Revista de Tecnología de Información y Comunicación en Educación • Volumen 11, N° 1 enero – junio 2017
LEER Y ESCRIBIR EN TIEMPOS DE LAS NUEVAS
TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA
COMUNICACIÓN
READING AND WRITING IN TIMES OF NEW
INFORMATION AND COMMUNICATION
TECHNOLOGIES
1
Malena Andrade
[Link]@[Link]
2
Duglas Moreno
duglasmoreno@[Link]
1
Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela
2
UNELLEZ, San Carlos, Venezuela
Recibido:11/11/2016
Aceptado: 13/03/2017
Resumen
En el presente artículo trataremos de discernir sobre cómo las llamadas
Tecnologías de la Información y la Comunicación, en adelante TIC, han
influido sustancialmente en las nuevas maneras de producir textos
escritos y, de acercarse al acto lector como base fundamental para
desarrollo del conocimiento, pero también para promover situaciones de
aprendizaje, que sean realmente significativas. El docente deberá generar
un giro a su praxis pedagógica adentrándose en el mundo cibernético
éste será el mejor aliado de una educación que verdaderamente pueda
ofrecer a la sociedad lo esperado en momentos de globalización de la
información y del conocimiento.
Palabras clave: lectura, escritura, nuevas tecnologías, enseñanza,
educación.
Eduweb, 2017, enero‐junio, v.11, n.1. ISSN: 1856‐7576 /55‐66 55
Malena Andrade • Duglas Moreno
Abstract
In this article we will try to discern how the so-called Information and
Communication Technologies, hereinafter ICT, have substantially
influenced the new ways of producing written texts, and of approaching
the reading act as a fundamental basis for the development of knowledge,
but Also to promote learning situations that are truly meaningful. The
teacher must generate a turn to his pedagogical praxis entering the cyber
world, this will be the best ally of an education that can truly offer society
what is expected in times of globalization of information and knowledge.
Keywords: reading, writing, new technologies, teaching, education.
1. Introducción
La lectura y la escritura constituyen una dualidad concéntrica de signo
indisoluble. Enunciar la lectura, supone pensar inmediatamente en el
hecho escrito, pues ambas actividades están ligadas al proceso de
enseñanza-aprendizaje, ya que una no puede sostenerse sólidamente sin
la otra. Leer y escribir como habilidades cognitivas contribuyen a la
ampliación y permanencia de la cultura actual, tal vez, sean las destrezas
más difíciles de aprender para el ser humano; pero a su vez las más
importantes para darle soporte a todo lo que califica a una sociedad, pues
gracias a la palabra escrita y a la profundización crítica del hombre en los
textos es que sobrevive su pensamiento. La nueva dinámica social
demanda que se considere a la lectura y la escritura como herramientas
fundamentales para el hombre actual, sin embargo, parece que esto no
es así. Muchos son los factores que influyen en esta forma negativa de
apreciar, hoy por hoy, estas dos actividades que son indisolubles a la
hora de adquirir y transformar el conocimiento. En la era globalizada que
estamos viviendo, las nuevas tecnologías y los indetenibles avances de la
informática on line y otros formatos, están jugando un papel determinante
en la manera de acercarse los jóvenes y el público en general a la lectura
y la escritura.
Ahora se lee y se escribe de forma diferente, son otros los soportes que
contienen la información, los cambios de mentalidades en cuanto a estas
dos acciones, han dado un giro categórico y determinante. Este cambio
se puede alinear con lo que plantea Ferreiro (2000) en cuanto a que “los
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lectores se multiplicaron, los textos escritos se diversificaron, aparecieron
nuevos modos de leer y nuevos modos de escribir” (p. 1).
El planteamiento de Ferreiro permite sostener la necesidad de hacer de
las nuevas tecnologías, los aliados más fecundos y dejar de verlas como
expresiones cuasi satánicas que están empobreciendo y anulando las
capacidades de lectura y escritura de la gente. Sabemos que esto no es
así, el problema nace desde las mismas transformaciones y la resistencia
al cambio de paradigma pedagógico y de mentalidad que muchos
docentes han mostrado, que lejos de contribuir a mejorar sus prácticas
pedagógicas, producen en sus estudiantes la sensación de indiferencia
por los contenidos de las clases, ya que éstos se encuentran
desconectadas de la realidad y muy distantes de los intereses de los
alumnos. Los niños y jóvenes de ahora no piensan como los adultos, sin
embargo, gozan de más posibilidades de ampliar su cultura, de crear y
crecer a través de la lectura: pero las políticas educativas y quienes se
encargan de esto, aún no lo han terminado de aceptar, siguen ejerciendo
prácticas divorciadas de la realidad; mostrando nostalgia por viejas
maneras de enseñanzas.
2. Uso de las TIC en la lectura y la producción de textos
Partiendo de las ideas expuestas en el apartado anterior, es preciso
señalar que las nuevas tecnologías de la comunicación o TIC se han
convertido en extraordinarios medios informativos, útiles para
promocionar la lectura y ampliar conocimientos disciplinares diversos;
pero también, para entrar en contradicción con los mismos, pues la
demanda en el uso de numerosos dispositivos (tablet, computadoras,
celulares, Ipods, smartphone) es creciente por parte de los más jóvenes,
quienes están conectados a estos aparatos y al mundo cibernético por
mucho tiempo, pero realmente no realizan lecturas profundas y críticas.
Esta es una realidad que atañe completamente a todo el sistema
educativo de cualquier país, pues (algunos países) viven en tiempos de
derroche vertiginoso de avances cibernéticos, pero a la vez se encuentran
inmersos en una cultura que silencia las capacidades expresivas o
comunicativas de la sociedad.
Ante la perspectiva y retrospección de esta realidad, podríamos
preguntarnos: ¿por qué con más formas de comunicarnos y de
acercarnos a diversos textos digitales, estamos leyendo menos y
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produciendo menos conocimiento? Y lo que es peor aún, y que vale la
pena repensar, es la siguiente cuestión: ¿por qué se está dando tanto
fracaso escolar en todos los niveles educativos? Las respuestas a las
cuestiones anteriores pudiera ser que estamos muy conectados
tecnológicamente; pero desconectados de la cultura, de la identidad, de
los saberes y quizás, de dos componentes básicos que hacen
imperecedero el pensamiento del hombre: la escritura y la lectura.
Esta diversidad de espacios y mecanismos de interconexión tecnológicos,
pareciesen tener un efecto secundario devastador: cada día el hombre se
siente más solo. Paradójicamente, su accionar pretende unirnos, pero en
el fondo logra separarnos. Este contexto es una muestra de que estamos
ante una verdadera diacrisis, pues entre las personas lo que subyace es
un profundo distanciamiento. Además, no todo lo que se produce en las
TIC beneficia a la gente. Morales y Alvarado (2015, p.16) reconocen que
si bien en la “web se da una explosión de información, también es cierto
que: no todo lo develado y revelado desde la internet es verdadero; es
decir, no toda información conlleva a un conocimiento verdadero”. Esto
nos conduce a reflexionar que en la web la información es abrumadora;
pero el conocimiento es selectivo. Manejar una cantidad excesiva de
información no es garantía de que estemos aprendiendo. Lo que se
necesita es informatividad, conocimiento y saberes nuevos; más que
información datual.
Hoy es innegable la necesidad perentoria que sentimos de mantenernos
conectados, de interactuar a través de los diversos medios de
comunicación, en mucho casos, sobre todo en los más jóvenes, se ha
transformado en una adicción que está trayendo repercusiones (a nivel de
todos los estratos) en la psique de quienes en un afán de estar
interactuando en las redes sociales, han perdido la capacidad
comunicativa de socializar desde la misma convivencia en familia, hasta
extraviarse en un laberinto de relaciones imaginarias que desbordan la
vida cotidiana.
Sin duda, estamos ante la inmediatez de todo cuanto acontece, aquí se le
da espacio a lo superfluo y mientras más rápido se lea y se escriba con
menos caracteres mejor. Esto ha contribuido de manera
desproporcionada a que la escritura y la lectura críticas sean actos
completamente circunstanciales, ambos han sido sustituidos por la
imagen, al respecto de esta última idea, Vargas Llosa (2013) argumenta
que “Hoy vivimos la supremacía de las imágenes sobre las ideas. Por eso
los medios audiovisuales, el cine, la televisión y ahora Internet han ido
dejando rezagados a los libros” (p. 47).
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Esta sentencia ya está siendo vislumbrada por quienes decididamente
queremos la sobrevivencia del libro, sin embargo, la superficialidad de la
contemporaneidad y lo efímero de lo que cuenta la noticia y los reality
shows, están suplantando una elite cultural que cimentaba sus
conocimientos en el libro impreso, en enciclopedias y diccionarios físicos
y en cualquier otro medio analógico que pudiera contribuir al crecimiento
de la información, generalmente éstos se obtenían en la escuela, hoy por
hoy, los niños, adolescentes y universitarios se enfrentan a una cultura
donde todo parece desvanecerse con una nueva noticia que echa al
olvido la más reciente. Así, leer y escribir han pasado a un segundo
plano, ya no son las vías inexorables de conocer y ampliar los espectros
de la cultura del conocimiento, pues la imagen se ha impuesto con
supremacía y con decisión, esto gracias a la publicidad y a los diferentes
medios. En ese nuevo paradigma de mundo y de vida la lectura y la
escritura se dejan al margen y, por ende, sus funciones sociales están
siendo transformadas por los embates de la vertiginosa tecnología que
cada día (con los nuevos inventos) nos sorprende más.
Entonces, las TIC pueden ser vistas como Eros y Thanatos (amor y
muerte). Por un lado nos dan vida y nos ubican en un mundo globalizado
y, por el otro, cercenan la posibilidad real de leer y escribir, es decir,
asfixian la posibilidad de crear por medio de la palabra escrita. Diremos
dolorosamente que estas prácticas, que pueden estudiarse en cualquier
comunidad discursiva, no se están realizando de modo adecuado, no se
hacen o practican de forma profunda y sustancial, sino precaria. El gran
reto de los docentes será centrarse en despertar el interés por estas dos
formas de transformar el pensamiento (leer y escribir) en tiempos donde
sólo se quiere leer un titular que ofrezca Twitter, Facebook o Instagram
(redes sociales predilectas por los más jóvenes) para informarse de
manera epidérmica. Así nos convertimos en parte de esa cultura de las
recomposiciones y de los simulacros. Porque esas noticias no
trascienden, solo deslumbran como hecho especular y en definitiva todas
caen en el olvido.
Retomando el tema que nos ocupa, la informática para la Educación debe
ser tratada como la gran aliada para el desarrollo intelectual, educativo y
pedagógico en general, pero contrariamente sigue existiendo una
resistencia por parte de los docentes, pues no hemos asimilado los
beneficios de las TIC. Lamentablemente las hemos satanizado, esto
como producto -en algunos casos- de la escasa o insuficiente formación
en el área de la Nuevas Tecnologías que tenemos los docentes y, en
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otros casos, los encargados de la educación prefieren mantener las
estrategias pedagógicas de un sistema anticuado que no está ofreciendo
salidas precisas a los diversos problemas educativos. Sustentamos
nuestra postura con lo que Briceño (2016) reflexiona ante esta
problemática, afirma esta investigadora que en todos los niveles de la
educación venezolana, se refleja “un apego a patrones enseñanza
tradicionales, alejados de posturas críticas, reflexivas donde se evidencia
la construcción del conocimiento no acorde con las disciplinas” (pp.56-
57).
En definitiva, somos testigos de un sistema educativo desarticulado de la
realidad. Algunos creen que se caracteriza por “un clima de desaciertos
que tanto filósofos, como pedagogos y psicólogos han comenzado a dar
gritos de alerta, porque se han desviado los caminos y propósitos
verdaderos de la educación” (Bracamonte, 2015, p.537). Entonces surge
una interrogante ¿qué hacer para que la lectura y la escritura mantengan
el estatus de las décadas anteriores, pero con el aditivo de los avances
tecnológicos? La respuesta está tratando de ser encontrada por los
teóricos, quienes saben de las bondades de las TIC, pero cómo hacer con
las mentalidades, que son en definitivas las entidades de la sociedad más
difíciles de transformar. Por ejemplo, la UNESCO, desde 2011 viene
alertando sobre la necesidad de una alfabetización mediática de los
jóvenes. Por ello, a principios de noviembre de 2016, se realizó en Sao
Paulo, Brasil, la semana de la alfabetización mediática para seguir
desarrollando e implementando mecanismos para ayudar a los miles de
analfabetas tecnológicos.
Esta dificultad para imponer transformaciones radica en que las
mentalidades son verdaderos sistemas de representaciones que regulan
constantemente las practicas colectivas (Jodelet, 2007) en el
fortalecimiento de la identidad en la sociedad. Existe un axioma válido
ante este aspecto: los adelantos y cambios en el ámbito de la tecnología
no se pueden extrapolar automáticamente al imaginario de la gente.
Debemos convencernos de que los tiempos de las TIC marcan la pauta, y
no hay vuelta atrás. Es preciso recordar, en este punto, a Prensky, quien
en el año 2001 acuñó los conceptos de “nativo digital e inmigrante digital”,
en un artículo, publicado en la revista Horizonte, al respecto de lo que se
viene diciendo, señala que:
Los estudiantes del Siglo XXI han experimentado un cambio
radical con respecto a sus inmediatos predecesores. No se
trata sólo de las habituales diferencias en argot, estética,
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indumentaria y ornamentación personal o, incluso, estilo, que
siempre quedan patentes cuando se establece una analogía
entre jóvenes de cualquier generación respecto a sus
antecesores, sino que nos referimos a algo mucho más
complejo, profundo y trascendental: se ha producido una
discontinuidad importante que constituye toda una
“singularidad”; una discontinuidad motivada, sin duda, por la
veloz e ininterrumpida difusión de la tecnología digital, que
aparece en las últimas décadas del Siglo XX (p.5).
Prensky postula que existen los “nativos digitales” (los nacidos en la
última década del siglo XX) y los “inmigrantes digitales” pertenecen a
décadas anteriores. Los primeros son personas que han estado rodeados
de aparatos tecnológicos, sus vidas discurren por largas e interminables
horas frente a algún dispositivo: computadora, Tablet, IPod, celulares de
avanzada, entre otros, lo cual reduce la posibilidad de que los jóvenes
sientan la necesidad de acercarse a la lectura de un libro en físico.
Señalamos esto en consonancia con lo que ha expuesto Volpi (2011) en
un artículo titulado, “Réquiem por el papel”, donde destaca algunas
ventajas de leer textos digitales, estos beneficios son:
1. Los libros-electrónicos son cada vez más asequibles.
2. Los libros-de-papel no necesitan conectarse y no se les acaba la pila.
En efecto, pero en cambio se mojan, se arrugan y son devorados por
termitas. Poco a poco, los libros electrónicos tendrán cada vez más
autonomía.
3. Los libros-de-papel son objetos preciosos, que uno desea conservar;
los libros-electrónicos son volátiles, etéreos, inaprehensibles.
Resulta difícil cuestionar todas estas ideas, pues ciertamente lo expuesto
por el autor está siendo una realidad innegable; no obstante, las
sociedades sí deberían luchar por la supremacía del libro impreso, o, por
lo menos, por la convivencia de ambos soportes: el físico y el digital.
Creemos que la cohabitalidad de la plataforma tecnológica junto a la que
se genera en los espacios abiertos del papel es posible. Estamos siendo
testigos de una verdad incuestionable: los jóvenes prefieren leer en
digital, pero ¿realmente están leyendo o solo divirtiéndose con la gama de
posibilidades lúdicas que ofrece Internet? Parece que la gran mayoría se
encuentra en la segunda opción que plantea nuestra interrogante, pues
de lo contrario el problema de la lectura crítica, la capacidad de asentar
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por escrito los pensamientos, deseos y emociones de los estudiantes no
representaría un problema tan agudo, como lo es hoy en día.
Hay estudios académicos que muestran en los jóvenes de hoy, una serie
de conductas obsesivas, compulsivas y hasta demenciales por la carencia
de equipos tecnológicos (Gaspar, 2015). El celular, más que un aparato
de comunicación, es un apéndice de las personas. Es por eso que
algunos jóvenes sufren, sin que a veces reconozcan este padecimiento,
de nomofobia, es decir, de un miedo terrible a estar sin el celular. Si los
jóvenes se “enferman” al percatarse de que no llevan consigo el celular,
los docentes tienen un síndrome más peligroso aún, nos referimos a la
tecnofobia. El profesor rechaza la tecnología, no solo por el miedo a lo
desconocido, sino porque la siente como una fuerza intrusa que lo
pretende desplazar de la interacción en la enseñanza-aprendizaje
practicada en el salón de clases.
Esto que referimos es la realidad que viven la mayoría de los “nativos
digitales” y también muchos “inmigrantes digitales”, quienes ven en las
TIC una oportunidad de distracción, pero no una oportunidad maravillosa
para leer y escribir, un medio extraordinario para expresar los
pensamientos y las ideas, el problema no lo representan las nuevas
generaciones, el problema como señala Carlino (2004) hay que ubicarlo
en la forma como los docentes estamos trasmitiendo los conocimientos,
pues en una hermética resistencia mental nos negamos a hacer uso de
las TIC, las redes sociales, y en definitiva de las preeminencias que nos
ofrecen las distintas plataformas y los diversos diseños instruccionales
creados con fines estrictamente pedagógicos, que buscan mejorar la
forma de enseñanza-aprendizaje.
Ahora bien, la educación en todos los niveles ha entrado en conflicto en lo
referente a la era tecnológica que estamos viviendo, entonces el reto
versa en cómo hacer que estas generaciones lean más y escriban más,
utilizando las TIC. Ante esta realidad, el desafío es desproporcional, pues
cuesta mucho lograr que los jóvenes lean un libro o textos cortos y
puedan, por lo menos, parafrasearlo y hasta hacerle una breve reseña
crítica. Sin duda, la “incorporación y apropiación de las TIC implica un
cambio radical en la visión que se tiene del proceso educativo” (Sandia,
Luzardo y Aguilar, 2016, p. 106). Este objetivo debería ser el motor
fundamental para impulsar el acto lector y de esa manera generar ideas
que luego puedan fijarse en un papel o en cualquier soporte digital, y así
aumentar la necesidad de organizar el pensamiento a través de la palabra
escrita. Se debe pasar de la lectura por placer a la lectura eferencial, es
decir, a la lectura crítica, donde el sentido profundo del texto sea la gran
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preocupación del acto lector. Podemos afirmar que también hay una
lectura académica, es decir, una actividad lectora para lograr la
comprensión y aprendizaje de nuevos saberes y de esa manera poder
tener herramientas epistemológicas para iniciar la escritura de cualquier
texto.
Es cierto que hay una lucha entre la forma tradicional de leer y lo que las
nuevas tecnologías han impuesto a través de la cultura de masa en los
“nativos digitales”, pero qué hacemos los docentes para darle un viraje a
esta situación. La solución, a simple vista, parece sencilla: replantearnos
nuevas estrategias que involucren a las TIC para que el acto creador y
lector se encuentren en sintonía con el momento que estamos viviendo.
Lo cierto es que estamos actuando en lo que Debord (1995) llamó
premonitoriamente “La sociedad del espectáculo”, idea que ha sido
ampliada y redimensionada una década después por el filósofo francés
Jean Baudrillard en su libro Cultura y simulacro, donde lo fugaz de la
noticia y el evento cargado de escándalo, amarillismo y futilidad es lo que
parece importarle al hombre contemporáneo, sustituye la lectura y la
escritura por la imagen, lucha por desvanecer la abstracción, porque
como dice Baudrillard (1978) “lo que ha estado en juego desde siempre
ha sido el poder mortífero de las imágenes, asesinas de lo real, asesinas
de su propio modelo” (p.13).
La idea señalada anteriormente, conduce a reflexionar sobre cómo la era
digital, con todas las bondades que pueda ofrecer, también se erige en la
negación del signo escrito, ya que nuestra sociedad ha sobrevalorado la
imagen y el sonido por encima de la memoria escrita. Ciertamente los
jóvenes hacen allí múltiples tareas, pero muy pocas con la profundidad
académica requerida.
Mientras tanto, actividades como la lectura y la escritura caen en el olvido,
pues la novedad pasajera y el espectáculo o en su defecto la telerrealidad
(reality shows) está a la orden del día, esto incluyendo la actualidad
política que se ha transformado en un espectáculo donde priva lo pasional
por encima de lo que, los supuestos representante de los ciudadanos, le
ofrecen a los pueblos. Estás nuevas generaciones se sienten cómodas
así, les interesa por encima de cualquier responsabilidad, estar
conectadas, sin plantearse una comunicación realmente efectiva y
transformadora. Entonces, creemos fundamental que debe darse un
cambio de mentalidad en los docentes, quienes tienen la responsabilidad
de guiar el uso de las TIC y tratar de frenar el empleo inadecuado de las
mismas, en actividades diferentes a las de formación académica.
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Lo expuesto anteriormente, origina un desafío en la jerarquización y
compilación de los saberes, estos se han sacralizado de tal manera que
el asunto ha devenido en un verdadero problema, pues la ruptura de los
paradigmas ha sido tal que ha dado origen a enciclopedias que parecen
decirnos todo (y muchas veces nada) y nos acercan de modo frívolo al
conocimiento de todas las áreas del saber humano. Esta realidad la
observa y explica García Canclini así:
Ante el desconcierto que genera la multiplicación de lo distinto,
lo emergente, lo que se autoriza fuera de las totalizaciones
conocida, surgieron intentos de definir y clasificar de modo
abierto. El más conocido es la Wikipedia un sitio de acceso
libre en Internet cuyas entradas pueden ser escritas y
modificadas por quien lo desee. Se multiplican las voces y se
flexibiliza el orden sin devoción hacia los expertos o hacia la
cultura dominante (2007, p. 20).
Lo que ocurre es que el acceso abierto está facilitando la oportunidad de
desvirtuar la verdad, y “la simple abundancia de información, que
acumula en la navegación textos e imágenes, ocurrencias, opiniones y
publicidad, no construyen puentes en mundos rotos” (García Canclini
2007, p. 21).
3. Palabras de cierre
Finalmente, la reflexión epistemológica que se pretende establecer a fin
de observar en actividades como la lectura y la escritura, premisa únicas
que por su naturaleza presentan nexos ineludibles con varias disciplinas
del saber humano, ya que las interrelaciones disciplinarias como formas
vivas del pensamiento nacen y surgen en un contexto social, aceptando la
coalición con los conceptos que las ciencias sociales desarrollan dentro
del emergente mundo de las nuevas tecnologías. Así, lectura y escritura
pueden ser abordadas como fenómenos de estudio desde varios
enfoques, y a su vez estas perspectivas contribuyen de manera integrada
con el tema que se plantea, el mismo podría abordarse bajo una mirada
científica y rigurosa, permitiendo contribuir de alguna manera, con los
diversos procesos cognitivos y a su vez comprender el porqué de la
abulia que la recientes generaciones de todos los niveles educativos
sienten por leer y escribir.
Reflexionar en torno a estas actividades (lectura y escritura) permite la
apertura de un camino a nuevas formas de problematizar los fenómenos
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relacionados con los seres humanos muy especialmente lo que en la
actualidad se vive con respecto a la influencia de las TIC y los nuevos
soportes digitales que están generando en las mente de los jóvenes y a
su vez como, tal vez, sin proponérselo han desvalorizado actividades
como la lectura y escritura que son la médula del conocimiento y del
desarrollo cognitivo individual, siendo éstas en definitiva las protagonistas,
ejecutoras y propulsoras del desarrollo de la sociedad del conocimiento.
Ahora bien, vale señalar en estas palabras finales que, libros digitalizados
y todo el material que nos ofrece Internet, no se oponen al deseo de
enriquecer la lectura y la escritura, contrariamente suman y,
decididamente los materiales que son electrónicos aún también siendo
físicos, se universalizan y alcanzan más lectores en todo el mundo. Las
tecnologías de la información y la comunicación, las llamadas TIC,
llegaron a nuestras vidas y piensan pasar un buen tiempo entre nosotros,
abramos nuestra mente y con aceptación integremos éstas a los procesos
de aprendizajes. El momento demanda urgentemente un cambio de
mentalidad, pues como dice Cassany (2012) ¡Qué suerte la nuestra nos
ha tocado ser testigos de una revolución cultural! (p.44).
Necesitamos una educación inmersa en el siglo XXI para unos jóvenes y
una sociedad en general del siglo XXI, solo entendiendo esto y
asimilándolo como una forma natural de la vida cotidiana, y como la gran
oportunidad de contribuir con la forma como enseñamos a leer y escribir,
podremos los docentes ayudar a mejorar nuestras prácticas pedagógica y
a concederle el verdadero sentido a estas actividades.
Sólo con el auxilio de las TIC, que son de primer orden para toda la
humanidad, podremos hacer de la lectura y la escritura actividades
placenteras, pero a la vez útiles para adquirir conocimientos y aportar
desarrollo a la sociedad. Éstas son poseedoras de características tan
particulares que se han visto barnizadas y marcadas por la era digital, que
se asimila y se hace homónima a la sociedad de la información. El
soporte, inevitablemente está trasformado la forma de recibir los
mensajes y la manera de crear a partir de ellos textos nuevos y
significativos.
4. Referencias
Baudrillard, J. (1978). Cultura y simulacro. Barcelona-España: Editorial
Kairós.
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(026), 321-327.
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Malena, A; Moreno, D; Leer y escribir en tiempos de las nuevas Tecnologías de la Información y
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