuán lastimado está─. Tienes
que poner en orden tu vida antes de querer esto conmigo o con cualquier
otra, Tanner.
─No ha pasado nada que no pueda controlar.
Hago una mueca.
─¿Mudarte a un ático cerca de la casa en la que vives con tu esposa y
seducir y comprar a su amiga con un caro terreno, también cerca, para que
lo decore por ti es tener el control? Una que usaste como modelo, por
cierto, para escoger a la mujer con la que la perseguirías a otra ciudad y
serías infiel. ─No responde, limitándose a apretar los puños en torno a los
reposabrazos de la misma manera que lo hizo anoche en mi sala mientras
me tocaba, lo que hace que junte mis muslos por debajo de la mesa. Ante su
silencio, suelto un chasquido con la lengua─. Eso pensé.
Su mandíbula se aprieta.
─No has revisado tu teléfono.
─¿Qué tiene que ver eso con el hecho de que te estás haciendo añicos y me
elegiste como la única persona para verlo?
─Mucho ─responde antes de ponerse de pie─. Hazlo y una vez te hayas
dado cuenta de lo que quise decir, haz una reservación a un buen restaurante
para que almorcemos y acordemos cómo accederás a mis cuentas para que
puedas comprar todo lo que necesites para decorar el ático. No pude dormir
ni una mierda por tu culpa anoche, así que me tomaré la mañana, pero me
despertaré para venirte a buscar alrededor de las doce.
Aunque esto último no era necesario que lo dijera, no puedo evitar sonreír
internamente ante ello. Aunque me gusta la idea de que no pueda conciliar
el sueño debido a mí, lo que verdaderamente me agrada es que sea por ello
y no por lo mucho que le dolió el hecho de que Pauline haya abortado dos
de sus bebés. No la juzgo, de verdad respeto su decisión, pero eso no
significa que a Tanner no le haya lastimado o que eso destruyera su
matrimonio.
No yo.
Sin darme la oportunidad de responder, se marcha. Veo a Isla esconderse
tras su escritorio, fingiendo recoger algo, cuando pasa frente a ella. Tras
soltar un suspiro agotado, hago lo que dice y reviso mi teléfono. Mi frente
se arruga cuando veo que me envió un archivo esta mañana, pero tenía
razón. No había revisado mi celular hasta ahora. También tengo mensajes
sin leer de Malcolm y de mis padres. Estaba ocupada pensando en él esta
mañana.
Una vez abro el archivo de nombre extraño y lo visualizo, no puedo evitar
dejar el teléfono sobre mi escritorio y pasarme las manos por el cabello, sin
poder creer lo que mis ojos acaban de leer.
─Dios ─murmuro levantándome y acercándome al ventanal que da con la
calle, dónde puedo ver a Tanner entrando en el Cadillac que conduce su
molesto e irritante mayordomo.
Como si sintiera mis ojos en él, alza la vista hacia mí y sonríe de manera
amargada, puesto que tenía razón al dar a entender que revisar mi teléfono
habría cambiado un poco mi percepción de esto. Tanner puede ser de todo,
pero no es un mentiroso.
Al menos no conmigo.
Y si me envió el borrador de su divorcio, lo está haciendo.
♡ Lo único que les voy a decir es que hoy a las 11:30 pm Venezuela
haré un live en Instagram para hablar con ustedes de la novela y que le
daré dedicación a las 5 chicas que pasen al directo conmigo, y que he
decidido extender el maratón un día más ♡
Love u
No olviden darle amor al capítulo
♡
Capítulo 17:
Capítulo 17:
20.3K 2.9K 1.7K
por OscaryArroyo
Dedicado a Unstoppablegirllux
Tanner me empuja hacia él cuando las llamas empiezan su carrera hacia el
auto de Gordon. Estas lo cubren por un momento, lo suficiente para
ocasionar daños, antes de que la policía llegue y uno de los agentes lo
apague con un extintor. Ya que aceleraron hacia nosotros a penas el
incendio comenzó, no pudimos huir. No puedo evitar soltar un jadeo, mi
pecho ascendiendo y descendiendo con fuerza, cuando el par de esposas
frías y metálicas se cierran en torno a mis muñecas. Tanner, en la misma
condición que yo, me echa una mirada de reojo antes de entrar en la
patrulla a parte en la que la que se lo llevan a la comisaría.
─Vinimos a investigar un sabotaje eléctrico, chica ─dice uno de los dos
oficiales encargados de transportarme mientras nos encontramos de
camino─. Pero encontramos esto. ─Niega─. Los jóvenes cada vez están
peor. Hacen de todo por popularidad.
Debido a que todavía estoy en shock, no lo corrijo diciéndole que me
estaba vengando de Gordon por haber arruinado mis planos en lugar de
estar cumpliendo un estúpido reto para obtener likes, pero la verdad es que
no solo se trata de la impresión de que esté en manos de la policía y de que
haya arrastrado a Tanner conmigo, sino a que ya ni siquiera sé bien por
qué lo hice. Viviendo las consecuencias de mis acciones, se siente estúpido
e infantil que haya dañado el auto de Gordon por mis dibujos. Aunque falta
solo un par de días para la entrega del proyecto y es casi imposible que
pueda volver a hacer algo tan bueno en tan poco tiempo, en este momento
me doy cuenta de que no solo se trata de eso.
Me vengué de Gordon por decirme a la cara lo que todo el mundo piensa y
murmura de mí a mis espaldas, además del hecho de ser un imbécil y haber
arruinado la entrada segura a mi futuro ideal. Por recordarme que pese a
lo que él destruyó y al hecho de que todos podrían quererme, no soy lo
suficientemente buena.
Por lastimarme, él emocionalmente.
Su novia físicamente.
─Bueno, tanto tú como tu novio se han portado bien, así que no veo
problema en que te quite las esposas ─comenta a mis espaldas el mismo
hombre latino y viejo que intentó sacarme palabras de camino aquí, a la
mesa metálica frente a la que me encuentro sentada en una silla mientras
una molesta y potente luz en un cuarto oscuro alumbra mi rostro─.
¿Necesitas que te lea tus derechos? ─pregunta al sentarse frente a mí─.
¿Dirás algo?
Niego.
─No diré nada sin un abogado.
La expresión amable y pacífica del hombre se vuelve agria.
─Si es así como quieres jugar. ─Se encoje de hombros. Sus ojos están fijos
en los cortes en mi rostro debido a la pelea─. Pero te advierto que si eres
sincera con nosotros y colaboras, podríamos intentar convencer al dueño
del auto de no presentar cargos... quizás amenazándolo con que tú no lo
harás. ─Niego, puesto que estoy segura de que Gordon lo hará y tampoco
quiero decir nada que pueda afectar a Tanner, quién lo golpeó también.
Pudieron arrestarnos debido a que fuimos atrapados en el acto, uno que a
los últimos segundos ni siquiera estuve segura de querer cometer. El agente
Martínez, lo que sé por su placa, suelta un suspiro y se levanta─. Bien.
Tienes derecho a realizar una llamada, chica.
Tras tomar un sorbo del vaso de papel con agua que tiende hacia mí, me
levanto y lo sigo por la comisaría local hasta que me posiciono frente al
teléfono fijo a la pared que me señala con un dedo. Por la manera en la que
todos me miran y se aglomeran frente a la sala de interrogatorios dónde
sospecho que tienen a Tanner, debemos ser un crimen que ha alterado sus
rutinas.
─¿Mamá? ─respondo a la par que mis ojos se topan con la televisión y
entiendo la verdadera razón de por qué me miran.
Gordon, con claras señales de haber sido golpeado por alguien más grande
que él, está dando una entrevista a un noticiero de Austin con su Audi
quemado de fondo. Sin poder soportarlo más, presiono fuertemente mis
párpados entre sí al ver una fotografía mía y otra de Tanner en la pantalla.
El canal también está disponible en Houston, por lo que le digo que lo
ponga en lugar de darle una explicación larga. A pesar de que esperaba un
regaño de ella y sé que este me espera, no puedo evitar amarla y admirarla
más de lo que ya lo hago cuando deja cualquier molestia o decepción que
sienta hacia mí de lado para ayudarme primero.
─Voy para allá, Sav, no hables con nadie.
Afirmo, apretando con fuerza el teléfono contra mi oído, al oírla.
─Gracias.
─Te quiero, mi pequeña rosa, no te preocupes por nada.
Mi barbilla tiembla.
─Y yo a ti, mamá.
Debido a que de hablar más solo la estaría retrasando, cuelgo tras decirle
esto. El agente Martínez se endereza de la posición en la que permanecía
inclinado sobre uno de los cubículos de las empleadas para verme con
ambas cejas canosas alzadas.
─¿Todo bien? ─Asiento─. ¿Todavía indispuesta a hablar?
─SÍ ─respondo.
Él inclina la cabeza hacia la mujer de anteojos con la que se encontraba
hablando, quién le tiende una cesta con mis pertenencias. Mi teléfono y las
llaves de mi auto. Junto las cejas cuando la extiende hacia mí con
insistencia. Dudosa, los tomo.
─¿Qué sucede?
─Hubo una actualización en el caso mientras hacías la llamada ─responde
con ojos entrecerrados con sospecha─. Tu novio pirómano confesó haber
sido él. Puedes irte tranquila a casa.
Debido a la impresión de sus palabras, mi teléfono resbala de mi mano. Lo
recojo del suelo sin detenerme a ver si se rompió. Siento como si mi
corazón estuviese latiendo en mi garganta y no precisamente debido a él,
sino a lo que el agente Martínez acaba de decirme. Niego mientras
retrocedo, lo que hace que el hombre frente a mí me mire con más
intensidad. Si Tanner realmente dijo eso, puede ser expulsado a solo un par
de meses de graduarse. Al igual que para mí mi carrera es importante,
para él también lo es. Es como yo. El que vengamos de hogares bien
abastecido no nos hizo flojos, sino todo lo contrario. Nos animó a buscar la
perfección. A penas estoy empezando, así que no puedo dejar que si quiera
exista la posibilidad de que pierda su carrera entera.
No cuando fui yo quién inicio el incendio.
─Él no lo hizo ─admito frente a todos─. Fui yo.
A pesar de que el agente Martínez debería sentirse satisfecho con mi
confesión, una sombra oscura se apodera de su rostro mientras otro agente,
uno de los que se llevó a Tanner, aparece a su lado con una sonrisa que
cubre al menos la mitad de su rostro.
─Ah, el amor ─comenta escondiendo mechones de su cabello rubio y largo
tras sus orejas─. Te obliga a decir lo que sea con tal de mantenerlo. ─Me
enseña sus dientes cuando sonríe. Se ve joven, pero no tanto como para que
no pueda ser mi padre. Su place dice Howard─. Tu compañero ahí adentro
tampoco quiso hablar hasta que le dijimos que habías asumido toda la
culpa. ─Mira a la mujer que tenía mis pertenencias─. Bueno, Clare, creo
que estamos ante el crimen pasional de dos pirómanos. ─Ahora observa a
Martínez─. ¿La encierras tú o la encierro yo, agente?
Martínez toma el juego de esposas en su cinturón con un gruñido.
─Vete a la mierda, Howard. ─Aunque me estén llevando tras las rejas,
niego y avanzo, indicándole que lo seguiré sin problemas. Él suspira con
alivio antes de guiarme a las celdas con la mano suavemente envuelta
alrededor de mi codo─. No tienes ningún record criminal y no luces como
alguien que haría esto por solo hacerlo. ─Su expresión se suaviza cuando
ve mi rostro─. Si quieres hablar de lo que verdaderamente pasó, estoy aquí.
─¡Nada justifica que haya arruinado el auto del hijo de dos pobres
granjeros! ─grita Howard, quién parece estar por encima de Martínez,
antes de que nos alejemos lo suficiente de él.
No puedo evitar gruñir, lo que hace reír a Martínez.
─¿Qué si fuera el auto de un abusador?
─Sí, es un idiota.
Aunque Martínez no me parece un mal tipo, la culpa de que estemos aquí
por mí a penas me deja respirar y no estoy de ánimos para sostener una
conversación. Una vez entro en mi celda, por fortuna bien ventilada, y tiene
mi teléfono y mis llaves de regreso, ya que solo me engañó para que dijera
la verdad, nada en lo que no consistiese su trabajo, me siento en la esquina
de la pequeña cama individual que da con la pared. Tras doblar mis
piernas, escondo mi rostro en mis rodillas, pensando ahora más que nunca
en lo que Tanner me ha dicho a gritos siempre y dándole,
irremediablemente, la absoluta y completa razón.
No solo saco su peor lado, sino que también lo vuelvo estúpido.
Y si no, mírenos ahora.
En su posición, también me querría lejos.
*****
─Mierda. No entiendo qué