UN GRAN LOGRO5
30 de agosto de 1938
Cuando estas líneas aparezcan en la prensa, la Conferencia6 de la IV In-
ternacional probablemente habrá concluido sus labores. La celebración de
esta Conferencia representa un gran logro. La tendencia irreconciliablemen-
te revolucionaria, sujeta a persecuciones que ninguna otra tendencia políti-
ca en la historia del mundo sufrió, ha demostrado nuevamente su fortaleza.
Sobreponiéndose a todos los obstáculos, se llevó a cabo bajo los golpes de
sus enemigos poderosos, su Conferencia Internacional. Este hecho consti-
tuye una evidencia irrefutable de la profunda viabilidad y de la firme per-
severancia de la internacional bolchevique-leninista. La posibilidad misma
de una Conferencia exitosa se garantizó primero por el espíritu del interna-
cionalismo revolucionario con el cual están imbuidas todas nuestras seccio-
nes. De hecho, es necesario darle gran valor a los vínculos internacionales
de la vanguardia proletaria con el objeto de reunir, en la actualidad, al equi-
po revolucionario internacional, cuando Europa y el mundo entero viven a
5 Fue publicado en New International, octubre de 1938. Trotsky realiza esta evaluación
desde México, donde se encontraba exiliado, siendo imposible su asistencia a la Conferen-
cia de Fundación de la IV Internacional que se realizaría 4 días después en París.
Once secciones estuvieron representadas en esta Conferencia que se realizó duran-
te un solo día debido a razones de seguridad, en una granja en Périgny (alrededores de
París) perteneciente a Alfred Rosmer. También por razones de seguridad fue llamada la
“Conferencia de Lausanne” (Suiza). Los delegados presentes fueron los norteamericanos
James P. Cannon y Max Shachtman, así como el delegado de la juventud Nathan Gould,
los belgas León Lesoil y Walter Dauge, los franceses Pierre Naville, Joannes Bardin (Boi-
tel), Jean Rous, Yvan Craipeau, Marcel Hic y David Rousset, los griegos Giorgios Vits-
oris y Michel Raptis, los británicos Denzil Harber, Cyril R. L. James y Hilary Sumner
Boyd, los alemanes Josef Weber y Otto Schüssler, el brasilero Mario Pedrosa, los pola-
cos Herschl Sztockfisz y Stefan Lamed, el italiano Pietro Tresso (Blasco) y Mordka Zbo-
rowski (Étienne), que representaba a la sección rusa. G. De Wilde representaba al GB-L
holandés. La joven militante norteamericana Sylvia Ageloff estaba en calidad de intér-
prete. Dos delegados de un grupo austriaco no fueron admitidos como delegados: Georg
Scheuer y Kart Fischer.
6 La votación de la sesión plenaria del 3 de septiembre convirtió a la II Conferencia
en el I Congreso o Congreso de fundación. Por ello empleamos los términos según al pe-
ríodo al que pertenezcan.
38 El programa de transición
la expectativa de la próxima guerra. El humo del odio nacional y de la per-
secución racial compone hoy la atmósfera política de nuestro planeta. El
fascismo y el racismo son simplemente las expresiones más extremas de la
bacanal chovinista que busca superar o ahogar las intolerables contradiccio-
nes de clase. El resurgimiento del socialpatriotismo en Francia y en otros paí-
ses, o bien, su nueva manifestación abierta y desvergonzada, pertenece a la
misma categoría del fascismo, pero con una adaptación a la ideología demo-
crática o a sus vestigios.
El abierto fomento al nacionalismo en la URSS, en mítines, en la prensa,
en las escuelas, pertenece al mismo tipo de hechos. No se trata de ninguna ma-
nera del así llamado “patriotismo socialista”, en defensa de las conquistas de la
Revolución de Octubre contra el imperialismo. No, es cuestión de restablecer
la preeminencia de las tradiciones patrióticas de la vieja Rusia. Aquí la tarea,
asimismo, es la de crear valores por encima de lo social, por sobre las clases,
para disciplinar a los trabajadores con mayor éxito, y someterlos a la voraci-
dad de las sabandijas burocráticas. La ideología oficial del actual Kremlin ape-
la a las hazañas del príncipe Alexander Nevsky, al heroísmo del ejército de
Suvorov-Rimniksky o Kutuzov-Smolensky7, mientras cierra los ojos ante el he-
cho de que este “heroísmo” se basaba en la esclavitud e ignorancia de las ma-
sas populares, razón para la que el ejército de la vieja Rusia solo era victorioso
en las luchas contra los todavía más atrasados pueblos asiáticos o contra los
Estados débiles y en desintegración de la frontera occidental. Por otro lado,
frente a los países decadentes europeos, el ejército zarista era inexistente. Ob-
viamente, la experiencia de la última guerra imperialista ya ha sido enterrada
en el Kremlin, así como han olvidado el hecho, no sin importancia, de que la
Revolución de Octubre surgió directamente del derrotismo. ¿Qué les importa
todo esto a los termidorianos8 y bonapartistas? Ellos necesitan fetiches nacio-
nalistas. Alexander Nevsky debe venir en ayuda de Nikolai Iezov.
La teoría del socialismo en un solo país, que liquidó el programa de la lu-
cha revolucionaria internacional del proletariado, no podía sino terminar en
una oleada de nacionalismo en la URSS, y engendrar una de la misma natu-
raleza en los partidos “comunistas” de otros países. Hace solo dos o tres años
se sostenía que las secciones de la Internacional Comunista (IC) estaban
obligadas a apoyar a sus gobiernos, solo en los así llamados Estados “demo-
cráticos” que estuviesen dispuestos a apoyar a la URSS en su lucha contra
7 Alexander Nevsky (1220?-1263): Legendario héroe ruso que derrotó a los suecos
(1240) en el río Neva. Gral. Alexander V. Suvorov (1730-1800) y príncipe Mijail I. Kutu-
zov (1745-1812): Fundadores de la ciencia militar rusa. En nombre de estos tres persona-
jes, el estalinismo creó órdenes de honor.
8 Trotsky caracterizó de termidoriana a la burocracia estalinista en analogía al golpe
del mes de Termidor que derribó a Robespierre en 1794 luego de la Revolución Francesa,
iniciando un período de reacción contra la revolución pero sin cambiar la estructura so-
cial del Estado que la había instaurado.
León Trotsky 39
el fascismo. Se pretendía que la tarea de defender al Estado obrero sirviera
como justificación para el socialpatriotismo. Hoy, Browder, quien no ha sido
ni más ni menos prostituido que otros “líderes” de la “Stalintern”, declara
ante un Comité investigador del Senado9, que en el caso de una guerra entre
EE.UU. y la URSS, él, Browder, y su partido estarían del lado de su propia
patria democrática. Es muy probable que esta respuesta haya sido instigada
por Stalin; pero esto no cambia nada. La traición tiene su propia lógica. La
III Internacional, al entrar por el camino del socialpatriotismo, claramente
está por escapársele de las manos a la camarilla del Kremlin. Los “comunis-
tas” se han convertido en socialimperialistas y se diferencian de sus aliados y
competidores “socialdemócratas” solo en que su cinismo es mayor.
La traición tiene su lógica. La III Internacional, siguiendo a la II, ha pere-
cido completamente como Internacional. Ya no es capaz de desplegar ningún
tipo de iniciativa en la esfera de la política proletaria mundial. Por supuesto,
no es casual que después de quince años de desmoralización progresiva, la
IC reveló su total podredumbre interna en el momento de acercarse la gue-
rra mundial, precisamente en el momento en que el proletariado necesita ur-
gentemente su unificación revolucionaria internacional.
La historia ha acumulado monstruosos obstáculos ante la IV Internacio-
nal. La tradición muerta se levanta contra la revolución viviente. Durante si-
glo y medio el influjo de la gran Revolución Francesa le sirvió a la burguesía
y a su agente pequeñoburgués —la II Internacional— como medios para des-
trozar y paralizar la voluntad revolucionaria del proletariado. La III Interna-
cional está ahora explotando las tradiciones incomparablemente más frescas
y más poderosas de la Revolución de Octubre con el mismo fin. La memo-
ria del primer levantamiento victorioso del proletariado contra la democracia
burguesa sirve, en manos de los usurpadores, para preservar a la democra-
cia burguesa del levantamiento proletario. Enfrentadas a la proximidad de
una nueva guerra imperialista, las organizaciones socialpatrióticas han unifica-
do sus fuerzas con el ala izquierda de la burguesía, bajo el membrete del Fren-
te Popular. Este representa el intento de la burguesía, en su agonía de muerte,
de someter una vez más al proletariado a su dominio, como la burguesía revo-
lucionaria lo sometió en el amanecer del capitalismo. Lo que una vez fue una
manifestación histórica progresiva, ahora aparece ante nosotros como una re-
pugnante farsa reaccionaria. Pero mientras los “Frentes Populares” son impo-
tentes para curar un capitalismo que está podrido hasta el alma, mientras son
incapaces aún de detener la agresión militar del fascismo —¡el ejemplo de Espa-
ña está recargado de una significación simbólica!—, todavía comprueban que
son lo suficientemente poderosos para sembrar ilusiones entre las filas de los
trabajadores, para paralizar y destruir su voluntad de lucha y de ahí en ade-
lante crear las más grandes dificultades en el camino de la IV Internacional.
9 Se trata de la comisión presidida por Martin Dies.
40 El programa de transición
La clase obrera, especialmente en Europa, está todavía en repliegue, o al
menos en un estado de vacilación. Las derrotas están demasiado frescas y la
gente más que exhausta; asumieron su forma más aguda en España. Tales
son las condiciones en que se está desarrollando la IV Internacional. ¿Sor-
prende acaso que su crecimiento sea más lento de lo que quisiéramos? Los
diletantes, charlatanes o tercos, incapaces de entender la dialéctica de los flu-
jos y reflujos históricos, más de una vez han traído su veredicto: “Las ideas
de los bolcheviques-leninistas pueden ser correctas pero son incapaces de
construir una organización de masas”. ¡Como si las organizaciones de ma-
sas pudiesen ser construidas bajo cualquier condición! ¡Como si un progra-
ma revolucionario no nos obligase a permanecer en minoría y nadar contra
la corriente en época de reacción! El revolucionario que utiliza su propia im-
paciencia como medida del tiempo en una época no vale nada. Nunca antes
el camino del movimiento revolucionario mundial había estado bloqueado
con tan monstruosos obstáculos como hoy, en el umbral de la época de las
más grandes convulsiones revolucionarias. Una correcta apreciación marxis-
ta de la situación arrojaría la conclusión de que, a pesar de todo, hemos lo-
grado éxitos inestimables en los últimos años.
La Oposición de Izquierda rusa nació hace quince años. El trabajo correc-
to en el terreno internacional todavía no suma una década. La prehistoria de
la IV Internacional se divide propiamente en tres etapas. Durante el curso del
primer período, la Oposición de izquierda todavía fundaba sus esperanzas en
la posibilidad de regenerar a la IC, y se veía a sí misma como marxista. La re-
pugnante capitulación de la IC en Alemania, tácticamente aceptada por todas
sus secciones, planteó abiertamente la cuestión de la necesidad de construir la
IV Internacional. Sin embargo, nuestras pequeñas organizaciones, nacidas a
través de una selección individual en el proceso de la crítica teórica, casi por
fuera del movimiento obrero real, no estaban aún dispuestas a actuar de ma-
nera independiente. El segundo período se caracteriza por los esfuerzos de
encontrar un verdadero campo de acción para estos aislados grupos de propa-
ganda, aun a costa de renunciar temporalmente a la independencia formal. La
entrada a los partidos socialistas inmediatamente aumentó nuestras filas, aun-
que cuantitativamente los logros no fueron tan grandes como podrían haber
sido. Pero esta entrada significó una etapa extremadamente importante en la
educación política de nuestras secciones, que por primera vez se probaron a sí
mismas y a sus ideas, frente a frente a las realidades de la lucha política y sus
exigencias vivas. Como resultado de la experiencia adquirida, nuestros cua-
dros crecieron bastante. Otra conquista no menos importante fue habernos se-
parado de los sectarios incorregibles, vacilantes y maliciosos que están siempre
dispuestos a unirse en sus inicios a cualquier movimiento nuevo para hacer
todo lo que esté a su alcance para desacreditarlo y paralizarlo.
Por supuesto, las etapas del desarrollo de nuestras secciones en diferentes
países no coinciden cronológicamente. Sin embargo, la creación del Socialist
León Trotsky 41
Workers Party [SWP, Partido Socialista de los Trabajadores]10 norteamerica-
no puede reconocerse como el final del segundo período. Desde ahora, la IV
Internacional se enfrenta con las tareas del movimiento de masas. El Progra-
ma de Transición es un reflejo de este importante cambio. Su importancia resi-
de en que, en vez de proporcionar un plan teórico a priori, realiza el balance
de la experiencia ya acumulada por nuestras secciones nacionales y, sobre
la base de esta experiencia, abre perspectivas internacionales más amplias.
La aceptación de este programa, preparada y asegurada por una larga
discusión previa —o más bien una larga serie de discusiones— representa
nuestra conquista más importante. La IV Internacional es ahora la única or-
ganización internacional que toma en cuenta no solo las fuerzas que rigen la
época imperialista, sino que está armada con un sistema de consignas tran-
sicionales capaces de unificar a las masas para una lucha revolucionaria por
el poder. Estamos lejos de engañarnos a nosotros mismos. La desproporción
entre nuestras fuerzas de hoy y las tareas de mañana la percibimos más cla-
ramente nosotros que nuestros críticos. Pero la dialéctica dura y trágica de
nuestra época está trabajando a nuestro favor. Llevadas por la extrema pen-
diente de la desesperación y la indignación, las masas no encontrarán otra
dirección que la que les ofrece la IV Internacional.
10 El SWP fue fundado en una convención reunida en Chicago del 31 de diciembre
de 1937 al 3 de enero de 1938, luego de la expulsión de la fracción trotskista que había
realizado un entrismo en el Partido Socialista (PS) desde 1936. Durante esta experiencia
de entrismo tuvieron una participación importante en la huelga naval de California de
1936, en las fábricas automotrices y terminaron influyendo a la juventud del PS, la Young
People Socialist League (YPSL, Liga de la Juventud Socialista) la que en su mayoría pasó
a las filas del SWP.