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La Juventud Producida Por El Sistema de

El documento analiza la relación entre los jóvenes y el sistema de comunicación mediada. Indica que los jóvenes son producidos como audiencia por este sistema, pero también son productores del mismo. Examina cómo los jóvenes son categorizados no como un grupo homogéneo sino diferentes tipos de jóvenes según sus hábitos mediáticos. Finalmente, explora el uso que hacen los jóvenes de las redes sociales, donde actúan como productores de contenido bajo una lógica similar a otros medios.
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El documento analiza la relación entre los jóvenes y el sistema de comunicación mediada. Indica que los jóvenes son producidos como audiencia por este sistema, pero también son productores del mismo. Examina cómo los jóvenes son categorizados no como un grupo homogéneo sino diferentes tipos de jóvenes según sus hábitos mediáticos. Finalmente, explora el uso que hacen los jóvenes de las redes sociales, donde actúan como productores de contenido bajo una lógica similar a otros medios.
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La juventud producida por el sistema de comunicación mediada

Javier Callejo Gallego


Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)
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Resumen: Se aborda la relación entre juventud y sistema de comunicación mediada.


Para ello, se inicia con la muestra del papel de la audiencia en tal sistema, para
desembocar en las especificidades de la producción de audiencia juvenil. Un sistema
social que nos produce a todos como audiencia. Después, se introduce en cierta
reconstrucción de la categoría juventud, lo que pasa por su consideración como sujetos,
saliendo así de la concepción de víctimas que se les suele atribuir en la relación con los
medios de comunicación. Ello conlleva la concepción de los jóvenes no solo como
producto del sistema de comunicación mediada sino, también, como productores del
mismo.
Como sujetos, no se hablará de jóvenes sino de distintos tipos de jóvenes. Tal paso se
hará sobre todo a partir de las distintas dietas mediáticas de los jóvenes configuradas a
partir del tiempo de uso de los distintos medios. La última parte, se centra en el uso que
hacen los jóvenes de unos medios de comunicación en el que supuestamente aparecen
con diferenciales comportamientos, como son las redes sociales. Donde aparecen como
productores de un medio con una lógica semejante al de los otros medios de
comunicación conocidos.
Palabras clave: sistema social, sociología de la comunicación, audiencia, jóvenes, redes
sociales

Introducción

La relación entre sistema sociedad y sistema de comunicación mediada ha tendido a ser


de desconfianza mutua cuando se ha tratado de la juventud. La sociedad ha temido la
acción de los medios de comunicación sobre los jóvenes, representándola como una
categoría indefensa, que se deja llevar por los mensajes sin la más mínima precaución.
Por su lado, los medios de comunicación tienden a encontrar notables resistencias para
llegar a este sector de la sociedad, sobre todo en la medida que los medios se
institucionalizan. Así, se escucha decir desde que los jóvenes no leen a que los jóvenes
no ven la televisión y bien saben los programadores de las cadenas televisivas lo difícil
que es llegar a este sector del público. Son las dificultades de producir juventud, de
producir audiencia juvenil, por parte de los medios de comunicación.

El trabajo que aquí se presenta aborda la relación entre juventud y sistema de


comunicación mediada. Para ello, se inicia con la muestra del papel que tiene la
audiencia en tal sistema social, para ir desembocando en las especificidades de la
producción de audiencia juvenil. Un sistema social que nos produce a todos como
audiencia, también produce a los jóvenes. Después, se introduce en cierta
reconstrucción de la categoría juventud. Ya no se hablará de jóvenes sino de distintos
tipos de jóvenes. Tal paso se hará sobre todo a partir de las distintas dietas mediáticas de
los jóvenes configuradas a partir del tiempo de uso de los distintos medios. La última
parte, se centra en el uso que hacen los jóvenes de unos medios de comunicación en el
que supuestamente aparecen con diferenciales comportamientos, como son las redes
sociales.

Redefinición del sistema de comunicación mediada

A la hora de observar el papel de la audiencia en el sistema de comunicación mediada,


se establece su centralidad. Hay que tener en cuenta que el sistema de comunicación
mediada surge de la comunicación entre ausentes. De hecho, no puede decirse que la
comunicación entre presentes se constituya en sistema social. Es la ausencia la que
define la comunicación mediada y los distintos procedimientos de cobertura de tal
ausencia lo que la constituyen en sistema (LUHMANN, 2000), al hacerse,
precisamente, sistemáticos. El sistema de comunicación mediada procede de esa
búsqueda de hacer llegar los mensajes a los otros, teniendo que emisión y recepción de
los mismos se encuentran en posición no-presencial. Y, así, aun cuando el concepto de
audiencia existe previamente en la comunicación presencial -la audiencia en el teatro, o
en los juzgados- adquiere un cariz estructurante en la comunicación entre no-presentes,
pues será el elemento que conforma el sistema al buscarla.

Precisamente porque el sistema de comunicación mediada se define por la no co-


presencia de los comunicantes, adquiere lógica y vida propia, es autónomo. No depende
de la relación entre las partes. Es su limitación y su potencia. Es a partir de aquí que
produce la audiencia y no es un comunicante el que la crea: es un sistema. Por ejemplo,
la audiencia de un sketch televisivo, llevado a cabo por un importante cómico, no es
producida por éste, sino por el sistema: conjunto, más o menos amplio, de individuos
con unos hábitos de relación con el medio, un soporte tecnológico institucionalizado y
regulado, una red de aparatos receptores o decodificadores, una institución (cadena de
televisión), etc.
Realmente el sistema de comunicación mediada es aquel en el que el receptor está
ausente (no hay receptor) en el momento de la producción-emisión original de la
comunicación, del mensaje. Pues bien, la ausencia del receptor es la principal fuente de
incertidumbre en el sistema y sus organizaciones (McQUAIL, 1969), operando para
superar tal incertidumbre. La incertidumbre sobre la recepción organiza las acciones de
los actores y, por lo tanto, crea el sistema de comunicación mediada. Así, se recrean los
mismos receptores como audiencia (por eso la audiencia es un receptor especial, es un
receptor que “nunca está”). De aquí que se produzca la siguiente situación paradójica:

– El receptor está siempre ahí, como supuesto, pues la comunicación se


produce para él. Al no estar presente, su ausencia no es problema para
considerar que siempre está: en algún lugar, en algún momento, puede
llegar a recibir la comunicación.

– La audiencia “nunca está”, ya que es lo que justifica la mediación.

La audiencia es la parte más ausente del sistema de comunicación mediada si es que


cabe hacer escalas de ausencia, pues el emisor está manifiestamente siempre en el
mensaje, en la producción del mensaje. La audiencia puede estar: a) explícitamente en
el mensaje (es optativa, como la función conativa); b) implícitamente en el mensaje
(subordinación a las lógicas de recepción de la audiencia). En ambos casos, es un
mensaje en busca de audiencia (en lugar del Seis personajes en busca de un autor, de
Pirandello, suele ser un autor en busca de audiencia).

Para alcanzar la audiencia, tendrá que llamarla, invocarla (ANG, 1991), apelar a su
presencia más allá. La constituye así en sujeto. En actor. En un actor cuya actuación
varía según las concepciones que se hagan de la misma. Será, primeramente, una
representación. La única manera de hacer presente a esta entidad ausente por definición,
es a través de la re-presentación de la misma. Ahora bien, como representación de algo
que siempre está más allá. Más allá de la emisión, de la producción comunicativa, se
constituirá en fantasma. Parafraseando el inicio del Manifiesto Comunista: “Un
espectro se cierne sobre el sistema de comunicación mediada: el espectro de la
audiencia”. En función de cómo se represente o conceptúe –en el nivel teórico- la
audiencia, así se constituirá teóricamente el sistema de comunicación mediada
(CURRAN, 1992).
El primer fantasma al que dio lugar la concepción de la audiencia, situándonos ya en un
contexto histórico, es el de una sociedad de masas. La sociedad de masas es
fundamentalmente un producto de los medios de comunicación. Al estar ausente, se
perfila sin perfiles. Como algo sin forma. Amoldable por los propios medios de
comunicación. Cine y, sobre todo, radio en los primeros pasos. En la historia de los
medios de comunicación: la radio y el peligro de la escucha desconocida constituyen un
punto y aparte. La conciencia de un público invisible surge con la radio (BRIGGS y
BURKE, 2002) ¿por qué? Tal vez la pregunta es por qué en los periódicos, en la prensa
escrita, se tenía una imagen nítida del receptor, como si se supiese quién era ese
receptor. Sin embargo, en la radio, se parte de la conciencia de su desconocimiento, de
su invisibilidad y de que, por lo tanto, el mensaje puede llegar a cualquiera.

La asunción de la gran capacidad expansiva de la radio es lo que configuró esa imagen


de la audiencia. Es la conciencia de que no se podía controlar a quién llegaban los
mensajes, de que el propio medio llegaba más allá de lo que los propios emisores podían
imaginar. Era una audiencia invisible y desconocida.

El hueco del desconocimiento de la audiencia se completó con imágenes de una


sociedad que deseaba convertirse en audiencia, que encuentra en la relación con los
medios de comunicación un lugar de gratificación. Son los frankfurtianos
(HORKHEIMER y ADORNO, 1974) los que en mayor medida contribuyen a este
dibujo. Los deseosos consumidores de medios de comunicación aparecen en el análisis
que se hace de la industria cultural como: desposeídos y dominados; impulsados a
reproducir con exactitud el mundo perceptivo de todos los días, con lo sentidos cerrados
a comunicaciones simples, en un esquema único; buscadores del placer sin esfuerzo;
con todas sus resistencias ideológicas quebradas y sumamente defraudados. Perfiles
negativos que encontraron su respuesta, años después, en la imagen –más o menos
populista (SEAMAN, 1992)- de una audiencia activa decodificadora de los mensajes
recibidas, capaz de subordinar la cultura supuesta impuesta¿? a sus propias lógicas
culturales. En uno u otro polo, se asume el deseo de la sociedad en convertirse en
audiencia, ya sea dejando los conflictos fuera –visión apocalíptica (ECO, 1965)- ya sea
reintegrando y reinterpretando los conflictos, en la versión estudios culturales.

Las teorías sobre las audiencias parten de una concepción de ellas. La audiencia es así
un elemento fastasmáticamente¿? construido por la teoría y el propio sistema de
comunicación mediada, cuando aparecen en los medios de comunicación
representaciones de la audiencia, y que nadie quiere por “sí misma”. Es más, los propios
ciudadanos hablamos de la audiencia como si fuera un “otro”, sin reconocernos en ella.
Hablamos de la audiencia de tal o cual programa asombrándonos incluso de la gran
cantidad de seguidores y apuntando dudas sobre la catadura moral de ese programa.
También, en la lógica del best seller (LÓPEZ DE ABIADA y PEÑATE, 1997), como
forma de reconocimiento de un producto del sistema de comunicación mediada: tanto
seguimiento, tantas ventas, tanto vale. Para ellos, que componen la audiencia sin
reconocerlo, la audiencia es un indicador del producto. Una consecuencia de éste. Así,
un programa juvenil es el seguido por los jóvenes, más que por los rasgos de género que
pudiera tener.

Tampoco los medios de comunicación quieren a la audiencia por “sí misma”. Ellos
buscan complacerla, gustarla, incluso satisfacerla, según sus discursos. Todo emisor
quiere ser recibido e imagina un mundo común con la audiencia. El anunciante, que es
el que está detrás de la mayor parte de las emisiones (SMYTHE, 1983), lo que quiere es
vender: en la audiencia ve consumidores. No le interesa por sí misma. Para ambos,
emisor y anunciante, el fantasma audiencia se configura como una pared de la que se
esperan ecos: de reconocimiento, en el primer caso; de ventas, en el segundo.

Una pared en la que, como un espejo, parecen mirarse todos. Proyectarse todos, porque
su materia es imaginaria. Pertenece al estadio de lo imaginario (LACAN, 1971). En lo
real, somos trabajadores. En lo simbólico, ciudadanos. En lo imaginario, somos
audiencia. Por ello, pueden verterse sobre ella todas las imágenes. Las mejores, que la
sitúan como reflejo de la propia ciudadanía de manera que la elección de un medio es
convertido en ejercicio de libertad y democracia. Las peores, como producto de la
alienación. Su invisibilidad –sólo se ve uno mismo como audiencia y, aún así, no se
reconoce como tal; pero no ve a los otros elementos de la audiencia, aunque se los
pueda imaginar- permite jugar con ella y construir todos los tipos de fantasma.

Pues bien, la audiencia juvenil ha estado especialmente marcada por el fantasma de los
efectos. Los jóvenes “reales” como efecto de los medios, del seguimiento –más o menos
ciego- de los medios de comunicación que les proponen modas, consumos, estilos de
vida. Desde los efectos de una obra romántica, como El joven Werther, hasta los de la
industria discográfica. La audiencia juvenil ha tendido a ser dibujada como una
audiencia especialmente maleable (HIMMELWEIT, OPPENHEIM y VINCE, 1958;
ECO, 1992).

Como todo fantasma y toda fantasía, nos hace reales. Somos reales porque tenemos
fantasías. En la configuración de la juventud como una audiencia maleable tal vez laten
los deseos –más o menos inconscientes- de una sociedad. Una sociedad que quiere esa
juventud maleable. Lo que se busca, desde el sistema de comunicación mediada y desde
la sociedad en su conjunto, es esa juventud maleable. Así, se reduce la incertidumbre
(McQUAIL, 1969): se prefiere una juventud manipulada, en la que incluso sus
diferencias con las generaciones anteriores sean interpretadas como fruto de tal
manipulación, que una juventud estructuralmente enfrentada a los adultos. Se prefiere
una juventud despolitizada por el consumo de medios, que una juventud politizada. Se
construye así un sujeto ideológico, ideologizado: la audiencia juvenil como resultado de
los mensajes consumidos por ella; convirtiéndolo en objeto. Los jóvenes carecen de la
posibilidad de ser sujetos, siendo concebidos como sujetos objetivados por los medios
de comunicación, como producto de los medios de comunicación: las novelas de
caballería o románticas primero; la radio musical, el cine o la televisión, después;
internet o las redes sociales, en nuestros días. Hasta los movimientos políticos
protagonizados por los jóvenes, se presentan más como producto de la acción de los
medios de comunicación, como si fuese la guerra de los nuevos medios (redes sociales
digitales) frente a los viejos medios (diarios, televisiones) instrumentalizada a través de
los jóvenes.

El deseo de la audiencia juvenil

¿Por qué se proyecta que los jóvenes están manipulados por los medios de
comunicación, mientras que los adultos no lo estarían, o lo estarían en menor grado?
¿qué hay detrás de esa representación de los jóvenes? Como se ha apuntado: ¿no será
que es lo que se desea que sean los jóvenes: objetos de los medios, en lugar de sujetos,
o, al menos, sujetos sujetados a los medios de comunicación?

En términos de Zizek (1992), cuando analiza la ideología, los receptores dicen saber que
los medios les manipulan; pero actúan como si no lo supieran. Los adultos serían esos
que dicen saber que los medios les manipulan, pero actúan como si no lo supieran.
Actuación profundamente ideológica. A los jóvenes se les atribuye otra forma de
actuación. Se les sitúa, como ingenuos, en un nivel más superficial de la ideología, en el
tradicional nivel del engaño: los jóvenes no saben que los medios les manipulan.
Establecida la diferencia, no es éste el sitio para la discusión de las atribuciones morales
de uno y otro comportamiento: ¿mejor moralmente actuar no sabiendo o como si no se
supiese? ¿no se proyectará en los jóvenes lo que se desea ser: un sujeto que actúa
manipulado sin saberlo? El caso es que mientras a los niños –infans, el que no habla- se
les concibe sin discurso, sin demanda; a los jóvenes, se les concibe sin saber, como los
que hablan sin saber. Como los que escuchan a los medios sin saber. Sin saber que les
manipulan.

La audiencia juvenil ha tendido así a aparecer como víctima. Recuérdense trabajos


clásicos como los de Himmelweit y otros en 1958. Es justamente con la televisión
cuando esta imagen de víctima de los medios de la juventud se afianza. El momento en
que la juventud se erige en sujeto de consumo, en categoría específica de consumo.
Hasta que Umberto Eco (1982) llama la atención sobre un fenómeno: ¿cómo es que esa
juventud alienada por los medios en general y la televisión en particular, ya que es la
primera generación plenamente televisiva, es la que protagoniza mayo del
sesentayocho? A pesar de observarse tales contradicciones, la distinción entre audiencia
adulta y audiencia juvenil se mantendrá.

Una diferencia adultos-jóvenes que se apoya en distintos argumentos, situados, a su vez,


en distintos niveles de la relación con el sistema de comunicación mediada:

a) En el nivel de los elementos de los medios de comunicación. La constatación,


más o menos cotidiana, de consumos mediáticos distintos. Así, se atribuye a los
jóvenes mayor inclinación por la evasión, por los programas de entretenimiento,
por la huida de la realidad; y menos por la información, por el seguimiento de
esa realidad. El mayor o menor rechazo de una realidad por parte de los jóvenes
queda fijado como huida de la realidad.

b) En el nivel de los medios de comunicación. Atribución a los jóvenes del olfato


de atisbar el valor de la novedad o, al menos, de una mayor asimilación de las
novedades. Condición que sirve a los productores y programadores de la
industria mediática para probar: nuevos formatos, nuevos géneros y, de esta
manera, ir probando el futuro de cada medio de comunicación, constando sus
posibilidades de futuro.
c) En el nivel del propio sistema de comunicación mediada. Se atribuye a los
jóvenes una experiencia de audiencia distinta, vinculada a la transformación del
sistema de comunicación mediada. Así, se argumenta que:

a. Su experiencia mediática es radicalmente distinta de la de otras


generaciones. Se plantea incluso una ruptura estructural mediática, que
parece superponerse a la ruptura generacional o social. Se habla de gap.
Se les denomina nativos digitales (PRENSKY, 2001; PISCITELLI,
2009), en cuanto nacidos y socializados en el uso de los instrumentos
digitales y, en general, de la digitalización.

b. Una experiencia diferencial sustanciada en:

i. El lugar principal que ocupa la pantalla en el uso de los medios.


La relación con los medios como una relación a través de
pantallas, de manera que las máquinas de comunicación
(PERRIAULT, 1991) se convierten principalmente en máquinas
de visión (VIRILIO, 1988). A ello, hay que añadir, la cadena de
significaciones vinculada a este argumento, que, en buena
medida, recoge viejos tics de la configuración de las audiencias
en general: poco esfuerzo de lectura, la necesidad de que esté
todo a la vista, generar placer sin esfuerzo, mostrar escenarios
que incorporen al receptor, etc.

ii. La relevancia que se da a la experiencia táctil. No es tanto una


experiencia desde la distancia, sino desde la proximidad del tacto,
lo que facilitaría la incorporación de los jóvenes a la lógica de los
medios. Pero, sobre todo, llama la atención como se considera
tocar –la pantalla, incluso en su forma más compleja, como es
teclear- como actividad más simplificada que escribir. Por lo
tanto, añadiendo a lo anterior, se atribuye al nuevo sistema de
comunicación mediada que los jóvenes ni lean, ni escriban, desde
la alta legitimidad que aún tiene en nuestra cultura la escritura.

iii. Frente a la tendencia a la pasividad que pudiera deducirse de los


puntos anteriores, se opone la interactividad, como forma
distintiva de relación de los jóvenes con los medios, haciéndose
de la participación –y, sobre todo, de las posibilidades
democráticas y no consumistas de la participación- un nuevo
horizonte general en la relación con los medios de comunicación.

iv. Se les dibuja insertos en la segunda oralidad (ONG, 1993): más


movidos por la escucha, por los sonidos, y por el habla, hasta
hacer de la propia escritura una continuación del habla –como
ocurre en los mensajes sms, por ejemplo- en oposición a la
literalidad, a la escritura.

¿Es así la juventud producida por el sistema de comunicación mediada? Una pregunta a
la que se intenta dar respuesta a partir de la producción empírico-técnica de la
audiencia, derivada de la producción teórica. Es la solución operacional en la búsqueda
de la audiencia: la audiencia se crea entonces por la operación de observar (CALLEJO,
1995). Es la audiencia que aparece como resultado del registro de los audímetros: los
jóvenes que tienen atribuido su código-botón en aparato registrador. La de las
encuestas: los jóvenes que contestan a un entrevistador o entrevistadora que escucharon
tal emisora o leyeron tal diario. ¿Y si los que tienen el audímetro en casa ven la
televisión o usan el ordenador porque tienen audímetro? ¿Y si los que dicen leer un
periódico o escuchar una radio lo dicen porque está bien decirlo? Y si nos vamos a la
perspectiva cualitativa de investigación social, la audiencia es la interpretación que hace
el observador de la interpretación que hace la audiencia de los medios, sus mensajes y
su relación con los medios.

Desde la operacionalización de la audiencia se obtienen resultados como que casi un


tercio de la sociedad se informa exclusivamente por televisión o que la penetración de la
televisión alcanza el 90% (AIMC mayo 2012). Pero, en cualquier caso, la observación
de la audiencia juvenil nunca ha sido fácil, pues ha mostrado más resistencias que la
adulta (CALLEJO, 2010). Al fin y al cabo, la observación es un ejercicio de poder, de
dominación. Pero la observación de la relación de los jóvenes con los medios es
demasiado importante como para renunciar a ella. Por su carácter de adelantadores del
futuro en lo que respecta al consumo de medios. Porque son un perfil de consumidor
diferenciado, con sus propios productos, con sus propios anuncios y anunciantes.
Quien haya tenido la experiencia de investigar la audiencia juvenil sabe de sus
resistencias. En las encuestas con cuestionario estandarizado, los intentos para lograr
cada entrevista se multiplican. Cuando contestan, se percibe cierta distancia irónica en
algunos patrones de respuesta. En la perspectiva cualitativa, encuentros con distantes
encogimientos de hombros o con dinámicas grupales de ostentación, en la que se dice
que se ve o se escucha algo, solo por el hecho de que está sobrelegitimado entre los
propios jóvenes.

A pesar de las resistencias, se obtienen registros. Una muestra es el siguiente cuadro,


que da razón del mayor uso de internet por parte de los jóvenes o la menor inclinación a
la lectura de diarios. Perfiles de la juventud establecidos desde el más y el menos en la
comparación con los adultos y que señalan cómo los jóvenes –entre 20 y 34 años- son
más consumidores que los adultos de internet, cine y radio; pero menos consumidores
de televisión y diarios. (Ver Tabla 1)

(Sugerencia: ¿No sería conveniente distinguir los “grados de diferencia” en interpretación


dada en el texto?)

Tabla 1. Penetración de distintos medios de comunicación, según edad, AIMC octubre 2011-mayo
14-19 20-24 25-34 General
internet 71,7 70,6 64,3 44,7
cine 5,7 5,6 4,6 3,2
televisión 87,9 86,2 85,8 88,9
radio 60,0 64,7 67,7 60,8
diarios 6,6 6,3 17,5 36,4

Centrados en la propia juventud, evitando ahora comparaciones con los adultos, se llega
a que nueve de cada diez jóvenes entre 14 y 24 años escucha la radio o que casi todos
(97%) descargan música, según los resultados del estudio Ràdio i Joves (Fuente?
Referencias bibliográficas estudio?) Pueden multiplicarse las pruebas de estos registros
que parecen indicar una lógica propia en la relación con los medios de comunicación.
Al menos, una lógica diferencial. Una lógica que a veces es difícil capturar por los
medios de comunicación y que puede llegar a ser costosa y poco rentable, si se tiene en
cuenta la caída de la natalidad y que los jóvenes suponen una categoría
poblacionalmente minoritaria con respecto a los otros grupos de edad en el momento
actual?, como muestra el siguiente gráfico:
Población por grupos de edad (a 1 enero 2012)

100 y más

90-94

80-84

70-74

60-64

50-54

40-44

30-34

20-24

10-14

0-4

0 500000 1000000 1500000 2000000 2500000 3000000 3500000 4000000 4500000

Fuente: INE, Explotación del Padrón

Si no fuera por la segmentación del mercado, que sitúa a la juventud como una categoría
diferenciada en consumo de bienes y servicios, desde el punto de vista comparativo, la
inversión publicitaria y en productos culturales para la juventud es relativamente más
costosa, porque son menos que otros grupos de edad. Cuestión que explica, entre otras
cosas, que en las ofertas más generalistas de la industria cultural, como ocurre con la
televisión, los productos para jóvenes y niños tiendan a ser situados en espacios
periféricos (cadenas periféricas, horarios periféricos) y subsumidos en programas
calificados como familiares?.

Las distintas juventudes mediáticas

Hasta ahora, la referencia a la producción mediática de la juventud ha tendido a


representarla como una categoría homogénea. Como una clase social diferenciada de
otras clases sociales –realmente clasificaciones etarias y no clases sociales- y como una
especie de nexo común interno o lógica común, más allá de la propia edad. Esa es una
de las principales expectativas de las ofertas de los medios de comunicación: ya que
lanzan productos específicos a la juventud, captar con ellos a la mayor parte de ésta.
Pero la sociedad es dura y resistente, encontrándose tal intención con una realidad social
que muestra una juventud atravesada a la vez por varias lógicas sociales (BOURDIEU,
1980; MARTIN CRIADO, 1998).

Un primer acercamiento, a través del tiempo dedicado al consumo de medios que nos
facilita la Encuesta de Empleo del Tiempo de 2009-2010 (facilitada por el Instituto
Nacional de Estadística), establece diferencias según edades y género entre los jóvenes.
No todos dedican el mismo tiempo a los diversos medios de comunicación.
Seguramente tampoco el contenido de los medios consumidos durante tal tiempo es
igual; pero ya sólo el indicador temporal es suficiente señal de las diferencias. Así
teniendo en cuenta inicialmente la edad y el sexo, se observa (ver tabla 2) cómo los
mayores consumidores de medios de comunicación son los varones entre 25 y 34 años,
con más de tres horas y veinte minutos, obteniendo especial relevancia el tiempo
dedicado a la televisión. Las que menos tiempo dedican al consumo mediático son las
adolescentes entre 10 y 12 años.

Tabla 2. Tiempo medio diario (TMD) dedicado al uso de distinta s práctica s comunicativas,
según grupo de edad y género
Grupo Género (A) TMD (B) TMD (C) TMD (D) TMD A+B+C+D
de televisión Internet lectura otros (minutos)
edad (minutos) (minutos) (minutos) medios
10-12 varón 108,62 30,41 8,81 7,09 154,93
años mujer 104,71 31,50 11,67 6,50 154,38
Diferencia V-M 3,91 -1,09 -2,86 ,59 ,55
13-15 varón 116,74 60,78 6,63 2,78 186,93
años mujer 106,84 59,44 10,15 10,52 186,95
Diferencia V-M 9,90 1,34 -3,52 -7,74 -,03
16-24 varón 95,47 91,04 6,31 9,15 201,97
años mujer 95,46 73,85 10,80 9,39 189,50
Diferencia V-M 0,01 17,20 -4,49 -,24 12,47
25-34 varón 113,19 73,50 7,80 8,63 203,12
años mujer 94,32 53,64 10,25 7,50 165,71
Diferencia V-M 18,87 19,86 -2,45 1,13 37,41

Fuente: Elaboración propia a partir de Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010

Como suele ocurrir con otros datos, los presentados en la tabla 2 no sólo nos dicen
sobre la relación con los medios de comunicación, sino que apuntan a otros
comportamientos sociales que podrían estar detrás o, al menos, en relación con la
posibilidad de dedicar tiempo a los medios de comunicación. Así, según aumenta la
edad, la diferencia en el consumo de medios entre chicos y chicas aumenta,
especialmente con relación a la televisión e internet: ¿por qué? Seguro que el lector
y, sobre todo, la lectora tiene sólidos supuestos para elaborar fundamentadas
interpretaciones sobre tal desigualdad entre los jóvenes. Pero ahondemos un poco
más, antes de lanzarlas. Quedémonos en los grupos de edad donde tales diferencias
por género son mayores, a partir de los 16 años, y en los consumos de medios que
generan mayor diferencias entre ambos sexos, uso de internet y televisión (ver tabla
3). Introduzcamos otras variables, como la convivencia y la relación con la
ocupación.

Tabla 3: consumo medio diario de tele visión e Internet entre jóvenes mayores de 16 años, según grupo
de edad, género, ocupación y forma de convivencia (medias en minutos)
Varones Mujeres
Género, Medio Grupo de edad Género, Medio Grupo de edad
ocupación comunicación 16-24 25-34 ocupación y comunicación 16-24 25-34
y forma años años forma años años
convivencia convivencia
Varón no Televisión 99,95 157,74 Mujer no Televisión 97,04 116,09
ocupado y Uso de ocupada y no Uso de
no vive en Internet 109,61 89,69 vi ve en Internet 80,46 72,92
pareja pareja
Varón no Televisión 172,73 153,97 Mujer no Televisión 141,02 104,53
ocupado y Uso de ocupada y Uso de
vi ve en Internet 49,09 49,86 vi ve en Internet 21,69 19,37
pareja pareja
Varón Televisión 69,94 85,38 Mujer Televisión 80,75 78,75
ocupado y Uso de ocupada y no Uso de
no vive en Internet 62,78 95,68 vi ve en Internet 80,75 70,76
pareja pareja
Varón Televisión 66,50 101,20 Mujer Televisión 85,00 88,77
ocupado y Uso de ocupada y Uso de
vi ve en Internet 27,00 57,71 vi ve en Internet 42,65 59,29
pareja pareja

Fuente: Elaboración propia a partir de Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010

Más allá del contenido de las diferencias, lo que interesa resaltar aquí es su existencia.
Entre los 172,73 minutos de media dedicados a la televisión por un varón entre 16 y 24
años, que vive en pareja y no está ocupado –por minoritario que sea este perfil
sociodemográfico- y los 66,5 minutos cuando ese mismo varón está laboralmente
ocupado. O entre 19,37 minutos dedicados a internet por una joven entre 25 y 34 años
no ocupada y que vive en pareja y los 85,68 minutos dedicados por un varón de la
misma edad, laboralmente ocupado y que vive en pareja. Es decir, este varón usa
internet cuatro veces y media más que la joven referida. Difícilmente puede hablarse de
una sola juventud en relación con los medios, ni de una homogénea audiencia juvenil.

Sabiendo que, en relación con el conjunto de medios, hay distintos tipos de audiencia
juvenil, veamos ahora cuáles podemos diferenciar. Para ello, seguimos haciendo uso de
los resultados de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010, realizando un análisis
estadístico de conglomerados, consistente en saber cuántos grupos salen a partir del
comportamiento de la gente con respecto a varias variables. La tabla 4 nos muestra
cuatro grupos o, para nuestro caso, cuatro tipos de audiencia general de medios de entre
10 y 34 años. Por un lado, los muy usuarios de internet, medio a la que dedican casi
siete horas y media diarias (el conglomerado 2 en la tabla). Por otro, los de extenso uso
televisivo, medio a la que dedican cuatro horas y media (conglomerado 3). El cuarto
grupo o conglomerado se caracteriza por un mayor tiempo dedicado a la lectura y otros
medios, como escuchar música. Por último, el perfil de audiencia juvenil más numeroso
–suponen el 61% del total- y, en general, más moderado en el uso de todos los medios
(el conglomerado 1). Revisar redacción última frase

Tabla 4. Número de casos en cada conglomerado y media de tiempo diario dedicado éstos a cada medio de
comunicación (minutos)

Conglomerado absolutos % (A) (B) (C) (D) Total

Uso de Ver Lectura Otros (A+B+C+D)


Internet televisión medios

1 3150 60,6 15,49 59,53 7,68 7,31 90,01

2 270 5,2 467,22 66,67 9,56 8,33 551,78

3 973 18,7 25,02 270,80 9,03 6,50 311,35

4 805 15,5 176,62 74,68 13,73 13,43 278,46

N 5198 100,
0

Repasando la tabla anterior, casi podría hablarse de cuatro tipos de jóvenes con relación
a los medios de comunicación. Pero ya es el momento de volver a una pregunta: ¿qué es
lo que diferencia a estos jóvenes que les diferencia en su relación con los medios de
comunicación? O ¿puede pensarse que sólo les diferencia eso, el consumo que hacen de
medios de comunicación?
En la tabla 5, se apunta el mayor o menor peso de determinadas variables
sociodemográficas en cada uno de los conglomerados o, lo que puede considerarse lo
mismo, una aproximación a la búsqueda de las respectivas situaciones de los jóvenes
que pudieran estar detrás de sus diferenciales relaciones con los medios de
comunicación. Así, se observa que detrás de la fuerte relación con internet
(conglomerado 2) se encuentran preferentemente: varones entre 25 y 34 años,
laboralmente ocupados –lo que explicaría en gran medida su extenso uso de internet-
viviendo en pareja en grandes municipios (mayores de cien mil habitantes) y, lo que tal
vez sea más interesante, en los niveles superiores de ingresos en el hogar.

Los jóvenes con un mayor uso de la televisión (conglomerado 3) están también entre los
más adultos; pero con algunas particularidades esenciales con respecto a los anteriores:
no se encuentran laboralmente ocupados y se hallan en las categorías de menores
ingresos en el hogar. ¿Puede decirse que entre el mayor o menor consumo de medios de
comunicación como la televisión o internet se encuentran diferencias de clase social?
No es éste el lugar para la solución de tales preguntas, quedándonos en remarcar las
dificultades para entender la juventud como una clase social en sí misma y, sobre todo,
como una única audiencia.
Tabla 5. Perfiles sociodemográficos de los conglomerados obtenidos

Conglomerados
Variables y categorías sociodemográficas
1 2 3 4

SEXO V arón 46,0% 55,2% 51,6% 50,3%

M ujer 54,0% 44,8% 48,4% 49,7%


GRUPO 10 - 12 años 11,3% 1,1% 11,1% 5,1%
EDAD 13 - 15 años 9,6% 2,6% 11,9% 14,2%
16 - 24 años 29,3% 35,2% 29,8% 46,0%
25 - 34 años 49,8% 61,1% 47,2% 34,8%
TRABAJO Trabaja* 53,6% 60,8% 36,6% 33,5%
No trabaja 46,4% 39,2% 63,4% 66,5%
TIPO Hogar unipersonal 3,5% 4,4% 3,0% 2,4%
HOG A R Pareja sola 8,7 % 13,3% 10,3% 6,6%
Pareja con menores de 25 años 57,9% 42,2% 51,3% 57,1%
Pareja todos hijos mayores 25 años 7,8% 15,6% 6,5% 10,1%
Padre/madre solo, hijo menor 25 años 6,5% 7,0% 8,6% 8,9%
Padre/madre solo, con todos hijos 2,1% 4,8% 2 ,5% 3,2%
mayores 25 años
Pareja, padre o madre solos, con hijos 3,7% 2,6% 5,2% 2,9%
menores 25 y otra persona
Otro tipo de hogar 9,9% 10,0% 12,6% 8,8%
INGRESO Hasta 1200 € 20,4% 15,2% 27,3% 17,3%
H OGAR 1201 -2000 € 27,7% 14,8% 27,9% 25,0%
2001 -3000 € 19,5% 26,3% 16,3% 19,8%
Más de 3000 € 13,7% 17,8% 9,2% 17,0%
No sabe/No contesta 18,7% 25,9% 19,2% 21,0%
TAM AÑO Más de 100.000 habitan. 46,2% 56,7% 48,9 % 53,0%
M UN ICIPIO 50.000 / 100.000 h. 11,3% 9,3% 12,3% 12,3%

20.000 / 50.000 h. 11,6% 8,5% 12,3% 10,7%

10.000 / 20.000 h. 9,7% 7,4% 8,5% 7,2%


Menos de 10.000 h. 21,2% 18,1% 17,9% 16,8%
(*) La ocupación sólo se pregunta a los mayores de 16 años
Fuente: INE, Encuesta de Empleo del Tiempo 2009 - 2010 , y elaboración propia

Los medios de comunicación, en su lógica de máxima eficiencia, idealmente preferirían


una audiencia juvenil más homogénea de manera que al obtener alguna de las claves de
sus intereses, prácticas o gustos se consiguiera el importante botín de llevarse la mayor
parte de esta audiencia. Pero se encuentran, primeramente, con una fracción de la
población de menor tamaño que las otras fracciones etarias de la sociedad, por lo que el
esfuerzo para la obtención de números absolutos rentables de seguidores es mayor. Por
otro lado, es una audiencia cuya producción está tan segmentada como lo pudiera estar
otro tipo de audiencia. Es más, en procesos vitales en los que la configuración de
identidad tiene un peso relevante y, por lo tanto, la asunción de estilos de vida –
radicados de manera especial en el ocio y sobre todo la manifestación del gusto
(BOURDIEU, 1988)- se convierte en una proyección estratégica de gran alcance, cabe
pensar que la dinámica de diferenciación es dominante: diferenciación inicial de los
adultos, diferenciación posterior de aquellos con quienes comparten edad.

Más allá de lo apuntado por los datos estadísticos, tal vez valga la manifestación de un
fenómeno como el hecho de que, ante determinado tipo de programas, nos imaginamos
con bastante facilidad una audiencia mayor, sin fisuras, tanto entre el colectivo que lo
forma, como en la fidelidad de seguimiento. Sin embargo, situamos a los jóvenes en
distintos nichos, de distintos tipos. Y, sobre todo, remarcando sus diferencias.

Las audiencias juveniles en las redes

Con relación a los medios de comunicación más conocidos¿? (televisión, radio, diario),
hemos visto que puede hablarse tanto de una audiencia juvenil, diferenciada de la
adulta, como de audiencias juveniles, diferenciadas entre sí. ¿Qué es lo que ocurre con
respecto a la relación de los jóvenes con nuevos medios de comunicación, como las
redes sociales? Con respecto a este medio de comunicación, los jóvenes carecen de
patrones anteriores, de los más adultos, de los que pudieran estar impregnados. Nos
preguntamos qué hacen los jóvenes con ellas. Pero, sobre todo, nos preguntamos qué
sentido tiene para los jóvenes el uso de estos medios de comunicación, en los que son
referencia de los otros grupos etarios, y hasta qué punto se diferencia de la relación que
tienen con los otros medios de comunicación. Para ello, nos servimos de una
investigación cualitativa con grupos de discusión entre jóvenes de la Comunidad de
Madrid con una edad entre trece y dieciséis años. Un total de ocho reuniones con un
diseño guiado por la búsqueda en cada uno de ellos de los siguientes criterios
homogéneos: edad (13-14 por un lado, 15-16 por otro lado), sexo, titularidad del centro
escolar (público o privado) y clase social (media-alta, media-baja). Referencias de este
investigación? Referencias bibliográficas? Año realización?

En las expresiones, en la consideración de los otros (compañeros de aula, amigos en la


red, amigos en el barrio, padres), en sus movimientos corporales durante las
reuniones… las diferencias de clase social saltan a la vista. Mismas edades, mismo
sexo; pero, sin necesidad de abordar sus expectativas vitales o de una manera amplia sus
estilos de vida, se disipa la imagen de una juventud homogénea. Más expresivos las
chicas y los chicos de clases populares. Si se quiere, más espontáneos. Más cautos y con
expresiones más racionales los jóvenes y adolescentes de clases medias altas. La
reflexión parece ir por delante. Pero ¿y con relación al uso de las redes sociales?

Entre las chicas y chicos de clases populares, dominan los argumentos de funcionalidad,
las justificaciones del uso de las redes sociales: combatir el aburrimiento, organizar los
fines de semana o no gastarse el saldo en llamar, como puntualizan los chicos de15 y 16
años de clase media-baja. Es más, el “hablar lo que quieras” que permiten las redes
sociales y subrayan los chicos de clase media-baja entre 13 y 14 años alcanza la
concreción de la libertad: lo que se puede hacer, sin tener que pagar más por ello. Es
una libertad simbólica; pero con valor de uso, en la medida que es una libertad para
todos.

Utilidades a las que añaden: cotillear, estar informado, ver fotos. ¿Y para tener amigos?
Entre los jóvenes de clases populares los lazos de amistad quedan fuera del alcance de
la funcionalidad de estos medios de comunicación.

– “Tuenti no es una forma de hacer amigos… así, hacer amigos por hacer
amigos, pues no “ (Chicos 15-16 media-baja)
La amistad se genera en otros espacios, más reales? ¿espacio físico, presencialidad?. Se
alimenta del contacto presencial, cara a cara. Los amigos son con los que se está –“con
los que estás casi siempre” (Chicos 13-14 media baja)- y no con los que se habla en las
redes sociales. Es más, hablar en las redes sociales parece conllevar cierto
distanciamiento, una pérdida de la privacidad que merece la amistad. Incluso decir algo
a un amigo en las redes sociales puede ser motivo de deterioro de la propia amistad. Se
dice ante otros y: un amigo no cuenta tus cosas.

A pesar de los discursos generales, hay que resaltar cómo las redes sociales son
señaladas por los jóvenes –en general- más como fuente de enemistad, que de amistad.
Ponen en duda la fuerza de la relación que se establece en las redes sociales. Son:
contactos, conocidos, amigos de amigos, conocidos de amigos… Y, así, una larga
cadena que se sumerge en un mar de desconocidos. Las redes sociales no escenifican la
amistad. Al contrario, parecen más proclives, en el uso que hacen los jóvenes, a
convertirse en escenario de enfrentamientos, facilitando la representación de los
mismos:

- “el me ha puesto cuatro cosas, pues yo le pondría otras cuatro” (Chicos


13-14 media-baja)
En la red social, el enfrentamiento se convierte en espectáculo. Los demás lo ven. Los
actores no pueden callarse sin grave deterioro de su capital simbólico. Por lo que el
enfrentamiento tiende a agrandarse.

Entre los jóvenes, las redes sociales aparecen más para hacer enemigos, que amigos. Si
parece tender en mayor medida a romper lazos o, al menos, ponerlos en peligro, que a
fortalecerlos, ¿qué significan las relaciones sociales que están en las redes sociales? El
estar en una red social virtual es un signo de reconocimiento social. Es un espacio donde
se encuentra el reconocimiento social. Por lo tanto, es un sitio en el que: “hay que
estar”. De hecho, la ausencia en las redes sociales es señalada como sinónimo de
exclusión. Así, se dice que: “no estar en Tuenti es ser un friki”. Estar admitido en la red
social es ser socialmente admitido.

Por ser un espacio de reconocimiento social, tiene medianamente claras cuáles son las
reglas para entrar, qué características han de reunir quiénes pueden estar, cómo estar y
cuáles las que llevan directamente a la no inclusión. Hay que tener en cuenta que es
difícil hablar de exclusión. Una vez que alguien es admitido y, por lo tanto, socialmente
reconocido en la red, es difícil la exclusión de la misma. De aquí que haya que hablar
más de no inclusión, que de exclusión, y, por lo tanto, de falta de reconocimiento social.
Los no incluidos, son los socialmente no reconocidos como apropiados para la red.
Entre los mencionados, destacan los padres, que están excluidos por definición de la red
social.

¿Qué implica tal reconocimiento social? ¿Qué papel se asume? ¿Qué derechos otorga?
El principal derecho que se otorga es el de ser espectador. El poder asistir a espectáculos
como el del enfrentamiento antes mencionado, el de cotillear, estar ahí. Así, si se está
constantemente también se puede ser considerado un friki, como ellos mismos dicen.
Por lo tanto, se es friki, anormal en cuanto fuera de lo normal, tanto por defecto –no
estar en la red social en la que están todos- como por exceso: estar siempre ahí.
Anormalidad que tal vez podría aplicarse a quien se pasa todo el día viendo la televisión
o practicando con videojuegos; pero que aquí parece adquirir una especial morbosidad:
es aquél que está siempre viendo lo que se dice en la red social. Más allá de las
expresiones, que separan en clases sociales a los participantes en las reuniones de grupo,
parece compartirse un sentido común en la relación con las redes sociales virtuales.

El presente en las redes sociales


La temporalidad en el uso de las redes sociales virtuales está dominada por el presente.
Casi roza la instantaneidad. Se trata de fijar lo pasado –haber conocido a alguien o una
fiesta, por ejemplo- en el presente. El futuro queda reducido a los días inmediatos, a la
preparación de una cita o de una fiesta.

Es una máquina de presentificación, en cuanto lo convierte todo en presente. Desde tal


punto de vista, poco dista de medios de comunicación como los diarios, la televisión o
radio. Sus mensajes convierten todo en actualidad. Se ponen en él las “necesidades”
más inmediatas, como los comentarios –cotilleos es como lo denominan- de algún
acontecimiento reciente. Requerimientos inmediatos hacia los que no son amigos; pues,
cuando se puede acudir a un amigo, se le telefonea: “Al amigo le llamas para preguntar
los deberes “(Chicos 15-16 media-alta). Los amigos están en el pasado y en el futuro,
por lo que no se está en la red social por ellos, donde la relación de amistad puede verse
en peligro.

Una temporalidad en presente señalada expresamente por la reflexividad de los chicos


de clase media:

– “Tuenti es el presente… conoces una chica una noche y la


contactas… tienes un problema con los deberes y vas…“
(Chicos 13-14 media-alta)
Desde la reflexión demandada en los grupos de discusión, se apunta que las redes
sociales virtuales tienen memoria, que lo que se escribe puede marcar el futuro de su
autor, especialmente cuando se tiene conciencia de que la única oportunidad vital pasa
por ser empleado como trabajador: “Por lo que pones en el Tuenti una empresa te
cogerá o no “ (Chicos 15-16 media-baja). Pero no parece que esto frene en exceso sus
expresiones, pues la oportunidad del momento –de lucirse en un mensaje- puede con las
posibles oportunidades del futuro.

Una temporalidad del presente que tiene en la fiesta su condensación. Las referencias a
las fiestas como contenido de los mensajes –de textos e imágenes- saturan el discurso
sobre las redes sociales virtuales: preparación de fiestas, comentarios de la fiesta en la
propia fiesta, imágenes de la fiesta o hacer ver a los demás –en la red social- que se va a
fiestas, que no se es un anormal: “Que la gente sepa que no eres un friki, que estás en
fiestas, que no estás todo el día en casa” (Chicos 13-14 media-alta). La fiesta es la
celebración del presente, denegando el pasado o el futuro, como pasa en carnavales
(BAJTIN, 1974). Es la muerte lo que se niega, empezando por la muerte de lo
sociedad¿?. Es la sociedad vida y eterna, como en las fiestas que hacen presente el
mítico origen de la propia sociedad.

Al menos, cabe leer en este protagonismo de la fiesta en las redes sociales a Durkheim y
a Veblen, aun cuando en sentidos bien opuestos. A través del primero, la fiesta expuesta
en las redes sociales adquiere esa expresión de celebración de la cohesión del grupo, de
una solidaridad mecánica (DURKHEIM, 1987). Es la manifestación del grupo como
grupo: la red social, compuesta por individuos, se hace (efímeramente) grupo a través
de la fiesta –extra red social- que ha integrado a la mayor parte de los participantes en la
propia red social. Pero es un grupo sin pasado –una parte importante de los asistentes a
la fiesta no se conocían, ya que la propia fiesta tiene la función de conocer a otros
chicos y chicas- y sin futuro, pues se termina cuando se acaba la propia fiesta. Ésta se
hará repetidamente presente en la red social, como cuando en los programas televisivos
de actualidad social (o sociedad) repiten las mismas imágenes de los encuentros con
famosos; o en los programas deportivos, las de las jugadas más importantes. Aquí la
gran diferencia es que ellos mismos son, a la vez, protagonistas y espectadores. Aun
cuando desde esta perspectiva domina el papel de espectadores, de quienes atienden a
cómo se ha ido configurando ese acontecimiento que es la fiesta.

Desde el instrumental conceptual de Veblen (1974), la competición y la lucha por la


ostentación –y el poder, vinculado a la acumulación de capital simbólico- dentro del
grupo toman cuerpo en las redes sociales de los jóvenes con relación a la fiesta.
Ostentación de imágenes, de exposición de transgresiones, de asistencia a fiestas. Aquí,
los participantes privilegian su papel como participantes, como actores de la fiesta: lo
que hicieron –y lo que hacen- para que otros lo vean. Ostentación de simulacro de clase
ociosa, pues lo único que pueden ostentar es precisamente su protagonismo en la fiesta.
Entre estos jóvenes, el ocio no es significante de otra cosa, como recursos que permiten
gozar el ocio de determinada manera –con conocimiento y estilo- o simplemente de
disponer de tiempo improductivo. Es significante de estar-con-los-otros y, a su vez, de
estar de una manera diferenciada. Si con Durkheim se observa la fiesta como
integración; con Veblen, como diferenciación. Dinámicas opuestas que están presentes
en el uso de las redes sociales.

El espacio público de las redes sociales


Si las redes sociales son un dispositivo para el reconocimiento social es porque
constituyen un espacio de carácter público para los jóvenes. Con independencia de las
dificultades para una definición experta de lo privado, desde las expresiones de los
jóvenes participantes en la investigación, las redes sociales son consideradas como un
espacio público. No sólo se niega la privacidad a este medio de comunicación, sino que
se percibe como un espacio en el que se pierde la privacidad como una amenaza a la
misma: “luego está la privacidad… si la gente puede bajarse tus fotos…” (Chicas 13-14
media-baja). La funcionalidad de este medio de comunicación no está en la privacidad,
en posibilitar la privacidad. Para ello, hay otros medios de comunicación: “Es la gracia
del tuenti. Si sólo usáramos lo privado, pues para eso está el Messenger “ (Chicas 15-
16 media-alta).

En las relaciones afectivas de pareja es donde en mayor medida es señalado su carácter


público y amenazante con respecto a la privacidad. Así, por ejemplo, un
emparejamiento se hace público en las redes sociales. Especialmente en Tuenti, más
utilizado por los adolescentes. Pero, por otro lado, se critica –como una falta ética- que
los problemas entre las parejas sean expuestos en las redes sociales: “Es mejor dejar a
una chica cara a cara que por el tuenti“ (Chicos 15-16 media-alta). Las conversaciones
consideradas privadas, con la pareja, con los amigos o las amigas, no suelen pasar –o, al
menos, se considera que no deben pasar- por las redes sociales: “Con las amigas,
amigas, se habla por teléfono” (Chicas 13-14 media-baja). No obstante, el
enfrentamiento a estas cuestiones en clave normativa apunta precisamente a que una
cosa es el deber hacer, y otra lo que se hace. Al hecho de la existencia –más o menos
frecuente- de la transgresión de esta norma, lo que precisamente hace poner las
relaciones de amistad, los lazos más fuertes, en peligro. Como si las redes sociales
generaran una tensión entre una especie de pulsión por decir, por decirlo todo, que con
frecuencia rompe las reglas de privacidad de las relaciones más fuertes. Como si el
medio de comunicación impulsara a hablar, en un afán de protagonismo de los
participantes, ante una expectante y difusa cantidad de espectadores atentos a que los
contratos de comunicación privada se rompan. Así, siguiendo las manifestantes¿? de
nuestros jóvenes, tenemos que las redes sociales constituyen un espacio público que
devora privacidades por el afán al protagonismo y la ostentación de los participantes.

Como medio de comunicación, las redes sociales aparecen así como una especie de
escaparate, lo que incluye las posibilidades de exposición de la privacidad. Son como la
vitrine, de Baudrillard (1969), que genera una transparencia opaca con sus tensiones
entre lo que se muestra y lo que se oculta, entre lo que debe mostrarse y lo que debe
ocultarse, siendo, como los simulacros a los que hace referencia el autor francés: “un
test de adaptación continua, un test de proyección dirigida y de integración"
(BAUDRILLARD, 1995). Con el peligro, para las relaciones sociales más fuertes, de
que se muestre más de lo que se debiera, de que la transparencia de la ostentación se
imponga a la opacidad de la privacidad, de dejar ver y, al final, que se vean aspectos que
atañen a la privacidad. De aquí que la recomendación, expuesta por una de las
participantes, es abandonar las redes sociales cuando se tiene una relación: ““con una
pareja no puedo tener tuenti… no puedo, es empezar una relación y adiós tuenti, te
quita intimidad… para esas cosas yo no lo veo bien” […] “porque se te van
comentarios… y al final los oye” […] “ves chicos hablando con otras chicas” (Chicas
15-16 media-baja). Esa pulsión a hablar, el “se te van comentarios”, muestra la
particularidad del medio de comunicación. Ya no se asiste sólo a la vida de los otros,
sino que la pulsión a hablar lleva a exponer la propia vida. Por lo tanto, aquí hay dos
cuestiones sociológicamente muy interesantes. Por un lado, un sujeto impulsado a
hablar a una audiencia desconocida o, a lo sumo, parcialmente conocida –hay que
recordar que no se trata de amigos-amigos, de amigos íntimos- y, por otra, un sujeto
integrado en ese difuso grupo de espectadores. Pulsión escópica desarrollada, apuntada
por Lacan (1983). Placer por ver, ser visto y, sobre todo, verse a sí mismo como unidad.
El placer de ser visto por los otros como unidad puede explicar esa tentación a
mostrarse, ya sea por escrito o en fotos, tan fuerte en las redes sociales, que puede llevar
a romper lazos relacionales fuertes. La búsqueda de ser reconocido como unidad en el
espacio público.

Tal búsqueda de reconocimiento conduce a cierta espectacularización del yo, a llamar la


atención. Por lo tanto, exige cierta exposición, lo que puede llevar a mensajes en forma
de estridencias o confesiones indebidas, rompiendo contratos de privacidad insertos en
la amistad, y, en todo caso, presentar la imagen más llamativa o atractiva a los demás, a
lo que se percibe como audiencia, de uno mismo. Se llega así a la espectacularización
del yo, el mira mi foto que guay soy (Chicos 15-16 media-baja) y la fiesta. Se busca
reacción: se ponen fotos para que sean comentadas (Chicas 15-16 media-baja). Una
espectacularización del yo que es interpretable desde la ausencia de presencialidad de
los otros, al hecho de que los otros no están cara a cara.
Lo que se comunica en las redes sociales, se comunica porque el otro/los otros no están
presentes. La no presencia estructura la comunicación en la red social, como ocurre en
los otros medios de comunicación, siendo el criterio que estructura el propio sistema de
comunicación mediada. En los discursos grupales son numerosas las huellas de esta
lógica de uso de las redes sociales:

– Como medio que facilita la expresión de aquellos que, sin poder ser
considerados tímidos, encuentran en las redes sociales una palanca para
hablar con sensación de mayor libertad, con menos constreñimiento del
que parece derivarse del cara a cara.

– Como medio de comunicación preferido de los que no te hablan en la


calle: “habla mucho contigo en el tuenti y luego, en persona, nada”.
Expresión que establece la radical diferencia entre la comunicación
mediada y la comunicación personal. Abren dos mundos de vida
diferentes. Tal vez paralelos. Cada uno con su propia lógica. Pero si el
primero no puede considerarse una extensión del segundo –un hablar en
la red lo que podría decirse cara a cara, pero intentado superar las
dificultades para tales encuentros personales, como la falta de tiempo- el
segundo tampoco puede considerarse una extensión del primero, ya que
nuestros jóvenes manifiestan que no suelen hablar de lo que ocurre o se
dice en la red cuando se encuentran personalmente con los compañeros o
amigos, que también están en ella.

– Como medio de comunicación para decir cosas que no te atreverías a


decir cara a cara: “si no estás cara a cara le puedes decir muchas
cosas… le echas más huevos” (Chicas 15-16 media-baja).

Por lo tanto, las redes sociales virtuales comparten con los otros medios de
comunicación el generar espacio público (SILVERSTONE, 2007) y la ausencia de
presencialidad como criterio estructurante. Pero comparten otras características. En un
trabajo como éste, dedicado a establecer el perfil de las audiencias juveniles, es
precisamente la forma de representarse la audiencia en las redes sociales lo que centra
nuestra atención. Pues bien, lo que más sorprende es que en un medio en el que los
receptores pueden considerarse, al menos en parte, como conocidos –aunque sean
amigos de un amigo de un amigo- y que, además, sean denominados como tales
“amigos”, no deja de remarcarse que son receptores difusos:

– Es una audiencia desconocida: “no lo sabes….” (Chicas 13-14 media-


baja), “lo puede ver cualquiera” (Chicas 13-14 media-alta), “No sólo
hablas con tus amigos, vas contando cosas a gente que no conoces… de
vista” (Chicas 13-14 media-baja),

– “para subir fotos […] las puede ver todo el mundo… y las comenta”
(Chicas 15-16 media-baja). Hay que resaltar el interés sociológico de
esta práctica de subir fotos para que la vean desconocidos, para situarse
como objeto de deseo del otro difuso. Ese otro difuso es la audiencia.
Más allá de dimensiones profesionales y, por lo tanto, de obtención de
una remuneración: ¿es distinta esta lógica, el sentido dado a estar en este
medio de comunicación, de la de los profesionales de la pantalla, la voz o
la firma de los otros medios de comunicación? ¿No buscan también ser el
objeto de deseo de los que están al otro lado de la pantalla, las ondas o el
papel del diario?

– Se reconoce un placer en tener una audiencia desconocida, como hacen


de forma espontánea los jóvenes de clases populares: “Mola que tengas
ahí tus fotos colgadas y no sepas quién las ve “ (Chicos 15-16 media-
baja)

– Al atractivo de tener audiencia, se une el atractivo de ser audiencia, es


decir, de ser un receptor desconocido: “Esa cosa de ver las fotos de los
otros y que no sepa que las estás viendo” (Chicos 15-16 media-baja).

Es precisamente porque se produce una audiencia, receptores desconocidos, por lo que


las redes sociales no solo son un medio poco dado a la comunicación privada sino que
genera su propio espacio público y contribuye a la construcción de la esfera pública,
pudiéndose recordar aquí los seguimientos que se hacen de trends topics y procesos
semejantes.

A lo anterior, hay que destacar que una de los elementos de emulación en las redes
sociales es la cantidad de audiencia, el número de seguidores. Lo importante es ser
popular, como, en los medios de comunicación tradicionales que se financian por la
publicidad lo importante es la cantidad de audiencia.

A modo de conclusión: el deseo de ser audiencia juvenil

La juventud actual ha nacido y crecido con lo que se puede considerar un sistema de


comunicación mediada muy consolidado y especialmente dominado por la televisión.
Ello, a pesar de que en España, debido principalmente al descenso de nacimientos a
partir de 1975, la producción mediática dedicada a adolescentes y jóvenes ha tendido a
ocupar un lugar marginal. A ello, hay que añadir que es difícil hablar de jóvenes como
si constituyesen una categoría homogénea. Hay diferencias de género, de clase social,
entre unas edades y otras. Podría seguirse la espiral de las diferencias para remarcar que
hay juventudes y no una única manera de vivir la juventud y, sobre todo, de relacionarse
con los medios de comunicación desde la juventud¿?.

En cualquier caso, estamos ante una juventud plenamente producida por el sistema de
medios institucionalizados de comunicación, que ha crecido rodeada de medios de
comunicación. Unos medios que ya estaban ahí cuando ellos nacieron y que, en su uso,
podrían haber imitado a los que ya estaban usándolos. Pero qué sucede con aquellos
medios de comunicación a los que han accedido al igual que los otros grupos de edad.
¿Cuál es su relación con ellos? ¿Qué sentido le dan? Cuestiones que se han analizado
con relación al uso de las redes sociales en internet. Un medio en el que se pueden decir
que son nativos, nativos reticulares. Pues bien, buena parte de las características de esta
relación entre jóvenes y redes sociales son semejantes a las encontradas en la relación
con otros medios de comunicación, son de la lógica del sistema de medios
institucionales de comunicación: dominio del presente, integración en el proceso de
construcción de la esfera pública, producción de una audiencia de desconocidos, actúan
como audiencia, dominio de la fiesta destinada a generar sentido de comunidad y, a la
vez, en cuya referencia pueden competir unos con otros.

La audiencia juvenil, producida por el sistema de comunicación mediada institucional,


produce medios de comunicación con la lógica de ese sistema. Los jóvenes –ahora
como emisores, en las redes sociales- hacen funcionar el nuevo medio como los medios
de comunicación anteriores: actúan para producir audiencia, para generar espectadores,
para acumular de una forma narcisista seguidores. Eso sí, ahora son sus espectadores, su
audiencia. Una audiencia de la que también forman parte porque, si funcionan las redes
sociales es porque hay una audiencia atenta a recibir calladamente el protagonismo o los
deslices de otros emisores, como ellos.

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