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Tema 06 - Vivir La Fraternidad Desde La Palabra de Dios

El documento enfatiza la importancia de vivir la fraternidad y la sinodalidad, especialmente con los más pobres y marginados. Citando varios pasajes bíblicos, explica que debemos amarnos los unos a los otros como Jesús nos amó. También resume la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco, en la que se enfatiza que debemos reconocer la dignidad de cada persona y caminar juntos en fraternidad.

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Tema 06 - Vivir La Fraternidad Desde La Palabra de Dios

El documento enfatiza la importancia de vivir la fraternidad y la sinodalidad, especialmente con los más pobres y marginados. Citando varios pasajes bíblicos, explica que debemos amarnos los unos a los otros como Jesús nos amó. También resume la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco, en la que se enfatiza que debemos reconocer la dignidad de cada persona y caminar juntos en fraternidad.

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06 Vivamos la Fraternidad desde la Palabra

LO QUE QUEREMOS LOGRAR… Comprender el sentido de fraternidad y


la responsabilidad con el hermano, buscando vivir la sinodalidad, sobre
todo con los más pobres y olvidados por la sociedad.

Danos tu Espíritu, Señor Jesús, para que nunca


olvidemos que nos llamas a vivir y practicar un
amor universal, que no margina a ningún ser
humano, un amor que nos lanza a la práctica de la
Justicia, a la transparencia, a la honradez y
coherencia de la propia vida, a la bondad y la
misericordia con todos, al compromiso con los
más desamparados, a la ternura con todos y sobre
todo con los últimos, a la capacidad de hacer
siempre lo posible para contagiar felicidad.
Reconocemos que no siempre es tan fácil poner en
práctica tu mandamiento nuevo, tu mandamiento
de AMAR y SERVIR a TODOS. Por eso te
pedimos, Jesús, que LAVES nuestros corazones de
todo egoísmo e incoherencia, que ENCIENDAS
nuestro espíritu para ser APASIONADOS de tu
Reino, que LLENES cada instante de nuestra vida
de tu AMOR personal y providente. Amén.

Prontos a celebrar nuestra segunda acción significativa, es importante


hacer una pausa desde el corazón, para reconocer con humildad, la
experiencia que Dios nos ha permitido vivir acerca de la fraternidad,
desde nuestra relación con Dios, con nuestros hermanos y la búsqueda de santidad
en mi vida. La expresión de Jesús nuestro Señor, sobre la fraternidad nos ayuda a
comprender aquella espiritualidad de fraternidad que debemos vivir, expresada en
diferentes citas bíblicas de las sagradas escrituras, tales como: Jn 17,20-26 “que
todos sean uno”; Jn 13,35 “Por el amor que se tengan”; Hechos 2,42-47 “Los que
habían creído vivían unidos”. «TODOS LOS HOMBRES son llamados a esta unidad
católica del Pueblo de Dios, que simboliza y promueve paz universal» (LG 13).
«Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros DEBEMOS AMARNOS UNOS A
OTROS.» (1Jn 4,11).
Por ello queremos acercar desde la Palabra de Dios, aquel eco que ha convencido a
muchos corazones a dejarlo todo por el Señor, y a comprometerse con la vivencia de
una fraternidad que verdaderamente se nota en el rostro de los amigos de Dios. La
humildad y servicio que San Martín tuvo para con las personas más necesitas se
refleja también con toda la creación. Algo que nosotros trabajamos siempre y que es
lo que nos recuerda el Papa Francisco. El no perder la fe y la esperanza que es algo
muy importante, a pesar de todas las dificultades que existen para llevar el mensaje
de Cristo a todas las personas que lo necesiten.

En la encíclica Fratelli Tutti, el Papa explica


cómo desde el Antiguo Testamento hay un
llamado de amar al extranjero. En el Nuevo
Testamento resuena con fuerza el amor
fraterno, con citas como: “Toda la Ley
alcanza su plenitud en un solo precepto:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Ga
5,14).; y “Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no
ve” (1 Jn 4,20). El Papa Francisco lamenta cómo la humanidad ha crecido en distintos
aspectos, “pero somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles
y débiles de nuestras sociedades desarrolladas. Nos acostumbramos a mirar para
el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean
directamente”.
Es por ello, que debemos entender que es sinodalidad: Sinodalidad viene del griego:
σύν (sin) significa con y ὁδός (odos) camino; por tanto, sinodalidad es la vida
entendida como caminar con otros, caminar juntos, pero ante todo caminar. Este
modo de vivir presupone que la vida es camino y no instalación, ni en uno mismo y
los suyos ni en su querencia ni en el orden establecido ni en una institución
sacralizada.
El Papa Francisco, profeta de nuestro tiempo, nos recuerda en la encíclica Fratelli Tutti
que el mundo se ha venido definiendo como una sociedad amurallada. Detrás de ella
está el abismo, el territorio de lo desconocido, el desierto. Lo que proceda de allí no
es confiable porque no es conocido, no es familiar, no pertenece a la aldea. Es el
territorio de lo “bárbaro” (n.27). En el mundo actual los sentimientos de pertenencia
a una misma humanidad se debilitan (n. 30). La tempestad de la pandemia dejó al
descubierto, una vez más, esa bendita pertenencia común de la que no podemos ni
queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos (n. 32). No existe peor alienación
que experimentar que no se tienen raíces, que no se pertenece a nadie (n. 53).
En la Renovación, el don de la fe pascual se cultiva con mimo, pues lo primero que te
proporciona es una comunidad donde puedas viviría. De ahí que la Renovación se
estructura en grupos. En ellos acaece lo que nos cuentan los Hechos: «Acudían
asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión y a la fracción del pan
que partían por las casas. Tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón y
alababan a Dios» (Hch 2,42 ss).
Nuestra presencia, como lo dice la encíclica Fratelli Tutti, debe comenzar por un
acercarse al que necesita ayuda, sin importar si es parte del propio círculo de
pertenencia. El samaritano para volverse cercano y presente, atravesó todas las
barreras culturales e históricas. Los creyentes de las distintas religiones sabemos que
hacer presente a Dios es un bien para nuestras sociedades. Ese es el camino de
humanización de este mundo, hacerse presente en nombre de todas las personas de
buena voluntad que están en cada rincón de la tierra.
En definitiva, la Iglesia le dirá siempre a su Señor Jesucristo:
“¡Ven!” (Ap 22,17) y él responderá: “¡No tengas miedo, yo
estoy contigo!”. Pero en este momento urge que todos los
bautizados, como un único pueblo de Dios, con nuestro
ministerios y carismas, digamos: “¡Presentes!”. Y a unirse a
ese coro están invitados también todos los bautizados que no se
sienten tenidos en cuenta, los alejados, los indiferentes, los
marginados, los incomprendidos. La Iglesia tiene una misión universal y más
urgente que nunca, ella debe decirle al mundo: “aquí estamos para servir, para
ayudar, para unir, para reconciliar, para salvar, para construir, para caminar
juntos por nuestra casa común” (Cf. Fratelli Tutti, 8; Laudato Si’, 13).

◙ Luego de esta reflexión ¿Qué es la sinodalidad? ¿te sientes parte de esta


sinodalidad?

◙ ¿Vives la fraternidad dentro de tu comunidad?

◙ ¿Tu rostro refleja la presencia de Dios?


El Papa Francisco, en ese camino sinodal, ha propuesto en el RECONOCERSE una
clave de fraternidad sin la que el diálogo resulta imposible. En la encíclica Fratelli
Tutti advierte lo siguiente:
• La fe colma de motivaciones inauditas el reconocimiento del otro, porque quien
cree puede llegar a reconocer que Dios ama a cada ser humano con un amor
infinito y que «con ello le confiere una dignidad infinita» (85).
• Hay un reconocimiento básico, esencial para caminar hacia la amistad social y
la fraternidad universal: percibir cuánto vale un ser humano, cuánto vale una
persona, siempre y en cualquier circunstancia (106)
• Esto implica el hábito de reconocer al otro el derecho de ser él mismo y de ser
diferente. A partir de ese reconocimiento hecho cultura se vuelve posible la
gestación de un pacto social. Sin ese reconocimiento surgen maneras sutiles
de buscar que el otro pierda todo significado, que se vuelva irrelevante, que no
se le reconozca algún valor en la sociedad (218).
• Este pacto también es el auténtico reconocimiento del otro, que sólo el amor
hace posible, y que significa colocarse en el lugar del otro para descubrir qué
hay de auténtico, o al menos de comprensible, en medio de sus motivaciones e
intereses (221).

El camino sinodal convoca a todos sin excepción a participar en la vida y la misión de


la Iglesia. La fraternidad debe ser un distintivo imprescindible en nuestras
comunidades y sobre todo en nuestro diario caminar.

¿Cómo vives la sinodalidad en tu comunidad?


¿Cómo promueves la fraternidad dentro de tu
comunidad?
¿Reconoces la presencia de Dios en tu vida
que se comunica y comparte con los demás?
¿Tu vida a ejemplo de San Martín de Porres,
es como un pedacito de pan que comparte
entre los demás?

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