La Juventud Producida Por El Sistema de
La Juventud Producida Por El Sistema de
Introducción
Para alcanzar la audiencia, tendrá que llamarla, invocarla (ANG, 1991), apelar a su
presencia más allá. La constituye así en sujeto. En actor. En un actor cuya actuación
varía según las concepciones que se hagan de la misma. Será, primeramente, una
representación. La única manera de hacer presente a esta entidad ausente por definición,
es a través de la re-presentación de la misma. Ahora bien, como representación de algo
que siempre está más allá. Más allá de la emisión, de la producción comunicativa, se
constituirá en fantasma. Parafraseando el inicio del Manifiesto Comunista: “Un
espectro se cierne sobre el sistema de comunicación mediada: el espectro de la
audiencia”. En función de cómo se represente o conceptúe –en el nivel teórico- la
audiencia, así se constituirá teóricamente el sistema de comunicación mediada
(CURRAN, 1992).
El primer fantasma al que dio lugar la concepción de la audiencia, situándonos ya en un
contexto histórico, es el de una sociedad de masas. La sociedad de masas es
fundamentalmente un producto de los medios de comunicación. Al estar ausente, se
perfila sin perfiles. Como algo sin forma. Amoldable por los propios medios de
comunicación. Cine y, sobre todo, radio en los primeros pasos. En la historia de los
medios de comunicación: la radio y el peligro de la escucha desconocida constituyen un
punto y aparte. La conciencia de un público invisible surge con la radio (BRIGGS y
BURKE, 2002) ¿por qué? Tal vez la pregunta es por qué en los periódicos, en la prensa
escrita, se tenía una imagen nítida del receptor, como si se supiese quién era ese
receptor. Sin embargo, en la radio, se parte de la conciencia de su desconocimiento, de
su invisibilidad y de que, por lo tanto, el mensaje puede llegar a cualquiera.
Las teorías sobre las audiencias parten de una concepción de ellas. La audiencia es así
un elemento fastasmáticamente¿? construido por la teoría y el propio sistema de
comunicación mediada, cuando aparecen en los medios de comunicación
representaciones de la audiencia, y que nadie quiere por “sí misma”. Es más, los propios
ciudadanos hablamos de la audiencia como si fuera un “otro”, sin reconocernos en ella.
Hablamos de la audiencia de tal o cual programa asombrándonos incluso de la gran
cantidad de seguidores y apuntando dudas sobre la catadura moral de ese programa.
También, en la lógica del best seller (LÓPEZ DE ABIADA y PEÑATE, 1997), como
forma de reconocimiento de un producto del sistema de comunicación mediada: tanto
seguimiento, tantas ventas, tanto vale. Para ellos, que componen la audiencia sin
reconocerlo, la audiencia es un indicador del producto. Una consecuencia de éste. Así,
un programa juvenil es el seguido por los jóvenes, más que por los rasgos de género que
pudiera tener.
Tampoco los medios de comunicación quieren a la audiencia por “sí misma”. Ellos
buscan complacerla, gustarla, incluso satisfacerla, según sus discursos. Todo emisor
quiere ser recibido e imagina un mundo común con la audiencia. El anunciante, que es
el que está detrás de la mayor parte de las emisiones (SMYTHE, 1983), lo que quiere es
vender: en la audiencia ve consumidores. No le interesa por sí misma. Para ambos,
emisor y anunciante, el fantasma audiencia se configura como una pared de la que se
esperan ecos: de reconocimiento, en el primer caso; de ventas, en el segundo.
Una pared en la que, como un espejo, parecen mirarse todos. Proyectarse todos, porque
su materia es imaginaria. Pertenece al estadio de lo imaginario (LACAN, 1971). En lo
real, somos trabajadores. En lo simbólico, ciudadanos. En lo imaginario, somos
audiencia. Por ello, pueden verterse sobre ella todas las imágenes. Las mejores, que la
sitúan como reflejo de la propia ciudadanía de manera que la elección de un medio es
convertido en ejercicio de libertad y democracia. Las peores, como producto de la
alienación. Su invisibilidad –sólo se ve uno mismo como audiencia y, aún así, no se
reconoce como tal; pero no ve a los otros elementos de la audiencia, aunque se los
pueda imaginar- permite jugar con ella y construir todos los tipos de fantasma.
Pues bien, la audiencia juvenil ha estado especialmente marcada por el fantasma de los
efectos. Los jóvenes “reales” como efecto de los medios, del seguimiento –más o menos
ciego- de los medios de comunicación que les proponen modas, consumos, estilos de
vida. Desde los efectos de una obra romántica, como El joven Werther, hasta los de la
industria discográfica. La audiencia juvenil ha tendido a ser dibujada como una
audiencia especialmente maleable (HIMMELWEIT, OPPENHEIM y VINCE, 1958;
ECO, 1992).
Como todo fantasma y toda fantasía, nos hace reales. Somos reales porque tenemos
fantasías. En la configuración de la juventud como una audiencia maleable tal vez laten
los deseos –más o menos inconscientes- de una sociedad. Una sociedad que quiere esa
juventud maleable. Lo que se busca, desde el sistema de comunicación mediada y desde
la sociedad en su conjunto, es esa juventud maleable. Así, se reduce la incertidumbre
(McQUAIL, 1969): se prefiere una juventud manipulada, en la que incluso sus
diferencias con las generaciones anteriores sean interpretadas como fruto de tal
manipulación, que una juventud estructuralmente enfrentada a los adultos. Se prefiere
una juventud despolitizada por el consumo de medios, que una juventud politizada. Se
construye así un sujeto ideológico, ideologizado: la audiencia juvenil como resultado de
los mensajes consumidos por ella; convirtiéndolo en objeto. Los jóvenes carecen de la
posibilidad de ser sujetos, siendo concebidos como sujetos objetivados por los medios
de comunicación, como producto de los medios de comunicación: las novelas de
caballería o románticas primero; la radio musical, el cine o la televisión, después;
internet o las redes sociales, en nuestros días. Hasta los movimientos políticos
protagonizados por los jóvenes, se presentan más como producto de la acción de los
medios de comunicación, como si fuese la guerra de los nuevos medios (redes sociales
digitales) frente a los viejos medios (diarios, televisiones) instrumentalizada a través de
los jóvenes.
¿Por qué se proyecta que los jóvenes están manipulados por los medios de
comunicación, mientras que los adultos no lo estarían, o lo estarían en menor grado?
¿qué hay detrás de esa representación de los jóvenes? Como se ha apuntado: ¿no será
que es lo que se desea que sean los jóvenes: objetos de los medios, en lugar de sujetos,
o, al menos, sujetos sujetados a los medios de comunicación?
En términos de Zizek (1992), cuando analiza la ideología, los receptores dicen saber que
los medios les manipulan; pero actúan como si no lo supieran. Los adultos serían esos
que dicen saber que los medios les manipulan, pero actúan como si no lo supieran.
Actuación profundamente ideológica. A los jóvenes se les atribuye otra forma de
actuación. Se les sitúa, como ingenuos, en un nivel más superficial de la ideología, en el
tradicional nivel del engaño: los jóvenes no saben que los medios les manipulan.
Establecida la diferencia, no es éste el sitio para la discusión de las atribuciones morales
de uno y otro comportamiento: ¿mejor moralmente actuar no sabiendo o como si no se
supiese? ¿no se proyectará en los jóvenes lo que se desea ser: un sujeto que actúa
manipulado sin saberlo? El caso es que mientras a los niños –infans, el que no habla- se
les concibe sin discurso, sin demanda; a los jóvenes, se les concibe sin saber, como los
que hablan sin saber. Como los que escuchan a los medios sin saber. Sin saber que les
manipulan.
¿Es así la juventud producida por el sistema de comunicación mediada? Una pregunta a
la que se intenta dar respuesta a partir de la producción empírico-técnica de la
audiencia, derivada de la producción teórica. Es la solución operacional en la búsqueda
de la audiencia: la audiencia se crea entonces por la operación de observar (CALLEJO,
1995). Es la audiencia que aparece como resultado del registro de los audímetros: los
jóvenes que tienen atribuido su código-botón en aparato registrador. La de las
encuestas: los jóvenes que contestan a un entrevistador o entrevistadora que escucharon
tal emisora o leyeron tal diario. ¿Y si los que tienen el audímetro en casa ven la
televisión o usan el ordenador porque tienen audímetro? ¿Y si los que dicen leer un
periódico o escuchar una radio lo dicen porque está bien decirlo? Y si nos vamos a la
perspectiva cualitativa de investigación social, la audiencia es la interpretación que hace
el observador de la interpretación que hace la audiencia de los medios, sus mensajes y
su relación con los medios.
Tabla 1. Penetración de distintos medios de comunicación, según edad, AIMC octubre 2011-mayo
14-19 20-24 25-34 General
internet 71,7 70,6 64,3 44,7
cine 5,7 5,6 4,6 3,2
televisión 87,9 86,2 85,8 88,9
radio 60,0 64,7 67,7 60,8
diarios 6,6 6,3 17,5 36,4
Centrados en la propia juventud, evitando ahora comparaciones con los adultos, se llega
a que nueve de cada diez jóvenes entre 14 y 24 años escucha la radio o que casi todos
(97%) descargan música, según los resultados del estudio Ràdio i Joves (Fuente?
Referencias bibliográficas estudio?) Pueden multiplicarse las pruebas de estos registros
que parecen indicar una lógica propia en la relación con los medios de comunicación.
Al menos, una lógica diferencial. Una lógica que a veces es difícil capturar por los
medios de comunicación y que puede llegar a ser costosa y poco rentable, si se tiene en
cuenta la caída de la natalidad y que los jóvenes suponen una categoría
poblacionalmente minoritaria con respecto a los otros grupos de edad en el momento
actual?, como muestra el siguiente gráfico:
Población por grupos de edad (a 1 enero 2012)
100 y más
90-94
80-84
70-74
60-64
50-54
40-44
30-34
20-24
10-14
0-4
Si no fuera por la segmentación del mercado, que sitúa a la juventud como una categoría
diferenciada en consumo de bienes y servicios, desde el punto de vista comparativo, la
inversión publicitaria y en productos culturales para la juventud es relativamente más
costosa, porque son menos que otros grupos de edad. Cuestión que explica, entre otras
cosas, que en las ofertas más generalistas de la industria cultural, como ocurre con la
televisión, los productos para jóvenes y niños tiendan a ser situados en espacios
periféricos (cadenas periféricas, horarios periféricos) y subsumidos en programas
calificados como familiares?.
Un primer acercamiento, a través del tiempo dedicado al consumo de medios que nos
facilita la Encuesta de Empleo del Tiempo de 2009-2010 (facilitada por el Instituto
Nacional de Estadística), establece diferencias según edades y género entre los jóvenes.
No todos dedican el mismo tiempo a los diversos medios de comunicación.
Seguramente tampoco el contenido de los medios consumidos durante tal tiempo es
igual; pero ya sólo el indicador temporal es suficiente señal de las diferencias. Así
teniendo en cuenta inicialmente la edad y el sexo, se observa (ver tabla 2) cómo los
mayores consumidores de medios de comunicación son los varones entre 25 y 34 años,
con más de tres horas y veinte minutos, obteniendo especial relevancia el tiempo
dedicado a la televisión. Las que menos tiempo dedican al consumo mediático son las
adolescentes entre 10 y 12 años.
Tabla 2. Tiempo medio diario (TMD) dedicado al uso de distinta s práctica s comunicativas,
según grupo de edad y género
Grupo Género (A) TMD (B) TMD (C) TMD (D) TMD A+B+C+D
de televisión Internet lectura otros (minutos)
edad (minutos) (minutos) (minutos) medios
10-12 varón 108,62 30,41 8,81 7,09 154,93
años mujer 104,71 31,50 11,67 6,50 154,38
Diferencia V-M 3,91 -1,09 -2,86 ,59 ,55
13-15 varón 116,74 60,78 6,63 2,78 186,93
años mujer 106,84 59,44 10,15 10,52 186,95
Diferencia V-M 9,90 1,34 -3,52 -7,74 -,03
16-24 varón 95,47 91,04 6,31 9,15 201,97
años mujer 95,46 73,85 10,80 9,39 189,50
Diferencia V-M 0,01 17,20 -4,49 -,24 12,47
25-34 varón 113,19 73,50 7,80 8,63 203,12
años mujer 94,32 53,64 10,25 7,50 165,71
Diferencia V-M 18,87 19,86 -2,45 1,13 37,41
Como suele ocurrir con otros datos, los presentados en la tabla 2 no sólo nos dicen
sobre la relación con los medios de comunicación, sino que apuntan a otros
comportamientos sociales que podrían estar detrás o, al menos, en relación con la
posibilidad de dedicar tiempo a los medios de comunicación. Así, según aumenta la
edad, la diferencia en el consumo de medios entre chicos y chicas aumenta,
especialmente con relación a la televisión e internet: ¿por qué? Seguro que el lector
y, sobre todo, la lectora tiene sólidos supuestos para elaborar fundamentadas
interpretaciones sobre tal desigualdad entre los jóvenes. Pero ahondemos un poco
más, antes de lanzarlas. Quedémonos en los grupos de edad donde tales diferencias
por género son mayores, a partir de los 16 años, y en los consumos de medios que
generan mayor diferencias entre ambos sexos, uso de internet y televisión (ver tabla
3). Introduzcamos otras variables, como la convivencia y la relación con la
ocupación.
Tabla 3: consumo medio diario de tele visión e Internet entre jóvenes mayores de 16 años, según grupo
de edad, género, ocupación y forma de convivencia (medias en minutos)
Varones Mujeres
Género, Medio Grupo de edad Género, Medio Grupo de edad
ocupación comunicación 16-24 25-34 ocupación y comunicación 16-24 25-34
y forma años años forma años años
convivencia convivencia
Varón no Televisión 99,95 157,74 Mujer no Televisión 97,04 116,09
ocupado y Uso de ocupada y no Uso de
no vive en Internet 109,61 89,69 vi ve en Internet 80,46 72,92
pareja pareja
Varón no Televisión 172,73 153,97 Mujer no Televisión 141,02 104,53
ocupado y Uso de ocupada y Uso de
vi ve en Internet 49,09 49,86 vi ve en Internet 21,69 19,37
pareja pareja
Varón Televisión 69,94 85,38 Mujer Televisión 80,75 78,75
ocupado y Uso de ocupada y no Uso de
no vive en Internet 62,78 95,68 vi ve en Internet 80,75 70,76
pareja pareja
Varón Televisión 66,50 101,20 Mujer Televisión 85,00 88,77
ocupado y Uso de ocupada y Uso de
vi ve en Internet 27,00 57,71 vi ve en Internet 42,65 59,29
pareja pareja
Más allá del contenido de las diferencias, lo que interesa resaltar aquí es su existencia.
Entre los 172,73 minutos de media dedicados a la televisión por un varón entre 16 y 24
años, que vive en pareja y no está ocupado –por minoritario que sea este perfil
sociodemográfico- y los 66,5 minutos cuando ese mismo varón está laboralmente
ocupado. O entre 19,37 minutos dedicados a internet por una joven entre 25 y 34 años
no ocupada y que vive en pareja y los 85,68 minutos dedicados por un varón de la
misma edad, laboralmente ocupado y que vive en pareja. Es decir, este varón usa
internet cuatro veces y media más que la joven referida. Difícilmente puede hablarse de
una sola juventud en relación con los medios, ni de una homogénea audiencia juvenil.
Sabiendo que, en relación con el conjunto de medios, hay distintos tipos de audiencia
juvenil, veamos ahora cuáles podemos diferenciar. Para ello, seguimos haciendo uso de
los resultados de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010, realizando un análisis
estadístico de conglomerados, consistente en saber cuántos grupos salen a partir del
comportamiento de la gente con respecto a varias variables. La tabla 4 nos muestra
cuatro grupos o, para nuestro caso, cuatro tipos de audiencia general de medios de entre
10 y 34 años. Por un lado, los muy usuarios de internet, medio a la que dedican casi
siete horas y media diarias (el conglomerado 2 en la tabla). Por otro, los de extenso uso
televisivo, medio a la que dedican cuatro horas y media (conglomerado 3). El cuarto
grupo o conglomerado se caracteriza por un mayor tiempo dedicado a la lectura y otros
medios, como escuchar música. Por último, el perfil de audiencia juvenil más numeroso
–suponen el 61% del total- y, en general, más moderado en el uso de todos los medios
(el conglomerado 1). Revisar redacción última frase
Tabla 4. Número de casos en cada conglomerado y media de tiempo diario dedicado éstos a cada medio de
comunicación (minutos)
N 5198 100,
0
Repasando la tabla anterior, casi podría hablarse de cuatro tipos de jóvenes con relación
a los medios de comunicación. Pero ya es el momento de volver a una pregunta: ¿qué es
lo que diferencia a estos jóvenes que les diferencia en su relación con los medios de
comunicación? O ¿puede pensarse que sólo les diferencia eso, el consumo que hacen de
medios de comunicación?
En la tabla 5, se apunta el mayor o menor peso de determinadas variables
sociodemográficas en cada uno de los conglomerados o, lo que puede considerarse lo
mismo, una aproximación a la búsqueda de las respectivas situaciones de los jóvenes
que pudieran estar detrás de sus diferenciales relaciones con los medios de
comunicación. Así, se observa que detrás de la fuerte relación con internet
(conglomerado 2) se encuentran preferentemente: varones entre 25 y 34 años,
laboralmente ocupados –lo que explicaría en gran medida su extenso uso de internet-
viviendo en pareja en grandes municipios (mayores de cien mil habitantes) y, lo que tal
vez sea más interesante, en los niveles superiores de ingresos en el hogar.
Los jóvenes con un mayor uso de la televisión (conglomerado 3) están también entre los
más adultos; pero con algunas particularidades esenciales con respecto a los anteriores:
no se encuentran laboralmente ocupados y se hallan en las categorías de menores
ingresos en el hogar. ¿Puede decirse que entre el mayor o menor consumo de medios de
comunicación como la televisión o internet se encuentran diferencias de clase social?
No es éste el lugar para la solución de tales preguntas, quedándonos en remarcar las
dificultades para entender la juventud como una clase social en sí misma y, sobre todo,
como una única audiencia.
Tabla 5. Perfiles sociodemográficos de los conglomerados obtenidos
Conglomerados
Variables y categorías sociodemográficas
1 2 3 4
Más allá de lo apuntado por los datos estadísticos, tal vez valga la manifestación de un
fenómeno como el hecho de que, ante determinado tipo de programas, nos imaginamos
con bastante facilidad una audiencia mayor, sin fisuras, tanto entre el colectivo que lo
forma, como en la fidelidad de seguimiento. Sin embargo, situamos a los jóvenes en
distintos nichos, de distintos tipos. Y, sobre todo, remarcando sus diferencias.
Con relación a los medios de comunicación más conocidos¿? (televisión, radio, diario),
hemos visto que puede hablarse tanto de una audiencia juvenil, diferenciada de la
adulta, como de audiencias juveniles, diferenciadas entre sí. ¿Qué es lo que ocurre con
respecto a la relación de los jóvenes con nuevos medios de comunicación, como las
redes sociales? Con respecto a este medio de comunicación, los jóvenes carecen de
patrones anteriores, de los más adultos, de los que pudieran estar impregnados. Nos
preguntamos qué hacen los jóvenes con ellas. Pero, sobre todo, nos preguntamos qué
sentido tiene para los jóvenes el uso de estos medios de comunicación, en los que son
referencia de los otros grupos etarios, y hasta qué punto se diferencia de la relación que
tienen con los otros medios de comunicación. Para ello, nos servimos de una
investigación cualitativa con grupos de discusión entre jóvenes de la Comunidad de
Madrid con una edad entre trece y dieciséis años. Un total de ocho reuniones con un
diseño guiado por la búsqueda en cada uno de ellos de los siguientes criterios
homogéneos: edad (13-14 por un lado, 15-16 por otro lado), sexo, titularidad del centro
escolar (público o privado) y clase social (media-alta, media-baja). Referencias de este
investigación? Referencias bibliográficas? Año realización?
Entre las chicas y chicos de clases populares, dominan los argumentos de funcionalidad,
las justificaciones del uso de las redes sociales: combatir el aburrimiento, organizar los
fines de semana o no gastarse el saldo en llamar, como puntualizan los chicos de15 y 16
años de clase media-baja. Es más, el “hablar lo que quieras” que permiten las redes
sociales y subrayan los chicos de clase media-baja entre 13 y 14 años alcanza la
concreción de la libertad: lo que se puede hacer, sin tener que pagar más por ello. Es
una libertad simbólica; pero con valor de uso, en la medida que es una libertad para
todos.
Utilidades a las que añaden: cotillear, estar informado, ver fotos. ¿Y para tener amigos?
Entre los jóvenes de clases populares los lazos de amistad quedan fuera del alcance de
la funcionalidad de estos medios de comunicación.
– “Tuenti no es una forma de hacer amigos… así, hacer amigos por hacer
amigos, pues no “ (Chicos 15-16 media-baja)
La amistad se genera en otros espacios, más reales? ¿espacio físico, presencialidad?. Se
alimenta del contacto presencial, cara a cara. Los amigos son con los que se está –“con
los que estás casi siempre” (Chicos 13-14 media baja)- y no con los que se habla en las
redes sociales. Es más, hablar en las redes sociales parece conllevar cierto
distanciamiento, una pérdida de la privacidad que merece la amistad. Incluso decir algo
a un amigo en las redes sociales puede ser motivo de deterioro de la propia amistad. Se
dice ante otros y: un amigo no cuenta tus cosas.
A pesar de los discursos generales, hay que resaltar cómo las redes sociales son
señaladas por los jóvenes –en general- más como fuente de enemistad, que de amistad.
Ponen en duda la fuerza de la relación que se establece en las redes sociales. Son:
contactos, conocidos, amigos de amigos, conocidos de amigos… Y, así, una larga
cadena que se sumerge en un mar de desconocidos. Las redes sociales no escenifican la
amistad. Al contrario, parecen más proclives, en el uso que hacen los jóvenes, a
convertirse en escenario de enfrentamientos, facilitando la representación de los
mismos:
Entre los jóvenes, las redes sociales aparecen más para hacer enemigos, que amigos. Si
parece tender en mayor medida a romper lazos o, al menos, ponerlos en peligro, que a
fortalecerlos, ¿qué significan las relaciones sociales que están en las redes sociales? El
estar en una red social virtual es un signo de reconocimiento social. Es un espacio donde
se encuentra el reconocimiento social. Por lo tanto, es un sitio en el que: “hay que
estar”. De hecho, la ausencia en las redes sociales es señalada como sinónimo de
exclusión. Así, se dice que: “no estar en Tuenti es ser un friki”. Estar admitido en la red
social es ser socialmente admitido.
Por ser un espacio de reconocimiento social, tiene medianamente claras cuáles son las
reglas para entrar, qué características han de reunir quiénes pueden estar, cómo estar y
cuáles las que llevan directamente a la no inclusión. Hay que tener en cuenta que es
difícil hablar de exclusión. Una vez que alguien es admitido y, por lo tanto, socialmente
reconocido en la red, es difícil la exclusión de la misma. De aquí que haya que hablar
más de no inclusión, que de exclusión, y, por lo tanto, de falta de reconocimiento social.
Los no incluidos, son los socialmente no reconocidos como apropiados para la red.
Entre los mencionados, destacan los padres, que están excluidos por definición de la red
social.
¿Qué implica tal reconocimiento social? ¿Qué papel se asume? ¿Qué derechos otorga?
El principal derecho que se otorga es el de ser espectador. El poder asistir a espectáculos
como el del enfrentamiento antes mencionado, el de cotillear, estar ahí. Así, si se está
constantemente también se puede ser considerado un friki, como ellos mismos dicen.
Por lo tanto, se es friki, anormal en cuanto fuera de lo normal, tanto por defecto –no
estar en la red social en la que están todos- como por exceso: estar siempre ahí.
Anormalidad que tal vez podría aplicarse a quien se pasa todo el día viendo la televisión
o practicando con videojuegos; pero que aquí parece adquirir una especial morbosidad:
es aquél que está siempre viendo lo que se dice en la red social. Más allá de las
expresiones, que separan en clases sociales a los participantes en las reuniones de grupo,
parece compartirse un sentido común en la relación con las redes sociales virtuales.
Una temporalidad del presente que tiene en la fiesta su condensación. Las referencias a
las fiestas como contenido de los mensajes –de textos e imágenes- saturan el discurso
sobre las redes sociales virtuales: preparación de fiestas, comentarios de la fiesta en la
propia fiesta, imágenes de la fiesta o hacer ver a los demás –en la red social- que se va a
fiestas, que no se es un anormal: “Que la gente sepa que no eres un friki, que estás en
fiestas, que no estás todo el día en casa” (Chicos 13-14 media-alta). La fiesta es la
celebración del presente, denegando el pasado o el futuro, como pasa en carnavales
(BAJTIN, 1974). Es la muerte lo que se niega, empezando por la muerte de lo
sociedad¿?. Es la sociedad vida y eterna, como en las fiestas que hacen presente el
mítico origen de la propia sociedad.
Al menos, cabe leer en este protagonismo de la fiesta en las redes sociales a Durkheim y
a Veblen, aun cuando en sentidos bien opuestos. A través del primero, la fiesta expuesta
en las redes sociales adquiere esa expresión de celebración de la cohesión del grupo, de
una solidaridad mecánica (DURKHEIM, 1987). Es la manifestación del grupo como
grupo: la red social, compuesta por individuos, se hace (efímeramente) grupo a través
de la fiesta –extra red social- que ha integrado a la mayor parte de los participantes en la
propia red social. Pero es un grupo sin pasado –una parte importante de los asistentes a
la fiesta no se conocían, ya que la propia fiesta tiene la función de conocer a otros
chicos y chicas- y sin futuro, pues se termina cuando se acaba la propia fiesta. Ésta se
hará repetidamente presente en la red social, como cuando en los programas televisivos
de actualidad social (o sociedad) repiten las mismas imágenes de los encuentros con
famosos; o en los programas deportivos, las de las jugadas más importantes. Aquí la
gran diferencia es que ellos mismos son, a la vez, protagonistas y espectadores. Aun
cuando desde esta perspectiva domina el papel de espectadores, de quienes atienden a
cómo se ha ido configurando ese acontecimiento que es la fiesta.
Como medio de comunicación, las redes sociales aparecen así como una especie de
escaparate, lo que incluye las posibilidades de exposición de la privacidad. Son como la
vitrine, de Baudrillard (1969), que genera una transparencia opaca con sus tensiones
entre lo que se muestra y lo que se oculta, entre lo que debe mostrarse y lo que debe
ocultarse, siendo, como los simulacros a los que hace referencia el autor francés: “un
test de adaptación continua, un test de proyección dirigida y de integración"
(BAUDRILLARD, 1995). Con el peligro, para las relaciones sociales más fuertes, de
que se muestre más de lo que se debiera, de que la transparencia de la ostentación se
imponga a la opacidad de la privacidad, de dejar ver y, al final, que se vean aspectos que
atañen a la privacidad. De aquí que la recomendación, expuesta por una de las
participantes, es abandonar las redes sociales cuando se tiene una relación: ““con una
pareja no puedo tener tuenti… no puedo, es empezar una relación y adiós tuenti, te
quita intimidad… para esas cosas yo no lo veo bien” […] “porque se te van
comentarios… y al final los oye” […] “ves chicos hablando con otras chicas” (Chicas
15-16 media-baja). Esa pulsión a hablar, el “se te van comentarios”, muestra la
particularidad del medio de comunicación. Ya no se asiste sólo a la vida de los otros,
sino que la pulsión a hablar lleva a exponer la propia vida. Por lo tanto, aquí hay dos
cuestiones sociológicamente muy interesantes. Por un lado, un sujeto impulsado a
hablar a una audiencia desconocida o, a lo sumo, parcialmente conocida –hay que
recordar que no se trata de amigos-amigos, de amigos íntimos- y, por otra, un sujeto
integrado en ese difuso grupo de espectadores. Pulsión escópica desarrollada, apuntada
por Lacan (1983). Placer por ver, ser visto y, sobre todo, verse a sí mismo como unidad.
El placer de ser visto por los otros como unidad puede explicar esa tentación a
mostrarse, ya sea por escrito o en fotos, tan fuerte en las redes sociales, que puede llevar
a romper lazos relacionales fuertes. La búsqueda de ser reconocido como unidad en el
espacio público.
– Como medio que facilita la expresión de aquellos que, sin poder ser
considerados tímidos, encuentran en las redes sociales una palanca para
hablar con sensación de mayor libertad, con menos constreñimiento del
que parece derivarse del cara a cara.
Por lo tanto, las redes sociales virtuales comparten con los otros medios de
comunicación el generar espacio público (SILVERSTONE, 2007) y la ausencia de
presencialidad como criterio estructurante. Pero comparten otras características. En un
trabajo como éste, dedicado a establecer el perfil de las audiencias juveniles, es
precisamente la forma de representarse la audiencia en las redes sociales lo que centra
nuestra atención. Pues bien, lo que más sorprende es que en un medio en el que los
receptores pueden considerarse, al menos en parte, como conocidos –aunque sean
amigos de un amigo de un amigo- y que, además, sean denominados como tales
“amigos”, no deja de remarcarse que son receptores difusos:
– “para subir fotos […] las puede ver todo el mundo… y las comenta”
(Chicas 15-16 media-baja). Hay que resaltar el interés sociológico de
esta práctica de subir fotos para que la vean desconocidos, para situarse
como objeto de deseo del otro difuso. Ese otro difuso es la audiencia.
Más allá de dimensiones profesionales y, por lo tanto, de obtención de
una remuneración: ¿es distinta esta lógica, el sentido dado a estar en este
medio de comunicación, de la de los profesionales de la pantalla, la voz o
la firma de los otros medios de comunicación? ¿No buscan también ser el
objeto de deseo de los que están al otro lado de la pantalla, las ondas o el
papel del diario?
A lo anterior, hay que destacar que una de los elementos de emulación en las redes
sociales es la cantidad de audiencia, el número de seguidores. Lo importante es ser
popular, como, en los medios de comunicación tradicionales que se financian por la
publicidad lo importante es la cantidad de audiencia.
En cualquier caso, estamos ante una juventud plenamente producida por el sistema de
medios institucionalizados de comunicación, que ha crecido rodeada de medios de
comunicación. Unos medios que ya estaban ahí cuando ellos nacieron y que, en su uso,
podrían haber imitado a los que ya estaban usándolos. Pero qué sucede con aquellos
medios de comunicación a los que han accedido al igual que los otros grupos de edad.
¿Cuál es su relación con ellos? ¿Qué sentido le dan? Cuestiones que se han analizado
con relación al uso de las redes sociales en internet. Un medio en el que se pueden decir
que son nativos, nativos reticulares. Pues bien, buena parte de las características de esta
relación entre jóvenes y redes sociales son semejantes a las encontradas en la relación
con otros medios de comunicación, son de la lógica del sistema de medios
institucionales de comunicación: dominio del presente, integración en el proceso de
construcción de la esfera pública, producción de una audiencia de desconocidos, actúan
como audiencia, dominio de la fiesta destinada a generar sentido de comunidad y, a la
vez, en cuya referencia pueden competir unos con otros.
Referencias Bibliográficas