Federico García Rivera - Los Reyes Católicos
Federico García Rivera - Los Reyes Católicos
"lAHISTOWA
LATOS ABREVIADOS E mSTOR A MILITAR
POR El GE ERAL F. GARCiA RIVERA
por
I
,
LOS REYES CATOLICOS
Obra declarada
compensada
de utilidad para el Ejército, re-
con la Gran Cruz del Mérito Militar
GUERRAS DE ITALIA
,
con distintivo blanco, pensionada; mandada pu-
El GRAN CAPITAN
blicar por cuenta del Ministerio de la Guerra en
el año 1936, y empezada a publicar en 1942
por cuenta de ED.lTORIAL JUVENTUD, S. A.
PRIMERA SERIE
TOMO VII
EDITORIAL JUVENTUD, S. A.
PROVENZA, 101. - BARCELONA
ES PROPIEDAD DEL AUTOR
IMPRESO EN ESPAÑA
El GRAN CAPITÁN
Antecedentes
(14145- 1453)
r
8 LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS REYES CATOLICOS 9
y grandeza; en una palabra: la que se sacrificó por proporcionarte Ahora bien, mientras estaba ausente de la corte el monarca de
estas tres grandes conquistas, fundamento de este incomparable oasis Castilla en 1445, para la batalla de Olmedo, y encontrándose en El
político", en que la mente - añadimos nosotros - no sabe qué ad- Espinar, tuvo noticias de la muerte de su cuñada doña Leonor, ocu-
mirar más, si los resultados magníficos de una inconmensurable ges- rrida en Toledo, y, poco después, también de que había muerto en
tión polítca, o la energía, constancia y rectitud con que una mujer Viuacastín, a cuatro leguas de distancia de El Espinar, la reina de
superó las más excelsas cualidades varoniles de los mayores hom- Castilla doña María de Aragón, sin que esta muerte le afectara lo
bres de Estado, ninguno de los cuales, ni propios ni extraños, puede más mínimo, pues ni aun estando tan cerca acudió aliado del cadá-
compararse ni competir en grandeza con ella. ver de su mujer, ni al entierro, ni a sus exequias.
Natural es que, a fuer de españoles, nos detengamos en su rei- Como D. Alvaro de Luna había visto, con la llegada de la pri-
nado para ofrecer al lector, aunque más a la ligera de lo que quisié- mera reina, una amenaza para su propio poder y ambas murieron
ramos, algo de lo que ningún compatriota debe ignorar para rendir de corta enfermedad y manera misteriosa, presentando en su cuerpo
a aquella. delicada mujer e incomparable reina (no igualada por nin- manchas como producidas por hierbas venenosas, los enemigos del
guna en la Historia, a las que supera en moralidad y virtudes), la Condestable, que eran muchos, le hicieron objeto de una nueva acu-
admiración que nos inspira, el respeto que profesamos a su memoria sación (sin fundamento sólido para ella, como se ha reconocido),
y el agradecimiento que le debemos; y para que a los fuertes varones por este doble regicidio que el vulgo le atribuyó.
que rigen la gobernación del Estado pueda servirles de ejemplo y Don Juan II trató de casarse por segunda vez, y entonces don Al-
estímulo, en sus vacilaciones, la rectitud de sus mandatos, la rapidez varo le ofreció en casamiento, casi violentándolo, a la princesa por-
de sus acciones (tan unida al pensamiento, que uno y otra no for- tuguesa Isabel, prima del rey Alfonso V de Portugal y sobrina del
maban más que un concepto único) ; su valor, que casi se confundía regente don Pedro de aquella nación, muy seguro de que esta joven
con la temeridad y el heroísmo cuando, en años que parecían no sin experiencia sería en sus manos un instrumento fácil para do-
permitirle salir de las modestas labores de su sexo, se presentaba minar al Rey, en 10 que se equivocó de medio a medio, como va-
serena y tranquila ante las enfurecidas turbas del pueblo insurrec- mos a ver.
cionado, qpe se amansaba como por milagro a su sola presencia; En efecto, celebrada la boda en 1447, siendo la reina mucho
y su resistencia física, que sólo por la fuerza de su inquebrantable más joven que el rey y con atractivos suficientes para hacerse que-
voluntad (en una época en que no se disponía, como medio de trans- rer de él y dominarle, le pareció intolerable que su esposo el monarca
porte, más que del caballo, la mula o el coche) le hacía recorrer más fuera esclavo de un personaje tan altanero como el Condestable, que
de 5.000 kilómetros en fogoso corcel o recia mula, aun encontrán- se entrometía hasta en las relaciones más íntimas entre ella y su
dose en estado de embarazo, sufriendo en el N. los crueles fríos del marido, debido a que, siendo el Rey excesivamente glotón y de
riguroso invierno, y en el S. los ardientes calores de Extremadura acentuada sensualidad, venía don Alvaro frenándole en sus apetitos,
y Andalucía, con torrenciales lluvias y espantosas tormentas que incluso en el de las relaciones conyugales.
apenas la obligaban a detenerse en su marcha ni a variar de pensa- Débil el rey, altanero el Condestable y rencorosa e impetuosa
miento en su itinerario. la reina, se comprendía lógicamente que, en cuanto al último le
Pero no adelantemos los sucesos y entremos en materia. faltase el apoyo del primero, hab'a de dar aquélla en tierra con
Queda dicho que Castilla estaba gobernada por Juan II, de la don Alvaro. Éste era, pues, el primer paso que daba el favorito
trágica estirpe de Trastamara, que, falto de energía, estaba total- en su caída.
mente supeditado a la influencia omnímoda de su favorito D. Al- Pasado el tiempo y estando el monarca en Segovia y doña Isa-
varo de Luna. Casado aquél con la infanta María de Aragón, her- bel en Madrigal de las Altas Torres, pueblo de la provincia de Avila,
mana de la reina Leonor de Portugal, había tenido un hijo, que iba dió a luz la reina, el 22 de abril de 1451, una niña, sin que su na-
a ser Enrique IV el Impotente. cimiento produjera la menor impresión. Esta niña, que se llamó
Cuando ésta última, madre de Alfonso V de Portugal, por en- Isabel, iba a ser, sin embargo, una de las mujeres más grandes que
tonces niño de seis años, fué arrojada de Lisboa, tuvo que refugiarse presenta la Historia: ISABELLA CATÓLICA.La circunstancia de ha-
en Castilla, aliado de su hermana María de Aragón. ber presentado la reina síntomas de envenenamiento después del
10 LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS REYES CATOLICOS 11
parto, hicieron concebir al pueblo enemigo de D. Álvaro, y a la En estas circunstancias, no había intriga fraguada en la corte
propia reina Isabel, sospechas hacia el valido que decidieron a esta en la que no interviniera como autor principal con el propósito de
última a precipitar su caída. La cual no se realizó, sin embargo, quitar la vida a D. Álvaro, el cual se dió cuenta del peligro que
hasta tres años más tarde, estando embarazada de su hijo Alfonso. corría porque ya el rey no sólo no le consultaba, sino que llegó a
La reina había encontrado un poderoso auxiliar en un tal Alonso recomendarle que, en vista de lo irritados que estaban los grandes
contra él y de las quejas de su Gobierno, le aconsejaba se marchase
a alguna de sus villas, "pues - añadió - puede llegar un tiempo en
que, aunque quisiera, no os podría socorr'er". Fué una torpeza en
el Condestable no seguir este consejo; lo prudente hubiera sido re-
nunciar al mando y retirarse a descansar en su magnífico castillo de
Escalona, de la provincia de Segovia, su residencia señorial. Siguió
creyendo que el rey 'no le abandonaría del todo, ignorando que, su-
gestionado don Juan II con los atractivos de la reina, preso de sus
deseos, más que un obstáculo para sus propósitos iba a ser un pode-
roso e incondicional auxiliar para sus designios, tanto más cuanto
que había alcanzado ella gran influencia sobre los nobles, que no
cesaban de conspirar contra D. Alvaro aun después de la batalla de
VALlAOOLlJ)
Olmedo, en que los había vencido.
La ocasión, sin embargo, no llegó hasta el año 1453. En dos
o tres circunstancias se había librado ya el Condestable de una muer-
te segura (en intentos fraguados no sólo con conocimiento del mo-
narca, sino por designio suyo a instancias de doña Isabel, que metía
prisa en su realización), habiendo en una de ellas amonestado don
Alvaro, en tono afable, a Pérez de' Vivero, diciéndole: "Buen hom-
Av~"o.lo
bre, ¿ quién os engañó?" ; pero llegó un día en que su paciencia llegó
e al colmo con motivo de dirigirle un fraile, en un sermón de Viernes
SEG-OVIA
Santo ante el rey, una serie de acusaciones, sin nombrarle, tan tor-
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pes y extravagantes que el mismo monarca le hizo indicación de que
se callara, como así lo verificó. Don Alvaro se quejó al obispo y,
comentando poco después lo del sermón con alguien, éste le dijo que
AVILA
mientras no matase a Pérez de Vivero no acabaría con los males
que le proporcionaba. Así lo determinó en seguida, y llamado que
fué a su domicilio Pérez de Vivero, le demostró con pruebas con-
cluyentes su traición, y, reconocido por el interesado su delito, or-
M ~()R.lj) (9 denó que lo arrojaran, desde lo alto de la torre en que se encontra-
ban, por un balcón al que previamente se le había desc1avado parte
de la baranda, que arrojaron con él para simular una caída casual.
Pérez de Vivero, que había¡ sido criado de D. Álvaro, había vivido Pérez de Vivero se estrelló contra el suelo, pero lo de la baran-
con él en la corte y a él le debía su encumbramiento. De alma ruin dilla nadie lo creyó: el procedimiento fué torpe, burdo e indigno del
y ambiciosa, se mantuvo al lado del Condestable mientras pudo Condestable. Hay quien asegura que, por si acaso, le habían dado
aprovechar su valimiento, pero en cuanto éste perdió el favor del previamente a Vivero un mazazo en la cabeza antes de caer. El cas-
rey,. lo abandonó y se declaró su enemigo mortal. tigo estaba más que justificado, pero, aun siendo merecido, tuvo tra-
LOS REYES CATOLICOS 13
12 LA GUERRA EN LA HISTORIA
mino se le acercaron como por casualidad dos frailes que se unieron
zas de asesinato y manchaba can un borrón la historia del Con- a la comitiva, y como uno de ellos empezase a hablarle de las mise-
destable. rias del mundo, le preguntó si ello significaba que iba a morir: "To-
Desde este momento estaba perdido D. Alvaro, porque, temien- dos, mientras vivimos, caminamos hacia la muerte - dijo, - pero
do el rey que pudiera hacer con él 10 propio, se dió prisa a quitarlo el preso está más cerca de ella." "Dispuesto estoy - contestó don
de en medio, aunque no sin vacilaciones. Cuando fueron a prender Alvaro - si la voluntad del reyes que muera." Desde dicho mo-
a D. Alvaro, que estaba en Burgos, le obligaron los suyos a disfra- mento continuó la plática en forma de confesión hasta llegar a Va-
zarse de aldeano para escapar; pero, salido ya de la ciudad, regresó lladolid, donde se l~ obligó a hacer alto frente a la casa del difunto
en seguida porque le repugnaba marchar con aquel traje, diciendo Pérez de Vivero, siendo objeto de los mayores insultos y amenazas
que "más quería morir con sus criados que vivir como un bellaco". por parte de los deudos y criados de la casa. Siguiendo la marcha
Vistiendo de nuevo la armadura, se dispuso a la defensa, pero sin hacia su alojamiento, aquella noche la pasó en capilla.
necesidad, porque no queriendo mancillar su nombre peleando con- A la mañana siguiente, 2 de junio de 1453, fué conducido al
tra su rey y señor, dijo: "El rey me hizo, y me puede deshacer patíbulo levantado en la Plaza Mayor, subiendo con resolución al
si quisiere." tablado y diciendo a un servidor del príncipe don Enrique: "Di a tu
El monarca, que estaba en Burgos, no permitió que se le pre- señor que dé mej or galardón a sus criados que el rey mi señor
sentase, como estaba acordado, y, dando prueba de su condición ruin, mandó darme a mí." Puesta la cabeza en el tajo, rápido el verdugo,
en cuanto tuvo la seguridad de que se le había prendido, se fué a oír separó de un hachazo la cabeza del tronco, colgándola en el garfio
misa y, después, a comer en la misma posada en que estaba preso en el que estuvo expuesta nueve días, mientras el cuerpo quedó en
el Condestable, como festej ando el suceso, y negándose nuevamente el tablado tres, siendo. después enterrados los restos de limosna en
a recibirle cuando 10 solicitó, aunque apoderándose del oro, plata y donde los ajusticiados.
joyas que aquél tenía. "No es posible - dice un escritor - caer más De él dijo un Pontífice: "No fué a la muerte como un cobarde,
bajo de 10 que cayó aquel día la realeza." sino considerando sus servicios al reino y al rey, y así entregó su
Hay que advertir que en una ocasión en que estuvieron de hués- cuello al hacha, varón de alto espíritu, no menos ilustre en la paz que
pedes los reyes en Escalona, la mejor residencia de España, des- en la guerra y en cuya mente siempre tuvieron asiento las cosas
plegó en su honor D. Alvaro tanta esplendidez, tanta riqueza y grandes." No puede hacerse mayor elogio de tan preclaro personaje.
tanta maravilla que, al marchar los monarcas, no se sabía si 10 ha- Para completarlo, añadiremos 10 que dice un escritor: "Con todos
cían agradecidos y contentos o celosos de aquella magnificencia que, sus defectos e imperfecciones - entre los que la codicia y la violen-
en su avaricia, pensó ahora el rey poseer al desaparecer D. Alvaro. cia eran vicios de la época, - D. Alvaro de Luna descolló sobre
Éste fué conducido a Valladolid, y después al pueblo próximo los hombres de su tiempo. En todo el siglo xv, hasta el reinado de
de Portillo, en cuya fortaleza quedó preso. N o estuvo sujeto a nin- los Reyes Católicos, nadie le iguala ni siquiera se le aproxima. Fué
gún proceso, pues 10 que hizo el rey fué celebrar un consejo en el político y capitán, cortesano y guerrero, justador y escritor. Se man-
que se le condené a muerte, sin fiscal, sin defensor y sin oirle. tuvo siempre leal al rey y se esforzó en servir a Castilla, patria
A pesar de ello, el rey, con sus vacilaciones, estuvo sin deter- adoptiva suya - pues era aragonés, - teniendo a raya a aragoneses
minarse a que se cumpliese la sentencia desde el 4 de abril al 2 de y navarros cuando intentaron dominarla, confabulados con la no-
junio de 1453, o sea dos meses; pero la crueldad de la reina in- bleza levantina. Su muerte fué la de un gran caballero cristiano que
sistía en recordarle que en Escalona había un gran tesoro, que el la afronta con entereza, sin desfallecimiento ni arrogancia, y acier-
castillo no se podía tomar sin combatir y que no se rendiría mien- ta de modo insuperable a conciliar la apostura de su jerarquía ante
tras D. Alvaro viviera, y, por 10 tanto, había que acabar con él. el verdugo y la humilde y contrita sumisión ante Dios."
Además, le conminó, en nombre de Castilla, de sus hijos y de Dios. En descargo del Condestable, hay que consignar que no era él
a hacer justicia, mostrándose como verdadero rey para no tener quien forzaba al rey a sometérsele, sino éste quien lo necesitaba
que avergonzarse de su debilidad. y buscaba; ni quien traía revuelto el reino de Castilla, sino sus ene-
El día 1.0 de junio de 1453 se sacó a D. Alvaro de la prisión migas; de modo que si abusó del poder lo hizo por dejación y vo-
para trasladarlo, según decían, a Valladolid; pero a mitad del ca-
14 LA GUERRA EN LA HISTORIA
luntad del rey, que siempre le siguió de buen grado hasta su ca-
samiento con la infanta Isabel de Portugal, SU segunda mujer; la
persecución de la reina, la ingratitud de los encumbrados por él y
la veleidad y debilidad del rey, quebrantaron su juicio conducién-
do le a la muerte; peral hasta en su codicia, tuvo la virtud de repar- CAPÍTULO II
tir en forma de gran señor, en vez de apilar avariciosamente como
un judío. LOS REYES CA T6LICOS
El Rey no tardó en seguirle a la tumba, pues al año siguiente,
1454, murió en Valladolid, el 20 de julio, o sea poco más de un Isabel, infanta de España
año después. Los remordimientos habían hecho presa en su ánimo, (1451-1468)
y ni el nacimiento de su hijo Alfonso, ocurrido en 15 de noviembre
de 1453, le consoló en sus aflicciones, muriendo después de un rei- Enrique IV el Impotente. - Talas de Granada y Málaga. - Se casa COII doña
nado de cuarenta y cuatro años. Tenían, pues, al morir el rey, tres Juana de Portugal. - Los grandes hacen Ittla reclamación al rey. - Formulon otra
años Isabel y ocho meses su hermano Alfonso. más enérgica. - N iñez e infa/1cia de Isabel la Católica y de SIl hermano Aljonsa.
Pasan ambos a la Corte. - Retrato de Enrique IV. - La reina y d011 Belirán
Respecto de la reina Isabel, alcanzado ~1 triunfo que tanto am- de la C,tcva.-Nace la Beltranejo.i-s-Dos partidos.-Proyectado casamiento de
bicionó, de privar de la vida al que le había regalado un trono, em- Isabel COII el rey de Portugal. - El Tablado de Avila. - Intentan. casar a Isabel
C01> don Pedro Girén, - Combate de Olmedo . - Muerte del infante don A lfo 11so.
pezó, como castigo providencial, a apurar el cáliz de la amargura,
pues faltándo1e el apoyo del rey, tuvo que vivir retirada del mundo,
en una solitaria viudez de cuarenta y dos años y con síntomas de
enajenación mental. A L morir don Juan II en 1454, dejó tres hijos: Enrique, de su
primer matrimonio con María de Aragón; e Isabel y Alfon-
so, de su segundo matrimonio con Isabel de Portugal. Tenía Enri-
que veintiséis años; Isabel, tres, y Alfonso estaba en la cuna, de
ocho meses de edad.
Para comprender la grandeza del Imperio que iba a levantar
Isabel la Católica, hay que conocer las miserias morales y materia-
les en que estuvo encenagada la nación durante el reinado de En-
rique IV el Impotente, por lo que, como antecedente, conviene de-
tenemos algo en él para mejor comprender y apreciar la inconmen-
surable labor de aquélla.
El nuevo reinado se recibió con alegría, esperando librarse de
los infortunios del anterior; pero Enrique IV que, ya de príncipe
heredero, había demostrado tanta flaqueza como su padre, añadió
después no tener condiciones para rey ni ser digno de estimación
como hombre.
Reinó veinte años, de 1454 a 1474, y algunos creen que los diez
primeros, o sea hasta el llamado Tablado de Ávila (una de las ma-
yores vergüenzas de su reinado), si no prósperos, fueron de tran-
qui1idad; pero es porque resultaron tan turbulentos y calamitosos
los segundos, que hicieron buenos a los primeros, en los que hubo
tres reclamaciones de los grandes y hasta una conjura para pren-
derlo y matarlo en la proyectada guerra de Granada.
Veamos los hechos más esenciales.
16 LA GUERRA EN LA HISTORIA
LOS REYES CATOLICOS 17
Apenas fué coronado don Enrique, apartó de la corte a su ma-
drastra doña Isabel, la reina viuda, que tenía el señorío de Seria, su rigor, .tenién~ola como prisi?nera. Viendo que no se doblegaba,
Arévalo y Madrigal, y se retiró con sus dos hijos al pequeño cas- el rey, a instancias de su favorito el marqués de Villena la dió ce-
tillo de Arévalo, en el que quedó como recluí da. los con una dama llamada doña. Ouiomar, a la que la reina golpeó
Al año de haberse coronado, o sea en 1455, marchó sobre Ora- dos v:ces en la cara con el ab~nlco, p.o~,su actitud insultante y pro-
nada con un gran ejército de 80.000 peones y 14.000 caballeros; vocativa en los salones. La rema escribió a su hermano quejándose
pero, en vez de pelear, prohibió toda escaramuza y contienda, pues pero Alfonso V de Portugal nada hizo por ella. '
dijo que iba sólo a talar los campos por tres años. Surgió, pues, el C?nviene añadir algo por el estilo ocurrido a la reina viuda.
primer disgusto con los nobles, y, con él, la primera conspiración. l!n dia quedaron sorprendidos ésta y sus pequeños hijos con la vi-
Como algunos capitanes, indignados por su cobardía, tratasen de sita de tres personajes : uno, el rey Enrique IV, que se ocupaba tan
prenderlo con intención de matarlo, alarmado y advertido por uno poco de ellos que la pensión asignada llegaba tan reducida e irre-
de los hijos del marqués de Santillana, huyó a Córdoba en busca gularmente que aquella familia estaba reducida a los estrictamente
de refugio. necesario, sufriendo algunas veces verdadera necesidad. Los otros
Al año siguiente, 1456, hizo la tala en Málaga, prohibiendo la e.ran dos. hermanos: el marqués de VilIena don Juan Pacheco, an-
lucha porque decía que era piadoso y no cruel, y no quería batallas hgu~ paje .de la corte, .:n donde lo ?abía introducido a pesar de su
ni combates; y, en la tala, impidió que se maltratase a los árboles huml}de origen, protegiéndole, don Alvaro de Luna, a quien recorn-
frutales, porque decía que resultaba un robo que se le hacía a él. pe.n~o, como ~ant~s otros, ayudándole a caer; y el último, don Pedro
Sus condiciones guerreras, como vemos, eran nulas. ~lr?n, COnOC1?0,igual que su hermano, como "converso", es decir,
Por este tiempo ya se había casado don Enrique por segunda JUdlO convertido sólo por fórmula, para alcanzar el alto cargo de
vez. Siendo príncipe heredero y de edad de catorce años, casó Gran Maestre de Calatrava.
en 1442 con la princesa doña Blanca de Navarra, hija de don Juan, Hombre vig~roso y vulgar éste; desgarbado, grande y descui-
rey de Navarra, que después 10 fué de Aragón; pero, como quedase d~do en el vestir el rey, el único presentable era el marqués de
comprobada la impotencia del marido, fué anulado este matrimonio Villena, qu.e, cu.and.o quería, sabía hacerlo con elegancia y agrado.
en 1446, y la pobre Blanca se retiró a Navarra; por 10 que, desde . P~:s bien, instigado por el rey, iba don Pedro Girón con la
entonces, se le llamó Enrique el Impotente. Entonces encontró dos l~tenclOn ~e ~asarse con la reina viuda, atentando contra su honor
auxiliares ·en quienes apoyar sus débiles hombros: uno, don Juan sr se le resl~h.a. La reina se defendió, no logrando- su propósito los
Pacheco, marqués de Villena, y otro el arzobispo de Toledo don que lo conclbleron, y de esto sólo le quedó el recuerdo a la niña
Antonio Carrillo, que se apoderaron materialmente del cetro y se 10 Isabel, de haber encontrado llorando a su madre en un aposento
repartieron desde el principio del reinado. El primero, que gozaba cuando se .marcharon. De esta proposición de casamiento no tuvo
de tanto favor con el rey como el que disfrutó D. Alvaro de Luna la_ menor idea la niña; en cambio, sí recordó que, teniendo seis
con Don Juan II, le proporcionó en casamiento a la encantadora anos, le ~ablaron de un casamiento de ella con el príncipe Fernando
princesa portuguesa doña Juana de A viz, de quince años de edad de Aragon, por entonces de cinco años.
(el rey tenía veintisiete), hermana del rey Alfonso V de Portugal, Pero, sigamos con l~ histor.ia. El año 1457 el arzobispo de To-
el cual la persuadió para que aceptara el matrimonio, aun sabiendo ledo, .don Alf~nso Carrillo, unido con el almirante de Castilla don
la reputación de su prometido. La boda se celebró con gran pompa Fadrique Ennquez, y una porción de nobles se aliaron contra el
y boato en Córdoba, el 21 de marzo de 1455; y aquel año acompañó rey y s~ va:ido, vituperando el primero púbÍicamente al monarca
ella a don Enrique a la titulada guerra de Granada, de la que decían por su vida infame y los desaciertos de su gobierno; mas, en lugar
los grandes que más se hacía a los cristianos que a los moros. de busc~~ la paz, siguiendo los consejos del marqués de VilIena,
. Poco duró a la joven reina su alegría; unos seis años, porque, emprendió, para dlstr~er la atención pública, una nueva cruzada
S111 sucesión directa el trono de Castilla y necesitando el rey un contra los moros,. reuniendo 30.000 hombres en Córdoba y llegando
~ere~e:o a toda costa, quiso que la reina se entregase al noble que con ellos a la misma ::-ega de Granada, pero sin permitir ningún
el. eligiera, y rechazando, indignada, la proposición, fué objeto de .combate; por 10 que dijeron que estaba de acuerdo con los moros
en vista del crecido número de sarracenos de que se rodeaba. '
2. - LA GUERRA EN LA IIISTORIA. - PRIMERA SERIE. ~ TOMO VII
18 LA GUERRA EN J.,A HISTORIA LOS REYES CATOLICOS 19
. El año 1460, en vista de que la reclamación anterior no había y se paseaban por aquellas praderas, llegando a veces hasta Medina
dado resultado, resolvieron los grandes formular otras más enér- del Campo. Antes de los diez años montaba Isabel fogosos caba-
gicas solicitando que, en tanto no tuviera sucesión, considerase llos, despreciando a las pacíficas mulas y resultando una completa
como heredero al infante don Alfonso, niño, por entonces, de seis amazona, llegando no sólo a cazar liebres y jabalíes, sino hasta
años, y que tanto éste como su hermana los restituyera a su madre, matar, según aseguran, un oso. Su hermano manejaba la lanza, el
sable y la jabalina. A la sólida instrucción que recibía, añadió el
amor por la música y la poesía.
Su madre, la reina viuda, enferma y melancólica, vistiendo
siempre los trajes blancos de luto, lloraba continuamente a su es-
poso y quizá sentia remordimientos por haber contribuido a la
muerte de D. Alvaro de Luna, terminando por enloquecer cuando,
en las silenciosas y tristes noches de Arévalo, oía, como el quejido
de un alma en pena, los gritos que algún macabro bromista pro-
nunciaba desde la otra orilla del río Arevalillo, repitiendo el nom-
bre del valido: "i D. Álvaro! ¡D. Alvaro !".
La separación de sus hijos fué un rudo golpe para la madre,
que cayó en una melancolía cada vez más profunda.
La vida que los dos hermanos presenciaron en la corte era una
sucesión de diversiones, bailes, teatros, intrigas y, sobre todo, es-
cándalos que inspiraban' a la infanta Isabel, a la que su hermano se
había comprometido a defender, un profundo horror, una instin-
tiva repulsión.
El rey Enrique IV el Impotente era un pródigo despreciable
que decía: "Yo doy a mis enemigos para hacer de ellos mis amigos;
y a mis amigos, para que no se me vuelvan enemigos", sin compren-
der que amigos sólo 10 serían mientras les diera dinero. Éste 10
prodigaba a manos llenas, construyendo por doquier palacios y mo-
nasterios, por capricho, sin necesidad, porque nadie los pedía.
(c&~e~o, Estaba rodeado de moros, judíos y cristianos renegados, blas-
a
'-OVO) de. c;••• ,,, •• d. femando de continuo y haciendo alarde de un desprecio por la re-
(!) CadAlJo ligión que profesaba su pueblo, protegiendo de tal modo a los cri-
minales que, a uno que desfiguró el rostro de su víctima, para que
a quien inhumanamente se habían arrancado, permitiéndoles residir no fuera reconocida, le llamó a su presencia, le felicitó por su obra
libremente en cualquier ciudad, al cuidado de sus maestros. y le nombró su caballerizo; y a otro, complicado en varios críme-
La vida a que habían pasado bruscamente en la corte, presen- nes, le dió un cargo en su guardia morisca. Los hombres honrados
taba contraste muy notable con la que habían llevado en Arévalo. eran, en cambio, perseguidos. Una vez, en Sevilla, uno de los moros
La infanta Isabel y su hermano Alfonso estaban, generalmente, con de su séquito abusó de la hija de unos vecinos, la amordazó y la
su madre en Arévalo, en Madrigal o en Escalona. En el primer si- raptó. Los padres fueron a quejarse al rey y, en vez de hacer jus-
tio, la infanta Isabel contrajo una amistad, que le duró toda la vida, ticia, los increpó por haber dejado sola a su hija, y como se queja-
con una niña de su edad llamada Beatriz de Bobadilla, hija del go- sen, sobre todo la madre, a grandes gritos, los mandó azotar pú-
bernador del Castillo. Ella la acompañaba en sus juegos, en sus blicamente. N o había un rincón de Castilla en que los hombres
rezos y en sus estudios, resultando inseparables. Montaban juntas honrados estuvieran al abrigo del robo, ni un camino en que las
20 LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS REYES CATOLICOS 21
mujeres estuvieran libres de la violación o del rapto, pues ordenar la conveniencia de que aquél mediara en los asuntos del Principado
la ej ecución de un criminal le parecía al rey superior a sus fuerzas. de Cataluña con don Juan II de Aragón, y se convino en entrevis-
Ya tenemos un retrato del rey. tarse los monarcas en los alrededores de Fuenterrabía.
Por lo que hace a la reina doña Juana, si en los primeros años Las conferencias se celebraron en el Bidasoa y a ellas acudió
defendió valientemente su honorabilidad, después, ya sea por las Enrique IV deslumbrante de oro y colores, con gran pompa y un
brutalidades de su esposo, o por el abandono de su hermano Al- alarde de lujo que contrastó con la sordidez, pobreza y miseria de
fonso V de Portugal, o por las tentaciones de aquella corte licen- Luis XI, que llevaba un sombrero viejo con un adorno de plomo.
ciosa, y quizá también por haber encontrado un hombre gallardo Como la vestimenta de su séquito resultara también descuidada y
y simpático que la mostró cariño, es lo cierto que cayó en los bra- por esto fuere motivo de burlas y críticas, se inició con ello en los
zos de éste, con consecuencias deplorables para la nación. franceses un odio hacia los castellanos que había de durar más allá
El apuesto caballero era don Beltrán de la Cueva, a quien el del reinado de Isabel la Católica.
rey encontró tan agradable que le hizo su valido, mostrándose éste El árbitro determinó, entre otras cosas, que Castilla restituyese
siempre en público en compañía de los reyes. Al poco tiempo em- 10 tomado, excepto la ciudad de Estella, que quedaba como indem-
pezó a correr la voz de que la reina estaba embarazada y, en efec- nización de gastos. Los castellanos se sintieron perjudicados, acu-
to, a los siete años de esterilidad, nació en Madrid, en 1462, una sando a los favoritos del rey de haberse vendido al de Francia
infeliz niña a quien se le puso el nombre de Juana, corno su madre, para darle el territorio conquistado en Aragón, por lo que, cediendo
y se la reconoció como princesa heredera de Castilla. Ésta fué J uana Enrique IV a la irritación pública, destituyó al marqués de Villena
la Beltraneja. y al arzobispo de 'Toledo y los despidió de la corte, substituyéndo-
La madrina, en e¡' bautizo, fué la infanta Isabel, por entonces los con don Beltrán de la Cueva y el obispo de Calahorra don Pedro
de once años. El rey manifestó una alegría loca, colmando de fa- González de Mendoza. Este acto fué el origen de todos los males
vores a todos y haciendo conde de Ledesma a don Beltrán de la que perturbaron el reinado de Enrique IV.
Cueva. El pueblo, creyendo con fundamento a éste el padre de la Al verse expulsados de los consejos del Rey se juramentaron
recién nacida, conoció a ésta siempre con el sobrenombre de la Bel- para no aceptar nada de la Corona hasta obtener la reparación de-
traneja. bida, y, negando la legitimidad de la primera, formaron las cabezas
Se planteaba entonces el problema de si era ella la verdadera principales del partido de los descontentos. El arzobispo de Toledo
heredera de la corona, o bien 10 era el infante don Alfonso y, a era un insaciable ambicioso que, como una veleta, servía o combatía
falta de éste, la infanta Isabel. Dos partidos se presentaban: uno, al rey, según le conviniera; a su sobrino el marqués de Villena le
de los descontentos, a favor de don Alfonso, y otro, a favor de la estorbaba la privanza de don Beltrán, pero le decidió a ponerse
reina. Las cabezas principales eran: frente al rey la circunstancia de haber logrado que se le quitara
al infante el Maestrazgo de Santiago, esperando se 10 diera a él
Descontentos De la Reina con sus inmensas riquezas; mas como el rey se 10 confirió a don
Beltrán, tomó resueltamente el partido de los descontentos.
El arzobispo de Toledo, don Alon- El almirante don Fadrique. Sin embargo, éstos, antes de reñir batalla y por indicación del
so Carrillo. Don Beltrán de la Cueva. marqués de Villena, a quien el monarca había dirigido un ruego
El marqués de Villena, su sobrino. desesperado, resolvieron tratar y, como consecuencia, el rey se
sometió en Cabezón a las condiciones más humillantes, entre ellas
Ahora bien, en los primeros años del reinado ocurrió que, muerto reconocer como heredero al infante don Alfonso, a quien restituyó
el príncipe de Viana en Barcelona, los catalanes se rebelaron contra el Maestrazgo de Santiago; alejar de la corte a don BeItrán de la
el rey de Aragón y solicitaron el apoyo de Enrique IV, al que eli- :Cueva y confiar la guarda del infante al marqués de Villena.
gieron por monarca; pero reconocida a poco por los catalanes la La Beltranej a quedó desposeída, pero su madre la reina doña
debilidad de éste, quedaron muy disgustados. 1uana, todavía abrigó la esperanza de que fuera reina casándola
En esto, el rey francés le envió un embajador para mostrarle :on el infante, como se 10 habían prometido.
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22 LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS REYES CATOLICOS 23
Conviene saber que, antes de esto, los Reyes, sin conocimiento de Ávila había pasado de la raya; como consecuencia, se produjo
del marqués de Villena, habían ido con la infanta Isabel a Gibral- una reacción a favor del rey, a la que contribuyó con su conducta
tar, del reino de Castilla, a avistarse con el rey Alfonso V de Por- leal el que con el tiempo fué célebre cardenal Mendoza, que era
tugal, a quien su hermana proyectaba casar con Isabel; pero esta entonces el obispo de Calahorra Pedro González de Mendoza, el
niña, a la sazón de doce años, contestó a aquél que, para ella, era cual se negó a unirse a los conjurados diciendo: que "Dios prohibía
un viejo que podía ser su padre, ya que le llevaba más de veinte la rebelión y ordenaba la obediencia, y que, por muchos que fueran
años; que ella no podía casarse sin consultar con las Cortes. Se- los vicios de Enrique IV, nada ganarían con ser gobernados por
guramente, fué éste su primer paso político. Otra circunstancia hay un niño".
que consignar, y es que, en tales momentos, estando la reina em- Como el marqués de Villena comprendió que este prelado podía
barazada y creyendo tener un hijo, supuso que con él se acabarían ser un enemigo terrible, se apresuró a tratar con el rey, ofrecién-
las objeciones sobre la Beltraneja ; pero, aunque acertó en el sexo, dole dinero y tropas y que todos los grandes abandonarían al Ar-
nació muerto, con 10 que continuó la situación en el mismo estado. zobispo y al Almirante, con tal de que Enrique IV desterrase a don
Alarmado el almirante de Castilla con la victoria alcanzada por Beltrán y al obispo Mendoza y diese en casamiento la infanta Isabel
el marqués de Villena, y de acuerdo con el arzobispo de Toledo, a su hermano don Pedro Girón, Gran Maestre de Alcántara, que
fueron ambos a la corte a convencer a Enrique IV de que no le resignaría los cargos y dignidades de la Orden. A todo accedió el
iba a quedar más que el título de Rey, y, asustado, dió por nulo monarca, con gran espanto de la joven Isabel, que se echó en bra-
todo 10 hecho, ordenando al marqués de Villena entregase al infante zos de su amiga Beatriz de Bobadilla, la cual, sacando un puñal de
don Alfonso. su cintura, dijo: "Juro a Dios que se 10 hundiré en el pecho si viene
Resentido el marqués, se pasó de nuevo al bando contrario, a cogeros." N o tuvo necesidad, porque la Providencia velaba por
encontrándose en éste el Arzobispo, el Almirante y él. Creyendo el la Infanta, que se salvó del siguiente modo:
rey tener a su lado a los dos primeros, se convenció pronto de que Había partido para Ocaña, donde se encontraba la Infanta, don
10 habían dejado solo, pues el Arzobispo conrestóle, cuando le llamó, Pedro Girón, cínico arrogante, con el propósito de inclinar su
que ya estaba harto de él y que ahora sabría quién era el verdadero ánimo a su favor y, de 110 lograrlo, tomarla por la fuerza; pero
rey de Castilla; el Almirante se alzó en Valladolid, y el marqués cuando salía, contento y alegre, de Almagro, no pensando más que
de Villena había salido de Plasencia en franca rebelión. N o encon- en las fiestas del casamiento, al llegar a Villarrubia se sintió repen-
trándose seguro el rey en Medina del Campo, se retiró con la rei- tinamente enfermo de garrotillo y murió a los tres días, blasfe-
na y la infanta Isabel a Salamanca, y los otros tres se dirigieron mando contra Dios cuando supo que no había esperanza de salva-
a Ávila para privarIe del trono y proclamar al infante don Alfonso ción, pues era uno de los tantos judíos convertidos falsamente al
rey de Castilla y León. catolicismo.
Era el 5 de junio de 1465. Extramuros de la ciudad se había Como la muerte de su hermano echaba por tierra todos sus
levantado un cadalso y, en un trono, se puso la estatua de Enri- proyectos, el marqués de Villena se unió al Arzobispo y al Al-
que IV. Empezó la degradación arrebatándole varias personalida- mirante.
des, a cada cargo que se le hacía; la corona, que le arrancó el ar- El rey, que disponía de 1.400 jinetes y 7.000 infantes, podía
zobispo de Toledo, Carrillo; el cetro, la espada, terminando por contar con el apoyo del obispo Mendoza, y, con grandes levas, re-
derribar la estatua a puntapiés. Después, entre el clamor del pueblo, unió un fuerte ejército en Segovia, donde se encontraba. Don Al-
se proclamó rey a don Alfonso, que tenía entonces cerca de once fonso y los suyos, con fuerzas la mitad menores, estaba en Olme-
años. Esta humillante y vergonzosa ceremonia recibió el nombre de do. El rey se movió hacia Medina del Campo y, al dar vista a
"Tablado de Ávila", que es con el que se la conoce. Olmedo, se encontró el día 20 de agosto de 1467 con el Arzobispo,
Estamos en la primera mitad del reinado de Enrique IV el Im- que le cerraba el paso. Se inició el combate de Olmedo con una
potente, y acabamos de ver 10 calamitosos que fueron los diez años carga de caballería seguida de un choque de lanzas; después, echan-
que alguien calificó de tranquilos. do pie a tierra los jinetes, lucharon con espadas y hachas. Don Bel-
Sigamos con la historia en el año 1466. La escena del Tablado trán de la Cueva peleó como un bravo, y el infante don Alfonso,
24 LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS RlJYES CATOLICOS 25
a pesar de su corta edad, luchó C011 gallardía; en cambio, Enrique IV El rey Alfonso, al que le correspondía el ser el XII de Castilla,
presenció el combate desde una colina y, cuando 10 creyó perdido, murió a los catorce años y reinó tres. Era un reyecito apuesto, bien
aun no estándolo, se retiró con pequeña escolta a Pozaldez, a legua parecido, sin sombra de melancolía y hablando con frase cortada
y media de Olmedo. y enérgica. Cuando en un caballo blanco de largas crines montaba
Los de don Alfonso se atribuyeron el triunfo porque quedaron revestido de una armadura pulida muy ajustada a su cuerpo aún
dueños del campo de batalla; en cambio, los del rey también se 10 no desarrollado, sonreía como un niño sofocado bajo el peso de
tanto hierro bruñido. La infanta Isabel regresó a Avila y se retiró
a un convento. Lej os de disolverse la liga, pensaron entonces los
confederados en buscar otro Jefe, dirigiendo sus miradas a la in-
fanta Isabel, a quien fueron a buscar al convento para ofrecerle
la corona, que rehusó con dignidad, diciendo que nunca buscaría el
trono por medios ilegítimos, que si SU hermano 10 había hecho sería
con arreglo a su conciencia, pero que si ella accedía desobedeciendo
al rey, no podría vituperar a los que intentasen desobedecerla,
Vi Ila VVIA"; ~
G
del monarca contra dicho matrimonio, y al morir el Príncipe, se Aparecieron dos bandos, uno acaudillado por el rey y el mar-
cree que tuberculoso, en 1461, a los cuarenta años de edad, se ase- qués de Villena; y el otro, por el arzobispo de Toledo y una gran
gura que dijo, en el colmo de su triunfo: "iAhora ya no se hablará masa popular, a favor de la princesa.
más de casar al de Viana can Isabel de Castilla, que será para En esto llegó a Ocaña, donde ésta estaba, una embajada del rey
mi hijo!". de Portugal, a pedir su mano, amenazando don Enrique a su her-
Tenía entonces Fernando nueve años, mas recordaba cuando, de mana con prenderla y recluirla en Madrid si no aceptaba, 10 cual no
cuatro años, en una de las revueltas de Cataluña a favor del prín- llegó a hacer por haber metido el Arzobispo sus escuadrones en Oca-
cipe de Viana, su madre 10 llevó a Gerona, en donde buscó asilo; ña, decidido a defenderla. Poco después llegó a Castilla otra emba-
pero, sitiada por los de la Generalidad durante algunos meses, se jada de Francia con el mismo objeto. Pero, respecto de la primera,
defendieron en la torre de Gironella en los momentos de peligro, dió largas al asunto Isabel, y la última se retiró, desalentada, a
hasta que, con el triunfo, la reina, que se había mantenido en la su país.
brecha, le estrechó en sus brazos, diciendo: "i Fernando, tú se- Dos enviados partieron secretamente para la corte de Aragón,
rás rey!". r a llevar a Fernando el consentimiento de Isabel; pues, de acuerdo
Más tarde, cuando ya tenía trece años y las Cortes le habían con sus consejeros, como Enrique había violado el tratado de los
autorizado, a pesar de su menor edad, para substituir a su padre, Toros de Guisando con la amenaza de coacción, ella justificaba así
enfermo de la vista, batió en Calaf, el año 1465, al condestable de su libertad de acción para el matrimonio.
Portugal don Pedro, a quien los catalanes habían ofrecido la corona. Apareció, en tal coyuntura, una rebelión algo grave en Anda-
Después, mientras su madre, intrépida mujer, puso por mar sitio lucía, y como tuvieran que ir a sofocarla el rey y el marqués de
a Rosas y se adelantó a Gerona, él se reunió con ella frente a esta Villena con las tropas de que disponían, hizo presente aquél a la prin-
plaza e hizo levantar el sitio al duque de Lorena, que acaudillaba cesa Isabel que, en su ausencia, no se moviera de Ocafia ; y aunque
a los catalanes por cuenta del condestable don Pedro de Portugal. así 10 prometió, como pretextase después le necesidad de ir a tras-
En el año 1468, contando Fernando dieciséis años de edad, su ladar el cadáver de su hermano a Avila, escapó a Madrigal, alIado
madre, mujer notable, de gran lucidez, atrevida y prudente, que, de su madre, según le recomendaba secretamente el Arzobispo, que
mientras su anciano esposo buscaba el remedio para su vista, se es- estaba escondido para no caer en manos del rey.
forzaba en conservar el pedestal para la grandeza de su hijo, murió, Pero, llegada a Madrigal, y avisada por sus mensajeros desde
agotada por tantos esfuerzos, en tanto que el octogenario monarca Burgo de Osma de que el obispo de allí era contrario a ella, como
le operaba en Lérida las cataratas un médico judío, con 10 que pudo la poderosa familia Mendoza, que había jurado matar a don Fer-
reanudar sus actividades. nando en cuanto entrase en Castilla, pidió 300 lanzas para abrir
Tal era el tercer candidato a la mano de la princesa. Isabel sólo paso a Fernando en cuanto saliera de Aragón, Llegaron éstas a Za-
conocía al primero, y al encargar secretamente noticias de los otros, ragoza el 25 de septiembre de 1468, en muy mala circunstancia,
supo que el francés era tímido, débil y afeminado, y que, en cambio, porque Fernando estaba por tierras de Urgel sometiendo a los cata-
Fernando, futuro rey de Aragón, era de buena presencia, agradable lanes, puestos de parte de los franceses que habían entrado en el
y resuelto. Entre los tres, no habia duda; además, entre ensanchar Rosellón.
Castilla por Portugal o por Aragón, era mejor hacerla, de momen- Apenas llegaron los enviados a Madrigal con el consentimiento
to, por aquí, uniendo dos reinos, Castilla y Aragón, de la misma de Fernando, se presentó un nuevo y apremiante peligro; pues, de
sangre, lengua, costumbres y religión; pues, según añadía el arzo- regreso de su expedición a Andalucía, el rey y el marqués, ente-
bispo de Toledo, este reino estaría en situación de arroj ar a los rados del resultado de la misión a Aragón, iban dispuestos a obrar
moros por el S. y de resistir a los franceses por el N. y a los por- can energía, por 10 que enviaron a Madrigal 400 lanzas, únicas de
tugueses por el O. que podían disponer para apoderarse de la princesa.
Casándose, en cambio, con Alfonso V de Portugal, no podrían Ésta, sin esperanza de auxilio, porque le faltaba el Arzobispo,
sus hijos heredar este reino, por tener aquél ya un varón de su pri- del que nada sabía, y no contaba con fuerzas armadas para defen-
me); matrimonio. derse, se consideró irremisiblemente perdida cuando oyó entrar los
LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS REYES CATOLICOS 31
30
caballos en el pueblo y, a poco, abrir la puerta de su aposento.
Su asombro no tuvo límites al encontrarse en presencia de su
poderoso defensor el arzobispo de Toledo, Carrillo, que la hizo mon-
tar a caballo y salir a todo escape de Madrigal en su compañía, para
encaminarse a Valladolid, en donde fueron recibidos en triunfo.
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Importaba acelerar el casamiento antes de que llegasen de An-
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'- .------ dalucía don Enrique y el marqués de Villena. Despacharon, pues,
dos emisarios rápidos a Fernando, los cuales salieron de noche de
Valladolid, ocultándose, para evitar sorpresas, y. embozados, y le
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" , dijeron la necesidad de acudir con diligencia y convenientemente
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disfrazado.
La frontera de Aragón estaba bien vigilada por el obispo de
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Burgo de Osma, la familia Mendoza y el duque de Medinaceli ; pero
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Fernando, que había partido de 'Tarazana, en Aragón, figurando ser
~ ,,,' el criado de unos mercaderes, llegó con ellos a Calatayud y. después,
-",~ - • .,1 a Gómara; y, siguiendo el curso del Duero, alcanzaron Burgo de
Osma. Hasta aquí había venido cuidando las mulas y sirviendo la
cena a sus fingidos amos; pero como estuvieran cerradas las puertas
de la villa y fueran recibidos a pedradas desde el interior, creyendo
que eran maleantes, no pudo menos de exclamar a voces: "¿ Pero es
que queréis matar me ? Soy don Fernando de Aragón. j Abrid!"
Y, en efecto, identificado que fué el príncipe, el alcalde se confun-
dió en excusas. Al día siguiente acompañó a los viajeros hasta Due-
ñas, en la provincia de Palencia, donde entró el 9 de octubre de 1469,
siendo recibido por muchos grandes de Castilla como futuro so-
berano.
a
El 14 por la noche, con sólo algunos servidores, fué a Valla-
G- dolid' al palacio de Juan Vivero, para visitar y conocer a la prin-
"
q
< cesa; a medianoche regresó a Dueñas, y el 18, con brillante séquito
~ y a plena luz, volvía a celebrar la boda, que presenciaron: el arzo-
bispo de Toledo, Carrillo; su amiga de la niñez Beatriz de Boba-
dilla y algunos íntimos; y el día 19 de octubre de 1469 se completó
la ceremonia religiosa, y desde este momento quedaron casados doña
Isabel de Castilla y don Fernando de Aragón; la primera, de die-
ciocho años de edad, y el segundo, de diecisiete.
Ella era de mediana estatura, blanca, rubia, de ojos entre verdes
y azules, noble rostro, proporcionada de miembros y cara hermosa
y alegre. Sin ser hermosa ni aficionada a los retoques y afeites, el
encanto de su fresca juventud y lozanía, pues tenía diecinueve años,
impresionaba a primera vista. Su belleza singular, que descollaba en-
tre la de las demás mujeres, cautivó al rey Alfonso V de Portugal
cuando vino a pedirla en matrimonio y ella sólo tenía trece años.
LOS REYES CATOLICOS 33
32 LA GUERRA EN LA HISTORIA
Era graciosa en su marcha, de cuerpo vigoroso, esbelta en su fi- con lo que e! de Guyena perdía la condición de príncipe heredero;
gura, de voz musical, cabellos con reflejos cobrizos, tez delicada pero como 10 que le interesaba a Enrique IV era rebelarse contra
y sonrosada ... Isabel, no le importó.
Fernando, "el mejor mozo de España, esbelto, de simétrica figu- La recepción que se hizo a la embajada fué suntuosa, el despo-
ra, hermoso de rostro y de carácter fuerte y decidido", parecía de sorio (por no tener edad la novia para casarse) se hizo en el valle
más edad; de ojos negros, algo más bajo que Isabel, con calvicie de Lozoya el 26 de octubre de 1470. Tanto el rey como doña Juana
acentuada, ágil, fuerte y bien proporcionado, respiraba majestad juraron que aquella era su hija.
y distinción. Su mirada, franca y atrevida, le daba un aire de viva A poco, el de Guyena, sin acordarse más de la Beltraneja, pidió
inteligencia, y toda su persona mostraba un gallardo continente. Re- la mano de la heredera del ducado de Borgoña y, al año y medio,
presentaban las dos maneras españolas: la castellana, más pronta; murió. Había que buscar nuevo novio y se pensó en su tío el rey
y la aragonesa, más reflexiva. Alfonso V de Portugal, pero éste declinó el ofrecimiento por la di-
Quizá fué éste el primero y último momento de verdadera dicha ferencia de edad.
en la vida de Isabel, que, como dice un escritor, "no debía jamás La princesa Isabel, en tanto, retenida en Dueñas al lado de su
conocer e! reposo". Cinco años le quedaban para llegar a ser reina, hija, tuvo la satisfacción de saber que aquel obispo de Calahorra
y en este corto período abundaron más las desdichas que las sa- (que no era, como tantos otros, ningún dechado de continencia ni
tisfacciones. de virtudes, pero que después honró a España y esclareció el nom-
Por el pronto, a fines de invierno se encontraron sin dinero; bre como cardenal Mendoza) no había querido prestar juramento
ella no podía recoger su herencia sin permiso' del rey, y él no podía a la Beltranej a por la misma razón que no se lo había prestado a ella;
esperar ninguna ayuda de su anciano padre. A todo esto, Enrique y como éste era un varón ejemplar, amante de la legalidad, el orden
seguía sin contestar a las cartas que Isabel le dirigía expresándole y la paz, Isabel empezó a ver el cielo abierto, tanto más cuanto que
las ra:ones que había tenido para casarse. Al llegar la primavera las provincias de! N. se pusieron de su parte, así como importantes
de 14/0 quedó embarazada y, para complicar la situación, llegó la ciudades andaluzas. Lo mismo le pasó a la nobleza, que, poco a poco,
contestación del rey, haciéndola responsable de haber rasgado el se fué separando del rey Enrique IV y, en estas condiciones, a las
tratado de los Toros de Guisando, por lo que la consideraba rebelde. cartas públicas del rey contestó Isabel exhortando a los castellanos
Volvió a escribirle ofreciéndole la obediencia de ambos esposos, a que no atropellasen sus derechos ni creyesen 10 que les decía el rey.
pero el rey no se dignó contestarla. En 1.0 de 1470 nació en Dueñas En este año vino de Roma, como embajador del pontífice Six-
la primera hija, que fué la infanta Isabel. to IV, que había recibido la tiara en 1471, el cardenal Rodriga Bor-
Se dispuso Enrique a reconocer de nuevo a la Beltraneja como gia, español de nacimiento y uno de los cinco que salieron para ha-
heredera de Castilla. Conviene saber que una de las preocupaciones cer un llamamiento al mundo cristiano contra los turcos. El único
de Enrique, a su vuelta de Andalucía, era la noticia que recibió res- que tuvo éxito fué este Borgia, que traía ánimos de pacificación,
pecto a la reina Juana, a la que se había enviado a Alaejos como porque como, para 10 que se proponía, o sea restablecer la paz, 10
huésped del arzobispo de Sevilla, con prohibición de ver a su hija primero que se necesitaba era reconocer a Isabel como heredera, la
la Beltraneja en Buitrago. La reina sostuvo relaciones amorosas elocuencia persuasiva de este hombre extraordinario a quien la le-
con un joven sobrino del obispo, con el que se escapó a Buitrago yenda ha presentado como un monstruo y, según asegura un escri-
pasando por Cuéllar, donde estaba don Beltrán en su castillo. Se tal', "de no haber deshonrado su carácter sacerdotal con sus vicios.
asegura que, de aquel joven, tuvo varios hijos. habría pasado por un hombre de moralidad media en la Italia del
Estaban, pues, las dos en Buitrago, contando la Beltraneja ocho Renacimiento", logró su propósito. De maneras corteses, conver-
años de edad. Como el rey tenía prisa en casarla, se negoció un sación encantadora y seducción irresistible para las mujeres, des-
matrimonio con el duque de Berri, que ya era duque de Guyena, plegaba, además, un lujo suntuoso en su magnífico equipaje.
heredero de la corona de Francia. Presidida por e! cardenal Albi Los intermediarios en esta reconciliación fueron, por parte de
.
VIllO una embajada que llegó a Medina del Campo, donde estaba la
' la princesa, su íntima amiga doña Beatriz de Bobadilla, y por parte
corte, en ocasión que la reina de Francia acababa de tener un varón, del rey, su esposo Andrés Cabrera, judío converso. La princesa acu-
3. _ L.\ GUERRA EN LA HISTORIA. - PRIMERA SERIE. - TOM(l VII
34 LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS REYES CATOLICOS 35
dió, con el obispo de Toledo, Carrillo, a Segovia, y en el Alcázar pequeños chispeantes, de talante autoritario, más inclinado a la es-
se verificó la ceremonia en 28 de diciembre de 1473. El día de Reyes pada que a la teología, caballero en una mula al frente de nutrida
del siguiente año, 1474, salieron el rey y la princesa juntos para tropa en que se confundían los ballesteros con los frailes, recorría
que el pueblo comprobara la buena armonía que existía entre ellos. los carnios sin más señal eclesiástica que una banda con la cruz pa-
Pero era el destino de Enrique IV ser siempre ruin y malvado. triarcal sobre el arnés guerrero. Afortunado galanteador de todas
Cediendo a las presiones del marqués de Vi llena y de don Beltrán, las hermosuras de cualquier condición social, había sido famoso por
que estaba en Cuéllar, accedió, por lo pronto, a prender a don Fer- su riqueza y liberalidad, distinguiéndose, cual los prelados de su
nando, a doña Isabel, al arzobispo de Toledo y a Cabrera y su época, más que como pastor de almas, como capitán al frente de sus
mujer, y casar a la Beltraneja con el infante don Enrique de Aragón. lanzas y mesnadas."
Suerte fué que el Rey tuvo el poco talento de comunicar tal plan El cardenal Mendoza logró de don Enrique la promesa de que
al leal obispo Mendoza, creyéndolo adicto a su persona; pero éste se celebrasen Cortes en Segovia para declarar la sucesión de la co-
se negó rotundamente a ello, diciéndole, en nombre de Dios, que rona a favor de doña Isabel. El marqués de Villena, en cambio,
renunciase a tan criminal proyecto, y, como desistió, esto fué lo que insistía en que la Beltraneja se casase con el rey Alfonso V de Por-
detuvo el golpe preparado. tugal y, para lograrlo, se encaminó a la villa de Trujillo que, en su
Enterado don Fernando de los peligros que corría, aconsejado codicia, quería que el rey se la diera; pero, en la Aldea de Santa
por Isabel escapó a Turégano, mientras' ella continuaba en Segovia Cruz de la Sierra, cuando iba a cerrar el trato con el alcaide del cas-
bien defendida por Cabrera, que reforzó la guardia del Alcázar; tillo para que se 10 entregara, murió, a causa de un absceso en la
pues, según un historiador, "era hembra de gran ánimo, de pruden- garganta, el 4 de octubre de 1474. Se cuenta que los criados escon-
cia y de constancia mayor de lo que de una mujer de aquella edad dieron el cadáver entre unas grandes tinajas de vino propias de
se podía esperar". aquel país y se dedicaron a robar el dinero y las alhajas que tenía.
Estamos en el año 1474, último del reinado de Enrique IV el Muerto el valido don Juan Pacheco, marqués de Villena, que-
Impotente. Don Fernando estaba en Turégano; doña Isabel, en Se- daba el rey sin brújula; pero no le hizo falta, ,porque sólo le sobre-
govia, y, al lado del rey, como su consejero, el cardenal Mendoza, vivió dos meses. Quebrantada la salud de Enrique IV el Impotente,
que estaba ahora a favor de la princesa. y sin hacer caso de los médicos, se agravó de pronto y, queriendo
El arzobispo de Toledo, don Alonso Carrillo, principal y esfor- reponerse en el Pardo, montó a caballo y allá se encaminó; pero,
zado defensor de doña Isabel, trabajaba ahora en favor de doña faltos de fuerzas, hubo de regresar a Madrid en gravisimo estado.
Juana, debido a que, vanidoso, codicioso y ambicioso, y no soñando Avisado el cardenal Mendoza, acudió a su cabecera, instando al mo-
más que en ocupar el primer puesto, se había visto defraudado en narca a que hiciera testamento y declarase si la Beltraneja era su
sus aspiraciones, sufriendo un tremendo desengaño cuando, en mar- hija o no ; pero ni hizo lo primero ni contestó a 10 segundo, murien-
zo de 1743, supo que el obispo Mendoza había sido creado cardenal do el 12 de diciembre de 1474, a los cincuenta y un años de edad y
de España, honor que Carrillo creía pertenecerle a él. En efecto, veinte de reinado calamitoso. Estaba tan descompuesto que no se
Sixto IV había mandado el capelo rojo a Mendoza, que 10 recibió pudo embalsamar.
en Segovia, en presencia de Isabel y entre las aclamaciones del pue-
blo. Profundamente humillado y creyéndose víctima de una ingra-
titud, se retiró Carrillo a sus dominios de Alcalá de Henares, a
dedicarse a la alquimia y a la astrología bajo el influjo de un em-
baucador, con la esperanza de producir bastante oro para pagar sus
deudas y restablecer su fortuna, algo quebrantada. Tomó su deci-
sión celoso del cardenal Mendoza, que alcanzaba cada vez más con-
sideración y valimiento, o descontento al ver que doña Isabel no se
dejaba manejar por él ni por nadie, obrando siempre por su cuenta.
"Alto, seco, nervudo, tipo de castellano de edad provecta, de ojos
CAPÍTULO IV
Campaña de Toro
(1474-1476)
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ZAIIAúOZA
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LOS REYES CllTOLICOS 37
más caótico, como 10 fué casi todo el fin de la Edad Media. Los no-
bles, seguros de la protección real o despreciando por completo su
autoridad, se consideraban como señores absolutos de sus dominios,
luchando a mano armada en sus querellas unos contra otros y fun-
diendo moneda por su cuenta. Los bandidos infestaban los caminos,
desvalijando a los pasajeros y haciendo temblar a los poblados con
sus rapiñas, saqueando las granjas y las ciudades abiertas y dejando
tras sí un rastro de sangre, muerte, incendio, violación y rapto. El
país, amenazado en el N. por Francia, en el O. por Portugal y en
el S. por la marisma, dueña del reino de Granada; y, por si fuera
'- esto poco, por el peligro judío, pues por haberse entremezclado los
hebreos durante tantos años con la población indígena, gozaban los
mismos privilegios que los cristianos, alcanzaban los más elevados
puestos hasta en la Iglesia y tenían concentrada en sus manos toda
la riqueza del país. .
Dividida en bandos Castilla, cuyas dimensiones son las que se
indican en el croquis; arruinada y sin recursos y teniendo que defen-
derse, por el pronto, de portugueses y franceses, iba a comenzar el
gran reinado de los Reyes Católicos, en el que la figura principal,
por derecho propio, iba a ser Isabel; porque, como dice un escritor,
"por un misterioso concurso de circunstancias, por una serie de
acontecimientos más novelescos que cualquier ficción, esta empresa
fué confiada a las manos de una mujer", la incomparable Isabel la
Católica.
Estando Fernando en Zaragoza supo la coronación de Isabel en
Segovia, _y quedó extrañado no sólo de que 10 hubiera hecho sin él,
sino de que, siendo mujer, se hubiera atrevido a restablecer la cere-
moniade la espada de la Justicia. Como en Aragón las mujeres es-
taban excluidas del trono y él creyó que 10 de gobernar Isabel sola
en Castilla había sido una mera formalidad, no dej de contrariar-
ó
Resuelto el peligro de la discordia entre los reyes, quedaba por Hay que advertir que el insolente marqués de Villena había pe-
resolver el más grande de la división entre los nobles. dido a la reina no sólo el maestrazgo de Santiago y las plazas que
El joven marqués de Villena, que hab'a heredado de su padre tenía su padre, sino otra porción de éstas para su familia, añadiendo
la disposición para la intriga y al que seguían muchos nobles y tenía, que, si se le negaban, proclamaría reina a la Beltraneja. Por si esto
como sabemos, en su poder a la Beltraneja, por entonces de doce fuera poco, el áspero y soberbio arzobispo de Toledo, Carrillo, so-
licitó igualmente tierras y títulos que no se le podían dar, y como
la reina Isabel no quería perder la amistad de quien tanto la habia
ayudado en su juventud, le ofreció dominios equivalentes a los que
N e pedía; pero no se conformó, por 10 que se retiró enojado a Alcalá
de Henares. Para limar asperezas, el cardenal Mendoza fué a hablar
con Carrillo; pero nada logró y, como la amenaza del rey de Por-
tugal se había convertido en un ultimátum, la reina, que se resistía
a creer en la deserción de Carrillo, por consejo del cardenal Men-
daza montó a caballo y resolvió ir en persona a Alcalá a suplicar
al arzobispo de Toledo volviese de su acuerdo y se desenoj ara; pero,
al detenerse en Colmenar Viejo mientras anunciaba su visita a Ca-
rrillo, supo, con la natural sorpresa, que éste había contestado, con
furor, a los emisarios: "Si la reina entre por una puerta en Al-
( calá, yo saldré por otra. Yo saqué de la miseria a esa princesa dán-
dole un cetro, y yo la volveré a la miseria."
Cuando la reina oyó esta contestación, quedó muda de espanto,
tanto más cuanto que, en aquel momento, le anunciaban que Al-
fonso V de Portugal franqueaba la frontera de Extremadura con
20.000 hombres. Había empezado la guerra de sucesión, que era
también de independencia, con la campaña de Toro, que vamos a
examinar y que puede presentarse como modelo.
Antes de cruzar la frontera los portugueses, los Reyes Cató-
licos hicieron 10 posible por evitar la guerra enviando hasta tres em-
bajadores a don Alfonso V; pero fué inútil, porque dijo que consi-
deraba a su sobrina la Beltraneja como la legtirna heredera y que
se iba a casar con ella. Además, invitó al rey de Francia, Luis XI,
años de edad, comprendió que, con los nuevos reyes, no podía se- a que entrase en España por Navarra, ofreciéndole tantas tierras
guir enriqueciéndose y dominando, por 10 que se propuso insistir corno conquistase por aquella parte, mientras él entraba por Extre-
con el rey de Portugal don Alfonso V para que se casase con la madura con la flor de la caballería portuguesa.
Beltraneja, entrase en son de guerra por Castilla y se proclamase En efecto, franqueada la frontera extremeña el 25 de mayo
rey, en 10 que le ayudarían todos los nobles descontentos. de 1475 al frente de cerca de 20.000 hombres, o sean 14.000 in-
Aceptada por don Alfonso V la proposición que antes había re- fantes y 5.100 caballos, marchó a Plasencia, donde el marqués de
chazado por la diferencia de edad entre los contrayentes, se dispuso Villena le presentó a su sobrina doña Juana, con la que celebró con
a entrar en Castilla por la parte de Badajoz, sin escuchar los pru- gran pompa los esponsales, ya que, por ser mocita de trece años,
dentes consejos de los que se oponían a esta aventura y atendiendo, no se podía aun casar. Terminadas las fiestas de Plasencia y coro-
en cambio, a los que capitaneaba el impetuoso príncipe don Juan nados como reyes de Castilla y León, avanzó don Alfonso V, por
de Portugal, su hijo. entonces de cincuenta años, a fijar su residencia en Arévalo, en es-
4.0 LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS REYES CATOLICOS 41
pera de los refuerzos que le habían prometido los partidarios de la teras e ir a Toro, que resultaría fácil de tomar por estar ya en inte-
Beltraneja. ligencia con don Juan de Ulloa para hacer entrega de la ciudad al
A todo esto, doña Isabel y don Fernando no disponían más que bando portugués, si bien el castillo continuaba por Isabel, 10 con-
de 500 hombres, sin recursos ni dinero en el tesoro. La reina no trario de 10 que ocurría en Burgos, donde el castillo era de Portugal
perdió la cabeza: ella por el S. y él por el., empezaron a buscar y la ciudad de Isabel.
partidarios; la primera, con éxito indiscutible, y el segundo (por ser Decidiéndose por último, resolvió don Alfonso ponerse en mo-
impopular en Castilla a causa de haber intentado privar de sus de- vimiento y, simulando salir de Arévalo para encaminarse a Burgos
rechos reales a Isabel) sin lograr apenas nada; por lo que, endosán- o Medina del Campo, se dirigió de pronto sobre Toro, que cayó en
su poder, así como Zamora, en cuya lealtad confiaban mucho los
Reyes Católicos.
Esto era una verdadera desgracia para Fernando e Isabel, por-
que el propósito del portugués era establecer la comunicación entre
el rey de Francia, cuando ocupara Navarra, y su propio país, o sea
Portugal, 10 cual realizaría ocupando Zamora, Toro, Valladolid
y Burgos, en la última de las cuales ya tenían los portugueses el
castillo.
Para agravar la situación, se supo que Luis XI de Francia re-
unía un ejército para invadir Cuipúzcoa, por 10 que, comprendiendo
don Fernando la importancia de la posición central que ocupaba en
Valladolid, determinó asestar un golpe decisivo a Alfonso V y re-
volverse en seguida hacia el N. contra lGS franceses.
Avanzó, pues, contra los portugueses siguiendo el Duero, sin
escuchar las observaciones que le hacían de que 'Toro no se podría
dose la corona la reina, montó a caballo y, si impedírselo su es- tomar sino con un largo sitio, estando protegido por el Duero y de-
tado de embarazo, avanzó al N. por León, de pueblo en pueblo, y, fendido por fuertes. Al llegar a Toro necesitaba a toda costa pelear,
aunque abortó entre Toledo y Á vila, no por eso modificó su itine- porque, dueño el portugués de aquella comarca, se le hacía no sólo
rario ni la marcha acelerada que seguía, porque ej ercía de J uana de difícil, sino imposible el abastecimiento de tan numerosa hueste;
Arco y de Teresa de Jesús. pero don Alfonso, con gran criterio, no aceptó la batalla que le pro-
Esta detención de dos meses de don Alfonso favoreció mucho ponía, ni un combate singular a que le retó para evitar la efusión
a Isabel, porque, pasado este tiempo, o sea en julio de 1475, reunió de sangre. Falto de víveres Fernando, sin artillería y sabiendo que
en Valladolid cerca de 42.000 hombres, aunque la mayor parte eran el gobernador de Castro Nuño, "el más poderoso bandido del rei-
allegadizos y sin disciplina. no", se había pasado a los portugueses cortando las comunicaciones
A principios de julio de 1475, o sea al medio año del reinado del ejército castellano, no tuvo más remedio que ordenar a toda
de Isabel la Católica, estaba acampado el ej ército castellano en Va- prisa la retirada, con un ejército vencido sin pelear, desalentado y
lladolid y el portugués en Arévalo, a las órdenes de Fernando de decaído. Para colmo de desdichas, la brava defensora del castillo de
Aragón, rey de Castilla, el primero, y de don Alfonso V de Por- Toro, doña Aldonza, al perder toda esperanza de socorro, rindió
tugal el segundo, mientras Isabel continuaba trayendo refuerzos y la fortaleza.
reuniendo provisiones. Fué una torpeza de Fernando el no haber tomado como objetivo
Don Alfonso vacilaba sobre el camino que debia seguir. La du- a Zamora, que, por tener escasa guarnición, habría ocupado fácil-
quesa de Arévalo y su marido le instaban a que se pusiera sobre mente, obligando a los portugueses a salir de Toro y batirse; y en
Burgos, porque, ocupándolo, toda Castilla quedaría por suya. Otros, éstos fué otra torpeza mayor la de no haber perseguido a un ene-
los más prudentes, le aconsejaban no separarse tanto de sus fron- migo en desordenada retirada.
LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS REYES CATOLICOS 43
Isabel, que aguardaba impaciente en Tordesillas, no pudo repri- cinco meses del fracaso de Toro, había un nuevo ejército de 15.000
mir su contrariedad y enojo al ver regresar al ejército tan sin glo- hombres, pero disciplinados y bien armados; y, en cambio, las pro-
ria. Para aumentar su amargura, supo que el arzobispo de Toledo, mesas hechas a Alfonso V por sus partidarios, sólo habían sido
Carrillo, se había unido, con 500 lanzas, al rey de Portugal. cumplidas en una mínima parte.
Había que ir ahora a Burgos, cuyo castillo estaba en poder de
los portugueses y desde el cual, así como desde la iglesia de Santa
María la Blanca, colocada en otra altura y sin comunicación con
aquél, se hacía guerra contra los de la ciudad, que resistían brava-
mente, pero que se iban debilitando y necesitaban socorro. Se hacía
indispensable mantener Burgos no sólo por la importancia que ten-
dría en Castilla su pérdida, sino porque era el baluarte y sostén que
tenía el territorio vascongado a sus espaldas.
Se decidió, 'pues, que Fernando en persona fuera a sitiar el cas-
tillo y combatirlo, por 10 que, después de reforzar las guarniciones
de Medina del Campo, Madrigal, Tordesillas y otras próximas a
Toro, salió de Valladolid para Burgos, cercándolo con una verda-
dera cintura de empalizadas, trincheras y máquinas de guerra.
Los defensores, seguros de que pronto acudir.a en su socorro el
rey de Portugal, y con víveres para un largo asedio, se defendieron
con energía, por 10 que, convencidos los castellanos de que sin ata-
que a fondo no se conseguiría nada, resolvieron dar el asalto, y el
1.0 de septiembre de 1475, el propio Fernando, a la cabeza de los
suyos, atacó la iglesia de Santa María la Blanca, apoderándcse de
ella al cabo de seis horas de porfiada lucha.
A todo esto, el rey de Portugal, que había vuelto a Arévalo, pre-
paró a toda prisa una expedición de socorro a Burgos, sabido 10 cual
por la reina Isabel, que estaba vigilante en todo, colocó fuerzas en
Palenzuela y otros diferentes puntos, para atajar la marcha o entor-
pecerla mientras ella, desde Palencia, en donde se había situado.
pod'a, por Torquemada, Palenzuela, Pampliega y el castillo de Coca,
N o habia más remedio que pedir al país nuevo sacrificio y nue- tener el camino libre para Burgos. Si el portugués lograba avanzar.
vo ej ército. Isabel, con una voluntad inquebrantable y confiando ella se proponía acorneterle por la espalda mientras Fernando le ata-
siempre en Dios, levantó el ánimo de su deprimido esposo y reunió caba de frente, pues tenía bastante infantería, y aunque le faltaban
cortes en Medina del Campo; pero como, a pesar de lo? buenos de- 700 caballos, le envió 1.300, o sea casi el doble. Cogido entre ambos
seos de todos, no se pudiera conseguir un maravedí, resolvió, a pro- el rey de Portugal, resultaría emparedado.
puesta del cardenal Mendoza, aceptar la plata, el oro y los tesoros El rey Alfonso V de Portugal salió, en efecto, de Peña fiel apa-
de las iglesias, conventos y monasterios, con 10 que se alcanzó la rentando ir a Burgos; pero, sabiendo que el conde de Benavente se
suma de 30 millones de maravedises que los reyes se ofrecieron a había colocado imprudentemente en Baltanás, contra el parecer de
devolver en tres años. los que le advertían que allí no tenía defensa para resistir a fuerzas
En 1.0de diciembre de 1475 se creó en Valladolid un nuevo ejér- superiores, en la noche del 17 de septiembre de 1475 torció de re-
cito en el que se alistaron gran número de reclutas, no faltando los pente a la izquierda, cogiéndolo prisionero, verificado 10 cual volvió
grandes cañones comprados en Italia y Alemania; es decir que, a los a Pefiafiel,
44 LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS REyEs CAT6LICOS 45
Allí supo varias cosas: l .", que Fernando continuaba el sitio re- a su mujer. Y, saliendo al otro día, dispuso su ejército en orden de
forzando su ejército; Z.", que en Zamora se conspiraba contra los batalla, sin que los portugueses se presentasen; pero, llegando al día
portugueses; y 3.a, que Isabel concentraba fuerzas en Palencia para siguiente el infante don Juan con 20.000 hombres, entonces los
caerle por el flanco si intentaba aproximarse a Burgos, y como la portugueses bloquearon durante quince días a Fernando, que fué ob-
defensa enérgica de aquel puñado de hombres en Baltanás le había jeto de las injurias e insultos que le dirigían los soldados enemigos.
hecho conocer que no sería fácil sujetar a Castilla, desistió de su La reina Isabel supo por aquel tiempo, en Tordesillas, que el rey
expedición a Burgos y, en cambio, resolvió marchar a Zamora, por de Francia, Luis XI, había reunido cerca de 40.000 hombres en la
ser ciudad muy fuerte y estar cerca de su reino. frontera y amenazaba a Fuenterrabía, punto estratégico del N ..
En cuanto supo esto Isabel, volvió a Valladolid. Estaba en tra- adonde envió a toda prisa a Juan Gamboa, que llegó a tiempo de
tos con el alcaide de las torres y puertas del puente de Zamora, encerrarse con sus tropas en la plaza y resistir desesperadamente
único sitio por donde se podía entrar en la plaza, que las entregarían tres meses a fuerzas superiores.
en cuanto enviase fuerzas. Como el único que podía realizar esta La reina, siempre alerta, supo que si el rey de Portugal no se
operación era Fernando, que estaba estrechando el castillo de Bur- decidía a pasar el puente del Duero, en poder de los portugueses,
gos, se fingió enfermo y, sin que nadie lo supiera, en una noche re- la expedición sobre Zamora sería un fracaso; y como la fuerza de
corrió la distancia de Burgos a Valladolid y de allí se fué a Zamo- éstos era superior a la castellana, resolvió dividirla y, al efecto, con
ra con un pequeño destacamento de caballería. Antes de llegar a esta la gente que tenía en Tordesillas hizo demostraciones sobre Toro,
plaza, Alfonso V había pedido el paso libre al alcaide, que se lo Castro Nuño y Siete Iglesias, y mandó ocupar por sorpresa, con
negó, empezando la pelea hasta que el arzobispo de Toledo le dijo 2.000 hombres, a Fuentesaúco, con 10 que, estorbado el abasteci-
que no era prudente continuar la lucha, porque cuando se defendían miento de don Alfonso, empezó a inquietarse éste ante el posible
tan tenazmente era porque contarían con la llegada de socorros; por ataque por retaguardia desde Fuentesaúco y Alaejos.
lo que, ordenando cesar el ataque del puente, recogió a su sobrina, Para salir de esta enojosa situación, 'propuso don Alfonso a su
que estaba en palacio y, con los suyos, se fué a Toro. Cuando llegó rival, secretamente, una entrevista que, aceptada, no pudo realizarse
Fernando con sus tropas, ya se había recuperado Zamora por la por circunstancias imprevistas. Intentó entonces se le concediera
feliz intervención de la Reina. una tregua de algunos días para retirarse de Zamora; pero, aunque
Gran pérdida fué la de Zamora para el portugués, toda vez que aceptada por la mayoría de los del Consejo, la rechazó con energía
quedaba incomunicado con su país. Pidió refuerzos al infante Juan, el cardenal Mendoza, diciendo: "Yo no hablo como hombre de igle-
su hijo, el cual, dando un gran rodeo por Galicia y León, se los sia, sino como hijo del marqués de Santillana, versado, como sus
trajo, a pesar de lo cual fué tal el desaliento del rey de Portugal que antepasados, en la práctica del arte militar. La reina, por sus pala-
quiso entrar en tratos si se le daban tierras y dinero, a lo que se bras y acciones, facilitándoos tropas y armas y víveres, os ha mos-
opuso tenazmente Isabel la Católica. trado su determinación inflexible. N o le concedáis la tregua, no de-
Llegado el año 1476, el castillo de Burgos cayó en poder de las j éis respirar un momento a vuestro adversario."
tropas de Fernando, mandadas entonces por un hermano bastardo En consecuencia, don Alfonso V, en la noche anterior al I.? de
llamado don Alfonso de Aragón, el cual rogó a Isabel que fuese marzo de 1476, alzó sigilosamente el campamento y se encaminó
a Burgos para la entrega del castillo, lo cual verificó ella con un a Toro. Al amanecer del referido día, los vigías castellanos descu-
temporal de nieves, regresando no a Valladolid, donde ya no hacía brieron que el puente estaba libre y el ej ército portugués había des-
falta, sino a Tordesillas, para estar cerca de Toro, amenazando por aparecido, y pronto se supo que, remontando la orilla izquierda del
la espalda al rey de Portugal en cuanto intentara avanzar sobre Duero, se dirigía a Toro.
Zamora. Don Fernando y la hueste castellana se armaron rápidamente;
En esto teniendo noticia don Alfonso de la inferioridad numé- pero, por pronto que salieron, se necesitaban ¡tres horas! Se hacía,
rica de Fernando, pensó batirlo y, saliendo de Toro, al llegar a una pues, dudoso que los alcanzasen antes de entrar en Toro. A medio-
legua de Zamora le desafió para que saliera al campo con un ejér- día estaban entre Zamora y Toro, sin haberlos encontrado. El ca-
cito/ a batirse, a lo que accedió don Fernando, consultando antes mino que seguían remontaba el Duero por la orilla izquierda, pero
LOS REYES CATOLICOS 47
46 LA GUERRA EN LA HISTORIA
niño había alcanzado triunfos ayudando a su padre en Cataluña, por
se llegó a un 'paraje en que el terreno se estrechaba entre el río y unos
lo cual podía ejercer allí, con gran desahogo, el cargo de general
montículos que se alzaban a la derecha formando una angostura,
en jefe.
un desfiladero que se dudaba en pasar por 10 avanzado que estaba
Dada la orden de marcha por don Fernando, al pasar la estre-
el día. El cardenal Mendoza se ofreció, acompañado sólo por un
chura y desembocar en campo abierto encontraron a las huestes
capitán y un ordenanza, a hacer un reconocimiento, y, franqueado
portuguesas formadas en orden de batalla. Habían comprendido que
no podían excusarse de combatir sin convertir la retirada en una
vergonzosa huída, y como estaban equilibradas las fuerzas y se en-
- centraban a legua y media de Toro, donde, en caso de fracaso, en-
su puesto con el estandarte real y, cuando perdió el izquierdo, con- rriente del Duero aglomeró bajo los puentes. Se cuenta que cuando
tinuó sosteniendo el emblema con los dientes hasta que cayó muer- el alcaide le hizo entrega de las llaves del castillo de Zamora y del
to, mientras el cardenal Mendoza se lo arrancaba. Esto resolvió la rico ajuar de Alfonso, negóse a recibir éste, diciendo: "Nadadesea-
victoria. mas de los bienes que pertenecen a su persona." A doña Isabel, que
Más de tres horas duró la batalla, decidiéndose por Fernando al estaba en Tordesillas, le dió la noticia con el siguiente lacónico bi-
declararse los portugueses en retirada, que se convirtió en espantosa llete, refiriéndose al príncipe y all rey de Portugal: "De no ser por
huída cuando, rehechos los seis escuadrones, los atacaron por reta- el joven pollo, yo habría cogido al gallo viej o. "
guardia, mientras el cardenal Mendoza y el duque de Alba lo ha- La reina organizó una gran procesión al monasterio de San
cían de flanco, rechazándolos sobre el río, en el que cayeron mu- Pablo para dar gracias a Dios por la victoria, siguiendo el cortejo
chos. La noche de la batalla fué espantosa, pues una tormenta au- a pie y descalza, yeso que el monasterio estaba en las afueras del
mentó las penalidades de los fugitivos. Durante parte de la noche pueblo.
continuó la matanza, hasta que Fernando ordenó suspenderla. Para conmemorar la victoria, mandaron los Reyes Católicos
De poco sirvió que el principe don Juan de Portugal ganase una erigir, en la parte occidental de Toledo, el templo de San Juan de
altura en la que permaneció recogiendo gente dispersa en medio de los Reyes, que pareció menguado a Isabel cuando lo vió, por lo que
aquella inclemente lluvia y en la obscuridad más completa, pues, dijo: "i Y esta nonada me habéis hecho aquí!" Grandes blasones
muy entrada la noche, abandonó la posición y se fué a Toro. heráldicos, con el Yugo y las Flechas simbólicas, sostenidos por el
Por lo que respecta al rey de Portugal, cuando 10 vió todo per- águila de San Juan, aparecían en el conjunto decorativo con que
dido abandonó el campo de batalla y, seguido sólo de una pequeña Juan Guas había adornado el templo en que los reyes pensaron ser
escolta, no se detuvo hasta Castro Nuño. El arzobispo de Toledo, sepultados, aunque después cambiaron de idea con la conquista de
cuando se presentó a las puertas de Toro, fué rechazado por los Granada.
centinelas, que le acusaron de traición, y sólo pudo entrar por la Motivos había para quedar reconocidos, porque fué decisiva
intercesión del príncipe don Juan. para la guerra y para la división entre los grandes de Castilla.
N o hay para qué decir la ansiedad de estos últimos al ver que el Zamora y Toro se rindieron, como las demás plazas que tenían
rey de Portugal no había perecido en el campo de batalla ni llegado guarniciones portuguesas. Los grandes, incluso el testarudo arzobis-
a Toro, y que no se le podía buscar en aquella noche tormentosa y po de Toledo, Carrillo, empezaron a comprender que estaba perdido
lluviosa; gracias que, a la mañana siguiente, avisó que estaba en el pleito y se inclinaron decididamente al bando castellano, mien-
Castro N uño y que se los reuniría en seguida. tras el rey Alfonso V se volvía a Portugal y, encargando del go-
Don Alfonso V de Portugal, que había demostrado gran arrojo bierno a su hijo, pasaba a Francia a mendigar del rey Luis XI una
en sus afortunadas expediciones africanas, en Castilla no había po- ayuda contra Castilla.
dido quedar peor, no sólo por haber abandonado vergonzosamente Tales fueron los resultados de esta brillante campaña que al-
a su ejército en la batalla de Toro, sino por las fluctuaciones de que guien ha calificado de notable por todas sus condiciones políticas,
dió muestras en toda la campaña. Salió de Peñafiel para Burgos y estratégicas y tácticas, ya que, aprovechando la posición central que
regresó a Pefiafiel. Escapó luego de Zamora, temeroso de don Fer- ocupaba, el Rey Católico pudo hacer frente a un enemigo que se le
nando, y, cuando lo tuvo en franca retirada sobre Toro, no se atre- iba a presentar' muy superior en fuerzas y al que pudo batir parcial-
vió a perseguirlo ni a batirlo. Tantas veces como amagó a Zamora, mente, como hemos dicho.
tantas veces se resistió a combatir y, por último, en una batalla de- A consecuencia de esta campaña, la corona de Castilla se aseguró
cisiva, fué uno de tantos fugitivos, que no se ocupó más que de por completo en las sienes de la grande Isabel la Católica.
salvar la vida, sin preocuparse de portarse como rey.
Don Fernando, con el ejército vencedor, más de 2.000 prisione-
ros, un gran botín de guerra y dejando miles de cadáveres enemi-
gos en el fango del campo de batalla, volvió a Zamora en donde ya
tenían noticia del desastre portugués por los cadáveres que la co-
4. - LA GUERRA EN LA HISTORIA· - PRIMERA SERIE. ~ TOMO VII
LOS REYES CATOLICOS 51
fué inmediata se trasladaron a Trujillo, y allí recibieron la noticia el clavero, se puso con toda su gente en batalla al S.O. de Badajoz,
de ha?er muerto en Barcelona, el 19 de enero de 1479, el rey de en los campos de Albuera. Al llegar a dicha altura, el obispo de
Ara~on don juan Ir, padre de don Fernando, quien, ante la inrni- Évora no tuvo más remedio que aceptar el combate, SO pena de ser
ner:cla del peltgro que se presentaba por la frontera, hubo de dilatar atacado por la espalda perdiendo su línea de comunicaciones con
su Ida a Aragón, a ocupar el trono que le correspondía. Portugal.
. El m~ndo del ejército castellano se hab'a dado a uno de los me- Era el 24 de febrero de 1470. Los ejércitos ocupaban casi el
jores capitanes de Castilla y más fiel súbdito de los reyes, el maes- mismo lugar en que, en tiempos de Napoleón, se iba a sostener, el
año 1811, la célebre batalla de Albuera en nuestra guerra de la Inde-
pendencia.
La batalla de Albuera en esta segunda invasión de Portugal,
o como la de Toro en la primera, fué muy dura y se mantuvo indecisa
durante tres horas, al cabo de las cuales los portugueses se desban-
daron, como en aquélla. La lucha fué entre hombres de armas, es
decir, entre jinetes cubiertos de hierro, por lo que hubo pocos muer-
CACEIII.ES
tos, pero sí muchos prisioneros. Se distinguió sobremanera don Gon-
o El TV14jil1o
zalo de Córdoba, cuyas hazañas percibió don Alonso de Cárdenas
por las galas con que aquél se revestía y que señalaban el lugar
donde luchaba, pues iba con yelmo empenachado, bizarra armadura
,,
. y caballo de riquísima guarnición .
Entre las fuerzas que mandaba don Alfonso de Cárdenas se
........ ~ .. --- .- - I .,.
'"
, contaba una compañía de ciento veinte caballos pertenecientes a don
Alfonso Fernández de Aguilar, hermano de don Gonzalo, quien
~ .' 'v~" se encargó del mando de esta tropa mientras su hermano mayor
Meác."'", .. '
~ don Alfonso, quizá por asuntos del mayorazgo, se quedó en Córdoba.
.: ' ~<:¡ Las operaciones de guerra puede decirse que termina:ron con esta
.' <:¡
.
.' ,.:. batalla, tan importante como la de Toro, pues entonces 10 que se hizo
-\..
fué cercar las fortalezas rebeldes, que eran nidos de bandidos. Don
Fernando fué a Aragón el 5 de junio de 1479, a tomar posesión del
tre de Santiago don Alonso de Cárdenas, del que más adelante nos reino, y quedó Isabel en 'Trujillo, adonde difícilmente le llegaban
ocuparemos, llevando a sus órdenes un joven de veintiséis años lla- los abastecimientos que tenían que ir desde Salamanca, Toro y Ávi-
mado don Gonzalo de Córdoba, que entonces sólo se distinguía por la, a Guadalupe, y de aquí, muy guardados con gente de armas, a
su ~ompa y boato; después, por su lucimiento en las armas y, pasado Trujillo, por estar el territorio infestado de bandidos.
el tiempo, por una de las figuras más sobresalientes de la guerra, Por eso se le aconsejó se trasladase a 'I'alavera, pero la Reina
con el sobrenombre de "El Gran Capitán", por todos conocido. respondió, con la energía que la caracterizaba, que no había venido
. Don Alor;so de Cárdenas se situó en Lobón, no lejos de Mérida a Extremadura a excusar peligros, sino a afrontarlos, y que con-
nr de Medellin, en donde estaban, respectivamente, el clavero don tinuaría allí hasta el fin de la guerra. Y, para manifestar su poderío,
Alonso Monroy y la condesa de Medellín. ordenó poner cerco el mismo día a los muy fuertes castillos de Mé-
Venía el obispo de Évora hacia Mérida para unirse con el cla- rida, Medellín y Deleitosa, y como habia también fuerzas en Bada-
vero, cuando Cárdenas, que no tenía fuerza para luchar contra los joz, vigilando la frontera, y estaba sitiada la fortaleza de Montan-
dos juntos, aprovechó su posición central para realizarlo sólo COn chez, el monarca portugués empezó a desfallecer, tanto más cuanto
el primero; y enviando algunas patrullas contra Mérida para atraer- que coincidió con ello la paz de Castilla con Francia y la anulación
lo simulando ser la vanguardia de un ej ército que se dirigía contra de la dispensa del Papa.
56 LA GUERRA EN LA HISTORIA
cázar era un tal Maldonado, al que separó Cabrera para poner a su de polvo, con tranquilidad insuperable y mirada fría, reclamó silen-
suegro Pedro Bobadilla. Mortificado aquél y puesto de acuerdo can cio con un ademán y dijo:
el obispo de Segovia don Juan Arias, pensaron dar un golpe de - Vasallos y servidores míos, decidrne 10 que deseáis, pues 10
mano para apoderarse de la Infanta; y, al efecto, aprovechando el que os convenga a vosotros me será grato a mí, porque será el bien
odio que el pueblo sentía por los judíos conversos (la mayor larte de la ciudad. - Sin la menor manifestación de temor, que le hubiese
de los cuales sólo lo eran por fórmula) y el que Cabrera también lo costado la vida, consideró atendible 10 que se le pedía y añadió que
fuese, se introdujeron en el Alcázar en ausencia de a~uél, sacrifica- quitaría a Cabrera y tomaría ella posesión de la ciudad, encomen-
ron la guardia, cogieron las llaves y mataron al alcalde Pedro Bo- dando el castillo a uno de los más leales servidores, con 10 que, ante
badilla. La gente de Cabrera encargada de la custodia de la Infanta, tal promesa de que se haría justicia, y la confianza de la reina, que
se retiró con ésta y su nodriza a una torre del Alcázar y allí se de- se había presentado sin más defensa que la de su prestigio y auto-
fendió con verdadera furia del populacho, que se había apoderado ridad, la furia y el tumulto se trocaron en delirantes gritos de apro-
del resto del Alcázar. bación y triunfo, con interminables vivas a la reina. Alguien dijo,
Dueños los sublevados de dos puertas de la ciudad, la de San. ante el carácter entero de Isabel: "Bragas tiene, que no faldetas."
Juan había quedado defendida heroicamente por un puñado de sol- Maldonado y sus partidarios buscaron la salvación en la huída,
dados de la Reina. mientras la reina pudo abrazar a su hija sana y salva.
Avisada ésta en Tordesillas, de tan crítica situación, por Beatriz Cuando después averiguó lo ocurrido, pudo comprobar que Ca-
de Bobadilla, que pudo escapar, montó a caballo y, seguida por ~!la brera era inocente de la falta grave que se le imputaba, y al obispo
y acompañada por el-cardenal Mendoza (al que ya se llamaba el Arias lo vió arrepentido de la parte que había tomado en el subver-
tercer rey de España" por la influencia sana que ejercía) y e~ con~e sivo movimiento.
de Benavente, sin más escolta que estas tres personas, galopo hacia La hazaña realizada por la reina Isabel en Segovia recuerda algo
Segovia, deteniéndose en Coca para que descansaran los caballos.~ de lo ocurrido a Julio César al sofocar la rebelión de la 1O.a Legión,
continuando la marcha toda la noche, hasta el amanecer, en que dió pero la supera en heroísmo y grandeza.
vista a Segovia. Allí se adelantó el obispo Arias para decirle que la La 10.a 'Legión era la más querida y en la que tenía más confian-
cólera del pueblo había pasado de la raya, aconsejándola que sólo za César, pero al saber que éste, el año 47 a. de ]. C., la quería
entrase con el cardenal Mendoza y no intentase penetrar por la llevar a África para acabar con los partidarios del difunto Pornpeyo,
puerta de San Juan, en donde, era ~á~ viole~ta l~ lucha. La. res- se negó a seguirle y, rotos los lazos de la disciplina, no quería obe-
puesta enérgica de la Reina fue la slgUlente: Decid a los hablt~n- decer, insistiendo en hablar con César, el cual, a pesar de 10 que le
tes de Segovia que esta ciudad es mía, y para entrar en una villa aconsej aban en contra, la dej ó entrar en"el Campo de Marte de
de mi pertenencia no necesito leyes ni condiciones. Y o entraré por Roma y acudió en persona a sofocar la insurrección. Seguido de
la puerta que me convenga y me acompañarán los que juzgue buenos una numerosa comitiva, se dirigió al lugar en que la soldadesca pro-
para mi servicio. Que pongan fin al escándalo y tumulto o que teman ducía un escándalo ensordecedor, y el espectáculo no pudo ser más
por sus personas y bienes." ., imponente. Afrontando la situación con la tranquilidad que le ca-
y continuando la marcha, ante la estupefacción de los oyentes, racterizaba, se adelantó a su acompañamiento, subió solo a la tri-
penetró con sus tres compañeros por la pue.rta de Sc:n Juan, ~ue buna y, adelantándose con intención de dirigirle la palabra, quedó la
atravesó sin detenerse y logro entrar en el patio del Alcazar, seguida multitud en profundo silencio, suspendida de admiración ante la
de grupos amenazadores. El cardenal Mendoza le aconsejó que ce- imponente figura de su general, que les preguntaba qué deseaban.
rrasen las puertas para que el pueblo no lo invadiese en tumulto, "La licencia - contestaron. - Tenéis razón, las fatigas os gas-
pero la reina se negó, diciend?: taron, estáis cubiertos de heridas y yo os licencio, y os pagaré cuan-
~ Abrid las puertas y dejadlos entrar. . do, con otros soldados, haya terminado la campaña y recibido los
Hay que advertir que el populacho no cesaba de gritar: "i Abajo honores del triunfo." César volvió a tomar la palabra, llamando
Cabrera y los amigos del gobernador! iMatadlos a todos!". Apenas entonces "quirites" a sus soldados, es decir, ciudadanos y no com-
aquella masa humana hubo penetrado en el patio, la reina, cubierta pañeros, como antes los designaba, y esta sola palabra, hiriendo en
60 LA GUERRA EN LA HISTORIA L O S R E y E S e A l' o L I e O S 61
lo más vivo a aquellos soldados a los que su general parecía decirles de. Cádiz por los crímenes que cometía este enemigo de la paz pú-
que ya no tenía nada que ver con ellos, produjo una reacción instan- bhca~ y c?mo la opinión confirmaba 10 dicho por el duque, quedó
tánea, y ya no quisieron licencia, ni sueldos, ni nada, sino el aprecio la rema dispuesta ,a obr~r enérgicamente con el marqués, tanto más
de su general para que los llevase a la guerra e hiciera de ellos 10 cuanto que no habla ven.ldo a hacerle reverencia; pero, en esto, llegó
que quisiera. Sólo el enorme prestigio de Julio César sofocó la insu- el rey Fernando a Sevilla y, con las fiestas, quedó suspendido el
rrección. proyecto.
Pero, en el caso de César, se trataba de que querían hablar con Los a~!gos del marqués le aconsejaron la huída; pero, ante la
él, no de matar le; de que iba seguido de numeroso acompañamiento, estupefac~lOn de tO?OS,u~ noche, sin. previo aviso y seguido de un
que siempre habría hecho algo por defenderle; de que no tenía que solo servidor, llego a Sevilla y se hIZO anunciar a la reina, que,
atravesar entre la enfurecida multitud, sino que se presentó de re- a~?mbrada de tanta audacia, estaba ya recogida en su cámara. Di-
pente en 10 alto de la tribuna, y de que se trataba de un hombre de c~endole que venía a demostrar su inocencia no sólo con palabras,
cincuenta y tres años, general siempre victorioso que, por sus años smo c~n hechos, le entregaba las fortalezas de Jerez y Alcalá de
e indudable prestigio, infund-a profundo respeto a los que con él Guadaira, todo su patrimonio, incluso su persona. La reina, ante
servían. Mientras que en el caso de Isabel, el pueblo blandía espadas un ~ombre tan apuesto y sereno, que no podía ser el calavera que le
y puñales, pidiendo la muerte de todos; y ella, indefensa mujer de decían y que tan sumiso hacía entrega de sus bienes, desechó las
sólo veinticuatro años, cansada del viaje, cubierta de polvo, sin más sos?echas y, segura. ya de su lealtad, ordenó al duque le entregase
defensa que las tres personas que la acompañaban, una de ellas hem- de l~ual modo las SIete fortalezas que ::'2::a recibido ilegalmente de
bra, eligió para entrar en Segovia la única puerta en donde se com- Enrique IV. y aunque Tarifa y Utrera se nesaron a obedecer el
batía, y, seguida de una multitud que la rodeaba, entró en el patio valie?te Alo~s.o de Cárdenas tomó la última p~r asalto después' de
del Alcázar, y, en lugar de atrincherarse y defenderse en él, ordenó 40 dias de SItIO. En cuanto a Tarifa, decidió someterse al conocer
abrir las puertas de par en par y que entrase el enfurecido pueblo, el resultado de Utrera.
al que amansó con su sola presencia, su serenidad imperturbable yel . Buen~. es consignar que, en 30 de junio de 1478, nació en Se-
prestigio de su autoridad, no ganada en los campos de batalla, sino v:lla el hIJO varón que tuvieron los Reyes Católicos y fué el prin-
en la recta administración de su justicia. cipe don Juan.
Los peligros corridos por Isabel fueron mucho mayores que los Arreglados los asuntos de Sevilla, los reyes fueron a Córdoba
de César, y el éxito alcanzado superó al de éste, porque entre las a refrenar los desmanes del conde de Cabra y de don Alonso de
tropas, aunque insubordinadas, del uno, y el elemento popular, en el Aguilar, señor de Mantilla, que quedaron sometidos.
que se mezclaba la hez de la población, de la otra, había una gran Otro hecho que no puede pasar inadvertido es el relativo a las
diferencia en contra de nuestra reina. Órdenes militares, que entonces eran tres: la de Calatrava la de
Ahora vamos a conternplarla en otro suceso, en el que demostró Alcántara y la de Santiago. '
su maravillosa actividad, una rara firmeza y su inquebrantable tesón. , La Orde.n de .Calatrava debía su origen a un puerto entre Anda-
Reinaba en Andalucia la anarquía más desenfrenada, por la san- lucia y ~asttlla disputado por los moros. Cuando en el siglo XII los
grienta lucha que sosten'an entre sí los poderosos magnates de la Templarios .tuvleran que abandonarlo por insostenible, el rey San-
tierra, y allí acudió la reina, resuelta a poner fin a aquella situación. cho III 10 ~ltó a los ,monjes cistercienses, que se ofrecieron a defen-
Se dirigió, por 10 pronto, a Sevilla, en donde el duque de Medi- der el castillo. En este crearon una orden religiosa muy ruda que
na-Sidonia y el joven marqués de Cádiz, uno de los mejores capi- llegó a disponer hasta de 2.000 caballeros los cuales salvaron ~n su
tanes de la época, hacía tres años que sostenían una lucha encar- tiempo a España de una nueva invasión á~abe; pero cuando los mo-
nizada. ros fueron rechazados a Granada, la orden dejó de tener fundamen-
En el año 1477 fué. re~ibida la reina en Sevilla con gran pompa, to y se convirtió en un instrumento político poderoso, pues poseía
no recordándose que nmgun soberano hubiera tenido análogo reci- numerosas villas, castillos y rentas enormes.
bimiento. Pasadas las fiestas, el duque de Medina-Sidonia le dijo Menos poderosa que ésta era la de Alcántara, fundada también
que' no habría paz en Andalucía mientras no castigase al marqués bajo la regla cisterciense y con numerosos castillos y villas.
62 LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS REYES CATOLICOS 63
Pero la más ilustre de ellas era la de Santiago, creada para pro- rey Fernando, que ya ocupaba en 1487 la de Calatrava y en 1492
teger a los peregrinos que venían a la ciudad del Apóstol de todas la de Alcántara.
partes de Europa. Era más popular que las otras porque adoptó la Al terminar la guerra con Portugal, el año 1479, y encontrán-
regla de San Agustín, en la que eran más laicos que religiosos, pues dose los reyes en Toledo, dió a luz la reina una niña, que fué Juana
se podían casar. Las rentas que poseía la Orden eran enormes y la Loca, madre del emperador Carlos V.
podía poner en campaña unos 2.000 caballeros perfectamente equi- Acordaron reunir al año siguiente, 1480, Cortes generales en
pados y armados. Toledo, no sólo para jurar al príncipe don Juan como heredero de
Excusado es decir las intrigas y luchas que se sostenían cuando Castilla, sino para .restituir a la corona el patrimonio real enajena-
quedaba vacante alguna plaza de Gran Maestrante. Para evitar éstas do; /' .en este sentido, la grandeza de Castilla se portó con mucho
y destruir estos tres Estados que parecían independientes, la reina patriotismo, pues devolvió grandes fortunas que elevaron las ren-
Isabel proyectó que el papa nombrase al rey Fernando en cada va- tas ~e la Corona ~ treinta mil1one~. La organización judicial recibió
cante que ocurriese, siendo la primera que se presentó, en 1476, la un Impulso formidable, pues la rrnsma reina acudía a los tribunales
de Santiago, la más importante de todas. a h~cer j usticia ~ ~e a:ab~f{:m l~s, crímenes, quedaron seguros los
Aspiraba a la plaza don Alvaro de Cárdenas, fiel servidor, exce- caminos y se a~hco ~~justicia, SI~ contemplación, a altos y a bajos,
lente capitán y cumplido caballero, al que la reina debía por aquel por !o. que alguien dIJO que su remado fué "La Edad de Oro de la
tiempo servicios muy estimables que iba a aumentar después ga- ] usticia y que era más di fícil arreglar los asuntos en una oficina que
nando en 1479 la batalla de Albuera en la segunda guerra can Por- con la reina y sus ministros".
tugal. Supo la reina que Cárdenas iba con gente armada a Uclés, . Estas ~ortes de Toledo fueron no sólo las más famosas de su
donde se iba a adjudicar el cargo, y, con una ligera escolta, empezó remado, S1nOde toda la Edad Media.
a recorrer las 80 leguas que la separaban de aquella villa por un país . Y, para terminar con el retrato de la Reina, bastaría una sola
difícil; pero, a la tercera jornada, a causa de las intensas lluvias, pincelada q?e demuestra el aprecio que le merecía la firmeza ajena
tuvo que detenerse en Ocaña, a veinte leguas de la meta, y aunque y los consejos venerables opuestos a la adulación.
En ocasión que buscaba un confesor, le recomendaron el vir-
le recomendaron que hiciera noche, no descansó más que unas ho-
tuoso fraile Fernando de Talavera y, al ir éste a confesada en
ras y emprendió de nuevo el camino durante toda la noche y bajo
l~~ar de ~rrodillarse como ella junto a un banquillo, a mod~ de
una persistente lluvia. sitial, segun era costumbre, tomó asiento sin la menor vacilación
Cuando llegó a Uc1és iba a empezarse la elección y no fué poco
por lo que la reina, creyendo que era ignorancia, le dijo: "Es cos-
el asombro de los caballeros cuando vieron abrirse las puertas y en-
:umbre que los ,dos estemos arrodillados." "De ninguna manera, se-
trar a la reina, calada hasta los huesos, cubierta de barro y con
nora -: contesto. - Yo sentado y de rodillas Vuestra Alteza. Éste
semblante fatigado, aunque majestuosa. Sin. preámbulos, dijo que
es el tn~unal de Dios y yo hago aquí sus veces."
los 'reyes siempre habían dado el cargo a los príncipes de la sangre,
. Y ~,I una palabra más. Al terminar la confesión, sólo dijo la
y aunque quien 10 solicitaba ahora era el más leal de sus súbditos, rema: Éste es el confesor que yo buscaba."
había decidido que 10 ocupara el rey Fernando y que 10 otorgase
el papa.
Ante lenguaje tan firme y digno, los caballeros de la Orden se
sometieron. El 7 de diciembre de 1476 salía de Ocafia para Uc1és,
y el 11 del propio mes y año estaba de vuelta en Ocaña. Como Cé-
sar, pudo decir: "Vine, vi y vencí".
Conviene advertir, sin embargo, que la reina recompensó a
Cárdenas su fidelidad, pues en cuanto ella tuvo la bula del papa re-
conociendo al rey Fernando los poderes sobre la Orden, nombró
a Cárdenas Gran Maestre, pasando a la muerte de éste, en 1492, al
LOS REYES CATOLICOS 65
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LOS REYES CATOLICOS 67
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guerra de Granada, que vamos a describir.
El reino de Granda se extendía por la costa, desde Gibraltar al
Cabo de Gata, mejor dicho, hasta la desembocadura del río Alman-
( zara, y por la parte de tierra, desde Gibraltar, casi seguía la cumbre
.•" V lo de la cordillera Penibética hasta por encima de Málaga, en una es-
,
. trecha faja de terreno. Desde este punto, los límites remontaban
al N. siguiendo siempre las cumbres de las cordilleras e iban a bus-
car las fuentes del Guadalquivir, continuando desde allí, por la
sierra de la Sagra, describiendo un arco de círculo hacia el S. para
seguir en esta dirección hasta la desembocadura del Almanzora.
Comprendía, pues, toda la estrecha faja de terreno al S. de la
Penibética, más la cuenca del río Guadia:n:a menor y la primera
parte de la del río Genil en una extensión de ciento ochenta leguas
. , de cincunferencia y veinticinco en su mayor anchura. Terreno todo
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éste montañoso, era un gran refugio para los moros, como 10 será
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\-c:. ---',1 siempre para los españoles en el último extremo, cuando se vea in-
vadida la Península, por ser el último baluarte de la defensa del
a reino y contar con elementos para alimentar a un ejército. La fértil
e
•-' -'" vega de Granada, especialmente, no tiene rival en este sentido. Ro-
ó-
-' "
N deada materialmente de altísimas montañas, no tiene entrada más
s que por el N., en donde se encuentra Jaén para defender el paso,
-
W
duque le contestó que no podía, porque temía llegar tarde, y le re- Como consecuencia de ellas, discutieron los Reyes en Córdoba
comendaba que le esperase en Antequera. la conveniencia de guardar Alhama o abandonada y destruirla; pero
La situación de Muley Hacen se hizo entonces comprometida, Isabel declaró enérgicamente que esto último sería un golpe mortal
si no se apoderaba de Alhama cuanto antes; y, no lográndolo, le- sobre la moral del pueblo y una mengua el retirarse, por lo que no
vantó de prisa y corriendo el campo y regresó a Granada. hubo más remedio que conservarla.
El marqués de Cádiz no podía comprender aquella retirada En consecuencia, Fernando, al frente de una gran hueste en la
cuando, a poco, apareció por occidente la colurnnia cristiana del du- que iba 10 más florido de la nobleza castellana y andaluza, se puso
que, que hizo entrada en Alhama en medio de las mayores aclama- sobre Alhama, en donde entró el 14 de mayo de 1482 un convoy de
ciones. El joven marqués se adelantó conmovido, tendiendo sus más de 40.000 acémilas, con las que abasteció la plaza para tres
manos a su antiguo enemigo; pero el veterano duque abrió los bra- meses; y, en un alarde de fuerza, recorrió la vega de Granada, des-
zos y estrechó efusivamente a su joven rival, que dió un gran ban- pués de 10 cual regresó a Córdoba.
quete a su salvador y a los caballeros de su escolta. Hay que adver- El 28 de junio de 1482 nació allí la infanta María, o sea el cuarto
tir que entre éstos iban don Beltrán de la Cueva, el marqués de hijo de los Reyes Católicos, que ya tenían: la infanta Isabel, de
Villena y tantos otros que habían producido gran escándalo con once años, en Portugal, y el príncipe Juan, de seis años, y la infanta
sus ambiciones y rivalidades, y entonces se juntaban lealmente con- Juana de un año, en Córdoba con ellos.
tra un enemigo común. Sólo faltaba entre ellos el célebre y turbu- El fracaso de Muley Hacen en Alhama y esta correría de Fer-
lento arzobispo de Toledo, Carrillo, que, retirado de la política, nando, desacreditaron mucho al primero, que sofocó un tumulto
murió el 1. de julio de 1482.
0
popular en Granada, en la que las luchas domésticas de palacio se
El cerco de Alhama duró veinticinco días, terminando el 29 de habían extendido a la vida pública. El moro, durante muchos años,
marzo del mismo año. había tenido por favorita a una cristiana cautiva, hija del goberna-
Después de aprovisionar suficientemente la plaza, los libertado- dor de Martos, llamada Isabel de Solís, que entonces, por su extra-
res se retiraron a Antequera, por lo que, en cuanto 10 supo Muley ordinaria hermosura, era conocida con el sobrenombre de "Zorai-
Hacen, volvió sobre Alhama; pero entonces con tren de artillería, da" o estrella de la mañana. Elevándola de esclava a concubina y
y trató de ganada por asalto el 20 de abril de 1482; pero el marqués después a favorita, acabó por declararla oficialmente sultana de
de Cádiz 10 rechazó y, a los cinco dias de cerco, se retiró el moro Granada, repudiando a su prima Fátima - la llamada Aixa por la
a Granada, al saber que el rey Fernando iba sobre Alhama. leyenda, - con la que hasta entonces compartiera el tálamo real.
El héroe de estas notables defensas de Alhama era el joven y Esta Zoraida era madre de Boabdil el Chico, al que hizo reconocer
magnífico caballero don Rodrigo Ponce de León, marqués de Cá- como heredero del trono; pero sucedió que Muley Hacen se ena-
diz, que desde la edad de catorce años combatía a los moros. moró de otra mujer llamada Ayesha, y celosa la primera, temiendo
Héroe popular de Andalucía, donde 10 comparaban con el Cid que su rival pudiera tener un hijo que le privase del trono a Boab-
Campeador, merece que le dediquemos algunas líneas. Enemigo de dil, sublevó contra ella la tribu de los zegríes. Había, pues, en Gra-
los aduladores, de los cobardes y de los traidores, era un hombre nada dos partidos, los zegries y los abencerrajes, en lucha entre sí.
justo, piadoso y, sobre todo, de una castidad que, en una época en La sultana Zoraida explotó en su favor el fracaso de Muley
que los grandes señores, los reyes y hasta las más altas dignidades Hacen y levantó al pueblo, pero él sofocó el levantamiento y encerró
tenían hijos bastardos o ilegítimos, 10 ennoblecía. Las mujeres eran a Zoraida y a Boabdil.
tratadas por él con suma cortesía, que no escatimaba ni con las mo- Éste logró escaparse y, entrando en Granada con sus partida-
ras prisioneras, a las que respetaba y hada respetar su honor. Tenía rios, poco después le arrebató el trono a su padre, el cual hubo de
pasión por la fortificación, por la geometría y por la música, y en refugiarse en Málaga, que siguió siendo suya, como Baza y otras
la guerra era uno de los capitanes más audaces e ilustres de los Re- ciudades. Quedó, pues, el reino moro dividido en dos: el de Gra-
yes Católicos, que apreciaban en él su entusiasmo, su lealtad, su nada, con Boabdil el Chico, y el de Málaga, con Muley Hacen;
nobleza y sus grandes servicios, que entonces culminaban en aque- pero, aunque enemistados uno y otro, no quisieron pedir ayuda a los
llas defensas heroicas de Alhama que acabamos de relatar. cristianos.
72 LA GUERRA EN LA HISTORIA
escaladores y, apeándose, entró con ellos en el interior de I.a ~laza, Desde allí baj aran por el valle del Guadalhorce hasta cerca de
donde los defensores, viendo fuerzas enemigas fuera, se rindieron Cártama, y, después de hacer talas por los campos de Málaga, se
sin combate. acordó realizar una nueva expedición contra la poderosa fortaleza
Así terminó el año 1483. de Setenil, entre Ronda y Cañete, que cercó el marqués de Cádiz
can 2.000 c~ball?s y despué.s la, combatió el rey con el grueso y su
1484. Este año se presentaron algunas dificultades exter~ores, poderosa artillería. Esta artilleria de la reina hacía maravillas, pues
entre ellas la de que, con la muerte del rey Luis XI de Francia, su las murallas n:oras de Setenil, que resistían a las máquinas guerre-
hijo Carlos VIII, que era un adolescente, se negó a cumplir la~ p~o- ras de aque.l tiempo, se derrumbaban ante las gruesas piezas de la
mesas que su padre hiciera a Fernando de restituirle las provmClas hueste cristiana, que consiguió la rendición de la plaza, retirándose
del Rosellón y Cerdaña. Fernando, aprovechando la debilidad del a Ronda los moros que la defe.ndían.
joven monarca, se dispuso a recobrar aquellos territorios por la En este ~tio de S~tenil se presentó el primer Hospital de sangre
fuerza, para 10 que hacía falta suspender la campaña de Granada o de campana organizado por el ingenio de la reina Isabel, que
y utilizar los inmensos almacenes que la prudente Isabel estaba es- mandó construir seis tiendas de campaña provistas de medicamentos
tableciendo para atender a la guerra de sitios que se esperaba en y material para curar enfermos y heridos, con médicos y cirujanos
el año 1485. que recluta para ello. Aquel organismo, que ningún ejército- del
Isabel se negó a discutir tal proyecto, con el que perdería los mundo había tenido, recibió el nombre de "Hospital de la Reina".
tres años de labor que llevaba acopiando municiones, víveres y per- Tambi~n ~ay que observar que en dicho sitio empezó a emplear-
trechos de guerra. "Jamás - dij o - consentiré en tal abandono." se la artilleria .en gran escala, tanto por el número de las piezas
En Tarragona, a donde fueron los Reyes en enero de 1484, em- como. por el calibre de los cañones, y se usó como signo de los nue-
pezó Fernando a encontrar oposición en los catalanes a que le.die- vos .tlempos, la pala y el pico por millares de hombres para abrir
ran hombres y dinero para hacer la guerra a Francia sin la ayuda camino a las tropas o mejorar los existentes.
de Castilla.
Isabel marchó a Córdoba a preparar la campaña, mientras que- 1485. Por este tiempo, continuando la guerra civil entre los
daba Fernando en Tarragona obstinado en su empresa, y como hi- moros, el Zagal quiso apoderarse de su sobrino Boabdil en Alme-
ciera aquélla un llamamiento a los pueblos andaluces, éstos respon- ría; pero éste pudo fugarse y se refugió en Córdoba, donde estaban
dieron apresuradamente, formándose un ejército de 17.000 hom- los Reyes Católicos.
bres y 6.000 caballos, con tanta artillería como no se había visto Queriendo dirigir Fernando las operaciones, se puso al frente
en España. de ~O.OOOhombres c~n gran material de carros y bueyes para con-
El día 15 de mayo de 1484 entró en Córdoba y el 31 llegaba el dUCIr los grandes canones y otras piezas menores, grúas, ingenios
rey Fernando, que había renunciado a su proyecto, y se puso al de guerra, mantas, escalas y pertrechos de combate, con carpinteros,
frente del ejército el 10 de junio de 1484. herreros y ?"ente especializada para hacer pólvora y otros oficios.
Después de hacer una gran tala por los campos de Málaga los Entr: ellos Iba el personal del Hospital de la Reina con todo 10 ne-
caudillos principales, el rey, siguiendo el consejo del marqués de cesano para su servicio.
Cádiz, se movió como para ir a Loja y, presentando un gran frente Fernando tomó por asalto a Benamaguer, que había prometido
de batalla, pudo, por detrás de él, meter en Alhama un gran con- someterse y no se entregó; se apoderó de Caín, que fué desmante-
voy. Hecho esto y mientras Muley Hacen se apresuraba a ir aLoja, lada d: su fortaleza; ~e Cártama y de otros lugares, y como que-
cayó Fernando rápidamente sobre Alora, donde ya le esperaba el da?a tiempo par~ continuar la campaña, la reina le dijo que prosi-
marqués de Cádiz, que la tenía cercada, y, a los ocho días, gracias ?"UIeselas conquistas, por,lo que se acordó ir sobre Málaga. Pero
a la mucha artillería que la batió, capituló la plaza. informado por el marques de Cádiz de que Ronda estaba débil-
Esta conquista resultaba de gran importancia, porque, entre An- mente defendida, marchó rápidamente sobre ella.
tequera y Málaga, era, en poder de los moros, una defensa de esta ~ituada en u~a roca cort~d~ por el famoso Tajo de Ronda y de-
última, y entonces, en poder de los cristianos, era una amenaza. fendida por castillos, se creta inaccesible ; pero Fernando, con una
sO LA GUERRA EN LA HISTORIA 1,0$ REYES CATOLIC6s si
idea genial, envió por delante al marqués de Cádiz con 8.000 hom- separadas por un riachuelo en el fondo de un valle dominado por
bres, 3.000 jinetes y la artillería correspondiente, a cercar la plaza montes.
e impedir que entrasen en ella los moros, que en gran número habían El grueso llegó a la vista de ellos con el marqués de Cádiz por
salido para vigilar el movimiento de los cristianos, y él, con el grue- delante, pero la artillería gruesa, debido a la falta de caminos, as-
so, se dirigió hacia Antequera como si fuera a ir a Laja, con: lo que pereza de los montes y lugares fragosos, era poco menos que impo-
éstos se adelantaron para poderla defender, momento que aproveche' sible de llevar; mas la previsión y tenacidad de Isabel hizo que
Fernando para, dando un gran rodeo, ponerse sobre Ronda. La 6.000 hombres con picos y palas abriesen en doce días un camino
noderosa artillería deshizo a los cuatro días las defensas, por 10 que a la artillería, por donde pudo pasar.
el 15 de mayo de 1485 se rindió la plaza. Con gran asombro de los moros, las gruesas piezas desmantela-
Para comprender el interés que se tomaba la reina en abastecer ron el castillo de Harrahal, que en un solo día recibió 140 disparos
el ej ército, baste saber que se tenían siempre a la vista en el campa- y, concertada la rendición de '¡OS dos, el rey Fernando quedó dueño
mento dos enormes montones; uno con 20.000 fanegas de harina del campo el 21 de septiembre de 1485. .
y otro con otras tantas de cebada, que no se tocaban más que cuando
faltaba algún convoy, estando abastecido siempre el real con abun- 1486. Todos estos triunfos obligaron a los moros a desear
dancia de pan, vino y carnes. como rey al Zagal, pues Muley Hacen estaba muy viejo y casi ciego.
En Ronda se libertaron, cargados con cadenas de hierro, más Éste abdicó en su favor, y el Zagal se trasladó desde Málaga a Gra-
de 400 cautivos que la reina recibió en Córdoba, socorriéndolos nada, acuchillando cerca de Alhama a una porción de caballeros
para que pudieran marchar a sus tierras y enviando las cadenas a cristianos que encontró descuidados en el camino. Coincidió con
San Juan de los Reyes, edificado en Toledo en conmemoración de la esto el triunfo de los moras en Moclín, así que fué recibido el Zagal
batalla de Toro. en Granada con gran agasajo; pero duró poco, porque, habiendo
Como consecuencia de la conquista. de Ronda, se entregaron muerto Muley Hacen, la sultana Zoraida, madre de Boabdil (que se
infinidad de pueblos y lugares. encontraba en Córdoba) hizo correr la voz de que 10 había envene-
La reina aconsejó a Fernando se desplazase al N. para conti- nado el Zagal; y, temiéndose nuevas revueltas, se ideó repartir el
nuar las operaciones por allí mientras ella se situaba en Baena. reino, para evitar éstas, entre el tío y el sobrino, dando al Zagal la
En efecto, el conde de Cabra había pedido permiso para atacar parte oriental de Almería y Guadix, y a Boabdil el resto, teniendo
la poderosa fortaleza de Moclín, y aunque varios caballeros des- ambos la residencia en Granada.
aprobaban la empresa, se le concedió el realizarla Iacilitándole una Boabdil, reconocido a las atenciones de Fernando el Católico,
importante fuerza de caballería como vanguardia, a la que seguiría le hizo saber que la mitad del reino había quedado bajo su depen-
el Maestre de. Calatrava con 10.000 hombres, mientras Fernando dencia y que se abstendría de hacer guerra, como buen aliado; pero
hacía una demostración en dirección opuesta. Fernando, con su política característica, se mostró ofendido. porque
Sucedió que el conde de Cabra, con toda la vanguardia, cayó en así le convenía y quería separar a Boabdil de la alianza con el Zagal
una emboscada que le preparó el Zagal en aquellas montañas, expe- y enzarzarlos en guerra.
rimentando tan sangriento desastre que tuvo que buscar su salvación 'Tío y sobrino se habian puesto de acuerdo para hacer la guerra
en la huída. a los cristianos, olvidando Boabdil su juramento de sumisión.
Fernando, que estaba a tres leguas de Moclín, consultó a la rei- Un ejército de más de 50.000 hombres bien equipados, de ellos
na si se batía en retirada, como parecía 10 más prudente, o se jugaba 12.000 caballos y 40.000 peones, se concentró en el valle del Gua-
el todo por el todo en un ataque brusco. dalquivir, con más de 200 piezas de artillería conducidas en 2.000
La contestación fué que atacase los castillos de Cambil avan- carros con material de zapadores y de puentes y más de 60.000 bes-
zados sobre el campo cristiano, que le facilitarían una buena base tias de carga. Muchos extranjeros, franceses e irlandeses, vinieron
para la campaña próxima sobre Laja. a tomar parte en la cruzada, entre ellos el Lord inglés Scales, con
Los castillos eran dos, el de Cambil y el de Harrahal ; esta- 100 arqueros ingleses y 200 jóvenes caballeros.
ban situados entre Moclin y J aén, en 10 alto de dos grandes peñas El rey Fernando estaba tan interesado como en Toro, pues si
6. - LA QUEJRRA EN LA IIlSTORIA. - PRIMERA SERIEJ. -. TOMO VII
82 LA GUERRA EN LA HISTORIA LOS REYES CATOLICOS 3
allí quiso vengar la derrota que le infligieron los portugueses en Za- 1487. Este año se proyectaba abrir la campaña atacando la in;-
mora, aquí quería borrar el mal efecto de su reciente humillación. portante plaza de Baza, en la zona oriental; pero, como se terní.,
Laja era "el ojo derecho de Granada" y a toda costa habia que una ofensiva <Teneralde los musulmanes en Europa, los Reyes Ca-
tomarIa. tólicos para :vitar el posible desembarco de un ejército africano
Boabdil, cuando supo que el rey iba a Laja, acudió con 10.000 en las' costas andaluzas, cambiaron el plan y, con el fin de cortar
hombres, que es lo que pudo reunir, a cubrirIa y defenderIa. Granada de la costa berberisca, pensaron apoderarse de Almeria,
El marqués de Cádiz atacó en vanguardia con 17.000 hombres V élez y Málaga, tan importante la última que se la denomina~a.la
los arrabales de Loja, mientras otras tropas, por el lado opuesto, la "boca de Granada", porque era donde se acumulaban las provlslO-
aislaban de Granada; y había logrado ya la victoria, cuando Boab- nes y víveres> de toda clase que se enviaban a la capital del rei-
dil y el Zagal, con la mejor caballería mora, hicieron una salida no moro.
enérgica, en la que se vió aquél muy comprometido. La situación Inútil es decir el interés que había en ocuparla, pero como su
la salvó el lord inglés formando una especie de cuña con sus hom- conquista habría necesitado grandes esfuerzos se decidió atacar pri-
bres a pie, que hiriendo a derecha e izquierda con sus pesadas hachas mero a la plaza de V élez para cortarle a aquélla las comunicaciones
de armas, se metieron a fondo seguidos por el duque del Infantado con Granada.
que, con sus tropas', se hizo dueño del arrabal, distinguiéndose en- Un ejército de 70.000 hombres con 20.000 caballos salió de
tre otros un joven capitán de la guardia de la reina llamado Gon- Córdoba el 7 de 'abril de 1487, llegando el 12 a Archidona. Al en-
zalo de Córdoba, que con el tiempo iba a ser conocido con el sobre- trar en la región montañosa, más de 3.000 zapadores tuvieron que
nombre de "El Gran Capitán". Éste mandaba cien lanzas que le ir arreglando los caminos y mejorando los pasos, porque, a causa
había reservado el marqués de Cádiz cuando se inició la guerra de de persistentes lluvias, estaban intransitables. Venciendo muchas
Granada, a la que acudía, no sólo por voluntad propia, sino por dificultades, pasado que se hubo la cordillera se desembocó en el fér-
invitación de la reina. til valle de V élez, entre las aclamaciones de las huestes al descubrir
Isabel, cuando tuvo noticia de la victoria, marchó descalza desde las azules' aguas del Mediterráneo.
palacio hasta [a catedral de Córdoba para oír misa en acción de La plaza de V élez, fuerte y bien artillada, contaba con seis lom-
gracias. bardas, o sea grandes cañones, una en la alcazaba y las otras en las
Fernando la envió un aviso para que acudiera al campamento, torres. Fernando estableció su campo en un cerro entre V élez y el
porque su presencia sería un estímulo para levantar la moral de la fuerte de Bentomir, creyendo que podría reducir la plaza en cuatro
tropa; y, en efecto, acudió al llamamiento cuando Fernando estaba días, antes de que le llegaran socorros de Almería o de Granada;
con la hueste frente a Illora, que, después de cuatro días de bom- pero su situación no dejaba de ser crítica, porque la artillería gruesa
bardeo, sucumbió el 8 de junio de 1486, continuando a Moclín, en no había llegado, entorpecida en los pasos por el fango y el des-
donde se le incorporó la reina con su hijo el príncipe Juan. bordamiento de los ríos.
Al cabo de un mes de resistencia se rindió Moclín, denominada Un día, mientras comía Fernando en su tienda, se vió sorpren-
"el escudo de Granada", dando la presencia de la reina Isabel una dido por una gritería de los cristianos, que huían en desorden ante
gran solemnidad a la entrada victoriosa de las tropas. un ataque furioso de los moros. Salió sin armadura y con poca
A consecuencia de todo esto, la villa de Montefrio pidió a la gente a socorrerlos, viéndose en inminente peligro, del que le salvó
reina condiciones de rendición y, tras de ella, se ganaron sin com- el marqués de Cádiz, que acudió en su ayuda. .
bate una porción de pueblos, con 10 que se dió por terminada la A todo esto, el Zagal venía con 30.000 hombres de las guamr-
campaña de este año. ciones de Guadix, Baza y Almería, para exterminar en una noche,
Después de la rendición de Loja, Gonzalo fué nombrado Go- por sorpresa, a los cristianos; pero enterado de ello Fernando, por
bernador de Illora, llamada "el ojo derecho de Granada". Por este haber interceptado el mensaje, extremó la vigilancia, por 10 que,
tiempo ya estaba casado en segundas nupcias con doña María Ma- cuando atacó aquél, fué rechazado con grandes pérdidas.
rique, hija del duque de Nájera, y quizá dama de la reina. El 27 de abril de 1487 llegó la artillería gruesa, y 1051 defenso-
res, al enterarse de que al Zagal le había rehusado Granada abrirle
84 LA GUERRA EN LA HISTORIA
LOS REYES CATOLICOS 85
SUs puertas, comprendieron que la resistencia era inútil y rindieron
cial compuesto de los caballeros má~, nc:?les y jóvenes ~e Castilla y
la plaza. Había durado el cerco once días. Aragón, origen más tarde de la Institución de las Guardias de Corps
La rendición de V élez llevó consigo la de todas las fortalezas
de los Reyes de España.. I
de la Ajarquía y, a causa de ella, el Zagal perdió el trono, pues en En pocos días transformó la Rema el campamento, que parecía
su ausencia se apoderó de él Boabdil, y el Zagal no tuvo más reme-
una gran ciudad en donde día y noche se oí~n la~, campanas, .cuyo
dio que dirigirse a Guadix. sonido tanto mortificaba a los moros, que decían : Como no tienen
Quedaba sólo la opulenta Málaga defendida por el feroz Hamet
las vacas, traen 1os cencerros. " .. .
el Zegrí, que se distinguió notablemente haciendo una de las defen- En ocasión en que se presentó escasez a mediados de julio
sas más brillantes que presenta la Historia. Hubo que recorrer los
de 1487, llegó una gran flota de cien naves con hari.na, v~no, ~ebada
quebrados montes, donde se experimentó el desastre de la Ajarquia ;
y cuanto se necesitaba, y también el duque ~e Medma-SldoTI!~1 con
y, por fin, se llegó frente a Málaga, saliendo los moros a estorbar
un ejército rec1utado a sus expensas, que hizo ascender el nu.~~ro
el cerco por la parte del castillo de Gibralfaro; pero, vencida !a re-
de cristianos a 80.000; pues, sabiendo que se alargaba la rendición,
sistencia, la hueste se repartió en tres reales, el uno frente a GI~ral-
acudió con refuerzos sin que nadie se los pidiese. I • • I
'; y algunos pueblos de alrededor y casi todos los poblados del río
I
Almanzora y sierra de Filabres, por 10 que se animó a adelantarse
a Almería; pero la ciudad resistió con energía el ataque y, en la
imposibilidad de tomarla por sorpresa, levantó el campo y se dirigió
a Baza, en donde las murallas eran magníficas y estaba el Zagal con
CAPÍTULO IX gran guarnición.
El monarca, dejando una guardia fronteriza, dió por terminada
LOS REYES CATóLICOS una campaña en que, de un modo incruento, se había conquistado
un buen trozo de la parte oriental del reino moro sin combatir ape-
Guerra de Granada; Conquista de las eonas oriental y central nas. Alrneria y Baza, que eran los objetivos principales, quedaron
(r488-r492) para otro año.
El Zagal, creyendo que la retirada de Fernando iniciaba el tér-
1488: Fraccionamiento del reino de Granada.- Conquista de Vera y poblados de mino de la lucha que sostenía con los moros por falta de hombres
la sierra de Filabres. - Resiste Almería y Fernando marcha a Baza. - 1489: Si- y dinero, emprendió correrías, apoderándose de ganados y perso-
tio de Baza. - Capihtla la ploea y se entreoan. Almeria y Guadix. - Fernando nas, hasta llegar a Murcia; y como, por la parte de occidente, tam-
queda dueiío de la Alpltjarra. - Conquisfa de la zona central. - 14rJ<J:N o se ri-
fíe¡¡ grandes batallas. - Casamiento de la i1!fat~ta Isabel. - 1491: Fernando acam~ bién hubiese matanza de cristianos, el fin de año no fué muy prós-
pa frente a Granada. - Torneos.:-. Un incendio destruye el campanl(!'/lto. - Iso- pero, tanto más cuanto que la naturaleza se presentó esquiva, con
bcl fwufa Santa Fe.-CaPitula Gratlada.-I492: Entrega de Granado.i-s- Boabdil
se retira a Africa· - Muerte del marqués de Cádiz y del duque de M edina-Sido-
torrenciales inundaciones y epidemias.
nia. - Fin de la Reconquisto.
1489. Hasta el año 1489 no volvieron a emprenderse nuevas
En otra ocasión en que la reina tuvo que visitar el campamento sobre Salobreña, y estaba próximo a tomarlo cuando, sabiendo que
en un sitio que ofrecía riesgo, por estar al alcance de los disparos se presentaban tropas cristianas a cortarle la retirada, levantó el
de los moros, pidió el marqués de Cádiz a Cid Yahia, de caballero campo y se volvió a Granada.
a caballero, que no hicieran armas durante la revista, y el moro fué Fernando, en efecto, en agosto de 1490 entró por la vega con
tan galante que, no sólo accedió a ello, sino que sacó su ejército 20.000 hombres y 7.000 caballos, castigando duramente con la tala
vestido de gran gala para que hiciera maniobras y pudiera la reina de cosechas.
conternplarlo, Bien es verdad que, tanto a la llegada de Isabel a Este año, en contraste con el anterior, no hubo ocasión de reñir
Baza como cuando revistaba las tropas, los moros se apiñaban en grandes combates.
las murallas y mezquitas para contemplar a aquella mujer excepcio- El suceso digno de consignarse fué el casamiento de la infanta
nal, a la que dedicaban sus canciones populares y a la que acompa- Isabel, hija de los Reyes Católicos, de veinte años, con el príncipe
ñaban a caballo las damas de su corte. Alfonso, heredero de la corona de Portugal, que se celebró con gran
Desde la llegada de la reina en noviembre de 1489, se empe- pompa el 22 de noviembre de 1490 en Évora; pero a los pocos me-
zaron los tratos para la capitulación, que se hizo con consentimiento ses, en julio de 1491 y en ocasión de correr con el caballo el prín-
del Zagal el 4 de diciembre de 1489, el cual, aconsejado por Cid cipe, en competencia con un amigo, tuvo la desgracia de caer y
Yahia y ya muy envejecido, entregó también a Almería y Guadix, morir, de modo que la desgraciada princesa se vió en muy corto
recibiendo en cambio el señorío de Andarax en el río de este nom- tiempo soltera, casada y viuda, como si saliera de un bello sueño
bre o Alrneria. El cerco de Baza duró seis meses y veinte días, y terminado en pesadilla.
costó a los cristianos 17.000 bajas.
Toda la Alpujarra, o sea la vertiente meridional de Sierra Ne- 1491. Llegado el año 1491, Fernando el Católico reuma en
vada, quedó en poder de los Reyes Católicos a fines de aquel Córdoba un ejército de 50.000 hombres y, por Alcalá la Real, don-
año 1489. de se quedó la reina, entró en la vega de Granada, acampando a dos
leguas de la capital. La fortaleza de ésta y la multitud de sus habi-
CONQUISTA DE LA ZONA CENTRAL (1490-1492) tantes, que no bajarían de doscientos mil, bien provistos de víveres,
le convencieron de la dificultad de apoderarse de ella por la fuerza;
1490. Conquistadas las zonas occidental y oriental, no queda- trató de reducirla por hambre y, al efecto, hizo una excursión por
ban al rey de Granada más terrenos que los que desde los balcones la Alpujarra, destruyendo todos los víveres y cosechas, terminado
de la Alhambra dominaba con la vista. lo cual, volvió frente a Granada para no levantar ya el campo.
Fernando el Católico, para declarar la guerra a Boabdil, le exi- Había llegado la reina Isabel la Católica y, ya que no grandes
gió el cumplimiento del tratado pactado, por el cual se comprometía operaciones, se entretenían ambos campos enemigos con torneos
éste a abdicar el trono, a lo cual se negó, como es natural; y, decla- caballerescos, propios de la época.
rada la guerra en abril de 1490, mandaron las tropas, con el conde El campamento cristiano, rodeado de fosos y con tiendas dis-
de Tendilla, a Alcalá la Real, base de operaciones, entrando Fer- puestas en enormes calles trazadas regularmente como una ciudad,
nando el Católico en 10 de mayo de 1490 hasta sierra Elvira, o sea, llegó a su mayor animación, pudiendo en aquella ocasión presenciar
hasta los mismos muros de Granada; mas, retirado a Moclín, le dos salidas de los moros, que fueron batidos, teniendo que ence-
atacaron allí con tanta fuerza que consiguieron alguna ventaja. rrarse precipitadamente en la plaza.
Esto animó a Boabdil a hacer una excursión por la Alpujarra, de la El marqués de Cádiz, reparando en que la reina no tenía alo-
qy.e regresó orgulloso con los cautivos que llevaba y por haber ren- jamiento adecuado a su alta personalidad, le cedió su tienda, que
dido a Alhendin, era la más hermosa y la mayor de todo el campamento.
Teniendo en cuenta Boabdil el éxito de su operación, se animó Una noche, la del 14 de julio de 1491, la reina, para conciliar
a descender a la playa con ánimo de apoderarse de algún puerto el sueño, pidió a una de sus doncellas que se llevara una bujía que
para ponerse en comunicación con África. El elegido era el puerto le molestaba con la oscilación de su luz. Así lo hizo, y la reina se
de Almuñécar; pero, cuando estaba cerca, torció Boabdil y se puso durmió; pero el viento hizo que la llama rozase una tela de seda,
92 LOS REYES CATOLICOS 93
LA GUERRA EN LA HISTORIA
ocasionando fuego en el pabellón, que 10 transmitió a las tiendas nada, de donde salió Boabdil para entregar, en el campamento de
próximas. Santa Fe, a los Reyes Católicos las llaves de la ciudad. En medio
.Pronto el campamento fué una hoguera. La reina salió despa- de este espectáculo y al sonar las tres de la tarde del día 2 de enero
vorida a despertar al rey y, juntos, fueron por el príncipe y las in- de 1492, después de 777 años de dominación árabe, se descubrió,
fa~tas. En dos horas quedó el campamento reducido a cenizas; pero, entre alaridos de inmensa alegría, en la torre de la Vela, el estan-
rrnentrag tanto, el marqués de Cádiz, con 3.000 hombres, se man- dar te de CastilIa, pregonando los heraldos la rendición de Granada
tuvo de guardia para evitar un ataque moro. por los Reyes Católicos, entre las salvas de mosquetes y arcabuces
Al día siguiente, Gonzalo de Córdoba, el llamado "Príncipe de y el estruendo de atambores y clarines. Subiendo los Reyes a la
la Juventud" a pesar de que por entonces contaba ya cuarenta años Alhambra y dej ando en ella al conde de Tendilla con fuerte guarni-
de ~dad, al .s,aber que el guardarropa de la reina había quedado des- ción, bajaron de nuevo al real de Santa Fe, entre las aclamaciones
truido, envio a sus escuderos para traerse el equipo y los muebles de sus soldados. Al día siguiente, 3 de enero, pusieron en libertad
de su esposa doña María, que estaba en Illora. "Vuestra casa ha a 5.000 cristianos; al otro, 4, los recibieron procesionalmente en San-
perd~da más con el desastre que la mía; donde ha prendido el fuego ta Fe con las cadenas que habían arrastrado, enviándolas como tro-
ha SIdo en los cofres de Illora", le dijo la reina. "N o es ningún feos a San Juan de los Reyes, en Toledo, y el día 5 de enero de 1492
desastre el que nos permite a mi esposa y a mí el privilegio de servir entraron solemnemente en Granada.
a V. A.", le contestó. "Ésta - como dice un escritor - era ya ciudad cristiana y, con
. Pa.ra evitar que en 10 sucesivo pudiera repetirse este percance, ella, todo el territorio español. Había terminado en España el im-
dispusieron los Reyes substituir el campamento por una ciudad de perio de los hijos de Mahoma y, juntamente con él, la gloriosa lu-
nueva planta, con calles y plazas, que quisieron bautizar con el nom- cha de la Reconquista que, durante cerca de ocho siglos, había en-
bre de Isabela; pero la rei?a 10 cambió por el de Santa Fe, que es sangrentado nuestro suelo. La fe y la religión habían presidido esta
con el que se conoce todavía. Ocupaba un espacio de 400 metros de lucha, y la tosca cruz de leño que ocho siglos antes enarbolara Pe-
largo por 300 de ancho. laya en Covadonga, 10 mismo que la brillante cruz de plata de los
Cuando los moros vieron levantarse aquella ciudad, comproba- Reyes Católicos coronando la torre de Granada, representaban el
ron la confianza. que tenía el enemigo en el éxito de su empresa, por triunfo del cristianismo sobre el mahometismo, de la civilización
10 que se. desanimaron por completo, pues comprendieron a 10 que cristiana, que hace libres y hermanos a los hombres, sobre la musul-
estaban dls~uestos los cristianos. Unido a esto el hambre que empe- mana, que los tiraniza y hace esclavos."
zaba a sentirse en Granada, motivó el que Boabdil entrase en tratos A Boabdil se le señaló en propiedad un señorío en la Alpujarra,
secretos para la rendición de la plaza. a pesar de 10 cual se retiró a Africa al año siguiente. Se cuenta que,
~I secretario Zafra y Gonzalo de Córdoba, que conocían la len- cuando su madre, en la cuesta de Padul (llamada después "Suspiro
gua arabe y, personalmente, a Boabdil, fueron los designados para del Moro"), le vió despedirse con lágrimas en los ojos de la incom-
termin~r los. tratos, que dieron como resultado el que se firmaran parable Granada, "Llora, llora -le dijo, - que bien debe llorar
l~s capitulaciones el 28 de noviembre de 1491, pactando las condi- como una mujer el que no supo defenderla como hombre".
cienes en que habla de realizarse el año próximo. Por 10 que hace a los cristianos, una circunstancia digna de ano-
En la-corte había dicho Fernando: "Grano a grano se ha de co- tarse es que, en este año, acaeció la muerte, con diferencia de pocos
mer l~, granada.". C~still~ l~ había devorado ya, completando la li- días, de los dos grandes señores andaluces, el duque de Medina-Si-
beración del territorio cristiano, por 10 que el papa concedió a los donia y el marqués de Cádiz. Fallecieron el 20 y el 27 de agosto
so?era~os el título de Reyes Católicos con que resplandecen en la de 1492, respectivamente.
Historia. La fama del último estaba bien cimentada como el rnej or capi-
tán de la guerra granadina. Amigo de sus amigos y feroz siempre
1492. En efecto, el día 2 de enero de este año se verificó la con el enemigo, exigía a sus vasallos respeto a las autoridades. Tem-
entrega de Granada, dirigiéndose el cardenal Mendoza, comisionado plado en el comer y el dormir, cuidadoso de acrecentar el patrimonio
por. los Reyes para tomar posesión de la plaza, con su séquito a Gra- de sus antepasados, amaba la justicia, honraba a sus parientes y,
94 LA GUERRA EN LA HISTORIA
sobre las imágenes de las procesiones, llegó a indignar a la muche- ter. Como consecuencia de ella, salieron de España 35.000 familias,
dumbre, que en muchos lugares se lanzó a la calle amotinándose que fueron a establecerse unas en Portugal, otras en Navarra y
contra los judíos. Francia, y otras en África. Las de Portugal fueron después expa-
El pueblo católico reclamó entonces de los Reyes Católicos el triadas, pero bautizando a la fuerza a las más ricas para que no se
castigo de estos sucesos, y solicitaron del Pontífice, por instigación marcharan. Las que se dirigieron a África fueron vejadas y maltra-
del Nuncio, la institución en España de un Tribunal para inquirir tadas, volviendo la mayor parte a España por no poder resistir allí
y corregir estas faltas o delitos, accediendo a ello el papa Sixto IV, la vida; preferían hacerse cristianos a sufrir tantos rigores, pues
con lo que quedó establecido el Tribunal de la Inquisición. se llegaba a matar a los judíos, abriéndoles el vientre para buscarles
N o era cosa nueva en el mundo, ni mucho menos; pues, antes de el oro que se tragaban. Como vemos, la tolerancia portuguesa y mu-
establecerse en España, se conocía en Francia y en Italia, y había sulmana no era muy recomendable, aunque la intolerancia nos la
existido, aunque también por poco tiempo, también en Aragón, don- cargaban a nosotros.
de fué instituí do por primera vez en el año 1243. Ahora vacilaba la También se establecieron los judíos en Turquía, por la parte
reina Isabel, por dos razones: la primera, porque no quería que el de Salónica, donde existen en el día descendientes que se asegura
papa pudiera ejercer sobre sus súbditos un poder que sólo a ella le mantienen el lenguaje de Castilla y aun conservan las llaves de las
pertenecía, y segundo, porque temía los peligros de una persecución casas que dejaron en nuestra patria, con la esperanza de regresar
religiosa; pero acabaron con sus vacilaciones las reflexiones que le algún día. .
hizo Fernando y los argumentos de su confesor, el severo y recto Para los que consideran esta medida tiránica y sólo propia de
Torquemada, cuya figura han contrahecho los forjadores de la le- España, debemos indicar que, mucho antes, en Inglaterra, en 1281,
yenda negra. fueron expulsados los judíos cuando se descubrieron las falsifica-
Al establecerse la Inquisición en CastilIa, se resistió a admitirla ciones de moneda que, extendidas por todo el país, lo habían redu-
Aragón; pero el asesinato en Zaragoza del inquisidor Arbués, al que, cido a la miseria; y en Francia, en 1304, también los expulsaron
a pesar de ir defendido por una coraza bajo sus hábitos de fraile, por haber saqueado al pueblo francés, al que le obligaron a pagar
le fué hundido el puñal por la nuca al arrodillarse en la catedral, el 8 por 100 en sus negocios de usura.
hizo que el pueblo pidiera se estableciese también allí. A pesar de todo esto, supieron los judíos, muy hábilmente, vol-
El famoso Tribunal de la Inquisición quedaba, pues, estable- ver a los países a seguir su productivo negocio.
cido en España no por capricho de los Reyes Católicos, sino por Respecto de los mariscos, nombre que se dió por primera vez
expresa voluntad del pueblo, siendo el primer Inquisidor general el a los que convirtió Cisneros, aunque no eran tan odiados como los
dominico Fray 'Tomás de Torquemada. judíos, quedaban en España, con el nombre de mudéjares, multitud
Cuando esto ocurría, no todos los judíos eran conversos, pues de familias a las que se les había respetado el ejercicio del culto de
había muchos que continuaban con su religión, con sus tribunales y su religión.
sus costumbres, habitando fuera de las ciudades, en barrios aparta- En las capitulaciones de Granada se había prometido el respeto
dos llamados "j uderías" . a las creencias, costumbres y prácticas religiosas. Venía guardán-
La misión que se impusieron los Reyes Católicos como primor- dose fielmente la promesa por el arzobispo de Granada, Fray Her-
dial al conquistar Granada, fué realizar la unidad religiosa y, para nández de 1'alavera, de ascendencia judía pero dulce personalidad
ello, invitaron a los judíos no conversos a convertirse al cristianis- llena de suavidad y ternura, que, con la persuasión y el ejemplo,
mo, dictando un decreto de expulsión el 31 de marzo de 1492 para llegó a alcanzar cerca de 50.000 conversiones. Por su bondad, de-
los que no quisieran hacerla, los cuales, en el término de cuatro nominábanle los moros el Alfaquí Santo.
meses, tenían que dejar el reino con sus familiares y bienes muebles, Llegados a Granada los Reyes Católicos el año 1499, acompa-
excepto el oro, plata o moneda. ñados del arzobispo de Toledo, Cisneros, se mostraron satisfechos
La medida, aunque al parecer tiránica, era altamente política y de lo alcanzado en ocho años; pero, al marchar aquéllos y quedar
estaba apoyada por el sentir del pueblo, que no veía con buenos oj os Cisneros, éste exageró la nota en las conversiones, que llegaron a
a gentes tan distintas en costumbres, religión, sentimientos y carác- 70.000; y, lleno de impaciencia, hizo en la plaza de Ribarrambla de
100 LA GUERRA EN LA HISTORIA U NI DAD D E LA P A T R 1A 101
Granada una hoguera en la que quemó más de 5.000 libros arábigos Y con la de aquéllos se resintió la agri~u~tura. y el cultivo de lo~
de ciencias filosóficas y Medicina, lo que ocasionó gran descontento, campos, por ser ocupación en que se d}sdt~ndgUleron.. u¡nos y 0dt:os.
que llegó al límite cuando ordenó prender a la hija de un cristiano l b
pero e ene CIOfici espiritual supera a •
la per I a matena
1" " " que. pub iera
d
renegado, pues a los gritos acudieron los moros a protegerla y se i'1evar consigo
. la conquista de la unidad re igiosa, pnmer tirn re e
insurreccionó el A1baicín. Gracias que el gobernador, conde de Ten- gloria política de los Reyes Católicos.
dilla, uno de los caudillos de la guerra que al terminar ésta se sintió
atraído por el enemigo vencido, siendo adorado por los moros, acu-
dió a salvar a Cisneros, que lo pasó muy mal aquella.noche, y tanto Por lo que hace a la unidad territorial, la, unión de Casti~la y
aquél como el arzobispo Talavera salvaron la situación adelantán- A ra go'n , los territorios más extensos de la península,
d
era el pnmer
. . d
dose solos e indefensos al pueblo, que los recibió con grandes acla- paso hacia la unidad de la patria. Quedaban los os remos m. ~pen-
maciones. dientes de Portugal y Navarra, y, a uno y otro lad? del Pirineo,
El tumulto de A1baicín tuvo repercusión en la Alpujarra, donde, los condados de Cerdaña y el Rosellón, que, pertenecl;ntes a la co-
al ver que sus hermanos de Granada se convertían, levantáronse, rona de Aragón, estaban entonces en poder de Francia.
llevándolo todo a sangre y fuego. Entonces, Fernando, que estaba Para recuperar éstos, los Reyes Católicos se trasladaron a Bar-
en Sevilla y que había dicho de Cisneros: "¿ Es que se propone ese celona y, en.tablando el rey Fernando h~biles neg~iac.i?nes con ~l
fraile destruir en un día lo que nosotros hemos logrado en diez años rey de Francia, Carlos VIII, obtuvo de ~ste la ~estItuclon de aque-
de lucha?", se puso a la cabeza de un pequeño ejército y, con Gon- llos, considerándose este éxito como el pnmer triunfo de la fina po-
zaio de Córdoba, que estaba en España el tiempo que medió entre lítica del rey Católico.
la primera y la segunda guerra de Italia, arrollaron a los moros en Respecto de Navarra, colocada entre los dos poderosos Estados
la sierra, tomaron por asalto a Güejar, en donde el Gran Capitán de Castilla y Aragón, cometieron sus reyes Juan D' Albre: y Cata-
trepó por la escala y penetró en la plaza; mientras el rey Fernando lina de Foix la inoportunidad de ponerse alIado de Francia cuando
tomaba Lanjarón, quedando dominada la insurrección en 1500, al ésta se declaró en guerra con la Liga Santa, a la que r;rtenecía Es-
ver los rebeldes que no venía en su ayuda el rey de Fez, como es- paña. Entrado con sus tropas el duque de Alb~., aquellos ~uyer~n
peraban. a Francia, y toda Navarra pasó a poder de Espana, au~que solo mas
El año siguiente, 1501, surgió un nuevo foco en la sierra de tarde, en 1515, la unió Fernando a la corona de Castilla, quedando
Filabres y los cristianos tomaron la villa de Huéscar; poco después, para siempre vinculada a ella. . .
otro en la serranía de Ronda, pero contra éste fué don Álvaro de Portugal no lo llegaron a unir los Rey.es Catóhcos a la corona
Aguilar, hermano del Gran Capitán, que sufrió un espantoso de- de Castilla, pero prepararon el terreno admirablemente para ello.
sastre en el que encontró la muerte. Por lo pronto, casaron a la hija mayor, Isabel, con el here~ero
La pérdida de tan valeroso soldado causó tal impresión que de Portugal, el príncipe Alfonso; y, por muerte prematura de este,
Fernando, desoyendo prudentes consejos, partió de Granada al con el nuevo rey de Portugal, Manuel I el Grande, resultando, por
frente de un ejército para vengar la derrota; pero apenas tuvo que lo tanto, Isabel reina de Portugal. , .
combatir, pues comprendiendo los moros que no podían seguir resis- Pero como muriera el único hijo varón de los Reyes Catohcos,
tiendo, se entregaron a la clemencia del rey. el principe don Juan, resultó monarca de Castilla y Ara~ó? la ~ue
Así terminaron en 1501 las repetidas insurrecciones de la Alpu- ya era reina de Portugal, Isabel, y, por muerte de ella, su umco hijo ;
jarra y Ronda, abrazando a fin de año el cristianismo las ciudades pero cuando ya se veía resuelta la ansiada unión, murió prematura-
de Baza, Guadix y Almería. mente este príncipe y se derrumbó el edificio político.
Dominada la insurrección, se les dió a elegir, como a los judíos, Para no perder aún la esperanza de la unión de Portugal, casa-
entre hacerse cristianos o abandonar nuestra patria; y, al efecto, se ron los Reyes Católicos a las tres hijas que ~es quedaban,) uana,
dictó, el 16 de febrero de 1502, un decreto análogo al anterior, en María y Catalina, de la siguiente forma: la prImera, que fue, J ~ana
el que se ordenaba la expulsión de los j udios. la Loca con el heredero de Alemania, Felipe el Hermoso; la última,
Cierto que con la de éstos, la industria y el comercio perdieron, Catalina, con el de Inglaterra, y la segunda, María, con el rey viudo
102 LA GUERRA EN LA HISTORIA UNIDAD DE LA PATRIA 103
de .Portugal, ~an.uel I el Grande. Así, pues, los Reyes Católicos por los malhechores, ahora estaban llenos con los de aquellos bandi-
tuvieron dos hIjas casadas con el rey de Portugal, lo cual demuestra dos que infestaban los campos, pudiéndose así labrar éstos perfec-
el deseo que mostraban de unir este reino al de Castilla. tamente.
y vamos con la unidad política. Para darse cuenta de la limpieza de forajidos que se hizo, baste
saber que, sólo en Oalicia, tuvieron que abandonar el país más de
Los Reyes Católicos encontraron el poder real, al subir al trono, 15.000.
completamente desprestigiado: el orden público, continuamente al- A la turbulenta nobleza le quitaron los Reyes Católicos los pin-
terado; el principio de autoridad, por los suelos; la justicia, vendi- gües patrimonios que disfrutaba e incorporaron a la corona de Cas-
da; la economía, deshecha; la administración, rudimentaria. Había tilla, destruyéndolos, los castillos que ya no eran necesarios y opo-
que sanear todo esto con mano dura y recoger las riendas del poder niéndoles una nobleza de segundo grado, afecta a la corona, que
sin tolerancia y de un modo absoluto. neutralizaba el influjo de la primera.
La justicia y el orden, bases fundamentales de la sociedad las Al quitarles a los señores feudales sus tropas, los- Reyes Cató-
pedía el pueblo y no las encontraba. Media Castilla estaba inculta ; licos crearon un cuerpo de" guardias viejas de Castilla", permanente
las calles, desiertas e infestadas de ladrones, entregadas por la no- y como ejército nacional, que sirvió luego de base para la organiza-
che al más fuerte; se robaba no sólo al rico, sino al pobre y al mo- ción de la infantería y del ejército nacional.
desto labrador, que no podía labrar ni viajar. El clero fué también reformado, por hacer una vida poco con-
De tiempos anteriores a los Reyes Católicos, existía una especie forme con su misión y más propia del ejercicio de la guerra, en la
de mil!cia llamada la Santa Hermandad, a cuyos soldados se les que habían combatido durante la Reconquista.
denominaba cuadrilleros, cuya constitución propuso D. Alvaro de En esta reforma intervinieron, de un modo eficaz y decisivo, la
Luna a Juan 11 y que éste demoró con evasivas; pero como el clamor reina Isabel la Católica con su dulzura y fino tacto, y el cardenal
del pueblo insistiera en la demanda, Enrique IV el Impotente la Cisneros, arzobispo de Toledo, con su carácter enérgico e inflexible,
aceptó y tuvo algún auge al principio de su reinado, decayendo des- consiguiendo al fin todos sus propósitos con perseverancia y fe.
pués hasta casi extinguirse. La hacienda y los Gobiernos se mejoraron, la legislación se uni-
. . Para el sos~enimiento de esta fuerza pública, especie de guardia ficó con las famosas leyes de Toro, que no se publicaron hasta los
CIVtlde aquel tiempo, cada pueblo de cien cabezas de familia pagaba
tiempos de doña Juana la Loca.
un tanto. .
Así se corrigieron las costumbres, la inmoralidad y el despil-
, . Isabel ~ompre~dió que sólo la fuerza, unida a una justicia seve- farro, siendo la mayor gloria de los Reyes Católicos el haber dado
n.sl~ y sin perdon, podía restablecer el orden, por lo que reorga-
forma al Imperio español, que iba a asombrar al mundo con sus
rnzo de nuevo la Santa Hermandad, estableciendo en cada distrito
hazañas, no igualadas por ningún pueblo de la Tierra y de las que
y en cada aldea de 'más de 30 familias un tribunal de dos alcaldes
nos ocuparemos en los volúmenes siguientes.
que juzgaban los crímenes de su jurisdicción. Cuando se cornetia
Una de las figuras más interesantes y principales en el cuadro
~o ?e éstos o un robo, sonaba el toque de rebato, las tropas del
que presentamos del reinado de los Reyes Católicos, es indudable-
distrito tomaban las armas y salían en persecución del auto¡', como
mente la del cardenal de España don Pedro González de Mendoza.
en los modernos somatenes de Cataluña, recibiendo recompensa el
El célebre marqués de Santillana, de gran alcurnia y que alcanzó
que, lo captu.raba. En t~1 estado y teniendo en lo alto un poder que
hacia cU,mplll:y corregia los abusos de un modo inflexible, no hay tanta gloria como literato, poeta y hombre de guerra, tuvo muchos
para que decir que la Santa Hermandad adquirió un creciente im- hijos, siendo el quinto de ellos el gran Cardenal de España, que na-
pulso y el gobierno de Isabel se hizo dueño del país. ció en Guadalajara el año 1442. A los catorce años fué a Salamanca
. En poco tiempo desapa:-:cieron los forajidos, y los campos, a cu- a hacer la carrera sacerdotal, y a los veinticuatro entró al servicio de
b!ert~ de .n:alhechores, p~d~eronse cultivar, porque los tribunales ha- la Capilla real de don Juan 11 de Castilla, siedo nombrado a los dos
clan J usticia pronta y rápida ; y SI antes los caminos que recorría años obispo de Calahorra y prometiéndole el monarca otro cargo
Isabel estaban llenos de cadáveres de gentes honradas sacrificadas mejor en cuanto pudiera. A la muerte del rey se trasladó a Palen-
104 LA GUERRA EN LA HISTORIA UNIDAD DE LA PATRIA 105
cia, donde estaba Enrique IV, cerca del cual ejerció la influencia figura del personaje más importante que hasta ahora hemos visto al
que hemos visto y alcanzó gran predominio por su atinada política lado de los Reyes Católicos.
y gran diplomacia.
"El formidable pensamiento de don Pedro González de Mendo-
za - dice un escritor - tuvo su magnífica realización en el reinado El escudo de los Reyes Católicos es el que se muestra en la figu-
ra en que aparecen las armas de León, Castilla, Aragón, avarra
de los Reyes Católicos. Don Fernando y doña Isabel podían guar-
y Granada. El blasón lo constituyeron el haz de flechas y el yugo
dar a su canciller el más duradero reconocimiento. A su cultura, sus
condiciones diplomáticas, su vocación y su valor guerrero, se unian boyuno, hechos con las iniciales de los dos nombr~s. Parece ser que,
en aquellos tiempos, .los novios" al casarse, se enviaban mutuamente
algo cuyo nombre empezaba con la letra inicial del suyo. Así, pues,
en este caso las flechas, representando la F inicial de Fernando, fué
el escudo de la reina; y el yugo, representando la Y inicial de Y sa-
bel como se escribía entonces y aun ahora, fué el escudo del rey.
La' unión de estos dos escudos representó la unión de la España
única inmortal; el haz de flechas y el tradicional yugo lo. incorpora-
ron los Reyes Católicos a la heráldica de la España imperial, ~l cor-
dón que sujeta las flechas, simbaliza la letra F, y el que sujeta el
yugo, la letra Y.
Los marinos de aquel tiempo tenían, pues, ideas relativas a la setenta y siete años y acérrimo defensor de la forma esférica de la
existencia de tierras al otro lado de los mares, hasta tal punto que Tierra.
creían en islas fabulosas, tales como la de Antilia, que nadie había Esta idea, sustentada por algunos sabios de la antigüedad, era
visto y, sin embargo, no se dudaba de que existiera. Buena prueba defendida por otros' sabios de la época, entre los que estaba Behaim,
de ello es que cuando un tal Dulmo propuso al rey de Portugal, en considerado como el Marco Polo alemán, quien antes de que Colón
hiciera sus viajes de descubrimiento, había construído ya en Nu-
remberg un globo terrestre colocando la situación de las tierras en
forma que se viera que, navegando siempre a occidente, se llegaba
irremisiblemente a la India.
Para los hombres estudiosos de aquella época no quedaba la me-
nor duda sobre la forma esférica de la tierra, pues en 1477 Silvio
Piccolimini, que fué papa con el nombre de Pío II, había ya conve-
nido que el mundo era redondo como una naranja. .
Este afán de llegar a la India se explica porque, para los euro-
peos, la India era el país maravilloso de las riquezas, de donde ve-
nían los delicados aromas, las finas esencias, las costosas especias,
las maderas riquísimas; en una palabra: todo lo que el característico
lujo oriental podía apetecer y cuanto los más preciados árboles pu-
dieran producir en drogas y perfumes. Todos estos productos ve-
nían a Europa desde los tiempos antiguos por vía terrestre, pero
desde la época de las Cruzadas, los turcos, que dominaban en el Asia
Menor, habían cortado los caminos conocidos y no había más re-
medio que buscar otros. El primero en que se pensó fué el que se ob-
tendría dando la vuelta a Africa; pero antes de que se obtuviesen
resultados prácticos, se pudo comprobar que las tentativas eran muy
costosas, por cuyo motivo se le ocurrió, no se sabe si a Behaim
o a Toscanelli, llegar a la India con una travesía directa desde Euro-
pa, siempre a occidente. La idea, como hemos dicho, la comunicó
Toscanelli al rey de Portugal, pero no fué aceptada o, al menos, no
se llevó a la práctica.
Tal era el estado del asunto cuando se presentó a resolver el pro-
1480, que le regalase la tal isla si conseguía hallarla, el rey aceptó blema Cristóbal Colón, el hombre que se necesitaba para tamaña
la proposición, conformándose con la décima parte de las riquezas empresa, la mayor que se realizaba en la Tierra, de la que nos ocu-
que se encontrasen y comprometiéndose con documento público paremos con algún detenimiento a continuación.
a ayudarle, con la escuadra y el ejército, a someter a los naturales. La patria de Colón ha sido muy discutida por muchos eruditos
si se resistían. Tal expedición no se sabe si llegó o no a realizarse, que, a pesar de sus investigaciones, no han podido destruir la tra-
pero con lo dicho basta para nuestro propósito. dición de su nacimiento en Italia. Se le cree natural de Cogoleto,
Pero no era esto sólo, pues poco antes, en 1474, había propuesto a 25 kilómetros de Génova, donde nació se cree que en 1436, de fa-
Toscanelli al rey de Portugal la gran idea de llegar a la India desde milia muy humilde, pues su padre, Dominico Colombo, era tej edor
las costas occidentales de Europa, navegando siempre a occidente; de oficio, que él mismo ejerció en su mocedad; pero, aunque esto
pero no fué aceptado el proyecto. fuera dudoso, lo innegable es que el héroe de la estupenda hazaña
Toscanelli era un médico florentino, anciano, por entonces, de del descubrimiento de América fué Colón, con sus valerosos corn-
112 LA GUERRA EN LA HISTORIA DESCUBRIMIENTO DE AM2RICA 113
pañeros, .entre los que h~y .que citar a los Pinzones. Mas la gloria por 10 exagerado de sus pretensiones, 'Pues ~idiendo, como ~edía, el
mmarc~s}ble del d~scubnmlento pertenece por completo a España, título de almirante para toda su descendencia, el nombramiento de
afirmación que nadie hasta el día ha puesto en duda. gobernador o virrey de los citados países y la décima parte de todas
Continuan~o con Col~~ diremos que, dedicado a la navegación las riquezas que allí hubiera, y no tratándose realmente de un des-
des~e los 14 an~s, .recorno, por declaración propia, todo el Medi- cubrimiento sino sólo de encontrar la India (a donde, al fin y al
ter:aneo y el Atlántico por el norte hasta Islandia y por el sur hasta cabo, se podía llegar dando la vuelta a África), era muy peligroso
GUI~ea, cuando busc,aban .los portugueses el paso a las Indias. Llegó acceder a las exorbitantes pretensiones de Colón; pues, dadas las
a LIsboa cuando tema trernta y cuatro años de edad o sea en 1470 inagotables riquezas que había en aquel país, podía muy bien, con
y allí s~ ca~ó con la hija de un piloto, también de 'origen italiano: el décimo que le correspondía, que era una renta descomunal, con-
que habla SIdo gobernador de Porto Santo, una de las islas Madera. vertirse en un rival verdaderamente peligroso para la nación por-
Trasladado ~ dicho punto con su mujer, para vivir en una propie- tuguesa. , . r
dad que habla heredado de, su padre, se hizo cargo de todos los pa- Por este tiempo, en 1484, se dice que la suegra de Colon recog~o
peles, :,a:rtas y ap;mtes de este, que la viuda le entregó, sabedora de en su casa de Porto Santo a un piloto de Huelva llamado Antonio
la pasion que tema por los estudios marítimos. Se cree que, exami- Sánchez, que, al hacer la travesía de las Canarias a la Madera, fué
nando .e~tos papeles, concibió Colón la idea de emprender sus céle- arrojado a tierras desconocidas del lejano occidente, por lo que co-
bres viajes ", Sea co.mo fuere, es lo cierto que en Porto Santo se rrió la voz de que había descubierto la isla Antilla, pudiendo volver
ganaba la VI?a haciendo mapas, lo que le daba alguna reputación, extenuado y después de pasar mil fatigas. El piloto murió, a pesar
y fijo ~ la Idea que más tarde debía poner en práctica, se dedicó de todos los cuidados, pero antes hizo a Colón importantes revela-
a estudiar cuanto los antiguos y modernos habían escrito sobre el ciones sobre los derroteros que había seguido. Todo esto, si fué
particular, .anotando cuidadosamente todo lo que le pudiera servir cierto que le reveló el secreto, no sirvió más que para aferrar a Co-
para tal objeto. De este modo adquirió noticias muy curiosas, como lón en la gran idea que acariciaba con la resolución de un hombre de
la de haber~e encontrado en a~uas de las Maderas palos esculpidos, verdadero genio.
~roncos d~ arboles que no crecian en aquellas islas, trozos de cañas I Muerta su esposa, y no teniendo nada que hacer en Portugal, se
tan voluminosas y gigantescas como no se conocían en Europa todo dirigió con su hijo Diego, que le había quedado, a España, enca-
ello, flotando en las aguas, e impulsado por vientos del Oeste, l~ que minándose el año 1485 a Huelva, donde tenía un cuñado suyo. En
hacia s~poner qu~ procedlan de islas o continentes de aquella parte. el convento de la Rábida, no lejos del puerto de Palos, encontró a dos
Teniendo noticia de que Toscanelli había presentado en 1474 al frailes: uno el prior fray Juan Pérez, con fesor de la reina, y otro
rey de Portugal el proyecto de dirigirse a la India, que había sido el astrólogo fray Antonio de Marchena, que la fantasía popular
desec~ado, escribió a aquél pidiéndole una copia de los planos, la supone ser una misma persona, los cuales se interesaron lo sufi-
cual, Junt.o co? otra de la carta explicativa, le envió muy gustoso ciente para que, por su intercesión, pudiera presentarse Colón a los
Toscanelli, quien desde luego se puso en comunicación con Colón Reyes Católicos al año siguiente, es decir, en 1486. A pesar de con-
~reyendo haber encontrado el único hombre capaz de realizar sus tar con valiosas influencias, como la del cardenal Mendoza y la d~l
ideas. Uno ~ otro se comunicaron éstas, o sea la posibilidad de lle- duque de Medinaceli, no consíguió otra cosa que entrar en la serví-
gar ~ la India navegando hacia occidente. Partían de dos bases por dumbre de la reina, pues harto ocupados estaban entonces los Reyes
dema.s falsas: creer en una extensión imaginaria del Asia hacia Católicos con la conquista de Granada. Se dice que el duque de M~-
el oriente, y suponer a la Tierra la mitad más pequeña de 10 que dinaceli estuvo a punto de sufragar todos los gastos de la expedí-
realmente es. ción, pero parece ser que le asaltó el temor de que luego reclamase
En 1482 murió Toscanelli, a quien le cabe la honra de haber sido aquellos países la corona de España, y desistió.
el que más animó a Colón en su empresa; y al año siguiente, o sea La tradición asegura que los Reyes Católicos, como el de Por-
e...
n 14~3, se cree que éstepresentó su proyecto al rey de Portugal. tugal, hábían sometido el proyecto de Colón a una j?nta de sabios
Exanu?ado .por una cormsion, fué desechado por fantástico; pero de Salamanca, la cual no se dió mucha prisa en exammar!o y, cuan-
.
hay quien dice que el rey se negó a tratar con Colón más que nada
"
do 10 hizo, se mostró contraria a ellos, no tanto por su mas o menos
8. _ LA GUERRA EN LA HISTORIA. - PRIMERA SERIE. ~ TOMO VII
114
LA. GUERRA EN LA HISTORIA
D E S eUBR IMIE N T o DE A M 11R 1 eA 115
discutible sabiduría como porque, formada principalmente de teólo-
G da or 10 que oudieron entonces los Reyes Católicos ocupa:se
gos, molestó a éstos la arrogancia y extraordinaria soberbia de Colón rana , P .1' ., hit t t nsIO
al creerse <;1elegido ~r I?ios para una misión providencial. En d asunto : pero en cuanto manifestó sus exor I an es pre e -
efecto, Colon, q~e habla lel?o muchos textos sagrados, se aplicaba
e su, bi t - t
nes, que eran las mismas que ?'~ha la. exdPuelso a~os a~ e~ al r !
1 e de
bastantes profecía, d~ la ~Iblia y se había ido convenciendo poco Portugal, se juzgaron inadmisibles, sien o a? mas pn~clpa es.
a p~o de qu~ la ProVIdencIa le había elegido para realizar aquéllas. l." El Almirantazgo perpetuo del rr:ar Oceano para el y sus des-
Creía, ~r ejemplo, qu: el mundo iba a acabarse pronto, y decía d· tes· 2 a El nombramiento de vIrrey y gobernador de todas
cen len , a. , traran :
que habla que darse prisa en llevar el cristianismo a sus confines las tierras; 3 • La décima parte de las nquezas que se enc?n raran ;
no siendo nadie más que él el encargado de ello, ya que su nombr~ las cuales produjeron estupor por lo descomunales: ~? pudiendo ll,e-
lo demostraba claramente, pues Cristóbal o Cristóforo, lo descorn, garse a un arreglo porque la terquedad .e. }nflexlblltda? ~e C?l.on
ponía en l~ palabra griega "Kristos " y en la latina "ferensi", que obedecían, más que a una delirante ambición, a una ha.~ll politica
quiere decir portador de Cnsto, firmando con la abreviatura del para, no cediendo ni re~ajando un ápice, dar la sensacion de que
primero, en esta forma : Xpo. Ferens.· nada ofrecía que no pudiese dar. ,
Hay quien asegura, sin embargo, que Colón, que estuvo en el Además, si fracasaba en España podía decir al rey ~e Ingla.te-
convento de Santo Domingo, llamado también de San Esteban en rra: "Rompí las negociaciones en Portugal porque no quise rebajar
Salaman~a, ~?é escuchado con cariño por los dominicos y doct~res nada y en España pudieron también convencerme los reyes de que
d.e la UnIversIdad, que le alentaron en el proyecto de descubrir Amé- también yo tengo palabra de rey." _ ..
rica. Por eso dijo q~e "al maestro fray Diego de Deza y al con- Por lo tanto, Colón resolvió alej arse de Espana defi~lttvame~te.
~ento de Santo Dommgo de Salamanca, debieron los Reyes Cató- Sin embargo, apenas se hubo puesto en camino, conven~lda la rema
licos las Indias", y, en recuerdo suyo, puso el nombre de Santo Do- por el cardenal Mendoza de la gloriosa empres,a que, dejaba escapar
mIngo a la segunda isla que descubrió, como veremos. de sus manos y que alzuien quizás aprovechan a mejor que ella, or-
Pero sigamos con lo que afirma Ia tradición. denó salieran' en busc; de Colón, a quien encontraron en Puente
La j~nta d: Sa!amanca di.ó largas al asunto, sin OCuparse gran de Pinos, y sólo volvió cu~ndo se le dieron seguridades de que la
cosa de el, ~ aSI fu,e transcurnendo el tiempo hasta que, cansado de Corte accedía a sus pretensiones. .'
esperar Colon, rogo a la Corte en 1491 le diera una contestación de- Es fama que, en esta ocasión, como el Rey dudase, le dIJO l~
finitiva, y entonces se le dijo que hasta que concluyese la guerra de reina Isabel: "N o comprometáis el tesoro de Aragon; yo tomare
Granada .no se. 'Po~rían ocupar se:iamente de su proyecto. Habían la empresa a cargo de mi corona de Castilla; y, cuando esto no bas-
t~ans~u:ndo sel~ anos desde que vino a España, y durante ellos ha- tase, empeñaré mis alhajas para ocurnr. a sus gas t os. " ,
bla VIVI~Ogracias a. la munificencia de la reina, que le daba algu- Era el 17 de abril de 1492 y tenía, por entonces, Colon unos
n~s ca~ttdades para Ir pasando, y a la protección del duque de Me- cincuenta y seis años.
dmacelt, que. durante dos años, lo tuvo alojado en su propia casa. Contando Colón con los títulos y honores otorgados, un poco
Convenc.ldo de que n~ ,hab~a hecho otra cosa que perder lastimo- más de un millón de rnaravedies, de los dos que pedía, para sueldos,
samente. ~l ~~empo, n;s~lvlO dejar la Corte española, y, a dicho efec- armas y bastimentos, y autorización .para embargar d~s naves e~
to, se dmglO a la Rabld~ para recoger a su hijo Diego, que estaba Puerto de Palos, porque sobre esta VIlla pesaba un casttg.o. ?or an
en el convento, con propostto de encaminarse a Francia para expo- teriores desacatos, volvió a la Rábida a preparar la ex~edlclOn:
ner en aquella Corte sus proyectos. El padre Marchena cuando se Bueno es adelantar que la reina no tuvo que empenar l~s J;>yas
enteró de lo que se proponía Colón, esoribió con O"ranin~erés a Isa- porque un opulento judío llamado Luis Santángel, que l Católi el
bel la Católica pidiéndole una audiencia, y, cons~guida ésta, habló cargo de tesorero en Aragón y a!, que ac~día Fernand~, el ato I~O
tan elocuentemente a favor de aquél, que consiguió le asegurasen en las crisis económicas, se ofreció a realizar la oper~clOn banca;la
tres barcos para la empresa, ordenando que de nuevo se presentase d e sacar e 1 dimero de Aragón para entregarlo a Castilla, guardan-
en la Corte. dose los intereses del préstamo. , .
Llegó Colón en el preciso momento en que acababa de rendirse . to que cuando le animaba al Rey Católico
P or cter , a,. armar ca-
b 1
'fa e as porque "mientras más grandes fueran estas mas nquezas
1
117
DESCUBRIMIENTO DE AMERICA
Viajes de Colón.
(1492 - 1500)
Primer viaje. - Cambia de ruta cerca de las Bermudas. - Las Antillas. - Des-
embarca eII las Lucoyas o Bahama. - Llega a C1¿ba y Santa Domingo. - Re-
greso a. España. - Sequndo viaje. - Llega a las pequeñas Antillas. - Descubre
Jamaica. - Insurrecciáw general. - Disgusto contra Colón. - Este regresa (Jl
España a dar disculpas. - Tercer viaje. - Llega a la isla Trinidad: - Nueva re-
belión en Santo Domingo. - Bobadvlla, enviado por los Reyes, prende a Colón
y lo embarca para España.
/-- A FR./ CA
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J. (a.ho Vede . /_-__ --1
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T ( O
DESCUBRIMIENTO DE AMt!.RICA 121
cuando lo vieron echando humo por las narices después de chupar oro en abundancia, tomó aquella dirección y descubrió la Jamaica,
aquella.s hojas, encendidas como si fueran un leño, por la punta. Fué, pero no encontrándolo tampoco aquí, volvió al cabo Cruz y, remon-
por 10 tanto, no sólo el primer fumador de España, sino de Europa. tando la costa meridional de Cuba, llegó hasta cerca del cabo de
San Antonio. Unos días más le hubieran bastado para dar la vuelta
2.° VIAJE DE COLÓN
a la isla y comprobar que aquello no era un continente, como creía;
pero el mal est~?o de las nav~s y la falta de víveres le obligaron a
(1493 - 1496)
:etr.oceder, haciéndolo por la Isla de Pi.nos, a donde llegó el 13 de
La segunda expedición de Colón se preparó con gran entusias- Juma de 1494, y por el cabo de Cruz, desde donde pasó nuevamente
mo, y el 25 de septiembre de 1493 pudo salir de Cádiz, compuesta a Jamaica, que tardó cerca de un mes en reconocer.
de tres grandes buques de transporte y catorce carabelas, con más ~e allí pasó, el 20 de agosto de 1494, al cabo Tiburón; luego,
de 1.000 personas que iban a fundar colonias con todo lo necesario
para ellas.
a t: Isla de la Beata; después, a la de Saona, llegando al cabo En-
gano, o sea a terreno conocido, el 24 de septiembre de 1494.
El 3 de noviembre de 1493 llegó Colón a una isla del grupo de De vuelta a la Isabela, pudo comprender Colón que las cosas no
las pequeñas Antillas, a la que puso el nombre de Dominica, por ser march~ban com~ fuera de desear. Gente aventurera y disoluta, que
domingo aquel día, y, remontando al Norte, fué descubriendo las de le habl~, acampanado, provocó con su conducta y dernasias una in-
Mari-Galante, Guadalupe, Monserrat, Antigua; en una palabra, to- surreccion general, y costó alguna sangre el contenerla. Con este
das las que hay hasta Puerto Rico, terminando con las de las Once motivo, tuvo. que fusilar el Almirante a algunos de los promotores,
mil Vírgenes y Santa Cruz, a donde llegó el 14 de noviembre y a otros envianlos a España, con lo que parecía resuelta la cuestión'
de 1493. pero esto fué causa ~e .que C?I?n se crease muchos enemigos, que
De allí pasó a la de Puerto Rico, hermosa isla que estuvo reco- empezaron a desprestigiarlo diciendo que era el primero en abusar
nociendo hasta el 22 de noviembre de 1493, en que, por el cabo de los indios, como se llamaba a los naturales. En efecto Colón ha-
Engaño, pasó a la isla de Santo Domingo, llegando a la bahía de bía .impuesto unos .t~ibutos bastante fuertes, cuales er~: que los
Samaná, que ya conocía. Como tenía deseos de saber el estado en habitantes de la region de [as minas pagasen cierta cantidad de oro,
que se encontraba la colonia Natividad, se dió prisa en llegar a ella; y los o~r~s una arro~a de algodón por trimestre, quedando los que
pero cuando -10 verificó, el 27 de noviembre de 1493, tuvo el senti- no lo hicieran ~ cahdad de cautivos. Esto, como es natural, indig-
miento de ver que había desaparecido, pues según le dijeron los na- naba a .Ios habitantes ; pero Colón lo hacía porque sabía que la irn-
turales, a causa de las rivalidades y pendencias que sostuvieron los portancia de sus descubrimientos la juzgarían en España según la
españoles entre sí y de los ataques de Ios indígenas, cansados de su- can~idad de riq~ezas <!ue enviase, y aquellos montones de oro pro-
frir los malos tratos de que eran objeto, no había quedado ni uno metidos no habla podido mandados por no encontrar la suficiente
para contado. iSe había cumplido la profecía de Martín Alonso cantidad de él; tenía que valerse de estos medios para satisfacer las
Pinzón! esperanzas públicas, que tanto se prometían. Colón como dice un es-
Colón resolvió fundar una colonia más al Este, a la que puso el critor, "poseído de los altos honores que le habían otorgado, hacía
nombre de Isabela; y, como pensaba explorar las montañas de Ci- el efecto de un deudor impulsado por el sentimiento opresor de co-
bao, que tenían mucho oro, dispuso se construyera en ellas un fuer- rresponder a 10 extraordinario de sus peticiones con hechos tan
te, que se llamó de Santo Tomás, para proteger a los obreros. grandes como éstos". Por eso, el afán de encontrar oro le había he-
En todos estos cuidados transcurrieron algunos meses, al cabo cho parecerse al)udío errante, viajando sin descanso, y el deseo de
de los cuales determinó Colón continuar sus exploraciones; y, a di- re~mrlo en cantidades suficientes le obligaba a imponer tan graves
cho efecto, salió el 24 de abril de 1494 y, dirigiéndose con los bar- tributos, para recaudar los cuales hubo que cubrir de fuertes el sue-
cos al oeste, pasó a la isla de Cuba, que alcanzó en la punta de lo de la isla, acabando de este modo con la vida feliz de los indí-
Maysi. genas.
Reconociendo su costa meridional, llegó al cabo Cruz, pero como iQué acusaciones no se harían contra Colón, que los Reyes se vie-
le dijeran los naturales que al sur encontraría un país donde había ron en la precisión de enviar a la Isabela un comisario regio para
128 LA GUERRA EN I.A HISTORIA DESCUBRIMIENTO DE AMl1RICA 129
informarse! Este enviado llegó en agosto de 1495 y se condujo con rumbo a las Antillas, alcanzando tierra el 2 de agosto de 1498 en
tal arrogancia y altivez, que, no querie.ndo Colón someterse allí a una isla que llamó Trinidad y es la más meridional de las peque-
un proceso, determinó regresar a España para dar personalmente ñas Antillas, pues está frente a la desembocadura del Orinoco, casi
sus disculpas; y, embarcándose ellO de marzo de 1496, al cabo de tocando con el continente americano.
tres meses pudo, después de muchas penalidades, entrar en Cádiz el Reconocida que fué, así como el canal que la separa de la tierra
10 de junio de 1496. firme, que Colón juzgó ser otra isla, se vino en conocimiento de
Colón pudo desvanecer fácilmente las acusaciones que se le ha- que en aquellas aguas del golfo de Paria, así como en la costa nor-
te, abundaban las perlas, y el oro, según decían los naturales, en el
interior, pues aquel país estaba muy poblado hacia occidente y no
~.( •• b•• era una isla, como equivocadamente se creía.
~ ~ Continuó Colón el reconocimiento de la costa, llegando hasta
ezrrrrrr-«:
la isla Margarita; pero, a pesar de que comprendió que verdadera-
MAR. mente aquellas tierras que se extendían debían de ser la tierra fir-
me, no pudo comprobarlo, porque el mal estado de su salud le obli-
.ll E l A S
gó a dirigirse a la isla de Santo Domingo, donde ya se había
construído, en la costa sur, la capital de dicho nombre, que tenía la
AWTILlAS
e ventaja de estar más cerca de las minas de oro y era más sana que
las antiguas colonias de la costa norte, combatidas por las fiebres.
En ausencia de Colón había ejercido el mando en las posesio-
nes de América su hermano Bartolomé, que se distinguía por su in-
flexible severidad. Mal avenido con éste, se disgustó el alcalde ma-
yor de la isla, un tal Roldán, que se declaró en rebeldía, dividién-
dose los colonos en dos bandos: uno que seguía al rebelde, y otro
que seguía a la autoridad Ilegítima; y en este estado de cosas encon-
tró la isla Colón cuando arribó a ella enfermo y en busca de des-
bían hecho; y tributándosele por la Corte una cordial acogida, se le canso. Comprendiendo que no podría reducir con la fuerza a Rol-
concedieron nuevos honores, prometiéndole apoyo para la próxima dán, tuvo que transigir con él y firmar un vergonzoso contrato;
expedición, que no fué tan inmediata como se esperaba, entre otras pero, apenas vencida esta pequeña rebelión, surgieron otras, y Co-
razones, por no encontrarse gente que quisiera ir a un país donde, lón no tuvo más remedio que mandar fusilar a algunos.
en lugar de riquezas, se encontraban, como ya se decía, fatigas, en- Estos castigos y el trabajo excesivo a que sometía a los indios
íermedades y miseria. llegaron a España abultados, como es natural, por los enemigos,
que llegaron a decir trataba Colón de erigirse en soberano absoluto
3.er VIAJE DE COLÓN de aquellos 'Países. Predispuestos los Reyes Católicos en contra del
(14<)8- 1500)
Almirante, acertó éste a mandar, ya que no tesoros, algunas car-
O"asde esclavos indios para que se vendiesen en el mercado de Se-
Para hacerse Colón a Ia vela por tercera vez, hubo de esperar ~illa como era costumbre hacer en aquella época con los moriscos
dos años, por no encontrar gente para formar las tripulaciones; por prisioneros, que se vendían por miles; pero, al saberlo la reina, ex-
10 que, para completarlas, hubo de utilizar a los penados, que se clamó muy indignada: "¿ Qué facultades posee el Almirante para
destinaban a colonizar aquellas tierras, cumpliendo allí el tiempo de regalar súbditos míos?" Por último, los Reyes Católicos enviaron
su condena. a Bobadilla con amplios poderes para hacer y deshacer a su antojo.
. Salió, pues, el 30 de mayo de 1498 de Sanlúcar, y, dirigiéndose Este funesto Bobadilla desempeñó tan mal su cometido que, llegado
desde las Canarias a las islas de Cabo Verde, tomó desde allí el a Santo Domingo el 23 de agosto de 1500, llamó a Colón, que es-
9. - LA OUERR\ EN LA HISTORIA. - PRIM':RA SERIE."""¡ TOMO VII
130 LA GUERRA EN LA HISTORIA
aceptara la que marca el paralelo que pasa por las islas de cabo él se debían aquellos descubrimientos, y que a Colón se debía sólo
Verde, que están, como sabemos, al oeste de África y al sur de las el de algunas islas sin importancia.
islas Canarias. Sabido esto, pasemos a ocuparnos del último viaje de éste.
Al descubrir Cabot la costa del Brasil, se vió que el enorme sa-
liente oriental del continente americano del sur quedaba dentro de 4.0
VIAJE m: COLÓN
la esfera de Portugal. Así, pues, cuando la conferencia de Torde- (1502-1504)
sillas se había organizado precisamente para excluir a los portu-
A su vuelta de América, en 1500, le habían asegurado los Reyes
gueses de América, se llevaban éstos cerca de la mitad de la del Sur,
Católicos que se le devolverían los privilegios y bienes perdidos; pero,
que los españoles creían les pertenecía por entero. Para damos
en cuanto a lo primero, no estaba dispuesto el rey Fernando a que
cuenta de lo que representaba este regalo, basta citar los datos que
ejerciera de nuevo de Virrey; y, para dar largas al asunto, se le dijo
facilita un escritor relativos al actual Brasil. "Ocupa 8 millones y
dijo que no convenía volviera a América hasta pasados dos años, en
medio de kilómetros cuadrados, teniendo hoy más de 25 millones
cuyo tiempo una persona competente podría arreglar 105 asuntos de
de habitantes. Después de Rusia y de China, es la mayor nación del
Santo Domingo. Quizá pensaba el rey retener con este pretexto,
pianeta. Tiene el mayor río de! mundo, el Amazonas; la más extra- indefinidamente, a Colón en España, cuando la circunstancia de no
ordinaria bahía, la de Río J aneiro; la mayor selva, la Amazónica; encontrarse más que países pobres en América, lo que contrastaba
los más vastos cafetales, productores de más de la mitad del café notablemente con las riquezas que traían Ilos portugueses de la In-
que los hombres consumen; y una isla única también, la de Marajo, dia, hizo pensar en la necesidad de descubrir un estrecho que, a jui-
en la desembocadura del Amazonas." cio de Colón, debía de existir no lej os de las tierras por él descu-
Por último, Bastidas, acompañado del piloto Juan de la Cosa. biertas; en consecuencia, propuso le dejasen continuar los descubri-
reconoció el año 1500 la costa de la actual Colombia, desde la des- mientos y, accediendo a sus peticiones, se le dejó partir de Cádiz el
embocadura de! río Magdalena hasta el istmo de Panamá, o sea 9 de mayo de 1502 con rumbo a América.
todo el golfo de Darien hasta el cabo de San BIas. Dirigióse el anciano Colón, que por entonces contaba unos
Resultaba, pues, que antes de que Colón realizase el cuarto y 66 años, a las pequeñas Antillas, y el día 15 de junio de 1502 llegó
último viaje a América, se había descubierto en ésta una extensión a la actual Martinica. Como uno de los barcos llegase en muy malas
de costa que iba desde el estrecho de Hudson a la costa meridional condiciones, determinó, para ver si se lo cambiaban, dirigirse a San-
del Brasil, en esta forma: desde e! citado estrecho de Hudson al cabo to Domingo, aunque, para evitar conflictos, se lo habían prohibido
Hatteras, descubierto por Cabot; las Lucayas y las Antillas, des- los Reyes Católicos. Llegó, pues, a dicho punto el 29 de junio
cubiertas por Colón; la costa norte de la actual Colombia, descubier- de 1502; pero Ovandos, que ejercía en la isla la suprema autoridad,
ta por Bastidas y la de Venezuela por Ojeda, el trozo comprendido le negó la entrada en e! puerto, porque en éste había preparada una
desde el Orinoco al Amazonas también por Ojeda; desde el Ama- escuadra que iba a regresar a España y en ella estaban una porción
zonas al cabo de San Agustín por Vicente Y áñez Pinzón, y por de enemigos de Colón, que podían soliviantarse a la sola vista de!
deba j o del cabo de San Agustín por Cabral. Almirante. N o le sirvió a éste alegar que se acercaba un temporal
Por último, se cree que, en 1501, un tal América Vespucio, que y necesitaba entrar en e! puerto, pues no tuvo más remedio que na-
había tomado parte en las expediciones de Ojeda, acompañó a una vegar a lo largo de la costa para buscar resguardarse de la tempes-
expedición portuguesa que reconoció la costa meridional del Brasil tad, que se presentó con tal furia, apenas salida la escuadra que re-
para continuar los descubrimientos de Cabra!' Este América Ves- gresaba a España, que sumergió en las aguas la mayor parte de los
pucio, que sólo fué un agregado en cuantas expediciones hizo a barcos, salvándose sólo el más endeble, precisamente el que llevaba
América, estaba destinado a dar su nombre al vasto continente que a bordo la propiedad persona:l de Colón. Así perecieron Bobadilla,
se estaba descubriendo, por la única circunstancia de haber publicado Roldán y tantos encarnizados enemigos de! Almirante.
muchas descripciones de aquel inmenso territorio, sin citar e! nom- Continuando éste su rumbo, quiso aproximarse a la parte de
bre de.los descubridores, lo cual piza creer en el extranjero que a costa explorada por O jeda y Bastidas, pero las corrientes, pasada
136 LA GUERRA EN LA HISTORIA DESCUBRIMIENTO DE AMERICA 137
Jamaica, arrastraron los barcos hasta cerca de Cuba; de allí consi- el día que se cansaran o se negasen a ello, estarían completamente
guió dirigirse a la costa de Honduras, alcanzando Ia isla de Gua- perdidos. Se hacía indispensable mandar un aviso a Santo Domin-
naja el 30 de julio de 1502, y entonces empezó la exploración de la go para que acudiesen en auxilio de los náufragos; pero la empresa
costa en busca del supuesto paso. Mes y medio tardó en llegar al podía considerarse como una locura, por 10 que, cuando se la pro-
cabo de Gracias a Dios, al que dió este nombre por la satisfacción puso Colón a un tal Diego Méndez, escribano mayor de la escuadra
que experimentó al llegar a un punto en donde iba a verse libre de y hombre de valor a toda prueba, se negó a ello, juzgándola por de-
las borrascas, que se sucedían una tras otra desde que había salido más temeraria.
En efecto, la distancia que había desde el punto en que se en-
contraban a Point Morant, en el extremo oriental de Jamaica, era,
en línea recta, de unos 220 kilómetros, o sea la que en España hay
de Valencia a Tarragona; desde Point Morant al cabo Tiburón,
O sea é\!lextremo occidental de la Española o isla de Santo Domin-
go, había otros tantos; pero con un mar casi siempre alborotado por
los vientos; por último, desde el cabo Tiburón a la ciudad de Santo
G~"d,,'••p' Domingo había más de 660 kilómetros; total, que desde el sitio don-
Q)~ .DnmiYltt •.
de estaba Colón al puerto de Santo Domingo había más de 1.100 ki-
CZ'\Ma .•.•;"';f.
e lómetros, o sea una distancia análoga a la que en España hay desde
el cabo de Creus, en la raya de Francia, a Gibraltar, o sea toda la
costa del Mediterráneo. Para este viaje sólo se disponía de una dé-
bil canoa de los indios, así es que la empresa se juzgó impracticable.
Sin embargo, en un arranque verdaderamente heroico, se ofre-
ció Diego Méndez a llevar a cabo Io que antes juzgara temerario;
y, con este motivo, realizó una de las empresas más arriesgadas que
puede consignar la Historia, la cual no debemos pasar en silencio.
de la isla Guanaja. Descendió al sur el 14 de septiembre de 1502; El día 7 de julio de 1503, acompañado únicamente de seis re-
pero, al llegar a la costa de Veragua al mes siguiente, los indios se meras indígenas, se hizo Méndez a la mar en aquel pequeño bote;
le mostraron tan hostiles que pasó muy graves apuros en dicho pun- pero, antes de llegar al extremo oriental de Jamaica, se vió acome-
to. Por fin, continuando su exploración, llegó al punto en que Bas- tido por los naturales, que le apresaron, así como a la tripulación,
tidas, caminando hacia occidente, había terminado la suya el si bien pudo Méndez escaparse y, ganando la canoa, regresar, pre-
año 1500, es decir, al cabo de San BIas, y como entonces desespe- sentándose a Colón el 22 de julio de 1503.
rase ya Colón de encontrar el citado estrecho, y los barcos estuvie- No por esto desmayó en su propósito, como pudiera creerse; an-
ran poco menos que inservibles a causa de la carcoma, determinó tes bien, insistiendo en la empresa exigió únicamente que, para evitar
regresar a Santo Domingo cuando ya corría el año 1503. los peligros que acababa de correr, fuera escoltado :por tierra con
Arrastrados por el viento, fueron a parar el 30 de mayo de 1503 gente armada hasta Point Morant. Modificóse el proyecto, además,
a Cuba, y de allí dirigióse Colón, por el cabo Cruz, a Jamaica; pero, en el sentido de que entonces fueren dos canoas las que hicieren la
al llegar a este punto, como estaban ya los barcos completamente in- expedición, con dieciséis tripulantes cada una, mandadas, respecti-
servibles, se llenaron de agua, por 10 que tuvo que amarrarlos uno vamente, por Méndez y por un tal Fiesco, debiendo la de este último,
a otro y vararlos en la costa. Era el 24 de junio de 1503. en cuanto llegase al cabo Tiburón, regresar para decir a Colón que
Naufragó en aquella isla, por donde no era ni siquiera probable había tenido feliz éxito el viaje.
que apareciese ningún barco español; la situación era verdadera- A primeros de agosto de 1503, salió Méndez por segunda vez,
mente comprometida, porque si al principio se ofrecieron los indios escoltado por unos setenta hombres que, a las órdenes del hermano
a suministrar víveres a cuenta de baratijas, no era menos cierto que de Colón, Bartolomé, llegaron hasta el extremo de Jamaica sin tener
138 LA GUERRA EN LA HISTORIA DESCUBRIMIENTO DE AMERICA 139
el menor encuentro con los indios. Allí les esperaba una espantosa Por último, el 12 de septiembre de 1504, abandonó Colón para
travesía, pues tardaron cinco días en atravesar el estrecho para llegar siempre aquellos lugares por él descubiertos, y haciéndose a la mar
al cabo Tiburón, y 10 hicieron completamente extenuados, hasta el con rumbo a España, llegó a Sanlúcar el 7 de noviembre de 1504.
extremo de que cuando Méndez le dijo a Fiesco que regresase a dar Terminado el cuarto y último viaje de Colón, empezaron para él
cuenta a Colón, como se le tenía prometido, se negó rotundamente las verdaderas amarguras y desengaños.
a ello, no queriendo hacerla tampoco ninguno de los tripulantes,: En
vista de ello Méndez determinó continuar el viaje; y, acampanado Por 10 pronto, a su vuelta nadie se ocupó de él poco ni mucho;
sólo de seis remeros indios, se lanzó a recorrer la distancia de 660 ki- la circunstancia de verle venir siempre con las manos vacías, después
lómetros que le separaban del puerto de Santo Domingo. N o tuvo, de los grandes sacrificios que había hecho España en catorce años
por fortuna, que recorrer-la por completo, pues cuando llevaba unos de descubrimientos, mientras los portugueses traían, en cambio, de
400 kilómetros navegando, siempre contracorriente, supo que Ovan-: la India, por el cabo de Buena Esperanza, muchas riquezas, hicieron
do, el gobernador de la isla, estaba recorriendo el interior de. la que aquel entusiasmo que en los primeros momentos tuviérase por
misma; suspendió, pues, el viaje y abandonando la canoa, se 111- el Almirante, se desvaneciera como el humo. La muerte de Isabel
ternó solo y a pie, atravesando bosques y montañas, hasta hacer una la Católica, ocurrida el 26 de noviembre de 1504, o sea, algunos
distancia de unas 50 leguas, o sea, cerca de 300 kilómetros, a través días después de la llegada de Colón, influyó mucho en las desgracias
de un país que podía considerarse como hostil, dado el grado de ex- de éste, pues era la reina la única defensa con que contaba.
citación en que estaban los indios. Por fin llegó a la presencia de Enfermo y pobre, por haber tenido que pagar de su bolsillo a las
Ovando, dando término a una de las hazañas más extraordinarias tripulaciones, no queriéndolo hacer, como debía, el Consejo de In-
y arriesgadas que puede presentar la Historia. dias, reclamó los derechos que le correspondían del producto de las
Ovando, temiendo que tratase Colón de quitarle el mando ~e la colonias, sin que nadie le hiciese caso. Reclamó igualmente que le
isla, envió un pequeño barco a enterarse de lo que ocurría; por .clerto repusieran en sus derechos de virrey, sin que se le contestase más que
que, cuando creyeron Colón y demás compañeros de infort?1110 q~e con evasivas.
les traía socorros, vieron, con la sorpresa natural, que no dejaba mas El propósito del rey Fernando era que Colón renunciase a sus
que un trozo de tocino y un tonel de vino, diciéndoles que en cuanto derechos sobre el virreinato, por 10 que le propuso cambiar el título
llegasen los barcos de España se les enviaría socorro. de virrey por otro de Castilla y aun por propiedades; pero Colón se
Quedaron, 'pues, abandonados otra vez a su suerte, con la agra- negó a ello, ofreciendo únicamente vincular todos los derechos en
vante de que unos cuantos náufragos se habían rebelado contra Colón su hijo. Este hombre extraordinario murió en Valladolid el 20 de
y campaban por sus respetos en la isla; hubo que sostener con ellos mayo de 1506, a los setenta años de edad.
una verdadera batalla el 19 de mayo de 1504, como resultado de la Colon, "tributario y no poco - como dice un escritor - de las
cual quedaron sometidos. flaquezas humanas, un tanto cuanto interesado y codicioso, gober-
A todo esto, Ovando no había hecho otra casa que entretener nante poco hábil, a ratos violento", no era un sabio, ni un geógrafo,
a Méndez unos siete meses, hasta que le otorgó el codiciado permiso ni casi un marino, pero era un visionario y el hecho evidente y abso-
de fletar un barco para acudir en auxilio del Almirante. y, entonces, luto del descubrimiento lo realizó él, por eso su nombre se proyecta
recorriendo a pie y solo otros 300 kilómetros, llegó a Santo Domin- en el futuro estado con los laureles de la inmortalidad.
go este hombre extraordinario, a tiempo de que pudo salir otro barco Pero esto no es óbice para reconocer que el español Martín Alon-
de los llegados de España, por manera que el 25 de junio de 1504, so Pinzón fué el enviado de Dios para resolver conflictos y vencer
al año justo de haber naufragado Colón, le llegaron los anhelados dificultades.
socorros. "Pudo haber sido hasta el descubridor - dice un escritor,-
Abandonó, pues, Jamaica, donde había sufrido tantos co~tra- pues se atravesó Colón en su camino cuando él estaba preparando
tiempos, y el 13 de agosto de 1504 llegó Colón a Santo D~111go, una empresa de igual carácter que la proyectada por el genovés, y
siendo recibido por Ovando con todos los honores correspondientes alientos no le faltaban para llevarlos a feliz término. Pero esto aparte,
a su elevado cargo. quien organizó, dirigió, instruyó, alentó y condujo hasta el fin a la
, I
:
cinco naves, que eran: la San Antonio y la Trinidad de más de un hachazo, haciéndose dueños del barco, con 10 que la rebelión que-
100 toneladas, la Concepción y la Victoria entre 80 y 90, y la ~a1t- daba dominada.
tiago que era tan pequeña como una lancha de pesca. La capitana El castigo fué rápido y de una crueldad espantosa. A la vista de
en que iba Magallanes era la Trinidad; el adjunto Cartagena man- toda la tripulación el cadáver de Mendoza fué descuartizado, y Que-
daba la San Antonio que era la mayor. sada degollado y descuartizado, y respecto a Cartagena y un clérigo
Ya hemos dicho que Magallanes no sabía crearse amigos, así llamado Sánchez de la Reina, todavía fué peor, pues los dejaron en
que el primer barrunto de la tormenta que había de estallar entre la aquellas tierras inhospitalarias a perecer de hambre o a manos de
tripulación, se presentó cuando después de salir de Canarias, a donde los salvajes. Este rigor inaudito no era necesario, fué ensañamiento
llegó el 26 de septiembre de 1519 y salió el 2 de octubre, se le ocu- y venganza personal por el instinto sanguinario de Magallanes, que
rrió cambiar de rumbo, a lo que se oponía Cartagena, que tuvo que era rencoroso y terrible en sus venganzas.
acceder cuando le contestó, destemplado, que su obligación era seguir Puesto de nuevo en marcha, sin la San Antonio} que por no
obedeciendo al capitán. Al llegar a Sierra Leona, en una calma chi- haber encontrado a la escuadra al volver de un reconocimiento re-
cha, reunió a los capitanes para recordarles la obligación de obede- gresó a España, halló por fin un paso que llamó de Santa Vic-
cer al capitán mayor y, como se permitiera Cartagena alguna obser- toria, y hoyes el estrecho de Magallanes, que a fines del año 1520
vación, ante el asombro de los reunidos, lo cogió por el jubón y con le permitió entrar en un extenso mar de superficie tranquila y sin
voz terrible le dijo: "sed preso", quitándole el mando de la San límites, por lo que le dió el nombre de Océano Pacífico; y, remon-
Antonio, que entregó a Mendoza. Ordenó le pusieran en el cepo de tando al norte y después al noroeste, pasó cerca de cuatro meses
la. Victoria. sin encontrar tierras habitadas y sin poder abastecerse. Los sufri-
Continuando el viaje se llegó al Brasil entrando en la bahía del mientos fueron entonces muy grandes,porque, acosados por el ham-
Río de Janeiro, el 13 de diciembre de 1519, y continuando por la bre, tuvieron que comer cuero y materias repugnantes, mientras que
costa, y reconocido el río de la Plata, para ver si había salida al mar la poca agua que conservaban estaba corrompida; como consecuencia,
austral, se llegó al Puerto de San Julián, extremidad del continente, el escorbuto ocasionó muchas víctimas; pero, sin desalentarse por
el 31 de marzo de 1519. Estaba en Patagonia, llamada así por los ello, Magallanes, que poseía una energía inquebrantable, continuó
pies enormes de los salvajes de elevada estatura. Como los rigores adelante, calculando que había navegado más de 12.000 millas. Por
de la estación, pues allí empezaba el invierno, no permitieron bajar fin, el año 1521 alcanzaron las islas Marianas y después las Filipi-
más al sur decidió invernar, no haciendo caso de la invitación de re- nas, en donde por terquedad y obstinación temeraria se metió en
gresar a España, ya que no se encontraba el estrecho. Las privacio- una guerra estúpida, en una aventura peligrosa, a castigar a un reye-
nes, pues se disminuyó el racionamiento, lo crudo de la estación, y zuelo que no se había dignado contestarle, y el 27 de abril de 1521
los muchos trabajos traían a la gente de mal humor, así, pues, Que- tuvo un encuentro en el que se vió rodeado por miles de indios, cuan-
sada, que mandaba la Concepción} y Cartagena, puesto en liber- do los arcabuceros habían agotado la pólvora y no podían disparar.
tad sin conocimiento de Magallanes, abordaron una noche al San Magallanes fué derribado, herido en una pierna y muerto de
Antonio con treinta hombres armados, diciendo que la Concepción una lanzada en el vientre. Sin tiempo para recoger su cadáver, la
y la Victoria estaban de su parte, y después de corta lucha se apo- fuerza tuvo que acogerse a los botes y alejarse del teatro de su
deraron de él, entregándose su capitán Mezquita, que era sobrino derrota. .
de Magallanes y había reemplazado a Mendoza. Al quedar la armada sin cabeza, eligieron como capitán a otro
Teniendo los rebeldes tres barcos, conminaron a Magallanes a portugués llamado Barbosa, que no tenía más mérito que el haber
entregarse, pero éste usó de la siguiente estratagema: dijo que .fueran sido amigo de Magallanes durante la expedición; probaba que los
a verle ellos, sabiendo se negarían, y entonces cuando Vinieron españoles olvidaban sus rencores contra el portugués. Barbosa no
a decirle que fuera él a verlos, contestó con una carta conciliadora, tardó en comprobar su inepcia, pues aceptando en Cebú un banquete
que dió a uno de su confianza que embarcó en una chalupa con seis que le ofrecieron los indios, al que le aconsejaban sus subordinados
más, mientras Magallanes se quedaba con el barco enemigo. Llega- no asistir, fué sacrificado con los veintisiete que le acompañaban y
dos 'al Victoria} que mandaba Mendoza, le hundieron la cabeza de arrojados al mar. Llegados a la inmediata isla de Bohel determinaron
DESCUBRIMIENTO DE AMP.RICA 145
144 LA GUERRA EN LA HISTORIA
las Molucas para volver después por Panamá, en donde el carg.a-
quemar la nave más vieja, que era la Concepción, y navegando
mento, riquísimo, lo pasarían por el istmo, dispusieron que la Vtc-
entre aquellas islas llegaron a Borneo, en donde quedaron deslum-
toria regresara a España por la vía que hacían a la India los por-
brados por el lujo y magnificencia del Rey, pero en uno de aquell?~
tugueses, o sea por el cabo de Buena Esperanza.
bajos de las Molucas embarrancó la Trinidad que, aunque volvió
Partió, pues, aquélla el 21 de diciembre de 1521 y después de
a salir a flote, al cabo de algún tiempo, se le abrió un boquete que
cargar 500 quintales de sándalo y canela por aquellas islas, conti-
le impidió navegar si no se la carenaba. . nuaron el viaje doblando el cabo de Buena Esperanza el 13 de mayo
Quedaba sólo la Victoria al mando ahora .d;, un .desconocldo
de 1522 y avistando el de San Vicente el 4 de septiembre de 1522,
que no se había hecho notar durante la expedición ni en bien ni
llegando por fin el 6 de diciembre de dicho año al puerto de Sanlúc~r,
en donde terminaba la vuelta al mundo de la pequeña nave la VtC-
toria, que no tenía más de 90 toneladas.
Elcano, por ser el primero que había dado la vuelta al mundo, fué
recibido con todos los honores; pero volvieron en tal estado que, de
de 239 hombres que habían salido del Puerto de Sanlúcar, no regre-
saron más que 17, y aun éstos enfermos y extenuados por las pri-
vaciones.
En cuanto a la gloria de Magallanes, no hay en la Historia
ningún viaje que sobrepuje ni que iguale al suyo, incluyendo los de
Cristóbal Colón, que resultan inferiores en penalidades y en energía
desplegada; y en cuanto a las consecuencias, si los del último dieron
como resultado la aparición de un nuevo mundo, el del primero com-
probó que la Tierra era redonda, descubrimiento, también éste, de
consecuencias incalculables y beneficiosas para la humanidad.
Los descubrimientos más asombrosos, después del de Colón, fue-
ron: el de Vasco de Gama, que encontró el camino de la India, y el
de Magallanes y Elcano, que dieron la vuelta al mundo.
en mal, que iba a salvar ahora los restos de la escuadra de Mag~lla- Sabido todo esto, dejemos los asuntos relativos a América, de
nes, que se hubieran perdido seguramente en aquellos mares e Iban la que nos volveremos a ocupar a su debido tiempo.
a alcanzar un destino glorioso.
Esté hombre providencial era Juan Sebastián Elcano. Natural
de Guetaria, y de familia noble, aunque sin recursos, se dedicó a ocu-
paciones marineras y a los treinta años de edad facilitó su bajel a la
expedición de Cisneros contra Orán y de la que no sacó más que
trampas. Arruinado y perseguido por deudas, estuvo seis años na-
vegando para librarse de la ley, pero después de adquirir una expe-
riencia de marino y una energía que le hacían apto para el mando,
pensó navegar por mares más distantes y, encontrándose Magallanes
en Sevilla organizando su expedición, consiguió fácilmente un em-
pleo de segundo de a bordo o primer oficial de uno de las barcos.
Ahora le encontramos ya de jefe del único que quedaba: la
Victoria, que se iba a inmortalizar al dar por primera vez la vuelta
al mundo.
En efecto, acordado que quedase la Trinidad en reparación en
10. - LA GUERR.~ EN LA HISTORIA. - PRIMERA SERIE. ---1TOMO VII
CAMPAflAS DE ITALIA 147
clásica griega, y aspiraba a librar al hombre de los prejuicios de una conocido, que se enorgullecían de ser ciudadanos- de Roma, logró
edad que, cual la Media, se consideraba como obscura, y a devol- formar un poderoso Imperio que influyó más que Grecia en el ade-
verle su total autonomía dándole la plenitud en el goce de esta vida lanto de la civilización.
t~r~~na y librándole de la tremenda obsesión del Más Allá en que Pero el trabajo del hombre que vive en sociedad no es tan per-
VIVI0 el alma medieval. sonal e individual como a simple vista parece, sino que resulta co-
El tesoro cultural de Grecia y Roma, así como innumerables lectivo, ya que aprovecha los trabajos de otros miembros de la colec-
manuscritos salvados de la barbarie turca, se había acumulado du- tividad para su labor, que, generalmente, es beneficiosa para la so-
r~nte siglos a la caída del imperio griego en las bibliotecas, y al ciedad.
divulgarse su conocimiento en el mundo cristiano produjeron una El Renacimiento, al profundizar en 10 colectivo hasta llegar al
verdadera revolución, despertando, al estudiar con entusiasmo la individuo o persona como entidad aislada; al librar al hombre de los
civilización antigua, el deseo de hacerla renacer, y de ahí la palabra lazos de la moral y perderse ésta, hizo surgir al superhombre anhela-
Re nacimient o. do, al individuo, que se diferenciaba del hombre normal en que aquél
Se consideró entonces a la Edad Media como un paréntesis a la representaba el máximum de refinamiento, tanto en la vida espiri-
marcha progresiva de la humanidad. tual como en la material, pero librándose de cuanto se refiriera a la
Ahora bien, el hombre, por naturaleza, es sociable, o sea que moral, que para él desaparecía. "En Italia - dice un escritor - re-
necesita vivir reunido con sus semejantes, en mayor o menor nú- cobró entonces gran estímulo el individualismo por motivos que en
mero, para un fin y mediante ciertas condiciones. En la sociedad, el otras partes no existían o no influían en la misma medida." Allí se
i?dividuo es como el grano de arena de un conglomerado cuyo aglu- mundanizó también la más alta autoridad espiritual y religiosa, con
tmante lo forma la lengua, las costumbres, el clima, la tradición, 10 que, al debilitarse el poder central, se fortalecía cada vez más el
el amor a la familia, la moral, el culto a la religión y el respeto individuo, surgiendo aquellas individualidades que, si bien protegían
a las leyes. espléndidamente las artes, departían con los poetas y asistían a las
Al hombre hay que considerarlo individual o colectivamente. Así discusiones filosóficas, con la misma facilidad daban rienda suelta
10 hicieron Grecia y Roma, y el resultado de una y otra fué tan di- a sus más bajas pasiones, cometían las mayores aberraciones y lle-
verso que Grecia .nunca llegó a formar una potencia; en cambio, gaban hasta el crimen con la mayor indiferencia.
Roma organizó, primero, el Lacio; luego, Italia, y, por último, el El símbolo de este tipo - como dice un escritor - podría ser
mundo conocido, cuyos habitantes eran ciudadanos de Roma. el centauro: mitad hombre y mitad bestia.
Grecia, al considerar al individuo como entidad aislada, le aflojó Ahora bien, si Alfonso V el Magnánimo fué uno de los prin-
los lazos que le unían a sus semejantes y, sacrificando la familia las cipales impulsores del Renacimiento en Italia, otro español, el papa
tribus, el municipio, la nación, colocó al individuo como sobre un Alejandro VI, continuó en Roma protegiendo el movimiento reden-
altar, no reconociendo nada superior ni en la religión, ni en la moral, tor de la inteligencia, que recibió un impulso formidable con el
ni en la política; así que, olvidando la idea de patria, el egoísmo ate- descubrimiento de la imprenta, poniendo el libro al alcance de todos,
niense no llegó a crear una potencia, porque prefirió el cultivo de la para dejar de ser un objeto de lujo o un instrumento misterioso de
personalidad, consiguiendo sólo tipos magníficos de sabios de ar- erudición.
tistas, de individualidad es, pero sin lograr crear la unidad de la'
patria. En 1490, la influencia florentina llegaba a su cúspide con Lo-
Fácil es imaginar que cuanto menor sea el aglutinante que une renzo de Médicis, llamado el Magnífico. Florencia, a pesar de su
al individuo con la masa, le será más difícil al gobernante dirigir escaso territorio, era el centro del equilibrio italiano, pues el papa
la nación, constituir el Estado; por eso Grecia, a pesar de sus rele- Inocencia VIII habia sellado, con un convenio matrimonial, la
vantes personalidades, nunca llegó a formar una potencia poderosa alianza con los Médicis.
ni a fomentar la unidad de la patria, pues todo eran pequeñas repú- Pero el 9 de abril de 1492 murió Lorenzo el Magnífico a los
blicas. En cambio, Roma, uniendo a la masa no sólo a sus conna- cuarenta y cinco años de edad, y pocos meses después, el 25 de
turales, sino a los de las más apartadas regiones del mundo entonces julio, el papa Inocencio VIII.
152 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAfJAS DE ITALIA 153
Al subir al solio pontificio la figura imponente del papa Alejan- frecuente se confederasen sus pequeños Estados contra los infieles.
dro VI, la vida pacífica y tranquila de Italia se iba a alterar con la Ignoraban que, a su alrededor, al salir de la Edad Media, se levan-
guerra. taban naciones tan poderosas como Francia, vencedora de los ingle-
Ludovico el Moro descubrió en seguida que la debilidad de Ale- ses con Carlos VII y del feudalismo con Luis XI; Aragón, que, por
j andro VI era el cariño desmedido por sus sobrinos Lucrecia y su unión con Castilla, formaba ya el reino de España, y Alemania,
César, y para ganarse su afecto y el poderoso apoyo de la Iglesia, que, por sus Estados hereditarios de Austria, se hacía poderosísima.
propuso el casamiento de Lucrecia con un Sforza, pariente suyo, Deslumbrada con su brillante civilización, puesto que este período
logrando hábilmente sacar de su aislamiento a Venecia firmando del Renacimiento corresponde a uno de 10& más hermosos floreci-
el 26 de abril de 1493 una alianza entre estos tres Estados de Milán, mientos de la inteligencia humana, el italiano se consideraba el más
la Iglesia y Venecia, a la que pronto se adhirieron otras potencias rico, el más feliz y el más civilizado de los pueblos europeos, y casi
de menor importancia, rompiéndose así el equilibrio italiano en fa- calificaba de bárbaras a las demás naciones, que elogiaban encan-
vor de Milán, enemiga acérrima de Nápoles y de su monarca Fe- tadas sus ciudades y acudían solícitas a sus admirables escuelas;
rrante. pero, bajo esta brillante apariencia, fomentada en su tiempo por
Éste, al verse tan seriamente amenazado, acudió a su primo Lorenzo de Médicis en Florencia y por el papa León X en Roma,
Fernando el Católico, el cual, al saber que Ludovico el Moro pre- protectores de las artes y de las letras, se ocultaba una decadencia
tendía desposeer a Ferrante del reino de N ápoles para dar su inves- que pronto iba a dar al traste con aquella prosperidad, pues la co-
tidura al rey de Francia, Carlos VIII, cogió la ocasión por los ca- rrupción había invadido no sólo a las clases elevadas, sino hasta al
bellos y, a pesar de la escasa simpatía que le inspiraba su primo, populacho. N o había ideas grandes ni cabeza que albergase el pen-
envió un embajador al papa para recordarle su amistad y el haber samiento de hacer de Italia una nación poderosa como las anterio-
nacido en España, así como su solidaridad con la casa de Nápoles, res. Se gastaba la energía en mezquinas intrigas y contiendas civiles.
tan propia para él como el reino de Aragón. El ofrecimiento de ca- La lucha entre gúelfos y gibelinos, o de los partidos popular y aris-
sar a César con una prima del rey de España cambió radicalmente tocrático que defendían, respectivamente, al Papa y al Emperador
la orientación de la política de Italia, pues gracias a los oficios de y que dividió a Italia desde el siglo XII} pareciendo haber terminado
don Diego López de Haro, tan notable diplomático como cuantos con la victoria de los soberanos en cada ciudad, llegaba a su fin en
tenía don Fernando, se firmó en I.? de agosto de 1493 el acuerdo el xv de que nos ocupamos; pero aquellos pequeños soberanos co-
del pontífice con la casa de Aragón, por 10 que, cuando se presentó rrompidos por los vicioso, y aquellos prelados saciados de vino y de
a poco el embajador francés a pedir al papa la investidura del reino mujeres, no podían resistir a ninguna nación poderosa y fuerte que
de Nápoles para Carlos VIII, se le contestó el 9 de dicho mes que se les presentase.
se estudiaría la pretensión del monarca desde el punto de vista ju- El ducado de Milán había sido creado por los Visconti ; pero,
rídico. muerto sin sucesión el último, dejando cuatro testamentos, uno de
Ludovico el Moro, al verse desatendido, despechado, llamó a ellos a favor del duque de Orleáns, se lo llevó Francisco Sforza,
Carlos VIII y le abrió las puertas de Italia; pero no se crea que, por otro de los nombrados, a quien sucedió el tirano Galeas, que, a su
esto, fuera el único responsable del avance francés, porque, en el muerte, dejó un hijo pequeño, Juan Galeazo, inhábil para el gobier-
caos de envidias, rivalidades, ambiciones e intrigas, todos los des- no, a quien tiranizaba ahora su tío Ludovico Sforza, llamado el
contentos de Italia pusieron sus esperanzas en el monarca francés: Moro.
Ludovico el Moro, para asegurarse su situación; su sobrino Juan La república de Florencia, ilustre por su amor a las artes, había
Galeazzo, para mejorar la suya; los florentinos, con Savonarola, sido una verdadera monarquía bajo el gobierno de los Médicis, el
para sacudir el yugo de los Médicis; los venecianos, para castigar último de los cuales, Pedro, joven lleno de vanidad y arrogancia,
a la casa de Aragón, y, por último, los desterrados de Nápoles, para con su torpe política no hacía más que aumentar los prosélitos del
volver a su patria. monje Savonarola, que era por entonces el ídolo del pueblo predi-
En Italia, casi siempre entretenida en luchas intestinas, se creía cando las reformas de la Iglesia y la restauración del gobierno de-
que sólo había un poder temible: el de los turcos, por lo que era mocrático.
154 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAnAS DE ITALIA 155
En los Estados pontificios, el papa Alej andro VI no pensaba Viendo, pues, Carlos VIII una carrera de conquistas .fáciles,
más que en hacer la fortuna de sus parientes, por 10 que aspiraba terminó las guerras que traía entre manos con alemanes, mgles~s
a reconquistar la Romaña, pero no para fundar un Estado podero- y españoles, y dejó resuelta la expedición a N ápoles para el año SI-
so, sino para crear Estados que heredase su familia. guiente, esto es, para 1494. , .,
En toda Italia, tiranizada por sus soberanos, había un secreto En dicho año falleció Fernando 1 de Nápoles y le sucedió su
descontento contra sus señores. En N ápoles, el pueblo echaba de hijo Alfonso II, tan odiado como su padre por haber heredado su
menos can dolor, a la casa de Anjou, tan cariñosa, galante y pró- crueldad y ninguno de sus talentos.
diga, ante la tiranía del rey Fernando, odiado por sus súbditos por El estrecho parentesco que unía a esta casa con la de Aragón,
su carácter despótico y feroz. Entre los napolitanos emigrados a representaba un peligro inminente; pero Carlos VIII tomó sus pre-
Francia hubo algunos que expusieron a su rey la idea de que hi- cauciones para que no le molestasen y allanó todos los obstáculos
ciese valer su derecho al reino de Nápoles. cediendo al Rey Católico los Estados de Rosellón y de Cerdefia, ce-
Con la muerte de Lorenzo de Médicis se había roto el equilibrio diendo al emperador Maximiliano de Austria el Franco Condado
existente entre los diferentes Estados de Italia, al que se debían y el Artois, y comprometiéndose a pagar 620.000 ducados al rey
algunos años de prosperidad y sosiego. Enrique VII de Inglaterra, para que no se opusie~en a su empres~.
El origen de la guerra de Italia no fué otro que la necesidad de Sabidos por los Estados de Italia los preparativos de la expedi-
encontrar un equilibrio estable entre los numerosos Estados italianos ción, Venecia permaneció neutral; pero Florencia y los Est~~os
y la rivalidad de Francia y España en una política de expansión. Pontificios favorecieron la causa de N ápoles, Fernando el Católico
Fernando el Católico, a diferencia de Castilla que necesitaba y no veía con buenos ojos que el francés tratara de quitar una rama
buscaba la amistad con Francia, trató, por el contrario, de debilitar de su familia, y tampoco le convenía tener en Sicilia tal vecinda~.
al poder francés. Trató de enterarse de su objeto y s.e le contestó que la expedí-
Ludovico Sforza el Moro, temiendo ahora que los florentinos ción era contra infieles, pero que antes de llegar a África se apo-
y los reyes de Nápoles tramasen algo contra su poder también, ex- deraría de N ápoles al pasar por este reino.
citó al rey de Francia para que renovara las antiguas pretensiones Fué tan cándido Carlos VIII, que llegó a creer que Fernando
de la casa de Anjou al reino de Nápoles, pintándole como cosa fácil el Católico le avudaría en su empresa, irritándose mucho cuando se
el derrocamiento de la dinastía aragonesa.
El entoné es rey de Francia, el joven Carlos VIII, monstruo de
convenció de 1; contrario, viendo a Fernando en una actitud im-
ponente,
fealdad, llamado el cabezudo por tener muy grande la cabeza, rudo, N o por esto desistió de sus propósitos; el punto señalado para
ambicioso, obstinado e ignorante, llena la imaginación de ideas ro- la concentración era Lyón, y allí acudió, de los primeros, el Rey,
mánticas por sus lecturas de libros de caballería, se creía destinado, preparándose a su expedición caballeresca con fiestas, justas ~ tor-
a pesar de tener un cuerpo ruin y contrahecho, a emular a un Ale- neos. Al ejército, fuerte de 50.000 hombres, con mas de 100 pIezas,
jandro el Grande o a un Carlomagno, con la conquista de Constan- le faltaba todo 10 necesario para la empresa, pues no tenía ni tien-
tinopla y expulsión de los turcos de Europa; y como N ápoles era das, ni víveres, ni dinero. La operación parecía, sin embargo, sen-
el puerto natural de partida para la expedición, acogió con verdadero cilla, pues se tenía la libre entrada en Italia, ya que la duquesa de
entusiasmo la proposición de unos y otros. Saboya facilitaba el paso del monte Genevre y la plaza de Saluc~s;
La empresa no podía ser más disparatada, tanto por la falta de y el duque de Orleáns, la de Asti; pero, sobre todo, porque se dis-
medios materiales como por la escasa capacidad del joven monarca. ponia del paso libre por ,Génova. Una vez traspuest?s los Alpes, !a
Los sabios consejeros de su padre Luis XI la rechazaron por im- alianza del duque de Milan, por una parte, la neutralidad de Venecia
prudente, pero tuvo una acogida entusiasta y cariñosa en la nobleza por otra, y la amistad que se prometía de Florencia, aliada siem~re
francesa, que, falta de las luchas feudales o i.ntestinas, necesitaba de Francia, hacía que ya no se temiese nada del Papa, que no dIS-
distraerse en lances exteriores, tanto más cuanto que, muy gratui- ponía del poder de antes. " .
tamente, suponían que Italia era un país abundante en placeres, Mucho se discutió si se iría por mar o por tierra, decidiendo
donde resultaba fácil la guerra e inmenso el botín. por último hacerlo por esta última vía; pero mandando el bagaje
156 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPA!JAS DE ITALIA 157
y la artillería, que era muy pesada y no podía pasar los Alpes ni los
Apeninos, por el Ródano abajo y, luego, a desembocar en Spezia.
Como se supiese que el rey de N ápoles había mandado a su her-
mano Fernando con 5.000 hombres hacia la Romaña, contra el
Milanesado, y a su hijo Federico, con la armada napolitana, hacia
Génova, Carlos VIII dispuso que el mariscal Aubigny, con 4.000
'. hombres, se adelantase a Milán, y el duque de Orleáns, con 4.000 sui-
zos, marchase en seguida a Génova. La armada napolitana desem-
,
barcó, en efecto, algunas tropas en Rapallo ; pero se le echó encima
el duque de Orleáns con los suizos, haciéndole una matanza terrible
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y aterrando a Italia, que creía que la guerra iba a ser cosa de juego,
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Como consecuencia de este combate de Rapallo, Fernando ya no se
'. , atrevió a entrar en el Milanesado, y se retiró.
l.U Carlos VIII, entonces, o sea por el mes de agosto de 1494, avan-
, zó con todo su ejército desde Lyón ; la duquesa de Saboya le abrió
:
2 ~. no sólo el paso de los Alpes por el monte Genevre, sino los fuertes
"
'. del Piamonte; y, después de atravesar la cordillera en septiembre
r-!,)
de 1494, llegó Carlos VIII a Turín, donde la duquesa lo recibió
,
con grandes festejos, y lo mismo la de Montferrato en Casal, las
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cuales le prestaron sus alhajas, que empeñó para procurarse el di-
nero que le faltaba.
En Asti salió a recibirle Ludovico Sforza el Moro, el cual en-
;z: venenó a su sobrino Galeazo y se unió descaradamente al ejército
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francés, que llegó a Pavía el 14 de octubre de 1494. De allí conti-
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nuó a Plasencia y Parma y, pasando los Apeninos el 28 de octubre
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de 1494, por Pontremoli, entró en 'Toscana.
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<S Aquí podían haberle detenido en su marcha las plazas fuertes
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~ de Sarzane y Pietrasanta, pero Pedro de Médicis 'no había tomado
'" ninguna medida para detenerlo: los florenrinos recordaron que
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Francia había sido siempre protectora del partido güelfo, y, ade-
más, Savonarola añadía que Carlos VIII era el enviado de Dios
para castigar a los tiranos de Italia. No se hizo, pues, ninguna re-
sistencia; antes por el contrario, Pedro, para asegurarse la posesión
de Florencia, hizo un tratado bochornoso, entregando a los france-
ses casi todas las plazas y mucho dinero, por lo que, indignado el
pueblo, se sublevó, siendo proscritos los Médicis de Florencia y te-
niendo que huir Pedro a Venecia para salvarse.
Concentrado que hubo Carlos VIII todas sus tropas y bagaje
en la desembocadura del río Magra, se encontró al frente de un
ejército realmente enorme, que algunos hacen ascender a la elevada
cifra de 60.000 hombres y más de 30.000 caballos. Otros dicen que
sólo entró en Italia con 30.000 hombres; sea lo que fuere, lo cierto
158 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPANAS DE ITALIA 159
es que era el primer ejército del mundo que se presentaba con ma- dirle de su empresa, pero aquél contestó que ventilaría su derecho
terial de artillería tan formidable que causaba pavor, pues se com- después de apoderarse del reino.
ponía de treinta y seis cañones de bronce, algunos de cerca de tres Uno de los pretextos de Fernando para entrar en la guerra fué
metros de largo y tres toneladas de peso, de cien cañones de hierro, el trato dado al papa en su paso por Roma, pues entre las condi-
más ligeros, y de doscientos portátiles o mosquetes. Las piezas gran- ciones humillantes estaba la entrega en rehenes del cardenal César
des estaban colocadas sobre cureñas de cuatro ruedas, de las que Borgia, que consideraba como una gran injuria inferida al Pontífice,
podían quitarse las dos últimas, por lo que eran fáciles de conducir pariente de aquél.
y de manejar. Este poderoso material estaba servido por 12.000 horn- Por este tiempo, Carlos VIII, a quien había entretenido con ne-
ores, entre artilleros, carpinteros y conductores, y 8.000 caballos. gociaciones y engaños durante veinticinco d'as el Papa, al que pro-
Continuando el avance por la 'I'oscana, llegó a Luca, y el 9 de metió respetar su autoridad, logró realizar la mayor ilusión de su
noviembre de 1494 entró en Pisa, la antigua rival de Génova y Ve- vida, cual era la de ocupar la capital, verificando la entrada en Roma
necia, a la que devolvió la libertad que hacía un siglo le habían durante la noche, con todo el fausto y suntuosidad de los antiguos
arrebatado los florentinos. Entró por último en Florencia como un emperadores. Era el 31 de diciembre de 1494. Los cardenales le
verdadero conquistador, empuñando la lanza y al frente de su ejér- instaban a que destituyera al Papa, pero Carlos VIII no se atrevió,
cito. En un principio trató de reponer a Pedro de Médicis, pero se al hacerle ver sus consejeros el peligro de un cisma; por 10 que firmó
encontró ante una resistencia inesperada en el pueblo, que le ame- un tratado en el que sólo le exigía que le diera la investidura de
nazó diciendo: "Si vos hicierais tocar vuestras trompetas, nosotros N ápoles, unas plazas y algunos rehenes.
haríamos sonar nuestras campanas", lo que representaba una suble- La conquista tan aplaudida ahora en Francia, por lo fácil que
vación terrible en aquellas calles estrechas, de casas fortificadas. resultaba, llegaba a su fin. En efecto, aunque el joven rey de Ná-
N o insistió, pues, Carlos VIII, quedando Florencia aliada de poles, enérgico, afable y querido por sus súbditos, intentó defender
Francia. el Garellano desde la posición de San Germán, resultó que, mien-
En los Estados pontificios, el papa Alej andro VI, que lo único tras reunía el ejército, se le sublevaron Capua y Nápoles, y cuando
que temía era su deposición, se hallaba en el mayor apuro, pues acudió a apaciguarlas le cerraron sus puertas, se le dispersó el ejér-
Carlos VIII le pedía le franquease las puertas de Roma; y excusado cito y no tuvo más remedio que huir a la isla de Ischia. .
es decir la situación crítica en que también se encontraba Alfonso II 'Todos los napolitanos acudieron a recibir a Carlos VIII, que
de N ápoles, sin fuerzas para contener al enemigo. entró orgulloso y triunfador en Nápoles el 22 de febrero de 1495,
En estas circunstancias acudieron ambos a Fernando el Cató- pisando las flores que los habitantes le arrojaban. En ninguna parte
lico pidiéndole ayuda y ofreciéndole: el primero, o sea el Papa, encontró resistencia, por 10 que Carlos, que avanzó hasta el Adriá-
grandes mercedes, mientras que Alfoso II de N ápoles sólo le pedía tico, se hizo coronar no sólo rey de N ápoles y de Jerusalén, sino
protección en nombre de los lazos familiares. Fernando el Católico emperador de Oriente. Tan rápida y fácil había sido la conquista,
exigía al segundo, en pago de su ayuda, parte de su territorio; a 10 que los turcos se ·llenaron de terror, y Carlos, creyéndose ya un
cual, con dignidad y pundonor, se opuso Alfonso II, que, viéndose Carlomagno, tranquilo. en el trono de N ápoles, desistió de su cru-
de este modo desamparado, renunció a la corona en su hijo Fernan- zada a Constantinopla,
do II, retirándose a Sicilia a vivir en un convento. y aquí puede decirse que acabaron los éxitos, que no fueron
Fernando el Católico no estaba dispuesto, por la seguridad de pocos, y empezaron las penalidades, pues los napolitanos se cansaron
sus Estados de Sicilia, a que el francés se apoderase del reino de pronto de la dominación francesa, que se hizo aborrecible por lo
N ápoles; de modo que preparó una escuadra que puso al mando que robaban, saqueaban y vejaban, y viendo que, entre los favores
de Requesens, nombrando general de las tropas de desembarco a y dignidades que repartía Carlos entre los suyos, no se acordaba
Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido más tarde con el nombre para nada de los anjevinos, que tanto habían sufrido, ni de los ara-
de Gran Capitán. goneses, dándose el caso inaudito de que Carlos convirtiese a su
Antes de romper las hostilidades con Carlos VIII, del que era ayuda de cámara en duque de N oli y gobernador de Gaeta; además,
aliado, le mandó Fernando el Católico una embajada para disua- no podían perdonar los napolitanos la matanza de italianos hecha en
160 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAf.lAS DE ITALIA 161
el combate de Rapallo, ni el que hubieran pasado a cuchillo los fran- del emperador de Austria, Venecia, Roma y Milán, estas dos últi-
ceses a los habitantes de un pueblo al entrar en el reino de Nápoles. mas, disgustadas ya con Carlos VIII. Por esta alianza, firmada el
Carlos despojó a Nápoles, de la matrera más odiosa, de todo 31 de marzo de 1495, se comprometían Austria y España a atacar
objeto de arte, pintura, escultura en mármol o bronce, puertas, ador- las fronteras de Francia; Venecia, a facilitar una escuadra, y Milán,
a impedir el paso de nuevas tropas por los Alpes, sin perjuicio de
que las tropas mandadas ya a Sicilia por Fernando el Católico se
dedicaran a reponer en el trono al rey de N ápoles.
Comprendiendo Carlos VIII la necesidad de tomar inmediata-
mente un partido, tomó el peor, cual fué el dejar en Nápoles la mi-
tad de su ej ército, volviendo él con la otra mitad a Francia, con 10
que resultaba incapaz de asegurarse la retirada ni de mantener el
nuevo reino.
Antes de retirarse quiso entrar de nuevo en N ápoles ceñido con
la corona imperial, satisfaciendo esta vanidad pueril el 12 de mayo
de 1495, pero sin conseguir que el Papa le diera la investidura que
tanto solicitaba.
El día 20 de mayo de 1495 salió de Nápoles con la mitad de su
ejército, dejando a Montpensier como virrey, y a Aubigny, capitán
célebre y experimentado, de gobernador de Calabria con 11.000 hom-
bres, o sea la otra mitad del ejército. Cuatro días después llegaba
a Sicilia Gonzalo Fernández de Córdoba, del que luego nos ocupa-
remos. Al pasar Carlos por Roma no logró ver al Papa, que se
había retirado de antemano. Florencia, convertida ya en. república
bajo Savonarola, se preparó a cortarle el paso si no cumplía sus
promesas, por lo que no se atrevió a pasar por dicha ciudad y, de-
jando guarniciones, se dirigió a Pisa y, de allí, a Sarzane, al pie de
los Apeninos.
Al llegar aquí se enteró Carlos VIII de que el ejército de la
LoIe ¡sc!,i ••. Liga, fuerte de 40.000 hombres, le cerraba el paso. Contaba aquél
con la ayuda del duque de Orleáns, que había recibido 6.000 hom-
bres y tenía que avanzar desde Asti a Parma para combinar los
movimientos y darse la mano con el grueso; pero este príncipe,
nos o armas preciosas, rico botín que fué embarcado, pero que no fatuo e inepto, pensando sólo en el ducado de Milán, al que aspi-
llegó a Francia porque lo apresó la flota española que salió de Pisa. raba, en lugar de atacar a Milán o Pavía, tomó a Novara y allí se
Carlos VIII, por estas razones, estaba destinado a disfrutar poco dejó bloquear por el ejército enemigo, que le cortó sus comunica-
tiempo de su conquista. Entregado a una vida licenciosa, se hizo ciones con Francia.
tan aborrecible a sus nuevos súbditos, que éstos suplicaron a Fer- Decidido Carlos a pasar los Apeninos por Pontremoli, lo veri-
nando el Católico los libertase de tal yugo, para lo que sólo le bas- ficó tras incalculables fatigas, pues le faltaron víveres y guías, en
tarían unos 3.000 hombres. El Rey Católico, que tenía miras más un terrible desfiladero de dieciséis leguas de largo y con sólo un mal
elevadas, había ya, por este tiempo, conseguido formar una confe- sendero. Por él se arrastró la gruesa artillería logrando no perder
deración en la que, con el nombre de Liga Santa, entraron, además ni una pieza.
11. _ LA GUEJRRA EN LA HISTORIA. - PRIMEJRA SERIE. - TOMO VII
162 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPA/VAS DE ITALIA 163
En el valle del Taro te esperaban 40.000 hombres con el mar- pedición de N ápoles que con tanto entusiasmo e impremeditación
qués de Mantua. Carlos no disponía más que de 9.000. Creía aquél había emprendido.
que éste no se decidiría a atravesar los Apeninos y que se preci- El feliz éxito de eIla fué reputado como milagroso: era la pri-
pitaría por el camino de Génova, por donde no podría pasar la arti- mera excursión lejana emprendida por los franceses después de la
llería ni el bagaje; pero Carlos no envió por aquí más que un Cruzada de San Luis, lo cual demostraba que las luchas intestinas
pequeño destacamento a recobrar la ciudad, lo que no consiguió, de Francia habían terminado y que la obra de reconcentración del
y, en cambio, atravesó, como hemos visto, el terrible desfiladero de poder realizada por Luis XI continuaba con su hijo, a pesar de la
Pontremoli y se presentó ante los asombrados aliados. Estaban éstos insensatez y locura que había presidido en esta expedición.
atrincherados más abajo de Fornovo y en la orilla derecha del Vuelto a Francia Carlos VIII, ya no se acordó más de Nápoles,
Taro. La vanguardia francesa, fuerte de 6.000 hombres, mandada yeso que tuvo ocasión de intervenir de nuevo, porque le llamaban
por Gie, ocupó el 5 de julio de 1495 el pueblo de Fornovo sin opo- con insistencia; pero, entregado a una vida voluptuosa y arruinando
sición del enemigo, y Carlos, al día siguiente, mandó que pasase su salud y el tesoro en amores y en fiestas continuas, olvidó por
a la orilla izquierda, 10 cual ·era una imprudencia, porque entrete- completo a sus compañeros que quedaban en Italia, muriendo en
nido él en negociaciones inútiles con el enemigo, no se dió cuenta abril de 1498.
de que se quedaba en la orilla derecha sólo con 3.000 hombres. En Cuatro días después de haber salido Carlos VIII de N ápoles,
esto sucedió que en la retaguardia francesa se armó un tumulto V o sea el 24 de mayo de 1495, llegaba a Si:cilia, como hemos dicho,
desorden entre los criados y el bagaje, circunstancia que aprovecha- Gonzalo Fernández de Córdoba, enviado, como sabemos, por los
ron los estradiotas, o sea los lanceros ligeros enemigos, que se pre- Reyes Católicos para ayudar a Fernando II a recobrar el trono.
cipitaron en busca de botín. El rey Carlos, desconocida su audacia "Al pronunciar el nombre de Gonzalo de Córdoba - dice un
y entereza, acudió con los gentileshombres y, al frente de su noble- distinguido general español, - como antes los de Anibal y César,
za y de los 3.000 hombres que quedaban, se enfrentó con los 16.000 con quienes el Gran Capitán tiene visibles semejanzas, ya se deja
que se le vinieron encima y, en un cuarto de hora de encarnizada entender que simboliza una época, un sistema, a la manera que por
lucha, logró batir y acuchillar al enemigo, que dejó en el campo 3.000 la estrella más refulgente solemos distinguir en el cielo una conste-
muertos y fué perseguido hasta el campamento. En la orilla izquier- lación o una pléyade. Siempre alrededor de estos hombres privile-
da del Tara ocurría 10 propio, pues atacado Gie por 15.000 hom- giados se agrupan otros de gran mérito relativo, que contribuyen,
bres, los dispersó, no destruyéndolos completamente porque no sabía modestos, a darles mayor relieve, y sin cuya voluntad mancomunada
10 que ocurría en la otra orilla, que, de haberlo sabido, los hubiera fuera imposible acometer y dar cima a vastas empresas militares que
perseguido y deshecho. de suyo exigen artificiosa y calculada combinación."
Era la de Fornovo una hermosa victoria que no costó a los fran- "Puesto que aquí el patriotismo no está reñido con la verdad,
ceses más que 200 muertos, casi todos criados de los bagajes. Claro saludemos como promovedores de la restauración militar a los Re-
que con ella hubiera afirmado Carlos la posesión de Italia, oero es yes Católicos; como primero y práctico "profesor" del arte de la
10 cierto que, disgustado por las contrariedades sufridas, perdió la guerra, al inmortal Gonzalo, sin olvidarnos de poner detrás y a su
ocasión que le deparaba la fortuna y no pensó ya más que en regre- lado las airosas figuras de Pedro Navarro, Paredes, Leiva, Alarcón,
sar a Francia; pues, recobrado el enemigo, emprendió la persecu- Pescara, Urbina, Vasto, etc. ¡Glorioso plantel, fecunda academia de
ción de Carlos VIII, que hubo de atravesar un país abandonado guerra de tales catedráticos!"
por los habitantes, sin ropa, provisiones ni guías, pero llegando a Pero no adelantemos los sucesos, sigamos con Gonzalo y, antes
Asti sin perder una pieza, aunque con mucha hambre y fatiga. Para de relatar sus famosas campañas, digamos algo relativo a este ilus-
salvar al duque de Orleáns, rodeado como estaba en N avara por tre guerrero que tan gran papel iba a desempeñar en la Historia.
50.000 hombres, hubo de hacer un tratado con el duque de Milán, Gonzalo Fernández de Córdoba o Aguilar, como se llamaba su
al que consiguió separar de la Liga Santa devolviéndole aquella plaza. padre, Pedro Fernández de Aguilar, nació en Montilla en 1453. Su
Después de esto, se dió prisa en repasar los Alpes, lo cual veri- padre murió pronto, dejando dos hijos: Alonso de Aguilar, cuyo
ficó el 7 de noviembre de 1495, terminando con esto la célebre ex- nombre sonó bastante en la guerra de Granada y el Mayorazgo,
164 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAlVAS DE ITALIA 165
y Gonzalo, tres años menor que su hermano. Durante las guerras Se había casado, después de la batalla de Albuera, con un~ prima
de Enrique IV el Impotente y su hermano el infante don Alonso, suya dama de las más bellas y jóvenes de la corte de la rema, lla-
la ciudad de Córdoba estuvo dividida en dos bandos capitaneados mad~ Leonor de Sotomayor; pero este enlace d~ró poco, p,ues en ~l
por las familias de Cabra y la de Aguilar. El jefe de este último parto, Leonor y la niña que ~enía al mur:do m~~ieron. Caso despu~s
bando era el padre de Gonzalo, y, una vez muerto, los de su bando y, ya maduro, con doña Mana de Manrique, ~lJa, del duque de Ná-
llevaron consigo al hijo menor, Gonzalo, que puede decirse que se jera, de la que tuvo dos hijas, Elvira y Beatriz, esta algo enferma,
crió entre el ruido de los combates. y la otra muy traviesa. .
Al empezar la guerra civil, los dos hermanos unieron su for- Después de la guerra continuó Gonzalo en la corte, Siendo el
tuna a la del infante don Alonso y su hermana Isabel. En la corte principal ornamento de ella. . .
de éstos, el joven Gonzalo se distinguió pronto por la gallardía de "La gallardía de su persona- dice un escritor, -la majestad
su persona, sus modales distinguidos y su destreza en los torneos. de sus modales, la viveza y prontitud de su ingeni?,. ayudadas, ~e
El servir Gonzalo como paje no era una humillación ni mucho una conversación fácil, animada y elocuente, le conciliaban los aru-
menos, pues durante la Edad Media el ser paje era considerado mas de todos y no permitían a ninguno alcanzar su crédito y esti-
como una preparación para la carrera de las armas. Se trataba de mación. Dotado de unas fuerzas robustas y diestro en todos los
separar a los jóvenes de las faldas maternas, para acostumbrarlos ejercicios militares, en las cabalgatas, en los torneos: man~jando las
al ejercicio de obediencia, al roce con los extraños y al distinguido armas a la española o jugando con ellas a la marisca, Siempre se
trato con las damas. llevaba los ojos tras de sí, siempre arrebataba los aplausos.,y ~as
Cuando entró en la corte de Avila, había Gonzalo cumplido quin- voces unánimes de los que le contemplaban le aclamaban prmcipe
ce años. Desplegaba gran magnificencia en sus trajes, circunstancia de la juventud." De grandes ojos, labios finos y apretados, ancha
que había de perjudicarle con el tiempo y que le valió el título de frente, largo cuello y aguileña nariz, tenía un reposado andar y un
Príncipe de los caballeros, motivando sus excesivos gastos algunas rostro varonil, que se transformaba en cuanto empezaba a hablar,
censuras de su hermano, que, por ser mayorazgo, atendía al soste- adquiriendo entonces una expresión tan personal y agradable que no
nimiento de Gonzalo. podía olvidarse.
Una vez casada Isabel la Católica con Fernando, estuvo Gonzalo Se cuenta, aunque no está comprobado ni mucho ~enos, ~~e
en la guerra de Portugal a las órdenes del gran maestre de Santiago una vez que la reina Isabel volvió, en lancha, de despedir a su hija
Alonso de Cárdenas, distinguiéndose, como vimos, en la batalla de Juana, no pudiendo acercar la embarcación a la costa. porque había
Albuera, en la que mereció particular alabanza de su general, que un mar fuerte, se echó Gonzalo al agua con su traje de brocado
dijo había distinguido sus hazañas por la pompa y lucimiento de sus y, cogiendo en brazos a la Reina, la puso e~ tierra, entre l~s apaus?s
armas y penachos. Tanto de éste como del conde de Tendilla, habló de los espectadores, contestándole a la Rema cuando le mte:rogo:
siempre Gonzalo con gran respeto, pues decía le habían enseñado " . Cómo ibais a ser profanada por manos plebeyas de marineros,
los principios del arte de la guerra. ~ presencia de tantas manos nobles de la corte?", lo cual oyeron
La gran escuela para él fué, sin embargo, la larga guerra de los caballeros con la vista baja y en silencio.
Granada, en la que, si bien es verdad que no desempeñó cargos emi- Isabel, con su natural penetración, llegó a comprender el ve~-
nentes, se distinguió señaladamente en Tajara, Illora y Monte Frío, dadero mérito de Gonzalo; así es que, cuando se trató de la expedi-
donde fué el primero que escaló la muralla. ción a Italia, 10 difícil era encontrar el general a quien encon:endar
A la terminación de la guerra fué nombrado, con Zafra (secre- tan delicada y peligrosa misión, no porque faltaran en España ca-
tario de Fernando), para negociar con el rey moro, pues su cono- pitanes expertos y capaces, sino. por lo delicado de enviarlo con un
cimiento de la lengua árabe y su talento le hacían muy a propósito ejército a 400 leguas de la patna. r •• •
para tan delicada misión, arreglando los términos de la capitulación Consultada Isabel, que lo conocía bien y sabia. hacerle justicia
con Boabdil el Chico. en cuantas ocasiones se presentaban, decidió la elecCión en su favor.
En consideración a estos servicios, 10& Reyes Católicos le seña- Era amigo del soldado, y en capacidad, bizarría y fertilidad de re-
laron una pensión, dándole terrenos de los últimamente conquistados. cursos nadie le aventajaba.
166 LA GUERRA EN LA HISTORIA
l
arraigada la idea de cohesión y disciplina que, aunque fuera batido,
no dejaba de buscar la victoria por otros caminos, sin desalentarse Franceses Españoles
ni desmayar jamás. "El ejército francés - dice un escritor - for- Suizos . 6.000 Caballería . 600
maba el nervio del suyo con suizos mercenarios que, más de una Gascones 6.000 Infantería . 1.500 5.600 Gonzalo
vez, le dej aran plantado al empezar la batalla; mientras que los Cab." y art." 3.000 De la escuadra. 3.500
"señores soldados" de la vieja infantería española, altivos como 15.000 Calabreses . 6.000 Rey de N ápoles
príncipes, con la pica o el arcabuz al hombro, no dejaban a sus auxi- 11.600
liares más que un lugar secundario y fatigoso. Éstos, indudable-
mente, con el roce continuo, con el ejemplo diario, llegaban muchas A consecuencia de los gastos ocasionados por la guerra de Gra-
veces a igualar a sus maestros. Pero siempre se nota en todos nues- nada, el tesoro español no estaba en disposición de autorizar nin-
tros capitanes extranjeros el ardor con que codiciaban, ante todo, guno extraordinario, así es que Fernando el Católico iba a ayudar
el mando directo, inmediato, de la infantería española, como verda- a su pariente el de N ápoles más bien con el prestigio de su nom-
dero núcleo y sólida reserva." En ninguna guerra como en estas bre que con gasto alguno; sin embargo, ordenó se hicieran levas
primeras de Italia iba a resultar tan al vivo el contraste del ímpetu en Galicia y Asturias, que habían sufrido menos que el Mediodía
y la veleidad francesa con el aplomo y la perseverancia española. en la guerra de Granada.
Pocos siempre, y pobres y desatendidos los soldados de Gonzalo. El 26 de mayo de 1495 se reunió Gonzalo en Mesina con los
parece que en sus fatigados cuerpos sólo vivía el alma briosa de su dos reyes desposeídos, y entre los tres trataron del plan de opera-
ilustre capitán. j Hermoso don, de que la naturaleza es avara, éste ciones. Quería el joven Fernando n ir en derechura a la capital,
de saber unir a la suya las voluntades todas de un ejército!" desde donde le llamaban los que estaban cansados de la domina-
Pero sigamos con el Gran Capitán. ción francesa; pero Gonzalo fué de dictamen de entrar por Cala-
Gonzalo, después de un penoso viaje, llegó a Mesina el 24 de bria, donde Regio estaba por el rey, como asimismo casi todas las
mayo de 1495, encontrando allí al rey Fernando n de Nápoles, el plazas abiertas iy sin defensa; además, por su inmediación a Sici-
cual, aprovechando el que, pocos días antes, había llegado la escua- lia, era la provincia más afecta al partido de España.
dra española al mando de Requeséns, había empezado ya las ope- Disuadiendo Gonzalo al joven rey de sus propósitos de ir en
raciones reo Calabria, apoderándose de Regio. derechura a la capital de su reino, por ser operación muy atrevida
Cuando Gonzalo llegó a Mesina, Alfonso de Nápoles, hijo y su- y expuesta a un descalabro, convinieron llevar la guerra a Cala-
cesor de Ferrante y gran militar, pues se hizo temido en las luchas bria, que les resultaría una excelente base de operaciones, y por
del reinado de su padre, al que acompañaba como príncipe heredero, suponer que encontrarían bastante apoyo en el país. Antes de em-
se llenó de pavor y huyó del mundo metiéndose en religión, por lo pezar las operaciones, el rey Fernando de Nápoles entregó a Gon-
que le sucedió el joven y animoso Fernando n, que, al llegar los zalo de Córdoba bastantes plazas fuertes que prestaban fidelidad
franceses a Nápoles, tuvo que retirarse a la isla de Ischia, pasando a la casa de Aragón, en prenda de los gastos que ocasionara a los
luego a Sicilia a preparar la reconquista de N ápoles con la ayuda Reyes Católicos la guerra, lo cual obligó a Gonzalo a disminuir
que le llegase de España. su reducido ejército (de 5.000 hombres, como sabemos) por la ne-
Gonzalo no llevaba más que 600 jinetes u hombres de armas, cesidad de guarnecerlas con tropas españolas, ya que no tenía con-
y 1.500 infantes, en su mayor parte reclutas; pero, añadiendo los fianza en los calabreses.
3.500 hombres de la escuadra, podía reunir un total de' 5.600. Se Al amanecer del día siguiente al desembarcar en la playa de
organizaron a toda prisa los calabreses, lo que facilitó un aumento Regio, los vecinos de la ciudad acudieron a vitorear a los que lle-
de 6.000 hombres. gaban, mientras los franceses se recluyeron en el castillo para de-
Los franceses, como hemos dicho, disponían de unos 15.000 fenderlo. Las primeras acciones del ejército español en Calabria
hombres, entre ellos 6.000 suizos y 6.000 gascones, tropa excelente, fueron rápidas y brillantes. Ganóse por asalto la fortaleza de Re-
experimentada y muy bien organizada. gio pasando a cuchillo a la guarnición por haber violado la tregua
Así, pues, las fuerzas contendientes eran: del parlamento.
170 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAnAS DE ITALIA 171
Una sorpre_sa para Aubigny fué el desembarco de Gonzalo, así recorría con 24 galeras las costas orientales de N ápoles, atacando
que todo fueron órdenes atropelladas para ir organizando sus des- el fuerte de Monopoli, cuya guarnición quedó destrozada.
perdigadas fuerzas. Aubigny, enojado, más que perjudicado, con los triunfos de
Gonzalo marchó de Regio a Santa Ágata, que le abrió sus puer- aquel enemigo que le era inferior en número, se vió en la necesi-
tas sin resistencia, y de allí se encaminó a Seminara destrozando dad de obrar para detener el progresivo avance de éste, y como te-
nía repartidas sus fuerzas por las Calabrias, las concentró, llaman-
() (ose",z..o.. do también a la célebre infantería suiza, que estaba en la: Basilicata
al mando de Precy, joven y valiente militar, considerado como uno
de los mejores de Francia. A estas fuerzas, de suyo considerables,
aumentó la leva de varones angevinos.
Con todo este efectivo, superior en número al del enemigo, se
encaminó desde Terranova hacia el mar Tirreno con intención de
cerrar a las fuerzas de Serninara la salida hacia Tropea, a donde
sabia que pensaba dirigirse aquella tarde el rey de N ápoles, y con
la esperanza de atraer a Fernando a una acción decisiva.
Fernando II de N ápoles, joven de 28 años, no intimidado por
la concentración de fuerzas enemigas que creía inferiores a las
suyas, tan pronto como supo se acercaban determinó salir a su en-
cuentro para darles la batalla antes de que llegaran a Seminara.
N o quería aparecer tímido ni a sus contrarios ni a sus súbditos,
y quería señalarse como valiente, pues necesitaba una victoria de
resonancia que agrandase su figura ante los italianos, ganándole
partidarios.
N o era de esta opinión Gonzalo, que no tenía suficiente con-
fianza en su tropa para arriesgarla en un solo encuentro contra los
experimentados franceses y veteranos suizos. Es cierto que los ji-
netes de Gonzalo podían competir con los enemigos, pero sólo te-
nía un puñado de caballería pesada, pues el resto era de caballería
ligera, muy buena para la guerra de guerrillas que había hecho en
la de Granada, pero incapaz de oponerse a la gendarmería fran-
cesa, cubierta de hierro. Sentía desconfianza por su pequeño cuer-
en el camino a un destacamento francés que iba a reforzar la guar- po de infantería, que, armado sólo de espadas cortas y escudos,
nición. Serninara, plaza bastante fuerte, abrió sus puertas y reci- tendría que habérselas con las formidables falanges de piqueras
bió sin resistencia a Fernando y Gonzalo, enarbolando en sus suizos. No hay que hablar de las milicias calabresas, recién reclu-
murallas el estandarte de Aragón. tadas por el rey de Nápoles, porque en ellas no tenía Gonzalo la
Gonzalo había tanteado el terreno operando por la noche, rea- menor confianza.
lizando marchas y contramarchas inverosímiles y haciendo que Au- Por todas estas razones creyó prudente, antes de empeñarse
bigny diera en el vacío cuando pensaba acorralarlo, y como le en ninguna acción, adquirir más informes respecto de las fuerzas
recibían en triunfo por odio a los franceses, Aubigny empezó a del enemigo, que Fernando de N ápoles insistía en creer inferiores
desesperarse al ver que perdía terreno y no pensó en otra cosa que a las suyas.
batirle en campo abierto. La impaciencia de éste y de los señores de su séquito, como
Al propio tiempo, la escuadra veneciana, al mando de Grimani, asimismo la de los principales caballeros españoles, inquietaba él,
172 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAlvAS DE ITALIA 173
Gonzalo, pues para conseguir desechase sus escrúpulos, le hacían sus fuerzas, pues tenía además, como reserva, las tropas del país.
ver lo imprudente de demostrar la menor duda respecto de sus tro- Los generales franceses Aubigny y Precy, puestos al frente de
pas, que ardían en deseos de entrar en combate. Aunque muy lejos la caballería, se lanzaron al arroyo para vadearlo. Los jinetes es-
de estar convencido, se vió obligado Gonzalo a ceder a tan ardien- pañoles introdujeron algún desorden en la gendarmería francesa,
tes súplicas. a la que atacaron antes de que pudiera formarse después del paso
El rey Fernando de N ápoles había salido de Seminara, situán- del arroyo; pero incapaces, luego, de sostener el choque del ene-
dose en unas posiciones ventajosas para cortar a los franceses la migo, Gonzalo ordenó se retiraran precipitadamente, con intención
de volver a la carga, como era costumbre en la táctica de los
árabes.
N o comprendiendo estas maniobras, los calabreses la interpre-
taron como derrota y, creyendo ya la batalla perdida, se dieron
a la fuga poseídos de verdadero pánico, antes de que la infantería
suiza tuviera tiempo de cruzar sus armas con ellos. En vano inten-
tó el rey Fernando contenerlos, porque la caballería francesa cayó
sobre ellos haciendo gran matanza; también estuvo él mismo ex-
puesto a los' mayores peligros, pues habiendo caído su caballo, hu-
biera irremisiblemente perecido de no haberse sacrificado el noble
Juan de Altavilla, que 10 montó en su propio caballo, quedando
tranquilamente a merced del enemigo, que 10 mató mientras se
salvaba su soberano.
Quedaron solos los españoles en el campo contra todo el ej ér-
cito francés, manteniéndose Gonzalo en sus posiciones algún tiem-
po, no con la esperanza de ganar el combate, sino cubriendo la re-
tirada de los napolitanos, hasta que, obligado por la corriente, se
dirigió a Seminara efectuando una retirada que acreditó la cohe-
sión, solidez, disciplina y valor de su ejército, honrándole tanto
retirada a Terranova, como para luchar si Se acercaban a la ciu- como una señalada victoria.
dad; pero, después, las cambió de situación y, avanzando con su Si los franceses hubieran perseguido como debían, habría caí-
reducido ejército, después de atravesar una cadena de alturas que do en sus manos la mayor parte del ejército enemigo con el rey
se extienden al este de Seminara, a distancia de unos cinco kiló- Fernando y Gonzalo a la cabeza, terminando de este modo la cam-
metros, llegó delante de un riachuelo, más allá del cual y sobre las paña; pero no supieron hacer uso de la victoria.
colinas distinguió al ejército francés en rápida marcha contra él. Esta falta se atribuyó al mal estado de salud de Aubigny, con-
Esto ocurría el 21 de junio de 1495. Resolvió esperar en las ori- secuencia del clima, que 10 tenía tan débil que no podía permane-
llas del riachuelo y, al efecto, tomó posiciones en las faldas de las cer mucho tiempo a caballo; así es. que, en esta ocasión, en cuanto
colinas que él ocupaba. vió decidida la batalla, hubieron de meterlo en una litera. Cual-
Colocó el rey Fernando a los españoles, con Gonzalo a la de- quiera que fuese la causa, es lo cierto que en esta batalla dej aron
recha, en número de 1.000 infantes y 400 caballos, y él, con los escapar los mejores frutos de la victoria.
6.000 calabreses, se situó a la izquierda de la línea. Fernando de N ápoles fué uno de los pocos que se batió con
Los franceses colocaron a la derecha la falange de piqueros bravura, con todo y haber rodado por el suelo al perder la montura,
suizos y la caballería en número de 1.200 caballos (de ellos 400 ji- salvándose porque el aragonés Andrés de Altavilla le cedió el ca-
netes pesados) a la izquierda. Presentaban, pues, 7.200 hombres ballo y se dejó matar para proteger su retirada. Se embarcó aquel
a los. 7.400 que reunía el rey Fernando, pero no eran estas solas mismo día para Sicilia, y Gonzalo, a la mañana siguiente, antes
174. LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAiVAS DE ITALIA 175
de romper el día, se retiró a las montañas de Regio a la cabeza de sublevarse, degollar a aquélla y cerrar las puertas, por 10 que, en-
400 hombres. contrándose Montpensier entre dos fuegos, entre los napolitanos
Así terminó la primera batalla de importancia en que Gonzalo y los que desembarcaban, dando un rodeo fué a guarecerse en la
de Córdoba tuvo un mando superior, aunque subordinado, la úni- ciudadela de Castel Nuovo. El rey de Nápoles, en cuanto se pre-
ca que perdió durante su larga y afortunada carrera. N o le des- sentó delante de las murallas, fué recibido con transportes de jú-
acreditó, pues era público se había dado contrariando su opinión; bilo por el pueblo entusiasmado. El francés, aunque echado de la
su conducta, por el contrario, le creó su reputación, pues demos- plaza, empezó desde Castel N uovo a hacer frecuentes salidas día
tró ser no menos prudente en el consejo que valiente en el com- y noche, hasta que le fué imposible a causa de las barricadas que
bate. Aquella derrota, sin embargo, le hizo pensar en España, en construyeron los habitantes, los cuales, desde los balcones, venta-
10 que pensarían Isabel y Fernando y 10 que aprovecharía la envi- nas y azoteas, atacaban a los franceses, que al fin, reducidos por
dia para cebarse en él; y, revistiéndose de energía, formó el pro- hambre, tuvieron que capitular, escapando por mar el duque de
pósito de no volver derrotado a su patria. Montpensier, antes de la capitulación, a Salerno, a donde sólo le
Aquí, en Regio, con el mar a la espalda y por suyo, tenía una acompañaron 25 hombres.
cabeza de puente en la que poder esperar muchos meses los refuer- La rendición de la ciudadela de N ápoles se verificó a primeros
zos que enviaran de España. de año de 1496. Por esta serie de circunstancias, el rey Fernan-
Aubigny, en Seminara, no se sabía si continuaría inmóvil en do II, que apareciera poco antes como príncipe desterrado y con
dicha plaza o tomaría el camino de Regio. desesperada fortuna, se encontraba ahora establecido en el palacio
El joven Fernando de Nápoles, lejos de desanimarse por esta de sus antepasados. .
derrota, ganó nueva confianza, por haber visto la buena disposi- El duque de Montpensier no permaneció mucho tiempo en Sa-
ción favorable a él en el pueblo de Calabria; así que, confiando en lerno, pues comprendió la necesidad de moverse para contener los
que análogos sentimientos de lealtad encontraría en la capital, se progresos del enemigo que se había dirigido a la Apulla. Con las
determinó a aventurar un atrevido golpe para recobrarla en segui- guarnicior.es y refuerzos que pudo recoger en la comarca, partió
da, antes de que la noticia de la derrota pudiera influir desfavora- de Salerno a fines de invierno, con intención de obligar a Fernan-
blemente en sus partidarios. do II a combatir, pues éste, que disponía de muy pocas tropas, se
De pron~o, Aubigny recibió una noticia sensacional: el rey Fer- mantuvo a la defensiva, esperando ser reforzado por un conside-
nando de Nápoles, con un grupo de tropas españolas escogidas. rable cuerpo de tropas veneciano. Cuando éstas llegaron quedaron
había desembarcado por sorpresa en Nápoles y expulsado de allí igualados ambos ejércitos, pero no queriendo Fernando aventu-
al duque de Montpensier, que la ocupaba. rarse en una sola batalla, las operaciones languidecieron hasta el
Ésta era una maniobra estupenda de diversión, porque ahora extremo de no conseguir resultado de importancia.
el ejército francés tenía que atender a dos frentes de combate: El ejército francés estaba partido en dos: con Montpensier
uno, el de Nápoles, y otro, el de Regio, en donde Gonzalo podía frente a Nápo!es, y con Aubigny frente a Regio. Ambos pedían
preparar con más tranquilidad su nueva campaña. con urgencia refuerzos, pues sólo con ellos se podía explotar la
¿ Qué había sucedido? victoria de Seminara; pero el voluble Carlos VIII ya no se ocu-
Pues que el rey de Nápoles, el joven Fernando, había embar- paba de Italia, abandonando a su suerte a aquel poderoso ej ército
cado, con un puñado de tropas, en la escuadra de Requeséns, que que cruzó un día los Alpes gallardo y lleno de esperanzas.
se componía de 80 naves, la mayoría de gran porte; y, saliendo Gonzalo de Córdoba, en tanto, iba batiendo lentamente su ca-
de Mesina, apareció en el puerto de Nápoles a fines de junio mino a través de la Calabria inferior. El carácter de este país,
de 1495. A la vista de esta escuadra de tan formidable aspecto, y montañoso como el de las Alpujarras, y cubierto de plazas fuer-
que sólo llevaba un puñado de hombres, el virrey, que era el du- tes, le obligaba a usar la táctica empleada en la guerra de Granada.
que de Montpensier y tenía 6.000 franceses en Nápoles, salió de La Calabria inferior es áspera y fragosa; las últimas estribacio-
la ciudad para evitar el desembarco, dejando sólo una corta guar- nes del Apenino, que llegaban al mar en la punta de la bota de mon-
nición en ella, circunstancia que aprovecharon los habitantes para tar que figura Italia, van desde las alturas de Sila, con más de
176 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAiVAS DE ITALIA 177
pero eran más de 200 los que había tenido que recorrer Gonzalo juzgó el duque de Montpensier ilusoria toda perspectiva d.e ,soco-
en las marchas, contramarchas y sorpresas que había realizado. rro; por lo cual, y estrechado por falta de recursos,. ?et~rmIno ale-
C?n ello había adiestrado a su tropa, devolviéndole la confianza, jarse de la vecindad de Benevento, d?n~e los ~os. ejércitos perma-
nuentras la moral francesa se desconcertaba ante el tipo de lucha necían acampados, y retirarse a la fert.Il provincia de Apulla, cu-
que se le imponía. yas plazas fuertes estaban aún guamecidas por los franceses.
Aubigny, después de la victoria de Serninara, había mandado Levantó su campo secretamente y, a me?ia noche, empe~ó la
a Pr~y en auxilio del duque de Montpensier, acosado, como he- retirada con ánimo de llevar lo menos una Jornada de ventaja al
mos Visto, en N ápoles por Fernando; así que aquél quedó solo en- enemigo; pero Fernando II, que no se descuidó, empezó la pers~-
frente de Gonzalo, al cual creyó arrinconado en Recio. En esta cución con tal vigor, que alcanzó a los franceses en Atella, mas
idea, entró en Fiumara, acuchillando a sus habitantes ~ pero, al sa- allá del Apenino y en las faldas orientales de la Basilicata, inter-
berlo Gonzalo, sin abandonar a Regio, cayó por la noche con ceptándoles el camino completamente, por 10 que les obli~ó a refu-
200 jinetes sobre el cuerpo enemigo, el cual, sin darse cuenta de giarse en la ciudad, ante cuyos muros Fernando II planto su Real,
lo O<?urrido, dejó en su poder bastantes prisioneros y una porción estableció su ejército y se preparó para el combate.
considerable de suizos. A este golpe siguieron otros tan audaces, Está situada Atella en un ancho valle, rodeado por unas altu-
que, con asombro y temor del francés, pusieron en poder de Gon- ras en forma de anfiteatro, a través de las cuales corre un pequeño
zalo a Muro, Calana, Bagueza, Squilace, Sibaris y otros puntos, afluente del Ofanto. Este afluente baña la ciudad' y mueve una in-
con tal rapidez que, como hemos visto, a fines de 1495 estaba en finidad de molinos que abastecen de harina a la plaza. A pocos ki-
Nicastro, dueño de toda la Calabria inferior, o sea toda la punta lómetros se encuentra Ripa Cándida, plaza fuerte en poder de los
de la bota de montar que forma Italia. franceses, gracias a la cual prensab.ael.duque de Montp~n:ier ~~n-
En Castrovilari, en el confín de la Calabria y Basilicata, se en- tener sus comunicaciones con el interior de aquella fértil region.
co~traba Gonzalo a fines de la primavera de 1496, cuando se vió Deseoso el rey Fernando II de terminar la guerra haciendo pri-
obligado a abandonar el teatro de sus conquistas llamado por el sionero a todo el ejército francés, preparó un vigoroso bloqueo;
rey de N ápoles, que desde Atella le pedía su ayuda. pero pronto se convenció de que, con las fuerzas que tenía, le sería
Fernando II le había instado repetidas veces a que se encami- imposible. Entonces fué cuando resolvió llamar a Gonzalo de Cór-
nase por mar a Nápoles para, juntos, llevar la guerra al interior doba, cuya fama era ya reconocida en todo el reino.
del reino; pero, con muy buen acuerdo, se había siempre negado, en- Hallábase como sabemos, éste en Castrovilari. Si accedía a la
tendiendo prestar mejor servicio entreteniendo a D'Aubigny (que demanda, veía el peligro de perder los frutos de su vi~toria, pues
m~ndaba el cuerpo más numeroso de las tropas francesas) que su activo enemigo no dejaría de aprovechar .su ausencia para re-
uniéndose con aquél perdiendo la Calabria; pero ahora cambiaban cuperar todo lo perdido. Si rehusaba acudir al llamamiento, podía
las circunstancias y procedió de distinto modo. desperdiciarse la mej or oportunidad que se había presentado para
Veamos lo que había ocurrido: La campaña del invierno an- terminar la campaña; pero el espacio entre Castrovilari y Atella
terior había terminado sin resultado decisivo, permaneciendo los estaba ocupado por los franceses y no era 'fácil atravesarlo con ra-
ejércitos del duque de Montpensier y del rey Fernando a la vista pidez. Y ¿cómo abandonar Calabria sin dejarla asegurada? . .
uno de otro, sin venir a las manos. Esta defensiva de los france- Los espías, sin embargo, le trajeron las noticias de que dieci-
ses les fué. muy fatal, pues interceptados los pocos recursos por siete nobles calabreses amigos de Francia, con sus cortejos y es-
los campesinos de la comarca, amotinados los suizos y alemanes colta, pensaban reunirse en el Castillo de Laino para esperar a Au-
mercenarios, desertaron muchos de ellos por falta de pagas, y los bigny, guardándoles las espaldas un batallón de calabreses, en el
abandonaron también los napolitanos en gran número, disgusta- monte cercano, los días que durara la reunión. . .
dos por la insolencia y opresión a que los sujetaban sus nuevos Gonzalo ya no dudó y, a pesar de las reflexiones que le hlcler~~
aliados. sus capitanes ipor el peligro que representaba ~a aventura, .resolvlO
Abandonados los franceses por su rey Carlos VIII, que desde abandonar el campo de sus triunfos para acudir al llam~r~llento de
que volvió a Francia se había entregado a sus placeres licenciosos, Fernando II, entendiendo que en los campos de Basilicata po-
180 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAiVAS DE ITALIA 181
día resolverse en un combate el definitivo de la campaña. Dábase por un fuerte castillo que, dominando los caminos de las monta-
además, la circunstancia de que' habían colocado los franceses una ñas estaba construido al otro lado del río, uniéndose a la ciudad
~asa imponente de hombres, campesinos, en Morano, que preten- por' un puente. Como Gonzalo no podía desembocar de las mo~ta-
dl.a cortar le el paso por el de la Teste y bloquearle en Castrovilari, ñas, porque encontraría cerrado el paso ~el pue:lte por el cashll.o
mientras en Laino estaban gran número de barones augerinos con construido en la orilla izquierda, lo que hIZO fue dar un rode~ Sl-
O"uiendo las montañas toda la noche, vadeando el Lao dos millas
,
"',/
b ,-
por arriba de la ciudad, en la que entro con un pequeno cuerpo an-
· .. . .
... ·• . .....:: tes de romper el día. Mandó en seguida un destacamento al puente
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4'·" .<1' para impedir la retirada al castillo. Grande fué e~ asombro de los
......... " '" .." ".< .: Mella ....
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o ~- habitantes al despertar y ver en las calles al enemigo. Tomaron las
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... l.. armas y trataron de dirigirse al castillo, pero el paso del puente
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"- estaba ocupado; así que, cercados por todas partes, empe~aron u.na
desesperada resistencia que terminó con la muerte de su Jefe prm-
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s Po~e~:ta.
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I cipal, Americo San Severino, y l~ captura en paños menores de l?s
'.. ( I . TaV'(:.",l-o demás compañeros que no perecieron en la lucha. El trofeo ~as
.. e -<! L ( zlorioso de todo el botín, fué la captura de los barones angevmos
~ ..
'. ' r-
«
~ue, en número de veinte, mandó prisi?~eros Gonzalo ~ N ápoles .
Este golpe decisivo aseguró la tranquilidad de Calabna durante
..
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!"ikO ••• lo •
su ausencia.
. . .. ....
t.
~"
t La victoria de Laino tuvo una resonancia extraordinaria, tan-
•• (, al f VO~I
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to por la derrota de los de San Severino como por 10 rápido de la
MoW'" 1010 'l.'" I sorpresa. Desde entonces empezó a ser .temido y a~mentó la fama
e -i .•••... de Gonzalo, quien, a pesar de tener abierto el camino al norte, se
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vió obligado a regresar a Castrovillari para arreg}ar los ~sun~os
...
Al "- de la Calabria inferior, en donde una tropa espanal a habla SIdo
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Cose.,,1..a. :r~ sorprendida y destrozada por franceses. .
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Arregló 10 mejor que pudo los asuntos de Calabna, y el 7 ~~
recursos y contra los soldados más bravos y mejor disciplinados Gonzalo, que se había decidido a acometer a Atella en el acto,
d~ Europa. En su presencia todos los generales parecían ser infe- quiso hacerla delante de aquellos capitanes que de diversas nacio-
riores y por su prudencia, su valor y su osadía parecía destinado nes estaban allí para mostrarles el ánimo y esfuerzo de los espa-
a mandar dondequiera que se hallare. ñoles, no bien conocido en aquella provincia; aunque sabido como
Entonces fué cuando, con general asentimiento de todos, fué algo lejano, que quería que ahora lo contemplasen de cerca.
saludado Gonzalo de Córdoba con el título de Gran Capitán, con El duque de Montpensier, que había comprendido la impor-
tancia de estos molinos, tenía colocados fuertes destacamentos para
su defensa, entre. ellos los suizos. Nunca se habían batido los
LaiYlo españoles con una gran masa de esta formidable infantería, pero
algunos encuentros sostenidos en pequeños destacamentos y el es-
tar ya familiarizados con su táctica, había hecho desaparecer los
temores que infundía en un principio.
Destinando parte de la caballería a cualquier intento de salida
de la plaza, el resto dispuso ayudase a la infantería en el ataque.
Gonzalo llevó confiadamente sus hombres al combate. Los arque-
ros gascones, embargados por el pánico, apenas esperaron la apro-
ximación de los españoles, huyendo vergonzosamente y dejando
solos en la batalla a los suizos, los cuales, muy gastados por los
sufrimientos del sitio y desanimados por largos reveses y la pre-
sencia de su nuevo y victorioso enemigo, no se portaron con la
reconocida intrepidez, sino que, después de una ligera resistencia,
abandonaron la posición, retirándose a la ciudad.
Conseguido que hubo Gonzalo su objeto, no se cuidó de per-
seguir a los fugitivos, sino que inmediatamente se puso a derribar
el que es más conocido aún que por su propio nombre y que ya le los molinos, quedando a las pocas horas sus escombros extendidos
habían dado los moros granadinos, pero a partir de su victoria sobre por el suelo.
Montpensier es cuando el título adquirió celebridad. Tres días después apoyó a las tropas napolitanas en un asalto
El Rey, que lo recibió con grandes muestras de alegría y gra- a Ripa Cándida, ganando este importante puesto, por medio del
titud, quiso colmarle de dones y de Estados; pero, conformándose cual mantenía Atella comunicación con el interior.
con la gloria adquirida, se negó a admitirlos sin estar autorizado Cortados todos los recursos, y sin esperanza de auxilio de su
por los reyes de España. país, los franceses sufrieron las mayores privaciones y, cuando ya
Mucho llamó la atención, en el campo de Fernando II, el Cuer- estaban reducidos a comer los más inmundos alimentos, abrieron
po de Gonzalo por su disciplina y buen aspecto, siendo de advertir negociaciones para capitular.
que la infantería había sufrido una transformación, pues a la es- Se estipuló que si el duque de Montpensier no recibía socorros
pada y el. escudo, que sólo tenían a su llegada a Italia, ahora aña- en treinta días, evacuaría no sólo Atella, sino todas las posiciones
dían la pica y arcabuces, en proporción estos últimos de uno a que ocupaban en N ápoles sus tropas, las cuales, con toda su arti-
cinco. llería se rendirían al rey Fernando II, que se comprometía a fa-
Gonzalo encontró bien mantenido el bloqueo de Atella, pues cilita; barcos para el transporte de estas tropas a Francia; que a
apenas podían entrar escasos víveres en la plaza; sin embargo, des- los mercenarios extranjeros se les permitiría volver a sus casas;
cubrió al instante que era preciso destruir los molinos que existían y, por último, que se concedería una amnistía general para que los
en un riachuelo que desemboca en el Ofanto y que surtían de ha- napolitanos pudieran volver también a las suyas.
rina a la ciudad, y a ello se comprometió con su cuerpo. De esta capitulación, firmada el 21 de julio de 1496, dijo Co-
184 LAG UE R R A EN LA H I S 7' O R I A CAMPAflAS DE ITALIA 185
mines, cuando la recibió en la corte de Francia, "que era un tra- Le sucedió en el trono su tío Federico o Fadrique, príncipe de
tado muy vergonzoso, sin igual en la Historia, salvo los hechos gran disposición y muy amado por sus actos de clemencia y mag-
por los cónsules romanos en las "Horcas caudinas" y demasiado nánimos sentimientos de justicia.
deshonroso para ser sancionado por sus conciudadanos". El repro- El primer acto del rey Federico fué conceder una general am-
che, ciertamente, no era merecido, viniendo de una corte que de- nistía a los napolitanos rebeldes, que, en su mayoría, se acogieron
rrochaba en placeres los recursos indispensables a los bravos y lea- a ella. Su última medida fué rogar a Gonzalo de Córdoba contu-
les súbditos, que se esforzaban en mantener el honor en tierra viera los movimientos que el enemigo, durante su ausencia, había
extraña. verificado por Calabria, en donde Aubigny, durante la ausencia,
El duque de Montpensíer era impotente para exigir de sus tro- se había vuelto a apoderar de casi toda ella. Su presencia restable-
pas la ejecución y cumplimiento de su propio tratado, pues muchos ció las cosas, hasta el extremo de que el francés se le quejaba de
franceses rehusaron entregar las plazas, alegando que su autori- que contravenía la tregua firmada en Atella. Gonzalo le contestó
dad no dependía del virrey, sino del rey mismo. Mientras se dis- que él había sido primero al conquistar plazas que en aquel tiempo
cutían estos puntos, las tropas del duque de Montpensier se movie- no estaban en su poder, así que las armas, no el Tratado, decidi-
ron de Baia a Pozuelo y plazas adyacentes de la costa. Lo insa- rían la suerte de Calabria.
lubre del sitio, la estación, que entonces corría en el verano, y el Al nombre del Gran Capitán, la multitud de italianos que ser-
abuso que las tropas hicieron de las frutas y de los vinos, trajo vían a las órdenes de Aubigny, faltos de pagas y bajo una bandera
pronto una epidemia entre los soldados, que murieron en gran nú- que de seguro no les conducía a la victoria, se vinieron a Gonzalo,
mero. El mismo duque de Montpensier fué una de las primeras quedando Aubigny solo en Gallípoli y reducido a la necesidad de
víctimas. Rehusó las ardientes súplicas de su cuñado el marqués arreglar, como mejor pudo, los términos de su capitulación para
de Mantua para separarse de sus compañeros de infortunio y re- evacuar la provincia del todo. La sumisión de Calabria trajo con-
tirarse a una plaza del interior. La playa quedó materialmente cu- sigo la de las pocas ciudades que aún conservaban guarniciones
bierta de cadáveres y de moribundos, hasta el extremo de que, de francesas, quedando sólo las plazas de Gaeta y Tarento en poder
5.000 hombres que salieron de AteIla, sólo regresaron a Francia de los franceses.
unos 500. Parecía terminada ya la misión del Gran Capitán en Italia,
Un poco más afortunados fueron los mercenarios extranjeros pero antes de dejar aquel campo de sus victorias, se vió envuelto
y los suizos, 'los cuales se retiraron como pudieron a través de Ita- en una aventura que puede considerarse como un brillante episo-
lia, en el más deplorable abandono y llenos de sufrimientos, con- dio de sus campañas regulares.
templados por todo el mundo, que veía el triste ejemplo que pre- El puerto de Roma, Ostia, era una de las plazas que había ocu-
sentaban los caprichos de la fortuna. Tal era el miserable estado pado Carlos VIII en su retirada, y en ella todavía existía la guar-
de este brillante y formidable cuerpo que no hacía dos años se nición francesa, mandada por el aventurero corsario vizcaíno Me-
había derramado por los hermosos campos de Italia con la inso- naldo Guerri. Situada dicha plaza en la desembocadura del Tíber,
lencia de futuros conquistadores. a la que dominaba fácilmente, permitía a la guarnición francesa
El joven y animoso Fernando II de Nápoles no gozó mucho destruir el comercio de Roma interceptando y apresando los víve-
tiempo de su triunfo, pues a poco murió de disentería, el 7 de oc- res que podía recibir por el Tíber. El aventurero y testarudo Gue-
tubre de 1496, a los 28 años de edad y segundo de su reinado. rri era un jefe de forajidos que permanecía sordo a cuantos par-
Poseía muy buenas cualidades, pues rápido y vigoroso en la ac- tidos le proponía el Papa para su acomodamiento, mofándose de
ción, estaba dotado de generoso espíritu. las excomuniones que le lanzaba. En situación angustiosa el papa
En su tiempo, y cuando sitiaba los castillos de N ápoles, se ma- Alejandro VI, e incapaz su débil gobierno de defenderse, volvió
nifestó con violencia la terrible enfermedad denominada "mal fran- los ojos a los Reyes Católicos implorando la ayuda de Gonzalo de
cés", por ser de esta nación los primeros que la conocieron y que Córdoba para desalojar aquella guarida de filibusteros.
fué inoculada en América a los conquistadores, atacando a los ór- Gonzalo, que acababa de rendir a Gaeta, sitiada por el rey Fe-
ganes de la generación con el nombre de sífilis o mal gálico. derico, a quien había ayudado en la empresa, acudió presuroso al
186 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAflAS DE ITALIA 187
llamamiento con su pequeño ejército compuesto de 300 caballos y Gonzalo se había negado a que en el ataque de Ostia tomaran
1.500 infantes. . "1· ". I~" t parte en su ejército un joven Borgia, pariente próximo del papa,
Guerri, confiado en sus defensas, rehusó rendirse y, entonces, y un Giovani Sforza, por lo que el Domingo de Ramos el papa
Gonzalo, estableciendo sus baterías, rompió el fuego contra la pla- ofreció las dos primeras palmas a éstos, y la tercera a Gonzalo, que
za, abriendo brecha al quinto día. Por este tiempo, el embajador quedó resentido, lo que motivó que a los pocos días, en una conver-
español Garcilaso de la Vega, no pudiendo permanecer inactivo sación reservada con Alejandro VI, como cometiese éste la impru-
tan cerca del campo donde se cosechaban laureles, acudió en ayuda dencia de acusar a los Reyes Católicos de tener desfavorable dispo-
de Gonzalo con un puñado de compatriotas residentes, como él, sición hacia él, añadiendo que no le extrañaba, "porque los conocía
en Roma. bien", Gonzalo que esto oyó, replicó con gran calor enumerando los
Llegado este cuerpo, escaló la muralla por el lado opuesto al muchos servicios que habían prestado a la Iglesia; y, acalorándose
que se encontraba Gonzalo, y como la guarnición estaba ocupada más, le advirtió Gonzalo, algo bruscamente, la conveniencia de carn-
en reparar las brechas, fué completamente sorprendida, teniendo viar de conversación, y sobre todo, de reformar su persona, su casa
que rendirse a Gonzalo, quien usando de una clemencia no muy co- y su corte, que eran el escándalo de toda la cristiandad. Sorprendido
mún por aquel tiempo, reservó sus prisioneros para que, a su en- el Pontífice, no supo qué contestar, quedando asombrado de encon-
trada en Roma, le sirvieran de trofeos. trar a Gonzalo tan corriente en el discurso como bien informado en
Conviene saber que, antes de que ocurrieran todos estos suce- asuntos ajenos a su profesión.
sos de Ostia, la "Liga Santa", es decir, aquella coalición formada A la salida de Gonzalo, se encontró con Menaldo Guerri que,
contra el rey de Francia, no era ya 10 que había sido, pues no se arroj ándose a sus pies, le dijo: "Sólo un consuelo llevo en mi con-
ocupaban los Estados de Italia de otra cosa que de defender cada traria fortuna: el de ser vencido por vos, que merece vencer a todo
uno su frontera, hasta el punto que el mismo Fernando el Cató- el mundo".
lico firmó una tregua con Carlos VIII en octubre de 1496, preli- Gonzalo regresó a Nápoles, donde el rey Federico o Fadrique le
minares de una paz que había de arreglarse a fines de 1497. De recibió con gran magnificencia, alojándolo en uno de sus palacios
todos los de la "Liga Santa" sólo el papa Alejandro VI se mantenía y dándole el título de duque de Santángelo y un pequeño Estado en
inflexible con el francés, y para darle en cara, concedió a Fernan- los Abruzos, con 3.000 vasallos, diciendo" que era preciso dar una
do e Isabel el título de Reyes Católicos con que se los conoce, no pequeña soberanía a quien era acreedor a una corona".
tardando éstós en pagarle tal honra con el servicio que le prestó el A poco salió Gonzalo de N ápoles y se encaminó a Sicilia, don-
Gran Capitán. de arregló algunas diferencias que existían entre el virrey y los
Éste hizo su entrada triunfal en la capital del mundo católico, habitantes, con motivo de las rentas de la isla.
con la pompa de los antiguos triunfos romanos, y aclamado con el Todavía 10 necesitó y le volvió a llamar el rey de N ápoles, para
título de Libertador de Roma. que le ayudara a la conquista de Diano, única plaza que ocupaban
Todo el mundo le esperaba en calles y balcones, aclamándolo los franceses en el Principado Citerior, a la que puso cerco Y apretó
como libertador. Marchaba al frente de sus soldados con las ban- con tal vigor Gonzalo, que no tuvo más remedio que rendirse.
deras desplegadas y al son de músicas guerreras; le seguian los pri- Con esta hazaña coronó Gonzalo de Córdoba la cadena de triun-
sioneros con cadenas y a pie, pero Menaldo Cuerri iba sobre un fos que señalaron su primera campaña de Italia, siendo, de este
caballo de mala traza. modo, el primero y el último que arrojó de aquel hermoso suelo
Llegado que hubo al Vaticano, donde le esperaba el Pontífice a los franceses.
rodeado de cardenales y de la nobleza, inc1inóse Gonzalo a besarle Mientras esto ocurría, la tregua entre Francia y España se pro-
los pies, pero el papa, levantándose, le besó en la frente y, después longaba; pero no había medios de un acomodo, porque Francia se-
de manifestarle su gratitud, le entregó la rosa de oro con que re- guía alegando derechos al trono de N ápoles, a lo que se oponía
compensaba cada año a su mejor servidor. Consiguió Gonzalo el Fernando el Católico, en el que se traslucía el deseo de reclamar
perdón de Guerri y los demás prisioneros, así como la exención de algún día sus derechos a tal corona. .
un tributo que pesaba sobre los habitantes de Ostia. En esto, ocurrió la muerte de Carlos VIII, el 7 de abril de 1498,
188 LA GUERRA EN LA. HISTORIA CAMPAnAS DE ITALIA 189
muerte notable, pues estando presenciando un juego de pelota y a para la victoria, se comprenderá que en esta campaña Gonzalo de
consecuencia de un golpe que se había dado en la frente, cayó de Córdoba no pudiera desarrollar todo su genio, como lo verificó en
pronto atacado de apoplejía y muriendo en un pajar próximo hu- las siguientes, en que se encontró a la altura de un gran capitán.
milde y miserable lugar donde le condujeron. Le sucedió el duque "Así concluyó dice un escritor - esta primera y afortunada
de Orleáns con el nombre de Luis XII, príncipe de carácter bon- campaña de Gonzalo de Córdoba. Con el tacto, habilidad y destreza
dadoso, que accedió a firmar la :paz con España el S de agosto que poseía, y el arte supremo para sorprender el lado débil del ene-
de 1498. , migo, había logrado en pocos meses arrojar de una gran extensión
De este modo terminó la lucha entre Francia y España, y con- del país a un príncipe valiente y poderoso: alto triunfo para las ar-
cluída ya la misión de Gonzalo de Córdoba en Italia, dejó guarni- mas españolas."
ción en seis plazas de Calabria que el rey de Nápoles cedía en hipo-
teca hasta que sufragase los gastos de la campaña, que se había
obligado a satisfacer a los Reyes Católicos, y, con el resto de su
ejército, embarcó para España, llegando en el mismo mes de agos-
to de 1498.
Su vuelta fué saludada con un entusiasmo general más agra-
dable que todos los honores prodigados por príncipes extranjeros.
La corte estaba triste y enlutada por muerte de la princesa es-
pañola Isabel, reina de Portugal, al dar a luz a su hijo el príncipe
don Miguel. >
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ceses, y se cuenta que habiéndose refugiado bastantes en una torre,
, separó para sí cuarenta de las más hermosas aquel César Borgia,
, ,, que hab'a sido cardenal y ahora seguía al ejército francés.
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Lo ocurrido en Capua aterró a las demás ciudades, así es que
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CJ~ todas se fueron entregando a los odiados vencedores.
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puestos los ojos en el Rey Católico y mucho más en Gonzalo de
.-.}' . Tr6 l'Jf ..•••.... Córdoba, creyendo que éstos saldrían, como antes, a la defensa del
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desgraciado don Fadrique o Federico III, pero mucho fué el asom-
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BA~ILtCATA~ {"'1 "\. que don Fadrique había puesto en peligro a la Cristiandad llamando
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'f,. a los turcos en su auxilio. Excusado es decir el disgusto de Gonzalo
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" r- al tener que tratar así a un monarca tan bondadoso.
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~ Recibida por Gonzalo la orden de empezar la campaña, se veía
\ en un compromiso, pues como súbdito tenía que obedecer al rey
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, apoderándose de los Estados de aquel don Fadrique que tanto le
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había distinguido. N o pudiendo conservar los títulos que le había
conferido, se los devolvió; pero el rey de N ápoles, excediéndole en
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..; generosidad, se dijo que no sólo no se los aceptaba, sino que se los
acrecentaría si pudiese, pues sabía apreciar las virtudes hasta en
C- v ,
L
sus enemigos. Notable rasgo en un príncipe maltratado y caído.
-
I
Gonzalo pasó el Faro en Sicilia y, con su pequeño cuerpo, des-
V <, embarcó en Tropea el 5 de julio de 1501; envió a García de Pare-
I
~ des a conquistar Cosenza, y a Pedro de Paz que cruzase la Capita-
nata y pusiera sitio a Manfredonia, asomándose al Adriático. El
grueso, bajo su mando directo, avanzó a Tarento a ponerle cerco,
NápoJes, y el Rey Católico se quedaría con la parte S. o sea con mientras la escuadra de Lezcano lo hacía por mar. .
Apulla y ~alabria, bajo el título de duque, queda~do' muy ~aga- La operación se limitaba a ocupar las tierras que en el reparto
mente designadas todas las provincias del centro cuales eran la correspondían a España; pero como en Apulla y Calabria tenían
Capitanata, el Principado y la Basilicata, que fueron después ori- sus tierras muchos señores anjevinos partidarios de Luis XII, y la
gen de una nueva guerra. Capitanata y Basilicata no aparecían adjudicadas a nadie, de aquí el
. En virtud del convenio, Luis XII puso en movimiento un ejér- origen de una serie de complicaciones políticas que daban ancho
CIto compuesto de 10.000 infantes y 1.000 caballos en dirección campo a las disputas.
a Nápoles, al mando del célebre Aubigny, avanzando por el mar Sólo quedaba la plaza de Tarento, fuerte por su posición y por
una escuadra a las órdenes de Ravestein,
198 LA GUERRA EN I,A HISTORIA CAMPANAS DE ITALIA 199
sus defensas. Allí estaba Fernando, el hijo del rey de Nápoles, du- esfuerzo uniforme, y así las transportaron hasta la bahía. El hecho
que de Calabria y joven sólo de catorce años, que no se sabía la por sí solo, parecido al que luego veremos de Núñez de Balboa
actitud que tomaría, pero quien defendía la plaza era el conde de transportando las naves desde el Atlántico al Pacífico en la con-
Potenza. quista de América, es de una grandeza homérica y no extrañó que,
Conviene saber que el rey de N ápoles se había entregado a la impresionando la imaginación de los sitiados el ver a la escuadra
generosidad del rey Luis XII, el cual 10 mandó a Francia prisio- española atacando los muelles del N., que eran los más débiles, con-
nero, pero señalándole muchas rentas, que siempre le pagó religio- tribuyese a que decayera el ánimo de las tarentinos y el conde de
samente, hasta que murió en este dorado cautiverio en 1504. Potenza pensara en la rendición, consiguiendo por el pronto una
suspensión de hostilidades por dos meses, comprometiéndose, si no
recibía refuerzos en este tiempo, a rendir la plaza, pero con la con-
dición de que había de permitir al duque de Calabria ir donde qui-
.., siere. Gonzalo aceptó las condiciones y con solemne juramento se
comprometió a cumplirlo .
,
¡} En estas condiciones, sin querer retirarse a Sicilia ni menos
encerrarse en Tarento, dada su inferioridad, para no perder presti-
gio, iba a recibir la acometida de los franceses, que relataremos en
el capítulo siguiente.
Por este tiempo, los franceses, alegando que sus provincias no
valían lo que las del Rey Católico, trataban de apoderarse de la
Capitanata. N o queriendo ceder ni retirarse a Sicilia, el Gran Ca-
pitán había elegido las costas orientales de N ápoles para esperar los
Llegado Gonzalo frente a Tarento, que le cerró sus puertas, refuerzos que tanto necesitaba y que nunca llegaban. La situación
comprendió 10 fuerte de la posición y 10 conveniente de recurrir al no podía ser más crítica. Sin recursos metálicos y abrumado de
bloqueo en vez del asalto. Toda Italia estaba en ansiosa expecta- deudas, con unos 5.000 infantes y 1.000 caballos de los que 600
ción, esperando el resultado de esta empresa. eran ligeros y el resto hombres de armas, se iba a ver ante un ejér-
La plaza' se juzgaba inex.pugnable por su situación especial, ro- cito, como el francés, .poderoso, que acababa de ser reforzado. No
deada de agua casi por todas partes; pero precisamente esta defensa es, pues, extraño que aumentara el descontento. El ejército español
natural es la que, a 10 último le perjudicó. En efecto, desde el sur empezó a sufrir todo género de privaciones. Se inició la murmura-
abrazaba el mar a la ciudad por el E. y el O., con dos canales es- ción en las filas y, poco a poco, entraron en ellas los gérmenes de la
trechos que se ensanchaban por el N. formando una gran bahía con insurrección.
fondo suficiente para naves de alto bordo. N o siendo probable el Bueno es consignar que la generosidad y esplendidez de Gon-
ataque por este lado, las defensas de la ciudad se habían descuida- zalo le perjudicó en esta ocasión, pues contribuyó, en parte, a la
do, confiando en la que le proporcionaba tan inmenso foso; pero no insurrección. Sucedió que la escuadra francesa de Ravestein, a con-
contaban con que si difícil era el que penetrase algún barco por secuencia de una tempestad violenta, perdió varios barcos, siendo
cualquiera de los canales, no era imposible, aunque sí sorprendente, la más maltratada la capitana, que arribó a las costas de Calabria.
el que las naves se llevasen por tierra y se lanzasen después a aquella Gonzalo, en cuanto supo que venian desastrados y hambrientos los
bahía, y ésta es la operación que se le ocurrió a Gonzalo de Cór- caballeros franceses, ordenó que se les socorriera con refrescos,
doba para distraer a sus tropas en tan largo y difícil sitio. Al ejér- vestidos y utensilios, pero en tal cantidad y abundancia que más
cito le pareció una operación tan sorprendente como original, y la parecía un suntuoso regalo de un rey. Saberlo esto los soldados, que
realizó con tal entusiasmo, que se asegura que las tropas, después estaban en la mayor miseria, y empezar la murmuración, todo fué
de sacar del mar las galeras, las impulsaban en tierra sobre rodillos uno; decían, y con razón al parecer: "Más le valiera pagamos que
al compás de cantos de guerra, músicas y canciones para hacer el ser tan generoso a costa nuestra."
200 LA GUERRA EN I~A HISTORIA
renta, con Ruvo y Castellaneta, en su poder. Tenía, pues, cubierto Pero Fernando el Católico había previsto la ligereza de Felipe
y bien asegurado el flanco izquierdo; pero el centro, Canosa, ~ la el Hermoso, y aunque no se imaginaba 10 que éste había hecho, pre-
derecha, Ceriñola, en manos del francés. A la espalda, el mar libre vino con tiempo al Gran Capitán que no obedeciera ninguna orden
para las naves españolas. del archiduque Felipe el Hermoso, mientras no llevase la aprobación
Corría el mes de abril de 1503 cuando Gonzalo recibió 2.000 sol- o consentimiento suyo.
dados de refuerzo, que eran alemanes mercenarios. Entonces fué Dejamos a Gonzalo cuando había realizado la primera parte,
cuando resolvió salir de Barletta, "lugar para siempre memorable o sea la preparatoria de su pensamiento, es decir, cuando había ase-
en la Historia - dice Preseott - como teatro de los extraordinarios gurado su flanco izquierdo. Ahora la opinión unánime de sus capi-
padecimientos e invencible resistencia de los soldados españoles". tanes era presentar batalla a N emours en Canosa, pero desistió de
En efecto, difícilmente habían podido sufrir la estancia de siete ello y resolvió ir a Ceriñola, seguro de que le abrirían sus puertas,
meses en un pueblo en donde a cada momento estaban apurados por y pelear sólo en el caso de que le acometieran los franceses.
falta de víveres, por 10 que murmuraban y se quejaban los solda- Partió, pues, Gonzalo de Barletta, anunciando la salida a N e-
dos; 'pero al oír la confianza con que Gonzalo les aseguraba que mours, sin hacer caso de la orden del archiduque, el 28 de abril
pronto se verían en la abundancia y en la victoria, se aquietab.an de 1503, aumentando su ejército con la guarnición de Tarento, al
y tranquilizaban. Afortunadamente, en aquellos días llegaron vana; mando de Pedro Navarro.
naves con trigo y con pertrechos de guerra, que Gonzalo compro El camino que siguió, unos dicen que atravesaba el célebre cam-
y repartió con tal profusión que los soldados, que antes iban andra- po de batalla de Cannas, en donde Aníbal venció a los romanos, y
josos y desnudos, aparecían elegantes y hasta con lujo. en donde acampó Gonzalo aquella noche, pero otros aseguran, y pa-
Veamos, en tanto, qué ocurría en la política y cómo marchaban rece ser 10 verosímil, que siguió .pegado a la costa con su flanco
las negociaciones diplomáticas. derecho cubierto por el mar, mas con el izquierdo al aire en inmi-
Los Reyes Católicos habían casado a su hija Juana la Loca con nente peligro, porque si era atacado 10 tenía todo perdido. Pero
Felipe el Hermoso (hijo del emperador de Alemania), el cual, ape- Gonzalo sabía que N emours no ignoraba su salida y tendría más
nas llegó a España y fué reconocido como heredero, así como .su interés que en batirle durante la noche, en llegar a Ceriñola antes
esposa, se empeñó en marchar a Flandes, a despecho de su mujer que él. Y, en efecto, así opinó N emours, contra el parecer de sus
y de los Reyes Católicos, pasando por Francia y queriendo se le capitanes, que le instaban a pelear.
diera el encargo de negociar con su amigo Luis XII los asuntos re- Era una marcha a la carrera, a ver quién llegaba antes a Ce-
lativos a Nápoles. No tuvo más remedio que aceptar Fernando el riñola.
Católico, aun a pesar suyo, y le encomendó tan delicada misión, Al día siguiente se continuó la marcha, que fué penosísima por
aunque haciéndole prometer que no traspasaría los límites que de el calor sofocante que hubieron de experimentar y ocasionó cua-
antemano le señalaba; en esta inteligencia salió Felipe el Hermoso renta y ocho muertes de sed. Se cuenta que, cuando la angustia era
de Madrid en diciembre de 1502, y de tal modo se arregló con mayor, se presentó un modesto paisano, inseparable del Gran Ca-
Luis XII que, antes de que Fernando el Católico supiera ni siquiera pitán, que le dijo traía cuatro carretas de buen vino v bizcochos,
las condiciones del tratado, firmó uno en Lyón el 5 de abril de 1503, que salvaron la situación, por 10 que mereció le dijera: "Medina,
por el cual se pactaba que el hijo de Felipe el Hermoso, el que c~n vos sois el vencedor de esta batalla." Vacías las botas del vino, se
el tiempo había de ser Carlos V, entonces de tres años. se c.asar!a cargaron con agua de un arroyo próximo y se continuó la marcha,
con la princesa Claudia, hija de Luis XII, destinándose el remo .de ordenando que cada jinete montase un infante a la grupa, llegando
Nápoles a este matrimonio y gobernando, hasta que esto se venfi- de este modo antes del mediodía ante Ceriñola, pequeño pueblo si-
case, el rey de Francia la parte francesa, y Felipe el Hermoso la tuado sobre una eminencia, que proporcionaba a Gonzalo una posi-
parte española. El francés se dió prisa en publicar el tratado, man- ción favorable para esperar al enemigo que ya venía en su segui-
dando suspender las operaciones, y Felipe el Hermoso, co~ l,a auto- miento. Ceriñola le abrió sus puertas, y Gonzalo, aprovechando la
ridad que le daba el tratado, ordenó 10 mismo al Gran Capitán, pre- situación del Cerro Mediano, que defendía a la plaza par el S., hizo
cisamente cuando éste salía de Barletta. entrar en el juego de la guerra un nuevo elemento: la posición o el
CAMPANAS DE ITALIA 209
208 LA GUERRA EN LA HISTORIA
aprovecharse el entusiasmo de la tropa, y tanto se acaloró Jva de
terreno, al que hasta entonces no se había dado la importancia ca- Alegre (hermano de Precy) en la discusión, que llegó a injuriar
pital que tenía. a Nemours dudando de su valor, injuria que hubiera vengado en el
Los declives de la altura en que se asienta Ceriñola, estaban acto el virrey de no haberle cogido los brazos Luis de Ars. Tuvo la
cubiertos de muchos viñedos divididos con cercas y vallados, y un debilidad de someterse a la opinión de ellos y cedió, al fin, pero ex-
barranco profundo ceñía toda la falda del monte, que se encontraba clamando: "Veremos si los más arrogantes hacen después más uso
defendido por un foso natural. Gonzalo, que quería inutilizar la de las espuelas que de las espadas", predicción justificada por los
caballería francesa, la mejor de Europa, a pesar del cansancio de acontecimientos.
Mientras duraban estas disputas en el campo francés, Gonzalo
de Córdoba había distribuído su ejército, que llegaba a unos 7.000
hombres, en la siguiente forma: colocó en el centro los 2.000 ale-
manes y repartió a derecha e izquierda de éstos la infantería espa-
ñola; la derecha de la línea, apoyada en el pueblo de Ceriñola, y la
izquierda, apoyada y sostenida por la batería, que estaba a las órde-
nes de Pedro Navarro. La caballería pesada, por partes iguales, la
colocó a derecha e izquierda de la línea, detrás también del foso;
pero la caballería ligera la mandó para escaramucear con el ene-
migo. La pausa de los franceses, consultando lo que se debía hacer,
dió tiempo a tomar estas disposiciones.
Nemours colocó sus fuerzas de distinto modo; la caballería pe-
sada, aquella de quien dijo Gonzalo "ser el mejor cuerpo que se
(ka\tdie~ había visto en Italia en muchos años", formaba la derecha enemiga
al mando de Luis de Ars, el centro 10 formaba la infantería, entre
la que estaban los suizos mandados por Chandieu, y la izquierda
con la caballería ligera, mandada por 1va de Alegre. Estos tres cuer-
sus soldados, ordenó que inmediatamente se pusieran a ahondar y pos no estaban en una línea, sino que formaban escalones, siendo el
prolongar los brazos de este foso hasta rodear todo el frente de la de la derecha el más avanzado. El total de fuerzas enemigas venía
eminencia, protegiendo la ¡posición del ej ército. En el fondo del foso a ser igual a las españolas; esto es, unos 7.000 hombres.
mandó clavar estacas puntiagudas, y recomendó dejasen muy mo- Haría una hora que se había puesto el sol, cuando el joven N e-
vediza la tierra de los bordes, a fin de que se hundiese bajo los pies mours dió la orden de ataque y, poniéndose a la cabeza del escalón
del enemigo. Algo descubierto quedaba el flanco izquierdo, por lo de la derecha, avanzó con la caballería pesada de Luis de Ars, sien-
que Gonzalo mandó levantar allí un parapeto, estableciendo una ba- do recibido ¡por el fuego terrible de la batería. En esto, un reguero
tería de trece piezas. de pólvora entre la carreta que la llevaba y un cañón hizo, al apli-
Con tal actividad se habían verificado estos trabajos, que a la car la mecha, volar can tremenda explosión el almacén de pólvora
puesta del sol ya estaban terminados, precisamente cuando a 10 lej os de Gonzalo, iluminando todo el campo, que estaba a media luz por
se divisaba entre nubes de polvo a los franceses, que se acercaban ser la hora del crepúsculo; los españoles se llenaron de consterna-
en momentos en que, por haber encontrado agua en el campo, las ción, pero en seguida se reanimaron al oír a Gonzalo decir: "Áni-
tropas estaban en gran confusión por el ansia de apaciguar la sed, mo, muchachos, que son las Iuminarias de la victoria." Otros le
siendo incapaces los oficiales de ordenarlos. atribuyen la siguiente frase: "iValor, españoles! La victoria es
Apenas los franceses llegaron a la vista del campamento espa- nuestra: Dios 10 dice, advirtiéndoos que ya no tenemos necesidad
ñol, hicieron alto, y el joven Nemours reunió consejo para ver si de cañones."
convenía atacar o diferirlo hasta el día siguiente, como creía él me- La caballería enemiga, que no se figuraba encontrar ningún obs-
jor. Sin embargo, no opinaban así sus oficiales, que decían debiera 14. - LA GUERRA EN LA HISTORIA. - PRIMERA SERIE. ~ TOMO VII
210 LA GUERRA EN I.A HISTORIA CAMPAflAS DE ITALlA 211
táculo, fué detenida por el foso, en el que cayeron algunos jinetes; de Alegre, quien, encontrando cerradas las puertas de las ciudades
entonces Nernours trató de buscar un ,paso verificando una marcha que se le presentaban, se encaminó a Gaeta con la esperanza de re-
de flanco .por delante de la línea enemiga, que diezmó a sus jinetes, coger las reliquias de Cerifiola en aquella fuerte posición, donde po-
cayendo también el mismo Nemours, sin vida, en esta marcha. En día esperar refuerzos de su pais para reanudar las operaciones.
tanto, la infantería, al mando del coronel Chandieu, trataba de for- Al día siguiente de la batalla de Cerifiola, recibió Gonzalo la no-
zar el centro formado por los alemanes, encontrando gran dificultad, ticia de un nuevo triunfo en Calabria. En efecto, las tropas que allí
pues resbalaban o se enterraban en la tierra movediza del foso. Tam- había, combinadas con nuevos refuerzos mandados por Andrade,
bién murió Chandieu. habían encontrado a Aubigny en Seminara, cerca del anterior cam-
En este momento fué ya todo confusión entre los franceses. Con po de batalla, y le derrotaron tan completamente el 21 de abril
una rápida mirada comprendió Gonzalo que había llegado el caso de 1503, que con gran dificultad pudo escapar el veterano guerrero.
de atacar, por 10 que, franqueando la línea del foso, empezaron las Con tan buenas noticias, emprendió Gonzalo su marcha a N á-
tropas españolas un ataque general, cayendo como un alud sobre el poles, encontrándose el estandarte de Aragón enarbolado en cuan-
enemigo, que, presa de un gran pánico, apenas hizo resistencia. Era tas ciudades hallaba al paso. Llegado a Benevento, se detuvo, invi-
muy entrada la noche y todavía seguían los españoles acuchillando tando a la ciudad de N ápoles a admitir la alianza del Rey Católico,
sin piedad. Próspero Colonna, segundo de Gonzalo, entró en el cam- 10 que hizo con gran entusiasmo.
pamento enemigo, alojándose en el pabellón de Nemours y cenando La entrada triunfal en Nápoles la verificó Gonzalo el 14 de mayo
los manjares que éste tenía preparados en una mesa. Por cierto que, de 1503, con un aparato real cual si se tratara del propio monarca,
viendo que no volvía, su ausencia causó la mayor angustia, pues le en medio del mayor entusiasmo; sin embargo, los dos castillos de
lloraron por muerto. N ápoles estaban aún en poder de los franceses, que todavía no mos-
El Gran Capitán pasó la noche en el campo de batalla, que, a la traban deseos de rendirse. Determinó dejar un pequeño cuerpo para
mañana siguiente, presentaba un cuadro de desolación y de muerte. rendirlos y marchar con el grueso a Gaeta; pero la infantería espa-
Más de 3.000 franceses yacían en él; toda la artillería, o sea 13 pie- ñola rehusó marchar hasta que llegasen las armaduras que, por ne-
zas, bagajes y banderas habían quedado en manos de los españoles. gligencia del Gobierno, no habían llegado; y temiendo Gonzalo que
Jamás se vió triunfo más completo en menos tiempo alcanzado y con esto pudiera ocasionarle un motín, dejó a la infantería en Nápoles
menos pérdidas, pues las de los españoles apenas llegaron a ciento. y mandó la caballería y los mercenarios alemanes contra Gaeta.
El cadáver del joven y bizarro Nemours, tan galán en su persona, En poco más de ocho años habían tenido los napolitanos siete
fué recogido y conducido a Barletta, donde Gonzalo, que le había reyes: Fernando I, Alfonso II, Fernando II, Carlos VIII, Federi-
tratado como amigo y aliado, ordenó se le hicieran suntuosas exe- co III, Luis XII de Francia y Fernando el Católico.
quias. Había sido conocida su muerte, por llevar un paje, durante Pedro Navarro quedó encargado de rendir los fuertes de Nápo-
la comida servida a Gonzalo y los capitanes, una cota de malla con les, y, en efecto, el 21 de mayo de 1503 reventó una mina practicada
las armas del virrey, y al preguntársele cómo la había adquirido, en el castillo nuevo, entrando los españoles, a los que les concedió
contestó que de un caballero herido a quien acabó de matar, por Gonzalo el botín que pudieran coger. Algunos hubo que se quejaron
10 que, designado el sitio, se encontró su cuerpo desnudo, el cual a él de 10 poco que les había tocado, y, habiéndoles dicho, con harta
fué identificado por un lunar que tenía en la espalda. ligereza, que fueran a su alojamiento a desquitarse, así 10 hicieron,
El Gran Capitán no perdió tiempo en perseguir al enemigo, pues tomándolo por 10 serio y entrando a saco en el palacio del príncipe
sabía que era tan dificil completar una victoria como ganarla. de Salema, donde se alojaba Gonzalo con la mayor magnificencia.
Los franceses habían entrado en la batalla con mucha precipita- El otro castillo, del Huevo, cayó igualmente, minado también
ción, así es que no tenían ningún plan fijo, y, menos, señalado el por Pedro Navarro.
punto de reunión en caso de derrota, por 10 que, después de la ba- Rendido Aubigny con los restos que ¡pudo salvar en Serninara,
talla, se desparramaron en diferentes direcciones. Pedro de Paz fué no quedaban por ocupar, de todo el reino de Nápoles, más que la
encargado de perseguir a Luis de Ars, que se encerró en Venosa ciudad de Venosa, defendida por Luis de Ars, y Gaeta, donde se
y se defendió allí varios meses, y Paredes fué en seguimiento de Ivo mantenía I va de Alegre con los restos de Ceriñola,
212 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAflAS DE ITALIA 213
De pronto supo, por los espías, que el rey de Francia mandaba zaba en Ceriñola el eterno modelo de la táctica defensiva-ofensiva:
por mar un ejército de refresco que desembarcaría en Gaeta .para quebrantamiento previo del enemigo desde una posición fuerte por
'reforzar allí los restos del ejército de Nernours y, en consecuencia, la naturaleza y por la mano del hombre, inteligente distribución de
reuniendo Gonzalo todo su ejército, se encaminó a Gaeta con ánimo las armas, según sus características y las del terreno; feliz utiliza-
de apoderarse del último asilo de los franceses. ción de unos fuegos rudimentarios, rapidez y oportuno paso a la
Rápidas habían sido las operaciones en esta campaña, pues ha- contraofensiva. Austerlitz es, sin duda, una obra maestra, pero no
biendo salido Gonzalo de Barletta el 28 de abril de 1503, entraba le va en zaga Ceriño1a. La primera excede a la segunda en magnitud
el 14 de mayo de 1503 en Nápoles, y el 21 del mismo mes se apo- material, mas desde el punto de vista artístico no cuenta gran cosa
deraba de los castillos ; es decir, que en menos de un mes, los fran- la magnitud. Ceriñola es, además, el fracaso de la ofensiva a u1-
ceses, que campaban por sus respetos en todo el reino, habian tenido tranza puesta en obra por un ejército valeroso y numéricamente su-
que abandonarlo, refugiándose en Venosa y Gaeta. perior. "
N o es extraño, pues, que Luis XII se enterara casi al mismo ¿ Se puede decir algo mejor de esta batalla?
tiempo de la negativa de Gonzalo a cumplir el tratado, del desastre
de Ceriñola, y, por último, de la pérdida del reino de Nápoles,
Estos brillantes resultados eran debidos sólo al genio del Gran
Capitán, pues con un ejército reducido, falto de pagas y ma! equi-
pado, no era fácil conseguir lo que había obtenido.
Esta campaña puede presentarse ya como modelo de campaña
moderna: con una marcha forzada atrae al ej ército francés a Ceri-
ñola, a una posición ventajosa para los españoles, que si bien está
en unas alturas que inutilizan los esfuerzos de la brillante caballería
francesa, no le impiden maniobrar. Esta posición la fortalece aun
más, con líneas de trincheras y con el acertado emplazamiento de la
artíllería. En esta batalla de Ceriñola se ve ya decididamente la su-
premacía de la infantería sobre la caballería, considerada hasta en-
tonces como 'el nervio principal de los ej ércitos; y si se añade que
el genio del Gran Capitán logró, con escasas fuerzas y con una de-
fensiva activa, rapidez de movimientos estratégicos y concentracio-
nes en momentos dados, la superioridad en toda la campaña, se com-
prenderá el mérito de ella y lo digna de estudio que debe ser, espe-
cialmente para los españoles, a quienes corresponde la gloria de este
avance en el arte de la guerra, pues entre las viñas de Ceriñola aca-
baba de nacer la fuerza que durante dos siglos iba a dominar los
campos de Europa. iLa infantería española!
Un distinguido escritor militar español ha dicho: "Ceriñola ofre-
ce para nosotros un interés particular. Se cita con frecuencia la ba-
talla de Austerlitz como dechado de batalla defensiva; v, realmente,
en las tierras de Moravia" - como veremos a su debido tiempo,
añadimos nosotros, -- "N apoleón asume, frente a los austro-rusos,
una actitud expectante ; pero su famosísima victoria parece más bien
ejemplo de la ruptura central como sanción de un torpe movimiento
envolvente. Tres siglos antes de Bonaparte, el Gran Capitán reali-
CAMPANAS DE ITALIA 215
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'-' \.!) caballos, es decir, con 12.000 hombres, en cuanto vió que la escua-
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dra francesa de Saluzzo reforzaba a Gaeta con 4.000 hombres,
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.' comprendió 10 difícil de apoderarse de la plaza, y, al efecto, se re-
. ~ <f. tiró a Castellone o Castiglione, desde donde continuaba el bloqueo
de la ciudad.
En dicho punto se encontraba cuando tuvo noticias de que el
ejército francés había pasado el Tiber y venía contra él.
Ante el anuncio de la próxima llegada, el Gran Capitán decidió
levantar su campo y, recogiendo los efectivos de la orilla derecha
del Garellano, replegarse a la izquierda para utilizar como foso la
línea de este río, que tenía en su orilla izquierda una serie de exce-
lentes posiciones que Gonzalo pensaba ocupar.
La gran desproporción numérica le impedía mantenerse en un
país abierto, así que su único recurso era ocupar pasos o posiciones
fuertes en el camino para detenerlos, hasta tanto que recibiese re-
fuerzos que, colocándole en igualdad de condiciones, le permitiese
hacerle frente.
Ya dijimos, cuando la invasión de Carlos VIII, que en el ca-
mino de Nápoles había una posición de flanco muy importante: la
de San Germán, en la que intentó el rey de Nápoles defender el
Garellano y que, si no 10 hizo, fué porque se le dispersó el ejército.
Pues bien, en esta fuerte posición es donde se iba a apoyar Gon-
zalo, porque aunque el francés vie e libre el camino de N ápoles, no
218 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAnAS DE ITALIA 219
se atrevería a avanzar por él con la amenaza que suponía el dejar El camino que de Gaeta conduce a N ápoles va bordeando la
el enemigo a su izquierda. costa hasta cerca de la desembocadura del Garellano, que ¡pasa por
El río Garellano presentaba las líneas de defensa que tanto ne- un puente, entrando en seguida en el llano de Sessa, pasado el cual
cesitaba. Este río está formado de dos: el Liri, que pasa por Ar- continúa a N ápoles.
Éste es el camino principal, pero hay otro que, aunque más lar-
SecGl. go, evita el puente de Sessa ; este camino se desprende del principal
entre Gaeta y el puente de Sessa, y remontando al N. va a Ponte-
corvo, por donde ¡pasa el Garellano, y de allí se dirige a Nápoles
dando un largo rodeo, dominado como veremos por las fuertes po-
siciones de San Germán y castillos adyacentes de Roca Seca, Mon-
te Casino y Roca Evandria.
Había, pues, desde Ceprano hasta la desembocadura tres puen-
tes: Puente Ceprano, Ponte Corvo y Puente Trajeto, este último
casi en la desembocadura, entre Sessa y Gaeta.
El 6 de octubre de 1503 levantó su campo de Castellone, y man-
dando un corto destacamento al puente de Sessa para defenderlo,
caso de que por allí 10 intentaran, se dirigió con el grueso de su ejér-
cito a la villa fiel de San Germán el 7 de octubre de 1503, que tomó
como base ¡para sus operaciones, extendiendo sus tropas por la orilla
izquierda del río para defender la entrada de los tres puentes. De
ellos, el que más le urgía defender era Ponte Corvo, por ser el más
inmediato a San Germán, villa que estaba defendida por la plaza
fortificada de Roca Seca, a la que envió para su defensa un desta-
camento mandado por Pizarra.
Esta posición de Roca Seca y San Germán tenía un padrastro
en el convento y castillo de Monte Casino, situado entre las dos y
defendido por franceses y gentes del país, que habían mejorado las
fortificaciones.
En este Monte Casino es donde San Benito fundó en el siglo VI
de nuestra Era la benemérita Orden Benedictina, la montaña sa-
grada desde la cual los hijos del patriarca extendieron "sobre Euro-
pa ríos de religión, de civilización y de cultura".
pino, patria de Mario, y el Saco, en cuya cuenca se encuentran Destruída por lombardos en el siglo VI y por los sarracenos
Anagni y Frosinone. en el IX, empezó en el siglo XI la gran época de Monte Casino con
Cuando estos ríos, que corren de N.O. a S.E., se reúnen, for- la figura más grande de la casa después del fundador: el abad De-
man el Garellano, que es vadeable hasta Ceprano, pasa por Ponte- siderio, elegido papa con el nombre de Víctor III. La abadía, por
corvo y sigue en la misma dirección hasta que, torciendo a la dere- su extensión y riquezas, llegó entonces a ser un pequeño Estado.
cha, forma un arco de círculo y desagua en el mar. Así lo enten- Ocupado el monte por los franceses ahora, Gonzalo de Córdoba
deremos; sin embargo, se asegura que el Liri sigue hasta la curva no tenía más remedio que atacarlo y expugnarlo, pero convertido
de San Germán. Entre el Tíber y el Garellano, la costa era uno de en decidido protector de la Abadía; cuando más tarde ocupó el go-
los paises peores de Europa por 10 malsano, pues estaban allí las bierno de N ápoles, rivalizó en embellecer el monasterio, que volvió
lagunas Pontinas, que producían fiebres. a disfrutar momentos brillantísimos de su historia.
220 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPANAS DE ITALIA 221
A toda costa había que apoderarse del Monte Casino antes de de Roca Evandria, echasen un puente sobre el río Carellano ; pero
que los franceses pasaran el Oarellanc, y la empresa la realizó ad- el Gran Capitán mandó a García de Paredes, que tomó en un solo
mirablemente Pedro Navarro subiendo la artillería a unas alturas día a Roca Evandria, por 10 que, no pudiendo echarse el puente, le-
que dominaban la posición. vantó Mantua el cerco de Roca Gugliema.
Desde el momento en que Monte Casino fué ocupado, pudo el Entonces se determinó atravesar el río por el puente de Sessa :
Gran Capitán considerarse dueño de la orilla izquierda del río. y, al efecto, marchó rápidamente entre el monte Fondi y la derecha
Cuando el ejército francés llegó a Gaeta, vió aumentada su fuer- del río. Mandaba la guarnición de la torre de Garellano el soldado
za de 30.000 hombres en más de 36.000. Sabiendo el marqués de más valiente de las tropas españolas, el pequeño Pedro de Paz, tan
Mantua que Gonzalo estaba en San Germán, no juzgó prudente chiquito y tan j iboso que cuando estaba a caballo no se veía más
avanzar por el puente de Sessa dejando en el flanco un enemigo tan que la cabeza por encima del equipo, .pero ten'a un corazón de gi-
temible, así es que se encaminó contra él, en la esperanza de batirlo gante. Resistió cuanto pudo, y gracias que llegaron a tiempo las
con sus superiores fuerzas, ¡pero en esto se equivocó. En efecto, lle- fuerzas españolas que bajaban al llano y acudieron en su auxilio,
gado al Garellano, 10 cruzó por Puente Ceprano, cuyas posiciones impidiendo a los franceses el paso por el puente de piedra, pues
no había dado tiempo a los españoles a tomar, y atacó con 36.000 Pedro Navarro 'pegó fuego a un trozo del puente, que era de ma-
hombres a Roca Seca. El 15 de octubre de 1503 Mantua envió un dera, antes de que el grueso del ejército enemigo llegase.
trompetero para intimar la rendición, pero como pusiera algo de su Viendo Gonzalo que el enemigo se había trasladado a las bocas
cosecha, que escoció a los españoles, 10 colgaron de un árbol con del Garellano, allí fué también con el ejército, dispuesto a impedir
la trompeta atada al cuello. Una tempestad hizo que los enlaces el paso, si lo intentaban, a toda costa, dej ando guarniciones en las
que mandaban de Roca Seca no llegasen al Gran Capitán, que igno- fortalezas que abandonaba, o sea Roca Seca y San Germán por
raba 10 que pasaba allí y que los franceses 10 hubieran atacado con arriba, y Sessa y Cintura por abajo.
violencia; pero a poco recibió un aviso de Pizarra en que le decía: Ahora la base de operaciones era Roca Evandria, fortaleza que,
"De los 2.000 soldados que me disteis me sobran quinientos", pues, si no defendía ningún puente, dominaba un vado del río por el que
en efecto, convencidos los franceses de su desastrosa situación, die- era fácil el paso y en donde el ejército francés había intentado cons-
ron media vuelta y repasaron el Oarellano por Ponte Corvo. truir un puente de barcas que desbarataron los españoles, estable-
Se asegura que Gonzalo envió un emisario a Aquino para en- ciendo aquél el campo en su inmediación, como dando a entender
trevistarse con el de Mantua y decirle que, dispuesto a dar la bata- que no desistía de su empeño.
lla, le invitaba a que eligiese el terreno que le conviniese, que él le Gonzalo, desde Roca Evandria, estaba equidistante de Roca
iría a buscar, y se señaló sitio y dia en la orilla izquierda, junto Seca y de Trajeto, para poder acudir a donde fuera necesario.
a Ponte Corvo, el día 21 de octubre de 1503; pero cuando acudió El terreno donde ahora se trasladaba la guerra y ocupaban am-
Gonzalo con sus tropas, el marqués de Mantua había cruzado el río bos ejércitos, era la desembocadura del Garellano, sitio donde se su-
y le esperaba en formación en la otra orilla, por 10 que aquél recogió pone existió Minturno, y que presentaba el mismo carácter que en
su gente y partió para Aquino y San Germán. los tiempos antiguos: esto es, bajo y pantanoso. La humedad na-
El pensamiento de Gonzalo habia sido encerrar a los franceses tural estaba ahora aumentada por las continuas lluvias que habían
entre el río y San Germán, para 10 que, después de ocupar a Ponte empezado antes y con más intensidad que de ordinario. La posición
Corvo, pensaba haber remontado el río para apoderarse de Ceprano ocupada por los franceses no era tan baja como la de Gonzalo, y
y cortar la única línea de retirada; pero la decisión de Mantua le tenía además la ventaja de tener a su retaguardia pueblos como
había salvado. Itri, Fondi y Gaeta, y fondeada la escuadra en la misma desembo-
Fracasado en la tentativa de pasar el río por las tierras altas, cadura del río, pudiéndoles prestar grandes servicios si intentaban
trató Mantua de realizarlo por la zona llana, dando principio a la el paso del mismo.
segunda fase de la batalla. Precisamente ésta era la idea del marqués de Mantua: ver si
De Ponte Corvo fué el ej ército francés a Roca Gugliema para podía tender un puente para desembocar en la llanura de Sessa,
sitiarla, destacando algunas compañías para que, bajo la protección donde su brillante caballería pudiera maniobrar con ventaja contra
222 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPANAS DE ITALIA 223
el cuerpo de Gonzalo. Con tal objeto, empezó los preparativos sir- po, aunque quedando los franceses con dos pequeñas cabezas de
viéndose de las lanchas facilitadas ¡por la escuadra. Como la orilla puente en terreno español, cerca del mar, en el paso de las barcas.
que ocupaba dominaba a la contraria, en donde se encontraba Gon- Más arriba, en la torre de Garellano, había un destacamento
zalo, colocó la artilleria para proteger la construcción del puente, mandado por Paz, pero cuando éste hizo una salida para combatir
que lo tendió por frente a Trajeto, terminándose la obra el 6 de a campo abierto, dejó la defensa de la torre a un capitán y quince
niviembre de 1503. Había mandado Gonzalo un destacamento frente soldados, todos gallegos, los cuales se vendieron por mil coronas de
al puente para contener el paso, pero aquel día empezaron los fran- oro y, al incorporarse a Paz, que había quedado entre la torre y el
ceses, sostenidos por un violento cañoneo, a pasarlo con tal impe- río esperando la voladura del puente, el cual se hizo añicos, fueron
tuosidad, que arrollaron completamente el destacamento. Antes de increpados y muertos por los compañeros, que enseñaron sus cabe-
que aumentase el desorden en las filas, montó Gonzalo a caballo y zas a los franceses diciéndoles: "i Mirad el pago que damos a los
pudo rehacer a los fugitivos, mientras Navarro y Andrade condu- cobardes!"
cían la infantería al puente, que tuvieron que repasar los franceses. Mantua, entonces, tendió aguas abajo, sobre quince grandes bar-
Pero en este punto se sostuvo una lucha desesperada: oficiales y sol- cazas, un puente de madera muy ancho y firme y, por sorpresa.
dados, infantes y j inetes, se confundían en el puente peleando cuer- Se dice que, al terminar este combate, como el marqués de Man-
po a cuerpo con ferocidad inaudita. Pisoteados los infantes 'Por la tua hubiera dicho en cierta ocasión a Iva de Alegre que no sabía
caballeria, muchos quedaron aplastados, otros cayeron al río, y pron- cómo se habían dejado desbaratar en Ceriñola por aquella canalla,
to las aguas del Garellano se vieron cubiertas de hombres y caballos refiriéndose a los españoles, le contestó ahora: "Esto son los espa-
que, llevados por la corriente, intentaban en vano ganar las orillas. ñoles que nos desbarataron; considerad lo que es la canalla que
En esta lucha del puente, la táctica y la destreza eran insuficientes; decís. "
sólo el valor personal era el que daría el triunfo, y de éste hubo Vueltos cada uno a su campo, Gonzalo, que se estableció defini-
grandes pruebas en uno y otro bando. Se cuenta que un abanderado tivamente en Roca Evandria, persistió en la idea de no tomar nunca
de Gonzalo perdió la mano derecha, que le llevó una bala de cañón, la ofensiva mientras no recibiera refuerzos que le igualasen al ene-
y al querer un compañero cogerle la bandera, le contestó que aún le migo. El tiempo continuaba cada vez más revuelto, así es que los
quedaba la mano izquierda para Ilevarla; y, en efecto, envolviéndose caminos estaban intransitables ¡para la caballería y artillería, que
en una bufanda el sangriento muñón volvió a ocupar su puesto en constituía la fuerza de los franceses, no impidiendo maniobrar a la
las filas. Miéntras tenía lugar este combate, la artillería francesa infantería, nervio del ejército de Gonzalo; por esta razón, el mar-
había dejado de tirar al puente por miedo de maltratar a sus mismas qués de Mantua se propuso no emprender ninguna operación hasta
tropas. Éstas se veían reforzadas de cuando en cuando con otras tanto que cambiara el tiempo.
frescas, en 10 cual llevaban ventaja a Gonzalo, porque las que ve- Frente a frente los dos ejércitos, toda la Italia tenía puestos allí
nían a reforzarle a él tenían que estar bajo el fuego de la artillería los ojos, en la expectativa de una batalla decisiva que resolviera la
hasta que llegaban al mismo puente, aunque lo sufriesen con tan suerte de N ápoles, Tal como iban las cosas, la victoria tendría que
poco cuidado, según el marqués de Mantua, como si fueran espíritus decidirse por el que tuviera más resistencia para sufrir las priva-
y no hombres de carne y hueso. ciones a que estaban expuestos.
Cogidos los franceses entre los españoles de Gonzalo, que avan- La posición de los españoles era muchísimo peor que la de los
zaban por delante, y el río, que los detenía por detrás, cayeron sobre franceses, pues a pesar de haber trasladado Gonzalo su campo a
las aguas, en las que no podían nadar .por llevar armadura. El Ga- unos dos kilómetros del río, a un terreno que se elevaba algo y do-
rellano, desde el puente abajo, se llenó de franceses; y el campo, de minaba el camino de N ápoles, estaba, sin embargo, tan saturado de
hombres v caballos muertos. agua, que una trinchera que construyó en el frente se llenó de agua
Fueron, sin embargo, tan grandes las pérdidas que experimen- en seguida. La situación del ej ército no podía ser más deplorable;
taba Gonzalo, que decidió retirar sus tropas abandonando el puente los que estaban en el terreno bajo se hundían en el fango hasta las
al enemigo, que, a pesar de quedar vencedor, estaba tan maltratado, rodillas, pues las inundaciones del Garellano, a causa de las ince-
que en vez de permanecer allí se tuvo que retirar también a su cam- santes lluvias, habían convertido aquella zona casi en una continua
224 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAlVAS DE ITALIA 225
laguna. El único medio de asegurar el terreno que pisaban era echar escritor, con el epíteto infamante con que la insolencia trasalpina
ramas de árboles y fajinas; pero, a veces, ni esto bastaba. Además, acostumbra estigmatizar a los italianos.
había que añadir la dificultad de proveerse de víveres en una zona Por esta época seguía tendido el puente de barcas de Trajetto.
casi despoblada, y sin dinero, bien por negligencia o por pobreza Gonzalo intentó volarlo para llamar la atención de los franceses y
del Rey Católico. Gonzalo hizo presente al monarca la necesidad de hacerles suponer que lo que deseaba era evitar el ataque por allí, por
proveerle de lo que necesitaba, pues temía la defección de los mer- lo que Mantua envió una avalancha de 1.500 franceses que fueron
cenarios alemanes que tenía en su ejército. Muchas fatigas estaban recibidos por Gonzalo, previamente preparado, y quedaron sepulta-
sufriendo, pero conviene saber que Gonzalo no dejó de 'Padecer ni dos por el fuego en el fango.
siquiera las que por su jerarquía no debía experimentar, pues en Los españoles llegaron hasta el real francés y Mantua se salvó
más de una ocasión turnó en el servicio de guardia, siempre tran- de nuevo a uña de caballo.
quilo y sonriente, para inspirar ánimo a su gente y demostrarle que Viéndose sin prestigio entre la tropa y sin apoyo en los oficia-
estaba dispuesto a compartir con ella sus penalidades. Sin embar- les, juzgó prudente simular una enfermedad y abandonó el ejér-
go, llegó un momento en que no sólo los soldados, sino los capitanes cito, retirándose a sus Estados, pero diciendo en las tertulias de
más ilustres, empezaron a decaer y le hicieron presente lo insopor- ~oma: "Cuando yo acepté el cargo de general, pensé que los espa-
table de la situación y la conveniencia de levantar el campo para noles eran como las otras gentes; pero son distintos, pues ni sienten
trasladarse a Capua, de donde saldrían cuando terminase el mal necesidades, ni hambre, ni frío, ni la muerte. Al contrario, cuanto
tiempo. A pesar de haber oído con calma el discurso, no por eso la más necesitados están más se les dobla el ánimo ... Y, sobre todo,
contestación fué menos dura, pues les dijo que allí era donde con- tienen un Capitán tan venturoso que, si no fuera español, yo creería
venía estar para conseguir la victoria, y que prefería morir dando que era Dios quien hacía sus cosas."
dos pasos adelante que vivir cien años con uno atrás. N o tuvieron Le sucedió en el mando el marqués de Saluzzo, italiano también,
más remedio que conformarse; verdad que no hay otro momento en pero que había servido a Francia mucho- tiempo. Aunque no le fal-
la vida de Gonzalo en que desplegase más entereza, carácter y fuer- taba carácter y energía, no pudo evitar que desertaran muchos ita-
za de voluntad. Confiaba en la prudencia, sobriedad y excelentes con- lianos, y llegó tarde para renovar la confianza en el ej ército y traerlo
diciones de sus soldados, para soportar las inclemencias del tiempo. a la subordinación. El brillante cuerpo de caballería, viendo lo insa-
Los habia experimentado ya en Barletta y sabía 10 mucho que esta lubre del terreno bajo, había juzgado conveniente repartirse en las
inacción había de hacer decaer al ejército francés y aflojar los lazos ciudades y en los alrededores, como Fondi, Itri, y Gaeta, dejando
de su disciplina. el terreno bajo defendido sólo por los suizos y mercenarios ale-
Los franceses, como hemos dicho, ocupaban un terreno más ele- manes.
vado a la otra parte del río. Más afortunados para protegerse contra Resultaba de todo que, mientras Gonzalo tenía concentrado su
las inclemencias del tiempo, encontraron un vasto anfiteatro y al- ejército a unos dos kilómetros del río, el marqués de Saluzzo tenía
gunos edificios en que resguardarse, los cuales cubrían las ruinas el suyo diseminado en una zona de cerca de 20 kilómetros, rotos los
del Minturno, célebre, como es sabido, por haberse ocultado en sus lazos de la disciplina y buscando cada uno el mejor modo de evitar
pantanos Mario durante su proscripción. A pesar de las ventajas la monotonía del campo. Así, pues, al espaciarse Saluzzo zanó en
indicadas, sufrieron bastante, tanto, que diariamente caían enfermos comodidad 10 que perdió en cohesión. ' b
muchos, muriendo gran número. Los víveres empezaron a faltar- N o se crea que durante este tiempo no hubo combates; sucedió
les, pues a pesar de estar llenos los almacenes de Roma y otros pun- 10 que delante de Barletta, que desplegaron los caballeros de uno y
tos, eran grandes las defraudaciones cometidas por los comisarios otro campo proezas personales, contándose entre ellas la realizada
encargados del suministro. Empezó a decaer el ánimo del soldado, un día por Diego de Paredes, que penetró solo en el puente desa-
y pronto encontró un objeto en quien descargar el desahogo de su fiando a los franceses, cual un D. Quijote, a campal batalla, y mal
ira; éste fué el mismo marqués de Mantua, que nunca había sido lo hubiera pasado de no salir un destacamento en su ayuda; en otra
popular entre la tropa, y del que decian ahora que era imbécil y que ocasión, el caballero Bayardo sostuvo, con sólo sus brazos, la ba-
estaba en tratos con el enemigo, injuriándole también, según un rrera del puente por espacio de una hora, contra doscientos españo-
15. - LA GUERRA EN LA HISTORIA. - PRIMERA SERIE. -. TOMO VII
226 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAR'AS DE ITALIA 227
les. Por dos veces intentaron también los españoles quemar el puen- se fijó para después de la próxima Navidad, pensando que en esta
te de barcas, sin conseguirlo; pero, en cambio, sí lograron apo- ocasión encontrarían descuidado al enemigo, con los festejos pro-
derarse del fuerte de Roca Gugliema, que estaba guarnecido por pios de la festividad, y desatendida la vigilancia.
franceses. Preparados los materiales, estaba ya todo listo en 28 de diciem-
Siete semanas habían pasado desde que los ejércitos estaban bre de 1503 _para poner en ejecución el plan proyectado.
frente a frente sin que se hiciera movimiento por ninguna parte. La misión de tender el puente fué encomendada a Albiano para
Gonzalo insistía cerca del embajador de Roma en la necesidad de aquella noche, que era tempestuosa y obscura. Gonzalo, con el cuer-
po principal, cruzaría el río por el mismo punto, y Andrade, con la
retaguardia, tenía la misión de forzar el paso del río por el antiguo
puente de barcas, esto es, por el de Trajetto.
Albiano ej ecutó con tal sigilo y celeridad la obra, que fué termi-
nada utilizando ruedas de carros, barcas y toneles, todo bien trabado
con maromas, sin que el enemigo lo sospechase. Entonces pasó con
la vanguardia, compuesta de la caballería ligera al mando de N a-
varro, Paredes y Pizarro, y cayendo sobre la dormida guarnición
de Suzio, destrozó a los que intentaron oponer resistencia, aloján-
dose Gonzalo en dicho pueblo aquella noche. Ocurrió que, cuando
hubieron 'Pasado las tropas, se hundió el puente, y como alguien di-
jese que estaban perdidos, contestó el Gran Capitán que los que es-
taban en la orilla derecha acorralarían y vencerían a los franceses,
y los de la izquierda pasarían por un puente y caerían sobre las es-
paldas del enemigo.
Bien pronto llegó la noticia del paso del río al mismo campo de
Sa1uzzo, el cual quedó tan sorprendido como si le hubiera caído un
que le .f~cilitara re~uerzos; y, en efecto, consiguió que la familia rayo, pues creía a los españoles adormecidos en la orilla opuesta
d~ OrSInI, feudatana de los Colonnas, se reconciliase con ésta, en- y se veía ya atacado por la espalda. N o por esto perdió el tiempo;
viando ~.OOO hombres que vinieron al campo de Gonzalo mandados antes al contrario, ordenó concentrar sus esparcidas tropas; y, por
por Albiano, uno de los más valientes capitanes italianos. lo pronto, mandó a 1vo de Alegre con caballería a detener al ene-
La llegada de este refuerzo reanimó los espíritus en el ejército' migo, para poder él, en tanto, retirar todo el ejército a Gaeta. Lo
a peco de llegar aconsejó Albiano a Gonzalo que abandonase la de~ primero que hizo después de esto fué cortar el puente de barcas de
fensiva y atacase al enemigo en sus propios cuarteles. En efecto las Trajetto, soltándolas para que las arrastrase la corriente, y abando-
circunstancias habían cambiado, pues si bien el refuerzo no le había nando en seguida las tiendas y bagajes, así como nueve de los ma-
igualado al enemi~o" la desigualdad estaba ahora compensada por yores cañones, emprendió la retirada, dejando a los enfermos y heri-
el desorden qu: eXlsh.a e? el campo francés; sin embargo, antes de dos a merced del enemigo para que no le estorbasen en la marcha.
t?~ar ~a ofensiva, b~mdo ~on la ~atalla al enemigo, tomando posi- El resto de la artillería la mandó con la vanguardia, a ésta seguía
cion mas a retaguardia y dejando libre el paso, pero no dió resultado. la infantería, y cerraba la marcha la caballería, que formaba la re-
Aprobó el plan de Albiano, que consistía en construir un puente taguardia con los hombres de armas o caballería pesada.
transportable, preparado con gran secreto junto a la costa y tenderlo Saluzzo se colocó en ella para mej or sostener la retirada.
~rente a Suzio, pequeño pueblo guarnecido por muy pocos franceses, Ahora bien; Gonzalo pensaba dirigir tres ataques: él, con el
Junto a un vado cuatro millas aguas arriba del campo de éstos, para grueso en el centro, bajaría por la orilla derecha del río hacia Cas-
pasar con el grueso del ejército y envolver la posición francesa de telforte y Tra jetto, a la derecha, con la caballería ligera; Próspero
flanco y de revés mientras se forzaba de frente el paso. El momento COlonna, desde Suzio iria a Castellone, y en la izquierda, Andrade
228 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAiVAS DE ITALIA 229
atacaría de frente ¡por el puente de barcas. Antes que Iv~ de Alegre "Pues la tierra nos abraza, bien nos quiere", con 10 cual animó a
pudiese llegar a Suzio, todo el ej ército de Gonzalo había pasado el
sus soldados.
Garellano y se formaba en la orilla derecha. Incapaz de hacer frente La lucha había durado dos horas; las tropas de Gonzalo, aun-
a tan numerosas fuerzas, retrocedió con precipitación y fué a unir- que con el mejor espíritu, est~ban materialmer:te rendi~as ~e can-
se al ejército francés, que ya estaba en plena retirada sobre Gae~a. sancio, pues habían andado seis leguas combattendo y S111alimento
Gonzalo, temiendo que los franceses se le escapasen, mandó a Pros- desde la noche anterior. •
pero Colonna con la caballería ligera para retardarlos en su marcha Con gran ansiedad esperaba Gonzalo la lle~ada de Andrade con
y dar tiempo a que él llegase con el grueso del ejército. la retaguardia; por fin se distinguieron a lo leJOSlas columnas. An-
Gonzalo, desde Suzio, descendió el río por la orilla derecha y drade no habia encontrado dificultad en apoderarse de la cabeza de
llegó hasta las ruinas de Minturno, esto es, hasta el campo enemigo, puente, ¡pero sí la encontró para restablecer el paso, pues tuvo que
en donde permitió a sus soldados recogiesen parte de lo mucho que recoger las lanchas, en 10 cual tardó bastante tien:~o ..yna vez que 10
allí tentaba su codicia; y, sin perder tiempo, tomó el camino que se- hubo conseguido y pasó a la orilla derecha, se dirigió rectamente al
guían los franceses. puente de Mala di Gaeta.
Éstos continuaban la retirada, que era dirigida con excelente or- Cuando los franceses vieron la llegada de este cuerpo de tropas
den, pero que resultaba muy lenta por la dificultad de arrastrar los frescas, ya no le esperaron y se desbandaro~ en todas dire~ciones.
cañones en un suelo tan empapado de agua; favorecía la operación Entonces la confusión y espanto fueron horribles ; los carruajes vol-
la circunstancia de ir el camino muy encajonado y en forma de des- cados de la artillería, interceptando el paso, aumentaban la confu-
filadero, lo cual permitía a un pequeño cuerpo sostener la retirada, sión, y la caballería, con la prisa de huir, atropelló a la infantería,
no consintiendo al enemigo presentar más que otra pequeña fuerza pisoteándola sin compasión. , ..
para atacar, y como los hombres de armas franceses que sostenían La caballería ligera de Gonzalo cayo sobre los fugitivos, toman-
la retaguardia iban cubiertos de hierro, no encontraban gran difi- do sangrienta venganza de cuanto habian padecido en :os pant.anos
cultad en pelear con la caballería ligera española que los atacaba. de Sessa. A corta distancia del puente de Mala, el cammo se bifur-
Así llegaron hasta el puente de Mala di Gaeta, situado sobre un ca, dirigiéndose: por un lado, a Gaeta, y por ot:o, a Itri. Gonz~l?
riachuelo desbordado por las lluvias torrenciales, en donde, habién- mandó a Navarro y Pedro de Paz a cortar la retirada de los fug~t~-
dose roto algunos carruajes de la artillería y volcado otros, ocasionó vos, y muchos cayeron en sus manos; pero la mayor parte se diri-
gran retraso y confusión. El marqués de Saluzzo, entre aceptar la gieron en tropel a Gaeta, en donde se encerraron,
batalla con el Gran Capitán o convertir la retirada en vergonzosa El Gran Capitán estableció su campo cerca de Castellane; ver-
huída, eligió el mal menor de tomar posiciones en unas colinas pró- daderamente sus soldados necesitaban descansar, pues habían estado
ximas, para restablecer el orden, pues la infantería francesa, al combatiendo' durante todo el día, sin descanso, sin alimento y bajo
avanzar, se había mezclado con la artillería, en confusión horrible. una continua lluvia que no cesó un solo instante.
Allí se tuvo que sostener un empeñado combate; la caballería fran- De este modo terminó la batalla conocida con el nombre de de-
cesa, cayendo sobre las filas de los españoles, los obligaban a retro- rrota del Garellano, la más brillante victoria alcanzada por Gonzalo
ceder, librándose ,por algunos momentos de la marea que se les ve- en su carrera. La pérdida de los franceses se calcula en unos 4.000
nía encima; el caballero Bayardo, siempre en el peligro, perdió tres muertos, dejados en el campo de batalla con todos los bagajes, ban-
caballos y estuvo expuesto a caer prisionero, de no ser por una deses- deras y soberbio tren de artillería, la mej or de Europa.
perada carga que su amigo Sandricourt dió para salvarle. N o fué muy notable la superioridad del número de los franceses
Ante la violencia de este choque dudaron un momento los espa- en este combate, pues resultó que, como estaban diseminados en sus
ñoles, pero pronto adelantó Gonzalo los hombres de armas y se re- cantones, no todos los cuerpos tomaron parte en la lucha, llegando
novó el ataque en igualdad de condiciones; mas Gonzalo, que ~e algunos, cuando ya ésta h~bía, terminado, para rendir sus armas sin
metió en lo más fuerte de la pelea, estuvo expuesto a un seno oponer resistencia. La artillería, en que tanto confiaban los france-
percance, pues resbaló su caballo y cayó en tierra., Entonces. ,re- ses, no les prestó ningún servicio, como no fuera el de estorbarlos
pitió Ia célebre frase de Scipión y de César en analoga ocasion : en el camino que ocupaban. El peso de todo el combate 10 sostuvo
230 LA C¡UERRA EN LA HISTORIA CAMPAflAS DE ITALIA 231
la caballería, que se portó con la bravura a que la obligaba su anti- debe al genio del Gran Capitán, que brilló aquí como en ninguna,
guo renombre, retirándose cuando vió llegar un cuerpo fresco que sin deber a la casualidad la menor parte del éxito.
haría inclinar la balanza a favor de Gonzalo. Antes de seguir adelante conviene consignar el asunto de César
A la mañana siguiente, éste hizo los preparativos para apode- Borgia, segundo motivo de arrepentimiento de Gonzalo de Córdoba
~a~se del monte OrIando, que domina a Gaeta, y tal era la falta de ocurrido este año de 1504.
• animo de la guarnición que; a pesar de su posición fuerte, que hacía César Borgia, cardenal sin vocación, era hermano de Juan Bor-
pocos meses había desafiado el valor de las tropas de Gonzalo, se gia, preferido de Alejandro VI, que le había hecho duque de Gandía
ri.n?}ó ahora sin lucha. En el mismo estado se encontraba la guar- y General de las fuerzas de la iglesia. Ambicioso el primero, aban-
11ICl0nde Gaeta, pues antes de que se concluyesen las baterías que donó la púrpura cardenalicia y quiso conquistar y hacerse dueño
se había encomendado a Pedro Navarro levantase en el monte Or- de Italia como soberano absoluto, empezando a hacerla por el norte
lando, salió un parlamentario de la plaza con proposiciones de paz. hasta llegar a Nápoles, que dejaba para 10 último.
Era más de lo que podía esperar Gonzalo, pues los franceses esta- Mancebo impetuoso y repulsivo, lleno el rostro de pústulas su-
b~n en gran número en la plaza, las fortificaciones de la misma muy purantes, iba a valerse del veneno y del puñal para lograr su
bien preparadas y con mucha artillería y municiones, así como vi- propósito.
ver~s. para treinta días, y la escuadra, fondeada en el puerto en dis- Por lo pronto mandó asesinar a su hermano Juan, y después
posición de aumentar los recursos trayéndolos de Liorna, Génova de esta muerte su ascensión fué asombrosa, pues se alió con el
u otros puertos amigos. rey de Francia, que le dió el ducado de Valentinois y le facilitó
Firmóse la capitulación el I." de enero de 1504, permitiendo a los soldados para la conquista, sin perjuicio de llevarse los que, pagan-
franceses se retirasen libremente a su país; pero a esto se opuso do con exceso, le quitaba al Gran Capitán, que no podía imitarle en
Lui~ XII, que, humillado por la derrota de GareIlano, descargó su el despilfarro, falto de recursos como estaba.
enojo contra todos los que creyó culpables, no consintiendo que la Mientras César Borgia ensanchaba' sus dominios a costa de
guarnición de Gaeta entrara en Francia y obligándola a invernar en traiciones y crímenes, en busca de una unidad que no podía hacer
Italia; pero muchos, desacatando la prohibición del rey, atravesaron un monstruo, aunque contase por miles los españoles que habían
los Alpes. Su paso por Italia fué un verdadero calvario, pues los sido de Gonzalo, sucedió 10 inesperado, o sea, la muerte del papa
italianos se vengaron a su sabor de la barbarie y violencia sufrida Alejandro VI, ocurrida el 18 de agosto de 1503, a consecuencia
tanto tiempo de los franceses. según se cree, de un envenenamiento del que también sintió sus
Gonzalo procuró suavizar la humillación de la derrota obligando efectos César, que asistió al festín dado por el cardenal Corneta.
a .que se les guardase el respeto debido, hasta el extremo de que, Los disturbios que ocasionó la muerte eran de prever, pues es-
viendo a un soldado suyo arrancar por fuerza a un suizo una cadena taban los rabiosos enemigos de los Borgia, como eran los Orsini,
de oro que llevaba al cuello, se lanzó a castigarle con la espada des- el rey de Francia Luis XII, que a toda costa quería que se nom-
nuda, y de no arroj arse el soldado al mar le hubiera muerto. brara Pontífice al cardenal de Amboise. Perseguido César por los
Iban errantes y como espectros por los caminos muertos de frío Orsini, pidió protección a las fuerzas de Gonzalo, mandadas por
y hambrientos, llenando todos los hospitales que encontraban al paso su segundo Próspero Colonna, que estaban en Roma, el cual le
y cuantos lugares hallaban que les pudieran servir de abrigo para .ofreció su ayuda, pero, requerido aquél por Luis XII, le entregó
morir. Saluzzo murió de resultas de los padecimientos, Sandricourt los ocho mil soldados que le quedaban y le ofreció renunciar a la
se suicidó, y otros capitanes fueron desterrados por el rey, a quien Umbría y la Romagna y retirarse a N epi.
el desastre de Garellano ocasionó una enfermedad que a poco le Salió Pontífice el que menos se pensaba, Piccolamini, con el
cuesta la vida. 'Temiendo que siguiera la misma suerte de N ápoles nombre de Pío III, pero, de salud muy precaria. murió a los vein-
el Milanesado, se apresuró Luis XII a hacer con el Rey Católico ticinco días, subiendo al solio Julio II que, enemigo terrible de Ale-
las paces, que se firmaron en Lyón el 11 de febrero de 1504. Tal jandro VI, había negociado con su sobrino César Borgia, tiranuelo
fué la suerte de aquel brillante ejército francés, y tal el resultado de de la Romaña, ofreciendo a éste confirrnarlo en el cargo de porta-
la brillante campaña del Garellano, campaña modelo en que todo se estandarte de la Iglesia a cambio de que le diera sus votos para al-
232 LA GUERRA EN LA HISTORIA
rición de la artillería en los campos de batalla, así como el de las en 1346; pero todos convienen ahora en que en tal batalla no figuró
armas portátiles, en número escaso con relación a las armas blancas la artillería, y dicen que se empleó, por primera vez en las batallas,
o picas, que daban su fortaleza a la infantería. en 1382.
Hasta este momento, tanto en España como en todas p~rtes, Nosotros no tenemos que recurrir a fechas discutibles, como la
había habido guerreros; pero a fines del siglo XIV en Alemania, en de 1118 del sitio de Zaragoza por Alfonso I el Batallador, la de
Francia y en España empezó a haber soldados, siendo la levadur~ 1219 del sitio de Requena, y la de 1229 del sitio de Mallorca, en
militar de los últimos la que, según un escritor español, fermento que aseguran algunos que se usó la artillería; bástanos indicar la
en la guerra de Granada, de la que salieron soldados hábiles y vigo- fecha indiscutible del sitio de Algeciras en 1342 por Alfonso XI,
rosos, oficiales bravos y diestros, y generales brillantes e invencibles, en que los moros emplearon la artillería, y la batalla naval de Bar-
maestros respetables del nuevo arte militar cuya primera escuela se celona en 1359, en que la artillería de don Pedro I el Cruel jugó
abrió en Italia. contra la contraria del rey de Aragón; bástanos, repetimos, indicar
Por 10 que atañe a la infantería, se disputan el derecho de prio- las citadas, para demostrar que en España se empleó la artillería
ridad : Francia, que 10 reclama por haber vencido a los flamencos en antes que en parte alguna.
Bovines el año 1214, con las milicias de los Comunes; los flamen- Por 10 que hace a los ejércitos permanentes, la creación de ellos
cos, por haber vencido, sólo con infantería, a la caballería francesa en el extranjero se remonta 'al año 1440 en Francia, fundados por
en la batalla de Courtray o de las Espuelas, en el año 1302; y, por Carlos VII después de la guerra de los Cien Años, y el origen de
último los suizos por las brillantes victorias, no sólo de Grandsón ellos en España fué en época de Alfonso XI, en 1350, aunque no
y Mor~t en 1476,' sino por la anterior de Morgarten en 1315, en la adquirieron verdadera importancia hasta los Reyes Católicos.
guerra de su independencia. N o se tienen en cuenta los méritos con- Y, respecto de la previa labor de organización que necesitó Gon-
traídos por la infantería inglesa en la guerra de los Cien Años, en zalo y se encontró hecha: "Es muy comprensible - dice un escritor
que siempre batió a la caballería francesa, sin duda porque estas vic- - que las grandes proezas militares hayan precisado una previa la-
torias se debieron por completo a los célebres arqueros ingleses, bor de organización. Sólo los ejércitos bien organizados, cuando
más que a la infantería, en realidad. son bien mandados por añadidura, son capaces de asombrar con sus
Para todas estas naciones, la reaparición de la infantería era hazañas. La hegemonía militar de España, las maravillosas campa-
verdaderamente un hecho inusitado, porque, habiendo existido el ñas de nuestro Gran Capitán, por ejemplo, llegan después de que los
feudalismo en todo su esplendor, el hombre de armas o el caballero Reyes Católicos crean la Santa Hermandad y de que Cisneros funda
forrado de hierro, había anulado por completo al infante; de modo y organiza el primer ejército permanente español. Los "poderes"
que la reaparición de éstos, venciendo al caballero, era un aconte- del reino se congregaban un día formados y equipados ante la no-
cimiento; pero en España ya hemos dicho que no llegó a ocurrir bleza, atónita e impertinente, a quien Se los mostrara el Cardenal
esto, porque la presencia de un enemigo común, los moros, impidió desde el balcón de su aposento."
que el feudalismo arraigase tanto como en las demás naciones; y, Por todo 10 dicho se comprenderá el fundamento que tenemos
por 10 mismo, la infantería nunca llegó a desaparecer; luego, pro- para insistir en que nuestra patria era la cuna del renacimiento mi-
cediendo con lógica, le corresponde a nuestra nación el derecho de litar, renacimiento que se definió por completo en las inmortales
prioridad en la reaparición de la infantería. campañas del Gran Capitán.
Si la aparición de la infantería se fija en las milicias comunales, Estas campañas, tan clásicas como las de César o de N apoleón,
España tiene también la prioridad, porque la creación de las mil~- han tenido el privilegio de herir el amor propio de los escritores
cias concejiles se remonta en nuestro país al año 1166, y estas rrn- franceses, hasta el extremo de que no las citan en sus libros mili-
licias pelearon en Alarcos el año 1195, y en las Navas en 1~12, tares, demostrando una ignorancia impropia de la cultura de que,
fechas, éstas, anteriores a la de Bovines en 1214, la más antigua en materia de guerra, hacen alarde, o una mala fe e injusticia que
que citan los escritor~s e:ctranjeros en ,su ap?yo. . no cometieron sus compatriotas vencidos por el Gran Capitán, que
Respecto de la arttllena, la fecha mas ant~g.~a que los escntores le rindieron homenaje de admiración por los talentos y virtudes
militares extranjeros señalaban para su apancion era la de Crecy, militares que en él reconocian.
EL GRAN CAPITAN 237
236 LA GUERRA EN LA HISTORIA
por donde el enemigo tratase de pasar lo; el primero en ver.ificar mo-
El renacimiento del arte militar, para la mayoría de los extran- vimientos estratézicos envolventes: en una palabra, el pnmero que
j eros, empieza indiscutiblemente con Mauricio de N asau y la escuela hizo las más brillantes aplicaciones de la ciencia del mando en tea-
holandesa, allá por el año 1600, sin querer reconocer que ésta era tro de la guerra.
consecuencia de la escuela española, de la cual era iniciador el Gran De él ha dicho un distinguido militar español: "La estrategia de
Capitán, que tuvo discípulos tan notables como Colonna, Pescara, Gonzalo era terrible y abrumadora por la celeridad, la constancia
Leiva, el duque de Alba, Alejandro Farnesio y otros, que dejaron y lo imprevisto de la maniobra. De ahí sus ataques certeros, sus há-
rastro en la Historia, quizá más de lo necesario para que se tengan biles marchas y contramarchas, aquel ir y venir desconcertante,
por clásicas sus campañas, pues cualquiera diría que el recuerdo de aquel atacar, retirarse, amagar, diseminándose unas veces y concen-
haber escarmentado tan duramente a los franceses en las de Italia trándose otras, simulando una acción retrógrada para dar el, salto
el Gran Capitán, y el haber cogido después Pescara prisionero al mayor. En la maravillosa campaña del Garellano, que por S1 sola
rey Francisco 1, les hacen olvidar un período que, para España, fué merece un libro, están escritas las únicas enseñanzas provechosas
el más floreciente de todos, y que, de no mediar las susceptibilida- para nosotros en las campañas de la antigüedad, porque nadie com?
des del amor propio, reconocerían noblemente todos los extranjeros Gonzalo aprovechó más hábilmente en una guerra grande las nati-
que no lo hacen. vas condiciones de nuestros soldados.
La cosa, después de todo, nada tiene de particular, y extrañaría, Ni Gustavo Adolfo ni el mismo Napoleón llegaron a derrochar
por el contrario, que así no hubiera ocurrido. En efecto, la Historia jamás tal cantidad de sabiduría, luchando con tan. escasos medio~.
nos demuestra que, por regla general, el pueblo que alcanza mayor Él fué quien dió el primer valor histórico a la n:~1110bra,hecho or~-
desarrollo y cultura es el que tiene mejores ejércitos; esto pasó en ginalísimo que basta. para colocar su figura militar entre las pn-
Grecia y en Roma, y esto tenía que pasar en España, donde pronto meras."
iba a formarse un imperio colosal, más vasto que ninguno de los Añadiendo otro compañero nuestro: "Sólo a la ignorancia se
conocidos en la Historia; la prosperidad de España en tiempo de oculta que el mayor de nuestros generales - refiriéndose al Gran
los Reyes Católicos, aquella guerra de Granada que sirvió de escuela Capitán - organizó una infantería no según el tipo suizo, sino tal
a los capitanes que después se distinguieron en Italia, empezando que dispusiera de sus dos modalidades de lucha: el, fueg~ y. el cho-
por el mismo Gonzalo, tenían que dar, como consecuencia, un ejér- que; que en Ceriñola y en el Garellano de~ente::o la táctica y l.a
cito invencible; y así como las luchas de Grecia dieron un Alej an- estrategia; que usa del terreno y de la fortificación con rara habi-
dro, y las de Roma un César, las luchas de España dieron un lidad, y que emplea la defensa y el ataque con ejemplares tino y m~-
Gonzalo de Córdoba, conocido, más que por su nombre, por el so- dida. Gonzalo de Córdoba es el animador del arte, a pesar del S1-
brenombre que los mismos enemigos le reconocían de Gran Capitán, lencio que guarda sobre ello la todopoderosa y eficacísima litera.tura
"dictado que la Historia murmuradora, incrédula y comentarista no francesa. Y ello, sin que necesitemos mencionar a su graciable
se ha atrevido a discutir"- como dice un escritor - y que a nadie mando de acero, su conocimiento de los soldados enemigos Y: pro-
se le ha dado. pios, su mesura política, su prudencia y su arrojo, sus cualidades
Con talentos naturales para la guerra, .pues que no era excesiva todas, en fin, que hacen del guerrero español la viva semblanza del
su cultura, aunque sí infinitamente superior a la de los generales de romano César."
su tiempo, pues había estudiado Humanidades y se había distin- Al Gran Capitán se le atribuye una organización que no fué
zuido como cumplido caballero en la corte, pudo con stn ejército, suya, sino de Maquiave1o, la cual, puesto que ha llegado el momento
~educido y no muy atendido por los mismos reyes, a quienes les es- oportuno, vamos ligeramente a indicar, aunque no la pusiese en
taba conquistando un reino, derrotar a ejércitos superiores y bri- práctica el primero ni ninguno de sus discípulos, que se sepa.
llantes cual los franceses que se le opusieron. Fué el primer capitán Había en este tiempo dádose el primer paso en la táctica ele-
de la Edad Moderna que, comprendiendo la importancia de los acci- mental por un tal Gonzalo de Ayora, cre:~or de la. C~pitanía y Co-
dentes geográficos naturales, los aprovechó como líneas de def;nsa; ronelía, que venían a ser lo que la, Co~pa11la y Regimiento ~ctuales;
el primero que usó posiciones centrales, como la de San German ~ pero no se había pasado de aqui ; as! que cuando Maquiavelo se
el Garellano, que le permitía caer sobre cualquier punto de este rro
238 LA GUERRA EN LA HISTORIA EL GRAN CAPITAN 239
dedicó a crear un ejército y darle su forma de combatir, dejó muy bate, 10 mismo se colocaba a un flanco que a otro o en ambos.
atrás al reformador Gonzalo de Ayora. Las innovaciones verdaderas del Gran Capitán se redujeron a la
Admirábase entonces en todas partes a la infantería suiza, que cuestión del armamento que dió a la infantería. En la capitanía iban
se consideraba como modelo por todas las naciones; esta infantería los piqueras, arcabuceros y rodeleros en la forma que se indica. Los
combatía en pesada falange, como los antiguos griegos. arcabuceros substituían a los antiguos honderos o infantería ligera;
Maquiavelo no era tan admirador de los griegos como de los y, para iniciar el combate, salían de su sitio en la capitanía; los pi-
romanos, de cuyo ej ército era apasionado, pues la continuidad de queros resistían a la caballería o infantería enemiga en su primer
sus victorias sólo podía atribuirse a su perfecta organización y a las choque, y terminaban y decidían el combate los rodeleros, creación
virtudes militares que poseían. ésta del Gran Capitán, quien había comprendido que la pesada ar-
Inspirado, pues, en la organización de los ej ércitos romanos, madura podía ser abrumadora para hombres que no estuvieran
constituyó su sistema militar. acostumbrados a las fatigas de la guerra, así como que la larga pica
N o vamos a detenernos en examinarlo con detalle, pues no es de los suizos sólo servía para el combate a distancia; por estas ra-
éste su lugar, pero sí diremos que la Capitanía era la unidad de com- zones, a sus rodeleros sólo les dió capacete, coselete, rodela y espada
bate, como la cohortc entre los romanos, teniendo, como ésta, tres corta, con 10 cual esta infantería estaba en disposición de combatir
clases de infantería, 'que aquí eran: piqueras, rodeleros y arcabu- con ventaja con los piqueras en la lucha cuerpo a cuerpo.
ceros. La legión de César tenía las 10 cohortes colocadas en tres A la combinación que en las piezas de la armadura hizo Gonzalo
líneas: la Coronelía de Maquiavelo tenía 10 capitanías en tres líneas: de Córdoba se debió principalmente la superioridad que adquirió la
en la primera, cinco; en la segunda, tres; en la tercera, dos; la se- infantería española sobre la suiza y sobre todas las del mundo.
mejanza no podía ser más perfecta con la segunda forma cohartal N os creemos dispensados de seguir adelante, pues harto supo-
de César. nemos demostrado que el Gran Capitán compensó con su gran mo-
Sin embargo, todavía estaba mejorada, pues constando la coro- vilidad el escaso efectivo de que se componía su ejército, del que
nelía de 6.000 infantes y de 500 la capitanía, las 10 capitanías indi- hizo uno verdaderamente maniobrero capaz de hacer maravillas en
cadas formaban un total de 5.000 hombres, sobrando, por 10 tanto, manos tan hábiles como las suyas; la misión que se le había enco-
1.000 hombres, que estaban organizados en dos capitanías, com- mendado de conquistar un reino supo cumplirla con exceso y, en
puestas exclusivamente de piqueras llamados extraordinarios, que este sentido, la gigante figura de Gonzalo de Córdoba que, como
colocaba Maquiavelo en el costado exterior de la coronelía, pues dice un escritor, fué un político profundo, un organizador de talla,
conviene indicar que el ejército de Maquiavelo sólo constaba de dos un táctico eminente y un estratega consumado, puede muy bien co-
coronelías, o dos legiones. dearse con los colosos de la guerra, que a bien seguro reconocerían
Ésta era la formación normal. La caballería entraba en la pro- su mérito más fácilmente que los escritores militares que se 10
porción de 1 X 10, así que cada coronelia formada por 6.000 infan- niegan.
tes, disponía de 600 caballos divididos, por mitad, en caballería
pesada y ligera, encargada ésta del servicio de exploración que hoy
tiene.
La artillería entraba en una proporción inferior a la contempo-
ránea de cuatro piezas por 1.000 hombres, pues de este modo le
hubieran correspondido 52 ó 54, y sólo llevaban las dos corone-
lías del ej ército 44 piezas; pero debe advertirse que entonces no se
daba casi importancia a la artillería, por su poco efecto, pues se re-
ducía al primer disparo, y, en cambio, embarazaba mucho los mo-
vimientos.
Se establecía, como es natural, al frente del ejército, y la caba-
llería no tenía colocación fija, pues según las necesidades del corn-
LA REINA CATOLICA y EL GRAN CAPITAN 241
sables requisitos, Felipe el Hermoso, que hacía muy poco caso de la de Austria, aunque iba a ser fecundo, pues tuvo seis hijos, no
su desgraciada esposa, que de todas las hijas de la reina Isabel era podía ser más desdichado. .
la única que carecía de belleza, manifestó el firme propósito de re- Isabel la Católica se arrepentía de haber casado a su hija con
gre~ar a Flandes, en donde se divertía más, por brindarle aquella . aquel flamenco descastado, y como cayera Fernando el Católico en-
sociedad placeres que no encontraba en España. fermo con tercianas, esta nueva inquietud aumentó los pesares de
Poseída de rabiosos celos, su desgraciada esposa hubo de resig- la Reina.
narse a aquella separación, en la que Felipe el Hermoso, al pasar La hija María, de dieciocho años, casó en 1500 con el rey de
por Francia, cometió la imprudencia de firmar un Tratado, en 1503, Portugal Manuel I, viudo de su hermana mayor Isabel, que con-
prometiendo casar a su hijo Carlos con la hija de Luis XII, llama- tinuaba siendo aliado de Castilla.
da Claudia, a los que destinaba la corona de Nápoles, avisando al Respecto a Catalina, la hija menor, casó el año 1496 con el here-
Gran Capitán para que suspendiese las operaciones, orden que, como dero de la corona de Inglaterra, el príncipe de Cales Arturo, y por
vimos, no cumplió Gonzalo de Córdoba. ser muy niños, pues ella sólo tenía once años y él doce, se aplazó su
Con la ausencia del esposo, empezaron a mostrarse en Juana los unión hasta 1501, en que, en la catedral de San Pablo, de Londres,
síntomas de la enfermedad con accesos de furor y llanto. En estas contrajeron matrimonio. Pero el príncipe Arturo no tenía salud y,
condiciones dió a luz a su segundo hijo varón, Fernando, pues los a los seis meses, falleció, dejando a la hija de los Reyes Católicos
cuatro restantes que tuvo fueron hembras. Como su manía era la en el mayor desconsuelo.
de unirse con su marido, sospechando que amaba a otra mujer, su- Ahora bien, la Inglaterra de entonces no era la grande y pode-
cedió que una noche bajó medio desnuda a las puertas del castillo, rosa nación que hemos conocido en la edad contemporánea, sino
resuelta a huir a Flandes, y como se negase a retirarse, a instancias débil y pequeña. Por eso le preocupaba hondamente la alianza con
del obispo de Burgos, hubo que llamar a la reina doña Isabel, que España, y Enrique VII se había sentido tan orgulloso del anterior .
estaba a pocas leguas, en Segovia, quien la encontró en estado la- casamiento que había dicho: "La unión entre ambas coronas y los
mentable por haber permanecido varios días en una mísera cocina dos reinos es tan completa que es imposible hacer una distinción
que había a la entrada del castillo, expuesta al frío y a la humedad. entre los intereses de Inglaterra y los de España."
Cuando se dirigió a ella con enfado y amargura, contestó tan . Como le convenía al referido monarca mantener la alianza con
agresivamente y con tan poco respeto, ante una muchedumbre de nosotros, permaneció indecisa la situación de la viuda durante los
asombrados y burlones espectadores, que de no haber comprendido siete años que continuó en Inglaterra. Por cierto que pasando, in-
la Reina el estado en que su mente se encontraba, no hubiera tole- cluso, privaciones (yeso que había aportado 100.000 escudos de
rado los desmanes de su hija, que al fin se sometió a su voluntad y dote) por la dura y egoísta condición de Enrique VII, que, viudo,
regresó, aunque con genio adusto, a palacio. pensó en casarse con Catalina, a 10 que se opusieron terminante-
La salud tan quebrantada de Isabel se agravó notablemente al mente los Reyes Católicos, y ya que no con ella, con Juana la Loca,
ver el estado de su hija, que consiguió por fin volver a Flandes al siendo igualmente rechazado por ellos.
lado de su indiferente esposo. Pero el encuentro con éste fué tre- En vista de 10 cual, y no habiendo llegado a consumarse el pri-
mendo, porque al descubrir que estaba coqueteando can una her- mer matrimonio, se casó en segundas nupcias la princesa Catalina,
mosa dama, se lanzó sobre la intrusa, la maltrató en presencia de previa licencia del Papa y muerta ya Isabel la Católica, con el prín-
la corte y mandó luego. que la cortasen el cabello. Se llegó a decir cipe Enrique, hermano de Arturo y heredero de la corona, el 11 de
que Felipe el Hermoso puso las manos en su esposa, "la terrible", junio de 1509, siendo coronado a los pocos días, el 28 del propio
como la llamaba, a consecuencia de 10 cual cayó enferma, y él, con- mes, en Westminster con el nombre de Enrique VIII. De este ma-
vencido de la locura de ella, adoptó el partido de encerrarla. trimonio nacieron tres hijos, pero no sobrevivió más que una niña,
Aquellos dos matrimonios en que tantas esperanzas se cifraron, la que había de ser María Tudor,
o sea el de Isabel con el heredero de la corona de Portugal y el del Por cierto que si Isabel la Católica hubiese podido adivinar las
heredero de la corona de Castilla con la hija del emperador de Aus- consecuencias de esta unión, hubiera tenido más amargos sus últi-
tria, ·110 habían dado resultado, y éste de Juana con el heredero de mos momentos.
244 LA GUERRA EN LA HISToRIA LA REINA CATOLICA y EL GRAN CAP/'TAN 245
. Comprendiendo la Reina que se aproximaba el fin de sus días, nobles orgullosos, que colgaba en Sevilla a centenares de tahures
quiso poner en orden sus asuntos de gobierno y, con mano firme, y ladrones. Moralizó y disciplinó al clero, encauzó los recursos fis-
en su lecho escribió el testamento, dejando la sucesión de la corona cales, depuró la Justicia, hasta entonces sometida a la oferta de
a su hija Juana, como reina propietaria, y a su marido Felipe; y, una buena bolsa; inauguró en Europa la era renacen ti sta de los
en caso de incapacidad de su hija, designaba al Rey su esposo como grandes Estados con la sumisión de la nobleza feudal, fundó la au-
único regente hasta la mayoridad de su nieto, el que había de ser toridad única y centralizada, y el ejército permanente. Creó la na-
Carlos V. ción moderna, fundando la unidad de la patria con la expulsión de
Deseaba que sus restos fueran llevados a Granada y deposita- moros y judíos, que impedían la unidad religiosa, y engrandecien-
dos, cuando el Rey muriera, al lado de los de su esposo, haciendo do el planeta con la ayuda que prestó a Colón para el descubrimien-
jurar a éste, según se asegura, que no tratase, con un segundo ma- to del Nuevo Mundo.
trimonio o por otro medio, de privar a los descendientes del derecho
de sucesión a los reinos tan gloriosamente reunidos. N adie perdió tanto con su muerte como Gonzalo de Córdoba,
Llegado el 26 de noviembre de 1504, último día de su vida, pues ella había sido siempre su protectora y defensora. Ya dijimos
cerca de la medianoche y recibidos los últimos sacramentos, reco- que la megalomanía de éste le había de perjudicar en su vida polí-
nociendo al Rey, que estaba sentado a su lado, le sonrió asiendo sus tica, y, como ha llegado el momento de ocupamos del asunto, vamos
manos y, volviendo al cielo los ojos, entregó su alma a Dios. Tenía a dedicar algunas palabras a lo que constituye la leyenda negra del
cincuenta y cuatro años, había reinado treinta y moría en el castillo Gran Capitán.
de la Mota. Tanto éste como el Rey Católico tuvieron sus virtudes y sus
Fueron conducidos sus restos, según sus deseos, a Granada, defectos, y si no es justo atribuirle sólo aquellas al primero, no 10
partiendo el triste cortejo de Medina del Campo el 27 de noviembre es tampoco que éstos sólo se vean en el segundo. El término medio
de 1504, con un temporal de lluvias, y llegando a Granada el 18 de es 10 prudencial y, si a él se acude, se acaba por reconocer que las
diciembre, sirviéndole de escolta un verdadero ej ército de sacerdo- virtudes de ambos obscurecen a los defectos que tuvieran, 10 cual
tes, señores, soldados y pueblo, acudiendo a los caminos multitud es un orgullo y un consuelo para los españoles, pues se encuentran
de labriegos a saludar por última vez a su buena y santa reina, ante dos figuras de tan alto relieve que si el uno mereció de la His-
como la llamaban. toria el sobrenombre de Gran Capitán, el otro consiguió, sin discu-
El desconsuelo en España fué general, porque reconocían que sión posible, el de Gran Político.
había sido el espej o de todas las virtudes, el amparo del inocente Un escritor dice: "Se ha exagerado con pasión - refiriéndose
y el sable vengador para el culpable. El arzobispo Talavera dijo: al Gran Capitán - su fidelidad intachable, su integridad moral, su
"N o conozco a nadie de su sexo, en los tiempos antiguos ni en los hombría de bien, y toda exageración es mala, pues que tuvo virtu-
modernos, que pueda parangonarse con esta incomparable mujer", des y defectos."
añadiendo un escritor norteamericano que "ella fué uno de los ca- Fuerza es señalar algunos de éstos.
racteres más puros y hermosos de la Historia". En vida de la reina Isabel, poca después de la toma de Granada,
En efecto, de entendimiento recto y corazón sensible a todos se quejó el secretario de los monarcas de que Gonzalo dejaba de
los infortunios, con una energía que hubiera envidiado el varón pagar al Mulah algo que le correspondía, y que él se reservaba, por
más tenaz y emprendedor, a más de ser la mejor de las madres, la lo que el secretario había mandado prender al moro que intervenía
más fiel de las esposas y la más firme y leal amiga de cuantos la y obligado a devolver el dinero a Gonzalo; de este incidente no sólo
sirvieron, fué la gran heroína nacional, porque, reuniendo las co- no hicieron alusión los Reyes Católicos, sino que cuando recibieron
ronas de Castilla y Aragón, fundó la monarquía española, dando al Gran Capitán, en la Aljafería de Zaragoza, 10 hicieron con gran-
al país tranquilidad y orden. Cautivó a los españoles todos, irre- des agasajos, abrazándole el Rey y acompañándole hasta fuera del
conciliablemente enemigos unos de otros, con sólo administrar recta estrado.
justicia, que no se detenía ante las amenazas de los poderosos ni Durante su estancia en Italia tuvieron que reprenderle los re-
ante las. argucias de los pequeños, pues lo mismo hacía ahorcar a los yes varias veces por no darles cuenta de sus gestiones y por tratar
246 LA GUERRA EN LA HISTORIA LA REINA CATOLICA y EL GRAN CAPITAN 247
directamente con el papa de la entrega de la fortaleza de Cosenza, Hay quien asegura que la resistencia de Gonzalo se debió al de-
lo cual no podía hacer el Pontífice más que con los Reyes. seo de no intervenir en las discordias entre suegro y yerno; pero,
En el prurito de grandezas que dominaba a Gonzalo, llegó a po- aun así y todo, se reconoce que hizo mal, porque le debía; como va-
ner en su sello personal las armas reales, como si fuera un monar- sallo, más acatamiento que otros.
ca, y éste le obligó a no utilizar, como virrey de Nápoles, más que Fernando, en 1506, se determinó a ir a N ápoles a visitar aquel
el sello real. reino y comprobar personalmente los motivos de la resistencia de
Hacía y deshacía como un monarca, nombraba abogados fisca- Gonzalo, y como ocurrió que éste embarcaba en Gaeta al mismo
les, quiso acuñar moneda de baja ley y no corrigió abusos de ad- tiempo, para recibir al rey, se encontraron ambos, el 1. de octubre
0
ministración, habiendo llegado a esta:r seis meses, durante el año de 1506, cerca de Ostia, y Gonzalo, a quien el rey recibió con gran
1504 en que murió Isabel la Católica, sin dar información alguna agasajo, le acompañó, pues lo retuvo en su compañía y lo volvió
en momentos de gran interés político. a N ápoles consigo.
Porque aspirando, como dijimos, Felipe el Hermoso a la gober- Por esta época, Gonzalo había enviado a buscar a su esposa e
nación del reino de N ápoles, lo cual había tratado con el rey de hija doña Elvira, que embarcaron rumbo a Italia, casi al mismo
Francia, hizo que el emperador Maximiliano, su padre, importu- tiempo que el rey Fernando, sin admitir el pasar a su galera a
nase con promesas a Gonzalo para que se quedase con aquel reino, causa del mareo.
dándoselo al primero. La natural desconfianza del Rey no se manifestó exteriormente,
Éste fué el origen de todas las persecuciones que sufrió Gon- pues le demostró siempre admiración y confianza a Gonzalo; así,
zalo, porque, como es natural, a la muerte de Isabel, Fernando no pues, no hubo rompimiento. Es más, el Monarca nunca habló mal
podía ya ver con tranquilidad la presencia de aquél en Italia por el del Gran Capitán.
temor de que cediese a las tentadoras insinuaciones que le hacían y Una leyenda que corre como verídica es que el rey tuvo la de-
se levantase con el reino de Nápoles, donde le adoraban por su maz- bilidad de pedirle cuentas del dinero invertido en las guerras ante-
nanimidad y despilfarro. h riores, ya que había censurado la prodigalidad con que recompen-
Le mandó venir, ordenándoselo reiteradamente, como asimismo saba a sus capitanes, diciendo que poco importaba que le hubiese
que restituyese los Estados que había donado a los barones anjevi- ganado un reino si antes de llegar a sus manos lo repartía. Se dice
nos y que licenciase el ejército; pero, sin hacer caso, continuó Gon- que Gonzalo, ofendido, quiso dar una lección al Rey y a sus acu-
zalo arreglando las cosas - según dijo después, - para que no sadores presentando las que han quedado como proverbiales "Cuen-
sufrieran alteración con su partida. tas del Gran Capitán", en las que presentaba partidas exageradas,
Fernando, no queriendo sufrir más retraso en el cumplimiento entre ellas 'las clásicas: "En palas, picos y azadones, cien millones.
de sus órdenes, determinó mandar a Nápoles a su hijo bastardo, En renovar campanas destruí das por el uso continuo de repicar por
el arzobispo de Zaragoza, para asumir la autoridad y prender a nuevas victorias, 170.000 ducados. Por la paciencia de escuchar que
Gonzalo, lo que, afortunadamente, no llegó a realizarse por haber el Rey pide cuentas al que le ha regalado un reino, cien millones."
escrito éste, el 2 de julio de 1506, una carta al Rey asegurándole Afortunadamente, como decimos, esto no es más que una le-
que la tardanza era por convenir al real servicio, j urándole lealtad yenda.
y sumisión. A pesar de no haber roto el Rey con el Gran Capitán, no estaba
Claro que, de haber tenido Gonzalo otro carácter, con menos tranquilo mientras no lo sacase de Italia, por lo que se negó, a los
prurito de grandeza y sin obrar con la libertad de un potentado venecianos yal Papa, a dejarlo como general en la guerra que iban
independiente, como hacía en Nápoles, donde era muy querido por a hacerse; y, llegado el tiempo de la partida de Gonzalo, se dió éste
su esplendidez, no se le hubiese ocurrido a Fernando dudar de su a la vela, llorado por todas las clases sociales y por las damas, que
lealtad y sumisión; pero, en aquellas circunstancias, asediado como le despidieron en el muelle con el mayor afecto.
estaba por Felipe el Hermoso, el emperador Maximiliano y el Papa, r Alcanzó al Rey Católico en Génova ~ asistió a las visitas que
la menor debilidad podía representar para Fernando la pérdida del este tuvo con Luis XII en Saona, el cual le hizo sentar a su mesa
reino de N ápoles y la regencia de Castilla. con Fernando, recibiendo las mayores pruebas de admiración, pues
248 LA GUERRA EN LA HISTORIA LA REINA CATOLICA y EL GRAN CAPITAN 249
los franceses no cesaban de agasajarle y tributarle honores. El mis- te vivió con boato regio y espléndidas rentas, ganadas en la guerra,
mo Monarca, quitándose del cuello una riquísima cadena, se la puso pero debidas a la munificencia de Fernando, a quien nunca se le
por sus propias manos. Este día, 30 de diciembre de 1507, fué el oyó hablar mal del Gran Capitán ni de sus obras.
último glorioso de la carrera de Gonzalo. Otro desafuero que se achaca al Rey Católico fué el castigo que
Su traslado a España, "que hubiera sido una simple medida de impuso al marqués de Priego, sobrino del Gran Capitán, ordenan-
buen gobierno - dice un escritor, - en aquellas difíciles circuns- do derribar el castillo de Montilla, donde había nacido Gonzalo.
tancias estuvo justificado por la independencia con que Gonzalo se Los nobles mostrábanse muy levantiscos, y el Marqués. un jo-
conducía en su gobierno de Nápoles, con pujos de soberano engreí- ven cacique de Córdoba, resultaba responsable de un alboroto, por
do por sus triunfos y su fama, solicitado por los árbitros de la po- lo que se mandó un alcalde de casa y corte con orden al Marqués
lítica europea". para que saliese de la ciudad. N o sólo no le obedeció, sino que co-
Fernando, que veía a su insigne vasallo ciego con la gloria que metió el desacato de apoderarse de su 'persona y enviarla, presa, a su
había alcanzado y discurriendo con altivez, no estaba conforme con castillo de Mantilla. Y como era reincidente, pues en vida de Isabel
su sistema administrativo, ya que él era comedido en los gastos, la Católica había cometido otros desafueros, don Fernando, muy
nada dadivoso y estaba siempre en continuos apuros económicos. justamente enojado, fué en persona a castigar severamente aquella
"Ante tal cúmulo de circunstancias, ¿hubiera obrado de otro rebelión. N o hay que olvidar la misión que se habían impuesto los
modo cualquier monarca que 11.0 fuera el rey de España?". Reyes Católicos de dominar a la nobleza. En cuanto a Gonzalo,
Gonzalo hizo su llegada a Valencia con una ostentación de po- encontraba tan razonable el enojo del Rey que le dijo: "Si mi so-
derío que había de ofender a Fernando. Ni las posadas ni los pue- brino ha errado y hecho 10 que no debía, mándelo V. A. castigar
blos eran bastante para alojar a aquella multitud de oficiales, ami- con justicia." Sin embargo, acudió a Cisneros pidiéndole hablara
gos, deudos y curiosos que, vestidos con las más ricas pieles, sedas en su favor, pero no le atendió, por ser muy contrario a la nobleza
y brocados, le acompañaban, deslumbrando con el brillo de su mag- díscola.
nificencia. En Burgos 10 recibió el Rey el 24 de mayo de 1508, con Pues bien, aunque fué sentenciado a muerte, el Rey le condenó
toda la corte; y él, con su séquito (que, por la calidad de las per- al destierro; pero mandó derribar el castillo de Mantilla, que había
sonas y el trato que les daba, era superior al de la casa real), le hizo servido de cárcel. Quedaba reducida la sentencia a una operación
pleito homenaje de obedecerle como Regente, pues ya había muerto de justicia, con indulto de pena corporal en atención a los servicios
Felipe el Hermoso, durante la minoridad de su nieto Carlos V. prestados .por el Gran Capitán.
Éste fué el último día de armonía con el Rey. Tenía Gonzalo ¿Dónde estaba la saña? ¿En que en el castillo había nacido el
cincuenta y cinco años de edad. Gran Capitán? Seguramente que, de haber vivido, la Reina Cató-
El primer rozamiento fué con motivo de no haber!e conferido lica hubiese sido tan inflexible como su esposo.
el maestrazgo de Santiago, el más rico de España, que le había Éste, en compensación de no haberIe dado el maestrazgo de
prometido en cuanto llegase a la corte, para interesarle en su salida Santiago, le ofreció la ciudad de Laja para él y sus descendientes;
de Nápoles. Pero resultó que, divididos como estaban los nobles, pero rechazó la oferta diciéndole "que su queja valía, para él, más
se corría el peligro de que no se conformasen con aquel nombra- que una ciudad". En aquélla siguió viviendo con la magnificencia
miento, e1igiesen ellos el suyo y viniese el consiguiente cisma, 10 que acostumbraba, sin que se acordasen de él para la expedición de
cual representaba mayor peligro, dada la corta edad del príncipe Cisneros a las costas de África ni para la guerra de Italia. Sin em-
Carlos. bargo, a causa de la derrota de Rávena de 1512, de la que luego
Así, pues, nada de particular tenía 10 que se hacía en beneficio trataremos, pensó Fernando en darle el mando del ejército y, a por-
de la monarquía, por muy censurable que le resultase a Gonzalo, fía, de todas partes acudían a servir hasta sin sueldo a sus órdenes,
que ya no era admitido en los Consej os y se veía desairado en la y ya estaba todo preparado y algunas tropas embarcadas cuando,
corte; pero no por eso quedaba en difícil posición económica, por- habiéndose arreglado los asuntos de Italia, se suspendió la marcha;
que cuando fué a N ápoles no era más que un pobre segundón de por lo que, molesto Gonzalo, pidió permiso para ir a sus tierras de
una c.asa ilustre de Castilla, sin bienes de fortuna, y hasta su muer- Terranova, en Italia, permiso quel como es lógico, no le concedió
250 LA GUERRA EN LA HISTORIA
cia por sumas que él le habia facilitado durante las pasadas guerras. Ocurrió, pues, que el papa Julio II, satisfecho de haber reco-
Tal fué la famosa Liga de Cambray, la más injusta que hasta brado su Estado, cuando vió humillado el orgullo de los enviados
entonces se había verificado, pero que en verdad se merecía Venecia venecianos calmó su furor, y dueño ya de las ciudades papales de
por su política interesada y codiciosa, a la que debía su engrande- la Romaña, se volvió contra los franceses a los que siempre odió,
cimiento. porque despreciaba a los extranjeros ya los franceses con especia-
Para justificar los preparativos dieron como excusa que era una lidad por su exaltado patriotismo. Además porque empezó a temer,
confederación de príncipes cristianos contra los turcos, y que sien- no sin fundamento, que Luis XII quisiera apoderarse de aquellos
do la intención de los aliados sostener al Papa en la cruzada con- Estados; y, en efecto, envanecido éste con sus fáciles triunfos, mos-
tra los infieles, iban a empezar recobrando de Venecia los territo- traba intenciones, como luego verificó, de apoderarse de la Romaña.
rios que había quitado a la Iglesia y a otros Estados. Fernando el El Papa, que siempre había sido enemigo acérrimo de Luis XII,
Católico dijo que, si bien había recibido dinero de Venecia, 10 había buscó el apoyo de Venecia y de Fernando el Católico, concluyendo
empleado en recobrar Cefalonia a dicha República y, por 10 tanto, la alianza el 4 de octubre de 1511, alianza que se llamó la "Santí-
las ciudades que tenía ocupadas en Apulla le correspondían por de- sima Liga", pues se encaminaba, según decían, a restituir a la
recho. Iglesia el condado de Bolonia, de que Luis XII se había apoderado;
Los primeros que empezaron la guerra fueron Luis XII, an- pero, en realidad, el propósito de esta Liga era arrojar a los fran-
sioso de indemnizarse de la pérdida de N ápoles, el cual, en abril ceses (o a los bárbaros, como los llamó Julio II) de Italia. Fernando
de 1509, cuando el Papa excomulgó a los venecianos y a cuantos los el Católico tenía interés en arrojarlos porque no le agradaba que,
apoyaran, inició un rudo ataque, como estaba pactado, atravesando apoderándose de los Estados de la Iglesia, los pudiera tener como
los Alpes, a la cabeza de un numeroso ejército, con la ira propia de un vecinos del reino de N ápoles.
soberano que fuera a castigar a sus súbditos; y, reuniendo en el Mi- Tales fueron las causas que ocasionaron la campaña de! Bolo-
lanesado 30.000 hombres, pasó el Adda. Los venecianos, en número nesado, que vamos a describir.
de 34.000, mandados por Albiano, estaban en Treviglio, donde se Corría el año 1512; se había comprometido Fernando el Cató-
hicieron fuertes, sosteniendo el 8 de mayo de 1509 fuego de arti- lico a facilitar para la campaña 12.200 hombres, distribuidos en
llería con los franceses durante varios días. N o logrando Luis XII esta forma: 1.200 hombres de armas o caballería pesada, 1.000 de
su propósito, para hacerles abandonar su posición se dirigió a Ri- caballería ligera y 10.000 infantes, los cuales, al unirse con los ejér-
volta, amenazando cortar les su comunicación con Cremona; pero citos de Venecia y del papa, se habían de poner todos a las órdenes
los venecianos se le adelantaron y se fortificaron en Agnadel, resis- del virrey de N ápoles. Lo era por entonces don Ramón de Cardona,
tiendo el 14 de mayo de 1509 el ataque de la vanguardia francesa, persona muy distinguida por sus modales, pero sin resolución ni
mas no así el del grueso, que cuando se le vino encima, con Bayardo experiencia castrenses. El anciano y sarcástico Pontífice le llamaba
e Ivo de Alegre, rodeándolo por los flancos, le hicieron experimen- "la Señorita Cardona", y creíase que era hij o natural del Rey Ca-
tar una completa derrota, quedando en el campo cerca de 10.000 tólico; 10 cierto es que éste le tenía mucho cariño y que en todas las
venecianos con todo el bagaje y la artillería: el mismo Albiano quedó ocasiones le colocó en puestos superiores a sus méritos. Por fortu-
prisionero de los franceses, que sólo perdieron unos 500 hombres. na, quien realmente mandaba el ejército era Pedro Navarro.
En poco tiempo, Luis XII pudo hacerse señor del territorio que Francia hizo un esfuerzo sobrehumano y pudo reunir un ejér-
se le prometía por el tratado de Cambrai, ya que la sangrienta ba- cito superior al de los aliados con respecto al número, y mucho más
talla de Agnadel decidió el éxito de la campaña, pues quebrantó con respecto al general que destinó para su mando.
el poder de la República, que perdió las ciudades de Crema, Cre- Era éste, sencillamente, un jovenzuelo, pues sólo contaba vein-
mona, Bérgamo y Brescia, o sea las reclamadas por Luis XII. tidós años; hermano de Germana, casada con Fernando el Católico,
El Papa recobró fácilmente las suyas, y Fernando el Católico se y llamado Gastón de Foix, duque de N emours, talento militar de
apoderó igualmente de las plazas de Apulla. primer orden, era sobrino de Luis XII.
Sólo faltaba entrar en campaña precisamente el que más ánimos Lo primero que hizo fué introducir una severa disciplina en su
había demostrado: esto es, el emperador de Alemania. ejército, y una nueva táctica. Tenía tan precoz inteligencia y tan
254 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAflAS DE ITALIA 255
aventajados talentos militares que, a pesar de su corta edad, era citas: uno el veneciano, que estaba en Brescia, y otro el español,
reputado como el más entendido e intrépido general de Francia. que, al desfilar por la Romaña, había recogido las tropas del Papa
Por esta época, la inclemencia de las estaciones o los obstáculos en y estaba en Bolonia, de donde le había obligado a retirarse Gastón
los caminos ponían un límite a las operaciones militares; pero él de Foix.
rompió estos antiguos moldes y, atravesando pantanos ocasionados Éste, rápidamente y valiéndose de su posición central, hizo una
contramarcha y se dirigió contra los venecianos hacia Brescia, de-
rrotando un destacamento en el camino y a todo el ejército vene-
ciano bajo las murallas de Brescia, que tomó por asalto. Esta vic-
toria: y conquista levantaron tanto la reputación de Castón de Foix
que empezaron a conocerle con el nombre de "El Rayo de Italia";
tales eran su actividad y la seguridad de sus golpes.
Cuando Fernando el Católico vió 10 terrible que S~ presentaba
el tal Gastón, recomendó a don Ramón Cardona que adoptara el
sistema de entretenerle sin presentarle batalla; esto es, la prudencia
de Fabio, que tan buenos resultados le habían dado a Gonzalo en
sus brillantes campañas.
Gastón, por su parte, se entretuvo algunas semanas en Brescia
con motivo del carnaval, pero en seguida se volvió y encarninóse
a Rávena, a la que puso sitio.
)c,
Don Ramón Cardona, que ocupaba una fuerte y ventajosa po-
BQ/olllia.. sición en el castillo de San Pietro, cerca de Bolonia, cometió la
imprudencia de levantar el campo e ir en busca de Gastón, fiado sin
R. ~ ti e 11\ e, ~=====:j duda en la superioridad numérica que tenía, pues llevaba, entre es-
o pañoles y pontificios, 30.000 hombres con 20 piezas, pero Gastón
reunía 28.000 hombres; por 10 tanto, la diferencia no era tanta.
Gastón había acampado bajo los muros de Rávena, cerca de la
I confluencia de los ríos Ronco y Montone, intentando en vano el.
asalto de la plaza. Sus tropas empezaban a experimentar carencia
de víveres, cuando se presentó Cardona, estableciéndose a unos seis
kilómetros de la plaza y a la derecha del Ronco.
Cuando 10 supo Gastón, dej ó una retaguardia frente a los mu-
ros de Rá vena y, en la noche del 10 de abril de 1512 , atravesó el
Ronco y se presentó frente a Cardona.
por las lluvias, y hundiéndose en la nieve, ejecutó marchas con una La batalla que se iba a dar fué una de las más sangrientas que
celeridad desconocida en las guerras de aquella época, causando el hacía unos siglos habían enrojecido los hermosos campos de Italia.
asombro de propios y extraños. Gastón, apoyando la derecha en el Ronco, colocó la infantería
En menos de quince días y en el rigor del invierno, pues salió en el centro, y la caballería, que ascendía a 10.000 jinetes, la repar-
de Milán el 5 de febrero de 1512, se puso en Bolonia, ciudad guar- tió en las alas, dejando sólo 600 lanzas de reserva. La artillería del
necida por los franceses, a los que tenía sitiados don Ramón Car- duque de Ferrara, la mejor montada y servida de Europa, la colocó
dona, que hubo de levantar el cerco en cuanto se presentó Gastón a la derecha.
de Foix. Don Ramón Cardona, que tenía a sus órdenes a capitanes tan
Conviene advertir que las tropas de la Liga formaban dos ejér- ilustres como Pedro Navarro, Fabricio Colonna y el marqués de
256
LA GUERRA EN LA HISTORIA
CAMPAIVAS DE ITALIA 257
Pescara, apoyó la izquierda del ejército en el Ronco, teniendo cu-
ble~to su fr,ente, derecha y retaguardia, por un foso; en el frente Gastón de Foix, orgulloso por el triunfo y exasperado al_mismo
tema, ~demas, una especie de trinchera formada por treinta carros, tiempo al ver la tranquilidad con que aquel cuerpo de espanoles se
de~end,ldos con. estacas puntiagudas y guarnecidos con piezas de retiraba tan ordenadamente, dió una d,esesr:rada carg~ con ~spe-
arbllena repartIdas en todo el frente, lo que hacía bastante fuerte ranza de rornperlo. Pero su caballo fue hendo y Gaston cayo de-
a la posi,ción. Las tropas estaban dentro, preparadas para la batalla bajo de él. .".
en tres lmeas: mandada, la primera, por Fabricio Colonna, y la se- En vano sus soldados empezaron a gntar: ~~ nuestro vIrrey:
gunda, por Cardona. Pedro Navarro, al frente de 500 infantes es- el hermano de vuestra reina." Los españoles no hicieron ~a.s? y fue
pañoles, no tenía puesto fijo. muerto a consecuencia de la infinidad de heridas que re~lblO; baste
., El 11 de a?ril de 1512, Gastón de Foix avanzó hacia la posi- saber que, sólo en la cara, se le contaron catorce o quince : bue,na
cron de los colIgados; pero, al vería tan formidable, hizo alto con prueba, según dijo Bayardo, que estuvo presente, de que aquel prm-
la derecha, y, como siguió avanzando la izquierda, resultó Sl1 línea cipe no había vuelto nunca la espalda '. , . .
con una forma cóncava. La artillería empezó a funcionar por am- Por entonces habían muerto también los mejores ~apItanes es-
bas partes, aunq~e con más daño para los franceses, que estaban pañoles, y el ej ército aliado se retiraba deshecho, perdiendo bande-
al ~e~;ublerto, mientrae los aliados se mantenían al abrigo de una ras, artillería y bagajes, y más de 6.000 hombres entre muertos,
posicion que los defendía del cañoneo enemigo. Entonces fué cuan- heridos y prisioneros, contándose entre éstos Pedro Navarro, Co-
do el d?qu: de Ferrara ideó trasladar la artillería del costado dere- lonna y el marqués de Pescara. .
ch.o al iequíerdo, desde donde cogía de flanco a los aliados, que su- La batalla de Rávena, dada el domingo de Pascua,l1 de abril
fneron grandemente sus efectos. de 1512, es notable porque fué la primera que. de~ostro lo m~lo de
Fabricio Colonna, que mandaba la primera línea, avanzó con las formaciones en grandes masas contra artilleria t,an adr.r:lrable-
ella; pero, ~or efecto del fuego enemigo y de tener que pasar el mente empleada como la del duque de Fer:ara, y ~ue tam~~en glo-
foso, resulto que s~ caballería llegó desordenada y no pudo sufrir riosa para la infantería española, que, segun C?rCI, mereció ,la ad-
el ch.Q.cI.U; del en~nugo. ,La segunda línea, mandada por Cardona, miración de sus mismos enemigos, como los grIegos de Clearco en
Cunaxa, Se comprobó que la defensa necesitaba_ nuevos métodos,
no apoyo a la pnme~a h~ea corno debía, sino que volvió la espalda
antes de pelear, seguida Igualmente de la tercera línea. cual fué aquí el de la contraofensiv~ de los espanoles.
En 10 referente a Gastón de F01X, pocos ejemplos Se presentan
N o quedaban más que los 500 infantes españoles mandados por
de nadie en la Historia que, como él, haya tenido tan ?reves 7, al
Pedro Navarro, que marchaban en apoyo de la primera línea v que
fueron conducidos por él contra una fuerte columna de lansquene- mismo tiempo, tan brillantes éxitos militares. Con ra~~n .le titula-
ban "El Rayo de Italia". Al ponerse al frente del ejército, nada
tes que, con sus largas picas, venían ~rrasando cuanto se les ponía
por dela..nte. El choque de esta formIdable columna lo resistieron extraordinario había prometido y, sin embargo, en el. sol? trans-
l<?sespañoles a!g? defendidos con la cota de malla de que iban cu- curso de tres meses consizuió resultados tan extraordinarios, que
biertos, y, deslIzandose entre las filas enemigas, arremetieron a los con motivo pudieron temblar los grandes poderes de la península
lansquenetes COn las espadas cortas, tan de cerca, que imposibilita- respecto de la suerte de sus Estados. .,
d?s éstos para manejar tan incómoda , armas cama eran las largas Sus precoces talentos militares, la temprana edad. er: q~e asUn;lO
el mando de ejércitos, las particularidades de su dl~clphna y t~c-
pIcas,. l~s arrollaro~ y des?lcleron, acreditando más que nunca la
supenondad de la mfantena española. tica, y, más que nada, la manera brillante de conducir su campana,
cayendo sobre uno y otro ej ércitos enemigos para desbarat~rIos,
Sin embargo, como no era apoyada por la caballería tuvo que
como lo hizo, interponiéndose entre ellos, le dan una ?,;an seme.-
cede~ terreno cuando los franceses, al mando de 1va de Álegre, los
janza con los principios de la carrera de Napoleón, y quien sabe SI,
c.argo resueltam.ente. En .esta c~rga murió 1vo de Alegre. La re-
de haberle concedido Dios vida, hubiera sido tan grand«; como
hrada de los coligados se Iba venficando con orden admirable man- aquél, ya que empezaba de modo tan brillante, en edad :nas tem-
teniendo las filas intactas y volviendo de cuando en cuandd atrás prana que ninguno de los grandes capitanes de la Humanidad.
para rechazar el alud que se les venía encima. Entonces fué cuando La derrota de Rávena consternó a los aliados, pero Fernando
17. - LA GUERRA EN LA HISTORIA. - PRIMERA SERIEJ. ~ TOMO VII
258 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPANAS DE ¡TALlA 259
el Católico, para reanimarlos, prometió mandar al Gran Capitán, a ultimarse ni otro segundo, en 1512. Casó, por último, en 1518,
a. fin de que tomase el mando de los ejércitos; mas no hubo nece- ya muerto 'el Gran Capitán, con un primogénito de los condes de
sidad de ello, pues la. victoria de Rávena fué más fatal para los Cabra, con lo que se unieron dos casas procedentes del mismo tron-
franceses que para sus enemigos. En efecto, la muerte de Gastón co familiar cordobés.
produjo rivalidades y discordias entre los caudillos e insubordina-
ción e indisciplina entre los soldados. ' Cuando el turbulento papa Julio II vió a los franceses fuera de
Al n: ismo tiempo conseguía el Rey Católico que el de Inglate- Italia, pensó en hacer 10 propio con los españoles, y, al efecto, entró
rra, .Enr?que VIII, entrara en la Liga y que el emperador de Ale- en tratos con los venecianos y con los mismos franceses que por
~al11a hiciera treguas con Venecia, con lo que se consiguió que pu- su causa habían salido de Italia; buscó también el apoyo del empera-
d!era entrar, en Italia un ejército suizo de 24.000 hombres y 18 dor de Alemania, y en estas complicaciones y revueltas estaba, cuan-
piezas.
do ocurrió su muerte el 20 de febrero de 1513, sucediéndole León X.
. Los alemanes que iban en el ej ército francés se negaron a con- Con esto tomaron las cosas nuevo giro; los venecianos se alia-
tinuar en las filas; de modo que no tuvo más remedio La Palice ron con sus antiguos enemigos los franceses, y éstos entraron otra
que era el que ahora mandaba el ejército francés, que dejar 8.00á vez en Italia, pues Luis XII ambicionaba conquistar el ducado de
hombr.es en la Romaña, y, temiendo por Milán, al que amenazaban Milán. Entró, pues, en él con 18.000 hombres mandados por La
~?S SUIZOS,e~pezar la retir~d.a, en la que la infantería española, Tremoille, y el duque de Milán, Sforza, no tuvo más remedio que
·~or lo consistente, por lo sólida, por lo fiera - como dice un es- encerrarse en Novara, donde fué sitiado por los franceses en mayo
CrIto: nuestro - acrece, si ello es posible, su fama de invicta. Con de 1513. No disponía aquél más que de un cuerpo suizo de los que
ell~ Iban Navarro, Pescara, Leyva, Alarcón y Fabricio Co!onna, había mandado el año anterior el emperador de Alemania, p~ro es-
el emulo de Gonzalo, que, al saberlo desde su retiro, ardía en deseos tas fuerzas resistieron gloriosamente a los franceses, que no tuvie-
de volver al teatro de sus glorias". ron más remedio que emprender la retirada, seguidos. sin embar-
Una vez e~ el Mil~es~d? los franceses, se dispersó su ejército go, por los suizos, que, de improviso y en número de 20.000, los
p?r falta ?; dmero y disciplina, perdiendo no sólo lo conquistado, acometieron, no pudiendo los franceses resistir el empuje de esta
sino también la Lornbardia ; y, a los tres meses de la batalla de terrible infantería, que no tenía un solo cañón, e hizo huir llena de
Rávena, esto es, en julio ~e 1512, estaban al pie de los Alpes, aban- terror a la caballería francesa. Quedaron en el campo 10.000 hom-
d~nando todas las. conquI~tas de Italia y dejando preponderante, bres y toda la artillería. Los suizos, en esta sangrienta batalla de
mas que nunca, la influencia española, después de doce años de do- N avara de 6 de junio de 1513, derrotaron tan completamente a los
minación francesa.
franceses, que hubieran podido seguirIos hasta París, si no los hu-
~uando Fernando el Católico vió que no necesitaba del Gran biera detenido en su marcha el señor de La Tremouille, que los ven-
CapIt~n,. le man?ó licenciar el ejército que estaba organizando con ció en Borgoña.
gran éxito, continuando el gran guerrero en el ostracismo hasta su Quedaban solos los venecianos y, entonces, don Ramón Cardo-
muerte, ocurrida, COmo hemos dicho, el 2 de diciembre de 1515. na, con el ejército español, atravesó sin resistencia el Milanesado,
devastando y. arrasando los antiguos territorios de Venecia, así como
Gonzalo de Córdoba tuvo, de su casamiento con doña María las fincas y 'palacios que los nobles venecianos tenían a las orillas
Manri~~e, tres hijas: María, Beatriz y Elvira. La primera murió, del Brenta, acercándose tanto a Venecia, que lanzó algunas bombas
muy nma, en IlIora; y las otras eran aún niñas cuando en 1498 dentro de la ciudad. Tanto irritó esto a los venecianos, que se alza-
regresó a España después de su primera campaña de Italia. ' ron en armas bajo el mando de Albiano, aquel que propuso a Gon-
E~ 1500 t~mó parte en la _guerra de Granada y, después, fué zalo echar el puente sobre el Garellano en la célebre campaña.
a ItaJ¡~ a cont:nuar sus campan~s, que terminó en 1503; pero no Cardona, después de lanzar, como hemos dicho, algunas bombas
reg~:so a España hasta 15,07, y solo en 1509 se reunió con su mujer sobre Venecia, acordó con el marqués de Pescara tomar la vuelta
e hiJOS, ~ue est~ban en Ge.nova. En 1511 murió, soltera, Beatriz y, a Vicenza, llevando consigo más de 500 carros con el botín cogido.
por el mismo tiempo, Elvira concertó su matrimonio, que no llegó Albiano los siguió, y cuando Cardona estaba comprometido en
260 LA GUERRA EN LA HISTORIA
CAMPA~AS DE ITALIA
a cumplir las órdenes del Rey Católico, pues, receloso y poco seguro
de que los suizos permanecieran fieles a la causa de la coalición, no
quería incorporarse a ellos. .
Estaban los suizos vigilando los pasos de los Alpes por orden
del duque de Milán, a quien más que a nadie le interesaba que no
invadieran los franceses la Lornbardia. Acostumbraban los fran-
ceses verificar sus invasiones en Italia por los collados del Monte
Cenis y Monte Geneve, por cuyo motivo los suizos se habían esta-
blecido en Suza.
Don Ramón Cardona, para cumplir en parte con las órdenes
del Rey Católico, había mandado los hombres de armas, a las ór-
denes de Próspero Colonna, al pie de los Alpes, y estaban estable-
cidos en Villafranca.
Sucedió en esta ocasión que Francisco 1, en vez de penetrar
por los collados en que le esperaban, atravesó los Alpes por más
abajo, esto es, por el collado de Argentiere; y, cayendo sobre Villa-
franca el 15 de noviembre de 1515, sorprendió e hizo prisionero
a Próspero Colonna y la mayor parte de los suyos.
Cuando el grueso principal de los suizos, que estaba en Suza,
se vió envuelto por los franceses, se retiró a toda prisa, por Turin,
a Milán, seguido de los franceses, que no pudieron alcanzarle por
10 pesado de su impedimenta.
Siguió Francisco r a Turín, y, de allí, él se encaminó a Pavía,
y Pedro Navarro a Novara, apoderándose de estos dos puntos y,
por 10 tanto, de la línea del Tesina. Reunido de nuevo el ej ército
francés, el objetivo principal era Lodi, porque por allí acababan
de pasar el Adda los venecianos al mando de Albiano, y de este
modo se reunirían, dándose la mano, ambos ejércitos y quedando
interpuestos entre los dos ejércitos enemigos, que estaban: los sui-
zos, en Milán, y los españoles, con don Ramón Cardona, en Cre-
mona. Este último, viendo ya al francés interpuesto en su camino
a Milán, avanzó por el Po y, echando un puente de barcas en Pla-
sencia, pasó a la orilla derecha de este río.
Puede decirse que la unión deseada por el francés estaba veri-
ficada cuando llegó Francisco 1 a Marignán o Melegnano, porque
estando los venecianos con Albiano en Lodi, nadie la podía evitar
a tan corta distancia como se encontraban. Sin embargo, no llegó
a verificarse sino después de la batalla de Marignán.
Estaban, como hemos dicho, los suizos en Milán a las órdenes
de Maxirniliano Sforza, y habían recibido refuerzos hasta el ex-
tremo de llegar al número de 30.000 infantes con 10 piezas y un
poco de caballería. Desesperados de que se les pudieran unir los
264 LA GUERRA EN LA HISTORIA CAMPAnAS DE ITALIA 265
españoles, se juzgaron con suficientes fuerzas para atacar a Fran- gantes por ser una de las más reñidas y sangriendas que se dieron
cisco 1, y así lo hicieron el 13 de septiembre de 1515, saliendo de en los campos de Italia. Francisco 1 se jactaba de haber estado
Milán en dirección del campo enemigo. veintisiete horas a caballo sin comer ni beber; verdaderamente, en
Ocupaba Francisco 1 la posición de Marignán a la derecha del dicha jornada dió pruebas de gran ánimo y valor, y con razón se
Larnbro, teniendo los 50.000 hombres y 47 piezas de que disponía le atribuyó la gloria del vencimiento.
en la siguiente forma: La batalla proporcionaba a Italia un equilibrio relativo entre el
Tres escuadrones de infantería en el frente, con 4.000 ballesteros poder francés en el N. yel español en el S., y la influencia de Ve-
gascones a la derecha, formando un total de 28.000 hombres, que necia y el Pontificado en los destinos peninsulares.
era la infantería de que disponía; los 18.000 caballos del ej ército, Como en Rávena, se puso de manifiesto lo ineficaz y pernicioso
en tres grupos en los intervalos, y las 72 piezas en el frente, em- de las formaciones en grandes masas contra la artillería bien em-
plazadas detrás de parapetos. pleada, y la necesidad de la contraofensiva. En esta batalla, las for-
Los suizos avanzaron en tres batallones, con su escasa artillería maciones profundas de los piqueras helvéticos no pudieron sub-
al frente cubierta por bandas de tiradores y guerrillas. Llegados sistir ante el incipiente cañón. La masa, antiguo y principal funda-
a la línea enemiga, el batallón del centro atacó con tal ímpetu a la mento de la defensiva, quedaba recusada, pues necesitaba de nuevos
batería francesa de aquel punto, que se apoderó de 7 piezas; pero métodos. La contraofensiva, empleada ya en Rávena, fué utilizada
el de la izquierda se vió detenido por los arqueros gascones, y el también en Marignán. Se dice que, por primera vez, se hizo uso
de la derecha, aunque quiso rebasar la izquierda enemiga, se vió del fuego por descargas, atribuído a Pedro Navarro, que en el úl-
detenido también por la caballería francesa .. Se hizo general el cho- timo tercio de la batalla ordenó a los arcabuceros y ballesteros tira-
que en todo el frente, y se terminó el combate aquel día con un vio- sen de una vez contra los compactos escuadrones suizos.
lento fuego de cañón por ambas partes. Llegados los suizos a Milán, exigieron al duque Maximiliano
Pasaron la noche en contacto ambos ejércitos; al día siguiente, Sforza las tres pagas que les debía, y como no las pudiera satisfa-
14 de septiembre de 1515, se reanudó el combate; pero Francisco 1 cer, se retiraron a su país, dejándole solo en el castillo. Los fran-
reunió en una sola batería toda la artillería y la caballería que tenía ceses entraron en Milán y pusieron sitio al castillo, que pudo muy
bajo su mando, quedando extendida en todo el frente la infantería. bien defenderse, pues contaba con medios para ello; y aunque es
Los suizos volvieron a avanzar con sus tres batallones, pero el cierto que rechazó algunos asaltos, no extremó la defensa. En este
del centro fué materialmente diezmado por toda la artillería y se sitio se hizo uso, por Pedro Navarro, de los cestones que hoy se
vió detenido, lo mismo que el de la izquierda, que, como el día emplean en el ataque y defensa de plazas.
anterior, se las tenía que ver con los arqueros gascones. La ventaja Maximiliano Sforza, duque de Milán, rindió por último el cas-
la consiguió el batallón de la derecha, que logró desordenar la iz- tillo de esta plaza, famosisimo porque nadie lo había tomado. y me-
quierda enemiga, llegando hasta donde estaban los carruajes fran- diante una indemnización en metálico renunció a todos sus derechos
ceses; pero en este momento tan crítico se presentó Albiano, que ~l ducado de Milán, en favor del rey de Francia.
llamado por Francisco 1 durante el curso de la batalla, venía de Había conseguido Francisco 1 cuanto deseaba; esto es, Lom-
Lodi con algunos caballos ligeros y un poco de infantería. Este bardía; en tanto, los venecianos, separados de los franceses y capi-
pequeño refuerzo sirvió para desbaratar la derecha suiza, alero des- taneados por Albiano, inútilmente se dirigieron a Brescia con inten-
ordenada, y rehaciéndose la izquierda francesa, puesta en f~ga, se ción de sorprender la plaza; nada consiguieron. De allí marcharon
revolvió contra el batallón central, que creyendo se les venia en- contra Verona y la sitiaron. Hay que advertir que estas dos plazas
cima todo el ejército veneciano, emprendió la retirada sobre Milán, estaban fuertemente guarnecidas con tropas españolas dejadas por
llevándose toda su artillería y verificando la retirada tan lentamente don Ramón Cardona, cuando tuvo que separarse de aquella zona
que, maravillados los vencedores de tanta firmeza, no se atrevieron para ir en socorro de Milán.
a perseguirlos, pues en tal orden marchaban que, "en su partida, Los venecianos, en su deseo de conquistar algo por su parte
no había cosa alguna que pareciera huída". para quedarse con ello, pusieron sitio a Verona, como hemos dicho;
Ésta fué la célebre batalla de Marignán, llamada de los Gi- pero apenas hab'an empezado los trabajos, cuando murió su gene-
266 LA GUERRA EN LA HISTORIA
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ral, Bartolomé Albiano, que tanto se había distinguido al lado del '0.. '0..
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Gran Capitán en la campaña del Carellano. Estaba bastante viejo .; u u '" C\l
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una tregua de veinte días y la entrega de la plaza si en este lapso
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este socorro, decidieron hacer una salida contra el campo enemigo, "-' '--
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a lo que se opuso el jefe de los 7.000 hombres que habían venido -.:1<
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de socorro, el cual se retiró de la plaza dejando sólo dos compañías -.:1<
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y llevándose el resto. Por este motivo, se sublevó nuevamente la
guarnición. ...; ...; c:<:i ...;
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Navarro y Trivulcio levantaron el campo para socorrer a Milán,
268 LA GUERRA EN LA HISTORIA
CAMPAiVAS DE ITALIA 269
amenazado po~, el. emperador de Alemania, que se dirigía alli con
un poderoso ejercito, que se disolvió como por encanto, pues corn- Emplazada la artillería y roto el fuego, fueron arrasadas casi
por completo las murallas, asaltando el enemigo el recinto por cinco
- -- .•........... puntos, a pesar de 10 cual fué rechazado heroicamente por la guar-
nición; pero cuando ésta se vió sin víveres ni municiones, capituló,
con las más honrosas condiciones, el 24 de mayo de 1516. Cuando
el enemigo vió salir de la plaza sólo 700 hombres quedó abochorna-
do, pues no comprendia que tan poca gente hubiera resistido con
tanto heroísmo.
Antes de esta capitulación, el 23 de enero de 1516, había muer-
to el Rey Católico, y tres meses después terminó la guerra con la
paz de Noyon, firmada el 13 de agosto de 1516, en la cual se esti-
pulaba, entre otras cosas, que había de casarse Carlos I de España
(que a la sazón reinaba) con la hija de Francisco I, niña de pocos
meses de edad.
Como las guerras de Italia (que duraron cincuenta años), y des-
pués las de Flandes, constituyeron ia época de nuestra supremacía
militar, y como fueron tantas las incidencias de las primeras que
sólo con un esfuerzo de la imaginación pueden seguirse las varia-
ciones que la política egoísta de los diversos Estados italianos iban
presentando durante este tiempo, creemos oportuno resumir en el
adjunto cuadro las que hemos descrito y que ocurrieron en el es-
pacio de veintidós años, o sea, entre los años 1494 y 1516, durante
la vida del Rey Católico.
Estas guerras de Italia las podemos subdividir en tres grupos:
puesto la mayor parte por suizos a los que se les debían muchas
pagas.' aband~~a~on las filas, marchando a su país .
.I;Ibre el ejercito frances de este temor, volvieron ahora en masa
a sitiar por cua~ta vez a Brescia, cuya guarnición estaba reducida
a un~s 600 espanoles, pues los restantes habían desertado.
EL R E Y FE R N A N D O E L e ATÓ L 1CO .271
en contra suya, ligándose con este último por medio de un matri- siguieran creyendo que estaba loca y pudieran, ~~n fundamento, go-
monio con Gerrnana de Foix, la parienta más cercana del rey francés, bernar. LIeO'ó a suceder que, en una conversacion de muchas horas
realizado por poderes en Blois, el 19 de octubre de 1505. que sostuvo"'con el Almirante, "nunca respondió cosa queJueta des-
Como la detención en Flandes de Felipe el Hermoso y su esposa acertada", ni pudo éste hallar resquicio por donde descubrir la locura
fué a causa del embarazo de ésta, que dió a luz su tercera hija, la que su marido daba como segura.
infanta María, en septiembre de 1505, pidó aquél permiso al rey Fernando salió de Aragón el 13 de julio de 1506, yendo a Zara-
de Francia para cruzar su territorio, y cual no sería su asombro al goza, donde le esperaba la reina Cermana. .
encontrarse con la negativa del monarca; la alianza empezaba a dar Poco más de dos meses había de disfrutar Felipe el Hermoso la
sus frutos. corona ; pero, en este tiempo, tal como Fernando había previsto, em-
Claro que el casamiento de un hombre como Fernando, de más pezaron a presentarse los conflictos; las arbitrariedades que cada
de 55 años, con una joven que sólo tenía veintiuno, produjo impre- día cometían el Monarca y sus privados, hacían que el pueblo de
sión poco grata en el pueblo, tanto más cuanto que se creía había CastilIa pensara en el Rey Católico como única solución. Al no en-
jurado a Isabel la Católica no volver a casarse. tregársele el alcázar de Segovia, quiso Felipe ir a imponer su vo-
CastilIa nunca perdonó a Fernando su segundo matrimonio por- luntad por las armas; pero, al llegar a m~tad del c~mino, c.reyendo
que, moralmente, no era defendible, y no se hicieron públicas las Juana la Loca que la iban a encerrar sm, se, nego ~ contmu~r, y
altas razones de Estado que lo habían impuesto. gracias a que se supo que la fortaleza se habla rendido, volvlero~
En cuanto a Juana la Loca, los que fueron a darle noticia del a Burgos. Cuando se creía llegado el momento de la rotura de hosti-
nuevo casamiento de su padre quedaron escandalizados del .inicuo lidades por las imprudencias de ,Felipe, éste cayó. repentinamente
trato que le daban, no permitiéndole más que verla, sin hablarle enfermo, muriendo a los pocos dias, el 25 de septiembre de 1506,
una palabra. cuando contaba veintiséis años de edad.
Salieron Felipe el Hermoso y Juana, de Bruselas, el 8 de no- N adie sintió la muerte de este mozo, que tantos males había
viembre de 1505, desembarcando en la Coruña el 6 de abril de 1505. traído a CastilIa. Fernando el Católico supo la noticia' a poco de
En las dos entrevistas que tuvieron yerno y suegro, no le permitie- llegar a Génova, el 11 de ocubre~de 1506,. y au~~ue le pidieron con
ron a éste ver a su hija, ni a la hija escribir a su padre. Furiosa, insistencia que regresara a Espana, el gemo polthco. de este hombre
pero con clara inteligencia, la soberana del más poderoso Estado, extraordinario brilló de nuevo, pues se negó a variar el programa
se veía presa por sus mismos súbditos. de su viaje, continuando su camino a Nápoles acompañado de la
El Rey Católico, al dej ar el gobierno, otorgó mercedes a sus reina Germana y del Gran Capitán, que, al regresar a la península,
enemigos más declarados y, al regresar a sus dominios con escasa había salido a su encuentro y quiso el Rey que le acompañase. Com- i
comitiva, le cerraron sus puertas las ciudades de Astorga y Bena- prendió que su presencia sería tanto más deseada cuanto más tar- !
vente, negándole los pueblos alimento y posada. Así salía de Cas- dase en llegar. ~, . .
tilla, como un apestado, el soberano más grande de la monarquía es- Así, pues, se quedó cerca de un ano en Nápoles, y el 4 de J,U1110
pañola; pero 10 hacía sin altanería, sin enojo alguno, y seguro de de 1507 salió con el Gran Capitán de aquel puerto y, despues de
que, con el tiempo, 10 llamarían. verse en Saona con el rey de Francia, como dijimos a su tiempo al
Estaba, en su fuero interno, decidido a gobernar en CastilIa y, referir los grandes agasajos de que fué o?jeto Gonzalo de <;?rd~ba,
así como, si su hija Juana se encargaba del reino, caían por tierra llegaron el 20 de julio de 1507. a yalencla, ~n donde premIO a este
todas sus ilusiones, si lo hacía el vacuo y mal aconsej ado Felipe era con el ducado de Sessa y COnSlgUlOpara Cisneros el carx:Jo carde-
seguro que se presentarían conflictos entre castellanos y extranje- nalicio. Dejando en Valencia, como lugarte!!iente del remo, a su
ros, que él sabría aprovechar. Estaba, pues, destinada Juana la Loca mujer Germana de Foix, penetró en Castilla en agosto. de 1507,
a ser víctima de la ambición del padre, como 10 estaba siendo en- siendo recibido con aclamaciones que aumentaban a me.dlda que se
tonces _de su marido, debiendo advertir que su corazón respondía internaba en el reino. Podía estar satisfecho al ver humillados a los
perfectamente a los afectos, y su inteligencia, a afectos y deberes, que tanto le ultrajaron para que se marchase.
por 10 que procuraban que el público no se enterase de ello para que Cuando supo Juana la Loca la llegada de su padre, se sintió
18. _ LA GUERRA EN LA lIISTORIA. - PRIMERA SERIE. ~ TOMO VII
1,
r..
274 LA GUERRA EN LA HISTORIA EL REY FERNANDU EL CATOLICO 275
feliz y salió a su encuentro, verificándose la entrevista en el pueblo Hay que advertir que ella se negó siempre a intervenir en los
de T~rt?l.es el 28 ?e agosto de 1507. Allí ella renunció en él, con asuntos de Estado, dejándolos al cuidado de su padre.
claro JUICIO,:1 gobierno y administración del reino, por 10 que Fer- De Santa María del Campo, donde dejamos a Juana la Loca,
n?-ndo empezo a proveer los cargos más indispensables. A los pocos se trasladó con su padre a otro lugar más populoso; pero al enterar-
días se trasladaron a Santa María del Campo, a seis leguas de Bur- se en el camino de que el término del viaje iba a ser Burgos, se negó
gos, hacI~do el Rey e.l viaje de día y Juana por la noche, tanto resueltamente a seguir y se quedó en Arcos con sus pequeños hijos
porque decia que las VIUdas convenía que no fueran vistas como Fernando y Catalina, mientras el Rey se unía en Burgos COn su es-
porque ,l~ acompañaba siempre un carro cubierto, como los c~ballos, posa, a la que a los pocos días llevó a Arcos para que conociera a
de r.lqulslmos panos negros, en el que transportaba los restos de su Juana. Ésta era tan .parecida a su abuela paterna que Isabel la Ca-
mando. tólica la llamaba, en broma, "mi suegra", y el rey Fernando, "rni
Una vieja gallega, viendo a Felipe el Hermoso tan joven y tan madre".
~all~,rdo, le había predicho: "Vivo y muerto te pasearán por Cas- Allí estuvo hasta el 14 de febrero de 1507, en que, por convenir
tl11a, ; y: ~n efecto, s~ cumplió esta profecía, pues Juana, que le estuviera con más comodidad y seguridad, para evitar cualquier sor-
habla asistido en sus últimos momentos, no consitió que nadie se presa de las conspiraciones que se tramaban, dispuso el Rey que,
acerca.se y, en .cuanto murió, no se entregó a lamentaciones ni lloros de grado o por fuerza, se la trasladara a Tordesillas, a donde fué
estrepitosos, S1110que se mantuvo serena cual si nada le ocurriese acompañada de su hija Cata:lina, pues al niño Fernando lo habían
aunque abrazada al cadáver, sin querer separarse de él. ' sacado de su lado el año anterior, con pretextos de salud y por ra-
. Cuando se ,ente,ró de que ,lo habían enterrado en la Cartuja de zones de Estado, y seguida del carro fúnebre con los restos de su
Miraflores, fue alli, 10 mando desenterrar, abrir la caja y quitarle marido, que allí fueron depositados en el monasterio de Santa Clara.
las telas c~n que 10 ~a:bían embalsamado, hecho 10cual, empezó a be- Hay quien asegura que "el Rey, si hubiera querido, podía haber
sar :1 c~~aver, de PIes a cabeza, iniciando 10 que iba a ser una pe- evitado el espectáculo de su hija Juana llevando de aquí para allá el
regrmacron fUl1(:b~~que caracteriza la locura de doña Juana la cadáver de su esposo, pues es tan avisado y tan prudente y puede
Loca y que consistió en el proyecto de llevar a su marido a su lado hacer de su hija y de sus reinos 10 que quiera; mas como él está en
hast,a. la ciudad de Granada, para sepultarlo al lado de Isabel la voluntad de tenerse aquellos reinos y gobernarlos, toma esto por
Católica, achaque y dice que la Reina no consiente enterrar el cuerpo de su
Púsose en marcha la comitiva el 19 de diciembre de 1506. Las marido".
noches se pas~ban en. las ventas o monasterios del camino, y en cada Como ya no había de salir de esta villa, en la que entró de
parad~ se abria la caja para que la Reina pudiera besar varias veces treinta años de edad y había de permanecer cuarenta y seis, pues
el cadaver. murió a los setenta y seis años, allí la dejaremos por ahora, no sin
Antes de llegar a Torquemada sucedió que, cuando se había des- . consignar que, entre sus extravagancias, estaban él no mudarse de
cargado e~ féretro en el patio de 10 que se creía un convento de frai, ropa, no lavarse cara ni cuerpo, dormir casi siempre en el suelo,
le.s, re~u1to que era d: mo~jas, y como no podía resistir, por celos, comer sin mantel y con los platos en tierra. El no comer, pues a ve-
111la vista de una ~uJer, hIZOque a toda prisa sacasen la caja y pa- ces se pasaba día tras día sin probar bocado; el no dormir y el mal
sara toda la cornrtiva aquella cruda noche de invierno en pleno vestir, pues sus ropas eran tan pobres y sucias como las de un men-
campo. Al llegar a Torquemada, temiendo abortar por lo adelan- digo, todo tan extraño a su dignidad, a la higiene y a la decencia,
tado de su embarazo, hubo que detenerse aleún tiempo dando a 1 hacían suponer que una vida tan dura no podría resistir tamaño tra-
. f C li uz
a 1a 111.anta ata 111ay permaneciendo un año en dicho pueblo. El 19
b· ,
to, y, sin embargo, fué la que más vivió de la familia.
d.e abril de 1507 se t,rasladó a un lugar cercano llamado Hornillos, Antes de terminar el año 1508 comunicó Fernando oficialmente
S111separarse del cadaver de su marido, con las consabidas muestras su propósito de llevar una gran escuadra a África para cumplir los
de C~:1110;y, al saber la llegada de su padre, avanzó con su fúnebre propósitos de la última voluntad de la soberana. La empresa corres-
comrtiva .al pueblo de Tórtoles, donde, como hemos dicho, se celebró pendió a Cisneros, que oyendo apoyar su negativa al Rey en la ra-
la entrevista entre ambos. zón de Ialtarle dinero, le dijo: "Si ese es el único reparo, ya la
276
LA GUERRA EN LA HISTORIA EL REY FERNANDO El. CATOLICO 277
empresa es mía, pues yo facilitaré todos los fondos que se necesiten nos, les exigió ciertas garantías que le asegurasen su neutralidad y,
para la guerra", como así fué.
al no obtenerIas les declaró la guerra, enviando al duque de Alba
Cis?eros eligió, como capitán, a Gonzalo de Córdoba; pero Fer- COnun ejército de 6.000 infantes y 2.500 caballos. A la vista de él,
l:an?O Impuso como general a Pedro Navarro, y fué una verdadera los reyes huyeron a Francia, y Pamplona se entregó, quedando Fer-
las~l;na, porque éste no era más que un osado aventurero sin edu- nando como depositario, j urándole como rey las Cortes de 1513,
C~CIO?lll modales, y, aunque ennoblecido como conde, se hacía poco e incorporándola, después, a la corona de Castilla en 1515.
simpático por su grosería.
y llegamos al final de la vida del Rey Católico. Desde 1513 ve-
nía padeciendo, por haberle hecho tomar su mujer, la reina Germa-
na, ciertos brebajes para lograr descendencia, por el deseo de tener
E S P A N A un hijo que heredara los reinos de Aragón. A consecuencia de ello
tuvo un hijo que murió al nacer, y él contrajo una grave indisposi-
5 eui 1/11.
o ción y ya no volvió a ser 10 que era. Aborreció las ciudades y los
negocios y le gustaba la caza y la soledad. En algunas ocasiones
Av el estuvo a la muerte, pero se reponía y hacía su vida normal; mas el
día de Reyes de 1516, en Madrigalejo, empeoró de tal manera que
~av tuvo que detenerse en la Cruz de los Barreros, en una casa rústica
Ma¡(lI~ •..•
ilJiv0'- .r-/ llamada de Santa María. Cuando la reina Germana, que estaba en
c:> , Aragón, supo la gravedad de su marido, acudió desde Calatayud,
O\'QI-1
donde presidía las Cortes, para asistirle en su dolencia, caminando
Fez.. noche y día, hasta que llegó el 21 de enero de 1516 por la mañana
o y, al verla llorar amargamente, el moribundo la dió ánimos y pidió
la Extremaunción. Al día siguiente firmó el testamento y el 23 de
F c A enero de 1516, entre una y dos de la madrugada, moría el gran rey
de España Fernando el Católico en una miserable estancia enjalbe-
gada y huera de toda comodidad. Tenía sesenta y cuatro años y ha-
El ejército se componía de 19.000 infantes v más de 2.000 ea- bía reinado cuarenta y dos. Su cadáver fué trasladado a Granada,
b~llo~. ~l 16 de mayo de 1509 se dió a la vela ·en Cartagena y, al acompañado de nobles de toda España, siendo enterrado en la capilla
dl~ Siguiente, desembarcó frente a Orán, A los pocos días había real alIado de su mujer Isabel la Católica.
caldo esta plaza en poder de los cristianos, y Cisneros rearesaba a Por el testamento del Rey quedaba hecha efectiva la unidad de
~artagena, ~ando al Rey la noticia de la conquista efectu~da, cuyo España, y Juana la Loca señora del Estado más poderoso del mun-
resultado fue que los reyes de Argel, Túnez y Tremecén ofreciesen do, aunque no se enteró de ello ni le importó, por no querer inter-
vasallaje al rey de España. '
venir en los asuntos políticos.
Entre los años 1509 y 1516 se sostuvieron en Italia las zuerras
que quedan consignadas en los capítulos anteriores a consecuencia Ya hemos dicho que la figura de Fernando el Católico quedó
de las cuales Francia quedaba dueña del Milanesado y España de achicada y relegada a segundo término en fuerza de recargar los
la corona de N ápoles. "
elogios sobre la esposa, de la que quedaba reducido al papel de con-
~ pesar de esto, la unidad territorial de España no se había con- sorte, que, aunque guerrero y valiente y con algo de talento, no
sel?u~do, .porqu~ entre las dos grandes poderosas naciones citadas desempeñaba funciones directoras, sino sólo delegadas.
existía, sin razon de ser, el pequeño reino de Navarra en poder de Esto es una calumnia burda de la "leyenda negra" que, con me-
los reyes Juan de Albret y Catalina de Foix. Como estos monarcas nos fundamento que la del Gran Capitán, se levantó contra nuestro
navarros eran franceses, para prevenirse Fernando, durante las gue- excelso monarca, que, a más de guerrero ejercitado en la guerra y
rras anteriores, de cualquier inclinación que sintiesen por sus paisa- valiente, fué gran maestro en el arte de gobernar.
279
EL REY FERNANDO EL CATOLICO
278 LA GUERRA EN LA HISTORIA , alcanzar no en beneficio propio, sino
en sagacidad y maestna para, Ot ~s monarcas, como Luis XII
"La grandiosa figura del Rey Católico - dice un escritor - ha de la nación, cuanto se 'propoma. ;e sentido y sin embargo, con-
estado poco menos que eclipsada por la atractiva y simpática de su de Francia se comportaron ~al e~ e:ron conside;ados como "padres
esposa Isabel, a quien la posteridad ha colmado de entusiastas y jus- servan una honrada reputaclOn y u
tos elogios, atribuyéndole casi exclusivamente toda la gloria de aquel
de su pueblo". ~ h d onocido los grandes méritos de quien
reinado, sin tener en cuenta, sino muy secundariamente, las extraor- Sólo en Espana se ano esc rande hombre y de un gran
dinarias dotes políticas y militares de su consorte." "En todo tuvo reunió en sí todas las cuahdadeds de un g fue' maestro de la. diplo-
gran mano esta Reina, porque fué grande su talento y juicio. Pero ,· 11' on de pocos
rey, pues en la po 1itica ego a
escribir de ella que fué la que gobernó sabiamente los reinos de Cas-
tilla, que venció muchas batallas contra los moros, que ganó los rei-
t
b .ado;es permanentes), un pre-
macia (el primero en establecer em J di t más prudente de su
cursar de la política moderna Y e esta lS a
nos de Granada y Nápoles, con otros cosas semejantes, agravio es
tiempo. , . , di Maquiavelo, - llegó a ser el pri-
para su marido don Fernando, que ella misma lo sintiera por tal si "De rey débil que ~r~ - Ice or su fama Y por su gloria, pues
se le dijera." . mer monarca de la Cnstlandad P des y algunas parecen
En efecto, por encima de las tachas que se atribuyen al Rey Ca- sus empresas fueron todas sumamente gran ,
tólico, asoman grandezas, no para llenar a un reinado, sino muchos. extraordinarias. " i" queda el que debía ser de-
Las tachas podrían reducirse a dos: ambición sin medida y política Y, por si fuera p0C? este e oglO'e~~~ Fe1i II, que, cuando p~-
doble. Pero, a pesar de ellas, la posteridad debe mirarlo como la del cisivo para un compatnota, ~ual~. buelo el~ey Católico, le hacia
mayor rey de su siglo, pues fué uno de los más hábiles y mejores saba por delante del retrat~ e su 1 ls:ndo ~on verdadera sinceridad:
entre cuantos empuñaron el cetro de España en todas las edades. siempre una gran reverenCia" ~xc am
Fué el primer diplomático en tiempos en que reinaban Luis XI, "iA éste se 10 debemos todo. . . del Rosellón y la Ccrdaña,
Maximiliano de Austria y Juan II de Portugal, pues excedió a todos '1 ona los terntonos ..
Incorporo a a :or N' 1 completando la nacionahdad his-
ellos en habilidad para el trato de negocios extranjeros. así como los del remo de apo es, acidad se debe el que,
Que fué un bizarro guerrero lo demostró cuando defendió con . , d Navarra Y a su sag . .
pánica con la ane~~on e Jua~a no necesitase el consentlmler:to
brío los derechos de su mujer, derrotando a los portugueses en la
Para casar a sus hijos
.
J ua?- y '1
ealizasen sus en ac s
e con la casa de Austna,
~
batalla de Toro, desquite de Aljubarrota y en las demás guerras de
del rey de F ran;:la y r . 1 había de dar esplendor a Es?an~ y
Granada, en las que acreditó con creces cómo no resultaba cierto lo que, durante mas de un sig o, nda regencia sin el influjo 111 el
de que la Reina era el Rey y el Rey era un servidor, puesto que éste nuevo rumbo a Europa. En ,s~ segdu 11' de ~n modo asombroso
sabía ser rey, general y soldado. . . d 1 R' Catohca esarro o d
P redommlO e a ema la drni ión de todos los Esta os
Los negocios pertenecientes a Castilla los gobernaba la Reina, su capacida. d po liti
1 ica, SIiendo a a mirac
no sólo porque tenía sobrados méritos para ello, sino porque, siendo
europeos. . d la inmortal Isabel la Católica. Con razón
suyo el reino de Castilla, su esposo le dejaba encomendado su go-
Era dlg~O es~so e elebró la fama, por todas partes, los nu-
bierno. dice un escntor: Tanto e 1 de tan virtuosos reyes, que no
Se le creía avaro, pero era debido a que, siendo pobre, pues del merosos, ilustres y brillantes hec 10 S . t mUJ'er más di O'nos de
reino de Aragón apenas percibía nada, le hacían aparecer así los . 1 . t o hom bre ni o ra n
conocieron esos Slg os 111 o r ibi bos las mismas alabanzas,
grandes gastos que 1e ocasionaban los asuntos importantes en que se "D todos reci ian am ~
ocupar un trono. e 1C tT el que el Imperio espanol fuese
metía; pero, si se reflexiona bien, teniendo en cuenta que no reser- debiéndose a Fernando e a o lCO .
vaba un maravedí para si, se comprenderá que, al reducir los gastos respetado y temido en toda la redondez de la Tierra.
cuanto podía, no hacía más que proceder con verdadera cordura.
Fué acusado de perfidia, es decir, de desleal o mal cumplidor a la
fe prometida; pero esto no resulta cierto, porque en los tratados
tuvo siempre buen cuidado de dejar alguna salida por donde escapar
cuando le conviniera, con habilidad y talento muy superiores ~ los
de sus coetáneos. Así, pues, la acusación que se le hace se convierte
ÍNDICE
Capitulo Página
XII. Descubrimiento de América, viajes de Colón XVI. Campañas de Italia, Cefalonia-Tarento. El Gran Capi-
(1492-1500) 119 tán (1500-1502) 190
Primer viaje. - Cambia de ruta cerca de las Berrnudas. - Las Luis XII conquista el Milanesado. -< El rey de Nápoles pide
Antillas. - Desembarca en las Lucayas o Baharna. - Llega a auxilio al sultán de Turquía. - Fernando el Católico propone
Cuba y Santo Domingo. - Regreso a España. - Segundo via- a: Luis XII repartirse el reino de Nápoles. - El Gran Capitán
je. - Llega a las pequeñas Antillas. - Descubre Jamaica. - llega, con la escuadra, a Mesina. --' Toma Cefalonia. - Tra-
Insurrección general, - Disgusto contra Colón. - Éste regre- tado secreto para el reparto de N ápoles. - Aubigny entra en
sa a España a dar disculpas. - Tercer viaje, - Llega a la Capua, - El Gran Capitán somete a Calabria. - Sitio de
isla Trinidad. - Nueva rebelión en Santo Domingo. - Boba- Tarento. -< Rendición de la plaza. - Toma de Marríredonia.
dilla, enviado por los Reyes, prende a Colón y lo embarca para
España. XVII. Campañas de Italia, Ceriñola (1:502,·1503). 201
Luis XII quiere apoderarse de la Capitanata. - Fuerzas con-
XIII. Descubrimiento de América, Colón y otros (1497-1506). 131 tendientes. - Rendición de Canosa. - El Gran Capitán, en
Vasco de Gama llega a la India por el S. de Africa. - Juan Barletta. - Aubigny somete a Calabria. - emours desafía
Cabot descubre el Labrador y Terranova. - Oieda, la costa al Gran Capitán a presentar batalla. - Éste sorprende la. reta-
de la América del S., entre el Amazonas y el Orinoco. - Pin- guardia enemiga. - Se apodera de Ruvo. - Negociaciones de
zón, entre el Amazonas y el Cabo de San Agustín. - Cabral, Felipe el Hermoso. - El Gran Capitán sale de Barletta y se
las costas del Brasil, y Bastidas, las de Colombia. - Arnérico establece en Ceriñola. - Batalla de Ceriñola. - Aubigny es
Vespucio, las del sur del Brasil. - Cuarto viaje de Colón.- derrotado en Seminara. - Entrada triunfal en ápoles,
Llega a Martinica. - Naufraga en Jamaica. - Empresa te-
rneraria de Diego Méndez. - Amarguras y desengaños de XVIII. Campañas de Italia, Garellano. El Gran Capitán (1503). 214
Colón a su vuelta a España. - Balboa, Magallanes y Elcano, Preparativos franceses para la campaña. - Muerte de Alejan-
Sus portentosos descubrimientos. dro VI. - Descripción de la zona del Garellano. - Operacio-
nes del marqués de Mantua en el Garellano. - Defensa de los
XIV. CampaiíGs de Italia, antecedentes. El Gran Capitán puentes. - Situación deplorable del ejército de Gonzalo, - En-
(1493-1495) . 146 tereza de éste. - El marqués de Mantua deja el mando del
ejército. - Proezas personales. - Paso del río por el puente
Estados de Italia. - Sicilia y ápoles, - Aragón. - Origen
de Suzio. - Retirada de los franceses. - Combate del puente
de las campañas de Italia. - Carlos VIII de Francia prepara
de Mola di Gaeta. - Rendición de Gaeta.
una expedición a Italia. - Se apodera del reino de Nápoles,
Primeros trenes de artillería. - Liga Santa. - Retirada de
Carlos VIII. - Batalla de Fornovo. - El Gran Capitán,
XIX. El Gran Capitán, su importancia (1453-1515) 233
Su personalidad y méritos. Causas de la muerte del Gran Capitán. - Lugar que le corres-
ponde entre César y Napoleón. - España, cuna del renacimien-
XV. Campañas de Italia, en Calabria. El Gran Capitán to militar. - Reaparición de la Infantería en los diversos Es-
(1495-1498). . . . . . . . . . . . . . 167 tados de Europa. - En España no llegó a desaparecer. -
Aparece la artillería en España antes que en parte alguna. -
Fuerzas contendientes. - Gonzalo de Córdoba desembarca en Los ejércitos permanentes se crean en España antes que en nin-
Sicilia. - Pasa a Regio y toma a Serninara. - Batalla de Se- gún otro sitio. - Escuela española. - Iniciador, el Gran Ca-
minara ganada por los franceses. - La escuadra española se pitán. - Discípulos notables. - Organización de Maquiavelo
presenta: frente a Nápoles. - El rey Fernando entra en Nápo- atribuída al Gran Capitán. - Innovaciones del Gran Capitán.
les. - Gonzalo de Córdoba se apodera de Calabria, - Fer- Superioridad de la infantería española.
tNDICE