ESCUELAS PENALES
INTRODUCCION
Una escuela es la sistematización de las diversas teorías para constituir un solo cuerpo de
doctrina.
“Cuerpo orgánico de concepciones contrapuestas sobre la legitimidad del derecho de
penar, sobre la naturaleza del delito y sobre el fin de las sanciones” (JIMÉNEZ DE AZÚA,
Luís, Tratado De Derecho Penal, Buenos Aires, Argentina, Losada, 1950, vol., II, pagina, 29)
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El estudio de las escuelas jurídico-penales es necesario para, la mejor comprensión de la
Criminología, pues en un principio, conceptos puramente jurídicos van mezclados con
conocimientos criminológicos, y éstos partían en múltiples ocasiones del análisis de
problemas normativos. El rápido desarrollo de la Criminología en el siglo xx^ así como la
transformación de la ciencia del Derecho Penal, se deben en mucho a la confrontación, en
ocasiones violenta, de las diversas escuelas jurídico-penales.
IMPORTANCIA DE LAS ESCUELAS PENALES
Es indudable que en el momento actual todavía puede reconocerse una corriente
"jurídico-criminológica", que pretende hacer de la Criminología una ciencia ("auxiliar",
dicen ellos) encargada de estudiar leyes y códigos penales, y que parte del "dogma"
jurídico dado, sin embargo, se considera que esta corriente está cada día más
desprestigiada. En mucho, el principal avance aportado por el enfrentaraiento de las
escuelas jurídico-penales consistió en la delimitación de campos, en la precisión de
métodos y en la colaboración entre profesionistas que anteriormente trabajaban
dispersos.
Las escuelas se distinguen entre ellas por la dirección de las ideas respecto: por la
concepción de la naturaleza del delito, de la pena, y por el método que usan, por ejemplo,
la pena, para la Escuela Clásica es un mal, pero para la Escuela Positiva la pena es una
cura.
Y por la naturaleza del delito, es decir ¿Que es el delito para las diferentes escuelas? Por
ejemplo, para la Escuela Clásica el delito es un ente jurídico, pero para la Escuela Positiva
el delito es un fenómeno fáctico y jurídico. La Escuela Positiva se caracteriza por
considerar primero al delincuente y sólo luego al delito. Es una reacción contra la Escuela
Clásica.
ESCUELAS PENALES
La escuela clásica
Los positivistas del siglo XIX, bautizaron con el nombre de Escuela Clásica, a todo lo
anterior a ellos: a las doctrinas que no se adaptaban a las nuevas ideas, a los recientes
sistemas. Bajo la etiqueta de clásicos se suele agrupar a autores y tendencias divergentes
en muchos puntos de vista, en algunos casos, inclusive, contradictorias, pero que
presentan una serie de concepciones unitarias acerca de postulados fundamentales, que
fue lo que permitió a los positivistas reunirlas con propósitos didácticos.
El mundo clásico partió de una imagen excelsa, ideal, del ser humano como centro del
universo, como dueño y señor absoluto de sí mismo, de sus actos. El dogma de la libertad
que hace iguales a todos los hombres (sin diferencias entre el hombre delincuente y no
delincuente) y fundamenta la responsabilidad: el absurdo comportamiento delictivo solo
puede comprenderse como consecuencia del mal uso de la libertad en una situación
concreta, no a pulsiones internas ni a influencias externas. Para los clásicos, el delincuente
es una suerte de pecador que optó por el mal, pudiendo y debiendo haber respetado la
ley.
Existe algo muy importante en la escuela clásica que se recoge de sus autores: la defensa
de las garantías individuales y su reacción contra la arbitrariedad y los abusos de poder. Se
reconocen como representantes destacados de la escuela clásica del derecho penal,
además de Cesare Beccaria, entre otros a Giovanni Carmignani, Pellegrino Rossi y
Francisco Carrara.
Para algunos autores, la criminología clásica, fundada por Cesare
Beccaria (1738-1774), en el espíritu del Iluminismo europeo, el autor
contaba con 26 años de edad, proponía escribir las leyes para que
pudieran ser comprendidas por todos los individuos y no solo por
máximos juristas, tratando de encontrar la igualdad de todos los
ciudadanos ante la ley y evitar una interpretación desviada por
conceptos morales de los juristas o los jueces y, por último, el de
limitar el ámbito de las leyes penales al mínimo necesario para
disminuir el delito.
Se ha afirmado que gracias a la Escuela Clásica se pudo terminar con la barbarie y la
injusticia que el derecho penal representaba, procuró la humanización por medio del
respeto a la ley, del reconocimiento a las garantías individuales y de la limitación al poder
absoluto del Estado.
Rossi consideraba que existía un orden moral que todos los seres,
libres e inteligentes, deberían de seguir, pensando que aquella
tendría que aplicarse en la sociedad, puesto que todos los
individuos están hechos para vivir en sociedad: surge un orden
obligatorio para toda una sociedad y del cual se derivarían todos
los derechos y obligaciones.
Él piensa que la capacidad de juzgar le pertenece al “superior”,
pero no niega que todo hombre al ser tal, es inteligente y puede juzgar por igual: para
Rossi ni el fundamento del derecho de castigar, es el eterno principio de la justicia.
Otro ilustre representante es Giovanni Carmignani, que trata de
explicar que el castigo que se le impone a un criminal por un delito
que cometió, no se hace con el ánimo de tomar una venganza, sino
de prevenir que en un futuro no realice otros delitos semejantes,
éste ilustre representante fue profesor de Pisa, y en sus Elmenta
iuris criminalis hace a la necesidad del orden
social como la fuente y la ley moral como el límite.
Francisco Carrara, es considerado por algunos como el padre de la
escuela clásica del derecho penal, en 1859 escribió Programa di
Diritto Criminale, lo cual llevo al Derecho Penal a su verdadera
esencia jurídica y cobra importancia porque cuando se hace
referencia a la Escuela Clásica, son las doctrinas de Carrara generalmente las que se
someten a examen.
El conjunto de doctrinas de Carrara representa el término de la evolución de la Escuela
Clásica. Este autor sostiene que el derecho es connatural al hombre. La ciencia del
derecho criminal es un orden de razones emanadas de la ley moral, preexistente a las
leyes humanas. El delito es un ente jurídico que reconoce dos fuerzas esenciales. Según
Carrara delito es: “La infracción de la ley del estado, promulgada para proteger la
seguridad de los ciudadanos, resultante de un acto externo del hombre, positivo o
negativo, moralmente imputable o políticamente engañoso”.
Para esta escuela, los hombres viven en sociedad de acuerdo a un contrato social por el
cual cada individuo suscribe libremente su adhesión a la comunidad que le provee orden y
seguridad. Este ente social castigara aquellos que realicen conductas contrarias a ese
orden establecido, que da equilibrio y estabilidad al grupo humano. El individuo, que por
medio de su conducta desviada perjudica a la comunidad, será estudiado por la
criminología que dará los tipos penales que sancionaran conductas jurídicamente
reprochables.
Por lo que atañe a sus postulados fundamentales, el denominador común que hace que
incluya en una misma dirección a autores que en otras cuestiones piensan de modo
diferente, pueden señalarse sus posturas acerca de cuatro asuntos:
El método: por su modo de formular una proposición determinada, el deductivo,
debe admitir necesariamente un a priori, un presupuesto del que hace derivar las
proposiciones sucesivas. El método inductivo parte de los datos objetivos que la
experiencia ofrece, extrayendo conclusiones, por inducción, de la generalización
de los hechos observados. Mediante este método solo es posible formular
proposiciones a posteriori.
El derecho no es un producto histórico, es obra humana: tiene una esencia
trascendente. El derecho es congénito al hombre -escribe F. Carrara- porque fue
dado por Dios a la humanidad desde el primer momento de su creación, para que
pueda cumplir sus deberes en la vida terrena. Por esta razón, debe tener una vida
y criterios preexistentes a los pareceres del legislador humano; criterios infalibles
constantes e independientes a los caprichos de aquél y de las utilidades que puede
codiciar. El derecho, en definitiva, sigue la regla inmutable de la ley natural.
El derecho penal a concepción clásica gira en tomo a esa idea de la ley natural
como módulo del derecho. La sociedad civil es necesaria a la raza humana Para la
observancia de la ley moral. A su vez la sociedad civil precisa de una dirección
unificada, provista de facultad de prohibir ciertas conductas y castigar a quienes las
realicen. La sociedad civil, la autoridad que la preside, y la facultad de prohibir y
castigar que lo corresponde, no son más que “una cadena de instrumentos de la
ley del orden”. En consecuencia, el Derecho Penal tiene su génesis y su
fundamento en la ley eterna de la armonía universal, en una ley que es absoluta
porque es constitutiva del único orden posible para la humanidad, según las
previsiones y las decisiones del creador.
El delito para la escuela clásica, el delito no es un simple hecho, sino un ente
jurídico, según la fórmula sacramental de Carrara, concebida como principio
apriorístico de toda su construcción. Se esencia está constituida por la relación de
contradicción entre el hecho del hombre y la ley: “La idea de delito -dice Carrara-
no es más que una idea de relación: la relación contradictoria entre el hecho de
hombre y la ley. Sólo en esto consiste el ente jurídico al cual se le da el nombre de
delito.
La escuela positiva
La noción de positivismo, naturalmente, no se emplea por primera vez para dar nombre a
esta escuela.
Bajo esta nomenclatura se ubica una corriente filosófica nacida a comienzos del siglo XIX,
de la mano de Auguste Comte.
La filosofía positiva cede un gran valor al método científico que consiste en la observación,
medición, experimentación y la formulación, análisis y modificación de hipótesis, que
constituye la base del conocimiento.
De ahí ya se puede extraer una característica fundamental de la Escuela Positiva, que es el
enorme papel dado al conocimiento científico.
La Escuela Positiva tuvo una existencia real, como un grupo de hombres (médicos, juristas,
sociólogos), que se agrupan en un haz compacto frente a los demás, a otros intelectuales y
a otras ideas. Intelectuales que hacen de Lombroso un jefe y de sus conocimientos e
intuiciones una doctrina.
Esta escuela penal nace de la mano de Lombroso y sus discípulos Ferri y Garófalo, que no
compartían exactamente las mismas opiniones, pero sí formaron parte de la misma
tendencia.
El positivismo criminológico, destronaría al hombre, privándole de su centro y de su
reinado, al negar el libérrimo control del mismo sobre sus actos y su protagonismo en el
mundo natural, en el universo y en la historia. El hombre, según Ferri no es el rey de la
creación, como tampoco la tierra es el centro del universo, sino una combinación
transitoria.
El positivismo criminológico inserta el comportamiento del individuo en la dinámica de
causas y efectos que rige el mundo natural o el mundo social: en una cadena de estímulos
y respuestas, determinantes internos (biológicos) o externos (sociales).
Para el Positivismo Criminológico, el infractor es un animal salvaje y peligroso, inmerso en
su propia herencia patología (determinismo biológico) o receptor de procesos causales
ajenos al mismo (determinismo social). En materia penal, la Escuela Positiva se presenta
igualmente corno la negación radical de la Clásica, pues pretende cambiar el criterio
represivo, suprimiendo su fundamentación objetiva al dar preponderante estimación a la
personalidad del delincuente.
La escuela positiva se inicia como una reacción a la escuela clásica. De origen italiana,
acusa a los clásicos de descuidar a la figura del delincuente por realizar solo una
conceptuación dogmática y lógica, puramente basada en el derecho. Esta nueva visión
provocó un cambio de método en el estudio del delincuente, el medio, el delito y de las
posibles soluciones que podían aportar los avances científicos del momento, que tenían
como base las ideas evolucionistas.
La primera pregunta que se hacen los positivistas es cómo poder controlar el fenómeno
(criminalidad) y prevenirlo; la prevención no es nada diferente de la preparación y
disposición que anticipadamente se haga para evitar que algo acontezca. ¿Cómo podemos
prevenir la muerte por inundación, o la fiebre, o el contagio? Pues teniendo un previo
conocimiento, experiencias que nos vayan suministrando datos, factores que nos
permitan facilitar la acción o decisión oportuna y correcta.
Así podemos pronosticar las causas de por qué delinque, con tal conocimiento
aplicaremos el correctivo y como consecuencia lógica podremos controlar el problema.
Con base en las anteriores premisas, la escuela positivista propone la necesidad de
profundizar en el estudio natural del delito y sus causas, lo que permitirá descubrir las
medidas correctivas para combatir el fenómeno, pretendiendo incluso que un día se
podría llegar a predecir quién y en qué forma delinquirá; más aún, el número de delitos
que se darían en cada época o región.
Cesare Lombroso, considerado como el fundador del positivismo
biológico, desarrolla, un poco antes de 1876, su teoría del hombre
criminal, él, quien pertenecía a la llamada escuela de antropología
criminal, establece el concepto de criminal atávico, según el cual el
delincuente representaba una regresión a estados evolutivos anteriores, caracterizándose
la conducta delincuente por ser innata.
Este criminal atávico podía ser reconocido debido a una serie de estigmas físicos o
anomalías, como, por ejemplo, el excesivo desarrollo del cerebelo, asimetría del rostro,
dentición anormal, y lo que se considera como la característica más atávica en los
criminales, a saber, el hoyuelo en medio del occipital.
Enrico Ferri –afamado abogado adherido al fascismo, militante
en un principio del Partido Socialista Popular- desde su época de
estudiante se pronunció completamente en contra de la Escuela
Clásica y del pensamiento del derecho penal liberal. Para él, el
hombre es una máquina que no posee autodeterminación con
respecto a su conducta, sino que ésta era completamente
predeterminada por distintos factores que en cierto momento
invariablemente terminarían en la comisión de un delito.
De acuerdo con esta afirmación, cada año el nivel de criminalidad estaría determinado por
diversas condiciones físicas y sociales en combinación con factores congénitos y de
impulsos del individuo, sin embargo, resultaba importante cuestionar qué medio social
exactamente era al que se refería, a qué condiciones y de qué cantidad de delitos se
estaba hablando; porque ciertamente la ley de saturación era más bien un supuesto
formulado de una manera muy ambigua.
Entre algunas de las ideas radicales que manejaba Ferri, en las cuales establecía que las
penas y/o castigos eran ineficaces, proponiendo entonces una gran cantidad de medidas
de reforma social encaminadas a la prevención
Finalmente tenemos a Garófalo –juez descendiente de una familia
noble y conservadora que en cuestión de carácter era muy diferente
al temperamental Ferri, pero que al hablar de ideas acerca de la
criminología y posiciones políticas eran coincidentes con las de éste,
llegando a compartir tanto actividades científicas como políticas;
colocando a Garófalo como el sistematizador del ideario y del
programa positivista. En 1885 publicó Criminología, referente por
demás histórico del nacimiento de tal disciplina.
Derivado de su convicción de que el delito es consecuencia de anormalidades psicológicas
o morales hereditarias del delincuente, haciendo énfasis en que tales anormalidades eran
distintas a la enfermedad mental; estableció que si bien los delitos cometidos son
distintos en las diversas regiones del mundo, existen ciertas conductas delictivas que se
mantienen constantemente presentes (homicidio, violaciones, robo) y concluyó que el
positivismo no podía limitarse a definir al delincuente, sino que también debía definir al
delito mediante la creación de una noción propia y universal del mismo.
Derivado de la afirmación de la existencia de delitos constantes en el mundo y delitos
propios de cada región, Garófalo propuso crear dos códigos penales, uno para los delitos
universales y otro acorde a cada país y sus necesidades. Al igual que Lombroso y Ferri,
estableció una clasificación para los delincuentes, sin embargo, ésta se basaba también en
parámetros subjetivos, imprecisos y difíciles de diferenciar. Cabe destacar que se de hecho
se distanció marcadamente de la antropología de Lombroso y del sociologismo de Ferri,
compartiendo con ellos únicamente la idea de defensa social como fundamento de la
política criminal. Garófalo es el jurista; pretende dar organización jurídica a las
concepciones positivas y produce la definición del delito natural.
La Terza Scuola (La Tercera escuela)
Para la Terza Escuela había que realizar una separación clara entre aquellas disciplinas que
se dedicaban a lo empírico de aquellas que se dedicaban a lo jurídico. En la Terza Escuela
había que entender el carácter psicológico de los delincuentes para poder estudiar bien la
disciplina de la criminología, así mismo, rechazaba por completo todas aquellas
clasificaciones realizadas por los positivistas y el libre albedrío que apoyaba la escuela
clásica.
Se dice que los italianos han inventado cuatro veces el Derecho Penal: La primera con el
imperio de Roma, al realizar la gran obra jurídica; la segunda con Beccaria, al decir al
hombre: "Ve y cumple el Derecho"; la tercera con Lombroso, Ferri y Garófalo, al decir al
Derecho: "Ve y estudia al hombre"; y la cuarta al tratar de reunir y conciliar los conceptos
anteriores para fundar la "Tercera Escuela" de Derecho Penal.
Derecho Penal. La Terza Scuola, llamada también "Positivismo crítico", reúne
representantes tan significativos como Alimena, Carnevale, Vaccaro, Maggi, Puglia,
Impallomeni, etc.
EMMANUELE CARNEVALE basa la responsabilidad en la salud, pero
para el inimputable es necesario tomar medidas de seguridad.
Considera el delito desde el punto de vista jurídico, pero tomando en
cuenta desde luego sus aspectos sociológico y antropológico.
Prescinde del libre albedrío, pero acepta la responsabilidad moral.
Afirma la autonomía del Derecho Criminal frente al antropo-
sociologismo criminológico y al excesivo tecnicismo jurídico.
BERNARDINO ALIMENA, Funda la imputabilidad sobre la dirigibilidad;
basta que la acción sea querida por el sujeto. La naturaleza de la
pena debe ser la coacción psicológica acompañada del sentimiento
de reprobación moral causada por el delito.
Denomina su posición "positivismo crítico", admite la investigación
filosófica en el derecho penal, y niega la posibilidad de que éste
llegue a ser absorbido por la Sociología.
Afirma la necesidad de Sociología, Estadística, Antropología y Psicología para
complementar la Dogmática, que por sí sola no basta para el examen del fenómeno
criminal.
La tercera escuela sustenta los siguientes postulados:
Negación del libre albedrío
El delito es un hecho individual y social
Se interesa por el delincuente, más que por el delito
Señala las ventajas del método inductivo
Adopta la investigación científica del delincuente
Considera la responsabilidad moral
Distingue entre imputables e inimputables
Plantea la reforma social como deber del Estado.
La crítica dirigida a esta tercera escuela, estriba en sostener, que no contiene
características propias para formar una escuela. "Nos parece que, si la llamada tercera
escuela puede presumir de título de vida en el periodo de los orígenes, es decir, que
respondía a una necesidad, hoy, dados los nuevos desarrollos, de índole jurídica también,
de la escuela criminal positivista, dadas las distinciones y diferenciaciones que se han
efectuado en el seno mismo de la escuela clásica, esta tendencia carece de características
propias lo bastante relevantes y distintas para formar una escuela. Por lo demás, su
mismo fundador, Carnevale, repetía también que la escuela surgió por "una necesidad de
distinción, aunque fuera transitoria".
Este movimiento ecléctico italiano, admite algunos principios clásicos y algunos
positivistas. Mira al Derecho Penal como ciencia independiente. Combate la teoría del
delincuente nato de Lombroso; por primera vez clasifica a los sujetos activos del delito en
Imputables e Inimputables y sostiene que el castigo (penas) es solo para los primeros y a
los segundos les viene a efectos de la defensa social una medida de seguridad.
Consideran el delito como un fenómeno complejo, el cual tiene su origen en causas
sociales. Se debe combatir arreglando la problemática social, mientras no se solucione el
problema que genera el delito, el delito seguirá existiendo. El delito no es entonces, un
simple ente jurídico, su origen está en el desorden social.
El Derecho Penal, para ellos, se compone de tres elementos: sociológicos, psicológicos, y
jurídicos.
La pena tiene el carácter de coacción psicológica a la que los asociados deben temer. Se
crea para la defensa de la sociedad y tiene la capacidad intimidatorio de los sujetos que se
dispongan a infringir la Ley (Principio de la prevención).
Distinguen entre sujetos imputables e inimputables por tanto hay penas para los primeros
y medidas de seguridad para los segundos. Las penas son aflictivas las medidas de
seguridad no lo son.
La joven escuela alemana
En Viena 1889, nace la Unión Internacional de Derecho Penal gracias a Adolphe Prins de
origen belga, el alemán Franz Von Liszt y un holandés de nombre Gérard Van Hamel. Esta
institución propondría la calma a los tratadistas por las controversias de carácter filosófico
que venían arrastrando.
La Joven Escuela Alemana también conocida como Escuela de Política Criminal, Escuela
Sociológica y Escuela de Marburgo (ciudad donde nace) fundada por los penalistas A.
Prins, Von Liszt y Van Hamel que rechazan al libre albedrío como consecuencia del delito
que postulaban los clasicistas, los de la Escuela de Marburgo exponían que el fenómeno
de la criminalidad era resultado de factores individuales, sociales, ambientales y
económicos.
Aldolphe Prins salía a exponer su teoría llamada El Estado Peligroso, esto como suplente a
la responsabilidad atenuada, pues Prins consideraba al libre albedrío como algo
quimérico, para él la libertad del hombre es meramente relativa. Esto le fue reconocido en
su país de origen, Bélgica, ya que en 1930 se decreta la ley de defensa social sobre
personas criminales con la clasificación de anormales y habituales.
En 1881 el alemán Von Liszt, expone su interés por indagar a la
criminalidad a través de conocimientos criminológicos con tintes
biosociológicos, desarrollando así una tendencia por el conocimiento
científico. Liszt realiza la mezcla entre elementos de la Escuela
Clásica y Escuela Positivista para así dar génesis a una teoría ecléctica
dando lugar a un esquema de la teoría del crimen llamada Causalismo
Naturalista del Crimen. Liszt además de esto él acepta una «conciencia
común» y se proclama por el vínculo entre penas y medidas de seguridad.
Aportaciones de la Joven Escuela
Sustituir a las especulaciones filosóficas por el pragmatismo
El estado peligroso en lugar del libre albedrío
Se desconoce al libre albedrío, pero se admite la existencia de una impresión de
libertad interna en el individuo
Expone al crimen como un fenómeno natural y ente jurídico
La pena con base en la defensa social
Aceptación de las penas y medidas de seguridad
Clasificación de los criminales en normales y anormales
La Joven Escuela Alemana pondera una justificación en las orientaciones político-
criminales con el objetivo de combatir al fenómeno de la criminalidad desde un enfoque
naturalistica-causalista.
Los clásicos argumentaban la conducta del criminal era con base en su libre albedrío por lo
que pasaba por alto las causas del delito, mientras que los positivistas se enfocaban en las
causas del delito. Entonces esta escuela plantea que el delito es un hecho individual como
social, adopta la investigación científica del delincuente, distingue entre quienes son
imputables e inimputables.
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