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El Lider Debe Conocer La Realidad Culttural Del Perú

Este documento describe la diversidad cultural del Perú y el concepto de estado intercultural. Explica que el Perú tiene una gran diversidad lingüística y sociocultural entre sus pueblos indígenas. Describe las diferencias entre multiculturalidad, pluriculturalidad e interculturalidad, siendo esta última un proceso de interacción entre culturas que promueve el respeto mutuo y la igualdad. Finalmente, explica que aunque el estado peruano se fundó bajo ideales de igualdad, en la práctica se consolidó el poder de las élites crioll
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El Lider Debe Conocer La Realidad Culttural Del Perú

Este documento describe la diversidad cultural del Perú y el concepto de estado intercultural. Explica que el Perú tiene una gran diversidad lingüística y sociocultural entre sus pueblos indígenas. Describe las diferencias entre multiculturalidad, pluriculturalidad e interculturalidad, siendo esta última un proceso de interacción entre culturas que promueve el respeto mutuo y la igualdad. Finalmente, explica que aunque el estado peruano se fundó bajo ideales de igualdad, en la práctica se consolidó el poder de las élites crioll
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LIDERAZGO PERSONAL E INTERCULTURAL

Prof. William Salazar Torres

PERÚ: DIVERSIDAD CULTURAL Y ESTADO


INTERCULTURAL
(Texto adaptado con información del Ministerio de Cultura y otros autores)

INTRODUCCIÓN
En América Latina, en general, y en la región andina, en particular, hay una nueva
atención a la diversidad cultural que parte de reconocimientos jurídicos y una necesidad
cada vez mayor, de promover relaciones positivas entre distintos grupos culturales, de
confrontar la discriminación, racismo y exclusión, de formar ciudadanos conscientes de
las diferencias y capaces de trabajar conjuntamente en el desarrollo del país y en la
construcción de una democracia justa, igualitaria y plural. La interculturalidad parte de
esas metas.

La diversidad lingüística y sociocultural del Perú es una característica de que


tenemos que considerar necesariamente en todo trabajo social, económico y político.
Una forma de considerarla es la interculturalidad que nos facilitará el logro de una
convivencia en armonía entre pueblos con diferente origen, diferentes costumbres,
lenguas, credos, creencias, etc.

MULTI-, PLURI E INTERCULTURALIDAD


La multi-, pluri- e interculturalidad se refieren a la diversidad cultural; sin
embargo, apuntan a distintas maneras de conceptualizar esa diversidad y a desarrollar
prácticas relacionadas con la diversidad en la sociedad y sus instituciones sociales,
incluyendo la educación.
La multiculturalidad es un término principalmente descriptivo. Típicamente se
refiere a la multiplicidad de culturas que existen dentro de un determinado espacio, sea
local, regional, nacional o internacional, sin que necesariamente tengan una relación
entre ellas. Su uso mayor se da en el contexto de países occidentales como los Estados
Unidos, donde las minorías nacionales (negros e indígenas) coexisten con varios grupos
de inmigrantes, minorías involuntarias como los puertorriqueños y chicanos, y los
blancos, todos descendientes de otros países principalmente europeos; o como en
Europa donde la inmigración se ha ampliado recientemente.
Concretamente, la multiculturalidad caracteriza una situación en la que grupos
humanos con rasgos culturales claramente definidos (de distintas culturas), comparten
un espacio común y en el que, aunque existan comportamientos tolerantes, no llega a
establecerse relaciones dinámicas entre las culturas. En este caso se aplica la expresión:
“Juntarse sin mezclarse”
La multiculturalidad es un concepto que surge dentro de una corriente que
reivindica el derecho a la diferencia, parte del reconocimiento de la diversidad cultural
y responde a al intento de asimilación con la exigencia: “respétanos, déjanos ser así”.
La pluriculturalidad es el referente más utilizado en América Latina, reflejo de la
necesidad de un concepto que represente la particularidad de la región donde pueblos
indígenas y pueblos negros han convivido por siglos con blancos-mestizos y donde el
mestizaje ha sido parte de la realidad, como también la resistencia cultural y,
recientemente, la revitalización de las diferencias. A diferencia de la multiculturalidad,
la pluriculturalidad sugiere una pluralidad histórica y actual, en la cual varias culturas
conviven en un espacio territorial y, juntas, hacen una totalidad nacional. Aunque la
distinción entre lo multi- y lo pluri- es sutil y mínima, lo importante es que el primero
apunta a una colección de culturas singulares con formas de organización social muchas
veces yuxtapuestas (Touraine, 1998), mientras que el segundo señala la pluralidad entre
y dentro de las culturas mismas. Es decir, la multiculturalidad normalmente se refiere,
en forma descriptiva, a la existencia de distintos grupos culturales que, en la práctica
social y política, permanecen separados, divididos y opuestos, mientras que la
pluriculturalidad indica una convivencia de culturas en el mismo espacio territorial,
aunque sin una profunda interrelación equitativa.
En términos más concretos, la pluriculturalidad es la categoría utilizada para
caracterizar o describir la situación en la que al interior de un mismo territorio co-existen
varios grupos humanos con cultura diferentes, siendo el ideal que la relación existente
entre ellos sea de reconocimiento mutuo y respetando sus diferencias culturales. En
otras palabras, la pluriculturalidad sirve para para caracterizar una situación
En cambio, la interculturalidad es distinta, en cuanto esta se refiere a complejas
relaciones, negociaciones e intercambios culturales, y busca desarrollar una interacción
entre personas, conocimientos y prácticas culturalmente diferentes; una interacción
que reconoce y que parte de las asimetrías sociales, económicas, políticas y de poder y
de las condiciones institucionales que limitan la posibilidad que el “otro” pueda ser
considerado como sujeto con identidad, diferencia y agencia la capacidad de actuar.
Además, interculturalidad es u término empleado para referirse a un principio
de convivencia armónica, dialogante y no excluyente en miras de construir o desarrollar
proyectos políticos comunes a largo plazo, respetando las diferencias culturales de los
grupos humanos involucrados. También se le reconoce como el principio que favorece
el contacto de diversas culturas regulada por el diálogo y el reconocimiento mutuo.

La interculturalidad es vivir en forma armoniosa en


un solo espacio, pero respetando la cultura, la
cosmovisión y con un trato igual para todos. Pero
hay quienes utilizan en l término para seguir
excluyendo y marginando.
Juan Nicahuate Paima (del pueblo Asheninka)
LOS NADIES
(EDUARDO GALEANO)

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir
de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que
llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni
hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los
ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,
rejodidos.

Que no son, aunque sean.


Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la
prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Según Catherine Walsh, la interculturalidad es:
“Entre culturas”, pero no simplemente un contacto entre culturas, sino un intercambio
que se establece en términos equitativos, en condiciones de igualdad.

Además de ser una meta por alcanzar, la interculturalidad debería ser entendida como
un proceso permanente de relación, comunicación y aprendizaje entre personas, grupos,
conocimientos, valores y tradiciones distintas, orientadas a generar, construir y propiciar un
respeto mutuo, y a un desarrollo pleno de las capacidades de los individuos, por encima de sus
diferencias culturales y sociales.

En sí, la interculturalidad intenta romper con la historia hegemónica de una cultura


dominante y otras subordinadas y, de esa manera, reforzar las identidades tradicionalmente
excluidas para construir, en la vida cotidiana, una convivencia de respeto y de legitimidad entre
todos los grupos de la sociedad.

Por otro lado, la práctica de la interculturalidad, incluye también en las relaciones ciertas
características, tales como:

• Igualdad
• Intercambio
• Diálogo
• Tolerancia
• Participación y convivencia
• Autonomía y reciprocidad
• Reconocimiento mutuo
• Comunicación efectiva (comprender al otro desde su cultura)
• Aprendizaje mutuo
• Resolución pacífica de conflictos
• Consenso desde las diferencias

Del mismo modo, dentro del ámbito de la interculturalidad se debe fomentar el


diálogo como una sus máximas primacías. Por lo que, en este sentido debe plantear un
diálogo o comunicación intercultural. Este aspecto debe comprender puntualmente:
a) Que la sociedad mayor no subordine a las demás.
b) No ser gobernados únicamente desde una visión e intereses de una cultura
particular.
c) Aprovechar la diversidad cultural para construir un proyecto nacional sólido e
incluyente.
d) Que la voz de las minorías culturales de un país tome parte en las decisiones
políticas de sus Estados.
e) Existencia de respeto mutuo entre las particularidades culturales existentes
en el país.
PERÚ: DEL ESTADO NACIONAL AL ESTADO INTERCULTURAL

El Estado peruano se funda en 1821 bajo la lógica jurídica de que todos los
habitantes de la nación debían ser ciudadanos con iguales derechos y deberes, lo que
representó un gran cambio frente a la realidad de castas y estamentos de la época
colonial, donde la desigualdad era legal, conveniente y adecuada. No obstante, esto fue
solo un ideal. Las élites criollas consolidaron su poder al controlar los recursos del Estado
e imponer la idea de que la cultura criolla-blanca era superior.
Con el nacimiento de nuestra República, fundada bajo ideales ilustrados, se
consolidaron relaciones sociales y discursos que durarían décadas, que lejos de garanti-
zar derechos sobre la base de una igualdad centrada en el individuo libre, organizaron
nuestra sociedad jerárquicamente, dejando a mujeres, analfabetos pobres, indígenas y
afroperuanos en condición de ciudadanía tutelada y subalternizada.
Es así que se fue arraigando la idea de que los indígenas eran poseedores de
características culturales poco valiosas (lengua, tradiciones, religiosidad) y atrasadas
para lo que entonces se consideraba la ruta única y correcta para lograr el progreso del
país; esto es, copiar un modelo europeo de vida. Del mismo modo, el aporte social,
histórico y cultural del pueblo afroperuano se consideró irrelevante e invisible.
Curiosamente, el Estado nacional adoptó la idea del mestizaje racial como un
feliz encuentro entre las razas. Sin embargo, los discursos aparentemente democratiza-
dores de este mestizaje convivían con la idea (no siempre expresada abiertamente) de
la superioridad racial blanca, que se consolidó en el país amparada por el “racismo
científico”, corriente de pensamiento que argumentaba la existencia biológica de razas
superiores y otras inferiores (Oliart 1995, de la Cadena 1998, Segato 2010).
En los inicios de la República, solo sufragaban hombres adultos, urbanos, criollos
y mestizos de buena posición económica que sabían leer y escribir en castellano, ya que
únicamente aquellos que poseían propiedades podían votar (“voto censitario”). La
ciudadanía se generaba en la escuela, allí se aprendía a leer y escribir en castellano y, a
partir de allí, se transmitía la cultura oficial del país (símbolos, literatura, héroes, historia,
religión y mitos) (Chiaramonti 2005, del Águila 2013). Homogeneizar la educación a
través del uso del castellano e imponer los elementos de la cultura oficial fueron tareas
privilegiadas del Estado (Ames 2002, Contreras 2004).
Si bien hubo transformaciones sociales, políticas y económicas importantes a lo
largo del siglo XIX y mediados del XX, las reformas que impusieron los gobiernos mi-
litares y las grandes movilizaciones campesinas frenaron, en la década de los sesenta del
siglo XX, el poder político, socio-económico y cultural que permaneció en manos de la
oligarquía terrateniente. Paralelamente, a nivel mundial, diversas minorías sociales
comenzaron a exigir reconocimiento y distribución de recursos en su favor. Ello fue
posible porque la Segunda Guerra Mundial debilitó la idea de superioridad europea, de
cara a las atrocidades humanas que desencadenó (Lévi-Strauss 1966). Los países que se
libraron del yugo colonial empezaron a relatar sus propias historias y a reconocer
tradiciones y poblaciones antes invisibles (Feierman 1995). Además, los medios de
comunicación permitieron el intercambio más fácil y rápido de información.
Intelectuales y movimientos sociales pusieron en agenda nuevas maneras de
pensar la situación de las minorías nacionales, étnicas, raciales, religiosas y lingüísticas.
Ejercieron presión sobre los Estados nacionales o monoculturales con el fin de que
reconozcan a los grupos no dominantes presentes en la nación y, sobre todo, de que se
repudie la idea de que el Estado puede hacer posesión de un solo grupo social. Se
exigieron políticas de reconocimiento y de enmienda de cara a las injusticias que se
infligieron históricamente bajo el Estado nación.
Como consecuencia de lo anterior, el modelo de Estado intercultural se consolida
en detrimento del Estado nacional a mediados del siglo xx a partir de tres condiciones:
1) que el Estado no sea posesión de un solo grupo dominante; 2) que las mayorías y
minorías sean reconocidas; es decir, que sus miembros puedan acceder a las insti-
tuciones estatales y actuar como ciudadanos sin tener que esconder o negar su
identidad cultural; y 3) que el Estado reconozca las injusticias históricas cometidas y
ofrezca algún tipo de reparación (Kymlicka 2003). Recién en 2009, en nuestro país se
publicó una Resolución Suprema en la que se pedía “perdón histórico” al pueblo
afroperuano por la exclusión y abusos sufridos desde la época colonial y se reconocía su
participación en la afirmación de la identidad nacional.

El Estado nacional es monocultural y se organiza en beneficio de


un grupo dominante empujando a las minorías a la asimilación
de la cultura oficial o condenándolas a la exclusión social. Por el
contrario, el Estado intercultural reconoce el derecho de las
mayorías y minorías: conciliar sus diferencias culturales con los
deberes y derechos ciudadanos.

DIVERSIDAD, ¿LASTRE O VENTAJA?: CIUDADANÍA


INTERCULTURAL

El Perú es una sociedad cuya diversidad cultural y cuyo Estado debe generar
ciudadanía intercultural; esto es, ciudadanas y ciudadanos que puedan afrontar la
diversidad cultural de modo adecuado, respetando y considerando como igualmente
valiosas todas las culturas, etnias y religiones que conviven en el territorio. En otras
palabras, la sociedad alberga una profunda y compleja diversidad cultural, el Estado
debe reconocerla y en perspectiva convertirse en intercultural y las ciudadanas y
ciudadanos interculturales son quienes deben sostenerlo. La interculturalidad es, pues,
una práctica de respeto y valoración de nuestras diferencias.
Dialogar con los diferentes sin considerarlos menos valiosos no es una tarea fácil.
Históricamente hemos vivido en un país que no promovía esa actitud. Esto refleja que
de forma espontánea no tendemos al conocimiento por el diferente. Para muestra, un
diputado por Puno presentó un Proyecto de Ley en 1900 para promover el exterminio
de la raza aborigen y en 1930, el educador y filósofo, Alejandro O. Deustua escribió: “el
Perú debe su desgracia a esa raza indígena, que en su disolución psíquica no ha podido
transmitir al mestizaje las virtudes de las razas en períodos de progreso... EI indio no es
ni puede ser sino una máquina” (Degregori 2004).
Si bien es cierto que el Perú de hoy no es el mismo que a inicios del siglo xx, aún
arrastramos estereotipos, prejuicios y representaciones racistas que están profunda-
mente arraigados. Es necesario hacer un esfuerzo especial para identificarlos y evitarlos.
En palabras del filósofo canadiense, Will Kymlicka: “… un ciudadano
intercultural es alguien que no sólo apoya los principios de un Estado
multicultural, sino que también demuestra todo un rango de
actitudes personales positivas hacia la diversidad. En particular, es
alguien que es curioso en vez de temeroso con respecto a otras
culturas y personas; alguien que está abierto a aprender de otros
estilos de vida, y dispuesto a considerar cómo se ven las cosas desde
el punto de vista de otra gente en vez de asumir su perspectiva o
modo de vida heredado como superior, alguien que se siente cómodo
interactuando con personas de diferentes ambientes…” (Kymlicka
2003: 21).

El ciudadano y la ciudadana intercultural es capaz de dialogar con otros


ciudadanos y ciudadanas que provienen de culturas diferentes, que hablen lenguas
diferentes o tengan diversas religiones, considerando sus perspectivas de vida tan
valiosas como las propias. Es importante resaltar que no es necesario conocer en
profundidad la cultura del otro, ni siquiera compartir su mismo punto de vista. Lo
fundamental y necesario es poder entablar el diálogo en condición de igualdad.

El Estado intercultural debe promover la práctica intercultural en sus ciudadanas


y ciudadanos e incluir de manera especial a los servidores públicos. Finalmente, la
diversidad cultural debe ser vista —desde una perspectiva intercultural— como una
oportunidad de desarrollo en tanto disponemos de un acervo importante de creencias,
imaginarios, saberes, prácticas y formas de afrontar los retos de la vida cotidiana.

Sin embargo, las maneras de conjugar la relación entre el Estado intercultural y


las ciudadanías interculturales no siempre resulta una tarea sencilla. Muchas veces nos
podemos encontrar con prácticas culturales que van en contra de la cultura oficial o
instituciones sociales que no logran generar ciudadanos interculturales o que el Estado
no atienda de modo efectivo a los diferentes grupos culturales omitiendo sus
necesidades particulares.

PERÚ: DIVERSIDAD CULTURAL

Perú: un país culturalmente diverso


Una de las características del Perú es su gran diversidad. Esta diversidad se
aprecia en diferentes ámbitos: clima, territorios, especies biológicas, culturas y lenguas,
entre otros. Esta diversidad le convierte en uno de los países con mayor riqueza natural
y cultural del planeta.
En cuanto a nuestra diversidad cultural, el Ministerio de Cultura viene trabajando
por generar información estadística importante sobre los diferentes pueblos de nuestro
país.
Aunque la diversidad cultural es parte de nuestras fortalezas como país, no
siempre la asumimos como un valor positivo. Nuestra actitud hacia las diferentes
culturas suele portar estereotipos y prejuicios, y nos cuesta reconocer sus aportes a
nuestro país.

Los diferentes grupos étnico-culturales


Un grupo étnico-cultural es un grupo de personas que comparten una cultura, es
decir, comparten un conjunto aprendido de formas de pensar, sentir y hacer. Por ello
tendrán creencias, valores, prácticas y concepciones del bienestar particulares. Estos
grupos tienen una historia compartida y, usualmente, una lengua propia.
Un grupo étnico puede definirse como una “colectividad que se identifica a sí
misma y que es identificada por los demás en función de ciertos elementos comunes
tales como el idioma, la religión, la tribu, la nacionalidad o la raza, o una combinación
de estos elementos, y que comparte un sentimiento común de identidad con otros
miembros del grupo (Stavenhagen, 1991).

Los pueblos indígenas u originarios


Según resultados del último Censo Nacional de Población, realizado por el INEI el
año 2017, da cuenta de la existencia de 55 pueblos indígenas u originarios, 51 de ellos
asentados en la amazonia y 4 en la región andina. Estos pueblos indígenas también están
distribuidos en todo el territorio nacional y “reproducen y recrean sus culturas en
constante adaptación y cambio”.
Además de la presencia actual de dichas culturas originarias, conviven en el país
población afrodescendiente, mestiza, blanca, asiático-descendiente (en su mayoría
descendientes de chinos y japoneses) y de otras nacionalidades, con complejas fusiones
y mixturas entre sí.

La población afroperuana
La población afroperuana no está debidamente reconocida como tal y su aporte
en la construcción del país ha sido invisibilizado y subvalorado. No se cuenta con datos
exactos sobre el tamaño de la población afroperuana, pero se calcula que representa
entre el 2% y el 3% de la población total del país según datos de la ENAHO 2012 del INEI.
Asimismo, se ha estimado que el 76% de la población afroperuana reside en la zona
urbana y el 24% en la rural.
De 17 países de América Latina, el Perú es uno de los cinco que todavía no incluye
en sus censos preguntas relacionadas al autorreconocimiento étnico que permitan
identificar el porcentaje de población afroperuana (PNUD, 2012).

Diversidad cultural, exclusión y discriminación


En particular los pueblos originarios andinos y amazónicos y los afroperuanos
han estado históricamente excluidos, lo cual ha afectado y limitado su desarrollo,
bienestar, el ejercicio de sus derechos y su ciudadanía.
Existe evidencia de como las personas que integran estos grupos culturales
tienen los mayores niveles de pobreza, un menor acceso a salud, a educación y empleo;
y presentan las tasas más altas de desnutrición infantil y analfabetismo, entre otros
derechos afectados.
Algunos datos reflejan esta problemática:
Salud
✓ En las provincias de Bagua y Condorcanqui (Amazonas):
✓ La prevalencia de desnutrición crónica de los niños indígenas casi duplica
la de los niños y niñas no indígenas, y es más del triple que el promedio
nacional.
Pobreza:
✓ El 35,7% de las y los afroperuanos se encuentran en situación de pobreza,
superando el promedio nacional que es de 34,8%.
✓ El 30% de la población afroperuana percibe un ingreso menor al salario
mínimo mensual.
Educación:
✓ ◊ Carecen de educación el 26,6% de personas que aprendieron como
lengua materna el asháninca, el 21% quienes aprendieron el quechua y el
14,3% quienes aprendieron el aimara.
✓ ◊ Solo el 6% de la población afro-peruana accede a educación superior y
de esta solo un 1,9% logra culminar sus estudios.
Entre las principales razones por las que las personas de diferentes grupos étnico-
culturales no acuden a los servicios se pueden mencionar:
✓ El servicio está ubicado en una zona lejana a su vivienda.
✓ Los prestadores de servicios no conocen su idioma.
✓ Sienten que no serán escuchados o comprendidos por hablar en otra
lengua.
✓ Invertirán mucho tiempo hasta ser atendido/as.
✓ Serán discriminado/as por sus características étnicas, su apariencia, su
forma de hablar.

Ideas clave
✓ El Perú es un país pluricultural: diverso culturalmente. Con poblaciones
que pertenecen a diferentes grupos étnico culturales y hablan diferentes
lenguas.
✓ Los servicios públicos se orientan a satisfacer las necesidades de todos los
peruanos y peruanas y por ello deben incorporar la condición de
diversidad étnica y cultural de la población.
✓ Los servicios públicos que no incorporan perspectivas culturales de la
población generan brechas culturales y estas son uno de los factores que
desestimulan a la población a acudir a los servicios.

La interculturalidad, convivencia y ciudadanía


La interculturalidad es un proceso permanente de dialogo, de intercambio y de
aprendizaje entre diferentes culturas en un clima de respeto mutuo e igualdad que
permite la revaloración y reafirmación de la identidad cultural de cada pueblo.
Este respeto mutuo solo es posible a partir del reconocimiento de las
capacidades y derechos de las personas, grupos, comunidades y poblaciones por encima
de las diferencias sociales y culturales.
En la experiencia peruana la convivencia entre personas y grupos étnico-
culturales diversos ha estado y está marcada por las relaciones desiguales producto de
prejuicios y discriminación hacia las minorías étnicas indígenas y pueblos
afrodescendientes a lo largo de siglos de historia. En estas condiciones es difícil construir
una ciudadanía intercultural, es decir, ciudadanos y ciudadanas que se reconocen,
respetan y valoran mutuamente su diversidad cultural.

PERÚ: ESTADO INTERCULTURAL


Siendo el Perú un país pluricultural, es importante que el Estado, a través de sus
entidades públicas y sus servidores, reconozca las diferencias culturales existentes en la
ciudadanía. En ese sentido, un Estado intercultural toma el enfoque de interculturalidad
como un eje transversal a su accionar, a través de sus políticas, programas y servicios.
Esto es indispensable para que las políticas de inclusión social tengan efectividad
y para que los planes de todos los sectores y organismos públicos y los diferentes niveles
de gobierno alcancen sus metas, resultados e impacto.
Nuestro Estado ha reconocido la diversidad cultural de su ciudadanía en su
Constitución Política; en el artículo No2, inciso 19, menciona que:
“Toda persona tiene derecho […] a su identidad étnica y cultural.
El Estado reconoce y protege la pluralidad étnica y cultural de la Nación”.
Además, en el inciso 2 del mismo artículo señala que todo ciudadano tiene
derecho:
“A la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza
[…] o de cualquiera otra índole”.
Además, nuestro Estado ha firmado una serie de compromisos internacionales,
ha promovido leyes y a través de sus entidades ha emitido normativas que buscan
promover y reconocer la diversidad cultural, así como luchar contra la discriminación.

a) Modernización del Estado e interculturalidad


Habíamos señalado que el proceso de modernización del Estado tiene como
objetivo construir un Estado democrático, descentralizado y al servicio de la ciudadanía.
Esto implica que el Estado deberá mejorar sus procesos para poder brindar servicios de
calidad que respondan a las necesidades de la sociedad.
Sin embargo, responder a las necesidades de nuestra ciudadanía implica
reconocer que esta es culturalmente diversa y que sus necesidades se verán mediadas
por su cultura. Por tanto, los servicios públicos deberán adaptarse e incorporar las
características culturales (idioma, prácticas laborales, creencias, tradiciones, etc.) de las
diferentes poblaciones de nuestro país; es decir, deberán incorporar el enfoque
intercultural en la gestión de sus entidades y de los servicios que ofrecen.
De esta manera se garantizará el acceso y ejercicio de derechos de todas y todos
los ciudadanos, acorde con los fines del proceso de modernización.

b) ¿Qué significa incorporar un enfoque intercultural en la gestión pública?


Incorporar el enfoque intercultural en la gestión pública es el proceso de
adaptación de las diferentes instituciones del Estado, a nivel normativo, administrativo
y del servicio civil, para atender de manera pertinente las necesidades de los diferentes
grupos étnico-culturales de nuestro país.
Corresponde al Estado, por tanto, elaborar e implementar mecanismos y
herramientas que le permitan a las entidades públicas brindar sus servicios desde una
perspectiva intercultural. La presente Guía es una herramienta que busca estos
objetivos.

c) ¿Cuál es el propósito de incorporar el enfoque intercultural al nivel de


los servicios públicos?
De acuerdo a lo señalado por la PCM (2013), en su Manual para la mejora de la
atención ciudadana, los servicios públicos deben:
✓ Buscar la satisfacción total de los requerimientos y necesidades de las y
los usuarios del servicio
✓ Tener la capacidad de brindar atención de calidad, donde se asegure la
infraestructura, los recursos y las competencias del personal para poder
brindar el servicio.
Cumpliendo estos elementos, las y los ciudadanos podrán percibir que se les
brinda un servicio con calidad de atención.

d) ¿Por qué es importante incorporar el enfoque intercultural para que los


servicios públicos sean culturalmente pertinentes?
Es importante que el Estado cuente con servicios públicos culturalmente
pertinentes, libres de discriminación, ya que esto le permitirá:
✓ Cumplir con el respeto del derecho a la identidad cultural y a la no
discriminación.
✓ Garantizar el acceso a servicios públicos por parte de todos los
ciudadanos y ciudadanas.
✓ Generar en la ciudadanía percepciones y actitudes positivas.
✓ Incrementar los niveles de confianza del/a ciudadano/a con respecto al
Estado y a los servidores públicos.
✓ Cumplir con los objetivos de la reforma y modernización del Estado.
Los espacios de atención se convierten en espacios interculturales al vincular
personas de diferentes culturas, con sus diferentes cosmovisiones y costumbres.
Muchas veces estas diferentes creencias y practicas pueden no ser entendidas
cabalmente entre personas de diferentes grupos étnico-culturales y generar posibles
impases, conflictos o brechas. Por lo tanto, los responsables y el personal encargado de
gestionar y brindar los servicios públicos deben estar capacitados en el enfoque
intercultural y desarrollar competencias para enfrentar estas situaciones e integrar
perspectivas culturales diversas.
¿CÓMO SON LOS SERVICIOS PÚBLICOS CON PERTINENCIA
CULTURAL?
Son tres las principales características que hacen que un servicio sea considerado
pertinente culturalmente:
✓ Son servicios libres de discriminación: se brinda un trato igualitario y de
respeto a todas las personas independientemente de sus características.
✓ Son servicios bilingües: se brinda atención en la lengua oficial y en la
lengua predominante en la zona, siendo así accesible para las personas
que se comunican en una lengua diferente al castellano.
✓ Son servicios que incorporan, con respeto, la perspectiva cultural de la
población de la zona.
A continuación, se ahondan estos conceptos:

Servicios libres de discriminación


En el Perú los tratos excluyentes y discriminatorios están expresamente
prohibidos por el ordenamiento jurídico; ello incluye la discriminación étnico-racial. Por
tanto, las entidades y los servidores públicos deberán prestar sus servicios sin ningún
tipo de distinción, por acción u omisión, donde se menoscaben los derechos o libertades
de los usuarios. Esto implica:
✓ Que ningún procedimiento genere menoscabo de la dignidad del usuario
✓ Que ningún trato por parte de los servidores públicos sea denigrante o
prejuicioso
✓ Que ningún requisito de los tramites, procedimientos o atenciones
excluya a una población del goce de derechos o libertades.
✓ Que se prevean mecanismos efectivos de denunciar actos de
discriminación.

Servicios bilingües
Los servicios públicos deben brindarse en la lengua que mejor domine el usuario,
sea esta una lengua indígena o el castellano, asegurando la calidad en su atención y
garantizando el acceso a estos en condiciones de igualdad.
Recordemos que la Ley de Lenguas (Ley No29735) señala que todos los
ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a expresarse en sus lenguas maternas
indígenas u originarias. Por tanto, las entidades deben prestar sus servicios en
castellano, que es la lengua oficial de nuestro país, y en las lenguas que mejor dominen
sus usuarios, adaptándose así a las realidades etnolingüísticas de su localidad.

Servicios que incorporan la diversidad cultural


Son los servicios que conocen, comprenden y valoran la cultura de los diferentes
grupos étnico-culturales de su zona de trabajo e influencia. Por ello, adaptan sus
estructuras, procedimientos y atención a las características culturales de estos grupos.
LAS UNIVERSIDADES INTERCULTURALES
OSCAR ESPINOSA / Educación superior para indígenas de la Amazonía peruana: balance y desafíos

En las últimas décadas han comenzado a implementarse distintas experiencias


en América Latina de universidades indígenas y de universidades interculturales.
En México, por ejemplo, se han implementado doce universidades indígenas o
interculturales promovidas por el Estado. También hay experiencias similares en Bolivia,
Colombia, Ecuador, Nicaragua, Panamá y Venezuela. El Perú es uno de los últimos países
que se ha sumado a estas iniciativas, y hasta la fecha, aparentemente, con resultados
poco satisfactorios.
La Universidad Nacional Intercultural de la Amazonía (UNIA) La primera
universidad intercultural en el Perú —y la única que está funcionando como tal en la
actualidad— es la Universidad Nacional Intercultural de la Amazonía (UNIA), ubicada en
la ciudad de Pucallpa. La UNIA fue creada por la ley 27250 del 5 de enero del año 2000
por el presidente Fujimori, y recién comenzó sus actividades académicas en el año 2005,
cinco años después. Sin embargo, esta iniciativa provenía originalmente de las
organizaciones indígenas del Ucayali, que venían demandando —por lo menos desde el
año 1989— la creación de una universidad «indígena» que permitiera la formación de
profesionales desde una perspectiva intercultural.

Las universidades interculturales creadas en 2010


Hacia finales del año 2010, luego de las protestas indígenas de los años 2008 y
2009 que terminaron con los trágicos incidentes del “Baguazo”, el gobierno del
presidente García decidió crear tres nuevas universidades interculturales: la Universidad
Nacional Intercultural Juan Santos Atahualpa (UNSJA) en las provincias de Chanchamayo
y Satipo (Junín), la Universidad Nacional Intercultural de Quillabamba (UNIQ) en la
provincia de La Convención (Cusco), y la Universidad
Nacional Intercultural Fabiola Salazar Leguía (UNIB) en la provincia de Bagua
(Amazonas).

La Universidad Nacional Intercultural Fabiola Salazar Leguía (UNIB)


La primera de estas nuevas universidades es la Universidad de Bagua (UNIB)
Fabiola Salazar Leguía, creada por la ley 29614, que fue firmada el día 12 de noviembre
y promulgada el día 17 de noviembre del año 2010. De acuerdo con esta ley, esta
universidad va a ofrecer cinco carreras: Ingeniería Agrícola, Ingeniería Civil, Zootecnia,
Biotecnología y Negocios Globales.
A mediados de 2017, el proceso de licenciamiento de la universidad continúa.
Sin embargo, a diferencia de las otras universidades interculturales, los conflictos en
torno a esta universidad han sido menores y cuenta con el respaldo de las autoridades
regionales y provinciales, así como de la población en general. El único problema ha sido
la demora en los trámites para iniciar su funcionamiento.

La Universidad Nacional Intercultural de Quillabamba (UNIQ)


La segunda universidad intercultural creada por el gobierno de García fue la de
Quillabamba, a través de la Ley 29620, del 17 de noviembre del año 2010. La creación
de esta universidad se hizo a partir de la sede descentralizada de la Universidad Nacional
de San Antonio Abad de Cusco (UNSAAC) ubicada en esta provincia, y que ofrecía ya
antes las carreras de Agronomía Tropical, Ingeniería de Industria Alimentaria y
Ecoturismo. Esta superposición generó fuertes conflictos con la UNSAAC, con las
autoridades regionales y con parte de la población del Cusco, ya que, como dice un viejo
refrán, se estaría desvistiendo a un santo para vestir a otro. En este caso, la UNSAAC ha
perdido parte de su infraestructura y de su presupuesto para crear una nueva
universidad. Por ello, un grupo de estudiantes y trabajadores de la UNSAAC trataron de
oponerse a la creación de esta universidad, aunque no lograron su objetivo de declarar
inconstitucional la ley que la creaba. Y a pesar de que se ha continuado con el proceso
de licenciamiento, muchos jóvenes de la región siguen prefiriendo acceder a la UNSAAC,
que tendría un mayor prestigio que la nueva universidad.

La Universidad Nacional Intercultural Juan Santos Atahualpa (UNJSA)


La tercera universidad creada por el gobierno de García, casi simultáneamente a
las dos anteriores, es la de la Selva Central, a través de la ley 29616, del 18 de noviembre
del año 2010. Y de estas tres universidades nuevas, esta ha sido la que más
movilizaciones y conflictos ha generado y la que mayor atención mediática ha atraído.

El caso del programa Nopoki en la ciudad de Atalaya (Ucayali)


Un caso interesante, pero difícil de clasificar, es el de Nopoki, ya que en algunos
casos se define como «universidad para indígenas» o «universidad bilingüe», sin ser
propiamente una universidad autónoma, pero tampoco corresponde a un programa de
estudios específico o a un proyecto de acción afirmativa solamente.
Nopoki fue creado en el año 2007 como una iniciativa del monseñor Gerardo
Zerdin, misionero franciscano croata que ha trabajado por más de treinta años con las
comunidades shipibas y asháninkas de la Selva Central peruana y quien actualmente
desempeña el cargo de obispo del Vicariato de San Ramón. En este sentido, Nopoki es
un proyecto con una cierta autonomía en su inspiración. Sin embargo, para poder
funcionar legalmente, monseñor Zerdin tuvo que recurrir al apoyo de la Universidad
Católica Sedes Sapientiae (UCSS) de Lima, a la que el programa formalmente pertenece.
Así, la gestión de la universidad es compartida por el Vicariato Apostólico de San Ramón
junto a la UCSS, que también se encarga de proveer algunos de los profesores. Este
proyecto, además, se financia gracias al apoyo económico y de personal de distintas
instituciones europeas que el propio monseñor Zerdin ha logrado conseguir a través de
su gestión personal.
Nopoki funciona en la ciudad de Atalaya, en medio de una región con población
mayoritariamente indígena. El programa académico de Nopoki comenzó en el año 2006,
con 57 estudiantes indígenas, en un edificio precario en la misma ciudad de Atalaya. A
fines de 2011 se graduó la primera promoción, y cuenta ya con más de quinientos
estudiantes. En la actualidad ofrece tres carreras: Educación Intercultural,
Administración e Ingeniería Forestal. Sin embargo, para los estudiantes indígenas
solamente es gratuita la carrera de Educación: si estudian una de las otras carreras, se
les concede media beca y tienen que pagar una mensualidad.
Por ello, estas dos carreras (Administración e Ingeniería Forestal) cuentan con
una mayoría de alumnos de origen colono y con pocos alumnos indígenas. Sin embargo,
no todos los estudiantes indígenas —hombres y mujeres— que viven en el albergue de
Nopoki estudian la especialidad de Pedagogía. Algunos estudian también otras carreras
técnicas, como carpintería, costura o repostería y cocina en otras instituciones que
existen en la ciudad de Atalaya.

REFLEXIÓN FINAL: EL FUTURO SOMBRÍO DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR


INTERCULTURAL
Frente a la pregunta por los impactos reales de la creación de estos nuevos
programas y universidades en el caso de la Amazonía peruana y sus posibilidades reales
de constituir una alternativa de educación superior intercultural, la respuesta no parece
muy alentadora.
En primer lugar, hasta el año 2017 solamente existe, propiamente, una
universidad intercultural funcionando, pero que no cumple, hasta la fecha, con los
objetivos para los cuales fue creada y termina reduciendo el enfoque «intercultural» a
la existencia de un alumnado indígena y al programa EIB. Así, se refuerza en la práctica
la idea de que lo intercultural es casi exclusividad de este programa, y además, como se
ha discutido previamente, no garantiza que los maestros formados en EIB apliquen este
enfoque a lo largo de su carrera docente.
En segundo lugar, la nueva Ley Universitaria (ley 30220) establece ciertos
requisitos y criterios para la evaluación y funcionamiento de universidades en el país,
pero no incluye la dimensión de la diversidad cultural del país. En este sentido, las
universidades interculturales peruanas tienen que pasar por procesos de evaluación de
estándares de calidad, donde los criterios para definir una «universidad intercultural»
de excelencia no están claramente establecidos.
En tercer lugar, los programas de acción afirmativa desarrollados hasta la fecha
—como los programas de admisión especial como los de la UNMSM— o los programas
de beca —como el de Beca-18— no han sido del todo exitosos. En ambos casos, los
índices de abandono o deserción de estudiantes indígenas de la Amazonía han sido muy
altos. Este fracaso puede deberse, en gran medida, a la ausencia de mecanismos
adecuados de apoyo y seguimiento que deberían ser especialmente diseñados para el
acompañamiento de estudiantes indígenas amazónicos.
Finalmente, no existe claridad respecto de lo que se quiere con estas medidas o
programas o proyectos de universidades interculturales. En muchos casos, de lo que se
trataría es simplemente de ampliar el acceso a la educación superior para jóvenes
indígenas; para otros, lo que se debería buscar es la mejora de la calidad de la formación
académica y la profesionalización de la población indígenas; mientras que otros sectores
proponen la necesidad de pensar en nuevas epistemologías y formas de enseñanza-
aprendizaje que puedan generar un diálogo más igualitario entre los saberes
tradicionales indígenas con las ciencias modernas.
Todas estas preocupaciones tienen en común, sin embargo, la necesidad de
romper con un sistema claramente injusto que termina relegando a la población
indígena a una posición dominada y subordinada. El desafío sigue pendiente.
PERÚ: DIVERSIDAD ÉTNICA SEGÚN EL CENSO DE 2017

o 55 pueblos indígenas: 51 de la Amazonía, 4 de los Andes.


o 48 lenguas indígenas: 44 de la Amazonía, 4 de los Andes.
o 13 de cada 100 peruanos hablan una lengua indígena.
o Han desaparecido 35 lenguas, 03 lenguas están en peligro, 18 en serio
peligro de desaparecer.
PERÚ: DIVERSIDAD LINGÜÍSTICA SEGÚN EL CENSO DE 2071
PERÚ: SITUACIÓN DE LENGUAS SEGÚN EL MINEDU
CASO EN LA PRAXIS: La educación y el concepto de interculturalidad
Alejandrina Huarcaya procede del distrito de Huaytará, del departamento de
Huancavelica y tiene 17 años de edad. Por orientación y consejo de sus padres, ella
decide viajar a la capital en busca de progreso, educación y trabajo. Su familia ha sido
categorizada en el grupo de pobres no extremos según la reconocida encuestadora “Cál-
culos”. Alejandrina tiene interés en postular a una beca completa que ofrece la
Universidad Emprendedora del Perú (UEP) a ciudadanos de bajos recursos económicos y
que se encuentren dentro del rango de edad 16-20 años.

Por otro lado, Nina Podelska es ciudadana peruana, descendiente de familia


europea por parte del padre. Actualmente, reside en el distrito de Comas con sus padres
y hermanos. Ha culminado la secundaria en el colegio Miguel Iglesias N.° 365. Nina ha
sido una alumna destacada durante toda su formación escolar; no obstante, sus padres
no tienen los suficientes medios económicos para brindarle la educación superior que ella
merece. Nina, al igual que Alejandrina, decide postular a la beca ofrecida por la
Universidad Emprendedora del Perú.

Los documentos y las solicitudes son enviados por las dos postulantes a la
Secretaría General de la UEP según el Reglamento Oficial de Postulación Especial (ROPE).
Para culminar con el proceso de admisión y selección, el Vicerrector académico de la
universidad debe evaluarlas personalmente en una entrevista. Después de unos días,
Alejandrina asiste a la entrevista con el Vicerrector. En el informe final, este detalla que
no tiene desenvolvimiento para expresarse “correctamente”, que no está en las
capacidades para ingresar a la UEP, no cumple con las competencias exigidas por la
universidad. Ella es quechuahablante, aunque habla con facilidad el español, tiene
algunos problemas de vocalización. Finalmente, el Vicerrector concluye su informe y
sostiene que Alejandrina tendría muchas dificultades para sobrellevar la vida académica
en una universidad de prestigio como la UEP y que no podría sostener relaciones sociales
adecuadamente.

Por el contrario, Nina obtuvo un resultado que superó sus expectativas. Sus
padres, a la semana siguiente de la entrevista, recibieron una carta de invitación en la
cual decía que su hija había ganado una beca integral. En el informe, el Vicerrector
afirmaba que la facilidad de hablar y escribir de manera adecuada el español era un
“plus” para su récord académico. En adición, por herencia cultural de sus padres, hablaba
perfectamente el idioma polaco. No satisfecho con este argumento, el evaluador avizoró
en Nina un potencial que, en definitiva, no habría visto en Alejandrina: Nina, por su
ascendencia, abriría las puertas de la universidad al mundo y a las relaciones
internacionales.

Alejandrina acude a la universidad a apelar la decisión del equipo evaluador. No


obstante, el Vicerrector se muestra reacio a recibirla y no da marcha atrás en su posición
sobre los resultados. Finalmente, él considera que Nina es efectivamente el tipo de alumna
que necesita la UEP para seguir creciendo y, sobre todo, para mantener los estándares
exigidos por el Comité Internacional de Acreditación Universitaria (CIAU).

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